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jueves, 22 de abril de 2021

La democratización de la imagen

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Frente a los casos anecdóticos, divertidos, familiares... con los que se nos ha estado alimentando durante años a través de programas que nos muestran que "la cámara estaba allí", estamos asistiendo a una revolución en cuanto a las consecuencias de ese "estar allí", variable en su intensidad en función de los hechos captados.

En poco más de un par de décadas, el mundo se ha poblado de cámaras. Las de todo tipo, de las fijas del tráfico o de seguridad a las que llevamos encima con teléfonos o mini cámaras de gran resolución que caben en nuestros bolsillos. Las hay en drones y satélites, dándonos perspectivas desde el cielo. Las hay de visión nocturna, con autonomía variable que permiten transmitir sus imágenes desde madrigueras y nidos, desde hormigueros o desde el fondo de ríos y mares.

Vivimos en un espacio captado, fotografiado desde perspectivas múltiples, desde puntos de vista diferentes que convierten cualquier puntos en una concentración de miradas. Pronto el mundo se dividirá en lo visible y en lo invisible. El concepto de lo invisible tendrá forzosamente que institucionalizarse ya que la visibilidad es la que representa la nueva normalidad.

Hace unos días comentábamos aquí el escándalo creado por la estimación judicial de que si uno orina en público y es mujer es legal congal sin su consentimiento las imágenes en una web porno. Las cámaras estaban instaladas allí exprofeso, buscaban la intimidad. Pero lo que hace en público es público. Tendrán que revisar sus señorías el concepto de lo público al igual que lo tendrán que hacer con el de intimidad y muchos otros que se ven afectados por este nuevo mundo de miradas y mirones individuales o institucionales. En un mundo donde todos se exhiben, vienen a decir algunos, cómo puedes frenarlo a voluntad.

Hay mucho que reflexionar sobre el nuevo estatus de la imagen, sobre las relaciones entre la imagen y las personas, sobre la mirada y el ser mirado y reproducido hasta el infinito.



La CNN publica un interesante artículo contraponiendo la ocultación de la palabra frente a la transparencia inmediata de la imagen. El texto muestra cómo el lenguaje de los informes policiales sobre la muerte de George Floyd se contrapone a las imágenes captadas. El artículo, firmado por Steve Levenson, comienza con el titular de la nota de prensa ofrecido por la Policía de Minneapolis:

  

"Man Dies After Medical Incident During Police Interaction."

That was the headline of a Minneapolis Police press release on May 25, 2020, in the hours after an unnamed man in his 40s died. Absent from the nearly 200-word post is any mention of officers restraining him on the ground, a knee on his neck, or any sense of how long this "interaction" lasted.

Thanks to video from a 17-year-old bystander, we now know what really happened: Former police officer Derek Chauvin murdered George Floyd, a 46-year-old Black man, by using excessive and unreasonable force when he kneeled on Floyd's neck and back for 9 minutes and 29 seconds. Chauvin was convicted Tuesday on two counts of murder and a count of manslaughter in a Minnesota criminal court.

In light of his conviction, that original press release is worth revisiting to understand the ways that police statements can hide the truth with a mix of passive language, blatant omissions and mangled sense of timing.*

 


Arrojados a una cultura de la imagen, todavía razonamos desde la palabra. La palabra es fuente de verdad... o forma de ocultación. El lenguaje lo permite todo porque depende el arte de la retórica, de la capacidad de manipulación. Los estudios sobre cómo el poder es capaz de torcer la realidad para obtener sus objetivos —el principal es seguir en el poder— no son nuevos y van, por centrarnos en la modernidad, de Nietzsche, el padre del recelo, a todos sus discípulos, de Michel Foucault como segundo foco. El lenguaje es un medio de actuación sobre el otro, lo que hace esencial el control de los discursos. Esto es especialmente real en todo lo relacionado con el poder, como bien señaló el filósofo francés estableciendo diversas formas de control en sus trabajos. La función de ese control es el modelado de la realidad y la fijación de una forma interpretativa, es decir, de fijar el sentido del acontecer. La frase final del último párrafo citado es clara: " [...] the ways that police statements can hide the truth with a mix of passive language, blatant omissions and mangled sense of timing." Merece la pena retenerla porque aparecerá en la operación de buceo de profundidad que se va a realizar al Departamento de Policía de Minneapolis y, ¿por qué no? a muchos otros departamentos donde se han estado creando partes, informes, notas de prensa, etc. con un lenguaje ambiguo, una barroca retórica administrativa, una jerga técnica, etc. cuya función no era iluminar lo ocurrido, sino darle forma. Ahora, la proliferación de cámaras en todas partes —incluidos los uniformes y coches de los policías— permite tener una referencia para comprobar lo que se ha escrito confrontándolo con lo que podemos ver.

