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viernes, 24 de marzo de 2023

He venido a hablar de mi futuro libro o de la moción a la promoción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El texto de la moción de censura defendida por Ramón Tamames y está a la disposición de seguidores y curiosos; está a la venta en Amazon. No esperábamos menos de la situación y algunos lo habían anticipado ante la incredulidad de muchos: ¿tan rápido, sin pudor? Pues sí. Una vez visto el episodio de la filtración mediática previa, pasada la lectura de la moción (promoción en directo), ahora toca ya el lanzamiento editorial. En junio veremos al ex candidato Tamames firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid en pleno parque del retiro.

En Antena 3 nos explican sobre la salida en Amazon:

Pero no solo se podrá encontrar el discurso completo, sino que Ramón Tamames ha incluido al comienzo un resumen explicando los "puntos fundamentales" de su discurso, "como es el necesario impulso constitucional de España, la propuesta para una economía más dinámica, la defensa de una nueva ley electoral y las razones para dicho cambio, y finalmente la propuesta para detectar y erradicar la corrupción de la vida política", se lee en la plataforma de comercio.*

Así funciona hoy la política, una mezcla de espectáculo y negocio, juegos de prestidigitación, malabarismo de cifras y datos, funambulismo y un poco de trapecio para dar emoción a los votantes dejándoles con el grito en la garganta ante el miedo a la caída. A otros les quedan las payasadas.

La moción de censura ha tenido casi más ganadores que participantes. Hay lecturas de todo tipo y para todos los gustos. Todo el mundo trata de explicar para qué ha servido este numerito que no tenía sentido por sí mismo sino por lo que permitía representar, es decir, la teatralidad política aprovechando la centralidad mediática del evento.

La lista de ganadores, según las explicaciones de unos y otros, son Yolanda Díaz y Pedro Sánchez, que han aprovechado para poner distancia con sus lastres podemitas; Núñez Feijóo que ha hecho lo mismo por la derecha, pero con el desgaste de tener que prescindir del socio ocasional, Vox, hacia al que le arrastraban emparejándolo desde el interés perverso el gobierno y sus socios.

En el galimatías resultante, unos y otros trataban de quitarse protagonismo. La jugada desde Podemos de que fueran las mujeres las que hicieran el trabajo ante los focos y cámaras, no coló y el presidente pudo atraer sobre él las miradas, que era de lo que se trataba. Todos lo deseaban ante la proximidad electoral, que es punto del horizonte hacia el que convergen miradas y cálculos. Pero a todos no les salen las mismas cuentas.

En El Mundo nos dan cuenta de las jugadas entre Yolanda Díaz y su "Sumar" (restando) y los deseos de Podemos, que intentan controlarla como fuerza amenazante. En el diario titulan "Díaz ignora las presiones de Podemos y presentará Sumar sin Belarra y Montero" describiendo el conflicto entre los afines. La afinidad en política puede ser síntoma de fusión o, por el contrario, de competencia por el mismo territorio de caza. Como esto parece que va más de competencia de cazadores por las mismas piezas que por siembra conjunta de agricultores, los conflictos se intensifican mientras el tiempo se agota.

En Podemos saben que tienen que aprovechar al máximo el tiempo ministerial que les queda, pero después del fiasco de la Ley del "solo sí es sí" no es fácil mejorar y sí empeorar. Eso es lo que desean PSOE y el etéreo Sumar, que Podemos se desinfle y no sea un lastre. Ha sido una convivencia tan complicada y traicionera por parte de Podemos que solo las "buenas formas" siguen escenificando la unidad de los socios. El tiempo pasado juntos ha demostrado a los socialistas la fórmula de Podemos: sonríe y apuñala. Como hemos comentado en ocasiones en este tiempo, la fórmula ha sido "lo bueno es nuestro, lo malo de ellos". Podemos ha sido gobierno y oposición al gobierno. Pero eso solo funciona hasta que ya no te necesitan. Por eso la táctica de los socialistas es liberarse cuanto antes de sus poco fiables socios.

La otra escenificación para la que ha servido la moción de Vox con Ramón Tamames ha sido muy parecida. En RTVE.es titulan "Feijóo y Ayuso 'rompen' con Vox tras la moción y critican su "antipolítica": "Cada uno que siga su camino""**. Allí nos explica Rocío Gil: 

La moción de censura de Vox al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no sirvió para tumbar al Gobierno pero tiene ya una consecuencia directa. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha marcado distancias con Vox, un partido al que solo le interesa “buscar algún rédito electoral de la antipolítica”, algo que ha dicho no compartir, y ha dejado claro que solo el PP es la “alternativa” a la política “infantil” y “populista” que se vio en la moción. Los ‘populares’, ha sentenciado, no harán “seguidismo” de Vox. Y tanto él como la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso han sido muy claros: que cada partido siga “su camino”.

