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martes, 12 de abril de 2022

Las guerras de la desinformación

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nuestra conversión en una Sociedad de la Información, es decir, un espacio mediatizado surcado por múltiples y diversos flujos de informaciones, con una explosión de emisores interactivos y la externalización de las memorias, como elementos principales, aunque no los únicos, ha dejado al descubierto una debilidad específica, la desinformación tendenciosa. Entre la ignorancia, un mal claro, y la sobre información está la cuestión de la calidad de la información. Sirve de muy poco tener mucha información si esta no tiene la calidad y veracidad necesarias para que esta sea realmente beneficiosa.

La información beneficiosa es la que nos permite decidir con el máximo grado de libertad e independencia. Pero esto es un desiderátum, algo que apenas se cumple porque en la realidad la información crea un espacio conflictivo, un espacio de lucha de informaciones con el objetivo de seducirnos, de convencernos de su bondad. La bondad de la información es presentarse como "veraz", "desinteresada" y "objetiva". Sin embargo, las informaciones tienen siempre un "sesgo", la marca de quien las selecciona, filtra, modela y envía, y buscan un determinado resultado que se traducirá en determinadas acciones y decisiones por parte de que la recibe.

El elemento con el que se ha resuelto —en parte— este problema es la libertad de prensa, la posibilidad de que existan diversos medios que puedan recoger las diferentes formas de pensar, de mirar el mundo e interpretarlo. La solución es imperfecta, pero mejor que la que determinados espacios políticos asumen, la visión única, la propaganda convertida, por única, en verdad oficial. En determinados especias culturales, la "verdad" es una potestad del poder: el poder no dice la verdad, sino que es verdad aquello que se dice desde el poder. Ese poder puede provenir de la verdad de un libro divino o de un partido único que se identifica con el pueblo de forma paternalista. El resultado es el mismo: una verdad oficial y la condena de todos aquellos que la critican o niegan.

La desinformación es una forma de sembrar el desconcierto, la duda sobre lo que se escucha, ve o lee. Vivimos en sociedades mediáticas, es decir, en aquellas en las que los individuos poseen un conocimiento adquirido desde los medios y un menor conocimiento basado en la propia experiencia. Es decir, gran parte de lo que "sabemos" nos viene a través de la confianza en los otros, en experiencias ajenas.

El País 19/11/2027

La desinformación es consciente, interesada, planificada. Frente a las naturales limitaciones del conocimiento —la imposibilidad del conocimiento absoluto— nos manda un mensaje que nos hace dudar, que intenta hacer que perdamos la seguridad en nuestras fuentes oficiales. Se mueve en los límites de lo creíble para poder penetrar con más facilidad en las mentes.

La facilidad que nuestra sociedad tecnológica y mediática tiene para recibir y enviar información hace que la desinformación prolifere en intensidad y precisión. Es una auténtica guerra de informaciones, como la que estamos viendo hoy en el caso de la invasión rusa. Rusia ha estado utilizando mecanismos de desinformación internos y externos. Los primeros son los que se producen en los regímenes autoritarios y con poder de clausura informativa. El régimen de Putin ha cerrado las vías de acceso a la información, que han quedado restringidas a las oficiales, las que establecen aquello que es "verdad" y penalizan y silencian cualquier otra opción informativa. De esta forma, solo existe la verdad gubernamental. Los que salen a la calle tratando de hacer que sus conciudadanos sepan lo que ocurre, son detenidos. El caso de la periodista rusa que sale con una pancarta de denuncia en un noticiario oficial de máxima audiencia nos muestra el grado de represión al que se puede llegar. "Os mienten" es un mensaje lo suficientemente claro.

Las escandalosas cifras de ciudadanos rusos que apoyan la invasión de Ucrania creyendo que están liberándola de nazis, gais y corruptos son el resultado de esta forma interna en la que la propaganda se convierte en desinformación.

