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martes, 6 de febrero de 2024

Cuestión de cables, la nueva amenaza hutí

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hay cosas que se construyen en tiempos de paz que cambian en tiempos de guerra. Hay guerras que se sitúan en el punto clave y reconfiguran la situación. Hay cosas que se pueden cambiar y adaptar, pero otras es más complicado.

El valor que Yemen ha obtenido al pasar por allí una parte importante del tráfico marítimo internacional hacia Europa es un ejemplo del diseño que algunos eligen cambiar usando otra ruta más costosa, pero que en la que otros asumen el riesgo de ser atacados y hundidos o secuestrados. Esta situación ha hecho que la guerra civil que vive Yemen se convierta en ese punto en el que se centra el conflicto con la presencia de los jugadores de primera fila, los hutíes, y las fuerzas iraníes y sus aliados en la sombra.

En 20minutos nos alertan de un nuevo factor determinado por la posición geoestratégica de Yemen como entrada al Mar Rojo y vía de paso al Canal de Suez como salida hacia el Mediterráneo. Esta vez se trata de de otro aspecto valioso, los cables submarinos de comunicaciones:

[...] las empresas de telecomunicaciones vinculadas al gobierno yemení temen que los rebeldes hutíes estén planeando sabotear la red de cables submarinos del mar Rojo. Ha sido el Foro Internacional del Golfo el que ha publicado un informe donde se advierte de ese riesgo.

El documento destaca que esa red  de cables podría ser un blanco fácil para futuros ataques de los hutíes. Se sugiere también que esas acciones podrían evolucionar de los ataques a la superficie de los buques a los ataques en alta mar, considerando los cables submarinos como un nuevo objetivo.

El documento ilustraba mediante imágenes y mapas la distribución y conectividad de las redes internacionales de cables en el mar Mediterráneo, el mar Rojo, el mar Arábigo y el golfo Arábigo, según detalla el medio jordano Roya News. Esa red es fundamental para el funcionamiento de Internet y la transmisión de datos financieros.

 

Pese a que en la información se relativiza esta posibilidad por la carencia de tecnología de los hutíes, esto es cuestión de tiempo, pues estos son solo la cabeza visible de esas fuerzas tras ellos que pueden dotarlos de la capacidad en relativo poco tiempo. Se señala que la posibilidad de que sean atacadas las vías de datos internacionales es baja y que es un medio pro israelí el que ha puesto este problema sobre la mesa, lo que serviría para recabar más ayudas por parte de Israel.

Pero sea cual sea la situación en la superficie, lo cierto es que el ataque a ese cableado marítimo sería un enorme golpe no solo a Israel sino a una de globalización. Esta se pensó en términos de un mundo en paz, algo que parece que ha terminado porque una de las partes prefiere un mundo en guerra, con zonas controladas y países satélites formando una alianza intercontinental que hunda el proyecto, controlado desde los Estados Unidos, algo que se ve claramente en el proyecto tecnológico. La posibilidad de que se corten esos cables dejando huérfanos de datos a media humanidad durante un tiempo debería llevar a la necesidad de estudiar la posible ampliación de los flujos y canales de datos para proteger lo esencial.

El artículo de 20minutos se cierra con las posibilidades sobre la mesa:

Asegura Yemen Telecom que ha realizado esfuerzos diplomáticos y legales durante los últimos años para persuadir a las alianzas internacionales mundiales de telecomunicaciones de que no tuvieran ningún trato con los hutíes, ya que proporcionaría a un grupo terrorista conocimientos sobre el funcionamiento de los cables submarinos.

Los analistas de seguridad del Foro de Seguridad del Golfo afirmaron la semana pasada en un informe que "los cables se han mantenido a salvo más por el relativo subdesarrollo tecnológico de los hutíes que por falta de motivación". Afirman que "los hutíes han mantenido la capacidad de hostigar la navegación de superficie mediante misiles y naves de ataque rápido, pero carecen de los sumergibles necesarios para alcanzar los cables".*


No es un gran consuelo, como ya hemos señalado. Esa tecnología destructiva solo tiene que alcanzar un punto en el que los cables se corten, algo en lo que seguro que ya hay equipos en distintos países preparando.

Lo que sí parece evidente es considerar que el mundo que hemos construido ya no es el que era. Han variado las circunstancias y los conflictos se concentran en una zona específica, la del tráfico mundial de mercancías de Asia hacia Occidente y ahora sobre el mismo escenario, el del tráfico mundial de datos. Lo que más preocupa es que se ha construido un mapa de datos bancarios creando un mundo interconectado de finanzas globales.

No somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Si los retrasos o pérdidas en el tráfico marítimo suponen paros en las fábricas a la espera de que lleguen los contenedores con las piezas y eso tiene un efecto en cadena en todas las industrias, los cortes de datos puede tener un efecto similar o peor sobre los millones de transacciones que se realizan diariamente y que son posibles gracias a esos cables submarinos.

¿Cuánto tiempo resistirá un mundo globalizado si está enfrentado? Los sistemas se muestran inseguros; las construcciones más económicas, las que se buscaron, se nos muestran ahora objetivos militares en un mundo con creciente incremento de la violencia.

Ni Rusia ni Irán, una alianza frente a terceros, parecen dispuestos a aparcar sus objetivos político militares. Hacerlo es debilidad y los regímenes autoritarios saben que si muestran debilidad alentarán su caída. Hay que vigilar esas alianzas económicas que están realizando porque son el anticipo de las nuevas fuerzas del descontento que son atraídas hacia sus proyectos y fines.

No somos conscientes todavía de lo que supondría el corte de esos cables y la dificultad de su reparación en un entorno bélico como el que se ha generado. Esperemos no tener que descubrirlo. Pero la amenaza está ahí. 

* "Los hutíes ponen su mirilla en los cables de Internet bajo el Mar Rojo: qué implicaría su corte y cómo afectaría a la economía global" 20 minhttps://www.20minutos.es/noticia/5215537/0/una-caida-de-los-mercados-financieros-por-un-corte-en-mar-rojo-los-huties-amenazan-con-cortar-los-cables-de-internet/utos



lunes, 30 de agosto de 2021

La lógica de la vecindad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)




La BBC publicó hace unos días un artículo de interés firmado por Jonathan Head con el titular "Kamala Harris joins diplomatic charm offensive in South East Asia". En el artículo se nos da cuenta del viaje de la vicepresidenta de los Estados Unidos  por el sudeste asiático y de los problemas que tiene el gobierno norteamericano para recuperar algo de credibilidad después de gigantesco error en Afganistán, algo que no va a ser fácil enmendar.

La cuestión del "prestigio" —ayer tratábamos aquí de cómo los medios norteamericanos están ya evaluando el "legado presidencial" de Biden como negativo marcado por sus errores— es una cuestión que no se remonta a Afganistán. ¿Son tan ingenuos los norteamericanos como para considerar que con Biden era "borrón y cuenta nueva" respecto a lo realizado por Donald Trump en este tiempo? El problema se podría retrotraer más allá, a la pérdida de "prestigio" provocada por las decisiones erróneas de Barack Obama respecto a Oriente Medio tras la Primavera Árabe. Sí, las sonrisas de Biden con su "US is back!" no dejan de ser una ingenuidad pasmosa, solo concebible en términos de los Estados Unidos y su visión de sí mismos. A esto podemos incluir —lo hemos analizado en otras ocasiones— el desprestigio acumulado con la negativa de Trump y los republicanos a aceptar la derrota electoral, con ese punto culminante que es el asalto al Capitolio el 6 de enero, una imagen que curiosamente —con tantas analogías como se han visto estos días con Vietnam, el 11-S, etc.— no ha suscitado comparaciones con las de los talibanes armados patrullando por la ciudad y sentados en el palacio presidencial que tomaron, incluido el gimnasio.

