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viernes, 5 de octubre de 2012

Uganda y el rey Canuto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El que los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos utilicen a Europa y a España en particular como ejemplo negativo hace que nos lleguen comentarios o imágenes bastante distorsionadas de nosotros mismo. Mitt Romney sabe sobre España por dónde cae, porque estuvo por aquí un fin de semana que quedó liberado de sus tareas de convertir a Francia al mormonismo. Hay constancia porque se hizo una foto en la frontera. Pero poco más. No importa porque de lo que se trata es de que se convierta en tópico. Como fue un tópico lo de "Uganda".
La desafortunada frase sobre que "España no es Uganda", además de ser diplomáticamente incorrecta, sirve para que otros la tomen y le den la vuelta señalando que "ser Uganda" no es tan malo y que, en cambio, "ser España" en estos momentos puede ser un problema. No es cuestión de ser mejores o peores, sino del peso en el conjunto de la economía mundial.


El artículo de Christopher T. Mahoney, "No, Prime Minister, Spain Is Not Uganda"*, que tanto ha satisfecho a algunos —somos así—, forma parte de una manera de analizar la situación que no es nueva, pero que lo atractivo y simple del titular hace que corra como la pólvora. Si ya reducimos el artículo del blog "Project Syndicate" a que España es como "Enron" y que se basa en un "sistema ponzi", somos más felices porque convierte a nuestros políticos en "estafadores", en mafiosos, en Madoffs, etc., reafirmando nuestras impresiones y opiniones generalizadas sobre ellos. Y no es eso lo que dice el artículo, claro. Pero da igual. A muchos, sí, les da igual.

Al artículo de Mahoney dice que España está pidiendo nuevos préstamos para pagar la deuda y que es una economía tan grande que no podría ser rescatada; que países como España e Italia son tan grandes que deberían salir del euro para poder volver a tener su banco central ["She needs a new central bank, quickly"*] y disponer de las posibilidades de recuperación que esto permite con la emisión de moneda propia. Quiere que tengamos rápidamente la "maquinita de hacer billetes". Nada que no sepamos. Es exactamente lo mismo que dijo, por ejemplo, el economista alemán Max Otte y que comentamos no hace mucho — a mediados de agosto [ver entrada]— respecto al euro. En aquella entrada mostramos las dos posturas para la eurozona: unión en el euro o separación del euro hasta recuperarse. Dentro o fuera, es sencillo. Mahoney es de los de fuera porque las herramientas de dentro son insuficientes a su parecer.
De ahí la mención que hace al "Rey Canuto" tras citar las palabras de Mario Draghi sobre el papel del Banco Central Europeo y la posibilidad de compra de deuda o eurobonos para resolver el problema. El rey Canuto escuchó a sus pelotilleros de turno decir que era el rey más poderoso, que su poder no tenía límites; se puso a la orilla del mar y les mostró que no podía frenar la subida de la marea. 
Ese es el centro del artículo de Mahoney. Europa no puede frenar el problema de las deudas; el Banco Central Europeo no puede detener la marea de la deuda. Puede aliviarla a corto plazo, pero no resolverla, según su opinión. Es una más en el panorama y de la "escuela negativa del euro", por llamarla de alguna manera.

El rey Canuto desbordado por la marea

No puede desconectarse el artículo de dos cosas, del estilo peculiar de Mahoney para establecer comparaciones sensacionalistas —tiene sentido del espectáculo y de cómo ganar la atención, ya que vive de ello— y de su opinión particular sobre la cuestión de la eurozona, en la que coincide con muchos de los norteamericanos, que ven Europa y el euro como un proyecto imposible por los motivos que sean. A Romney, para variar, le encanta mostrar una Europa negativa, con una España de ejemplo; es su forma de atacar a Obama. Pero eso es cosa de ellos.

El anterior artículo de Mahoney —que no he visto que nadie se molestara en revisar o citar— tenía el "periodístico" y sensacionalista título de "Living Europe’s Nightmare"**, y fue publicado el 7 de junio de 2012. Puede ser considerado una introducción interesante a lo de "Uganda". El artículo comienza así:

NEW YORK – Losing a long war is always hard to accept. Hemmed in by the Americans and the Russians in the final days of World War II, Hitler convinced himself that he had two armies in reserve to mount a counter-attack and win the war. Meanwhile, having lost the entire Pacific, Japan’s Imperial Cabinet believed that no enemy could set foot upon the country’s sacred soil. When the truth is unimaginable, human psychology finds an alternative reality in which to dwell.
That describes the global situation today. The entire planet seems to be in denial about what is about to occur in the eurozone. Pundits keep expecting Germany to pull a rabbit out of the hat and flood the continent with Eurobonds, or that Mario Draghi will mount a coup at the European Central Bank and buy up every deadbeat country’s bonds.**

Hay que reconocerle a Mahoney que tiene sentido del espectáculo, del dramatismo para enganchar a sus lectores —algo por lo que le pagarán, supongo—. Mahoney comienza sus artículos como la famosa expresión de Cecil B. de Mille sobre cómo debían comenzar la películas: empezar con un terremoto y después ir ganando en emoción. Comenzar el artículo con la II Guerra Mundial, Hitler, Rusia, Japón, la "verdad inimaginable", etc., todo en el primer párrafo, nos demuestra que si Moody's perdió un vicepresidente, la comunicación sensacionalista ganó una gran "figura". "That describes the global situation today. The entire planet seems to be in denial about what is about to occur in the eurozone" es el comienzo del segundo párrafo. El desastre planetario se acerca. Mahoney es el Orson Welles de los artículos de economía; el de La guerra de los mundos, claro. El lector, con el ánimo sobrecogido, ya puede adentrarse en los párrafos siguientes si ha superado las palpitaciones que las primeras líneas le han causado. Es su estilo, nada más.


Esta vez, en el artículo "ugandés", la comparación es con la de Alemania en 1931: " Spain is the largest sovereign credit problem since Germany in 1931. Spain owes the world about a trillion euro in a currency that she doesn’t print."* El problema, tal como lo enfoca no es la deuda por sí misma, sino la incapacidad de "imprimir" moneda. Algo que los Estados Unidos ha estado haciendo y que también le critican a ellos —"dinero de monopoly"— desde otra corriente importante, interna y externa. Estados Unidos puede endeudarse porque tiene su moneda, con la maquinita incluida, y una política que puede desarrollar con ella, aunque se lleve por delante a medio mundo. Nosotros para financiarnos tenemos que endeudarnos; no hay maquinita en caso de necesidad, no hay devaluación, etc.