Ha sido Ayuso la primera en romper abiertamente con Vox en la Asamblea de Madrid en el que ha sido el último pleno de la legislatura y a poco menos de dos meses de las autonómicas y municipales del 28 de mayo. Lo ha hecho después de que los de Rocío Monasterio anunciaran su voto en contra de la última propuesta fiscal estrella de la presidenta regional para atraer inversión extranjera.

"La deriva que ha tomado su partido no me va a arrastrar con ella" (...) “Está claro que, a partir de hoy, cada uno siga su camino”, ha dicho. Y ha criticado que es “muy difícil, prácticamente imposible, entenderse con Vox”.** 

Es decir, el PP ha hecho fuera lo que se negó a hacer dentro, durante la escenificación de la moción. La explicación es sencilla: se trataba de hacer lo que quería hacer, pero no que se lo dijera Sánchez, que a su vez se lo decía para que no lo hiciera. Si les ha funcionado a unos y a otros, está por ver.

La política española funciona de esta manera, llevando la contraria. Por ello es muy difícil ponerse de acuerdo, incluso entre personas que están de acuerdo; quizá entre ellas especialmente. Con tanta dramatización, con tanta escenificación de las posturas, lo que se producen son despropósitos como el de la moción de censura, del que algunos saldrán medianamente fortalecidos y otros medianamente debilitados.

Creyentes y no creyentes ponen velas para que en las próximas elecciones salgan unos resultados que les permitan despegarse un poquito, lo suficiente como para poder gobernar en solitario y no tener que dependen de estos parásitos políticos a izquierda y derecha. Estos les sonríen a diario en los despachos y luego les ponen verdes en los mítines del fin de semana.

El beneficiario claro y directo es el propio Tamames, salido de las catacumbas inesperadamente, y con un libro a la venta en Amazon. Para él, la moción fue un acto de promoción. 


* Rosario Miñano "Tamames pone a la venta en Amazon su discurso de la moción de censura" Antena 3 23/03/2023  https://www.antena3.com/noticias/sociedad/discurso-mocion-censura-ramon-tamames-venta-amazon_20230323641ca25a96c07c000192ffad.html

** Rocío Gil Grande "Feijóo y Ayuso 'rompen' con Vox tras la moción y critican su "antipolítica": "Cada uno que siga su camino"" RTVE.es 23/03/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230323/ayuso-rompe-vox-deriva-tomado-cada-uno-siga-su-camino/2432654.shtml

martes, 21 de marzo de 2023

La moción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé si la absurda moción de censura de hoy servirá para algo, pero desde luego ha inspirado grandes titulares en todos los medios, que han tenido que echarle imaginación (algunos, excesiva) a lo que no lo tiene. ¿Para qué sirve una "moción" de este tipo, es decir, del inútil? Evidentemente para dar espectáculo, que es lo que los medios han tratado de hacer. Cada uno a lo suyo.

Los políticos, por su parte, la utilizan para lanzarse los trastos a la cabeza ante la proximidad de unas elecciones. Lo hacen siempre, aunque no haya elecciones, pero esta vez se encuentran especialmente motivados. Este juego constante del "solo sí es pero" o del "solo pero es sí", además de otras variantes, al que ha quedado reducido esto, solo trata de encubrir un único problema real de la política española: cómo deshacerse de los llamados "socios de gobierno" por cada lado. El PSOE tiene que desprenderse de Podemos, del que trata de desprenderse "Sumar" para evitar ser fagocitados antes de salir a la calle, por un lado; y por el otro, cómo se puede uno desprender de Vox para poder ampliar el electorado moderado.

El PSOE trata de convencer al centro defenestrado de que son moderados, alejándose de Podemos, que se agarra a Sumar para controlar que nada le surja por la izquierda y se quede en la mitad de la nada, con pésimos augurios electorales ante el fracaso del "solo sí es sí" y la conducta soberbia que ha dejado en evidencia. Los de Podemos deberían crear menos conflictos y ver más películas de Bruce Lee, "be water, my friend!", pero no.