Rusia no es, evidentemente, el único país que hace esto. Hay ejemplos múltiples en los que las restricciones informativas y la imposición de un programa oficial de reinterpretación de la realidad sirven como apoyo del poder y herramienta para perpetuarse. Es estas páginas virtuales hemos dado cuenta de la progresiva reducción de la información en Egipto tras la Primavera Árabe y, poco después, con el cierre informativo que ha supuesto el mandato del general Abdel Fattah Al-Sisi, autor del "no-coup". La desaparición de periodistas críticos, el cierre y la compra de medios críticos han servido para crear un clima cerrado en el país. En unos pocos años, no existen en el país más voces que las que el gobierno acepta. Se ha equiparado la información en las redes sociales con las restricciones a los medios, por lo que un comentario en una página de una red social se considera como la publicación de un artículo en un diario. La excusa era la proliferación de los grupos terroristas, pero la práctica se ha extendido a cualquier opinión crítica con la presidencia, que es intocable. Se ha tipificado como delito el intentar "separar al pueblo del Ejército", rizando el rizo de la manipulación para poder presentar como enemigo a cualquiera que disienta. Los periodistas críticos se han exiliado a diversos países desde los que pueden escribir desde perspectivas muy distintas, aunque esto supone un riesgo y una amenaza para ellos y sus familias, que son puestas bajo vigilancia y a las que se les puede complicar la vida.

Ser periodista crítico puede suponer que te ocurra como al saudí Jamal Khashoggi, torturado, asesinado, desmembrado y hecho desaparecer desde la trampa que le tendieron en el consulado saudí en Turquía, al que había ido para sacar una licencia matrimonial. Los servicios secretos lo detectaron y le dieron cita para unos días después. Una vez que entró, nunca más se supo. ¿Su delito? Escribir para The Washington Post reclamando más democracia en su país y criticando al Príncipe Heredero, del que se supone que salió la orden de eliminarlo.

Son varios los periodistas rusos hechos desaparecer por sus escritos críticos. La guerra en Ucrania ha dado ya varios ejemplos de muertes de periodistas rusos eliminados mediante bombardeo selectivo al detectarlos por sus emisiones desde lugares del frente de combate. Puede decirse que estos se han convertido en una preocupación importante de Putin dadas las posibilidades de acercarse a las audiencias rusas-

La otra forma es fomentar la duda informativa es la exterior a través de múltiples fuentes que aprovechan la libertad de los medios y de grupos para difundir las desinformaciones. Mientras otros regímenes autoritarios tratan de mantener si círculo protector cerrado, el caso de Rusia es diferente ya que su posición expansionista y sus relaciones exteriores para la formación de un "bloque" requiere de una política más "activa" en cuanto a la desinformación. Rusia busca sembrar el desconcierto a través de mecanismos bien planificados de confusión. Esto no ha ocurrido con la invasión de Ucrania, sino que es algo que se lleva denunciando desde hace años como una forma organizada. Rusia ha creado toda una serie de dispositivos organizativos para expandir todo tipo de desinformaciones tratando con ello de desestabilizar países creando corrientes de opinión que le sirvan de parapeto a posibles actos de sanción o sencillamente minando la confianza en los gobiernos y creando grupos que reciben apoyos para ser oposición.


La necesidad de establecer leyes de protección ante los ataques desinformativos en la proximidad de procesos electorales fue una necesidad en Europa, que veía cómo en cada elección llegaban desinformaciones intentando actuar sobre los resultados electorales.

En mayo de 2019, podíamos leer en la edición conjunta del diario argentino Clarín y The New York Times International Weekly la siguiente información:

LONDRES — Unos días antes de las cruciales elecciones para el Parlamento europeo, una constelación de sitios en Internet y cuentas de redes sociales vinculadas con Rusia o con grupos de extrema derecha está difundiendo desinformación, fomentando la discordia y ampliando la desconfianza hacia los partidos centristas que han gobernado durante décadas.

Por ejemplo, sitios marginales de comentarios políticos en Italia ostentan las mismas firmas electrónicas que websites pro-Kremlin, mientras que un par de grupos políticos alemanes comparten servidores usados por los hackers rusos que atacaron al Comité Nacional Demócrata en Estados Unidos.

La actividad ofrece nueva evidencia de que Rusia sigue resuelta en su campaña por ampliar las divisiones políticas y debilitar a las instituciones occidentales. Pese a los esfuerzos de vigilancia online, sigue siendo mucho más fácil propagar información falsa que detenerla.

Rusia se mantiene como una fuerza motriz, pero los investigadores también descubrieron imitadores, en particular en la extrema derecha. Esos grupos a menudo hacen eco de los puntos de conversación del Kremlin, lo que vuelve difícil discernir las líneas entre propaganda rusa, desinformación de extrema derecha y debate político auténtico.

