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lunes, 20 de octubre de 2014

El botín informativo o el paseo irresponsable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La defensora del diario El País, Lola Galán, introduce en su sección la cuestión del reportaje que sus periodistas firmaron "colándose" en la zona del Hospital Carlos III. El artículo, con el título "Paseo clandestino por la quinta planta" ha sido fuertemente contestado por los lectores y creo que con razón. La Defensora recoge algunas de sus opiniones sobre este hecho:

“Colarse en el Carlos III no es periodismo”, señala en un mensaje Mercedes Munárriz. “Es difícil relacionar este ‘artículo’ con los conceptos ‘información’ o ‘investigación’. No se han informado de nada”. Laura Cruz me escribe: “Quiero expresar, como lectora, mi total rechazo a ese artículo, no sólo falto de ética periodística (yo también soy periodista y duele leer este tipo de ‘informaciones’), sino también irresponsable por parte de quien haya encargado que se hiciese”. Quejas parecidas remite Jenaro Álvarez: “No se puede criticar a las autoridades por improvisación o falta de celo en la aplicación de los protocolos de seguridad y al mismo tiempo violarlos deliberadamente con acciones como esta”. Nicolás Lupo no ve el interés de la información, “más allá del posible sensacionalismo de entrar en una planta que supuestamente está restringida, como si fueran dos niños que entran en una casa de campo abandonada”.
Otro lector, Paco Rubio, hace su propia reflexión sobre el artículo a la vista de la doble firma y del pie de página en el que figuran otros dos nombres más: “Se describe cómo, burlando al vigilante de seguridad, El PAÍS, o sea, una o varias personas: ¡No se sabe quiénes son!, merodean irresponsable y temerariamente por un lugar por el que no se puede andar, poniendo en peligro su salud y la de los demás”.*


Creo que los lectores tienen razón al expresar su indignación. Aquí hemos insistido en que la tercera pata de la crisis del ébola es la información y que si se habían dado fallos en los protocolos de políticos y encargados de la salud, también ha ocurrido en el plano informativo. Este reportaje es una muestra clara de ello. La información carece de sentido y no solo no tranquiliza sino que ha creado riesgos para los profesionales y para todas las personas que estuvieran en contacto con ellos. La imaginación en el periodismo hay que dejarla para otras cosas. Aquí no hay más noticia que la irresponsabilidad de los periodistas que se han metido donde no deben.

El reportaje criticado comenzaba así: "En un descuido del vigilante de seguridad queda franca la puerta del hospital Carlos III, el corazón del ébola estos días en España. Vía libre."** Fantasías a lo Tom Cruise.  No es colarse en la Casa Blanca o en la recepción real para burlar los servicios de seguridad. Las explicaciones dadas por quien les autorizó a entrar son absolutamente baladíes y llegan a ofender la inteligencia de los lectores por su simpleza y mal entendido sentido del periodismo:

Jorge A. Rodríguez, redactor-jefe de Noticias, asume su responsabilidad, ya que fue él quien tomó la decisión de entrar en la quinta planta, “a sabiendas de que era un lugar seguro, de la imposibilidad de contagio y sin tener contacto con nadie”, dice. Si la quinta planta era tan segura y carente de riesgos, ¿por qué damos por sentado que la situación de los pacientes que alberga exige vigilancia especial, inexistente el día de la visita?
En cuanto al por qué se entró en ese zona del Carlos III, Rodríguez explica: “Entramos en el hospital porque creemos que era nuestra obligación como periodistas, del mismo modo que hemos ido a los hospitales de Liberia o Sierra Leona (donde hemos entrevistado a enfermos), hemos entrado en escenarios de atentados, hemos subido a barcos susceptibles de ser secuestrados por piratas o vamos a lugares de riesgo (guerras, etcétera). Creemos que aportaba información y que era un asunto relevante y noticioso para los lectores. Queríamos mostrar que no había seguridad suficiente y que cualquier ciudadano podía entrar. El resultado es que al día siguiente fue reforzada la seguridad”.
Los periodistas vamos a las guerras o a los hospitales de Liberia y Sierra Leona para contar lo que ocurre allí. No vamos para decir que hemos ido, como parece ser el caso del Paseo por la quinta planta, una crónica en la que el objeto informativo es nuestra propia aventura, posible gracias a la falta de vigilancia que denunciamos. Y cuyo botín informativo apenas da para unas líneas en el texto publicado.*


Tiene razón la Defensora Lola Galán y el último de los párrafos deja en evidencia la puerilidad irresponsable del reportaje calificándolo como "botín informativo". Si era un lugar seguro, ¿qué sentido tenía entrar? Y si no lo era, ¿no era una irresponsabilidad? En efecto, uno no va a las guerras a decir que ha ido. Lo único que han conseguido es añadir una preocupación más a los profesionales que ya tenían bastantes, tener que aumentar los recursos para evitar que algo que no se le ocurre a nadie —entrar en un lugar de aislamiento—, pero que desde ese momento puede ser lugar de paseo por irresponsables.

Su "obligación" como periodistas no era entrar en el Carlos III. Su obligación era otra muy distinta. Precisamente la contraria a lo que han hecho. Si abogábamos por una información capaz de hacer entender las dimensiones reales del problema, evitando sensacionalismos y distorsiones que pudieran causar pánicos y desinformaciones, el "paseo" consiguió justo lo contrario.
La conclusión de Lola Galán no puede ser más clara:
Ante una crisis como la del ébola, que ha provocado gran alarma social y ha desatado una psicosis generalizada, nuestra obligación es ofrecer a los lectores una información veraz, completa y de alta calidad.

