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domingo, 17 de marzo de 2024

Trump promete un baño de sangre

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Puede que alguien se sorprenda al ver el título del artículo publicado ayer noche en la CNN y firmado por Bruce Hoffman y Jacob Ware  con el título "Is the US on the brink of another civil war?". Quizá a algunos les parezca excesivo, preelectoral y destinado a calentar a los votantes. El problema es que esto se está poniendo sobre la mesa desde hace tiempo y que va a más. Está creciendo la sensación de que algo grave se cierne, que puede haber un derramamiento de sangre.

En su artículo de opinión, Hoffman y Ware señalan:

In her 2022 book, “How Civil Wars Start: And How to Stop Them,” renowned political scientist Barbara F. Walter argues that “we are closer to civil war than any of us would like to believe” because of a toxic mix of political extremism and polarization, social and cultural tribalism, the popular embrace of conspiracy theories, proliferation of guns and well-armed militias and the erosion of faith in government and the liberal, Western democratic state. Among the key factors she cites is accelerationism — which Walter describes as “the apocalyptic belief that modern society is irredeemable and that its end must be hastened, so that a new order can be brought into being.”

Accelerationism is embraced by a spectrum of white supremacists, white nationalists, racists, antisemites, xenophobes and anti-government militants as a clarion call to revolution. They fervently believe that the modern Western, liberal state is so corrupt and inept that it is beyond redemption and must be destroyed in order to create a new society and way of governance.*

El diagnóstico se parece cada vez más al resultado de mirar a calle. Es evidente que las nuevas posibilidades tecnológicas de la comunicación han permitido un doble e intenso movimiento.

El primero es el aumento de la cohesión al permitir comunicarse e intensificar los lazos. Lo que antes eran grupos minoritarios con una tendencia hacia el aislamiento son ahora grupos fuertes con estrategias comunicativas de cohesión mediante el refuerzo comunicativo. Esto además permite la creación de figuras de liderazgo fuerte capaces de construirse una imagen sólida.

El segundo movimiento es hacia el exterior. La misma comunicación se dirige contra los que se plantean como rivales, destructores, oposición, etc. Esto hace que las iras que se crean con el primer movimiento, de carácter analítico, se conviertan en segunda instancia en los objetivos contra los que se dirigen las iras, la esencia de movimiento interno.

Estas dos fases se complementan: al principio se crea una "explicación" del problema y un origen, después sus resultados se dirigen contra terceros, contra los responsables. La ira se dirige hacia ellos como los causantes de los desastres que se han explicado previamente. La estructura "problema/solución" se simplifica al máximo y se le dota de aspectos míticos de cualquier orden en el que se justifica el ataque al otro como solución final. En el caso norteamericano es señalar el peligro en que se encuentra la república por la conjunción de una serie de factores que van de los extranjeros al feminismo que mina la familia tradicional, pasando por todo tipo de obstáculos que marcan la ruina del futuro.

Probablemente nada de esto se haya inventado ahora, pero sí se da una intensificación que no se había visto gracias a la facilidad para construir ese mensaje, darle coherencia y las amplísimas posibilidades de difundirlo.

Lo primero que hizo Donald Trump fue crearse su propia red social. Con ello se aseguró que podrá dar esa cohesión al grupo, que solo necesitan su "voz" para comprender la realidad, solo necesitan seguir sus instrucciones para resolver la decadencia de la que advierte y a cuyos culpables señala.

Lo decían a primera hora y ya está en la web de RTVE.es: ""Trump augura un "baño de sangre" si pierde las elecciones de noviembre contra Biden". No tengo memoria de un caso así en Estados Unidos, que presume ser el líder de los países democráticos. No es de extrañar que los analistas estén preocupados por los que pueda ocurrir y que las expectativas sean malas.

Antes de entrar en el texto de artículo ya se nos advierte "El republicano ha prometido que indultará a los detenidos por atacar el Congreso, si es presidente", que es una forma de llamar a la calle, a imitar a los que lo hicieron anteriormente. Trump da por seguro que, de una forma u otra, estará en la Casa Blanca por lo que se puede permitir esa burla y fanfarronada.

El expresidente de Estados Unidos y futuro candidato republicano, Donald Trump, ha dicho que habrá un "baño de sangre" en el país si pierde las elecciones del próximo noviembre contra el actual mandatario, el demócrata Joe Biden.

"Si no resulto elegido, habrá un baño de sangre. Va a ser un baño de sangre para el país", ha aseverado Trump durante un mitin en Ohio, el primero que ofrece desde que el martes logró los números necesarios para convertirse en el candidato republicano a la Casa Blanca. "No creo que vayamos a tener otras elecciones en este país si no ganamos estas", ha añadido.

El magnate neoyorquino no ha aclarado a qué se refería con esas palabras, que pronunció mientras prometía medidas proteccionistas para los vehículos fabricados en Estados Unidos.

Trump, que nunca ha reconocido su derrota contra Biden en las presidenciales de 2020, está imputado por haber intentado revertir los resultados electorales de hace cuatro años y haber instigado el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.** 

La gravedad es máxima. ¿Ha dejado Estados Unidos de ser un país "democrático"? ¿Puede amenazarse con un "baño de sangre" si no sale elegido? ¿Se da cuenta el Partido Republicano del monstruo que ha creado y lo que supone para ellos y para el mundo? Con la nominación asegurada, Trump se quita las máscaras y se lanza al radicalismo antidemocrático.

Ha hecho bien Mike Pence en no dar su apoyo a Trump. Los republicanos necesitan tener una voz que rechace esta locura. Trump lanzó contra Pence a los invasores del Capitolio, ya que le había señalado como el "responsable" de que se ratificara la victoria de Biden. "Espero que Pence haga lo que tiene que hacer", les dijo a los que después le tomarían la palabra y se lanzaron armados contra el Capitolio. Es a los que ahora promete "indultar" si sale elegido, algo de lo que su narcisismo patológico le impide dudar. ¿Hay otra alternativa en la Historia, puede equivocarse el destino?

Trump ha ido creciendo en sus declaraciones agresivas. Los diarios de todo el mundo recogen sus amenazas. Ahora los emigrantes "ya no son personas", están "envenenando la sangre del país". Una vez conseguida la nominación republicana se quita la máscara del racismo, que es la que le resulta más rentable, la que le permite prometer una América aislada e imponiendo su fuerza en el exterior a una rechazados por parásitos "aliados". Con Trump no hay aliados más que aquellos que les sean útiles para sus fines. Las amenazas sobre el futuro de la OTAN llegan en plena crisis con la Rusia de Putin. No es casualidad.

