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domingo, 18 de octubre de 2015

El voto islamista en las elecciones egipcias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hoy están votando en Egipto. Al menos una parte del país lo está haciendo. No se esperan muchas sorpresas, desde luego, pero el máximo interés —visto desde fuera— es el comportamiento del voto islamista. La expulsión de la vida política de la Hermandad Musulmana ha dejado en manos del Partido Al-Nour, los salafistas, la posibilidad de un voto radical islamista.
Ha habido polémicas sobre si, con la ley en la mano, el partido salafista debía concurrir a las elecciones ya que la constitución lo prohíbe expresamente, pero dar salida al voto islamista, a corto plazo, evita problemas. No estoy tan seguro de si lo hará a medio y largo plazo, ya que la situación de Egipto no tiene un arreglo inmediato y menos en un marco democrático. El problema con los islamistas no es sencillo. La democracia para ellos es simplemente un camino para la islamización de la sociedad. ¿Qué se quiere decir con esto? Fundamentalmente el reconocimiento de que no existe distinción entre lo político y lo religioso, que todo se rige por los mandatos coránicos y, en el caso del radicalismo salafista, por la aspiración de repetir la época dorada de los primeros momentos del islam. El Estado Islámico es de orientación salafista.
El apoyo salafista al golpe de estado es una jugada de astucia. No solo no los mandó al exilio sino que fortaleció su posición social al servir de coartada para el gobierno, que se pudo focalizar en la Hermandad Musulmana, considerándolo como un grupo terrorista, extranjero y que formaba parte de un complot para destruir Egipto. Esto sonaría a broma en cualquier otro lugar, pero no en Egipto.
En septiembre, Mada Masr se hacía eco de las declaraciones de un funcionario de seguridad y señalaba lo siguiente:

A National Security official who took part in the investigation of former President Mohamed Morsi’s espionage case has claimed that the Muslim Brotherhood is a masonic group that aims to bring a new religion into Egypt, state-owned Al-Ahram reported.
In his testimony on Monday, Adel Azab, head of the National Security’s extremist activity investigations department, supported his allegations by saying that Hassan al-Banna is not the group founder’s real name, and that no one in Banna's family has that surname. He added that Banna's father is a Moroccan Jew who relocated to Egypt.
Morsi, along with 10 other members of the Muslim Brotherhood, is facing charges of leaking sensitive intelligence reports and military information to Qatari authorities.
Azab added that Morsi had pledged to hand over a part of Sinai to Palestine's Hamas, in return for the group attacking the Egyptian military. He also claimed that Morsi had given orders not to search certain cars coming in from Gaza through the Rafah crossing.
In addition, Morsi released and pardoned several terrorist and criminal groups in order to use them as militias to protect the Brotherhood while they were in power, Azab said. He added that the ousted Islamist president granted Hamas members Egyptian citizenship.
To add to Morsi's laundry list of alleged crimes, Azab claimed that the former president removed certain names from no-fly lists and pressured security forces not to disperse the Muslim Brotherhood sit-ins in front of the Constitutional Court and the Egyptian Media Production City. Morsi also purposely broadcasted the secret meeting held on the Grand Ethiopian Renaissiance Dam “to weaken Egypt’s position when it comes to negotiations in this matter,” Azab said.
The National Security official’s testimony also covered the contentious events of the Rabea al-Adaweya sit-in, with Azab claiming that Morsi called on his supporters to hold the sit-in in order to instigate a civil war.*


Ni a Ian Fleming y John Le Carré juntos se les habría ocurrido un argumento similar, pero como decimos de vez en cuando, nada es sencillo en Egipto. Puesto a construir un archienemigo, ¿por qué no hacer que el fundador fuera hijo de un judío marroquí y, por supuesto, masón, empeñado en la destrucción de Egipto y la implantación de una nueva religión? Recordemos que en el peculiar imaginario egipcio, Marruecos es la tierra de la brujería, de la magia negra, como salió a la luz con el contencioso de los medios de egipcios insultando a Marruecos (dimos cuenta de ello aquí hace algún tiempo). Esto en cuanto al fundador, pero con los seguidores no mejora la cosa, como se ve en las acusaciones contra Morsi y los suyos. Las conspiraciones con Hamás contra el Ejército egipcio, el grupo palestino equivalente a los Hermanos Musulmanes, se ponen también sobre la mesa. Pero el remate final es interesante: la concesión de la nacionalidad egipcia. ¿Es posible mayor traición? Se apela así a ese peculiar sentido de la nacionalidad egipcia.
Lo que pueda ser verdad o mera excusa para el enterramiento político de la Hermandad, lo dirán los investigadores en el futuro si es que es posible poner en orden histórico todo este galimatías en el que se entremezclan todo tipo de datos. Morsi cometió suficientes errores y bellaquerías autoritarias como para no necesitar mucho más para pedir su dimisión y convocar nuevas elecciones, pero su soberbia y falta de inteligencia no le permitió ver la que se le venía encima. Puso al Ejército en bandeja la intervención ante el temor de una guerra civil. Todavía se sigue esgrimiendo este miedo desde los medios de comunicación afectos al régimen cuando apuntan hacia Libia y Siria para hacer ver cuál sería el destino de Egipto si la mano del general Abdel Fatah al-Sisi no hubiera intervenido en la Historia.


