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viernes, 12 de diciembre de 2014

La tasa Google o Fuenteovejuna, ¡todos a una!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Otra tontería más. El empeño en caminar hacia la propia tumba sorprende y es lo que, advertidos desde mucho lugares, ha ocurrido. Incapaces de generar interés rentable, los editores de periódicos españoles se han lanzado al abismo a intentar arañar unos euros a Google y demás agregadores de noticias. En su momento lo explicamos y también lo que ocurriría. En el mismo sentido, salieron informes advirtiéndolo, pero la soberbia editorial es grande y de la torpeza ministerial, ¡para qué hablar!
Google les ha dado portazo y ahora suenan las palabras patéticas del ministro Wert diciendo que se han adelantado. ¿Había creído el señor ministro que iba intimidar a Google lanzándole un órdago? ¿Creían de verdad que la escuálida prensa española, incapaz de generar beneficios para su propia subsistencia, los iba a lograr de un canon impuesto a Google? Parece ser que sí. A veces las cosas grandes parecen más pequeñas de lejos. Pero Google no se ha molestado en acercarse; simplemente se ha ido. Puede prescindir tranquilamente de las noticias de los medios españoles, algo obvio para el que quiera verlo. No han entendido qué es Google ni cuál es su papel o no quieren entenderlo. No es una cuestión empresarial, sino funcional.
El País lo cuenta así:

La decisión de Google News ha sorprendido a los editores españoles que aseguran que durante dos años —el periodo de tramitación de la ley— han estado dispuestos a sentarse a negociar con el gigante tecnológico. Y siguen estándolo. En un comunicado, manifestaron ayer su voluntad de llegar a acuerdos “que sean beneficiosos para ambas partes”. Eso sí, “dada la posición de dominio de Google”, requirieron “la intervención de las autoridades españolas y comunitarias, y de las autoridades de la competencia, para proteger de manera eficaz los derechos de los ciudadanos y de las empresas”. “No tenemos nada en contra de Google. Al contrario, el buscador es una herramienta muy potente y nos da muchas visitas, pero ignoramos cómo va a afectar esta decisión”, afirmó ayer José Gabriel González Arias, director general de la AEDE. Las empresas editoras se quejan de que carecen de datos certeros sobre el tráfico que genera Google News hacia las distintas cabeceras. Pero, sea el que sea, entienden que los contenidos cuestan mucho dinero y no están dispuestos “a que alguien los monetarice y se aproveche de ellos sin pagar”.*


Jamás se ha visto reculado mayor. Google se ha limitado a decir lo que tenía que decir y hacer lo que ha dicho. Los editores españoles fueron a lamentarse ante el Ministerio, al que le pareció perfecto que los editores vertieran sus lágrimas ante un ministro al que normalmente lanzan cosas y devuelven premios. ¡Por fin tenían a alguien en la puerta pidiendo algo para que les debieran un favor! Y el Ministerio sacó pecho e hizo "irrenunciable" el pago del canon. Con eso se quería decir que no había posibilidades de que nadie —alguno sensato habría— se alejara y dijera que aquello iba a ser contraproducente, como se le advirtió desde muchos puntos, incluidos los usuarios y la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia. El "irrenunciable" convertía la tasa Google en una especie de "tasa Fuenteovejuna": ¡todos a una! ¡Aquí no se raja nadie!


Y ahora Google se ha ido. Más claro: Google no deja entrar a las publicaciones periódicas españolas en su agregador de noticias "Google News". Está fórmula es más exacta que la lectura que se hace de que son los editores españoles los que prescinden de Google y no al contrario. Google dejará de reproducir las noticias. Los que se quedan fueran son nuestros diarios. Con la puerta en la narices. Y ahora vienen las rectificaciones porque hace frío en la calle. ¡Google se adelanta! ¿Cabe mayor tontería?
El diario El País continúa con las explicaciones:

España no es el primer país en imponer una tasa a los agregadores. Lo hizo Alemania en 2013. Pero en aquel caso los editores tenían el derecho, no el deber, de cobrar. Google decidió entonces eliminar el resumen y las fotos de las noticias reseñadas. Y, vistos los resultados, fueron los medios quienes renunciaron a cobrar por los derechos de propiedad intelectual y pidieron volver a ser indexados. En Francia, la firma llegó a un acuerdo con los medios por el que aceptaba compensarles con 60 millones de euros por usar sus contenidos. Y en Bélgica, después de un largo litigio tras prohibir al buscador en 2011 la difusión de imágenes y textos de periódicos belgas, los diarios volvieron a tocar la puerta de Google News.*


Pero la Historia es inútil en la casa de los necios, más de los necios ilustrados. La diferencia entre un derecho y una obligación es la que le va a costar al señor Wert el enésimo ataque. ¡Él, que se había convertido en el adalid de los grandes editores! Sin duda, será él el responsable del desastre y los mismos que le jalearon para el cano obligatorio pedirán su cabeza. Pero hay cola para conseguir la cabeza del señor ministro Wert.. Lo raro es que no se haya llamado ya la "tasa Wert", que hubiera sido lo lógico. Pero todo se andará. Como los grandes medios estaban detrás, se ha librado, pero veremos ahora.