Los que han considerado a Donald Trump simplemente un "payaso" pueden empezar a preocuparse realmente. A lo largo de estos años no hemos dejado de considerar a Trump como un peligro para los Estados Unidos y para el mundo ya sea por padecer directamente sus políticas o con sus excentricidades imitadas por la mitad de los dictadores del planeta. Algo está fallando. Estamos demasiado entretenidos con nuestra guerras locales y no presentamos atención a los realmente importante, incluido lo que  nos rodea. Somos aquellos a los que hay que entretener, manipulados, desinformados.

Las alternativas que plantea Trump son él o un baño de sangre. Veremos cómo se resuelve esto. Hay mucho en juego, no solo en los Estados Unidos. Ayer Viktor Orbán atacaba a Europa y Occidente; Putin habla de armas nucleares y promete a sus seguidores un nuevo imperio. Hoy Trump promete un baño de sangre. No es para tomárselo a broma. 

* Bruce Hoffman and Jacob Ware "Is the US on the brink of another civil war?" CNN 16/03/2024 https://edition.cnn.com/2024/03/16/opinions/us-brink-of-civil-war-hoffman-ware/index.html

** "Trump augura un "baño de sangre" si pierde las elecciones de noviembre contra Biden" RTVE.es 17/03/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240317/trump-augura-bano-sangre-si-pierde-elecciones-noviembre/16019068.shtml

martes, 21 de junio de 2022

Donald Trump y la Texas alternativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme se estrecha y aclara el cerco investigador del Congreso sobre Donald Trump y el asalto al Capitolio del 6 de enero para tratar de impedir el nombramiento de Joe Biden, lo que ha sido calificado como un intento de golpe de estado, las respuestas del ex presidente y su entorno siguen incidiendo en lo que es un desastre para la democracia norteamericana.

La CNN, en el programa de Don Lemmon, de esta madrugada un "Alert" señalando en sus titulares sobre un grave acontecimiento, la proclamación de los republicanos tejanos de que Biden llegó a la Casa Blanca tras un fraude electoral, es decir, dando un carácter "oficial" a las tesis enloquecidas de Trump. Las caras de los analistas que expresaban su opinión al respecto eran claras al reflejar un estado de ánimo entre el asombro y el pesimismo. Mientras las pruebas que salen cada día son abrumadoras no solo sobre las mentiras sino sobre el conocimiento de que lo eran por parte de asesores, incluso de la familia, los republicanos tejanos aceptan la línea dura. En The Washington Post, su columnista político Dana Milbank titula su columna de hoy "Texas Republicans want to secede? Good riddance". Usar el término "secesión" en los Estados Unidos tiene una serie de connotaciones históricas que a un columnista político no se le deberían escapar. El término ya refleja el extremo de gravedad que el caso sigue manteniendo y, sobre todo, los efectos sobre la política norteamericana. El "¡pues buen viaje!" del título tiene unos ecos sombríos.

En la CNN el titular es "Texas Republicans just proved (again) that this is Donald Trump's party" señalando el perverso lazo que Trump ha establecido con el partido al que controla precisamente a través del elevado número de seguidores que asumen sus tesis del fraude y que son capaces de dejar fuera de la política a los que no las asuman. El chantaje de Trump condiciona las elecciones y reelecciones republicanas. Los que no incluyen sus reivindicaciones en sus programas electorales dejan de recibir los votos de los fervientes seguidores de Trump, una sólida estructura basada en una serie articulada de grupos muy activos, los que le llevaron a la Casa Blanca mediante una alianza que va de la Asociación del Rifle a los grupos religiosos que lo ven como "enviado", pasando por los racistas que buscaron una alianza tras el triunfo de dos legislatura de Barack Obama, algo que desencadenó su furia y les llevó a actuar conjuntamente.

La presión de Trump es clara. De ello se hace eco The New York Times cuando advierte la tensión política que vive el ex vicepresidente Mike Pence, que podría ser candidato republicano a las próximas elecciones: "In a speech, former Vice President Mike Pence sounded like a future presidential candidate, but not like someone interested in discussing Jan. 6."* Discutir o no discutir lo ocurrido es un estado hamletiano muy peligroso en una política donde callar es otorgar. Ignorar lo ocurrido es el segundo gran pecado republicano, como advirtió ya la republicana Liz Cheney que, armada de valor, es una de los dos republicanos que han tenido el valor de llamar a las cosas por su nombre y enfrentarse tanto a las iras de Trump como al aislamiento de su propio partido.

Hemos tratado esta cuestión en varias ocasiones y el hecho de que, pasado el tiempo, vuelvan a ser una realidad, más que mera actualidad, supone que lejos de llegar a una asimilación de lo sucedido, los republicanos y una parte importante del pueblo norteamericano acepta las mentiras narcisistas de una persona incapaz de asumir la posibilidad de una derrota electoral, algo para lo que está mentalmente incapacitado.

La mente de Trump no es democrática; es incapaz de asumir la realidad y sigue viviendo en una burbuja creyendo sus propias mentiras. El perfil psicológico de Trump se ha trazado innumerables veces y no es cuestión de repetirlo, pero más sorprendente es su transferencia a una parte importante —millones de personas— del pueblo norteamericano, totalmente abducido —más que seducido— por su personalidad autoritaria y egocéntrica. Trump, el multimillonario anti sistema, el hombre que iba a cambiar la política ha cumplido su promesa desde fuera del poder, desde donde su efecto es más perverso.

La conversión de Texas en un "paraíso" de las mentiras trumpistas, un mundo donde se puede vivir oficialmente otra realidad, una realidad alternativa, es enormemente dañino para el sistema democrático norteamericano y debilita su posición mundial ante la reivindicación de Vladimir Putin (un buen amigo de Trump, admiradores mutuos) de un nuevo liderazgo ruso del mundo frente a la decadencia norteamericana.

Los términos en que se pueda medir la decadencia son complejos. Pero la única certeza es que lo que se vio de Trump en el poder está siendo superado por un Trump fuera de la Casa Blanca donde ya es incontrolable, tal como lo son los efectos.

Conforme aumenta la presión investigadora, Trump aumenta el tamaño e intensidad de su rabieta y su inmersión en esa fantasía colectiva que ha creado. Nadie va a cambiar a Trump, un objetivo imposible. Pero lo preocupante es cómo está deteriorando los fundamentos democráticos de la sociedad norteamericana, cuya concreción en las medidas aprobadas por los republicanos de Texas es un signo evidente del proceso. ¿Hasta dónde puede llegar?