Los salafistas se han beneficiado de todo esto. Los islamistas son astutos y no tienen prisa. Cuando se tiene el convencimiento de la victoria final sobre los infieles porque así te lo han revelado, se trata de buscar los caminos más fáciles para hacerlo.
El 15 de octubre Ahram Online publicó un muy interesante artículo sobre los movimientos salafistas, su origen y diferencias, firmado por el especialista en movimientos islámicos Ali Bakr, con el título "Egypt's Salafists: A closer look"**. En él, Bakr señala los orígenes modernos del salafismo, en el periodo de principios del siglo XX, época en la que también surgió la Hermandad Musulmana. Todos estos movimientos surgieron dentro del llamado "renacimiento musulmán", que afectó a diferentes países, entonces colonias, para recuperar unas raíces que veían desviadas por la influencia occidental. Bakr repasa las dos corrientes principales, la "escolar" y la "política", con sus diferencias dentro de cada una de ellas. Todas tienen como objetivo la creación de una sociedad exclusivamente islámica, regida por las leyes divinas. Para ello deben eliminar el "desviacionismo" y las influencias exteriores. Hay grupos "yihadistas" que han adoptado la ideología salafistas, sostiene Bakr, y no tanto al contrario. El Estado islámico, por ejemplo, mantiene una ideología salafista. No se puede considerar, desde luego, que sea un grupo pacífico en su forma de actuar. También la constitución de partidos políticos es una diferencia entre los grupos. Algunos rechazan la "política" como tal, ya que no hay más que una: la que marca el Corán como forma de vida. Los partidos, la democracia, etc. son formas "occidentales" y solo traen división, mientras que su objetivo es la unificación de todos bajo la ley y el seguimiento del que mejor la haga cumplir; es e será el líder respetado contra el que está prohibido levantarse. No hay más opciones.


Desde esta perspectiva última, se entiende por qué no todos los grupos salafistas existentes han participado en las elecciones y han acusado a los que sí lo han hecho. El Daily Independent Egypt ha establecido las diferencias entre las llamadas al boicot y las llamadas a la participación:

A number of parties and individuals affiliated with the outlawed Muslim Brotherhood called for boycotting the parliamentary elections, claiming it is only a sham. Brotherhood figures have been issuing fatwas that participation is religiously forbidden and campaigning against Al-Nour Party for its decision to participate. On the other hand, the Salafist Call, which is the religious arm of Al-Nour Party, believes that participation is the right of citizens.
[...] Fugitive Islamic scholar, Wagdy Ghoneim, also described participation in parliamentary elections as religiously forbidden. Ghoniem said that a fatwa issued by the so-called “Association of Muslim Scholars” affirmed his position. On a TV show broadcasted in Turkey, he attacked the Salafist Al-Nour Party, considering them traitors.
Leader of Ghad Al-Thawra Party, Ayman Nour,  as well as Tarek Al-Zumar, called on Muslim Brotherhood members to boycott parliamentary elections.
In a statement, a number of figures affiliated to the Brotherhood called on Egyptians to boycott parliamentary elections saying: “The people must know that freedom isn’t granted, but rather seized, and free people do not get suppressed but they revolt. Rights will not be lost as long as we demand them.”
[...] An association affiliated to the Brotherhood abroad, called “The Muslim Clerics Association Abroad”, also issued a fatwa that participating in elections is religiously forbidden.
A statement also claimed that those who take part in elections are sinners, and that Al-Nour Party candidature is false, describing Al-Nour Party as ‘not related to religion’.***


Se apela a los elementos religiosos para el boicot. Tanto la Hermandad como los salafistas extremos tratan de restar legitimidad a las elecciones fomentando la baja participación. Teniendo en cuenta que los datos existentes hablan de baja motivación hacia el voto, lo más fácil es apuntarse a la abstención como "partido" propio. El desengaño de la gente, la desgana de la que hemos hablado estos días se puede volver contra el gobierno, que hace una llamada constante al voto. Si la participación es muy baja, se recrudecerán los ataques porque el gobierno habrá dado muestras de poco poder de convocatoria. Especialmente beligerantes con el voto, como es lógico, la Hermandad Musulmana y sus próximos, los más interesados en el fracaso. El final de la hoja de ruta establece una nueva legitimidad que a la Hermandad no le interesa. Si la participación es baja, Morsi y la Hermandad seguirán reivindicándose.


Llamar "pecadores" a los votantes es una forma clara de entremezclar las cosas, que es su principal baza islamista. Pero no todos han jugado esa baza. Los salafistas que van a las urnas sacaron anteriormente un 25% de los votos depositados. Se han concentrado en sus bastiones, principalmente Alejandría. Si obtienen un buen resultado —y su electorado debería ser medianamente fiel— habrán ganado mucho terreno y tener un pie en el poder, que es lo que les interesa. Saben que tienen posibilidades de distanciarse de la Hermandad, ahora proscrita, y lo intentarán.


Por ello, también ha habido llamadas "religiosas" al voto, no solo políticas, por los salafistas:

On the other hand, Sheikh Sameh Abdel Hamid, a leader in the Salafist movement, said that taking part in the elections is a religious obligation, stressing that participating in elections is a religious political matter that is based on bringing benefits and warding off corruption.
“We must take part in the Egyptian elections and not boycott them. We must choose those are best able to reform the country; because Egypt is in a crossroad and many movements are fighting to have control over it. The upcoming people’s assembly has many challenges ahead of it. We must actively participate for the sake of the public interest. Boycotting is giving up on supporting what is right,” he added.***

Para bien o para mal, a nadie le interesa separar lo político de lo religioso, como hemos dicho, porque eso es su principio mismo, la identidad de ambos concepto o, si se prefiere, lo absurdo de la separación. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. El salafismo es político, por más que se presente de otra forma para no perder la fuerza de la religión en la sociedad. El sentido que ellos le dan a "político" es secular, pero eso no hace que deje de serlo.


El artículo que citamos antes sobre el salafismo, de Alí Bakr, terminaba con una reflexión sobre el auge de los islamistas después de la revolución:

There are two key factors that helped Salafists succeed in the first round of the last parliamentary elections, especially after the Nour Party’s list of candidates won 24 per cent of votes. First, the overthrow of the Mubarak regime and its repercussions, which triggered several transformations, including a new freedom for political activism and forming parties without obstruction.
This allowed Salafist groups to establish their own political parties and participate in electoral politics. Also, the fact that there were no real liberal, national or leftist forces with grassroots support that could compete against religious currents in general and Salafists in particular, religious groups gained the upper hand.
Secondly, we must consider the influence of Salafists on the ground because of good organisation and strength, as well as massive numbers of cadres and youth, not to mention strong financial backing that was out in the open during the electoral process.
What's more, the group boasted a strong capacity to mobilise the street after long years of proselytisation that enabled it to penetrate society and use religion in its campaigning to good effect. This included the use of mosques, where the group’s clerics and preachers urged congregants to vote for Islamist candidates in general, and Salafist ones in particular.
Salafists had always been very active in providing social work and services to the public, which greatly influenced ordinary folk to follow the Salafist lead and support the movement by all means – most notably by voting for the current’s candidates in national elections.**


