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jueves, 25 de junio de 2015

La posperplejidad o la verdad con gaseosa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Debo confesar que después del canto que el recién nombrado director de El Mundo hizo al periodismo valiente y sin concesiones, al servicio único de los lectores, el tratamiento del escándalo carcelario de la Pantoja no ha extrañado nada. He dicho "la Pantoja" y no Isabel Pantoja, como es mi costumbre, porque esto lo considero una prolongación de las coplas —la copla carcelaria— más que otra cosa, un capítulo más de una vida-obra.
Estamos en la España de la posperplejidad, un término nuevo que lanzo y brindo desde el centro de la arena para que nuestros sesudos tuiteros sean cesados de sus puestos en el futuro, pero disfruten de un presente temático entretenido y colorista.
Aquí, en la posperplejidad, conviven las discusiones carcelarias de los presos de ETA y de la copla. Aquí La Pantoja —¡Isabel, Isabel!— sale de la cárcel, de rojo y blanco, no con una maleta sino con una bolsa de El Corte Inglés, no sabemos si porque ha vendido ese espacio privilegiado que contendrá —¿quién sabe?, me imagino— la ropa para lavar en casa ante la negativa de las reclusas o el primer capítulo de sus memorias carcelarias, un futuro bestseller destinado a convertirse en espectáculo musical. Porque ¿qué hay en España ya que no pueda acabar en la Gran Vía y después de gira por plazas y teatros, recibiendo claveles, lanzando besos?


El diario que ha destapado la ropa sucia carcelaria de la Pantoja nos deja con el alma en vilo al relatarnos el espectacular proceso, inquisitorial, que se ha desatado ante los privilegios concedidos a esta parte viva de la Historia nacional:

"¿Qué tratos de favor ha observado usted hacia Isabel Pantoja?". "¿Ha formado usted parte de reuniones con los jefes de módulo?". "¿Qué conocimiento pormenorizado tiene usted de la normativa?".
La guerra psicológica de los interrogatorios a los 56 funcionarios que han firmado un documento denunciando los privilegios de Isabel Pantoja en la prisión de Alcalá de Guadaíra lleva dos días desarrollándose en el penal.
Las tres inspectoras comenzaron a recoger declaraciones de los funcionarios desde el propio martes, cuando se anunció la apertura de una investigación reservada, y terminarán el viernes por la mañana, según fuentes penitenciarias aledañas al proceso.
Al decir de estas fuentes ajenas a los funcionarios críticos, y también de otras de Interior, los interrogatorios se orientan directamente, sin demasiado disimulo, a desactivar las protestas "como siempre ha pasado en estos casos", intentando dejar a los funcionarios "en evidencia", y convirtiendo sus denuncias en "quejas imprecisas y gaseosas".
Así, las interrogadoras intentan hacer caer en contradicción a los declarantes, y van variando sus preguntas con ese objetivo, mientras que los funcionarios también comparten la información para tratar de dar una versión lo más uniforme posible.*


He visto cosas absurdas, pero esto entra en esa zona, como dicen en los restos entrecomillados de alguna hipotética conversación en la zona reservada de no se sabe dónde, "imprecisa y gaseosa". Yo no veo mucha conspiración en que si se ha denunciado el trato de favor a una presa —la presa de España— se les pregunte sobre eso y que se les pregunte a todos lo mismo. ¿Hay alguna alternativa?
La cosa es tan absurda que se trata de colocar la anormalidad de la normalidad, es decir, es todo tan normal y sigue el cauce habitual que no hay forma de amplificarlo sin dejarnos con la sensación de haber atravesado algún agujero negro y encontrarnos en un universo paralelo con leyes lógicas ligeramente diferentes.
El absurdo se va acumulando en cada línea del texto:

