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lunes, 9 de febrero de 2026

El sistema

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Muchos lo verán como "mala suerte, como "coincidencias" fatales. Estamos más preocupados por echarle la culpa a otros y alejarla de nosotros que de conocer las verdaderas causas de los desastres que nos afectan.

Llevamos una larga cadena de acontecimientos desastrosos, una especie de epidemia con la que tenemos que bregar sin saber muy bien cuál será la siguiente. Todas ellas forman un ejemplo de la falta de previsión de las cosas que puedan ocurrir, de una mirada falta de visión de conjunto. No aprendemos a pensar en términos sistémicos, una necesidad cada vez mayor para sobrevivir en un mundo complejo, un mundo de dependencias e interrelaciones.

Esta mirada sistémica choca con la tendencia a establecer límites y barreras, zonas propias sin tener en cuenta otros muchos factores que dependen de elementos exteriores pero interrelacionados. No enseñamos a mirar de esta forma, tendemos a pensar que controlamos todo, lo que es en la práctica imposible. Lo inesperado tiene sus raíces y aprender a encontrar lo que nos puede causar problemas se hace esencial, aunque no siempre se consigue.

A veces estas interconexiones son detectables y se hace necesario tener en cuenta no solo lo que nos puede pasar, sino tener en cuenta cómo lo que afecta a otros puede acabar afectándonos también de forma grave.

 Con el titular "El freno de la Alta Velocidad crea indefensión en los usuarios, dudas en los turistas y aboca a la ruina a miles de negocios de hostelería", Clara Pinar —en 20minutos— nos explica parte de esta interconexión sistémica, es decir, cómo están afectando a diferentes sectores básicos, como es el transporte por ferrocarril, a otros sectores. Evidentemente, el sector del transporte afecta a todo lo que circula por carretera, raíles o vuelos, pero hay muchos otros factores relacionados.

En la entradilla del artículo se nos explica que 

La reducción de la velocidad de los trenes, el retraso oficial en la línea Madrid-Barcelona o la sensación instalada de demoras empiezan a afectar ya a negocios vinculados al 'turismo de AVE' y siembra dudas entre los visitantes extranjeros, sin contar con el fin de las indemnizaciones por demora y billetes a un precio como si los trenes siguieran circulando a 300km/h.* 

Muchos se preguntan cómo pasado el tiempo desde el terrible accidente, del que seguimos sin saber las causas directas, la situación sigue siendo caótica y expande sus efectos a múltiples campos. Se trata de conexiones en cadena de la que no es fácil saber los efectos. Por ejemplo ¿es la competencia, con sus precios a la baja, un factor que ha hecho que las compañías reduzcan sus beneficios y esto haga que se invierta menos en mantenimiento? La reducción del número de trenes hace subir los precios de los billetes, provocando una disminución de los viajes y viajeros, lo que afecta a los comercios de los destinos, que se han programado conforme a una estimación de los visitantes y su promedio de gasto. Todas estas expectativas han dejado de cumplirse. Lo que pensábamos que iba a suceder ha dejado de ocurrir y los planes ya no se cumplen, arrastrando a los sectores involucrados cuyas conexiones no siempre son obvias, pero sí reales.

La inseguridad que los accidentes provocan genera nuevas inseguridades que se van extendiendo. El artículo se cierra señalando la ampliación del problema a niveles internacionales: 

También los turistas internacionales se empiezan a pensar si es factible dar un salto en el día de Madrid a Córdoba o León o de Barcelona a Zaragoza. Así lo advierte la Mesa de Turismo, que en las últimas semanas ha recibido un "aumento de consultas de turoperadores extranjeros "inquietados" por la situación ferroviaria. "Esto da una imagen tremendamente mala para el turismo", dice su vicepresidente, Santiago Vallejo, que confirma que están recibiendo "consultas de qué está pasando, qué puede suceder y qué alternativas hay" de transporte.

