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martes, 13 de febrero de 2024

El drama de las residencias de mayores en Madrid

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No hay como unas elecciones para que salga a flote lo que permanecía en la sombra. Por algún extraño motivo (quizá no tan extraño) los momentos electorales están llenos de vieja nuevas noticias, de asuntos que vuelven a la vida pública. Al PP le están amargando las elecciones gallegas con todo tipo de "poltergeist".

No sé si la noticia que publica hoy RTVE.es con personal de Radio Nacional sobre las residencias madrileñas para mayores es uno de esos "fenómenos extraños" que surgen del pasado o simplemente una coincidencia, pero lo cierto es que abre nuevas polémicas sobre asuntos que se pensaban estabilizados.

El escándalo de las víctimas del COVID-19 en las residencias de mayores madrileñas no se ha agotado y salta ahora. De las 20.000 muertes producidas en España en estos centro, la mitad se produjeron en Madrid, casi diez mil. ¿Mal reparto o malas prácticas? Más parece lo segundo, como ya se hizo notar. Ahora salen a la luz las actas levantadas por la Policía en sus inspecciones.

La Policía Municipal de Madrid fue testigo de las carencias en las residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid entre marzo y abril del año 2020, durante la primera ola de la pandemia de coronavirus. Las visitas a todas ellas se plasmaban en actas de inspección a las que ha tenido acceso RNE y en las que también aparecen reflejadas algunas quejas comunes de los responsables de los centros.

Los agentes registraron en prácticamente todos los informes las denuncias de falta de material adecuado, en especial de equipos de protección (EPI) y de test diagnósticos, lo que impedía diferenciar qué pacientes estaban sanos y cuáles no. Una situación que, por ejemplo, se encontraron los agentes en su visita del 6 de abril a la residencia de Nuestra Señora de Montserrat, donde había un paciente con síntomas compartiendo espacio con personas aparentemente sanas.

Si bien era habitual el aislamiento de los casos sospechosos y el cierre de zonas comunes, algunos responsables relataron a la Policía la imposibilidad de realizar un correcto cribado en los centros, e incluso hubo quejas por la orden de no derivar pacientes a los centros hospitalarios.*

De lo que se cuenta en estas actas —que la web hace visibles— ya se tenía constancia, pero estos documentos certifican la situación de unos centros que no estaban preparados para afrontar una pandemia, como nadie lo estaba. Aquí lo grave fue precisamente esa orden final de que no se derivaran a los hospitales, lo que causó, como una oscura mano del destino, la muerte de esas 10.000 personas en Madrid, la mitad de las muertes de mayores en toda España.

Como pudimos experimentar, al encerrar a las personas enfermas con las sanas, los contagios se multiplicaron, incluido el personal de atención, que fue cayendo en larga agonía.

La decisión de no trasladar a los hospitales, se puede decir que fue para "evitar colapsos", pero eso no justifica en absoluto que las personas con más debilidades de cara a la enfermedad fueran desestimadas. Algunos pensarán que la cara amable y heroica de la Medicina trata de ocultar esa decisión terrible que se plantea en ocasiones de decidir quién vive y quién muere ante la situación de recursos precarios, pero me temo que la decisión no fue tanto médica como "política" en un sentido peor que el habitual.

Este es el caso de la residencia de mayores Mirasierra. Allí fallecieron 60 personas y su responsable contó, según un acta fechada el 23 de abril, que no se aceptaron derivaciones de pacientes al Hospital de La Paz. Días antes, el 9 de abril, en la residencia Geriasa contaron a los agentes que si hubieran podido contar con esa ayuda, no habrían fallecido las 33 personas que perdieron la vida en el centro.

Las residencias inspeccionadas, obviamente, tratan de trasladar sus responsabilidades, que también las tienen, sin duda. Todos se presentan como víctimas de una situación desbordante. Pero la visión economicista que va afectando a todos los servicios, especialmente a los públicos, es un hecho.

Lo podemos apreciar en el caso que tenemos estos días en las primeras páginas, el caso de los dos guardias civiles asesinados por pasarles por encima lo que llaman una "narco lancha". La queja que sale a los medios es que todas las lanchas de que dispone la Guardia Civil capaz de competir con las de los delincuentes están estropeadas y sin reparar por falta de dinero para hacerlo. Todas las asociaciones policiales piden la dimisión del ministro Grande Marlaska, el artífice de los recortes presupuestarios que ha llevado a esta situación. Pero el ministro está acostumbrado, una vez perdida la vergüenza en los primeros casos, a decir que "no tiene pensado dimitir", su frase favorita.


El deterioro de los servicios públicos —no se trasladaban a los enfermos de las residencias a los hospitales, como se comenta de La Paz— es un hecho que los que trabajamos en las administraciones públicas percibimos cada día. Los recortes de personal y económicos son un hecho que acaba afectando a la calidad de los servicios, algo que en el campo sanitario y con una pandemia como causante puede ser una combinación mortal.

Se nos resume la situación en el artículo:

También es recurrente la mención al cansancio físico y mental de los trabajadores y la falta de rotación de las plantillas, mermadas por las bajas provocadas por la COVID-19. Es por eso que muchos centros relataron a los agentes la necesidad de contar con más personal, sobre todo de enfermería o médicos.

El 2 de abril, en la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, la responsable relató una situación muy dura: eran solo seis trabajadores para atender a los 46 internos y no daban abasto para realizar una atención adecuada. *

El encierro de los residentes, convertidos en "pacientes" sin posibilidad de atención interna o externa, por carecer de servicios de atención médica adecuados, incluidos materiales como trajes, mascarillas, etc., se convirtió en un episodio negro que necesita ser mostrado y corregido, aunque no haya elecciones.

En otras circunstancias queda la queja, los retrasos, etc. Pero aquí se trata de muertes y muertos, de personas que se arrinconaron para sencillamente dejarlas a su suerte. La responsabilidad es de muchos, incluidas familias, que ahora demandan verdad y reparación. Lo que llaman la "silver economy" mostró su lado más duro, el de un final de la vida que puedes sostener si tienes dinero para pagarlo. 