Los trabajadores, en cambio, quieren ver de la forma más positiva posible la llegada de la inspección, y le agradecen al ministro, Jorge Fernández Díaz, haberse tomado los hechos tan en serio como para enviar a unos funcionarios que, si vieran verosímiles las quejas, podrían incluso destituir fulminantemente a la directora, Maribel Cabello.
Las inspectoras también preguntan a los trabajadores, que están ratificando punto por punto las denuncias publicadas en EL MUNDO desde hace una semana, si alguien pudo firmar por ellos el documento con 56 firmas que acusó a la directora de mentir ante los medios cuando negó los privilegios de la tonadillera.
Buscarían así, según fuentes sindicales, romper el bloque formado por los funcionarios y abrir grietas para sembrar dudas entre ellos. Las conclusiones de la inspección podrían llegar en apenas una semana, según fuentes de Interior.
Las reclusas, en cambio, sí que han tomado partido por los trabajadores del centro. El martes, durante la comida, una presa se levantó y pidió un aplauso para los funcionarios que con ellas conviven cada día. La ovación fue cerrada con la práctica totalidad de presas en pie, como conoció en ese momento este diario y publicó posteriormente el sindicato Acaip. Las espadas siguen, pues, en todo lo alto.*

¡La confusión es total! ¡Pero si lo que denunció El Mundo es lo que denunciaron los trabajadores! ¿O los trabajadores denunciaron después de enterarse por El Mundo de lo que pasaba en su cárcel? En cada párrafo se entra en contradicción con los anteriores y los posteriores. ¿Agradecen los funcionarios que vayan a hacerles la guerra psicológica? ¿Se lo agradecen al ministro? ¿Es preguntarles si las firmas que hay son suyas una violación de la intimidad denunciante, cuando lo lógico es que lo confirmen?
La confusión se demuestra en esa frase final —semi taurina, semi bélica— "Las espadas siguen, pues, en todo lo alto" en la que se funden —de nuevo la posperplejidad— dos frases: "las espadas están en alto" y "la estocada en todo lo alto". La frase, "imprecisa" y "gaseosa", como si fuera no una verdad clara sino una clara de verdad, es decir, un poquito de verdad y un chorro generoso de gaseosa "La Pitusa", que no sé ya si existe, pero que le pega al tema como otros le pegan a otras cosas.
Esto de que corramos el riesgo de un insólito motín carcelario en el que las presas y las funcionarias se rebelen contra una ilustre tonadillera porque no quieren lavarle la ropa ni no sé qué cosas más, necesita de una firme intervención del nuestro Ministro del Interior. Corremos el riesgo de que si no se soluciona pronto, entre en la próxima campaña electoral. Y el "efecto Pantoja" es imprevisible.



* "'¿Qué tratos de favor ha observado usted hacia Isabel Pantoja?'" El Mundo 24/06/2015  http://www.elmundo.es/madrid/2015/06/24/558b0e7846163feb6e8b45a3.html





miércoles, 17 de abril de 2013

Marbella State of Mind

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En esta sesión continua judicial en que se nos ha transformado España, en la que se alternan en cartelera la nobleza ganancial con los empresarios chinos, los ex ministros con los médicos "dopadores", etc., en una insólita muestra de biodiversidad ibérica, de fauna medio pensionista —entran y salen—, les tocó escuchar sentencia al mundo cañí, a la parte sentimental, al triángulo equilátero del amor rociero y marbellí, a ese trío irrepetible, Pantoja, Muñoz y Zaldívar.
Estos ídolos del "cuché" escucharon en la sala las frías palabras de lectura de la sentencia con las condenas de prisión y cuantía de las multas y la advertencia del juez a los presentes —"más público que nunca", nos dicen— de que "no se admite ninguna muestra de aprobación o desaprobación" para atajar el volumen creciente del rumor.
Pero los jueces no están en la calle y allí sí estallan las voces y las pasiones que sembraron los protagonistas a lo largo de su vida mediática. Podemos escuchar con claridad los gritos de "ladrona" y "choriza", repetidos una y otra vez, y algún esporádico "guapa" de algún fiel de toda la vida o de alguien mal informado de porqué están allí. Ellos, acostumbrados a los piropos y autógrafos, a estrechar manos y lanzar besos, no acaban de asumir este tercer acto de sus vidas en el que el escritor del Gran Teatro del Mundo decidió dar un giro a la obra pasando de la comedia sentimental al desgarrado drama naturalista. ¿Qué extraña obra es esta?