El PSOE, por su parte, dando por descontado que van a ganar la moción, pone todo su empeño en intentar dejar en evidencia al Partido Popular por no votar en contra. "El que calla, otorga", le vienen a decir. Pero el Partido Popular tiene sus apaños con Vox allí donde no tiene más remedio. Se sacude lo que puede estos ataques desde el gobierno y contraataca devolviendo la pelota.

Vox, que busca protagonismo, se encuentra en otra historia. Ha propuesto un candidato al que no controla y que en lo único que coincide es en que las cosas están mal, aunque difiera en las interpretaciones. Presentar a un ex del Partido Comunista, un ex del CDS ha sido una jugada rara, pero ¿hay algo normal en la política española? La jugada, con toda probabilidad, le saldrá mal en diferentes sentidos. No solo no saldrá adelante, sino que puede salirle el disparo por la culata, siendo contraproducente y perdiendo votos.

El regreso de Tamames, aunque sea un intervalo entre dos grandes porciones de la nada, una especie de materialización plasmática, fantasmal, define bastante la clase grotesca de espectáculo en que se nos ha convertido, desgraciadamente, la política. Los españoles nos merecemos algo mejor. Nos merecemos futuro real y no tanta promesa; nos merecemos realismo y eficacia.

Nos gustaría escuchar palabras inteligentes para gente que las entienda y no un galimatías incongruente y constante en el que los políticos se explican unos a otros sin que lleguemos a verle el sentido a nada.

La propia filtración del discurso de Tamames se ha tomado a chirigota. La moción es ya cosa del pasado, como lo es el propio Tamames. No es malo ser parte del pasado; el problema es otro, es el de la inconsistencia, el del juego inútil y enrevesado.

El verdadero problema, como hemos señalado, queda subyacente, actuando desde lo inconfesable, el horror a tener que depender otra legislatura de estos acompañantes escénicos. Para ello es necesario ganar más votos, desligarse del falso amigo. Cómo se hace esto o cómo se impide (las dos caras de la moneda) es lo que queda por poner encima de la mesa.

Nos queda lo previsible, ver cómo se ignora a Tamames y se lanzan los adoquines unos a otros intentando rascar unos votos, más que de los indecisos, de los confusos, que son cada vez más. ¿Una pérdida de tiempo? Sí, otra más.

Mientras, los problemas reales se acumulan, se apilan en la vida diaria de los ciudadanos sin que nadie se digne atenderlos. Todos son inferiores a los de la conservación del poder.

¡Paciencia!

jueves, 11 de marzo de 2021

El principio de una nueva gran enemistad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Hablaba por teléfono con el sonido quitado al televisor. Salían los de siempre, pero con cara de más enfadados, por lo que me fijé en los rótulos que aparecían. Uno hizo saltar las alarmas: "Convocatoria de elecciones en Madrid". Como he perdido el sentido del tiempo con esto de la pandemia y los confinamientos, solo el grado de enfado que mostraban sus rostros me hizo pensar que estas elecciones llegaban cuando no tocaba, que algo había pasado.

Y efectivamente así era.

Los titulares, aburridos por la rutina de la pandemia, vuelven coloristas, espectaculares, tremendistas: "Casado y Ayuso: “Si Cs se atreve en Murcia, apretamos el botón nuclear”" (El País), "Convulsión política en España" (Editorial de ABC), "Ciudadanos rompe con el PP y desata un terremoto en Madrid y otras autonomías" (La Vanguardia), "La ruptura entre PP y Cs provoca un terremoto político en España que obliga a recolocar el tablero" (RTVE), "Los críticos del PP apremian a Pablo Casado: "Si se pierde Madrid, sería el fin"" (El Mundo)...



"Terremotos", "botones nucleares", "el fin"... En fin, es el apocalipsis a la española, noticias terribles, primero lo del Barça... ¡y ahora esto! Una España cogida con alfileres se enfrenta a su un desguace de gobiernos en donde los pactos, las relaciones, los apoyos ya no pasan por los desafíos de Rufián, sus amenazas de celebrar en casa y no en La Moncloa, a esta convulsión con Ayuso, el gatillo fácil del PP, lanzando un órdago antes que la puedan lanzar a ella por la ventana de la ruptura de pactos.

El simple rumor sobre que la siguiente podía ser ella — ¿quién hace estas filtraciones tan ruidosas?— desata el contragolpe que lanza a Madrid a unas inciertas elecciones que complican todo y a todos. La rebelde del cierre perimetral apuesta todo en su órdago, con lo que deberemos prepararnos todos parea la nueva temporada de huracanes.