* Francisco Pérez (RNE) "Las actas policiales constatan el abandono de las residencias en Madrid durante la primera ola de la pandemia" RTVE.es /RNE 12/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240212/actas-policiales-abandono-residencias-madrid-pandemia/15967242.shtml


lunes, 15 de enero de 2024

La tos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"¡Una mascarilla, por favor, una mascarilla!" Quien se expresaba así de desesperada era una compañera de Facultad que realizaba su examen final en el aula junto a la mía. "¡Tengo un alumno en el examen que no para de toser! ¡Cómo se le ocurre venir así al examen!" Rebusqué en mi maletín y no encontré esas mascarillas. La mía la llevo en el bolsillo, pero una nueva habría tenido que ir al despacho. Mi compañera llamó por teléfono a otra que estaba en la Facultad y le subieron una. Puede verla en la puerta del aula, con su mascarilla puesta, a distancia suficiente, lejos de las toses, que yo escuchaba desde mi clase.

Ayer, en un descanso de la final de un torneo de Snooker, pusieron cuatro anuncios seguidos de remedios contra la tos. Creo que no hay mejor indicador de por dónde van las empresas del ramo: oferta a raudales de cualquier cosa que atenúa, calme, elimine la tos. Todos prometen aliviar los síntomas, ir directos al problema, etc. Me imagino que lo notarán en la Bolsa.

A diferencia de otros síntomas, la tos nos delata. Obviamente, la tos puede estar causada por diferentes males, pero esa tos que resuena y resuena, que nos hace volver la cabeza y alejarnos un poco o salir corriendo horrorizados, como era el caso de mi compañera de facultad, da igual cuál sea su origen —catarro, gripe con cualquier letra, Covid...—; simplemente, huimos lo más lejos posible.

Conozco personas que, en cualquiera de las oleadas de Covid, han seguido con la tos cuando otros síntomas ya habían desaparecido. La tos sigue y cuesta erradicarla. La tos, además, acaba agotando físicamente, es un esfuerzo que nos consume energía, nos impide descansar y acaba haciendo doler distintas partes del cuerpo.

Eva Cezón nos recuerda en su artículo de RTVE.es que "hemos olvidado mucho de lo aprendido en la pandemia". En el comienzo de su texto explica:

Personas tosiendo en el transporte público o imágenes de las urgencias saturadas. Estamos teniendo flashes de aquella pandemia que nos obligó a aislarnos y que nos vuelven a recordar que los virus de transmisión aérea, como es el caso del SARS-CoV-2 (causante del coronavirus) y la influenza (causante de la gripe A), conviven con nosotros y sobreviven de invierno a invierno.

Basta con ir en un autobús o a un bar para detectar algunos escenarios de los repuntes de contagios: espacios cerrados y mal ventilados. Cada vez que hablamos, tosemos o cantamos, exhalamos algo más que aire: esparcimos multitud de gotículas, pequeñas partículas de líquido de diferentes tamaños. Las más grandes caen al suelo, sin embargo, las más pequeñas, conocidas como aerosoles, permanecen más tiempo. Son gotitas tan pequeñas que por el poco peso que tienen se quedan dando vueltas en el aire hasta que se secan.

"Hay poca cantidad de virus por cada gotita, pero al estar tanto tiempo en el aire llegan muy lejos: ahí está el problema", explica la científica del CSIC, Margarita del Val, a RTVE.es.*

Esas "gotículas" son como los "pélets", como los "microplásticos" pero que nos contaminan esta vez el aire. Miramos mucho al mar, lo que está muy bien, pero nos olvidamos de que lo que necesitamos de continuo es el aire. Hemos estandarizado lo que es el "aire limpio" y nos olvidamos de que no solo tosemos, sino que estamos continuamente mandando el aire a otros. Respiramos un aire común.

La queja del artículo es precisamente ese olvido de la ventilación. Me dice una amiga que a sus hijos en la escuela les tienen con las ventanas abiertas en clase. Lo que pudiera ser considerado como "crueldad frigorífica" no es más que prevención. Hay que abrir ventanas, es cierto, pero habrá que tomar medidas para evitar que los niños vayan cayendo uno tras otro a golpe de enfriamiento. Y no es fácil controlar a los niños. Pero los adultos son otra cosa. No olvidar lo que hemos aprendido en esta época de frío significa  mantener corrientes de aire, ventilar, evitar que el aire se vaya acumulando con todo lo invisible que dejamos en él. Por eso la tos, esa tos escandalosa, nos recuerda que echamos al entorno respiratorio muchas cosas, algunas peligrosas.

En el texto se nos recuerda que los edificios que hoy consideramos que ahorran energía es porque son estancos, es decir, con muy poca ventilación. Puede que la factura energética sea menor y que consumamos menos, pero lo cierto es que aumenta otra factura, la de las enfermedades respiratorias.

Un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud detectó que los trabajadores en ambientes mal ventilados tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades respiratorias como asma y rinitis. También destacó que los que pasan largas horas en espacios interiores sin una buena ventilación pueden experimentar síntomas como fatiga, dolor de cabeza y mareo.

Esto es lo que se conoce como el síndrome del "edificio enfermo", el conjunto de sintomatologías y enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en los espacios cerrados. Son contaminantes no solo microbiológicos, como los virus que se transportan por los aerosoles, también químicos procedentes de estufas, productos de limpieza, etc.

A pesar de que este síndrome puede presentarse en edificios de construcción antigua, su proporción es mayor en edificios de nueva construcción o rehabilitados, según apunta la organización. En el mundo, hasta un 30% de estas edificaciones se consideran "enfermas", según la OMS.*


 

No se puede tener todo, pero sí quizá buscar un equilibrio. La búsqueda de beneficio por parte de unos (los que construyen casas más pequeñas, con techos bajos) y de ahorro por parte de otros (menos gasto en calefacción) acaba teniendo sus efectos.

