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viernes, 25 de septiembre de 2026

Crisis de la Universidad

 Joaquín Mª Aguirre

Se podía haber usado otro término para el titular, como "señala", "indica", "proclama", etc. pero se ha utilizado "defiende" para referirse al discurso del Rey de España en la apertura oficial del curso universitario.

Que haya que "defender" la universidad y su papel es un indicador más de una crisis socio-cultural donde no se busca el crecimiento de la persona —una perspectiva humanística—, sino un utilitarismo que solo percibe la educación como formación práctica para el empleo, que reduce las aspiraciones de la persona al sueldo y su validez en función de la oferta y la demanda.

La oferta es muy pobre. De vez en cuando desde los medios se nos dice que se quedan ofertas sin cubrir, incluso hace unos días se especulaba sobre la "falta de compromiso laboral" de esta nueva generación. No se entra en el análisis el por qué, claro. Cuando busco qué se entiende por compromiso laboral me dicen los teóricos de este campo: "Un empleado comprometido es aquel que está satisfecho con sus condiciones de trabajo y que encuentra sentido a sus tareas. Por lo tanto, está naturalmente más inclinado a permanecer fiel a la empresa e incluso a recomendarla." ¿Están de broma?

Aquí hemos tratado en diversas ocasiones la idea de "sobre educación", aplicada a los que estudian "más de la cuenta", es decir, se empeñan en seguir formándose con la ilusión de tener mejores empleos, aunque se muevan en una misma franja, durante años. Para estos, se considera que se han educado en balde, una pérdida de dinero y tiempo. No se contempla lo que pueda ser una vocación (eso se reserva a los "emprendedores") o el mero deseo de saber.

En este contexto —tras el demoledor Informe PISA— tiene lógica que se use el término "defensa" para referirse a la universidad tras el discurso real de este año: 

El rey Felipe VI ha defendido este jueves la importancia de la universidad en estos tiempos, como un espacio donde aprender a "convivir con la discrepancia" y "a ejercer una ciudadanía libre y responsable". Lo ha dicho durante la inauguración oficial del comienzo del curso en las universidades españolas este jueves en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT).

"Las preguntas de nuestro tiempo son de una complejidad tal que necesitan ingenieros y filósofos, científicos y juristas. Necesitan, en definitiva, universidad: un espacio donde se amplíen las fronteras del saber y donde se aprenda a convivir con la discrepancia y a ejercer una ciudadanía libre y responsable. Porque la universidad no solo forma profesionales. Forma ciudadanos", ha afirmado en su discurso.* 

La proclama de las necesidades sociales, propia del acto, debería asumirse por la propia universidad, algo que no tengo realmente claro. Las fórmulas como la "ampliación del saber" tienen sentido si el "saber" le importa a alguien más allá de los que viven de ello. Y esa es la cuestión: a quién le importa si se desechan las motivaciones personales y sociales, si el mundo se ha vuelto de mera supervivencia.

Son muchos los problemas que acucian a la universidades en todo los ámbitos. Pero es a ella mismo la que se tiene que convencer de su propio papel, sentido que se ha perdido y queda reducido a la retórica habitual o a las buenas intenciones.

Lo que el discurso real pide es que aprendamos a debatir y menos a discutir o pelearnos, como ocurre en nuestros hemiciclos y foros públicos. Frente a la polarización partidista, el debate mesurado, ajustado a razón y con el ánimo de avanzar todos. Sí, está muy bien, pero la universidad española acumula una serie de efectos perversos, absorbidos de la sociedad que nos rodea, algo que lo infecta todo.

La amenaza el burocratismo más abyecto y una serie de juegos internos que hacen que unos prosperen y otros menos. Poco tiene esto que ver con esa universidad que busca la verdad mesuradamente. Supongo (y deseo) que esto varíe según los campos, pero mucho me temo que en mayor o menor medida, se repiten ciertas fórmulas.

Lo más grave es el aislamiento, el cierre sobre sí misma precisamente cuando la sociedad se vacía de cultura a pasos agigantados. Especialmente en los campos de Humanidades y Ciencias Sociales es una necesidad imperiosa la transferencia de conocimiento, el contacto, la divulgación, pero esto ha sido castigado por el propio sistema, poco generoso con la sociedad. La divulgación, por ejemplo, ha sido penalizada, desprestigiada durante mucho tiempo.

El cierre sobre sí misma y el burocratismo ha permitido, además, toda una serie de corruptelas, de favoritismos, al ampliarse al mundo de la edición selectiva y jerarquizada. Son negocios que muchos conocen y que exigen recorrer determinados caminos hacia el reconocimiento oficial. El resultado es una pobreza enorme, la repetición de lo ya sabido, el uso de las mismas fórmulas, actuar con vistas a los posibles ingresos de proyectos, etc.

"Ampliar las fronteras del saber" es una fórmula retórica cuando lo que quieres es controlar esas fronteras porque se obtienen favores, se crean grupos controlados y te permiten tener tus piezas controladas en el tablero.

Hace falta recuperar el sentido de libertad e independencia universitaria —personal e institucional—, algo imposible con los actuales controles que establecen lo que se puede o no hacer, en otras palabras, lo que "puntúa" y "lo que no puntúa", que es el móvil al que se ha llevado a la mayoría, el (mal) ejemplo dado a los que se van incorporando. Pronto se aprende lo que te permite prosperar, la sombras más eficaces para poder arrimarse al árbol. Se desestima el ir por libre (siempre peligroso, mal ejemplo).

Es de agradecer un discurso que reivindica una mejor universidad, pero es necesario enfrentarse a sus problemas no declarados, los que van desde la silla en el aula a sus órganos más elevados. Pero esta universidad nos obliga a sobrevivir, a competir entre nosotros por migajas, a recaudar fondos y a formar parte de grupos que nos garanticen seguridad dentro de una inestabilidad durante muchos años.

La Universidad es esencial para la sociedad, para la cultura y el conocimiento. Pero para ello, ella misma debe creer y practicar esos principios que no siempre se practican. Entre burocracias y luchas de poder, la vida del universitario es compleja y es difícil resistirse a estos condicionamientos.

La pérdida de alumnado, las competencias con las privadas, los intereses políticos entremezclados (dónde no están presentes), la pérdida de iniciativas, los discursos sobre el "exceso" educación como contrario al empleo, el hundimiento cultural ante la trivialidad masiva, etc. son factores de muy diverso tipo pero con su peso en el desarrollo de la Universidad.

Ponernos como "ejemplo" ante el caos, la agresividad y la inoperancia políticas puede parecer positivo, pero hay que verlo en cada término. Me temo que nos han influido más desde fuera que lo que nosotros podamos influirles a ellos.

La Universidad necesita algo más que palabras, mucha reflexión, menos intereses y un compromiso social más intenso. Necesita personas que crean en ella.

