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sábado, 31 de enero de 2026

El hoy de los Juan Nadie

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer noche tuvimos la ocasión de recuperar en una de estas sesiones trimestrales que me piden la magnífica película de Frank Capra "Juan Nadie" (Meet John Doe 1941). Las obras de arte nos abren puertas entre el presente y el pasado en nuestras mentes. Vemos lo que nos decían antes y lo confrontamos con nuestras experiencias y conocimientos en el presente. Nuestra mente asociativa establece comparaciones, conexiones, similitudes sin que lo podamos evitar. Así funciona nuestra mente y así funciona la cultura, acumulando y comparando.

En el caso de Juan Nadie nuestras mentes se dirigen en ese viaje de ida y vuelta hacia lo que vemos en la pantalla y lo que vemos cada día en nuestro presente. Muchas veces pueden ser casualidades, en otras, como en la película de Capra, nos encontramos con problemas enquistados, crisis recurrentes, con situaciones no resueltas que están en el origen de los conflictos.

La película está fechada en 1941, el año en el que Estados Unidos entre en la II Guerra Mundial tras el ataque de Japón en Pearl Harbour. Es, por lo tanto, un momento de máxima tensión internacional y el cine lo refleja en esta comedia que acaba en tragedia. Juan Nadie es un "invento" surgido de la venganza de una periodista despedida en la renovación de un periódico. La película comienza con el cambio de rótulo en la entrada el viejo periódico. Se borra la expresión "libertad de prensa" y sigue con los despidos por parte de la nueva dirección. La venganza de la periodista Ann Mitchell (Barbara Stanwick) es una carta falsa firmada por un tal Juan Nadie, que amenaza con suicidarse en Nochebuena como protesta al giro egoísta que ha tomado una sociedad llena de desempleados, gente empobrecida tras el "crack del 29". Para sorpresa de todos, se presentan todo tipo de mendigos callejeros diciendo ser los autores de la carta ante la idea de que se les ofrecerá un trabajo. Creen que la farsa resultará rentable para aumentar las tiradas y le dan la "personalidad" de Juan Nadie a Long John Willougby, un exjugador de béisbol lesionado que vive con otro mendigo bajo los puentes, "El Coronel".

Pronto la trama va creciendo y el fenómeno social que supone el sensacionalismo morboso de su suicidio navideño desborda todas las expectativas. El mensaje de Juan Nadie pasa a ser una reivindicación del "hombre común" con una filosofía reivindicativa de la amistad, la solidaridad y el alejamiento de los políticos como seres ineficaces que solo luchan por el poder y por el enriquecimiento propio.

"Juan Nadie" es una película sobre la manipulación combinada de la política y de los medios, que actúan al servicio de los políticos, que crean polémicas y enfrentamientos con el fin de atraer la atención. Detrás de cada medio hay un grupo o partido

¿Les va sonando? Pues el resto de la película les sonará más todavía.

En un mundo como el actual, un mundo totalmente sometido a la información, lo que era motivo de crítica a finales de los años 30 es hoy normalidad. Lo que pretendían entonces y por lo que creaban complejas estrategias desde el poder conectado a los medios, forma parte hoy de la disputa diaria en la que unas cadenas y medios se acusan unos a otros de estar al servicio de intereses políticos y económicos.

Recomiendo que busquen esta película y la vean como más allá de una de las comedias que de Capra que nos dan por navidades. Capra y sus guionistas supieron usar los géneros para trasladar un mensaje claro sobre el estado de la sociedad, algo que los estudios quisieron evitar con la idea de que la gente que vive en situaciones problemáticas —como ocurría entonces en el caos, la pobreza, etc.— quiere olvidarla. La respuesta mayoritaria de los estudios fue "la fábrica de sueños" en vez de la lupa analítica sobre las situaciones en las que se encontraban sumido.

Juan Nadie es un análisis con escalpelo de deseo de poder frente a la sencillez de los "Juna Nadie" que componen la sociedad norteamericana. No se trata de crear mitos sino de aceptar realidades, la de la vecindad: si se trata bien al que vive junto a ti, si derribas cercas y muros con un saludo, el mundo cambia.

Es imposible no escuchar las palabras de D.B. Norton (Edward Arnold), el magnate que quiere todo el poder y que no difiere de lo que está ocurriendo en la Europa de nazis y fascistas, sin compararlo con palabras que escuchamos hoy. No es posible contemplar en la pantalla sus tropas paramilitares sin pensar en lo que vemos hoy en las calles de Mineápolis u otros espacios bajo vigilancia.

Con todas las distancias que queramos, siguen perviviendo las viejas perversiones y maldades políticas, las ambiciones de poder absoluto, las camarillas de intereses económicos, las compras de medios para hacerse con el discurso central con el que manipular a la gente.

Juan Nadie es, como hemos señalado, una película sobre la manipulación, sobre un mundo lleno de "fakes", de falsedades manipuladoras para hacerse con la opinión pública. Los Juan Nadie del mundo son un valioso tesoro de votos, de posibilidades de consumo dirigido. Son las víctimas a las que dora la píldora para hacerse con su fuerza basada en el número, en su buena fe. Son una fuerza por explotar con la astucia y herramientas adecuadas, esencialmente los medios controlados.

La película encantó a los asistentes al cineforum, que aplaudieron al final. Después se produjo un entretenido debate, lleno de ideas y coincidencias. Si tienen ocasión, vean "Juan Nadie". Es algo más que una buena película, algo a mitad de camino entre el pasado y el futuro; una película que nos habla cara a cara y nos ayuda a comprender mejor lo que nos rodea.

 


Ficha:

Juan Nadie (Meet John Doe) 1941

Director: Frank Capra

Guionistas: Richard Connell, Robert Presnell Sr. y Robert Riskin

Intérpretes: Gary Cooper ('Long John' Willoughby), Barbara Stanwyck (Barbara Stanwyck), D.B. Norton (Edward Arnold ), Walter Brennan (The 'Colonel'), Spring Byington (Mrs. Mitchell), James Gleason (Henry Connell), Gene Lockhart (Mayor Lovett), Rod La Rocque (Ted Sheldon)...

Música: Dimitri Tiomkin

Productores: Farnk Capra y Robert Riskin

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Rob Reiner, La princesa prometida y el síndrome de Trump

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Anoche vi por enésima vez La princesa prometida (1987), pero esta vez fue especial. Fue un homenaje a Rob Reiner, asesinado de forma terrible, según se cree por su propio hijo. Reiner y su esposa fueron hallados muertos, degollados en su propio hogar.