Una vez comprobado que Google no ha reaccionado como se esperaba (ingenuamente), los micrófonos de la prensa española han ido a recoger las aclaraciones, explicaciones, etc. del señor ministro que les ha recibido reinterpretándose a sí mismo y a su doctrina.
El País recoge en otra de sus informaciones lo dicho:

Preguntado por el perjuicio que la decisión de Google puede generar a medios más pequeños en Internet, el ministro ha añadido que quien considere que la retirada del servicio de agregación por parte de algún agregador no supone una ventaja para él, bien porque no quisiera obtener compensación o bien porque piensa que esa reducción de tráfico es perjudicial para él, siempre puede negociar con el agregador.
Fuentes de Educación han precisado que esta negociación no significa en ningún caso que se pueda desistir de ese derecho que por ley es "irrenunciable", sino que las asociaciones de medios de prensa, principalmente AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles), y los agregadores deben ponerse a negociar los términos de esta compensación, pero siempre deberá haber una remuneración mínima. Las mismas fuentes han añadido que con esta condición se persigue evitar la judicialización del proceso como ha ocurrido en países como Alemania, donde la ley no especificaba que no se pudiera renunciara cobrar la llamada tasa Google.**


¡Benditas fuentes que no tienen la necesidad de dar la cara "políticamente" por lo dicho y pueden desmentir a su ministro! Pero la llamada "judicialización" solo se produce si Google mantiene a los diarios españoles, que es justo lo que no va a hacer, según decisión muy clara. Ni reproduce ni negocia, que es otro aspecto que las fuentes señalan con el verbo "deber". Si se retiran, no hay nada que deban negociar. La gigante prensa española quería poner contra las cuerdas a Google, sentarles a negociar mientras se frotaba las manos. Por poco que den, siempre será algo más que nada. Pero Google ya les ha explicado —los expertos les han explicado— que ya les estaba mandando miles de lectores diariamente a través de sus agregadores, aunque ellos no lo quieran reconocer. 
La prensa española no ha acabado de entender el funcionamiento. O no ha querido hacerlo. Me tocó ser moderador en el primer encuentro de periódicos con la OJD a medidos de los 90 y ya entonces se veían una serie de vicios de origen en la comprensión del mundo digital y su funcionamiento que no auguraban nada bueno para el futuro. Ese futuro es ahora desde hace bastante tiempo. Y el estado es calamitoso. Los errores se suceden y las consecuencias las pagan los ciudadanos y los profesionales que se mueven en un mundo periodístico y empresarial muy enrarecido. 
Han hecho daño a los pequeños, que recibían visitas gracias a los agregadores. Los "grandes" van a serlo un poco menos y a seguir acumulando pérdidas. Lo malo de una prensa en pérdidas es que tiene que recurrir a fórmulas internas, vamos a decirlo así, para encontrar su financiación. Una prensa en número rojos es una prensa dependiente y escandalosa. Dependiente porque es más débil y tiene que buscar apoyos en un mundo en el que se pagan caras las servidumbres; y escandalosa porque necesita atraer lectores de cualquier forma.


Los dos aspectos los padece ya la prensa española y con ella los lectores. En un momento en el que la lucha política se hace a cara de perro y con repercusiones mediáticas, que la prensa tenga que agitar la coctelera para mantenerse viva no es bueno para casi nadie. Digo casi porque muchos viven y sobreviven gracias al espectáculo de circo en el que se está convirtiendo la política española. 
Cuando llegue enero y los medios empiecen a hacer cuentas, veremos qué ocurre. Los lectores españoles de agregadores verán que pueden leer las noticias sobre España en otros medios extranjeros que se beneficiarán de esa orfandad y verán que les resulta rentable aumentar las noticias españolas de agencia, por ejemplo. Está por ver qué ocurre con los medios "trasantlánticos", los que tienen un pie aquí y otro en América. ¿Les afecta a sus ediciones "americanas" la tasa española? ¿Se convertirán en la fuente única? Muchas preguntas y mucho tiempo para responderlas.



* "Google News dejará de incluir las noticias de los medios españoles" El País 11/12/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/12/10/actualidad/1418244333_431153.html
** "Wert cree que Google se adelanta porque la tasa aún debe negociarse"  El País 11/12/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/12/11/actualidad/1418306002_183035.html







jueves, 14 de noviembre de 2013

El ministro, el malentendido y el hombre que hablaba clarito porque no era de aquí

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El hecho de que el ministro de Educación sea el peor valorado en todos los sondeos (los llamados por algunos "casondeos") realizados hasta la fecha, ¿es un signo de la buena o mala educación de los españoles? A lo mejor no estábamos tan mal como pensábamos. Puede que el ministro que el rechazo suscitado a todas sus medidas sea un síntoma del propio deterioro educativo que hay que remediar y que la cima de la buena educación sea el comprender sus acciones, declaraciones y decretos. Al fin y al cabo, siempre decimos que los más inteligentes son los que piensan como nosotros, es decir, que para el ministro el mundo debe estar lleno de idiotas por redimir. La estupidez debe ser contagiosa y ha alcanzado ya a Bruselas, que también confiesa no entender cómo el ministro español de Educación interpreta los textos comunitarios. Para ellos quizá la falta de comprensión lectora del ministro sea una verificación del Informe Pisa, que detecta nuestras carencias y defectos en esto de enfrentarnos con los textos. 
El hecho de que el ministro Wert comience muchas de sus respuestas a la prensa con su ya característico "yo en ningún momento he dicho...", debería hacerle reflexionar sobre esa condena a lo que algunos camusianamente han llamado "malentendido". Pero son demasiados ya. Todo esto nos aboca a elegir entre que el ministro lee mal o que se expresa mal, lo que no deja de ser triste existencialmente hablando pues nos condena a la incomunicación, como en una película de Antonioni. 