Existe un subgénero periodístico que apuesta por violar normas y leyes para conseguir información cuyo conocimiento público justifica tal conducta a ojos de quienes lo practican. Algunos lo llaman periodismo encubierto y ha dado grandes periodistas, como el alemán Günter Wallraff, que fue su adalid entre 1970 y 1990. Pero el modelo, además de discutible, pierde su razón de ser cuando todo lo que se persigue es un titular. Creo que entrar en la quinta planta del Carlos III ha sido un error.*

Creo que ni siquiera se puede llamar a esto "periodismo encubierto". Aquí no se disfrazaron de "turco", como Wallraff; sencillamente actuaron como irresponsables en un momento en el que se pide colaboración ciudadana (es decir, cívica) a todos las instancias, incluidos los medios de comunicación dando información responsable.


La crisis del ébola, ya lo dijimos, nos obliga a aprender rápidamente. También los medios y sus profesionales deberían tener claros los límites en situaciones como esta. De no hacerlo quedarán en evidencia. Los límites de la información no son los límites de los periodistas. Aquí se han violado alegremente los que nos recuerdan que los periodistas no se pueden defender de ciertas cosas argumentando que lo son, incluido un posible contagio.
Los hospitales están llenos de carteles en los que se dice que no hay que entrar. Y no lo hacemos aunque no haya un vigilante armado en cada puerta o zona. No hay ningún secreto que desvelar tras la puerta y una zona de aislamiento para casos de ébola no es el castillo de Barbazul. La seguridad se reforzó, sí, pero para prevenirse de buscadores de gloria periodística. En realidad, es lo único que le ha quedado claro a todo el mundo.
Esperemos que hayan entendido el razonamiento claro de la Defensora y la indignación de los lectores. ¡Sí, pobre botín informativo! No es el único caso que debería hacernos pensar sobre cómo se ha informado. Ha habido titulares, sin necesidad de colarse en hospitales, dignos de ser ingresados sus autores. Aprendamos.
La buena noticia es que la paciente infectada ha superado los test realizados, según abrían las noticias de la mañana. Nos alegramos por ello.


* "Paseo ‘clandestino’ con polémica" El País 19/10/2014 http://elpais.com/elpais/2014/10/18/opinion/1413659438_770358.html
** "Nadie vigila la quinta planta del hospital Carlos III" El País 9/10/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/10/09/actualidad/1412886024_598202.html




jueves, 16 de octubre de 2014

La crisis de las peluquerías o aprender del miedo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La denominada crisis del ébola es una buena ocasión para ver cómo funcionamos a través de nuestros miedos. Al igual que los economistas cada vez incluyen factores cada vez más irracionales o producto de complejas interacciones entre ideas y sentimientos confusos para tratar de prever las situaciones de los mercados, es cada vez más importante comprender el papel de los miedos en el comportamiento. Los indicadores que se manejan tratan de comprender "confianzas" y "pánicos", "riesgos" y "seguridades", como motores de la acción.
El diario El País nos ofrece un interesante reportaje de F.J. Barroso, a primera vista anecdótico, pero que sirve como ejemplo perfecto del comportamiento en situaciones de pánico y su traducción a hechos concretos. Se refiere el reportaje a la crisis de las peluquerías en la zona de Alcorcón, la población en la que vive la auxiliar de enfermería infectada, Teresa Romero, que lucha en estos momentos contra la infección.

No es casual que se hable de difusión "viral" de la información, pues son los modelos llamados epidemiológicos los que sirven muchas veces para establecer los medios de difusión. Entre de las informaciones que se han ido dando desde el origen de la "crisis" producida por la noticia de la infección, una de las primeras que fueron conocidas se referían al hecho de que la enfermera hubiera ido a una peluquería en la que se realizó una sesión de depilación. Este hecho, en una población de ciento setenta mil habitantes produce unas zonas en las que la gente se siente más segura o menos insegura en función de la estimación psíquica de las distancias, mayores o menores, a esos lugares.
El diario El País señala el descenso drástico de asistencia a las peluquerías de la zona:

Carolina tiene una peluquería en Alcorcón, muy cerca del domicilio de Teresa Romero, la auxiliar sanitaria que convalece en el Hospital Carlos III tras ser contagiada de ébola. El miércoles 8, a mediodía, los medios de comunicación informaron de que la enferma había ido a depilarse a un centro de su barrio el 30 de septiembre, cuando todavía ignoraba que padecía la enfermedad. “Hasta entonces íbamos a buen ritmo de trabajo”, cuenta Carolina, “pero justo tras los informativos ya no entró nadie. Esa misma tarde comenzamos a recibir muchas llamadas para anular las citas que teníamos para el sábado”.
La situación no ha variado desde entonces, a pesar de que el establecimiento en el que se depiló Romero permanece clausurado desde hace una semana. Las sillas vacías, los secadores apagados y las empleadas sentadas tecleando en sus teléfonos móviles eran a mediodía de ayer la estampa más frecuente en las peluquerías de esta población de 170.000 habitantes; en especial, en las más próximas al domicilio de Romero.
El jueves —un día después de que los medios de comunicación informaran de que la peluquería a la que acudió Romero había cerrado— fue aún peor para estos establecimientos. En lugar de los 1.000 euros que suelen hacer de media ese día de la semana, la caja de la peluquería de Carolina cerró la jornada con 300 euros escasos. Esa situación se repitió el viernes. “Los periodistas nos acusaban de que había sido en nuestro local donde se había depilado la mujer”, se indigna la propietaria.
El local al que acudió Romero está en el centro de Alcorcón, a 2,5 kilómetros del domicilio de la enfermera. Se encuentra cerrado y, en la puerta, una cartulina escrita a mano señala: “Cerrado por asuntos personales”.*