 

* "El rey defiende la importancia de la universidad como espacio donde aprender a "convivir con la discrepancia"" RTVE.es 24/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260924/rey-curso-academico-universidades-cartagena/17237928.shtml

sábado, 1 de noviembre de 2025

La ultraderecha en la universidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dentro de las acciones ultraderechistas, la Universidad es uno de sus objetivos. La Universidad es relevante para ellos por varios motivos. El primero de ellos es el que la propia universidad ha olvidado, su relevancia social. La Universidad es importante desde el punto de vista social, cultural, económico y personal formativo. Es el mejor escenario para sembrar, como antes lo era de la ultra izquierda. Ahora, las universidades languidecen y se han convertido en el espacio en el que sembrar sus tres discursos principales: anti igualitarismo, anti feminismo y racismo, además del añadido que los envuelve, el nacionalismo anti europeísta.

No es nuevo. Charlie Kirk, el trumpista asesinado en los Estados Unidos por un tirador con rifle durante un mitin universitario, es el "original" del que ha salido la copia española y supongo que las otras que habrá repartidas por Europa. Su finalidad es doble: la creación desde abajo de un líder juvenil, repuesto para los mayores y capaz de dirigirse en su propia lengua a los jóvenes y la siembra universitaria de votantes y futuros dirigentes. Se trata de ser líderes en cada sector, repartirse por el tejido educativo, social y posteriormente empresarial.

La pérdida de confianza y garra de los partidos tradicionales y de los aburguesados revolucionarios de los "indignados" (se les acabó la "indignación" a muchos en cuanto que tuvieron un sueldo del estado), hace que se lancen a por los jóvenes como generación que es más fácil de captar por su propia debilidad social y si inexperiencia política.

Se trata de convencerles de que ellos pueden ser la solución de algo que se va diluyendo en el desastre y que afecta especialmente a los jóvenes: casa asequible, empleo estable, emancipación.

Ahora nos dicen que el ultraderechista, agitador, de universidades con su tour provocador se da un respiro. En El País leemos:

El ultraderechista Vito Quiles ha anunciado este viernes en su cuenta de X que suspende durante una semana el tour que venía realizando por diferentes universidades del país tras los disturbios que provocó en el campus de la Universidad de Navarra, en la que fueron detenidas dos personas.

“Ayer la izquierda causó escenas de terror que no se pueden repetir. Suspendo el tour una semana para poder coordinar con las autoridades un escenario que garantice la seguridad de la gente y mi derecho constitucional a la libertad de expresión. Yo no quiero violencia, quiero poder hablar en mi país”, ha tuiteado el agitador ultra.

En las últimas semanas, el alicantino está realizando una gira en la que anuncia charlas en diferentes universidades sin contar con permiso para realizarlas, o incluso cuando se las han denegado. Después, aprovecha esos hechos para denunciar censura o limitaciones a su libertad de expresión. ”Lo que han conseguido realmente prohibiéndonos dar charlas sobre libertad y sobre España es que esta gira se haya convertido en un movimiento masivo y patriótico histórico“, señaló tras un acto similar en Granada.

La cancelación afectará a los actos programados dentro de su gira España combativa, que iban a desarrollarse en universidades de Madrid (Complutense y CEU San Pablo), Las Palmas y Tenerife.*

La ultraderecha copia a los agitadores de otras épocas, pero elige su cubo para pescar en los sectores de la sociedad que les pueden resultar favorables. El cara a cara del español es una imitación del norteamericano asesinado, algo que Kirk no puede rentabilizar, pero sus imitadores sí. A nada se le saca tanto partido como a las víctimas convertidas en héroes. A Charlie Kirk lo convirtieron, tal como titulamos una entrada del blog, en "santo súbito". Aquel que se mostraba partidario de las armas señalando que unas cuantas muertes al año no debían ser motivo de limitación, estaba haciendo de las suyas dialécticas con el lema de sus campañas por todos los Estados Unidos.  ¨¡Refútame!" era su lema —una clara provocación— como bien entrenado en las polémicas. 

Nuestras universidades están necesitadas de otras cosas muy diferentes a las propuestas por la ultraderecha. Pero debemos ser conscientes de que hay en marcha un movimiento de infiltración o de ocupación universitaria. Es además asquerosamente machista, pues se centra principalmente en atacar a profesoras en sus clases, levantarse y provocar contra todo lo que entre en ese triple programa señalado, especialmente a todo aquello que les huela a "pecado feminista", a "igualdad" o que intente convencer de que existe la "violencia de género", según ellos "ideología", un invento para frenar el "orden natural" del sistema de dominio masculino, un regalo divino. Y las instituciones y sus responsables no están defendiendo como deben a las que son atacadas. Es un terrible error que no hace otra cosa que amparar y potenciar este tipo de agresiones. Este tipo de comportamiento introduce además el miedo al ver que no se hace mucho para proteger a los que se vean atacados, por un lado, por otro puede convertir la universidad en un ring en el que se enfrente diversos tipos de radicalidad, una forma de competir por el voto universitario en cada facultad o universidad.

No, no son hechos casuales ni insignificantes, sino parte de una campaña milimétrica que busca el poder desde los más diversos rincones. Si no se reacciona adecuadamente, corremos todos el riesgo de tener una universidad impracticable y especialmente impedida para ser lo que debería ser, un centro de pensamiento crítico y libertades. 


* "El ultraderechista Vito Quiles suspende una semana su gira por las universidades tras los disturbios en Pamplona" El País 31/10/2025 https://elpais.com/educacion/2025-10-31/el-ultraderechista-vito-quiles-suspende-una-semana-su-gira-por-las-universidades-tras-los-disturbios-en-pamplona.html

viernes, 17 de octubre de 2025

Sobre la libertad académica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es, dentro de la siempre interesante sección "Una mirada europea", en la que se traducen al español artículos aparecidos en diversos países del entorno comunitario, se ha publicado un texto de gran interés dedicado a un tema delicado, pero que es urgente revisar por lo que afecta al conjunto de nuestra sociedad, aunque no se sea consciente de ello. Me refiero al artículo firmado por Noémie Bonnin (Radio France) y Claire Guédon "La libertad académica de los investigadores, cada vez más amenazada en Francia"*, publicado el día 15 de este mes e incorporado a la sección señalada de RTVE. 

Puede parecer que el problema de la "libertad académica" es un problema que atañe a los "académicos", pero la realidad es muy otra. Lo que está ocurriendo en Francia no es muy diferente de la corriente que, salidas de los Estados Unidos, se expanden por el mundo y tratan de recortar y silenciar las voces que desde el ámbito académico tratan de dejar en evidencia ideas, teorías y programas que no solo van contra la lógica y la historia, sino contra el conocimiento científico, oponiéndole dogmas y eliminado cualquier asomo de crítica, una fuerza esencial para una ciencia que avanza gracias a la libertad de investigación, publicación, etc.. Las fuerzas con estos programas según van llegando al poder se esfuerzan por reducir las libertades de los investigadores, declarando zonas o temas, áreas como tabú, eliminando financiación e instituciones.

Es justo esto lo que ha hecho el trumpismo desde que ha llegado al poder y de lo que se ha ido contando en sus avances. Poner, por ejemplo, a un anti vacunas al frente de las instituciones de la Salud del estado ya es una declaración de guerra contra la ciencias y contra la salud de los norteamericanos. Desgraciadamente el ejemplo ha cundido y es lo que están haciendo los que llegan al poder en distintos países.

