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viernes, 14 de julio de 2023

Las verdades del general Popov

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las situaciones pueden evolucionar hacia el orden o hacia el caos. Para evitar que vayan al desorden hay que aplicar energía para mantener orden. El tiempo es un factor importante en esta evolución. La rapidez o la lentitud hacen que la posibilidad de cambio y de reordenar sea más o menos factible. El tipo de cambio también es importante: ¿desde dónde se produce, dónde está su origen, cómo se expande?

Todo esto me viene a la cabeza al ver las noticias sobre el intento de Putin de frenar lo que se está produciendo con motivo de la guerra en Ucrania. Las noticias que nos llegan sobre los ceses, desapariciones, muertes de militares empiezan a ser significativas por la intensidad, la mayor frecuencia y los niveles en los que se están produciendo.

En RTVE.es se nos habla del cese rápido del general Popov: 

El general mayor, comandante del 58 ejército de las Fuerzas Armadas de RusiaIván Popov ha afirmado que ha sido relevado de su puesto por decir verdades sobre la situación en el frente en Ucrania y no lo que quería oír el alto mando. 

"Os lo digo honestamente, se ha producido una situación compleja con la jefatura: había que ser cobarde, callar y decir lo que querían oír o llamar las cosas por su nombre", ha asegurado en un mensaje de voz dirigido a sus efectivos. Declaraciones que ha publicado en el canal del diputado ruso Andréi Guruliov, en el pasado comandante del 58 ejército.

El general ha indicado que llamó la atención del alto mando sobre la "principal tragedia" de la guerra, que definió con las siguientes palabras: "Se trata de falta de lucha contrabatería, de la falta de exploración artillera y de las heridas y muertes masivas de nuestros hermanos por la artillería enemiga". "Los altos jefes sintieron por lo visto que yo era un peligro y rápidamente, en un solo día, redactaron a toda prisa una orden, el ministro de Defensa (Serguéi Shoigú) firmó una disposición y se libraron de mí", ha añadido.*


Son dos los aspectos reseñables de esta situación: la primera, evidentemente, es el cese; pero la segunda es muy relevante, la clara manifestación del descontento, la explicación de la situación por lo que se producía.

Casi nada de lo que hacen los militares (incluidos los rusos) suele ser arbitrario. Su propio sentido del orden y del grupo hace que sus acciones tengan un valor simbólico, una segunda lectura y, especialmente, un primer público: los demás militares. La declaración, además, es un claro reproche a la propia jerarquía por su falta de transparencia y decisión.


Creo que a estas alturas parece claro que el militar más cercano jerárquicamente a Putin es el más temeroso de disgustarle, es el que acepta mejor la visión del poder. Hay que elegir entre describir la situación real y sostener la visión que el poder quiere transmitir. El poder, evidentemente, es el propio Putin. Lo que haya en la sombra es a la sombra de Putin.

El mismo desafío del grupo Wagner, con su líder al frente, es ya el estallido de una situación insostenible. El hecho mismo de que produjera es de enorme gravedad para el Kremlin. Si Putin se fabricó su propio ejército privatizado para moverse por el mundo, especialmente África y ahora Ucrania, quiere decir que la confianza en el Ejército ruso no tiene el mismo sentido. Un grupo privado es terrible porque no representa a ningún país oficialmente; lo que quiere decir que Rusia y el Kremlin eluden las responsabilidades por sus acciones, por más que lo sean.

Pero la actuación en Ucrania tenía un sentido distinto. No se trataba de apoyar a gobiernos amigos en otro continente. Se trataba de operar en una "guerra" ("operación especial" en términos oficiales), de la que Rusia debía aparecer como la responsable de esa victoria que se les escapa. Es precisamente aquí donde entra el factor tiempo que señalábamos al inicio.


Es probable que Putin considerara que la guerra en Ucrania iba a ser unos pocos días o algunas semanas. Esta guerra la iban a dar los Wagner, pero sería el Ejército ruso el que entraría en la capital recibidos como liberadores, agitando banderas rusas y ucranianas. Rusia habría hecho una operación sin demasiados costes directos y sin recriminaciones, por decirlo así, desfilando en la victoria.

Pero no ha sido eso lo que ha ocurrido, sino más bien lo contrario. El gran coste por la duración y la resistencia ucrania, el apoyo firme a Ucrania y el envío de armas y formación militar, han hecho que la población rusa, su Ejército y demás lo perciban de forma muy distinta al discurso oficial y a las fanfarrias preparadas. Los conflictos se fueron creando y los episodios imprevistos se van multiplicando, como la sublevación de los Wagner y sus reproches indignados a las jerarquías militares.