Estos datos revelan el funcionamiento de los pánicos. Un estudio sociológico podría establecer las relaciones entre las cantidades ingresadas, las zonas consideradas más seguras y las inseguras y las informaciones que ofrecidas día a día. Es un interesante caso de estudio ya que está muy localizado y posee un tamaño de población adecuado para estudiar las reacciones.
Es también que se analicen los discursos sobre la percepción de los agentes participantes en este escenario. Por ejemplo, es interesante analizar la forma en que la propietaria de la peluquería se enfrenta a la situación: "Los periodistas nos acusaban de que había sido en nuestro local donde se había depilado la mujer". El uso del verbo "acusar" es significativo de cómo percibe el papel de los medios y el hecho mismo de la infección. Significativo es también la forma de referirse a la paciente, una escala que va desde "T.R." a "la  mujer", pasando por múltiples formas que indican mayor o menor empatía con ella. Del "todos somos Teresa" a "T.R" hay una gran diferencia. Hay quienes ven en ella un peligro, la causante de la ruina de sus negocios y quienes ven en ella una vecina que se ha infectado por su labor de ayuda a alguien necesitado de ella.
El diario recoge información de distintos locales:

La situación es aún peor en la peluquería más próxima al domicilio de Teresa Romero. Este local abrió el 1 de septiembre y a la una de la tarde no tenía un solo cliente. “Como somos los más cercanos, con lo de la enfermedad y lo del perro mucha gente no ha querido ni entrar”, explica Rebeca, la encargada. “También nuestra situación es distinta porque, al llevar poco tiempo, no tenemos una clientela consolidada, como otras peluquerías. Eso sí, la semana anterior al suceso nos había ido bastante bien”.
Según Rebeca, las clientas han dado todo tipo de excusas para anular sus citas: “Una mujer nos dijo que no podía venir porque le acababan de llevar a su nieto y no podía dejarlo solo. Otras decían directamente que ya vendrían la semana próxima, sin dar más explicación. En parte es lógico, porque hay mucho miedo al contagio”.
Algunas peluquerías han tenido menos problemas con su clientela. Se trata de aquellas que no tienen zona de estética ni ofrecen depilación. Es el caso de un centro próximo al domicilio de Romero: “Funcionamos como siempre, porque no depilamos y nuestra clientela no se ha sentido amenazada en ningún momento. Nos conoce y sabe cómo trabajamos”, explica la dueña de un local que prefiere no dar su nombre. “A nosotros nos han traído más problemas los periodistas que el ébola”, afirma.*


Toda esta información posee gran interés para el conocimiento de cómo se fabrican los miedos y cuáles son sus consecuencias y modos de expresión social e individual. Como animales, tenemos nuestros mapas mentales con unas fronteras a las que concedemos mayor o menor seguridad.
Durante meses se ha estado dando una información "africana" del ébola. Hemos visto sus estragos en las poblaciones, se nos han mostrado mapas con su expansión, se han descrito los terribles efectos sobre el organismo, etc. Todos esos elementos que podían ser percibidos desde la seguridad de la distancia comienzan actuar en cuanto aparece un caso próximo. Nuestro mapa y sus fronteras se desmoronan y nos vemos sometidos a la inquietud o la angustia en función de las distancias que consideremos seguras. Esta distancia es subjetiva y relativa. Las llamadas angustiadas de las familias de mis alumnos extranjeros provienen de que "España" es para ellos un espacio "reducido"; simplemente por el hecho de estar allí, da igual que se esté a 50 metros que a 500 kilómetros. Para los que están próximos, la angustia, el pánico se pueden desencadenar causando reacciones diversas.


Otro aspecto importante es el tratamiento informativo. Con la expresión "pacientes asintomáticos", por ejemplo, hay que tener cuidado porque no todo el mundo tiene la capacidad de entender qué significa y se ve primero lo peligroso (paciente se vincula siempre con enfermedad) que lo que da seguridad, la ausencia de síntomas. Para mucha gente el hecho de que estén ingresados en un hospital y aislados ya es motivo de peligro o de recelo: están en observación. En las enfermedades contagiosas, el recelo aumenta respecto a otras. Basta con recordar lo que supuso el SIDA en los primeros momentos y los recelos, marginaciones e injusticias que supuso para muchas personas.
La afirmación “A nosotros nos han traído más problemas los periodistas que el ébola”, debe ser tenida en cuenta. Se han vulnerado muchas buenas normas de periodismo. No se puede informar de un caso de este tipo como si se estuviera informando de una exclusiva del corazón o haciendo sensacionalismo irresponsable. Se han vulnerado derechos de las personas para poder colocar unas fotos en las portadas. Espectáculos como los desencadenados por el sacrificio del perro no son los más recomendables en este tipo de situaciones, en los que se deben controlar los focos informativos. También los medios deben tratar de tener unas normas para el tratamiento de casos así. No tiene nada que ver con la libertad de expresión sino con la evaluación de los efectos, es decir, con la responsabilidad social.


