Mostrando entradas con la etiqueta Baleares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Baleares. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de septiembre de 2026

Manifestaciones

 Joaquín Mª Aguirre

Los fines de semana son los momentos que los ciudadanos eligen para manifestarse. Este fin de semana ha sido especialmente conflictivo en cuanto a manifestaciones se refiere. Así nos lo muestran los noticiarios de hoy. Gente y más gente en las calles protestando, reivindicando, exigiendo.

Lo de Ceuta ya excede el fin de semana, pues lo primero que se ha roto es la "normalidad" y esta se basa en el orden del calendario. Ceuta tiene su propia temporalidad tras el asalto de la frontera. Pero hoy se nos han mostrado las manifestaciones que han desembocado en el ataque contra las personas equivocadas. Pensaban que eran unos "pro etarras" y han asaltado el coche con los viajeros que no eran los que creían. Los han llamado "violentos" con razón, pero la violencia es otra cosa que se ha relativizado en Ceuta y que no sabemos hasta dónde puede llegar. Hay mucha presión sobre la ciudad y sus habitantes, más con los rumores de nuevas invasiones masivas, que es una forma de llevarles al extremo. Cualquier cosa es posible.

Otras manifestaciones no llegan a estas tensiones, pero son resultado de crisis propias. Las hay de los que demandan lo que les falta, que suelen tener carácter profesional, como está ocurriendo con la sanidad o la educación. En estas los profesionales de un sector reclaman mejoras para el propio sector o mejoras propias ya sea por el exceso de trabajo o por lo poco que les rinde. Medios y sueldos se reparten en este tipo de manifestaciones, casi siempre apoyadas por los sectores sindicales.


Pero las más llamativas y que conectan con muchos aspectos de la vida nacional son la que llaman anti exceso turístico, nos sobran turistas.

Las más claras en este sentido han sido las manifestaciones contra las ampliaciones de los aeropuertos, como ha sucedido en Palma e Ibiza. Las razones de los preguntados son de amplio espectro. Van de los que protestan por la muerte de las aves del entorno de los aeropuertos, es decir, protestan por el daño a la Naturaleza, a los que directamente lo consideran un paso más en el incremento de turistas.

De aquella película titulada "¡El turismo es un gran invento!" (Pedro Lazaga 1968), con Paco Martínez Soria interpretando a un alcalde que quiere hacer atractivo su pueblo para que vengan los turistas, hasta hoy, han pasado casi sesenta años que nos han dejado huella en muy diferentes sentido.


España vio en el turismo, en los años cincuenta, una salida económica y cultural, la apertura hacia Europa y la llegada de los europeos con su dinero en el bolsillo. Tal como había profetizado "¡Bienvenido, Mr. Marshall!" (L. García-Berlanga 1953), se trataba de construir una "España turística" al gusto del visitante, algo que iba del tópico del "sol español", al "¡Y que viva España!", canción creada en Bélgica para motivar a los turistas de esa nacionalidad y que nosotros convertimos en himno en la voz de Manolo Escobar. ¡Otro caso paradójico en el nacionalismo turístico español!


Hoy la situación es otra muy diferente. No salimos de la trampa del turismo. Las quejas son claras: la llegada de turistas no tiene fin, encarece todo, de los bares y supermercados a la vivienda, haciendo imposible la vida de los residentes. Además crea un tipo de trabajo estacional, sin horarios ni festivos, y al final de la temporada vas a la calle.

Los vecinos de las ciudades o zonas turísticas se manifiestan porque no pueden vivir en sus propias ciudades y los aeropuertos son la vía de entrada. Saben que si los aeropuertos se amplían es porque se piensa en traer más turistas. A esto se añade que los intereses ya no son solo españoles. Somos el punto de destino del turista, pero no de su dinero. Una parte importante de lo que se deja aquí sigue más allá, a otros bolsillos fuera de España. El español siente que pierde vida, que se le presiona para que venda y convertir en "turístico" lo que era su residencia. Aunque la tenga en propiedad, la calidad de vida ha descendido, mientras que el coste ha aumentado.

Hemos visto manifestarse contra eventos ruidosos, contra llamativos espectáculos, como la Fórmula 1 de Madrid o los conciertos de Shakira, cuyo resultado último es elevar los costes de las viviendas, con alquileres disparados.