La muerte de otro militar discrepante mientras hacía su recorrido diario de carreras y ejercicios por un parque ha sido atribuida por parte de las autoridades rusas a un ucraniano. Por su parte, los ucranianos se lo han tomado a broma (según señala la CNN) y ha responsabilizado a los propios servicios secretos rusos de haber eliminado un estorbo.

En Rusia, como es bien sabido, los opositores tienen una peligrosa tendencia a los accidentes, incluidos los lanzamientos por las ventanas de pisos elevados. Este tipo de acciones suceden a plena calle, en edificios de viviendas u oficinas sin reparo alguno. Si es el Kremlin el que está organizando estos "accidentes" o "atentado del enemigo", la cuestión puede ponerse complicada. Pero esas versiones oficiales ofrecen poco interés a los que se saben en el punto de mira.

Putin trata de restablecer el orden deseado porque de no hacerlo será el desorden anti Putin el que prevalezca. Es como una lucha entre dos fuerzas en sentido contrario. El orden saldrá de este desorden. La cuestión es qué tipo de orden (uno propio de Putin) o si sale otro modelo de orden, algo distinto o parecido pero con otros controles.

Como hemos señalado en diversas ocasiones, este conflicto solo se puede resolver mediante un cambio de situación en Rusia. Cuál sea ese cambio es lo que está por decidir. Lo que sí es seguro es que cuanto más tiempo pase, las acciones para restablecer el caos creciente serán más complejas y probablemente violentas.


* "Un general ruso afirma que fue relevado por decir verdades al alto mando sobre la guerra: "Había que ser cobarde y callar"" RTVE.es / Agencias 13/07/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230713/general-ruso-afirma-fue-relevado-decir-verdades-alto-mando-sobre-guerra/2451982.shtml

sábado, 3 de septiembre de 2022

La ley rusa de la gravedad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¡Qué curioso país Rusia! En él, las guerras se llaman de otra manera o la gente se dedica a verificar la ley de la gravedad. Rusia, bajo Putin, se parece cada día más a lo que George Orwell nos mostró en su obra cumbre 1984. La muerte de Mijaíl Gorbachov en este momento tiene un curioso simbolismo en la historia rusa. Gorbachov se atrevió a llamar las cosas por su nombre e incluso le puso nombres a la realidad que todavía perduran, aunque por falta de uso o retroceso histórico nos los tengan que recordar hoy en forma de necrológica.

En Rusia, la realidad, incluso en el plano físico, se modifica en función de quien sea su zar o presidente, que no hay diferencia. Gorbachov trató de normalizar Rusia en el camino de la historia, pero la tradición rusa le pasó por encima y todo volvió a su siniestra continuidad. El recién fallecido es una curiosa excepción en la inmemorial tradición totalitaria rusa, como decimos, un universo en el que hasta la Física tiene sus curiosidades, como esos saltos desde ventanas o los empeoramientos repentinos de la salud que llevan a la muerte a muchos opositores o los dejan postrados de por vida en la cama de un hospital.

En Rusia los hechos no se discuten por extraños que parezca; no hay series de muertes, sino coincidencias, fatalidad, maldición, si se prefiere. En Rusia, el gesto clave es el encogimiento de hombros y un ligero movimiento sacando el labio inferior; es el signo del "¿y a mí qué me cuentas?".

La última (no he mirado mucho más hoy) es la caída por la ventana de un empresario del petróleo ruso un poco reticente a esto (¿cómo llamarlo?) que ocurre hoy en Rusia. En Euronews nos lo cuentan así:

MOSCÚ, 1 sep – Ravil Maganov, presidente del segundo productor de petróleo de Rusia, Lukoil, falleció el jueves tras caer desde la ventana de un hospital en Moscú, según informaron dos fuentes, convirtiéndose en el último de una serie de empresarios que ha sufrido muertes repentinas e inexplicables.

Las fuentes confirmaron las informaciones de varios medios de comunicación rusos de que el hombre de 67 años se había precipitado al vacío, pero las circunstancias que rodearon su caída no estaban claras.

Dos personas que conocían bien a Maganov dijeron a Reuters que creían que era muy poco probable que se hubiera suicidado.

Otra fuente cercana a la empresa dijo que dentro de la dirección de Lukoil se creía que se había suicidado, pero que no había visto pruebas ni documentos que lo corroboraran.