* "Pence Navigates Possible White House Run and Fraught Political Moment" The New York Times 20/06/2022 https://www.nytimes.com/2022/06/20/us/politics/pence-trump-jan6-hearings.html

martes, 13 de octubre de 2020

La mosca o negro sobre blanco

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Normalmente un debate electoral como los que se producen actualmente en los Estados Unidos son el resultado de una intensa y meticulosa preparación. Se trata de tener todo controlado para evitar las sorpresas desagradables, por lo que se realiza un enorme esfuerzo para tratar de desarrollar una estrategia que el contrario no pueda desmontar y se analizan cuáles serán las suyas. La previsión se convierte en un ejercicio indispensable en la estrategia de los debates. Decenas de personas estudian las posibilidades y ofrecen alternativas para cada situación, estudian con detenimiento los detalles del vestuario, maquillaje, etc. para crear una determinada imagen de los candidatos. Hay ocasiones en que estas técnicas han sido tan precisas que ha hecho aparecer a ambos candidatos vestidos de la misma manera, con tonos y combinaciones idénticas.

Esto suele ser así, pero también es cierto que estamos en tiempos raros y no solo por la pandemia. El debate entre Trump y Biden difícilmente puede ser llamado así, dado el caos producido por el presidente, cuyo objetivo era desmantelar no el discurso del otro, sino imposibilitarlo. Algunos analistas lo ha llamado el "peor debate electoral de la historia" de los Estados Unidos. El "moderador", Chris Wallace, ha dicho que tardará años en volver a ver el espectáculo, reconociendo —además del bochorno pasado— la derrota al intentar que aquello no se le fuera de las manos. Si la estrategia de Trump era el caos, logró lo que quería, aunque, dadas las encuestas, no parece claro que haya logrado su objetivo. Harry Enten, en la CNN, explica que la ventaja de Biden sobre Trump es la mayor nunca registrada desde que se empezaron las encuestas, en 1936.

En ABC, el corresponsal en los Estados Unidos, David Alandete se centra en la suspensión del segundo debate electoral previsto entre los candidatos y nos ofrece los siguientes datos: 

Los debates presidenciales se celebran de forma continuada desde 1972, aunque el primero fue entre Richard Nixon y John Kennedy en 1960. En 1967 ya hubo un debate remoto, entre el gobernador de California, Ronald Reagan, y el senador por Massachusetts Robert Kennedy. El primero estaba en Sacramento, el segundo en Washington. El tema del debate fue la guerra de Vietnam. Kennedy murió de un disparo un año después.*

 

Después del primer debate, surgieron muchas voces para indicar a Biden que no debía aceptar un segundo debate, debido al comportamiento destructivo de Trump. Y luego llegó el positivo. El hecho que Trump estuviera contagiado —él y media Casa Blanca— parecía suficiente para evitar el desprestigio para la democracia había supuesto la transmisión del primer debate. Pero la recuperación "milagrosa" de Trump, incluida sus gracias a Dios por haberle permitido "conocer por dentro" la enfermedad y salir —como rezan los titulares de hoy— con deseos de "besar a todos" al declararse "inmune", volvía a llevar la celebración del debate a primer término de la discusión.

La estrategia de Trump es repetir la fórmula o, más precisamente, arrinconar a Biden para que sea él quien se niegue a participar en el debate. Esto lo intentó ya antes de la cura milagrosa. En el "debate paralelo" de las actitudes, Trump trataba de dejar a Biden como cobarde mientras que él ha desafiado a la enfermedad y ha vencido, algo que tampoco está muy claro y de los que muy poco se fían, pues muchos datos siguen sin hacerse públicos pese a la insistencia mediática. Trump rechazaba el debate virtual, en donde las posibilidades de interrupción están en manos del moderador con solo sacarlo de pantalla o silenciarlo con un mero golpe de ratón. Trump necesita del escenario porque es lo suyo, el espacio en el que reinar mediante el caos.

Pero, por si no hubiera bastantes problemas, llegó el debate de los vicepresidentes entre el Mike Pence, el actual, y Kamala Harris, la aspirante demócrata a acompañar a Biden en la Casa Blanca. Todo el mundo tenía grandes expectativas después de lo ocurrido con Trump y Biden. El debate fue por otros derroteros, tenso, pero con unas personalidades distintas y una Harris que supo frenar los intentos de Pence de desestabilizarla o de reinterpretarla. Todos ponderaron que, tras el mal ejemplo, lo suyo había sido un debate como está mandado, firmeza y respetuosa aceptación de las reglas y de la figura de la moderadora.

The New York Times en español explica sobre el debate:

Fue civilizado. Fue convencional. No fue especialmente brillante o revelador. Pero eso fue una gran mejora con respecto a los gritos indisciplinados que los estadounidenses sufrieron la semana pasada en el primer debate presidencial. Incluso se sentía normal —con excepción de las placas de plexiglás en el escenario— ya que ninguno de los candidatos se centró en el desarrollo de la noticia más apremiante de la nación: que Trump haya contraído el coronavirus, su hospitalización y regreso a la Casa Blanca en medio de preguntas sin respuesta sobre su estado médico.**

Pero no están los tiempos para normalidades. Pronto se coló en el debate tan normal un inesperado visitante, una mosca. ¡Vanidad de vanidades! Es sorprendente que la atención mediática y social se haya acabado centrando en la mosca que se posó durante cinco minutos sobre el pelo impecablemente blanco de Mike Pence, a modo de helipuerto. Toda la preparación, el detalle, las ideas..., todo se va al traste al pasar a la Historia como el debate de la mosca. El debate, Pence, Harris, cualquier idea, etc. quedan desplazados por aquella mosca que se coló, como en una canción de Mecano, en la cabeza de Pence. Es el signo de los tiempos.

El idioma español es rico en referencias a las moscas: "estar mosqueado", "por si las moscas", "estar mosca", "distraerse con una mosca pasar", incluso el célebre poema de "a un panal de rica miel / dos mil moscas acudieron...", con el que Samaniego, en el siglo XVIII, nos trajo la fábula de Esopo. Pero está mosca era una, negra sobre blanco, en la cabeza de Pence. Y se convirtió en el centro, en la protagonista del debate en cuanto los espectadores se percibieron del aterrizaje.

La verdad es que no me interesa la mosca en sí, pero sí las reacciones populares que la han convertido en mosca viral, campeona indiscutible de los debates presidenciales en un momento en que el mundo está expectante con lo que pueda salir de la elección. Creo que nunca ha habido tanta implicación mundial, fruto todo ello, por supuesto, por el universal rechazo (salvo algunas patologías nacionales, que apuestan por él).