Cualquier evento, de la visita del Papa al eclipse son tratados como elementos que se publicitan para que determinados tipos de empresas hagan su agosto. España es el país "ideal" para esto. La gente alquila balcones para ver pasar las procesiones, cuya fe está más centrada en pedir por la llegada de turistas que por el amor cristiano y el compartir.

Todo, absolutamente todo se convierte en espectáculo y en punto de atracción turística, lo que supone grandes concentraciones, ruidos, molestias y encarecimientos continuados.

Las autoridades lo venden como que es "bueno" para la población, pero no especifica quiénes son los que se benefician y quienes pagan. La gente, en cambio, lo tiene cada día más claro y por eso sale a la calle y protesta.

No sé si este fin de semana ha sido mucho más protestón que los anteriores o que los próximos. Pero es de prever que seguirá creciendo la tensión alrededor de estos eventos que perjudican la vida de la población.

Como no puede haber dos precios, uno para nacionales y otros para extranjeros, las autoridades crean "tasas" turísticas para obtener un cierto rendimiento a sus inversiones, las realizadas con sus impuestos.

La codicia y la falta de prevención están creando una España alterada. Ya ha habido acciones contra los turistas en determinadas localidades y es previsible que esto crezca en la medida en que ya no es cosa del verano, sino que se amplía a todo el año.

España se está calentando y no precisamente por el sol.



martes, 29 de noviembre de 2022

De banderas y oposiciones

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El incidente balear con la bandera española, el mundial, la clase de catalán, los alumnos y la profesora es un síntoma de lo que ocurre en este extraño país en el que vivimos. La rabia de la profesora es evidente: todos sus intentos de catalanizar las mentes de sus alumnos se venía abajo ante el furor futbolero. ¡Toda una vida dedicada a catalanizar y ahora esto!

Creo que nadie ignora el poder del lenguaje, modelador de la realidad con su sintaxis, con su aparato conceptual que divide y clasifica el mundo, que nos une al grupo que lo comparte y nos distancia del que usa otra lengua. Ningún descubrimiento. Por eso la rabieta de la profesora, formadora del espíritu independiente, se produce como una frustración, como un signo de impotencia, por un lado, y de poder por otro. Lo que Michel Foucault (¡vaya, lo mencionamos dos veces en menos de siete días!) llamó el control de los discursos. Y la primera forma de control donde conviven dos lenguas es imponer una. El incidente con la bandera no es más que la consecuencia de una política y de la resistencia a ella. Es una variante de la "prohibición de lugar", aquí no se pone la bandera española. El aula es el lugar de forjar el orden lingüístico, primera fase del orden político.

Pero el incidente de la bandera española en el aula de "catalán" es solo uno de los muchos que se producen y alguno de los que salen a la luz. Unos pocos días después tenemos otro ejemplo de control. Nos lo muestra el titular de Antena 3 "Polémica en las aulas de la Comunidad Valenciana: el valenciano puntúa más que un doctorado", tras el que se nos cuenta: 

Nace una nueva polémica entre los sanitarios por los baremos para las ofertas de trabajo en la Comunidad Valenciana. No entienden en la comunidad autónoma que saber valenciano -idioma oficial en la comunidad- valga el triple que un doctorado. Dicho baremo para acceder en 2023 otorga 15 puntos al valenciano y 5 al doctorado o un máster.

Los sindicatos han convocado concentraciones. CSIF ha llamado a manifestarse contra esto el próximo día 30 de noviembre. Según detalla acuerdo adoptado por la Conselleria en la Mesa Sectorial del pasado 8 de noviembre, al valenciano se le otorgan hasta 15 puntos (conocimiento oral o A2: 11; Grado elemental o B1: 12; Nivel B2: 13; Grado medio o C1: 14; Grado superior o C2: 15). Mientras, a un máster universitario o doctorado tan sólo se le otorga un máximo de 5 puntos.

Aitana Mas, vicepresidenta del Consell y líder de Compromís, destacó que es "importante que un sanitario sea capaz de entender el valenciano, por lo que se ha mostrado a favor de que el conocimiento de esta lengua puntúe más que una tesis doctoral en el baremo de méritos propuesto por la Conselleria de Sanidad a los sindicatos para la consolidación de plazas".* 

El paso siguiente, claro está, es que el sanitario contratado solo se dirige en valenciano a sus pacientes. ¿Solo enferman los valencianos? Valencia tiene una enorme población turística tanto del resto de España como extranjera. Esto está fuera de dudas, por lo que una parte importante de su trabajo no es en "valenciano", sino en la lengua que toque según el paciente.