La preocupación central de Christopher T Mahoney es el sentido y finalidad del crédito:

When credit is all you do, your gut sense should become as educated as your intellect. Good credit people should be able to smell bad credits.
[...] Bad credits (like Uganda) don’t have credit crises, because they don’t depend on market confidence. It is only the “stars” and the “tigers” and the “most admired” companies and countries like Spain that suffer crises because their psychology and their finances were geared for growth, not for reversal. Bad credits are generally ponzi schemes in the sense that they must continuously borrow more to stay afloat.*

Como decíamos al principio, el problema no es "ser Uganda", algo que no somos y que como dice Mahoney, se puede permitir "malos créditos" (créditos que no se devuelven), sino un país que tiene que comprender que nuestro "tamaño" implica una gran responsabilidad no solo ante nosotros sino en el conjunto del sistema económico.
Una curiosidad: el artículo de Mahoney "Uganda" tiene 114 tuits, 6 g+1 y 255 "f like".


* Christopher T. Mahoney: "No, Prime Minister, Spain Is Not Uganda" Project Syndicate 3/10/2012 http://www.project-syndicate.org/blog/no--prime-minister--spain-is-not-uganda-by-christopher-t--mahoney
** Christopher T. Mahoney: "Living Europe’s Nightmare" Project Syndicate 7/06/2012 http://www.project-syndicate.org/commentary/living-europe-s-nightmare


Obama convertido en Rey Canuto tratando de frenar las olas




miércoles, 22 de agosto de 2012

La carta y el cliente fiel o porqué los chinos hablan alemán

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Leo en China Daily una "carta", escrita en febrero, que nos dirigen entre otros, pues su título, "To the indebted nations of Europe"*, no deja lugar a dudas. Creo que el artículo tienen interés por introducir un punto de vista diferente a los que manejamos, bastante polarizados. Las "naciones endeudadas" somos, desde luego, nosotros. Estamos tan enfrascados en este partido entre naciones con la deuda al cuello o en la confrontación dólar-euro, que se nos olvida muchas veces que nuestra economía se ha modificado en sus condiciones globales, entrando China en el juego de una forma sensible para el resto. China cuenta; y mucho.
El artículo "carta" lo firma el "senior writer" Huang Xiangyang. La elección de la "carta" como género no es casual y tiene como fondo la ruptura del distanciamiento habitual informativo para mostrarse como una comunicación directa: no te cuento lo que ocurre; te digo lo que pienso. Y "lo que pienso", en esta ocasión —como era de esperar en este artefacto retórico—, va más allá de lo que pueda pensar el autor, que se hubiera limitado a mantener una columna. Trata de transmitirnos un forma de ver la crisis que vivimos desde una perspectiva propia, pues también les afecta.


Los chinos tienen una peculiar forma de expresión que oscila entre la extensión poética de los conceptos a través del encadenamiento de las metáforas y la claridad reduccionista más absoluta: pueden llamar, como hizo Mao Zedong, el "Movimiento de las Cien Flores" a un programa de "apertura política", o llamar escuetamente "Diálogo" a un programa de entrevistas, como ocurre en su televisión exterior en español. Esta vez se ha elegido la segunda vía, la de prescindir de simbolismos, eufemismos o cualquier otra técnica retórica que atenúe el mensaje que se quiere transmitir. Y el mensaje es muy sencillo:

Dear Sirs / Madams:
I know you are in trouble and want China to help. I have heard your repeated calls in the media for our leaders to bail you out by buying the debt of European governments. I want to assure you your entreaties have not been in vain.
[...]
We want you to know that we are your friend in your time of need.
[...]
But that does not mean you should take China's help lightly.
Yes, China has the money. Its stockpile of foreign currency, valued at nearly $3.2 trillion, is the world's largest. Yet this has been amassed over three decades of trade and built up from razor-thin profits. We are at the low end of the global value chain and we have to sweat and toil for every penny we earn. China has to export more than 800 million shirts to buy one Airbus A380.*

La prensa china recoge el deseo de ayudar en la crisis de la deuda

Esta es la exposición inicial: sabemos que tienen un problema; tenemos la solución, ayudaremos, pero no saldrá gratis. Es interesante la posición que el autor elige para hablar: no habla directamente como un dirigente chino o como un portavoz del gobierno, sino como un portavoz del "pueblo", de aquellos que han realizado sus sacrificios mediante el trabajo brutal, para que ahora los europeos le reclamen ese dinero para solucionar sus problemas.

La visión USA de la compra de aviones

La idea expuesta de que China tiene que exportar 800 millones de camisetas para comprar un Airbus A380 es retóricamente atractiva y eficaz, pero es como si nosotros midiéramos nuestras relaciones con Alemania contabilizando el número de cervezas que les servimos en bares y terrazas de Mallorca, Canarias o Marbella. Tiene bastante de retórica populista, pues una de las reclamaciones internacionales permanentes a China es, precisamente, el artificialmente valor bajo de su moneda para favorecer sus exportaciones. Lógicamente, le sale más caro importar airbuses o espárragos, pongamos por caso. El objetivo, desde luego, es acabar fabricándolos; por eso, como Alemania, también están cazando talentos de todo el mundo.
Hace una año, el diario El País nos daba noticias de la "crisis" del yuan:

Pekín ha mantenido las riendas del yuan para poder fomentar sus exportaciones. Con el bajo valor de la moneda, sus productos se vuelven más atractivos para el mercado internacional, pues cuestan menos. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió el mes pasado que China fortaleciese su moneda para ayudar a estabilizar la economía mundial, además de para controlar la inflación. Según esta institución, el yuan ha estado hasta un 23% por debajo del que sería su valor real. Actualmente, el Gobierno chino permite que el yuan varíe cada día un máximo del 0,5% en positivo o en negativo.**