Como una especie de efecto mariposa, lo que comenzó en Murcia se extiende contra la voluntad de muchos por Castilla-León, Andalucía, Madrid... y lo que te rondaré. Los pinchacitos del "vacunagate" murciano, como los socios de gobierno lo han calificado, ha sido una explosión nacional haciendo que todo el mundo salga a dar explicaciones o a lanzar acusaciones. ¡Qué duro es el poder, incluso para los que están en él!

El modelo hispano de la doble oposición está pasando factura. Te tienes que pelear a voces con los de la bancada opuesta, la oposición oficial, y también tienes que hacerlo, sotto voce, con tus malditos socios. Este mal de la doble oposición nos corroe, no nos deja dormir con la sospecha de que tras cada palabra, tras cada decisión, tras cada movimiento de tu socio se esconde un intento de robarte votos, de dejarte en evidencia, de incumplir un pacto con una sonrisa o un desmentido.



Lo paga el PSOE en sus propias carnes con sus socios lanzados a por sus votos sembrado hoy con la esperanza de recoger mañana. Y si no, que les quiten lo bailao. Aquí, esos cuantos diputados o concejales que te faltan para llegar a la mayoría necesaria, se pagan al precio de sangre sudor y lágrimas. Y el final siempre será el mismo, la traición, pues sale más rentable ser pequeñito y resultón que casi mayoritario y depender siempre de los otros. ¡Qué injusticia, consigues casi todos los votos, pero te quedas a un paso de la felicidad, el sueño de todo político, la mayoría de la tranquilidad, esa cada vez más lejana por el fraccionamiento del mapa político, que ha quedado como una sopera de porcelana después de un traspiés.

Como espectadores inmóviles de esta tragedia griega, nos sentimos sacados de la indiferencia, arrastrados fuera del drama de la Champions que acaparaba todo nuestro dolor hacia un mundo radio novelesco de traiciones, reproches, insultos y amenazas. El espectador español de este drama ya no quiere encerrarse en casa, necesita de una habitación del pánico para superar la tormenta que se avecina. Lo de Murcia ha sido como hacer cosquillas al equilibrista, echarle pica-pica en las narices al portor que sostiene el precario edificio humano de la política española, siempre con redobles de atención o de guerra de fondo.



España se nos ha llenado de órdagos. Todos lanzan los suyos, desde los que llaman a la insumisión en el partido contrario a ver si se queda vacío, con líder pero sin gente, a los que visionarios que ven nuevas mayorías para poder tener nuevos divorcios en perspectiva a medio plazo. Desgraciadamente, la Historia no tiene botón de reset. Hay que tirar con lo que hay y las viejas amistades de conveniencia son las enemistades de hoy cuando cada cual quiere desmarcarse del otro. Siempre se dijo que no se sabía gobernar en mayoría, pero lo de los gobiernos en minoría clama al cielo.

Si teníamos poco con lo de Cataluña, ahora el efecto mariposa de la biodiversidad política española se traducirá en desastres locales seguidos de reconciliaciones allí donde sean forzosas o de enemistades eternas durante lo que quede de legislatura. Algunos añorarán el bipartismo, inexistente porque nunca lo hubo. Pero la nostalgia tiene eso, un componente de ilusión y fantasía, una idealización. No creo que cuando esto pase —si es que pasa algún día— pueda ser idealizado por nadie, pero la capacidad de hacer las cosas peor es un rasgo humano.

La prensa ya se ha posicionado. Héroes y villanos. Nadie se queda sin recibir lo suyo de unos y otros. De la pandemia a la epidemia política nacional pasando por los brotes locales. El confinamiento político nos hace dudar de cuántos se pueden sentar en la misma mesa, quiénes son los convivientes y quiénes los allegados. ¡Cuidado con quien te juntas, que puede ser asintomático! ¿Para cuando los PCR políticos?

¡Qué curioso! Hace unos días saltó a los medios José María Aznar dando a Casado el consejo de unir a toda la "derecha". Apenas un par de días después, el amplio espectro de derecha española se ha visto sacudido y ha saltado por los aires rompiendo pactos y formando nuevas alianzas a derecha e izquierda.