La ingenuidad de Biden es muy norteamericana y parte de una imagen idealizada sin darse cuenta que esa imagen hace mucho que ha cambiado entre sus interlocutores, aliados y demás. Lo hemos tratado aquí en varias ocasiones porque se sigue repitiendo el mismo problema, que tiene desastrosas consecuencias para los propios Estados Unidos y para el resto del mundo. El problema de ser el más poderoso es que nadie, como al rey desnudo, le dice la verdad o lo que piensan. Solo le quedan sus propios errores para darse cuenta, pero ni siquiera así es fácil.



El artículo de la BBC tiene que ver con esto. Kamala Harris va a tratar de conseguir convencer a aliados a los que está perdiendo porque les pide que vean el mundo desde su perspectiva, algo que no es fácil. Ya le ha pasado a Harris en sus viajes al sur de la frontera y le vuelve a pasar ahora en Asía. En el artículo de Jonathan Head, tras diversos problemas de relaciones, se señala:

 

President Biden is also pushing for changes to the way global supply chains are structured, to wean US companies off dependence on small numbers of specialised suppliers, many in China.

These issues will have much more appeal in South East Asia than the Trump administration's focus on projecting US military power in the South China Sea, and on escalating trade disputes with China. None of the countries in this region wants to be asked to choose between the US and China.

But that means enthusiasm even for these digital and supply chain initiatives will be limited if they are perceived as an attempt to confront China.

And the US will have to accept the reality that Asia-Pacific countries are already increasingly locked into tight trade relationships with China through the Regional Comprehensive Economic Partnership, signed in November last year.*

 


La pregunta ahora es ¿lo entenderán? Desde que los asesores de Trump pusieron a China en el eje de su política exterior tratando de arrinconarla incluso militarmente, tanto por la presencia como por el establecimiento de alianzas con países que tuvieran conflictos en sus fronteras con China (caso de la India, por ejemplo), especulando sobre posibles ataques a Taiwán o a Japón para incrementar el miedo y aumentar la presencia militar, el apoyo a conflictos internos (como el caso de Hong-Kong), etc., la obsesión norteamericana, expresada primero por Trump en su máximo cinismo y por Biden en su versión sincera no ha sido otra que evitar que China les desplazara del primer puesto mundial según diversos indicadores, especialmente los económicos. 

Biden lo expresó con total claridad: evitaría por todos los medios que esto, el adelantamiento de China ocurriera. El pistoletazo fueron las amenazas ante el dominio del 5G por parte de Huawei y el adelantamiento en investigación en IA en China. La época de Trump fue de feroces trabas y amenazas a todo aquel que tuviera relaciones comerciales con China y hasta se penalizó a las empresas norteamericanas que producían fuera, especialmente en China y México, para abaratar. Se puede rastrear el conflicto con la muy norteamericana Harley Davidson, que se fabricaba fuera. Trump estaba dispuesto a usar la fuerza de los aranceles para lograr que el mundo dejara de comprar a China o simplemente evitar que entrara en Estados Unidos cualquier producto que se fabricara allí, incluido nuestro aceite de oliva, que pagó el pato por la iniciativa de los franceses de fabricar por su cuenta material militar y no comprarlo.


Por ahora, Biden no se muestra tan directo como Trump (las sutilezas no son lo suyo), pero si igual de obsesionado con la cuestión China, de forma que ganó las elecciones distanciándose de Trump para avanzar por la legislatura dirigiéndose hacia Trump, transformándose con sus modos de actuar. En Afganistán ha materializado lo que Trump diseñó teóricamente y no tuvo tiempo de realizar. Por algo, lo medios norteamericanos observan cómo los republicanos esconden su trayectoria afgana última, su forma de plantear una paz que no es más que una derrota mal asimilada. Pero lo que Trump podía vender con su retórica cínica era que la derrota era una victoria; Biden, en cambio, no da para tanto cinismo.

Lo señalado en la BBC es correcto. Ya lo hemos visto antes: los países asiáticos no quieren un conflicto con China, entre otras cosas porque la propia China está ya produciendo en determinado países de alrededor porque le resulta más barato. China ya tiene sus chinas. Los único interesados son los que ya mantienen conflictos abiertos que buscan el respaldo de otras fuerzas para sus pretensiones. Pero ese juego es terriblemente peligroso porque los harán más osados haciendo peligrar la paz o el equilibrio siempre precario existente.


2015


De hecho, el conflicto con Huawei se había materializado inicialmente ante la preocupación norteamericana de que China lograra establecer una zona segura de comercio con sus vecinos, como se menciona en el último párrafo citado en el texto de la BBC.

Lo que consiguió realmente Trump es algo que estaba cantado: desarrollar una mayor identidad nacionalista en China, que ha sido capitalizada por el PCCh y especialmente con su presidente, que ha conseguido reforzar su figura. Mientras en Estados Unidos se preocupan por el "legado" de Biden pocos meses después de llegar a la Casa Blanca, el de Xi Jinping ve consolidado el suyo, que pasará a formar parte del sistema educativo chino, según se exponía en la BBC en español hace unos días:

El "Pensamiento de Xi Jinping" tiene 14 principios que enfatizan los ideales comunistas y también:

·       Llama a una "reforma completa y profunda" y "nuevas ideas en desarrollo"

·       Promete "una vida armoniosa entre el hombre y la naturaleza"

·       Enfatiza "la autoridad absoluta del partido sobre el ejército popular"

·       Enfatiza la importancia de "'un país, dos sistemas' y la reunificación con la patria"

Sin embargo, las nuevas directrices tendrán un despliegue mucho más extenso.

"Las escuelas primarias se centrarán en cultivar el amor por el país, el Partido Comunista de China y el socialismo. En las escuelas intermedias, la atención se centrará en una combinación de experiencia perceptiva y estudio del conocimiento, para ayudar a los estudiantes a formar opiniones y juicios políticos básicos", informó el medio de comunicación estatal Global Times.

"En la universidad, habrá más énfasis en el establecimiento del pensamiento teórico", agregó.

El ministerio también está trabajando en incluir temas como el liderazgo del partido y la educación de defensa nacional en el plan de estudios, le dijo al Global Times Tian Huisheng, un funcionario del Ministerio de Educación.

En el pasado, líderes chinos han creado sus propias ideologías políticas que se han incorporado a la Constitución o al pensamiento del partido.

Pero ninguno, además del fundador del partido Mao Zedong, ha descrito su ideología como "pensamiento", que está en la cima de la jerarquía, y solo Mao y Deng Xiaoping han tenido sus nombres asociados a sus ideologías.**

 


Ante esta perspectiva de consolidación y mayor control alrededor de la figura presidencial, es difícil que los estados de la zona deseen enfrentarse a la dicotomía de una nación a la que ven en ascenso y pegados a sus fronteras, un socio económico fuerte y fiable, o de un país cuyos bandazos e intereses propios son constantes según el gobernante. La sinceridad de Biden sobre el objetivo principal, evitar que China les supere, una vez más se vuelve contra ellos porque es la mentalidad del que ya se ha visto superado. Mientras China mira hacia atrás y ve cómo la pobreza fue superada y se encuentran con un país nuevo en gran medida, superando las desigualdades, pese a que muchas zonas sigan esperando sus oportunidades históricas.

