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miércoles, 12 de octubre de 2011

Risas enlatadas y (de)crecimiento económico

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Al contrario de lo que el refrán decía —“tanto tienes, tanto vales”— en el mundo de la deuda y la duda en el que estamos, se formula así: “”tanto tienen, tanto vales”. Esto es especialmente cierto en el caso de los bancos, cuyo valor está en función de a quién hayan prestado o a quien hayan comprado. Esto ocurre por comprar tantas promesas a quien no se debe.
Viene a cuento esto porque —desoyendo nuestras amenazas de convertir al inefable e impresentable grupo de videntes de “El castillo de las mentes prodigiosas” en agencia nacional de rating— las agencias de evaluación han vuelto a dar un golpe a la banca española. Nos informa el diario El País:

Las agencias de calificación Standard & Poor's, Fitch rebajaron ayer de forma masiva la calificación de solvencia de la banca española. S&P ha bajado la nota a 10 entidades, mientras que Fitch ha rebajado la calificación a otras seis, en ambos casos por la debilidad de la economía española y los problemas del sector inmobiliario. Además, Standard & Poor's ha empeorado su nota global sobre la fortaleza de la banca española. España pasa del nivel 3 al 4 en una escala del 1 (máxima fortaleza) al 10. El nuevo nivel al que la agencia sitúa al sistema financiero español es equiparable al de México, Corea del Sur, República Checa, Eslovaquia o Israel.*

Los argumentos para haberlo hecho giran sobre dos puntos. El primero se refiere a que muchas de las cosas que los bancos contabilizan como “valiosas”, cada vez lo son menos. Es el argumento del “tanto tienen”. Haber acumulado humo, acaba intoxicando. Hay mucha polución bancaria, le vienen a decir. Señalan además, que todo esto irá a más y la solvencia, por tanto, a menos. Alargan la extensión del desastre más allá de las consideraciones de tres o cuatro años, que eran las primeras estimaciones. Los bancos, nos dicen, se han llenado de créditos que la gente dejará pagar en el tiempo porque al aumentar el empobrecimiento general los bancos valdrán menos.
Esto nos enseña varias cosas. La más importante es que un sistema que no se preocupa de que la riqueza esté bien repartida acaba fallando. La idea neoliberal de aumentar el número de ricos y superricos se queda en nada si arruinas a los que te deben y no te pueden pagar o comprar lo que tienes… Cuando los ricos quieres ser mucho más ricos, ese dinero que tienen deja de estar en otros sitios, porque hacerse rico solo puede ser a expensas de otros. Endeudaron a las clases medias, que están en proceso de extinción por empobrecimiento, y se lanzaron a dar créditos a los que no podían pagarlos. Eso es parte del problema porque lo que ha hecho es aumentar las deudas y disminuir las posibilidades de pagarlas.

La decisión de las agencias norteamericanas es de lectura obligatoriamente política. Son los gobiernos los que deben evitar que se produzcan estas situaciones mediante los reequilibrios y las decisiones estratégicas que eviten que siempre ganen los mismos y que los que tienen que pagar no tengan con qué. El domador se ha hecho amigo del león y eso no funciona. El felino acaba comiéndose al público, le tienen que pegar un tiro y el domador termina en la cárcel por haberlo permitido.
La lectura política es que mediante esta medida se está señalando la inutilidad de las medidas que ha tomado el gobierno para evitar la degradación. Decir que el deterioro va a continuar porque España no tiene capacidad productiva, de crecimiento, y por lo tanto, seguirá aumentando el endeudamiento y como consecuencia bajando el valor de la Banca, es apuntar directamente a los políticos y a su incapacidad pasada, presente y futura. Lo hemos repetido muchas veces y creo que se confirma cada día. Nuestro fracaso es específico: no es el de la caída, sino el de la incapacidad de levantarse. Esto es importante saberlo e interpretarlo para acertar con el tipo de medidas que han de tomarse.
Pero existe una circunstancia interesante en lo que nos han explicado. La banca española no se hunde en su evaluación porque ha sabido colocarse bien en países que van bien. Mientras los países que van bien vayan bien, no es tan grave para ellos. “Nosotros” somos su lastre. Esto no es privativo de la banca. Cuando Telefónica planteó sus miles de despidos teniendo beneficios, se apresuró a explicar que esos beneficios venían de fuera. España le producía pérdidas, por eso se despedía aquí y no allí.
De nuevo, la lectura política se hace necesaria. ¿A qué viene este discurso ilusorio permanente, cuando las evidencias las están mostrando los mismos actores económicos? Cuando se nos dice que se rebaja la calificación a la banca, se nos está bajando a nosotros, ya que nosotros —el país entero— somos los que estamos haciendo que baje, somos su lastre porque debemos y no tenemos con qué pagar. Como vemos, un círculo vicioso.
Por eso, finalmente, el segundo argumento —el que ha planteado la agencia Fitch—  se vuelve más evidente:

[…] la agencia señala que, de modo general, los bancos no deben tener una mejor calificación que la del Estado en que están domiciliados. Tras la rebaja de S&P y de Fitch, la entidad que preside Emilio Botín deja así de tener mejores calificaciones que el Reino de España.*

El argumento es de pura lógica porque son los estados, sus bancos centrales, los que avalan a sus bancos. Vales lo que valen los que te avalan; vales lo que valen tus deudores. El argumento nos vuelve a situar en plena dimensión política, porque los Bancos centrales valen lo que valen sus países, es decir, su capacidad de producir y recuperarse.


Los españoles nos hemos convertidos en deudores envenenados de unos bancos que se devalúan porque no todos podremos pagarlos. Y no podremos pagarlos porque hemos construido un país con un modelo productivo equivocado. Por eso el argumento recurrente del despido por parte del empresariado es absurdo. No es ese el problema. Se han equivocado al elegir el carro del crecimiento en el que subirnos a todos. Los alemanes tienen buen ahorro porque producen, y —porque producen— sus bonos valen más que los nuestros; los alemanes se han envenenado fuera, al comprar deuda basura a Grecia y similares. Han dirigido sus ahorros a donde no debían. Nosotros, por el contrario, nos envenenamos dentro. Y, como la banca, como Telefónica, se recuperan fuera. ¡Triste!

Vuelvo al argumento general: nos fallan los políticos, nos fallan porque han sido incapaces de tener en mente un modelo de futuro, de crecimiento que realmente aportara algo digno de ser llamado futuro y estable. Hicieron las apuestas de las burbujas y esas venden fantasías a unos y llenan el bolsillo a otros, pero no se avanza. Es un modelo de risas enlatadas, de felicidad artificial que se acaba cuando se desconecta la máquina. La morosidad va camino del 9%.
El modelo de crecimiento fácil y rápido no hace un país. Un país se hace creciendo con cimentación, con industria que permita empleos estables de los que deriven la estabilidad del conjunto, con crecimiento del ahorro, con investigación que permita acoger a los formados. A eso se puede llamar un país sólido. El humo (metafórico, por supuesto) lo deben echar las fábricas y no las tarjetas de crédito.
Como repetían machaconamente en la serie televisiva Expediente X, “la verdad está allá afuera” y “el gobierno niega todo conocimiento”. Nos lo tienen que explicar desde fuera. ¡Hombrecitos verdes nos abducen!

* “Standard & Poor's y Fitch rebajan la nota de la banca española de forma masiva” El País 11/10/2011 http://www.elpais.com/articulo/economia/Standard/26/Poor/s/Fitch/rebajan/nota/banca/espanola/forma/masiva/elpepueco/20111011elpepueco_18/Tes



sábado, 8 de octubre de 2011

Cómo acabar con las profecías negativas (que fastidian tanto)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
 Nos contó Margarita Bernis, hace más de medio siglo, en su La ciencia hispano-árabe (1956)*, la siguiente historia o relato para introducir la idea de la Astrología en la época medieval:

[…] un rey languidecía y se angustiaba porque su astrólogo, después de consultar el astrolabio, le había pronosticado una muerte pronta. Un soldado del rey, temiendo que su señor, «por excesiva tristeza, pudiese caer enfermo y morir», llamó al astrólogo a la presencia del rey para preguntarle si, del mismo modo que predecía el destino de los otros, podía averiguar el suyo propio. El astrólogo respondió que había consultado los astros sobre el caso, y agregó: «Estoy cierto de que en menos de veinte años no he de morir.» «Tus astros se equivocan –replicó el soldado–, pues vas a morir ahora mismo.» Y atravesó al astrólogo con su espada, librando al rey con tan contundente hecho de la creencia en los augurios celestes, «pues no hay que hacer caso –dice el autor del cuento– de aquellos que dicen que las luminarias del cielo son las que señalan la vida de los hombres».* 