La crisis de la economía ha frenado el crecimiento chino porque las economías nacionales se están enfriando. El crecimiento chino está vinculado al mercado exterior, a las compras que ahora decaen. Si pretende sustituirlo por el mercado interior, generará inflación, que es lo que tratan de evitar por todos los medios. China, sí, tiene una mentalidad muy alemana: combatir la inflación, producir, exportar y ahorrar todo lo que se pueda. Lo mismo que se ha recriminado a Alemania —impedir el crecimiento de sus socios, a los que vende pero no compra—, se podría decir de China, con todos los matices y diferencias que se quiera. Las economías potentes tienden a tener estrategias conservadoras similares. Por eso, si Alemania presiona para que no se compre deuda europea por parte de BCE, las miradas se vuelven a China, que es la mayor compradora de bonos del Estado de Estados Unidos, es decir, de la deuda americana. El "ahorro chino" es en dólares americanos y de ahí viene gran parte del problema que vivimos:

[...] I know that any investment has risks, I hope you will try to ensure our money does not evaporate. We have already been snared in a "dollar trap". You are not legally obliged to ensure our investment safety. But surely you don't want to be seen as luring China into a "euro trap". We have suffered huge losses from holding US Treasury bonds because of the unrestrained printing of the greenback. As Nobel Prize-winning economist Paul Krugman has pointed out, the dollar depreciation will result in losses of up to 20-30 percent of China's investment in US bonds. That's the reason we have sought to divert our investment in a basket of currencies other than the US dollar.*


Un sector de la clase política y económica norteamericana piensa que "quien tiene la deuda, tiene el país", es quien verdaderamente manda. Y les preocupa. Si los chinos no aprecian su moneda, los demás juegan con los cambios y tipos de interés para exportar. Pero esa depreciación significa llevarse por delante los ahorros chinos en bonos americanos, que es lo que señalan al citar a Paul Krugman. Los chinos tienen los bonos, pero USA controla su moneda desde la cantidad emitida y su valor al fijar el cambio. Es lo que consiguió Richard Nixon cuando en 1971 actúo sobre el dólar desmarcándolo del oro y convirtiendo su moneda en la divisa de referencia. Se llamó el "Nixon Shock" y quizá no sea casual que coincidiera en el mismo año de la apertura a China. Para muchos, es el comienzo del desastre de la economía norteamericana, la más endeudada del planeta, y parte de la mundial.
El temor del articulista a que China se vea metida en una "trampa euro", como se vio metida en una "trampa dólar", nos muestra la complejidad de la economía mundial, con intereses muchas veces irreconciliables. No todos los pescadores pueden llevarse el mismo pez del cubo. Todos pescamos ya en el mismo sitio al haber achicado el mundo interconectándolo como nunca antes.



Desde el punto de vista elegido por el autor de la carta, el del "pueblo chino", el problema es, a la vez, comprensible e incomprensible:

To be frank, some of us don't understand why the rich are holding out their hands to the poor and asking for money. For common Chinese people, the wealth of your nations is unimaginable. The average monthly income of your citizens - at around $4,000 in countries such as Germany and Belgium - is 12 times that of the average Chinese citizen. The Chinese workers in the factories in coastal cities have to work 12 hours or longer each day with basically no days off, while workers in France enjoy two months of paid vacation, national holidays and regional festivals each year. If we can save 50 percent of our earnings, surely it should be possible for you to save just 1 percent of yours.
The cause of the crisis is simple: You have spent more than you earned. If we are injecting our hard-earned money into Greek, Irish, Portuguese or Italian government bonds, you should show the political resolve to clean up your own backyard. You have to stop bickering and dragging your feet over the urgently needed austerity measures. It is time to roll up your sleeves and get the job done.*

Si Alemania nos pide a todos que actuemos como alemanes, China nos pide que nos volvamos todos un poco chinos. Mientras los alemanes y otros virtuosos europeos nos llaman "piigs" y nos consideran despilfarradores, los chinos vienen a decir lo mismo, que no entienden por qué ellos pueden ahorrar el cincuenta por ciento de sus bajos salarios, trabajando 12 horas diarias y sin saber qué son las vacaciones, y nosotros no somos capaces de ahorrar el uno por ciento. China, cuando no quiere comprar deuda, también recomienda austeridad, aunque sea con la boca chica. Lo mismo que Alemania.
Si muchos nos volvemos "austeros" dejaremos de comprar los productos que contribuyen a que los virtuosos, además de serlo, tengan más dinero almacenado. Crecen sus reservas mientras aumentan nuestras deudas. La emisión de deuda solo se ve negativa —poco virtuosa— cuando se entra en el riesgo de que no pueda ser devuelta. Si los países que se endeudan puedan pagar sus deudas, nadie lo ve un problema. No es la virtud del ahorro austero la que se pondera, sino la devolución de lo adeudado.

Por eso la petición de austeridad china a los que están endeudados contrasta con su fomento del endeudamiento con otros países "emergentes" a los que se les está llevando a endeudarse de otra manera. Pero así es la economía, cuya ley más importante es la del embudo y la de la paja en ojo ajeno y la viga en el propio. Cuando China, habla de los "pobres" debe estar de broma, y habría que pedirle alguna explicación al respecto. Que en China haya pobres no significa que sea, en estos términos, un país "pobre": es la segunda economía mundial. La idea de "pobreza" tienen muchas facetas. Es el país con más multimillonarios también. No se puede pasar de una cosa a la otra y China, que ha avanzado grandemente contra la pobreza, también tiene otras muchas aristas que debe asumir cuando ha cambiado su estatus internacional y su peso en la economía mundial.
Como nada es gratis, ni tan siquiera la buena voluntad, la carta, que ha comenzado mostrando la perplejidad del trabajador chino porque los ricos europeos vayan a la puerta de su humilde morada a pedirles dinero, concluye con una petición menos populista y más oficial:

Perhaps now that China has shown its goodwill toward you with its chivalrous purchasing of European debts, we can expect some demonstration of goodwill from you. I think you should recognize China's market economy status as soon as possible. After all it is of no substantial significance. China is going to get the status anyway in a few years' time according to the World Trade Organization rules. Good relations are all about reciprocity.*


Cuando los chinos quieren ser directos, los son. Pero para hacer eso, China tendrá que plantearse una serie de cuestiones que irían contra su propia forma de pensar y hacer la economía, ese extraño mix de socialismo productivo y capitalismo competitivo, de economía dirigida y proteccionista, que es la base de su éxito.
Entre el "virtuosismo" chino y el alemán, y la ausencia de virtud del dólar, a los demás nos quedan pocas alternativas. Tratar de encontrar un hueco competitivo —algo que a ellos no les apetezca— y apretarnos el cinturón hasta que los que nos imponen la dieta decidan que ya podemos volver a engordar de nuevo con las chucherías o solomillos que nos vendan. Hemos gastado más de lo que teníamos, sí, pero, como clientes fieles, casi siempre compramos en el mismo sitio.
Tendremos que ir escribiendo nuestra propia respuesta. Más que nada, por cortesía.