Al preguntarle Reuters si estaban investigando la muerte como sospechosa, la policía de Moscú remitió la pregunta al Comité de Investigación del Estado, que no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

Lukoil dijo en un comunicado que Maganov “falleció tras una grave enfermedad. Los miles de empleados de Lukoil lamentan profundamente esta dolorosa pérdida y expresan sus más sinceras condolencias a la familia de Ravil Maganov”.

En los últimos meses han fallecido de manera repentina, en circunstancias poco claras, otros altos ejecutivos vinculados a la industria energética rusa.* 

Yo creo que incluso al propio Orwell, que visitó ilusionado la Unión Soviética de Stalin, y regresó con una desilusión equivalente a un corte de digestión ideológico en el que se le atragantó la teoría al ver la práctica, le daría sonrojo leer párrafos como estos.

Es especialmente orwelliano, es decir, reacción ante lo estalinista, es en el que se habla de cómo los miles de empleados de su empresa lamenta su fallecimiento "tras una grave enfermedad". La enfermedad se llama "Rusia de Putin" o, si alguno lo prefiere, "Rusia" a secas, como resultado de la enfermedad autoritaria, o también "Putin" a secas, si se quiere personalizar liberando a los rusos que aplauden cada una de sus gestas y gestos.

Hay mucho historiador y analista que ofrece la explicación de la "humillación". Esta consiste en explicar las maldades como resultado de la humillación sufrida porque tuviste que devolver la mitad de Europa que te habías quedado en propiedad y que invadías cada vez que cualquiera (checoeslovacos, polacos, húngaros...) intentaban recuperar algo de independencia. Es cierto que debe dar mucha rabia que te tengas que retirar de las zonas invadidas y que dejen de temerte, tu forma habitual de relacionarte con los demás; pero también es cierto que así no se consigue mucho, como ha quedado en evidencia. En el caso de Putin, la expresión "conocerle es amarle", se invierte y realmente supone un desprecio por parte de muchos estados. Muchos se suman a la política rusa porque también han sido humillados. Es cierto que la política norteamericana y en muchas ocasiones la europea ha sido deleznable, pero la "amistad" con Putin solo la mantienen aquellos que quieren ver protegidos sus regímenes árabes. No hay democracia sana que vea en Putin un espejo en el que reflejarse. Es —aquí lo hemos repetido muchas veces en estos años en relación con los países árabes, especialmente en Siria— un puntal para dictadores, un apoyo que no cuestiona tu moral si tú no cuestionas la suya.

La Rusia de Putin, como vemos, es la del salto por ventas, la de los saltos de puentes (no confundir con el puenting deportivo), la de los envenenamiento por polonio o cualquier otra sustancia que te desgracia la salud. De Rusia te tienes que ir o intentarlo si eres miembro de un grupo femenino de rock, como las Pussy Riot, o si eres un escritor con la lengua crítica y larga, o un político que ves el mundo de otra manera, o si perteneces a cualquier grupo LGTBI —considerado un mal ejemplo para la santa virtud rusa— y muchas otras profesiones de riesgo, como el periodismo que va por libre, etc.

Rusia carece de modelos liberales; están prácticamente ausentes de su historia y centrados en alguna personalidad. Está, en cambio, llena de místicos eslavófilos, de personas que han entremezclado la raza, la sangre y el territorio, este último, por cierto, nunca tiene límites. Recordemos que los norteamericanos tuvieron que comprarles Alaska porque ya se habían metido en América y hubieran llegado a la Patagonia si se descuidan, por un lado, y hasta Cádiz, si les dejan. Rusia tiene la mentalidad imperial sin fin. Ahora que se descongela el Ártico, ya tenemos discusiones sobre quién se lo queda y pronto será la Luna la que se dispute.

En el texto de Euronews se dan los datos de estas "desgracias": 

El día después de que Rusia enviara sus fuerzas a Ucrania en febrero, un ejecutivo de Gazprom, Alexander Tyulakov, fue encontrado muerto en su garaje cerca de San Petersburgo, según informaron los medios rusos.

En abril, Sergei Protosenya, exalto directivo del mayor productor de gas natural licuado de Rusia, Novatek, fue encontrado muerto junto a su mujer y su hija en una villa en España. La policía regional catalana, que investiga el caso, ha dicho que cree que las mató y luego se quitó la vida.

En mayo, los medios rusos informaron de que un exdirectivo de Lukoil, Alexander Subbotin, fue encontrado muerto en el sótano de una casa en las afueras de Moscú.