Pero a las circunstancias horrendas, hay que añadir algo más: las palabras abyectas del presidente de los Estados Unidos, que no desaprovechó las circunstancias para, una vez más, hacer exhibición de sus maneras. De una competición futbolística a un asesinato, Trump tiene que manifestarse como resultado de su incontrolable narcisismo y su bajeza moral, una combinación explosiva.

En 20minutos se recogen las palabras de Trump tras conocerse el doble asesinato:

Entre las condolencias y comentarios que han sucedido a la muerte de Robert Reiner y su mujer, destaca por su tono culpatorio, el del presidente de los EE UU, Donald Trump, quien dice que la pareja ha muerto "debido a la ira que provocó en otros a través de su enorme, inflexible e incurable enfermedad que paraliza la mente: 'Síndrome de Trastorno por Trump'. Se sabía que había vuelto locas a las personas por su obsesión furiosa contra el presidente Donald Trump",  apunta el republicano. Pese a todo, concluye: "¡Que Rob y Michele descansen en paz!".

Como tantas otras veces, Trump no desaprovecha la ocasión de ser el centro y, en este caso, se ofrece como la causa, ya que señala que el origen de todo está en el rechazo a Trump y a sus políticas. Sería esto lo que habría hecho enloquecer al hijo y no las adicciones que tenía.

Es difícil encontrar otro ejemplo de maldad, con la excepción, claro está, del historial acumulado del propio Trump. Hay una cosa de la que estamos seguros: el mundo le recordará por sus bajezas. El problema es saber cuánto daño puede hacer con sus maldades, ya sean acciones o manifestaciones como estas.

Ayer tratábamos aquí los datos sobre las consecuencias que la polarización política ha creado en el ámbito familiar. Vivimos en un mundo crispado, del que sacan provecho, de una forma u otra, las personas como Trump. Desconozco cuál fue la causa de la discusión del matrimonio Reiner con su hijo en la fiesta de Navidad a la que fueron invitados por Conan O'Brien. Al narcisismo de Trump le encantaría que hubiesen discutido por él. Eso le halagaría el ego hasta niveles pocas veces alcanzados. Al aspirante a Premio Nobel de la Paz le encanta que la gente se mate por él.

Al mirar los datos de La Princesa prometida en la página de FilmAffinity se señala que la película no fue un éxito inmediato, aunque recibió muchos premios y nominaciones, sino que fue calando en la gente a través de sus difusiones posteriores en vídeo y DVD. Las películas te pueden gustar, admirarlas o las puedes amar, es decir, establecer con ellas una relación especial porque te hacen sentir bien y deseas verlas en ciertos momentos.

Al margen de las críticas más formales o profesionales en los medios, se incluye en FilmAffinity un listado de páginas en las que la gente ha colocado La princesa prometida. El mero título de las listas (Mis películas de aventuras favoritas, Mis películas preferidas de género fantástico, Películas con las que crecí, Mis películas preferidas de los 80, Mis comedias románticas preferidas, Películas que más veces he visto, Películas que les encantan a mis hijos (menores de 12 años)...)** nos muestran que Reiner logró algo que Trump jamás alcanzará y ni siquiera se le puede pasar por la cabeza: estar en el corazón de la gente. La princesa prometida provoca ese estado peculiar; la película se hace parte de ti e integra a las generaciones, que pueden compartirla. Reiner une donde Trump separa, polariza, fuerza al enfrentamiento.

Reiner tiene muchas buenas películas, pero La princesa prometida no es fruto de la crítica o de la promoción, sino de las simpatías y afecto que provoca en los que la ven y el deseo de compartirla, de sentir con otros los buenos sentimientos que provoca.

Las palabras de Trump hacen crecer la talla del propio Reiner. El odio, el rencor que el presidente almacena en su cabeza (me resisto a usar la metáfora del corazón) le impide alcanzar una simple normalidad.

Quien padece el "síndrome del trastorno por Trump" es el propio Trump.

Recordemos a Rob Reiner; hagámoslo dedicándole un tiempo a ver sus películas, que sobrevivirán mucho más que las palabras de Trump y que el propio Trump. Reiner tiene buenas películas, pero La princesa prometida es otro nivel más allá de la calidad. Es una película empática, una forma de ver un mundo que no existe ni en las leyendas, pero que deseamos y necesitamos para sobrevivir al odio que otros fomentan.

* "Todas las claves para entender el asesinato del director Rob Reiner y su mujer: una bronca en una fiesta navideña, una puerta no forzada y un hijo adicto" 20minutos 16/12/2025 https://www.20minutos.es/gente/todas-las-claves-para-entender-asesinato-director-rob-reiner-su-mujer-una-bronca-una-fiesta-navidena-un-hijo-adicto_6910811_0.html

** FilmAffinity La princesa prometida https://www.filmaffinity.com/es/film579602.html

sábado, 18 de octubre de 2025

Cultura y consumo cultural no son lo mismo

 Joaquín  Mª Aguirre (UCM)

Hay algo que no me casa en la interpretación que se hace desde la SGAE de la situación de las artes en su informe anual. No me gusta tampoco la forma en que se interpreta el problema cuando se habla de "vencedores y vencidos" en cuanto al consumo cultural en el artículo de RTVE.es firmado por Esteban Ramón que lleva por título "La cultura tras la pandemia: del boom de los conciertos a la caída de las salas de cine"*. 

Crecimiento de la música popular, lenta recuperación de las artes escénicas, y preocupación por las salas de cine. El Anuario SGAE 2025 de las artes escénicas, musicales y audiovisuales, presentado este viernes, revela los datos de 2024 y completa ya un largo estudio longitudinal de 25 ediciones en las que se pueden sacar conclusiones de las tendencias de consumo cultural de este siglo en España, el impacto de la crisis de 2008, y sobre todo, un panorama de vencedores y vencidos tras la pandemia.