Los investigadores creen que redes de perfiles de Facebook, cuentas de Twitter, grupos de WhatsApp y sitios en Internet difunden historias falsas y divisivas sobre la Unión Europea, la OTAN, los inmigrantes y otros asuntos.

“El objetivo aquí es más grande que cualquier elección en sí”, dijo Daniel Jones, cuya organización sin fines de lucro, Advance Democracy, recientemente señaló como sospechosos varios websites y cuentas de redes sociales ante las autoridades judiciales. “Es dividir constantemente, aumentar la desconfianza y socavar nuestra fe en las instituciones y en la democracia misma. Están trabajando para destruir todo lo que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial”.*


Los casos se intensifican allí donde se producen fenómenos electorales, apoyando la radicalización y, en muchas ocasiones, como sabemos del partido de Marine Le Pen, financiada desde los bancos rusos. A Rusia, igualmente, acudían con frecuencia los partidarios del Brexit, que le hicieron el favor de dividir a Europa.

La desinformación no es exclusiva de Rusia, pero sí es quien tiene unos planes más amplios de actuación. Se trata de subvertir las democracias aprovechando lo que Putin y otros autócratas consideran su punto "débil", la información. Esta es utilizada como un arma capaz de debilitar, crear el caos y especialmente la sensación de hartazgo que finalmente favorece a los grupos más radicales, con los que finalmente el Kremlin establece buenas amistades en términos económicos y militares. Otros están copiando sus métodos en clave interna porque les resulta un arma barata y eficaz en un mundo de redes sociales en las que todos están colgados de teléfonos y pantallas de ordenadores.

Las denuncias de las intromisiones desinformativas de Rusia han sido constantes, especialmente en Europa y Latinoamérica, donde ha encontrado diversos aliados que la imitan. El grado de impacto es diferente, pero está claro que en la lucha entre las reglas y la ausencia de reglas habrá un ganador si no se pone remedio.

La necesidad de defenderse ante la desinformación es cada vez más clara. En Antena 3, Patricia Escalona entrevista al Director de Medios del Parlamento Europeo, Jesús Carmona, bajo el titular "Así combate la desinformación el Parlamento Europeo: aprendizaje y retos para 2024": 

El organismo actúa con una libertad de mandato. El director de Medios del Parlamento Europeo deja claras diferentes líneas de actuación.

La primera, la agenda activa. El papel del Parlamento es "no parar de informar. Informando sobre lo que hace el organismo también contraatacamos las posibles falsedades", señala.

La segunda, seminarios; como al que ha asistido Antena 3 Noticias estos días en Estrasburgo, y campañas de información sobre la actividad del Parlamento.

Otra parte relevante es dar el apoyo máximo a periodistas y fact checkers de toda la Unión Europea: "Apoyo muy amplio, no solo en términos de desinformación. Vamos a lanzar un programa de formación para periodistas en temas de la UE, becas para jóvenes periodistas... Queremos fomentar el periodismo serio. Todavía tenemos mucho que hacer, estamos en ello".**


La sencillez del programa es clara: no dejar de informar es básico, pues los vacíos se cubren pronto por la desinformación que tiene a expandirse con velocidad; la formación de periodistas es esencial, potenciando los valores de la honestidad, el rigor de las fuentes y la defensa ante la manipulación a la que están sometidos de forma permanente.

Desde que aumentó la desinformación, los medios más profesionales han destinado una parte de recursos a los "fact check" que, no lo olvidemos tuvieron como objetivo preferente inicial las mentiras y desinformaciones del ex presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. La necesidad de informar a la opinión pública sobre las malas prácticas de un presidente en un país democrático han marcado el camino para aplicar la misma receta a lo que nos llega de Rusia y de otras partes del mundo.


 Los "fact checks" suponen la pérdida de la inocencia informativa, la constatación de que el mundo se ha reorganizado informativamente y que la desinformación ya es una herramienta mucho más potente y sofisticada, muchas veces crucial para desestabilizar a las opiniones públicas.

La propaganda es la versión hacia el público interno controlado; la desinformación es el arma allí donde la opinión pública está diversificada y donde, como se señalaba en Clarín/TNYTIW, la división es una forma de destrucción del sistema convirtiéndolo en confusión y enfrentamiento.

