Mostrando entradas con la etiqueta Ahmed El-Sayed Al-Naggar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ahmed El-Sayed Al-Naggar. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de mayo de 2015

Los jueces

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Pese a lo que diga el diario El Mundo, con un texto de EFE, las reacciones internacionales ante la condena a muerte de Mohamed Morsi en Egipto no son lo que podrían llamarse una "avalancha". Las condensa del turco Erdogan y de Amnistía Internacional, la "profunda preocupación" de los Estados Unidos y un mensaje de Martin Schulz no es demasiado, dadas las circunstancias.
Ayer comentábamos lo que la sentencia abría políticamente, tanto en lo interno como en el exterior. La confianza del gobierno de poder mantener esta situación por contar con la fuerza del Ejército no significa que no sea un gran error político, como se ha señalado desde ámbitos periodísticos, como ha hecho el propio diario El Mundo. Otros lo consideran como reacciones naturales de una dictadura y recriminan a los gobiernos la excesiva transigencia con el régimen de al-Sisi. Pero, como señalábamos ayer, mientras no se aclare la situación de la zona, tendrá a su favor la falta de firmeza frente a lo que ocurra.
El gobierno egipcio, por su parte, ha emitido un comunicado considerando "inaceptables" las críticas y una injerencia en los asuntos internos. Pero lo hacen de una forma muy "egipcia", desviando la atención hacia los jueces, de los que se muestran defensores. De esta forma intenta mantener una aparente "distancia" respecto al veredicto. Es decir, reafirmando la independencia de los jueces, parece que la condena no fuera cosa suya y que se hubieran enterado por la prensa. Se señala en El Mundo:

"El ministerio de Exteriores cree inapropiado comentar los pronunciamientos de la justicia egipcia por lo que supone de injerencia en los asuntos internos del país", precisó un comunicado oficial.
Asimismo, recalcó que "cualquier señal negativa hacia la justicia egipcia es totalmente inaceptable, a nivel tanto oficial como popular, por el prestigio y el respeto del que goza la magistratura egipcia entre todas las partes del pueblo".
[...] Países como Turquía y organizaciones internacionales, como Amnistía Internacional (AI), condenaron ayer la pena capital impuesta a Mursi. AI calificó el juicio de "farsa" y afirmó que esta condena "muestra el deplorable estado del sistema judicial" de Egipto.*


Las notas oficiales egipcias siguen demostrando la misma falta de sentido de la realidad que ya les es habitual y parecen más dedicadas a evitar las respuestas internas que las exteriores. El que se considere "inaceptable" cualquier "señal negativa" respecto a los jueces egipcios debe ser una especie de broma dado el historial acumulado por una judicatura que ha dejado en libertad a todos los represores institucionales, que ha avalado las tropelías del poder sin frenarlas y dado bendiciones a los miembros de un régimen corrupto que hizo levantarse al pueblo. Es un sistema judicial en el que entras como testigo y sales como imputado, como en el caso del asesinato de la activista socialista Shaimaa al-Sabbagh, muerta a tiros por la Policía cuando llevaba unas flores a los caídos en Tahrir.

La honorabilidad de personas e instituciones se logra mediante los hechos, día a día, no por pomposas declaraciones políticas rasgándose las vestiduras. Ha habido momentos en la historia en la que los jueces egipcios —algunos jueces— tuvieron un sentido de la justicia suficiente como para frenar algunas tropelías del poder, pero no han sido demasiados. Ni jueces ni momentos.
El cese del ministro de Justicia hace unos días por decir que solo deberían llegar a la judicatura los que no fueran ni demasiado ricos ni demasiados pobres, dejando fuera a los "hijos de los basureros", dejó en evidencia la visión de un clan elitista que ha defendido los intereses del régimen y de una clase. Recordábamos el otro día cómo se había exigido para participar en las oposiciones a la fiscalía, antesala de la judicatura para muchos, que los padres de los opositores tuvieran nivel universitario, en un gesto legal sin precedentes y que habla mucho sobre lo que significa ser juez en Egipto, la pertenencia a una casta.
Para hablar de la judicatura no basta con hacerlo con la condena de Mohamed Morsi, del que se discute más el proceso que ha llevado a la condena, considerando que no ha tenido las garantías suficientes. Puede hablarse de otros procesos en los que los acusados han sido exonerados o reducidos a penas ridículas las acusaciones más graves. Tal es el caso, que ha suscitado menos rechazo internacional, de la liberación de Hosni Mubarak, juicio tras juicio. La falta de entusiasmo de los fiscales ha sido notoria y escandalosa.


