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viernes, 23 de agosto de 2024

Morir solos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se puede morir de muchas maneras, unas mejores que otras. Al final todos lo hacemos. Pero para los que nos quedamos, pueden ser motivo de reflexión sobre el mundo en que vivimos y que dejarás atrás.

Tenemos muertes, como las que han ocurrido hace unos días en el Mont-Blanc, de jóvenes despeñados en plena escalada. Son tristes, pero al menos queda el consuelo —para los que así lo quieran ver— de que fallecieron haciendo lo que más les gustaba. Tenemos la reciente muerte de una mujer de 85 años en un mercado afgano durante un tiroteo. Estaba haciendo turismo, un turismo que ahora llaman "de riesgo". La escalada es también un deporte de riesgo. Dicen que las altas temperaturas pudieron ser las que hicieron que cedieran los anclajes.

Nos estamos preguntando porqué se hundió tan rápido el súper yate de lujo de los magnates británicos de la banca y de las tecnologías. Todo su poder y dinero no sirvió de nada ante un golpe de la naturaleza. Seguro que cuando se lo vendieron, le aseguraron que era a prueba de todo, una parte de la "armada invencible", que como entonces dejo la vanidad humana a la altura del betún. El yate sigue a cincuenta metros de profundidad. Dicen que fue la vanidad de la altura del mástil que se quebró, la larga quilla... todo aquel monumento a la ingeniería y al lujo, lo que lo hundió en minutos.

Fatalidades, desgracias, imprudencias, conjunción de factores... Muertes.

Pero de todas estas tristes muertes, hay dos que me afectan y deberían afectarnos, hacernos reflexionar a todos,

Me refiero a los dos cadáveres encontrados y cuyas noticias han aparecido el mismo día. Son muertes que hablan de nosotros. La primera de ellas nos habla del descubrimiento de un hombre de 78 años que llevaba seis meses muerto. La segunda, el hallazgo del cadáver de una mujer muerta desde hace un mes.

Del primero nos dicen los medios que dio la alerta el casero, que dijo que llevaba tiempo sin ver al fallecido. De la segunda, nos dicen que fue el molesto olor lo que hizo que los vecinos se quejaran.

Las otras noticias —el turismo de riego, el accidente deportivo, el yate convertido en tumba...— podemos hablar de fatalidades. De las dos muertes, en cambio, debemos hablar de soledades, el mal al que la sociedad española no se quiere enfrentar.

Vivimos en una sociedad avejentada y de lucha generacional. Es triste pensar que esas dos personas no importaban a nadie, no tenían que le echara en falta. Es triste pensar que nadie las llamara o que no se preocuparan por su ausencia de noticias o respuesta. Solo el casero y los molestos vecinos.

El retrato que esto hace de nuestra vida social es muy triste. El vivir el momento hace percibir a los mayores como una carga. Hay algo de venganza generacional en el abandono. Se nos muestra muchas veces a los mayores como beneficiarios de una vida que ya no existe, esa que se refleja a la perfección en ese spot publicitario cuyo eslogan es "¡Llegamos tarde!". En él, unos jóvenes manifiestan su lamento por no tener casa, ni segunda vivienda, ni empleo estable... A todo "llegaron tarde". ¿Ahora deben cargar con los que sí tuvieron lo suyo?

En mis tempranos paseos, casi diarios, hasta Correos a recoger mis envíos de películas o libros, veo un panorama desolador, el de decenas de ancianos a los que "sacan a pasear". Bastones, andadores, sillas de ruedas... furgonetas recogiéndolos para llevarlos a centros de día. Es un recorrido que te muestra una España real de la que poco se habla.

Los que veo son los privilegiados a los que acompañan en sus paseos diarios o recogen. Algunos caminan junto a miembros de la familia, hijos preferentemente. Otros muchos, en cambio, lo hacen junto a acompañantes, principalmente inmigrantes, que son los que asumen estas tareas a cambio de un sueldo o de compartir la casa.

Conozco a personas que realizaban sus carreras estudiando y acompañando a ancianos a los que cuidaban, les mantenían las casas en orden y les hacían la compra. De la tarea de estos emigrantes apenas se habla. Cubren lo que sus familias no hacen. Hacen lo que su propia sociedad no atiende. ¿Están previendo este abandono solitario o solo están pendientes del negocio, de la llamada "silver economy"?

