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lunes, 27 de julio de 2026

Mal perder

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hay países que no saben ganar y otros que no saben perder. Estos últimos convierten su derrota en causa nacional y en materia de conspiraciones. ¿Cuánto le va a costar a Argentina aceptar que jugó mal, que paso raspadita hasta la final y que allí naufragó? ¿Cuánto?

Pocas veces hemos visto en el panorama internacional un caso así, de este calibre y estas repercusiones. En Argentina, claro está, el Fútbol siempre ha sido una peligrosa pasión nacional. Digo "peligrosa" porque recuerdo titulares de enfrentamientos, verdaderas batallas campales, en los partidos con equipos rivales, con muertes incluso.

La Argentina de Milei parece que no puede perder por las buenas. En eso se parece al trumpismo: nadie puede ganar a Trump; si alguien le gana es con trampas. Argentina ha asumido eso, que son campeones natos y los demás usurpadores y tramposos.

No tratamos de hablar aquí de ganar o perder, sino de cómo se gana y cómo se pierde. La Argentina de Milei no solo ha perdido, sino que está quedando en ridículo en el panorama internacional y corre el riesgo de empezar a quedar marginada por sus propias e impropias acciones. Y parece que esto va a más.

Leemos en 20minutos sobre esto: 

Días después de la cancelación masiva a Rosalía en Argentina, llega el turno para otra cantante de renombre española: Aitana. La intérprete de Superestrella, canción que ha servido para celebrar las victorias de España en el Mundial, incluida la lograda contra Argentina que nos dio la Copa del mundo, y que además ella misma cantó en la celebración del título en Madrid, está siendo criticada por una marca de ropa argentina que ha decidido cambiarse el nombre por coincidir con el suyo.

"Comunicado oficial. Hasta nuevo aviso, no queremos saber nada con el nombre de Aitana", publica en sus redes antes la marca anteriormente conocida como AitanaInd y, ahora, como "Tini".

"No queremos saber nada que tenga que ver con España", sentencia en su comunicado la marca, que ha generado un gran revuelo con su acción en redes sociales, donde muchos internautas echan en cara su "mal perder".*


 

La marca hace el ridículo y si se enfrentaba a las críticas de sus clientes argentinos, ahora lo hará a los presuntos compradores españoles, que le darán la vuelta al argumento. Que te estigmaticen por cantar una canción para celebrar la victoria de tu equipo nacional es tan ridículo que Argentina avanza a pasos agigantados hacia el ostracismo internacional.

De seguirse así, los boicots comenzarán a producirse pronto. Cuando se pase la euforia de la celebración, los españoles empezarán a fijarse en estos tipos de detalles y cada uno le dará contestación en su terreno más próximo. No tienen que hacerlo todos, pero bastará con que unos cuantos lo hagan para que empiece a notarse el mal habiente creado y los efectos en los sectores afectados.

Las dimensiones nacionales e internacionales, su énfasis en los mecanismos de identificación, su lenguaje épico y emocional excesivo, tiene este tipo de consecuencias. Todo se convierte en grandes gestas, tanto en la victoria como en la derrota que ya no se pueden asimilar como normalidad deportiva, sino como exceso. Las consecuencias son tremendas y acaba derivando en este tipo de conflictos personales e institucionales.

Los gobiernos con déficits democráticos, económicos, etc. usan el deporte como parte de sus acciones sobre la opinión pública. Lanzan encendidos discursos si ganan y hablan de conspiraciones internacionales, de envidia, si pierden.


Las pobres Rosalía y Aitana, entre otras, se han limitado a celebrar con millones de personas una bien merecida victoria que todo el que no estuviera en el otro lado del campo comprende y acepta sin demasiados problemas. Solo la Argentina de Milei, envuelta en sus propios mitos, es incapaz de aceptarlo.

¿Tardará mucho? Me temo que sí; me temo que ha sido en el punto sensible que les quedaba como forma del ensueño. ¿Son conscientes de que esto no es más que otra forma de manipulación?

* "Argentina también cancela a Aitana por su apoyo a la Roja en el Mundial: "No queremos saber nada con su nombre ni con España"" 20minutos 26/07/2026 https://www.20minutos.es/gente/argentina-tambien-cancela-aitana-por-su-apoyo-roja-mundial-no-queremos-saber-nada-con-su-nombre-ni-con-espana_7019062_0.html

ABC 

martes, 18 de marzo de 2025

El boicot

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El mundo es hoy más de "mercado" que de "principios". Por eso, se ha reaccionado más rápidamente a la "guerra de aranceles" que ante la guerra real. Estamos más dispuestos a boicotear los productos norteamericanos que con sus malas prácticas en el plano bélico o de las relaciones internacionales. Como ha ocurrido en otras ocasiones, el mundo está recibiendo un curso acelerado de economía y estamos ya en las prácticas,

En ABC nos informan de una "app" surgida en los países nórdicos para detectar en el supermercado los productos de origen norteamericano y así boicotearlos. También el marcado en las etiquetas simplifica el rechazo del consumidor al avisar del origen europeo. Es una demostración de cómo la economía no solo son las decisiones de los poderosos, sino también el sencillo acto final de la compra, el que enfrenta al consumidor y al producto en el carrito de la compra.

Nos dice Rosalía Sánchez en ABC:

La mayor parte de los supermercados daneses, también varias cadenas en Suecia y Noruega, están ya identificando con una estrella negra en las etiquetas de precio los productos de producción europea, para diferenciarlos de los estadounidenses. También los consumidores de los Balcanes se están sumando a estas campañas de boicot y varias de las cadenas relevantes, como las alemanas Lidl, Kaufland y DM o la holandesa Spar confirman descensos significativos de facturación, por ejemplo de 4,24 millones de euros a 2,96 millones de euros en la primera semana de boicot en Montenegro.

El uso de la estrella negra permite a los consumidores evitar los productos estadounidenses, como forma de protesta por las políticas comerciales de Donald Trump. El boicot, promovido en las redes sociales inicialmente por el grupo «Boykot varer fra USA», cuenta ya con cientos de miles de seguidores y está a punto de dar un salto cuantitativo gracias a una nueva aplicación que facilita extender ese boicot al resto del comercio minorista y online, más allá de la colaboración de los vendedores.