El artículo hace un recuento de las cámaras que fueron acumulando "vistas" de lo acontecido, un auténtico registro del recorrido hasta llegar al momento fatídico de la muerte de Floyd:

 

The 17-year-old, Darnella Frazier, posted her video to Facebook, which was seen by people across the world, including the Minneapolis Police chief. Genevieve Hansen, an off-duty firefighter who was rebuffed from rendering aid to Floyd, also filmed parts of the scene from a slightly different angle. Another high school student used her friend's phone to film the incident, she testified.

A city surveillance camera from across the street showed the restraint of Floyd from a distance. A 911 dispatcher who watched the live feed of that video called her supervisor to voice her concerns about what she had seen. Other videos from inside the Cup Foods store, outside a Chinese restaurant and from a bystander in his car showed what happened prior to the fatal restraint.

Finally, three of the officers' body cameras showed their extended interactions with Floyd up close. Chauvin's camera fell underneath the squad car prior to the restraint so does not show everything, but it reveals his arrival to the scene and his attempt to defend his actions afterward.*

 

En estas dos últimas semanas —en las noticias de hoy hay más— nos han llegado imágenes directas de la muerte de diversas personas, de un niño de 13 años con las manos en alto a las de hoy de la muerte a balazos de una joven, pasando por la instructora de Policía que confundió el táser con el arma de fuego y disparó a bocajarro.

La aceleración en la llegada de imágenes puede deberse a un aumento de casos o a la simple emergencia de lo que antes estaba oculto tras la palabra en los informes.

Si es cierta la segunda posibilidad, si no se trata de una coincidencia temporal, implicaría el afloramiento de ese "racismo institucional" que se ha mantenido durante décadas al amparo de la falta de pruebas y la creencia en la justicia del poder.

Pocos creían que se pudiera condenar al agente que estuvo durante más de nueve minutos sobre el cuello de George Floyd. Para comprender su visión pesimista basta con escuchar las cifras de condenas de policías blancos implicados en la muerte de afroamericanos. Son sencillamente ridículas.

En la información de Sara Rancaño, la corresponsal de RTVE en Nueva York, se nos ofrece estos datos: «Alrededor de un millar personas en EE.UU. cada año mueren a manos de la policía y en el 98% no se imputa a los agentes, al alegar defensa propia. Así que Dereck Chauvin es de los pocos termina acusado y un 54% acaban siendo absueltos.»** Creo que son suficientemente claros y elocuentes.



Las cámaras están cambiando el mundo, para bien y para mal. Lo importante es ser conscientes de su poder y que no ocurran casos como los que desgraciadamente ocurren cuando muchas personas sufren intromisiones en su vida y no pueden controlar ni la observación ni la difusión de las imágenes.

Hoy nuestros medios hablan de la Inteligencia Artificial en la vigilancia. En realidad esa IA trabaja con lo que las cámaras le ofrecen; procesa imágenes, identifica personas en su base de datos.

