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viernes, 9 de junio de 2023

El camino de la belleza

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es recogen un artículo de Pilar Martín (EFE) con el dibujante Milo Manara, un celebrado autor de novelas gráficas y adaptador al cómic de textos novelísticos. Es ese el motivo que le trae a Madrid, a nuestra tradicional y pasada por agua Feria del Libro madrileña. La adaptación de la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, le trae para presentarla ante el público de seguidores de literatura, del cómic y de la fusión de ambos.

El artículo de Pilar Martín nos habla de su llegada, pero rápidamente Manara se desplaza hacia otros derroteros, la muerte de la belleza y la difícil subsistencia de un mundo que prescinde de ella:

Parafraseando a los hermanos Karamazov, Manara (Luson, Italia, 1945) aboga en una entrevista a EFE por la belleza como mecanismo para "salvar" este mundo que ya no cuenta con algunos de esos referentes que lo hacían más habitable: Hugo PrattFederico Fellini o Umberto Eco, el culpable, este último de que esté en Madrid durante la Feria del Libro para presentar la primera parte de la adaptación de El nombre de la rosa (Lumen).

Pero Manara lamenta que no solo no estamos salvando el mundo, sino que tampoco "estamos salvando la belleza". Y la falta de esos "grandes intelectuales" le hace ser pesimista, ya que ellos podrían ser una suerte de salvavidas ante "este terremoto cultural" que considera que está sufriendo el mundo.

"Son días -ha explicado- verdaderamente muy difíciles y tendríamos que comprometernos a dar otro modelo de desarrollo porque ahora los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres, tenemos un mundo lleno de plástico, estamos en un camino equivocado (...) si no cambiamos creo que iremos a pique todos".*


A algunos le parecerá esto un juego de intelectual masoquista y quejumbroso, cosas de viejo artista que no se acomoda a la modernidad de un mundo que orgullosamente proclama su grandeza cada día, que no mira al pasado más que con justificado desprecio porque para qué hace falta lo obsoleto o lo desaparecido en las brumas del tiempo. El mundo, según esta versión moderna, es lo que podemos tocar, palpar, recorrer, degustar, sudar, etc. Lo demás es cosa de libros y de nostálgicos del pasado, que lo idealizan.

Creo que Milo Manara tiene razón.

Hace mucho que se emprendió un camino sin prever sus consecuencias. Las aspiraciones de la Ilustración —un mundo mejor, donde "mejor" significaba más y mejor educado, más libre por comprender mejor, más igualitario por permitir el acceso a las fuentes reservadas a las élites...— se ha venido abajo.


Hay una palabra que me viene constantemente a la cabeza desde hace tiempo: "embrutecimiento". Por eso el artículo con las declaraciones de Milo Manara me ha decidido a centrar el texto en algo que hemos tratado aquí como efecto en diversas ocasiones.

El empobrecimiento cultural es un hecho detectable en rasgos y evidencias diarias que solo tenemos que juntar. El deterioro educativo proviene de la propia devaluación de la educación misma, que se ha convertido en un camino obligado a ninguna parte, porque lo que determina el nuevo destino —el éxito— va por otras vías.

Ocultamos a los que nos denuncian este estado y los contraponemos a los ejemplos de éxito en ciertos campos que no requieren más que la presencia. Lo visible es lo que impera en su variante imitable —un anuncio televisivo nos repite que "la originalidad está sobrevalorada" y que la gente que copia las buenas ideas de otros es la más lista—.

El éxito es la palabra clave. Tener éxito es ser imitado por otros. Lo importante es "influir", que es ser imitado a través de la creación de "tendencias". Influencia y tendencia son las dos caras de la moneda del éxito. La idea solo es válida si es imitada. Por eso la "originalidad" solo tiene sentido como cambio de tendencia.

En el fondo de esto está el descubrimiento anti ilustrado de nuestro tiempo: el comportamiento mimético, el descubrimiento de que es más fácil ser otro que ser uno mismo. Ser uno mismo se convierte en un proceso doloroso, ya que no hay un "yo" metido dentro de una caja. Descubrirse a uno mismo es un duro ejercicio de construcción. Como señalaban los existencialistas, el ser es lo que se ha formado tras la vida vivida. No hay nada previo, nos hacemos viviendo. La dureza de esto es notoria. Por eso es más fácil ser otro (es el otro el que vive, el que descubre, el que se crea...), que tener que hacerlo uno mismo.