"Desde que el AVE se instauró en 1992, ha sido un impulso para el turismo y ha ayudado mucho a algo necesario, la deslocalización, que no todo el mundo se quede en Madrid", explica Vallejo, que no oculta la incertidumbre por "el camino que se está tomando", la Alta Velocidad, sin saber por qué derroteros seguirá. Por ejemplo, apunta sus dudas sobre la conexión por Alta Velocidad directamente con Barajas, que conectaría vuelos intercontinentales con  ciudades como Valencia. El sector turístico lo veía como el desarrollo de la "auténtica intermodalidad" y "ahora no se sabe qué va a pasar".

Igual que la Confederación Española de Agencias de Viaje, pide al Gobierno "una comunicación pública rigurosa, transparente y correctamente canalizada que evite un daño mayor a la confianza y reputación del destino España". *


Al final, las dudas acaban afectando a la "reputación", es decir, a la confianza, que es la base del sector. ¿Viajamos a un país que pasa de tener la segunda mayor red de alta velocidad a tener casi paralizado el movimiento, con sectores fuera de juego, zonas inseguras, miles de incidencias, etc. donde antes reinaba la confianza en la seguridad?  Esa es la cuestión que se plantean desde los sectores del exterior, incapaces de entender qué pasa en España, qué ha ocurrido en pocas semanas.



Está claro que existe un problema de mantenimiento que puede hacer romperse el sistema en su conjunto al dejar al descubierto una serie de problemas que salen a la luz a la vez. Hay que destinar al mantenimiento más recursos. No basta con hacer nuevas líneas o aumentar la velocidad si se deja de invertir en mantenimiento de toda la red. De no hacerlo, nos ocurren estas cosas.

Y quien dice el sistema ferroviario, dice también el sistema sanitario, también necesitado de una mayor atención, donde no se puede matar gente por aplicarle una vacunas de seis dosis, ni usar vacunas caducadas sin saber porqué están ahí o perder los datos de mamografías por "problemas informáticos", etc.

Cosas que parecen necesitar menos atención se nos revelan como terriblemente peligrosas para el conjunto. Una vía mal soldada es probablemente más barata que una bien soldada, pero este ahorro se pagará muy caro en un momento u otro y creará más problemas encadenados. Trenes, mamografías, apagones, vacunas... Todo parece fallar y hacerlo a la vez.

Nos dicen en El Independiente  que choques y descarrilamientos crecieron desde 2018. "Se dispararon" desde ese año: un 23% más de accidentes y un 50% de los descarrilamientos. ¿Se hizo algo o tiene que pasar un gran desastre para que se invierta en soluciones?



Solo mencionamos dos sectores, el ferroviario y el sanitario, pero seguro que a todos se nos ocurren otros en los que cada día descubrimos problemas y rogamos para que no nos pillen.

Nos hablan de "reputación" y este es otro factor clave. Muchos países están interesados en reducir los gastos que sus nacionales hacen en España. Eso se traduce en aprovechar estas malas noticias para sembrar el miedo que hace quedarse en casa. El sistema no acaba en nuestras fronteras. Sigue más allá. 

Prevención, anticipación, interconexión... son conceptos que debemos incorporar al día a día, quitarle cualquier signo de excepcionalidad y convertirlos en normalidad. Es bonito inaugurar, pero es necesario conservar, mantener. Es la forma de evitar aquello que nunca podría ocurrir.

 


 

* Clara Pinar "El freno de la Alta Velocidad crea indefensión en los usuarios, dudas en los turistas y aboca a la ruina a miles de negocios de hostelería" 20minutos 8/02/2026 https://www.20minutos.es/nacional/freno-alta-velocidad-crea-indefension-los-usuarios-dudas-los-turistas-aboca-ruina-miles-negocios-hosteleria_6930785_0.html




martes, 3 de febrero de 2026

De la dejadez a la prudencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El miedo a que ocurra algo más está bloqueando muchas cosas y, sobre todo, está creando un profundo malestar entre los afectados además de darnos una triste imagen del país. Nuestros sueños de modernidad chocan con las tradicionales chapuzas. Creíamos haber salido de ese mundo, pero borrascas, apagones, descarriles, cánceres mal diagnosticados, sobredosis de vacunas o caducadas y demás nos están poniendo en nuestro lugar.