Los egipcios se mueven entre la indignación de la condena a muerte de Morsi a la indignación por la liberación por rebaja de las penas a Mubarak, su familia y demás corruptos colaboradores por parte de los demócratas y opositores islamistas. Cada uno se indigna y escandaliza por aquello que le afecte en su ira. A unos les parece bien que condenen a Morsi, a otros mal; a unos les parece bien que liberen a Mubarak y a otros mal. A otros, pocos, les parecen mal ambas cosas. Y a otros, finalmente, les parece que no es bueno para el turismo.
Los jueces egipcios han salido todos ellos de un régimen que no era transparente ni justo. Egipto no revisa su pasado para mirar por qué están en la situación en la que están. Su memoria es floja y selectiva.
El artículo ayer de Ahmed El-Sayed Al-Naggar, Jefe del Consejo de Al-Ahram, titulado "Mubarak verdict opens the door to what he was not tried for", puede ser invocado como parte de esa crítica a un mundo oficial al que los jueces pertenecen. Tras señalar los grandes casos de corrupción que permanecen en la sombra, después de ir desestimando los otros casos presentados contra el expresidente, Ahmed El-Sayed Al-Naggar señala:

Corruption became monstrous and infiltrated almost everything, leading to the creation of a general culture based on being tolerant towards corruption or participating in it. This is the worst thing that happened in to Egypt in its entire history and it needs an enormous educational and cultural effort to treat it, in addition to legal treatment most definitely.
One of the biggest crimes of this era was establishing the culture of public office inheritance, starting from the lowest rungs to the post of the presidency itself, which instigated the people's revolution against the deposed dictator and removed him from power. This public office inheritance has led to degradation in the efficiency of state institutions, as well as grievous social injustice represented in depriving citizens who are not sons of public officials of their just rights in working in state institutions. Despite the fact that the constitution stipulates that accessibility to public office is based on the criteria of merit and efficiency, abuses of this constitutional stipulation were a salient feature during Mubarak's rule, and is still continuing now.**


La carrera judicial no se libra de estos males, como lo están otros ámbitos de la administración egipcia. El régimen de Mubarak se construyó de esta manera, estableciendo una seguridad para algunos y dejando fuera, a su suerte, a una mayoría. Poner filtros "universitarios" a la familia, en un país donde serlo no es sencillo, es perpetuar la justicia como patrimonio de un grupo cuyas familias se infiltraban en las administraciones.
En un artículo firmado por Sahar Aziz, profesora de la Universidad de la Texas A&M School of Law, se explicaba en agosto de 2014:

Egypt’s politics of patronage and clientelism have further compromised judicial independence. Like other state institutions, the judiciary is wrought with nepotism, and the appointment process is far from meritocratic. Judges’ family members and relations are often appointed to judgeships despite poor academic records that disqualify them. The president of the Tanta Court has 21 sons and nephews who are either judges or prosecutors, for instance, even though some have academic records that should have disqualified them from the judiciary. Upon appointment, these judges also benefit from special treatment, such as generous leaves of absence or secundments, and stand a higher likelihood that their requests for favorable court transfers are approved.**


El artículo, titulado "Egypt’s Judiciary, Coopted", hace un repaso por las vicisitudes y servidumbres de los jueces en Egipto. Se señala que ha habido jueces que han sido feroces defensores de la independencia judicial, pero que no han sido así todos, desde luego. Explora los distintos mecanismos por los que desde el poder judicial se ha ido mandando a las zonas más remotas a los jueces molestos o se les ha marginado si no eran los suficientemente obedientes a los dictados.
El artículo en Sada, de la Carnegie Endowment for International Peace, tiene un solo comentario, curiosamente firmado por un tal "Ahmed El-Sayed", en el que se señala:

Though we could not agree more that the Egyptian judiciary is defective, it is my belief that this article misses out the real reasons for the current repressive attitude of the Egyptian judiciary. Most importantly, however, the article is full of either outdated information or information-gaps that misrepresent the situation. By the way of example since 2006 all appointees to the judiciary have to have an academic grade of "good" (70%) which by all standards is enough to join the judicial institution in any country. Also, some of the names the article mentions like El-Khodeiry and Mahmoud Mekki, the author does not reveal that the former became the parliamentarian/legal adviser of the Muslim brotherhood and the latter was the Minister of Justice under the ruling of Morsi where both of them supported flagrant encroachment on the judiciary under Morsi, the approach that largely dismissed their previous activism as mere loyalty to political Islam.***


Lo triste del caso es que efectivamente, unos y otros, los islamistas y los partidarios de un régimen que ya no puede ser llamado históricamente "de Mubarak", pero del que no se ha separado porque no hace nada por alejarse y porque los que se fueron regresan, han tratado de manejar la judicatura políticamente. Nadie está libre de ese pecado tan útil. Solo un perverso sentido de la justicia la confunde con las sentencias, que pueden ser injustas. Y Egipto está lleno de sentencias injustas, como están sus cárceles llenas con muchas personas que no deberían estar allí. Eso no es justicia.
El prestigio de los jueces, al que alude la nota ministerial egipcia, es la herramienta para la aceptación de unos veredictos que pueden tener muy poco de justos y mucho de políticos, si es necesario. Morsi intentó hacerse con el control judicial, como bien señala el autor del comentario al artículo, y colocar a sus jueces en los puntos clave.