La ventilación era una de las cuatro medidas clave contra las enfermedades respiratorias contagiosas. Es muy sencillo: tenemos unos orificios por los que entra y sale el aire. Nos tragamos lo que otros echan y echamos lo nuestro a los demás. Si la cosa se complica con epidemias como las que padecemos, hay que tomar medidas, esas que se nos dice que olvidamos.

¿Qué es aprender de una crisis? Pues, en este caso, que arquitectos, constructoras, ayuntamientos, instituciones, etc. aprendan que se pueden hacer muchas cosas para mejorar la ventilación de los edificios y que la ventilación pueda realizarse de forma periódica. Aprender es saber cómo gestionar los lugares con grandes concentraciones de gente, como el transporte público, las aulas, estadios, etc.

Hemos hablado en estos días pasados del regreso de la mascarilla. Bienvenida sea. Por no recibir elementos que nos hagan enfermar o por no echárselos a otros, la ventilación es otra de esas cuatro medidas básicas (más la higiene y las vacunas). Del frío es más fácil protegerse que de aquello que hay en el aire si no ventilamos. 

La tos, detectada en los transportes públicos, en aulas, reuniones, hostelería, etc., es un aviso, una señal de alerta. Durante la pandemia nos enseñaron eso de toser sobre el antebrazo. Hoy eso nos parece insuficiente. La cantidad de anuncios y productos anti tos que se nos ofrecen en las emisiones televisivas nos confirma que "hay mercado". Mala señal. 

* Eva Cezón "La ventilación, tarea pendiente contra los virus respiratorios: "Hemos olvidado lo aprendido en la pandemia"" RTVE.es 13/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240113/ventilacion-tarea-pendiente-virus-respiratorios/2470770.shtml


martes, 9 de enero de 2024

La normalidad feliz

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La información sobre la esperada reunión que se recriminaba a la ministra de Sanidad no haber realizado antes se ha resuelto como si fuera una comedia oscura con García Berlanga, un Patrimonio (sanitario) nacional o similar. ¿Es tan difícil ponerse de acuerdo en algo? 

En RTVE.es se nos dice que un tema de meridiana claridad, como es hacer obligatoria la mascarilla en la asistencia a hospitales, centros de salud, ha chocado con una serie de respuestas que hacen dudar de que algo tan sencillo sea realmente sencillo.

El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas no han llegado finalmente a un acuerdo para imponer el uso obligatorio de las mascarillas en centros sanitarios, sociosanitarios y farmacias de todo el país, como medida ante el repunte de los últimos días de los virus respiratorios en España.

Este lunes el departamento que dirige Mónica García ha reunido de manera extraordinaria a los consejeros del ramo a través del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) con el fin de "unificar criterios".

Según ha informado Sanidad, el Ministerio ha trasladado a las comunidades un documento al que las comunidades deberán presentar sus alegaciones en las próximas 48 horas, y que rebaja la obligatoriedad solo a centros sanitarios, y lo deja en recomendación en centros sociosanitarios y farmacias.

Fuentes de Sanidad han informado de que la propuesta del Ministerio pretende ofrecer "el mismo nivel de protección para todos los ciudadanos" y dar cobertura legal a las comunidades que ya lo han decretado (Comunidad Valenciana, Cataluña y Murcia).

En un audio remitido a los medios, la ministra Mónica García ha señalado que en el encuentro, celebrado de manera telemática, se ha reflexionado sobre el uso de esta medida que ha considerado "efectiva y de sentido común" y que, además, está avalada por la evidencia científica y "es bien recibida por la población".

García ha informado de que en la reunión el Ministerio ha recogido la iniciativa de algunas comunidades para que la obligación de su uso se ampliase a las farmacias y ha insistido en la necesidad de dar soporte jurídico a las comunidades "de diferentes colores políticos que ya han introducido la obligatoriedad en sus sistemas sanitarios".*


¿Qué es eso del "mismo nivel de protección"? ¿Eso existe? ¿Qué sentido tiene? ¿Depende la salud de una persona de que se pongan todos de acuerdo, algo cada día más imposible? Para evitar los colapsos y contagios en centros al ir a pedir la baja, se inventa la "auto baja" responsable, que no ha convencido a los más cercanos a los empresarios, que recelan de los que tomen la decisión de no ir a trabajar sin un papel médico que lo justifique.

¿Quién responde de las medidas (o falta de ellas) en los centros de salud? ¿En qué quedan las peticiones de más recursos y personal sanitario por parte de los profesionales que deben dar la cara en los centros?  

¿Cuáles son los intereses reales que hacen sea imposible un acuerdo en algo tan elemental? ¿Qué hay detrás de estas luchas entre comunidades en algo tan elemental como eso?

La mascarilla —ya vimos algo así hace tiempo, cuando la lucha era similar— es un objeto con una serie de connotaciones, la principal de ellas es la consideración de la elevación de la gravedad de la situación. Si no hay mascarilla, es que no es tan grave la situación... aunque lo sea. La percepción de gravedad tiene efectos que afecta al consumo.

Se trata de aparentar la "normalidad" que nos hace lanzar a la gente a las cabalgatas para decirnos pocas horas después que subirá la incidencia y que se esperan los picos por "el regreso al cole". Sin mascarillas obligatorias es posible fingir cierta normalidad feliz, la que nos hace salir a mantener esa institución española que se llama "bares" y similares en la que ahora los empresarios le han pedido al gobierno que no les cree conflictos añadidos. Tenemos, dicen, la mejor relación servicio -  precios ya que somos el país con más bares por habitante del mundo. ¡Todo un orgullo!