La aplicación Made O'Meter, desarrollada por dos daneses, funciona tomando una foto de un artículo con el teléfono móvil y activando la aplicación para que analice el artículo con inteligencia artificial. Después de unos segundos, la aplicación indica dónde se fabricó el producto en cuestión y permite al consumidor tomar la decisión final. «Realmente, espero que mucha gente en la UE descargue la aplicación y la utilice, porque eso permitiría una campaña de boicot de verdadero impacto, que tuviese consecuencias que se puedan contabilizar en forma de dinero, porque ese es el único lenguaje que Trump entiende», dice Henning Madsen, uno de los dos desarrolladores.*  


Es la respuesta a los movimientos prepotentes e imperialistas de Trump en los mercados. Puedes aparcar los principios, pero no el bolsillo cuando este se ve perjudicado. Lo que ha creado Trump es un proteccionismo generalizado, una venganza más allá de los aranceles. En los medios hay todo tipo de teorías para intentar explicar tanta torpeza anticipando los efectos negativos para el mercado norteamericano.

Quizá la gente, harta de tanta tropelía, aproveche lo que está en sus manos, el consumo diario, para manifestar su rechazo a este tipo de políticas agresivas en todos los órdenes. 

No hay muchos productos rusos en los supermercados, aunque sí se siguen burlando las sanciones a productos energéticos, como el gas, del que dependemos. El miedo a la etiqueta "antisemita", que Netanyahu usa como escudo, podría romperse y pedirse una identificación clara de los productos que proceden de Israel y de los territorios ocupados. Es cuestión de tiempo que se llegue a esto.

Las guerras y los actos violentos se reparten en un espectro que va del bombardeo a la cesta de la compra. Trump no puede controlarlo todo y creer lo contrario tiene sus consecuencias en más puntos de los que puede controlar.

Cuando los norteamericanos empiecen a sentir en sus bolsillos los efectos dobles de la dificultad de exportar lo que producen y del encarecimiento de importar lo que consumen, quizá se les pase el fervor nacionalista y empiecen a comprender lo que significa ser gobernados por súper ricos sin problemas para llegar a fin de mes. 

* Rosalía Sánchez "Estrellas en la etiqueta y una 'app' para rastrear el origen: el boicot a EE.UU. llega a los supermercados europeos" ABC 18/03/2025 https://www.abc.es/internacional/estrellas-etiqueta-app-rastrear-origen-boicot-eeuu-20250318043428-nt.html

martes, 14 de noviembre de 2023

El enemigo imaginario

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La guerra en Gaza tiene muchos frentes.  Las armas no lo son todo y cada blanco se vuelve en contra cuando hay una fotografía por medio. Lo que Israel piensa que gana con cada bombardeo lo pierde en apoyos de diverso tipo. Esto se debe a la peculiar estructura de relaciones que supone Israel y que transforma lo que sucede en ese espacio y causa. Separo ambos conceptos porque creo que es la mejor forma de comprender la doble dimensión de este conflicto, la de los espacios en disputa y la de las causas puestas sobre la mesa.

Lo que no ha habido en otros conflictos, en este se produce y crece cada día. Hay conflictos distantes y hay otros, como este, envolventes y que se ramifican en distintos centros y posibilitan acciones diversas permitiendo la intervención, es decir, ser parte activa del conflicto en escenarios propios.

En el diario Albawaba leemos de otra forma de participación, el boicot a marcas y empresas como Netflix:

Pro-Palestinian activists since the start of the Israeli aggressive attacks against Gaza have urged to boycott all brands that support Israel whether directly or indirectly. Boycott campaigns were launched against many companies including McDonald's, Starbucks, HP and Puma.

Recently, a boycott campaign was launched against the Netflix platform after accusations of being "Truly Israeli." People began to delete their accounts and cancel their subscriptions to show support for Palestinians in Gaza.

The hashtag "#Boycott_Netflix" was also seen trending on X platform, formerly known as Twitter. A person wrote: "boycott Netflix for supporting Israel," meanwhile, another advocate said: "We cancelled our membership today as they announced officially that they support zionists."*


La guerra es hoy el inicio de unos círculos que la tienen como centro desde el que se expanden permitiendo acciones por parte de los que están en el exterior. La guerra se da en el espacio de la violencia y en los espacios informativos que asumen esa violencia a través de imágenes, informaciones y actitudes de simpatía hacia unos y otros. Puede que esto haya ocurrido anteriormente, pero la potencia y presencia de los medios permite obtener respuestas más eficaces para estas acciones.

Para que esto ocurra, el conflicto debe permanecer en primer plano. Es un hecho atencional que la guerra en Palestina ha desviado el foco de Ucrania, un conflicto que no cesa, pero que puede ser contemplado más o menos, con lo que se reducen las reacciones a lo que allí ocurre. El protagonismo está en Palestina. Es la mirada mediática la que da presencia e intensidad.

Israel confía en su poder militar y diplomático, pero el campo de la opinión pública y su movilización los está perdiendo cada día. Ha pasado de ser el atacado a ser el atacante y las simpatías están siempre con el que sufre. Se empezó justificando el derecho a la defensa y se termina condenando el abuso de la fuerza con inocentes.

Netanyahu y su gobierno han perdido en muchos terrenos. Cada edificio que destruyen, cada edificio que es bombardeado, es una derrota en un terreno que se amplía por el sistema de relaciones, como ocurre con el caso de Netflix o de otras empresas. Sin embargo, el caso es más complejo. El propio artículo en Albawaba señala en su cierre:

A photo from the Netflix website also accompanied posts that call for the boycott of an article shared by the company with the title reading "NETFLIX IS NOW TRULY ISRAELI."

However, the article on Netflix dates back to 2017 and it was an announcement that the company has officially added a truly Israeli service and that it will start "using local language, currency and adding Israeli TV shows in addition to Netflix's critically-acclaimed original programming, now starting at ILS 29.9 per month."

