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domingo, 16 de noviembre de 2025

De "El pisito" al "cohousing"

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El pasado miércoles vimos en nuestro cinefórum la película española "El pisito", estrenada en 1958, dirigida por Marco Ferreri e Isidoro M. Ferri, con guion del gran Rafael Azcona sobre su propia novela. Se trata de una comedia "negra" que nos muestra la situación de una pareja, Rodolfo (José Luis López Vázquez) y Petrita (Mary Carrillo), que no se pueden casar, después de doce años de relaciones, porque no disponen de piso asequible. A él le pagan poco en su trabajo y lo más que le da el sueldo es para vivir en un piso compartido por varios inquilinos realquilados hacinados y a cubierto por el alquiler de una anciana, doña Martina, postrada en la cama en muy mal estado de salud. El dueño del piso está deseando que muera para echarlos a todos a la calle. Esta situación tiene una "solución" que le mencionan por todas partes a Rodolfo: casarse con "la vieja" y cuando muera quedar como titular del alquiler del piso, lo que supone que garantizaría la continuidad de todos. Como viudo continuará en el piso y podrá casarse con Petrita


Las imágenes que vemos del Madrid del año 58 son las de una ciudad vieja y pobre, en la que los edificios son derribados, barrios enteros, para afrontar la nueva década por delante, que intuyen será la de las constructoras: derribar y construir sin freno. La gran especulación ya se estaba creando.

Salvo por la cuestión del "matrimonio", que se ha relativizado con otras formas de convivencia si pasar por el altar, la situación que vivimos hoy no se me iba de la cabeza durante la proyección: hoy lo llamamos de forma eufemística y genérica "el problema de la vivienda", cuando en realidad, entonces como hoy, se enlaza con el problema de la especulación, por un lado, y la mala situación del empleo, su inestabilidad y poca cantidad, por otro. Como ocurría con la pareja del filme, las posibilidades de emanciparse hoy son muy pocas con sueldos bajos y empleos inestables.

La Vanguardia

Pero los problemas ya no son solo de los jóvenes. Leemos cada día en la prensa la situación de octogenarios desahuciados, puestos en la calle por aumento especulativo de los alquileres a cargo de propietarios deseosos de deshacerse de los viejos inquilinos para poder hacerlo.

Las protestas y manifestaciones por el tema de la vivienda son cada vez más frecuentes en nuestras calles. La compra de inmuebles por parte de los llamados "fondos buitre" hace que la presiones vayan aumentando en busca de la obtención de mayores y más rápidos beneficios.

Hoy leo y escucho una pequeña pieza de los informativos Fin de Semana de RTVE.es con el titular "El 'cohousing', una alternativa a la crisis habitacional", cuyo resumen es el siguiente:

El 'cohousing' se está extendiendo por toda España y hay quien ve en esta modalidad una solución al problema de encontrar vivienda.

El término 'cohousing' surge en Dinamarca en los años 60. Se trata de un alojamiento en el que se comparten zonas comunes. Es una forma de alojamiento a medio camino entre la comuna residencial y la vivienda convencional.*

No deja de sorprenderme que a los problemas de siempre les pongamos nombres en inglés. "Cohousing", "Bullying", etc. les da un cierto toque de modernidad y más si han "surgido en Dinamarca", lo que nos convierte en europeos de primera.

La versión española de tener que juntarse para poder vivir la veíamos en toda su crudeza en "El pisito". Hemos vuelto a tener que compartir pisos porque no los podemos pagar individualmente, a hacinarnos, a compartir cocina y baños. La cuestión ya no es como pretendíamos "pisos de inmigrantes", sino nuestra, de todos —de jóvenes cuyos sueldos no llegan y de viejos cuyas pensiones no alcanzan— ante la especulación inmobiliaria que padecemos.

Nuestra división territorial, además, ha creado una forma de corrupción ligada al suelo y a lo que se construye encima. La mayor parte de los escándalos tienen que ver con el suelo y la construcción. Se construye donde no se debe y los políticos miran hacia otro lado; las leyes favorecen a los propietarios y van en detrimento del creciente alquiler por falta de ingresos. Comprar una casa, con los sueldos de hoy y la especulación actual, supone endeudarse para toda la vida, una vida de riesgos económicos con la precariedad de empleos y sueldos. Beneficiarios de todo esto los bancos y las constructoras, los propietarios desaprensivos.

Eso que llaman el "cohousing", tal como se nos presenta en RTVE.es no es un "logro" que nos llega de Dinamarca, sino otro negocio más de quien construye, que buscan la cooperativas de quienes pueden financiar la construcción y la van pagando hasta su muerte. Si no hay dinero en los jóvenes, edifiquemos estos nuevos centros para quienes se los puedan permitir, los que han podido ahorrar en su vida, algo hoy casi imposible. Es la variable del piso de los 50, pero para grupos selectos que invierten sus ahorros en ser copropietarios. Los años cincuenta fueron de pobres; hoy separas a los pobres de los ricos en tu oferta.

Es una forma, nos dicen, de afrontar la llamada, "crisis habitacional", otro eufemismo que busca diluir las responsabilidades políticas de unos estados convertidos en "mercados" especulativos y con unos ciudadanos cuyo derecho se ha reducido al del consumo y de aquello que se pueda permitir.

