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miércoles, 3 de julio de 2024

Ideas (lecturas veraniegas 1)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Una de las ideas que más atención tuvo en el siglo XIX fue la de "decadencia". A los nuevos imperios les preocupaba por qué habían desaparecido los antiguos. Les resultaba preocupante que grandes civilizaciones, con enorme riqueza de ideas y poder, hubieran desaparecido al ir encontrándose los restos de estas. ¿Qué podía haber ocurrido? Y sobre todo: ¿podía volver a ocurrir? El siglo XIX y parte del XX son los siglos del estudio de la decadencia precisamente porque son definidas por el "progreso", otro concepto esencial y complementario. El progreso implicaba mirar hacia delante, orientarse hacia el futuro con una fuerza nueva, romper con la poderosa idea que fijaba los modelos en el pasado, como espejo de grandeza, como modelo clasicista.

Es precisamente la revolución industrial la que abre un nuevo sentido del progreso, algo medible, palpable, algo que se puede organizar, medir y dirigir en un sentido determinado, frente a los modelos anteriores basados en cuestiones más etéreas y difusas.

En introducción de su obra "Ideas. Historia intelectual de la Humanidad" (Ideas. A History from Fire To Freud 2005, ed. Crítica 2008), Peter Watson escribe:

Ésta es quizá la lección más importante que podemos extraer de una historia de las ideas: que la vida intelectual —acaso la dimensión más importante, satisfactoria y característica de la existencia humana— es una cosa frágil, que puede perderse o destruirse con facilidad.*

Que después de la lectura de miles de páginas, cientos de libros en muy diversas lenguas, la redacción de un libro que sintetice parte de lo visto en lo que considera esencial, de años de trabajo, etc. la idea esencial que el autor quiere transmitir al lector sea esta, la fragilidad de la vida intelectual, es algo más que una paradoja.

El repaso por las diferentes culturas que se consideraron la culminación de los tiempos y la constatación de que desaparecieron y que solo a través de un ejercicio de rescate, de recuperación histórica para poder recordarla como algo lejano, algo que fue, quizá no sean más que nuestras propias raíces olvidadas o un simple ejercicio retórico de elegante selección de paternidad.

Es cierto que mucha de esa información histórica se encuentra almacenada, que crece conforme pasa el tiempo y aumentan la documentación disponible, que las nuevas sociedades se han organizado "profesionalizando" el "recuerdo" a través de la academia, pero ¿reduce esto el peligro real que señala Watson o, simplemente, crea una sensación de falsa seguridad?

Cada vez constato por mí mismo —y las quejas de mis compañeros docentes van en el mismo sentido— la perversión por olvido de lo que supone el pasado, de la historia que no sería sino una sistematización, una organización y sentido del pasado. Cada vez que nos encontramos con una disciplina que necesita cierto conocimiento histórico, el edificio personal tiende a desmoronarse por falta de conocimiento, incapacidad de visiones de conjunto, interacciones, etc. Simplemente vivimos. No hay una articulación del conocimiento porque este no se acumula, de ahí esa obsesión con el aquí y ahora tecnológico, que se divide en dos grandes grupos "lo obsoleto" y "lo todavía útil". El presente es solo "lo último", que se lleva a casi todos los extremos de la vida. Lo demás es inútil, innecesario, prescindible.

La idea de que el presente se sustenta en lo pasado se desvanece en un presente inmediato que no es necesario recordar o almacenar precisamente para dejar sitio. Los dispositivos de almacenamiento de información —el libro, por ejemplo— ya no tienen sentido si no se pueden actualizar, convirtiendo a la "nube" en el alter ego de la nueva memoria y al teléfono móvil en nuestro sexto sentido (mal contado), en la llave de acceso.

En 2005, cuando terminó de escribir "Ideas. Historia intelectual de la Humanidad", Peter Watson no era plenamente consciente (¿o sí?) del cambio tan brutal que se estaba produciendo delante de él. Hoy estamos en una segunda generación que ya apenas lee. Hemos pasado de pasado libresco al presente de la "nube". Es ahí donde se están configurando las nuevas "ideas" o algo extraño que ya no puede ser llamado así más que por falta de términos adecuados.