¿Ha cambiado algo? Gracias a la política del gobierno de Al-Sisi, sigue sin haber una alternativa fuerte al "islamismo" en su conjunto. No existe más que sospechosos movimientos de apoyo y apoyados por la presidencia a través de la lista "Por amor a Egipto", que es la presumiblemente ganará. Los intentos que contábamos el otro día de grupos de activistas por dar a conocer quiénes son los miembros del régimen de Mubarak y los Hermanos musulmanes colados como candidatos, pueden ser nada efectivos.
El hecho es que la estrategia de concentrar en la presidencia todo el poder y las esperanzas populares en la recuperación actúa ahora en su contra. Mientras el poder busca una cara y una mano fuerte para gobernar el país —algo que va bien con la mentalidad desde Nasser en adelante—, el islamismo se extiende a través de la sociedad como "idea" y como "práctica", como conversación en un pediatra o en una escuela, como charla en las calles.


El planteamiento de estas elecciones ha sido un error desde el principio, como lo ha sido el diseño de la hoja de ruta. Ha tratado de estar al servicio del presidente y de los militares, de quien es cabeza. Ese error ya se cometió en las elecciones presidenciales que le dieron a Morsi el poder. Ahora es el parlamento; pero lo preocupante es si nace muerto y la presidencia no tiene a su favor los vientos económicos que puedan hacer creer que Egipto puede avanzar sin haberse quitado el lastre de la corrupción, que ha regresado como financiación y nunca ha salido de la Administración.
Las críticas a la constitución enmendada para quitar poderes al parlamento y dejar sin cuestionar la presidencia no son buenos augurios para el futuro de Egipto. Tras estas elecciones y en función de lo que ocurra en ella, los exiliados islamistas empezarán a tomar de nuevo posiciones para seguir su estrategia de desestabilización. En su contra ha jugado el caos de Oriente Medio y el que nadie quiera financiar o apoyar una aventura en Egipto tal como está todo.


Todos los intentos de frenar al islamismo son justificativos del poder del Ejército, que no desea que exista realmente un pensamiento que pueda modernizar Egipto política y socialmente. Los partidos son raquíticos salvo cuando son maquinarias para apoyar al presidente de turno. No hay ideología entonces, solo intereses. De ahí la corrupción que beneficia a los ladrones y a los islamistas, que presumen de no serlo. El mundo es simple cuando se es pobre y en Egipto hay mucha pobreza porque la riqueza se ha ido por los agujeros del sistema a las cuentas corrientes de los ahora reivindicados miembros del régimen de Mubarak, incluidos en las listas o con sus hombres de paja.
Mientras los islamistas estén más cerca de la gente, como señalaba Bakr en su artículo, haciendo caridad y atendiendo a los que menos tienen, los ricos solo podrán comprar los votos y la sumisión, pero poco más.
Siempre que hay elecciones, le deseo suerte a Egipto. Se lo deseo de corazón una vez más.


* "Senior National Security official claims Muslim Brotherhood is a masonic group" Mada Masr 8/09/2015 http://www.madamasr.com/news/senior-national-security-official-claims-muslim-brotherhood-masonic-group
** "Egypt's Salafists: A closer look" Ahram Online 15/10/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/55636/Egypt/0/Egypts-Salafists-A-closer-look.aspx

*** "Parliamentary election boycott ignites conflict among Islamic movements" Daily News Egypt 17/10/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/10/17/parliamentary-election-boycott-ignites-conflict-among-islamic-movements/






viernes, 2 de octubre de 2015

Los salafistas, entre el ser y no ser de las elecciones egipcias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El calendario de las elecciones egipcias sigue adelante sorteando problemas de exclusiones, análisis médicos reveladores de drogodependencias, etc. Entre escándalos de corrupción que provocan crisis de gobierno, liberaciones de presos políticos antes de las visitas a la Asamblea de las Naciones Unidas y manipulaciones mediáticas (casos que hemos ido viendo aquí) surge ahora un nuevo y trascendente problema.
Es la cuestión de los llamados "partidos religiosos", que están prohibidos expresamente por la Constitución aprobada. Los grupos religiosos no son partidos en el sentido occidental del término. La forma de pensar que les ha creado rechaza estas formas mundanas de contaminación democrática. Para ellos el "partido" es un mal necesario para un fin exclusivo: participar en una elecciones, un requisito legal. De ahí surgen los problemas posteriores cuando se dice que se vota a uno y mandan otros, es decir, que si gana el partido que han creado desde la Hermandad Musulmana, que técnica y administrativamente se consideraba una ONG para el bien social, la caridad, etc., se dirá que no es más que un títere del líder de los Hermanos. Anteriormente se habían presentado como independientes, que eran las migajas que el sistema de Mubarak les concedía y que ellos aprovecharon socialmente muy bien.

El problema se plantea ahora con el partido Nour, el creado por los salafistas, que hicieron los mismo que los Hermanos Musulmanes, es decir, crear una interfaz política separada técnicamente del grupo, pero controlada desde sus órganos directivos. Tan "religioso" era el partido disuelto de los Hermanos, Justicia y Libertad, como el creado por los salafistas. La diferencia es que los salafistas entendieron lo que estaba ocurriendo cuando se dio el golpe de estado que acabó con el reinado islamista y se apuntaron al carro del nuevo gobierno. Esto, evidentemente, no es más que una estrategia primero de supervivencia, después de ampliación de su influencia. Lo primero lo lograron y siguen ahí; lo segundo es más complicado, pero está por ver todavía si se canaliza hacia ellos el voto islamista o se les considera traidores a la causa.
La cuestión se complica cuando la debilidad de los partidos egipcios hace temer que se perciba a los salafistas como una parte, la del islamismo, y se lleve más votos que las fragmentadas listas de los partidos que se supone que no son religiosos.