La CNN ha realizado un vídeo*** con distintas referencias populares a la mosca de Pence. Desde las intervenciones de los implacables presentadores de los "late shows" dedicándole sus monólogos hasta las cuentas creadas en redes sociales, convertidas en tendencia pasando por la ropa decorada con la figura de Pence y la mosca sobre su impecablemente ordenada superficie capilar.

El protagonismo de la mosca ya es en sí una noticia sobre el comportamiento social, sobre cómo lo imprevisto reina sobre lo previsible, sobre la implacable mirada social, el efecto instantáneo de los medios en la actualidad y también ¿por qué no? sobre el hartazgo político y la saturación informativa. La atención mediática se distrae con facilidad en un mundo en el que pugnan esas dos fuerzas contrapuestas, como el yin y el yang, atención y distracción. Mientras unos luchan por quedarse con nuestras miradas, las fuerzas de lo imprevisto, en forma de mosca, trabajan para aguarles la fiesta.

En un mundo trivial, la trivialidad masiva se despierta con el más mínimo incidente y se convierte en eje. Tras el titular sobre el debate, The New York Times resalta: "La senadora trató centrar el debate en Donald Trump, el vicepresidente trató enfocarlo en la economía. Pero, al final, una mosca generó el revuelo."** Y el diario es un medio serio, pero hoy esta condición puede ser un obstáculo para el fin de atraer la atención. La CNN habla de "fly-mania".

La mosca es ya un icono. Es un elemento fácilmente adaptable en todo tipo de discursos y contextos. ¿Quién lo puede sacar punta a una mosca? Es y será la "mosca de Pence" porque el destino así lo quiso, porque la mosca tomo posesión de la cabeza de Pence como otros alunizaron. Podía haberse posado en cualquier otro lugar, pero fue en Pence y ante las cámaras, ante millones de espectadores que se distrajeron contando los minutos que pasaba sobre su cabeza, cinco, según el registro oficial. La mosca es el signo abierto, interpretable, ajustable.

Podemos jugar con la mosca, preguntarnos "por quién habría votado", si era demócrata o republicana; decir que la mosca "era Trump" que no se resistió a salir en pantalla; vender camisetas... De ocurrir en España, se le habría hecho una falla valenciana a la mosca... La mosca es el signo de los tiempos; es la mosca icónica, la famosa "mosca cojonera" lanzada a la fama, chupando cámara. No llega a ser mosca de J-P Sarte ni el rinoceronte de Ionesco; se queda más bien cerca de Beckett, de un necesariamente reescribible Esperando a la mosca, donde el tiempo pasado sin ella era una espera eterna. 

Y la mosca, finalmente, llegó, probablemente para quedarse, becerro de oro de la trivialidad, distracción o consuelo, indiferencia o nueva normalidad.

* David Alandete "Cancelado el segundo debate entre Trump y Biden" ABC 10/10/2020 https://www.abc.es/internacional/elecciones-eeuu/abci-cancelado-segundo-debate-entre-trump-y-biden-202010100053_noticia.html

** Shane Goldmacher "El debate vicepresidencial entre Kamala Harris y Mike Pence en seis claves" The New York Times 8/10/2020 https://www.nytimes.com/es/2020/10/08/espanol/debate-kamala-harris-pence.html

*** Jeanne Moos "Merchandise got a fly makeover after the VP debate" CNN 8/10/2020 https://edition.cnn.com/videos/politics/2020/10/08/fly-mike-pence-debate-merchandise-vice-president-moos-pkg-ebof-vpx.cnn




jueves, 30 de abril de 2020

El hombre sin máscara o ¡choca ese codo, Pence!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La fotografía del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, sin mascarilla, visitando un hospital, con todo su séquito y los médicos junto al enfermo, también con mascarilla, es un increíble símbolo de la tozudez humana, de la soberbia y la prepotencia. Puede que no se contagie, pero lo cierto es que ya está contagiado de una enfermedad peor que le acompañará el resto de su existencia, la que le contagió su patrón.
La mascarilla solo es necesaria para débiles de espíritu, mientras que Pence rebosa energía, como se aprecia en las chispas que saltan de su codo.
Es de una irresponsabilidad pasmosa en un mandatario de un país. La foto de Pence es el equivalente a las inyecciones con desinfectantes o la aplicación de luces internas para acabar con los coronavirus propuestas por Trump.


La Clínica Mayo, la visitada por Pence para su safari fotográfico, ha declarado que se le notificó al vicepresidente el protocolo de mascarillas dentro del reciento. Pero Pence es el vicepresidente y nadie tuvo las santas agallas de decirle "¡Señor Vicepresidente, no se puede pasar sin mascarilla!" 
Un muy mal ejemplo en todos los niveles. Las cifras de los Estados Unidos están siendo enormes y, pese a ellas, muchos tienen la sospecha de que no se está contando correctamente.
Más allá de las cifras, que representan vidas humanas, no lo olvidemos, las actitudes de prepotencia del presidente y segundo de a bordo provocan una enorme tristeza y, para muchos, vergüenza.


Nunca llegué a pensar que los Estados Unidos pudieran llegar a tal grado de simpleza. Sin embargo, es lo que hay. Cada día se nos muestran ejemplos de este estado contagioso de estupidez que no reconoce alcurnias ni cuentas bancarias, pero sí en cambio un enorme clasismo, una discriminación encubierta que sale a la luz con la pandemia.
Raul A. Reyes, en la CNN, escribe con el titular "The real reason Trump treats meatpacking workers as disposable", sobre los terribles efectos de la irresponsabilidad hacia las condiciones de trabajo en que se encuentran en las fábricas:

Get back to work, says President Trump. He might as well add: even if it might kill you.
Tuesday, he used the Defense Production Act to order meat and poultry processing plants to stay open, despite the coronavirus pandemic. He declared them "critical infrastructure" in an executive order designed to avoid shortages of beef, pork and chicken.
"We're working very hard," Trump said, "to make sure our food supply chain is sound and plentiful."
Given that meat processing plants are Covid-19 hotspots, this order is the height of irresponsibility and cruelty. It endangers the health of some of America's most vulnerable workers, many of whom are Latino, African American and immigrants. It prioritizes corporate interests over workers' lives.
Sadly, to this President, immigrant labor is clearly disposable -- and always useful for political gain.
Across the country, meatpacking plants have been closing as their employees have gotten sick. Smithfield Foods closed its pork processing plant in Sioux Falls, South Dakota, this month after more than 600 workers tested positive for coronavirus. Last week, Tyson Farms shut down its biggest pork processing plant in Waterloo, Iowa, after more than 180 workers tested positive.
Other plants across the country have similarly closed, with reports of coronavirus-related illness and deaths.*



Ya tratamos aquí la noticia del cierre de las fábricas de procesamiento de carne por la cantidad enorme de contagios dadas las condiciones de trabajo. Es aquí donde se muestra las grandes quiebras norteamericanas, las enormes diferencias sociales que las grandes cifras ocultan.