Dice el diario Público* —y eso les honra— que, en realidad, no lo dijo él directamente, pero que sí las fuentes oficiales del Ministerio. Y aquí cuando se está al frente de un ministerio se asume lo que la institución dice porque supone que sale con tu conocimiento y consentimiento. Y si no es todavía peor. Lo que parece evidente es que el "malentendido" fue una ligereza intencionada para justificar las anteriores meteduras de pata ministeriales dejando a los Erasmus españoles sin parte de la dotación a mitad de curso. Y pasa luego lo que pasa.
En el blog educativo del diario El País, la cuestión del ministro se aborda sin tapujos, "Pero, ¿qué le pasa a Wert?"**, una cuestión que además de preocuparnos a nosotros, también parece que comienza a preocupar en Europa. Susana Pérez de Prados se hace eco de esa cuestión compleja comenzando así su texto:

¿Qué posibilidades hay de que se aplique una ley, antes de que otro la cambie, que lleva el nombre de un ministro que suscita rechazo visceral en todo el mundo? En los miembros de su Gobierno, en el partido que le ha confiado la educación, en la comunidad educativa en pleno (incluso en las organizaciones educativas próximas ideológicamente a su partido). Y ni qué decir de la ciudadanía, que lo ha votado como el peor valorado del Gobierno, aparte de abuchearle allí por donde va como ministro de Educación, Cultura y Deporte (sea en la ópera, al lado de la Reina; en los eventos cinematográficos, o en cualquier universidad). Un ministro, José Ignacio Wert , que incluso desagrada a intelectuales que nada tienen que ver directamente con la política educativa, como el escritor Juan Marsé (“El Wertiginoso educador me ofende”) o José Luis Sampedro (“Wert es una amenaza para la educación española”).**

A pesar de todo ello, Rajoy le ha mostrado su confianza. Después de darle muchas vueltas a porqué se mantienen esos apoyos con las mareas negativas que le llegan desde todas partes, la clave me la dio José Bono el otro día con un comentario sobre la reunión —no sé si tuvo que ver con la educación, la cultura o el deporte— de los socialistas. Explicó Bono que, entre tanto aplauso y aclamación, los silbidos y abucheos que se habían producido al mencionarse la Monarquía "no eran por la Monarquía, sino por  Urdangarín", que es el único de la familia que ni es "de sangre real" ni es "monárquico", sobre todo después de hayan salido a la luz correos y comentarios de esa joya de yerno que la familia real introdujo en palacio por la vía marital.
Lo mismo en el gobierno piensan que necesitan un "Urdangarín ministerial" —un ministro señuelo— que les sirva de blanco de los abucheos y tomates con los que el pueblo que no les vota ni tiene intención de hacerlo o que les ha votado pero no lo hará otra vez, los recibe. Si vas tú solo, te abuchean; pero si vas con Wert puedes decir, siguiendo la "doctrina Bono" con efecto retroactivo, que no te abuchearon a ti sino a Wert. Este efecto compensatorio hace que el presidente del gobierno o los otros ministros, en vez de hacerle el vacío, le inviten a actos y presentaciones, desfiles y chirigotas ministeriales. "¡Que no falte Wert, por favor"!, nos parece escuchar en los ministerios. "Get Wert!", diría un Cameron en horas bajas si tuvieran la suerte de tener un ministro equiparable.


Resumen en el blog sobre temas de educación —aunque ya no tengo claro cuáles son los temas educativos en España— la trayectoria del ministro que más ha contribuido a la unión de todos:

En los casi dos años que han pasado desde su toma de posesión, en diciembre de 2011, ha ido cosechando el rechazo de todo tipo de organizaciones y personas tanto del mundo de la educación como de la cultura. Al principio, contestaba a las protestas con comentarios irónicos o ingeniosos, siempre con un cierto aire prepotente. Después, empezó a echar la culpa de las críticas que se le hacían a otros (la oposición, los medios de comunicación…) hasta que, hace unos días, un asunto, el de las becas Erasmus, se le iba de las manos al atreverse a echar la culpa a la política de la Comisión Europea, por quien fue luego desmentido.**

En España —¿no lo hemos comprendido todavía?— la única forma de cargarse a un ministro es darle la razón. Si yo fuera la oposición, pediría inmediatamente una reunión con él y saldría media hora después diciendo que habíamos estado completamente de acuerdo en todo, que los planes del ministro son brillantes y —esto es importante— que qué pena que no haya más tan dialogantes como él y se le deberían añadir unas cuantas carteras, además de Educación, Cultura y Deportes, porque es un hombre bien preparado, deseoso de servir a su país, un gestor eficaz y conversador amable. Estas palabras se pueden reforzar con una manifestación —se habla con los sindicatos— frente al Ministerio con pancartas con muchos corazones. Y si vemos que dudan, se manda a Artur Mas como segunda oleada o al de Ezquerra si queremos ir a la seguro. En veinticuatro horas, ¡zas!, crisis ministerial y Wert a escribir sus memorias.
El ridículo al que ha quedado expuesto el gobierno ante la UE tras el fiasco hermenéutico de las Becas Erasmus ha sido demasiado, pero esta forma extraña que tenemos de "mantener la confianza" en los que ya merecen poca o ninguna nos pierde. Algunos "imputados" dicen que se dan de baja de los partidos para no perjudicarlos, en un acto de amor institucional a su "alma mater", la que les da de comer, el partido. Pero en los gobiernos en España no se da esa forma de "amor" al país que se mostraría en una dimisión, aunque solo sea por pacificarlo una vez llegados a un extremo de diálogo imposible. Es una de nuestra "asignaturas pendientes" que un ministro de Educación sería bonito que aprobara. Sería sorprendente que alguien dijera: "Creo que estoy en lo cierto, pero todos los demás opinan lo contrario; que venga otro a ver si les convence" o "si suscito animadversión y eso dificulta los objetivos, que venga otro". Pero esto debe ser demasiado para nuestros políticos, que entiende que los ministerios son como Sagunto y Numancia y ellos un poco Guzmán el Bueno. Pero en la política no es bueno para nadie este atrincheramiento, este conflicto del llover sobre mojado todos los días. Talante y talento.