El título inglés nos habla de dos F —del Fuego a Freud— para definir la trayectoria intelectual. Hoy se nos habla de la "memoria de 7 segundos", en la que todo se entremezcla y es tragado por una línea que avanza separando el presente del oscuro pasado en el que entremezcla todo. "¿Cómo puedo explicar "Casablanca" si no saben qué es el "régimen de Vichy"?", se preguntaba un amigo docente. La Historia se convierte en enemigo amenazante cuyos obstáculos hay que evitar como sea. No accedes a los libros, solo buscas resúmenes que te permitan salir del paso. Nuestros objetivos educativos se ajustan a los sociales. Ahora con la "inteligencia artificial" se reducen funciones; ¡que "piensen" las máquinas, que lo hacen muy bien!

No, la idea de "decadencia" es esencial para pensarnos y no pensar en otros. Pero parece que estamos tan pagados de nosotros mismos que somos incapaces de pensarnos críticamente (¿qué es eso, para qué?).

Parece que Watson acertó. Todas las divisiones y explicaciones de la humanidad están hechas desde un momento de la propia humanidad. Somos objetivos manipulables cuando se intenta convencernos de nuestra propia facilidad manipuladora. Sin "historia", sin "crítica", somos lo que otros definen y creemos que nuestros problemas son los que molestan a otros.

Vivimos en una sociedad auto satisfecha porque solo cuenta con el presente que no es otra cosa que "lo que hay", aislado como está de sus raíces (¿cómo he llegado hasta aquí?) y de sus metas (otro día más). Si este presente se vuelve problemático, como de hecho ocurre, hay que sacudir el presente hasta que salga alguna solución o camino posible.

En esta situación, con el peso creciente de la reescritura para ajustarla a nuestros deseos, ¿para qué pensar? Mejor solo vivir el presente. Es una nueva forma de decadencia sin sentido de la misma por incapacidad de conceptualizarla. No es de extrañar que en 2014, Peter Watson publicara una obra titulada "La edad de la nada" dando cuenta de la evolución desde el siglo XIX hasta el momento de la escritura.

El libro de Watson nos da la oportunidad de pensar en cómo los otros han valorado muchas ideas y cosas que hemos ido dejando por el camino. No es un libro para leerse de un tirón (¡son casi 1,500 páginas!), pero sí tomárselo como una especie de enciclopedia especializada en las ideas, un meritorio orden de lo caótico de la vida y la Historia. 

 

* Watson, Peter (2008) Ideas. Historia intelectual de la Humanidad; ed. Crítica, Barcelona.

viernes, 21 de febrero de 2020

El parásito era él o a Trump no le gusta el cine coreano

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nadie va a pedir inteligencia o sentido común a Donald Trump a estas alturas. Su paso por la presidencia no le ha hecho tener un sentido diferente de la vida o de las relaciones internacionales o de las nacionales. Trump es el hombre que no aprende. Así lo demuestra con cada acción que realiza, con cada palabra que dice. La "Torre Trump" es él.
Su situación le permite además de presidir los Estados Unidos, dedicar un par de días a la semana a salir de la Casa Blanca y elegir un privilegiado auditorio ante el que dar salida a sus comentarios sobre el mundo, una ocasión más de mostrar su calaña moral y su sentido de la presidencia.
Esta vez le ha tocado sembrar la xenofobia de nuevo. Y la excusa son los premios de la Academia, los Oscar. La CNN titula "Trump isn't pleased a South Korean film won best-picture Oscar", nos muestra en vivo al comediante Trump, ante su público, puro "Club de la Comedia", y transcribe su intervención:

President Donald Trump bemoaned this year's Academy Award winner for best picture, "Parasite," on Thursday because it's a South Korean film.
"How bad were the Academy Awards this year, did you see? 'And the winner is ... a movie from South Korea,' " Trump said, impersonating an announcer, at a rally in Colorado.
"What the hell was that all about? We've got enough problems with South Korea with trade, on top of it they give them the best movie of the year?" he asked.
Parasite was the first foreign language movie to win best picture at the Academy Awards. It also won awards for directing and original screenplay.
Trump, however, wasn't impressed. He seemed more interested in American films that had been made more than 70 years ago.*