Aramis Fuster, mosquetera del Jurado
De todas las cosas de las que podemos ser presos, efectivamente, ninguna es más estúpida que una profecía. Sin embargo, ya no sabemos trabajar si en ellas. Las esperamos como agua de mayo y las necesitamos como un pedante un micrófono. Hace unos años la astrología y la videncia, cuya única diferencia es que una se practica con los ojos abiertos y otra con ellos cerrados, se puso de moda entre los restos de nuestra “cutre jet” y algunos de sus admiradores, dignos de aparecer todos ellos en una película de Berlanga, e invitaban a sus amigos a mover mesas con las puntas de los dedos, tirar huesecillos y a mancharse las manos con los posos del café. Nada preocupa tanto a una clase en proceso de extinción como el futuro.
Luego todo se democratizó. Para rellenar la programación nocturna —tan carente de ideas como la del resto del día— y transmitir la sensación de que alguien vigila mientras duermes, las pantallas se llenaron de videntes que ya no te leen la palma de la mano, sino que consultan tarots (más limpio y fiable que lo del café o los huesecillos) afirmando con toda rotundidad que, a no mucho tardar, pasarán ante ti las oportunidades soñadas en forma de parejas, mascotas, casitas en la playa o empleos, esto último lo más demandado en las consultas. ¿Que tu jefe te mira mal? El vidente te dice que no te preocupes. ¿Que tu vecina te mira bien? El vidente te dice que no te preocupes. ¿Que tu pareja ya no te mira? El vidente te dice que no te preocupes.

Los videntes al completo
En este país, que ama a Góngora, produjimos hace unos poco años uno de los mayores esperpentos jamás imaginados por mente humana o, incluso, dos grados por debajo del escalafón evolutivo. Ni a los grandes simios se le hubiera ocurrido. El engendro se llamaba “El castillo de las mente prodigiosas”, un despropósito desde el título mismo, ya que no había ni castillo, ni prodigios, ni (especialmente) algo a lo que llamar “mente”. No sé a qué “mente prodigiosa” (digna de figurar en el elenco) se le ocurrió reunir a lo más granado de nuestros videntes, psíquicos, mentalistas, pitonisas y brujas. Solo me sirvió para convertirme en admirador rendido de la santa entrega de la presentadora, Alicia Senovilla. Aquellos "prodigios" encerrados en el reality hispánico más simbólico jamás producido hacían parecer Premios Nobel a los más zafios concursantes del más zafio de los concursos en el país más chabacano. Se nos ocurrió sin tener que copiar a nadie. Eso creo —y espero—, al menos. Era el concurso que Kitano se hubiera negado a presentar.

Yo quería hablar de la rebaja de la calificación de la deuda española; quería hablar del futuro, de las agencias de rating, de Fitch, que nos ha dejado sin “triple alcalinato”, sin esa “Triple A”, que en mis tiempos era un grupo terrorista, pasó después a ser un tamaño de baterías, y ahora es una bendición de futuro en el presente que todos quieren. Se nos caen las “Aes” como hojas del otoño del abecedario.
¿Por qué pienso en el astrólogo árabe apeado del futuro de un tajo; en España, con su futuro degradado de nuevo por el mal rating de Finch; y, finalmente, en esos videntes hispánicos, capaces de ver el futuro sin dejar de mirarse el ombligo (¡que ya es virtuosismo!), en un más difícil todavía? No lo sé. Es para mí algo que se oculta en el misterio de mis rollos neuronales, en mi inconsciente racial carpetovetónico. Creo que habría que hacer una nueva edición de “El castillo de las mentes prodigiosas”, reunir a todos esos videntes y usar su potencial adivinador para convertirlos en la primera agencia española de rating, genuina y colorista. ¡Fuera corbatas y cuellos blancos! ¡Que vivan las tiaras y las togas, las bolas de cristal y los ojos en blanco, los collares y cadenas! Opongamos a su tecnología calculadora de indicadores, pérfida traductora del futuro a números, nuestra improvisación y salero latinos. Combatamos la tristeza, depresión y desmotivación que todas estas profecías anglosajonas nos causan y lancémonos al contraataque, al cuello, si es necesario. ¡Remember Numancia!
Fitch, Standard & Poor’s, Moody’s… ¡estáis avisados! ¡Ni una “A” menos!


* Margarita Bernis (1956). La ciencia hispano-árabe. Col. Temas Españoles nº 255. Publicaciones Españolas, Madrid. [http://www.filosofia.org/mon/tem/es0235.htm]