“El impacto de la pandemia de covid ha provocado un miedo capas sociales de mayor edad y también un mayor atrevimiento en la juventud”, resume el presidente de la Fundación Sgae, Juan José Solana. “El miedo se ve en la escasa asistencia a espectáculos como teatro, sobre todo, y el cine. Y el atrevimiento provoca más afluencia a espectáculos musicales y de entretenimiento en general. Es algo como parecido a lo que ocurrió tras la II Guerra Mundial: olvidarse a base de mucho entretenimiento”.* 

La idea de "vencedores y vencidos" tiene una serie de implicaciones bélicas que nos alejan de la realidad del problema, que se entiende en términos de "competencia" o "conflicto", una perspectiva perversa de interpretar la cuestión de las "artes", que deberían formularse como "negocios" escénicos, musicales y audiovisuales, que es el que se percibe como fondo. Es decir, se prescinde de un enfoque cultural en beneficio de una concepción competitiva en la que hay un total que gastar y unas formas de repartirlo. No hay ciudadanos más o menos cultos, simplemente formas de gastar en unos campos u otros. No es cuestión del gusto, sino del gasto.

De esta forma se hace girar todo sobre un factor lo suficientemente coherente, el efecto de la pandemia: las personas mayores no van al teatro o al cine por "miedo", mientras que los "atrevidos jóvenes" no tienen miedo por apretujarse en los macro conciertos, Simple, demasiado simple.

Si los adultos tuvieran "miedo" habría aumentado la producción y difusión de DVD, BD y 4K para ver el cine en sus casas, algo que no ha ocurrido. Más bien lo contrario, la posibilidad de comprar este tipo de discos con películas ha desaparecido porque los grandes comercios han eliminado sus secciones de cine. Simplemente, las han retirados. Uno de los grandes centros comerciales madrileños, como pude comprobar ayer mismo, ha hecho desaparecer definitivamente los estantes dedicados al cine. Estos años dejó dos estantes testimoniales. Ayer no quedaba nada de una sección en las que podías echar horas rebuscando entre los miles de películas. Ahora tienes que buscar en su página web en la que el material cinematográfico que ofrecen proviene en su mayoría de otras empresas. Simplemente: han hecho desaparecer el cine de sus estantes.


Curiosamente, esta desaparición física se junta con la aparición de nuevos formatos de mayor calidad de imagen y sonido, como los actuales 4K, un formato que da ya salida al cine nuevo y a una recuperación de clásicos o sencillamente películas populares por sus temas, actores o directores. Los criterios de precio se ajustan a esas demandas, películas caras con caras conocidas; descuentos en otros materiales que se quiere liquidar. Pura oferta y demanda.

El aspecto económico de esta situación cultural lleva a la competencia entre sectores por captar atención y dinero. Podemos poner la pandemia como excusa, pero la realidad no encaja bien. Si es la "seguridad" lo que prima, debería crecer la oferta para dispositivos caseros, algo que no ocurre, que vemos desaparecer de los estantes, a menos que se argumente que los adultos también tienen miedo a entrar en unos grandes almacenes o tiendas a comprar.

A lo que asistimos realmente es a una feroz lucha por lo que hay en los bolsillos en medio de una gran crisis económica y cultural. Es económica porque se resuelve finalmente en compras, ya sean de entradas o de discos; es cultural porque nos dirige hacia determinadas zonas y las aleja de otras. Esta misma mañana se emitía un programa para dar cuentas de la situación digital de los comics y se daba como explicación que los dibujos digitalizados evitan esa molesta situación de tener que "leer". La reciente polémica con una "influencer" que decía que eso de los libros era poco más o menos que una cuestión de ego, de sentirse superior y que estaba sobrevalorado leer nos da pistas de por dónde van los tiros.

No hablamos de cultura. Nuestra sociedad es cada vez más inculta, lo que ya no es visto como un problema si el problema, por ejemplo, es tener que leer, ver "viejas" películas o escuchar viejas canciones.

Hemos construido una sociedad del consumo instantáneo y que se vuelca en el momento. ¿Hay algo más efímero que un concierto, algo que pondere la pertenencia grupal (no se va solo al concierto), el sentido colectivo? Volcarse en el momento quiere decir que no existe sentido de la pertenencia más que al grupo o tribu, que no se amplía el sentido más allá del presente. La palabra "pasado", junto con "ideas", "legado", etc. configuran el marco de lo perdido. Una vez pregunté en esos mismos almacenes por un libro y al decirles la fecha, cuatro o cinco años atrás, me dijeron que no lo tenían porque era "muy antiguo". La etiqueta de "antiguo", que antes podía entenderse como un valor añadido, ahora tiene un sentido despectivo, de obsolescencia. Por supuesto, me han dicho, lo que no se pide se destruye, se hace desaparecer porque ocupa "espacio", lo peor que puede ocurrir.

Hemos perdido nuestro sentido de lo que debe ser una persona culta. Solo contemplamos la dimensión del consumo y este lo dirigimos de forma sutil a través de esa herramienta que son las redes sociales y los influencers, que son solo un invento para salvar el olvido de los medios tradicionales.

Los ministerios y consejerías de Cultura solo actúan para repartir subvenciones y promociones. No hay una idea estable de lo que significa ser culto, sobre cuál ha de ser su repertorio. El papel que debería cumplir el sistema educativo se incumple en beneficio de una idea de dirección hacia el empleo y la eficacia en un sentido estrictamente laboral. No formamos personas, sino futuros empleados, aunque el destino final se atender la barra de un bar o servir a los turistas en sus mesas.

El mundo de la cultura tenía un sentido responsable hace unas décadas. Hoy se identifica con el consumo y se diseñan y fabrican sus piezas. Pasamos de una a la siguiente. No hay conciencia de la cultura como un fondo en el que crece la persona.

Esto se refleja en muchas cosas que vemos, del acoso a los suicidios, de las violaciones a las estafas a los más débiles, del maltrato al desprecio a los mayores, considerados como cargas. La cultura, por supuesto, no es la panacea, pero si un contrapeso a toda esta barbarie, en sentido físico y moral, a la que asistimos cada día, lo que incluye la "barbarie política", incluido la falsificación de títulos universitarios y la incitación directa o indirecta a la violencia y la ausencia de diálogo.

Si la cultura nos da racionalidad, sentido crítico, la barbarie del consumo instantáneo nos trae justo lo contrario. Ya sea por la política o por la incitación al consumo, somos más manipulables, lo que nos lleva a las urnas, a viajar a un país remoto o a una compra impulsiva. En los periodos intermedios, nuestros ojos se desplazan por las pantallas de nuestros teléfonos en busca de algo que mirar, algo diseñado para mantener nuestra atención y nuestra vida con "sentido" hasta el episodio siguiente.

