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jueves, 16 de marzo de 2023

La cita pícara

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los economistas los llaman "huecos" del mercado; otros hablan de "oportunidades" en el mismo sentido. Hay sociedades en la que los niños y niñas quieren ser algo cuando sean mayores, pero cuando llegan a cierto grado de ausencia de modelos, se trata de sobrevivir al día a día buscándose la vida. La vieja pregunta del "¿de mayor qué quieres ser?" ha pasado a la historia, sustituida por el "¿qué harás mañana?". Las respuestas pueden ir del encogimiento de hombros a los visionarios que están tratando de hacerse con algún método innovador de supervivencia, algún tipo de pelotazo que les permita sobrevivir.

En RTVE.es nos hablan de una nueva forma de negocio, la reventa de citas de la Seguridad Social, un tipo de picaresca moderna innovadora. Nos cuentan que

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, ha asegurado este miércoles, en el Pleno del Congreso, que su cartera está reforzando los controles para evitar la reventa de citas en los servicios de la Seguridad Social.

"Un 1% de todas las citas hemos detectado que se hacen desde robots. Estamos bloqueando las IP de esas instancias que están haciendo un uso espurio de las IP. Estamos dificultando la identificación para que los robots no se nos metan en el sistema", ha respondido el ministro a las acusaciones de reventa de citas de la diputada 'popular' Alicia García.*


Ese "1%" de peticiones realizada de forma "tecnológica", con "bots" aseguran que España va en el buen camino de la innovación. Nuestra literatura ha distorsionado la imagen del pícaro acercándola a la tradición, cuando debería situarla en el "emprendimiento" y, como vemos, en la "innovación".

Sí, deberíamos aceptar, ese "de mayor quiero ser pícaro". Pero el pícaro de hoy ya no es Lázaro de Tormes. Encuadra una amplia gama que va del que vive de no trabajar, al que se lo plantea como un nuevo y próspero negocio en donde se aprovecha de las innovaciones tecnológicas para crear sólidos negocios en la sombra aprovechando esos huecos y necesidades del mercado, es decir, lo que las instituciones dejan al descubierto y las empresas no pueden abordar sin riesgos.

El pícaro moderno es una forma de "emprendedor", palabra que encierra muchos significados, quizá demasiados.

Que hayamos trasladado el negocio de la reventa de los toros, fútbol, musicales, etc. a la reventa de la citas de la Seguridad Social nos da cuenta del enorme talento y conocimiento que se desperdicia en un país donde la patronal de hostelería, según nos dicen hoy los medios, rechaza que las malas condiciones laborales sean las responsables de la dificultad de encontrar camareros. Esta patronal es la máxima responsable (¡qué ingratos somos!) del fomento del emprendimientos, de las ganas de viajar y ver mundo y de apuntarse a cursos de todo tipo para evitar sus bajos sueldos, horarios interminables, festivos trabajando y contratos —cuando los hay— de una inestabilidad digna de especulación metafísica.

La picaresca ya no se basa en la verborrea, en la capacidad de vender la moto, sino que ha entrado en el mundo tecnológico y con una buena causa, evitar el dolor, incluso la muerte, a todos aquellos que se pueden permitir pagarlo. ¡Se acabaron las esperas interminables! ¡Por fin se agilizan las visitas a la Seguridad Social! Eso 10 o 15 minutos en que te atienden te pueden salvar la vida, aunque también producir algún error médico. Por lo menos, esas personas que no se presentaban —quizá por olvido, quizá por fallecimiento— a las citas, nos dicen, ha descendido: "Además, entre los avances citados por el titular de la Seguridad Social también está la mejora de la asistencia a esas citas, ya que antes se ausentaban "uno de cada cuatro ciudadanos y ahora acuden casi todos"."

ABC
El pícaro emprendedor tiene ese efecto beneficioso como dinamizador de las citas, redefine el concepto de "urgencia", regulado por el mercado, y alienta el desarrollo de la tecnología aplicada. Ya no es aquel tipo vergonzante que recuerdo en las inmediaciones de la Plaza de Toros de Las Ventas, frente a mi antigua casa familiar, ofreciendo en un susurro discreto las buenas entradas de barrera, "los mejores asientos". Ahora utiliza, como dice el ministro, esos "bots" que agilizan su tarea y dan una sólida base a su negocio pícaro.