Por supuesto, las imágenes también pueden ser forzadas a mentir. En el otro extremo tenemos una tecnología capaz de crear imágenes de cualquier cosa, personas incluidas, que nos pueden hacer dudar de lo que vemos. Este vídeo "deepfake" nos permite revivir a Lola Flores y escuchar a Barack Obama un discurso que jamás dijo. La nueva imagen lleva ya en su interior el germen de la falsificación. Todo tipo de filtros permiten a cualquiera recortar, transformar, borrar, etc. las imágenes. Puede quitarse años, pecas y granos, quilos... lo que quiera. Las redes están llenas de falsificaciones de identidades cuya imagen no se corresponde con la real.



Entre el realismo extremo de los vídeos de la muerte de Floyd y demás casos recientes y las imágenes creadas para conseguir resultados del tipo que sean (políticos, venganzas, económicos...), vamos a tener que vivir en este futuro que ya es presente desde hace tiempo.

Sabernos vigilados o, al menos observados, ¿nos hará mejores o sentirnos más seguros? Al menos sabemos que los que se saben observados tendrán que tener cautela o atenerse a las consecuencias. Los casos de estos días lo demuestran. La imagen se convertirá en un elemento imprescindible al aparecer múltiples focos, lo que representa que ya no hay una versión/visión oficial, sino que esta se puede confrontar con las grabaciones recogidas de fuentes diversas.

Hoy una parte de Estados Unidos y casi todo el mundo celebran la condena del agente de policía en el juicio por la muerte de George Floyd. Para que fuera posible, teléfonos, cámaras de seguridad, etc. han recogido lo que había ante ellas.

En cierto sentido, podemos hablar de un "democratización" de la imagen oponiéndola a la versión oficial. Las fuentes han sido múltiples y estaban presentes en lugares desde donde mostraban, indiferentes, lo que sucedía ante ellas. Las imágenes, en este caso, han sido puestas al servicio de la justicia. No siempre es para un buen fin, pero esta vez sí que hay que celebrarlo como un triunfo. 

Es también buen momento para reflexionar sobre este mundo que construimos a gran velocidad sin saber muy bien dónde vamos. La manipulación se adapta a todos los lenguajes.

 


* Eric Levenson How Minneapolis Police first described the murder of George Floyd, and what we know now" CNN 21/04/2021 https://edition.cnn.com/2021/04/21/us/minneapolis-police-george-floyd-death/index.html

** Sara Rancaño "Las claves del veredicto por la muerte de George Floyd: Dereck Chauvin, declarado culpable de los tres cargos" RTVE.es 21/04/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210421/claves-veredicto-dereck-chauvin-george-floyd/2087109.shtml

jueves, 4 de junio de 2020

No puedo respirar o el legado de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La CNN reproduce las palabras del ex general James Mattis: «"Donald Trump is the first president in my lifetime who does not try to unite the American people -- does not even pretend to try,"» señala de forma contundente. Y añade: "Instead he tries to divide us. We are witnessing the consequences of three years of this deliberate effort. We are witnessing the consequences of three years without mature leadership". No es fácil decir más en menos espacio, con menos palabras. El serio Mattis, un militar prestigioso, ha recibido el ingenioso tuit del presidente en el que dice que en lo único que ha coincidido con Barack Obama es en haber despedido a Mattis. Muy del estilo Trump; es lo que le va, su terreno favorito. No le pidamos ideas, pero fotos e insultos, los que quieras.


Pero el tuit de Trump es solo otra palada de tierra contra el viento. Las críticas a lo que está haciendo y diciendo no vienen solo de militares retirados. El Secretario de Defensa, el Jefe del Pentágono, Mark Esper ha dicho públicamente que no considera que el Ejército de los Estados Unidos deba salir a reprimir nada. Eso le pone en el punto de mira de Trump, pero a estas alturas de la película solo los poco inteligentes pueden pensar en seguirle el juego. Trump está teniendo "il gran finale" que quería para su salida.