Para colmo del despropósito, el gobierno español ha llamado la atención a la UE sobre lo feo que es decir a un ministro de un país soberano que se equivoca al leer. El País entrevista a Dennis Abbott, portavoz de Educación de la Comisión Europea, quien manifestó su sorpresa al escuchar las interpretaciones que nuestro ministerio había hecho de las decisiones tomadas sobre la Becas Erasmus:

P. ¿Ha recibido alguna queja del Gobierno español?
R. Sí, me han llamado hoy.
P. ¿Y qué le han dicho?
R. Que lo que estaban diciendo los medios sobre las palabras del ministro no era cierto. Pero mi trabajo no es comprobar la veracidad de cada información que sale publicada. Mi trabajo es hablar en nombre de la Comisión Europea y presentar los datos tal y como son. Y los datos dicen que la financiación del programa va a aumentar un 40%. El 90% de la gente ha entendido cuál era el mensaje que queríamos transmitir.
P. Pero muchos consideran que la palabra basura [rubbish] sí es ofensiva.
R. Con esa palabra me refería a la pregunta que me hacía un periodista sobre la posibilidad de que se redujeran los fondos. No al ministro. Si quisiera meterme con él lo habría dicho claramente. Vengo del norte de Inglaterra y ahí nos gusta llamar a las cosas por su nombre. Prefiero hablar con un lenguaje que entienda la gente y no con tecnicismos. Además, luego me han explicado que la palabra basura en español suena mucho más dura que en inglés. Algún colega me ha sugerido que la traducción más adecuada sería sinsentido.***


Con Madrid cubierto de basuras como consecuencia de más falta de diálogo, la palabra tenía que herir sensibilidades, como dicen los cursis. Este hombre —que proviene del Norte de Inglaterra y le gusta llamar a las cosas por su nombre, como él dice— no se anda por las ramas: si quisiera meterme con el ministro lo habría dicho claramente. No sabe que eso hubiera prolongado algunos meses más su vida ministerial para tranquilidad de aquellos a los que les toque inaugurar con él que podrán volver a casa diciendo "¡Cómo se han puesto con Wert!" y descansar tranquilos.


* "Wert recula otra vez sobre las Erasmus: 'Nunca he dicho que fuera a haber un recorte desde Bruselas" Público 12/11/2013 http://www.publico.es/481644/wert-recula-otra-vez-sobre-las-erasmus-nunca-he-dicho-que-fuera-a-haber-un-recorte-desde-bruselas
** "Pero, ¿qué le pasa a Wert?" Blog Escool El País 13/11/2013 http://blogs.elpais.com/escool/2013/11/pero-qu%C3%A9-le-pasa-a-wert.html

*** “No volveré a decir la palabra ‘basura’ en una rueda de prensa” El País 12/11/2013 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/11/12/actualidad/1384285952_386473.html



 

jueves, 18 de julio de 2013

El acuerdo del desacuerdo o ¡ya está bien, chiquillo!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El insólito acto de ayer, escenificado por la oposición con la excepción de UPyD, de firmar la futura derogación de la llamada "Ley Wert", tiene un fondo esperpéntico a la española*. Es realmente extraño que se tenga que actuar de esta manera, haciendo pactos para acabar con leyes cuando se ganen las elecciones. 
Ponerse de acuerdo en que no se quiere algo es siempre más sencillo que hacerlo en algo constructivo. Si el hecho de que casi todos se hayan puesto de acuerdo en algo significara un acuerdo futuro, bendito sea, pero desgraciadamente no significa nada más que el ministro Wert, una vez más, es el mejor aglutinador de voluntades negativas de que dispone este país. Lo borda. Con uno igual por sector, este país estaría unidísimo, pero ¡ay, Dios! solo para saber lo que no quiere. A la hora de construir algo, volverán las discusiones.
El ministro se ha recreado en la "g" de "ignorancia palmaria de la ley", y ha señalado que lo que le dicen todos los oradores "obedece a pereza mental", etc. Esas y otras lindezas es lo que les ha dicho a la oposición en pleno, que bramaba en sus escaños. "¡Ya está bien, chiquillo!", les ha tenido que decir desde la presidencia de la Cámara Celia Villalobos**. El ministro Wert es como uno de esos cactus que nos dicen que absorben las energías negativas del entorno. La tan reclamada por todos "estabilidad educativa" tendrá que esperar un par de décadas. Desde luego, no se puede decir que no le han pedido acuerdos al ministro, que ha faltado voluntad. Lo han hecho padres, sindicatos y oposición con infrecuente unanimidad. Pero el mundo está lleno de "ignorantes" y "perezosos". También de soberbios.


En España, cuando hay una ley polémica, se le pone el nombre de su "padre o madre biológico". Mal síntoma que una ley en España, país poco proclive a estas cosas, pase a tener nombre. Donde otros le ponen nombre a huracanes y tormentas tropicales, aquí se lo ponemos a las leyes cuya autoría habrá de ser recordada para mal. Las buenas se suelen recordar por su año; las malas, por sus autores.
El ministro ha conseguido personalizar tanto su actividad que hasta Antonio Lara Ramos publicaba ayer en el diario El País un artículo con esta curiosa forma de titulación "Wert: fracasará tu reforma"***. Escribe en su artículo:

Uno de los grandes errores de quienes han impulsado reformas educativas en España es no haber caído en la cuenta de que los que las harán buenas o malas son los centros educativos y los que trabajan en ellos. Wert se ha empeñado en hacer una reforma contra viento y marea (contra todos), en la que poca gente está implicada, salvo algunos poderes fácticos con intereses a veces poco confesables. Sin embargo, no están implicados los que han de ser los auténticos artífices de la misma: el profesorado, ni tampoco otros apoyos sociales y profesionales que puedan remar a su favor. Wert ha adoptado el papel del fanático McEachern, el personaje creado por William Faulkner en Luz de agosto, empeñado en que su hijo adoptivo Joe Christmas aprendiera el catecismo a latigazos. Parece mentira que nuevamente se caiga en el mismo error que en reformas anteriores. Quizá esto tenga su lógica, aunque no deja de ser una torpeza. La lógica de quienes asumiendo un cargo de responsabilidad creen tener el mundo bajo sus pies y se consideran salvadores del desastre, obviando todo lo que se ha hecho hasta ese momento, como si ya no sirviera de nada. Es el mal de la obsolescencia en educación.***