El "cohousing" se promociona como una hábil oferta para problemas que no se solucionan, ya sean de orden psicológico (la soledad creciente) o de orden especulativo (la compra y derribo de viviendas para hacer nuevas construcciones). Basta con ver las imágenes "promocionales" que se nos ofrecen para saber a quién van dirigidas.

Desgraciadamente, nuestros políticos siguen enzarzados en sus polémicas sin fin y, la mayoría de ellas, sin sentido. La vivienda ha pasado a ser el principal problema de estas generaciones que, como le pasaba a Rodolfo y Petrita, no tenían más que para mal vivir. Que estemos con problemas parecidos a los de los años 50 significa que hemos retrocedido o, si se prefiere, avanzado por caminos equivocados.

"El pisito", en versión 2025, sería en color, tendría otros protagonistas. Rodolfo no tendría "vieja" con quién casarse para hacerse con el piso alquilado. Tendrían que declararse "okupas" y serían desalojados por alguna empresa dedicada a eso. Más allá de esto, el guion tendría pocos cambios. Su mala situación de pensiones para el futuro, sin apenas haber cotizado, tampoco les dejaría la opción del "cohousing", pensada nos dicen en RTVE.es, para combatir "la soledad no deseada", otro tecnicismo eufemístico.

¿Cuándo empezaremos a llamar a las cosas por su nombre (en español) y a afrontar los problemas reales? 

 

* "El 'cohousing', una alternativa a la crisis habitacional" RTVE.es 15/11/2025 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-fin-de-semana/cohousing-alternativa-crisis-habitacional/16817060/

 El pisito (1958)

Dirección: Marco Ferreri y Isidoro M. Ferri

Guión: Rafael Azcona y Marco Ferreri

Intérpretes: Mary Carrillo, José Luis López Vázquez, Concha López Silva, Mª Luisa Ponte, Chus Lampreave...

Duración: 87 minutos

domingo, 20 de abril de 2025

Cine de barrio y sus avisos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En 20minutos, Borja Terán plantea, con el título  "Los subtítulos de contexto machista y sexista de 'Cine de Barrio' y lo que dicen de nosotros", una cuestión polémica que ha aparecido estos días en los medios. La incorporación a las emisiones de películas del programa de "subtítulos explicativos" para, suponemos, evitar que haya "malas interpretaciones", por decirlo así.

El caso plantea un problema, el de la distancia que se va produciendo de forma acelerada en un mundo que se aleja de lo que produce, un mundo que cambia varias veces a lo largo de la vida, algo que notamos precisamente porque nos choca lo viejo a unos mientas que otros no entienden lo nuevo. Antes el mundo duraba varias generaciones; ahora, por contra, apenas dura unos años para cambiar  e incluso volverse beligerante con el pasado.

Cuando alcanzas una edad suficiente para comprender que el mundo que pisas ya no es el tuyo, que no está construido con los mismos cimientos, te metes en tu burbuja temporal, aquella en la que te encuentras más a gusto, e ignoras en lo posible lo nuevo. Muchos, por expresarlo con claridad, viven en un futuro muy distinto del pasado en el que se repliegan.

El problema con Cine de barrio es que procede de un pasado próximo en el tiempo, pero distante en la mentalidad, algo que muchos tratan de combatir y que, en cambio, tiene la bula de poder emitirse en horario de máxima audiencia en fin de semana.

Los motivos que alega Borja Terán van en una sola dirección, la de la autonomía del público, la del rechazo al didactismo exhibido con los subtítulos, pero creo que deja de lado varias cuestiones que pueden ser analizadas. Escribe Terán: 

Al principio, con la sabiduría de José Manuel Parada que puso pasión y alma a un espacio que comprendía los matices de las épocas pasadas sin señalar con el dedo de la superioridad mental que observa el ayer con el ventajismo de los conocimientos de hoy. Ahí nace una moralina que, a menudo, atrinchera la cultura en bandos reduccionistas e incluso anima a naturalizar como avance que se planten rótulos explicativos a las películas antiguas. "Por si el público no lo pilla, como debe". En este sentido, desde hace una semana, en las películas de Cine de Barrio se coloca la siguiente frase cuando la escena no es ejemplar: “Las circunstancias contenidas en esta película se enmarcan en una época determinada y deben ser entendidas en el contexto social de dicha época”. Cierto es. *

Es obvio que el tiempo da y cambia las perspectivas, que el presente (que pronto serán también pasado, criticado por unos y loado por otros) juega con ventaja y siempre lleva las de ganar. Pero no creo que esto sea el problema real, si es que existe. Según esto, por ejemplo, habría que poner carteles en todas las estatuas ecuestres conmemorativas de alguna batalla diciendo que ahora somos "pacifistas".

No, el pasado es por definición distante desde que se abandonó el clasicismo, que nos hablaba de la "edad de oro", de que cualquier tiempo pasado fue mejor etc. No, el siglo XIX fue el "siglo del progreso" y el concepto se incorporó a nuestra episteme, por usar el concepto tal como Foucault quería. Ya no miramos hacia el pasado, sino hacia el futuro. Otra cosa es que ese futuro lo veamos oscuro, pero no es por el avance del tiempo, sino por los destrozos que acumulamos.

