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miércoles, 1 de julio de 2026

El país falsamente feliz

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mientras los políticos venden sus cifras de eficiencia y felicidad, existen otras que van en sentido contrario. El que está arriba defiende una imagen irreal de bienestar, macro cifras, que poco tiene que ver con lo que se percibe en el día a día personal. Se defienden altas cifras de empleo, pero se silencia la poca estabilidad del empleo, una fuente constante de angustia. Lo mismo ocurre con las cifras sobre vivienda, que nos hablan de la imposibilidad de emancipación de los jóvenes, de las reducciones de las familias, alojadas en pisos pequeños, etc.

Durante décadas hemos repetido eslóganes como que "en España se vive mejor", "se vive como en ningún sitio", que "nos eligen para vivir porque somos los mejores" y otros del mismo tono. Pero más allá está la realidad, bastante diferente.

En 20minutos leemos el titular "La salud mental de los españoles empeora: un tercio considera que tiene ya algún tipo de trastorno", tras el que se nos describe otra realidad más cercana:

El bienestar psicológico de los españoles sigue empeorando y un tercio considera ya que tiene un trastorno de salud mental, la cuarta cifra más alta a nivel europeo, siendo la incertidumbre sobre el futuro, la inestabilidad financiera e inseguridad laboral y el malestar social y político los factores que más inciden. 

El VI Informe Mundial de Salud Mental de Axa presentado este martes refleja que la cifra de españoles que consideran que su salud mental está deteriorada ha pasado del 26% de 2023 al 31% en 2025 y al 33 % actual, porcentaje que solo superan en Europa Reino Unido, Irlanda y Turquía. Realizado por Ipsos con 19.000 participantes de 18 países -Tailandia, Suiza, China, México, Filipinas, EE. UU., Francia, Hong Kong, España, Alemania, Turquía, Bélgica, Irlanda, Italia, Brasil, Reino Unido, Corea del Sur y Japón-, el estudio clasifica la salud mental en cuatro niveles: floreciente, bien-tirando, languideciendo y luchando. 

Pese al empeoramiento, España, con 62,3 puntos sobre 100, se sitúa por encima de la media mundial (61,8). Tailandia, Suiza y China son los mejor posicionados, al contrario que japoneses, surcoreanos y británicos. El porcentaje de población española potencialmente afectada por depresión, ansiedad o estrés en niveles graves o extremos se mantiene en el 28%, ligeramente por encima de la media europea (27%), aunque la cifra se dispara al 42% en los jóvenes de 18 a 24 años y al 44% en los de 25 a 34. *

 

Uno puede sentirse hipocondriaco, pensar que se tienen enfermedades que no se tienen, pero en la cuestión de la salud mental es otra cosa. Considerar que se tiene un problema de salud mental ya es un indicador del problema. Las causas señaladas —"la incertidumbre sobre el futuro, la inestabilidad financiera e inseguridad laboral y el malestar social y político"— no son figuraciones, sino parte de la vida real, esa que los políticos tienden a ignorar porque supone su fracaso real.

La propia política está señalada como una de las causas del desequilibrio. La lucha entre partidos se han convertir en causa del problema ya que no incita a la esperanza sino que es una manipulación constante hacia la angustia, un choque entre visiones ideales y otras infernales, por decirlo así. ¿No deprime al ciudadano el contraste entre la situación propia y, por ejemplo, la corrupción reinante? La perspectiva de no haber esperanza no ayuda precisamente a creer en la solución de otros problemas que condicionan el día a día.

Los vínculos entre los trastornos psicológicos y esa realidad negativa no deberían ofrecer ninguna duda. Recuerdo un titular de hace un par de años que recogía las palabras de una muchacha: "Creo que si pudiera llegar fin de mes y tuviera un empleo estable seguro que no estaba tan deprimida". La lógica es aplastante. Si viviéramos mejor seríamos más felices. No hay misterio en ello. Pero la felicidad se ha convertido en un eslogan que poco tiene que ver con la realidad.

Pero la realidad es muy diferente a la que se nos vende cada día. Se nos dice, por ejemplo, que cuando uno se deja un bebé olvidado en un coche a cuarenta grados es que padece algún tipo de estrés que provoca el olvido. Ya le han puesto una etiqueta, lo que es un falso indicador de que entendemos las cosas, de que entendemos sus causas, lo que no es del todo cierto. Cada vez son más abundantes este tipo de situaciones vinculadas con el estrés laboral, familiar, etc.

No, no somos felices y, lo que es peor, se nos trata de convencer de que lo somos, de que no hay motivo de queja. La soledad se combate con grupos y asociaciones creadas para ello. Lo mismo ocurre con otro tipo de sensaciones negativas que se han tipificado y profesionalizado su tratamiento. Pero no se llega a sus causas, solo a sus efectos.

Entre las víctimas crecientes, los jóvenes, a quienes se priva de la visión de un futuro, de una esperanza, de un deseo de avanzar. Es la nada lo que ven por delante, la frustración, la angustia, mientras que se les induce al consumo. Son ellos los que más tienen que perder.

El crecimiento de las enfermedades mentales es una consecuencia lógica de esta falsa felicidad, de estas falsas seguridades que se nos ofrecen y que llevan a empleos parciales, a un mundo hipotecado en el que aceptamos la "lógica del mercado", que unos se hagan inmensamente ricos, mientras que otros no llegan a final de mes, solo trabajan algunos meses del año y no deben protestar ante lo poco que cobran, sino dar las gracias.

En la medida en que estas situaciones se van extendiendo y que pasan a ser consideradas normales y debemos felicitarnos por ellas, según nuestros dirigentes, crecen la angustia y el estrés. Es lo que nos indican las cifras, lo queramos ver o no.

Esta infelicidad tiene sus efectos en cadena, sus síntomas claros. Pero esa falsa felicidad que se nos vende no nos dejan ver el bosque de causas.

 

* "La salud mental de los españoles empeora: un tercio considera que tiene ya algún tipo de trastorno" 20minutos / EFE 30/06/2026 https://www.20minutos.es/salud/salud-mental-los-espanoles-empeora-un-tercio-considera-que-tiene-ya-algun-tipo-trastorno_7008859_0.html

miércoles, 18 de diciembre de 2024

El tiroteo (y postdata)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

[ver postdata final]

Hay algo. No sé qué es, pero hay algo raro que hace que la gente piense y actúe de forma cada vez más extraña. Lo vemos en las noticias que nos llegan cada día con gente rara, rara.