Es cierto. Esta forma napoleónica del pensamiento suele se nefasta en todo aquello que necesita del largo plazo y, sobre todo, de larga vida para ser eficaz. Eso significa que se debe despolitizar todo lo posible para que, precisamente, esté menos sujeto a los vaivenes políticos. Cabe la duda de si el sistema es malo por sí mismo o lo es por los cambios constantes (o por ambas cosas). La democracia no solo consiste en hacer política de todo, sino, por el contrario, saber qué debe estar en discusión y qué debe ser siempre fruto de acuerdos. La educación es uno de esos campos.

La idea de Lara es que, además de tener en contra a todas las fuerzas políticas, la "Ley Wert" tiene en contra al elemento más importante: la comunidad educativa. Tiene razón en que sin ella hay poco que hacer. A este paso, los niños se disfrazarán de Wert por Halloween.
El sistema educativo español arrastra errores de décadas. El primero de ellos es no tener en cuenta, efectivamente, a la comunidad educativa, darse cuenta que es la herramienta esencial para el desarrollo de su finalidad, la educación. Como es propio de esta mentalidad gerencial que nos abruma se preocupan más de los "logros" y poco de las "condiciones" para que esos logros se produzcan. Ha habido problemas, cantados a coro por la comunidad educativa, que se han acumulado y cuya respuesta ha sido apretar las clavijas para que el silencio reinara. Los problemas educativos existen desde hace mucho y son casi todos responsables de ellos. La comunidad educativa se ha acostumbrado a trabajar con "lo que hay" ante el aburrimiento o la presión para aceptar realizar su trabajo en condiciones que no eran muchas veces factibles. Las posibilidades de salirse del guion eran muy pocas y las ganas de hacerlo fueron desapareciendo. La conversión del sistema educativo en un sistema altamente burocratizado, controlado vertical y políticamente, no ha sido eficaz en los términos en que debiera serlo.
Señala Lara en su artículo:

Esta reforma se está olvidando de los maestros y profesores, de su formación, de la organización y el funcionamiento de las escuelas, de las mejoras metodológicas en la enseñanza, de modelos de evaluación para la mejora y no para el control, de la creciente atención de la diversidad o del necesario prestigio social de la escuela. Cuestiones en las que radican muchas de las claves en la mejora de nuestro sistema educativo. Y sin embargo está apostando, entre otras, por un innecesario retroceso en materia de evaluación, con sucesivas pruebas de evaluación individualizada, o por una estructura curricular de marcado corte disciplinar, alejada de una nueva dimensión educativa más acorde con el mundo interactivo que nos rodea. Estrategias que no llevarán pareja una mejora en los aprendizajes de nuestros alumnos.***


Antonio Lara es Inspector de Educación y probablemente sepa de lo que habla con algo más que ocurrencias propias, con algo más que "ignorancia". Es fácil proponer leyes educativas sin que se modifiquen las condiciones para tener una mejor calidad. Eso no preocupa, se deja al "esfuerzo" de cada uno. El problema de estos "hiperactivos" de la política es que piensan que están rodeados de vagos.
El gesto de la oposición firmando unida una futura derogación de una ley tiene mucho de cara a la galería, pero es sobre todo un gesto político de desencuentro y desacuerdo ante un ministerio y su inquilino. El ministro ha dicho en varias ocasiones que a él estas cosas le motivan, que le va la marcha. La imposibilidad manifiesta de una paz educativa se vuelve contra la totalidad del sistema, la sociedad, que lo padece en sus carnes. Al final, no es el ministro ni "sus señorías" quienes lo "padecen", sino los millones de alumnos que pasan por él y las personas que dan la cara cada día en las aulas.


Mientras tanto, esos alumnos y sus familias hacen cuentas durante el verano para ver de cuántas asignaturas se pueden matricular en la universidad tras el encarecimiento brutal de la enseñanza y las nuevas subidas de tasas anunciadas para este curso o si pueden pagar el comedor escolar.
Pero da igual. Todo depende del "esfuerzo" y el que tenga por debajo de un 6'5 que se dedique a otra cosa. ¿A qué, ministro? 

* "La oposición se une para derogar la 'ley Wert' en la próxima legislatura" El País 17/07/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/17/espana/1374058472.html
 * "Wert acusa a la oposición de "ignorancia palmaria" sobre la reforma educativa 20 minutos 16/07/2013 http://www.20minutos.es/noticia/1873233/0/reforma-educativa/wert-oposicion/ignorancia-palmaria/
 ** "Wert: fracasará tu reforma" El País 17/07/2013 http://elpais.com/elpais/2013/07/04/opinion/1372939466_376664.html




domingo, 30 de junio de 2013

La furia del ministro Wert

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las menciones a la "caridad" o a que todos aquellos que no lleguen a un 6'5 quizá deberían estar haciendo "otras cosas" por parte del ministro Wert llevan el debate educativo a puntos de irritación y demagogia que no son los que el tema en cuestión requiere. A la Educación le sobra demagogia y le faltan medios y criterios para percibirla como lo que es, el tránsito de la ciudadanía. Por las "manos ideológicas" del ministro de turno pasan todos los ciudadanos españoles. Todos, absolutamente todos, somos hijos de nuestro sistema educativo. Podremos ser hijos díscolos o sumisos, agradecidos o despectivos, pero salimos de ese sistema que nos moldea, para bien o para mal.
Es una mala costumbre de este país que los políticos se presenten como intérpretes de lo inevitable, lo que les dota del peor de los defectos: la soberbia interpretativa. El ministro Wert tiene además un punto propio en lo poco acertado de sus expresiones, levantando ofensas donde solo debería haber debate. Pero también es muy español ese valorar las reacciones en contra como una muestra de eficacia, de que se ha acertado, como si la política fuera el arte de irritar, y no el de buscar la eficacia mediante el acuerdo social.