Los Estados Unidos han sido, mediante reacción, los principales responsables de este desarrollo nacionalista y personalista que no se había alcanzado, como se señala, desde las figuras de Mao y Deng. Tener un enemigo exterior, máxime si es poderos, desarrolla el sentido comunitario y nacionalista.

La lógica del dominio y la supremacía internacionales ha dejado de funcionar debido a la propia dinámica norteamericana. Hemos hablado mucho de la cuestión del "liderazgo" y de cómo éste no se consigue por los medios empleados. No se puede decir que se defienden los valores democráticos y los derechos humanos para después abrazar a todos los dictadores amigos, empezando por Arabia Saudí. Es solo un ejemplo, pero lo cierto es que los errores de la política norteamericana —construir unas relaciones en las que fueran siempre la cabeza dominante— se vuelven contra ellos. Los destrozos los recogen, muy baratos, países como Rusia (Oriente Medio) o la misma China, que se acercan a aquellos que han dejado los estadounidenses en estado calamitoso.



Los Estados Unidos desarrollaron el fenómeno de la globalización pensando que impondrían su fuerza. El resultado es muy distinto y ya no les gusta, por lo que la globalización se ha transformado en un retroceso a lo doméstico y a convertir el mundo en compradores bajo amenaza propia o sanciones. Con Trump se vio esto con claridad y con Biden no ha cambiado demasiado esta forma de acción porque son los intereses de las industrias, de las digitales a las de armas o cualquier otro campo.

Es interesante que el análisis inicial del problema de cerco a China venga de Reino Unido. La política británica forma parte importante de lo que ocurre en Asia en muchos sentidos. Desgajada de la Unión Europea con el apoyo expreso de la Casa Blanca de Trump, ven con más claridad lo que es una realidad, una política que se basa en un modelo británico de acción de larga data: sembrar la desunión y crear conflictos para alentarla. Los países asiáticos no están dispuestos a enfrentarse con China porque saben que no les favorecerá y será más cercana a la vecindad productiva, aunque después pueda pasarles factura. Saben, en cambio, que lo que los Estados Unidos les piden es, siguiendo su fórmula, una consecuencia de los "intereses norteamericanos". No hay otra.

No puede haber mejor objetivo que restaurar un clima de confianza y de solución de conflictos de forma dialogada. China se ha desarrollado por un esfuerzo enorme y la creación de un clima que favorecía la producción y el comercio internacionales. Hay muchas cosas que arreglar en su forma de comercio e internamente, pero eso no importó cuando Occidente se favorecía por la producción en el exterior.  China tiene en marcha con Europa la iniciativa de la "nueva ruta de la seda", "Una franja y una ruta", la vía del ferrocarril y la marítima por el Canal de Suez. Son muchas cosas, muchos proyectos y muchos intereses legítimos que se irían al traste. Algunos lo quieren, desde luego. Pero siempre se está a tiempo de renegociar las condiciones, algo a lo que hay que dar nuevo valor conforme a los cambios.

Ahora la situación es otra, pero el objetivo de la paz y la armonía internacional debe ser irrenunciable porque es el único que asegura la estabilidad ante lo que viene, una enorme crisis energética y un cambio climático que nos va a sacudir a todos antes de lo pensado. De otra forma, viviremos en una creciente incertidumbre que añadirá mayores riesgos a la situación. No nos hemos enfrentado todavía a este tipo de situación global con elementos que no controlamos, como las pandemias y los efectos desastrosos del cambio climático. Cuantas más cosas están bien atadas, menor será el desastre por llegar.

 


* Jonathan Head "Kamala Harris joins diplomatic charm offensive in South East Asia" BBC 24/08/2021 https://www.bbc.com/news/world-asia-58277226

* "Qué es el "pensamiento de Xi Jinping" que se enseñará de ahora en adelante en las escuelas de China" BBC 25/08/2021 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58329829

domingo, 4 de octubre de 2020

¿Quién ha infectado a mi presidente?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Sano o enfermo; muerto, vivo o mitad y mitad, Trump sigue siendo el centro. No es que juegue con blancas, es que el tablero es suyo y el contrario juega con las fichas contrarias. Trump no es un político, es un espectáculo, uno continuo, sin paradas, un show de improvisación, un larguísimo monólogo sobre el escenario de los Estados Unidos, del planeta entero. Cuando habla, se comenta lo que dice; cuando calla, todos se preguntan por su silencio. 

Los Estados Unidos siguen divididos con Trump. Están los que se lo han tomado por la vía transcendental el momento que vive el país; son los que piensan en la "seguridad nacional" y en los mecanismos constitucionales, en cómo afectaría a las elecciones en su recta final. Están también los que ven en su caso una enseñanza moral, una fábula con moraleja. Finalmente, están los que se carcajean sin límite inundando las redes sociales con memes, chistes y recordatorios de la arrogancia, ignorancia e imprudencia del presidente convaleciente. Unos dicen lo que piensan, mientras otros lo callan. Y otros hablan más de la cuenta.

Trump ha estado responsabilizando a China por el virus, lo que ha hecho que este se percibiera como una especie de "ataque" a los norteamericanos, el país que —por sus propias decisiones sobre cómo manejar la pandemia— está en el número uno mundial de contagiados y muertos. El narcisismo trumpiano se ha extendido a una parte de los Estados Unidos y esto les permite imaginarse una especie de plan conspiratorio cuyo golpe final era el contagio de su presidente.

En la CNN, James Griffith nos cuenta cómo en China se ha tratado de moderar la respuesta al contagio de Trump, la primera dama y algunos miembros cercanos de su staff. Según algunos medios, son las alegrías tomadas en la presentación de la nueva jueza candidata al Tribunal Supremo. Lo han establecido viendo la proximidad de unos y otros durante la ceremonia. En China se estaría controlando la respuesta popular ante la enfermedad de Trump para evitar incidentes diplomáticos, nos dicen. 

En Estados Unidos, por el contrario, señalan algo más preocupante: 

Yet that seems unlikely to change. Trump could now take an even harder line on China, further leaning into the narrative he has already established that Beijing is ultimately to blame.

Some on the US right are already using Trump's diagnosis to do just that. Republican Sen. Kelly Loeffler tweeted Friday that "China gave this virus to our President," adding "WE MUST HOLD THEM ACCOUNTABLE." Blair Brandt, a Trump campaign fundraiser, claimed the "Chinese Communist Party has biologically attacked our President," while US Rep. Mark Walker, ranking Republican member on the House Subcommittee for Intelligence and Counterterrorism, asked "is it fair to make the assessment that China has now officially interfered with our election?"* 

Si hay algo peor que Trump sean probablemente los trumpista. La expresión "ser más papista que el Papa" les cuadra bien. En el fondo, son sus hijos intelectuales, forzando mucho la palabra.

Como es tradicional en estos casos de fanatismo, se deben retorcer los hechos para que encajen en las estrechas y rígidas mentes. Lo decíamos hace un par de días, los fanáticos derechistas de los Estados Unidos acabarían fabricando sus propias conspiraciones y la enfermedad del presidente, debida a su propia necedad imprudente, es el broche mental que les permite seguir justificando lo que no pueden aceptar, su propia responsabilidad.