En el caso francés que se nos cuenta existen diferentes formas de actuación. Las autoras del artículo explican: 

La libertad académica de los investigadores está cada vez más amenazada en Francia, según un informe titulado "Defender y promover la libertad académica", redactado para France Universités por Stéphanie Balme, Directora del Centre de recherches internationales de Sciences Po, y revelado por franceinfo el miércoles 15 de octubre.

Si bien estas amenazas han sido noticia en Estados Unidos, con recortes en las becas para estudios sobre determinados temas, ahora afectan a Francia, según el autor. Lanzado a principios de 2024, a iniciativa de los representantes de las universidades francesas, el denso estudio se centra en la libertad académica. La libertad académica "es un derecho fundamental reconocido a todo el personal de la enseñanza superior y de la investigación", explica Stéphanie Balme. Esta libertad "les garantiza la libertad de pensar, enseñar, investigar, publicar y debatir, libres de cualquier injerencia, ya sea política-ideológica o económica", explica.

Salvo que, para Stéphanie Balme, basándose en un corpus de reflexiones procedentes de foros, debates y legislaciones recientes, en el espacio de unos pocos meses del año 2025, "la situación de la libertad académica se ha deteriorado claramente, hasta el punto de que es razonable prever un empeoramiento de esta tendencia en los próximos años".* 


Como se señala, la libertad académica implica "pensar, enseñar, investigar, publicar y debatir· sin presiones exteriores, condicionamientos, recortes, etc. No hay "narcisismo" en ello, sino una necesidad vital, algo de lo que posteriormente se beneficia la propia sociedad.

No es solo en Francia, donde no ha llegado la ultraderecha al poder, sino que esta cuestión hace resentirse a la mayor parte de las universidades y sus centros de investigación, incluida España, donde el deterioro de esa libertad es constante en beneficio de una creciente burocracia que controla y asigna fondos, que crea plazas con perfiles ad hoc y elimina otras que no convienen a terceros. Como fórmula general, se ha empujado desde el exterior a los docentes e investigadores en direcciones donde los intereses son oscuros. Quien no se somete a esos intereses, difícilmente podrá evolucionar en sus carreras académicas; por el contrario, los que se someten a los intereses progresan y refuerzan el sistema aumentando las presiones.

En el artículo, al recoger el informe citado, se citan las principales amenazas, las provenientes del sector privado, del mundo empresarial:

El informe señala como principal amenaza el aumento de los "procedimientos de amordazamiento". Por ejemplo, cuando "empresas o grupos privados impugnan el contenido de una investigación académica", impidiendo al investigador en cuestión publicar su trabajo, mediante presiones o actos de intimidación, explica Stéphanie Balme a franceinfo. "El objetivo es silenciar al investigador", explica.

Estas amenazas también pueden dar lugar a recortes en la financiación de la investigación o las becas de doctorado por parte de agentes privados, e incluso de las autoridades locales, con el pretexto de contenidos considerados "sensibles o controvertidos".*


Esto, de nuevo, no es exclusivo de Francia, sino que se ha extendido a todas aquellas partes en las que el sentido del "ahorro" de las inversiones públicas la fue dejando "liberalmente" en manos de grupos privados. Se ha fomentado durante años esa "colaboración" público-privado que puede funcionar mientras no perjudique a los intereses privados. Si los centros de investigación trabajan para el sector privado, que los financia, este tiene la capacidad de "redirigir" las investigaciones hacia aquello que les interesa y alejarlas de aquello que le perjudica. Por decirlo claramente, se pierde la autonomía que debe tener para poder generar una investigación libre en todas sus dimensiones. Aquí "libertad" no quiere decir "hacer lo que se quiera" sino la capacidad de evaluar libremente aquello que tenga un interés social o científico mayor.

En España, las tesis que se hacen en algunos sectores están sujetas a "confidencialidad", es decir, han sido financiadas por empresas que se benefician de la investigación académica y que excluyen la posibilidad de que puedan acceder públicamente a ellas. Se obtiene así el grado de doctor trabajando para una empresa. Si lo que sale de la investigación les interesa, lo usan en exclusiva; si no es así, se envía a la papelera.

Ese "silenciamiento del investigador" que se señala es un procedimiento frecuente y eficaz. Se financian proyectos que interesan a algunos y no se aceptan los que vayan en otro sentido, por más que pudieran tener interés. Lo que está ocurriendo en los Estados Unidos con Trump ya es un hecho en la prensa. Los investigadores están emigrando a Europa para dejar de padecer presiones, silenciamientos y recortes en su trabajo.  Las denuncias de las universidades se han hecho públicas y han sido atacadas por ello en sus subvenciones.

Lo que es queja y denuncia en el sistema francés o en Estados Unidos, es aceptación silenciosa en España, no porque se ignore el problema sino por justo lo contrario, por su control del sistema, cuyas instituciones son muchas veces tomadas por ciertos grupos que avanzan en su poder frente a otros que retroceden. No es justo pensar que los problemas vienen siempre de fuera; muchos son resultado de la propia evolución del sistema, de sus dinámicas internas.

En un sistema precario, con financiación limitada y controlado, no es fácil ser independiente o desear serlo. Algunos prefieren la vida tranquila de la aceptación sumisa, que les garantiza estabilidad y control sobre ciertas zonas.

La independencia universitaria, científica, es necesaria. Lo es para una sociedad que debe evolucionar. En estos años se ha procedido a un doble movimiento: aislar la producción científica y la trivialización de la universidad en paralelo a la propia trivialización social. En el artículo francés se habla de ausencia de pensamiento crítico, algo que cada vez importa menos dentro y fuera de la universidad, pero que es esencial para ella.

La decadencia de la cultura, las restricciones a la Ciencia, etc. son variantes de un mismo deseo de control, de imponer sobre los agentes sociales un silencio y una forma de controlar a través de la ignorancia. Lo que ocurre en Francia se expande a otros países del entorno en donde se repiten intenciones y modelos. Necesitamos una visión del conjunto para comprender su alcance y sus efectos.

Sería ingenuo pensar que la universidad puede vivir aislada de mundo exterior y sus defectos. Pero sería desastroso pensar que la universidad no se resiste al deterioro. En Estados Unidos y en Francia al menos vemos movimientos y denuncias.

 

* Una mirada europea: Noémie Bonnin (Radio France) y Claire Guédon "La libertad académica de los investigadores, cada vez más amenazada en Francia" RTVE.es / Franceinfo 15/10/2025 https://www.rtve.es/noticias/#masnoticias original: https://www.franceinfo.fr/sciences/baisse-de-financements-ingerences-etrangeres-la-liberte-des-chercheurs-de-plus-en-plus-menacee-en-france_7552582.html

viernes, 25 de julio de 2025

Los CV falsificados y las universidades

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En estos días, las universidades han estado en el candelero de dos formas muy diferentes. La primera ha sido por las declaraciones e intenciones señaladas por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, sobre el crecimiento de las universidades privadas señalando la proliferación de "chiringuitos", es decir, que muchas (no especificó cuántas) de las que se han creado últimamente no tienen los niveles de calidad suficientes y por ello sus títulos representan poco. En esta polémica por la relación entre el número y la calidad podemos situar otra polémica en estos días, la que afecta al aumento de Facultades de Medicina ante la "falta de médicos", polémica en este caso con las asociaciones profesionales, en contra de que aumenten las facultades y a favor de que mejoren las condiciones de los profesionales y se creen plazas allí donde no las hay. No se soluciona el problema de la atención médica con nuevas facultades, sino que se agrava por la expedición masiva de títulos, la menor calidad en la formación y la acumulación de aspirantes.