El Estado de Mubarak tendía a controlarlo todo, aunque funcionara poco. Le bastaba con que funcionara a su servicio cuando lo necesitara. No todos los jueces son corruptos, evidentemente, pero se necesita uno solo para que te arreglen un problema. Ha habido algunos casos en los que han manifestado su independencia y buen criterio, pero no se les ha dejado acceder a los casos especiales que requieren condenas a muerte masivas —siempre a manos del mismo juez— o exoneraciones vergonzosas. La peor parte se la están llevando los que sufren en sus carnes la Ley anti-protestas y acaban en las cárceles, con el beneplácito de esos jueces.
Señalan en el texto de EFE de El Mundo:

La nota de Exteriores, que en ningún momento cita a ningún país u organización en concreto, denunció que los estados que criticaron el juicio contra Mursi no condenaron la muerte de tres jueces egipcios en un ataque armado en la ciudad de Al Arish, en el norte de la península del Sinaí. Los asaltantes, cuya filiación se desconoce, mataron a balazos a los tres magistrados y al conductor del vehículo en el que se desplazaban e hirieron a otro juez.*


Por supuesto que hay que condenarlo, por muy mal que esté el sistema judicial. No es un acto de justicia, sino terrorismo de represalia. Dentro de esta guerra abierta, no hace sino aumentar el grado de enfrentamiento y alejar cualquier posibilidad de futuro en paz. La pena sería que esos jueces asesinados fueran, además, de aquellos que se encontraban en un lugar peligroso precisamente por su independencia incómoda. En cualquier caso, lo condenamos.
Egipto, como muchas otras cosas, necesita jueces que le hagan creen en la justicia. Su honor no se defiende con notas ministeriales sino dejándolos hacer su labor con independencia. No se hace justicia agradando a los que mandan, sean quienes sean en cada momento.


* "Egipto considera 'inaceptables' las críticas internacionales a la condena a muerte dictada contra Mursi" El Mundo EFE 17/05/2015 http://www.elmundo.es/internacional/2015/05/17/5558ba5622601dd35e8b4577.htmlhttp://www.elmundo.es/internacional/2015/05/17/5558ba5622601dd35e8b4577.html
** "Mubarak verdict opens the door to what he was not tried for" Ahram Online 17/05/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/130389/Opinion/Mubarak-verdict-opens-the-door-to-what-he-was-not-.aspx

*** "Egypt’s Judiciary, Coopted" Sada - Carnegie Endowment for International Peace 20/08/2014 http://carnegieendowment.org/sada/index.cfm?fa=show&article=56426&solr_hilite=

  


sábado, 18 de abril de 2015

La barca y el caos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las noticias de detenciones de personas que intentan cometer atentados, ataques, secuestros, etc., van saltando de un país a otro. En ocasiones nos llegan informaciones del desmantelamiento de grupos con un mayor o menor grado de preparación de sus acciones o noticias, como las de hoy, sobre el paso de una pareja —ella española— y su hijo hacia Siria.
La percepción de este fenómeno en su conjunto no es sencilla. No hemos logrado unificar toda una serie de fenómenos como el asesinato de los dibujantes de la revista Charlie Hebdo, el atentado del maratón de Boston, el asesinato de los coptos en Libia, la quema de un piloto jordano, la destrucción de los tesoros artísticos antiguos en Irak, la guerra de Siria, los atentados contra escuelas en Pakistán, el secuestro de la niñas en Nigeria (y otras hasta completar 2.000), los asesinatos en la universidad en Kenia... y un sinfín de casos que vamos añadiendo a una nube difusa y cambiante. Se han acabado los fenómenos nítidos, las explicaciones sencillas y con ellos nuestra capacidad de concentrar recursos para la solución.


La misma idea de una "solución" se nos escapa sin poder definir el problema más que a través de problemas parciales que tienen efecto sobre el conjunto pero que no son la totalidad.
La primera cuestión, desde luego, debe ser esa: ¿estamos ante un problema o ante muchos? Esto es importante porque implica la concentración de recursos y esfuerzos allí donde sea más eficaz. Ejemplo: ¿acabaría la guerra en Siria con el problema? Creo que nadie medianamente razonable diría que sí. Lo más probable es que la violencia se traslade, unificada o fragmentada, a otros focos; que se liberen unas tensiones para que exploten otras.
Estamos ante conflictos dinámicos, históricos, no ante situaciones estáticas, puntuales; nada comienza en un punto, son cruces de líneas de problemas existentes. Explicamos los hechos, pero no los marcos. Hay marcos de dimensiones muy diferentes para encuadrar los conflictos locales y los problemas generales. Encuadrar un problema es un primer paso, al menos para entender el tipo de situación en la que estamos. El intento de considerar estas cuestiones como de "otros" es un gigantesco error, que forma parte de la misma constitución del problema. Las políticas estrictamente de defensa acaban creando las identidades de los "otros" que se definen frente al "nosotros" que creamos. Es importante, por el contrario, redefinir los "nosotros", hacerlos más elásticos, para poder liberar los "ellos", que dejan en tierra de nadie a muchos a quienes les horroriza esta situación y la padecen en primera instancia. 