Ese mismo mes, los medios de comunicación rusos afirmaron que Vladislav Avayev, exvicepresidente de Gazprombank, fue hallado sin vida en un apartamento de Moscú, también junto a los cuerpos de su mujer y su hija.* 

La pérdida de curiosidad de los medios rusos es notable. Las cosas pasan y ellos son objetivos, van al dato, no vayan a acusarles de sensacionalismo. Los habrá que lo hagan de corazón, como amor a Putin, al patriarca de Moscú o por alguna otra devoción que les lleve al paraíso. Pero me imagino que habrá otros —muchos han salido de Rusia— que harán de tripas corazón ante tanto caso específicamente "ruso" y no quieren jugar con vida o lentejas, no sea que se contagien y acaben cayendo de cualquier ventana.

En Rusia las personas caen, saltan o las tiran. En Rusia no se cuestiona la gravedad; todo lo que sube baja. Si te crees que eres tan poderoso como para disentir, la ley de la gravedad te demuestra lo duro que es el suelo y tu fragilidad.

Caer en Rusia por una ventana, te demuestra dos cosas: la primera que caes cuando alguien lo decide; la segunda es ese encogimiento de hombros, que es la confirmación de que a nadie le importa y que si le importara, caería también por la misma o por otra ventana, que no hay que repetirse demasiado, porque acabaría siendo aburrido que todos saltaran por la misma.

Dice la prensa que en estos saltos al vacío "las circunstancias no están claras". Bueno, es una forma de decirlo. Los medios también nos dicen que este año el curso escolar comienza con un tema nuevo, "no hay que tener miedo a morir por la patria". Habría que escribir varios tratados para intentar dilucidar qué es la patria, la santa Rusia. Pero por ahora, con cantar en los colegios encendidos cantos de amor es más que suficiente.

En Rusia las leyes son duras, pero la más dura, rápida y ejemplar es la que te arroja por una ventana.

 

* "Presidente de petrolera rusa Lukoil muere al caer desde ventana de un hospital: fuentes" Euronews 1/09/2022 https://es.euronews.com/2022/09/01/rusia-lukoil-presidente-muerte

martes, 4 de diciembre de 2018

Khashoggi y el ejército de molestas abejas digitales

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El titular del diario El País "Un exiliado demanda a una empresa de ciberseguridad israelí por ayudar a Arabia Saudí a espiar a Khashoggi" crea más incertidumbres que información. Lo podemos leer con detalle y darnos cuenta que van surgiendo preguntas en cada palabra. La CNN, el medio que dio la exclusiva, en cambio es directa: "Jamal Khashoggi's private WhatsApp messages may offer new clues to killing". Lo sustancial no es la demanda ni el demandante, sino lo que ofrece en el caso respecto a la actuación de Mohamed Bin Salman, el príncipe heredero y hacia el que apuntan todas las sospechas sobre la orden dada.
Los hechos se pueden abordar desde varias perspectivas. Evidentemente, la prioritaria es lo que puede suponer de ayuda para aclarar el caso del asesinato de Khashoggi. Es la perspectiva que la CNN considera prioritaria y traslada a su titular. En esta línea, se considera todo aquello que sirva para aclarar por qué y para quién Khashoggi era un peligro que debía ser eliminado. Un segundo aspecto, más general, es el del acuerdo entre Arabia Saudí e Israel, sin el cual no sería posible la venta de un software de este tipo, del que la CNN dice algo más, que fue desarrollado a instancias de Arabia Saudí. Aquí el foco es el estado real de las relaciones entre Israel y Arabia Saudí (y con ella los países bajo su manto, como Egipto). Para Israel, la estabilidad de Arabia Saudí es una necesidad (como lo es para Estados Unidos), ya que son los islamistas los que usan a la ocupación de Palestina y el conflicto interno para acusar a las autoridades de los regímenes de connivencia con Israel y Estados Unidos. Es un indicador más de la hipocresía "antioccidental" de algunos. Pero el hecho de que una empresa israelí haya colaborado desarrollando un programa que sirva a los servicios secretos de Arabia Saudí a vigilar y eliminar a sus disidentes es un paso más, una aclaración reveladora del verdadero estado de cosas en Oriente Medio, por si alguno tenía dudas.