Es el comienzo de una nueva gran enemistad.









domingo, 3 de junio de 2018

La aritmética política


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La nueva forma de entender el mundo de la acción política no busca ya soluciones a los problemas sino nuevos problemas más manejables o que confieran alguna ventaja. Eso es lo que parece desprenderse de la lectura rápida de lo ocurrido en España estos días.
Todo lo hecho ha sido constitucional, dice todos. Pero eso no significa que sea bueno per se o funcione. Estamos en un estado de derecho y las cosas se pueden hacer de muchas formas. Esta es una de ellas. Nada más. Cada cual tendrá sus perspectivas y valoraciones, pero el estado funciona y sus instituciones también.
Rescatábamos hace unos días la idea de Hanah Arendt sobre la política como arte de conseguir el poder diferenciándola del de vivir en común, que era la original, nos decía. Bien, pues los que querían el poder ya lo tienen y los que lo tenían no. Lo que ocurra ahora está abierto a todo lo posible, sin que eso signifique que sea mejor necesariamente. Como señalamos, es una vía atípica que implica que han fallado las normales. Y la democracia es sobre todo la búsqueda de un estado de normalidad como forma de vida.
La posibilidad de una moción de censura estaba presente desde el día siguiente a las elecciones generales. La aritmética manda y cada uno tiene lo que tiene. Da la impresión que se esperaba la ocasión para justificarla ante el pueblo soberano. Curiosamente no ha sido la situación del 155 en Cataluña y el previsible contagio al País Vasco; lo que la ha producido sino el "viejo caso Gürtel", al menos en apariencia.

Hay muchas cosas sorprendentes en esta moción, la primera que prospera en la España democrática. La primera de ellas es el tratamiento mediático: todos apuntan a que Pedro Sánchez es una especie de víctima de las circunstancias, que no quería realmente, pero... Es en los peros en donde comienzan las interpretaciones. Para unos, la presión de Podemos con la amenaza de presentar otra moción y dejar a los socialistas en la tesitura de apoyarla o no, ha sido decisivo. Para otros ha sido el cálculo de rentabilizar los errores del gobierno lo que ha lanzado a Ciudadanos a dejar caer a Rajoy y sacar al Partido Popular del poder. Para otros, la moción ha sido la forma de quitar a Rajoy del medio por parte de los nacionalistas, dejando fuera a los más reticentes a hablar con ellos. Hay interpretaciones para todos los gustos y no tienen porqué ser incompatibles.
Hay quienes dicen que Rajoy podía haberlo parado de dos formas: convocando elecciones antes de que se presentara la moción (con muy malos sondeos) o simplemente dimitiendo, lo que le dejaría en una posición insostenible en la Historia: el primer presidente que cesa en la democracia española por un escándalo de corrupción, una especie de Nixon a la española, poco más o menos. Es comprensible que Rajoy prefiera pasar a la Historia como el presidente al que tumbaron entre todos que como un villano. El elogio que le ha dedicado Angela Merkel es suficiente en estos momentos.


La moción de censura abre una serie de interrogantes. El primero es moral. Afecta al comportamiento y responsabilidad de los partidos al mantener una política errónea sobre la corrupción y su propia financiación, un modelo que se debe erradicar de la vida española de una vez por el bien de todos. Los partidos —todos— deberían empezar a solucionar ese efecto llamada a los sinvergüenzas y delincuentes. Podemos creer que a) todos los políticos son delincuentes, b) que la gente es honrada hasta que llega a los partidos y se pervierte o c) que la mala organización de los partidos atrae a este tipo de individuos que acaban tejiendo sus redes clientelares. Las dos últimas explicaciones piden soluciones a los partidos a un problema que convierte la política en un rifirrafe continuo que crispa a la sociedad, la divide y convierte las alianzas políticas en motivo de estigmatización. Son los temores al populismo callejero y de redes sociales, que piden sangre, los que eliminan cualquier viso de acuerdo sobre grandes temas.
Los ciudadanos tienen que tener claro que esto no es un mero asalto al poder, sino la ocasión de producir una purga en los partidos para poder liberarse de los males crecidos en estos años. La moción debería suponer un cambio en las mentalidades, una rectificación del camino. Todos queremos partidos limpios, actitudes claras, condenas reales y no palabrería, tarde y mal.
Los que ven la moción como una forma de acceso al poder hacen un flaco servicio a la democracia. Lo ocurrido en Italia es una muestra de lo que no debe ocurrir en España. No se pueden producir acuerdos contra natura porque es anteponer el poder de los políticos a los deseos de los ciudadanos. No es solo aritmética, son principios básicos para gestionar lo que es del pueblo y que los políticos y sus partidos solo gestionan. Los partidos tienen que cambiar. Eso es una exigencia común y constante
Una moción de censura de estas características necesita de una reflexión sobre los costes presentes y futuros. Presentes porque ya ha divido a la sociedad y futuros para evitar que se repita este proceso, que solo debilita la confianza en la clase política y arrastra hacia los radicalismos que son una amenaza por todas Europa.