El problema se debe resolver allí. Esto no es más que secundariamente un choque de civilizaciones; es el choque en el interior de una civilización a la que no se permite evolucionar por su propia dinámica interna. Nos afecta directamente, por supuesto, pero somos más excusa que otra cosa. Somos el enemigo exterior con el que se busca reunificar lo que se les escapa.
Las últimas horas nos han deparado otro horrendo caso: el de los emigrantes, cristianos africanos, lanzados por la borda de la barca en la que iban a la deriva por parte de sus compañeros de viaje, que han sido denunciados por los testigos del crimen. 


Podemos establecer hipótesis generales, como decir que era un grupo radical organizado, que fue premeditado, etc., pero es difícil sostener algo así. Es desgraciadamente la confluencia de las historias separadas de violencia, miseria y odio. Es lo extremo en una situación extrema. Esa barca era un microcosmos en el que se desató la violencia que se reparte por el continente. No, no eran yihadistas que fuesen a Siria. Por el contrario, se supone que eran personas que iban huyendo de la violencia y las persecuciones, de la miseria, camino de una Europa "cristiana", a un lugar mejor. Ni en su miseria común encontraron la capacidad de acercamiento, sino lo contrario, una ocasión para exterminar a los "otros". En esa barca a la deriva, amenazados por la muerte, mataron a aquellos con los que no querían convivir, ni tan siquiera morir. Eran tan africanos como ellos; tan míseros como ellos. Pero solo vieron lo que justificaba su odio. Normalmente, las desgracias unen, tienden a ayudar a superar las diferencias; hoy, en cambio, todos buscan separar.
Ese crimen horroriza por encima de cualquier creencia, igual a cristianos que a musulmanes. Hay que evitar dejarse arrastrar a un planteamiento de "guerra de religiones" porque la mayoría de las personas sensatas, la gran mayoría, no lo quieren. Ese planteamiento solo beneficia a aquellos que pueden beneficiarse de él. Y esos son los radicales que desean crear un punto de no retorno, un estado de ruptura que deje en sus manos el control social para imponer su visión intransigente.


El gran problema no es solo el radicalismo, sino la tibieza de muchos ante el avance del extremismo, que beneficia a los más radicales. Ese es el sentido de la difusión general del odio a través de vídeos destinados a provocar en unos y en otros sentimientos distintos, pero que les favorecen. Lo hemos dicho ya: el objetivo principal es provocar la islamofobia, el rechazo al conjunto. Construyendo esa muralla de rechazo a su alrededor se aseguran que no existirán fugas y una respuesta favorable a sus tesis como reacción. Nada agrada más a estos predicadores del odio que decir que los demás les odian. Siembran así el recelo en aquellos a los que les falta la decisión para enfrentarse a ellos. No están acostumbrados a resistir; solo a aplaudir al poderoso para sobrevivir.

Durante siglos, se ha logrado contener la posibilidad de reformas y se ha sabido dirigir cualquier disidencia hacia el exilio o se ha eliminado físicamente. No ha habido sitio para aquellos que abrían puertas a los cambios. Los que lo han intentado, han salido por la puerta de atrás y solo han salvado su vida si eran discretos. Hoy son necesarios y necesitan del apoyo y del respaldo porque son el único medio de transformación que pueda servir de ejemplo para canalizar la resistencia al odio. Son llamados traidores, herejes y blasfemos. Es la resistencia interior —a la que se dejó por el camino, deseosos de hacer alianzas con los que ofrecían más garantías para los intereses de terceros—, la que puede aportar soluciones: aquellos que predican convivencia, diferencia y apertura de las mentes. Pero su capacidad de liderazgo se ha reducido al mínimo porque se han silenciado sus voces en décadas. Se les ha señalado con el dedo, como enemigos, porque no se admitía otro liderazgo que el autocrático. Hasta que estos cayeron y se abrió la caja de Pandora. Se establecían oscuras alianzas con el poder, pero se dejaba fuera a los que podían llevar un pensamiento democrático, de convivencia y modernización.

El radicalismo ha surgido delante de sus ojos y de los nuestros. La idea de que era algo local y limitado, controlable por la fuerza, se ha visto que era equivocada. Cuanta más violencia haya, más atractiva será para los que la desean y más temor producirá en quienes no la desean.