Es una forma más de proteccionismo, por un lado, al evitar que accedan a los puestos de trabajo personas que no sean locales; pero es también una forma de promover el sentido político selectivo valencianista. La lengua actúa como filtro y se va modelando todo según la conveniencia.

La diferencia lingüística es marcada como forma de expulsión de los que están al otro lado de la lengua que se atrinchera. Este tipo de políticas lingüísticas son las que han llevado a Rusia a Ucrania, sembrada de "rusófonos" creados por los propios rusos en sus oleadas anteriores. La lengua da identidad y más si es impuesta desde el poder, que va moldeando todas las instancias, de la educación a la sanidad, pasando por todas las administraciones públicas, los servicios, etc. y las empresas, que solo se ven favorecidas si hacen exhibición de su uso del valenciano o el catalán según donde toque.

La rabieta antiespañola en el Colegio La Salle  y los criterios de puntuación en oposiciones son manifestaciones de una práctica constante: el poder de modelado de la educación y el sentido de su control. Detrás de la lengua hay mucho poder y mucho negocio. Los que buscan beneficiarse de eliminar a sus rivales más preparados imponiendo la lengua saben lo que quieren, pero no lo que hacen. Con el valenciano se va a Valencia; con un doctorado se va por todo el mundo.


Hay mucho de hipocresía. En las demás zonas de España no se excluye por ser catalán o valenciano. Lo que crea cierta ley del embudo. Pueden presentarse a plazas o empleos en cualquier lugar porque nadie se lo impide. Entonces la lengua española resulta no ser tan mala. Sin embargo, en las zonas controladas se acaba convirtiendo en una forma de segregación. El victimismo habitual se ha convertido en un juego doble según donde toque.

Ese es precisamente el juego que el poder realiza para controlar sus imperios locales. Las imposiciones de lenguas siempre han sido características imperiales, pues la lengua se consideraba propiedad de reyes y emperadores. Los límites de la lengua eran los del imperio, por lo que se trataba de colonizar lingüísticamente primero para controlar después. Ahora son los políticos locales o autonómicos los que poseen el control de las lenguas.

La reacción enrabietada de la profesora es ilustra bien sus fobias y su sentido del poder. Ella impone y controla a través de la enseñanza de la lengua. El fútbol impone su poder por el otro lado.

El caso valenciano es lo mismo, solo que según una absurda pero poderosa forma de control a través de las oposiciones. Así se aseguran votos en un tiempo en el que cualquier ventaja competitiva es decisiva para obtener un empleo.

Todo esto no es nuevo. Se lleva produciendo mucho tiempo y tiene unos objetivos claros. Basta tirar de hemeroteca para comprobarlo. 

* Estíbaliz González "Polémica en las aulas de la Comunidad Valenciana: el valenciano puntúa más que un doctorado" Antena 3 28/11/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/polemica-aulas-comunidad-valenciana-valenciano-puntua-mas-que-doctorado_202211286384d22f4a5f3000014931d7.html

sábado, 14 de mayo de 2022

La estupidez, los expertos y la consejera

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Debo confesar que la muerte de dos turistas por sendas estupideces me ha dejado bastante perplejo en Baleares. Las muertes han sido, como habrán visto, por caerse desde un séptimo piso haciendo eso que llaman "balconing", una; la otra ha sido por hacer un salto desde un acantilado y no llegar al agua.

Pero me han sorprendido más las entrevistas a dos expertos entrevistados. Uno de ellos hizo una larga disertación sobre cómo el alcohol nos hace sentirnos inmortales y capaces de todo y cómo lo que hace en realidad es reducir nuestras capacidades. El otro experto iba más por la metafísica del asunto, presentando el caso como una confluencia entre deseo y ocasión, es decir, las ganas de tirarse desde un acantilado y le acantilado mismo. La deducción informativa era que las vacaciones fueron responsables siguiendo el razonamiento implícito: si no vas al mar no hay acantilado y sin acantilado no te puedes tirar al mar. Todo muy complejo y elaborado, todo dicho desde la seriedad en respuesta a la inquietante pregunta de por qué la gente hace idioteces que les cuestan la vida.

