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jueves, 25 de agosto de 2022

¡Ahorre energía!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace tiempo se hablaba de la "virtud del ahorro". Luego llegaron los expertos y calificaron de estúpido el ahorro. Hay que mantener circulando la economía, es decir, gastar. Pero, ¡vaya por Dios! la gente no se fía mucho de los expertos en economía porque no acaban de entender para quién trabajan.

Los argumentos contra el ahorro siguen ahí. A veces es de forma directa (el ahorrar hace perder valor a tu dinero), a veces de forma indirecta estimulando la demanda, algo que se traduce, por ejemplo, en información sobre lo bien que te lo puedes pasar en las fiestas de un pueblo o lo bien que se está en la playa cuando hace calor, la de buenos restaurantes que hay en una ciudad y cosas por el estilo. Gastar te hace un poco más pobre y a otros un poco más ricos. Eso es lo que nos dicen las cifras globales, que los ricos son más ricos y que los pobres son más pobres. ¡Peculiar economía la nuestra!

Con lo del ahorro energético, ocurre algo similar. La lucha no es la de los pequeños ahorradores, que no tienen más remedio al quedarles menos para gastar, sino que las reticencias vienen de aquellos que precisamente se verán afectados porque nosotros ahorremos o no gastemos, que es similar.


Durante el confinamiento, muchos negocios vieron descender drásticamente sus ingresos porque la gente no gastaba. Los niveles de ahorro se dispararon. No solo es que no se gastara sino que no se podía, en muchos casos. La respuesta ha sido subir los precios y tragarse el ahorro. Los últimos datos nos dicen que gastamos más de lo que ingresamos. Ya sea por la inflación, que se come los ahorros, o porque gastamos más de la cuenta debido a la sobre estimulación y a las ganas reprimidas, lo cierto es que se nos dice que gastamos más de lo que ganamos.

Lo del ahorro energético es más complicado porque nos afecta a todos, a los que consumen y a los que ofrecen. La energía es el punto débil  porque nadie puede escapar de ella, va como envoltorio de cualquier cosa. Si energía ni se produce, ni se gasta.

Ya hemos criticado aquí que el gobierno haya ido a lo fácil, al termómetro, en vez de ir a soluciones estructurales. Le gustan más este tipo de medidas rápidas y espectaculares, que meterse en aspectos más profundos y a largo plazo.

El sector de la hostelería, por ejemplo, protesta porque dicen que con esas temperaturas que les piden, no entra nadie en una cafetería o restaurante. De hecho, el aire acondicionado es forma de su promoción. El aire frío salía a la calle actuando como reclamo ante el infernal calor. Cuando había que vaciar el local para que llegaran las meriendas, sencillamente se bajaba el aire acondicionado. Subiendo y bajando se regula la estancia. Lo he visto hacer en una conocida cadena de cafeterías. La puerta cerrada es una forma de cortar el eficaz reclamo. En invierno será al contrario, se jugará con las calefacciones. Se entrará donde la temperatura sea más agradable.

La cuestión del ahorro se ha presentado mal, como hacen los políticos españoles. Que tendremos que reducir el gasto energético es una realidad. Pero una cosa diferente es cómo hacerlo y quiénes deben dar ejemplo de ello.

La sociedad de comodidad en el consumo, por denominarla con claridad, significa que el ahorro se penaliza y se dan facilidades para el gasto. Es una sociedad del despilfarro, a la que todos nos hemos sentido empujados por lo que antes señalábamos: alguien se beneficia del gasto. Sigue ocurriendo en sectores que solo ven en su beneficio el horizonte y siguen estimulando el gasto en lo que sea su negocio. No hay alternativas, solo quejas. Y está claro que habrá que ahorrar, nos guste o no.

Hay sociedades más metidas en el sentido de la responsabilidad colectiva. Han trabajo en un sentido de grupo y comprenden cómo lo que hacemos repercute sobre los demás. Otras son más dadas al individualismo y a hacer cada uno lo que le parezca. Me temo que nosotros respondemos más al segundo modelo. Lo hemos podido comprobar durante el COVID en muchos momentos.