En ese camino del ser en devenir, la belleza es una parte esencial del proceso. Llevo años, allí donde la gente comete el error de darme un micrófono, señalando lo erróneo de nuestro sistema de enseñar las artes, historicista y distante. Es la educación estética del ser humano lo que se debe primar, el camino diferente de cada uno a la belleza, y no la repetición social de qué es bello y qué no lo es. Por eso el poeta John Keats escribía en su poema Oda a una urna griega, 

Heard melodies are sweet, but those unheard

       Are sweeter; therefore, ye soft pipes, play on; 

El poema se cerraba con una afirmación rotunda y sencilla: 

 "Beauty is truth, truth beauty,—that is all

                Ye know on earth, and all ye need to know." 

https://www.poetryfoundation.org/poems/44477/ode-on-a-grecian-urn 

Pero la "belleza-verdad" a la que se refería Keats tiene poco o nada que ver con la "nueva belleza" basada no en el desarrollo del impulso más allá de lo que tenemos, que despierta esa sed de verdad, belleza y nos los lanza a la aventura vital y espiritual. Lo que hoy se busca es un pobre sucedáneo, que es el éxito, que no es un camino individual, sino una respuesta bajo el juicio de los demás. No hay camino propio, sino un caminar bajo la atenta mirada de aquellos que establecen su empatía con nosotros. El éxito solo tiene sentido ante los otros, que son quienes lo determinan.

No creo que haya un modelo único, universal o atemporal de belleza. Pero sí creo en que podemos educarnos para poder sentir un disfrute más auténtico y productivo para nuestra forma de estar en el mundo. A veces se piensa en el esteta como alguien que se separa del mundo que le rodea y vive en una burbuja. ¡Nada más alejado de la realidad! La educación estética nos permite desarrollar una faceta humana que si no se desarrolla nos lleva al embrutecimiento, en vivir un mundo desde unos parámetros que nos empobrecen como seres humanos. Pero esto, nuestra dimensión humana lo que vamos deteriorando rompiendo nuestros lazos con lo que hemos construido como cultura y sustituyéndolo con algo que nos provoca otro tipo de sensaciones, que pueden ser placenteras. El placer no es privativo del ser humano; es un mecanismo natural. Está en nosotros provocarlo por distintos medios. Transformar en humano el placer es una de las funciones de algo que está en nosotros, el sentido de la belleza.


Entretenimiento, distracción, matar el tiempo... son términos que se asocian con esta forma del éxito que lleva a este empobrecimiento que denuncia Manara junto a otros muchos otros. La cuestión problemática es, como señala el dibujante, es que cada vez quedan menos voces para señalar esto, pera denunciarlo. La filosofía del éxito trata de evitar la polémica o, por el contrario, la provoca como forma de atracción. Pero uno de los efectos principales del embrutecimiento es la distancia que se establece con cualquier forma crítica real. Todo lo que afecte a este placer de la colectividad es visto como agresión. Eso lleva a silenciar voces. Mana señala la desaparición simple de las personas; las generaciones van desapareciendo y las nuevas viven su mundo como totalidad, como un siempre ha sido así, con el que justifica su propia sordera.

No es una cuestión de la sustitución de la sospechosa idea de "intelectual" (aquellos a los que entender) por la de "influencers" (aquellos a los que imitar). La propia estructura mediática de nuestro mundo lo favorece. La experiencia se vive a través de un nuevo estado, el de "audiencia" o "público". Por mucho que se nos diga, somos receptores con aspiraciones de ser emisores. Están los eternos imitadores de la trivialidad y están los eternos ansiosos por convertirse en referencia. Es el efecto mediático, que ha renunciado en gran medida a incluir lo minoritario, lo individual en beneficio de la supervivencia económica en un encrespado mar, en un sistema de prueba-error comunicativo en el que se tantea hasta encontrar la "tendencia". Hasta que llega la siguiente y así sucesivamente.

Existe una enorme diferencia entre el que trata de enseñar a otro a pensar por sí mismo y el que busca que le sigamos imitándole. Esta diferencia es esencial en este cambio. Es lo que favorece un mundo en que todos tratan de decir nos qué hacer: qué consumir, a quién votar, qué comer... Y además poseen un aparato mediático tan poderoso que no solo nos envuelven, sino que pueden anticipar pensamiento y comportamiento y corregirlo. Nunca ha habido en nuestra historia un modelo así, del que desaparece incluso la posibilidad de criticarlo porque se necesita para transmitir la crítica.