Era difícil aventurar un panorama de desastre global, algo que mostrara en su conjunto el mal estado del sistema. Pero lo hemos logrado. Los medios amontonan sus cámaras en las estaciones recogiendo la desesperación de la gente esperando y esperando, aburridos y temiéndose lo peor, sin llegar a concretar sus límites, del retraso al accidente,

Mientras los políticos aprovechan la ocasión para tirarse los trastos a la cabeza y acusarse mutuamente, la ciudadanía se pregunta por qué todos estos "fallos" de golpe, por qué pasamos del país moderno a la chapuza tradicional en apenas unos días.

Los españoles aprendemos léxico y tecnología con las explicaciones detalladas que se nos dan tras cada desgracia ocurrida. Sabemos ya un montón del funcionamiento climatológico, del funcionamiento ferroviario y sus estructuras, de cómo hay que soldar las vías: intentaron hacernos comprender el funcionamiento del sistema eléctrico tras el apagón global, pero no acabamos de entenderlo bien y nuevos desastres no hacen olvidar los viejos.

Supongo que algunos ponen el nombre de la tormenta de turno a sus hijos recién nacidos, sustituyendo al tradicional nombre del santo del día. Cada tormenta deja al descubierto nuevas chapuzas en forma de desprendimientos, de inundaciones, de campos anegados. Las tormentas se unen sistémicamente a los problemas ferroviarios y de malas construcciones en lugares donde nunca deberían haber estado. Las chapuzas y las desgracias van de la mano.

La palabra clave es "mantenimiento", el quid de la cuestión. Es la que mayoritariamente se usa como explicación. Cuando no falla una cosa, lo hace otra. A los políticos les gusta hacerse a foto de la inauguración, pero menos las inversiones en mantenimiento, que son más oscuras, sin protagonismo.

¿Recuerdan el estreno de aquellos trenes que no cabían por el túnel? El ranking de chapuzas tiene el listón muy alto. ¿Recuerdan las casas construidas donde no debían en la zona de la dana valenciana?

3/02/2023

Todo lo que hemos construido, todo, tiene fecha de caducidad. Pasada esa fecha, todo comienza a desmoronarse si no se renueva, si no se pone en marcha el discreto mantenimiento.

Leemos en 20minutos sobre este encadenamiento de problemas donde cada uno trata de evitar ser visto como el causante de desagracias y presumir de prudencia:

[...] el gestor de las infraestructuras ha pedido a Renfe, Ouigo e Iryo que reduzcan sus servicios en la línea Madrid-Barcelona porque los retrasos que está provocando la limitación de la velocidad -a 80km/h la semana pasada por una fisura detectada en la vía a su paso por Espluga de Francolí (Tarragona) y después elevada a 230 km/h, pero sin llegar a los 300km- está produciendo un embotellamiento en la vía que provoca que por ella haya trenes circulando a horas en las que deberían estar pasando los trenes auscultadores para detectar posibles desperfectos o los técnicos para repararlos, algo que en condiciones normales hacía desde medianoche hasta las seis de la mañana aproximadamente. "Estaban llegando dentro de la banda de mantenimiento", justifica Adif su petición a las operadoras de que reduzca frecuencias en el AVE Madrid-Barcelona que, en realidad, Ouigo e Iryo ya habían empezado a aplicar la semana pasada.   *

Todo lo que no era problemático o no sabíamos que existía —¿sabía que hay "trenes auscultadores"?— sale ahora a la luz. Pero reduciendo frecuencias y velocidades, el colapso queda garantizado. Mejor, dirán algunos con toda la razón, el colapso que el accidente, pero eso no baja el enfado de los que han programado su vida contando con la alta velocidad o con las cercanías.

Las quejas ante las cámaras en las estaciones son siempre las mismas: la tardanza y la falta de información. La España que se movía a alta velocidades ha dejado de hacerlo. Te bajan en una estación y te suben en un autobús hasta otra. Aquello que era un plácido y rápido viaje, un par de charlas con el móvil, se ha transformado en una especie de "yincana"  llena de imprevistos, una tortura sobre raíles con episodios acuáticos, choques con muros caídos y un sinfín de trágicos episodios.