La picaresca moderna aprovecha la lentitud, los fallos, la robotización de nuestras administraciones, la insuficiencia de recursos atencionales, la incapacidad de atender, etc. para atender los casos conforme a la lógica de la oferta y la demanda.

Telemadrid

No debe tener dudas el señor ministro que el pícaro encontrará una nueva forma de burlar sus defensas, porque sabe que cuanto más dinero se invierta en defenderse de él, menos recursos habrá para atender y se acumularán las demandas de citas previas.

En una España que envejece, en la que faltan recursos ante el aumento de enfermedades crónicas, de achaques múltiples, con servicios a la baja por falta de presupuesto y de atención, el pícaro sobrevive e incluso sobrevive bien en su vertiente emprendedora.

Algunos viven del éxito, del buen funcionamiento; otro, en cambio, viven del río revuelto, del mal funcionamiento, de las tardanzas. Si les preguntas, te dirán que no comprendes que ellos satisfacen las necesidades del mercado enfermos dándoles la oportunidad de llegar vivos a su cita, que gracias a ellos se ha reducido el número de personas que no acuden cuando tenían programado, aunque el ministro no lo reconozca. 

Dirán, en fin, que los "pícaros" de hoy son los que tienen un millón en el banco y solicitan el bono social de los 192 euros para la calefacción. 

* "La Seguridad Social está reforzando los controles para evitar la reventa de citas: un 1% se hacen desde robots" RTVE.es 15/03/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230315/escriva-medidas-reventa-citas-seguridad-social-espana/2431774.shtml

miércoles, 26 de octubre de 2022

El chico que se saltaba los semáforos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De toda la fauna que España ha producido en las últimas décadas, la figura del "pequeño Nicolás" merece ser estudiada con cierto detenimiento, especialmente porque es un producto nacional que se ha ido desarrollando a falta de cosas mejores. Hace unos cuantos años España volvió a sus raíces picarescas, son figuras que van del "Dioni" a los comisionistas de "pa' la saca". España, hay que reconocerlo, produce pocos genios y muchos "listos" que es la categoría que más nos va y de la que dieron cuentas plumas anónimas como la que los reflejó en El Lazarillo de Tormes o firmas emblemáticas como la de Cervantes. ¡Qué se le va a hacer! Otros producen otras cosas, nosotros estos especímenes de la supervivencia social, del mangoneo, el escaqueo y muchas otras palabras de este tenor, que son el verdadero arte nacional. Creíamos que esto se había acabado y que se nos pegaría algo de turistas alemanes y nórdicos, pero ¡qué va! solo nos salieron nuevos dientes retorcidillos y algunos se especializaron en determinados campos como otros lo hacen en la Medicina.

"El pequeño Nicolás" es el futuro, por edad y rendimiento, desgraciadamente. Nos creímos que con quitar la "mili" ya estaba hecho todo, pero el desengaño llegó pronto. Aquí la Policía nos regala un espécimen como el Comisario Villarejo, un hermano mayor de todos estos, que son primos de alguien, amigos interesados de las personas influyentes, a los que les gusta esta adulación. Necesitamos nuevos escritores que den cuenta de estos personajes porque son en los que muchos se ven reflejados.

Aquí, los mejores —como siempre— se van, emigran, mientras que los "listillos" se quedan a hacer su agosto y después a contarlo, que si no —como Don Juan— no tiene gracia. Afortunadamente ese contarlo les suele traer disgustos.

El pequeño Nicolás reaparece a lo grande, de nuevo en titulares. Y es que la Justicia en este país es una alfombra roja eterna, por la que no se deja de desfilar, una y otra vez. ¿Cuándo vamos a tener una Justicia ágil? Pero, bien pensado, ¿para qué necesidad hay si lo que prima es el espectáculo, la ejemplaridad de lo poco o nada ejemplar?

En el diario ABC nos recuerdan algunas de las andanzas del Pequeño Nicolás, un apodo que hizo fortuna, y se le sigue aplicando pese a que los años pasan, aunque no por él, fosilizado en esa figura de rizos, esa medio papadita que le dan un aspecto único y muy convincente. Nos cuentan:

Los hechos se remontan a 2014, cuando el Pequeño Nicolás, que entonces tenía 20 años, habría intentado estafar al empresario Javier Martínez de la Hidalga en la venta de la finca toledana La Alamedilla. Según la Fiscalía, el joven se presentó al empresario como miembro del equipo de la entonces vicepresidenta Soraya Sáez de Santa María y del CNI para ofrecerse a intermediar en la operación a cambio de 300.000 euros.