Filósofos, historiadores, sociólogos, psicólogos... habla de la "aceleración" del tiempo, de un vivir en la cresta de una ola mirando hacia un horizonte que, por definición, solo es efecto de nuestra mirada. La aceleración nos muestra un viaje sin tiempo para pensar en uno mismo; las cosas se desvanecen en nuestras manos, ante nuestros ojos, solo cuenta lo siguiente.

Sin embargo, tenemos ante nosotros unas fuentes de enorme belleza. Están ahí esperando a que nuestra mirada se aparte de lo trivial, de lo llamativo, de la tendencia... Esa belleza tiene forma de novelas, poemas, cuentos; forma de cuadros, de películas, de música, de danzas... Son formas de las que regresamos distintos tras la lectura, tras la escucha, tras detener nuestra mirada en ellas. Pero esto se nos hace cada día más difícil en un entorno que, de la escuela a los medios, nos lleva hacia otros derroteros. Nos llevan hacia un mundo dividido en éxitos y fracasos, entre imitadores e imitados. Necesitan toda nuestra atención, hora a hora, día a día. Somos la materia prima.

El artista Milo Manara habla de otro modelo de desarrollo. Este modelo no solo se lo hemos dado al mundo, sino también a nuestras mentes. Somos producto de una mentalidad en la que individualmente solo contamos como consumidores de algo. Por eso es necesario abrir los ojos, educar en una nueva forma de ver el mundo, de disfrutarlo, de compartirlo. La belleza es uno de los caminos hacia esa verdad que reclamaba Keats. Puede que no sea la misma verdad para cada uno. En realidad, así debe ser. Solo la mentira es igual para todos.

 

* Pilar Martín  "Milo Manara lleva al cómic 'El nombre de la rosa': "Solo la belleza podrá salvar al mundo"" RTVE.es EFE 8/06/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230608/milo-manara-lleva-comic-nombre-rosa/2448946.shtml

martes, 13 de julio de 2021

El "aspectismo" y la vida publicada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Vivimos en un mundo de pantallas e imágenes, de representaciones más que de realidades. Todo es ya mediación y el enfrentarnos a la realidad desnuda puede ser una experiencia demasiado frustrante cuando los estándares vienen del otro lado. De esta forma, cada vez nos es más difícil ser lo que somos y nos resulta más angustioso mostrarnos.

A ello contribuye un mundo donde ha aumentado la vulnerabilidad. Exponerse es algo real en los dos sentidos, el de mostrarse y el de arriesgarse. Los casos de acoso desde la más tierna infancia son ya un hecho. Cualquier elemento relacionado con el aspecto se vuelve peligroso si alguien decide que no le gusta y comienza una campaña contra ti a la que se pueden sumar miles de personas convertidas instantáneamente en jueces y verdugos, en tribunales implacables.

En The New York Times, el columnista David Brooks escribe sobre esta forma de condicionamiento con el artículo titulado "¿Por qué no hablamos de la discriminación contra los feos?", que comienza de esta manera:

 

Un gerente en Estados Unidos se sienta en su oficina y decide despedir a una mujer porque no le gusta su piel. Si la despide porque su piel es morena, a eso le llamamos racismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel es femenina, a eso le llamamos sexismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel tiene marcas y la encuentra poco atractiva, bueno, de eso no hablamos mucho y en casi todo el país no existe ningún recurso legal contra eso. 

Es desconcertante. Vivimos en una sociedad que aborrece la discriminación basada en muchas características. Y, sin embargo, una de las principales formas de discriminación es el aspectismo, el prejuicio contra lo poco atractivo. Y esto no recibe casi nada de atención ni genera mucha indignación. ¿Por qué?*

 


No le falta razón al hacerse esa pregunta. Quien dice la piel, dice el pelo o el vestido o cualquier otra circunstancia. Creo que es precisamente es aleatoriedad de las críticas a tu aspecto lo que establece su gran poder destructivo. En una sociedad que te juzga de forma permanente, tu mente se vuelve anticipativa, "cómo gustar" está en tu mente, te sientes como desfilando en una pasarela sin fin bajo las miradas atentas del resto de la humanidad.