No solo hay que mantener la libertad de los medios que realmente están al servicio de la libertad de prensa, fomentar su profesionalismo y su autonomía de otro tipo de fuerzas que pudieran buscar su propio provecho; hay que defenderse también de aquellas formas de información que son armas camufladas, que no representan realmente la libertad sino su perversión para acabar con ella. 


* Matt Apuzzo y Adam Satariano "Los hackers rusos siembran desinformación en Europa" Clarín y The New York Times International Weekly  17/05/2029 https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/hackers-rusos-siembran-desinformacion-europa_0_W0yMZfhsm.html

** Patricia Escalona "Así combate la desinformación el Parlamento Europeo: aprendizaje y retos para 2024" Antena 3 Noticias 9/04/2022 https://www.antena3.com/noticias/mundo/asi-combate-desinformacion-parlamento-europeo-aprendizaje-retos-2024_2022040962510694b5d74200019e6ead.html

martes, 15 de marzo de 2022

Dos rostros de la guerra

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La guerra es brutal, devastadora. Los medios se esfuerzan en mostrarnos el día a día mostrando sus consecuencias. Frente a muchas noticias anónimas o generales, los medios necesitan ponerle rostros, personalizar, mostrar los efectos humanos.

En ocasiones, los satélites han servido para mostrarnos el antes y el después de la invasión. Los efectos de los bombardeos se plasman en esas visiones desde el espacio que nos muestran los efectos de la guerra, las zonas verdes que quedan convertidas en espacios grises, las casas desaparecidas. Luego nos llegan los cambios dramáticos a ras de suelo. Una mujer pasea ante un edificio destruido; no sabe adónde ir, aquellos restos eran su casa. Mujeres, niños y ancianos se desplazan a lo largo de carreteras camino de las fronteras, dejando atrás la vida y los recuerdos, dirigiéndose hacia un futuro incierto confiando en que alguien al otro lado les permita llorar en un abrazo.

En los medios se combinan las estrategias, los efectos económicos, las respuestas internacionales con los pequeños testimonios del sufrimiento, las historias de seres anónimos que nos sirven para ponerle esos rostros necesarios para la empatía, para salir de los mapas y ver el territorio real, para pasar de la abstracción al dolor específico de las personas cuyas historias nos llegan focalizadas.

Necesitamos rostros, casos con los que expresar la empatía y la solidaridad, en los que proyectar esperanza. Ayer dos mujeres simbolizaron ese rostro de la guerra, en variantes del sufrimiento. Los medios nos revelaban que aquella mujer embarazada que vimos  salir herida en camilla había muerto. Todos la califican de símbolo. Lo que representaba la infamia de los bombardeos de hospitales, la voluntad de supervivencia y una nueva vida frente a la barbarie se nos vuelve congoja ante el destino de ambos, de la mujer herida y del hijo que no llegará a conocer el mundo que le destruye.

No explican en RTVE:

Tras el ataque aéreo contra ese hospital, la mujer fue evacuada rápidamente en camilla de aquel edificio derruido en el que otra persona más murió y 17 resultaron heridas. Con la mirada perdida y sin dejar de acariciar su tripa ensangrentada, la embarazada se dirigió hasta un nuevo punto sanitario con el único deseo de que alguien pudiera salvar la vida de su hijo.

"¡Mátenme!", suplicó a los médicos cuando le dijeron que no habían podido hacer nada y que el bebé había nacido sin vida.

La mujer, explican, se encontraba en estado de 'shock' y su estado de salud era muy grave. "Llegó con la pelvis aplastada y la cadera desprendida", cuenta el médico que le realizó la cesárea. Trataron de reanimarla durante 30 minutos, pero finalmente solo pudieron confirmar su muerte.*

 


Historia terrible entre historias terribles. La guerra muestra su crueldad en historias como estas que los medios tratan de recoger de entre otras muchas que no llegarán a contarse. Por muchos rostros que encontremos para reflejar el horror, siempre será mayor el dolor oculto, el que se nos escapa.