La desastrosa rueda de prensa ofrecida precipitadamente por la ministra Ana Mato (que pasará a ser un hito en la mala comunicación) y las múltiples referencias al papel de los periodistas es demostrativo del papel esencial de la información en estos casos. En una sociedad transparente la información no se debe ocultar, pero eso significa que hay que cuidar hasta los extremos aparentemente más nimios de la comunicación. La exigencia de formación no solo se debe extender al personal sanitario, sino a todo aquel que interviene en una crisis de este tipo. No afecta solo a los gabinetes de ministerios, consejerías y hospitales y a los políticos que abren la boca, sino a los periodistas que informan de ello. Hay que ser conscientes de esto.

No solo ha sido la rueda de prensa de la ministra; al Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid ya le cuesta caro haber abierto la boca. Sus conocimientos en materia comunicativa son cavernarios. Las cualidades que los políticos exhiben para despellejarse unos a otros no son las más adecuadas para este tipo de casos. Es importante que ante crisis de este tipo se atienda primero la situación y se aparquen discusiones políticas que no llevan a ningún lado. Es muy difícil frenar el tren en marcha que es la vida política, pero por eso es importante llevar el debate en los términos adecuados para que se transmita por parte de todos los responsables la sensación de seguridad a la población. Por eso fue bueno que se ofreciera información de los contactos entre el gobierno y el líder de la oposición en este caso. Ellos no van a resolver nada hablado, pero se transmite una mayor sensación de seguridad y fiabilidad.
Nada hay más difícil de controlar que los miedos. La crisis de las peluquerías puede ser estudiada, como decíamos, para tratar de evitar los errores que se producen. Ya es bastante mala en sí por los riesgos que supone como apara añadir más incompetencias. Siempre que hay algún incidente (una huelga de pilotos, el cierre por obras de una calle...), la gente se queja de que hay poca información. Puede que la haya, pero siempre es poca. Además de aumentarla es más importante mejorarla. Lo que ha quedado claro es que no se puede informar de este tipo de situaciones de esta manera, que es necesario formarse específicamente en ello. De ahí que hayamos sugerido las posibilidades de estudio. De ahí saldrán las informaciones necesarias para poder mejorar el tratamiento y reducir los pánicos y miedos, los efectos sociales y económicos que pueden llegar a tener casos como estos.


La gente es muy compleja. Tenemos gente que se va de vacaciones a países en guerra porque le ofrecen buenos precios y otros que no se atreven a entrar a depilarse en una peluquería situada a kilómetros de donde se ha estado una persona infectada; unos se irritan porque no se haya dejado en África a los enfermos y otros se lanzan al asalto de ambulancias con el perro camino del sacrifico. Sí, somos complejos y variables.
Lo importante es que lo parecía lejano, que no iba con nosotros, ya está aquí. Es como un tigre que se hubiera escapado de la jaula y recorriera las calles sembrando el pánico. Aquí el peligro está cercado, pero no nos fiamos. Y en gran parte ocurre porque queremos entendemos mal lo que es transmitir "seguridad" convirtiéndola en "invulnerabilidad". Eso, lo sabemos, no es verdad. No somos "invulnerables". Nuestras defensas son lo que invertimos en ellas, en investigación, en formación, en recursos humanos y materiales. Ni más ni menos.
Las palabras —y muchos menos la palabrería— nos defienden de nada. Pero siempre hay que cuidarlas teniendo los objetivos claros. Solo la necedad y la incompetencia generan más pánico que la incertidumbre. Entre el silencio y la histeria hay sitio para el sentido común.




* "El miedo al contagio del ébola deja sin clientes las peluquerías de Alcorcón" El País 15/10/2014 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/10/15/madrid/1413397219_353379.html






lunes, 13 de octubre de 2014

A vueltas con la marca

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Cree realmente alguien que es posible controlar la "imagen" o "marca" de un país? Una y otra vez se insiste en lo de la "marca España" como si realmente fuera posible controlar de forma eficaz lo que proyectamos hacia el exterior. El titular que el diario El País resalta de su entrevista con el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, “Confío en que a la larga el caso del ébola no dañará la Marca España”, así parece indicarlo. Es cierto que esa frase, como tal, no aparece en la entrevista de esa forma, pero la pregunta sobre la "marca" está ahí:

P. El impacto mundial de la noticia del primer contagio por ébola fuera de África ¿no dañará el prestigio de la marca España?
R. Yo confío en que, cuando todo pase, sea al revés. Ante un acontecimiento que puede afectar a cualquier país, la sociedad española ha demostrado que es solidaria y a la larga se verá que nuestro sistema de salud es de los mejores del mundo.*