Desde hace tiempo ha comenzado la presentación de reclamaciones ante los tribunales para que el partido Nour sea considerado como "religioso" y, por tanto, disuelto y eliminado de la carrera electoral. Los salafistas argumentan que ellos no son un partido religioso, algo que nos demuestra el grado de distorsión de la realidad en que se mueve el sistema político egipcio, en donde las palabras cada vez significan menos. Unos dicen no ser religiosos, como otros dicen ser demócratas.
Ahram Weekly publica un artículo titulado "No light for the Nour Party?" —escrito por Amany Maged— en donde se plantean algunas cuestiones que, dada la tradición egipcia, no debe ser desestimadas:

Some legal experts argue that while cases pertaining to the Nour Party should be settled before parliamentary elections the timeframe makes this impossible. One result, they say, is that any ruling against the Nour Party after the polls could result in the questioning of the legitimacy of the entire House of Representatives.
In the midst of this war of litigation the Nour Party continues to insist that its legal position is sound. One Nour Party member even suggests that attempts to contest the legitimacy of the Nour Party are tantamount to contesting the post 30 June Revolution roadmap, given that Nour was among the parties that took part in the inauguration of the roadmap, and the 2014 constitution which the Nour Party helped draft.
“Why is it only now that they are claiming Nour is religious party and are concocting rumours to tarnish its reputation?” he asked.
“Why did this not surface when the Nour Party was the only party in Egypt that supported the army in order to protect Egyptians from a fate similar to that of Syria, Libya, Iraq and Yemen? Why didn’t the liberal trend say at the time that the Nour Party is a religious party which has to be dissolved and that the roadmap must be cancelled because a religious party participated in it? Why don’t liberals argue that the 2014 Constitution is invalid because a religious party helped draft it?”*


No sería la primera vez que se disuelve el parlamento por irregularidades de este tipo. "Cuestionar la legitimidad del Parlamento" es casi una broma dentro de esta tradición. Pero los razonamientos son interesantes porque hay que leerlos entre líneas. Suponen una velada amenaza a los poderes sobre la posibilidad de ser eliminados del panorama político por los jueces y mandarlos a la oscuridad. También hablan de cuestionar el orden surgido del "30 de junio", es decir, del golpe de estado —el "no-coup"— que ha llevado a al-Sisi al poder. Cuestionarlos a ellos, dicen, es cuestionar todo el sistema. El que lo quiera entender que lo entienda.


El miedo de los partidos políticos, muy débiles y que van a obtener un mínimo rendimiento parlamentario tras una lucha a muerte, es que además sean los salafistas los beneficiados. Pero en este juego hay que apostar para ver las cartas finales del otro. Y la apuesta son las elecciones.
Por eso el miedo a que se constituya un parlamento "extraño" y decidan posteriormente los jueces —siempre imparciales— disolver las cámaras resultantes. Ya lo han advertido varias veces porque ha ocurrido antes. Como denunció algún analista político, siempre hay que dejar algún fleco jurídico por si hay que disolver por la vía rápida y legal.
En el artículo se señalan las dos caras de la disolución del partido salafista:

Experts on Islamist movements suggest the drive to dissolve Nour has two sides. One is to eliminate religious parties entirely. The other is to give the powers-that-be a legal card they can play in order to dissolve parliament and contend its constitutionality should they deem it necessary. Other observers see the tightening vice around the Nour Party as a way to ensure it abides by the laws under which it was created.*


Sea por los motivos que sea, no es el mejor camino para construir una democracia real y duradera. Todas estas argucias legales y políticas son herencia de los años en los que la democracia era una farsa. Ahora lo sigue siendo y el problema es hasta cuándo. Construir en falso es siempre un riesgo elevado. Construir un sistema en el que siempre haya un militar en el poder, es hacer una democracia trucada, por más que a muchos les parezca "más segura". Pero la demanda de "seguridad" siempre se puede invocar desde el miedo. Y el miedo se crea fácilmente.
El argumento dado por los salafistas para evitar su disolución —el riesgo de que Egipto acabe en una guerra civil, como Siria, Libia o Yemen— coincide con el que esgrimía hace unos días la presentadora televisiva cuya zafiedad propagandística decía lo mismo, pero desde la perspectiva del patriotismo militarista. También los salafistas dicen valorar el "patriotismo".
Visto en el tiempo, las nueve razones que los salafistas plantearon para apoyar a al-Sisi en las presidenciales no dejan de ser interesantes pasado el tiempo:

1. The state institutions cooperate with him to save the country from collapse and chaos.
2. He is independent, does not follow the United States and has the ability to negotiate with other countries, such as Russia.
3. He is patriotic, intelligent and efficient.
4. He is the most suitable candidate for this stage.
5. He knows that the Shia threat is an issue of national security.
6. He has the better chance of winning.
7.  He might not be religious enough from a Salafi point of view, yet he prays.
8.  He is to a great extend faithful to the Sharia and the Islamic identity.
9. He has no anti-Islamic ideology, for he is not a liberal, secular or leftist. Yet he might be against certain ideas of some Islamists.**


Puede sorprender la alusión entonces a los contactos con Rusia, que ha sido evidentes, y el distanciamiento de los Estados Unidos, pero esto último estaba hasta en las condiciones de Tamarod, confirmando el antiamericanismo generalizado de Oriente Medio. Todos junto son un ejemplo de astucia y pragmatismo, lo justo para estar en el meollo de la política son un pie a cada lado de la puerta según interese. Es un nada y guardar la ropa en cada uno de los puntos, como ocurre en el séptimo sobre el punto de vista religioso o el noveno, sobre las opiniones políticas. Pero tienen mucho más sentido del que pudiera parecer. No iban desencaminados. Ahora reclaman su fidelidad al modelo creado y que a nadie le importó cuando pidieron apoyos.