Los subtítulos tienen algo más que una vocación didáctica. Tratan de mostrar la distancia, de la misma forma que otros programas creados desde arriba para resaltar lo diferentes que somos, lo modernos y progresistas, y gracias a quien.

El subtítulo muestra una nueva "conciencia" al introducirse en el texto. Esa explícita conciencia es la del hoy frente a la implícita que es la narrativa que organizaba el texto, lo valora y usa mayoritariamente (un viejo recurso político) el humor a través de la sátira.

Pero el humor de la época tenía sus víctimas, especialmente en los 60: los jóvenes y las mujeres. Eran quienes representaban el cambio, los que querían ser distintos, algo que los adultos no perdonaban, pues implicaba cuestionarles generacional y políticamente, algo peligroso para entonces.

La revolución juvenil y de las mujeres planteadas en países democráticos tenían sus formas. Pero España, una vez más, era diferente. Las generaciones se interpretaban sobre el fondo del "régimen", lo viejo y lo nuevo. El cine de la época ofrece un buen muestrario de obras en la que ser joven era estar equivocado o la mujer era decorativa, un objeto para ser visualizado de una determinada forma.

Ahora somos muy conscientes de lo que una gran mayoría visualizaba sin conciencia en sus cines de barrio, los de la época, hasta que se fue haciendo insufrible, como lo que ocurrió con el llamado "destape", que todavía hoy sigue siendo marca de una parte del cine español frente a otras cinematografías.

El cine de barrio de entonces es cada vez más distante, como lo prueba su conversión en Cine de barrio, el programa, un escaparate al pasado al que ahora quieren subtitular. El debate se inscribe —una vez más— en el fenómeno de la polarización española (y ya mucho más amplia). Polarizarlo es convertirlo en "causa" para unos y otros. Su éxito pasará a ser no la calidad de las películas, casi siempre infumables, sino el presentarlas como un "acto de libertad" frente a los que las "reprimen" mediante subtítulos porque les falta el valor de retirarlas por su éxito de audiencia.

La diferencia en los modos de consumo del cine actualmente —es decir, la inexistencia de cines de barrio reales— convierte lo que entonces era un consumo bajo en un programa de éxito, pues a ello contribuye convertirlo en causa —irónicamente— políticas.


Fue la juventud de entonces la que rechazó mayoritariamente aquel cine ya viejo que se ofrecía. Se decantó por los Erice, por los Saura, etc. frente a los Ozores, a los Martínez Soria, etc. Fue la que se abrió a un cine más independiente de la industria a través de las llamadas "salas de arte y ensayo", en las que se podía ver otro cine, más en sintonía con su época. Los propios actores tuvieron que "redimirse" (Alfredo Landa con "El crack" o López Vázquez con "mi querida señorita", por ejemplo) haciendo otro cine; las actrices lo tuvieron más complicado tras el "fenómeno" del destape, que generó las películas "S", frente a las "X", las porno de fuera, o el fenómeno de la "doble versión". No, no es sencillo, reivindicar el cine español de la frontera generacional.

El Confidencial

Cuanto más se debata sobre la cuestión de los subtítulos, se generará más polémica y se atraerá a un nuevo público retrogrado al que se le vende que no le dejan pensar con libertad con los subtítulos. Lo distante que nos podamos sentir respecto a nuestro pasado nos habla en realidad de cómo no reflejaba más que una parte de lo debía mostrar. 

¿Es el propio éxito del programa, su larga duración, lo que ha producido la desconexión? Hoy mostrar esas películas a las nuevas generaciones, las que no vivieron ni la época ni su cine, se muestra complicado, más allá de lo adecuado de los avisos y subtítulos, que pueden ser contraproducentes. Vivimos tiempos raros, en los que los vicios son presentados como virtudes y mucho de lo viejo como nuevo.

Sería interesante tener los datos sobre quién constituye el público de Cine de Barrio; nos daría información sobre qué buscan en él. Creo que es algo esencial para saber cuáles son sus efectos. ¿Se está redirigiendo a cierto público a estas batallas sobre la interpretación del pasado? ¿Cumplen los subtítulos alguna misteriosa función de distanciamiento? ¿A qué viene el empeño de unos y otros?

Mientras el buen cine de muchas épocas sigue olvidado, estamos atrayendo hacia otro cine con intenciones diversas, casi ninguna buena. 

 

* Borja Terán "Los subtítulos de contexto machista y sexista de 'Cine de Barrio' y lo que dicen de nosotros" 20minutos 20/04/2025 https://www.20minutos.es/television/los-subtitulos-contexto-machista-sexista-cine-barrio-que-naturalizan-5702091/

jueves, 23 de mayo de 2024

Burriana año cero

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El concejal de Cultura del pueblo de Burriana ha decidido vetar dos películas para su biblioteca municipal, Barbie y 20.000 especies de abejas, una norteamericana y otra española. De la primera ha dicho despectivamente que es sobre el "género" y de la segunda un curioso argumento, que ha recaudado lo mismo que recibió en subvenciones. El argumento de la española no vale para la norteamericana, que ha sido récord de taquilla donde se ha estrenado.