La chica nos mira desde la foto que se nos muestra en pantalla. Parece muy normal, pero vemos que a su derecha hay un rifle automático. Nos fijamos en su vestimenta y vemos que luce una camiseta con el rostro del Joker, un personaje también raro en un universo también raro. La imagen del Joker es además la del actor australiano que se suicidó a los 28 años con un Oscar y un Globo de Oro a sus espaldas el año que interpretó el papel en el filme El caballero oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan 2009). Todo un poco raro y sirvió para construir la leyenda negra del filme y del actor, que quedó unido a la considerara por la crítica como mejor película de superhéroes. Eso representa la foto de la camiseta de la chica. Todo muy raro: un personaje que representa una variante enloquecida del mal acaba en la camiseta de la chica del rifle automático.

Todo encuentra su explicación (¿?) en el titular que nos cuenta porqué está la foto allí: " Una estudiante de 15 años que promovía el odio a los hombres fue la perpetradora del tiroteo en el colegio de Wisconsin":

Las autoridades han identificado a la estudiante Natalie Rupnow, de 15 años, como la perpetradora del tiroteo en una escuela cristiana en Madison (Wisconsin, EE.UU.) en el que murieron tres personas, incluida la agresora, informó este lunes la policía.

La sospechosa se disparó a sí misma y fue declarada muerta de camino al hospital, detalló en rueda de prensa el jefe de policía Shon Barnes, quien había informado más temprano que, al llegar a la escuela Abundant Life, poco antes de las 11:00 am hora local (17:00 GMT), hallaron a "múltiples víctimas heridas por arma de fuego".

Las primeras informaciones señalan que la adolescente usaba el nombre en línea 'Sam' o 'Samantha' y ha abogado por el exterminio de todos los hombres, desde los bebés hasta los ancianos.*


 

Los acontecimientos son raros, pero hay que reconocerle cierta coherencia contextual, es decir, toda la rareza va en el mismo sentido, todo pasa a ser irracionalmente coherente. La chica odia a los hombres y aboga por su extinción, para lo que se pone una camiseta del Joker, coge un rifle automático, mata y se suicida.

Hay una normalidad extraña como la que la foto misma transmite. Natalie o Sam o Samantha luce normal, nos mira normal y nos da a entender que el exterminio masculino empieza hoy en un colegio cristiano. Todo normal.

No sabemos qué tipo de experiencias han llevado a la joven a tomar esa determinación, pero eso ¿dónde nos lleva? ¡Vaya usted a saber! Cuando se alcanzan estos niveles de normalización de violencia que se resuelve en un simple ejercicio contable de matar al máximo posible tirando de gatillo, ¿qué sentido tiene preguntarse por la "nueva normalidad"?

Los medios nos dan simplemente la cifra del número de tiroteos en escuelas e institutos de los Estados Unidos, el número de muertos que han causado y recuperan los datos de los más numerosos para que sepamos cómo ha sido el nuevo tiroteo. En las escuelas norteamericanas, nos vienen a decir, se estudia, se mata y se muere. ¡Ah! y se hace deporte.

También se debate sobre el porcentaje del profesorado que no quiere lleva armas. Un titular de BBC Mundo tras una matanza escolar de 19 alumnos y dos maestras, producida en mayo de 2022, da voz a una superviviente: "Si me hubieran dicho que para ser maestra en EE.UU. se requiere estar armada, no me habría convertido en maestra"** Diríamos que su sentido de la "normalidad" ha cambiado. Ha salido viva de esa "experiencia docente", ha sobrevivido para contarlo y poder decidir si llevará armas o no en la escuela, una extraña decisión que ella nunca se imaginó que tendría que tomar para sobrevivir en un entorno educativo.

BBC Mundo

La nueva normalidad se basa en este tipo de situaciones en las que se le pide a uno que tome decisiones que uno nunca pensó que tendría que tomar.

Vi hace un par de día la película butanesa "El monje y el rifle" (Pawo Choyning Dorji 2023) que recomiendo y donde quizá la apreciación de otra normalidad dé alguna respuesta, aunque abierta. Ya saben, Bután es el único país que tiene un ministerio para la Felicidad, cuyo índice es medido cada año.

Quizá vamos por el camino equivocado; quizás los raros somos nosotros. Quizá estamos ya convencidos de que la felicidad no existe que no nos molestamos en buscarla.

 

* "Una estudiante de 15 años que promovía el odio a los hombres fue la perpetradora del tiroteo en el colegio de Wisconsin" 20minutos 17/12/2022 https://www.20minutos.es/noticia/5664645/0/eeuu-tiroteo-una-estudiante-15-anos-fue-perpetradora-tiroteo-colegio-wisconsin-ee-uu/

** "Si me hubieran dicho que para ser maestra en EE.UU. se requiere estar armada, no me habría convertido en maestra" BBC Mundo 14/06/2022 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61727580

Postdata con nocturnidad (20:34):

Más raro todavía. La foto que se nos mostraba en las informaciones citadas resulta ser falsa, lo que convierte en texto anterior en deliciosamente inexacto. Los datos son ciertos, la reflexión no deja de ser reflexión, pero la imagen publicada no es de la persona señalada, lo que le da un tono distinto, pero no menos ejemplar. No deja de ser una paradoja que, con tan poca fiabilidad, los medios deberían poner en su primera página aquello de "inspirado en hechos reales", que es a lo que nos vamos acercando.



En RTVE.es se nos desvela que ella es otra ella, que no sabemos cómo es, que la foto que se etiquetaba como procedente de redes sociales es de una persona distinta, que no ha matado a nadie, que sepamos. No se nos dice que sea "falso", solo "engañoso" que es una categoría que hará la delicia de los epistemólogos.