Pero volvamos a las palabras de James Mattis, señalando que Donald Trump es el "primer presidente que no trata de unir al pueblo americano". Es una observación que no por lacónica carece de penetración en lo que la presidencia de Trump está suponiendo para los norteamericanos.
La estrategia de Trump ha sido siempre la parcelación y el enfrentamiento. Desde su comienzo en la carrera  la nominación en las primarias republicanas, Trump se caracterizó por ir siempre a la yugular y no importarle los destrozos causados para conseguir sus objetivos. No ha dejado de hacerlo. Trump ha tenido siempre una baza a su favor: sobrepasar el límite, llegar allí donde otros no se hubieran atrevido. La política es un mundo bronco, pero Trump lo lleva más allá, es el hombre de la otra vuelta de tuerca. Eso sorprende a sus rivales, que ven una barrera moral allí donde Trump no ve ni siente nada. Eso forma parte de sus carencias emocionales y morales, su carencia de empatía en todos los terrenos. Es lo que se le prohibió decir a los psiquiatras según la "Regla Goldwater". Sobre esto tratamos en su día, con la nominación republicana.


La llamada "regla Goldwater" hace referencia a la publicación conjunta de 1.189 psiquiatras en la revista Fact de un aviso sobre la inestabilidad mental del senador Barry Goldwater, candidato a la Casa Blanca en 1964. La regla, que recibió formulaciones similares en las distintas asociaciones profesionales, impedía emitir este tipo de diagnósticos a distancia, es decir, sin un examen previo. No bastaba lo que se veía a simple vista, sino que se exigía un examen profesional para emitir un diagnóstico.
En la propia Wikipedia, cuando se habla de la "Goldwater Rule" se incorpora un amplio texto señalando cómo esto se ignoró en gran medida en el caso de Trump y se señala: "In 2016 and 2017, a number of psychiatrists and clinical psychologists faced criticism for violating the Goldwater rule, as they claimed that Donald Trump displayed "an assortment of personality problems, including grandiosity, a lack of empathy, and 'malignant narcissism'", and that he has a "dangerous mental illness", despite having never examined him.[3][12][13]"
La ética es la ética, pero la realidad es la realidad. No creo que nadie a estas alturas dude sobre la calidad del diagnóstico a distancia en el caso de Donald Trump. Pudo ser poco ético, sí, pero el diagnóstico fue acertado. Supongo que la claridad de lo señalado también les produjo un problema ético. Quizá la "regla Goldwater" sea una especie de contradicción permanente cuya eficacia solo sirva para redimir a los que se condenó por avisar de los problemas que llegarían en el futuro.


La observación de Mattis es acertada. Trump ha sido el gran divisor, como aquí le hemos llamado en muchas ocasiones y cuya realidad tiene incendiada a los estados Unidos de una causa a otras. ¿Se puede ignorar su grito de "¡Liberad los estados!" lanzado antes del caso George Floyd, que ha sido el detonante final?
No ha habido un solo elemento que no haya sido utilizado para crear conflictos, de lo que se alimenta de las bombas que le arrojan, como esos monstruos de las películas de fantasía y ciencia-ficción.
Solo una cosa ha sostenido a Trump, que nadie creyera que pudiera llegar tan lejos. Los que creían que podrían controlarlo —los líderes republicanos, el staff de la Casa Blanca...— pronto tiraron la toalla, quedan los cobistas y mediocres o los que, como el doctor Fauci, han hecho de tripas corazón para evitar males mayores. Y, lo más terrible, le ha mantenido una parte importante del pueblo de los Estados Unidos que ha hecho suyos el fanatismo del que no cree en nada, la religión del que no la tiene, el racismo del supremacista irónico. La falta de creencias religiosas se concreta en esa farsa de la foto con la Biblia y así se acumulan en él los mayores tópicos en forma de reacciones teatrales, en gestos superficiales que él maneja para arrastrar a sus "creyentes", fascinados por escuchar lo que ellos no se atrevían a compartir.