Ya hemos tratado aquí la avidez de los políticos de Vox por los cargos de los que depende la Cultura. Este interés está ratificado por ejemplos de la Historia pues ellos ven esos cargos desde su vocación de censores natos, una mentalidad entre eclesial preconciliar y neonazi, con toques claros de ambos.

En otras ocasiones han sido libros para bibliotecas los que han sido prohibidos o eliminados, retirados de sus estantes. Los de Vox son los talibanes de nuestra cultura. Tienen una vocación por salvar tu alma a golpes, en su veta preconciliar y de conseguir votos en la otra, la neonazi, otra ideología emergente que acaba de redimir a parte de las SS diciendo que no todos fueron criminales. Por ahí se empieza y se termina con los campos de exterminio, que seguramente serán reivindicados dentro de muy poco como campamentos de vacaciones.

En su afán controlador, piensan que el mundo está lleno de tentaciones y falsedades. Es el mismo espíritu purificador, la misma espada flamígera, que busca eliminar rodo lo que ellos consideran erróneo, "político" o tentador de la carne.

Es curiosa la interpretación que los de ese partido político dan a político, para lo que practican la tan hispánica "ley del embudo". Ya he oído a varias personas usar el término "ideología" aplicado, en su furor, incluso a las películas de Disney. Según ellos, todo es "política", todo es "ideología"... menos lo suyo, que es una verdad eterna, sancionada por la historia y ratificada por diversas apariciones en los momentos adecuados. Los nazis pensaban lo mismo; los talibanes también. Es una mala costumbre que suelen tener los totalitarios: pensar por ti, decidir por ti.

Escuchar en sus propios términos al concejal de Burriana, con ese aplomo soberbio, con esa pasmosa seguridad en sí mismo, de algo de lo que evidentemente ni sabe ni entiende porque ¿para qué se va a molestar? es muy educativo. Tienes ante ti a un clarividente desilustrado que se siente con la fuerza de pensar por los demás o, con más precisión, de evitar que los demás tengan que hacerlo bajo riesgo de equivocarse.

Ante las elecciones europeas está reflejándose en la prensa del continente el temor al ascenso de la ultraderecha, ya instalada en algunos países, lo que debería hacernos reflexionar sobre el fenómeno. Sin duda, una parte de este fenómeno es la extensión de la incultura, de la que son representante por méritos propios. Nuestras instituciones educativas y sociales fallan demasiado con estas políticas restrictivas que se han ido extendiendo por diferentes causas pero con un mismo fin: la desaparición del pensamiento crítico. El fondo de todo esto es el efecto destructivo que se realiza sistemáticamente mediante la sustitución de la idea de "sociedad" por la de "mercado". Si la sociedad necesita de "ciudadanos", el mercado necesita de "consumidores", para lo que se excitan mecanismos que bajan las defensas. Esto es aprovechado, a través de la polarización, para arrastrar a las personas hacia soluciones populistas. En vez de fomentar la tolerancia y la crítica al radicalismo, se produce el efecto contrario: se busca la radicalización simplificando lo complejo y buscando culpables que nos pongan a la defensiva. Entonces censuras, ataques, etc. se ven como maniobras para la defensa frente a los agresores.

Vox es un ejemplo de esta forma de ver el mundo y de actuar. La celebración en Madrid de su internacional ha sido todo un ejemplo de hacia dónde se va y las acciones del concejal de Cultura de Burriana otro de su mundo censor y autoritario.

No es casual la obsesión con la "ideología de género", las restricciones a los derechos de las mujeres o de las personas. La idea central que hay que defender es el "modelo" tradicional de familia, que se ve "atacado" desde la diversidad de la sexualidad y, en especial, de la falta se "sumisión" de la mujer al varón, algo que cuenta con el apoyo de la Historia y de la palabra divina. Las sociedades "sanas", para ellos, son las que se fundamentan en una sociedad jerarquizada en donde cada uno se adecúa socialmente al sexo de nacimiento y en donde se obedece al pater familias, que representa la autoridad del Creador en cada célula familiar. Los talibanes también piensan así. Por el mandato de obediencia de la mujer, esta no debe estudiar, trabajar o salir a la calle sin un "vigilante" encargado de que no siga su naturaleza viciosa en cuanto esté sola.

La vieja idea de "la mujer con la pata quebrada y en casa" nos muestra que el refranero no siempre es sabio, aunque a algunos les quede la nostalgia de la mujer sumisa. De nuevo, la ley del embudo. Lo podemos apreciar en el caso Trump en los tribunales: sus múltiples aventuras extramatrimoniales y sus sustituciones periódicas de esposas con las que aparecer en público y engañar en privado. Trump es otro de los impulsores de esta ultraderecha anti género.