Nuestro mensaje debería ser el apoyo a los que representan una alternativa al odio, el autoritarismo, al sectarismo. Los apoyos a los regímenes autocráticos no ha servido más que para generar ese odio que se ha sabido canalizar hacia quienes les apoyaban o miraban hacia otro lado en sus abusos.
Aquellos que tenían algo más que decir, que proponer, quedaban como figuras olvidadas, solitarias, peligrosas y comprometedoras para unos y otros.
Lo ocurrido en esa barca en el Mediterráneo es un episodio de un drama que no se está resolviendo. Nos muestra que ni en las peores circunstancias se aparca el odio que se está generando. No es una situación que se vaya a resolver. Debemos evitar ser arrastrados al odio porque no conseguiremos más que dar fuerza a los que viven de él.
En su artículo, titulado "Arab and Middle Eastern destructive chaos", Ahmed El-Sayed Al-Naggar presidente de Al-Ahram, tras analizar la situación en Yemen y Libia, finalizada así:

In conclusion, we can say that the state of destructive chaos that is widespread in some Arab countriesis a sabotaging chaos for states and societies, and it is the pool of sins of ruling regimes and destructive regional and international interventions. If there is hope in building any social and political structure that is stable, safe and capable of developing in the future, it must rise through returning to the negotiating table and resolving problems peacefully and respecting the will of peoples via the decisive verdict of free democratic elections. Any new structure must rise upon respecting freedoms, human rights, dignity and equality among people, regardless of religion, denomination, gender or ethnicity, and economic development and social justice. These are the only rules that establish social cohesion and stability based on consent, belongingness and readiness for sacrifice for the sake of the homeland, not the civil infighting that sabotages it and permits regional and international forces to intervene in a destructive way.*


Suscribimos su idea. La cuestión está ahora en si es posible creer todavía que aquellos que pueden sentarse en una mesa a negociar algo tienen el control sobre ese "caos destructivo" que está devorando el continente y creando conflictos más allá. La cuestión está en saber si precisamente las acciones violentas, los atentados y crímenes pueden ser detenidos o se ha llegado al nivel de odio que puede desatarse en una barca a la deriva en el Mediterráneo. Si es triste cada una de las muertes de ahogados en el mar intentado huir del caos, la tristeza de que hayan muerto a manos del odio por una reyerta religiosa abordo, produce una infinita melancolía. Nos muestra que ni en las situaciones más extremas se está dispuesto a dejar aparcadas las diferencias y que no pudieron dejar su odio en la orilla.
El Confidencial recoge:

"Los náufragos, muchos de ellos en lágrimas, explicaron que habían sobrevivido no a un hundimiento provocado por las condiciones meteorológicas adversas o por la precariedad de la nave sino por el odio humano", dijo en un comunicado la Jefatura de Policía de Palermo.**


Sí, son las lágrimas que nos provocan a todos. La cuestión es saber si lo que ocurre no tiene ya su propia dinámica distinta de la inicial. De ser así, todo lo que se acuerde será ilusorio porque estará lejos de sus manos detenerlo. Costará encontrar las fórmulas que permitan salir de esta situación. La historia es difícil de enderezar.

* Ahmed El-Sayed Al-Naggar "Arab and Middle Eastern destructive chaos" Ahram Online 9/04/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/127256/Opinion/Arab-and-Middle-Eastern-destructive-chaos.aspx
**  "Detienen a 15 inmigrantes por la muerte de 12 cristianos arrojados al mar en Italia". 16/04/2015 El Confidencial http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-04-16/detienen-a-15-inmigrantes-por-la-muerte-de-12-cristianos-arrojados-al-mar_761507/

lunes, 2 de febrero de 2015

Egipto, el Estado y la Revolución

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las noticias se suceden rápidas cuando se trata de Egipto. Cuando terminábamos nuestro escrito de ayer, la noticia de la detención de un responsable socialista del partido de Shaimaa El-Sabbagh, la activista muerta al tratar de llevar una corona de flores en recuerdo de los muertos de Tahrir, nos ofrecía otra muestra del descontrol absoluto de las fuerzas de seguridad egipcias.
La noticia de la detención marcaba un límite que parecía que había sido alcanzado con la muerte a sangre fría, disparada a ocho metros de metros de distancia. Solo en un muy selecto club de dictaduras se admite este tipo de argumento, que los manifestantes se maten entre ellos o la gente se suicide en las celdas solo por el placer de fastidiar al régimen.
El mismo periódico que daba cuenta de la detención del líder socialista, da cuenta de su liberación sin cargos de ningún tipo:

A leading Socialist Popular Alliance Party (SPAP) member was released on Sunday after being detained one day earlier on "suspicion" of killing Shaimaa El-Sabagh, another leading party member who had been shot during a peaceful march in Cairo a week ago.
Zohdi El-Shamy, the vice president of the party, was released from custody after investigations carried out by the National Security found him innocent, Ahram's Arabic news website said.
El-Shamy came forward as a witness to the events that occurred during the "SPAP" 's march on 24 January to commemorate the fourth anniversary of the 25 January revolution in Talaat Harb square in Downtown Cairo.
The march, which was not authorised, was forcefully dispersed by the police who fired teargas and birdshot. Shaimaa El-Sabagh, the 32-year-old activist, was shot three times during the dispersal by birdshot, according to the forensic authority's official autopsy.*