La destrucción de Trump no es solo interna, en los Estados Unidos. Ha destruido la poca o mucha armonía internacional que pudiera haber agravando los conflictos con su afán de salvar al mundo, que no es más que su deseo enfermizo de aplauso y reconocimiento. Ha destruido cualquier acuerdo internacional en todos los terrenos, desde los conflictos de la OTAN que ha llevado a Europa a pensar en la creación de un ejército europeo y establecer su sistema de defensa, a los acuerdos sobre el cambio climático, la ruptura de los acuerdos sobre desarrollo nuclear que convierte el mundo en un lugar más inseguro, la idea de la militarización del espacio, el desastre de Oriente Medio con el proyecto del "acuerdo del siglo"... hasta las críticas a los premios de la Academia de Cine dados a la coreana "Parásitos". Trump no podía dejar nada en pie en el planeta, no podía haber nada que el mundo considerara positivo que no lleve su firma.


Mattis tiene razón. La pena es que no haya habido ninguna fuerza, nacional o internacional, capaz de frenar a un tipo de esta categoría. Los jueces lo han intentado y lo han conseguido en ocasiones, lo que no ha hecho sino aumentar su furia. Ha insultado a países enteros, llamándolos "agujeros de mierda"; ha mostrado el racismo más descarado cuando hablaba de cómo se solucionaban los problemas "en los viejos tiempos". No podemos olvidar su machismo brutal y descarado. En fin..., nada que no nos hubieran advertido rompiendo la regla Goldwater.
Algunos líderes mundiales hacían chistes a sus espaldas y a algunos pilló riéndose. Pero Trump usaba la fuerza de la amenaza y lo sigue haciendo con aliados o con enemigos. Los países a los que llegaba le recibían con muestras de desprecio que él reinterpretaba como de admiración. Ni a la reina de Inglaterra le hizo gracia tener que tomar el té con él, con la ciudad de Londres declarándolo persona non grata, algo insólito pero real. Los más de cien mil muertos  y el más de millón y medio de contagios, a fecha de hoy, son un triste recordatorio de su sentido de la sanidad nacional y de la vida de sus conciudadanos. En gran medida son parte de sus políticas negacionistas nefastas.


Ha hundido cualquier forma de prestigio internacional, de liderazgo de algo, dejando a los Estados Unidos en una posición de decadencia moral y científica realmente penosa. No ha sido capaz o no le ha importando encontrar algo que no se basara en la fuerza. Cuando salga de la Casa Blanca, su legado será de destrucción, de división; pero, eso sí, será idolatrado por aquellos que le han aplaudido cada gesto machista, racista, ignorante o de fuerza, sacando lo peor de todos. Será añorado, dentro y fuera, por los autoritarios de diferente pelaje, por los dictadores a los que felicitó por su buen trabajo y abrazó.


El grito de "No puedo respirar" (I can't breathe!) es algo más que las últimas palabras de George Floyd. Es el sentimiento de millones de norteamericanos para los que respirar su propio aire se ha vuelto un acto peligroso por nauseabundo. Es el aire contaminado por Trump, el entorno viciado, lo que se denuncia junto a la muerte infame.
Como el toro herido, hay que tener cuidado con su final de legislatura porque podemos contener desagradables sorpresas en cualquier parte del mundo. Seguirá desuniendo hasta el final, cuando sea separado, arrinconado en algún campo de golf de infinitos hoyos.



* Stephen Collinson "Military leaders condemn Trump over protest response" CNN 4/06/2020 https://edition.cnn.com/2020/06/04/politics/donald-trump-james-mattis-esper-protests/index.html
* "Goldwater rule" https://en.wikipedia.org/wiki/Goldwater_rule

domingo, 31 de mayo de 2020

El presidente que solo creía en sí mismo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los Estados Unidos de Trump le han ofrecido al presidente lo que este necesitaba, nuevos conflictos con los que sacar sus dos grandes cualidades: el victimismo conspiratorio y su deseo teatral de salvación. 
Afortunadamente para el mundo, ambos conflictos son locales y no deseo que suene cínico, pero el mundo esperaba cualquier despropósito norteamericano conforme nos acercamos a las fechas de la reelección. 
Todos saben ya que Trump necesita estos golpes de efecto para dar salida a su teatralidad narcisista, primero, y para hacer ver a sus seguidores que su espada flamígera sigue señalando en la dirección correcta y cortando las cabezas correctas por el camino. Los críticos que señalan que está echando leña al fuego tienen razón.