Los de Vox ya no van solo contra la Historia, también lo hacen contra la inteligencia. La insistencia en censurarlo todo en nombre de valores eternos es una manera de intentar controlar las mentes. Que vaya creciendo su presencia en las instituciones es una mala señal, una señal del abandono de lo que debería ser una educación amplia, extensiva, diversa. Debería haber una mayor militancia en la cultura y en su diversidad, en la interculturalidad para comprendernos mejor. Pero tenemos la extraña idea que ofreciendo a la gente lo que le gusta escuchar esta evoluciona. La tendencia a la trivialidad, a diseñar el mundo como "producto", la vida como un "muestrario", etc. nos hacen más incultos y, por ello, más indefensos, más manipulables y controlados.

Antes una "persona leída" era alguien que leía, alguien formado; ahora son las personas las que son "leídas" diariamente a través de sus datos, de sus compras, conversaciones, espiadas por teléfonos y televisores, etc. Todo ello con una sola finalidad: dirigirnos, hacernos votar, comprar o asaltar el Capitolio o un ayuntamiento si es necesario.

En Burriana tenemos otro ejemplo local de que el autoritarismo no está lejos, que tiene todo claro, que decide qué debemos leer o ver. Las excusas del concejal eran pintorescas, van de la recaudación a si la gente tiene reproductor de DVD o no.

La película española es una gran película que no se merece esa "censura" por alguien que no ve más allá de sus ideológicas narices. El señor de Burriana, el concejal, no sabía decir su nombre, añadiéndole "submarinas" a las "abejas". Es puro teatro. Se trata de dar a entender que nadie conocía la película. Si tienen ocasión, véanla, aunque sea para que ese señor lo entienda.

Ahora que el señor concejal ha llegado a la fama por censor, los miembros del partido tienen un nuevo héroe al que tendrán que promocionar por los servicios prestados y ponerle un caballo blanco. 

Ahora veremos qué ocurre en las elecciones europeas, cuántos concejales de Burriana andan sueltos por la Unión. 

domingo, 11 de febrero de 2024

El inútil era él o ¡viva el cine!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En la víspera de la fiesta de la entrega de los premios Goya, un político se ha permitido hablar de inutilidad. A muchos les parecerá un despropósito, una ligereza y sobre todo una demostración de incultura galopante, que es la que caracteriza a esta viejo-nueva ultraderecha populista que considera que el gasto en cine o en otras artes es un despilfarro económico.

El señor JLG —creo que es un gasto energético, un desperdicio escribir su nombre completo—, colado en los mandos autonómicos por eso que llaman aritmética electoral y que se gana su sueldo con sus frecuentes exabruptos que considera propios del que se gana la vida ante cámaras y micrófonos, se ha permitido calificar de desperdicio eso que considera "tirar el dinero", las subvenciones al cine español. Lo ha hecho en un año, además, especialmente bueno para el cine hecho en nuestro país, pero el problema es claramente otro: a JLG no le gusta el cine porque no le gusta lo que dice el cine.

Pedro Almodóvar contestando al señor JLG

Dotado de una sensibilidad capaz de medir terremotos, a JLG el cine le parece un despilfarro. La gente va al cine y escucha y ve cosas que a él no le gustan. El centro de su teoría es que no le interesa a nadie y que el dinero gastado es tirar el dinero de los contribuyentes. Pero se equivoca, claro. Es él el que no va al cine.

Hay cierta obsesión de la ultraderecha española en el monolitismo y en apropiarse del gusto general. Desde su ideología plana, el cine es inútil, lo que les lleva a situarse en una mentalidad casi decimonónica, pre cinematográfica. Quizá si él escribiera los guiones, los dirigiera y los interpretara... sería más aceptable, pero no parece que estén por ofrecerle ningún papel o le acepten guiones. No, a JLG solo queda su propio canal de YouTube y desde allí decirnos su versión del "¿Saben aquell que diu...?" Pero creo que ni por esas.

En un momento crítico de la cultura en todo el mundo, en el que se está produciendo un borrado de memoria cultural (en el sentido más amplio del término), el cine es una herramienta para mostrar y educar, dos facetas, complementarias y necesarias. Pero al señor citado solo le va el adoctrinamiento, que es una forma de negar la educación, de reescribir parcialmente la historia y las ideas acomodándolas a su parcial forma de ver la vida. Al señor citado le sobra la diversidad; él es el centro del universo y decide sobre lo divino (con conocimiento propio) y lo humano (por lo que le han contado en el partido).


El cine es más necesario que nunca y no solo que se siga produciendo, sino usarlo como herramienta de viaje espacial y temporal. Para bien y para mal, el cine es testimonio, tanto explícitamente como implícitamente. Quizá por eso se ha convertido en un testigo incómodo, en algo que nos muestra los excesos y las carencias de cada tiempo. Ya sea en los detalles de las grandes películas como en la mentalidad e intereses de las malas, el cine enseña, de él aprendemos. Y no solo cine... Aprendemos de la vida, de la personal y de la colectiva. Quizá sea eso lo que le molesta, que no le dedicamos suficiente atención a sus mensajes y nos distraemos.