La tercera perspectiva es sobre el motivo que llevó a hacer desaparecer a Jamal Khashoggi, es decir, por qué pasó a ser una amenaza directa y para quién. En este sentido se confirma lo que nos permitía intuir la columna póstuma del periodista en The Washington Post, la necesidad de articular la oposición en el mundo árabe a través de algún medio no controlado, de un medio propio que permitiera articular las voces disidentes. Lo llamaron las "abejas digitales", un ejército molesto con sus aguijones informativos.
En la CNN se recogen los planes de Khashoggi y del disidente que ha formulado la denuncia a través de los mensajes de WhatsApp, los mismos que fueron interceptados por el software malicioso introducido en los teléfonos:

In almost daily exchanges between October 2017 and August 2018, Khashoggi and Abdulaziz conceived plans to form an electronic army to engage young Saudis back home and debunk state propaganda on social media, leveraging Khashoggi's establishment profile and the 27-year-old Abdulaziz's 340,000-strong Twitter following.
The digital offensive, dubbed the "cyber bees," had emerged from earlier discussions about creating a portal for documenting human rights abuses in their homeland as well an initiative to produce short films for mobile distribution. "We have no parliament; we just have Twitter," said Abdulaziz, adding that Twitter is also the Saudi government's strongest weapon. "Twitter is the only tool they're using to fight and to spread their rumors. We've been attacked, we've been insulted, we'd been threatened so many times, and we decided to do something."
The pair's scheme involved two key elements that Saudi Arabia might well have viewed as hostile acts. The first involved sending foreign SIM cards to dissidents back home so they could tweet without being traced. The second was money. According to Abdulaziz, Khashoggi pledged an initial $30,000 and promised to drum up support from rich donors under the radar.
In one exchange, dated May this year, Abdulaziz writes to Khashoggi. "I sent you some ideas about the electronic army. By email."
"Brilliant report," Khashoggi replies. "I will try to sort out the money. We have to do something."
A month later, another message sent by Abdulaziz confirms the first $5,000 transfer has arrived. Khashoggi replies with a thumbs up.
But in early August, he says he received word from Saudi Arabia that government officials were aware of the pair's online project. He passed the news to Khashoggi.
"How did they know?" asks Khashoggi in a message.
"There must have been a gap," says Abdulaziz.
Three minutes pass before Khashoggi writes back: "God help us."*


La CNN informa de que Abdulaziz fue requerido por la embajada para cumplimentar unos papeles y que fue el propio Khashoggi quien le dijo que no fuera. Él mismo incumplió la prevención, lo que le costó la vida dentro del consulado saudí en Turquía.
Lo que ocurrió después ya lo sabemos: secuestro, tortura y asesinato; desaparición del cuerpo.
El episodio se nos muestra como una batalla en el campo de la información. Jamal Khashoggi veía la necesidad de articular la disidencia a través de un gran medio de comunicación que sirviera de referencia al mundo árabe disidente. El diseño del portal estaba en marcha y la estructura de Twitter para la distribución, junto con el plan de la SIMs indetectables por el gobierno saudí enviadas a los disidentes para evitar que fueran rastreados.
El mundo árabe está bajo un estricto control, bajo vigilancia continua, como ha mostrado el caso. Las embajadas de distintos países vigilan a sus expatriados controlando sus movimientos. Cualquier persona fuera siente esa presión en el momento que son detectadas actividades contrarias a los regímenes.
La excusa del terrorismo sirve para tener bajo vigilancia a todo el país en regímenes que poseen una dimensión policial y en donde los servicios secretos son una fuerza muy poderosa.

El asesinato de Jamal Khashoggi y lo que ha revelado del funcionamiento real de Arabia Saudí, un socio y aliado occidental, ha hecho cuestionar el sentido de esta alianza. No se puede ser cómplices de regímenes así. No se puede vender armas o tecnología para la represión dentro y la agresión fuera. Los que decían no querer elegir entre "el pan y la paz" deben estar indigestos.
En la versión que El País da de la exclusiva de la CNN, se citan estos mensajes de Khashoggi y su interlocutor en Canadá:

"[Bin Salmán] es como una bestia pac-man [comecocos], cuantas más víctimas come, más quiere. No me sorprenderá que la opresión llegue incluso a los que lo vitorean", escribió el periodista disidente a su contacto canadiense. "¿Hay alguna posibilidad de que cuando sea coronado muestre clemencia?", preguntaba el joven Abdulaziz. "Esto es lo que dice la lógica", reflexionaba en voz alta Khashoggi, "pero ya no tengo fe en ella para analizar la mente de este hombre". El exiliado saudí recibió la visita de enviados de Riad en Canadá que le invitaron a regresar a su país, donde le sugirieron que recibiría grandes sumas de dinero. Antes tenía que pasar por la embajada saudí en Ottawa para solucionar los últimos trámites.**