Se está desarrollando un enorme negocio, algo que va de las residencias a la tecnología. De las residencias hemos tenido noticias en la pandemia. Es un negocio seguro, con creciente demanda conforme avanza en el envejecimiento. Hay de todo en ellas. La tecnología, igualmente está desarrollando toda una gama de dispositivos, programas, etc. para la vigilancia a distancia.  No combate la soledad, pero alguna función cubre.

No hace muchos días, una antigua colega de departamento, a punto de cumplir los 91 años acudió con una joven acompañante a un acto. "Es la que me ayuda a moverme fuera de casa". Me dio una enorme tristeza, más que por el hecho en sí, por el tono en que lo dijo.

La sociedad ha cambiado. Ha cambiado no solo la estructura familiar y el envejecimiento, sino también en las relaciones sociales y familiares. Las "casas familiares" han desaparecido, como lo han hecho las familias numerosas. No estoy reivindicando aquella sociedad en la que la hija se sacrificaba para atender a sus padres, se quedaba "a vestir santos", hasta que fallecían. Pero sí critico una sociedad en la que es posible morir y que tarden seis meses en darse cuenta.

Parece que todos estamos muy ocupados para encargarnos de saber cómo nos encontramos. Muchas veces por el temor a que nos "caigan" tareas. Siempre hay algo más importante que hacer que tratar de saber cómo están los "nuestros", concepto que ha ido desapareciendo con la desespacialización de las familias, su dispersión de un centro físico —un pueblo o ciudad, un barrio—; ahora todos vivimos lejos unos de otros.

Es triste morir en ese grado de soledad y distanciamiento de los otros. Hay muchos países en los que se valora la preocupación por los otros, las amistades o familias. Nosotros lo vamos perdiendo por diversas causas. Lo peor es que no nos importa demasiado ocupados como estamos en vivir un presente sobrecargado, que es el del consumismo, el de la trivialidad.

Estos dos casos nos muestran la sociedad en la que vivimos, el desvanecimiento de los lazos, de las responsabilidades que nadie quiere. Esto se irá agravando con el tiempo. Dejará de ser noticia el hallazgo de personas muertas sin que nadie las haya echado en falta. Seguirá siendo noticia morir en el Mont-Blanc o en Afganistán, pero no lo será morir en la soledad.

Hoy me han llamado por la noticia de un incendio en mi pueblo. "¿Todo bien?" Lo he agradecido.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Más muertes de las esperadas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me temo que en España nos estemos haciendo un lío con la contabilidad de los muertos. Tanto querer afinar en los datos para que el retrato saliera "eficaz", pero nos encontramos ahora con un exceso de muertes. Hay más de las que debería haber y nadie sabe de dónde han salido.

La noticia nos la cuentan en Antena 3 en los siguientes términos: 

Este último medio año es el que más muertes se han registrado en España desde que hay registros. En el año 2021 el exceso de mortalidad por todas las causas fue de 2.743 y este año el dato asciende hasta los 33.568. Una diferencia de más de 30.000 defunciones. El sistema de monitorización de mortalidad del Instituto Carlos III se creó para prevenir los efectos del exceso de frío o calor.

 

Los científicos intentan darle una explicación

Aún no hay consenso sobre las causas concretas del exceso de muertes, pero los expertos señalan varios factores. Los especialistas apuntan al deterioro de la salud en personas vulnerables que superaron la Covid. De hecho, el investigador de Salud Pública FISABIO Salvador Peiró, declara: "Esperábamos que hubiera defecto de mortalidad". Y creen que ha habido un "mal control de crónicos".

En el mismo sentido habla el jefe de neurología del Hospital Universitario de Albacete, Tomás Segura: "Mal funcionamiento de la Sanidad".

Indican que se han podido hacer diagnósticos tardíos por culpa de la saturación de los hospitales debido a la pandemia. "Hay enfermedades que pueden tener un desenlace fatal", continúa Segura. Están viendo más infartos, más ictus. 

El hecho de que haya 30.000 muertes de las que no se puede dar cuenta es realmente llamativo y da igual por los motivos que sea. Ese exceso de mortandad respecto a lo esperable es realmente una noticia que deja en mal lugar al conjunto del sistema por cualquiera de sus causas.