Los trágicos accidentes son una mezcla de fatalidad y de imprevisión acumulada. No se puede tener control sobre todos, pero no es lo mismo que irlo perdiendo sobre muchas cosas. Podemos echarle la culpa al clima o a Mariano Rajoy, como hacen sus enemigos, pero eso no excluye nuestra responsabilidad, algo que debemos exigir. Las vías no tienen color político, pero sí los responsables del mantenimiento, de la inversión y de la supervisión. A lo mejor hay demasiadas "mentes privilegiadas" al frente y se pasan la pelota de la inversión en mantenimiento, que se podría desglosar en muchos apartados.

Soy usuario diario del tren desde hace casi veintitrés años.. Desde hace cuatro años, los problemas anteriormente inexistentes se han multiplicado. Retrasos, paradas eternas, trenes que no concluyen el trayecto y te dejan en mitad del recorrido, pantallas interiores apagadas, carteles exteriores apagados, obras interminables en estaciones...

Todos dicen haber hecho lo suyo, pero la realidad nos muestra trágicamente otra cosa. Ahora todos son prudentes. ¿A qué niveles de dejadez, de falta de control eficaz, hemos llegado para que haya que revisarlo todo?

 

* Clara Pinar "Cancelaciones, trenes dobles para reubicar pasajeros y paradas suprimidas: el AVE Madrid-Barcelona mengua a petición de Adif" 20minutos 3/02/2026 https://www.20minutos.es/nacional/cancelaciones-trenes-dobles-para-reubicar-pasajeros-paradas-suprimidas-ave-madrid-barcelona-mengua-peticion-adif_6928922_0.html

jueves, 22 de septiembre de 2022

El coche, de héroe a villano

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es fácil pasar de héroe a villano. Un gran titular en El Periódico cruza de lado a lado mi pantalla: "Barcelona registra la cifra más baja de coches matriculados desde 1975" y, un poco más abajo, "Hacia el fin de la era del coche: clima, subida gasolina e inflación aceleran su ocaso (pero no lo matan)". La cifra más baja desde 1975 no es cualquier cosa, son muchos años y un enorme cambio social, de desarrollo económico, de mentalidad. Que cualquier cifra vuelva a 1975 quiere decir mucho. Una tercera línea del diario nos habla de "la lucha contra en coche" en las grandes ciudades del mundo, en Nueva York, Berlín, Londres y París.

Algunos recordarán aquellos concursos televisivos en los que los participantes tenían dos premios gordos, el apartamento en Torrevieja y el coche. Cuanto más jóvenes eran más celebraban el coche. El premio gordo era, sin duda, el coche. Todavía hoy el gran premio en concursos como Pasapalabra sigue siendo ese esquivo coche.

El coche era entonces la movilidad, pero moverse entonces tenía unos aires que no tiene ahora que somos ubicuos gracias a las redes, virtuales gracias a los teléfonos y ordenadores. Ayer celebrábamos nuestro seminario con unos cuantos en la sala y otros repartidos por Colombia, Holanda, China y Salamanca. ¿Qué significa el automóvil en un mundo así?

Los jóvenes valoraban el coche como independencia, como distancia generacional, distancia de unos padres que nos montaban a todos en el coche lleno de maletas y nos pasábamos, nos gustara o no, aquellos tres meses (hoy imposibles) de vacaciones juveniles en el chalecito en la playa o en la casa del pueblo. ¡Qué tiempos!

Hoy, en cambio, cada vez hay menos que miran al cruzar la calle. Es más peligroso "cruzar la acera" porque es ahí donde te la juegas con el paso de patinetes eléctricos y de skates. Pronto serán los peatones los que tendrán que ir con caso y llevar chalecos reflectantes o caminar por el centro mismo de la calle.