Nos dicen en VerificaRTVE:

Esta fotografía no muestra a la presunta autora del tiroteo en una escuela de Wisconsin. La persona que aparece en la imagen es una actriz estadounidense sin relación con este ataque. En VerificaRTVE hemos realizado una búsqueda inversa y constatamos que la fotografía original se publicó en el perfil de Instagram y de X de una actriz estadounidense el 5 de julio. La propietaria de estas cuentas y que aparece en la fotografía es Dasha Nekrasova, conocida por su actuación en series de televisión como Succession o la película The Scary of Sixty-First. Además, Nekrasova mostró actividad en su perfil de X en las horas posteriores al tiroteo. ***

Y también se señala como cierre:

Este tiroteo ha sido objeto de otros contenidos desinformativos. El verificador estadounidense Politifact ha desmentido publicaciones que afirman que Natalie Rupnow era una mujer trans. En VerificaRTVE ya te explicamos que en redes sociales tratan de desacreditar a la comunidad LGTBI a través de publicaciones que atribuyen la autoría de tiroteos a personas trans. ***


Sí, volvemos a la "rareza", que es de lo que se trataba. Parece que es ya no es suficiente fiarse de los medios fiables. Esto supone que deben dedicar tiempo y esfuerzo a saber si lo que creen que es cierto es cierto, lo que puede generar todo un sistema que colapse.  La sociedad de la información es un espacio donde la verdad, siempre apreciada, se esta convirtiendo en algo cada vez más difícil de establecer. Los que salen beneficiados son los escépticos, claro, y todos aquellos interesados en colarnos cosas, como se nos dice al final del texto.

*** Sara Marco / Javier Menasalvas "Esta fotografía no muestra a la presunta autora del tiroteo en una escuela de Wisconsin" Verifica RETVE  18/12/2024 | 17:14 horas https://www.rtve.es/noticias/20241218/fotografia-no-muestra-a-presunta-autora-tiroteo-escuela-wisconsin/16378062.shtml

viernes, 6 de enero de 2023

De la ilusión al tranquilizante

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La espacialidad de la página web ha querido juntar dos noticias que nos llegan de diversos Telediarios  que se nos ofrecen. En la primera podemos leer "Los expertos recomiendan no hiperregalar a los niños: ¿Fomentamos un consumo excesivo y que se vuelvan más egoístas?", mientras que en la segunda se nos dice "Un cuarto de la población ha consumido al menos una vez ansiolíticos". ¿Son algo distinto y distante o forman parte de las dos caras de una moneda?

Lo primero que hay que señalar es la frontera absoluta que cuando somos adultos levantamos sobre nuestra infancia. El "niño" o la "niña" son el otro/a. Hablamos de ellos como si no fueran nosotros, es decir, no consideramos que seamos una misma "entidad". Los niños son los niños y los adultos seres diferentes. Si nos libramos de esa especie de frontera la pregunta sobre los dos reportajes de RTVE.es suena de otra manera, como por ejemplo: ¿Crea el excesivo consumismo de la infancia problemas de ansiedad cuando somos adultos? Visto así, parece otra cosa.

España está a la cabeza del consumo de ansiolíticos. Parece mucho, demasiado, para un país tan "feliz" como el nuestro. Somos un país que se ha preocupado por el destino del ocio durante la pandemia, un país en el que nadie se ha atrevido a desmontar una fiesta "rave" ilegal que ha durado seis días por temor a desórdenes, nos han dicho. Somos, sí, un país feliz que tapa sus penas con alcohol y dando saltos al ritmo frenéticos del DJ. Sí, un país que prefiere no pensar demasiado y esperar ansioso a que llegue ese regalo que se llama popularmente "finde" y que mantiene ocupado a medio país pensando en su llegada. Son los "reyes" semanales del adulto.


En el segundo reportaje se nos habla de una joven de 21 años que lleva dos meses tomando un ansiolítico. "Lo tomo para el insomnio, porque no dormir", nos dice la joven. "Cada vez más jóvenes dependen de hipnosedantes para tratar la ansiedad o el insomnio", nos dice la voz que guía el reportaje.

Cuando los expertos dicen que no se regale demasiado, deberían matizar la fase previa. El regalo excesivo es un problema, sí. Pero apenas se trata del bombardeo mediático que los niños reciben desde el final del verano. El gran problema no es el exceso de regalos; es mucho mayor el exceso de deseo por tener todo lo que te ofrecen. En la llamada Sociedad de Consumo, lo primero que se consume es la oferta, la promesa de que poseer lo que te muestran te hará feliz, donde el sujeto expuesto saca la conclusión de que es infeliz "porque no tiene". Creo que esto es un poder negativo mucho mayor que aquellos, muchos menos, que pueden tener todo lo que quieren. Son más los insatisfechos que los híper satisfechos. A lo que uno realmente se acostumbra es a desear y no tener. Y eso se traslada al resto de la vida.

Hemos comenzado señalando la ironía del "país feliz", que es nuestra "marca España" para atraer al exterior (lo hemos comprobado durante la pandemia y lo vamos a seguir comprobando). ¿Qué felicidad es este que nos hace consumir más ansiolíticos que nadie en el mundo, con una de cada cuatro personas consumiéndolos?


La apariencia de felicidad es un gran negocio, desde luego, incluso cuando se traduce en estados de ansiedad. Las farmacéuticas hacen su agosto con nuestros deseos insatisfechos. También la medicina vive de ellos. Los mismos que te venden la felicidad, se ofrecen a eliminar tu ansiedad, tus frustraciones por un módico seguro que te garantiza la atención.

La frustración y la ansiedad están repartidas a lo largo de la franja de edad y concentrada en algunos puntos. Sales de infancia, de un mundo feliz, repleto de sueños y regalos, y te encuentras con una compleja adolescencia la final de la cual tienes —como la joven— una concentración de frustraciones a través sobre todo de estudios y empleo. Después se añaden las frustraciones de la posibilidad de emanciparse. Para muchos comienza entonces esa etapa de ansiedades fomentada por la inestabilidad, la precariedad y la necesidad de aguantar las frustraciones de otros, que lo pagan en aquellos más débiles en la cadena.


Cada vez escucho a más gente la misma historia, el mismo insoportable estado laboral en el que sufren todo tipo de presiones. El deseo de encontrar una fuente de trabajo se convierte en el dolor de tener que mantenerlo pese a las duras condiciones.

Veamos otros datos que ya hemos tratado aquí, como son el aumento de problemas con la salud mental y el crecimiento de los intentos de suicidio entre jóvenes y adolescentes. La mayor parte de los casos se producen en esa enorme distancia entre la felicidad percibida y frustración al comprender que no forma parte de la realidad. Entonces el ocio se convierte no en el espacio de disfrutar, sino realmente en el de no pensar, en un mundo alternativo en el que se puede sobrevivir.

La vida nunca ha sido fácil, es cierto. Pero nunca había habido tantos medios para ocultarlo. La felicidad es hoy un negocio, algo más que un sueño; pero este sueño nos consume como imposibilidad ante la constante muestra ante nuestros ojos. Por ello se acaba concretando muchas veces en el tener y en su imposibilidad. La misma sociedad que te ofrece, te da los ansiolíticos para contener la ansiedad y la angustia que te provoca el no tener.