La respuesta de García-Margallo puede desglosarse en cinco planos: el de la confianza (él confía), el de la remontada (lo que ahora es negativo, será positivo), el de descarga de responsabilidad (puede afectar a cualquier país), el canto al todo de la sociedad española (es solidaria) y, por último, el canto a la parte (defensa de la gestión del sistema sanitario).
Todo comienza con la confianza: "yo confío". No creo que sea suficiente.
La idea de la "marca España" es también la creencia o confianza en que un país puede controlar la imagen que proyecta hacia el exterior. Se buscan parámetros de medición para ir verificando su trayectoria y compararlo con las de otros países. Es una idea gerencial reconvertida desde el mundo empresarial. El "National Branding" no es más que eso, la creencia en que se puede gestionar a base de campañas la "imagen" o reputación de un país. ¿Es esto posible?
Si entendemos que la "imagen" es la representación que los otros se hacen de algo o alguien, veremos que es algo bastante difícil de controlar, pues supondría el imposible objetivo de hacer llegar a los demás lo que quiero que piensen de mí. La importancia de un país hace más compleja su "imagen" y se corre el riesgo de reduccionismo si solo se considera un factor para comunicar y rentabilizar su imagen.
En primer lugar, la reputación de un país es un elemento multidimensional, no se construye solo desde un único factor. La imagen que cada uno pueda tener de un país es una percepción compleja construida por experiencias personales, información actual y mucho de un pasado tópico con el que tendemos a identificar los países. Eso implica que la experiencia de cada uno cuenta mucho, que esa experiencia se ve confirmada o desestimada por los datos que nos llegan de la realidad diariamente y que ambos se construyen sobre el fondo histórico de cada país. Este último no es nuestra "historia", sino el papel que jugamos en la historia que otros escriben de su propio devenir; somos actores secundarios o meramente episódicos, casi siempre "villanos" y alguna vez "aliados". Esas historias no las escribimos nosotros y difícilmente logramos cambiar la perspectiva o el reparto de papeles.


No es fácil escapar del papel que otros han escrito para nosotros. Estereotipos, clichés y prejuicios también existen y son difíciles de erradicar. Los países luchan contra ellos e invierten ingentes cantidades para tratar de mejorar sus reputaciones internacionales, que son distintas en cada caso.
Hay países de los que no tenemos referencia ni sabemos muy bien dónde están. Tampoco hay historia en común, por lo que es más fácil crear una imagen. Pero eso no significa que carezcamos de prejuicios sobre ellos. Los prejuicios se trasladan a concepto o "marcas" más amplios, como "asiáticos", "latinoamericanos", "europeos", "africanos", "árabes", etc. Es decir, lo que haga alguno de los países con los que estamos englobados por la marca genérica —vamos a llamarla así— también nos afecta. ¿Injusto? ¡Por supuesto!, pero es lo que hay. En ocasiones este englobamiento te favorece y otras te perjudica, pero lo que me interesa resaltar es el carácter de incontrolable de este aspecto. No depende solo de ti, sino de los demás.

En muchas ocasiones no depende de lo que hagas ahora, sino de tu "historia", algo que tampoco has hecho tú, sino que otros han escrito. Podemos considerar que la "conquista de América" fue un logro colosal; es nuestra escritura. Pero el día que celebramos ayer, el de la Hispanidad, es celebrado por otros como un día nefasto que supuso el exterminio de razas.
El Huffington Post recogía en el año 2012 las diferentes percepciones del día doce de octubre según los países:
ALGUNAS DENOMINACIONES PARA EL 12 DE OCTUBRE
Día de la Raza (México y Colombia)
Día de la Resistencia Indígena (Venezuela)
Día de la Lengua Española (ONU)
Día del Descubrimiento de Dos Mundos (Chile)
Día del Respeto a la Diversidad Cultural
Día de las Américas (Uruguay)
Día de Colón (Estados Unidos)
Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural (Perú)
Día de la Interculturalidad (Ecuador)
Día de la Descolonización (Bolivia)
Día de la Diversidad Cultural Americana (Argentina)**

Como se puede apreciar, las diferencias son bastante grandes y no todos celebran lo mismo ni se celebran los mismos papeles en la obra. El Huffington Post explicaba algunos casos muy señalados:

La celebración del 12 de octubre está relacionada con el proceso de colonización de América que el Reino de España impuso desde el siglo XVI, por lo que algunos países han rechazado considerar esta fecha como fiesta. Tal es el caso de Bolivia y Venezuela donde la efeméride ha sido aprovechada para honrar a los pueblos indígenas de estos países y para celebrar su multiculturalidad. Un significado opuesto al de la hispanidad.
El proceso, por ejemplo en Venezuela, no ha sido fácil. En 2002, el presidente Hugo Chávez cambió el Día de la Raza, percibido como una expresión de distinción y discriminación de las personas por su origen, por el Día de la Resistencia Indígena. Tras el rechazo abierto del Gobierno venezolano hacia esta festividad, el movimiento indigenista Pachamama derribó, en 2004, una estatua de Cristóbal Colón en Caracas que desde entonces no ha sido reemplazada.**


Pretender que todos vean de la misma manera un hecho histórico es de una gran ingenuidad. No es lo mismo celebrar la "lengua común" que el "día de Colón" o el mismo concepto de "raza" adquiere matices distintos, incluso opuestos. Es solo un ejemplo.
Hay países que por falta de conocimiento y contacto se dedican a trabajar su "imagen" a través de las campañas institucionales o de otro tipo de campañas financiadas de forma indirecta. Es curiosa la persistencia en la cadena Euronews de algunos países como Kazajistán, por ejemplo, del que se nos dan referencias culturales (festivales de cine, ópera, etc.) y deportivos (judo, deportes de invierno), con una frecuencia inusitada. También abundan los reportajes sobre los beneficios para todos de invertir allí todos. Las informaciones "negativas" son las mínimas. Es indudable que esto no es casual. El objetivo es construir una imagen "europea" de Kazajistán. Trate de encontrar en otros medios tantas noticias sobre Kazajistán como en Euronews. No encontrará ni la décima parte.