Los dos aspectos le han venido milagrosamente juntos: con el etiquetado de sus mensajes como "falsos" por parte de Twitter se ha satisfecho el lado victimista, por un lado, y con los levantamientos en las ciudades como respuesta a la infame muerte de George Floyd en Minneapolis, mediante la aplicación de la técnica llamada "rodilla-a-cuello", por otro, toma el mando. 
La conjunción de estos dos factores va a permitir a Trump reconstruir sus filas para las elecciones. Hay un tercer factor: los dos anteriores permiten desviar la gestión errática y nefasta de la pandemia del COVID-19. 
En esta situación, Trump tratará de dar seguridad y confianza a parte de sus desconfiados electores, los que han ido quedando por el camino. Le permiten los ataques a la "izquierda radical demócrata", a las redes sociales que le están dejando en evidencia, y el mensaje racista, junto al empleo de la fuerza que es lo que está buscando en esta situación. Ya lo ha advertido. Es el personaje que le gusta interpretar. Los ataques justifican la respuesta.


Acabo de ver sus imágenes en la CNN. No hay que escuchar  sus palabras, basta con ver su actitud, desafiante, engreída, levantando el mentón (el gesto mussoliniano), ladeándose en la tarima relajado. Era otro Trump. Ya no era el Trump a la defensiva, tenso. Basta con ver su relajación anunciando su nueva lucha para comprender que se encuentra en su terreno, en el punto que quería. Tiene la tormenta perfecta para surfear las olas a su gusto. A algunos se les da mejor navegar en tormentas, mejor en huracanes o tifones. Ese es Trump.
En The New York Times, Peter Baker escribe:

With a nation on edge, ravaged by disease, hammered by economic collapse, divided over lockdowns and even face masks and now convulsed once again by race, President Trump’s first instinct has been to look for someone to fight.
Over the last week, America reeled from 100,000 pandemic deaths, 40 million people out of work and cities in flames over a brutal police killing of a subdued black man. But Mr. Trump was on the attack against China, the World Health Organization, Big Tech, former President Barack Obama, a cable television host and the mayor of a riot-torn city.
While other presidents seek to cool the situation in tinderbox moments like this, Mr. Trump plays with matches. He roars into any melee he finds, encouraging street uprisings against public health measures advanced by his own government, hurling made-up murder charges against a critic, accusing his predecessor of unspecified crimes, vowing to crack down on a social media company that angered him and then seemingly threatening to meet violence with violence in Minneapolis.*



Expresado así, en tres párrafos, pareciera que se está describiendo una mala película, con malos actores, malos guionistas y un pésimo director. Pero es la realidad. Es el mundo en que uno se levanta y se acuesta, en que se come y duerme. Es la realidad que un mal actor ha conseguido transformar en su plató, en el escenario al que salta cada día tras pasar por maquillaje.
¡Qué ingenuidad la de pensar que el mundo y las responsabilidades del cargo iban a cambiar a Donald Trump! ¡Qué gran error! Es Trump el que ha convertido el mundo en un peligroso escenario. Se ha ido deshaciendo de todos aquellos que le han intentado asentar un poco. ¿Dónde está aquel curtido general que llegó a hacerse cargo de la Jefatura de la Casa Blanca para poner orden? Acabó —como toda persona que levantó la voz o elevó una simple ceja incontrolada— en un vertedero con un acuerdo de confidencialidad firmado que le impedía contar lo que era aquello.


Pero no hace falta imaginarse lo que ocurre tras los muros de la Casa Blanca. Basta con escuchar atentamente, observar con atención, salir de la hipnosis del momento, para comprender el desastre al que Donald Trump ha llevado a los Estados Unidos y a una gran parte del mundo. Le di mucha importancia al desastre causado por su visita a los Boy Scouts. Nada se resiste a Trump.