Atacar al cine español, aunque no nos guste o nos guste más o menos, es absurdo o peor: es "político" en el peor sentido de la palabra. El mensaje que ha lanzado tiene ya décadas y no ha servido de mucho. ¿Por qué la ultraderecha populista sigue insistiendo en ese mensaje? Pues quizá no tenga otro, se le agotaron los mensajes no le quedan más. Quizá los analistas contratados les han dicho que los votantes no han pasado de "Raza" y del "Marcelino", del "landismo" (con perdón para Landa) y del "destape" (hoy estamos en el "#seacabó").


Este señor ha tenido la fatalidad de la ocurrencia desfasada, pero también la del momento más inoportuno: varias de las películas que han estado en los Goya han recibido premios internacionales y están como candidatas a varios de los premios Oscar, lo cual ya es bastante. En diversos festivales se han premiado algunos de estos trabajos previamente. Ha sido, como señalamos, un año de películas especialmente premiadas, en lo que deseamos sea una salida del cine español hacia el mundo y hacia el mismo interior que hoy lo niega de forma absurda, posturosa e irresponsable. Hace falta esta nueva generación de directores y especialmente de directoras. El problema no es que haya películas malas; el problema es que no las haya buenas. Y este año las hay.


Si hay alguien que no puede hablar en este país de estar subvencionado es un político. No hay actividad más subvencionada que esa. No nos tire de la lengua.

Si hace unos días hablábamos aquí de la censura de libros en la bibliotecas y de cómo Vox lo ha hecho en los lugares que controla o le dejan controlar, el intento de hacer lo mismo con el cine está a la vista. Habrá que estar vigilantes no sea que a algunos se les ocurra pactar, por un puñado de votos, para empezar a retirar las ayudas al cine.

El lobo enseña la patita. Pues ¡viva el cine!

PD: mi voto virtual para la protagonista de 20.000 clases de abejasSofía Otero, que por tener 10 años no ha podido ser votada. Deseamos que se mantenga en estado de gracia hasta poder ser premiada y ofrecernos días inolvidables ante una pantalla.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Cinco minutos en el infierno o pongamos que hablo de mi generación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Que cada concesión de un premio nacional —que se concede en nombre de todos— se convierta en espectáculo bochornoso debería hacernos reflexionar, algo que dudo que a estas alturas seamos capaces de hacer más allá de algún exabrupto.
La respuesta que pide el cuerpo es ignorarlo o lanzarse contra quienes aprovechan estas ocasiones para mostrar que no le deben nada a nadie, desprecian  a los demás —a los que consideran poco menos que imbéciles—, pero se quedan con el dinero que les dan diciendo que los tiempos están muy achuchados.
Es una pena que nuestra intelectualidad, la que surgió de la época de la transición, no haya sabido superar sus propios traumas y sean los que realizan este ataque resentido disparando a bocajarro cuando les toca un premio que —sota, caballo, rey— les llega porque están en la fila y ya no queda a quién dárselo. Hace bien en dar las gracias a Azcona.


Parece como si fuera un delito agradecer o simplemente recibir. Quizá haya cierto acuerdo entre los líderes generacionales para aprovechar estos momentos y soltar la bilis que les amarga la vida desde hace años; quizá exista algo de obediencia y temor a no comportarse así y que luego los compañeros no te hablen por considerarte vendido al régimen. Quizá es que simplemente son así. Y siempre lo han sido.

Mi generación hizo un mal tránsito histórico, muchos no pasaron de héroes de Malasaña, del barrio o similares en sus ciudades respectivas. Se retrataron bien, cinematográficamente hablando, en aquellas comedias neocostumbristas como "Tigres de Papel" o aquella impresionante opera prima llamada "Opera prima", sobre alguien que se encontraba s su prima en la estación de Ópera. ¡Todo un monumento al ingenio!
Se burlaban de la gente burguesa, que eran todos los que no eran sus amigos, aunque fueran sus padres. Crearon aquel himno burlesco que les definía como "hombres del seiscientos" ("¡adelante, hombre del seiscientos / la carretera nacional es tuya!"), pobres pluriempleados que sacaban a sus familias adelante. Ellos preferían el Dos Caballos en el que se iban por Europa a ver cine y contarlo después a los que se quedaban a este lado de la frontera. Tenían graves problemas con casi todo. Eran básicamente anti y se echaban unas risas flojas en cuanto tenían ocasión. Se rieron del modelo que sacó a España del subdesarrollo, el turístico e industrial, y asumieron que España era la España cañí que se diseñaba para los viajeros que venían a tomar el sol y bailar los pajaritos por las noches. Ellos eran de la Mahavishnu y Pink Floyd, de Brel y Dylan, algo que no estaba mal a no ser por lo que implicaba de desprecio y superioridad.
A diferencia de otros países en los que existen intelectuales incómodos, ellos son la incomodidad con pretensiones de intelectualidad. Lejos de ser la conciencia del país, son su falta de conciencia. Ellos no proponen nada, simplemente niegan.