Da igual la existencia de testigos, de grabaciones de vídeo que muestran cómo ocurrieron los acontecimientos. Da igual. La maquinaria es imparable. Hace dos días recogíamos aquí la noticia de la muerte de un popular rapero DJ, Ahmed "Zo'la" Mohsen, mientras observaban una manifestación al salir de las compras con unos amigos y a uno de ellos se le ocurrió grabarla con su teléfono. Los médicos intentaron convencer a la familia de que aceptaran un diagnóstico de suicidio; la familia se negó a hacerlo.

La trascendencia de la muerte de la activista ha superado lo ocurrido con otras muertes anónimas, Esta vez tenía cara; no se podía confundir entre los fríos números globales. Tenía rostro y tenía historia. No se la podía acusar de terrorismo o de ninguna otra actividad más que la de defender derechos, escribir poemas e intentar educar a su hijo en los derechos que nadie le puede quitar.
La detención de uno de los compañeros de la marcha como sospechoso del asesinato de Shaimaa El-Sabbagh es una burda manipulación y una infamia, es un insulto a los muertos y a los vivos, a los compañeros de Shaimaa El-Sabbagh y a la inteligencia del pueblo egipcio en su conjunto. Demuestra, sobre todo, la actitud que es posible esperar. Es el lógico resultado de la política de impunidad que se ha seguido hasta el momento en la que nadie es el responsable de las muertes ocurridas desde el 25 de enero de 2011. Nadie es responsable de las muertes en las calles. Si una tanqueta arrollaba a decenas de personas pasándoles por encima, era un problema de frenos; si eran muertos por disparos en las calles, eran asesinos islamistas camuflados. Pero la muerte de Shaimaa El-Sabbagh ha marcado una línea.
Ayer el diario Ahram Online, no cualquier otro, publicaba un duro artículo del presidente de Al Ahram, Ahmed El-Sayed El-Naggar, con el título " Shaimaa’s blood: The jeopardised dream between state and revolution In Egypt", reclamando la necesidad de reconducir el proceso egipcio para recuperar sus inicios revolucionarios:

Peaceful Shaimaa only dreamt of a free country where justice and development are found; she was not given any repeated warnings before teargas and murderous bullets ripped through the air. The martyr Shaimaa El-Sabagh was part of a delegation, not a march, asserts the leader of the Socialist Popular Alliance (SPA) Party, Abdel-Ghaffar Shokr. The delegation was walking in pairs on the pavement, and she was carrying a wreath to place in Tahrir Square in honour of the memory of the revolution’s martyrs.
Bullets were not her method, but she was killed in cold blood by the same person who killed the martyrs she was going to honour, who sparked a great fire in the heart, and sowed the winds of violence.
Before the teargas and bullets, SPA Secretary General Talaat Fahmy went to the commander of the police force to inform him they were merely a delegation that will place a wreath in a symbolic and peaceful manner in Tahrir Square to honour the revolution’s martyrs. The response was Fahmy’s arrest, and teargas and bullets targeting the small symbolic delegation. Fahmy is still detained because he refuses to be released unless all his SPA colleagues who were also detained at the time are also freed.
We are all responsible for avenging Shaimaa’s death, and in the lead is the elected president who is in charge of protecting the lives of the people of this country against, at minimum, the abuse of power.**


Que estas cosas se escriban en Al Ahram, el diario tradicionalmente oficial del Estado, muestran que los límites se han sobrepasado y que Egipto no puede seguir negando la situación y los hechos. El artículo de Ahmed El-Sayed El-Naggar no es un desahogo en un blog perdido, sino un aviso de que se están violentando todas las formas y los discursos oficiales han entrado en una fase de esquizofrenia respecto a los hechos.
El Estado egipcio no olvida sus formas ni sus métodos. Son demasiados años de impunidad y la costumbre es una herencia pesada. Nadie ha entrado en los servicios de seguridad nacionales con el afán de reformarlos. Es la brutalidad policial, las masacres realizadas contra unos y otros, la que determina el camino egipcio. La sociedad se limita a ir a remolque de los acontecimientos.
En Egypt Independent, Mostafa Al-Nagar publica un breve y directo artículo:

Do you think he who shot Shaima al-Sabagh while she was holding roses to honor the martyrs is the only person responsible for her death?
There are many other murderers living among us. Those who justify the bloodshed they see with their own eyes, depending on their political inclinations, killed Shaima. The media that fabricates pictures and stories killed Shaima. Those who stupidly ask why she protested on that street in the first place killed Shaima. Those who discard the actual killer and search for hidden elements behind the act killed Shaima. Every official who talked about the blood of Shaima and did not talk about the blood of Sundus Reda, the 17-year-old girl who was killed in cold blood just hours before Shaima, killed Shaima. 
He who dares pull a trigger does so because there are those who make him believe he is doing a great thing. They think killing will build the nation. They consider others who renounce killing as unpatriotic.
Delusional is he who thinks an unjust state can prevail. Delusional is he who thinks stability walks on the skulls and blood of the innocent. What is happening is destroying the nation, instilling discord in the hearts of the people and inflaming revenge beyond forgiveness. What is happening makes killers get away with their crimes.
Shaima and Sundus were not terrorists to end up dead. The soil will not tolerate more blood. The curse of the blood will hit us all.***


Probablemente es difícil encontrar una radiografía más clara y concisa de muchos de los males que se han ido acumulando en este tiempo en el que la Revolución y sus ideales han intentado lo imposible: la convivencia entre el Estado con el que se levantaron y los que se sublevaron contra él. Egipto ha tratado de vivir una falacia política: la de que el problema se acababa con la salida de Mubarak del poder. No fue la revolución la que tomó el poder; fue el poder el que dejó que se terminara la revolución convenciendo a la gente de que había triunfado. Desde entonces, la estrategia ha sido la misma: salid a celebrad, pero se retiene el control del país por los mismos que lo tenían, el Ejército y las fuerzas de seguridad. El mito del Ejército egipcio tenía demasiado peso tras años de construirlo. La gente estaba deseando abrazarlos en cuanto dieran síntomas de estar del lado del pueblo. Pero, entonces ¿quién había sostenido a Mubarak, de dónde había salido?

El lento retorno de las figuras de la dictadura, incluyendo a Mubarak y a su familia, sus ministros, sus hombres de negocios, tras el paso por los tribunales hace ver que allí no pasó nada y que el pueblo debería pedirles perdón por las molestias.
Pero el pequeño artículo de Mostafa Al-Nagar pone el dedo en la yaga. No se han escuchado las advertencias constantes, los avisos permanentes. Una mayoría del pueblo egipcio ha mirado para otro lado y ha justificado lo ocurrido ahora, como justificó mucho de lo ocurrido antes. El nacionalismo egipcio les juega malas pasadas; nace de arriba abajo y no de abajo arriba. Es un nacionalismo que necesita encarnarse en el Estado. Los egipcios inventaron el estado y lo llevan en la sangre. Solo así es posible entender las dicotomías que se utilizan para explicar la situación. Los párrafos finales del artículo del Presidente de Al Ahram, Ahmed El-Sayed El-Naggar, concluyen:

The vast majority of youth also said they felt bitter and angry about criticisms of the 25 January revolution and those who participated in it, which is unconstitutional and contradicts the facts and even the president’s positive attitude towards the revolution. However, the state has not taken any position on these attacks and inherent lies. The youth asserted that there is a systematic and organised campaign to incite against the revolution and malign those who participated in it, especially the youth. They demanded a clear position by the state and its institutions linking the two revolutions (25 January 2011 and 30 June 2013), and that the state’s continuous ambiguous position regarding attacks on the youth in the media belonging to the remnants of Mubarak’s regime and symbols of corruption, will further widen the gap between the state and youth. 
This vision by the youth once again takes us back to the relationship between the state and genuine revolutionary forces that must come together as the foundation for building, instead of widening the gap. Otherwise, it would only lead to more tensions and turmoil that we hope Egypt can avoid by taking this only road by repairing relations between state and revolution, and distancing itself from the figures and policies of unjust, despotic and oppressive regimes.**

La existencia como categorías diferenciadas de "jóvenes", "el Estado", "la revolución", "El Presidente", etc., revelan que sigue existiendo una interpretación viciada de la realidad y de lo que la constituye. Parece que la "revolución" fue cosa de unos "jóvenes" que reclamaron al "estado" ciertas acciones. La separación de las categorías da a entender que son realidades separadas. La llamada de Ahmed El-Sayed El-Naggar al "encuentro" entre el "Estado", su "presidente" y la "juventud" alrededor de los ideales de las dos "revoluciones" no hace sino confirmar que son realidades separadas. Si el "estado" puede actuar de forma diferente a como le reclama la sociedad, ¿ante qué tipo de democracia estamos? Y esa es la raíz del problema: el estado no se transforma porque es un "aparato" controlado desde hace más de sesenta años por la misma institución, el Ejército. Ni Morsi lo intentó y aceptó que el Ministerio del Ejército y el Interior le fueran impuestos.