Sin embargo, se desoyen otras voces. También en RTVE.es se nos dan informaciones sobre lo que hicimos durante la pandemia y el resultado. El pasado día 21 de diciembre se nos explicaba nuestro estado: 

Los evaluadores independientes de la gestión de la COVID-19 dan por sentado que una nueva pandemia de virus "de alta gravedad" está cerca y, sin embargo, "hemos aprendido poco" y "desgraciadamente" apenas se ha avanzado para evitar que sea igual de "demoledora" que lo ha sido esta.

Así lo plasman en el informe Evaluación del desempeño del Sistema Nacional de Salud Español frente a la pandemia de COVID-19, elaborado por Rosa Urbanos, especialista en Economía de la Salud de la Universidad Complutense de Madrid (UCM); Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM); Carmen Pérez, de la Escuela Andaluza de Salud Publica, y Xurxo Hervada, epidemiólogo de la Xunta de Galicia ya jubilado.

La auditoría de la gestión de la covid fue encargada a estos cuatro expertos por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud hace ya más de dos años. En su recorrido por los aciertos y errores cometidos, el informe apremia a tomar una serie de medidas si se quiere evitar los estragos que la descoordinación, las decisiones contradictorias o la falta de protocolos hicieron de España uno de los países con mayor mortalidad del mundo en la primera ola.

Y lo primero es, precisamente, "interiorizar que una nueva pandemia de virus respiratorios de alta gravedad no solo es posible sino probable, a corto o medio plazo". Sin embargo, "desgraciadamente, las cosas no van bien" porque a pesar de la experiencia de la covid y los avisos que dieron previamente la gripe A y el primer SARS, "los progresos realizados son escasos". "Parece que hemos aprendido poco a nivel global de la experiencia de la reciente pandemia", sentencian.**


Creo que no se puede decir más claro. Mientras tanto nuestros responsables autonómicos siguen jugando a la discusión acumulando todo tipo de vaguedades y decisiones que eluden lo básico: la gente se contagia porque está junta. La gente se contagia mayoritariamente cuando van a los centros de salud y se encuentran con el panorama desbordado, con tiempos de espera que son tan largos que sale peor que entra.

En gran medida, no se toman las medidas por los mismos motivos que no se tomaron, para no hacer sentir que había peligro en nuestras actividades de celebración constante. Cuando no son las fallas, son los sanfermines, cuando no la feria de abril, etc. Ahora se suma el recelo ante las autobajas, con lo que no quedará más remedio que ir a los centros, un poderoso centro de contagios. Quien manda, manda.

Lo que dice el comité de expertos independientes es muy serio. Tienen razón; no existe prevención ni aprendizaje de lo ocurrido, y esto es lo peor de todo lo que nos podía ocurrir. Como entonces, los cuatro factores esenciales siguen siendo los mismos: vacuna, distancia, higiene y mascarilla. No hay mucho más. Solo evitar aquello hacia lo que nos siguen empujando ignorando los riesgos reales.

Nos dicen que tras el fiasco de la reunión con las autonomías, el Ministerios de Sanidad hará que las mascarillas sean obligatorias en los Centros. ¿Es la única salida que queda ante estas disparidades absurdas? Parece ser que sí.

 

* "Sanidad y las comunidades no llegan a un acuerdo sobre el uso obligatorio de las mascarillas en centros sociosanitarios" RTVE.es / AGENCIAS 8/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240108/sanidad-reunion-ccaa-mascarilla-repunte-virus-respiratorios/2470568.shtml 

** "Una auditoría de expertos avisa de otra pandemia cercana y revela "contradicciones" en la gestión de la COVID-19" RTVE.es / AGENCIAS 21/12/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231221/auditoria-expertos-coronavirus-avisan-otra-pandemia-cercana/2468894.shtml

lunes, 8 de enero de 2024

Los antivacunas españoles y el trumpismo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer mencionábamos, al hablar de los desprecios y ataques de Donald Trump al Dr. Fauci, el experto al frente del COVID en los Estados Unidos, cómo el populismo trumpista y lo que hay detrás, hicieron de la pandemia un juego político tratando de hacer ver que la vacuna era una manipulación y que el "virus chino", como lo llamaba el entonces presidente, era una tontería. Esto no era solo ignorancia (que lo era), sino una forma premeditada de hacer ver una especie de infravaloración de la Ciencia, un desprecio público. Puede que recordemos la salida a la ventana de la Casa Blanca, el gesto soberbio y despectivo de Trump al quitarse la mascarilla después de haber pasado contagiado por el hospital y sometido a un tratamiento que no tuvo ningún otro paciente.

El COVID fue un arma de Trump, un elemento más al servicio de sus políticas negacionistas que le copiaron, como comentábamos ayer, los populismos de diversas partes del mundo. El ejemplo más claro fue su imitador brasileño, Jair Bolsonaro, calificando de "gripecita" al COVID. Ni el número de muertos por todo el mundo ni las terribles consecuencias que tuvo para la salud de los Estados Unidos este negacionismo obsceno fueron suficientes para calmar ese furor contra la Ciencia y los sanitarios, vistos como activistas de las libertades.

Todo esto me ha venido de nuevo a la memoria al leer las noticias en el diario El Mundo. El titular del artículo "Risto Mejide y Miguel Lago declararán como imputados por un supuesto "delito de odio" contra los no vacunados", firmado por Sara Polo, nos explica:

Risto Mejide y Miguel Lago declararán como imputados por un presunto "delito de odio" debido a sus declaraciones contra los no vacunados contra el Covid-19 en plena pandemia en el programa de CuatroTodo es mentira. Los dos comunicadores deberán responder ante la justicia, acusados de "promover la discriminación contra una minoría".

Según ha adelantado 20 Minutos y ha podido confirmar EL MUNDO, los hechos denunciados se remontan al otoño de 2021, cuando el magacín vespertino de Cuatro seguía con especial atención los vaivenes informativos en torno a la pandemia. La juez decide así reabrir un caso que había sido sobreseido.