Lo que sí resulta cierto es que es deprimente ver cómo una cuestión muy evidente, con miles de alternativas, no hace que nuestros políticos rectifiquen y den una imagen de unidad ante lo que estamos padeciendo. De la misma forma que ni una pandemia ha servido para que dejaran de discutir, la posibilidad de ponerse de acuerdo se queda en nada ante la perspectiva de los próximos comicios. Los políticos españoles viven con un ojo permanentemente en las encuestas y en los datos. No hacen política, sino electoralismo, que es la fórmula degradada de gobernar pensando constantemente en las urnas. No hay nada más en el horizonte.

La publicación constante de encuestas, el encargo de estudios sobre el electorado, etc. no hacen sino alejar la realidad de los problemas a una especie de futuro fantasioso que se nos promete. Necesitamos mayores dosis de realidad y más responsabilidad, que es lo que nos permitirá exigirla.

La política energética y su ahorro es una cuestión nacional, por encima de banderías y mercadeos. Ni se puede utilizar para amenazar ni para negar a los otros. Al final, acabaremos —como de hecho ya ocurre— desarrollando nuestras propias políticas de ahorro energético, tratando de compensar vacío y ruido, que es lo que se está fabricando. Eche la culpa a quien quiera o a todos a la vez. No es cuestión de seguir discutiendo, sino de acabar tomando medidas para paliar la falta de unidad que vemos ante los problemas. Sin embargo, estas discusiones valdrán a los de siempre para seguir haciendo lo que quieren ya que no hay acuerdos, la excusa perfecta. El mal ejemplo siempre es bien valorado en este país.

Nuestra economía se basa en el gasto, en que nos movamos de un sitio a otro; en que vivamos 24 horas al día porque no hay más. Fiestas y festejos, invierno y verano. Hay que moverse y esto se estimula. Han llegado otros tiempos y nos pillan con el pie cambiado.

Es triste que muchos no estén dispuestos a sacrificar nada porque, como recogíamos aquí hace unos días, parece que la energía es gratis e ilimitada. Cuando sea más cara y limitada por los cortes que nos hagan, descubriremos que vivimos por encima de nuestras posibilidades, que nuestros deseos están alejados de una realidad posible. No todo lo que se puede comprar se puede gastar. No todo lo que se puede gastar nos lo podemos permitir. ¡Ahorre energía en cualquiera de sus variantes! Muchos se la ofrecerán sin límite, pero desconfíe; es más por su beneficio que por el nuestro.


martes, 12 de octubre de 2021

El atraco energético y sus consecuencias

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia del cierre temporal de una empresa siderúrgica en el País Vasco por ser incapaz de afrontar la subida de los precios de la electricidad es un importante aviso. El primero ya nos los dieron con la subida estratosférica de la inflación. Por si fuera poco, los medios ya han empezado una campaña de avisos de subidas prontas de otros sectores o de desabastecimiento inmediato en sectores como el de la juguetería. La economía española, compradora de todo y productora de bronceados en los chiringuitos tiene todas las papeletas para una inflación incontrolable y el cierre de todo aquello que no es asumible por los costes de la energía con el añadido de todo aquellos que la inflación dispare en una espiral inasumible por productores y consumidores.

Unas veces porque hay carencias de algo en Asia y las fábricas se quedan con los brazos cruzados unos meses, otras porque a esos turistas —que ahora empiezan a venir con ganas de sol tras los confinamientos— se les pasen esas ganas por las subidas en cadena de los precios, el destino económico es incierto. Y lo es tanto en la producción como en el consumo. Son demasiados condicionantes lo que pesan sobre cualquier acción o situación, demasiadas variables con movimientos extremos. Uno puede entender "subidas" conforme a los movimientos del mercado, pero no "estas subidas" y esos avisos de "expertos" que ven el mundo como inevitable y no aportan soluciones o, peor, no explican las causas, reservando su "sabiduría" a los vaticinios. Con ello se aumenta la sensación de manipulación y, sobre todo, algo que parece preocuparles a ellos por no a los consumidores: la oscuridad absoluta, por un lado, y, por otro, el convencimiento sumiso de que esto es inevitable, un designio divino. Si fuera así, sería el colapso del sistema.