Es esa clase la que ha creado el máximo problema de este país. Lo ha hecho para tapar su propia ineficacia en resolver el gran problema nacional: el destino de la próxima generación, la que ha padecido la crisis económica y ha sido sacrificada proletarizándola. Toda energía que no vaya en esa dirección por parte de todos será una forma de entender la política que nadie considerará adecuada.
Las maneras políticas son otra cuestión. Llevamos años señalándolo: la entrada de una forma de hacer política efectista, de cara a la galería, peleona, insultante y estigmatizadora no es la solución a nuestros problemas comunes. Se empeñan en que no convivamos. Puede que sea la que guste a los que están deseando salir a la calle. Pero no es allí donde se hace la política en una democracia real, sino en las instituciones precisamente para evitar el enfrentamiento.
La política, los partidos, deben hacer serio examen de conciencia. Los medios, en cambio, hablan ya de las luchas intestinas para acceder al poder. A la historia  le gustan mucho las ironías y puede que se produzcan algunas pronto.
Ver una moción de censura como una victoria de unos sobre otros, ya lo dijimos el otro día, es un catastrófico error, solo posible en irresponsables. Es un fracaso colectivo que implica a todos los partidos por su incapacidad de encontrar soluciones a los problemas que la sociedad les demanda. Los problemas no están para aprovecharlos, sino para remediarlos y eso les compete a todos.
Cuando algunos han considerado el gobierno de Pedro Sánchez inviable han tenido en cuenta que la moción que ha facilitado acceso al gobierno no puede ser un acuerdo de futuro, sino solo una destrucción del presente. No es posible mantener con acuerdos a los grupos que sí se han puesto de acuerdo, aunque por motivos diferentes, para sacar al Partido Popular. En ese sentido, no ha habido un programa real, que es la base de la moción constructiva, como han resaltado los medios.
En los próximos días y meses veremos cómo se escenifica esta nueva situación. Lo que sí está previsto es que el gobierno de Sánchez tiene las manos más atadas que el de Rajoy y que nadie va a hipotecar su futuro por él. Sobre el papel, la aritmética funciona, pero la aritmética política tiene muchas reglas no dichas o efímeras. Los cálculos que cada uno haya hecho tendrán que comprobarse en la realidad.



viernes, 1 de junio de 2018

La puerta chica


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se están escenificando en estos momentos los últimos actos previos a la votación de la moción de censura contra el gobierno del Partido Popular. No es una sorpresa, sino el fin previsto a una mala gestión de una línea que se tenía que haber resuelto hace mucho tiempo para evitar llegar a esta situación. Una moción de censura no es algo que se limite a mero juego parlamentario, no es una simple ejecución de una aritmética. Es mucho más.
Se da en un espacio, el parlamentario, pero también en un tiempo, el momento histórico en el que se presenta. El gobierno y su cabeza han incurrido en una serie de errores garrafales desde hace años, desde que la corrupción saltó al escenario de las principales preocupaciones ciudadanas. Desde hace años repetimos que la incapacidad de encontrar una solución política a lo que era un caso político en todos los ámbitos tenía unos efectos perniciosos sobre la vida política haciéndola girar sobre el entrecruzamiento con otras líneas más complejas.
Mientras haya mayorías absolutas, se viven periodos de tranquilidad en los banquillos de autonomías o en los del parlamento nacional. Actúan como defensa frente a los reproches. En el caso de la debilidad por el reparto de votos en las elecciones últimas, solo era cuestión de tiempo.
La lógica es implacable: si no se resuelven los problemas, se pierden votos; si se pierden votos, los problemas te devoran. No es otra cosa lo que le ha pasado a un ciego Partido Popular. La ceguera es un terrible mal político. Lleva a estrategias erróneas, a escoger mal el remedio para los problemas, que se acumulan.
Y el remedio del Partido Popular, aquella estrategia, del "cómo van a votar juntos X y Z" o de "cómo le van perdonar sus votantes que se apoye en Z" ha dejado de funcionar. Hoy han votado sin pudor o sin escrúpulos los que pareciera que no lo harían juntos nunca.