La noticia barcelonesa de El Periódico tiene aspecto local donde una entradilla nos indica una serie de matices importantes más allá del número: "El censo total es el menor desde 1986, pero el tráfico se mantiene congestionado, en buena parte, por el más de medio millón de autos de no residentes que entran a diario en la ciudad". Lo de "autos no residentes" es un concepto que tiene interés, porque los residentes antes eran los ciudadanos. Sin embargo, ese medio millón al que se acusa de los colapsos y desajustes respecto a lo que la cifras dicen nos muestra el que no solo es el coche el que ha cambiado, sino las ciudades mismas, que han desplazado a sus habitantes hacia periferias cada vez más lejanas, lo que lleva a tres posibilidades futuras: a) vamos en coche, lo de casi siempre; b) vamos en transporte público, para lo que hay que crear redes eficaces, que no te roben los cables del tren y que haya muchas más estaciones o combinaciones; y c) que no vayas a la ciudad, es decir, el teletrabajo o que te toque la lotería.

Las tres opciones son tres modos de vida o, si se prefiere, tres modos de vivir en función de tu entorno. Creo que a todos nos sorprenden esas imágenes de principios del siglo XX en los que las ciudades son un increíble caos en el que conviven sonrientes peatones, los primeros coches y los caballos que tiran de sus carros. Luego se añadieron los tranvías con sus rieles y sus cableado eléctricos aéreos. Los trolebuses prescindieron de los rieles, pero mantuvieron los cables. Las ciudades con metro completaron los medios de transporte.

Son diversas las fuerzas que han dado forma a nuestras ciudades y vidas. La distancia a los puestos de trabajo viene determinada por la elevación de los precios del suelo, los medios de transporte disponibles, su velocidad y combinación, etc.

La pandemia nos ha dado muchas lecciones sobre lo que supone un cambio radical. Grandes aparcamientos vacíos en el centro de las ciudades, medios vacios, cafeterías y restaurantes en los que la gente almuerza en sus paréntesis en el trabajo, etc. Las ciudades se han hecho para los coches o, mejor, los coches han modificado nuestras ciudades convirtiéndolas en redes de comunicaciones, circunvalaciones, pasos elevados, carreteras para evitar los atascos en los centros, que han llevado por ejemplo a la creación de aparcamiento disuasorios en las entradas a las ciudades.

Por mi pueblo, muy moderno, ya no son solo los niños y adolescentes los que van en patinete eléctrico. Ayer pasó ante mí un grupo de personas maduritas luciendo sus patinetes. Una noticia de hace unos días nos hablaba ya de los excesos de velocidad y hace tiempo que se impuso la regulación clara ante la disputa de calles y aceras.

La subida de casi todo está haciendo que el coche se quede más tiempo aparcado. La posibilidad del teletrabajo es una auténtica revolución urbana, laboral y de movilidad. Las ciudades pueden verse transformadas porque sus centros económicos y laborales, esos enormes y caros edificios de oficinas que se han ido haciendo con los centros urbanos y han dirigido la evolución de sus terrenos colindantes generando restaurantes, tiendas, aparcamientos, bancos, etc. Si se disuelven las empresas espacialmente y se convierten en redes de trabajo, algo que ya está ocurriendo gracias a las tecnologías, no es difícil ver que se anuncia una importante transformación espacial y una inversión de valores, es decir, lo que antes era central y caro se invertirá en "beneficio" de las periferias. Pongo las comillas porque los que se fueron lejos verán que su tranquilidad disminuye y que aumentará el precio de vivir fuera, como ya está ocurriendo.

Quizá la España vacía empiece a ser motivo de especulación. Para ello se necesitará crear condiciones mejores para las comunicaciones (redes eficaces y de alta velocidad) y buenos transportes y servicios básicos (bancos, centros de salud, educación, de ocio).

Mientras esto no sea así, seguirá ocurriendo lo que nos dice el titular de El Periódico: hay menos vehículos matriculados en la ciudad, pero sigue habiendo atascos por los desplazamientos desde la periferia. Barcelona, nos dicen otros medios, fue la ciudad con más atascos en el 2020.

Son las crisis —la económicas, las sanitarias, ambas conjuntamente— las que nos obligan a cambios radicales para ofrecer situaciones a los conflictos que se crean. Los que piden vueltas a la normalidad son ingenuos porque esas vueltas no se producen, sino que nos debemos adaptar a las nuevas situaciones. La normalidad es una ilusión, algo que elegimos entre diferentes posibilidades, y si no lo entendemos estamos perdidos. Siempre habrá que elegir y si no lo hacemos, otros lo harán por nosotros.