El ministro García-Margallo cree que puede controlar la imagen exterior de España, confía en ello. Sin embargo no puede impedir que las primeras páginas den cuenta de un accidente de tren en Galicia o de un caso en ébola. El esfuerzo para aparecer positivamente en los medios mundiales es titánico; aparecer por una desgracia es de lo más sencillo. Todos ceden sus titulares principales para casos como el del ébola, pero poco lo hacen para señalar que el FMI señala que España tendrá el mayor crecimiento de Europa en el año que viene. Así de duro es el mundo informativo.
Y es el foco principal de construcción exterior de una imagen. Los millones de turistas que llegan a España cada año ven confirmadas o no sus expectativas. Su fuente es directa y depende de pequeños detalles. La primera vez que pisé Viena, una mujer a la que preguntamos mandó a su hijo a que comprara dos billetes de autobús y nos acompañara hasta la parada asegurándose de que lo cogíamos. Da igual lo que haya ocurrido o haya sabido de Austria con posteridad; en mi mente estará siempre esa imagen de amabilidad como un contrapeso a los aspectos negativos que me puedan llegar.
La apuesta de la marca Opel por la reafirmación de Alemania como productora de coches ha sido arriesgada en un momento en el que mucha gente se manifestaba en contra de Alemania por las políticas de austeridad defendidas por la canciller Angela Merkel. Opel ha seguido una estrategia basada en que por mucho que critiquemos a Alemania, sus productos son sólidos y seguros. La "marca Alemania" va más allá de los acontecimientos y es fruto de la experiencia de mucho tiempo. Habrá gente que boicoteé los productos alemanes o despotrique contra ellos, pero seguirán comprando un coche alemán.


No creo que la "marca" nacional sea controlable. Su control depende de la cantidad de informaciones que se puedan generar y de romper el techo de la aparición negativa. Entiendo por aparición negativa la situación informativa de países que solo aparecen en los medios cuando se da un desastre. Es la queja de muchos países: solo se muestra su lado negativo. Otros en cambio han logrado pasar el umbral del desastre y son noticia positiva o negativa. Es necesario saber qué ocurre entre sus fronteras porque son centrales y no periféricos. Son países en los que se descubren cosas y se inventan otras.
Para tener una buena imagen son necesarios los buenos hechos. No solo confiar. La idea de que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, que el ministro expresaba, no se consigue con decirlo, sino en hacerlo realmente eficaz. La imagen positiva de los países se logra en el arte, en el deporte —en eso somos buenos, nos dicen—, pero también en la economía, en la ciencia y en la investigación, en la cooperación internacional, asumiendo los retos internacionales. Es ahí donde hay que invertir. Porque eso es la "imagen" de un país que hay que transmitir: la de su realidad, no la de sus excepciones o sus excepcionalidades.


Si funcionáramos bien en muchas cosas, no tendríamos que estar pendientes de una "marca", ni del qué dirán. España ha descendido en puestos en muchos sectores importantes, como la investigación o la industria. Es de eso de lo que hay que preocuparse, no de unas apariencias externas.
No necesitamos que nos aplaudan la Sanidad; necesitamos que cumpla su tarea con eficacia por el bien de todos. Y si así lo hace estaremos satisfechos. Ojalá que la auxiliar de enfermería que se ha contagiado del ébola al tratar al sacerdote repatriado se cure y todos los que están en cuarentena puedan salir tranquilos. Pero a los errores no hay que darles la vuelta; hay que solucionarlos para evitar que se repitan.
No es la imagen lo importante, sino la realidad que tenemos delante. No caigamos una vez más en el error de pensar que todo es cuestión de comunicación. No lo es.


* “Confío en que a la larga el caso del ébola no dañará la Marca España” El País 12/10/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/10/12/actualidad/1413137293_143082.html

 ** "El Día de la Hispanidad: ¿Quién lo celebra más allá de España?" El Huffington Post 12/10/2012 http://www.huffingtonpost.es/2012/10/12/el-dia-de-la-hispanidad-q_n_1961442.html









miércoles, 8 de octubre de 2014

La máquina protocolaria o ¿dónde he visto yo este error?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo más leído en estos momento en The Washington Post lleva por título "A vexing mystery in Spain: How did a nurse contract Ebola?"*. No es para menos. El hecho de que después de la exhibición mediática realizada para mostrarnos a todos el transporte, llegada, vaciado de un hospital entero, decirnos que el lugar era el idóneo y el personal el mejor preparado, que se tenían todos los requisitos necesarios y los medios desplegados, etc., se haya producido un contagio en una de esas personas no es para menos. Un "misterio desconcertante".
Mis estudiantes extranjeros me comentaban que recibían llamadas de sus familias preocupadas desde sus lejanos países. "Nos preguntan qué pasa en España con el ébola", me dicen. "Eso está muy cerca de tu casa", dice la secretaria por teléfono en un despacho. De regreso a casa en el metro, escucho las conversaciones en tono más agrio de los estudiantes: "¿Por qué se le trajo a España si no estamos preparados?", le dice muy enfadada una estudiante a otra.


Otros países han repatriado a sus enfermos, los han aislado e incluso se han recuperado, como los casos de Estados Unidos y Francia. Y no se ha contagiado a nadie en ese proceso. Está el caso del que entró en Estados Unidos llevando el virus, pero no tenemos constancia todavía de que haya habido contagios. No han tenido tan suerte nuestros enfermos, desgraciadamente, ni  nuestros profesionales. Han fallecido los repatriados y se ha contagiado una de las auxiliares, que constituye el caso que asombra al mundo.