La muerte de Shaimaa El-Sabbagh ha causado un gran impacto dentro y fuera de Egipto. El carácter simbólico del acto por el que murió, depositar unas flores en homenaje a la "revolución", cuyas celebraciones han sido absorbidas por el mismo estado, rodea su muerte de un halo. Su personalidad y función, su juventud y decisión de denunciar la situación, la convierten en un símbolo.
Tiene razón Ahmed El-Sayed El-Naggar: la han matado los mismos que mataron a los que iban a homenajear. Lo han hecho sin problemas, porque podían. Tiene razón Mostafa al-Naggar también cuando escribe: «What is happening is destroying the nation, instilling discord in the hearts of the people and inflaming revenge beyond forgiveness.» Egipto entiende mal su nacionalismo, disfrazado como caudillaje. Hace mal en perseguir, acosar e insultar a los que denuncian lo que ven, negándoles el derecho a ser egipcios. Esa terrible unanimidad que reclaman solo se puede hacer mediante brutales mecanismos de represión y de negación de la realidad. Ese vociferante presentador televisivo que reclamaba el uso de munición real para reprimir manifestaciones, que pedía llenar las cárceles, acabar con todos..., lo hace porque encuentra ecos en aquellos que creen tener el patrimonio de ser egipcios. Hay que barrer fuera a todos los que no siguen la senda oficial, que es la del Estado, institución monolítica y teocrática. La alternativa al "caos" no es el "estado" represor, sino la democracia, la convivencia, la tolerancia.
Mada Masr nos trae otra noticia, otro incidente en una comisaría:

Clashes erupted Sunday evening between security and residents in Rod al-Farag district after a detainee died in police custody.
According to news reports, dozens of residents gathered in front of the police station and security forces responded with tear gas.
Detainee Sayed Eid al-Tohamy (known as Sayed Zeleikha), who according to Al-Watan was arrested for the possession of narcotics, died while in police custody. Eyewitnesses allege he was beaten to death.
Cairo Director of Security Khaled Youssef was notified of the incident and the general prosecution is currently investigating the cause of death, according to privately owned Al-Tahrir newspaper.
The head of Rod al-Farag police station told privately owned Al-Watan newspaper that the death occurred this morning and the detainee was diabetic and went into a coma.****


Los familiares del muerto manifestaron su indignación comenzando las protestas. A ellos, nos cuentan en Mada Masr, se les sumaron los familiares de otros detenidos que querían comprobar el estado en que se encontraban. Nadie se fía ya de lo que ocurra en una comisaría o cárcel. No son conspiraciones; son hechos.
La noticia se cierra señalando que en 2014, han muerto cien detenidos:

In a report issued earlier this month, the Nadeem Center for the Rehabilitation of Victims of Violence and Torture documented 100 deaths in Egyptian Prisons during 2014.
Human Rights Watch Middle East and North Africa director Sarah Leah Whitson said in a report issued in January, “The Egyptian authorities have appeared shockingly complacent in the face of so many detainee deaths ... They need to ensure that all such deaths, as well as abuse allegations, are independently investigated, and rapidly put in place and enforce effective safeguards to protect everyone in state custody."****


Sin embargo, para muchos todo forma parte de una gran conspiración de enemigos para hundir a Egipto. Son difamadores que merecen que les sea retirada la nacionalidad, como se propuso el otro día y dimos cuenta aquí. El preciado y único orgullo de ser "egipcio" está reservado, según parece, a los que consienten estas cosas en nombre de no se sabe muy bien qué.
La revolución de 2011 comenzó cuando la policía egipcia detuvo al joven Khaled Said y lo mató de una paliza. La versión oficial que se dio entonces fue que había muerto al tragarse el hachís que intentaba ocultar y se había ahogado. Las terribles imágenes de su rostro destrozado por los golpes causaron la indignación que hizo rebasar el vaso de la paciencia. Ya entonces, los defensores del "estado" acusaron a los revolucionarios, a los "jóvenes", de ser agentes extranjeros. Cuando pidieron cambios más allá de la cosmética, fueron acusados de nuevo de alborotadores, de peligro público, de traidores. El resultado se traduce en hechos como la muerte de Shaimaa El-Sabbagh. Como muchos señalan ya, este camino no lleva a ninguna parte.
El Estado no cambia y es allí donde está la raíz del problema, no su solución.
 
Homenaje de la caricaturista egipcia Doaa Eladl
* " Socialist Alliance leader released after questioning over El-Sabagh killing" Ahram Online 28/01/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/121499/Opinion/Shaimaa%E2%80%99s-blood-The-jeopardised-dream-between-stat.aspx
** "Shaimaa’s blood: The jeopardised dream between state and revolution In Egypt" Ahram Online 28/01/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/121499/Opinion/Shaimaa%E2%80%99s-blood-The-jeopardised-dream-between-stat.aspx
*** "All those killed Shaima al-Sabagh" Egypt Independent 27/01/2015 http://www.egyptindependent.com//opinion/all-those-killed-shaima-al-sabagh

**** "Clashes erupt after detainee dies in Rod al-Farag police station" Mada Masr 1/02/2015 http://www.madamasr.com/news/clashes-erupt-after-detainee-dies-rod-al-farag-police-station



¿El caos? (Youssef Chahine 2007)