Es una gran pregunta, desde luego. No creo que haya teóricos de la estupidez humana que hayan acabado de resolverlo. Para evitar este hueco, los humanos hemos inventado conceptos y teorías, tales como el "destino", "fatalidad" o incluso la casualidad selectiva, que está todavía formulándose. La de la estupidez es una teoría que se nos resiste pese a la abundancia histórica de casos.

La tercera intervención televisiva fue la respuesta de las autoridades políticas autonómicas que fue rotunda en sus declaraciones en lengua balear: "¡No queremos turismo de excesos! Hay que transmitirlo hacia fuera para que no vengan", vino a decir con total claridad y firmeza. No sé las repercusiones que tendrá en los países de procedencia.

Pese a la contundencia de la consejera balear, es difícil que se cumpla eso. Hay cosas que no se acaban de ver. Por ejemplo, no me imagino una campaña internacional con vallas, pegatinas, etc. con el lema "Absténgase idiotas" o con "Si calculas mal, no vengas". Tampoco me imagino contestando encuestas en la frontera sobre "si está usted al borde de un acantilado que hace: (1) espero la puesta de sol (2) me hago un selfie (3) me lanzo al agua (4) tengo vértigo y me alejo. Marque lo que proceda".

La etiqueta de la estupidez como "turismo de excesos" me parece poco esclarecedora porque el exceso no está en tirarse sino en beber y montar escándalos. Sin duda, hay muchas probabilidades que el que cayó haciendo balconing llevaba lo suyo encima y era jaleado por otros desde abajo. Tengo mis dudas en que el señor del acantilado fuera un caso similar. El alcohol solo explica una parte.


Que se den dos casos así el mismo día en una misma zona es alarmante para la imagen balear y preocupante para el futuro. Uno que se cae de un séptimo piso no es noticia, pero dos casos el mismo día y en un mismo lugar ya requiere espacio informativo y especulativo. Para el mundo de la información un caso es una anécdota, pero dos ya permiten la especulación y la aparición de expertos. Como hemos visto, los expertos dijeron mucho aunque en realidad no tenían nada que decir. Mejor hubiera sido un físico que hablara de la ley de la gravedad y de sus efectos perniciosos.

La etiqueta "turismo de excesos" no es más que una excusa que ponen la autoridades (a veces los vecinos) para quejarse con la boca chica de lo que luego añoran cuando les falta. Lo cierto es que un país con un bar por cada 170 habitantes, como es nuestro caso, es irónico (por no decir otra cosa) que nos quejemos de algunas de sus consecuencias. A lo mejor pretenden que se pase del alcohol al agua mineral o al descafeinado, algo que merecería otra campaña institucional balear.

Los expertos han hablado del alcohol, de la ocasión que se aprovecha, del "efecto vacaciones", etc. La Consejera también ha sido clara rechazado a las personas que tienden a tirarse al vacío fuera de su casa. ¿Por qué no se tiran en sus propios espacios turísticos?  A veces hablamos de "imprudencias", pero no es más que un eufemismo. 

Un factor clave de la estupidez suele ser la imitación. Cada muerto caído de terraza o acantilado llama la atención, en algún punto lejano o cercano, de alguien que quiere demostrar que es más listo que el que cayó. En alguna parte de su cerebro anida esa idea que le reta en su interior de forma constante. Algunos logran vencerla, pero otros se dejan llevar por el deseo de demostrar que el otro lo hizo mal y que ellos lo harán mejor. Los "premios Darwin" anuales a la estupidez lo consideran una forma natural de cortar los linajes estúpidos. Los prudentes sobreviven.

Si la imitación es clave, el papel de los medios es importante. Pero nadie va a renunciar a fotos y vídeos que nos muestran con todo detalle salto y caída. Los medios viven cada vez más de estas aportaciones sociales de vídeos al pie de la noticia. Pero a más de uno le salta la neurona tonta en el cerebro, "¡eso lo hago yo!".

Una cosa que se aprende con el tiempo y la experiencia es que no hay que dedicarle mucho tiempo a explicar las estupideces. Ninguna teoría sobre ella va a lograr que haya un idiota menos en el mundo. Existen, están entre nosotros, ansiosos por demostrarnos de lo que son capaces.