Hoy Omar Abdulaziz sigue vivo; ha podido contarlo gracias al consejo que Khashoggi le dio, que no fuera. Es él quien presenta la de denuncia contra la empresa israelí. Sabe que no prosperará, pero ha servido para llevar a las páginas del mundo el vínculo entre Arabia Saudí e Israel. Es una obviedad que el software solo se ha vendido con la autorización expresa de las autoridades de Israel, siempre tan celosas de su seguridad.
La caza de disidentes árabes, de personas que buscan una situación diferente para sus países se camufla en muchas ocasiones como "terrorismo". Hay sin duda un terrorismo real, pero también es la excusa para deshacerse de la disidencia, de los críticos que recurren a la difusión de información denunciando la situación que viven en prácticamente toda la zona.
Como señala la CNN, los mensajes de Khashoggi dejan ver con más claridad el motivo de su asesinato, quedando evidente que no fue un "error", como el mismo gobierno saudí trata de hacer creer. La creación de un "ejército electrónico" para difundir al mundo lo que el régimen quiere impedir que se sepa les pareció una situación peligrosa. El príncipe Bin Salman no está dispuesto a consentirlo; no quieren que le amarguen su reinado.


Pese a la teatralidad amable de Vladimir Putin para con el príncipe heredero saudí, chocando manos e intercambiando amplias sonrisas durante el G20, lo cierto es que sus situación exterior es insostenible y que el retrato que de él dejó Jamal Khashoggi en los mensajes intercambiados se nos hace más realista.
La expresión "¡Que Dios nos ayude!" lo decía todo. Omar Alzahrani, otro de los disidentes participantes en el chat,  le contestó con un refrán, "aquellos que surcan el mar no deberían temer ahogarse". Poco podían imaginarse los tiburones que ya estaban rondando bajo sus aguas. 
El molesto ejército de abejas digitales que habían imaginado tendrá que esperar.



* "Un exiliado demanda a una empresa de ciberseguridad israelí por ayudar a Arabia Saudí a espiar a Khashoggi" El País 3/12/2018 https://elpais.com/internacional/2018/12/03/actualidad/1543844902_001614.html
** "Jamal Khashoggi's private WhatsApp messages may offer new clues to killing" CNN 3/12/2018 https://edition.cnn.com/2018/12/02/middleeast/jamal-khashoggi-whatsapp-messages-intl/index.html


domingo, 14 de octubre de 2018

La desaparición de Jamal Khashoggi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El caso del periodista saudí Jamal Khashoggi, presumiblemente asesinado en el interior del consulado de su país en Turquía, vuelve a poner en candelero a Arabia Saudí, pero también nos dice algo de las formas que se están imponiendo en las relaciones internacionales y sobre el sentido propietario de los países respecto a sus ciudadanos en el exterior, especialmente cuando son críticos.
Arabia Saudí ha tenido un sonado conflicto con Canadá cuando estos han reclamado por la situación de dos activistas de los derechos de la mujer detenidas. El hecho de la doble nacionalidad podría establecer una lógica, sin embargo, como señalamos en su momento, la reacción del país árabe ha planteado un órdago a la comunidad internacional que, en este segundo incidente, tiene una respuesta más decidida por parte de la comunidad internacional.
Si los países occidentales han reaccionado contra las andanzas de los sicarios del gobierno de Vladimir Putin contra exiliados y disidentes, las reacciones contra Arabia Saudí deberían tener la misma contundencia. Lo sorprendente del caso es que sí se está produciendo una respuesta, por más que resulte ser incómoda para los afectados en primer y segundo grado, los aliados de Arabia Saudí.
No es fácil ser aliado o amigo de Arabia Saudí, un anacronismo poderoso gracias a la existencia del petróleo bajo la arena y al prestigio de ser la cuna de Mahoma y tener los principales lugares de peregrinación, factores importantes en el mundo árabe musulmán.
Los problemas que se suscitan en España a cuenta de su "amistad" también son importantes, como hemos tenido ocasión de apreciar en días recientes con la cuestión de las "bombas precisas" y sus posibles víctimas en Yemen o donde toque.