Gran parte de nuestra vida se ha hecho pública o, si se prefiere, se convierte en "publicada". No existir en las redes sociales —el mayor monstruo devorador creado por la humanidad— es sencillamente no existir, especialmente para aquellas personas que necesitan llamar la atención y todos los que buscan estímulo por su inseguridad. Los segundos sufren más que los primeros. A muchos les encanta ser criticados —es una forma de llamar la atención— y se dedican a provocar. Están, por otro lado, los inseguros, los que cada día sienten que deben pasar una prueba ante el mundo y donde los comentarios negativos sobre su aspecto pueden ser un drama.

Es frecuente ya que muchas personas que llevan una vida publicada intensa se rebelen. Actores y actrices, gente popular por cualquier motivo, llegan a un día en el que dicen "¡basta!". Es el día en que hartos de ver cómo su vida es un espectáculo deciden romper la baraja y se muestran como son en la realidad, con todas sus imperfecciones. Esto es algo que suele tirar por la borda el trabajo de años, pero eligen entre vivir o mostrarse.

En estos días los medios han recogido la implantación en Noruega de una ley que establece la obligación de notificar que las fotografías publicadas han sido retocadas. En Antena3 se señalaba:

 

El Ministerio Noruego de Infancia e Igualdad de Noruega ha aprobado una ley que prohibirá a los influencers y a las marcas publicar imágenes promocionales retocadas sin antes incluir una etiqueta que determine que estas han pasado por un filtro o un programa de edición de fotografías.

Esta iniciativa tiene el objetivo de terminar con la publicidad engañosa y los estándares de belleza que tantos problemas de autoestima e inseguridades ocasionan entre los usuarios de las redes sociales y los contenidos publicitarios, generándoles expectativas irreales de lo que es la belleza.

Es por ello que, los creadores de contenido que quieran compartir fotografías retocadas con un filtro o un programa de edición tendrán que avisar de ello con una etiqueta que habilitará el gobierno noruego.

Pero hay que recalcar que no solo se aplicará en las publicaciones de las redes sociales, sino también se tendrá en cuenta en los carteles publicitarios que se muestran en ciudades, revistas, marquesinas, etc. Mientras que los ciudadanos de a pie podrán seguir utilizando los filtros.**

 


El aspectismo, tal como lo definía Brooks, como un prejuicio contra lo que no consideramos "bello", es una forma de establecer la irrealidad como norma reinante. Los modelos de belleza, que sirven a múltiples intereses, tienen detrás sus propios sectores que lo promueven. Por eso, la ley noruega se ha dirigido directamente a los influencers, una figura en la que se combina la propia exhibición como modelo que debe ser imitado.

Las críticas al aspecto esconden muchos intereses de sectores que se promocionan a través de estos canales personales trucados. La propuesta es absoluta; no seguirla significa estar del lado negativo y peligroso. Los propios seguidores actúan como jueces de todos aquellos que no siguen los modelos que ellos siguen, que se imponen temporalmente como valores centrales.

Obligar a señalar que las fotografías son irreales, que están trucadas es una forma de mostrar la trastienda de la propuesta, mostrar que eso se sustenta en la ocultación o manipulación. Es una forma de decir que esos modelos que queremos seguir no son realmente así, que solo se puede ser así "fotográficamente". Pero esta vida, por otro lado, no necesita ser real, solo mostrarse a los demás, por lo que el efecto de la ley noruega puede ser un paso, pero en modo alguno una victoria sobre esa ficcionalidad representativa que supone el autoprocesamiento de la imagen para ser (mostrarnos) ante los demás.

El columnista de The New York Times va más allá en su denuncia. El problema no es, señala, que no exista una Asociación Nacional de Feos que defienda el derecho a no ajustarse al canon establecido. David Brooks señala:

 

Mi respuesta general es que es muy difícil oponerse a los valores centrales de tu cultura incluso cuando se sabe que es lo correcto.

En las últimas décadas, las redes sociales, la meritocracia y la cultura de las celebridades se han fusionado para formar una cultura moderna que tiene valores casi paganos. Es decir, pone gran énfasis en la exhibición competitiva, los logros personales y en la idea de que la belleza física es una señal externa de belleza moral y valor en general.

La cultura pagana tiene cierto tipo de héroe ideal: aquellos genéticamente bien dotados en el ámbito atlético, en el de la inteligencia y en el de la belleza. Esta cultura percibe la obesidad como una debilidad moral y una señal de que estás en una clase social más baja.