* "To the indebted nations of Europe" China Daily 23/02/2012 http://www.chinadaily.com.cn/opinion/2012-02/23/content_14672918.htm
** "El yuan alcanza su valor máximo frente al dólar" El País 11/08/2011 http://economia.elpais.com/economia/2011/08/11/actualidad/1313047980_850215.html




domingo, 5 de agosto de 2012

Monti en Alemania

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo decíamos hace unos días y hoy el diario ABC recoge las declaraciones de Mario Monti, el presidente italiano, publicadas hoy mismo en el alemán Der Spiegel:  "Monti avisa a Alemania de que la crisis ha azuzado los prejuicios nacionalistas", lo titula el diario español desde EFE.
Si se empieza a ver en países favorables a la idea europea que si no la raíz de sus problemas, pero si el obstáculo a sus soluciones es Alemania, el crecimiento del euroescepticismo está garantizado. Solo hay una objeción a las palabras de Monti: no serán "prejuicios" sino "juicios" fundados, en la teoría y en la práctica. Si lo europeos empezamos a pensar que es Alemania el obstáculo, el panorama político puede cambiar en poco tiempo, si no lo ha hecho ya.
Alemania impuso sus condiciones, amparándose en el peso y fortaleza del marco y su economía,  en el momento de la creación del euro y sus normas en el BCE, y fue la misma Alemania quien las incumplió, junto con Francia:

Monti recordó asimismo que Alemania y Francia, las dos mayores economías de la eurozona, fueron los primeros países que incumplieron, en 2002 y 2003, los límites de endeudamiento fijados en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, dando un "mal ejemplo" al resto de miembros.
Además, destacó que "mucho de lo que Alemania y Francia han hecho por el rescate de Grecia ayuda también a los bancos alemanes y franceses, que son con mucho los mayores acreedores de Grecia y de los bancos griegos".*

El cambio de orientación de Francia tras el relevo en la presidencia de Sarkozy por Hollande, hace que la mayor parte del peso, por no decir casi todo, recaiga sobre Alemania y los que se esconden tras ella.
Lo que está ocurriendo con la crisis del euro con Italia y España es algo diferente a lo hemos visto hasta el momento. Italia defenestró a Berlusconi cuando vio que su credibilidad pasaba por deshacerse de los líos y trampas del "caballero", que dio marcha atrás en los ajustes en cuanto que se le levantó la presión exterior haciendo de su capa un sayo. Italia, con Monti, está afrontando seriamente las reformas que se le piden. Lo mismo está ocurriendo en España, al precio de un gran ajuste social que trae consigo unas grandes dosis de conflictividad y desgaste, además del sufrimiento de millones de personas.
Que Monti ponga los puntos donde debe nos viene bien a todos. No sé si servirá de algo, pero hay que decirlo porque tendrá graves consecuencias políticas nacionales y europeas si se sigue responsabilizando a Alemania de las desgracias de todos. Eso tendrá sus consecuencias.



Llegará un punto en el que los políticos —como ha insinuado el elegante y mesurado Monti— comiencen a levantar el dedo señalando hacia Alemania, porque la deuda, dejada al aire de la especulación, se comerá todos los recursos futuros, devorando a una generación y aumentando dolorosamente el diferencial social, el que crea europeos de primera, de segunda e, incluso, de tercera. Todos tendremos la misma moneda, sí, pero unos tienen más cantidades que otros y eso está aumentando al empobrecernos y dejarnos sin defensas por la unión monetaria. La moneda única será una autopista en un solo sentido: la de los que compran de saldo.

Manifestante disfrazado de A. Merkel
Esto no es solo un problema de trabajar más o menos horas, de producir más o de jubilarse más tarde. Es un problema de financiación en el que nos falla la solidaridad de los avales de los socios, que deberían respaldar a los países que están corrigiendo sus problemas y que, en cambio, no obtienen el respaldo frente a la especulación. Y en esto Alemania corre el riesgo de quedarse sola. Lo que le cuesta a Alemania financiarse es mínimo; para los demás, una tortura insostenible. La consecuencia es ampliar la brecha europea y no reducirla; laminar el futuro, en donde los que han podido "ahorrar" vengan a hacerse con los saldos de temporada de lo que quede, como recomendaba Donald Trump hace unos días. Compren, que ya bajará la fiebre. En un país descapitalizado, manda quien viene con los euros o los dólares.



Alemania debe ser consciente de que está destruyendo el fundamento europeo al reducirlo exclusivamente a mecanismos económicos defensivos y no de apoyo. No bastan ya las buenas palabras, el tópico "se está en el buen camino", sino que hay decir hasta dónde hay que caminar en solitario ante el brutal acoso especulativo de los mercados de la deuda. La gente ya lo ha entendido: el BCE es Alemania. Lo ha dicho el director del Bundesbank muy claro: ellos pesan más que el resto. Gracias por aclararlo.
El coste político es importante porque puede que el proyecto europeo deje de serlo por la insolidaridad egoísta de los que se permitieron incumplir las normas para después aplicárselas draconianamente a otros e impedirles salir del agujero circular de la deuda. La pregunta que muchos se hacen es si Alemania está defendiendo a Europa con su actitud o si, por el contrario, está defendiendo exclusivamente los intereses alemanes.


El europeísmo, hasta el momento, ha tapado algunos de los importantes problemas que ha causado la unión monetaria y que han beneficiado a países como Alemania, que pudo sanear su economía sin que nadie se atreviera a decirle nada. Corremos el riesgo de que pronto el europeísta pase a la clandestinidad porque no se tratará de nadar contracorriente, sino de si se ha secado el río.