Lo que se percibe socialmente y por los medios es una mezcla de preocupación e irritación. Ya estamos preocupados por muchas cosas e irritados por muchas más. Como decía una periodista ayer en una tertulia televisiva matutina: "¡Lo que nos faltaba era el ébola!". Pues no le falta razón. Habrá que hacer sitio para una preocupación más y reservar nuestra capacidad de enfadarnos.
Y es que la gente está muy enfadada. Sobre todo con la ministra Mato, cuya comparecencia el otro día ha causado la irritación de los que no lo estaban y la sobredosis en los que ya lo estaban con el tema de la sanidad pública y derivados. Las polémicas con la cuestión de la sanidad han sido constantes y han acabado hasta en los juzgados, como ha ocurrido en la Comunidad de Madrid, sin ir más lejos. Aquí estamos metidos en polémicas del "medicamentazo", del "euro por receta", de las privatizaciones y un sinfín de quejas, carencias y debates. Los hospitales han estado en el centro de las polémicas desde hace tiempo y sus entradas sirven de espacio habitual de protestas y manifestaciones de los profesionales y, ocasionalmente, de pacientes.


Sobre el fondo de todo aparece la ministra Ana Mato a dar explicaciones para "tranquilizar". Pero sus declaraciones y estilo de gestión tienen efectos adversos, reacciones alérgicas en la opinión pública.
En la prensa, Milagros Pérez Oliva, en El País, cierra su columna titulada "No es una equivocación, sino varias" con una frase lapidaria: "El riesgo, ahora, se llama Ana Mato"**. No deja, desde luego, en buen lugar a la ministra. En el diario El Mundo, Fernando Baeta tampoco se controla demasiado y comienza así el bombardeo:

Con Ana Mato, la sociedad española ha llegado ya a esos 38.6 grados de temperatura corporal de los que tanto se habla ahora. A esa barrera que nos advierte del peligro inminente. A esa línea roja que, en este caso, nos pone en guardia no contra una enfermedad mortal que nos acecha sino contra aquellos gobernantes que, teóricamente, deberían protegernos, velar por nosotros. Y hemos llegado a esa temperatura límite, sin margen de error, por la incapacidad de la ministra de Sanidad para tranquilizarnos, por su manifiesta incompetencia para gestionar una crisis de estas características y, por último, por su cobardía política a la hora de no dar la cara y afrontar las responsabilidades que todo político que se precie debería asumir en el desempeño de sus funciones a la hora de valorar a la ministra.***


Lo que desde fuera se ve como un "misterio inexplicable", aquí lo percibimos como una realidad palpable y evidente. Sumamos dos y dos y nos sale. Y un "dos" son los políticos, con la ministra Mato, como cabeza visible, y demás cabezas repartidas por nuestros consejeros autonómicos de Sanidad y demás responsables del sistema; y el otro "dos" de la suma viene por las carencias de medios y, sobre todo, formación que reclaman los representantes sindicales o profesionales que salen a dar la cara.
Desde la portada del diario El Mundo, un médico con cara de circunstancias y cruzado de brazos, el doctor Yus, señala "Nadie me ha enseñado a ponerme el traje"****:

"Mañana o pasado mañana me tocará atender a la enferma de ébola y nadie me ha enseñado a ponerme el traje. No estoy preparado. No estoy entrenado. Y eso les pasa a muchos compañeros. ¿Es que no podían habernos preparado? ¿Es que no pueden ocuparse otras personas con la formación específica?". Habla Santiago Yus, un médico especialista en cuidados intensivos con más de 30 años de experiencia en el Hospital La Paz y que será uno de los encargados de atender, en la UCI aislada y especial del complejo Carlos III-La Paz, a la primera enferma de ébola contagiada fuera de África.
La denuncia de Yus es la denuncia de una quincena de compañeros que ayer se reunieron con la gerencia de su hospital para advertir de la escasa preparación específica que han recibido para atender a enfermos de ébola. "He tenido que decirle a la subgerencia del hospital que no insulte a nuestra inteligencia diciéndonos que nos han formado".****


Dado que este es el primer caso de ébola en España, los que saben algo de esto son los que están en África combatiéndola, que son los que se están contagiando y llegan a España para que les atiendan sus compañeros que no saben nada. Círculo interesante y que revela lo que es para algunos la medicina en los países en los que la gente se muere por comer mucho y no por no comer, por fumar en vez de por vivir en ciudades en las que no se ve el sol por la contaminación, etc. Crece mi admiración por los que dejan una vida cómoda y se van, sin saber cómo ponerse un traje o sin traje siquiera, a ayudar en lo que puedan. Los expertos, nos dicen, están divididos ahora sobre si hay que sacrificar o no al perro de la enfermera infectada. La televisión nos muestra imágenes en estos mismos momentos, en directo, de la manifestación que bloquea la puerta del centro en el que se encuentra recluido el pobre animal para evitar su sacrificio. Han intentado asaltar la ambulancia en la que iba la mascota, nos cuenta la periodista desde el lugar custodiado por la policía. Nos dicen que Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se han llamado para afrontar juntos la "crisis del ébola". Al final un virus nos ha unido; solo falta que llame Artur Mas. ¡Extraño país el nuestro!


