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viernes, 26 de julio de 2024

Contrastes veraniegos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me llama la atención el contraste existente entre los titulares principales de dos medios, RTVE.es y 20minutos. La noticia principal del medio público, en un amplio despliegue, es "El gran mapa de las playas de España: descubre más de 3.500 destinos", a la que acompaña el texto "Encuentra información en nuestro mapa: desde su ocupación y los servicios hasta el color de la arena".* En cambio, la información en 20minutos es "La España barrida por la inflación: los sueldos suben menos que los precios desde 2019 en todo el país salvo Madrid"**.

Me resulta sorprende la distancia entre los mundos que las dos informaciones en dos medios distintos reflejan. En uno se nos llama al sano disfrute de las vacaciones, a la huida del calor; en otro en cambio se nos viene a decir que da igual que haya playas soleadas, banderas verdes al viento, etc. porque es algo que cada vez te puedes permitir menos.

En RTVE.es leemos sobre este optimista proyecto:

Con la llegada del verano y de los meses más tórridos del año, decidir dónde veranear es una de las elecciones más importantes del año. Hay quien tiene una playa 'de siempre', mientras que otros prefieren aprovechar las vacaciones para encontrar su nueva playa favorita. Y todas las posibilidades están en 'El gran mapa de las playas de España' de RTVE.

El buscador recoge información detallada de las 3.551 playas que hay en España, según los datos oficiales. Siguiendo la Guía de Playas del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), en el mapa se puede consultar desde la ocupación media de cada playa hasta la lista de servicios disponibles, así como características tan variopintas como el color de la arena, el entorno en el que se encuentran o si está permitido el nudismo.

Y un detalle importante: ¡tú también puedes participar! El mapa de las playas es un contenido en construcción. Puedes ayudarnos a completarlo enviando fotos de playas que todavía no tienen, añadiendo algún detalle que no hayamos incluido (¡o más fotos!) y contándonos si has visto algo raro.*

¡Parece salido del túnel del tiempo! ¿Será el efecto de la reposición de la serie Verano Azul? Junto a la oferta playera (¡qué casualidad!) se incluye la triunfalista noticia de que España supera los 21,6 millones de "ocupados". La calidad de la ocupación, por supuesto, se menciona menos, al igual que las diversas reconsideraciones sobre qué significa estar "ocupado" o "parado" y todos los estadios intermedios creados.

Deseamos que los que tenían una "playa de siempre" hayan guardado fotos, incluso tickets de lo que les costaban las cosas entonces. ¡Es un buen ejercicio nostálgico al que animamos a los veraneantes! Igual que se hacen fotos ante las aguas de la playa y los bonitos atardeceres, que se hagan fotos, año tras año, ante los carteles con los precios del refresco, del bocadillo o de la hamaca. Sí, a las fotos que alegremente nos piden que enviemos, añadamos las de los precios.

La información de 20minutos también va de "mapas", pero de otro tipo. Aquí ya no se trata de saber si ha cambiado el color de la arena, sino de otro tipo de colores: 

Las crisis de inflación a menudo se acaban cerrando con un empobrecimiento de las familias. Cuando los precios del consumo crecen a gran velocidad en poco tiempo, los salarios suelen quedarse rezagados. Y esta vez tampoco ha sido una excepción. Desde 2019 los precios del consumo han subido un 15,2% en España, mientras que los sueldos lo han hecho un 13,2% en ese mismo periodo. 

La pérdida de poder adquisitivo ha sido generalizada en todo el país. Hasta el punto desde que, a excepción de la Comunidad de Madrid (donde los salarios sí han subido algo más que los precios) el sueldo medio que se cobra en todas las comunidades ha devaluado su poder. De hecho, esa media nacional del 13,2% enmascara un empobrecimiento que ha sido mucho mayor en varios territorios. ** 

Menos poder adquisitivo, menos playa. Es sencillo. Es la traducción de los datos económicos a la vida diaria. "Tanto tienes, tanto haces", podríamos apuntar parafraseando el viejo dicho.