El día 25 de diciembre de 2018, la BBC reproducía los diálogos de Donald Trump con niños. Eran llamadas para hacer sus encargos de juguetes a Santa Claus que habían sido desviadas a la Casa Blanca para ser contestadas por el matrimonio Trump. «Trump (in booming voice) to a kid named Collman: "Hello, is this Collman? Merry Christmas. How are you? How old are you?.... Are you doing well in school? Are you still a believer in Santa?"»**


Creo que es así cómo hay que evaluarle. No son los grandes momentos de la teatralidad, sino estos pequeños detalles los que revelan una personalidad, una forma de estar en el mundo.
Pero los detalles de la personalidad reveladores no son los que crean el caos exterior. La pobre niña que llamó para encargar sus regalos es una víctima solitaria. Los Estados Unidos y parte del mundo lo son en términos mucho más peligrosos. El peligro viene de la necesidad de provocar el caos para poder presentarse como salvador, como el "gran arreglador", como el mejor negociador y conseguidor de acuerdos beneficiosos. Para Trump todo lo hecho anteriormente está mal por el sencillo motivo de que no lo ha hecho él. Da igual que haya sido hecho por los Estados Unidos. No lo hizo él y ese es motivo suficiente como para destruirlo.


Ahora tiene sus dos guerras abiertas, lo que atraerá su atención. Ha mantenido a sus seguidores convencidos de que el coronavirus era un invento demócrata hasta que son ya más de 100.000 muertos acumulados y más de millón y medio los contagiados. Pese a ello rechaza la máscara. Le parece un ejemplo de debilidad que él no se puede permitir. Su ejemplo está causando muertes, pero eso no importa. En realidad, nada importa. Solo Trump importa a Trump. Hace mucho que se dijo, pero nunca se pensó que llegaría a ser tan cierto y absoluto.
Está incitando y respaldando el racismo, inflamando las calles tratando de producir más conflictos que le permitan emerger de las llamas como un artista de heavy metal en medio de un concierto. Ese es Trump, un Alice Cooper del "Welcome to my nightmare".


Los Estados Unidos de están más divididos, son más racistas e intolerantes. Es el fruto de lo sembrado por Trump, pero solo en parte. No siempre es fácil discernir la causalidad, qué es el efecto y cuál es la causa. Trump fue llevado a la Casa Blanca por una conjunción de fuerzas que apostaron por él. No llegó por azar. Por eso ahora, perdida la gran baza de la economía por la pandemia, Trump tiene que reunir filas para resistir el contraataque. Todo lo que ocurra se hace pensando en esas futuras elecciones.
Si Trump se mantiene en la Casa Blanca, el desastre mundial está garantizado. Todos los frentes abiertos —muchos a la espera de ver qué ocurre— seguirán siendo tocados, pero esta vez sin freno, en un mandato sin posibilidad ya de reelección. Trump echará el resto, una especie de gira mundial de despedida tratando de dejar huella. Es un peligro que está en la mente mundial, de los dirigentes a las instituciones.


Ha sido otra intensa noche de disturbios por todos los Estados Unidos. Las redes sociales se están llenando de mensajes todo tipo de mensajes de solidaridad para la comunidad afronorteamericana. Empresas y particulares muestran su apoyo con manifiestos en los que se expresa el deseo de justicia.
Trump tiene en estos momentos el escenario perfecto para su remontada. Ya no tendrá que contar con díscolos asesores científicos y tener que hablar sobre cosas que ignora recomendando beber desinfectantes o tomar medicamentos contraindicados. Ahora se encuentra en su salsa, con un conflicto racial y callejero y otro con los medios. ¡Quién se lo iba a decir! Está feliz y no lo puede ocultar. ¡Qué miedo da!



* Peter Barker "In Days of Discord, a President Fans the Flames" The New York Times 31/05/2020
https://www.nytimes.com/2020/05/30/us/politics/trump-george-floyd-protests.html
** "Trump to child: Do you believe in Santa?" BBC 25/12/2020 https://www.bbc.com/news/world-us-canada-46678124