Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
Los
Estados Unidos de Donald Trump son una combinación de los despropósitos
políticos y del paraíso comunicativo del semiótico. Mientras los nombramientos
siguen sorprendiendo al mundo por ser un proceso selectivo inverso, es decir,
la persona seleccionada para un cargo es la menos adecuada para el mismo, los
elementos seleccionados o surgidos de forma aparentemente espontánea en la
comunicación (¡¿qué es espontáneo en la comunicación política hoy en día?!)
siguen siendo eficaces en sus términos al ser asumidos simbólicamente.
Cada
día los medios nos dan cuenta de nuevos nombramientos que alegran a unos y
hacen levantar las cejas y buscar refugio a otros ante lo que puede pasar. De la
pregunta concreta sobre un nombramiento se pasa a la pregunta global, ¿cuánto
tiempo se podrá soportar esto, qué efectos tendrá para el país esta
concentración de despropósitos? Nombrar a antivacunas para la Sanidad, ahora
complementado con un médico televisivo, el Dr. Oz, un partidario de terapias
alternativas más que dudosas, de curaciones por la fe, tal como se nos cuenta
en RTVE.es:
Trump también ha anunciado el
nombramiento del doctor Mehmet Oz, conocido como Dr. Oz en sus programas
televisivos, como administrador de los centros de servicios de Medicare
y Medicaid, los programas de asistencia social de salud destinados a
personas mayores y de bajos recursos.
"Estados Unidos se enfrenta a
una crisis de atención sanitaria y es posible que no haya un médico más
calificado y capaz que el Dr. Oz para hacer que Estados Unidos vuelva a
ser saludable", ha afirmado el expresidente en un comunicado el
expresidente (2017-2021) sobre el polémico cirujano, quien a lo largo de su
carrera ha abogado por varias pseudociencias.
Oz es defensor de la medicina
alternativa, la curación por la fe y diversas creencias paranormales,
una situación que le ha traído críticas de numerosas publicaciones médicas.
Trump ha descrito a Oz como "un
médico eminente, cirujano cardíaco, inventor y comunicador de primera clase,
que ha estado a la vanguardia de la vida saludable durante décadas".
Oz trabajará en estrecha colaboración
con Robert F. Kennedy Jr, el excandidato presidencial conocido por sus teorías
de la conspiración sobre las vacunas, que ha sido nominado como futuro
secretario de Salud.*

En el Dr. Oz se juntan varios de los requisitos que Trump
busca, es lo suficientemente controvertido
como para liberarla de tener que ser activo en ese terreno. Recordemos lo
que ocurrió durante la epidemia de la COVID, en la que los responsables se
tuvieron que enfrentar públicamente a las excentricidades y observaciones del
entonces presidente. El Dr. Anthony Fauci, un especialista, sigue, se nos dice
en la Cadena SER, bajo la atenta vigilancia de seis guardaespaldas; es el
resultado de haber dejado a Trump, el arreglador mágico, en evidencia. Lo mismo
puede decirse de aquellos que trataron de frenar sus disparates. Trump aprendió
de lo ocurrido entonces y hoy se rodea de la extravagancia, de los excéntricos
y alternativos, alejándose de todos aquellos que le puedan desautorizar en
público o en privado. Creo que esa es la "estrategia" que se revela
tras la pauta de los nombramientos. Trump está más cómodo con esta fauna
política y mediática.
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| Cadena SER |
El otro nombramiento que se comenta junto al del Dr. Oz es
el de una empresaria del Wrestling, la lucha libre americana, para Secretaria
de Educación:
Trump ha confirmado a través de un
comunicado que McMahon, de 76 años, será la encargada de dirigir el
departamento, a pesar de que solo tiene experiencia en educación a
nivel local, como miembro de la Junta de Educación del estado de
Connecticut.
"Linda utilizará sus décadas de
experiencia en liderazgo y su profundo conocimiento tanto en educación como en
negocios para empoderar a la próxima generación de estudiantes y trabajadores
estadounidenses y convertir Estados Unidos en el número uno en
educación en el mundo", ha afirmado el próximo inquilino de la
Casa Blanca.