Eso es lo que abre la segunda parte de la cuestión: los costes o resultados de todo esto. Para el partido que sale del gobierno por la puerta infame de la censura, ningún momento es bueno. Pero eso no significa que esto no tenga costes para todos. Una moción de censura puede llevarte al poder, pero no significa más que un fracaso del sistema en su conjunto. Por más que sea constitucional es una forma que implica la incapacidad de resolver una crisis.
La unión de los votos necesarios plantea a muchos las hipotecas de futuro ante una situación del país sometida al desafío secesionista entre otros retos. Si la estrategia señalada anteriormente, "cómo va a votar juntos", ha fallado al Partido Popular, muchos se preguntan por lo solícito del nacionalismo para aportar su granito de arena a la caída de Mariano Rajoy.


Es interesante ver en los diarios de hoy cierta coincidencia en ver esta moción de censura como un desastre inoportuno y fatalista. Inoportuno porque crea de desunión en un momento de necesidad de unidad y fatalista porque Mariano Rajoy se lo ha ganado a pulso arrastrando hacia los que ya no podían dejar pasar ni la ocasión ni el compromiso.
Es difícil encontrar otro político como Mariano Rajoy, al que aquí hemos calificado como "tautológico". La situación se agravaba con una primera línea de defensa que nunca ha buscado construir sino destruir los ataques a la inacción tautológica de su presidente. Eso dejó de funcionar cuando se puso la sentencia sobre la mesa y el momento en que hablaron los jueces dejó absurdas las excusas.
Las críticas desde fuera del parlamento no van solo a un presidente ausente de la sala en la que se está hablando de su futuro y del futuro del país y, de hecho, del futuro el partido que preside. Van a todos, a cada uno en su papel.
Los dos grandes partidos de la transición española son víctimas de la ceguera, no han entendido que la pérdida de sus votos, que el surgimiento de grupos políticos a su sombra que les desbordaban, se producía por su incapacidad de resolver sus problemas sin que tuvieran que intervenir los jueces. La lentitud de los casos, la aparición de "nuevos viejos casos" (la detención de Zaplana), etc. han convertido el acto de gobernar en un calvario y el de ser oposición en un combate de artes marciales.
Poca política queda... o quizá toda, ya que no es fácil considerar política lo que llevamos un tiempo viendo. No se puede estar mucho tiempo tirando del hilo se que se rompa. Y se ha roto.
Leer y escuchar a los comentaristas sobre lo que se está escenificando es interesante y no dejan de sorprender la contundencia de los reproches a unos y a otros. Escribe Javier Ayuso en El País:

Los socialistas han recuperado en apenas diez días todo lo que habían perdido en los últimos años: han retomado la iniciativa para manejar la agenda política en nuestro país. Ha sido una buena operación de Pedro Sánchez cuando las encuestas le situaban en una clara posición de debilidad. Un movimiento muy positivo, no solo para el PSOE, sino para los intereses generales de los españoles que han visto cómo se pone fin a un gobierno manchado por la corrupción.
Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, no está tan claro que un gobierno débil sometido a los vaivenes de unos socios peligrosos (Podemos, ERC, PdCat, PNV, Bildu...), vaya a contribuir a estabilizar o regenerar nada. ¿No hubiera sido mejor negociar una fecha para convocar elecciones generales, más pronto que tarde, para que sean los españoles los que decidan quién quiere que lidere el proceso de estabilización y regeneración institucional?
Llevamos dos años empantanados en una legislatura que no ha sido capaz de sacar adelante leyes (salvo los presupuestos, salvados a golpe de talonario), ni solucionar los graves problemas que tiene España; sobre todo, el de Cataluña, cuya gestión ha sido nefasta. Es la hora de que voten los ciudadanos y sienten las bases de un nuevo gobierno capaz de hacer esa política de diálogo y de consenso que anunció ayer Sánchez.
El problema es que todos los partidos, sin excepción, están poniendo sus intereses particulares por encima de los generales. Y tan poco deseable es mantener un gobierno sin credibilidad ni legitimidad como el del PP, como prolongar por mucho tiempo un ejecutivo débil que solo pueda navegar al pairo queriendo contentar a todos los socios que le han permitido llegar a La Moncloa. Pedro Sánchez tiene ante sí la enorme responsabilidad de hacer compatibles sus intereses partidistas con los de los españoles.*