La gente se irrita, además, cuando escucha la palabra "formación". Y se irrita por asociación de ideas. Se piensa en la estafas de cursos de formación, en los millones dilapidados, que podrían haber servido para que en alguno de esos cursos que nunca se celebraron, con alumnos inexistentes, se podría haber enseñado a alguien a ponerse el traje al doctor Yus y a sus compañeros de La Paz para cuando reciban a su compañera infectada o algún otro caso, que espero que no se diga ya que es "imposible".
Es aquí donde se ve el contraste entre los políticos que dicen que todo está listo y aseguran su confianza en el sistema que ellos gestionan. Los que están abajo que ya sea por "a" o por "b" consideran que eso no es así. Siempre estamos con lo de las "responsabilidades políticas", frase que no encanta porque la repiten los políticos todos los días. Pero hay que ir más allá. Es el sistema mismo.

"Es un tema de salud personal y de salud pública, porque nuestra seguridad es también la de nuestros entornos", sostiene Yus. Para este especialista de 55 años, la "insuficiente" formación recibida por el equipo de La Paz responde a una "desgraciada gestión de la dirección".
La alerta de los médicos de La Paz entronca con el carrusel de críticas de la profesión sanitaria a la formación y seguridad establecidas por las autoridades. El sindicato CSIF afirma que aunque algunos trabajadores han recibido 50 horas de formación sobre los trajes «no se ha practicado nunca en simulacros», sino que la primera vez fue con los casos reales de los misioneros. Auxiliares de enfermería y enfermeros de La Paz dicen que han recibido un curso de media hora sin prácticas.
Todos los sindicatos de clase y sanitarios dijeron ayer que el contagio de Teresa R. R. se produjo por un "fallo del protocolo". "Lo que queremos son profesionales informados, con protocolos adecuados, sin incertidumbres ni riesgos".****


Así nos gustaría ser a todos en lo nuestro, claro. Y así nos gustaría ser atendidos; también los pacientes asumimos nuestros riesgos cuando vamos al médico y entramos en un hospital, ¿o no? Casos hay. Es una lástima que se hayan perdido tantos millones en las estafas por los cursos de formación que deberían haber dado sindicatos y patronales, incluidos los de la Sanidad. Dinero había para estas cosas, pero...  Son estos casos, la realidad misma, la que nos enfrente a la dimensión de nuestras capacidades. Son los hechos los que nos ponen en nuestro lugar. Y eso es lo que hay que entender; ese es el mensaje que nos trae el virus, la imperfección del sistema por encima de la palabrería o de lo que creamos ser o aparentar.

No. Para nosotros no es un "misterio" que ocurra lo que nunca podría ocurrir. Estamos acostumbrados. Quizá estamos pagando el deterioro de nuestra propia demagogia, por arriba y por abajo, con la que hemos decidido afrontar nuestro desarrollo. Hace mucho que no mejoramos, que gastamos energías en demasiadas cosas que nos impiden con seso, con inteligencia, más allá de los dogmas y la retórica. Eso tiene un desgaste y unas consecuencias. Deterioro y desgana. Esto es solo un caso, pero se puede palpar.
El hecho de que a una enfermera que ha estado expuesta al ébola se le diagnostique "gripe" por parte del médico de familia que la atendió cuando tuvo los primeros síntomas, significa mucho más que el que no te enseñen a ponerte el traje o no hayas hecho simulacros. Si la enfermera no se lo advirtió al médico o si el médico no le hizo caso son detalles que importan y que revelan el grado de conciencia que se desarrolla en unos sistemas que tienden a los automatismos. Todos hacen lo que deben, pero nada sale como debe salir. Lo imposible ocurre.


Todos han cumplido sus protocolos. Ahora dicen que van a revisarlos. Es una frase más acuñada para salir del paso. De nada sirven los protocolos si no se mejora a las personas que tienen que llevarlos a cabo, si no se dan los medios suficientes y, sobre todo, si no se piensa que el protocolo puede ser imperfecto. Hasta los trapecistas saben que hay que revisar la red. Estamos convirtiendo el país en una estúpida máquina protocolaria que, parafraseando a Galileo, "sin embargo, falla".
Dicen que cuando la enfermera se presentó en el hospital les dijo a sus compañeros: "Os voy a hacer una faena; creo que tengo ébola". Pues sí. Que se restablezca. Y que aprendamos algo. Lo único positivo de los errores es aprender a corregirlos. Y cometemos el mismo siempre: creer que porque decimos que algo es imposible, lo sea realmente. Los políticos no defienden el sistema, defienden su gestión al frente del sistema. Y la defienden rodeándose de personas que siempre les dicen que tienen razón, que todo es correcto. 
La solución del ébola es científica y técnica, no política. Lo político es asignar los recursos adecuados para que eso se consiga, producir el entorno para que eso sea posible, poner a las personas adecuadas en los lugares adecuados. Y eso es lo que falla por múltiples motivos e interferencias.


* "A vexing mystery in Spain: How did a nurse contract Ebola?" The Washington Post 7/10/2014 http://www.washingtonpost.com/news/to-your-health/wp/2014/10/07/after-nurse-contracts-ebola-spanish-health-workers-raise-concerns-about-protective-equipment/?tid=pm_pop
** "No una equivocación, sino varias" El País 8/10/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/10/07/actualidad/1412711231_141082.html 
*** "Ana Mato" El Mundo 8/10/2014 http://www.elmundo.es/espana/2014/10/08/5434cc0fe2704e2e3e8b456b.html?a=bc89383a855e50e27ed774e3cd7850ed&t=1412749615

**** "'Mañana me toca atender a la enferma de ébola y nadie me ha enseñado a ponerme el traje'" El Mundo 8/10/2014 http://www.elmundo.es/espana/2014/10/08/54347682268e3ef2498b4570.html