Se podrían añadir algunos otros, como las relaciones "raras" de las universidades con el mundo de la política, tanto por las sospechas sobre los vínculos como por los tratamientos presupuestarios de las públicas con el poder o de las privadas con los partidos. La supresión de un curso sobre "anti fascismo" para la formación del profesorado es un reciente caso de este tipo de intervenciones, a los que se podrían sumar, de otro orden, los conflictos presupuestarios de las universidades madrileñas con la Comunidad, en guerra abierta con el gobierno de Díaz Ayuso.

El País 18/07/2025

Pero la segunda forma de conflicto hace de las universidades instrumento político, sin comerlo ni beberlo, a través del caso de la falsificación de los currícula de los políticos mediante la atribución de estudios de los que carecen.

En el pasado ha habido casos en los que se implicaba a la propia universidad en la falsificación de los títulos obtenidos, pero este último caso que ha devuelto el tema a la palestra está suscitando reacciones poco centradas en lo que es la "formación" de los "políticos", Y entrecomillo ambos términos porque en ellos caben muchos tipos de casos y las exigencias en ellos son muy diferentes.

No hay exigencia política de determinados estudios. No hay, no. Es básico en una democracia que cualquiera pueda ser elegido independientemente de sus estudios realizados.  Cualquier limitación en este sentido supondría un límite democrático.

En RTVE.es desarrollan esta cuestión educativa en la política:

El caso de Noelia Núñez ha puesto de nuevo el foco sobre el historial académico de los políticos. La diputada del Partido Popular dimitió este miércoles de todos sus cargos tras admitir que no finalizó el Grado de Derecho y Ciencias Jurídicas de las Administraciones Públicas que aparecía en su perfil en la página web del Congreso. En VerificaRTVE analizamos algunos casos e investigamos qué documentación tienen que aportar los cargos públicos o políticos sobre su currículum. Generalmente, no se les exige una titulación determinada, aunque sí están obligados a que la información que comunican sea veraz.*

El problema no es que haya falsificado sus títulos con la intención de acceder a su puesto de diputada. El problema real es que ha mentido en un documento que ha presentado y realizado otro documento "jurando" que era cierto lo que decía en su currículum.

Por ejemplo, sí podrán demandarla las universidades por las que dice estar titulada, pero eso no afecta a lo esencial: ha sido elegida democráticamente. Esto también se podría criticar si lo ha usado para conseguir sus votos. Pero ante estas cuestiones solo le queda hacer lo que ha hecho: dimitir y que en su partido le den la vuelta y se presente como un gran logro ético, que es como decir que hay que felicitar a un pirómano por arrepentirse tras iniciar el fuego.

La política no es la administración, donde sí se exigen unas acreditaciones para acceder a determinados puestos. Para eso están las oposiciones en las que sí se exige acreditar y demostrar los conocimientos necesarios para acceder al puesto.

Pero todo esto nos lleva a un problema que, curiosamente, no sale a la luz más que en ocasiones y que es donde reside el problema: las listas cerradas de los partidos.

España fue definida como una "partitocracia", un término acuñado hace muchos años, para referirse a que el poder auténtico no reside tanto en el pueblo ("demo") como en los partidos políticos ("partito"), que son los primeros filtradores.

Son los partidos los que eligen a los que aparecen en las listas en una posición determinada, lo que establece sus opciones de salir elegidos para el Congreso u otras instituciones con la misma fórmula cerrada. Estar más arriba o más abajo en las listas es determinante de las posibilidades.

Los partidos políticos son los que deberían filtrar y verificar los datos que los miembros de su organización dicen poseer. Sin embargo, los méritos que se piden no son los estudios y profesionales, sino la obediencia al líder y a la casta que se ha hecho con el partido. Con esto se fomentan determinados valores, entre ellos la sumisión, por la que se obtiene un premio, la aparición en las listas electorales en una buena posición tras las estrellas, los líderes.

Esto fomenta o impide solucionar ciertos tipos de problemas o conflictos. Cuando salen del partido necesitan vender una imagen de eficacia y muchos, dada su nula experiencia profesional, pues llevan haciendo "carrera política" desde muy jóvenes, se la tienen que inventar para asemejarse al resto de los mortales, los que les votarán. Pero lo único que han hecho ha sido crecer en el partido, ir subiendo a base no de genio sino de sumisión.

No, no se exige titulación, pero —como les han afeado— sí se pide cierto respeto a la verdad y especialmente a los que te votan y representas.

¿Por qué siguen apareciendo casos de falsificaciones de los títulos universitarios básicamente? Sin experiencia (son jóvenes) y sin estudios (no tienen tiempo), estos políticos van dejando pasar los años ante la seguridad de que sus propios compañeros no van a tirar de la manta, lo que se demuestra en la "incapacidad" de verificar los datos que sus candidatos les aportan para que consten en sus páginas oficiales o en las de las instituciones a las que llegan.

En esto, las llamadas "renovaciones" de edad de la política española supusieron la busca de caras jóvenes, gente que ya había crecido en democracia frente a otros modelos más llegados a la política desde años de lucha o de experiencia profesional probada. Profesores, filósofos, abogados, economistas, etc. fueron depurados, borrados en favor de personas que se hacían con el poder, obtenían títulos y decían, en el mejor de los casos, que no se les había exigido ir a clase.

En el fondo prefieren no saber, prefieren mostrarse como "engañados", como "víctimas" que dejar en evidencia y denunciar la falsificación curricular. En España, ante la crisis del empleo y su baja calidad, para las nuevas generaciones falsificar el currículum se considera apenas un fraude, casi es una obligación. En la política no habría que hacerlo porque no se exige, pero está la cuestión de la "imagen", la de presentarse ante un auditorio o ante un parlamento con apenas unas pocas asignaturas aprobadas o ninguna.

Son los partidos, que son quienes presentan a sus candidatos en las listas para ser elegidos, los que deberían garantiza la verdad curricular. Si no tiene estudios, que se diga. Políticamente no tienen porqué tener grados, licenciaturas, másteres o doctorados. A los funcionarios se les puede exigir para adquirir cierto nivel dentro de la administración y la falsificación se considera muy grave. No es así en la política y todos compiten en ingenio para dar cuerpo a lo que no lo tiene o aumentar lo que tienen (es gracioso el uso de la palabra "máster", que significa un "titulo propio" antes del Plan Bolonia frente al sentido de Posgrado posterior).

Ante esta perspectiva, volvamos al principio, la proliferación de "chiringuitos" académicos, puede suponer un peligro "político" si algunos sirven para expedir "relajadamente" las titulaciones que acabarán en el CV. No es una suposición sin base, ya ha ocurrido. Habrá que tener cuidado con que no estalle una "variante educativa" del llamado "caso Montoro".