Since the recent conflict with Israel, streaming service Netflix has not made any statement to show support for Israel nor it did post anything to condemn Israeli forces' attacks on the Gaza Strip.*

Si Netflix no ha manifestado su apoyo a Israel, si la afirmación está descontextualizada, ¿a qué viene la campaña en contra? Los motivos pueden ser diversos, pero el resultado es obvio. No se trata tanto de boicotear a Netflix sino de que tú creas estar boicoteando a Israel. Es una prueba de tu deseo convertido en acción. Lo paga Netflix, sí, pero tú has realizado un acto que implica adhesión a la causa. Mentalmente eres un combatiente aunque te enfrentes a un falso enemigo, a un enemigo imaginario.

Que las empresas se posicionen, lo parezca o se haga parecer así en un conflicto de esta naturaleza las convierte en objetivos. El boicot, obviamente, es la forma de replica a esos apoyos reales o aparentes. En el artículo de Albawaba se muestra la imagen del formulario que se ofrece a los usuarios cuando se dan de baja. Es el formulario online habitual del "explique los motivos" que toda empresa incluye para saber los problemas existentes. En "other" se ha escrito "Boycott Israel". Eso es lo que debe afirmar y sentir el que lo hace, que pasa a ser un activista, un combatiente en una guerra. Netflix es la excusa, como muestra el artículo. Es la posibilidad de que hagas algo, que te manifiestes.

La enorme ironía es que en 2022 miles de israelíes se dieron de baja de Netflix por la emisión de una película jordana, Farha (Darim J. Sallam 2021), que mostraba a los soldados israelíes como crueles asesinos. Curiosamente, nadie ha mencionado este suceso y a Netflix se le dan de baja por causas contrarias.

12/01/2022

La movilización solidaria tiene muchos factores, de racionales a empáticos. Israel va perdiendo batallas por la opinión mientras las gana en el campo. No sé si darse de baja de una cadena televisiva servirá de algo en la realidad y en el futuro de esa realidad, pero eso para algunos es lo de menos. Lo importante es la presencia y la reacción que provoca en cada caso.

Las guerras se dan en todos los escenarios posibles. Los medios son escenarios privilegiados para ganar la atención para la causa. Da igual que se manipule, ¿hay guerra limpia? Lo único importante es ganar es atención para la causa, hacer que la veas de la forma que te favorezca más.


* Sally Shakkour "'NETFLIX IS NOW TRULY ISRAELI': activists call to boycott Netflix" Albawaba 13/11/2023 https://www.albawaba.com/node/netflix-now-truly-israeli-activists-call-boycott-netflix-1541313




sábado, 6 de marzo de 2021

Objetivo: boicot a China

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La desaparición de Donald Trump de la Casa Blanca (no de la vida política norteamericana) no ha supuesto un descenso del sentimiento contra China, que se ha convertido en una verdadera obsesión mediática en continuo crecimiento. La lógica de esto, mucho me temo, es evitar que Biden pueda establecer cualquier tipo de puente para reducir las tensiones con China y seguir así una política que es cada vez más arisca. Se entiende que Biden debe recomponer la presencia norteamericana en el exterior, pero no se entiende que China forme parte de ese "exterior" susceptible de arreglo. Cada vez más, las líneas de ataques están más perfiladas y sus objetivos son más definidos, concluyendo con un futuro boicot o cerco a China.

La crisis en la que está inmerso Estados Unidos es de varios niveles, pero el más importante en estos momentos es la de "credibilidad". Son incontables los análisis que ven poco probable que Biden pueda restaurar las relaciones anteriores a Trump por un elemento evidente: Trump es la punta del iceberg. Y Europa, sobre todo, ha comprendido los límites de las relaciones ante el peligro de que aparezca un segundo Trump o un Trump por segunda vez, perspectiva todavía peor.


Una parte de los poderes fácticos norteamericanos veían con buenos ojos el trumpismo porque era una forma de recuperar el terreno perdido frente a China, convertida en la segunda potencia mundial. La gota que ha colmado el vaso es el manejo de la pandemia. Lejos de las paranoias absurdas sobre la fabricación del virus "chino" (no hay un experto creíble que lo sostenga) y la redirección de la inoperancia que ha superado el medio millón de muertos ha dejado de funcionar. La mantienen los grupos ultras que siguen pensando que Trump ganó y que los chinos crearon el virus para... no se sabe muy bien qué. Pero el hecho es que China gestionó la pandemia mejor que Estados Unidos. Le podemos echar la culpa a las tradiciones chinas, al comunismo o al arroz glutinoso, pero lo cierto es que así ha sido, Y esto escuece porque la teoría es que China se debía haber hundido como la Unión Soviética, rendirse en la carrera, pero lo cierto es que no es eso lo que ha ocurrido y la Historia no tiene marcha atrás, hay lo que hay.

A todos los países ricos les interesó deslocalizar sus empresas y producir en China, donde se tragaban la polución y hacían la mayor parte del trabajo duro. China aprovechó lo conseguido para avanzar como país y desarrollar tecnologías punteras en campos de investigación, entre ellos la Inteligencia Artificial, el desarrollo de las redes 5G, la telefonía, etc.



Antes de que llegara la pandemia, los Estados Unidos de Trump habían desarrollado unas feroces campañas contra China, esta vez centrada en la campaña contra el 5G y la compañía que lo desarrollaba, Huawei. Estados Unidos no quiere renunciar al control que tiene sobre las comunicaciones a través de las tecnológicas, que por cierto, le estallaron a Trump en pleno rostro. Se trataba de hundir a cada empresa china que tratara de seguir adelante con sus propias líneas de desarrollo. Los chinos pueden fabricar lo que queremos, pero no pueden fabricar lo que quieren ellos, es decir, no pueden tener una política comercial tal como la practican las empresas norteamericanas y del resto de Occidente.