Reyes habla de "crueldad". Es quedarse corto porque Trump es supuestamente el presidente de todos los estadounidenses, algo que esta crisis está dejando en evidencia, mostrando que la división polarizada del país es algo más que de detalles. El clasismo y el racismo de Trump es algo que ha vivido con él desde su nacimiento. Su visión del mundo es el de una máquina en la que unos son piezas recambiables y otros indispensables. Él, por supuesto, está entre aquellos privilegiados por Dios o por Fortuna. Está allí para mantener el sistema haciendo que los ricos lo sigan siendo y los pobres no pidan más y sean sustituidos cuando enfermen hacinados en fábricas o dormitorios. 
Es el mismo modelo del rico Singapur, la masa de trabajadores son de importación, viviendo en condiciones infames y a los que hay que obligar a trabajar teniendo cuidado de que no contaminen a los que realmente importan. Ese es el sentido de los guetos, aislar, evitar la mezcla del tipo que sean. Si las fábricas son nidos de enfermedad, como se ha llegado a pedir (y ya comentamos), que los trabajadores pasen el confinamiento en sus empresas, sin salir de ellas.


Sí, América tiene un problema que se llama "América". Trump y Pence son caras visibles, pero el problema real es el fenómeno creciente de una estupidez basada en el clasismo y el racismo, en un ridículo patrioterismo populista que menosprecia al mundo y carece de sentido común.
Esto es lo que ha saltado a la vista como panorámica global del sistema norteamericano por efecto del COVID-19. Es lo que la política de desmontar servicios, educación, sanidad, etc. ha estado haciendo desde su llegada al poder.


Hace tiempo que lo dijimos y se puede estar acercando el momento. Llegará un punto en el que no sea Estados Unidos quien expulse a los que no quiere dentro de sus fronteras, sino que esas fronteras estén cerradas para los que hayan pasado por los Estados Unidos. Es una situación impensable, pero real. China pasó de no poder salir a tener que controlar la entrada en sus fronteras. Habrá, igualmente, un momento en el que el poderoso pasaporte norteamericano tenga que ser rechazado o que sus portadores tengan que hacer cuarentena hasta que se confirme que están libres de un COVID-19 que ya ha superado el millón de contagios en los Estados Unidos.
¿Que ha querido demostrar Pence? ¿Cuál es su "mensaje"? ¿No ha tenido bastante con lo ocurrido con Boris Johnson? Cualquier sentido que le demos es negativo, absurdo, poco inteligente. Con Trump pidiendo que "¡liberen los estados!" y Pence mostrando que no le tiene miedo a nada que no sea la opinión pública, ¿cuál será el siguiente paso?
El peor presidente en el peor momento. El peor problema en las peores circunstancias de desigualdad social. La mayor obcecación en el momento es que es necesaria la imaginación y la inteligencia para encontrar salida. Nada de esto aparece ante nosotros. ¡Pobre América!


* Raul A. Reyes "The real reason Trump treats meatpacking workers as disposable" CNN 30/04/2020 https://edition.cnn.com/2020/04/29/opinions/trump-treats-meatpacking-workers-as-disposable-reyes/index.html




viernes, 28 de febrero de 2020

Trump y el vaso medio lleno (que antes estaba medio vacío)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace unos días señalábamos que el COVID-19 entraba en la política norteamericana. Dijimos entonces que la orientación cambiaba del aprovechamiento para encabalgar la política económica norteamericana con la salud para atacar a China en un momento de plenitud de la política anti China. Señalamos que con la aparición de casos fuera de China y conforme se iba acercando a los Estados Unidos, la cuestión ser invertiría, restándole importancia. Eso se ha ido cumpliendo. Estados Unidos deja de preocuparse por la salud y lo hace por lo que Donald Trump considera su mejor activo para la reelección, la economía.
El artículo que el economista y Premio Nobel, Pau Krugman, columnista habitual de The New York Times, es demoledor y confirma todo lo anterior, la evolución del caso, con un nuevo añadido: la puesta al frente del vice presidente, Mike Pence, cuyo mejor activo para ese puesto deben ser las oraciones.
El artículo de Krugman se titula "When a Pandemic Meets a Personality Cult" y lleva junto a él el añadido aclarador "The Trump team confirms all of our worst fears". Escribe Krugman al comienzo de su artículo:

So, here’s the response of the Trump team and its allies to the coronavirus, at least so far: It’s actually good for America. Also, it’s a hoax perpetrated by the news media and the Democrats. Besides, it’s no big deal, and people should buy stocks. Anyway, we’ll get it all under control under the leadership of a man who doesn’t believe in science.
From the day Donald Trump was elected, some of us worried how his administration would deal with a crisis not of its own making. Remarkably, we’ve gone three years without finding out: Until now, every serious problem facing the Trump administration, from trade wars to confrontation with Iran, has been self-created. But the coronavirus is looking as if it might be the test we’ve been fearing.
And the results aren’t looking good.
The story of the Trump pandemic response actually began several years ago. Almost as soon as he took office, Trump began cutting funding for the Centers for Disease Control and Prevention, leading in turn to an 80 percent cut in the resources the agency devotes to global disease outbreaks. Trump also shut down the entire global-health-security unit of the National Security Council.
Experts warned that these moves were exposing America to severe risks. “We’ll leave the field open to microbes,” declared Tom Frieden, a much-admired former head of the C.D.C., more than two years ago. But the Trump administration has a preconceived notion about where national security threats come from — basically, scary brown people — and is hostile to science in general. So we entered the current crisis in an already weakened condition.*


Esto es algo más que el impeachment, algo más que una cadena de tuits insultado a la gente o mofándose de los rivales. Como señala Krugman, Trump es el peor escenario posible.
Lo señalado por el artículo plantea algo más. Es importante la idea de un Trump desencadenador de conflictos que pretende controlar para perjudicar a terceros y beneficio propio. Este, dice Krugman, no lo ha creado él y no lo puede controlar porque entonces entra el segundo aspecto, la desprotección médica de los Estados Unidos, una realidad provocada —esta vez sí— por los recortes en sanidad que impiden una política real de enfrentamiento. Ante esto, Trump responde ignorando el problema real y creando un nuevo caso que se ajuste a su retórica de respuesta: todo es una ficción de demócratas y medios liberales para hundir su exitosa candidatura a la reelección.
En la CNN se recoge la denuncia de un funcionario: "HHS whistleblower claims US workers received coronavirus evacuees without proper precautions". La cadena explica:

A whistleblower at the Department of Health and Human Services is seeking federal protection after complaining that more than a dozen workers who received the first Americans evacuated from Wuhan, China, lacked proper training or protective gear for coronavirus infection control.**


La denuncia está servida y abre otro foco de responsabilidad, que Trump no asumirá con los mismos argumentos que rechaza el resto: todo son campaña contra él. Es la egolatría que le impedirá asumir la responsabilidad política de liderar al país.  La elección de Mike Pence es un síntoma claro de esta impotencia. Recordemos que Trump ha puesto al frente de los grandes servicios públicos, agencias, etc. a personas cuya finalidad no era desarrollarlos sino recortarlos. Trump ha puesto personas contra las escuelas públicas en Educación o contra la sanidad pública al frente de la Salud. Y eso se paga porque su función era reducirlas a mínimos. Lo que está claro ahora es que no será la Asociación Nacional del Rifle la que sirva para cazar los COVID-19 sueltos. The Washington Post recuerda hoy mismo "Coronavirus pushes Trump to rely on experts he has long maligned". El negacionista Trump y sus equipos no tienen la capacidad de establecer más que barreras de palabras ante la incapacidad manifiesta de ir más allá de la demagogia en un caso real. Cuando se trataba de crear una guerra comercial con China, Trump recurrió a todos los especialistas en el campo difamatorio. Ahora necesita algo más que sus asesores del Tea Party o de Breitbart. Necesita expertos, científicos especialista capaz de frenar lo que será difícil en un servicio nacional debilitado.
Firmado por la AFP, el diario egipcio Egypt Independent titula " Trump downplays epidemic fears as virus spreads around world"*** y señala la misma actitud en Trump:

President Donald Trump has played down fears of a major coronavirus outbreak in the United States, even as infections ricochet around the world, prompting Saudi Arabia to ban pilgrims from visiting Islam’s holiest sites.
China is no longer the only breeding ground for the deadly virus as countries fret over possible contagion coming from other hotbeds of infection, including Iran, South Korea and Italy.
There are now more daily cases being recorded outside China than inside the country, where the virus first emerged in December, according to the World Health Organization.***


Trump se ha empeñado en diseñar los escenarios de sus guerras y conflictos. Pero el COVID-19 se le resiste y es difícil que logre llevar el agua a su molino. La guerra que plantea no es la que se necesita para resolver el problema. La cuestión es que Trump es unidimensional, como lo es su administración. Los especialistas en repetir sus consignas a través de los medios han quedado huérfanos de palabra. Ya no es posible la difusión de sus ideas porque las propuestas son incongruentes e indefendibles.
Paul Krugman recuerda en su artículo la trayectoria de algunos defensores del presidente:
The first reaction of the Trumpers was to see the coronavirus as a Chinese problem — and to see whatever is bad for China as being good for us. Wilbur Ross, the commerce secretary, cheered it on as a development that would “accelerate the return of jobs to North America.”
The story changed once it became clear that the virus was spreading well beyond China. At that point it became a hoax perpetrated by the news media. Rush Limbaugh weighed in: “It looks like the coronavirus is being weaponized as yet another element to bring down Donald Trump. Now, I want to tell you the truth about the coronavirus. … The coronavirus is the common cold, folks.”
Limbaugh was, you may not be surprised to hear, projecting. Back in 2014 right-wing politicians and media did indeed try to politically weaponize a disease outbreak, the Ebola virus, with Trump himself responsible for more than 100 tweets denouncing the Obama administration’s response (which was actually competent and effective).


Todavía nos quedan muchas cosas por ver en la política norteamericana referidas al COVID-19. Trump se ha escondido tras Pence, algo que lamenta en su interior, pues desvía el protagonismo natural en él. Habrán tenido que convencerle de que quede en segundo término para evitar el desgaste cara a las próximas elecciones.
Uno de los problemas que se plantea es la transformación de todo en política y economía. Las preocupaciones por los efectos económicos son naturales, pero no deben anteponerse a las medidas de seguridad. A las crisis económicas se sobrevive; a la otra, muchos no lo hacen.
La forma de vencer al COVID-19 es la sensatez, la responsabilidad y la buena información. No pasa nada por perderse el encuentro de su equipo de fútbol en una zona peligrosa o si se celebra a puerta cerrada. No es posible que escuchemos a los expertos y sindicalistas indicar —como acabo de escuchar— que si estás "enfermo" no se te descuenta nada, pero que si estás en "cuarentena preventiva" se te descontarán los días o los tienes que negociar como "días libres", "vacaciones", etc. porque es la mayor incitación a que la gente no haga las esenciales cuarentenas.


Los países que descuentan a los trabajadores los días de enfermedad o de aislamiento son en los que más se difunden las enfermedades contagiosas. La gente va a trabajar enferma porque les descuentan o despiden. Eso hoy es llamar al desastre. El miedo al contagio puede ser menor al miedo a ser despedido en estos tiempos precarios.
Veremos cómo se adaptan las instituciones, las personas, etc. a las nuevas normas que hay que modificar para permitir vencer a este COVID-19. La actitud de Trump y los suyos, al frente de la administración, debería cambiar por el bien de todos. De no ser así, las consecuencias sociales irán mucho más allá de la salud y resonarán muchos tambores. 