Trump suele ejercer de crítico cinematográfico chistoso despreciando a todos los actores, directores, escritores, etc. que le critican. Estos aprovechan su tirón popular y las palabras de recepción de los premios para ponerle verde, lo que le fastidia. Suele decir de ellos que "no le gustan" o que están "sobrevalorados", como dijo de Merryl Streep, una actriz menor, como todos sabemos. Esta vez también le ha tocado a Brad Pitt, que hizo un chiste a su costa sin mencionarlo.
Pero en el caso de "Parásitos" es otra cosa. Una vez más, deja  la presidencia al descubierto con su carga xenófoba. Trump es algo más que un ignorante pretencioso y narcisista. Es un xenófobo y racista. Lo es sencillamente porque en su cabeza no puede aparecer el pensamiento de que haya algo mejor que lo hecho en los Estados Unidos, despreciando todo lo demás como inferior. Su concepto de "America Greater" es clara mente denigratorio para todos los demás, que son "inferiores" a sus ojos. La simple posibilidad de que una película coreana gane es ya un imposible para él.


Pero hay algo peor. Trump no es solo un racista y xenófobo. Es un demagogo. Con los comentarios sobre la "imposibilidad" de que una película coreana pueda ser mejor que una norteamericana está exacerbando el odio hacia lo exterior, que un día es Corea, otros Europa y casi todos China. Trump está envenenando a los Estados Unidos y a todos a los que se suman a este furor que ya va más allá de los nacionalismos.
Los tuits en la productora de la película coreana le han recordado que las películas a las que puesto como ejemplos contra "Parásitos" (— "I'm looking for like, let's get 'Gone with the Wind' -- can we get like 'Gone with the Wind' back, please? 'Sunset Boulevard,' so many great movies," he continued), fueron realizadas con el concurso de actores ingleses (O. de Havilland, Leslie Howard) o de un director austriaco (B. Wilder). Pero la ignorancia, sabemos bien, no se corrige con el poder.


Con sus discursos xenófobos, Trump está alentando una América supremacista e ignorante, basada en la fuerza y la amenaza. Está alentando además la violencia contra el extranjero, algo que no admite bromas ni chistes. Los asesinatos en Alemania por parte de un ultraderechista son de corte xenófobo y racista y han conmocionado a Alemania, que ve el ascenso de la ultraderecha en el país. En los propios Estados Unidos ya se han dado casos de muertes contra los mejicanos, como el caso del racista que bajó hasta El Paso a matar mejicanos.
Lo que Trump deja al descubierto es —lo hemos dicho muchas veces— la pérdida del sentido de los Estados Unidos como nación abierta, como construcción de aquellos que buscan una forma de vida más libre. Ese era el mito. Trump ha conseguido hacer retroceder a los Estados Unidos en derechos y en visión en la Historia. La ha convertido en un matón imperialista que solo sabe recurrir a las amenazas y a la fuerza. Ya no es líder de ningún mundo, sino un abusador que sigue teniendo una imagen incorrecta de sí mismo y de cómo los demás lo ven. Ya no es el "líder del mundo libre", que se ve amenazado por Trump y por las situaciones que este crea.


Tanto Corea del Sur como China han conseguido superar a los Estados Unidos en muchos campos, lo que ha encendido las iras nacionalista o las simplemente económicas. La idea de que coreanos y chinos han logrado llegar hasta donde lo han hecho porque roban sus maravillosas ideas a los Estados Unidos, es un delirio con en el que se trata de encubrir su propia decadencia, retrocediendo hacia una América oscurantista, retrógrada manejada por el Tea Party y demás grupos ultraconservadores que siguen con la idea del "destino manifiesto".
Las amenazas ayer mismo a Europa por el tema de abrir el mercado del 5G a Huawei es intolerable, pues no es más que una maniobra de economía mafiosa, desacreditando a los competidores desde la política. No otra cosa hace Trump. Por eso le da igual las garantías. Solo quiere colocar las compañías norteamericanas, que se han aprovechado de la tecnología para expandir su economía y poder, especialmente el de vigilancia. Si la amenaza del espionaje de Huawei no ha sido probada en absoluto ni se basa en precedentes, por el espionaje habitual espionaje estadounidense debemos todos dar las gracias.