Trump pasó de la indiferencia al negacionismo. Hay más de 200.000 muertos en los Estados Unidos que le pueden ser adjudicados como responsable de políticas dirigidas a negar, pese a las evidencias, la importancia o el alcance del virus.

No deja de ser sorprendente que aquellos países en los que se ha negado la pandemia sea donde más muertos se han cobrado y, además, sean los más beligerantes contra China ya que se da la ¿extraña coincidencia? de estar gobernadas por populistas de ideología derechista.

Trump tenía una guerra contra China desde mucho antes que saltara la cuestión del COVID-19, pero solo cuando ya no pudo contener la evidencia de su ineptitud empezó a responsabilizar a China y a construir las conspiraciones cuyo único objeto era aislarla para beneficiarse en su guerra económica.

Los problemas de Trump con China no tienen nada que ver con la ideología sino con un hecho: China no ha cumplido el modelo de fracaso económico que se había diagnosticado al modelo comunista, entre otras cosas, porque no es lo mismo "ser comunista" que "estar gobernada por el PCCh". Con China no ha ocurrido lo mismo que con la Unión Soviética, una potencia que se desmoronaba ante la presencia de los Estados Unidos y Europa. China es ya la segunda potencia económica mundial y ha dejado de ser la mera fábrica de Occidente, sobrepasándolo en muchos terrenos punteros de la tecnología y la Ciencia, y con un mercado propio que ha ido aumentando su poder adquisitivo.

16/04/2020

El hecho de que China haya celebrado el fin de la pandemia gracias al esfuerzo del pueblo chino, que se ha sacrificado (¿cuándo aprenderemos a diferenciar a los pueblos de sus gobiernos?) fuertemente desde el principio para poder controlar la pandemia, algo que no han hecho aquellos que han estado más preocupados por la economía —una economía que no han logrado salvar— que por la vida de las personas. Todavía seguimos escuchando estupideces neoliberales sobre derechos que lo único que encubren es el miedo a las pérdidas económicas de personas y sectores, capaces de sacrificar las vidas de los que hagan falta, como quedó en evidencia en Reino Unido con la idea (que muchos no dicen pero cumplen) de la "inmunidad de rebaño", concepto derivado de los animales, pero de enorme crueldad si se aplica a los seres humanos.

La situación de movilidad mundial que tenemos es un semillero de infecciones futuras. El mundo se ha hecho instantáneo, pequeño al poderse recorrer en unas pocas horas, lo que hace que cualquier enfermedad se transmita con los efectos que vemos en muy poco tiempo. Son efectos colaterales de las interacciones internacionales del comercio y del turismo, básicamente. Los productos viajan de un extremo a otro del planeta; las líneas comerciales recorren el mundo en aviones, barco y trenes. hay grandes centros de concentración que sirven de nodos de redes de comunicaciones; hay ciudades de las que entran y salen millones de personas cada día gracias a los transportes de alta velocidad que permiten trabajar en una ciudad y vivir a dos cientos kilómetros de distancia, cubiertos en poco más de una hora.

Por otro lado, el maltrato dado al planeta, a su fauna (que ve reducido sus hábitats) o a su vegetación, los cambios extremos en la meteorología, con sequías, inundaciones, fuertes tormentas, etc. contribuyen a que nuestro entorno sea cada vez más agresivo desde múltiples dimensiones. Acumulamos, además, reacciones alérgicas, pérdida de defensas, vidas más alargas y achacosas, obesidad, estrés, problemas respiratorios por la polución, el tabaco, emisiones de todo tipo, vertidos accidentales, quemas de bosques, talas incontroladas, expansiones urbanas...

La crisis que tenemos es la del parón de una economía basada en el movimiento. Pero la guerra económica con China a la que Donald Trump ha tratado de lanzar al mundo contra China no es más que la frustración por la pérdida del dominio norteamericano, basado además en el papel de gendarme del mundo, es decir, un poder militar que es el que Trump ha estado fomentando a través del miedo con la creación de puntos calientes de fricción por todo el globo, de Oriente Medio a los mares de China.

La obsesión china de Trump ha calado bien en todo el electorado norteamericano porque afecta a todos, ya que les da una explicación sencilla de porqué se ha producido la decadencia del país. Para justificarla se recurre a todo tipo de argumentos. El preferido de Trump inicialmente eran los malos negocios que habían llevado a cabo los presidentes norteamericanos anteriores a él, todos muy malos negociadores, ¿lo recuerdan? El ego de Trump le hace percibirse como aquel que viene a arreglar los débiles acuerdos del pasado. Hay que temer a Estados Unidos para negociar bien, por eso lo primero es romper acuerdos, salir de foros internacionales, etc. La segunda fase es regresar con amenazas, con presiones, con conflictos en el horizonte, habiendo destruido los mecanismos de acuerdo. Europa lo ha padecido desde la OTAN, que llevó a que algunos países plantearan la necesidad de un ejército europeo armado con material europeo, lo que llevó a la ira de Trump, cuyas presiones tenían como objeto favorecer a la industria de armamento de su país, ahora centrada en la venta de armas a los países de Oriente Medio (Arabia Saudí, Emiratos), creando un nuevo foco de conflictos al presionar a Irán aislándolo y sacándolo de los acuerdos tan duros de conseguir anteriormente.

Pero el verdadero objetivo es China, a la que ahora se pretende responsabilizar de la ignorancia suicida y narcisista de Trump, víctima de sí mismo. La creación de focos de conflicto con China no cesa. La prensa norteamericana se ha dejado llevar en gran medida por Trump y ha creado una nueva guerra fría mediática cuya función es distraer de los hechos reales, que el mundo ya no es el mismo que era después de la guerra mundial, que fueron los propios Estados Unidos los que impusieron la globalización, fue su capitalismo el que eligió a China como fábrica más barata y se transformó en centros de investigación y sector servicios, algo muy sensible a dos cosas: recortes neoliberales y parones como el de la pandemia.


En China se pasó, en menos de treinta años, de la locura de la Revolución cultural a ser la segunda potencia mundial. A Estados Unidos le asusta no disponer de argumentos para explicar lo que la teoría negaba, el éxito económico chino y su transformación en potencia económica, un caso insólito teniendo en cuenta el punto de partida. El crecimiento norteamericano, en cambio, se produce tras el desastre mundial de la II Guerra Mundial, con una Europa devastada y una potencia, la Unión Soviética, que se había comido la mitad del continente, necesitada de protección, ante un aliado que que quería aprovechar y quedarse con todo el pastel. Entre ambas, se repartieron el mundo. Ahora estamos en un escenario muy distinto.

Pero lo ocurrido en China no es la explicación simplista de lo ocurrido en los Estados Unidos, cuya pérdida de influencia se debe a sus propias políticas y errores estratégicos. La soberbia de Trump no es la única causa, pues viene de antes. Trump ha sido el que ha recogido el malestar y el rechazo. El problema es que la solución de Trump pasa por la creación de conflictos y la presión para obligar a comerciar con los Estados Unidos, a practicar el proteccionismo económico, como ya padecen muchos países cada vez que se relacionan con alguien que no les gusta. Es la forma de cortar los lazos y crear de nuevo una política de bandos enfrentados donde todos dependan de su paraguas protector, que esta vez tendrá un precio muy elevado.