Mientras escribo esto, por alguna extraña asociación, me llegan a la mente una y otra vez las imágenes de la "mujer del colchón" en la explosión del volcán Cumbre Vieja, en La Palma, un símbolo de la desesperación ante lo imposible de parar. El dolor llama al dolor. Los medios se esforzaron entonces en localizarla y mostrarnos cómo aquella desesperación, aquel gesto de impotencia, finalmente se convertía en ánimo cuando se resolvía la angustia y había un futuro por delante. Pero en el caso ucraniano no hay margen para convertir el dolor en alegría, por más que en el mismo artículo se nos hable de otra de las mujeres que sobrevivieron al ataque y que pudieron dar a luz sin contratiempos. Suena extraño el "sin contratiempos" teniendo en cuenta lo que rodea a esa recién nacida a la que han puesto por nombre Verónica. Nos hace pensar en lo frágil que es nuestro mundo, lo ilusorio de nuestra seguridad. Pero la mente humana necesita sentirse segura, aunque no lo esté. Nadie podrá quitar a esa madre el sentimiento de felicidad al dar a luz. Es el otro extremo del "¡mátenme!" ante el dolor infinito. 

Hay otro rostro de mujer en este día a día de la guerra. Está en el otro extremo de la guerra, en Rusia, en un programa informativo de televisión:

Una activista ha interrumpido este lunes uno de los informativos del Canal 1 de la televisión pública rusa con una pancarta contra la invasión de Ucrania. La ONG de derechos de los manifestantes OVD-Info ha identificado a la mujer como Marina Ovsiannikova, empleada del canal, que ha sido detenida y llevada a una comisaría.

Mientras la conocida presentadora Ekaterina Andreyeva hablaba, Ovsiannikova ha aparecido detrás de ella con un cartel que decía "no a la guerra" y estaba adornado con las banderas de Rusia y de Ucrania: "Detengamos la guerra. No os creáis la propaganda. Os están mintiendo. Rusos contra la guerra".

El vídeo con la activista entrando en plano ha sido ampliamente difundido por canales como Telegram y se ha viralizado en las redes sociales. La escena se ha producido durante el principal programa de noticias de la noche del canal de televisión más potente del país, Pervy Kanal, llamado Vremia.

Imperturbable, la presentadora siguió hablando durante unos segundos mientras la manifestante coreaba contra la guerra. La cadena se apresuró a emitir un reportaje sobre los hospitales, dando por finalizada la emisión en directo en el plató.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha agradecido la acción de la periodista durante un mensaje publicado en la noche de este lunes en sus redes sociales. "Agradezco a aquellos rusos que no paran de intentar contar la verdad", ha dicho.** 


Lo hecho por Marina Ovsiannikova, su enorme osadía desafiando a Vladimir Putin, permite salvar a una parte de Rusia, la que no coloca la "Z" en sus vehículos, camisetas o explanadas. La gran incógnita en una país totalmente controlado por el poder es saber hasta qué punto el pueblo ruso apoya una invasión y una guerra cruel de la que está perversamente informado. De este tipo de gestos depende el futuro real de Rusia. No son ya los miles de rusos que abandonaron el país como disidentes ante las persecuciones, sino los que quedan dentro y no se quieren sumar a la mascarada cruel.

Me sorprende la vaguedad con la que se trata este caso en nuestros medios: "la mujer", "la joven", "la periodista", "la activista", "una manifestante"... ¿Por qué no ponerle nombre a este caso, a la persona?

Durante unos instantes, en pantalla convivieron dos mensajes, el oficial por parte de la presentadora, y el contrario, el cartel que sostenía Ovsyannikova y la voz que repetía "no a la guerra". Un momento cumbre del enfrentamiento en un solo plano de dos mundos enfrentados, de la verdad intentando abrirse camino entre mentiras.

Marina Ovsyannikova le ha puesto rostro a esa parte del pueblo ruso que no comparte las mentiras informativas que les son suministradas como narcóticos para alterar su estado y conocimiento de la realidad. 

El ser periodista le añade un valor nuevo a su acto, un caso plenamente mediático en su acción y en su sentido. Ha atacado allí donde Putin se siente más seguro, el control de los medios rusos, el corazón de la maquinaria de la mentira institucional.

Segura de que sería detenida, Marina Ovsyannikova dejó grabadas las explicaciones de su acto. De esta forma, la atención que el acto tuvo se ve reforzada por su nueva carga explosiva informativa. El diario argentino La Nación nos explica el hecho y la motivación:

 “Detengan la guerra”, decía la pancarta que sostenía, en favor de Ucrania. En su pedido a la audiencia del canal de noticias, la mujer advirtió: “No crean en la propaganda, acá te están mintiendo”.