Como secretaria de Educación, Trump
ha apuntado que McMahon "luchará incansablemente para expandir la elección
escolar a todos los estados del país y empoderar a los padres para que
tomen las mejores decisiones educativas para sus familias".*
Como puede intuirse, es de nuevo el mismo patrón, la
elección de personas de nula experiencia en el campo o de trayectorias
contrarias a las políticas que deben desarrollar en los cargos. La elección del
menos idóneo es la pauta.
Pero el fascinante problema que revela todo esto es el de la
aceptación. Los Estados Unidos no en están estado de shock ante este aquelarre de
nombramientos políticos, por algo que repercutirá necesariamente, antes o
después, en su vida diaria, en su calidad de vida futura. Están fascinados, en
un sentido absolutamente literal.
No se trata de una mayoría política en las urnas, es algo
más parecido a una abducción, por
usar un término coloquial, de una "comedura de tarro" sin paragón. Es
algo más que una cuestión de mayorías o minorías. Es más bien un alegre
descenso, un retroceso entre cantos y alegrías hacia la barbarie pre-racional,
una gloria del desastre.
La pregunta, más allá de los desastres posibles, que sigue
en pie es sobre esa extraña fascinación que hace que Trump se haya convertido
en alguien por encima de la Historia (a la que anula), de la Ciencia (de la que
se ríe) o de la Política (que convierte en espectáculo puro y manipulación).
Cuando Trump llegó por primera vez a la Casa Blanca se
buscaron explicaciones de cómo un multimillonario tramposo y mujeriego, que se
presentaba como antisistema y mesiánico milagroso, había derrotado en las urnas
—con menos votos que Hillary Clinton֫— a una política con experiencia y capaz. Las
explicaciones fueron "lógicas", pero ya revelaban algunos efectos
sobre esa América profunda, machista y racista que ahora se muestra con
claridad y poder, sin tapujos y orgullosa de mostrarse.

Trump es un fenómeno político porque la política misma se ha
transformado, porque la sociedad misma se ha transformado, buscando otro tipo
de liderazgo identificativo. La sociedad norteamericana, una gran mayoría
revelada en el voto, empatiza con la
muestra que Trump les ha dado. Uso el verbo "empatizar" en un sentido
emocional que va más allá de la comprensión racional. Trump no convence, seduce, libera; es algo más cercano a los deseos reprimidos que a los
racionales. Trump es una terapia liberadora que ha conectado con los deseos
liberándolos.
Con Trump el mundo deja de funcionar racionalmente, deja de
tener explicación ajustada a las lógicas de la política tradicional y se
construye sobre lo políticamente "incorrecto", que puede ser
"construir un muro", "deportar a millones", "hacer
pagar a los europeos", etc. Lo que antes se podía hacer, pero no se podía
decir, ahora se dice aunque no se haga. Decirlo libera.
En un universo así, los símbolos, la sintonía, son
importantes. Ahí es donde encaja el histrionismo de Trump con ese deseo
simbólico de imitarle. Cualquier elemento que permita vincularse simbólicamente
se reproduce al instante, como sucedió con las tiritas en las orejas tras el
atentado. Miles de personas le imitaron poniéndose tiritas en sus orejas. Lo
ocurrido con la bandera doblada por el viento en el atentado. Decenas de miles
de camisetas reproducían al supuesto "ángel" que le había salvado la
vida para que pudiera "sanar" a la América enferma.
Las filas comunicativas de Trump han sabido comprender el
fenómeno. Lejos de ocultar su capacidad mesiánica auto complaciente, esa se ha
explotado al máximo al comprender que no se percibía como negativa, sino todo
lo contrario. Era el vínculo simbólico, el compartir signos. No se trataba de
ocultar esa parte de Trump, sino de crear una sintonía entre todos.
En 20minutos se nos habla de un fenómeno de este tipo por
medio de algo que es posible reproducir y, por ello, compartir: los bailes de
Trump al ritmo de una vieja canción —YMCA—
de los Village People, un grupo de
temática musical y visual abiertamente gay:
Trump empezó a
utilizar la canción ese mismo año tras recuperarse de su diagnóstico de
Covid-19. Fue en actos con un público repleto de miembros homófobos de
iglesias evangélicas. En la campaña de 2024, el YMCA ya era un elemento más
de los mítines MAGA (Make America Great Again) en todo el país.