Necesitamos reflexionar sobre nuestros modelos de persona, de sociedad y de cultura. Es urgente porque esta es ya la segunda generación, la de los que han crecido en casas en las que no hay libros, no se ven películas ("soy más de series"), no se va a las salas, etc. Solo se vive en un tiempo puntual, no lineal; un tiempo sin historia, sin legado, sin más valor que el de la novedad.

La idea misma de "industrias culturales" intentaba definir el cambio y la actitud. Nosotros vemos los resultados. Lo podemos comprobar en las preguntas que se nos dirigen cada día en las aulas, resultado del desconocimiento más absoluto de lo que ha ocurrido antes en cualquier dimensión. La cultura es interconexión; unas cosas nos sirven para comprender otras. Sin ello, sencillamente, no entendemos nada. La cuestión es entonces ¿hay algo que comprender más allá del consumo?

Mucho me temo que las personas colocadas en las instituciones culturales públicas y privadas están más pendientes del beneficio económico que del beneficio cultural. Y esto supone que lo que no sea rentable desaparece, incluido el cine, las salas, etc. Tienen que crearse instituciones que ponderen y defiendan otro concepto de la cultura. Es una necesidad urgente.

El Covid simplemente aceleró un problema que ya estaba sobre la mesa. Podemos contentarnos con echarle la culpa, pero la realidad es más compleja y hay mucho de nuestra responsabilidad, de la política a la educación pasando por los propios responsables de las "industrias" a los que les importa poco la cultura en sí. Los mayores "tienen miedo", los jóvenes son osados apenas explica nada y asegura que por ahora no hay solución a algo que no se considera problema.  


* Esteban Ramón "La cultura tras la pandemia: del boom de los conciertos a la caída de las salas de cine" RTVE.es 17/10/2015 https://www.rtve.es/noticias/20251017/cultura-tras-pandemia-del-boom-conciertos-a-caida-salas-cine/16775529.shtml

miércoles, 15 de octubre de 2025

La emoción del cine

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dice el titular de ABC que "La taquilla de los cines españoles se hunde con la peor cifra desde la pandemia"*. Esa mala cifra de recaudación, nos dice, es 3,2 millones de euros, lo que supone "menos de 500.000 espectadores" que pasaron por taquilla este fin de semana.

"¡Que tranquilo está esto!", le dije a Lola, la taquillera del cine de mi pueblo, extrañado por lo vacío que veía todo para ser un sábado por la tarde. Contrastaba con lo que había visto un fin de semana anterior, con un llenazo en la sala grande para ver "Guardianes de la noche". La sala a rebosar de fans frikis del anime japonés. Habían repartido más de 600 posters de la película durante el estreno el vienes y esperaban superarlo al día siguiente, el sábado. Todo un contraste con lo ocurrido este fin de semana, uno raro, según su propia expresión. Lo achacamos a los coletazos del buen tiempo, que se resistía a meterse en el otoño.

Son muchas las explicaciones de por qué la gente no va al cine. Son necesarias para intentar ponerle remedio, si es que eso interesa a alguien más allá de los cines.

El cine ha quedado como un arte extraño, mitad arte mitad negocio, producido por gentes con poco sentido estético y, según parece, poco sentido comercial, pendientes de cada éxito e intentando estirarlo como un chicle pegado en el zapato.

Hablo mucho de cine. Fue lo que me llevó a la universidad, lo que me hizo pasar de las salas del cine de barrio de sesión doble a las aulas en las que estrenamos las del nuevo edificio de la Facultad de Ciencias de la Información, para pasar en los cursos siguientes las horas en el edificio de la vieja Escuela de Cine.

Lo que me decidió finalmente a ir a la Facultad fue la película "Al Este del Edén", en un programa doble del que no recuerdo la otra película. Me impresionó a mis tiernos 15 o 16 años y me decidí. Tuve de profesor de Historia del Cine a Florentino Soria, director de la Filmoteca Nacional y a Carlos Pumares, que era su ayudante.

Llegaba corriendo a casa y pedía urgentemente la comida porque el cine empezaba a las cuatro en las sesiones continuas, Si te perdías el principio, podías verla comenzar en la siguiente sesión con no levantarte tras encenderse brevemente las luces de la sala. A veces terminaba la sesión, pasaba por delante de otro de los muchos cines del barrio y me metía a ver la película que me interesaba. Había cines de barrio, con atractivos programas dobles; cines de reestreno, a los que pasaban las películas tras ser retiradas de la Gran Vía, nuestro barrio cinematográfico para los estrenos. Un pasro por la Gran Vía te mostraba los avisos junto a las grandes  producciones, "¡Treinta semanas en cartel!!"¡Cincuenta y dos semanas!"... Hasta que no se retiraban de la Gran Vía madrileña, no pasaban a los cines de reestrenos y más tarde a los de barrio. Quedaban los cines de verano, que era el final del circuito y donde las películas del año se amontonaban en sesiones nocturnas junto a espagueti-westerns y películas de artes marciales. Allí ibas a comerte un bocata por cena y darte un atracón de pipas.

España era un país de aficionados al cine, salas por todas partes. Cuando llegó el vídeo (o mejor vídeos, pues competían de forma suicida dos formatos incompatibles, el VHS y el Beta) la cosa cambió bastante. Pero había un videoclub en los bajos de casi todas las manzanas. "Baja a ver si han devuelto ya "XXXX" y de paso devuelve estas dos que ya les hemos visto", les decían. Iban a devolver y a ver si ya dejaban el esperado estreno de turno, que algún vecino se resistía a llevar de nuevo al local del alquiler de películas.

La llegada de los canales de televisión múltiples empezó a competir con cine, series, concursos, telenovelas y se fue menos a las salas.

El fenómenos de los vídeos empezó a crear un pirateo que fue a más. Copiabas la película y te hacías tu colección, algo nuevo para con el cine. Podías grabarla de la tele o de un amigo que te la prestaba. Empezó a limitarse a diez años desde el estreno para su pase por televisión.

Luego llegó la digitalización. Mejoró sensiblemente la calidad de la reproducción y llegó el DVD, disco y reproductor. Luego llegaron las TV panorámicas y los proyectores. Llegó el Home-Cinema. Luego el Blu-ray y ahora el 4K.

Cuando pregunto en clase si alguien ha visto alguna película que les cito, suelo recibir un silencio por respuesta. Y esos sucede entre estudiantes de Comunicación, incluso específicamente de Imagen, lo que se supone que incluye el cine.