Para las universidades —especialmente para las afectadas en diversos casos— esto ha supuesto un aumento de la burocracia, un constante papeleo para acumular certificaciones de que todo ha pasado por donde debe, que nadie se ha saltado paso alguno. El caso de la profesora sancionada por poner su firma en un documento de un tribunal que no se celebró asusta a los que se pueden ver solicitados para hacerlo en casos "especiales".

¿Es tan grave, tan descalificador que un diputado o diputada, que un alcalde o alcaldesa, etc. vaya a la Universidad de turno a concluir o ampliar sus estudios? ¿Qué hay de humillante en ello? No creo que a nadie le causara extrañeza el verlos sentados en un pupitre contestando las preguntas de un examen o levantando la mano para resolver una duda que tienen. ¿No sería este un mejor ejemplo que el de la falsificación, no de una, sino de varias titulaciones?

Convertir en heroína a la diputada que ha dimitido de sus cargos tras saberse la falsificación de sus estudios, es un despropósito, pero coherente con el desastre de la política española. Tendría algo de ejemplaridad si desde septiembre empezara a asistir a las clases de las asignaturas que decía tener aprobadas. 

* Javier Menasalvas y Mario Pérez "El currículum de los políticos: ¿qué les exigen para acceder a un cargo?" RTVE.es /VerificaRTVE 24/07/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250724/cv-politicos-exigen-acceder-cargo-publico-partidos/16676572.shtml

martes, 3 de junio de 2025

Otra universidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En estos días se habla mucho de la universidad, aunque hay que explicar inmediatamente que se repite con ligereas variantes lo que toca decir cada año de la selectividad, una serie de tópicos sobre el examen, las salidas de las carreras que se estudian, el ranking de las universidades y poco más.

Nada se habla en cambio de la profunda crisis en la que se encuentra y de la pobre percepción que una sociedad cada vez más trivializada, de empleos más devaluados y, sobre todo, con una mínima valoración de lo que es la cultura y su encarnación en la persona.

Basta darse un paseo diario por lo que los medios nos ofrecen, el tipo de discurso circular y promocional, para entender esa trivialidad galopante y el tipo de persona que fabrica y necesita para mantener el sistema.

La universidad (a la que alguien llamó hace tiempo "fábrica de parados") se ha visto sometida a unos procesos de degradación en los que los mismos que acuden a ella lo hacen sin saber qué hacen, sin una finalidad precisa más allá de lo estrictamente laboral, un campo que se ve frustrado por la baja calidad de la oferta de empleo, lo que ha llevado a una perversión más: todo aquello que no vale para el empleo sobra. Las carreras quedan reducidas así al aprendizaje de lo técnico, siendo lo demás percibido como sobrante, incluso molesto. Se ha perdido una comprensión más amplia de lo que significa ser universitario, una palabra que durante un tiempo significó algo más que la mera profesión.

Me contaban hace unos días las burlas en su trabajo hacia una persona por el hecho de estar haciendo un doctorado. Lo que hasta no hace mucho habría supuesto respeto y hasta ánimo y apoyo, se había convertido en desprecio y burla. ¿Para qué te sirve "eso"?

No podemos considerar este problema valorativo como general y, más bien al contrario; un fenómeno que tiene ya rasgos específicos españoles. Forma parte del resultado de un deterioro cultural que se ha ido ampliando, dejando campo libre al mercantilismo y al desprecio hacia todo lo que no sea rentable.

Al conflicto que tenemos en los medios entre universidades públicas y privadas, se superpone otro más claro entre pragmatismo y cultura, en el cual esta última lleva las de perder. Carecemos de modelos intelectuales (palabra que hay que evitar) y de focos de interés culturales. Es más, la misma "industria cultural" se ha dividido en dos: la que resiste y trata de ser independiente manteniendo cierta luz cultural y la industria que ha copiado los modos de las empresas en su forma de competir fabricando lo que el público demanda y contribuyendo al embrutecimiento general. Se trata de hacer dinero y poco más.

Que la universidad debiera ser un centro de cultura, de formación de un tipo de personas preocupadas por la cultura y su extensión más allá de los límites actuales, debería ser evidente. Pero desgraciadamente no es así.

Las falsificaciones de títulos universitarios por parte de algunos políticos para engrosar el pobre currículo personal que cuelgan en sus páginas web son un ejemplo de ese cambio en el sentido del estudio y la formación.

Las universidades, más allá de sus estudios en cada Facultad, aportaban un clima, un entorno cultural que se iba absorbiendo durante la estancia. Muchas veces, este clima era tan importante como los propios estudios, pues aportaba algo que hoy es casi inexistente: el deseo de saber más, de aprender nuevas cosas, de descubrir nuevos campos y fronteras. Hoy esto ha desaparecido prácticamente y hasta llegar a producir rechazo.

Todavía queda alumnado con ganas de ser sorprendido; todavía quedan docentes con ganas de compartir en actos que quedan fuera de la valoración de las agencias, con ganas de disfrutar enseñando, recomendando lecturas, creando seminarios, etc. Pero no son muchos y son muchas veces sus compañeros quienes les recomiendan no perder tiempo ni energía en estas cosas.

martes, 10 de septiembre de 2024

José Saramago y la crisis educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Recupero para el camino de vuelta a casa un texto de las estanterías de mi despacho en la Facultad. Es una edición de una conferencia —aunque el autor se niega a darle ese estatus— dada en 2005 en el Foro de la UCM, titulada "Democracia y Universidad". El autor es el premio Nobel portugués, José Saramago, quien presume en la misma de no haber pasado por la Universidad, pero ser llamado por ellas como premiado escritor.

En la primera parte de la "charla" nos habla del destino cambiante de las palabras en el tiempo, de cómo una veces significan algo y después cambian su sentido. Nos habla también de errores de las palabras, como el uso que se le da a "educación", cuando es algo distinto a lo que se debería usar, "instrucción", que es lo que las instituciones y los profesionales deben hacer, instruir. "Educar", en cambio, ni es su papel ni pueden hacerlo por más que lo intenten.

Enlazo lo dicho por Saramago con un tema habitual en nuestras comidas universitarias, un espacio parea casi todo, incluido lo que nos encontramos cada año en las aulas. Hoy ha sido un día especialmente de debate en este sentido.

En la lectura de Saramago, me quedo con una gran verdad que nos lleva a lo dicho en su conferencia y en nuestra sobremesa:

No hay solución para la universidad, para sus problemas, si no se encuentra solución antes a los problemas de la enseñanza primaria y media; todo es un bloque homogéneo y coherente, tanto en lo bueno como en lo malo. A la universidad tendrían que llegar alumnos instruidos y educados. ¿Cómo hacerlo? Habrá que encontrar las fórmulas. Lo contrario es no respetarse, jugar con malas cartas una partida que no puede acabar bien. Y recordemos que la mesa de juego es la sociedad. (35-36)  

Lo que plantea Saramago es cierto, no por ello sencillo de resolver. El problema con que nos encontramos los universitarios es precisamente la dependencia que encontramos para nuestro trabajo de "instrucción", de la doble transmisión del conocimiento y una cierta actitud, un cierto espíritu crítico, cuando precisamente nos encontramos con fuerzas que van en la dirección contraria.