La entrevista a Monti en Der Schpiegel de hoy
Del europeísmo de España no puede dudar nadie; fuimos de los pocos, obedientes, que votamos positivamente la fantasmagórica "constitución europea" sin leerla, como un acto de fe. Nos tiramos a esa piscina europea de cabeza, sin saber la profundidad, fiándonos de la buena voluntad que presumíamos todos de avanzar en la unión. Otros no lo hicieron y no sé si fueron más listos o más tontos que nosotros. Pero queda ahí, como demostración palpable de apoyo a las instituciones y de nuestro compromiso. Hasta hemos modificado nuestra constitución rápidamente para demostrar a todos que teníamos la intención de cumplir los pactos, desatando una lucha autonómica feroz.
Nuestro europeísmo, además, es consciente porque Europa, durante la dictadura, significaba la democracia y la libertades, algo que para el resto de los países estaba ya garantizado. Ser europeísta en España significaba ser demócrata y así lo siguen viendo muchos. Llegar a Europa era reintegrarnos a un continente del que estábamos separados por algo más que por los Pirineos.
Han pasado los años y las nuevas generaciones ya no tienen esa necesidad de un europeísmo por encima de todo, porque es su futuro lo que se está jugando frente a un presente perdido, con un 54% de paro juvenil y un 24% absoluto. Si se empieza a pensar que Europa es el obstáculo, todo puede empezar a cambia en España, Italia y en otros países. A los políticos les costará más defender Europa y crecerán lo euroescépticos o, peor, los anti europeístas, como en Grecia. Alemania no puede pretender que sigamos durante mucho tiempo exportando ingenieros y doctores españoles y recibiendo turistas y jubilados alemanes en un país cada vez más barato por asfixia sin consecuencias sociales.



Es lo que Monti ha querido decir hoy a los alemanes en Der Spiegel:

El primer ministro señaló que la crisis ha azuzado los prejuicios nacionalistas dentro de la eurozona, algo que consideró "muy intranquilizador", porque ha levantado "un frente de confrontación entre el norte y el sur" de Europa.
"Las tensiones que acompañan a la eurozona en los últimos años llevan implícita la semilla de la disolución psicológica de Europa", advirtió Monti, que considera la divisa común piedra angular de la integración del continente.
A continuación, el primer ministro aseveró que "si el euro se convirtiese en un factor para la desintegración europea", entonces quedarían destrozados "los fundamentos del proyecto Europa".*

La expresión "la semilla de la disolución psicológica de Europa" es suficientemente clara como para que todos la entiendan. Incluso en Alemania.

* "Monti avisa a Alemania de que la crisis ha azuzado los prejuicios nacionalistas" ABC 05/08/2012 http://www.abc.es/20120805/economia/abci-monti-alemania-201208051052.html




Der Spiegel recoge los periódicos italianos del grupo Berlusconi

lunes, 14 de mayo de 2012

Información y crisis ocultas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con el título “Bankia a la alemana: dos grandes bancos malos y niebla espesa”, Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia, nos cuenta desde Berlín los entresijos de la banca alemana. En un par de ocasiones a lo largo del año pasado dimos cuenta de lo llamativa que nos resultaba la negativa de Angela Merkel a que los bancos alemanes pasaran por las mismas pruebas que los demás, no permitiendo que se dudara de ellos. Los nuestros fracasaron estrepitosamente al mantener un ferviente deseo de ser certificados, lo que inició una crisis cuyas consecuencias tenemos encima de la mesa cada día y por mucho tiempo.
El artículo nos desvela parte de los entresijos de la participación especulativa de la banca alemana en la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y la participación en la crisis española:

En España la banca alemana tenía 144.000 millones de euros expuestos en España a finales de 2011, según la cifra publicada en abril por el Banco Internacional de Pagos. Es la mayor exposición de riesgo de una banca extranjera en España. En 2008 el riesgo alemán en España era de 200.000 millones.*

Dentro de lo caótico de la crisis europea, uno de los elementos más complejos es el papel de Alemania. En un sistema altamente interrelacionado, reforzado por la unidad del euro, son muchos los que atribuyen a la “riqueza alemana” parte de la responsabilidad de lo que ocurre en otras zonas. El dinero no se está quieto nunca y va allí donde puede ser más rentable calentando las economías. El papel del dinero alemán en Estados Unidos comprando inmuebles se comprende a la luz de algunos datos: “En varias ciudades de Estados Unidos, Baltimore entre ellas, el Deutsche Bank es hoy propietario de más del 10% de las casas vacías.”*


La estrepitosa derrota de este fin de semana del partido de Merkel hace ver que la sospecha del ciudadano alemán está creciendo. Son varios los “bancos malos”, desde 2003, en los que se han enterrado los activos tóxicos que podrían haber complicado el éxito alemán. Los errores financieros se comen los éxitos industriales y el ahorro.
¿Incurrió la productiva y ahorradora Alemania en el pecado especulativo financiero? Serían los únicos que teniendo dinero no intentaran estirarlo lo máximo posible mediante la elevación del riesgo. Uno de los problemas de las euforias financieras —lo aprendimos con Galbraith— es que nadie quiere quedarse atrás en algo que hace crecer tu dinero ante tus ojos y te da por comprar tulipanes o parcelas en la Costa del Sol o Miami. Las crisis son los despertares de las euforias, en los que uno descubre que todo lo que había hecho, y parecía estar bien, estaba mal.


Pero de todo lo que se explica en el artículo de Rafael Poch, me interesa resaltar especialmente uno de sus párrafos:

La canciller Merkel invitó a los directores de los principales medios a una sesión de información confidencial en otoño de 2008. Los medios de comunicación no han hecho muchas preguntas y han esquivado las principales. La conversión de una crisis bancaria privada en una crisis de deuda pública de países que vivieron por encima de sus posibilidades, habría sido imposible sin la intensa colaboración de los principales medios de comunicación.*

El hecho de que a los medios alemanes se les “explicara confidencialmente” algo les convierte en cómplices de lo que pueda derivarse de la crisis bancaria alemana, de todas sus consecuencias. La política de Angela Merkel —lo explicamos en su día— se basaba en una impasibilidad absoluta ante lo que pudiera constituir una duda sobre Alemania y su economía. ¿Ha estado la política de Merkel —con la connivencia mediática— ocultando su propia crisis? Las sospechas son fundadas y explicarían el conservadurismo mental de la canciller alemana, algo que los propios votantes germanos han dejado de comprender.