Nuestra cultura pagana pone gran énfasis en el campo deportivo, la universidad y las pantallas de las redes sociales, donde la belleza, la fuerza y el coeficiente intelectual pueden exhibirse de la manera más impresionante.*

 


Coincido plenamente con este enfoque y en la "paganidad" señalada. Son valores, además, que carecen de empatía, que no perdonan la "debilidad", como vemos con frecuencia. El aspectismo tiene esa clara vertiente "supremacista" en la que se buscar apartar a aquellos que no son "estéticamente" compatibles con el modelo estándar. Esto se ha acrecentado en función del grado de presencia mediática que puedan tener las empresas o puestos. La necesidad de hacerse visibles conlleva la exigencia de ajustarse a los modelos.



La campaña contra la historiadora Mary Beard por su aspecto es una muestra clara de cómo actúa esta nueva intransigencia que exige la retirada de todo lo que no se ajuste a los nuevos cánones. Una especialista de prestigio mundial, gran comunicadora, parece ser demasiado para estos depuradores de las imágenes. Quieren que les hablen del mundo romano jóvenes atractivos. El rechazo  ha sido grande, pero muestra la obsesión aspectista.

Otro ejemplo. En estos días pasados, la dirección del Festival de Cine de Cannes ha tenido que llamar seriamente la atención a los asistentes:

 

El Festival de Cannes recordó el jueves a los asistentes que el porte de mascarilla es obligatorio en las salas, después de que en las redes sociales se difundieran imágenes de espectadores sin estas. 

«La mascarilla es la regla, la ley y la garantía de que el festival se realice hasta el final», dijo el delegado general del certamen, Thierry Frémaux, antes de una proyección. 

Desde el arranque del festival el martes, se observó que parte del público asiste a las sesiones sin mascarilla y este jueves empezaron a multiplicarse los comentarios de indignación en Twitter.**

 


Es un ejemplo de la inversión que se produce en esta "cultura pagana". La mascarilla evita ser identificado. ¿Qué sentido tiene ir al Festival si los demás no saben que eres tú? El prestigio de los festivales es para que te vean y no para ver tú. En realidad, el Festival —como otros— es el reflejo de la importancia de los asistentes más que el de las películas. No se va a ver sino a que te vean... y la mascarilla lo evita. Basta ver las miradas hacia cámara de los que entraban sin mascarilla para comprender que buscaban ese conectar con quien estaba al otro lado. Si se salían a mitad de película, probablemente no le importara a nadie. El momento de gloria es el posado en la alfombra roja y este no se puede hacer con mascarilla. Son los propios medios los que han creado este engendro de la alfombra. A muchos medios no les importan las películas sino los asistentes; de la misma forma que a muchos asistentes tampoco les importan las películas sino el ser vistos. El festival, por otro lado, aumenta su prestigio en función de los asistentes y de la cantidad de medios atraídos por los famosos.

El aspecto es esencial. Lo exterior es lo importante. Lo mismo ocurre en el campo de la música, donde la voz pasa a ser secundario en beneficio del aspecto y la moda que se muestra. A muchas de las grandes estrellas de la canción o intérpretes les habría ocurrido hoy lo mismo que a Mary Beard. Los dioses paganos musicales no tienen porqué cantar bien; les basta con tener buena imagen para ser convertidos en éxito. En esto la MTV transformó el panorama. Sí, como decía aquella profética canción "El vídeo mató a la estrella de la radio". Doy gracias a que cantantes como Ella Fitzgerald, por poner un ejemplo, naciera en una época en la que una cantante se valoraba por la voz más que por su figura, su vestido o su peinado.

Desde hace algún tiempo muchos medios muestran la obsesión aspectista consistente en mostrarnos el "antes y el después" de personajes famosos del mundo de la música, del cine, del deporte. La gracia consiste en mostrarnos cómo eran hace 10, 20 o 30 años personas conocidas. Es una muestra de ese malsano interés por el aspecto que los propios medios cultivan porque saben que es contemplado desde esa crítica social que da juego para el mundo de las pantallas. Las ediciones digitales han dado cabida a este mundo de la imagen comparativa por su propia economía, ya que es un recurso muy barato. Las colecciones de personajes enfrentados al efecto del paso del tiempo parecen privar del derecho a envejecer, a que tu cuerpo cambie, a que tu rostro refleje el paso de los años. Envejecer es tratado como una enfermedad o, peor, como una curiosidad sujeta a crítica. Recuerdo que me impactaron las palabras de una presentadora de televisión sobre el actor James Spaader, el protagonista y productor de la serie The Blacklist, un comentario despectivo sobre estar "gordo y calvo". A nadie parecieron importarle. Supongo que los buenos resultados de la serie le compensarán por estos comentarios. Pero no siempre es así.