La subida del precio de las energías (de todas ellas) es una especie de competición por quedarse con los ahorros realizados durante la pandemia. Se nos dicen que los bancos están empezando a cobrar todo tipo de comisiones a los clientes por los motivos más absurdos.

A lo que asistimos es al efecto depredador de los sectores básicos que acabarán matando a la gallina de los huevos de oro, que son los consumidores, incluida su vertiente ahorradora. Es una especie de competición suicida por quedarse con los restos del naufragio pandémico, una euforia depredadora en sectores hacia los que se nos empujó durante décadas de una forma u otra (la centralización de todos los servicios en los bancos, por ejemplo). De igual forma, el crecimiento de las empresas en sectores básicos, como es el energético, hacen que sean incontrolables, que tengan en sus manos el destino de las sociedades que confiaron en la promesa de la competencia pero se encuentran ahora con monopolios encubiertos que pactan entre ellos en un sistema que les protege.


Lo intolerable del asalto energético a las economías son sus amenazas directas al sistema, como han hecho las impresentables españolas. Las amenazas de "cerrar las nucleares" es un ejemplo de esa piratería institucional de quienes se saben protegidos por los gobiernos y liberados de responsabilidad social bajo unas filosofías de "mercado". La triste realidad es que cada vez que se plantean los problemas medio ambientales o de escasez, las empresas consiguen acabar manipulando estas circunstancias en su beneficio, es decir, explotación directa del consumidor, que no tiene una oferta real ante él sino unos monopolios sectoriales debidos a sus fusiones y a la capacidad de pactar entre ellas para no perjudicarse, asegurándose que los precios no bajan para el conjunto. Han sido ya algunas veces las que han sido sancionadas en Europa por pactar o abusar de su posición de privilegio.

Hay cosas que puedo comprar a diversos proveedores, pero otras en las que estoy atado. Una de ellas es la energía y más si se ponen de acuerdo para beneficiarse de los precios altos. La competencia deja de funcionar y se plantean un juego en el que ganar mucho más. Las amenazas contra los gobiernos son una muestra clara de su poder y desafío. Tras decir que no se beneficiaban, la bolsa les desmintió al tener una poderosa caída en la cotización cuando se les controlaron los beneficios. No hay mejor indicador "natural" que esta caída que ve un recorte de beneficios. Nadie quiere vender la energía "barata" cuando la pueden cobrar cara.



El problema son los costes sociales y políticos de esta operación de "vaciado" de las cuentas bancarias de los consumidores, a los que se les saca de los combustibles fósiles y se les lanza a otras energías "limpias". ¿Cuántas personas han abandonado sus coches de gasolina y se han comprado híbridos o directamente eléctricos? ¿Van a poder afrontar estas subidas o tendrán que hacer como la siderurgia vasca y dejarlo en casa? ¿Cuántos van a pasar del patinete eléctrico a la bicicleta?

La cuestión es delicada porque no afecta solo a España y nuestros gobiernos, encargados parece de darles "seguridades" por temor a alguna barrabasada de las empresas para demostrar su fuerza, estar por encima del bien y del mal, como creen estar. Si los ciudadanos perciben que los poderes públicos en sus diversos niveles son incapaces de protegerles el problema estará sembrado y regado por los llantos y protestas. Si en estos momentos el gasto energético es ya inasumible por la industria y el comercio, si los políticos nacionales dicen que no pueden frenarlo y pasan la patata caliente a Europa, las iras se dirigirán contra las instituciones europeas, beneficiando a populistas y secesionistas, inducidos por las fuerzas exteriores interesadas en sembrar el caos.