Al ser competitiva en precios y calidad, muchos países han enlazado con China que, como otros, abren sus propios intereses. Las acusaciones son ya un clásico: los chinos lo copian todo y cualquier herramienta china está puesta al servicio del gobierno comunista de Pekín. La primera es una continuación del viejo principio —que ya se le aplicó a Japón— de una especie de congénita falta de imaginación, reservada a los occidentales. Se olvida que el desarrollo occidental se debe sobre todo a los descubrimientos chinos: la pólvora, la brújula, la tinta y la imprenta, a los que se podría añadir la seda. Estos inventos chinos fueron sacados con malas artes y puestos al servicio del colonialismo, ya que permitió los viajes primero y las conquista después, además del desarrollo comunicativo por la imprenta. Pero todo esto es agua pasada, por más que sea reinterpretada interesadamente cuando se dice que China "roba" porque son incapaces de inventar. Por otro lado, la fuga de cerebros desde Asia es constante, lo que permite a Estados Unidos (y otros países) creer en su potencial inventivo, confundido con el económico. No olvidemos cuál fue el destino, por ejemplo, de los "sabios" alemanes reciclados del nazismo a las fuerzas norteamericanas. Hoy Estados Unidos capta a los valores exteriores atrayendo con el poder económico el capital intelectual. Ningún reproche pues cada uno desarrolla su vida como puede, pero la idea de que todos copian lo que se hace en Estados Unidos es solo un mito autogestionado. Por eso las evidencias de superación de cualquier país son tal mal recibidas y necesitan de alguna "explicación" que la justifique, como ocurre con la cuestión del COVID-19. Hoy Estados Unidos hace un uso selectivo de la inmigración aceptando personas de aquellas áreas que le interesan, como ocurre con los matemáticos de la India o sus informáticos, por citar solo un ejemplo.



La segunda obsesión interesada contra China es la de que cualquier dispositivo que se tenga, de un teléfono a un ordenador pasando por un televisor, tienen línea directa con el gobierno chino, que se entera de lo que haces o dices. De los únicos que tenemos esta seguridad es precisamente de las grandes compañías tecnológicas norteamericanas que son precisamente las que nos "espían" y comercian con nuestros datos, como bien han denunciado las comisiones de la Unión Europea. Y además, como estamos viendo estos días, su fiscalidad es un atentado a la competencia y a la responsabilidad corporativas, es decir, sencillamente ganan y no cotizan desde paraísos fiscales o desde países que insolidariamente de dejan seducir, donde sitúan sus sedes. Todo esto es conocido y diario.



La noticia en primera línea de la CC vuelve a traer otro titular espectacular en donde "advierte" que la flota China ya es mayor que la norteamericana, algo sobre lo que, al parecer, deben pedirle opinión. El éxito de la estrategia de Trump consistió en intentar repetir con Rusia una falsa guerra fría. El tema es muy orwelliano, dividir el mundo en zonas de influencia que actúan como clientes permanentes. Trump lo dejó muy claro: el que quiera seguridad, que la pague. Creo conflictos por todo el mundo —de Oriente Medio al Mar de China, pasando por el Sahara—, ya fueran nuevos o intensificación de los viejos, de tal manera que todo el mundo reclamara la "protección" norteamericana y, especialmente, comprar ingentes cantidades de armas.

El crecimiento de la armada china forma parte de ese juego de provocar conflictos (la presencia constante de buques norteamericanos en la zona), hacer que el otro se arme y proclamar posteriormente la inseguridad. No es un método nuevo, y siempre es peligroso porque lleva a escaladas. Con Putin le ha funcionado y pudimos ver cómo chantajeo a Ucrania para mandarle protección en su conflicto ruso. Pero, como todos sabemos, estaba encantado con Putin y la política rusa porque necesitaba un "malo" controlado en sus películas. Pero con China es ya otra cosa. Porque es una potencia consolidada que, nos guste más o menos, está ahí y nadie obviamente le ha regalado nada. Pero cuestiona la primacía de Estados Unidos en campos que le hacen perder credibilidad (el fracaso de la respuesta a la pandemia ha sido por la pura obcecación de Trump, como se está viendo tras su salida) y sobre todo corre el riesgo de perder "clientes" aliados.

En este sentido, toda aportación china al conjunto es tratada directamente como "propaganda", cosa que no se puede aplicar a los mismos hechos cuando con realizados desde Washington. Si los chinos envían vacunas o mascarillas, es considerado sorprendentemente un "acto hostil", una bajeza mediática, un lavado de imagen.



Los medios norteamericanos han fijado una serie de posiciones sobre esta estrategia, que es la que se está desplegando a través también de un aliado principal, Reino Unido con Johnson como apoyo. La política de Reino Unido, obviamente parte de la cuestión de Hong-Kong, de gran complejidad, pero también alentada desde los antiguos colonizadores, que nunca han dejado de controlar la política de la isla. La jugada más evidente la tenemos en la oferta de traslado a Reino Unido de todos aquellos que quieran abandonar Hong-Kong, una jugada insólita en las relaciones internacionales y cuya finalidad no es otra que cubrir el vacío continental que provoca el Brexit, además de los ataques a China. Capital y capital humano permitirá a Reino Unido salvar su crisis interna y seguir jugando a su aventura colonial a distancia.

Desde Estados Unidos son dos los focos en los que se concentran.  Hong-Kong es evidentemente uno de ellos. El otro es la cuestión de los uigures y los derechos humanos. No deja de ser una curiosidad que se hayan centrado en esta cuestión teniendo en cuenta las políticas seguidas por Trump. En China hay 56 etnias, pero para Estados Unidos solo existen dos problemáticas: Tíbet y los musulmanes de la región Uigur. Se soslayan muchos problemas creados desde estados musulmanes limítrofes y la propagación del islamismo.

El otro foco de tensiones que parecen buscadas son las relaciones con la India, que pasan también por una relación complicada. Visto en su conjunto, parece que reinan demasiados conflictos en las fronteras chinas como para pensar que se trata de causalidad. Es sabido que un conflicto llama a otro porque supone aprovechamiento mediático, captando la atención, pero también porque divide los recursos. Los conflictos se le acumulan a China del Mar de Japón a la India.



La noticia de que China tiene una flota superior a la de Estados Unidos es llamativa e interesada. Es una llamado doble, a más inversión militar y a atacar la propia idea de defensa de China. Según esta teoría, China realiza una defensa agresiva, idea que parte de los conflictos creados con Japón y la cuestión enquistada de Taiwán.