Lo malo de todo esto son los efectos que tiene sobre muchas personas. Conozco a algunas que son irreconocibles en sus fotos de las redes sociales ya que todas sus fotos están trucadas. La baja autoestima por la presión que sienten les hace vivir con miedo a las burlas, los ataques o que a alguien ponga que una foto no les gusta.

Una alumna me pidió hace unos años hacerse una foto al término de la defensa de su Trabajo de Fin de Máster. Mi sorpresa grande fue al ver su foto publicada en Facebook. Yo era yo, pero ella había sustituido su rostro completo por el de un personaje de "manga". No quería mostrarse ella misma, aunque no quería renunciar a un recuerdo con su "profe". La foto real la conservaría alejada de las miradas; a los otros les deba una ficción protectora.

El problema tiene ya cierta trascendencia porque la vida publicada se extiende y por la actitud cada día más beligerante y osada de estos supremacistas del aspecto, vendedores de mundos retocados y perfectos. Se extienden también sus efectos gracias a la amplificación de redes y medios. La legislación de diversos países exige que se avise de las fotos retocadas, pero eso es solo una parte del problema. El problema real, a pie de calle, es precisamente el que exige que la gente esconda su imagen bajo retoques defensivos. Hay conexión entre ambos, pero no creo que reduzca el problema del acoso, de la discriminación por el aspecto en sus diversos niveles, del escolar al laboral pasando por el puramente personal.

El problema es esa "cultura de la paganidad" convertida en cultura del éxito, en la apariencia llevada al extremo de ley social, a autoritarismo que supone sobre la vida de los otros.

 


* David Brooks "¿Por qué no hablamos de la discriminación contra los feos?" The New York Times 6/07/2021 https://www.nytimes.com/es/2021/07/06/espanol/opinion/discriminacion-feos-belleza.html

** "Noruega prohibirá por ley los retoque de fotos sin avisar de influencers" Antena3 3/07/2021 https://www.antena3.com/noticias/tecnologia/noruega-prohibira-ley-retoque-fotos-avisar-influencers_2021070360e0bd6e1bebaa0001748622.html

** "El Festival de Cannes llama al orden: ‘La mascarilla es obligatoria’" La Razón / La Revista https://www.la-razon.com/la-revista/2021/07/08/el-festival-de-cannes-llama-al-orden-la-mascarilla-es-obligatoria/

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Más allá de la belleza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos días de final de año se acumulan las noticias de los concursos de "mises". Hemos recibido la noticia de que una española ganó uno de ellos, que hubo un error en otro, cuyo reinado se disolvió en el aire como un destello, para dejar paso al de la reina verdadera. Pero de todos ellos, el más singular quizá sea el de Iraq, del que nos da cuenta The New York Times:

A new Miss Iraq was crowned in Baghdad for the first time since 1972 in a contest that faced fierce conservative opposition as well as reported death threats against some participants.
“I want to prove that the Iraqi woman has her own existence in society, she has her rights like men,” the winner, 20-year-old Shaima Qassem Abdelrahman, told NBC News. “I am afraid of nothing, because I am confident that what I am doing is not wrong.”
Organizers hoped the revival of the beauty pageant would “highlight the bright side of Iraq,” according to the group’s website. But safety fears put the televised event in question, as hard-liners and tribal leaders argued that it was un-Islamic and immoral.
Death threats were posted on the pageant’s Facebook page, and at least some contestants were reported to have pulled out.
In response, organizers delayed the event from its original start date in October and removed a swimsuit portion.
“Iraq needed this,” Ahmed Leith, the pageant director, told CNN. “The situation is weak here, and we wanted to celebrate this the same way other countries like Lebanon and others do. To have a sense of normalcy.”*


Mucha gente está en contra de este tipo de concursos, aunque menos que en las etapas en las que el feminismo los tenía en su punto de mira. Pero muestra del relativismo de ciertas situaciones, pasa a convertirse en un desafío en el que se reivindica la normalidad. Y algo que debería ser su sustento: las libertades de las personas.
Cuando hablamos de los peligros de los atentados terroristas y de la radicalización, olvidamos situaciones en las que el radicalismo no es un proceso al que se llega sino un estado del que no se sale. El Estado Islámico no es más que una punta del iceberg, aquello que preocupa y que sirve para ponerle cara al horror. Pero esas caras son muchas y muy poderosas, capaces de aterrorizar territorios durante décadas imponiendo sus propias reglas sin contestación posible bajo amenaza de muerte.