El detonante de la denuncia fue la siguiente manifestación de Risto Mejide, como comentario a las medidas restrictivas impuestas en algunos países contra las personas que no tuvieran en regla su pasaporte vacunal: "Son medidas que prácticamente convierten a los no vacunados en apestados, cosa que a mí me parece bien. Si decides no vacunarte, allá tú. Todo el mundo es respetable, pero no todas las ideas son respetables ni merecen un respeto".

La acusación parte de la Asociación Liberum, que igualmente presentó el pasado verano una querella contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por las "restricciones a los derechos humanos" que supusieron las medidas de control de la pandemia entre marzo de 2020 y julio de 2023, y que animaba a los ciudadanos a recopilar cualquier información referente a dichos "delitos" para unirse a su causa, entre otros procedimientos iniciados contra el reglamento del Estado de Alarma.*


Creo que nos estamos excediendo en la cuestión de los "delitos de odio" y esto es contraproducente para el propio concepto y su aplicación. Nos dicen que el caso había sido sobreseído y que ahora vuelve de nuevo.

Hay además una clara intencionalidad. Los argumentos son los trumpistas: que alguien se tenga que vacunar atenta contra las libertades y los derechos humanos. De la misma forma, según ese argumento, los activistas que no se vacunan podrían considerarse como "criminales" que buscan con su propio odio contagiar a otros.

El argumento, decimos, es claramente trumpista y proviene del deseo de aglutinar fuerzas negacionistas amparándose en una especie de anarquismo de derechas, ese mismo principio que enuncia el derecho a llevar armas o a la autodefensa, algo propio de ese liberalismo radical surgido en los Estados Unidos que parece estamos importando y dando alas.

En el texto se explica el sentido de la apertura de nuevo del caso:

Según el escrito de la juez María Ángeles Velázquez, titular del Juzgado de Instrucción número 27 de Madrid, al que ha tenido acceso EL MUNDO, el motivo de la apertura de juicio oral contra Risto Mejide y Miguel Lago sería la "reiteración de una conducta que por su gravedad, reiteración o entidad discursiva pudiera provocar, directamente o indirectamente, sentimientos de odio".

"Sus manifestaciones resultan contrarias y no se ajustan a la información oficial ofrecida por los órganos públicos competentes", subraya el escrito, que incide en la reiteración de las críticas a los no vacunados en "sucesivos programas" con "elevada audiencia", y en el efecto que tienen en "la creación de un clima de hostilidad e intolerancia hacia un determinado grupo de personas".

"Por muy procedente y conformes que estamos con la conveniencia de la vacunación y aun existiendo una mayoría social en tal sentido, una ordenada defensa de los derechos que legalmente vienen reconocidos a cualquier ciudadano conlleva la defensa también de ciudadanos que puedan conformar minorías", asegura la juez, que da como hecho probado que los dos comunicadores "dirigieron varios programas con comentarios reiterados en contra del sector de la población que, en el ejercicio de su libertad y autonomía legalmente contemplada, decidían no vacunarse por los motivos que fuere".* 

Difícilmente se puede crear violencia contra quienes no se manifiestan como anti vacunas. A nadie se le nota en la cara si está vacunado o no, algo sin embargo esencial para la convivencia saludable. De esta forma, "los que no se vacunan" son solo una categoría abstracta mientras no se le ponga cara. Y la cara se la suelen poner los que reivindican un derecho del que nadie les privó, el no vacunarse. Si en algunos entornos se exigió la vacunación no era, desde luego, por odio ni por deseo de oprimir a nadie; más bien se trataba de preservar un bien común, el de la salud.

España ha sido uno de los países con más eficacia en la vacunación y no fue necesario obligar a nadie. El avance de la enfermedad era la mejor promoción de las vacunas. No hacerlo, en cambio, puede ser considerado como una forma de violencia teniendo en cuenta un elemento esencial: los asintomáticos. Uno se puede alejar de quien tiene síntomas visibles, pero difícilmente puede defenderse de alguien que dé positivo pero no tenga síntomas. Hubo manifestaciones por parte de algunas personas sobre su despreocupación por ser asintomáticos y portadores, por ello, del virus. ¿Se puede considerar esto "violencia" contra los posibles contagiados? ¿Es discriminar mantenerse alejado del que no está vacunado? Creo que aquí también hay que precisar las palabras y su sentido contextual.


Llevar esto a una cuestión de odio, por mucho que se exagere o se diga en un programa de televisión marcado por el exceso habitualmente, me parece excesivo, máxime cuando se enarbola la bandera de la "libertad", que sinceramente creo que está para otras cosas, igual que los juzgados.

Creo que hay una enorme diferencia entre "no vacunarse" y ser "antivacunas". Esa misma diferencia es la del activismo, que ahora llevan a los tribunales para sacar rédito político. Que los tribunales caigan en este trampa política me parece preocupante. Los motivos e iniciativas de los denunciantes me parecen suficientemente claros y a la americana, una forma organizada que quiere darle le vuelta a algo. El mismo llamamiento es una forma de "reclutar" para un futuro. Estos casos son también formas de sondeo político, por decirlo así. Los nexos entre la antivacunación y el radicalismo en Estados Unidos está suficientemente demostrado sin necesidad de ir mucho más lejos. Aquí llevamos el mismo camino, el de la batalla política. Un caso mediático, como este, es una buena forma de promoción.

Un estudio publicado en julio de este año pasado en los Estados Unidos muestra el fuerte vínculo político en la mortandad. Es una muestra de hasta dónde nos puede llevar la manipulación partidista:

Registered Republicans experienced a "significantly higher" rate of excess deaths than Democrats in Florida and Ohio in the months after COVID-19 vaccines were made widely available, a new study has found.

Why it matters: The Yale researchers note in their study, published in the journal JAMA Internal Medicine Monday, the findings "suggest that well-documented differences in vaccination attitudes and reported uptake between Republican and Democratic voters may have been a factor in the severity and trajectory of the pandemic."** 


Creo que los datos son claros. Es peligroso hacer demagogia con estas cosas, que tienen una dimensión personal (enfermedad, muerte), pero también social (epidemia, contagios, etc.).  Si todavía no lo hemos entendido...