La pregunta de por qué, si Alemania va bien, se sancionan internamente la políticas de Angela Merkel en las urnas se resuelve con la respuesta sencilla de que Alemania no va tan bien y tiene sus propios problemas específicos que consideran no están siendo atendidos. Ya sea porque no quieren tanto "compromiso europeísta", o porque quieren más, son signos de que tienen sus propios problemas que no son considerados, desde su óptica electoral.
La reunión con los directores de los medios de comunicación tuvo como objetivo la generación de una confianza artificial basada en la opacidad —la “niebla espesa” de la que habla Poch— y en la falta de preguntas por parte de los medios de información, que habrían dejado de servir los intereses de los ciudadanos para ponerse al servicio de los bancos y políticos. No es un pecado político únicamente alemán, como podemos recordar en la propia negativa gubernamental española a reconocer la existencia de una crisis e incluso, más específicamente, de una crisis bancaria. Ambas se han confirmado, desgraciadamente. Los hechos son tozudos aunque los discursos tarden en darles confirmación.
La exigencia e insistencia de Merkel en que los recortes son el camino europeo y no el aumento de la productividad formarían parte de esa estrategia que trata de asegurar la recuperación del capital expuesto por los bancos. La toxicidad bancaria alemana sería mayor de lo pensado y de ahí la creación de “bancos malos” a lo largo de la última década. Con una política como la diseñada por Merkel se asegura las deudas y, además, que el resto de los países no emprenden la senda del crecimiento, que les llevaría a ser competitivos con la propia Alemania, que estaría debilitada por la recensión mundial. Sin poder crecer y con un sistema financiero altamente comprometido, Alemania lo tiene más complicado. La captación de mano de obra extranjera de alta cualificación —entre ella nuestros ingenieros e investigadores— implica que Alemania se sigue reservando el papel productor europeo. ¿Y el resto? Pero todo eso ya ha cambiado.

El tópico del “motor alemán” debe ser repensado desde una estrategia que se demuestra dependiente de que Alemania vaya bien, cuando no sabemos realmente cómo va. La formación del eje franco-alemán Sarkozy-Merkel está siendo rechazada en sus propios terrenos. Primero Francia, con la llegada de Hollande, y previsiblemente ocurrirá lo mismo con Merkel en su momento, dada la trayectoria electoral última, de derrota tras derrota.
El pacto de silencio de la prensa alemana es una muestra de la gravedad que este tipo de vínculos políticos trae para los ciudadanos. Los ciudadanos alemanes no son fáciles de engañar porque se preocupan de lo que les concierne en mayor medida que los de otros muchos países. Los indicadores cotidianos pueden ser más reveladores que los titulares o silencios de la prensa. Hay ciertas cosas que no perdonan. Cuenta Poch:

Leo Müller, autor de un libro sobre el sector financiero alemán, dice que, “a diferencia de otros países, como el Reino Unido, ninguna institución de gobierno o grupo de expertos ha investigado en Alemania los errores políticos y financieros que llevaron a la crisis”. “Con mi investigación comprobé que los responsables de la política financiera actuaron de forma incompetente antes y después de la crisis, sin entender del todo cómo funcionaba el mercado financiero internacional”. La inspección del Bundesbank y del Bafin, brilló por su ausencia, dice.

La creencia en la solidez alemana puede tapar muchos agujeros y las consiguientes sorpresas para los propios ciudadanos. Se ha convertido en una peligrosa rutina, cada vez que se produce un relevo en los gobiernos europeos, descubrir que los predecesores en el timón político solo habían contado las cosas a medias cuando no aligerado los datos.

Como se señala Poch, existe además una tremenda injusticia: la despectiva crítica alemana a muchos países en cuyas situaciones actuales han intervenido las especulaciones de su propio sistema financiero. Los bancos alemanes estarían aquejados de los mismos males que los de aquellos países que se han mostrado a los ciudadanos como “imprevisores”, “despilfarradores”, “opacos”, etc. Pero sus medios se han negado a mostrar sus propios problemas financieros a petición de la propia canciller Merkel apelando, suponemos, al patriotismo económico, que es la forma en que los políticos tapan sus errores en economía. Los efectos políticos de esa “incompetencia” se habrían visto mitigados por una política de ocultación cuya punta del iceberg sería aquella negativa de Merkel a que “se dudara” de los bancos alemanes. La "autoridad moral" del país como país serio se vería dificultada si se ve que tiene parte de los problemas de los demás. Merkel dejaría de ser el centro.
Algunos analistas señalan que el riesgo de la banca alemana es muy grande por su apalancamiento y critican, precisamente, la creencia transmitida por los medios de comunicación sobre la solidez bancaria:

The mainstream media believes that Germany is somehow the bastion of fiscal strength. However, even a cursory look at the facts disproves this.
For starters, German banks post some of the highest leverage rations in Europe: higher that Italy, higher than Ireland, even higher than Greece. In fact, German banks are actually sporting leverage EQUAL to that of Lehman Brothers when it went bust.**


Como vemos, motivos había para dudar y motivos, según parece, para ocultar. La salida de la crisis solo puede producirse sabiendo su dimensión, a pesar de los que sostienen que una crisis con los ojos cerrados es menos crisis. Solo es un dolor de cabeza menos para el que la ha provocado, que queda a salvo provisionalmente de los reproches y responsabilidades. A los demás nos cae el chaparrón con todas sus consecuencias.