La solemne entrada en los juzgados —ellas del brazo de sus abogados, como señoras de toda la vida; él dando la mano a los que tomaban primero posiciones— contrasta con la tumultuosa salida de los ya condenados. Las cámaras dan cuenta de ese calvario hasta llegar al coche —refugio salvador—, de los gritos y zarandeos, de los desmayos y las palpitaciones, de los tirones de pelo...

Esta España en permanente estado de protesta, de irritación ante el conocimiento de sueldos y primas, de dineros blanqueados, de favores y amigos, estalla en cuanto que tiene ocasión propicia. Lo que los jueces pedían en la sala, represión de las emociones, se produce en la calle sin freno alguno, en toda su intensidad. No sé si son seguidores traicionados, con el corazón roto de desilusión, o contribuyentes justicieros. Son el prólogo de la pena que les queda por delante.
En este "spin-off" de la "Operación Malaya", se ha cerrado la última temporada.
La parte sentimental, musical y torera, lo rosa del asunto, nos hace olvidar a veces que la historia es un episodio más de corrupciones políticas y empresariales de enormes dimensiones; que "Cachuli", más allá del cuché y los amoríos, era el alcalde de un  importante municipio, heredero "natural" de otro alcalde, Jesús Gil, que ya tuvo sus episodios judiciales y las maneras mafiosas de controlar la ciudad, su "cortijo" urbano.


Decía Julián Muñoz en entrevista telefónica en Telecinco, el día antes de la sentencia, cuando le preguntan por las causas de su situación, —"en qué se equivocó"— que "ser alcalde por mayoría absoluta le produjo un subidón absurdo, total y absolutamente absurdo", y que al tener después una relación con Isabel Pantoja, "la número uno en lo suyo", se creyó que era "poco menos que General de División". Fiel a su visión del mundo, culpa al éxito electoral y al amor de lo que le ocurre. No menciona que la causa de estar al borde la prisión sean sus acciones delictivas. Su problema, dice, es que su ex esposa Maite Zaldívar habló más de la cuenta en un programa de televisión levantando la liebre sobre las famosas bolsas de basura llenas de dinero que salían de su casa; que Isabel Pantoja era un personaje excesivamente conocido y mediático, que atrajo mucho la atención; y que él se equivocó en su trato con la prensa y los medios. ¡Julián, Julián! No tiene la culpa el sol de que al ladrón nocturno le pille desprevenido el amanecer.


Marbella fue más que un pueblo; era una forma de ser, un estado de ánimo, una manera de hacer las cosas. Era una ciudad cosmopolita que elegía con mayorías aplastantes a sus propios caciques, cuyas actuaciones conocían todos con pelos y señales porque su soberbia y prepotencia les impedía hacerlas a la sombra. El que quería medrar, hacer negocios allí, ya sabía lo que tenía que hacer y a quién acudir. Era una ciudad cuyo ayuntamiento tuvo que ser intervenido judicialmente y en la que los críticos de la oposición resultaban estar tan enfangados como los demás, acabando todos en los tribunales y en la cárcel. ¡Y presumían de honradez algunos de ellos! Si hay una ciudad que ha escrito con letras de oro su propio descrédito ha sido Marbella, el paraíso de la Jet. Alcaldes, primeros tenientes de alcalde, concejales, asesores, funcionarios, directivos de Cajas... en cantidad inigualada en España, fueron ingresando en prisión. Más que proceso, procesión.


Marbella tendrá que vérselas con su historia, barrer sus calles y despachos, desparasitarse, como tendrán que hacerlo otros lugares e instituciones. No es fácil acabar con plagas de carcoma, con chinches y garrapatas. En la mente decasi todos, Marbella es lo que han hecho de ella los Gil, Muñoz, Zaldívar, Pantoja, Roca... y todos aquellos que se beneficiaron de ella con el consentimiento y complicidad de muchos.
El telón ha bajado. Que no haya bises.