Comencé hace quince años a hacer un cinefórum. Mañana miércoles veremos "La noche americana", de François Truffaut, una de esas películas que enseñan a amar el cine, otras de las que configuran esos primeros años de alternancia de aulas y salas de proyección. Y después hablaremos de cine, lo haré con una gran mayoría de alumnos extranjeros que descubren las maravillas del cine cada semana y al que algunos dedican sus tesis. El lunes tuve una maravillosa tutoría de cerca de dos horas sobre El expreso de Shanghái (Joseph von Sternberg 1932), ¡28 páginas de texto revisadas y comentadas para una tesis doctoral.

Cuando llego a casa, tarde y cansado, busco entre los discos para ponerme alguna película. Puede que el cansancio no me deje ver el final, pero es una grata sensación.

Podemos preguntarnos porque la gente no a las salas de cine. Las respuestas son muchas y variadas. El cine fue el arte del siglo XX en todas partes menos en los colegios, donde han entrado todas las demás artes.

Ha desaparecido de las casas, donde ha sido sustituido por las pantallas de las consolas en su segunda generación,

Veo cine en casa y suelo ir varias veces en el fin de semana al cine. Lo hago por el cine y por los chicos y chicas que nos atienden y nos ponen la bebida y las palomitas. Regreso del cine y me apetece ver más. Crecí con el cine y seguiré con él. Seguiré tratando de contagiar el entusiasmo que me produce, como lo hago con la literatura o la música. Sus peores enemigos suelen ser aquellos que solo ven negocios en ellos. Ahora el negocio parece menos claro porque hemos expulsado de ellos el arte y el contagio del entusiasmo con fórmulas repetitivas y enterrando lo bueno que nos han ido dejando por el camino.

En dos generaciones habrán desaparecido el cine, las salas y el recuerdo de un arte olvidado sobre el que te preguntarán con curiosidad, dudando que existiera algo así, con imágenes en blanco y negro, en glorioso tecnicolor, un tiempo en que veíamos bailar a Fred y a Ginger, abofetear a Gilda y una sombra que ponía a Dios por testigo,  a una rubia que te pedía que la silbaras si la necesitabas o un pueblo entero salía a recibir con cánticos a los americanos.

Hoy la gente va poco a las salas porque el mecanicismo social cree que son los estrenos los que te llevan al cine. En realidad es un impulso, un deseo que se tiene que sembrar antes en los corazones. El amor al cine no es una frase hecha; es algo real, un deseo que se encarna en películas después. El propio cine ha explorado esa fascinación, ese atractivo sentimental, algo que se percibe en la mirada ante la pantalla.

Gustarte el cine es tener dos patrias, la sólida y la que está tejida por sueños, por luces y sombras, por primeros planos, por música que te emociona. Quizá el aburrimiento en una nos lleva a la otra. Algunas veces encontramos un estado intermedio.   


* F. Muñoz "La taquilla de los cines españoles se hunde con la peor cifra desde la pandemia" ABC 13/10/2025 https://www.abc.es/play/cine/noticias/taquilla-cines-espanoles-hunde-peor-cifra-pandemia-20251013124242-nt.html

jueves, 9 de octubre de 2025

De perros y batallas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hemos comenzado este miércoles nuestro cinefórum con una película que sigue dando que pensar en cada nueva revisión, Perro blanco, una obra del gran director Samuel Fuller, realizada en 1981, con guion a medias con Curtis Hansom, sobre una novela de Romain Gary, fallecido el año anterior y a quien está dedicada la película.

Siempre es una decisión complicada la película con la que comenzamos cada curso (son ya 15 años). Hay muchas a las que quieres dedicar este puesto inaugural que tienen siempre algo de compromiso, algo especial. Y Perro blanco lo tiene.

Para los que no conozcan la película les daré algunos datos. El primero es que es un alegato contra el racismo. La protagonista atropella un perro al inicio de la película, lo cuida y lo mete en su vida de actriz aspirante. Descubrirá que el perro es un "perro blanco", es decir, un animal al que se ha condicionado para atacar a los negros.

No es necesario adelantar más. Con este arranque ya sabemos cuál fue el destino de la película y del propio Fuller. Se negaron a distribuirla y apenas se hicieron algunas copias para cubrir el expediente. Fuller se fue del país prometiendo que no volvería a rodar en los Estados Unidos. Francia le acogió. Es lo que suele llamar una "película maldita" por motivos evidentes.

El filme nos ha permitido hablar ampliamente y conectar con el peligroso mundo que estamos creando. Era inevitable conectarla con otra película reciente que ahonda en el problema del "supremacismo blanco", del racismo, como es "Una batalla tras otra" (Paul Thomas Anderson 2025).

Creo que es necesario hacer revisiones de estos filmes que de repente se nos muestran como peligrosamente actuales. Las cuestiones del racismo, de la xenofobia, de los ataques a la inmigración vuelven a estar en las primeras páginas porque han pasado a estar presentes en nuestra realidad social con mayor o menor intensidad en los llamados "discursos y actos de odio".

¿Es posible que no avancemos, que sigamos estancados en estas cuestiones? En lo que se nos describe, en sus raíces, no hay mucha diferencia entre lo que nos muestra Fuller y en lo que nos muestra Paul Thomas Anderson, que nos actualiza una novela de Thomas Pynchon de 1990.

La novela de R. Gary y la de Th. Pynchon nos ofrecen, desde perspectivas muy diferentes, una misma realidad, la del racismo metido hasta las raíces más profundas de la América que permanece impertérrita ante este fenómeno. El tono de ambos filmes, las formas son muy distintas, pero sus realidades no lo son tanto.

Hay una América que no cambia, de raíces profundas. Cuando nos hablan del origen de los "perros blancos" señalan su persecución de los esclavos que se fugaban. Los perros los perseguían hasta matarlos a dentelladas. Se acabó la esclavitud, pero no el odio racista que los creó. Es un momento clave en la película escuchar el odio y el orgullo con los que se habla de esos "perros blancos", una máquina animal creada para matar.

Hoy volvemos a tener los mismos discursos de odio. Lo hemos visto y escuchado en los discursos de las raíces "blancas" y "evangélicas" del trumpismo. Ese "nuevo pueblo elegido", el norteamericano, es "blanco" y solo desear ser de ese color. Mata en las fronteras, crea muros, hace redadas, manda al ejército a detener a miles de personas.