* "Bankia a la alemana: dos grandes bancos malos y niebla espesa". La Vanguardia 13/05/2012 http://www.lavanguardia.com/economia/20120513/54292594711/bankia-alemana-dos-grandes-bancos-malos-niebla-espesa.html
** "Forget Europe… Germany’s Got Its Own Problems to Deal with" Zero Hedge / Phoenix Capital Resarch 12/08/2011 http://www.zerohedge.com/contributed/forget-europe%E2%80%A6-germany%E2%80%99s-got-its-own-problems-deal


jueves, 12 de abril de 2012

Kant, la mujer del César y la deuda

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las viejas cuestiones se repiten una y otra vez en la historia y la lectura del pasado nos suena a presente en más de una ocasión. En una reciente edición de la polémica entre Inmanuel Kant y el político y escritor francés Benjamin Constant —que han titulado “¿Hay derecho a mentir?, con introducción extensa de Gabriel Albiac—, se reproduce una parte de la Fundamentación de la Metafísica de las costumbres en la que Kant planteaba sus problemas al respecto. Entre los ejemplos que allí se exponen, podemos leer el siguiente:

[…] [Un individuo] se ve apremiado por la necesidad a pedir dinero en préstamo. Bien sabe que no podrá pagar, pero sabe también que nadie le prestará dinero como no prometa formalmente devolverlo en determinado tiempo. Siente deseos de hacer tal promesa, pero aún le queda conciencia bastante para preguntarse: ¿no está prohibido, no es contrario al deber salir de apuros de esta manera? Supongamos que decida, sin embargo hacerlo. Su máxima de acción sería ésta: cuando me crea apurado de dinero, tomaré a préstamo y prometeré el pago, aun cuando sé que no lo voy a verificar nunca. Este principio del egoísmo o de la propia utilidad es quizá muy compatible con mi futuro bienestar. Pero la cuestión ahora es ésta ¿es lícito? Transformo, pues, la exigencia del egoísmo en una ley universal y dispongo así la pregunta: ¿qué sucedería si mi máxima se tornase ley universal? En seguida veo que nunca puede valer como ley natural universal, no convenir consigo misma, sino que siempre ha de ser contradictoria, pues la universalidad de una ley que diga que quien crea estar apurado puede prometer lo que se le ocurra proponiéndose no cumplirlo, haría imposible la promesa misma y el fin que con ella pueda obtenerse, pues nadie creería que recibe una promesa y todos se reirían de tales manifestaciones como de un vano engaño.  (8)


Tenemos aquí resumida gran parte de la problemática con la que se encuentran algunos gobiernos, entre ellos el nuestro, sobre los problemas que la deuda plantea. El método que Kant utiliza —elevar a regla universal lo que es mi deseo particular— deja en evidencia que la deuda no es un elemento que se pueda estirar hasta el infinito si no existe la posibilidad, no ya la credibilidad, para devolver lo que se solicita. El fundamento moral de la deuda es la voluntad de devolverlo y no solo la credibilidad, que podría extenderse hasta el infinito.
Es sobre estos dos ejes —voluntad y credibilidad— sobre lo que gira el problema de la deuda. Por supuesto, hay un tercero, pero que no se plantea Kant en esta instancia porque no es un problema moral: la capacidad, algo que son los otros quienes lo juzgan a la hora de concedernos o no el préstamo. Podemos tener la capacidad de devolver la deuda, pero no tener la voluntad de hacerlo. Es el caso del que se gasta su dinero en otras cosas incumpliendo sus pagos comprometidos. Podemos también tener “credibilidad” pero no tener a voluntad de hacerlo y seguir pidiendo y arruinando la confianza en nosotros poco a poco. Por último, podríamos tener la “capacidad” de devolverlo, pero que nadie nos prestara por falta de credibilidad, o que percibieran falta de voluntad.

El problema que Kant plantea lo es desde la perspectiva del compromiso, del que ha solicitado de los demás un préstamo. Desde la perspectiva del que ha de prestar, la cuestión básica es la credibilidad, en principio, pero también la capacidad.
Cuando escuchamos eso de que “España es un país serio” se está queriendo decir que exigimos credibilidad (que nos crean) porque tenemos la voluntad de devolverlo. Pero un país no es serio porque repita continuamente que “es serio”. Es serio porque lo demuestra, que es lo que exigen los prestamistas.Son ellos quienes deben decidir si somos serios o no puesto que son quienes nos prestan.
Nuestro problema de la deuda no es devolver los préstamos. Nuestro problema es que seguimos pidiendo que confíen en nosotros semana tras semana, cada vez que se sale al mercado a conseguir dinero. Por eso se rieron del señor Berlusconi los presidentes de Alemania y Francia, porque no les parecían creíbles sus promesas para cumplir con su deuda. Aquí la mujer del César podía aparentar todo lo que quisiera, pero dejó de resultar creíble porque no se veía su voluntad por ningún lado.  Hay que ser serios y parecerlo. Y mantenerlo.
Cuando los países piden sin plantearse que tiene que haber dinero suficiente para lo que hacen más para lo que tienen que devolver, se aplica el problema señalado por Kant. La promesa se diluye en el vacío si pedimos sin la intención de devolver o si seguimos refinanciando deudas, que no es más que acumular promesas incumplidas y más deudas.


Nadie debería dudar de la capacidad de España o Italia. Sin embargo, lo hacen. Y no lo hacen del país, lo hacen de su clase política que es la que se endeuda. Porque las promesas son para satisfacer otras promesas.
Mi perplejidad y mi pregunta es: ¿en qué se ha ido el dinero solicitado a los mercados si tenemos España llena de deudas? No solo debemos en el mercado exterior de deuda, sino que adeudamos cantidades millonarias internamente a los proveedores. Si pedíamos para pagarlas, ¿por qué siguen ahí? La respuesta es kantiana: no había una voluntad real, porque si no se hubiera controlado el gasto para que nadie dude.
No basta con pedir dinero prestado. Hay que gastarlo bien. Y con cuidado. Pero ese es el debate que los políticos —ellos sabrán— no quieren plantear. En cualquier caso, habrá que hacerlo. Parte del problema es que cuando Kant elevaba la utilidad propia (o egoísmo) a ley universal y veía que no funcionaba porque se cargaba el sistema de confianza, a algunos la pregunta de si es lícito les parece superflua. 