Las chicas que se han presentado al concurso de miss Iraq han cometido, para estos energúmenos, un horrendo acto, merecedor de la muerte. Las amenazas las tendrán sobre su cabeza el resto de su vida porque el autoritarismo del que provienen no admite olvidos ni perdones.
Ese "tener un sentido de normalidad" es casi un sueño imposible, una reivindicación que choca con los muros que el fundamentalismo levanta alrededor de las sociedades que considera suyas. Es muy difícil levantarse, tener el valor de hacerlo. Pero ellas lo han hecho a sabiendas de que se enfrentan a un riesgo de muerte de por vida.

Para los miembros del Estado Islámico, como para otros radicales integristas, no hay diferencia entre subir a una pasarela y entrar en una escuela. Ambos actos no entran en su cabeza y, por ello, matan a quienes lo hacen. Ametrallan escuelas y atacan a las mujeres que no siguen sus estrechos patrones.
Vemos desafíos y amenazas en los ataques violentos, en bombas y ametrallamientos, en invasiones y atentados. Pero lo que produce el material humano que los lleva a cabo es la intransigencia de la que se alimentan desde que nacen y en la que son criados sin remisión. La que llaman la "batalla a largo plazo" es mucho más complicada que hacer retirarse del terreno ocupado. Es más fácil desplazar un ejército de un territorio ocupado que sacar una idea de la cabeza. Y esa es la verdadera batalla, el desafío del futuro.
Ayer decían en Euronews que los ataques de Boko Haram a las escuelas han afectado a más de un millón de niñas y niños. Esa es la batalla que van ganando, la de la ignorancia disfrazada de trascendencia. El regreso a las teocracias medievales necesita de espíritus en los que la obediencia sea absoluta y para ello es necesario que el dogma se asiente y sea beligerante con cualquier otra idea que lo desplace.

La batalla es contra los ignorantes que se llaman doctos a sí mismos. Lo es contra los que consideran que la perfección está en el inmovilismo y la virtud en la obediencia ciega. Para ellos, cualquier acto libre es un desafío; cualquier idea nueva es una transgresión de un orden que ellos han vislumbrado en su fanatismo.
Más allá de los escenarios bélicos, este mismo fanatismo se da en muchos otros lugares, con total consentimiento y bendiciones. La batalla tiene lugar allí donde alguien reivindica una libertad que se le niega en nombre de autoridades humanas y divinas. Nadie nace libre, dicen en su intransigencia fanática. A esto hay que decirles que , que se nace libre, por más obstáculos que la vida nos ponga por delante, por más condicionamientos que suframos. Ese es el centro del que todo emana; lo demás son sus manifestaciones visibles. La violencia es la única arma que les queda a los dogmáticos cuando llegan a los círculos viciosos en sus argumentaciones. No convencen más que a través del miedo o de la costumbre que excluye ya el razonamiento.


Dice la noticia de The New York Times que dos primos de la ganadora eran policías y fueron asesinados por los miembros del Estado Islámico. De las 150 concursantes iniciales, la mayoría se retiró por las amenzas de muerte. Presentarse al concurso en estas condiciones es algo más que un acto de frivolidad. Saben a lo que se exponen y también que haciéndolo les plantan cara. «She said she would use her fame to work on educational initiatives, especially for those displaced by the conflict», dicen las líneas finales del artículo. Miss Iraq es algo más que la reina de la belleza iraquí; Shaima Qassem Abdelrahman y sus compañeras son soldados del ejército de liberación de la normalidad. Su belleza está más allá de lo visible.




* "First Miss Iraq Since 1972 Is Crowned" The New York Times 22/12/2015 http://www.nytimes.com/2015/12/23/world/middleeast/miss-iraq.html