Los intentos de responsabilizar a China, incluso de pasarle una factura de daños económicos por la pandemia, ya tenía sus adeptos gracias a las afirmaciones  de Trump. Pero ahora van más allá. Responsabilizar a China de "infectar" a su presidente es una especie de declaración de guerra que, hasta el momento, solo tiene un contendiente los Estados Unidos de Trump, que ha jugado con una peligrosa retórica a la que Europa trata de no dejarse arrastrar por motivos evidentes.

Trump se ha infectó porque es Trump. Los que se han infectado en esa reunión es porque no querían quedar mal ante él llevando mascarilla; porque se abrazaron y besaron, porque —en resumen— siguieron la estupidez del líder hasta el límite de la prudencia y lo traspasaron. Llama la atención en la reunión ver a los periodistas mayoritariamente con mascarillas, al fondo, mientras que los que estaban en las primeras filas no querían que su presidente se perdiera gesto facial alguno de su admiración y felicidad por compartir aquel momento con ellos. La fidelidad se paga. Toda la prensa norteamericana da imágenes y gráficos de la posición de las personas en los actos de presentación de la jueza. Se ven imágenes en las que las caras de satisfacción por estar allí y poder estar cerca de sus jefes, queridos y admirados. Hay colas para saludarse, estrujarse en una competencia de intimidad. Si llevo mascarilla, ¿cómo van a saber que he estado allí? 

Ahora los fieles quieren responsables. Sin embargo, lo han tenido siempre delante sus narices. Algunos podrán presumir, si sobreviven, de haber sido infectados directamente por su amado líder, un gran honor.  

* James Griffiths "Trump has repeatedly blamed China for a virus that now threatens his health. This will make Beijing nervous" CNN 3/10/2020 https://edition.cnn.com/2020/10/02/asia/trump-china-coronavirus-intl-hnk/index.html


viernes, 20 de enero de 2017

Día uno

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Como Donald Trump ha dado en repetidas ocasiones una descripción de lo que será su primer día en la Casa Blanca como presidente de los Estados Unidos, no habrá que esperar mucho para ver sus planteamientos reales. Muchos albergan dudas sobre si realmente hará lo que ha dicho que hará, que es por lo que ha sido elegido. En unas pocas horas lo sabremos y el mundo sabrá también a qué atenerse.
Se inaugura el temido liderazgo en la potencia más poderosa de lo que podríamos llamar una agresiva política empresarial, pues es de lo que Trump presume. Hasta el momento los empresarios han estado en una segunda línea, condicionando la política, creando lobbies pero no han tenido esa pretensión para evitar precisamente la incompatibilidad de los negocios. El beneficio era su opción; la política su estrategia. Ahora vemos que las tornas cambian y que alguien que presume de carecer de experiencia política, que considera como una carga, se enfrenta a los problemas del mundo.
Desde el principio, Trump se ha centrado en un mensaje agresivo. La agresividad se ha dirigido hacia temas económicos, planteando una división maniquea entre los Estados Unidos y los que se oponen, conspiran, etc. a su grandeza centrada en el beneficio y el empleo, que es como ha conseguido la mayor parte de sus votos. Él era el "empresario de éxito" que iba a enseñar a gestionar el país consiguiendo los mismos resultados favorables aplicando sus formas de actuar. Pero ni los Estados Unidos son una empresa ni el mundo es solo un mercado.
Salvo algunos marcados políticos —los Farage y compañía—, los que han pasado por la Torre Trump han sido empresarios. Es a ellos, con los que puede compartir un lenguaje, a los que ha hablado o incluso presionado antes de llegar a la Casa Blanca para que retiren sus fábricas de México o creen empleos en Estados Unidos. Lo ha hecho con empresarios extranjeros, asiáticos, principalmente Japón. Y los empresarios han salido de la Torre haciendo declaraciones y prometiendo plegarse a sus deseos para evitar las sanciones de los impuestos prometidos: 35% a los que venga de México, 45%  a lo que llegue de China, según explicaba esta misma noche la BBC.


Los empresarios han respaldado las políticas de bajadas de impuestos en los Estados Unidos que Trump les promete. Pero muchos tienen serias dudas sobre si eso tendrá un efecto real sobre los que le han votado. Lo que está por verse es si esa política de atracción se va a traducir en una política de empleo y de empleo de calidad o va a dar lugar a la instalación de unas fábricas que van a encarecer el propio mercado produciendo una inflación disparada. Los que se llevaron las fábricas de Estados Unidos son los mismos que ahora están dispuestos a devolverlas si se les prometen bajadas de impuestos, pero ¿qué ocurrirá con los sueldos? En España sabemos algo de esto.
Encarecer las importaciones no significa necesariamente producir más barato. Y si se quiere producir más barato, los sueldos son lo primero que se resiente. Por mucho que baje los impuestos, los inversores son implacables, siempre quieren más. Y "más" significa, de nuevo, sueldos más bajos. Lo que se puede producir es un empobrecimiento real bajo un mayor empleo. También sabemos algo de esto. Si se quiere retener la producción, el coste social es enorme porque lo que se produce es a un enorme coste que dispara los precios y los sueldos dejan poco margen de compra. Es eso que hemos escuchado tantas veces de que la mejora económica se traslade al empleo. Entonces los inversores tienen ya la sartén por el mango. Y llega la amenaza si se les presiona. Las facilidades que quieren son las máximas, los compromisos los mínimos porque solo hay uno real: ganar lo máximo posible.
Si Trump, como ha dicho, desencadena una guerra comercial con su proteccionismo, los Estados Unidos tendrán problemas para exportar. A menos que Trump no solo haga prohibitivas las importaciones sino que imponga las exportaciones con otro tipo de amenazas, en cuyo caso los problemas que creará son todavía mayores pues las amenazas y presiones solo pueden llegar desde un apartado, defensa y seguridad.
Los únicos que hablan positivamente de lo que Trump quiere hacer son algunos empresarios y gestores de fondos de inversión. La BBC reproduce las declaraciones en Davos de Ray Dalio, el director del mayor fondo de inversión mundial, quien señala que Trump será "bueno" para la economía mundial y de los Estados Unidos, pero que teme los "populismos" que le acompañan. La información se cierra con una sorprendente cuestión:

"We know that Donald Trump is aggressive - the question is whether he is going to be aggressive and prudent, or aggressive and careless. We don't know the answer. He has put together reasonable people around him, they don't seem reckless."*


La cuestión de la "agresividad" parece ser tomada como una cuestión empresarial. Cuando un inversor dice que algo es "bueno" para la economía de cualquier parte es poco probable que se esté refiriendo a lo que menos le importa y que, sin embargo, son los que le han votado en los Estados Unidos, los trabajadores. Lo han hecho con el argumento "populista", una mezcla de nacionalismo y xenofobia. Pero ¿es el mismo argumento válido para las empresas? ¿Desde cuándo han dejado las empresas de ser nacionales o incluso nacionalistas?
A las empresas americanas les puede ser interesante el proteccionismo, pero ¿eso significa ese "patriotismo" que los votantes esperan de Trump y los que ahora les apoyan? Es más que dudoso. Pensar que los intereses de la gente son los de las empresas es demasiado ingenuo a estas alturas del capitalismo.
Por eso la pregunta de si las medidas proteccionistas se van a seguir de otras de corte imperialista y amenazantes hacia el exterior no son irrelevantes.