Hay muchos problemas que se podrían manejar de otra manera. Dando recursos a la persona para que se construya con más estabilidad a través de una educación realmente formativa. Pero la educación hoy también es consumo en su mayor parte, oferta y demanda. Se ofrece lo que quieres, no lo que necesitas. Sabemos por los propios médicos que esta receta excesiva de ansiolíticos tiene su fundamento en el poco tiempo que tienen para poder tratar a las personas que acuden a sus consultas. Es más fácil y barato recetar pastillas que dedicar una hora a escuchar a una persona que necesita hablar, sacar de sí lo que le está provocando ese estado negativo.

De todo esto se ha hablado ya desde diferentes perspectivas..., pero se hace muy poco. Los niños "híper regalados", los adolescentes frustrados, etc. son los mismos que van creciendo hasta llegar a ser esos adultos que practican sobre los demás lo que les enseñaron a sentir, desear, etc. Dicen en el reportaje de RTVE.es que los niños con demasiados regalos se vuelven "frágiles" y no saben "gestionar la frustración". Tienen razón, pero también se vuelven frustrados los que son bombardeados con lo imposible porque, nos guste o no, están expuestos a ese mundo donde unos tienen y otros no, pero es todo mediáticamente visible. El que no tiene casa visita cada día la de los millonarios que los medios le ofrecen y lo mismo ocurre con cualquier otra situación en un mundo en el que lo que se muestra y pondera es el éxito y las emociones, no el autocontrol en ninguna de sus formas. El crecimiento consiste en descubrir que el mundo no es como parecía, en un proceso largo y doloroso que va derrumbando las idealizaciones, de la familia al trabajo, lo que hace que esos ansiolíticos sean el pan nuestro de cada día.

Por eso el mejor regalo no es la felicidad del consumo, sino la que nos hace madurar valorándola, la que se construye sobre pequeñas realidades y no sobre propuestas llamativas que te ofrecen un mundo inexistente. Tampoco es felicidad olvidar, no pensar. Es la que nos produce ese consumo de alcohol —del que se nos dice: "El alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva más consumida en España, aunque el año pasado disminuyó según la Encuesta de Alcohol y drogas..."—, otra forma de salir de uno mismo, como de una vivienda que es necesario desparasitar, consumida por las frustraciones y deseos negativos. ¿Cómo convertirnos en habitables? ¿Cómo encontrar serenidad (¿cuánto tiempo hace que no escucha o lee esta palabra?) en nuestro interior? La paz que encontramos fuera —viajando, por ejemplo—, hace que sean los periodos vacacionales y posvacacionales aquellos en los que se producen mayores dramas, de la violencia al suicidio. Lo estamos viendo. Todos desean viajar pretendiendo escapar, pero el mal está dentro, va en la mochila mental.

Si tiene ocasión de poder ayudar a alguien, si puede dedicar un rato a escuchar a otros (lo que el sistema sanitario no se puede permitir...), hágalo. Compita lo menos posible, colabore. Desee lo justo y no lo que cree que tienen los demás injustamente. Pregúntese cada día cómo quiere ser y decida.

Necesitamos otra forma de mirar la vida... o seguir tomando ansiolíticos. 

* "Los expertos recomiendan no hiperregalar a los niños: ¿Fomentamos un consumo excesivo y que se vuelvan más egoístas?" RTVE.es https://www.rtve.es/play/videos/telediario/reyes-expertos-recomiendan-no-hiperregalar-ninos/6770332/

** "Un cuarto de la población ha consumido al menos una vez ansiolíticos" RTVE.es La 1 / Telediario2   https://www.rtve.es/noticias/

 

lunes, 29 de julio de 2019

Entrenadores de felicidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay ciertas cosas que no podemos dejar de preguntarnos. Surgen cuando uno se encuentra con titulares como el de la BBC, "The rise of ‘happiness coaches’"*. En varias ocasiones hemos tratado aquí la cuestión de la "felicidad" y cómo se ha convertido una aspiración humana en objeto de los "expertos".
Ayer hablábamos sobre cómo un texto puede sustraernos las preguntas en esenciales evitando que nos cuestionemos el punto central y llevándonos en la dirección que le interesa a quien lo plantea. Esto es otro ejemplo de este tipo de proceder. En vez de aspirar a la felicidad, no ponemos a ahorrar o a hacer cola para conseguir un "coach" que, como expertos, posee la receta. Es el éxito de los libros de auto ayuda, auténticos mediadores entre nosotros y nuestros problemas.
No dice el reportaje de la BBC quiénes son estos necesitados de entrenamiento en la felicidad:

Work-related stresses are causing high levels of anxiety and depression among India's youthful workforce. Some employers are now fighting the problem with unconventional ideas.
India's workforce is one of the youngest in the world, and faces high levels of anxiety and depression in large part from work-related stresses. Some employers are trying to combat the problem using unconventional ideas, such as hiring 'happiness coaches' like Pravin Chaturvedi to increase office morale.*


De nuevo, se busca una solución para las consecuencias, pero no se intenta arreglar el origen del problema, que permanece intocable. Es como si usted tomara continuamente aspirinas para quitarle el dolor de cabeza que le produce su aparato de música, que está a todo volumen. Cuando se queja de que le duele la cabeza, le recomiendan que tome aspirinas. Los grandes beneficiarios son aquel a cuya consulta va y le recomienda las aspirinas y, evidentemente, al fabricante de aspirinas que hace un gran negocio con su dolor de cabeza. Usted podría simplemente bajar el volumen de su aparato, pero eso, en cambio, no se lo sugiere nadie. La solución sería sencilla, pero a nadie parece interesarle.
De la misma forma, se nos elude ese "work-related stresses", que es el que causa los problemas. Es decir: el sistema productivo es intocable. Da igual que nos esté amargando la vida, que aumente la violencia social por las situaciones que la gente vive cada día. A nadie le importa que se explote vergonzosamente a las generaciones más jóvenes, provocándoles esa situación.