Es que Canal Uno describe la invasión rusa en Ucrania como una “operación especial” para “desnazificar” el país vecino invadido. De acuerdo con información de la agencia de noticias Tass, a cargo del Kremlin, el canal comunicó que estaba revisando de forma interna el incidente.

“Estoy avergonzada de haberme permitido contar mentiras en la pantalla televisiva. Estoy avergonzada de haber permitido que los rusos se convirtieran en zombis”, explicó. Además, invitó a los ciudadanos rusos a protestar contra la guerra y dijo que solo ellos pueden “frenar la locura”.

“Lo que está ocurriendo ahora en Ucrania es un crimen y Rusia es un país agresor. La responsabilidad de esta agresión recae en la consciencia de una sola persona, y esa persona es Vladimir Putin”, opinó la editora del Canal Uno de Rusia.

Y continuó: “Desafortunadamente, en los últimos años estuve trabajando en el Canal Uno, haciéndole propaganda al Kremlin, y ahora estoy avergonzada de eso”.***

 

Es el testimonio de una mujer valerosa, madre de dos hijos y amante de los perros, según señalan sus amigos y recogen los medios. Es un auténtico examen de conciencia público. 

En estos momentos está desaparecida, algo que ella misma sabía cuando realizó su acción. Por eso dejó todo preparado para que su voz siguiera viva tras la detención. La Nación recoge algunos testimonios que han aparecido en las redes sociales: “¡Marina, gracias! ¡Gracias por tu coraje, por la esperanza para nosotros los rusos y por tu acto inspirador! ¡Sos una verdadera heroína! ¡Estás en nuestros corazones!”.


El de Marina Ovsyannikova es uno de esos rostros que deben identificar esta infame guerra y hacerla humana en su irracionalidad deshumanizadora. Son estos gestos, decisiones voluntarias, las que contrapesan su fría crueldad. Hemos visto los arrestos de muchos rusos por protestar en las ciudades; los hemos visto ser golpeados y arrojados al interior de furgonetas con destino incierto. Hoy la periodista rusa Marina Ovsyannikova ha prestado su rostro para que sean representados. Es algo más que una anécdota; reivindica a una parte de Rusia y a una profesión capaz de lavar el cerebro a sus compatriotas o de dejar este gesto de rebeldía y honestidad ante ellos.

Estos días los medios recogen la muerte de dos periodistas que cubrían la información en Ucrania. Han dado la vida haciendo su trabajo. Marina Ovsyannikova es periodista rusa y ha hecho lo que no se esperaba, pero está del lado correcto. Ha elegido lo que su conciencia le dictaba y ha mandado a sus compatriotas un mensaje breve pero claro, que viven dentro de una gran mentira, que son manipulados, zombis. No se cuántos telespectadores tenía el programa en esos instantes, pero seguro que eligió el momento adecuado, el de máxima audiencia.

La guerra nos ofrece imágenes de muerte, de esperanza, de rebeldía, de dolor, de indignación. Son solo algunas de sus facetas, pues abarcan la total dimensión de lo humano, lo mejor y lo peor.

 * "Mueren la mujer embarazada y su bebé que fueron un símbolo del ataque a la maternidad de Mariúpol" RTVE.es 14/03/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220314/maternidad-guerra-ucrania-embarazada-hospital/2310125.shtml

** "Una periodista rusa interrumpe un informativo en la televisión pública para protestar contra la invasión de Ucrania" RTVE.es/ Agencias 15/03/2022  https://www.rtve.es/noticias/20220315/periodista-rusa-interrumpe-informativos-directo-protesta-invasion-ucrania/2311320.shtml