La demonización de China solo consigue que China se sienta acosada y refuerce sus defensas porque lo que se percibe en su interior es precisamente un rechazo y un acoso. No dudo que haya un "orgullo chino" que tiene que ver con su poder, pero tampoco tengo dudas que es la presión exterior la que hace que se refuercen las defensas ante el sentido de amenazas. Si China se siente acosada en sus fronteras y en su interior, rodeada de desconfianza, si siente que hay apoyo exterior para los conflictos internos, China intensificará su política de defensa, lo que será visto desde el exterior como un crecimiento de la amenaza hacia el mundo.

Todo esto coincide precisamente con el desarrollo de China que se ha hecho siguiendo el modelo globalizador y de comercio propuesto por Occidente. Los problemas comerciales o de expansión se pueden resolver de muchas maneras, evidentemente. Pero es seguro que será difícil solucionar cualquiera porque, a mi modo de ver, no existe esa intención, sino, por el contrario, cercar a China, lo que podría ser entonces sí más peligroso.



Hay varías ofensiva en el horizonte. Mucho me temo que ya se han iniciado los movimientos para el boicot internacional a la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en China. Ya hay muchos artículos en la prensa norteamericana sobre esta cuestión, que se está sembrando. El riego, obviamente, es la corriente de noticias sobre China que buscan crear una corriente negativa hacia sus productos, personas y todo aquello que se pueda crear y amplificar.

Desde el punto de vista de la creación de corrientes y de la propaganda resulta interesante ver la formación de este periodo, señalando el peligro que se corre al crear estas situaciones. Si se quiere una mayor liberalización política de China, no es la mejor vía presionar, ya que lo único que se hace es elevar el nivel de las defensas. Lo único que se ha conseguido, por el contrario, es una mayor solidaridad interna ante los ataques exteriores que muchos no entienden y consideran una provocación.

Otro de los objetivos de la línea mediática es repetir cada día que el presidente Xi Jinping es cada día "más poderoso", intentado convertirlo en una especie de Gengis Khan al frente de una hordas bárbaras que han copiado la tecnología ajena y salen conquistar el mundo.



Por supuesto hay muchísimos problemas en China, la mayor parte de ellos la padecen los propios chinos. Pero lo que está muy claro es que las políticas desarrolladas desde Estados Unidos y Gran Bretaña, también por parte del amigo australiano, no solo no ayudan a una mejor convivencia planetaria y a solucionarlos sino que, por el contrario, son contraproducentes.

La CNN tenía el mismo día en sus páginas dos artículos, el primero de ellos era claramente en contra de China; el segundo era denunciando la situación del creciente racismo contra las personas de origen asiático. ¿Esperaban otra cosa si responsabilizan a China de todos los males, como se ha hecho con Trump?



¿No tiene más sentido sentarse a discutir y negociar? Pero parece que hay sectores económicos, industriales y militares que quieren seguir creciendo con políticas del miedo y el boicot, lo cual afectará a las políticas de alianzas en Europa, pero también en África y Latinoamérica.

Trump quería un mundo repartido con su admirado Putin, donde cada uno supiera sus zonas con claridad, crecer con el miedo. Parece que este plan no parece tan descabellado a los nuevos políticos en la Casa Blanca.



La política exterior china tiene que aprender mucho y no pensar que el poder económico lo es todo. La formulación de una Eurasia como zona geopolítica y económica es compleja y requiere medir cada paso, no aprovecharse de las crisis más de lo debido y que nadie se sienta desposeído o que está cayendo en manos de otros.

China falla en su comunicación. Tiene una obvia falta de práctica e innumerables errores; los vemos desde perspectivas de terceros que no siempre son sinceras. No es bueno que una generación crezca pensando que el resto de mundo es el enemigo al que hay que ganar, comprar y vender.



La época de Trump ha sido negativa, pero no se ha terminado. La crisis de la pandemia es demasiado importante y pocos van a aceptar que China, según nos decían ayer mismo, crezca al 6% cuando los demás entrar en recesión. Pero esto no es cuestión de China sino nuestra, de organizarnos de mejor forma.

Las relaciones internacionales en un mundo como el nuestro no pueden seguir estableciéndose con modelos de poder del XIX y de la posguerra mundial. No son válidos para solucionar conflictos, solo para intensificarlos. Hay que encontrar vías que posibiliten reformas y crecimiento sostenible y no llevar al límite bélico cualquier situación. La política internacional debe ser internacional y no una mera fachada de los intereses particulares. Desgraciadamente es esto último lo que tenemos. Ver a lo otros favorablemente si son "mercados" a los que vender y enemigos si pretenden vender en nuestro suelo no es una política adecuada. No importó a nadie la política de China cuando fabricaban para nosotros; ahora compiten y pasan a ser amenazas y todo se mira con lupa. Hay muchas cosas que corregir en la política china, especialmente para beneficio de los propios chinos. Pero esta hipocresía que vemos no es le mejor camino para solucionar nada, ni dentro ni fuera.












miércoles, 28 de octubre de 2020

El boicot a Francia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En el mar de ataques contra Macron y Francia que se está produciendo, en continuidad con lo expresado ayer en estas mismas páginas, el artículo publicado en Egyptian Streets, la publicación digital independiente egipcia, es una rara avis. No es fácil sustraerse al ambiente en países en donde se controlan las acciones ajenas y la coacción llega a ser parte de la vida. La gran mayoría de musulmanes rechazan el radicalismo religioso y la violencia, pero el problema se plantea en el terreno de la visibilidad y ahí los que ganan son los que más gritan.

No vamos a insistir en los razonamientos de ayer sobre la búsqueda de protagonismo de Erdogan y el fuerte incremento de las protestas en los países más vinculados con Turquía y lo que en La Vanguardia ya se llama el "islam político", un término bajo el que se ocultan los Hermanos Musulmanes, cuya base natural egipcia —su país de origen en los años 20— es innegable tanto en el país como en el exilio en países como Qatar, otro país partidario del boicot a Francia a través de sus productos.