En la película de Paul Thomas Anderson han de jurar que no han tenido "relaciones" con personas de "color", de cualquier "color". Se penaliza con la muerte. Es considerado como el peor de los pecados, una contaminación intolerable.

Creo que "Perro blanco" ha sido una buena elección para nuestro seminario de cine, para nuestro cinefórum. Hay que hablar de cine, de estas películas que nos obligan a enfrentarnos a nuestros demonios. Hay que preguntarse por los filmes sin caer en la trampa del tecnicismo, de aislarlos como si no tuvieran relación con el mundo que los produce y aquel que los recibe.

Les animo a que ven las películas que he mencionado y, especialmente, a que hablen de ellas, que debatan. Un arte que se queda en lo estético no sirve de mucho. No sé si las películas pueden cambiar el mundo, pero sí nuestras mentes. Al menos las de algunos.


lunes, 5 de mayo de 2025

Trump y el cine

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si ayer comentábamos la frustración de Trump por no poder ser Papa, los medios nos despertaban hoy con dos noticias relevantes promovidas desde la Casa Blanca. En la primera de ellas se nos decía que lo del tercer mandato on iba a poder ser y dejaba abierta la lucha por la sucesión entre J.D. Vance y Marco Rubio, algo que era previsible. En nada asistiremos a las zancadillas por ver quién es más trumpista que el otro. Vance lleva ventaja, como vimos, por ser el último en ver vivo al Papa Francisco, lo que interpretaba como una "señal divina", según sus propias palabras.

La otra noticia tiene una especial significación más allá de la política arancelaria. Se trata de la imposición de elevados aranceles al cine. Nos lo cuentan así en Independent en español: 

El presidente Donald Trump ha abierto un nuevo frente en su guerra arancelaria, apuntando a las películas hechas fuera de Estados Unidos.

Trump publicó el domingo en su plataforma Truth Social que ha autorizado al Departamento de Comercio y a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos imponer un arancel del 100% "a cualquier y todas las películas que entren a nuestro país y que sean producidas en tierras extranjeras".

“La industria cinematográfica en Estados Unidos está muriendo rápidamente”, escribió, quejándose de que otros países "están ofreciendo todo tipo de incentivos para atraer" a cineastas y estudios. "Este es un esfuerzo concertado por otras naciones y, por lo tanto, una amenaza a la seguridad nacional. ¡Es, además de todo esto, mensajería y propaganda!".* 


La utilización de la expresión "seguridad nacional" es una especie de mantra que se repite cada vez que Trump planea alguna nueva medida, alguna "barrabasada" que se le ha pasado por su inquieta cabeza.

No sé si la medida tendrá como efecto el hundimiento definitivo de Hollywood o el despertar del cine mundial, en el caso de que en las salas de cine de todo el planeta se iniciara un boicot a las películas norteamericanas.

Dentro de su "lógica arancelaria", Trump exige que las películas no solo sean norteamericanas, sino que se rueden en los Estados Unidos, que es lo patriótico. Su otra lógica es la de la amenaza: los demás taimados países ofrecen "incentivos" y se organizan conspirativamente para, una vez más, destruir a los Estados Unidos.

Ha trasladado la idea sobre China y sus "incentivos" para ser la fábrica mundial a Hollywood. El paletismo trumpista ignora absolutamente que con el cine no se trata solo de "producir", sino de "exhibir", es decir, de buscar públicos por todo el mundo que quieran ver las películas norteamericanas, que un boicot universal hundiría la producción, que los norteamericanos tendrían que ir a ver varias veces sus propias películas para compensar la pérdida del público.

Pero hay otra cosa. Trump ha visto en Hollywood muchas críticas. Son muchas las personas del mundo del espectáculo, no solo del cine, que se han manifestado en contra de sus políticas. Si los científicos huyen de la Norteamérica de Trump, como estamos viendo, ¿no ocurría un fenómeno similar en el mundo del cine? ¿No se irían a rodar, a interpretar sus filmes a Reino Unido, por Europa o en otros lugares?

Hay también otro elemento. Durante la vida del cine, los norteamericanos han sido terriblemente paletos ante el cine extranjero. Con la excepción de algunas ciudades más cosmopolitas, como Nueva York o San Francisco, los estrenos de películas extranjeras, en otra lengua, han sido mínimos. Para el gran público, la fórmula ha sido comprar los derechos y hacer una versión norteamericana, con guion norteamericano y actores norteamericanos.

 

Ver una película francesa o española, ha sido una tarea casi imposible. Hollywood la compraba y lanzaba, con más o menos éxito. Por poner unos ejemplos, Los siete samuráis (1954), de Akira Kurosawa, se convertía en el western Los siete magníficos (John Sturges 1960), sin importarles derechos; el Abre los ojos (1997), de nuestro Alejandro Amenábar, se convertía en Vanilla Sky /2001), de Cameron Crowe, si bien en este caso tuvieron el detalle de mantener a Penélope Cruz, trasladada al cine norteamericano.

Las medidas arancelarias contra el cine hecho fuera son un despropósito más de la política trumpista. Hace falta saber cómo lo aceptará el mundo del cine en los Estados Unidos y también cómo lo va a aceptar el público mundial respecto a esas películas "nacionalistas" que Trump pretende que salgan de Hollywood o de otros centros de producción.

Si se produce un boicot, el cine europeo tendrá la oportunidad de ampliar su desarrollo y presentarse en las salas. Cuando se paró la producción mundial por la pandemia, a las salas empezaron a llegar películas que se hacían por toda Europa y que apenas tenían salida por el pleno de películas norteamericanas habitual.

Si pierde público mundial, el cine norteamericano sufrirá un lógico retroceso. Se lo deberán a Trump, que sigue sembrando rechazo.

* Jill Colvin, Jake Coyle "Trump amenaza con un arancel del 100% a las películas extranjeras" Independent en español 4/05/2025 https://www.independentespanol.com/noticias/negocios/trump-amenaza-con-un-arancel-del-100-a-las-peliculas-extranjeras-b2744864.html

sábado, 26 de abril de 2025

El cuarto poder y la crisis de los medios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El miércoles pasado recuperamos para nuestro cinefórum la película "El cuarto poder" (Deadline - USA), un filme escrito y dirigido por Richard Brooks en 1952, con un reparto encabezado por Humphrey Bogart y por Ethel Barrymore. La actualidad del filme se hace evidente conforme van pasando los minutos y se comprende la crisis que trató de reflejar en su momento.