*** "Quién es Marina Ovsyannikova, la periodista que se manifestó en la televisión rusa contra Vladimir Putin" La nación 14/03/2022 https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/quien-es-marina-ovsyannikova-la-periodista-que-se-manifesto-en-la-television-rusa-contra-vladimir-nid14032022/

sábado, 5 de marzo de 2022

Rusia y la libertad de información

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En estos días se ha planteado en algunos medios el debate clásico sobre la libertad de información al cerrar diversos países canales de TV como Russia Today (RT) y Sputnik, que circulan por todo el mundo. Estos canales son medios que sirven para esparcir en distintas lenguas los argumentos e intereses de Putin, no los de Rusia. No voy a ser yo quien exprese los argumentos de Rusia, pero creo que es bastante evidente que son diferentes a los de Putin y el poder ruso. De ser lo contrario, Putin no estaría recrudeciendo su control informativo, judicial y policial. Lo que más teme Putin es al pueblo ruso, que será finalmente quien le haga caer. El debate sobre el cierre de estos medios es necesario, pero no hay que confundir los términos ni la situación en la que nos encontramos en estos momentos.

Es necesario comprender que las fortalezas de la democracia no pueden ser aprovechadas por sus enemigos. Y es lo que está haciendo Putin desde el principio en todos los órdenes. Putin ha invadido Ucrania y la está masacrando porque sabe (y se le ha dicho) que nadie va a pisar el suelo ucraniano ni a sobrevolar su espacio aéreo. Occidente ha puesto límites, lo que es muy cómodo para Putin, que sabe hasta dónde pueden llegar. Occidente, en cambio, desconoce hasta dónde puede llegar Putin, es especial después del ataque a la central nuclear ucrania, la más grande de Europa y que ya ha sido tratada como "terrorismo nuclear". Cada vez que en Occidente se ha hablado de un límite, Putin lo ha sobrepasado. Nadie le va a parar desde fuera.


La "libertad de prensa", la "libertad de expresión", la "libertad de información", todo el bloque de libertades que se manejan en el mundo de la información están pensados con un carácter positivo, se diseñaron para compensar el monólogo del poder, su voz única. Así nació la idea de equilibrio de poderes, una forma de controlar el poder absoluto. El "cuarto poder" existe para que el pueblo esté bien informado, se pueda defender de las versiones perversas y manipuladas de la verdad. Usar las libertades para acabar con los libres —soy menos libre al ser manipulado informativamente— es una paradoja habitual y que los regímenes dictatoriales usan como una debilidad democrática para acabar con ella.

Ninguno de los dos canales citados son "informativos"; están diseñados para la intoxicación y mantener al mundo y a los propios rusos alejados de la realidad. No informan, desinforman. Pese a su apariencia mediática son exactamente lo mismo que los batallones de hackers e intoxicadores de redes sociales que el mismo Putin ha empleado estos años para crear confusión, rechazo, para sembrar discordia entre grupos sociales. Esto es un hecho comprobado y del que existen suficientes precedentes. Los lectores interesados pueden buscar mediante las etiquetas los casos anteriores en los que hemos realizado comentarios sobre el comportamiento de esta cadena.


Me gustaría comentar un hecho, que considero relevante, y se ha reproducido ayer; son los ataques de Nicolás Maduro contra la prensa española en su conjunto a raíz de la invasión rusa de Ucrania.

En ESdiario, leemos:

Uno de los pocos apoyos internacionales con los que cuenta Vladimir Putin en su proceso de invasión de Ucrania es Venezuela. La dictadura de Nicolás Maduro ha defendido en numerosas ocasiones la guerra iniciada por el Kremlin, llegando a asegurar que se trata de una operación política para “desnazificar” el país.

Pero es evidente que Rusia está perdiendo la batalla cultural, la del relato, que es fundamental en un conflicto de estas características. Y es que la “inhumana acción” de Moscú, tal y como ha señalado el máximo representante de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha hecho que tanto Putin como sus aliados estallen.

Eso ha sido lo que ha ocurrido con Maduro en las últimas horas. El líder chavista ha atacado con dureza a los medios de comunicación españoles que están informando sobre la guerra y sus miserias, ya que es un tratamiento informativo, dice, “al servicio de los intereses imperialistas de Estados Unidos”.