El gobierno de Sánchez se percibe como un despropósito por la heterogeneidad y lo efímero de sus apoyos ante cualquier decisión. En realidad no es una moción por el caso Gürtel, sino la ocasión del nacionalismo y los populistas de desprenderse del Partido Popular. Como tendrá ocasión de comprobar pronto Sánchez no tienen nada que celebrar. El acuerdo es válido para destruir, por razones diferentes, pero de imposible coincidencia de futuro, salvo que Sánchez enloquezca o los nacionalistas y populistas vayan a Lourdes. El objetivo pues —determinado por la aritmética— no es construir sino destruir, acabar con una situación que ha sido imposible sostener. La responsabilidad es de Mariano Rajoy, sin duda.
No se puede separar el partido del gobierno ni el pasado del presente. No se puede. Eso todo el mundo lo tiene claro y se ha traducido en la pérdida de apoyos en las urnas.
Mientras el sistema casi bipartidista funcionó, los votantes estaban obligados a tragarse muchos sapos de sus partidos. La separación clara de dos opciones ideológicas (más los nacionalistas de distinto pelaje) impedía que se perdieran muchos votos. Era el sí o sí porque el cambio ideológico no era posible so pena de una esquizofrenia electoral. Eso ha cambiado con la aparición de alternativas. Es ya posible penalizar a unos votando a otros sin alejarse demasiado de la ideología general del votante. El Partido Popular ha sido castigado —como lo fue el PSOE por Podemos— por los votos a Ciudadanos. Las nuevas formaciones han surgido del descontento, han crecido con la frustración de los "viejos partidos". Es lo que ocurre cuando no se resuelven los problemas acumulados ni se saca la basura de la alfombra.
Los únicos que van a celebrar esta moción son aquellos que ven en un gobierno estable el freno a sus pretensiones, los secesionistas y los presuntos antisistema. No deja de ser sorprendente que lo primero que ha pedido Sánchez sea "lealtad" al Partido Popular y a Ciudadanos. Pero es otra línea del guión improvisado de esta comedia llena de gags trágicos.
Rafael Latorre escribe en El Mundo:

El drama del candidato Sánchez está escrito en la Constitución. La moción de censura tiene un carácter constructivo, como repetían los tertulianos en la víspera como cacatúas. Si consistiera en demoler todo habría sido más fácil porque Sánchez sólo habría tenido que desgranar los despropósitos del PP y no habría tenido que eludir la pregunta letal de si podía garantizar que lo que viene es mejor para España que lo que su moción dejará atrás.**


Evidentemente la respuesta es no, no hay garantías. Esto no es una cuestión maniquea ni una película de superhéroes. Es más bien un hecho histórico negativo pues implica el fracaso de los mecanismos ordinarios y la llegada de los extraordinarios. El máximo responsable es aquel cuya cabeza se pedía y que encerrado en sus tautologías no ha sabido dar respuestas a lo que era un clamor social: la lucha contra la corrupción en hecho y gestos. La política de que hablen los jueces es válida hasta que los jueces hablan. Tampoco ha funcionado el listado de éxitos en otros campos ni el de apelación a la historia señalando que el PSOE estropea y el PP arregla. Todo eso se ha acabado ya.
En este momento, la cámara está en pie aplaudiéndolo. Es el primer presidente, como señala el comentarista, que accede por la vía de la moción de censura, incluso el primer presidente que no es diputado. Unos se abrazan, otros circunspectos. Los que se abrazan lo hacen porque han obtenido un presidente; otros simplemente porque ya no está Rajoy.


Rajoy sale por la puerta chica; Sánchez entra por ella para llegar al gobierno. No hay mucho que celebrar. Rajoy no dice nada, como tantas veces.
Se abre ahora la lucha interna en cada partido. En el PP, buscando líder que les saque de la ignominia de la moción de censura; en el PSOE, entre aquellos que consideran a Sánchez un peligroso irresponsable. En Podemos apuestan por el 2020 para testarse con el PSOE. Los más felices, por partida doble, los secesionistas; han contribuido a hacer caer un gobierno y tienen en su mano presionar a uno más débil al que han votado. No tienen nada que perder, mucho que ganar una vez sentado el precedente.
Habrá quien duerma feliz, habrá quien lo haga preocupado y otros finalmente muy enfadados. Eso es lo bueno de la democracia. Puedes elegir tu estado de ánimo. Es una experiencia nueva en nuestra democracia y cuando pasen aplausos, besos y lágrimas deberían reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí. 


* "Ni un Gobierno ni otro es deseable" El País 1/06/2018 https://elpais.com/elpais/2018/05/31/opinion/1527782734_315207.html
** "Pedro Sánchez, un presidente muy a su pesar" El Mundo 1/06/2018 http://www.elmundo.es/espana/2018/05/31/5b104cf2468aeb28128b45e0.html