El "entrenador de felicidad" es un invento propio de esta sociedad desquiciada, que saca provecho de todas las desgracias y que nos considera piezas sustituibles de un complejo entramado productivo.
¿Por qué renunciar a transformar las condiciones de trabajo, humanizándolas, haciéndolas compatibles con una vida que se dedica solo a la supervivencia en muchos casos? ¿Por qué en cambio aceptar sucedáneos de felicidad?
La pregunta tienes muchas respuestas compatibles con esta realidad dura en la que vivimos. La situación de la India es la de muchos otros lugares en los que no hay más vida que la laboral y más meta que el éxito, en términos de lo único que el sistema ofrece, dinero para poder comprar tu tiempo, tu felicidad, etc.
Pero esto es solo una falacia que para que funcione necesita del embrutecimiento constante, tanto el que produce el trabajo alienante como el pseudo entretenimiento que debemos aceptar después. La agresividad y la depresión aumentan, lo que hace proliferar otros negocios, de las armas a los productos químicos que nos distancian de esta realidad acartonada en la que vivimos.


Todo gira sobre el trabajo, cuyas condiciones son peores. Los anuncios de una crisis futura son otra forma de eludir la crisis presente, cuyos estragos se sienten en el empeoramiento de las condiciones.
La angustia y el estrés que sienten los jóvenes de la India son las que sienten los jóvenes de muchos otros lugares en los que el poder político (el de la sociedad) es incapaz de reorganizar al poder económico. Conforme vamos haciendo más salvajes las condiciones de nuestra vida, retrocede la convivencia social, que se hace más complicada y enfermiza.


La felicidad de la que se nos habla y ofrece es un mero tapar los efectos negativos de aquella en la que vivimos. Esto hace que solo lleguemos a interesarnos por mecanismos desestresantes, formas de descargar la violencia que recibimos y transformamos en algún tipo de actividad. La verdadera felicidad ya no entra en nuestros marcos mentales; y si lo hace es solo como una desvaída caricatura. El entrenador te ayuda a convencerte de que eres feliz; te lleva a lo posible para evitar que estalles.
Necesitamos modificar el sistema para poder dar un sentido a la vida más allá de la producción en un ciclo sin fin. Pero es más fácil sacarle provecho a la angustia y a la depresión que curarlas. 
Esto irá creciendo, sin remedio. 



* "The rise of ‘happiness coaches’" BBC - Worklife 26/07/2019 https://www.bbc.com/worklife/article/20190725-unhappy-at-work-this-coach-will-help




jueves, 6 de junio de 2019

Felicidades pequeñas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
He pasado varios días, en la revisión diaria de las noticias, por encima de un titular "No existe la felicidad, sino ser feliz cada día", salido de la boca del escritor Albert Espinosa en su charla para la serie Aprendemos juntos, reproducida en el diario El País. Las malas noticias siempre parecen necesitar más atención —debe ser un mecanismo evolutivo de supervivencia—, pero finalmente me decidí a ver y escuchar. Quizá porque ayer escuché unas cuantas desgracias, algunas de ellas solo en apariencia. Nuestro concepto de desgracia es demasiado abierto y hay cosas que hoy duelen pero es mejor que ocurran hoy que mañana. Muchas veces somos desgraciados porque perdemos cosas que es mejor que perdamos, pero dentro de nuestro dolor el pensamiento se ofusca. Es lógico que nos pase, pero lo malo es cuando nos escondemos bajo un dolor del que no queremos salir.
La felicidad es también un concepto peligroso, sobre todo cuando se idealiza y se percibe como algo a lo que uno llega, algo que nos está esperando tras una esquina. ¡Cuántas personas han sido desgraciadas por perseguir la felicidad o más exactamente su fantasía! Lo peor: por buscarla han dejado de ver las posibilidades que tenían delante para ser felices. Supongo que hay muchas formas de ser feliz (¿no sería mejor decir "estar feliz"?). La felicidad, en el fondo es nuestra reacción ante una situación dada. Si es una respuesta, la verdadera educación para ser felices debería ser educar (y educarnos) para obtener esa felicidad por medios a nuestro alcance. La felicidad imposible es solo una forma de frustración. Es lo que padecen millones de personas a la que se ha educado de forma absurda para lo irreal.
Como personas, necesitamos ser felices, estar felices. Nuestro cuerpo y nuestra mente nos lo piden; necesitamos un equilibrio que las tensiones de la vida van convirtiendo en más problemático cada día. Lo contrario de la felicidad es la amargura, algo que se está convirtiendo en un estado dominante debido a las tensiones exteriores en las que vivimos en un mundo cada vez con más incertidumbre.



La "felicidad" es un concepto. Quizá lo que necesitamos son esos estados de satisfacción diarios, como reclama, Espinosa. Esos estados se producen por nuestras acciones, podemos hacer algo que nos sirva a través de los demás. Quizá sea esa forma distinta de percibirnos y de percibir lo que nos desbloquee y nos permita esos estados satisfactorios.
Las palabras que Espinosa les dirige a sus oyentes son sabias porque parten del principio de que el mundo es el que es y que lo importante es cómo lo vemos. No es solo una cuestión de sugestión, por supuesto, sino de que ese cambio nos permite actuar de otra manera, realizar acciones o abrirnos a ellas que cambian nuestros estados.

A mí me gustaría contaros algo que me pasó de pequeño. Yo, como muchos sabéis, tuve cáncer de los 14 a los 24 y perdí una pierna, un pulmón y un trozo de hígado, pero fui feliz. Y, en aquellos años, yo recuerdo que dejé el colegio con 14 años. Y tuve la gran suerte de estar educado con mi madre hospitalaria, que era una mujer de 92 años increíble, de Zaragoza. Y nos cogió a todos los chavales que teníamos cáncer. A todos nos faltaba una pierna. Nos enseñó un grito de guerra muy bonito: «No somos cojos somos cojonudos», que nos encantó. Y lo gritábamos siempre. En aquella época en el hospital, no teníamos moto, pero teníamos silla de ruedas. No podíamos ir a discotecas, pero teníamos ocho plantas. Y fue una época increíble de educarse con chicos con cáncer y con esa madre hospitalaria que podíamos ir a ver cada noche. Yo tenía a mis padres que venían por la mañana y por la tarde. Pero las noches en los hospitales, cuando tienes 14 años y nunca has salido de casa, era extraño. Mi primer hogar fuera de casa fue aquel hospital con aquellos siete chavales con cáncer. Y aquella mujer se convirtió para mí en mi maestra. Fue una mujer que nunca olvidaré la fuerza. Ella siempre decía que nos educaba a ser valientes en la vida, en el amor, en el sexo… Y aquella mujer nos contaba historias maravillosas. Ella decía que, sobre todo, había que aprender a decir «no». En aquella época, yo no pensaba que pudiera decir no a nada. Pero, poco a poco, con los años, entendí a lo que se refería. Aquella mujer siempre decía: «Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas». Y ella decía que el universo nos quería mucho, porque, en aquella época, nos estaba haciendo cambiar nuestras respuestas para encontrar nuevas preguntas. Yo me eduqué junto a ella, y ella me enseñó a perder para ganar. Ella me dijo que cualquier pérdida es una ganancia, con lo cual me dijo: «Tú no has perdido una pierna, sino que has ganado un muñón. Tú no has perdido un pulmón, sino que has aprendido a saber que con la mitad de lo que tienes puedes vivir».*