"Provocar sentimientos de odio" es una expresión cada vez más disminuida precisamente porque se juega demasiado por ella. Así tenemos el despropósito actual de que los mismos que defienden el derecho a aporrear un monigote frente a la sede socialista de Ferraz, diciendo que es Pedro Sánchez, critican  a los que no se querían vacunar. Me dirán que no son los mismos (aunque es probable que algunos coincidan).

Veremos en qué acaba este caso que, por tener caras conocidas, atraerá la atención. 

 

* Sara Polo "Risto Mejide y Miguel Lago declararán como imputados por un supuesto "delito de odio" contra los no vacunados" El Mundo 5/01/2024 https://www.elmundo.es/television/2024/01/05/6597ecf7e4d4d812378b45cc.html

** Rebecca Falconer "Study: Republican deaths in Florida, Ohio linked to COVID vaccine politics" Axios 24/07/2023 https://www.axios.com/2023/07/25/covid-vaccine-death-rates-republicans-democrats-study

jueves, 20 de abril de 2023

Nuevo crecimiento de los contagios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Ayer me llamó la atención ver a distintos jóvenes en el Metro con mascarillas. Yo la sigo llevando en el transporte público que utilizo cada día, metro y tren, y en lugares cerrados con mucha gente. Lo normal hasta hace unos días era ver a gente mayor con la mascarilla. Ahora vemos de nuevo a jóvenes que la llevan puesta. No muchos, pero más que antes de las vacaciones.

La explicación puede que esté en la noticia que nos trae hoy el diario 20minutos, con origen en el observatorio de mi universidad, la UCM:

Cuando el calor comienza a apretar prácticamente en todo el país y los españoles ven en la covid poco más que un mal sueño, los contagios por coronavirus han vuelto a dispararse en territorio nacional tras la Semana Santa. Los casos han aumentado de 800 a 2.000 por 100.000 habitantes en apenas quince días, y los expertos no tienen claro si se trata de una consecuencia de las vacaciones o de la aparición de una nueva variante. 

Son los resultados revelados este miércoles por el programa COVID-LOT, perteneciente al Observatorio Complutense ANTICIPA-COVID19, que podrían indicar el inicio inminente de una nueva ola. No obstante, Jesús Pérez Gil, catedrático de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Complutense (UCM) y uno de los creadores de este proyecto de la universidad, llama a la prudencia a la hora de determinar las causas de este incremento y su posible evolución.

"Después de observar una bajada continua y una posterior estabilización en torno a los 800 casos por 100.000 prácticamente desde Navidad, la semana pasada vimos que la cifra subía a 2.000, que es más del doble. Llevábamos mucho tiempo sin detectar algo así. Este viernes tendremos los datos correspondientes a los últimos siete días y dispondremos de más información para analizar qué está ocurriendo, si se sostiene o si sigue al alza", explica Pérez Gil sobre los resultados obtenidos por el programa, que mantiene un seguimiento de la infección en España a partir de análisis rutinarios entre el personal de la Universidad.*


La pregunta inicial sobre si se trata de un "efecto vacacional" o de una "nueva variante" parece muy obvia en su respuesta: las vacaciones son nuestras, mientras que la variante es cosa del coronavirus. Parece que, pese a las múltiples oleadas, seguimos sin entender el funcionamiento de esto, su carácter circular: cuantos más contagios, más probabilidades de que surjan nuevas variantes. Pueden llegar de "fuera", ya sea con turistas o cualquier otro viajero, y nosotros podemos ser el "fuera" de otros cuando las exportamos yendo de vacaciones, viajes de trabajo o cualquier otra modalidad ajena al mundo de los virus.

El problema en España es siempre el mismo. Somos una maqueta ilustrativa del funcionamiento del contagio: nuestro sistema nos obliga a viajar para mantener la economía, esta especial economía turística exterior e interior. Viajar, por el motivo que sea —da igual— hace que los que estén contagiados, sean asintomáticos o no, vayan esparciendo el contagio. Desde poco antes de las vacaciones ya se escuchan en el transporte público ciertos coros de toses. Esas toses persistentes en algunos, en ninguno de los casos que he presenciado implicaban que llevaran mascarillas.


En parte es responsabilidad político mediática. Me refiero a esa necesidad de que la gente viaje —nunca he visto tanta gente con maletas en mi vida—, que se mueva y gaste. Somos lugar de concentración debido al turismo. Nuestra sequía y el superar hoy los 30 grados en muchos lugares de España, según acaban de anunciarnos, nos saca a la calle a disfrutar de la vida, pero muchos eligen las concentraciones sociales. Nuestras olas de contagios han estado siempre relacionadas con llamadas vacacionales, por puentes y demás festivos en los que los medios, empresas y autoridades nos invitan y alientan a coger cualquier  vehículo y desplazarnos. La pregunta es superflua. Las variantes surgen de la cantidad puesto que son posibles en cada uno de los contagios que ese virus se transforme más o menos respectos al estándar, por decirlo así.

Interrogado y con muchas dudas, el experto consultado nos explica:

En el caso de confirmarse una nueva ola, esta se produce justo un año después de que comenzase una que alcanzó su pico en julio. También en torno a septiembre-octubre se inició otra que registró su máximo poco antes de las Navidades. "No digo que vaya a ocurrir lo mismo que en abril de 2022, pero parece que esto es algo que se está repitiendo cada seis meses o una cosa así. No sabemos si esta periodicidad se va a mantener durante tiempo", detalla. 

No digo que vaya a ocurrir lo mismo que en abril de 2022, pero parece que esto es algo que se está repitiendo cada seis meses o una cosa así

Otra característica llamativa de este periodo es que la línea base (la cifra de contagios registrados de manera sostenida una vez alcanzada la estabilización tras una ola) es "alta con respecto a las anteriores". Desde enero se ha situado en torno a los 800 casos por 100.000, mientras que en julio de 2022 esta cantidad eran 500 y, con anterioridad, llegó a caer hasta los 200.