El diario El País entrevista al Catedrático Julio Carabaña, que fue la persona encargada de diseñar en 1982 el sistema de becas. Creo que, sin caer en excesos propagandísticos, pone el acento en los problemas prácticos que se plantean y el origen ideológico. Los prácticos serán los que causará en las personas, en la base misma del sistema educativo, a las instituciones y a la sociedad misma.
Cualquiera que esté hoy en las aulas, fuera del sistema obligatorio, puede dar fe de que la crisis económica ha modificado la estructura de nuestro alumnado. Esto no ocurre solo en la enseñanza pública sino también en la privada. Me hablaban el otro día de una caída del alumnado cercana al 40% en una universidad privada. En los posgrados de la universidad pública, igualmente, muchos han visto transformada su matriculación con caídas que han dejado de hacerlos rentables por las subidas brutales de las tasas. En aquellos en los que no ha caído la matriculación, se ha producido una pérdida del alumnado español y un aumento del extranjero, algo que ya sucedía en las privadas en los posgrados. Muchos de los que vienen de fuera lo hacen con becas o financiados por sus familias a un país que se ha ido abaratando en otros terrenos por la crisis. También en educación se está buscando al "turista" de calidad para compensar la pérdida del "consumo interno". Pero la educación es algo más; afrontarla de forma mercantilista es nefasto para la sociedad en la que repercuten estas medidas y enfoques.


Se recortan ayudas y se suben matrículas. El mensaje después es que hay que mejorar la educación para acceder a los puestos de trabajo. ¿Cómo, si se impide a la gente estudiar por el aumento de precios y recorte de becas? Hay un gigantesca contradicción en todo esto. Es una forma de exculpación de las responsabilidades políticas en este desastre trasladándolas a la parte más débil del sistema: los alumnos. Tiene razón Julio Carabaña cuando señala que hay una idea central, una hybris, una "furia" que está animando este proceso y sirve de subterfugio para cubrir unas decisiones claramente equivocadas:

R. La hybris ideológica pasaba porque los becarios son unos golfos que cobran del Estado y apenas se esfuerzan. Pero hay una gran distancia entre esa furia ideológica y la aplicación práctica. Cuando se llega a la práctica lo que se encuentra uno es a un rector al que van los alumnos a protestar y que se queda sin estudiantes. Y el rector le dice al ministro que le está poniendo en un aprieto grave, que esto es un disparate. A pie de obra se ve que se está sembrando malestar donde menos se debe hacer. Todo rector teme las protestas estudiantiles. Los estudiantes son una de las mechas que más fácilmente arden y se les aplica fuego. La exigencia del 6,5 no solo es socialmente injusta, sino que es políticamente peligrosa, en el sentido de que la explosión que muchos temen podría producirse por ahí.
P. ¿Un error de cálculo?
R. No es un error de cálculo, es un error ideológico. Basta poco cálculo para darse cuenta. Si el ministro hubiera calculado no habría sacado este tema justo ahora. Para hacerlo se necesita no haber calculado, dejarse poseer por la furia del liberalismo o de lo que en los cuarteles del PP se entiende como el liberalismo. A los de la cultura del esfuerzo les parece que la modernidad está hecha a base de pereza y que necesitamos unos apóstoles regeneradores que nos vuelvan a infundir el espíritu del trabajo. Cuando, ¡vive Dios!, el estrés es continuo y el 90% de los padres lo pueden atestiguar desde primaria.*


Creo que Carabaña pone el dedo en la herida: la incapacidad de entender, una ceguera, que supone la implantación de esa metáfora ideológica articulada en la "pereza social", la "cultura del esfuerzo" y los "apóstoles regeneradores". Las tres combinadas configuran una forma de ceguera que imposibilita entender las raíces de los problemas y por tanto su solución. Carabaña acierta al señalar que se está encendiendo una mecha que puede hacerle estallar en las manos el sistema en su conjunto. No va a arreglar nada y causará más problemas, injusticias y descontento.
Todas esas medidas en la búsqueda de la "excelencia" cacareada se convierte en inútil cuando las personas mejor formadas tiene que hacer las maletas e irse de España. El diario ABC le echa un capote al ministro usando a la joven gerundense Gemma Muñoz que ha logrado la nota más alta en Cataluña, quizá para compensar la "camiseta verde" reivindicativa del alumno que logró la máxima nota en Selectividad en Madrid, Anatolio López, con un 9'95 conseguido en un centro público.
Dice ABC:
Muñoz, que quiere estudiar Traducción e Interpretación en Barcelona, aunque no tiene muchas esperanzas de poder ejercer en España debido a la crisis, reconoce que «está bien que se ponga un tope a las becas porque eso nos motiva a estudiar más».**


Al menos señala ella, le gusta viajar. La inversión que se ha hecho en Gemma Muñoz, brillante estudiante, y seguro que buena profesional si le dejan, será aprovechada por Alemania, el país al que le gustaría ir. Tiene razón Angela Merkel al señalar que no puede "dar trabajo" a todos los jóvenes españoles. Quizá las becas debería empezar a darlas en España el gobierno alemán.
El éxito formativo de Gemma Muñoz y Anatolio López, el de tantos otros jóvenes estudiantes, se viene abajo por la pésima labor de los políticos incapaces de haber resuelto la cuestión de qué hacer con ellos cuando terminan sus estudios, en dónde emplearlos. Seguro que Gemma Muñoz aceptaría como motivación un buen puesto de trabajo en su país si lo hubiera, aunque diga que le gusta viajar.