Esto lo ha dejado claro Trump esta semana cuando ha amenazado con no compartir la información de inteligencia si Europa se decanta por el 5G con Huawei. La amenaza es de tal gravedad que se ha corrido un velo de silencio sobre lo que supone para eso que suele llamarse "Occidente" y que es cada vez más la voluntad de Estados Unidos de Trump.
Trump vive del miedo. Es el miedo lo que hace avanzar la industria del armamento, de toda la maquinaria militar y de la protección. Esa ha sido una de sus prioridades: cobrar por proteger. Era su forma de entender la OTAN y lo sigue siendo. Para evitar el establecimiento de relaciones entre países que generen confianza y seguridad, Trump empantana el planeta creando conflictos en todos los puntos: Oriente Medio, Ucrania, Corea, Irán... Nunca se había visto una política de este tono para aliados y de estigmatización de países. Trump retrocede a los peores momentos de la Guerra Fría porque es la que ha hecho progresar a los Estados Unidos y le ha permitido ocupar el lugar que ocupa y el que quiere ocupar. No quiere que se busque un orden armonioso, sino uno de conflictos, de fronteras duras, de bloques en los que vender la protección.


La rabieta con la película Parásitos es muy reveladora de su visión del mundo, agresiva y corta de miras. La película coreana ha ganado en un gran año de cine y ha sido votada por la Academia norteamericana no en las Naciones Unidas. Su incapacidad de entenderlo, por un lado, y su maldad al aprovechar para aumentar la xenofobia en Estados Unidos ya es aprovechar toda circunstancia para intentar denigrar a los que compiten con él. No deja de ser interesante la forma en que el país que preconizaba el sistema de libre mercado lo haya convertido en un sistema desquilibrado basado en el miedo y en la amenaza.
Parásitos ha recibido múltiples premios, muy merecidos todos. Esta vez tampoco hay error; solo es, como se ha señalado, el comentario de un analfabeto. 



* "Trump isn't pleased a South Korean film won best-picture Oscar" CNN 21/02/2020 https://edition.cnn.com/2020/02/20/politics/trump-south-korea-best-picture-parasite/index.html CNN

domingo, 11 de agosto de 2019

El gigante enfermo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Reproducíamos ayer la imagen del titular del artículo de la CNN: "El mundo se pregunta qué le ha ocurrido a América", firmado por Nick Paton Walsh. Citábamos la carta publicada por un alto funcionario de Exteriores que había presentado su renuncia, harto —decía—, de ver pisoteados los ideales por los que se había dedicado al servicio público y harto, de nuevo, de tener que dar explicaciones en el exterior sobre lo que estaba pasando en los Estados Unidos, una pregunta casi universal.
Desde hace unas décadas uno de los temas favoritos de aquellos que se dedican a la especulación sobre el futuro es la "decadencia del imperio americano". Sobre ella se han escrito cientos de libros y artículos dando por sentado que los Estados Unidos habían llegado a su punto más elevado y que ahora se enfrentaban al ascenso de Asia, para algunos la emergencia de un nuevo espacio socioeconómico y político, Eurasia, que el eje del Pacífico, USA, Japón y Corea del Sur, sería sustituido por un nuevo espacio, como había sido con anterioridad a que Europa de volcara en la colonización de América. Es la realidad, propuesta por China, de la "nueva Ruta de la Seda" o "Una Franja y una Ruta" en marcha y que se enfrenta al recelo de países europeos y, sobre todo, de los Estados Unidos. Esto se ha entendido como una pérdida de influencia de los Estados Unidos. La respuesta norteamericana a la tentación asiática de sus socios japoneses y coreanos ha sido aumentar las tensiones con China e intensificar el conflicto con Corea del Norte. Es su forma de evitar que se le escapen los clientes.