Es evidente que la gente no se muere ni por gusto ni por arruinar estadísticas. También es evidente que un exceso de mortandad de ese calibre hace que se eleve la sensación de riesgo y que se contemple de una forma distinta los efectos del Covid, el calor, todo junto o cualquier otra circunstancia.

Es obvio que no podemos controlar el calor y que desconocemos muchos de los problemas posteriores que el coronavirus pueda provocar en las personas. Si el problema es sistémico, es decir, unas cosas afectan al resto habrá que ver cuáles son las más sensibles a estas interacciones y qué resultados provocan, como en estos casos las muertes. Pero parece que hay también problemas estructurales cuando se habla del colapso de la Sanidad y su incapacidad de responder al aumento y naturaleza de los casos.

Quizá hemos cribado demasiado para que entraran pocas cosas del Covid en las estadísticas y así seguir pregonando eso de que "lo que sea es seguro" y poner en marcha la economía marchosa. Pero luego la gente va y se muere más de la cuenta.

De cualquier forma, son muchas muertes inesperadas, que se salen de las cuentas anuales y nos ofrecen un motivo de reflexión y de alerta ante lo que pueda ocurrir en próximas cifras anuales. Pero no son las cifras lo preocupante —algunos gustan de jugar con ellas hasta que cuadran—, sino la realidad de cada una de esas muertes y saber cuántas se pueden evitar. Al menos, necesitamos saber la causa del aumento.

Ya sea por "mal control de crónicos", "diagnósticos tardíos" o poco acertados por falta de tiempo o por cualquier otra circunstancia, lo cierto es que hay muchas más muertes de las esperadas.

En mitad de una enorme polémica sobre la atención médica, con los miembros del sistema sanitario hartos después de haber sido aplaudidos en ventanas y terrazas, los datos dan mucho que pensar. Siembran además inquietud, pues la gente se ve más en lo peor que en lo mejor en cuanto a salud se refiere. Perder la confianza en el sistema genera automáticamente para demandas, por lo que agrava la situación.

España envejece; España enferma. Eso lo vemos con cierta claridad con salir a la calle o visitar un Centro de Salud. Las soluciones de algunos son imaginativas y baratas, pero lo que necesitamos es otra cosa. Necesitamos saber qué ha producido ese aumento y después ponernos a ello con recursos y personal.

No es tan extraño que haya más muertes de las esperadas si se recorta todo, si las colas son interminables y los tiempos de atención mínimos. 

* María Martín  "La incógnita del aumento de las muertes de este año" Antena 3 10/11/2022 https://www.antena3.com/noticias/salud/incognita-aumento-muertes-este-ano_20221110636d4d57c3e4900001adfb41.html

 

 

 

miércoles, 29 de junio de 2022

Tráficos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada día se producen muertes por los fenómenos de las migraciones, un acto en sí doloroso pero que se cierra en tragedia en muchas ocasiones. Los dos grandes flujos recorren los caminos hacia el norte, ya sea en el continente americano o hacia Europa desde África y Asia. Las dos rutas nos han dado dos enormes tragedias, con unos intervalos de horas, las horribles muertes de Texas y de la ciudad autónoma de Melilla.

La muerte por asfixia en un camión, a más de 60 grados, en una retirada carretera tejana, abandonados es un crimen con un responsable, el que les abandonó allí. Son, por el momento, 51 las muertes, y quedan algunos ingresados con diversas posibilidades de sobrevivir a un suceso que no podemos llegar a imaginar cómo pudo ser vivido.

Lo ocurrido en Melilla, en cambio, es una muerte visible, un asalto a la vista de todos, con grabaciones, testimonios y búsqueda de responsables. Una muerte cruel y absurda que se basa, igualmente, en el tráfico de sueños, que choca con una valla y, en especial, con una brutal represión que acaba causando un pánico. Nos dicen que la policía de Marruecos había desmantelado poco antes los campamentos de emigrantes. Fue una huida hacia delante.