El Periódico, con motivo de un documental presentado en Valladolid en 2010 sobre esta generación de gente dedicada al cine, a la que llama "generación del Yucatán", en referencia a la cafetería en que se reunían, concluía:

La generación del Yucatán hizo política, pero a su manera. Sin estridencias. «Los únicos dos principios que han guiado mi vida y que lo siguen haciendo son la desobediencia y el placer. Ambos son incompatibles con la militancia en un partido político», afirma con serenidad y contundencia Trueba. El cineasta, que en 1994 recogió un Oscar por Belle époque sin dar las gracias a Dios porque él solo cree en Billy Wilder, deja claro que no existe la industria del cine español. «Ni la hay ni la ha habido nunca. Yo solo creo en los artesanos del cine, en la gente que ama contar historias y que se pelea por ellas». Como todos los que se reunían en la cafetería Yucatán (que, por cierto, ya no existe).*


Desobediencia y placer es una buena definición del "infantilismo". Las palabras de entonces y las dichas ahora son el retrato de una generación, mi generación, mis compañeros de facultad, aunque como dicen la pisaban poco. Eso era para idiotas e integrados. Ellos eran desobedientes y geniales. Buscaban el placer en cualquiera de sus etapas. España era la represión. España ha cambiado; ellos no.
Es la gente que no supo diferenciar a España de su régimen y sigue sin hacerlo. Muchos de aquella generación están hoy en la política y siguen con los mismos complejos de entonces: la identificación de España con algo circunstancial. Se puede atacar a la política de un gobierno, a un ministro, etc. Pero en las palabras dichas en la entrega solo hay resentimiento contra algo que no ha sabido entender.


No creo que nadie se atreviera a decir nada así en Francia (que no habrán entendido sus genialidades sobre su deseo de que nos invadieran y perder la Guerra de la Independencia) o en Alemania, Estados Unidos, Rusia, Egipto... No encuentro un solo país en el que alguien le encontrara sentido a lo dicho. Ha querido ser tan ingenioso que solo se entiende —si es que lo hace— él. Pero es el sino y no les importa. Alguien le dará palmadas en los hombros para decirle que ha estado genial. Y se lo creerá.
Pero no quiero centrarme en él, que ya tiene bastante. Mi generación transmitió junto a otras cosas esa burla del sentido de España de múltiples maneras. No me refiero a ningún sentido esencialista de lo español, a virtudes patrias o algo similar, sino a la simple posibilidad de existencia dentro de un concepto. Fue esa generación a la que le dolía decir "España" y lo sustituyó por aberraciones conceptuales que hoy la costumbre maneja: el "Estado español", los "pueblos de España", etc.


Se puede ser muy crítico con tu propio país, con su historia, con lo que ha hecho u ocurre. Pero también se puede mantener el compromiso con su mejora, con el bienestar de los que viven en él; pero esto es una forma de compromiso que nunca entendieron. Aquí la mejora eran ellos, una especie de lujo que el país no merecía. No sé si nos merecemos esto, pero la carencia de una intelectualidad constructiva, capaz de preocuparse por su propio país y por las personas que viven en él, más allá de reírse de ellas, es preocupante y triste. No asumieron la frase de su dios Billy Wilder: "Nadie es perfecto". Pero la imperfección eran los otros. Ellos sí lo eran.
La generación —una parte de mi generación— no ha sabido superar los viejos traumas del cambio —después de cuarenta años— y ha paseado el resentimiento como seña de identidad de lugar en lugar, de premio en premio. Ha seguido con la costumbre de negar a su país como forma de espectáculo dentro y fuera. No dan más de sí.
No me extraña lo dicho. Lo que me hubiera extrañado es que hubiera dicho lo contrario.




"LA SEMINCI EXHIBE UN DOCUMENTAL SOBRE LOS AÑOS MOZOS DE COLOMO, LADOIRE, RESINES, URIBE... Los locos del café Yucatán" El Periódico 27/10/2010 http://www.elperiodico.com/es/noticias/gente/20101027/los-locos-del-cafe-yucatan/559518.shtml


lunes, 14 de octubre de 2013

Ministro dadá

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé por qué les da a los ministros por hablar de lo que no saben. Yo sé que en España los ministros saben de todo, pero deberían apuntarse a la sabiduría del silencio, a la oriental. En todo caso cerrar los ojos y hacer alguna pequeña vibración con las cuerdas vocales. Nada más.
El ministro Montoro la tiene montada desde hace unos días a cuenta de hablar de lo que no debe. Un ministro de su ramo solo debe hablar de cifras, nada sobre gustos, que es meterse en líos. ¡Una cosa es que Hacienda seamos todos y otra cosa que sepa de todo! ¿A qué viene eso de la "calidad" del cine español? ¿Pero no se ha dado cuenta el ministro que eso es una muletilla de ciertos sectores a los que les caen gordos los del cine, así, en general? ¿Que eso queda bien con la gente de la casa pero no con los de fuera? ¿Por qué se mete en estos líos sin venir a cuento?
Debería aprender del ministro Soria, el de Industria, Turismo y Comercio, que sin saber nada de terremotos, sin embargo, matiza todo lo que puede para evitar que le pillen en un renuncio, como a Montoro. Ha dicho el ministro Soria:

"En el momento actual, las opiniones preliminares de los expertos apuntan a la existencia de una relación temporal entre los seísmos y las inyecciones de prueba del gas colchón por parte de la empresa", ha confirmado el titular de Industria, al mismo tiempo que ha subrayado que los expertos coinciden en que no es procedente extraer el gas colchón inyectado porque "no se sabe cómo podría afectar al equilibrio de la estructura".*


¡Esto sí que es curarse en salud! Aquí nada ocurre, solo "apunta"; no pasan cosas sino que existen "relaciones temporales", como si fuera un ligue de una tarde en el estanque del Retiro. Pero a Soria no se le ha ocurrido decir, por ejemplo, que los "temblores españoles" son de muy mala calidad. ¡Quién sabe si mañana será posible un "turismo de terremotos" bajo el slogan "¡Venga a España y échese a temblar!".