La política hacia los países por debajo del Río Grande la estamos viendo desde la llegada a la Casa Blanca de Trump. Una cosa es regular, mejor o peor, la inmigración y otra el insulto y el desprecio a medio continente. Es lo que Trump ha hecho. Ha criminalizado a millones de personas. No lo ha hecho solo por querer estar en los Estados Unidos, donde muchos llevan décadas, con hijos nacidos allí. Los ha llamado "agujeros de mierda", algo que difícilmente se le hubiera "tolerado" a alguien que no fuera el presidente de los Estados Unidos. La renuncia del funcionario de Exteriores es el ejemplo de no poder asumir más lo que "el mundo se pregunta" sobre América.
Al resto del mundo no les ha ido mucho mejor, con la excepción de los dictadores, que han visto que lo que antes se les recriminaba ahora se les aplaude. ¡Tremenda perversión política la de los Estados Unidos de Trump! 
Son los propios norteamericanos los que empiezan a estar preocupados por lo que desde fuera preocupa a medio mundo. Es poco inteligente no preocuparse por el estado de la primera potencia mundial, físico y anímico. Padecemos sus decisiones económicas y muchos países algo peor, como ocurre con Oriente Medio, sublevado ante lo que pomposamente se ha llamado el "acuerdo del siglo", cuyas consecuencias están por verse si siguen adelante.
Más de medio mundo se encuentra afectado, de una forma u otra, por las políticas erráticas, agresivas y despectivas de Trump. La preocupación, cuando la legislatura avanza hacia su recta final, es que los demócratas no sean capaces de encontrar un candidato dispuesto a disputarle la Casa Blanca en condiciones. Trump hará lo posible por arruinarles la fiesta. Y "lo posible", en el caso de Trump, es mucho. Baste con recordar los efectos de la trama rusa, Cambridge Analytica, etc. Con gobiernos interesado en que Trump siga (para bien propio o desgracia ajena), las próximas elecciones van a ser de infarto.


Con todo, son dos aspectos que se han unido los que más llaman la atención: el aumento de la violencia y el control de la armas, por un lado, y la problematización de la inmigración. Respecto a la primera, el editorial de ayer de The Washington Post, titulado "Mass shootings are becoming routine. It doesn’t have to be this way", señalaba:

The United States faces a grave threat to public safety. The Post reports that mass shootings took place roughly twice a year between 1966 and the massacre at Columbine High School in Littleton, Colo., in 1999. Between Columbine and the slaughter at a predominantly African American church in Charleston, S.C., in June 2015, the pace was roughly five times a year. Since the white-supremacist attack in Charleston, there’s been one almost every six weeks. And these data reflect a restrictive definition of mass shootings: those that claimed at least four lives, not including perpetrators, in public places or large private gatherings. GunViolenceArchive.org’s broader definition, which encompasses a wider-range of multiple-victim shootings, fatal and nonfatal — including those tied to such crimes as robbery and domestic abuse — produces 254 just this year, through last Wednesday.*


Los datos son peores hacia el futuro, pues el gigantesco negocio de las armas ha tomado parte en la vida política norteamericana de forma inusitada. La poderosa Asociación nacional del Rifle tiene en nómina a toda una serie de políticos que son quienes la sostienen políticamente para evitar que sea regulada. Jamás se ha visto un país envuelto en una forma suicida de autoconsumo de la violencia. Cuando el negocio exterior decae, el negocio se tiene que desarrollar en el interior. Fuera el sector de las armas promueve la compra allí donde se ha sembrado la intranquilidad creando conflictos. Esa es la tarea de Donald Trump con la política exterior. Trump crea inseguridad; los vendedores de armas le sacan partido. Recordemos el enfado de Trump y los suyos cuando, tras las presiones a Europa, esta decidió tener su propio ejército y fabricar sus propias armas. La administración norteamericana se encolerizó ante la perspectiva de no participar en el negocio armamentístico. Las ventas multimillonarias de armas en Oriente Medio aseguran dos cosas: a) que nunca cesarán los conflictos; y b) que los tiranos están más seguros al comprarles las armas a los estados Unidos. Recordemos el enfado norteamericano cuando Recep Tayyip, Erdogan, con quien mantiene un conflicto de egos, decide comprar material militar a Rusia y no a los Estados Unidos. Otros juegan a dos bandas, como Egipto, cuyo ejército está financiado por los Estados Unidos, pero también compra armamento a los rusos, que le están comiendo mercado.