* Inmanuel Kant y Benjamin Constant (2012): ¿Hay derecho a mentir? (La polémica Inmanuel Kant-Benjamin Constant sobre la existencia de un deber incondicionado a decir la verdad). Edición de Eloy García. Estudio preliminar de Gabriel Albiac. Tecnos. Madrid.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Refundar


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
 Hablar de la “refundación” de Europa puede parecer un sarcasmo en estos momentos. Quizá sería más adecuado hablar de la “refundición” de Europa, de recoger los pedazos y mandarlos a un imaginario horno en el cual se pierdan entre llamas para fundir una nueva pieza. El hecho de que sea Nicolas Sárkozy quien haya utilizado la expresión nos hace temer los resultados porque fue él mismo quien habló no hace mucho de “refundar” el capitalismo. Como sabemos, el capitalismo no solo no se ha “refundado” sino que se ha intensificado volviendo a sus orígenes salvajes: hoy son los mercados —los prestamistas, como en las novelas decimonónicas— los que suben o bajan sus pulgares mientras los países, juntos o por separado, tratan de complacerlos.
Sin embargo, no hemos de sorprendernos demasiado. En Francia, la palabra “refundar” tiene una práctica muy habitual. Se han pasado la vida refundando. Por ejemplo, la República la han refundado cinco veces. Sí, estamos en la Quinta República. Están en el mismo sitio, la capital es París, como casi siempre, siguen tocando la Marsellesa y poniéndose de pie, pero la República es la quinta. Otras veces les da por “refundar” el Imperio y por eso tienen un Segundo Imperio. Y todo esto detrás de los Pirineos, sin moverse mucho de sitio.
Luego está lo de los partidos, claro. Ya no sé cuántas veces se ha “refundado” la derecha francesa. De vez en cuando se refundan y se llaman “gaullistas”, después “neogaullistas” y así sucesivamente. Está la “derecha” y la “nueva derecha”, la “nueva derecha popular”, como también están la “nouvelle cousine” o la cinematográfica “nouvelle vague” y es que a Francia le gusta la discontinuidad nominal en el cambio histórico. Desde que le cogieron el gusto a lo de La Bastilla, no paran de refundar. La nouvelle cousine ya se puede considerar como un “recorte culinario” por lo ridículo de las porciones y lo caro del servicio. Así es Francia, recorte con elegancia.
El propio Nicolas Sárkozy es el resultado de la “refundación” europea de su padre que pasó de Hungría a Francia, de Francia a Hungría, y finalmente se volvió a refundar francés. También se refundaron católicos, porque antes eran protestantes. El propio Nicolas tuvo que “refundar” algún curso porque no era demasiado buen estudiante. Y a nadie le extrañó.
Por eso cuando habló no hace mucho de refundar el capitalismo, los mercados se sintieron aliviados. No se ha refundado nada. La “refundación” de Europa —una vez visto el papel que el término ha jugado en la historia de las repúblicas e imperios franceses desde 1789— pasa a mostrarse como una bonita palabra para encubrir otro tipo de maniobras que, dichas de otra forma, sientan bastante mal.


Refundar Europa, en estos momentos en que no hay Europa, es peligroso. No es más que un cambio más ante la ineficacia de los cambios anteriores. Lo que hay que hacer no es refundar Europa sino refundar —de verdad— el sistema. Todas las energías se están centrando es eso que llaman eufemísticamente “calmar” o “aplacar” a los mercados que, por definición, son implacables y han extendido la idea de que “las crisis son oportunidades”, que es lo que está ocurriendo. El problema es que los que explican el problema son parte del problema. Somos el coche sin líquido de frenos descendiendo por el puerto de montaña, cuyo conductor asustado reza con la esperanza de que las curvas se refundan en rectas y los barrancos en llanos.

Merkel y Sarkozy apuestan por sus cabezas europeas después de haber tenido grandes desastres electorales en sus refundados países —también Alemania es otro país que se refunda de vez en cuando, como sabemos—. Su temor al fracaso es doble: interno y externo. Tratan de recuperar sus votos proyectando una imagen interior de firmeza. No dudo de su intención, aunque sí dudo firmemente (extraña expresión) que al no existir hoy una idea consistente y perfilada de Europa pueda hablarse de “refundación” alguna. Lo que se va a tratar es de resolver mediante cirugía —como ya se está haciendo— un caos político que comenzó con el fracaso de la constitución europea y algún que otro signo evidente de que los engranajes chirriaban.
La Europa de los economistas se demuestra demasiado débil y está generando mucha frustración y enemigos derivados de la ineptitud de muchos dirigentes nacionales, que son los que verdaderamente están guiando Europa. El hecho mismo de la constitución de ese eje franco-alemán siembra las dudas sobre los mecanismos de decisión, que será uno de los elementos que los políticos pondrán encima de la mesa, porque es lo que se está haciendo. No se está creando una Europa de dos velocidades; se están creando ciudadanos de primera y segunda categoría, incluso de tercera (aunque eso ya existía por el tratamiento dado a algún país, teóricamente igual que los otros, pero al que no se le aplicaba el mismo rasero).

El hecho cierto es que Europa (o lo que sea) no consigue salir de la crisis y que la única forma que propone de hacerlo es blindando las economías más fuertes o que aparentan serlo porque no son inmunes a las crisis como está demostrado y, desgraciadamente, se podrá comprobar. La creencia en que una moneda única era suficiente se ha demostrado equivocada. No se ha conseguido que economías con distinto grado de desarrollo pudieran a la vez ser competitivas interna y externamente. Vemos que no es una cuestión periférica, sino algo que afecta a todos porque es el sistema que lastra y arrastra. El problema real es la forma de financiación, la deuda, que deja de tener el destino en tus manos y lo pasa a los acreedores, cuyos intereses son obtener el máximo beneficio, sin más. En el mercado ya no hay ni política ni conspiración; solo existe un objetivo: tener cada día lo más posible y eso es lo que están haciendo, no otra cosa. Cada uno saca su provecho de la ruina de todos.
El ahorro privado nacional se está beneficiando de la propia sangría nacional de la deuda. Alguien lo titulaba ingenuamente (o estúpidamente)  “hacer patria”. Comprar deuda nacional con altos intereses no es hacer patria, es sangrarla; no porque la compremos nosotros se modifica su alto precio. De ahí la queja de los bancos, con los que compite. Aquí no hace patria nadie. La nueva patria es el bolsillo. Y ese está siempre refundándose.