Ya muchos buscan sus "oportunidades" especulativas adelantándose a la llega inevitable de los cambios que crearán nuevas formas de vida. Los precios de la energía, como vemos, serán determinantes del futuro. Las nuevas construcciones deben tenerlo en cuenta; también los nuevos espacios, que han de ser construidos de otra forma para unas nuevas utilizaciones. Coche y energía son capitales en la configuración de las ciudades. Y es en ellas donde vivimos, trabajamos, descansamos, etc. El cambio climático es el factor que va a englobarlas a todas con sus condicionamientos rematando el conjunto con la idea de sostenibilidad, que se va imponiendo en todos los ámbitos.

Hemos probado unos meses un mundo sin coches. Lo hemos hecho forzados por la pandemia, pero nos ha mostrado aspectos que desconocíamos de nosotros mismos y de nuestras ciudades, ventajas e inconvenientes. Algunos han hablado de "descubrimiento del espacio". Y así ha sido. Desde el vacío hasta la presencia de la naturaleza en nuestras calles, ha sido una experiencia que nos enseña muchas cosas, más allá de los inconvenientes.

Aquel canto irónico compuesto por Moncho Alpuente que en los 70 pregonaba "¡Adelante hombre del 600 / la carretera nacional es tuya!" se podría hacer hoy para el patinete, la bici o las zapatillas deportivas y el chándal. El coche, de héroe a villano, de libertador a opresor.

jueves, 24 de marzo de 2022

Ni Putin lo hubiera hecho mejor

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La situación actual española nos deja unas cuantas imágenes curiosas, algunas sorprendentes. Lo que rodea a nuestra bulliciosa imagen es la guerra de Ucrania, la sangrienta invasión rusa de un país vecino al que se está arrasando y del que cuando se retiren solo quedarán ruinas y el orgullo de los ucranianos para levantarlo. Eso, claro está, si Rusia se retira o hace lo que ha hecho durante siglos: invadir, arrasar y repoblar. Esos prorrusos asentados en Ucrania y en los países vecinos son los restos que Rusia trae cuando hace desaparecer las poblaciones, a las que mandaba antes al corazón de Siberia.

Pero lo que estamos viendo aquí, en esta situación extremadamente trágica, es algo muy diferente. No hemos tenido que esperar a la guerra porque ya la teníamos "preinstalada", lista para activar. Tengo dudas si lo que vemos es a causa de la maldad o de la estupidez; pero de lo que no tengo dudas es de lo insólito del panorama que contemplamos.

La inoperancia gubernamental ante la subida de los costes de la energía es obvia. Las promesas fallidas hacen que la gente recele de las siguientes. La energía no ha bajado, como se prometió, simplemente. Es difícil hacer que algo baje cuando algunos, los que sean se enriquecen o se benefician de forma política con ello. Lo que no entendíamos entonces —¿por qué es incontrolable?— lo entendemos un poco mejor ahora. La diferencia es que este lío está arrastrando al desastre a lo que queda sano en España gracias al control de un sector estratégico, como es el transporte, donde han quedado arrinconados patronal y sindicatos, a manos de una pequeña plataforma de transportistas empeñados en conseguir... ¿qué? No siempre se consigue lo que se quiere y muchas veces lo que se consigue no era lo esperado.

¿Cómo es posible que esté media España paralizada, desabastecida de muchas cosas, con fábricas parando la producción, granjas tirando leche, las cosechas pudriéndose porque no hay quien vaya a recogerlas, etc. en mitad de una guerra en la que se están utilizando este tipo de presiones energéticas como contraataque?

¿Qué inoperancia es la de este gobierno, incapaz de atender un problema con el que llevamos meses —¡meses!— y que introduce otros nuevos, como el del Sahara y el colateral con Argelia, de quien más dependemos para el suministro de gas? ¿Cómo es posible?