En el diario egipcio, con el titular "Boycotting French Brands in Egypt is Stupid" y sin firma personal, solo con "Egyptian Streets" al frente, se analizan las razones contraproducentes del extendido boicot contra las marcas y empresas francesas que operan o venden en Francia. La "estupidez" se fundamenta en tres razones. La primera es de orden económico: boicoteando las marcas y empresas francesas se daña a la economía egipcia. Se analiza en este apartado el papel importante en empleo e inversiones de las empresas como Carrefour, Danone, etc. que tienen en Egipto inversiones millonarias y el daño a la economía y al empleo egipcio.

La "razón económica" no importa a los radicales, puesto que sus razones no lo son, al menos en superficie. Cuando Morsi llegó al poder de Egipto, pronto se produjo una "reorientación" de sectores económicos hacia empresas turcas, que se vieron favorecidas por "conexión ideológica" de los Hermanos en ambos países. No todo es "religioso" en esa oscura organización con lazo por todo el mundo. Son promotores de la llamada "economía islámica" que antepone el beneficio entre "hermanos" a favorecer a terceros, de la misma forma en que busca eliminar sectores de inversión al decretar que el dinero del buen musulmán debe estar claro en sectores que no estén "prohibidos" por la religión. De esta forma, los "bancos islámicos" captan el dinero de los piadosos, que pueden irse a la cama con la tranquilidad de que su banco vela por su inversión en el paraíso y no lo hace en sectores pecaminosos. Uno de los grandes errores de David Cameron fue intentar captar para la City este tipo de negocios, como tuvimos ocasión de tratar aquí en su momento. El mundo radical no es tan simple como se nos quiere hacer ver en ocasiones. Hay muchos negocios por detrás.

La segunda de las razones para la estupidez, señala la publicación es que es "un objetivo equivocado". El boicot va contra las empresas y productos, que son del ámbito privado. El argumento señala que las declaraciones han sido de Macron y no de las empresas privadas. No creo que funcione muy bien este argumento, pues un boicot de este tipo tiende a las grandes unidades, por un lado, como "Francia" u "Occidente", mientras que por otro necesita de rostros personales, como "Macron" o incluso empresas y productos, como la lista negra que hacen circular.

El negocio de la agitación no tiene una lógica consistente, sino que juega con las incongruencias. Pedir "lógica" a algo que busca lo contrario, la reacción pasional es pedir demasiado. No se buscan "razones", sino "objetivos". La ira se debe canalizar una vez que se provoca. Como señalábamos ayer, no solo se dirige contra "Francia", sino que aprovecha esa energía negativa para atacar muchos otros objetivos basándose en la ofuscación que provoca. No es la primera vez que ocurre que pagan justos por pecadores; por el contrario, suele ser la norma: si no puedo atentar contra Macron, que me pilla lejos, mato turistas, hago saltar por los aires locales de empresas o quemo productos franceses o de cualquier otro sitio en plena calle. La ira solo se transforma en algún tipo de violencia real o simbólica. El asesinato de Samuel Paty es, por el contrario, una forma precisa y con una víctima concreta, hasta el método tiene su carácter propio. En la mente del asesino era un acto de justicia, hasta en su forma ritual. Ahora toca la violencia expandida, simbólica y real, el boicot, la manifestación o nuevos atentados.

En este sentido, coincidente con lo que expresábamos ayer, el tercer motivo es el aumento del radicalismo y de la consiguiente islamofobia. El final del texto es sumamente claro: 

In a country like Egypt, where the Egyptian President has called on religious authorities to “purge religious discourse of extremism” and for a “religious revolution”, promoting the entirety of France as an enemy of Islam and French products and French people as naturally complicit is highly dangerous and fuels radicalisation.

On a number of social media posts by Egyptian media outlets, dozens of Facebook users have commented in support of Paty’s murderer, with some calling him a “martyr”. Others have likened Macron to the Devil.

These reactions not only promote radicalism, but also fuel Islamophobia: Islamophobes are able to point to these calls of boycott, to messages condemning Paty’s choice to show cartoons and say “see, we are right!”.

So what is the solution? That’s a complicated question and the answer will be even more complicated. But a solution will only start to crystallize when greater recognition is given to the real sources of tension. Simply boycotting France, as opposed to engaging and connecting with the French to tackle the issue of Islamophobia means no one wins.* 

La descripción de la situación es clara. Esto produce una espiral. Podría añadirse al primer párrafo, que las llamadas del presidente a la "renovación del discurso del islam", que periódicamente solicita al-Sisi a las instituciones religiosas, es desoído y en ocasiones se han creado fuertes tensiones entre las fuerzas recogidas en el ministerio de Dotaciones Religiosas, que controla las mezquitas oficiales y sus discursos de los viernes, y la Universidad de Al-Azhar, el centro teológico y fuerza doctrinal, que por ejemplo, condenó expresamente las caricaturas poco antes del asesinato de Samuel Paty. Precisamente, la clase de libertad de expresión que Paty ofreció se produce en el contexto de los juicios contra los autores de los crímenes contra la redacción de Charlie Hebdo, la revista satírica que publicó las caricaturas. Por ello, la fuerza de las condenas es anterior, reconociendo —como se señala en el texto— la figura del asesino como un "mártir" que ha reaccionado ante las denuncias de las instituciones religiosas y las fatuas condenatorias expresas contra el profesor, un hecho que trasciende el colegio gracias a las quejas de algunos padres de alumnos en el centro, que lo sacan a la luz  a través de chats y por sus círculos, llegando a oídos de grupos radicales que apuntan a la cabeza del profesor y hacen una difusión más amplia. Todo es, en el fondo, un llamado a que aparezca la mano vengadora, cuestión de tiempo. Finalmente, el asesino aparece, alguien radicalizado que ve el crimen como puerta al martirio, la prueba suprema.

En relación con esta cuestión leemos en La Vanguardia sobre la reacción de Arabia saudí:

Arabia Saudí se ha unido este martes con prudencia a la condena “de las caricaturas ofensivas del Profeta Mahoma o de cualquier otro profeta”, según un comunicado del Ministerio de Exteriores. Sin embargo, Riad mira a otra parte mientras algunos mandatarios musulmanes, como el turco Recep Tayyip Erdogan, llaman a boicotear los productos franceses.