José Ignacio Torreblanca dedica su columna en El País a la llegada de Trump. La titula significativa y escuetamente: "El suicidio anglosajón". Torreblanca considera que lo que Trump implica es el fin de un imperio —de una cultura representada por la democracia y el liberalismo económico—, con liderazgo en dos etapas, la británica en el XIX y los Estados Unidos en el XX, que, lejos de ser vencido por la llegada de un nuevo imperio, y en un momento exitoso de la Historia, decide suicidarse. Señala Torreblanca:

Pero ahora, estos dos hegemones, el británico y el americano, que algunos han calificado de “benignos” (más que nada en comparación a otros competidores como la URSS o la Alemania nazi, y no obstante el escepticismo de Gandhi sobre el empeño de Occidente en denominar el imperialismo como “civilización”), están adoptando un rumbo aislacionista en lo político, proteccionista en lo económico, y xenófobo en lo identitario y cultural, cuestionando los elementos fundacionales del orden global que tanto la pax britannica como la pax americana han compartido y articulado.
Lo paradójico es que tanto EE UU como Reino Unido tienen a su favor todos los elementos para seguir sosteniendo un orden multilateral liberal y beneficiarse de él con creces, como han hecho hasta ahora. Frente a las quejas que nos trasladan respecto a integración económica o la inmigración, lo cierto es que los dos países han superado la crisis de 2008 más rápido que sus rivales y, además, son un referente tanto en la integración de inmigrantes como en el fomento de la diversidad cultural y la tolerancia religiosa. Pese a los lamentos de Trump y de los partidarios del Brexit, sus países viven, en comparación a otros, y en comparación a otros periodos de su historia, una época dorada. Que los países más dinámicos, abiertos y exitosos tiren la toalla de la globalización no deja de resultar sorprendente de hasta qué punto vivimos una enorme anomalía histórica.**


Señala el autor que no es la primera vez que un hegemón exitoso abandona sus posibilidades y vuelve a posiciones que tienen consecuencias negativas importantes. El "aislacionismo" que considera Torreblanca quizá no sea el término correcto y haya que analizarlo a la luz de la idea de la "agresividad" de Donald Trump y la diferencia que supone en cuanto a la sensatez o la locura.
El aislacionismo supone, de algunas manera, salir de la globalización, como bien analiza Torreblanca. Pero ¿y si no es la globalización lo que se pretende dejar sino la "reciprocidad" en el mundo global? ¿Y si lo que pretende Trump es una agresividad —todos la dan por supuesta, pero no se atreven a ponerle etiqueta— intimidatoria que obligue a aceptar a unos pagos de muros (México), a otros pagos de la defensa (la OTAN), etc., es decir, una especie política de cobros, embargos y sanciones a los países que no se dobleguen a sus exigencias?
Las políticas de producción en Estados Unidos solo tienen sentido con la exportación y esta exige equilibrios. La única forma que tienen los Estados Unidos para que les resulten rentables sus planes de eliminar las fábricas exteriores es desatar una guerra comercial. A una política de este tipo se le contestará con una política arancelaria similar a los productos norteamericanos. Destruir los tratados de comercio con el mundo solo tiene sentido si piensa seguir una política muy agresiva para imponer sus condiciones, como ha hecho claramente con México, cuyo hundimiento puede provocar.
Sus objetivos ahora son México, el más débil, el vecino dependiente tanto en las fábricas como en la cuestión migratoria. Veremos si los gobernantes mejicanos dan la talla para enfrentarse a lo que se les viene encima. El otro objetivo no es tan sencillo: China.


Si los mejicanos eran "criminales", "violadores", etc. según su discurso durante la campaña, el discurso sobre China es otro. Ha sido más duro en cuanto sancionar a las empresas americanas que importen. Es una forma de agresión a China, que verá reducida su producción ante la reducción del mercado americano. Y ocurrirá algo similar a cuando Europa sancionó a Rusia con el gas: China tuvo un gran contrato beneficiándose de las sanciones al lograr un gran precio. Rusia se sacudió la presión europea al seguir vendiendo gas. Puede que esta vez funcione al contrario y China busque otros aliados para compensar las presiones americanas o las pérdidas causadas. En China, además, hay una creciente clase media que puede compensar su mercado; en Estados Unidos, por el contrario, hay —como en otros países— una reducción de las clases medias y una proletarización importante. Difícilmente podrán asumir sus propias producciones en medio de una guerra comercial o que vaya más allá.

Dar por "natural" la agresividad de Trump muestra hasta qué punto se ha distorsionado la política en estos años. Entra aquí el factor que le preocupaba a Ray Dalio: el auge del populismo. No es casual que la mirada de muchos historiadores y sociólogos se está volviendo hacia el periodo de los años 20 y 30, hacia el momento en el que el fascismo se adueñó de países poderosos en ese momento como Alemania y Japón. Ese populismo se tradujo en racismo, xenofobia, imperialismo, etc. elementos todos ellos que han estado presentes en la campaña de Trump y, lo que es peor, en la mente de sus votantes, a los que no ha tenido que "convencer" sino solo "animar".
La cuestión que está por ver no es tanto el aislacionismo —sería una ingenuidad pensarlo—, mediante el que los Estados Unidos se retirarían de la globalización, sino más bien lo contrario: el aprovechamiento agresivo y asimétrico de la globalización. La teoría que ha estado exponiendo Donald Trump y que ha calado en su electorado es que las desgracias de los Estados Unidos vienen de haber creado las condiciones del comercio mundial y no haber obtenido los beneficios, sino que estos se los han llevado otros, aquellos que producen para luego venderles. Pero se olvida Trump que eso se ha hecho con el consentimiento del gran empresariado norteamericano que ha obtenido así más beneficios. El beneficio de los inversores, una vez más, no es el de los trabajadores porque —de nuevo— la codicia es la que ha regido las relaciones y no la búsqueda de un equilibrio o armonía interior y exterior.
Hoy no nos dicen que los países ricos sean más pobres, sino que ha crecido enormemente la "desigualdad". Se nos dice y repite todos los días con todo tipo de datos: es la desigualdad, la brecha entre ricos y pobres la que crece globalmente y en cada país. Confundir una cosa con otra es peligroso. Lo más probable es que los inversores hagan lo mismo que han hecho en etapas anteriores, enriquecerse ellos y empobrecer a los trabajadores de los países reduciendo sus salarios y ajustando su capacidad adquisitiva.
Las empresas que fabrican fuera y venden dentro. Buscan así los precios más bajos para producir y los más altos para vender. ¿Son estas empresas norteamericanas las que responsabilizan a las extranjeras por fabricar en sus países? Fabrican para ellos.
¿Va el empresario presidente a cargarse la competencia? No: lo que va a cargarse son las reglas del mercado asimétricamente, imponiendo la fuerza de los Estados Unidos hasta llegar a las condiciones que favorezcan ¿a los trabajadores?, más bien a los inversores de las empresas, que buscarán los beneficios de volver a cambio de empleo barato. ¿Qué efectos tendrá esto en la economía global y específicamente en la norteamericana?
El populismo de Trump es el de alguien que presume de no pagar impuestos. Hasta ahí no llega; sus propiedades por medio mundo tampoco son un aval. Sus soluciones no van a ser muy diferentes. Sus discursos pueden serlo, pero la realidad es la que es.