Los dos casos tienen muchísimas diferencias, pero representan la muerte de esos sueños con los que se trafica a lo largo de miles de kilómetros. Muchas veces son viajes de años sufriendo todo tipo de agresiones para llegar finalmente a un punto, a una frontera donde unos logran pasar y otros quedan en ellas. En unos casos es la acción de un criminal que deja morir dentro de un camión a los que ha explotado anteriormente cobrándoles un peaje; en otros es la represión ante un asalto masivo, lo que es un intento cruel de "dejar sitio" a los que llegan nuevos en una infame regulación de los que se pueden contener en el espacio previo al salto. La acumulación de personas intentando dar el salto lleva a estos intentos masivos —propiciados o no— de pasar al otro lado. Unos lo logran, otros quedan en el camino, otros volverán a intentarlo.

Las muertes nos llevan a la solidaridad con el sufrimiento; comprendemos que las circunstancias de las que huyen son durísimas en continentes enteros en los que es difícil desarrollar algo parecido a una vida normal o simplemente el deseo de mejorar. Muchas veces son los propios países de origen los que promocionan la emigración a cualquier trance porque saben que parte de lo que logre ganar es población migrada les llegará a la economía doméstica, que ese dinero que les llega a casa acaba circulando en sus países.

Muchas veces se habla del desarrollo de las zonas de migración para lograr contener los flujos. Finalmente, son las élites corruptas las que se acaban lucrando con la explotación de las personas. Los que huyen de los países no solo lo hacen de la pobreza, sino de las condiciones políticas y económicas que muchas veces hacen imposible desarrollarse al margen de los poderes.

Los migrantes son muchas veces una parte de esa estrategia de repartir por el mundo y de un mayor control interno de los países, que son depurados de personas que pueden ser contestatarias en un momento dado. Antes de acumular un descontento que no puedan reprimir, son incitados a la emigración por ese doble propósito, mandar dinero desde el exterior y evitar un mayor descontento del existente.

Melilla y Ceuta están condenadas por su posición a ser lugar de choque, un riesgo constante de tragedia. La estrategia de Marruecos es presionante. Si nos llevamos "bien", represión brutal; si nos llevamos "mal", abrir las puertas para que pasen. Hemos tenido ocasión reciente de ver ambos estados.

Es una obviedad que las dos ciudades autónomas, enclavadas en el ámbito de Marruecos son y serán una fuente de conflictos variados. La reivindicación marroquí no puede cesar por motivos políticos. Por otra parte, supone un foco de atracción para dar el salto. "Europa" está al otro lado de la valla, no al otro lado del mar, lo que convierte a España en responsable no solo de su frontera, sino de la frontera europea. Pero es obvio, que el conjunto africano no tiene un sentido de las fronteras (en muchos países). Todo lo que confluya en los puntos de salto conocidos sobradamente, por tierra o por mar, serán lugares en los que se puedan producir estas tragedias.

Hace falta, efectivamente, investigar para que no se produzcan desenlaces trágicos, aunque la propia emigración lo es de por sí, una tragedia de desigualdades históricas agravadas por la tentación de la proximidad. Mientras haya países enteros, continentes, en los que nadie encuentre oportunidades, estas tragedias se producirán de una forma u otra. Y es lo que hay que tratar de investigar y evitar a todo trance.

Se puede hacer demagogia hablando de un mundo sin barreras, pero lo cierto es que las hay y tienen su sentido. Lo que no tiene sentido es el crimen de un camionero en Texas o políticas de separar familias, ni crear las condiciones para que se produzcan saltos masivos como el de Melilla que acaben con decenas de muertos unos por asfixia y otros por la brutalidad represiva.

Esas concentraciones en ciertos puntos existen como las terminales del salto, los lugares hacia las que dirigen las migraciones que son doblemente explotadas. Huyen de un infierno para encontrarse con otro, con un proceso bárbaro de selección que hace que muchos se queden por el camino, que los que pueden vuelvan finalmente derrotados.

Es indignante ver tanta muerte al final de esos caminos que han costado lo poco que tenían y que se han tragado sueños y esperanzas.

No sé cómo se puede evitar todo esto, pero solo me queda la rabia y la indignación ante finales como estos, de una enorme crueldad. No podemos acostumbrarnos a ellos, ni pensar que es una consecuencia "normal", un final previsible. Hay que seguir buscando fórmulas que las eviten.