Dirigirse a nosotros —a todos los españoles— como si aquí no pasara nada es un ejercicio naif que no sé si nos podemos permitir. Si tenemos en cuenta que la inflación "veraniega" es explosiva y sin piedad, como nos dicen los cientos de caras anónimas entrevistadas cada día en los noticiarios, los que se manifiestan contra el turismo masivo que hace ruido y, sobre todo, encarece todo lo que roza, muchos de los que entren en la web playera va a ser lo más cerca que estén del agua retratada por los privilegiados que estaban allí.

También podemos pensar que el sitio web de las playas es más bien un intento promocional para que la gente vaya a donde no se atreve a ir por si tiene que pedir otro crédito. Por cierto, el hacer que la gente pida más créditos está disparando de nuevo la morosidad. Por cierto, el gobierno creó un Observatorio Estatal de la Morosidad, que siempre es más sencillo que frenarla.

A los españoles se nos incita a consumir o usar aquello pata lo que no se nos dan recursos. Es nuestro destino. Pero aquí solo se habla de un tipo de destino, el turístico, que es el que importa. Aunque sea lo último que hagas. Disculpen que traiga a colación la muerte de la turista octogenaria española en un tiroteo ¡en Afganistán! Lo llamaron "turismo de riesgo". ¿Qué se les había perdido a aquellos españoles en aquel mercado en Afganistán? Nada, pero el precio, lo que uno puede pagar.

El turismo crea su propio círculo vicioso. Suben los precios y bajan los salarios. Cuando analizan los sectores peor pagados, el de la hostelería está de los primeros. Y el crecimiento turístico que tanto se canta en los medios "optimistas" solo significa que estamos extendiendo esta miseria temporal que los políticos y los sectores beneficiados se encargan de ponderar en los medios. Si el sector turístico tiene los sueldos más bajos y sigue creciendo no hay que ser un lince para entender qué supone esto: lo que nos dicen los datos, pérdida de poder adquisitivo, crecimiento de la morosidad, inestabilidad del empleo, encarecimiento de lo básico, con la vivienda incluida, etc.

RTVE.es

En España se nos pide "veraneo", en playas de "siempre" o en otras por descubrir, aquí o en Afganistán si es necesario, para que el sector viva y sus empleados temporales malvivan. Hay que mantener circulando la economía imaginaria —el creer que todo es como antes— y seguir para que unos españoles mal pagados atiendan a otros, de aquí o de fuera, que se lo pueden permitir. Nos dicen, claro, que crecen las desigualdades sociales. No podía ser de otra forma.

Los españoles miran la web playera y luego el fondo de sus bolsillos y finalmente el fondo de sus cuentas con números rojos. ¡Difícil decisión!

Si no encontramos el punto de equilibrio entre la fantasía turística y la cruda realidad, no nos va a ir bien. Unos pocos saldrán ganado hasta que la gallina deje de poner huevos de otro. Eso sin entrar en los efectos del cambio climático en determinadas zonas, aquí y allá, por Europa. Pero eso es para otra pesadilla.

Es una pena que muestra clase política solo vea lo que le interesa y a tan corto plazo.  Tenemos todo tipo de vasos por ver.


* L. MONTILLA / A. MARTÍN PLAZA / C. POZO | DatosRTVE / InfografíaRTVE "El gran mapa de las playas de España: descubre más de 3.500 destinos" RTVE.es 26/07/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240725/gran-mapa-playas-espana-buscador/16164854.shtml 

** Jorge Millán "La España barrida por la inflación: los sueldos suben menos que los precios desde 2019 en todo el país salvo Madrid" 20minutos 25/07/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5534823/0/espana-barrida-por-inflacion-los-sueldos-suben-menos-que-los-precios-desde-2019-todo-pais-salvo-madrid/

viernes, 1 de septiembre de 2023

No lo entiendo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A ver si es que no lo entiendo yo bien. Primero se nos dice que España es el segundo país de la Unión Europea con un tasa más baja de inflación, aunque después se nos añade que somos el país con más paro de la misma Unión, más del 11%. Pero se nos dice que los carburantes se han encarecido tras dos meses de subidas y se alzan con la operación retorno de las vacaciones más caras de la historia y que nos disponemos a enfrentarnos a la vuelta al cole más cara de la historia. Se nos dan las quejas de los que tienen contratadas hipotecas, que experimentarán unas insufribles subidas por causa de Euribor, lo que ha provocado, nos dice otra noticia, que la firma de hipotecas haya caído un 22% en junio, subiendo más de un punto, hasta el 3,19%. Quizá yo no lo entiendo bien.