La cuestión, en cambio, es cómo esa agresividad y ese estilo autoritario y personal de llevar sus empresas es válido para llevar a un país como los Estados Unidos a la prosperidad y si la prosperidad americana se consigue abriendo una guerra con otros países.
Hoy nadie puede aislar, con la excepción de lo que el Estado Islámico proclama, un mundo dentro del mundo. Este es hoy un sistema global en el que los desajustes tienden a compensarse hacia el equilibrio. El problema no es que los pueblos produzcan y prosperen; todos deberían hacerlo. La cuestión clave es la desigualdad, que esos beneficios se han ido a los que ahora proclaman estar del lado del presidente recién llegado.
Las fuentes de inspiración de Trump iban a las respuestas sencillas: en los 70 y 80 la culpa era de los japoneses; posteriormente han sido los chinos y coreanos. Es fácil dirigir las iras contra mejicanos, chinos, coreanos, europeos... Veremos en qué acaba esta guerra que hoy, día 20, se declara.
Europa debe tomar ejemplo de lo que no se debe hacer y vigilar también sus desigualdades entre países y dentro de ellos. Son la fuente de los recelos. Lo hemos visto en el Brexit, que veremos en qué acaba.


Leer los artículos con los que la mayoría de la prensa norteamericana analiza este día en el que toma posesión es un ejercicio depresivo. Pero también aleccionador y un gran aviso. Me quedo con el inicio del artículo de David Brooks en The New York Times:

This is a remarkable day in the history of our country. We have never over our centuries inaugurated a man like Donald Trump as president of the United States. You can select any random group of former presidents — Madison, Lincoln, Hoover, Carter — and none of them are like Trump.
We’ve never had a major national leader as professionally unprepared, intellectually ill informed, morally compromised and temperamentally unfit as the man taking the oath on Friday. So let’s not lessen the shock factor that should reverberate across this extraordinary moment.
It took a lot to get us here. It took a once-in-a-century societal challenge — the stresses and strains brought by the global information age — and it took a political system that was too detached and sclerotic to understand and deal with them.***



Es con este pesimismo con el que los Estados Unidos —y el mundo— afronta la llegada de Donald Trump a la presidencia.
Habrá que ver si, como señala José Ignacio Torreblanca, la civilización anglosajona, acaba con sus dos valores, democracia y liberalismo. Y si acaba siendo comparada con los fascismos racistas y xenófobos contra los que combatió con éxito en la primera parte del siglo XX. Los indicadores, hasta el momento, son malos. Es lo que le hemos escuchado a su nuevo presidente una y otra vez.
Se pagan ahora los excesos de las injusticias de la globalización, los que han derivado en el aumento de la desigualdad y del que hay que responsabilizar especialmente a los que ahora responsabilizan a los demás. Trump se ha subido a un tren en marcha; el que le llevaba directamente a la Casa Blanca. Ha recogido en su equipaje miedos, fobias, mentiras y medias verdades. Le han bastado para llegar donde quería.
Hoy comienza un camino incierto.



* "Hedge fund boss Ray Dalio says Trump will boost growth" BBC 20/01/2017 http://www.bbc.com/news/business-38688559
** José Ignacio Torreblanca "El suicidio anglosajón" El País 20/01/2017 http://elpais.com/elpais/2017/01/16/opinion/1484595953_620288.html
*** David Brooks "The Internal Invasion" The New York Times https://www.nytimes.com/2017/01/20/opinion/the-internal-invasion.html?action=click&pgtype=Homepage&clickSource=story-heading&module=span-abc-region&region=span-abc-region&WT.nav=span-abc-region

viernes, 11 de diciembre de 2015

Las rutas mentales a la violencia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La globalización de los efectos del terrorismo, es decir, su deslocalización y reparto como amenaza a la totalidad del mundo —con la excepción del espacio controlado por el Estado Islámico— ha hecho que se aceleren los intentos de comprensión de los mecanismos de la radicalización. Ya no son solo los distintos caminos para la acción, las rutas de los desplazamientos. A las rutas físicas (si vienen por Turquía o salen de Bruselas), le sigue ahora el interés por las rutas mentales, los caminos hasta los núcleos en los que se toma la decisión de matar.
Este proceso es complejo y diverso, como se puede comprobar en cada nuevo caso. Ahram Online publica un artículo, titulado "Profiles of radicals reveal numerous paths to extremism", en el que se señala:

For some, the turn to Islamic extremism begins with a Google search, for others a stint in prison. Most of those who embrace such beliefs are young men, but not all. Many are loners or outcasts, while others leave behind family and friends who are shocked by their transformation.
The attacks in Paris and California have many wondering how seemingly ordinary people, many from prosperous Western countries, become radicalized. While certain patterns exist, there are enough outliers to confound law enforcement and make it impossible to anticipate every attack.*


A continuación, el periódico realiza un recorrido por ocho casos de extremistas, casos de Alemania a Jordania, de Siria a los Estados Unidos, en los que los casos no constituyen un patrón, sino que muestran caminos diversos.
Lo primero que comprendemos es que está es la primera guerra de la Sociedad Digital de la Información. Al igual que hubo diferencias enormes entre lo que fueron las dos guerra mundiales, dominadas por prensa y radio, mientras que el proceso que va de Vietnam a la Guerra del Golfo estuvo dominada por la televisión esencialmente, la nueva situación está dominada por los efectos de la emergente sociedad de la Información, definida por la digitalización y las redes. La digitalización implica la conversión de los lenguajes a uno, el binario, capaz de circular a través de los bits de información por lo que constituye el vehículo de distribución, las redes. Estas últimas son redes de transmisión que crean las redes sociales. De las primeras se ocupan ingenieros e informáticos; de las segundas, sociólogos, antropólogos, mediólogos, polítologos, psicólogos sociales, etc. De la conjunción de ambas surge nuestro escenario cultural global.


Y en él surge una nueva forma de guerra y de terrorismo. Ambos fenómenos se conjuntan con la globalización, como formas de violencia localizadas —las guerras— y dispersas —los ataques terroristas— y globales —la violencia informativa de la propaganda y demás formas de agresión simbólica—.
En este contexto, el perfil del yihadista combatiente en el frente de Siria, por ejemplo, puede ser muy diferente que el del terrorista suicida que atenta en un maratón en Boston o en una playa de Túnez ametrallando a sangre fría a los turistas. Es diferente también el perfil del que actúa solo o el del que actúa en grupo; el del que actúa con su hermano, como los de Boston, o el del matrimonio de San Bernardino. Es diferente el del que dispara en la nuca del que se hace estallar.
Los que pueden ser similares son los fundamentos ideológicos de los que parten, su visión del mundo. Es de ahí de donde salen los fundamentos sobre los que se toman posiciones en el mundo. Y esas raíces creo que son conocidas desde hace mucho. No se combaten; solo sus consecuencias: la violencia.
El tratar de separar estos procesos violentos de una forma perversa de entender la religión es un error grave ante el que muchos se están empezando a rebelar. No sirve de nada negar el fundamento religioso de unas raíces puristas, salafistas, wahabíes o de otra modalidad. Condenan el mundo "moderno" después de escuchar un fondo de coros persistente durante muchos años, de llamadas al alejamiento de la modernidad, negándola y convirtiéndola en el enemigo.