Podemos elegir maldad o estupidez, pero no nos queda mucho más donde elegir en el despropósito de unos y otros, mientras Europa trata de no verse arrastrada por las presiones energéticas de Putin. En vez de pensar cómo solucionar problemas, nos dedicamos unos a dar paseos por Europa y otros a dar paseos tocando el claxon por las calles y carreteras españolas. Son cientos de millones en pérdidas, creación de pánicos en la gente que ya no sabe qué comprar por temor a quedarse desabastecida.

Ha habido muchos paros del transporte en otras ocasiones en las últimas décadas. Ninguno más destructivo e inoportuno que este, ninguno más estúpido ante una situación dramática que no debe servir de excusa para la inoperancia gubernamental, especialmente después de lo ocurrido con el Sahara y las consecuencias imprevisibles.

Cuantos más problemas particulares acumulemos, más débiles seremos, más fácil será hacernos daño y esto hará a los enemigos a los que Europa se enfrenta más fuertes.

Lo que ocurre ahora es el resultado de una falta de sentido del gobierno desde hace mucho tiempo. No se puede escuchar a un ministro decir hace unos días que van a "estudiar la problemática del sector", refiriéndose al transporte. No se puede crear un caos destructivo desde un grupo minoritario al que se le van sumando desde otros sectores creando la tormenta perfecta, el caos imprevisible y seguir dando largas con las fechas europeas.


Los problemas de la energía son el campo creado por Putin para evitar ser presionado y tener un arma eficaz contra la Europa consumidora de todo tipo de energías suministradas para crear dependencia energética. El problema lleva mucho tiempo sobre la mesa y demasiado en la papelera pudriéndose. Da igual que sea por culpa de Putin, de Europa o de quien sea. Lo importante es que lo que se tenía que hacer no se ha hecho, mientras que se dedicaban a polémicas absurdas y electoralistas cada uno de los ministerios. Los grandes problemas eran demasiado grandes para su atención.


Pero lo que ocurre con los transportistas es de una enorme irresponsabilidad en estos momentos, por muy mal que se esté pasando. Puede que ya nadie se fie de las largas continuas dadas por el gobierno, que haya que llegar a extremos, pero esto es una enorme destrucción que se va a volver contra los propios transportistas al estar saboteando a los propias empresas que son sus clientes.

No es comprensible que se haya llegado a este extremo de violencia, con piquetes, pedradas y hasta algún disparo, consiguiendo bloquear a los que quieren trabajar y poniendo en duda al resto de las fuerzas sociales que negocian. Esto se parece más a un secuestro que a una negociación. Es la consecuencia de la palabrería, de las promesas incumplidas y, especialmente, de no querer tomar decisiones que dañen la propia imagen en esa competición absurda entre "socios" de gobierno. Lo del Sáhara ha sido el broche definitivo de un intento de marcar goles ante los votantes frente a las continuas puñaladas por la espalda.


Los daños que están causando a terceros exceden lo razonable y agudizan la crisis extendiendo la inflación. Lo que se está perdiendo es irrecuperable. Es una muestra de debilidad absoluta lo que estamos ofreciendo al exterior, una muestra de inoperancia.

Algunos piden que se les financie como a Alemania, pero ¿somos Alemania? Otros como a Francia y podemos repetir la pregunta. ¿Nos comportamos con ellos?

Volvamos al principio: maldad o estupidez. Elija. No se trata de dar la razón a nadie o de quitársela. Se trata de fines y medios, de límites. Se trata de entender, por un lado, que gobernar es resolver problemas, evitar que se pudran y no poner excusas, ni buscar salir en la foto a toda costa esquivando los conflictos. Gobernar es resolver problemas y no hacer turismo político. De la misma forma, no se puede hacer daño a los demás hasta los niveles a los que se está llegando, nunca vistos anteriormente.

Mientras en Ucrania se quedan sin alimentos, aislados, aquí tiramos la leche y dejamos de recoger cosechas o no tenemos con qué alimentar a cerdos y demás ganado. No es demagogia; son los hechos.

¿Esta es la demostración de cómo nos vamos a enfrentar a las consecuencias de las sanciones contra Rusia para llevarle a ceder y así al final de la guerra?

Ni Putin lo hubiera hecho mejor.