Incluso utilizó material falso de distintas instituciones del Estado, como membretes de la Presidencia del Gobierno, de la Casa Real y del propio CNI elaborados por él mismo, además de distintivos policiales falsos y coches alquilados de alta gama para que parecieran oficiales.

Coches con chófer

La defensa del joven ha pedido en las cuestiones previas al juicio que el acusado pueda declarar el último, por lo que la sesión ha empezado con la comparecencia como testigos de hasta 11 policías. El primero de ellos ha explicado cómo identificaron al Pequeño Nicolás. Los agentes comprobaron que se desplazaba en coches alquilados con chófer, en los que usaba luces falsas como las de los vehículos oficiales de escolta: «Y además, se saltaba los semáforos», ha añadido el primer testigo policial.

Los agentes han explicado que advirtieron al empresario presuntamente estafado y que éste reconoció que ya había empezado a sospechar de Francisco Nicolás. También han recordado la documentación falsa que le intervinieron cuando fue detenido y que el joven preparaba en una tienda de la cadena de copisterías Work Center.

Además, el primer agente en testificar ha detallado que fue Presidencia del Gobierno la que avisó por escrito al de Ministerio del Interior, que puso el caso en conocimiento de la Dirección Adjunta Operativa (DAO) de la Policía, cuyo departamento de Asuntos Internos inició entonces la investigación que terminó con la detención del acusado.* 

De todo esto, lo que más me sorprende e interesa es esa capacidad casi mágica para hacer creer a los demás en las ilusiones que fabricaba. Es decir, cómo alguien al que llaman "el pequeño Nicolás" es capaz de dar el pego de esa manera. Pero la base del timo es encontrar alguien más idiota que tú, mejorando lo presente. Por muchas obras que se escriban, por muchas películas que se filmen, el hecho es que no aprendemos. El timo a la española tiene su técnica, su método, su tempo.

De todos los detalles con los que el veinteañero sorprendía a los demás me parece absolutamente revelador el del saltarse los semáforos. En otros ámbitos europeos, se hubiera hecho lo contrario, tratar de mantener discreción, no llamar la atención, mostrarse más respetuoso que nadie con las normas. Pero el pequeño Nicolás iba —seguramente sin haber leído a Michel Foucault— a establecer que lo que es más admirable del poder es saltarse sus propias reglas, en este caso, representadas por el semáforo.

La visión del pequeño Nicolás —y le funcionaba— no es la del que ha estudiado Políticas o Sociología. Es picaresca pura y dura, orwelliana rural, sacada del imaginario popular. Para el pequeño Nicolás el poder era un montón de papeles con membretes y sellos y poderse saltar los semáforos. ¡Para qué la teoría política! ¡Hay que ir directamente al imaginario agrario hispánico subyacente!

Dicen que cuando veía que dudaban cogía el teléfono y decía cosas como "¿Sí..., Soraya?", y que le abrían las puertas del vehículo. Coches de alta gama, luces y saltos de semáforos, con chófer que te abre la puerta al llegar, todos signos de poder. Salir corriendo con el teléfono en la mano porque "Soraya" te espera para tomar el aperitivo mientras discutes con ella las grandes operaciones del gobierno. Puro teatro, pero ¿qué es la política sino puro teatro, traducción del poder a signos visibles, como los señalados?

No puede dejar uno la perplejidad que produce el historial:

El Pequeño Nicolás, actualmente en libertad, ya fue condenado el año pasado por otros dos asuntos similares, como el viaje que realizó a Ribadeo (Galicia) también en 2014 haciéndose pasar por un enlace del Gobierno y la Casa Real y por falsificar un DNI para que un amigo se presentara por él a la Selectividad hace diez años. Sin embargo, fue absuelto en una cuarta causa por calumnias e injurias al CNI.

A su llegada a la Audiencia madrileña, el joven se ha mostrado «tranquilo» y se ha quejado de que este asunto está «durando mucho». A la salida, de nuevo ante los medios, aseguraba que está «contento» de que la primera sesión haya transcurrido «según lo previsto». Preguntado si se considera inocente, ha respondido con un «sí, por supuesto». Su abogado ha avanzado que en la segunda sesión aducirá el «trastorno de personalidad» del Pequeño Nicolás que ya recoge su condena de 2021 por la visita a Ribadeo.* 

Ese pasar de la "Casa Real" a falsificar el DNI para la selectividad es digno de su biografía picaresca. No tengo la más mínima admiración por un personaje como este, porque supongo que tendrá ya muchos admiradores, que tendrá cola editorial para publicar sus memorias o que habrá inspirado relatos de todo tipo. Si viviera en otro país, ya tendría representante en vez de solo abogado. Pero está aquí, entre nosotros.