Las experiencia de Albert Espinosa le han ayudado a configurar su visión del mundo y de esta ha resultado esa felicidad que a muchos resultará incomprensible. Vivimos en una sociedad que se dice abierta y libre, pero en la que las barreras se camuflan de metas, de retos y desafíos. Muchos buscan la felicidad allí donde les han dicho que se encuentra para descubrir que solo era un mcguffin, un reclamo de caza y que la presa éramos nosotros.
Uno de los autores que mejor expresó esa búsqueda de falsas felicidades fue Stendhal. Sus personajes buscan una felicidad que se les desvanece cuando las alcanzan. La felicidad no era eso. En la vida se dejan pasar muchas oportunidades para esos momentos de felicidad por estar obsesionados con su llegada.

Quizá por eso muchos han existido que es más fácil alcanzar la felicidad cuando la puedes hacer llegar a otros. El egocentrismo es el peor enemigo de la felicidad. Es mejor y más fácil provocar en otros lo que no conseguimos encontrar en nosotros. Cuando estamos dispuestos, cuando nuestro estado de ánimo es el adecuado, podemos percibirlo como satisfacción que nos lleva a ese estado. Quizá la felicidad se esconde cuando más la buscamos y nos llega cuando trabajamos en ella.
No es fácil ver felicidad. La experiencia que Albert Espinos cuenta y las enseñanzas de la que llama su "madre hospitalaria" son una experiencia extraordinaria, un ejemplo de cómo se puede alcanzar un estado de felicidad con lo que se tiene, por poco que sea. Hay que cambiar la mirada y lo mirado acaba cambiando. Ese es el principal mensaje. Sin cambiar nosotros no podemos estar felices.
El mundo que nos rodea no ayuda mucho. La frase "No existe la felicidad, sino ser feliz cada día" está rodeada por noticias que nos dan cuenta de los difícil que es ser feliz. Quizá porque pensamos que en esas condiciones no es posible ser feliz. La idea de Espinosa es que no, que cualquier situación, por mala que sea, puede ser percibida de forma diferente. No se trata de que por percibirlo de otra manera todo cambie, pero la actitud es esencial. Creo, más bien, que hay un principio general que es la alegría de vivir que no nos debe ser arrebatado y que nos ayuda a ese estado de ánimo, de superación de la resistencia del mundo. Podemos sufrir choques, pero tenemos la capacidad de sobreponernos y encontrar motivos de felicidad cada día en pequeñas cosas. La vida son pequeñas cosas; los grandes principios y palabras son para los libros.
La idea de felicidad (suponiendo que no haya muchas cosas diferentes dentro) ha estado presente en los dos o tres últimos siglos en Occidente. En el budismo, por ejemplo, más que la "felicidad" se parte del principio del dolor del mundo, un dolor del que liberarse no implica la felicidad, algo de lo que también habría que librarse, pues crea angustia no alcanzarla. La voluntad occidental, liberada aparentemente de sus cadenas, se lanza a su búsqueda y la promete en todo momento. Con ello nos ha debilitado causando la frustración de descubrir, como el príncipe iluminado, el Buda, que en el mundo existe la muerte, el envejecimiento y la enfermedad como realidades incontestables. Sin embargo, vivimos muchas veces como si no existieran o fueran ajenas a la vida. Son parte de su realidad.



Podemos vencer a algunas, como los cánceres de Albert Espinosa, pero las heridas quedan. Lo que aprendió Espinosa es que se puede ser feliz con ellas porque se sigue vivo. Y esa vida después de la batalla se puede vivir con la amargura de lo perdido o con la alegría de lo mantenido. "Diez años", nos dice, en los que fue "feliz cada día", encontró en cada uno de ellos algo que le hizo valorar positivamente su vida.
La vida y la madre hospitalaria le enseñaron que poder contarlo ya es algo. Quizá por eso se hizo escritor, para no olvidar que había sido feliz día a día.

Ella siempre me decía que había libros curativos, libros que te curaban, libros que te podían ayudar a entender la pérdida de un padre, de una madre, de un amor. Siempre hablaba de Oscar Wilde, ‘De profundis’. Me decía que era un libro que servía para todo, porque podías encontrar allí, en esas páginas, el dolor máximo. Yo creo que ella me enseñó a amar la forma con la que me iba a construir mi cuerpo. Tuve suerte de estar junto a ella cuando me cortaron la pierna. Me dijo que realmente el médico podía construir el muñón como quisiera. Y fue bellísimo, porque realmente lo dibujé.

Se puede ser feliz a través del dolor, porque forma parte de la vida. Me imagino que hay otros tipos de dolores que nacen de otras fuentes que causan indignación, que es otro tipo de reacción ante otro tipo de sucesos. La aceptación de la vida es la comprensión de que no es como se nos describe externamente, sino algo único, un camino personal compartido en el que no siempre pasa lo que queremos ni llegamos a comprender su sentido si es que lo tiene. Algunos lo aprenden y lo transmiten para que cada uno lo recoja y adapte a su propia forma y circunstancia. Es lo que trata de hacer Espinosa con sus historias.
A veces senbtimos lástima de los demás cuando deberíamos sentir lástima por nosotros mismos. Felicidades pequeñas, próximas, cotidianas, posibles. Debería ser nuestra dosis diaria.