Con esta perspectiva, no es ya la seguridad nacional norteamericana la que debe preocupar, sino la de todo el mundo, en manos de una persona que no tiene reparos para los negocios en vender cada vez más armas.
Los estados Unidos dieron su salto como superpotencia tras participar en dos guerras mundiales, tomando posiciones y aumentando su maquinaria productiva. Las guerras son un buen negocio y que se acaben una triste perspectiva para las ventas. Históricamente no se puede negar este vínculo, de la misma forma que fue la competencia con la Unión Soviética la que produjo la carrera armamentística hasta que se firmaron los acuerdos para evitar la proliferación de armas nucleares. Hace unos días se ha renunciado a los efectos de control de armas nucleares. Rusia, China, Irán, etc. se verán de nuevo inmersos en una guerra que enriquece a los Estados Unidos pero empobrece a los demás, que no disponen de recursos suficientes en esa competencia. En este sentido, evitar el desarrollo de China se ha convertido en una obsesión estratégica. Es la única que tiene recursos suficientes como para sostener el desafío armamentístico y estratégico, de ahí el boicoteo sistemático, de ahí el intento de evitar que China mantenga alianzas tanto en Asia como en Europa, África y América Latina. Sin embargo, los tiene y muchos de ellos gracias a la beligerante política norteamericana.
Pero donde más se percibe la enfermedad de la codicia y de la indiferencia salvaje es en la extensión de las armas, cada vez más sofisticadas, en el país.
Las matanzas son el resultado de la carrera armamentística interior que lleva a la proliferación y mejora de las armas. No se trata ya del "derecho a defenderse", sino de la potencia necesaria para ello. Las armas empleadas en las matanzas son de una sofisticación enfermiza, de una obsesión que acaba cumpliéndose. Muchos norteamericanos dicen descargar su estrés con las armas. Otros, cada vez, más descargan su ira. Esta se ha ido fomentando a través de los discursos políticos o de las ficciones, los video juegos, etc., que ha creado una mente a la defensiva que en muchos casos estalla. El asesino de El Paso es el mejor ejemplo. Tenía solo 21 años, pero ya vivía la vida con un sentido de peligro, con temor a ser invadido. Tras las matanzas, se han multiplicado de nuevo las ventas. Es el miedo la base del negocio. No hay escrúpulos.
El segundo elemento es el trato dado a la inmigración, una de las bases de la riqueza de los Estados Unidos. La violencia personal, de los asesinos o de los racistas, o la institucional ha ido en aumento. La CNN recoge la indignada carta de Raul A. Reyes, un fiscal de origen hispano, señalando el despilfarro económico, juciail y laboral de lo ocurrido en Mississippi, con la detención de cerca de 800 inmigrantes, muchos de los cuales llevaban décadas con sus familias en los Estados Unidos. Muestra su indignación por la falta de sensibilidad que supuso hacer que le trajeran a un bebé que había quedado huérfano en la matanza. 



La foto es un auténtico despropósito: Trump hace el gesto de elevar su pulgar mientras Melania lo sostiene. Ambos sonríen.  Cuando el niño crezca, alguien tendrá que explicarle el sentido de la fotografía y porqué fue usado de esta forma por la persona a la que muchos responsabilizan de la violencia que acabó con la vida de su padre. Manipulación constante, desvergüenza total.
Mientras tanto, en Mississippi, son otros hijos los que son separados de los padres, los trabajadores de las industrias alimentarias. Este aspecto hace estallar a Reyes y va al centro de la segunda cuestión:

There is profound hypocrisy here, as the Trump Organization has a history of using illegal labor. In 1998, the company settled a class-action lawsuit brought by undocumented workers who alleged that they had worked on Trump Tower and were not properly paid. The Washington Post has reported on undocumented immigrants working at The Trump National Golf Club and undocumented workers at a Trump-owned construction company. The New York Times has published the stories of undocumented workers toiling at Trump's properties in Florida, Pennsylvania, and New York. In response, the president said, "Probably every club in the United States has that (undocumented workers) because it seems to be, from what I understand, a way that people did business." If that is simply "the way that people did business," it would make sense to move towards legalizing these workers, instead of targeting them for removal with military-style raids.
True, immigration laws need to be enforced. Yet the problem is that they are enforced selectively. Mike Hurst, the US attorney for the Southern District of Mississippi said, "To those who use illegal aliens for a competitive advantage or to make a quick buck, we have something to say to you: If we find you have violated federal criminal law, we are coming for you." Really? Recent history says otherwise. Even as the Trump administration has aggressively gone after undocumented workers and migrants, it has not prioritized punishing those who hire them. In the 12 months ending in March, only 11 employers faced criminal prosecutions for hiring undocumented workers. Of those 11, just three served prison time.**



Reyes habla directamente de "hipocresía". La respuesta de Trump es la misma que antes las armas (o ante el cambio climático, como respondió Mike Pompeo, secretario de Estado): son los negocios. En efecto, hay una profunda hipocresía en una riqueza que se ha hecho precisamente en el abuso sobre muchos inmigrantes, pagándoles sueldos inferiores en muchos casos y trabajando sin poder tener derecho a nada dada su condición.  La riqueza de Trump y su familia, proviene de esa competencia desleal que ahora se usa como amenaza y que, como bien señala el fiscal, tendrá una actuación selectiva. ¿Va a ir alguien a verificar si los empleados de los negocios de Trump están legalmente en los Estados Unidos?
La hipocresía es mayor cuando los propios estados Unidos critican a otros países su prácticas desleales con los abusos o los bajos sueldos de los trabajadores cuando precisamente es eso lo que han ido buscando: bajos sueldos, saltarse las normas de control medioambiental, laborales restrictivas de sus propios países, etc.


Es de nuevo la codicia la que está en la base. No hay ningún motivo humanitario en el trato de los trabajadores. Es simplemente la forma americana de hacer negocios. Una parte importante de la economía se ha mantenido política y económicamente en ese espacio de la irregularidad migratoria. Ese ha sido una de las bazas con las que se ha contado para hacer esos negocios.
Ya no es solo el mundo el que se pregunta desde fuera "qué ocurre en América". Lo que ocurre se ve con claridad, otra cosa es que en ese estado social en el que se encuentra sea capaz de resolver sus problemas que van más allá de la economía. Cuando la gente es capaz de hacer negocios con el sufrimiento, cuando hay desprecio hacia los demás, cuando se vive entre el miedo y la ira, es el momento de reflexionar sobre por qué se ha llegado a ese punto.
Muchos lo están haciendo desde periódicos, televisiones, películas, novelas, etc. intentando traducir a sus lenguajes la América en la que viven y perciben con dolor. Tienen mucho camino por delante.
Muchos de los síntomas que se ven en los Estados Unidos están empezando a contagiarse a otros países. Que lo que vemos sirva de advertencia. No se puede hacer del odio, dentro o fuera, el motor de un país, pues este acaba reduciéndose a una retórica patriótica hueca rebosante de hipocresía, como se señalaba en ambos escritos.  Algunos necesitan de enemigos para sentirse poderosos. Suelen acabar mal.
El gigante está enfermo. Es el diagnóstico que llega de dentro y fuera. Un sentido equivocado de la grandeza es la peor enfermedad. Es la que impide ver los errores propios o, peor, considerarlos virtudes.



* "Mass shootings are becoming routine. It doesn’t have to be this way" The Washington Post 9/08/2019 https://www.washingtonpost.com/opinions/mass-shootings-are-becoming-routine-it-doesnt-have-to-be-this-way/2019/08/09/85f70cf8-b9fb-11e9-b3b4-2bb69e8c4e39_story.html
** Raul A. Reyes "Trump's cruelty never stops" CNN 9/08/2019 https://edition.cnn.com/2019/08/09/opinions/trump-mississippi-raids-el-paso-visit-reyes/index.html