No es ya un "hijo del subdesarrollo", sino de la siguiente, la del siglo XXI en el que ha realizado su carrera de fingimiento y osadía, de desparpajo y desvergüenza. Tony Leblanc ya no podrá componer un personaje con él porque no lleva boina, sino rizos al viento con un aparente descuido, pero que es su forma capilar de fingir un origen nobiliario. Los rizos visten, decoran y dan una pátina de sangre azul tirando a moderna.

Llegando casi a los treinta años, el pequeño Nicolás sigue igual de "pequeño" e igual de "Nicolás". En Estados Unidos hubiera sido en unos pocos años vicepresidente y sucesor de Donald Trump. El diagnóstico que le hicieron —trastorno de la personalidad— y que le sirvió como atenuante y librarse de unos cuantos meses de cárcel coincide con el de Trump; son como dos gotas de agua, narcisistas e histriónicos, no sabemos hasta qué punto se creen sus mentiras. ¡Allí si que se hubiera saltado semáforos!

Me preocupa, como digo, que el personaje tenga continuidad a través de esos imitadores que ven en él la esencia hispana, el pasado, presente y (peor) futuro. Podemos tomarnos al pequeño Nicolás con humor, pero nunca a broma. 

* Jorge Navas "El Pequeño Nicolás «se saltaba los semáforos» y «preguntaba por Soraya» para simular que era del Gobierno y del CNI" ABC  25/10/2022 https://www.abc.es/espana/policia-sobre-falsos-coches-oficiales-pequeno-nicolas-20221025121221-nt.html

jueves, 23 de octubre de 2014

Historia de N

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me he resistido a escribir sobre ese personaje al que llaman el "pequeño Nicolás", el "Zar Nicolás", "Nicolás I, el Omnipresente", el "okupa pijo" y otras formas en duelos de ingenio. Lo he hecho porque consideraba más interesante que el personaje mismo la fascinación que crea, que le ha llevado a ocupar día tras día la primera página de los periódicos digitales (el papel es otra cosa), ser la comidilla en conversaciones y "tendencia" en las redes sociales. Nosotros vamos a desposeerlo de títulos y vamos a llamarlo simplemente "N". Nueve de las diez noticias más leídas en la edición de El Mundo de hoy se refieren a él.
En el clima de corrupciones, corruptelas y malas prácticas que vivimos, con secciones enteras que nos hablan contantemente de "imputados", "procesados" o simplemente "despellejados" y "vilipendiados", "N" ha surgido como un personaje que permite el contraste con todos ellos y muestra, además, la inutilidad de los discursos regeneradores: la "casta" tiene relevo. The Next Generation está aquí. El futuro no está en la coleta sino en la melenita pilarista y la gomina para actos oficiales.

Los veinte años  de "N" y su largo historial, plasmado en innumerables fotografías —"no eres nadie si no tienes una foto con él", según afirman los más irónicos— permiten la aplicación del humor más allá de la indignación que suscitan otros casos parecidos, en los que no se hubieran empleado los mismos mecanismos retóricos que se utilizan para sancionar conductas similares. Con "N" ocurre algo parecido a lo sucedido —salvando todas las distancias intencionales— con el caso del "Ecce Homo", pifia colosal en el país del Arte. Puede que necesitemos de este tipo de personajes para descargar frustración e impotencia. También el caso del desastre restaurador se convirtió en emblema de un fracaso resuelto con humor y fascinación.
Mientras en los Estados Unidos se preguntan cómo se puede uno colar con tanta facilidad en la Casa Blanca, aquí nos quedamos perplejos ante "N", que desde su primera juventud ya se codeaba con la flor y nata del país, llegando hasta su consagración definitiva con estrechar la mano al Rey en una recepción selecta por la que muchos se hubieran dejado cortar la otra mano.