* Paul Krugman "When a Pandemic Meets a Personality Cult" The New York Times 27/02/2020 https://www.nytimes.com/2020/02/27/opinion/coronavirus-trump.html
** "Trump downplays epidemic fears as virus spreads around world" Daily News Egypt 27/02/2020 https://www.egyptindependent.com/trump-downplays-epidemic-fears-as-virus-spreads-around-world/
** "HHS whistleblower claims US workers received coronavirus evacuees without proper precautions" CNN 27/02/2020 https://edition.cnn.com/2020/02/27/politics/hhs-whistleblower-coronavirus/index.html





domingo, 17 de febrero de 2019

Cómo distanciarse de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El vicepresidente Mike Pence sigue las sendas autoritarias de Mike Pompeo, Secretario de Estados, ambos discípulos autoritarios de su jefe Donald Trump. Las mismas maneras, el mismo mensaje. El grupo que rodea a Trump es más parecido a él que nunca, algo lógico por las salidas de todos los que han renunciado. Es un mecanismo natural: el grupo se va auto esculpiendo, haciéndose más uniforme. Al final los que queden serán clones de Trump en la medida en que este solo acepta a los que siguen sus directrices y aguantan sus veleidades.
Pence ha criticado los esfuerzos europeos para no tener que depender de los caprichos y precios de Trump. Y ha venido también a lanzar nuevas consignas sobre la grandeza de los Estados Unidos bajo la mano de Trump. La obediencia incluye ahora las amenazas por un nuevo foco o "emergencia" planteado por Trump: la posibilidad de un "nuevo holocausto", es decir, el ataque de Irán a Israel.
Toda la política de Donald Trump se basa en la creación de miedos, con el riesgo creciente de las profecías auto cumplidas. Esto es algo que no se puede desestimar en la relaciones internacionales. La agresión verbal constante a un enemigo, real o imaginario, acaba produciendo mayores probabilidades de conflicto real. Es lo que se suele llamar una "escalada verbal". Trump va más allá de la política del insulto, ya que ha roto los acuerdos existentes y pone en marcha nuevas sanciones que pretende que Europa respalde.


Todo estalla en la cumbre sobre Seguridad celebrada en Múnich. Ana Carbajosa nos cuenta los sucedido desde el diario El País:

Sensación de fin de era. Es la vibración que emite este año la Conferencia de Seguridad de Múnich, que acaba este domingo en un clima de crispación internacional. Con el fracaso del tratado de armas nucleares de alcance intermedio (INF), vigente desde la Guerra Fría, los desencuentros trasatlánticos, la creciente asertividad rusa y china, Venezuela, Siria, Irán y el Brexit, la incertidumbre se dispara. Pero sobre todo, cunde la sensación de que los consensos y equilibrios labrados con mimo durante décadas se deshacen como azucarillos. Que nos asomamos a una nueva era política en la que las potencias rivalizan por un nuevo acomodo en un tablero geopolítico por definir.
Lo dijo la canciller alemana, Angela Merkel, y lo repitieron en infinitas variantes mandatarios y expertos. “Vemos que la arquitectura que apuntala el mundo como lo conocemos es un rompecabezas que se ha roto en pequeños pedazos”, interpretó Merkel en un discurso muy ovacionado y en el que hizo una encendida defensa del multilateralismo, conscientemente ajena a los derroteros globales que caminan en dirección contraria. “Las estructuras con las que trabajamos son fruto de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y ahora están bajo una intensa presión, porque los desafíos actuales nos exigen que las reformemos”, sostuvo ayer la canciller en la capital bávara.
A Merkel le siguió en el estrado el vicepresidente de EE UU, Mike Pence, con un discurso severo y amenazante, que evidenció la sima transatlántica que separa a los aliados. Rusia, Irán, Venezuela fueron los ejes de una intervención en la que pidió a la Unión Europea que compartiera las enemistades de Washington y enterrara la búsqueda de consensos. “Muchos de nuestros aliados de la OTAN necesitan hacer más”, dijo en alusión a la contribución europea a la Alianza Atlántica.*



No es muy clara la definición de "era". ¿Qué se ha acabado realmente? Como mínimo, las buenas maneras. El tono de Pence es el de su jefe, "severo y amenazante", tal como nos dice el diario citado. La era Trump, por el contrario, es la de los malos modos, las imposiciones y las amenazas. Es la era maleducada, que tiene en Trump su máximo exponente y que sus apóstoles repiten por el mundo predicando un evangelio de exclusiones, sanciones, temores y nuevas tarifas.
El tono es importante en la relaciones internacionales porque marca las actitudes y lo que se puede esperar de quien practica este tipo de lenguaje de la amenaza. Los Estados Unidos de Donald Trump quieren imponer una forma de ver el mundo, como se aprecia en las exigencias a Europa o al mundo. No hay un intento de negociar; todo lo más de fotografiarse con algún líder peligroso (el norcoreano es perfecto para esto y por eso vuelve a repetirse el encuentro).
La necesidad europea de alejarse de los Estados Unidos, de distanciarse de tono y formas, es esencial para no contribuir a procesos irreversibles en la escena internacional. Con Trump, el campo siempre está seco y los fumadores pasean entre los hierbajos. El riesgo de incendio aumenta cada día. ¿Nos construirá también un muro?
La intervención de Angela Merkel ha sido juiciosa. Hay que dejar puertas abiertas para que se produzca un proceso de reconducción de la violencia latente y reducir las expectativas de un mundo caótico. Cuando se ha construido un sistema global, la fragilidad manifiesta del orden crea expectativas que en sí mismas son paralizantes y agravan las crisis. Estas expectativas negativas crean un miedo que se traduce en parálisis por la incertidumbre y esa parálisis se transforma en crisis que aceleran otras nuevas escalonadas.


Hay que entender que no son solo los hechos los que actúan sobre la realidad, sino que nuestras expectativas, los miedos y temores, también lo hacen. A esto se añade la diversa naturaleza de las crisis abiertas y su interconexión. Esto solo parece ignorarlo Donald Trump, un ignorante, y aquellos que creen que un conflicto es energía para los Estados Unidos, a salvo en su plataforma continental, que ahora se trata de aislar más con el muro del sur.
El muro de Trump está hecho para contener los efectos de sus propias políticas de crisis, que se padecen de forma indirecta o directa, según los casos. Lo mismo ocurre con Europa, donde el sentido de las crisis —como hemos explicado en varias ocasiones y cada día es más evidente— tiene por objeto crear una mayor dependencia de los Estados Unidos ante la posibilidad de un salto en las crisis abiertas, Oriente Medio y Ucrania.
Europa sigue sometida a la violencia interior que provocan las dos grandes potencias, Rusia y Estados Unidos fomentando la división interna a través de la incentivación de las propuestas populistas y nacionalistas de distinto signo pero con la misma intención, debilitar la Unión Europea y romperla. Con Gran Bretaña se ha conseguido, dejando una pieza importante del diseño europeo fuera, tanto económicamente como aislándola mediante el retorno de las fronteras duras.