"Da la impresión de que, después de cada ola, la línea base está un pelín más alta cada vez. Debe de haber un sustrato que no termina de irse y las olas sucesivas montan ahí. No sabemos si se va acumulando un mínimo de personas que se contagian porque son más vulnerables o porque van sumando todas las variantes que aparecen y quedan marginalmente en la población", reconoce Pérez Gil.*

Esa repetición cada seis meses nos deja ese crecimiento de lo que ha llamado esa "línea base", la que es un "pelín" más alta. De nuevo —con esa información termina el artículo— el dato que se mira es el de la ocupación hospitalaria. Mientras haya camas, parece que no hay problema.

Pero claro que lo hay. Los retrasos en muchos sectores de la sanidad se van acumulando porque los recursos se deben repartir y no aumentan. Parece que los políticos buscan el punto mágico en el que todo se equilibre, por decirlo así. Pero esto no es sencillo pues habría que controlar al virus, algo que ignorándolo, sacándolo de los medios, es poco probable que se produzca. Ahora lo tenemos de nuevo en los medios cuando ya se han disparado los contagios. Malas noticias, las que no nos gustan y nos devuelven a la realidad

El catedrático, profesor Pérez Gil, director del estudio, termina señalando que

...es preciso permanecer "atentos" tras la reciente aparición de una subvariante de ómicron que ha disparado los casos en la India, enfatiza. "Hay que estar pendientes de cómo evolucionan las próximas semanas", recalca. Ahora bien, es optimista: "Cono la inmunidad híbrida de vacunación y contacto con el virus existente en España, no creo que vaya a tener un impacto importante en la incidencia".

Lo preocupante, junto al coronavirus, es esta especie de creencia en que nosotros no somos los causantes del problema en lo que afecta a la transmisión. Nosotros somos el "espacio" activo de la transmisión del virus y el lugar en el que emergen las variantes. Cuando el virus muta, lo hace en nosotros. Esto no es un duelo a muerte en OK Corral, sino la labor de un virus que se multiplica una vez que está en nosotros. Se trata, pues, de evitar que entre y evitar, si lo hace, que salga. Es decir, que nos infecten e infectar. Pero eso no entra en la mente de muchos en diferentes niveles, desde el que sale de fin de semana hasta el que lleva la política turística y organización de festejos de todo tipo con los que pasan su tiempo los españoles y llegados de fuera. Tener esa forma de economía es estar condenados a tener nuestras propias oleadas con una particular periodicidad marcada por nuestros hábitos estacionales.

La India, donde han vuelto a la mascarilla según nos dicen, acaba de ser reconocido como el país más poblado de la Tierra, desbancado a China, el país de origen de esta epidemia. Nuestra especificidad no es tener grandes cantidades poblacionales, pero sí recibir muchos visitantes y especialmente mucha concentración en la vida social y mucho viaje. Recordemos nuestros primero contagios con funerales, donde los miembros de la familia llegaban de todas partes a despedir al muerto y regresaban contagiando a sus zonas. Hay variantes con todo tipo de reuniones familiares.

Ahora nos toca de nuevo el buen tiempo, el chiringuito, el fin de semana y el puente, aprovechando que los viajes están baratos. Esto no es Esparta, pero sí España.

* África Albalá "Los contagios por coronavirus se disparan en España tras la Semana Santa: "Parece que se está repitiendo cada seis meses"" 20minutos 20/04/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5120398/0/disparan-casos-covid-semana-santa-nueva-variante/

jueves, 12 de enero de 2023

Entrando en el cuarto año

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En España no le hemos hecho la guerra al coronavirus; se la hemos hecho a la mascarilla, tomando el efecto por la causa. El problema era siempre qué hacer para no tener que llevarla, considerada un obstáculo, una mala señal. Los mensajes que la estigmatizaban iban desde el resaltado de los psicólogos infantiles diciendo que los niños podían crecer con problemas emocionales al no poder observar las reacciones faciales a los dentistas que veían el declinar de los blanqueados por llevar la boca tapada, pasando por los dueños de las discotecas y locales de ocio nocturno que las veían como un impedimento a esa confraternización universal que se produce al ritmo de la música con una copa en la mano. Sí, la mascarilla era un obstáculo. Ya solo verla te recordaba que algo malo pasaba. Muchos, decían, se vacunaban para "no tener que llevar la mascarilla" y poder "salir de marcha con tranquilidad". Son expresiones oídas con frecuencia en esos barridos informativos a pie de calle.

Pero tenemos de nuevo la mascarilla en primer plano ante las perspectivas de nuevas complicaciones. Con lo que estamos de nuevo en la división social. Por un lado están los que se encuentran en grupos de riesgo y, por otro, aquellos que consideran que llevan sobreviviendo tres años, que lo pasaron y no han tenido secuelas y los que no están dispuestos a seguir con la mascarilla pase lo que pase.

De nuevo, tenemos el conflicto social, el entender que ponerse la mascarilla no es una decisión personal exclusivamente, sino que puede tener consecuencias para los demás. Pero eso no siempre se quiere entender.

En RTVE.es recogen las palabras de responsables de la Organización Mundial de la Salud con mensajes nuevos que suenan ya como parte del pasado:

 

"Después de tres largos años de pandemia, con muchos países lidiando con sistemas de salud sobrecargados, escasez de medicamentos esenciales y una fuerza laboral de salud agotada, no podemos permitirnos más presiones sobre nuestros sistemas de salud", ha enfatizado el dirigente europeo de la OMS.