* "Albert espinosa “No existe la felicidad, sino ser feliz cada día” Aprendemos juntos / El país https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/no-existe-la-felicidad-sino-ser-feliz-cada-dia-albert-espinosa/

martes, 17 de abril de 2018

La exportación de la felicidad


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si usted no es feliz es porque no quiere serlo. Esto es lo que parecen querer decir desde los Emiratos Árabe Unidos, país que según los índices de felicidad internacionales es el mejor posicionado de los países árabes, el vigésimo puesto internacional. De Emiratos sabemos poco, solo que tienen mucho dinero para pedirnos que volemos o que se indigna con Qatar, algo que no sé si perturba o aumenta su felicidad.
Me entero por Egypt Independent que anuncia la exportación de felicidad a Egipto por parte de los emitarís, con el titular "Initiative aims to ‘export’ happiness from UAE to Egypt". Si el titular es sorprendente, no lo es menos la noticia, que comienza con una pregunta obligada:

Are people in Egypt happy? This question seemed to have been answered by the 2018 World Happiness Report which placed Egypt on spot 122 out of 156 countries. Egypt was also shown to be the third most unhappy Arab country – after war-torn Yemen and Syria. However, positive signs seem to loom on the horizon as a new youthful initiative recently was launched aiming to spread happiness across Egyptian society.
A cooperation protocol was recently signed in Cairo between the Emirati initiative “Alef Yaa saada” (from A to Z happiness), the Arab Institute of Achievers, and the Sky Lines company for Training and Consultations, whose purpose is to ‘export’ happiness from the United Arab of Emirates to Egypt.
It comes within the framework of a visit to Cairo by Tahani Al-Tari, ‘expert’ on happiness and counselor of a positivity program in the UAE. The visit aimed to start the implementation of the International Youth Societal Initiative Alef Yaa saada in Egyptian society.*


País de contradicciones eternas, Egipto es según se señala en el índice. el tercero más infeliz tras Siria y Yemen, que no es ponerlo muy difícil que digamos, ya que ambos están en guerra cruel y despiadada. Que Egipto se encuentre próximo a esos dos desgraciados países tras la apabullante y celebrada victoria del presidente al-Sisi no dice mucho de cómo perciben su vida. 
Que los Emiratos estén tan bien organizados en esto de la felicidad que no solo tengan un ministerio dedicado expresamente a ello, sino que además se dediquen a su exportación, no deja de ser sorprendente. Ese vigésimo puesto  en la escala mundial es muy meritorio y muestra cómo el mucho petróleo y la escasa población ayudan en la felicidad de algunos.
He ido a la página del Ministerio de la Felicidad de Emiratos y me he encontrado un mundo fotográficamente maravilloso en el que todo el mundo es feliz: se hacen regalos unos a otros, son guapos y sonrientes. Es un mundo en el que la gente se hace selfies sonriendo y no poniendo morritos. Es el paraíso de los dentistas.
Los objetivos del Ministerio de la Felicidad son los siguientes:

OBJECTIVES
1.- Harmonize government plans, programs, policies, and legislations to achieve happiness and positivity in society
2.- Incentive entities both public and private, to launch and champion initiatives, projects, and policies to happiness and positivity in society
3.- Propose strategic policies, projects and programs aimed to achieve happiness and positivity, and coordinate their implementation with the concerned entities.
4.- Instill a culture of happiness and positivity as a lifestyle in the UAE, and raise awareness on the importance.
5.- Develop KPls, to measure happiness with government entities and at the UAE level
6.- Promote the UAE, and enhance its reputation as a global hub of happiness and positivity**


No se entiende cómo hay países infelices cuando se puede tener todo tan claro y ordenadito. Deberían aprender a confiar en sus gobiernos para ser felices. Con un ministerio dedicado a ello (¿cuántos pueden presumir de esto?), la felicidad rebosa los Emiratos y se expande en busca de países infelices que sepan degustar el producto.
En realidad asusta leer los objetivos. La felicidad es un plan estratégico para llegar a ese punto sexto y final en el que se define que el objetivo de la acciones para alcanzar la felicidad es la reputación de felicidad de Emiratos, una perversa tautología. No se trata de ser feliz sino de ganar reputación de país feliz.
Los Emiratos han logrado que ser feliz sea una obligación nacional en la que ser infeliz se considera un atentado a la reputación del país. ¡El país te necesita sonriente! En realidad, los objetivos de Emiratos son promover eso que llaman una "cultura" de la felicidad. Todo rebosa de la palabrería de los planes empresariales, de la artificialidad de las relaciones públicas, del "Nation Brand" cuyo objetivos se concreta en el punto 5º en donde lo importante es el desarrollo de herramientas para la medición de la felicidad.


En sí, el concepto es perverso. Los gobiernos no deberían decidir qué es la felicidad y cómo se logra, sino reconocer que la felicidad es personal e intransferible. Imponer eso que llaman "positividad" es eliminar a los que nos vean tan positivas las cosas como el gobierno quiera. ¿Qué hacer con los "infelices" que estropean la reputación, que hacen que las cifras no sean como se quiere? Esa es la cuestión. Finalmente, se contestará lo que el gobierno quiera escuchar porque nadie quiere que el gobierno sea infeliz.
La cuestión llega al ridículo con la información sobre los seminarios para ser felices que les darán a los egipcios. Es sorprendente la fe que tienen los egipcios en los efectos terapéuticos de unos cuantos seminarios en un país con casi cien millones de personas. Los seminarios y cursos de un día se proponen desde los ministerios para resolver problemas como el divorcio (60'7% de tasa) o el ateísmo (preocupante aunque según las cifras oficiales no llegan a 900). ¡Sale tan barato dar unos cuantos cursillos!
Pero los que vayan a dar los cursos sobre la felicidad se van a encontrar con una realidad muy distinta a la de los felices emiratos. La "positividad" no mejora nada, simplemente trata que veas las cosas de otra manera. ¿Que te secuestran? Míralo positivamente: tienes más tiempo para ti mismo. ¿Que apenas tienes comida? Una dieta saludable es buena para el cuerpo, que sufre con los excesos. ¿Que tu presidente decide quedarse treinta años en el poder sin soltarlo? Tiene sus ventajas: no tienes que perder el tiempo pensando en a quién vas a votar y dedicarlo a cosas que realmente te importen. Todo esto es "positividad", cuestión de actitud.
Se nos cuenta el compromiso de los emiratís con exportar su felicidad bien organizada y eficiente y desplegar sus talleres para que la gente salga de ellos convencida  de que es feliz, que es de lo que se trata.