“De verdad es vomitivo y asqueante la forma en la que la TV y la prensa en España trata el conflicto de Rusia y Ucrania. Plegados, arrodillados, arrastrados”, ha espetado el dictador venezolano desde la cadena de televisión del país que cuenta con servicios informativos controlados por su propio gobierno.* 

Es cierto que Maduro está obsesionado con la prensa española y no es de ahora, viene de antiguo. No es casualidad, ya que es una prensa accesible a toda la comunidad de habla hispana. Entra en conflicto directo con las versiones que sus medios controlados ofrecen de la realidad. RT tiene sus emisiones en español y su aspiración es convertirse en la alternativa rusa para todo el mundo de habla hispana. Para ello es fundamental hacer creer a la gente que la prensa española está al servicio de los "odiosos Estados Unidos" y hacer que recurran a RT como fuente principal y que construyan su visión de los conflictos con sus informaciones y perspectivas. La prensa oficial solo les funciona a ambos si se silencian otras versiones diferentes a las que ellos ofrecen.

2018
Este proceso de control y aislamiento, ya sea por censura, ataques a los periodistas extranjeros o por bloqueos de medios, se está practicando por parte de los regímenes autoritarios de todo el mundo. No es fácil controlar el flujo de informaciones a través de múltiples canales ni tratar de controlar los accesos de millones de personas. De la Turquía de Erdogan al Egipto de al-Sisi, las presiones sobre los medios críticos e independientes aumentan conforme necesitan expandir su visión del mundo, que es la forma de controlar sus espacios.


RT y Sputnik no son medios con libertad de información, con información libre; son justo lo contrario, una forma de penetración mientras que se recorta la crítica en sus propios escenarios. Son una maquinaria estatal que actúa contra su propio pueblo dentro, silenciándolo y desinformándolo, y en el exterior tratan de sembrar la confusión. Nada que ver con la democracia ni con las libertades, más bien lo contrario.

Si no somos capaces de establecer las diferencias entre unos y otros es que entendemos muy poco lo que ocurre. Los que dicen que nosotros debemos respetar aquello que los otro no respetan en sus espacios estamos convirtiendo en inútil el sacrificio, muerte, destierro, etc. de muchos miles de periodistas por todo el mundo, muchos de ellos en la Rusia de Putin. Es un insulto a sus esfuerzos, que pagan con su vida o la cárcel.

Putin acaba de modificar las leyes para elevar las penas para todos aquellos que usen términos como "guerra" o discrepen de lo que los medios oficiales elaboran y distribuyen.

En elDiario.es se publicó el día 3 un artículo aparecido en Meduza, un medio ruso ahora censurado:

“Publicamos este texto mientras estemos a tiempo: Rusia ha introducido oficialmente la censura por parte del estado”. Así comienza el artículo publicado por el medio independiente ruso Meduza, en el que denuncia la política de censura del Kremlin con la invasión a Ucrania. “Dentro de unos días, puede incluso que hoy, no queden medios independientes en Rusia. Muy pronto, es posible que cualquier persona en Rusia que busque información de las "voces enemigas" de fuentes independientes deba hacer los mismos esfuerzos que los que vivían detrás de la Cortina de Hierro”. 

Meduza denuncia que el censor federal exige que se refieran a la invasión como “operación militar especial”, solicita a los medios que eliminen los informes de guerra y han bloqueado otras webs como Taiga.info, Doxa, The Village, TV Rain o la radio Echo Moskvy. “Estas acciones constituyen censura, simple y llanamente”. ** 


El mejor homenaje a esos periodistas que caen o desparecen es no aceptar que se exporten versiones falsas e insultantes sobre sus destinos. Maduro ha insultado a los medios españoles por decir lo que ven y piensan. Los medios venezolanos han quedado reducidos a lo mismo que en la Rusia de Putin, a la mentira mediática oficialista. Nada que tenga que ver con las libertades mencionadas anteriormente. Son, más bien, su negación, una manipuladora arma de guerra que explota en nuestras mentes.

Solidaridad con Ucrania y con los rusos que sienten vergüenza por lo que su gobierno hace y dice; solidaridad con los periodistas rusos y ucranianos que mantienen la dignidad de una profesión y el respeto por su pueblo.

* "Maduro se revuelve contra los medios españoles por recoger la guerra en Ucrania" ESdiario 4/03/2022 https://www.esdiario.com/espana/812990350/maduro-se-revuelve-contra-medios-espanoles-guerra-ucrania.html

** "El medio independiente ruso Meduza denuncia la censura de Putin: “No pueden silenciarnos”" elDiario.es 3/03/2022 https://www.eldiario.es/internacional/medio-independiente-ruso-meduza-denuncia-censura-putin-no-silenciarnos_1_8798840.html