Como todo país tocado por la mano de Dios, su soberbia es implacable y su forma de hacer política no se parece en casi nada a lo que los demás entienden por esta rama de vida social. Los saudíes compran y eliminan, se enfadan y hacen desaparecer. La receta es sencilla y consideran que el mundo se debe asombrar porque las mujeres pueden aprender a conducir (luego ya veremos dónde) y que podrán ir al cine (ya veremos a ver qué).
Ellos mismo y sus vergonzantes aliados han elaborado una campaña de relaciones públicas alrededor del príncipe heredero. Pero los hechos desmienten que la llegada de sangre nueva deje de hacer correr la de siempre.
Y esta vez le ha tocado en suerte a un periodista conocido y disidente al que, mira por donde, se le exigían papeles para divorciarse y poderse casar, trampa mortal de la que no parece que vuelva. Los que se quedaron esperando a la puerta del consulado no lo han vuelto a ver. Ni ellos ni nadie.
Escuchar parece que sí gracias a su prevención de dejar transmitiendo con su reloj lo que ocurría dentro. Algunos siembran dudas sobre que eso sea la fuente real debido a los presumibles inhibidores de señal, dando más fiabilidad a los posibles micrófonos o cámara instalados en el interior del consulado por sus anfitriones, los turcos, aunque esto no es fácil que se pueda reconocer. Si salen pruebas grabadas en el interior, habrá que plantearse su origen. La hipótesis menos incómoda es la del reloj inteligente, que no admite la intromisión o vigilancia dentro del área diplomática. Como puede apreciarse, nada es sencillo en la zona, mucho menos con los saudíes y turcos por medio.


Pero, ¿quién es Jamal Khashoggi, el periodista desaparecido? Saber quién es también nos ayudará a saber por qué ha desaparecido, a quién molestaba con sus escritos.
El retrato más completo creo que nos lo ha dado la BBC, tradicionalmente muy bien informada de lo que ocurre en Oriente Medio. Nacido en Medina en 1958, Khashoggi estudió en los Estados Unidos, dedicándose al Periodismo en la década de los 80, ocupándose de la invasión soviética de Afganistán y entrevistando en diversas ocasiones al que sería tristemente célebre Osama Bin Laden. Se ocupa también del seguimiento de la Guerra del Golfo desde Kuwait. A finales de los 90 se convierte en editor de la edición inglesa de Arab News.
En 2003 se convierte en editor de Al Watan y comienza su larga carrera de controversias en los medios en los que trabaja. De Al Watan es despedido a los pocos meses por criticar a los clérigos saudíes y su papel en la política. De aquí marcha a Londres y Washington como asesor de medios del embajador saudí. Regreso a Al Watan en 2007 y nuevas complicaciones que lo sacan de nuevo al tercer año.

Aquí la BBC añade un dato: «Following the Arab Spring uprisings in 2011, he expressed support for Islamist groups that had gained power in several countries.» No se expresa el grado de compromiso de Khashoggi con el llamado "islam político", especialmente la Hermandad Musulmana, pero es llamativo que se asentara en Turquía, lugar de refugio de los "hermanos", apoyados directamente por Recep Tayyip Erdogan. La Primavera Árabe supuso un peligro real no solo para las dictaduras civiles (Egipto, Túnez, Libia, Siria...), sino para las monarquías, como la saudí, que veían peligrar sus tronos y negocios con las revueltas.
En cualquier caso, debió ser moderado en sus palabras ya que, se nos dice, « In 2012 he was chosen to lead the Saudi-backed Alarab news channel - touted as a rival to the Qatari-funded Al Jazeera.» El hecho de que fuera elegido para enfrentarse a la principal cadena, Al Jazeera, que respaldaba desde Qatar las políticas islamistas, tiene interés en el caso. Señala la BBC, «But the Bahrain-based news channel stopped broadcasting less than 24 hours after its launch in 2015 after inviting a prominent Bahraini opposition figure on to speak.» ¿Por qué le nombraron?, es la pregunta, dados sus antecendentes.
Se nos dice que Khashoggi abandonó Arabia Saudí en 2017, marchando a los Estados Unidos, siendo firma invitada en muchos diarios occidentales. Ahora colaboraba con The Washington Post.
El perfil que sale del periodista es complejo. Ha estado presente en la política saudí de forma constante y se ha caracterizado por, llamémoslo así, su inconformismo y su deseo de dar voz a lo que el oficialismo no quería que se escuchara.
Podemos entender su trayectoria y sus encontronazos, pero entonces —nueva pregunta— ¿por qué hacerle desaparecer en una etapa que se presenta como reformista? Los ataques de Khashoggi se han dirigido hacia la ausencia de reformas reales, algo que al príncipe heredero, empeñado en modificar la imagen sin modificar demasiado la realidad, no le debe haber gustado mucho.
La BBC recoge sus intenciones al escribir sobre su país:

"I have left my home, my family and my job, and I am raising my voice. To do otherwise would betray those who languish in prison. I can speak when so many cannot. I want you to know that Saudi Arabia has not always been as it is now. We Saudis deserve better," he wrote.*

Y finaliza con estas otras de crítica de la situación:

"The people being arrested are not even being dissidents, they just have an independent mind," he said.
"I don't call myself an opposition: I always say I'm just a writer, I want a free environment to write and speak my mind and that's what I do in the Washington Post.
"They give me a platform to write freely and I wish I had that platform in my home."
He also criticised how the Saudi government was initiating reform.
"This serious transformation that is happening isn't discussed - the Prince supplies us every couple of weeks or couple of months with a huge multi-billion dollar project that wasn't discussed in the parliament, wasn't discussed in the newspapers and the people will just clap and say great... and things don't work that way."*


Parece que no hay muchas dudas sobre cuál era su objetivo y qué trataba de hacer desde los medios, que era su forma de presión. Las críticas sobre las reformas ya se habían producido e iban a más, esta vez teniendo como tribuna uno de los diarios más importantes del mundo occidental, The Washington Post.
Khashoggi era una pieza más en un complejísimo entramado de intereses políticos, económicos y religiosos en esa zona azotada por la intransigencia y el autoritarismo. Creo que no es necesario afinar demasiado que dar voz a Khashoggi para criticar a un aliado especial de Donald Trump es una jugada dentro de la propia política norteamericana, más allá de Oriente Medio.
Lo ocurrido con Canadá hace pocos días es revelador de la piel extremadamente fina del príncipe saudí en lo que respecta a las críticas. El presumible asesinato del periodista en el interior del consulado saudí en Turquía es una acción osada. Pero es también un mensaje claro a los críticos del régimen saudí y a lo que traten de interferir en su propia reestructuración o simplemente lavados de cara.


La reacción de la administración Trump a lo ocurrido en Turquía ha sido rápida y no se ha dejado envolver en una defensa del régimen saudí, algo muy peligroso porque pueden realizar más operaciones al estar envalentonados con las reacciones mostradas ante las protestas de Canadá.
Turquía está también interesada en complicarle la vida tanto a los saudíes como a los norteamericanos, cuyas relaciones no pasan por su mejor momento. Estratégicamente, presionará a Arabia Saudí para ver cuánto tiempo tarda la diplomacia estadounidense en salir en su defensa. Esto le sirve a Erdogan dentro y fuera. Complica un poco más las ya complicadas relaciones de Estados Unidos.
Queda mucho por saberse sobre lo que pasa en el Reino, sobre cuál es su política real en la zona, aunque si sabemos su objetivo: el control de la zona y el fortalecimiento de su monarquía en términos interiores y exteriores.
Es interesante leer el artículo publicado en el estatal egipcio Ahram Online, en régimen aliado de Arabia Saudí, y enfrentado a Turquía. El artículo se cierra así:


Khashoggi’s complicated journey makes it more difficult to predict his fate. He is intellectually close to the Muslim Brotherhood, but he is in no way a member.
He is the product of the Saudi regime, even though he does not tow their line. He has prolific Saudi, Arab and international connections, which could increase his enemies as well as friends, bring publicity to his disappearance. So far, no one has evidence of what really happened.**




El artículo tiene un título escueto: "Jamal Khashoggi: Fate unknown". Creo que el destino del periodista, a estas alturas, es todo menos "desconocido", a menos que tengamos un sentido demasiado material del destino. 
La muerte de Jamal Khashoggi es un recordatorio de cómo se hace la política en la zona y de lo que dejamos de ver cuando no queremos mirar. Es un espectro político que va desde el integrismo religioso más oscuro a los grupos marxistas, de los islamistas políticos a los salafistas que buscan el regreso a la época dorada.  En medio de todo esto, un puñado de personas sensatas que quieren un futuro en paz.
"Los saudíes", decía el periodista desparecido, "nos merecemos algo mejor". Probablemente todo Oriente Medio, pero no es fácil. Y hay que quererlo.



* "Jamal Khashoggi: Who is missing Saudi Journalist?" BBC 9/10/2018 https://www.bbc.com/news/world-middle-east-45789369
** "Jamal Khashoggi: Fate unknown" Ahram Online 13/10/3018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/8/313282/World/Region/-Jamal-Khashoggi-Fate-unknown---.aspx