Es cierto que la oposición siempre está metiendo el dedo en el ojo, chinchando a los picajosos y el ministro Montoro lo es. A lo mejor el ministro es un especialista en crítica de cine y tiene ocho millones de razones objetivas y otras tantas subjetivas para convencernos de que el cine español es muy malo y que eso tiene que ver con los ingresos, desconociendo que hoy son las bazofias bien promocionadas las que arrasan, que hoy Fellini o Bergman no se comían una rosca.
Yo, por ejemplo, nunca he logrado ponerme de acuerdo con nadie sobre este tema. Cuando voy al cine a ver una película española, que alguna veo si el tráiler no me echa para atrás, el chico de las palomitas me dice: "A ver qué le parece. ¡A mí me ha gustado!" Y entonces ya sé que no me va a gustar nada porque no hemos coincidido nunca en nada. Otros días me dice, con el gesto así, torcido: "¡Bueeeeno...!" Y entonces sé que me gustará, que al menos hay probabilidades. Porque no hay nada que sea más difícil de poner de acuerdo al personal que el cine español. Creo que es la única pregunta valida y determinante para la elección de pareja. Otras preguntas nos pueden parecer más trascendentales, pero la única que de verdad es definitiva es la pregunta sobre el cine español. Si a usted le gusta y a su media naranja no, ya lo puede ir dejando porque no hay nada que hacer. Empezarán a discutir delante de la taquilla y les acabarán llamando la atención los de atrás, que tendrán las cosas más claras.

No existen la "dos Españas", existen la "Sala 1" y la "Sala 2". España se puede comparar con los multicines, cada sala con su programación. ¿Qué otra cosa es esta España compartimentada? Hay salas con vocación de versión original con subtitulado; a otras, en cambio, les tira más el 3D y van de blockbuster por la vida. Pues en todo este lio se nos mete el ministro Montoro. Antes se le perdona que hable de fútbol que de cine.
Hasta Elijah Wood se ha metido con el ministro actuando como brigadista internacional. Eso le ha permitido al diario El País llevarle a lo más alto de la portada digital de hoy e inspirar uno de los mejores arranques cinéfilos del periodismo español: « Después de todo, va a resultar que lo que buscaba Frodo era una paella, y que, al final del camino, a la comunidad del anillo le esperaba un restaurante con tapas deconstruidas.»** Y es que en la guerra vale todo y si el ministro habló de falta de creatividad, según el mismo diario en un "Últimas noticias", a la derecha, le damos dos raciones, como se suele decir.


Curiosamente nadie le ha acusado del delito de ir contra la "marca España", que también debería promocionar el cine español, algo que se han dedicado a hacer los apologistas de este cine sin abuela que nos ha salido de golpe, gracias a la unanimidad antiministerial. No se había logrado en nuestro país tanto acuerdo desde hace mucho tiempo y si funciona—que diría Woody Allen—, pues bienvenido.


Si los ministros tienen que decir tonterías provocadoras para que los demás nos unamos, que se sacrifiquen por la patria. A lo mejor lo que necesita este país es el enemigo común, que ya nos han explicado los científicos sociales que une mucho. Habrá que buscar ministros provocadores que digan que las mejores playas están en el Caribe, que la pasta italiana es muy superior a la paella o que los vinos franceses no tienen comparación. Supongo que los editores españoles estarán esperando a que Cristobal Montoro diga que la novela española es una porquería o habrá productores que sueñen con que comente que "West Side Story" es muy superior a "Marta tiene un marcapasos", el musical de Hombres G que vi enfrente de la terracita de la Gran Vía en la que me comí el sábado una rica tabla de ahumados acompañada de media ración de calamares y una de croquetas. Doy detalles por si el ministro tiene a bien meterse con cualquiera de estos productos —o con las terracitas— y promocionarlos porque estaba todo buenísimo.
Hay que reconocer que tener un ministro dadaísta tiene sus ventajas. Este fin de semana vi las salas llenas con "Zipi y Zape" y los niños entraban preguntando a sus padres "¿Pero quién es Montoro?".



* "El ministro Soria dice que los expertos apuntan "un riesgo muy limitado" de que haya terremotos relevantes por Castor" Diario Progresista 10/10/2013 http://www.diarioprogresista.es/el-ministro-soria-dice-que-los-expertos-apuntan-un-riesgo-muy-38791.htm
** "“Me asombra cómo este Gobierno se carga el cine español”" El país 13/10/2013 http://cultura.elpais.com/cultura/2013/10/11/actualidad/1381519757_954108.html