Por eso todo el
fenómeno resulta en alguna medida irónico. No puede olvidarse que el
movimiento MAGA es públicamente homófobo y se opone frontalmente al
matrimonio entre personas del mismo sexo.
Pero como ha
demostrado el consumo y la publicidad de la sociedad en que vivimos, nada como
una insistente repetición en un nuevo contexto para vaciar una canción de su
significado.**
La forma es estable; el significado es modificable mediante
la nueva atribución que le da el uso. Es un principio básico semiótico
comunicativo. A final, la cosas solo significan lo que queremos que
signifiquen. Donde había un himno gay, ahora se puede representar como parte de
la homofobia.
En el artículo, Chema Lizarralde nos cuenta cómo el baile de
Trump se ha ido manifestando en diversos campos:
Hemos visto desde novios que se
casan moviéndose a lo Trump hasta deportistas que celebran así un gol o
una jugada. Está ese video ya viral de un novio chino que llega a la ceremonia
de su boda con la música del YMCA y ejecutando el famoso baile:
Entre los
deportistas, lo más reciente, el pasado domingo, en la Liga Nacional de Fútbol
Americano, donde se está poniendo de moda entre los jugadores. El pasado
domingo, los defensas del San Francisco 49ers festejaron una jugada
frente a los Tampa Bay Buccaneers con el movimiento de baile visto en
los mítines del republicano:
También tras
liarse a mamporros. En el UFC 309, Jon Jones noqueó a Stipe Miocic en el
tercer asalto y lo celebró con algo parecido al baile de Trump. Luego, el
púgil señaló con el dedo al político, que asistía a la pelea en Nueva York y
estaba sentado junto al ring. Hasta le ofreció una réplica del cinturón del
título de los pesos pesados de la UFC:
Este lunes, el
futbolista Christian Pulisic, de la selección masculina de EEUU, celebró un
gol con su propia versión del meneo trumpiano. "Obviamente es el baile de
Trump... Simplemente es un baile que todo el mundo está haciendo. Él es el que
lo creó. Sólo pensé que era gracioso", dijo Pulisic a los periodistas
cuando le preguntaron por la celebración:
Para que un fenómeno así funcione se necesitan dos fuerzas,
repetición y olvido. En unas sociedades en las que unos pocos años se
convierten en pasado remoto, en olvido, y por ello en novedad, se pueden
producir fenómenos de "novedad" en lo viejo, que queda separado de
sus raíces y sentido original. Da igual que la canción tuviera un sentido
abiertamente gay; se parte del nuevo sentido y se olvida el viejo. De ahí la
paradoja que manifiesta el autor del artículo.
Trump lo actualiza y lo convierte en suyo. La repetición
convierte la canción pegadiza en un nuevo símbolo —nuevo sentido— al servicio
de quien lo lanza de nuevo. Es un fenómeno de apropiación simbólica en un mundo
de presentes continuos. El sistema envolvente mediático refuerza los sentidos y
nos lo muestra repetido en miles de gestos que refuerzan el nuevo significado.
Trump está ahí tanto por un giro político como por un giro
comunicativo. La relación entre ambos es lo que está por dilucidar en los
detalles y proporciones. Luego llegarán los efectos.
* "Los últimos
nombramientos polémicos de Trump: una exdirectiva de la WWE y un médico
televisivo" RTVE.es/Agencias 20/11/2024
https://www.rtve.es/noticias/20241120/polemicos-nombramientos-trump-exejecutiva-lucha-libre-medico-televisivo/16338590.shtml
** Chema Lizarralde
"Deportistas, presentadores de la tele y hasta novios en las bodas: el
'shimmy' de Trump al son de Village People se viraliza en el mundo"
20minutos 21/11/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5656177/0/el-baile-de-trump-al-ritmo-de-ymca-se-viraliza/?autoplay