No se trata en absoluto de liberar de su responsabilidad a la Universidad; la tiene... y mucha. 

La crisis, por decirlo así, es del sistema y abarca desde sus primeros escalones hasta los últimos. Desgraciadamente no hace falta  un exceso de sentido crítico para percibirlo. En estos años, profesores jóvenes han vuelto al borde de la desesperación del aula al darse cuenta de la distancia existente entre ellos y los que están sentados en sus aulas.

Lo que se reduce es la idea de ambición, de deseo de aprender, de ir más allá, que debería estar presente en un porcentaje suficiente entre el alumnado. Sin embargo, esto no ocurre. Hay como una especie de anestesia general, la muerte del deseo de saber, la idea de que el "saber" solo es "conocimiento", algo que existe fuera de nosotros y a lo que se puede acceder en cualquier momento.

La idea de que el conocimiento es algo exterior y almacenable fuera ataca la principal función de la educación y de la instrucción: la transformación de la persona. Hay una extraña distancia que hace creer que el individuo viaja en el tiempo accediendo a los conocimientos que necesita y deshaciéndose de ellos cuando no le hacen falta. Es un efecto del llamado presentismo, que es uno de los males actuales.

La cuestión es ya muy seria y debe comenzar, como bien señalaba Saramago, desde el inicio mismo de los procesos de instrucción y educación, por respetar la distinción hecha por el escritor, que señala:

La universidad es el último tramo formativo en el que el estudiante se puede convertir, con plena conciencia, en ciudadano; es el lugar de debate donde, por definición, el espíritu crítico tiene que florecer: un lugar de confrontación, no una isla donde el alumno desembarca para salir con un diploma. (36) 

Comparto la idea de Saramago: la Universidad no solo instruye, sino que debe formar "ciudadanos", una categoría que le sirve para afrontar la idea de democracia, el segundo concepto de la conferencia,

Han pasado casi veinte años. La gravedad ha ido en aumento y, lo que es peor, nos hemos ido acostumbrado a esta degradación cultural y cívica. Las ideas suplementarias de la IA y de los archivos de las redes no hacen sino agudizar esa idea. De las aulas salen "empleados" eficientes y menos "ciudadanos", críticos tal como señala Saramago. Cada vez esos empleados son menos necesarios ante los procesos de automatización. Queda frustración, ira y un desconcierto crecientes.

Hay mucho por hacer.


— Saramago, José (2005) Democracia y Universidad. Foro Complutense, Universidad Complutense de Madrid, 76 pp.

sábado, 9 de septiembre de 2023

El chat denigrante

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer recogíamos aquí el informe del Fiscal General del Estado sobre el preocupante aumento de agresiones y delitos sexuales entre la juventud y el descenso de la edad en que estos se producen. Machismo infantil y juvenil en un patriarcado de menores que muestra que los males se transmiten ante la inoperancia cuando no la indiferencia de esos adultos que creen  que los niños siguen prefiriendo Bambi antes que Insidius.

Esta vez, pasadas pocas horas, nos llegan una noticia a través del diario El Mundo con el titular "La Universidad de la Rioja abre un expediente informativo por los mensajes machistas en un grupo de whatsapp", dando entrada al texto que adjuntamos y a un vídeo en el que se nos dan los ejemplos del chat y algunos comentarios de alumnos. El texto de la noticia es el siguiente: 

La Universidad de La Rioja abrió ayer un expediente informativo después de que se hicieran públicos por la Cadena SER los mensajes de un grupo privado de Whatsapp de estudiantes de primero y segundo del grado de Educación Primaria de la Universidad de La Rioja. En él se podían leer expresiones como «muy putas», «buenorras» o «quesito de cabra», en referencia a las nuevas alumnas de la universidad, y también circulaban fotos de éstas obtenidas a través de sus perfiles en las redes sociales. El rector, Juan Carlos Ayala, calificó estos mensajes como «repugnantes» e «impropios de jóvenes y de los valores que deben promoverse en nuestra sociedad» y enfatizó el compromiso de la universidad contra «la aparente normalización social de este tipo de expresiones denigrantes».*

 

Pero lo que no he visto resaltado es lo más grave: es un chat de alumnos de Magisterio, es decir, son los futuros educadores de los que vayan llegando. Esto no hace sino confirma parte de lo que decíamos ayer. Es algo más que el acceso a la pornografía; es una forma de interacción social en el que la iniciativa individual malsana acaba teniendo más fuerza que la institucional positiva, que se diluye ante la fuerza del grupo. La ampliación de la información ha restado fuerza a las acciones positivas y deja a las negativas campo de acción suficiente, el placer de la transgresión, el sentimiento de poder que da el estar contra lo instituido, contra lo "correcto". Todos estos sentimientos se canalizan hacia acciones que antes eran individuales y de riesgo. Ahora saben que este tipo de actos compartidos les dan sentido de impunidad, de poder. No hemos comprendido todavía el poder del teléfono, la nueva tribuna social; no entendemos el poder psicológico de sentirse dominador, el macho que ve entrar "carne fresca" y la clasifica como el que lo hace con ganado. Es una violación mental, una compra imaginaria.

Usar hoy la palabra "valores" es casi vergonzante. Hemos entendido, como siempre, que nuestras libertades no incluyen el respeto a los otros. Eso es lo primero que nos enseñan los políticos con sus malas maneras y sus insultos permanentes unos a otros. Es lo que vemos en ese machismo que se disfraza de "tradicionalismo" para defender una supuesta familia duradera, "natural" u "orden divina", basada en la posesión, en los roles fijos y en el mando unificado. Es lo que hay tras la negación de la "violencia de género" (¿qué otra cosa han hecho en ese chat de cretinos?).

La violencia de género no es espontánea; es el resultado, el efecto de una serie de causas que siguen ahí y, lo que es peor, creciendo. Pero nos negamos a reconocerlas. Pese a lo que algunos piensan, son derivaciones específicas de otros males presentes. Hay una violencia flotante que se canaliza hacia distintas formas, de la política al machismo, del deporte a la delincuencia.

Es el síntoma de una sociedad llena de carencias, falta de esos valores que nadie echa en falta, que se pueden concentrar en uno: el "respeto al otro". Del respeto parten muchos valores como el de la igualdad, la defensa del más débil que nos lleva a reparar injusticias y compensar desigualdades. Pero esta sociedad se ha quedado solo con un valor, el del egocentrismo. Cada uno construye un mundo a su alrededor, un mundo del que es soberano, legislador, administrador. Como esta fantasía no la puede hacer solo, busca en ocasiones el amparo grupal. Allí aparecen el mismo tipo de frustrados que se reúnen a reforzarse los unos a los otros.

Hace mucho que la Universidad no insiste en valores, muchos de los cuales ella misma ha perdido. La Universidad de la Rioja no ha actuado porque viera esos comportamientos, sino porque un medio de comunicación, la Cadena Ser, los ha sacado a la luz. No dudo de su buena fe al abrir ese expediente, pero me gustaría ver hasta dónde llega. Me gustaría que no se convirtiera en una inutilidad más que sirva a los estudiantes implicados en motivo de juerga, en sentirse muy ufanos.