Los salafistas estuvieron en alianza con los Hermanos Musulmanes y escribieron la constitución excluyente entre ambos; después estuvieron con los que derrocaron a los Hermanos Musulmanes; después apoyaron a al-Sisi y ahora participarán en los comicios si ningún juez lo impide antes o en la cámara de representantes si no lo impiden después. La rígida ideología de los salafistas, a los que les importa muy poco la democracia, se conjuga con el pragmatismo más refinado. Permanece donde te sea rentable, es su máxima; el final está escrito, descubrir el camino es obra de tu astucia.
Parece que hay muy poca gente interesada en que en Egipto haya una democracia verdadera. Pero esto es muy difícil si ninguno de los contendientes tiene interés en ello. Queda por ver cuál es el papel real de los salafistas, el que les tienen reservado tras las elecciones y lo que ellos harán en función de los resultados que obtengan, algo en lo que se piensa menos. Sabrán entonces cuál es su fuerza real, aunque su papel quede recortado por el diseño del parlamento.




* "No light for the Nour Party?" Ahram Weekly 17/09/2015 http://weekly.ahram.org.eg/News/13275/17/No-light-for-the-Nour-Party-.aspx
* "Nine reasons to support Sisi, says Nour Party" Egypt Independent 04/05/2014  http://www.egyptindependent.com/news/nine-reasons-support-sisi-says-nour-party




miércoles, 23 de septiembre de 2015

Congénito

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Egipto sigue siendo un escenario privilegiado para entender los conflictos que se plantean entre las formas tradicionales de la religión y los deseos de dar una salida moderna a aquello que avanza hacia el colapso. La lucha se repite una y otra vez entre el regreso a formas cuya evolución se considera un atentado contra la ley de Dios y el deseo de racionalizar el pensamiento religioso acomodándolo a los tiempos y a los que viven en ellos. No todo el mundo vive en su tiempo, sino que muchos lo hacen negándolos y contra ellos. En ese contra ellos se incluye a todos los que desean vivir en el cambio.
El diario Egypt Independent nos trae un ejemplo de este conflicto que se manifiesta más allá de la violencia del Estado Islámico y de otros grupos terroristas. Hay otras formas de manifestación cuyas vías buscan los mismos objetivos: la destrucción de cualquier idea que se oponga a las suyas, que consideran las de Dios y que les convierte en guardianes.
El titular del artículo señala "Salafis condemn columnist who said Muslims acquire faith coincidently". Podrá parecernos algo anecdótico, pero no lo es y revela los puntos sobre los que se construye la intransigencia y la violencia contra los que manifiestan opiniones distintas que pudieran hacer evolucionar en otras direcciones. Es siempre la misma violencia intimidatoria contra aquellos que osan hablar pensar de forma distinta:

The Salafi Call has lambasted a columnist who said people, including Muslims, acquire their faith by coincidence.
Adel Nasr, spokesperson for the influential Salafi group, said in a statement on Monday that remarks by columnist Fatma Naout that Muslims acquire their faith “by coincidence”, and that humans have the right to select their religion, were against the Constitution.
"Humans, once created by Allah, are congenitally Muslims,” Nasr said in a statement on Monday.
While Nasr conceded that Naout’s suggestions were against the Constitution, which stipulates Islam as the main source of legislation, he stressed that Islam does not compel humans to adopt it.
Replying to the attack, Naout, a candidate for the Wafd Party in the parliamentary elections slated for October, said the Salafi Call’s statement was meant for “political purposes”.
She said on her Facebook page that her remarks to satellite TV channel CBC were taken out of context, stressing that her theory does not apply to Muslims alone, but also to Christians, Jews, Buddhists and the rest of the planet's faiths.
"I am a Muslim because a good coincidence made me the daughter of Muslim parents,” Naout wrote, adding that the same applies for people of other religions.
“Can Mr. Nasr deny that he was born a Muslim and had not chosen his faith? Can he deny that had he been the child of Christian parents, he would not have thought of reading about Islam or willingly adopting it as his faith?” Naout argued.*


La cuestión puede parecer baladí, pero los salafistas saben que no lo es, que la columnista Fatma Naoot ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Lo que ha dicho Naout es que la gente tiene la fe de sus padres. Esto implica que nadie elige su fe porque son los padres los que educan a sus hijos en las creencias. Aunque ella ha hecho esto extensivo a todas las religiones, los salafistas saben que esa no es la cuestión central y que lo dicho es un atentado contra lo enseñado por su religión.
El núcleo radica en lo expresado por el portavoz salafista cuando señala: "Humans, once created by Allah, are congenitally Muslims". ¿Qué quiere decir esto? Que los seres humanos —todos los seres humanos— nacen "musulmanes" y que son desviados de su propia naturaleza cuando "caen" dentro de familias de otras confesiones. Si existe una casualidad, es la que hace caer al musulmán fuera de su fe congénita, la única verdadera, la revelada en el Corán.
Esto es trascendental porque implica que los hijos de todos los demás han sido secuestrados, por decirlo así, y se les mantiene alejados, engañados fuera de la fe que deberían tener por su propia naturaleza. Dios ha revelado su verdad —su ley— a todos a través de la cadena de profetas y los hombres los han ignorado —paganos, ateos, politeístas— o las han malinterpretado desviándose de ella —cristianos, judíos o herejes—.


Decir que la fe de cada uno, incluyendo los musulmanes, es un hecho que depende de la casualidad del nacimiento es un atentado contra un principio básico del que se derivan muchas y terribles consecuencias, por ejemplo, la necesidad de redimir a los cautivos de sus familias y extender la totalidad del islam al mundo como estado de perfección. Por eso salir de cualquier otra religión y convertirse al islam se considera una especie de vuelta a casa, algo natural y obvio, mientras que salir del islam le convierte a uno en apóstata y merecedor de la muerte.
En su extraordinario libro El lenguaje político del Islam (Taurus 2004), el gran conocedor de la cultura e historia de mundo musulmán, cuando analiza el sentido de  los términos relacionados con la idea de "conquista" señala:

El concepto que subyace en este lenguaje es, claramente, el derecho o legitimidad esencial del avance musulmán y, en consecuencia, la legitimidad de la retirada musulmana ante la reconquista infiel. Esto concuerda con la conocida doctrina musulmana según la cual cada niño tiene una disposición innata para ser musulmán, pero sus padres pueden hacer de él un judío, un cristiano o un zoroastra. Así, el avance musulmán es una apertura o liberación, para dar rienda suelta a esta propensión implantada por Dios. (156)**

Comprendemos mejor el sentido del ataque contra Fatma Naoot por parte de los salafistas desde el núcleo de lo señalado por Bernard Lewis: no es una coincidencia o casualidad ser "musulmán", sí lo es, en cambio, serlo cristiano, judío o zoroastra, como señala Lewis. Al poner en el mismo nivel las diferentes religiones, Naoot se ha hecho merecedora de castigo porque ha atentado contra el principio de supremacía del islam sobre las demás religiones, que no son más que perversiones del mensaje divino, malinterpretaciones de la ley que se dio a los seres humanos. Ser cristiano o judío es un accidente, en última instancia una desgracia, del cual la conquista redime. Ser musulmán, en cambio, es ser educado en el verdadero camino y obediencia.