Insisto en ello: ninguna causa natural puede ser tan explosiva como para causar un alza de precios de esta categoría; sería claramente perceptible. De la misma manera que el atasco de un barco en el Canal de Suez puede explicar un alza momentánea por los retrasos de días en la llegada de suministros, debería verse una "causa" en el alza explosiva e instantánea de la energía y nadie la sabe explicar bien, lo que quiere decir que es una causa más oscura o una especie de carrera alcista en la que nadie quiere perder la oportunidad. 

La globalización permite crear este tipo de situaciones, si hay deseos de crearlas. Es como el que pisa la manguera que nos lleva el agua. No hay más azares que los justos en la economía. Esto, mientras no se nos muestre lo contario, no es una azar, sino un beneficio permitido por un sistema que no imaginó que la codicia llegaría hasta estos extremos. Nadie quiere quedarse atrás en un sistema diseñado para que todo esté vinculado. La misma invisibilidad de la "mano invisible" garantiza que tras ella hay un cuerpo y, probablemente, varios cerebros. La "mano invisible" ahora lleva un arma y nos mantiene con los brazos en alto.



Las campañas en los medios asegurándonos que los precios de la energía subirían hasta miles de euros el megavatio/hora es ya una forma de mentalizar para la aceptación hasta llegar a los límites en los que el sistema, la gallina, se derrumbe.

El problema es político; son las enormes consecuencias sociales que tendrán que asumir los estados ante el chantaje de las suministradoras de energía. Estamos viendo la cara criminal del capitalismo; la de los beneficios de la competencia desaparecen cuando el proceso se encamina a enorme oligopolios pactados para un "win-win" en el que quien siempre pierde es el consumidor, falto de defensas y ausente la voluntad política de enfrentarse a estas compañías que han situado durante décadas su peones en los gobiernos e instituciones públicas y que acogen igualmente a los políticos en sus consejos de administración como forma de defensa. Tenemos ejemplos cercanos.

Hasta ahora, los aires acondicionados se rindieron. Pero llega el invierno con su oscuridad y frío. ¿Hasta dónde se va disparar el atraco tarifario? ¿Cuántas empresas van a tener que cerrar ante la imposibilidad de rentabilizar sus negocios por la multiplicación de sus facturas telefónicas? Quieran o no, le guste a Europa o no, pronto tendrán que hacer algo porque el coste final de esos cierres recaerá sobre las arcas del estado, que tendrá que asumir los costes de despidos y cierres. Pero serán los ciudadanos los que, una vez despedidos, tampoco podrán afrontar los costes domésticos de la energía en sus propias casas.

Si los gobiernos siguen responsabilizando a Europa de no poder tomar medidas, el sentimiento antieuropeo crecerá, ya que se mostrará incapaz de proteger a sus ciudadanos y, peor, ser el garante del atraco energético, convertido en acto noble y necesario. El argumento de que las intervenciones dejan a los "inversores" en una situación de "inseguridad" e "incertidumbre" es auténticamente vergonzoso ante la realidad de que deja a los consumidores, personas e instituciones, en la ruina.

Cuanto antes se termine esta codicia disfrazada y descarada, este episodio vergonzoso de atraco energético, antes podrá iniciarse una situación de recuperación y confianza, algo que ahora es imposible en estas circunstancias de abuso y dependencia. Entre el abandono de las energías basadas en carbón y petróleo y el futuro de energías verdes sin desarrollar, todavía insuficientes, hemos creado un escenario confuso en el que solo hay una cosa cierta: la subida imparable y explosiva de la energía.

La energía es el límite del sistema, pero si tira demasiado se corre el riesgo de que el sistema tenga que modificar sus propios límites. Por ahora, otros límites, los de la paciencia ya están siendo desbordados con creces, por más que los medios intenten que nos pleguemos a algo que, dicen, es inevitable. ¿Se ha hecho el sistema tan complejo a globalizarse que no puede ser mantenido bajo control? De ser así, habrá que empezar a tomar decisiones que permitan hacerlo y evitar así este "caos" destructivo del sistema.