La historia que se nos cuenta es la de un periódico comprometido con la sociedad, que antepone los valores informativos a cualquier otro interés. Nos alejamos de la parte de la trama de corrupción política que se nos muestra en el filme y vamos a los procedimientos. Comenzamos con la mayoría de edad alcanzada por la hija pequeña del dueño fallecido. 

La viuda y las dos hijas deciden vender el periódico que va a ser comprado por otro de la competencia para callarlo y así aumentar su audiencia, ante la oposición de su actual director de The Day, Ed Hutchenson (H. Bogart), un continuador de la pasión periodística por el compromiso social y ético de su fundador hacía más de 30 años.

El filme nos muestra un giro en la historia de los medios a través del cambio y de las presiones que rodean al periódico, que se ha convertido en molesto en su afán por llegar al fondo de todo. El medio deja de estar dirigido por los intereses de los lectores y comienza a ser presa de los intereses —políticos, económicos, personales...— que le rodean. Hoy diríamos que la información toma la forma de "influencia". Ya no se trata de hacer llegar al lector lo que le interesa y afecta, sino lo que interesa a las empresas y grupos que se hacen con los medios. En este sentido, el término "influencer" va más allá de la persona aislada y la asumen los grupos detrás de los medios, ya sean políticos o económicos.

La película nos muestra la transición de las empresas familiares en la prensa —como ocurrió en España con la familia Luca de Tena— a los grandes grupos que usan su poder para influir o para evitar que llegue información que no les conviene. En el filme esto se refleja en los grupos corruptos, pero también en la intromisión del director de publicidad de The Day plantea retirar un artículo porque afecta en lo personal a un anunciante millonario del periódico.

La actualidad del filme es grande pues nos hace comprender con claridad el movimiento de los medios hacia la manipulación de los públicos en funciones de diversos intereses. Quizá lo que nos muestra Brooks en su película es un ideal y nunca existió realmente, pero sí es cierto que nos muestra el comienzo de algo que hoy ya no tiene apenas límites. Los medios los controlan los que están detrás, ya sean políticos o empresas, que los orientan hacia sus propios intereses. En este sentido, la cuestión puede variar en el grado, pero no en el fondo.

Lo que ocurrió 20 años después con el "caso Watergate" fu el canto de cisne de la Prensa. Hoy estamos en un mundo manipulador y manipulado, donde no tiene sentido decir la verdad porque estamos en un mundo en el que no se puede diferenciar de las "fakes news", de los bulos fabricados por personas o por IA automáticamente. Es un mundo en el que la fotografía, las voces o los vídeos se han convertido en tal grado manipulables que no es fácil sostener que puedan ser "ciertos" y el Periodismo sin un cierto grado de seguridad en lo que ofrece tiene poco sostén y eficacia.

Hoy compiten débiles verdades con poderosas mentiras repetidas millones de veces y la victoria no suele estar del lado bueno. Los públicos desean la mayor parte de las veces ser engañados en la medida en que creencias erróneas son suyas. De ahí el interés en la polarización social; cuando esta crece, los deseos de tener razón frente a los otros, convertidos en el otro polo, aumentan y se produce ceguera.

Solo desde estos parámetros es comprensible que las mentiras te lleven hasta la Casa Blanca o puedas aplicar aranceles a una isla habitada por pingüinos, que puedas cambiar el nombre al Golfo de México o, en general, puedas reescribir la Historia a tu gusto, faltando a cualquier rigor, con millones de personas deseando escuchar tus mentiras lanzadas por redes sociales o por medios que luchan contra su propia tendencia a informar verazmente.

Dicen que la verdad es la primera víctima de las guerras y las dictaduras. Habría que aplicar el concepto ya a las democracias, a las que vemos debilitarse por el declive de ese "cuarto poder" que deja en gran medida de cumplir sus funciones respecto a la ciudadanía, concepto que es olvidado en favor de otros, como "mercado".


Los medios actuales se encuentran en la encrucijada. Esta plantea directamente el uso de la información en una de las dos direcciones: la que va desde arriba hacia abajo siguiendo la dirección del poder o la inversa, la que asciende desde la ciudadanía y nos muestra los entresijos del poder.

La película de Brooks es muy recomendable verla de nuevo. Lo que se anticipa en ella, la muerte de la información como valor y su reducción a mercancía, lo tenemos hoy consumado en la mayoría de los medios, cuya subsistencia se mantiene por lo que tienen de etiquetado de lo que nos rodea. Pero también se incluye una declaración de amor por el verdadero periodismo, ese cuarto poder que vigila a los demás en defensa del ciudadano, por ese periodismo con valores que no siempre vemos en este mundo revuelto de la información.

Placer y melancolía al ver que el viejo cine no es tan viejo como indican los años. A veces es interesante ir al principio para comprender mejor.

 

֫— "El cuarto poder" (Deadline - USA). Richard Brooks 1952. B&N, 87 minutos.

domingo, 20 de abril de 2025

Cine de barrio y sus avisos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En 20minutos, Borja Terán plantea, con el título  "Los subtítulos de contexto machista y sexista de 'Cine de Barrio' y lo que dicen de nosotros", una cuestión polémica que ha aparecido estos días en los medios. La incorporación a las emisiones de películas del programa de "subtítulos explicativos" para, suponemos, evitar que haya "malas interpretaciones", por decirlo así.

El caso plantea un problema, el de la distancia que se va produciendo de forma acelerada en un mundo que se aleja de lo que produce, un mundo que cambia varias veces a lo largo de la vida, algo que notamos precisamente porque nos choca lo viejo a unos mientas que otros no entienden lo nuevo. Antes el mundo duraba varias generaciones; ahora, por contra, apenas dura unos años para cambiar  e incluso volverse beligerante con el pasado.

Cuando alcanzas una edad suficiente para comprender que el mundo que pisas ya no es el tuyo, que no está construido con los mismos cimientos, te metes en tu burbuja temporal, aquella en la que te encuentras más a gusto, e ignoras en lo posible lo nuevo. Muchos, por expresarlo con claridad, viven en un futuro muy distinto del pasado en el que se repliegan.

El problema con Cine de barrio es que procede de un pasado próximo en el tiempo, pero distante en la mentalidad, algo que muchos tratan de combatir y que, en cambio, tiene la bula de poder emitirse en horario de máxima audiencia en fin de semana.