La sorpresa de la juez, plasmada en su escrito, porque alguien solo con su labia pudiera llegar a convencer a la gente de la sarta de embustes que contaba, demuestra que la jueza sabe mucho de leyes pero poco de la naturaleza humana. La fascinación por "N" proviene precisamente de esa capacidad natural para convencer de la que algunos están dotados, un instinto para detectar la credulidad, una templanza para mantener lo dicho con mirada angelical y una frialdad resolutiva solo posible tras mucha práctica o, como decimos, por dotes innatas. "N" divierte, admira y asusta. ¿Hasta dónde hubiera podido llegar si no salta a la fama su caso? Es un "mini yo" dispuesto a sustituir al Doctor Maligno en cuanto que se descuide.
Tiene un poco de Stendhal y un mucho de Berlanga, pintor realista de nuestras impudicias. ¿No formaría parte este episodio de La escopeta nacional sin violencia narrativa alguna? ¿No tendría su spin off a petición del público?

La pasión creativa que ha desatado, haciendo que se dispare la imaginación insertándolo en todo tipo de escenarios mediante trucaje, es la forma de escribirle un futuro que probablemente ya no sea posible. Los quince minutos de gloria de "N" se han agotado. Pero solo los de la primera temporada. Ante el éxito de su temporada inicial, con un final espectacular que le ha llevado a estar en boca de todos, el regreso tras el paréntesis judicial se promete espectacular. Todo esto no es más que la preparación o construcción mediática de un personaje más en nuestro zoo nacional, muestrario de nuestras perversiones y carencias para deleite sádico o masoquista, según los casos, del que mira.
La misma pregunta que se hizo la juez se la han hecho otros que no ven a "N" como un vicio sino como un diamante en bruto al que hay que aprovechar y exprimir, ya sea por su experiencia o por su genética.


"N" permite el humor, como el Ecce Homo. También reírnos de todos aquellos que se han visto burlados. Con cada una de esas fotos, con cada una de sus historias, "N" ha dejado al descubierto que cualquier tonto puede codearse con los más listos, que el más parlanchín puede convencer a los más marrulleros. "N" es el discurso sin fundamento contra el fundamentalismo del discurso, que es lo que padecemos en este mundo verborreico.
"Yo soy yo y mis fotos", diría un neo orteguiano de los medios. Si "N" se hubiera limitado a la palabra no habría llegado tan lejos. Pero cada foto es un apuntalamiento de esa personalidad construida por contacto, por proximidad, por estrechamiento de manos, por reverencias protocolarias, por saludo afectuoso.

Algunos se han planteado si es un pícaro o si es un enfermo mitómano. Pero, ¿qué importa? ¿No es eso lo que nos preguntamos de muchos otros? Para otros, en cambio, la pregunta es otra: ¿y si no mintiera? Para ellos "N" no es una caricatura, un accidente humorístico de esta España que se disuelve, sino que se hace de él una lectura literal en la que no está donde no debe, sino allí donde le corresponde. No es un extraño sino un adelantado, alguien que empezó pronto.
Me imagino que más de uno estará respirando aliviado ante la perspectiva de que este Billy the Kid de la política cuché, del chalaneo pseudoempresarial, un conseguidor nato, un mediador entre los que no conoces y él tampoco, haya quedado al descubierto. Quizá ya hubiera conseguido alguna promesa de nombramiento o estuvieran pensando en ofrecer algo a un muchacho tan bien relacionado.
Con "N" han fallado todos los protocolos. Suponemos que funcionan o han funcionado alguna vez. En la política española es difícil pensar que han servido de algo. El futuro se le bifurcado a "N" dejando en un carril la promesa de grandes éxitos, al menos en el campo que él había elegido, quizá con toda sabiduría, dado los resultados conseguidos en tan poco tiempo.
"N" es también —y sobre todo— un aviso. Nos advierte que es fácil llegar a lugares claves en los que pronto empiezan a caer regalos, tarjetas opacas, mediaciones y mordidas. Nos avisa de que muchos consideran parte de nuestra vida esos comportamientos y que si lo ven en los mayores ¿por qué extrañarse de verlo en jóvenes emprendedores de la estafa? Se empieza así y acabas con una fortuna en Andorra, Suiza, Liechtenstein o las Caimán; se empieza así y acabas controlando la ITV o negociando la implantación de casinos en tu comunidad. Un sinfín de posibilidades se abren para que los jóvenes, bien iluminados por sus mayores, lleguen muy lejos.

Allí donde los inteligentes tienen que emigrar, los listos se quedan. Las oportunidades de negocio con los tontos siempre son inmensas. Nos reímos, pero —como en las películas de extraterrestres— hay miles de ellos entre nosotros. Están aquí.