El ejemplo de lo ocurrido con Fatma Naoot nos muestra que el salafismo es el que ha tomado el partido del islam, el de ser los defensores de la verdad ortodoxia y que esa es su campaña en Egipto. Este papel lo jugaron los Hermanos Musulmanes con anterioridad. Esta vez son los salafistas los que juegan en solitario ese papel actuando en aquellos escenarios en los que el conservadurismo religioso egipcio hace más fácil penetrar.
Fatma Naoot ha desafiado con sus palabras —algo que aceptaría sin demasiados problemas cualquier persona sensata— al orden profundo. Ha cuestionado que existan "genes musulmanes" en los que esté escrita la Sharia o cualquier otra religión y lo ha trasladado al ámbito de la recepción cultural. No ha cuestionado la verdad de la revelación, pero la doctrina del innatismo musulmán es otra vuelta de tuerca que choca contra las barreras del conocimiento.
La cuestión, como explicaba, Lewis al citarla es que justifica lo que puedan hacer Boko Haram al secuestrar a niñas de las escuelas cristianas, los ataques talibanes en Afganistán a las escuelas o la invasión de territorios por parte del Estado Islámico; que están devolviendo a las personas al orden natural alienado por otras creencias perversas. Cuando la escritora ha situado a todas las religiones en el mismo nivel, no hay ya justificación para invadir, redimir o convertir a nadie a ninguna verdad única y congénita.
Fatma Naoot ya ha sido atacada otras veces por sus declaraciones. Aquí hemos recogido algunas anteriores. No es nueva en esto. La noticia de Egypt Independent se cierra con algunos datos:

Naout has been at the center of several religious freedoms controversies over the past few years, some involving writings that are critical of the Islamic code of dress, as well as other rituals.
She was referred to trial last year for condemning the slaughtering of sheep on Eid al-Adha (Bairam), a tenet ritual of the Islamic feast. She was found innocent last July.*

Son dos casos, pero el acoso es el mismo. Cualquier persona que manifieste algún tipo de idea o realice acciones que se muevan un milímetro de la ortodoxia sufre el acoso mediático o es llevada ante los jueces. Aquí comentamos la denuncia contra ella al manifestar su dolor por el sufrimiento de los millones de corderos sacrificados en una sola tacada. Eso la llevó ante los tribunales por atacar la religión. Me imagino que matar corderos será también una cuestión "innata" y la crítica es por tanto antinatural. Naoot fue criticado por considerar que Egipto había sido invadida por los árabes, algo que es difícil de negar, pero que también afecta a la raíces señaladas. Por eso ella hablaba de Egipto y no de la República árabe de Egipto. Esta cuestión, como todo, acaba derivando a la religión y, por ello, a lo innato. La perspectiva egipcia de ser considerados "conversos" sacados del error y reconducidos a donde sus genes les reclamaban pone nerviosos a algunos. Les gustaría haber vivido directamente las enseñanzas, pero no fue así. Y algunos no les gusta que se lo recuerden, por eso el nacionalismo (también sospechoso para los islamistas) plantea problemas teológico-genéticos.


Como ocurrió en épocas anteriores, los islamistas sociológicos siguen condicionando la vida egipcia. Aunque se les haya mandado a la cárcel, la tumba o el exilio, queda la parte social importante del conservadurismo religioso que rechaza estas cuestiones, que ve como atentados ante los que no pueden dejar de responder. Unos lanzan las piedras y los otros se suman. También es una forma indirecta de dejar en evidencia a los que "no hacen nada" para defender al islam.
Mediante este procedimiento —acoso e intimidación— se ha impedido la evolución de cualquier pensamiento y se ha castigado a quienes los sostenían. El problema es que cada vez se recurre más a este tipo de fundamentos, como el que sirvió a los jueces para establecer que las huelgas de funcionarios eran contrarias a la ley islámica.
La conversión de los religioso en civil y de todo ello en "genético" o "innato", ya sea en versión biológica o platónico-filosófica, es una forma de blindar las ideas, de crear el inmovilismo mediante el ataque a cualquier diferencia o discrepancia que se exprese respecto a ellas. La inercia social hace el resto convirtiendo en apóstata a cualquiera que el dedo de estos linchadores sociales, los salafistas en este caso, señalen como traidores.


En estos días se ha criticado la vestimenta de una de las nuevas ministras (la de Migración) porque iba en manga corta a jurar su cargo. La excusa es el protocolo, pero ya se la ha puesto en el punto de mira. Ella ha dado una contestación valiente diciendo que ser ministra no va a cambiar su forma de ser o estar. Su carrera diplomática anterior, con estancia en Roma incluida, le ha dado experiencia suficiente en protocolo y en buen gusto al vestir. En este sentido, lo "congénito" en la mujer es ir completamente cubierta y lo alienado es ir de "occidental", a los que hay que reformar el vestuario.

Se ha criticado también al nuevo ministro de cultura porque en sus libros atacaba al wahabismo saudí, poniendo como excusa esta vez que hay "buenas relaciones" con Arabia Saudí. Uno tras otro, cualquiera que salga de la ortodoxia más añeja es cuestionado y llevado ante los medios, expuesto a la opinión pública para llevarlos al descrédito. Es un viejo método y siempre les ha funcionado. Se llama "mala baba" y esa si es congénita.
Esperemos que Fatma Naoot pueda seguir pensando, un buen ejercicio, frente a los innatistas ideológicos a los que como es lógico les da igual las demás evidencias que le aporten todos aquellos que han tenido la mala suerte de caer fuera del alcance de sus privilegiadas y pías manos. Esperemos que el ministro pueda escribir sobre lo que quiera y que la ministra pueda elegir su vestuario sin tener que consultar con el portavoz de los salafistas o de cualquier otro grupo.