Al-Tari stressed that she along with Mohammad Shatayat co-coordinator of the initiative, have made the UAE the center of launching the initiative because of the UAE’s “great successes” in spreading happiness among its citizens, residents and even the guests.
The 2018 World Happiness Report said that UAE is the happiest country in the Arab world and ranks 20th out of 156 countries moving up one spot compared to 2017.
“Happiness now became a culture which has its frameworks and values; me along with the initiative’s working team are seeking to spread this culture and dominate it among the Arab societies after the success of its activities in the UAE,” she said.
She continued to explain that the initiative will launch several workshops and seminars across Egypt, which will be prepared in cooperation with partners to achieve self-development.*

Es emocionante que en Emiratos no se encarguen solo de la felicidad de los propios sino que vayas allí por unos negocios y regreses irreconocible a tu casa, mucho más feliz que los demás. Si ve a alguien sonriendo solo, que se hace selfies sin morritos, no lo dude, viene de Emiratos.


Esperemos que el gobierno egipcio no decida crear un ministerio de la felicidad como en Emiratos. La tentación, me imagino, será grande. Este invento entre empresarial y kafkiana positiva no está muy alejada de esa felicidad por decreto que tienta a los gobiernos. De hecho, ya se trabaja mucho sobre la "positividad" persiguiendo a los críticos, que representan la "negatividad" que impide la "felicidad" institucionalizada. Si se vieran siempre las cosas tal como se quieren hacer ver, la gente sería mucho más feliz.
Cairo Scene ha decidido interpretarlo por la incombustible ironía egipcia. En tres estupendos párrafos dan la bienvenida a los que creen que la positividad es el camino a la felicidad:

To say that Egypt isn’t exactly a happy place is akin to saying “Africa is a continent.” Going past the litany of boring social media posts about how beautiful Dahab is or how kind and compassionate the people are (thank you, expats and jaded millennials), we currently (and firmly) rank 122nd on the World Happiness Report (fuck you, Mozambique) for a variety of reasons; including life expectancy, income, social support and freedom. Seeing the sad state of affairs we’re in, the UAE decided to rise up against our misery with an initiative to throw some of that glee our way through a collaboration between UAE happiness initiative Alif Yaa Saada (Happiness from A to Z) and Egyptian NGO Arab Achievers, in addition to Egyptian training company Skyline.
Why the UAE? Well, they’re the happiest country in the Middle East, the 20th globally, and they even have a whole ministry dedicated to happiness; the best possible scenario for a middle-eastern adaptation of The Office. The Gulf country has commissioned a troupe of happiness instructors (and you thought our jobs were lame), in cooperation with Alif Yaa Saada, to train Egyptian institutions on “how to be happy.” Through a series of free events this coming July, workshops, seminars and training sessions, the jolly initiative aims to teach the Egyptian populace the truest values of happiness; positive attitudes, tolerance, generosity, coexistence and peacemaking (How not to Be Poor: A Masterclass). “The UAE stands to benefit from implementing the initiative in Egypt by giving its trainers the chance to train Egyptians in happiness-making,” said Ghada Abdel Razeq, the head of training at Skyline. “So, this is a win-win situation. It must be said that turning happiness into a science is the UAE’s gift to the Arab world.”
We’re full of hope about this positive initiative, and we pray that the distilled experience of the Emirati instructors coming our way has enough power and permeability to chip away at the decades of pure, unfiltered human suffering that the Egyptian people symbolise better than anybody out there, except Mozambique and the other 33 miserable countries behind us. In the meantime, please enjoy this cheerful video representation of our efforts at attaining happiness.***


No se creo que se pueda ser más claro en lo que opinan de la iniciativa para enseñarles a ser felices. No creo solo por el tradicional orgullo egipcio del no tener nada que aprender. La retórica hueca de toda esta sarta de tonterías de sociedades que sacralizan la "felicidad" mientras que la hunden con sus mecanismos de alienación, que convierten los sentimientos y estados más humanos en frivolidades, que reducen a recetas gimnásticas los estados de ánimo, etc. son casi un insulto.
Señores de Emiratos: por favor, si ya son ustedes felices según las estadísticas gubernamentales, síganlo siendo pero no ofendan ni la inteligencia ajena ni los estados lamentables de aquellos que se encuentran en un estado muy diferente al suyo. Si están tan convencidos de que la felicidad es pan comido, hagan la prueba de intercambiar casa con algún desgraciado de otro lugar. Verán que no es tan fácil ser "feliz" en los sitios. Como dice quien redactó el texto de Cairo Scene, los egipcios no necesitan entrenamiento para ser felices, necesitan las condiciones adecuadas, que es otra cosa muy distinta. El entrenamiento, precisamente, nos obliga a ser felices por encima de las desgracias, lo que es el sueño de cualquier dictadura. Es como convencer a alguien de que se vuelva masoquista antes de torturarlo.

La felicidad es una palabra vacía en manos de estos patológicos evaluadores. La han vaciado de sentido porque ya no es un estado que surge de mí, sino que no ser feliz se considera una especie de enfermedad, personal y social. Hoy ser feliz es una ideología. Ha surgido en una sociedad alienada por la producción y lo material. La felicidad se alcanza por vías institucionalizadas a través del consumo y del acceso a servicios. Solo la idea de que exista un ministerio llamado de la "felicidad" nos dice que algo no funciona. Que además sea tarea de los gobiernos planificarla es un atentado a la inteligencia. Nos muestra cómo todo este mundo que proviene del fundamentalismo empresarial se ha ido adueñando de nuestro mundo a través de un lenguaje y unos objetivos planificados. Por definición, no puede haber una felicidad programada por otros. Solo yo puedo considerarme o no feliz, por más que otros entiendan que pueden planificarla para mí. Se puede estar contento, se puede vivir cómodamente, pero la felicidad es otra cosa que hemos reducido a lo material y al conductismo ramplón.
El vídeo al que se hace alusión al final de los comentarios de Cairo Scene nos muestra a una persona que va creciendo en su enfado mientras se escucha  de fondo una "positiva" canción pegadiza y comercial, "Sunshine, lollipops and rainbows".
Aquellos que crean que la felicidad se puede medir como la altura o el peso tienen una visión muy trivial de lo que significa felicidad. 



* "Initiative aims to ‘export’ happiness from UAE to Egypt" Egypt Independent 16/04/2018 http://www.egyptindependent.com/initiative-aims-export-happiness-uae-egypt/

** https://www.happy.ae/en
*** "THE UAE WANTS TO “BRING HAPPINESS” TO EGYPT" Cairo Scene 15/04/2018 http://www.cairoscene.com/Buzz/UAE-Egypt-Happiness