Que no sea lo que muchos millones de musulmanes en el mundo creen, no significa que no forme parte de ese camino al que llegan unos llegan a través de procesos guiados en los que creen encontrar la esencia del mensaje verdadero y, como contrapartida, la falsedad y el error en el que los demás viven. Muchos musulmanes defiende su visión del islam como religión de paz; pero eso solo no frena a los que la ven de otras maneras que están ahí desde hace mucho tiempo.
Como todo fanatismo, se llega a él a través de un proceso de eliminación de posibilidades ante la vida, a un punto en el que la verdad se hace evidente y única al que la contempla. Los demás, lo sepan o no, son víctimas o agentes de la mentira y el mal. Contra ellos dirigen su ira.
¿Qué combaten realmente? Es la pregunta que se enmascara constantemente. No se combate a los Estados Unidos o a Occidente, a Francia o a Inglaterra, los que se sabe que no se puede vencer o conquistar en un sentido convencional. Contra lo que realmente se está combatiendo es la posibilidad del acceso a la modernidad en el mundo árabe y otros países de corte islámico. Se combate por el poder, por la voluntad de verdad. Es la coacción del discurso; la palabra que tapa otras palabras, reduciendo la libertad de los demás. Para los fanáticos, no hay libertad de pensar de otra forma. Y no la hay porque la libertad no existe, solo la voluntad de Dios, que es la ellos siguen.


Por eso, negar el carácter religioso, incluso teológico, del extremismo de los terroristas es un error muy grave. Que se incurra en visiones nefastas e infames (como la de Trump) o errores de percepción políticamente incorrectos, que hay que corregir, no es óbice para que se analice esta raíz teológica excluyente que está en la base de la acción. Cuando has llegado a la "verdad", ni tú ni los otros importan, ni amigos ni enemigos.
Hay algo obvio: solo se llega a matar o al autoritarismo a través de un proceso, que puede ser positivo o negativo, de carácter religioso. Se llega a él por la profundización errónea en el mensaje, por su falta de actualidad o sentido, etc., también por la vía de la negación, que es el rechazo a todos aquellos a los que se les niega su existencia si no comulgan con las mismas verdades.
A diferencia de muchos que iban a luchar "por sus países" y solo tenían como enemigos a los enemigos de sus países, esta guerra es contra los que no piensan de la misma manera y no viven de la misma manera. Ese es el patrón que todos ellos tienen por más que hayan llegado por vías muy diferentes. Es una combinación de adhesión y rechazo. Ya se haya llegado por la inmersión personal o por la captación, la influencia familiar o social, los medios (hay canales islamistas de televisión bombardean a las audiencias de Oriente medio desde hace décadas desde países que han mirado para otro lado y son "amigos"), etc. esto se combina por el rechazo, el odio dirigido hacia el otro diferente. Y eso lo hace alguien, un director espiritual, un enrutador del sentimiento de agravio, las frustraciones, de todos los sentimientos negativos que en cada sujeto se pueda manipular para conseguir los objetivos. Los islamistas han sido maestros en este arte de la seducción y han desarrollado esos modelos de captación diciendo a la gente lo que quiere escuchar, redirigiendo sus limitaciones y fracasos hacia el exterior, hacia los que es fácil responsabilizar. Y ese sentimiento es muy intenso: la culpa de todo la tienen los otros.


Los "otros" son los responsables de la decadencia, de la mentira imperante en el mundo, de la injusticia... Todo eso que se ve no es responsabilidad de la desidia, de la corrupción de gobiernos, del despotismo, etc. La culpa la tienen los "otros", los que piensan de otra manera. Cuando se tiene un mal gobernante, este es un títere de los otros. Cuando se tiene un buen gobernante, los aviones se caen solos y no se puede cuestionar.
The Washington Post cierra su artículo sobre los avances en la investigación de la pareja terrorista de San Bernardino:

The husband-and-wife duo “were radicalized for quite a long time before their attack,” he added. This follows earlier statements by investigators that the couple had been adherents of a radical strain of Islam long before the massacre.
Farook, a 28-year-old county health inspector, and his Pakistani wife, Malik, 29, had begun communicating online, Comey said. It was during these communications that they began discussing jihadist thoughts, long before Malik traveled to the United States and they got married.
“And online . . . as early as the end of 2013, they were talking to each other about jihad and martyrdom before they became engaged and then married and lived together in the United States,” Comey said during his testimony.
This radicalization appears to predate the rise of the Islamic State, the terrorist group that in 2014 formally declared a caliphate in parts of Iraq and Syria.
“I think that there is evidence of radicalization in the case of Farook that went back years. The same may exist for Malik, so this was something that I believe in both cases may have predated the rise of ISIS,” Rep. Adam Schiff (D-Calif.), ranking member of the House Intelligence Committee, said Thursday.**


El Estado Islámico no es el origen sino la consecuencia —no causa, sino efecto— de la radicalización. Habrá un enganche de nuevos radicales que sigan al Estado Islámico, como el matrimonio declarándole su lealtad. Pero lo hacen a aquellos que se ofrecen a materializar sus ideales y exterminar su fobias.
Lo hemos señalado varias veces: el mundo musulmán está padeciendo los ataques a aquellos que trataban de modernizar el pensamiento religioso o vivir al margen. Ha sido a estos a los que se ha perseguido, como Nasr Hamid Abu Zaid, el intelectual y profesor egipcio que trato de abrir nuevos caminos interpretativos que introdujeran la modernidad en la lectura de los textos religiosos. Pero fue al que se persiguió en los tribunales, al que se le difamó y exilió. Fueron los islamistas los que le persiguieron, pero también la complicidad de los jueces de Mubarak que jugaron políticamente a dar a las masas piadosas un enemigo del pueblo y de Dios. 


El islam paga haber eliminado a aquellos que ponían su intelecto frente a los fundamentalistas, frente a los negadores de la convivencia, la modernidad y la tolerancia. De esa manera, el radicalismo se convertía en discurso único, hegemónico, el discurso de la intolerancia, el de la radicalidad excluyente. Los que se oponían fueron sacrificados por los poderosos; los que se oponían comprendieron que su camino intelectual solo podía esconderse del acoso de los islamistas y piadosos oficiales, que muestran sus méritos persiguiendo reformistas acusándolos de apostatas y lanzando fatwas pidiendo a todo buen musulmán que acabe con ellos allí donde se encuentren. Hoy se recoge esa cosecha. El cuerpo, sin defensas, enferma al mínimo contagio; la infección avanza destruyendo todo. 
Hoy, los mismos que persiguieron a los liberales y laicos, a los reformistas religiosos, persiguen a los islamistas y se presentan como las vías moderadas, como defensores de una "libertad" y ortodoxia. Son ellos los causantes de este mal que será difícil de erradicar. Lo son por sus oscuros pactos y alianzas, por dejar atacar y eliminar a los que denunciaban a la vez la opresión en sus países y el crecimiento del fundamentalismo. Los radicales les hicieron el trabajo sucio al librarles de los críticos, de los que defendían libertades y convivencia.
Las rutas mentales a la violencia son muchas. Pero si todos los caminos llevan a Roma es porque todos los caminos salen de Roma.



 * "Profiles of radicals reveal numerous paths to extremism" Ahram Online 10/12/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/173124/World/International/Profiles-of-radicals-reveal-numerous-paths-to-extr.aspx

** "San Bernardino shooting investigation expanding to larger network of people" The Washington Post 10/12/2015 https://www.washingtonpost.com/world/national-security/san-bernardino-shooting-investigation-expanding-to-larger-network-of-people/2015/12/10/d3eb6ae4-9f7e-11e5-8728-1af6af208198_story.html?hpid=hp_hp-top-table-main_sanbernardino-750pm%3Ahomepage%2Fstory