Toda esa "cultura del esfuerzo" y las loas al "emprendimiento", señor ministro, no son más que brindis retóricos al Sol, fórmulas fáciles de esos libros de management que se apilan en los estantes de las librerías. Lo serán mientras no se solucione el problema real que causa el abandono de los estudios y del país, el desempleo, la lacra que nos abate a todos.
Es la inoperancia de los responsables, económicos y políticos, lo que está desmotivando al país en su conjunto, haciéndole perder su gran potencial. No hay mejor motivación para el estudio que el empleo; su ausencia es también la mayor desmotivación. Durante décadas, se han puesto en marcha políticas desde el supuesto de que el empleo de los jóvenes era de segunda o tercera categoría, que debían ganar menos (eso los afortunados que cobran algo) para favorecer su introducción en el mercado laboral. Los resultados los tenemos delante: 56% de paro juvenil. Y lo que se contrata es mejor no mencionar en qué condiciones. Muchos se quejan de la llamada "cultura de la gratuidad" en Internet, pero es la que se ha aplicado al empleo juvenil: debían dar las gracias por pasar la puerta de muchas empresas y "coger experiencia".

Parece mentira que tan duchos como están en la leyes de la oferta y la demanda como reguladoras de todo, no hayan comprendido que también funciona en la educación, que sin puestos de trabajo por delante, la desmotivación es enorme; que el recibir educación para acabar de camareros o atendiendo detrás de un mostrador no es lo que favorece ese esfuerzo que el ministro cree que obedece a su naturaleza perezosa. Hay muchas cosas que arreglar en la educación, pero no se puede hacer aisladamente o ignorando el origen.
Los políticos, que se estudian muy bien sus apuntes y chuletas, aprenden a fragmentar los problemas para que no se vea su auténtica dimensión en el sistema. Sin embargo los verdaderos gobernantes son los que se muestran capaces de rastrear los problemas en su origen y los resuelven.
Como bien le señalan al ministro, los problemas se van a agrandar y le estallarán en las manos. La reducción de la becas por nota no es más que una forma de cubrir que mientras se dice que la enseñanza es necesaria, los que no son necesarios, según parece, son los enseñados. El auténtico despilfarro educativo, el fracaso verdadero, es no poder recuperar la inversión hecha en los estudiantes a través del sistema productivo. Educar sin crear las condiciones para que esa educación es tirar el dinero. Por eso es irritante que diga que los que no tengan las notas que el señala deberían dedicarse a otra cosa. Quizá a la política, pues nos dan hoy la noticia de que el 20% de los políticos no tienen estudios superiores.
Las becas no son caridad; sí, en cambio, el sueldo de muchos políticos.


* “Exigir el 6,5 es socialmente injusto y políticamente peligroso” El País 29/06/2013 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/29/actualidad/1372538130_422470.html

** "Ya está bien de pagar la carrera a gente desmotivada" ABC 30/06/2013 http://www.abc.es/sociedad/20130630/abci-pagar-carrera-gente-desmotivada-201306291812.html






jueves, 3 de enero de 2013

El desajuste

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada cierto tiempo vuelven a aparecer voces que opinan sobre el número de personas que deben estudiar la carreras universitarias. Esta vez toca a nuevos expertos —expertos que presumiblemente estudiaron las carreras que quisieron— decir cuántos deben estudiar unas cosas y cuántos otras. Bajo el rótulo de "el 'desajuste' universitario", nos dice el diario El Mundo que los hoy invocados expertos siguen la estela del ministro de Educación:

[...] José Ignacio Wert, que alertó el pasado noviembre, durante la entrega de los Premios Emprendedores de la Fundación Everis, del "desajuste" que se da en la sociedad a causa de que el 50% de la oferta educativa, como en el curso 2012-13, está protagonizada por las áreas sociales y jurídicas.
"No hay ninguna sociedad que necesite" tanta gente preparada en esas áreas y que en cambio haya "escasez" en otras, afirmó el ministro.
Según datos del Ministerio de Educación, en el curso 2011-12 se matricularon 644.912 alumnos en universidades públicas y privadas en primero y segundo ciclo y, de ellos, 324.923 habían elegido Ciencias Sociales y Jurídicas, 177.348 Enseñanzas técnicas, 53.066 Humanidades, 50.937 Ciencias de la Salud y 38.638 Ciencias experimentales.
Y en cuanto a las 824.741 matrículas de Grado, 390.780 correspondieron a Ciencias Sociales y Jurídicas, 150.293 a Ingeniería y Arquitectura, 143.200 a Ciencias de la Salud, 92.188 a Artes y Humanidades y 42.280 a Ciencias.*


Quizá piense el ministro que con él, sociólogo de profesión, es suficiente y que no hay necesidad de más. Puede que él y los expertos, invocados como espíritus en cuento de Dickens, se consideren los últimos vocacionales y que desde este momento es la ley de la necesidad la que impera. Creo que el verdadero "desajuste" es otro.

Es curioso que existan cada vez más expertos que nos explican cómo administrar la miseria y no cómo generar riqueza. Es una paradoja muy española en la que para conseguir algo se debe hacer lo contrario, como, por ejemplo, despedir para crear empleos o subir los impuestos para que aumente el consumo.
Me gustaría que, por una vez, se dejaran de lado las cuentas y se centraran en los problemas reales, los que nos llevan a que esos sean los números. Centrarse en las cuentas da una impresión tremenda de eficacia, pero no es más que la constatación de que el verdadero problema no se consigue resolver. Es como si los bomberos se quejaran del desperdicio calórico de los incendios e insistieran en que se montaran barbacoas alrededor porque una sociedad en crisis no se puede permitir desperdiciar energía.