* "Salafis condemn columnist who said Muslims acquire faith coincidently" Egypt Independent 21/09/2015 http://www.egyptindependent.com/news/salafis-condemn-columnist-who-said-muslims-acquire-faith-coincidently
** Lewis, Bernard (2004) "El lenguaje político del Islam. Taurus, Madrid. p. 156.


jueves, 27 de agosto de 2015

La carne y el espíritu

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dos campañas se han puesto en marcha en Egipto. La primera, muy airada, es contra el consumo de carne, cuyo precio se ha disparado. "No a la carne", "Todos somos pobres", "Boicot a la carne" son algunos de los lemas de las campaña a la que se han ido sumando por el país ciudadanos que no están dispuestos a pagar los precios que les piden. El gobierno tratará de importar carne para forzar a bajar los precios prohibitivos para muchos egipcios, que ya tienen la economía bastante complicada. Los precios han subido hasta llegar en caso a las 90-100 LE por kilo. Nos cuenta Egypt Independent:

The campaigns immediately caught the eye of people throughout the country. In Damietta, people decided to boycott meat anywhere between 15 days and a month to protest what they consider is the butchers' greed. Meanwhile, in Suez, a similar campaign has placed various posters throughout the city, encouraging citizens to stop meat purchases.
In Qena and Nagaa Hammadi a campaign entitled “No for meat” was started to boycott local meat for one month. The campaign’s founder, Amin Al-Fouly, said the move aims to lighten the burden on citizens while placing pressure on butchers to sell local meat at the “official pricing” set by the Supply and Internal Trading Ministry, which dictates meat should cost LE65 per kilo.*


 La Agencia de Defensa de los Consumidores apoya la campaña y entre las actividades de presión está el hashtag "#forget_about_meat" que se ha convertido en viral, nos dice el periódico.
La otra campaña no va por la carne, sino más bien por el "espíritu": la iniciada por antiguos miembros de Tamarod para erradicar los partidos políticos religiosos. Ahram Online titula: "The 'no to religious parties' campaign gains momentum". Recordamos que Tamarod (Rebelde) fue el grupo de activistas que organizó la recogida de firmas pidiendo la dimisión del entonces presidente Mohamed Morsi y la convocatoria de elecciones después de un año de mandato. Su objetivo era llegar a conseguir, al cumplirse el primer aniversario, el mismo número de firmas que Morsi había tenido de votos, 11 millones, pero lo cierto es que recogieron cerca 23 millones, que es el objetivo que se han fijado ahora.
Los partidos políticos "religiosos" están teóricamente prohibidos en la constitución reformada tras la salida de los Hermanos Musulmanes del poder. Pero les queda un fleco: ¿qué hacer con el partido de los salafistas, el partido Nour, que apoyó la defenestración de Morsi y apoyó al nuevo régimen? 


Los salafistas fueron astutos y sabían que la Hermandad quedaba fuera y que no tenía sentido solidarizarse para acabar en prisión o en el exilio. Con astucia política islamista, los salafistas se apuntaron al carro vencedor a sabiendas de que quedaba fuera su principal rival en el voto "piadoso", los Hermanos Musulmanes, y que el régimen los necesitaba como coartada para hacer ver que no era contra los "islamistas" sino contra la Hermandad. Los salafistas se hicieron la "foto" con los demás apoyando la caída del régimen de Morsi. Los demás se fueron poco a poco, pero ellos se han quedado, convirtiéndose en un socio incómodo.


La incomodidad proviene de la incongruencia que supone no considerar al Nour, salafista, como un partido religioso, pero también por el temor que pudiera aglutinar el voto islamista en las próximas elecciones y hacerse con un buen puñado de asientos en la cámara cuando se abra el parlamento.
Ahram Online recoge opiniones sobre esta cuestión:

Osama Al-Ghazali Harb, a political analyst and a leading member of the Free Egyptians Party, said "the Egyptian people did not expel the Muslim Brotherhood from the door, only to see another religious party like Nour to come from the window."
But other political analysts, like Al-Ahram's Amr Hashem Rabie, were critical of Tamarod's campaign.
Rabie said Nour was part of the revolution against Morsi and its leaders never said they have a religious party.
Rabie believes that the wide popularity of Nour in Egyptian governorates represents the real motive behind the Tamarod campaign.
"Instead of competing against this party in fair elections, the Tamarod and other secular parties resort to courts to eliminate the party and gain seats without competition," said Rabie.
Shaaban Abdel-Alim, a leading Nour official, told Ahram Online that "Tamarod" itself is an illegal entity trying to impose its say on the political street.
"We are not a religious party. We are just a political party with a religious background," said Abdel-Alim, adding that "if Nour was dissolved in any way, the party's leaders would meet to form another party under a different name."**


Las tres opiniones permiten ver la acumulación de incongruencias en la política egipcia, la distancia entre lo que se dice y lo que se hace. Indudablemente, los tres tienen razón y no la tiene ninguno. Es cierto que el Nour se hizo la foto junto a Al-Sisi cuando derrocó a Morsi; es cierto que Nour es un partido religioso y es cierto que temen el apoyo electoral que puedan tener en unas próximas elecciones.
Lo que no se dice nunca pero no se deja de pensar en ello, es que el conjunto de los votos islamistas en el parlamento anterior era superior al 70%, contando la Hermandad y los salafistas. El gobierno se ha encargado de perseguir y encarcelar a los Hermanos Musulmanes, pero no lo ha hecho con los salafistas. Como astutos que son, no ha entrado en las provocaciones destinadas a identificarse como "partido religioso". Ellos saben que se está mejor en casa que en la cárcel y mucho mejor todavía en el parlamento. Los que votaron a Morsi (no todos eran islamistas, muchos lo hicieron por el cambio confiando en la palabra de un gobierno para todos) no están en las cárceles ni se han ido todos. Votarán y lo harán a la alternativa más próxima. De ahí el temor y el deseo de inhabilitarlos ante unas elecciones.