Desde la tierra natal de Mahoma se rechaza también “todo acto terrorista, independientemente de su autor”, dice la nota, en alusión al reciente degollamiento del profesor de instituto francés Samuel Paty, por parte de un joven checheno fanatizado. Este, según la policía francesa, estaba en contacto con Idlib, el último reducto yihadista de Siria, bajo tutela turca.

Riad también pide “el fin de toda las prácticas y acciones que generen odio, violencia y extremismo”. Y aunque hay llamamientos en las redes saudíes al boicot de las marcas francesas, este no se han concretado en sus supermercados, a diferencia de lo que ha ocurrido puntualmente en otros países como Kuwait o Jordania, donde se han cubierto o retirado expositores.** 

Me llama la atención la forma del titular del artículo: "Arabia Saudí condena con prudencia las caricaturas de Mahoma". ¿Qué es una "condena prudente" en este contexto? Desde luego no es "prudente" en términos internos, la agitación social, sino quizá en términos exteriores, de cara a la situación internacional y a sus compromisos. Una vez más hay que diferenciar entre los mensajes que se mandan fuera y la forma en que se interpreta en clave interior. Como explicamos ayer, los gobiernos de los países árabes musulmanes no quieren hipotecar su autoridad exterior no jugarse sus relaciones exteriores, máxime cuando son los radicales los que les ponen en esta tesitura. La diferencia entre los exabruptos de Erdogan contra Macron le hacen ganar puntos ante sus radicales y los de otros países, lo que trata de hacer el gobierno saudí es no perderlos, que nadie pueda acusarlos (como harán) de ser indiferentes ante los "ataques e insultos" al profeta.

Como bien se señala en Egyptian Streets, lo que se trata es de establecer una espiral de "violencia, reacción condenatoria, nueva violencia". Los radicales necesitan de la islamofobia, para expresarlo con claridad, para poder justificar su discurso y erosionar la autoridad de muchos gobiernos que consideran "cómplices de Occidente", corruptos y poco islámicos. Erdogan lo sabe y promueve este tipo de reacciones, algo que ya ha sido condenado expresamente por las autoridades comunitarias que tendrán que frenarle con sanciones y plantándole cara en los múltiples desafíos que plantea, de Chipre a Libia, de Armenia a los kurdos.  

Ahram Online, el diario estatal egipcio, publica información de Reuters reproduciendo las palabras de uno de los líderes musulmanes franceses que rompen una lanza por la tolerancia sabedores que serán ellos los que paguen las consecuencias. La ley francesa permite la publicación de las caricaturas, señala, te gusten o no:

The head of the French Council for the Muslim Faith, Mohammed Moussaoui, reminded worshippers that such caricatures were allowed under French law.

"This same law doesn't force anyone to like them nor does it forbid anybody from hating them," he said in a statement.

Moussaoui suggested Muslims should follow the example of the Prophet Mohammad, who, according to Islamic tradition, simply ignored insults when a crowd once poked fun of him by calling him "Mudammam" - the ugly.

"Isn't it more in line with the prophet's example to ignore these caricatures and consider them as having no relation whatsoever with our prophet?," he said.*** 

La clave está precisamente en la tolerancia o, si se prefiere, en la indiferencia del hecho en sí. Pero difícilmente se va a aceptar la "tolerancia" francesa, cuando se condena la propia. Por eso el único camino es el de la democracia que reconozca el derecho de las personas a vivir dentro o fuera de una fe, algo que está en retroceso porque se esgrime precisamente el pensamiento único, la vida única, dentro de regímenes que se vuelven cada vez más controladores, un proceso que comenzó su radicalización tras la revolución iraní, como una reacción, y que se agudizó tras la Primavera árabe. Lo más reaccionario pasó al frente compitiendo en radicalidad. 

La reforma está en la forma de ver a los otros y a uno mismo. Es de nuevo una espiral, cuanto más intransigente se vuelve una sociedad, más intolerante se vuelve hacia los demás, a los que niega el derecho que ella misma no tiene. Una vez más, apoyar regímenes totalitario, teocráticos, dogmáticos o como se prefiera llamar, no trae más que conflictos presentes y futuros. Una espiral sin fin.

Francia no va a dejar de ser Francia y no debe dejar de serlo. Las pretensiones exteriores de países con bajos o nulos márgenes de libertad, como Arabia Saudí, o en retroceso veloz, como Turquía no van a ser atendidas. Como señalan, no debe haber "oscuridad" en el "país de las luces". La

* "Boycotting French Brands in Egypt is Stupid" Egyptian Streets 27/10/2020 https://egyptianstreets.com/2020/10/27/boycotting-french-brands-in-egypt-is-stupid/

* Jordi Joan Baños "Arabia Saudí condena con prudencia las caricaturas de Mahoma" La Vanguardia 27/10/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20201027/4947736440/arabia-saudi-erdogan-boicot-francia-caricaturas-mahoma.html

*** "French Muslim leader says Muslims should ignore controversial cartoons" Ahram Online / Reuters 27/10/2020 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/389336/World/International/French-Muslim-leader-says-Muslims-should-ignore-co.aspx



miércoles, 1 de julio de 2020

Facebook y el boicot a los discursos de odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El negocio de la mentira ha crecido demasiado. Bulos, rumores, "fakes", desinformación, etc. son términos relativos a las mentiras que circulan. Los tiempos que vivimos son de espacios virtuales y globales, pura información, en los que las mentiras están en su elemento y son rentables en diferentes términos de beneficios, de los políticos a los económicos. La mentira, además, es una moneda fácilmente difundida y muy rentable, ya que es barata de producir y sus efectos pueden ser devastadores en cualquier sector, desde los especulativos de la bolsa a la erosión de un líder político.
Su campo más eficaz es, lógicamente, allí donde la gente se reúne e intercambia información, las redes sociales. La posibilidad del anonimato, de esconderse en lo más profundo de la red oscura o al amparo de las fronteras de países que amablemente te alojan y protegen hace el resto para garantizar los buenos resultados.
Pero las mentiras son solo una parte. Por las redes circulas demasiados mensajes negativos, entre los que se encuentran los llamados "mensajes de odio". Los momentos que vivimos son especialmente peligrosos para este tipo de contenidos informativos cuya función es alimentar la discriminación y la violencia hacia grupos, países, personas, etc.