Los motivos que alega Borja Terán van en una sola dirección, la de la autonomía del público, la del rechazo al didactismo exhibido con los subtítulos, pero creo que deja de lado varias cuestiones que pueden ser analizadas. Escribe Terán: 

Al principio, con la sabiduría de José Manuel Parada que puso pasión y alma a un espacio que comprendía los matices de las épocas pasadas sin señalar con el dedo de la superioridad mental que observa el ayer con el ventajismo de los conocimientos de hoy. Ahí nace una moralina que, a menudo, atrinchera la cultura en bandos reduccionistas e incluso anima a naturalizar como avance que se planten rótulos explicativos a las películas antiguas. "Por si el público no lo pilla, como debe". En este sentido, desde hace una semana, en las películas de Cine de Barrio se coloca la siguiente frase cuando la escena no es ejemplar: “Las circunstancias contenidas en esta película se enmarcan en una época determinada y deben ser entendidas en el contexto social de dicha época”. Cierto es. *

Es obvio que el tiempo da y cambia las perspectivas, que el presente (que pronto serán también pasado, criticado por unos y loado por otros) juega con ventaja y siempre lleva las de ganar. Pero no creo que esto sea el problema real, si es que existe. Según esto, por ejemplo, habría que poner carteles en todas las estatuas ecuestres conmemorativas de alguna batalla diciendo que ahora somos "pacifistas".

No, el pasado es por definición distante desde que se abandonó el clasicismo, que nos hablaba de la "edad de oro", de que cualquier tiempo pasado fue mejor etc. No, el siglo XIX fue el "siglo del progreso" y el concepto se incorporó a nuestra episteme, por usar el concepto tal como Foucault quería. Ya no miramos hacia el pasado, sino hacia el futuro. Otra cosa es que ese futuro lo veamos oscuro, pero no es por el avance del tiempo, sino por los destrozos que acumulamos.

Los subtítulos tienen algo más que una vocación didáctica. Tratan de mostrar la distancia, de la misma forma que otros programas creados desde arriba para resaltar lo diferentes que somos, lo modernos y progresistas, y gracias a quien.

El subtítulo muestra una nueva "conciencia" al introducirse en el texto. Esa explícita conciencia es la del hoy frente a la implícita que es la narrativa que organizaba el texto, lo valora y usa mayoritariamente (un viejo recurso político) el humor a través de la sátira.

Pero el humor de la época tenía sus víctimas, especialmente en los 60: los jóvenes y las mujeres. Eran quienes representaban el cambio, los que querían ser distintos, algo que los adultos no perdonaban, pues implicaba cuestionarles generacional y políticamente, algo peligroso para entonces.

La revolución juvenil y de las mujeres planteadas en países democráticos tenían sus formas. Pero España, una vez más, era diferente. Las generaciones se interpretaban sobre el fondo del "régimen", lo viejo y lo nuevo. El cine de la época ofrece un buen muestrario de obras en la que ser joven era estar equivocado o la mujer era decorativa, un objeto para ser visualizado de una determinada forma.

Ahora somos muy conscientes de lo que una gran mayoría visualizaba sin conciencia en sus cines de barrio, los de la época, hasta que se fue haciendo insufrible, como lo que ocurrió con el llamado "destape", que todavía hoy sigue siendo marca de una parte del cine español frente a otras cinematografías.

El cine de barrio de entonces es cada vez más distante, como lo prueba su conversión en Cine de barrio, el programa, un escaparate al pasado al que ahora quieren subtitular. El debate se inscribe —una vez más— en el fenómeno de la polarización española (y ya mucho más amplia). Polarizarlo es convertirlo en "causa" para unos y otros. Su éxito pasará a ser no la calidad de las películas, casi siempre infumables, sino el presentarlas como un "acto de libertad" frente a los que las "reprimen" mediante subtítulos porque les falta el valor de retirarlas por su éxito de audiencia.

La diferencia en los modos de consumo del cine actualmente —es decir, la inexistencia de cines de barrio reales— convierte lo que entonces era un consumo bajo en un programa de éxito, pues a ello contribuye convertirlo en causa —irónicamente— políticas.


Fue la juventud de entonces la que rechazó mayoritariamente aquel cine ya viejo que se ofrecía. Se decantó por los Erice, por los Saura, etc. frente a los Ozores, a los Martínez Soria, etc. Fue la que se abrió a un cine más independiente de la industria a través de las llamadas "salas de arte y ensayo", en las que se podía ver otro cine, más en sintonía con su época. Los propios actores tuvieron que "redimirse" (Alfredo Landa con "El crack" o López Vázquez con "mi querida señorita", por ejemplo) haciendo otro cine; las actrices lo tuvieron más complicado tras el "fenómeno" del destape, que generó las películas "S", frente a las "X", las porno de fuera, o el fenómeno de la "doble versión". No, no es sencillo, reivindicar el cine español de la frontera generacional.

El Confidencial

Cuanto más se debata sobre la cuestión de los subtítulos, se generará más polémica y se atraerá a un nuevo público retrogrado al que se le vende que no le dejan pensar con libertad con los subtítulos. Lo distante que nos podamos sentir respecto a nuestro pasado nos habla en realidad de cómo no reflejaba más que una parte de lo debía mostrar. 

¿Es el propio éxito del programa, su larga duración, lo que ha producido la desconexión? Hoy mostrar esas películas a las nuevas generaciones, las que no vivieron ni la época ni su cine, se muestra complicado, más allá de lo adecuado de los avisos y subtítulos, que pueden ser contraproducentes. Vivimos tiempos raros, en los que los vicios son presentados como virtudes y mucho de lo viejo como nuevo.

Sería interesante tener los datos sobre quién constituye el público de Cine de Barrio; nos daría información sobre qué buscan en él. Creo que es algo esencial para saber cuáles son sus efectos. ¿Se está redirigiendo a cierto público a estas batallas sobre la interpretación del pasado? ¿Cumplen los subtítulos alguna misteriosa función de distanciamiento? ¿A qué viene el empeño de unos y otros?

Mientras el buen cine de muchas épocas sigue olvidado, estamos atrayendo hacia otro cine con intenciones diversas, casi ninguna buena. 

 

* Borja Terán "Los subtítulos de contexto machista y sexista de 'Cine de Barrio' y lo que dicen de nosotros" 20minutos 20/04/2025 https://www.20minutos.es/television/los-subtitulos-contexto-machista-sexista-cine-barrio-que-naturalizan-5702091/