Que los futuros educadores de los niños sean de esta calaña es preocupante. Pero Magisterio ha sido precisamente el lugar donde acababan muchos que pensaban que la Educación era lo menos exigente. Terrible error que estamos pagando desde hace mucho tiempo. Otros países valoran mucho a los futuros educadores por lo que procuran poner a los estudiantes más capaces en los puestos de enseñanza. Aquí solo valoramos las carreras en las que te puede hacer rico. En Magisterio, desde luego no. Hay muchos que van a la enseñanza con verdadera vocación docente; pero hay otros con otros planteamientos y miras.

No es el único año en que esto ocurre al comienzo de curso. La misma o parecida situación se repite en Facultades o Colegios Mayores. Parece que lo que ocurre en unos no sirve de ejemplo para otros. Esta especie de ritual bárbaro de recepción de las chicas nos hace ver que queda mucho por hacer, pero so sé hasta qué punto somos conscientes.

El fenómeno al que estamos asistiendo es al del descenso de la perversidad (cada vez más jóvenes hacen peores cosas) y al ascenso de la inmadurez (cada vez personas de más edad hace cosas infantiles o se comportan como niños). Esto es la muestra de un serio problema social. Hay una franja de impunidad a la que algunos quieres ascender y de la que otros no quieren salir.

Uno de los entrevistados señala que "no pensaba que esto pudiera ocurrir a estas edades". Es precisamente la ocurrencia de lo impensable, lo que le da sentido en este mundo en el que muchos luchan por salir del anonimato y destacar ante los otros de cualquier manera. Es el que adelanta donde no debe, lo graba y lo sube a las redes. Hace falta que los demás vean tu heroísmo de patán para sentir que estás vivo.

En estos días en que se celebra la llegada de los alumnos y alumnas con discursos de bienvenida, sería bueno que se dejaran claras ciertas cosas. 


* "La Universidad de la Rioja abre un expediente informativo por los mensajes machistas en un grupo de whatsapp" El Mundo https://videos.elmundo.es/index.php/v/0_w2mmlenu-la-universidad-de-la-rioja-abre-un-expediente-informativo-por-los-mensajes-machistas-en-un-grupo-de-whatsapp?

sábado, 8 de julio de 2023

Salud mental universitaria, un problema creciente

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El titular es claro: "Uno de cada cinco universitarios ha tenido ideas suicidas y, casi la mitad, síntomas depresión o ansiedad". La forma de etiquetar —"universitarios"—  nos distancia del problema, de la misma manera que cuando se centra en los "niños" o "jóvenes" o cualquier otra etiqueta que queramos crear. Dicho así, parece distante, pero es la realidad que tenemos en casa o en las aulas. No es más que una forma que tiene esta cultura técnica de fragmentar los problemas y redefinirlos.

Hace tiempo que estamos tratando aquí la cuestión de la "salud mental". Los datos, en diferentes sectores, siempre nos sitúan como observadores, no como partícipes de esta realidad cotidiana. Son titulares que hay que combinar con otros: los que nos hablan del desinterés creciente por la información, especialmente por la información "negativa", la que nos estresa, lo que nos angustia.

El artículo da cuenta de la aparición del enésimo estudio que nos advierte de lo que ocurre sin que hagamos demasiado caso. El estudio lleva por título "La salud mental en el estudiantado de las universidades españolas" y ha sido realizado entre noviembre y diciembre de 2022 -con 59.605 respuestas- y de abril a mayo de 2023 (24.148 respuestas), según se nos informa en el texto.

Allí se sintetizan los resultados:

En relación con la salud mental, explica la investigación, uno de cada dos estudiantes universitarios que contestaron la encuesta presentaba síntomas depresivos y de ansiedad moderada o grave en las últimas dos semanas.

En las dos fases del estudio, las mujeres presentaron de forma significativa un mayor porcentaje de síntomas depresivos, ansiedad e insomnio clínico o grave y un porcentaje menor de consumo de riesgo de alcohol, comparadas con sus compañeros varones.

Según el trabajo de investigación de Universidades en colaboración con el Ministerio de Sanidad, la prevalencia de síntomas depresivos es de aproximadamente uno de cada dos estudiantes (49,4% y 46,9%) que completaron la encuesta y los pensamientos suicidas se sitúa en uno de cada cinco (22,5% y 21,4%).

El insomnio clínico o grave afecta a uno de cada cinco; la ansiedad moderada o grave a uno de cada dos y la prevalencia de consumo de riesgo de alcohol es de uno de cada siete estudiantes (13,7% y 12,7%) que respondieron a la encuesta, realizada por el Centro de Investigación Biomédica en Red-Salud Mental (CIBERSAM).

En cuanto a los antecedentes de salud mental, destaca que el 17% de los jóvenes declaró que algún profesional médico le había prescrito tranquilizantes, ansiolíticos, antidepresivos o hipnóticos.* 

Aquí estamos tocando periódicamente los resultados de estos análisis sobre la salud en el ámbito universitario, en el escolar y de forma general. La cuestión no es trivial y mucho menos para bromas, como lo que ocurrió en el Congreso de los Diputados.

El sistema universitario se está convirtiendo en un generador de estrés, de angustia específica. Lo que debería ser un ambiente proclive al intercambio de experiencia, al aprendizaje, etc. se ha convertido en un sistema burocrático, rígido y que se maneja por criterios poco favorecedores del conocimiento o del aprendizaje. Esto afecta por igual al profesorado que se ve sometido a una carga de estrés sin límite por una seria confusión sobre lo que es la eficiencia, que ha renunciado a cualquier tipo de crítica a lo que no afecte a su currículum académico y a sus méritos. Y es este ambiente el que se ha trasladado a las aulas y los alumnos reproducen.

Los viejos planes de cinco años se redujeron y concentraron; los cursos anuales se dividieron, reduciendo la extensión de las asignaturas y aumentando el estrés por la cantidad de información sin asimilar que se iba amontonando. Todo esto no ha sido gratuito; tiene un fundamento y un fin. Se nos ha vendido una forma de hacer la universidad muy poco centrada en el aprendizaje real, en la formación de las personas y se le han dado todas las bendiciones desde las distintas esferas políticas, educativas y administrativas.

La pérdida del valor del aprendizaje es notoria. Frente a esta "nueva eficacia" tecnocrática hay poco que hacer. Se ha convertido en un flujo turbulento que nos arrastra y al que se sobrevive de mala manera. Todo esto es políticamente incorrecto. El profesor, como el burro, debe mirar al frente y no apartar la vista de su zanahoria curricular, cada vez más estrecha.

El negocio del "currículum" hace que se compren y vendan revistas, que se privaticen, aprovechando la necesidad del profesorado de publicar en determinadas publicaciones. Hoy sale muy cara la promoción. Dinero y tiempo es lo que se pide, sin olvidar las buenas relaciones, que dan acceso a los méritos.