Los salafistas, bien organizados, ya lo advierten: si les impiden ir a las elecciones, se cambian de nombre e irán con él a las elecciones. No supone muchos problemas porque los partidos políticos, como ocurre con la Hermandad, no son más que útiles interfaces para concurrir en los comicios. Ellos no creen en los partidos porque no creen en los sistemas parlamentarios. La Hermandad piensa igual; su mentalidad es otra.
En Egipto se está pagando el sistema de "partido fuerte" que desde Nasser y con todas las variantes históricas ha ido gobernado el país. Aunque nominalmente pudieran existir más, el partido del gobierno era el que realmente controlaba el país. Se ha hecho todo lo posible por evitar que los partidos políticos crecieran y se consolidaran, garantizándose así el control político por los militares. El que quería conseguir algo, se apuntaba al partido gubernamental. Con esto solo se consiguió hacerlos corruptos, debilitar a la sociedad —que no tenía nadie que la representara— y dejar la organización social en manos de los islamistas, en sus diversas variantes. La labor subterránea de los islamistas fue dando su fruto al quedar infiltrados en todos los rincones sociales y desde allí controlar los votos con su propia maquinaria. Hasta la caída de Mubarak se contentaban con lo que les dejaban, pero después fueron a por todas.


El temor de todos ahora es que la enorme atomización de los partidos beneficie de nuevo a los bien organizados por décadas, a los islamistas. El intento de Tamarod es dejarlos fuera mediante un sistema de recogida de firmas, pero los salafistas se saldrán con la suya.
En junio, Al-Monitor recogía la propuesta para evitarlo:

The president proposed — and promised to support — a unified list of all political parties and forces that are to participate in the upcoming parliamentary elections, which the government is keen to hold this year.***


Como señalaron algunos analistas y Al-Monitor recoge, esto contradice el sentido de lo que significa una elección, ya que no hay dónde elegir. Pero no deja de ser una incongruencia que puede ser vendida como "amor a la patria" y "sentido del deber". Todo esto ocurre en un contexto en el que ya algunos partidos políticos han llamado al boicot o ha anunciado que no concurrirán a las elecciones.
La paradoja de que se prohíban los partidos religiosos mientras se proclama que el mal es el ateísmo y se encarcela a quien lo defiende no se resuelve fácilmente. En este sentido, lo que se hace es fortalecer a Al-Azhar que queda como institución controladora del país. Fue el Al-Azhar desde donde se amenazó con dejar predicar a los salafistas contra el predicador reformista. La estrategia de mantener en la reserva a los salafistas para amenazar cuando alguien desafíe a los clérigos de Al-Azhar es clara y se utilizará cuando sea necesario. Por eso es dudoso que ellos se apunten a la idea de sacarlos del mapa político. Su oposición frontal a que los "intelectuales" puedan participar en los diálogos sobre la reforma religiosa choca, como vimos hace unos días, muestra que son ellos los que quieren el control religioso.
El artículo concluía:

[Tahani] Gebali [al-Gebali, former vice president of the Supreme Constitutional Court of Egypt] said that many of Egypt's 103 political parties do not represent anyone but their own members and are more of a burden on the state than an actual political movement. According to Gebali, political parties should also know that the Egyptian state is currently in a foundational phase, which requires the concerted efforts of all the concerned parties to move to the next democratic level, “which we all are aspiring to.”
It seems difficult for Egyptian political parties to unite under one list because there are three conflicting orientations vis-a-vis this possibility. One is represented by religious parties, another by parties supporting the old Mubarak regime and a third by parties seeking a modern democratic state. It does not seem like these orientations will converge soon.***

No le falta razón, pues de eso se trataba, de que no se representaran más que a ellos mismos y poder controlar al  electorado a través del clientelismo y diversas prácticas en las que el estado egipcio se manejó muy bien. La verdadera dsituación, como bien se señala, es la que representa esa distinción tripartita: los religiosos, el antiguo régimen y los que buscan un nuevo Egipto democrático sin lastre. Pero el mundo no es como queremos y la Historia es avanzar sin saltarse ningún capítulo. El régimen actual quiere ser religioso sin partidos religiosos, mantener a los que la revolución quitó llamándose revolucionario y, además ser demócrata encarcelando a la gente. No es tarea fácil, desde luego.

No parece que se arregle ningún problema grave y sí que aparecen algunos nuevos. Antes esto, la respuesta es la vigilancia. A la orden del Ministerio del Interior de que todos los comercios instalen cámaras de seguridad, se suma ahora la instalación también en las mezquitas para controlar los sermones que allí se imparten. Parece que el único negocio próspero va a ser el de la vigilancia.
Al menos, según nos cuenta la prensa, los jueces han desestimado la petición de un patriota piadoso que había solicitado el corte de Facebook en Egipto por considerarlo un arma de la prostitución y un difusor de mentiras. Hemos pasado de una revolución que reclamaba Facebook, Twitter y YouTube a la sociedad de la vigilancia.


No sé qué campaña tendrá más éxito, si la de bajar el precio de la carne o la de sacar a los salafistas del partido Nour del espectro político. Las dos son peligrosas a su manera. Las grandes subidas de precios en Egipto siempre han tenido algún tipo de consecuencias. El paso a la sombra de los salafistas también lo tendría. Puede que se cambien de nombre, pero nunca lo harán de ideas. Estarán ahí, a la espera tranquila de poder ocupar más espacio del que tienen. No tienen prisa. Fue la prisa lo que llevó a Morsi a donde está.


* "Nationwide campaigns boycott local meat" Egypt Independent 25/08/2015
http://www.egyptindependent.com//news/nationwide-campaigns-boycott-local-meat
** "The 'no to religious parties' campaign gains momentum" Ahram Online 26/08/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/138915/Egypt/Politics-/The-no-to-religious-parties-campaign-gains-momentu.aspx

*** "Sisi calls for unifying Egypt's electoral lists" Al-Monitor  3/06/2015 http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2015/06/egypt-sisi-call-unify-electoral-lists-elections-parties.html