Los movimientos subterráneos emprendidos desde las distintas potencias buscan, como ya señalamos, la dependencia en defensa de los Estados Unidos y la dependencia energética de Rusia, sobre todo por la pieza clave, el gas a Alemania, motor de la Unión Europea.
Ahram Online recoge el discurso de Merkel, contestación al del vicepresidente de Trump:

His speech contrasted sharply with German Chancellor Angela Merkel’s robust defense of Germany’s foreign trade relations and ties with Russia, urging global leaders meeting in Munich to work together to tackle the world’s problems.
Speaking before Pence, Merkel questioned whether the U.S. decision to leave the Iran nuclear deal and withdrawal from Syria was the best way to tackle Tehran in the region.
She defended plans for a new natural gas pipeline from Russia to Germany that Pence again criticized.
Trump has accused Germany of being a “captive” of Russia due to its reliance on Russian energy, but Merkel argued:
“If during the Cold War... we imported large amounts of Russian gas, I don’t know why times should be so much worse today that we can say: Russia remains a partner.”
During a question-and-answer session, she added that it would be wrong to exclude Russia politically, but Pence said Washington was “holding Russia accountable” for its 2014 seizure of Ukraine and what the West says are efforts to destabilize it through cyber attacks, disinformation and covert operations.
“Geostrategically, Europe can’t have an interest in cutting off all relations with Russia,” Merkel said.
Trump has also criticized the large trade surplus that Germany, Europe’s biggest economy, has with the United States and has threatened to put tariffs on German cars in return.
“We are proud of our cars and so we should be,” Merkel said, adding, however, that many were built in the United States and exported to China.
“If that is viewed as a security threat to the United States, then we are shocked,” she said, drawing applause from the audience.**



Las diferencias de actitud y de expectativas de futuro, de estrategia para reducir la tensión, frente a los Estados Unidos de Trump son abismales. Mientras Trump sigue abriendo frentes en tres continentes, los dirigentes de la Unión Europea (los sensatos) tratan de apagar los fuegos que este produce. A Europa no le interesa el escenario que Trump nos dibuja.
Los efectos de la llegada de Trump a la Casa Blanca son hacer retroceder el mundo al estado de la posguerra, con un mundo de nuevo en Guerra Fría. No tiene nada de particular, pues los grandes beneficios de los Estados Unidos, sus grandes saltos hasta llegar a la cima como superpotencia han sido con la puesta en marcha de su maquinaria de guerra. Los lazos de Trump con el negocio de la "seguridad" global son evidentes y con la idea de exprimir a los "defendidos", como ya hemos expresado con anterioridad.
Trump juega en el límite de ese peligroso bosque seco y allí donde aparece la tensión aumenta, que es lo que busca.
Está deshaciendo un orden logrado durante décadas, conflicto tras conflicto. No busca otra cosa que lo que proclama y es su lema: "America First!" La idea es que Estados Unidos ha contribuido a que sus rivales asciendan al no presionar con la fuerza. Y es la fuerza lo que ha vuelto. Pero el mundo ya no es lo que era.
Trump es una fuerza destructiva que arrastra a los Estados Unidos tras él. Y a todo el mundo tras los Estados Unidos. Vemos cada vez mayor polarización. La foto de los dirigentes de Rusia, Irán y Turquía cerrando filas frente a Trump debería hacer reflexionar. Pero ese es un verbo que no está en vocabulario de Trump.
La estrategia del miedo sigue avanzando. Es importante que Europa no se deje arrastrar por los efectos del populismo nacionalista de Trump o de sus imitadores en Europa o América. Las alianzas que forman no son más que para llegar al poder y desde allí crear nuevos conflictos. El único beneficiado es el que vende la protección.
Europa es la única pieza que tiene interés en mantener el equilibrio y evitar el desastre al que nos arrastran. La pregunta de si hemos llegado al final de una "era" es pertinente. Lo esencial ahora es que en las próximas elecciones europeas no nos auto destruyamos como gran espacio de concordia y no nos dejemos seducir por los gritos atávicos de sangre y raza, de aislacionismo y levantamiento de diferencias.


No debemos renunciar ni a la idea de Europa ni a nuestro europeísmo, es decir, al mantenimiento de unos ideales comunes de desarrollo y justicia, de cultura y equilibrio, por los que hay que luchar. Europa no es el pasado, es el futuro. Es el viejo nuevo mundo, un mundo que surge de la comprensión de los errores cometidos, de los obstáculos interpuestos entre nosotros que hay que eliminar, y del papel mediador, rebajador de tensiones y buscador de equilibrios.
Trump solo entiende un lenguaje: el de la firmeza. Europa debe ser firme y no verse obligada a que venga el catequista Pence a dar instrucciones sobre cómo debemos relacionarnos con los demás o convertirnos en meros acólitos. Hay que distanciarse de las decisiones de Donald Trump por los efectos negativos que tiene para el desarrollo futuro. Hay que hacerlo lo suficiente, pero no más allá, para evitar que otros se aprovechen de ese distanciamiento. Cuanto mayor sea el peso de Europa, mejor podrá realizar este juego de equilibrios, y no de encaje.
La postura no es fácil porque nos tienen cogidos entre dos frentes, pero Trump ya ha dejado claro una y otra vez cuál es su objetivo, debilitar a Europa para que esta necesite de su protección. 


La mejor protección es la paz y el equilibrio justo para poder avanzar en seguridad. Lo demás es un juego diabólico y arriesgado. Cuanto antes nos demos cuenta y tomemos medidas ajustadas, mejor. No es fácil porque las presiones son grandes y sucias, mezclando lo militar y lo económico, buscando perjudicar a quienes se le oponen. Lo hecho con Turquía debería servir de ejemplo. Tras los ataques económicos, hoy la foto es con Putin y con el primer ministro iraní. No es la mejor foto, pero Trump sigue regalando aliados a sus enemigos.
El ex vicepresidente Joe Biden alentaba a los norteamericanos: "I promise you, as my mother would say, this too shall pass. We will be back. We will be back. Don't have any doubt about that."***. Eso esperamos. Y que todos aprendamos de los errores y de los riesgos que suponen para todos los que buscan los conflictos como forma de vida.
Los Estados Unidos de Trump ya no líderes de nada. Solo un país malhumorado que solo piensa en sí mismo, como reza el eslogan de su presidente. 



* Ana Carbajosa "El desorden mundial abre una nueva era de incertidumbre global" El País 16/02/2019 https://elpais.com/internacional/2019/02/16/actualidad/1550329620_232450.html
** "Pence chastises EU, rejects Merkel's call to work with Russia" Ahram Online 16/02/2019 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/325682/World/International/Pence-chastises-EU,-rejects-Merkels-call-to-work-w.aspx
*** "Biden says US should remain committed to its allies abroad" CNN 16/02/2019 https://edition.cnn.com/2019/02/16/politics/biden-showcases-foreign-policy-munich/index.html