“No podemos permitirnos más presiones sobre nuestros sistemas de salud“

Dicho esto, ha pedido a los países de Europa y Asia central redoblar sus esfuerzos para implementar estrategias efectivas comprobadas y evitar ser complacientes. "Esto significa reinvertir urgentemente y volver a comprometerse con una vigilancia virológica y genómica mejorada, incluida la vigilancia de aguas residuales, según sea factible. Esto significa invertir y salvaguardar el personal sanitario, cuya precaria situación en muchos lugares podría socavar la prestación eficaz de los servicios de salud", ha añadido.

Ciencia, vigilancia y responsabilidad, claves para controlar los contagios

Finalmente, Kluge ha aconsejado aumentar la aceptación de vacunas en la población general, administrar dosis adicionales de vacunas a grupos prioritarios, ventilar espacios públicos y concurridos como escuelas, bares y restaurantes, oficinas al aire libre y transporte público, y proporcionar terapias tempranas y apropiadas a pacientes con riesgo de enfermedad grave.*

Resulta sorprendente (no tanto) que eso que se dice en el texto —" implementar estrategias efectivas comprobadas " — sea la forma refinada y comprimida de lo que se nos dice después: vacunar, dosis adicionales a los que estén más expuestos a riesgos, ventilar espacios públicos, oficinas y transportes, atención a los casos para evitar que vayan a más. A esto se le añade el cuidado del personal médico, expuestos a situaciones de estrés después del tiempo transcurrido en tensión laboral y emocional. Esto no es nada nuevo, se nos ha repetido mil veces, pero el deseo de no creerlo es fuerte, al igual que los intereses de los que ven en las medidas de protección un riesgo para sus negocios, es decir, los basados en las concentraciones de personas, sea un local deportivo, un restaurante, una discoteca o un espacio educativo, por poner ejemplos claros y cotidianos.

Se nos muestran imágenes de urgencias colapsadas, se nos habla de pacientes que están aparcados hasta cuatro días antes de poder ser llevados a planta, etc.,  pero no se habla de las medidas que se ignoran y que podrían mitigar los flujos hacia las urgencias.

La política del "ha llegado el tiempo de las sonrisas", de Carolina Darias, anunciando pomposamente la retirada de las mascarillas, a las que hubo que volver parece que sigue vigente. Pero esa guerra al virus se convierte en parte de la guerra política general, donde volver a la mascarilla sería como una especie de fracaso que podría ser explotado por la oposición.

¿Qué es "volver a la mascarilla"? Nos lo han dicho y recomendado, esas cuatro medidas que se siguen ignorando: mascarilla, distancia, ventilación y vacuna. Es lo básico antes, mientras y ahora. No salva la cuarta, que la elevada vacunación española mitiga los efectos. Pero todo ello está sujeto al azar de que pueda surgir una variante peligrosa al aumentar el número de casos, una variante ante la cual la vacuna no fuera eficaz.

Dentro del autoengaño, la vacuna sirve para todo y dura siempre. Sabemos que no, pero es incómodo tener que aplicar las consecuencias. Las autoridades de los sectores —políticos, educativos, etc.— no están dispuestas a desgastarse haciendo una política restrictiva o de mayor vigilancia. Por ello, el grado de incumplimiento allí donde es exigida la mascarilla crece, pese a las noticias sobre colapsos y riesgos de nuevas variantes.

El artículo de RTVE.es se cierra así:

"Estas medidas también pueden reducir el impacto de otras infecciones respiratorias, en particular, la gripe, con las que nuestros servicios de salud están luchando en este momento. Ciencia, vigilancia, responsabilidad: todos estos deben unirse cada vez más, ahora que entramos en el cuarto año de la pandemia para garantizar un futuro para todos", ha zanjado.

"Cuarto año" es más preciso que ese "pospandemia" que se usa acrítica e interesadamente por políticos y medios. No, la pandemia no ha terminado.

Las perspectivas son malas. Los medios hablan de "cifras anteriores a la pandemia", como si esta hubiera desparecido. No lo ha hecho, solo ha estado oculta tras expresiones como "gripalización", eliminación de los datos para menores de 60 años, etc. En mi contacto con gente joven por mi condición de docente, es raro el día que no me llegue noticia de algún contagio. Es cierto que no suele tener consecuencias graves, pero en este tipo de enfermedad, la consecuencia más grave es la que generalmente no vemos, el contagio a otros hasta que llega a alguien para quien sí es grave el contagio. Son finalmente esos que ocupan las camillas, apilados en urgencias.

Aplaudimos cada día, cada tarde, el esfuerzo de los sanitarios, pero la respuesta política ha sido otra. El esfuerzo no ha servido de mucho; no ha logrado cambiar la política sanitaria ante un futuro que se prevé complicado por el propio envejecimiento de la sociedad española y las apariciones anunciadas de nuevas enfermedades contagiosas debidas a la globalización y a la movilidad mundial, que convierten a España en país de enorme riesgo por ser cruce de caminos y destino turístico para sobrevivir la economía.

Se nos dijo que había que controlar la pandemia para evitar que los hospitales se colapsaran. Ese era el argumento. Hoy todos los medios nos hablan de una Sanidad puesta en pie de guerra por las reivindicaciones de todo tipo, del desbordamiento a la falta de personal, pasando por los salarios. Evidentemente, no se ha cumplido el principio de crecimiento para poder atender los casos. Y esto se hace tangible en cuanto aumentan los casos. Si no se realiza prevención, difícilmente se podrá mantener la atención. Y es la prevención social la que muestra nuestra percepción de la propia enfermedad, sus condiciones y efectos. Negarla solo lleva al desastre en forma de desbordamiento, al colapso. Con más pacientes en urgencias, con más tiempo de espera por falta de personal o de espacio, las muertes aumentan, así como la gravedad de las enfermedades no atendidas adecuadamente. Las estadísticas ya recogen esos excesos de mortandad.

No querer ver la realidad o no hablar de ella, no la elimina. 

* "La OMS recomienda a Europa usar mascarillas en interiores y transportes públicos por los casos de COVID en China" RTVE.es / Agencias 11/01/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230111/oms-recomienda-mascarillas-interiores-transportes-europa/2415190.shtml