Cuando hablo de "problemas reales" me refiero a los que están en el origen de la demanda, es decir, el desempleo. Decir, como señalo el señor Wert: «"No hay ninguna sociedad que necesite" tanta gente preparada en esas áreas y que en cambio haya "escasez" en otras» no deja de ser un —vamos a llamarlo así— un error de cómputo, pues lo cierto, desgraciadamente, es que llevan demasiado tiempo sobrando en todas las áreas. Los que emigran a Alemania o demás países en los que recuerdan qué es una tuerca son los ingenieros que parece ser que España "necesita". También lo hacen los médicos y personas relacionadas con la salud, al igual que informáticos, etc. Emigran también los filólogos, que se buscan el refugio de países en los que hay mucha demanda del español porque, sí, cada vez a más extranjeros les gusta venir de vacaciones a España, donde se lo pasan muy bien, se come genial y se pone uno moreno.
El problema no es un "desajuste" entre vocaciones y demanda, sino entre vocaciones y oferta, es decir, de carencias del sistema productivo, que no ofrece más que subempleo en la mayoría de los casos. Poner el énfasis en lo mal que la gente elige sus carreras es un ejercicio de cinismo que solo sirve para justificar recortar en "gastos" lo que no son capaces de mejorar con acciones reales.


Todo esto no son más que parches. El problema real no se aborda: la destrucción de empleo y la incapacidad de generarlo. Da igual el número de sociólogos —como el ministro—, economistas —como uno de los expertos que hablan en el artículo—, historiadores, filólogos, etc. haya si se crea empleo, si la riqueza social crece. El problema que se nos plantea es completamente artificial desde el punto de vista de la selección de carrera, aunque puede no serlo tanto desde el punto de la organización de los estudios.
Sorprende en cualquier caso que el sector criticado sean las Ciencias Sociales cuando son las que están manteniendo el sistema educativo desde las matriculaciones. Causa irritación escuchar que "lo que este país necesita son más ingenieros y menos historiadores" cuando los ingenieros, que son pocos, tienen que emigrar ante la falta de puestos de trabajo. ¿Creen los expertos que porque haya más ingenieros en las Facultades va a aumentar el número de fábricas? ¿No será más bien al contrario? ¿Por qué no prueban a crear fábricas y centros de investigación a ver si así aumenta el número de matriculados en las ciencias e ingenierías?
Nadie se enfrenta al problema real del desempleo. Todos hablan de sus efectos, pero nadie de sus causas. Las recetas anteriores, está claro, no han funcionado, pero se siguen aplicando. A los que le fue bien con las burbujas solo esperan que vuelva la ola para seguir en lo suyo.


Mientras no se asuma que ha sido el crecimiento defectuoso —viciado— del sistema lo que ha generado este modelo sumamente imperfecto, que ha sido la falta de una verdadera política de crecimiento armonioso de la economía, guiado por dos sectores, el inmobiliario y el turístico, que producen empleo de muy baja calidad, estacional, precario, etc., no se logrará nada.
Necesitamos comenzar a producir más; hacen falta más proyectos en sectores que han sido abandonados por la más rápida rentabilidad de otros, mucho más especulativos. Son los que se han venido abajo. La solidez de una economía es una carrera de fondo, de consolidación de la industria, del sistema productivo, y no una economía a tirones, de pelotazos, eventos y recalificaciones. No hacen falta muchos ingenieros para vivir de las macrofiestas.

La mentalidad empresarial no es solo la de "enriquecerse" desde el principio básico de que una empresa se hace para "ganar dinero". También el empresario debería tener una vocación más allá de la ganancia, un compromiso. Ser buen empresario no es solo ganar dinero; es contribuir a la extensión de la riqueza mediante avances en su campo y la mejora social de las personas que le acompañan en esa aventura. Eso es lo que hace fuerte a un un país, sólida a una economía: constancia, esfuerzo y compromiso social.
En vez de discutir tanto sobre cuántos ingenieros o historiadores debe haber, mejor harían en tratar de crear más puestos de trabajo, que es lo que hace falta. Sin embargo, esa discusión es la que nunca se pone encima de la mesa. Hemos asumido —¡ha costado cinco millones de parados!— que tenemos una crisis. No sé cuánto nos va a costar reconocer las causas. Me imagino que mucho porque es la clase política en su conjunto la que no ha sabido —y es su función— poner objetivos colectivos al país, metas orientadoras a las que dirigirse para reequilibrar un crecimiento defectuoso que se ha hundido a las primeras de cambio arrastrando a todos.
Los parados son parados. Eso iguala a historiadores, sociólogos e ingenieros. Solo cuando están en activo se diferencian. Es necesario remodelar carreras que tienen poca demanda; aquí el problema no es el alumnado, sino las reticencias del profesorado a reorganizarse. Pero que no se diga que el problema de la educación en España es que hay muchos sociólogos y pocos ingenieros porque es una auténtica infamia cuando los tenemos con las maletas en las fronteras. A lo mejor hemos decido que el negocio está en la exportación. Mientras que los que se quedan aquí nos cuestan el dinero del paro y de más formación, los que salen enviarán algo a casa, digo yo. Tanto énfasis en que aprendan inglés, alemán o chino será por algo. Al final, señores expertos, como ven, hacen falta filólogos, aunque sea para dar clases de idiomas a los que se van.


En vez de cuestionar lo que la gente estudia, arreglen los problemas de fondo para que además de seguir su vocación puedan desarrollarla laboralmente. Lo demás es palabrería. Extrañas formas de administrar miseria.

* "¿Es viable el actual sistema universitario?" El Mundo 1/01/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/01/espana/1357039247.html