La idea de "mensajes de odio", en estos tiempos, puede no estar tan clara, teniendo en cuenta que se alienta la xenofobia institucionalmente o se retuitea desde la presidencia de los Estados Unidos un vídeo en el que se proclama la "supremacía blanca". Sin embargo, más allá de jueces y jurados, existe desde hace mucho tiempo un mecanismo más directo y rápido, el boicot.
Puede que las empresas tras la redes manifiesten que ellos no son responsables de lo que otros escriben, dicen o muestran, puede que haya alguna ley que les dé la razón, pero todo eso se desvanece ante el peso del boicot que no se basa en las leyes en sí sino en el poder del "ahí te quedas". Y eso es lo que le está pasando a Facebook, puesto en el ojo de huracán con los ríos revueltos de la división partidista norteamericana.
La Vanguardia nos explica lo que le están haciendo cada vez más grandes empresas entre sus anunciantes:

A pesar de los esfuerzos de Facebook por capear el temporal y convencer de que está haciendo lo posible por eliminar el discurso de odio, el boicot contra la compañía no deja de crecer.
Al menos un tercio de los anunciantes de la red social está considerando unirse a esa iniciativa. Este golpe sin precedentes lo ha desvelado una encuesta de la World Federation of Advertisers, cuyos miembros invierten cerca de 100.000 millones en anuncios.
Este sondeo indica que una tercera parte de los 58 principales anunciantes en Facebook están dispuestos a suspender sus campañas, mientras que otro 40% se lo está planteando.
El goteo de empresas no ha cesado desde la pasada semana. Día a día nuevos nombres se añaden. Microsoft, Ford o Adidas son de las últimas incorporaciones. Starbucks y Unilever gastan más de 30 millones al año en anuncios en esta plataforma.
Todas estas empresas han mostrado su solidaridad con el lema de “frenar el odio con fines de lucro”, surgido por las protestas contra el racismo provocada por la muerte de George Floyd.*


Cuanto más crezcan los discursos de odio, más débil será la postura de Facebook, que es el camino que recorren, la distribuidora involuntaria o, si se prefiere, por omisión de estos mensajes que surgen desde sus usuarios  o desde máquinas que les imitan.
La confirmación de que las redes sociales son ágora paralelo con nuestras dobles (o triples, etc.) identidades es que se han trasladado a ellas muchos conflictos, pero especialmente que muchos de esos conflictos se manifiestan con esta intensidad gracias a los privilegios que concede la virtualidad, especialmente dos, el anonimato y la multiplicación de la información mediante la difusión múltiple. Es decir, un usuario anónimo puede alcanzar a decenas de miles de personas en apenas unos instantes. Es demasiado bonito como para desaprovecharlo.
Lo que antes se mantenía en la sombra, en pequeñas reuniones en una vida doble en las comunidades, ahora se manifiesta en todo su potencial destructivo y corruptor expandiéndose sin límites, a la luz de las pantallas.
Y límites es lo que le piden a Facebook y a otras redes. Twitter salvó la cara al plantarse ante los mensajes embusteros o de odio del presidente Trump en su plataforma. La red favorita para lanzar al mundo lo que se le pasa por la cabeza presidencial, de insultos a amenazas pasando por insinuaciones infames, se curó en salud y ha sido aplaudida por la mayoría (mundial) y rechazada por aquellos que piensan que "la libertad es esto". Es curioso cómo los hijos de aquellos que impedían la entrada a los votantes negros a los colegios electorales, los sentaban en la parte trasera del autobús, etc. se han vuelto tan celosos de la "libertad", palabra que suena obscena en su boca. Son los mismos que toman las armas para ir a decir que no quieren ponerse mascarilla y salen después a insultar a quien la lleva.


Pero el problema de Facebook es de diversos órdenes. Los es, indudablemente de "voluntad". La compañía ha mantenido cierta ambigüedad y se le recrimina. Pero hay otros dos problemas, el de la definición de "odio" en sí, pero sobre todo el de su detección y eliminación ya sea mediante "revisores" o de forma automática. Las máquinas todavía no son muy buenas en eso de leer entrelíneas o de identificar metáforas contextuales, aunque avanzan mucho en este terreno. No deja de ser una ironía que los avances en inteligencia artificial en el campo de la comprensión lingüística se hagan a golpe de insultos, insinuaciones y metáforas hirientes.
La cadena del boicot va de los usuarios a las empresas y de estas a Facebook. No sabemos si va a funcionar el boicot. En cierto sentido, el que Facebook logre eliminar unos mensajes o cuentas no es lo más importante. El odio no cesa, solo los mensajes visibles en las redes. Es importante, sí, pero este odio lleva muchos siglos así, variando su protagonismo, pero sobreviviendo siempre, a la luz o a la sombra.


Muchas veces me vuelven los recuerdos de cuando a principio de los noventa éramos unos idealistas que veíamos en las redes una utopía ilustrada, la de la expansión y el compartir de la cultura, la de romper las barreras materiales y poder difundir todo aquello valioso que podía ser compartido.
Quizá sea el destino de los idealistas ser castigados viendo cómo siguen avanzado en paralelo lo mejor y lo peor. La utopía se convierte en distopía. El odio, la intransigencia, etc. son algo más que mensajes. Salen de nuestras mentes y aprovechan los menores resquicios, cualquier posibilidad de expresión. Por eso hay que educar en el rechazo al odio, en vez de tener cada uno los suyos. El odio se ha convertido en un poderoso motor de muchas maquinarias sociales. El interés de algunos no es erradicarlo, sino redirigirlo.
Ningún boicot arrancará el odio. Solo lo alejará de nuestra vista por algún tiempo. Está alojado en los corazones y mentes, en la educación familiar, en los libros de texto, en las películas o en los discursos presidenciales o de cualquier otro. El odio es el mismo, solo varía su influencia. 

* Francesc Peirón "Facebook trata de capear el boicot pero cada vez se suman más empresas" la vanguardia 1/07/2020 https://www.lavanguardia.com/economia/20200701/482040933701/facebook-boicot-empresas-publicidad.html