Todo este estrés se traslada al alumno. Se hace por la propia angustia que muchos viven, pero también por el fomento de sistemas de evaluación que generen poco trabajo, que se ha dedicado a la creciente burocracia, que consume una parte importante de su tiempo. Debe satisfacerse a la creciente burocracia que exige una y otra vez requisitos que deben ser una y otra vez evaluados conforme a criterios indirectos y muchas veces absurdos, pero ¿quién lo dice?

En un reciente libro del profesor alemán Rainer Mausfeld (2022),  se incluye una entrevista que le realizaron sobre su ascenso inesperado al publicar una conferencia que dio en el clavo, teniendo una enorme respuesta. Cuando se refiere a lo que la "reforma de Bolonia", la que ahora vivimos, Mausfeld explica: 

[...] A raíz de la "revolución desde arriba" neoliberal, todo el sistema educativo también fue sometido a categorías económicas. La tarea de la universidad es ahora la producción de "capital humano" conforme al mercado. En este sentido, la tarea de los estudiantes consiste en optimizar su "competencia de utilización externa" para poder ser utilizados de forma flexible en el mercado laboral. La interiorización de dicha actitud y la sumisión a la misma se denominan entonces "autorrealización". Semejante perversión de la idea de desarrollar las propias inclinaciones y capacidades conduce de manera inevitable a la fragmentación intelectual y psicológica de los alumnos y también a grandes temores sobre el futuro. Por razones obvias, ambos perjudican la posibilidad y la voluntad de cuestionar las cosas y conducen a la despolitización, incluso al letargo político. (113). **

 

Los problemas de salud mental no son casuales, ni una moda. Las risas en el Congreso cuando se planteó dan la razón sobre la indiferencia del "establishment" (el término que utiliza Mausfeld). Lo consideran un "signo de debilidad".

Es necesario cambiar el sistema educativo por diferentes motivos. El primero y más evidente es que no funciona. No se centra en las personas, sino en la "fuerza de trabajo". Nos hemos acostumbrado a escuchar eso de que hay que formar para atender las necesidades de las empresas, cuando la única necesidad de la empresa es ganar dinero. Las personas solo son el medio para conseguirlo. Recordemos algunos post anteriores sobre la necesidad de "camareros" y la amenaza de "importarlos". Los mejores profesionales se nos van lejos, allí donde se valora su trabajo y se les paga justamente por ello.

La universidad no es un centro de valores, sino un centro de formación ajustado a esas necesidades. Hay que dar lo justo para cubrir esas necesidades. Se ha desmontado al profesorado, cuya única preocupación ha pasado a ser los obstáculos a su promoción. Este es el verdadero sentido auto reflexivo del trabajo. Hay otro aspecto importante: son la forma de captación de recursos y capital para las propias universidades. La finalidad de los proyectos no suele otra. A poca gente le importa qué ocurre con ellos cuando finalizan. Se trata de tener uno en marcha, da igual para qué sirva. Son ingresos.

Congresos y publicaciones se han convertido en una competencia por atraer dinero hacia nuevas empresas creadas para este fin. Quién esté detrás de ellas suele ser difícil (o muy fácil) de determinar. El profesorado necesita algo más que trabajo para construir su currículum, que le será valorado periódicamente por agencias creadas al respecto.

Todo esto es tensión... y dinero. Tiene razón Mausfeld. Es un modelo económico que le sale muy caro a muchos.

Pero la parte más importante es el alumnado, que es quien paga en un sentido mucho más allá del económico. Toda la tensión que se lanza sobre el profesorado acaba recayendo también sobre el alumnado, víctima de todas estas técnicas salidas de esos centros de diseño pedagógico tan eficientes. La presión sobre su futuro le dirige a esas carreras con las que se les presiona y se condena a muchos a vivir no una vida de vocación, sino de frustración. 

Estudios y artículos como este muestran los intereses reales detrás de empresas y medios que les secundan. ¿Para qué estudiar Arqueología? El banco te dirige sabiamente hacia tu futuro.

El resultado es una deficiente formación en sentido profundo, pero una enorme creación de tensión, agravada por calendarios imposibles que buscan reducir los huecos en "blanco". El traslado de lo que era el mes de septiembre y su función a los meses de junio-julio es un acumulador de estrés que no solo no redunda en una mejor enseñanza, sino que dispara el estrés por la falta de tiempo debida a la concentración.

No es de extrañar que haya aumentado el fraude (y los negocios fraudulentos), con la compra venta de todo tipo de documentos, ahora agravado por el uso de los chatbots, de inteligencia artificial, que acabarán haciendo lo que los propios alumnos no pueden o no quieren hacer. De todo ello dio cuenta hace unos días el diario ABC, mostrando el enorme negocio que se ha montado con la realización de TFG, TFM, tesis y hasta guiones de cine. Es el golpe de gracia de la codicia a un sistema que, en vez de mejorarse se ha tratado de hacer negocio con sus carencias y problemas. ¿Pero qué otra cosa se podía esperar?

Hay que recuperar la Universidad; tiene que dejar de ser un lugar de depresiones y presiones. El sistema agobia y estresa a todos. Los niveles educativos y humanos que produce no son precisamente los más satisfactorios. Muchas de estas cosas están en manos del profesorado, en su forma de construir el espacio de convivencia y crecimiento que es un aula. Pero no todos están dispuestos a hacerlo. Dedicar más tiempo a enseñar, a convivir, etc. va en contra de este sistema de producción absolutamente implacable. La palabrería institucional no logra esconder lo que nos dicen los estudios y la realidad misma que tenemos delante cada día.

No se trata de romantizar o idealizar la Universidad. Se trata de tomarse en serio la sociedad en que vivimos, de la que la Universidad es un pilar esencial y no un mero centro de formación. Convertirnos a una ideología individualista y egocéntrica es lo contrario de lo que debe ser el universitario y la Universidad. Si no lo hace el mundo académico, ¿quién lo va hacer? 

Hemos creado un sistema egoísta y nos han vuelto egoístas. La enseñanza es el trabajo más vocacional y generoso. Consiste en aprender para enseñar, para transmitir, no solo conocimientos sino experiencias, vocaciones, ilusiones. Y se hace en nombre de una sociedad mejor, buena para la mayor parte. No es lo que vemos. Desgraciadamente. 

Seguiremos tratando esta cuestión. No puede dejarse.

 

 Descargar el estudio: https://www.universidades.gob.es/wp-content/uploads/2023/07/Diseno-Estudio-junio-2023-v4.pdf

* "Uno de cada cinco universitarios ha tenido ideas suicidas y, casi la mitad, síntomas depresión o ansiedad" RTVE.es / Agencias 7/7/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230707/universitarios-ideas-suicidas-sintomas-depresion-ansiedad-estudio/2451520.shtml

** Mausfeld, Rainer (2022) ¿Por qué callan los corderos? Ed. Catarata, Madrid 

*** Enia Gómez "EL RINCÓN DEL VAGO 2.0: HASTA 1.000 EUROS POR TRABAJOS FALSOS QUE NO GARANTIZAN APROBAR" ABC 2/07/2023 https://www.abc.es/sociedad/nuevo-rincon-vago-bazar-persa-malos-estudiantes-20230702210621-nt.html