Se nos dice hoy en RTVE% el drama de los pacientes oncológicos en Baleares, que ven mermada su atención porque no hay médicos, apenas la mitad de los necesarios. ¿La causa? Que nadie quiere ir a Baleares por lo elevado del coste de la vida y el precio desorbitado de los alquileres. Médicos y pacientes se quejan de que no se cubren las plazas. Los sueldos bajos empujan a irse al extranjero y los precios altos por ser zona turística, con "precios turísticos", hacen imposible vivir allí y, por ello, no quiere nadie irse a la zona. Nos dice incluso que el gobierno balear ha quitado el requisito del conocimiento del catalán, porque el nacionalismo demagógico tiene el límite en la muerte de las personas en listas de espera.


Lo confieso: me baila todo. No acabo de entender cómo tenemos la inflación más baja mientras sube todo. No creo que la gente se queje por quejarse y que los medios hablen de las subidas simplemente por hacerlo.

La combinación del dato de la tasa de paro con la de la subida de los precios, con el frenazo a las hipotecas, casan con otros datos que los investigadores sociales nos ofrecen, por ejemplo, el regreso a casa de los padres de muchos hijos que no pueden afrontar la emancipación o que tratan de ahorrar para evitar las hipotecas.

Los hosteleros despiden las vacaciones ordinarias más caras de la historia y se disponen a lanzarse sobre las otoñales e invernales del IMSERSO, avisando, claro, de que deberán subirlas porque está todo muy caro, pese al buen dato de la inflación respecto a Europa.

El regreso a casa de los padres o el alojamiento de los padres en casa de los hijos para contribuir a la economía se puede constatar en las cajas de cualquier supermercado. Entre desempleo y bajos sueldos, la economía española es una ficción turística. Aunque a lo mejor la ficción somos nosotros y los turistas la realidad.

¡Cómo estará la cosa que en RTVE.es escriben "respiro", con comillas! No sé muy bien si es por ironía o porque la gente ya no sabe qué significa eso de "respirar" económicamente. Las comillas son necesarias porque no son respiros-respiros, sino simplemente que lo que había subido mucho baja un poquito. En realidad sigue carísimo, pero da un poco de ánimo ver la palabra "respiro" en un titular.

Lo mismo pasa con esa montaña rusa que es el precio de la luz, donde es la palabra "baja" la que debería ir siempre entrecomillada. Un día se dispara y al otro nos dicen que "baja" un 15%, lo que no tiene sentido más que en términos de secuencia. Bajar un poco cuando sube mucho crea una ficción si lo damos en términos de tantos por ciento. Sería mejor ver una gráfica y saber cómo evolucionan los precios realmente en lo importante: en cómo afectan a nuestro bolsillo. Pero a lo mejor nos asustamos o, peor, nos enfadamos. Así que mejor vivir la ficción de la "tregua", otro término bélico que usamos a diario. Pero siempre ganan los mismos.

Todas estas jugadas técnicas de la información económica finalmente se vuelve extraña cuando llega el momento de ver lo que queda en el banco después de pagar y lo que queda en el bolsillo después de comprar. Ambas cifras se ajustan y son las que interesan. El ahorro que se había producido durante la pandemia es evacuado de nuestras cuentas corrientes para beneficio de los que ganan siempre. Esos bancos y empresas de los que nos cuentas cómo se han disparado las ganancias.

No lo entiendo. 

 

sábado, 16 de julio de 2022

El Gran Hermano Bar o la militarización del ocio

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nunca se ha escuchado tanto la palabra "ocio" como en estos últimos tiempos. De hecho, durante la COVID nos hemos preocupado más del ocio que del trabajo, ya que nuestro ocio es trabajo y beneficio. Ponernos la mascarilla ha sido quitarnos la máscara nacional y descubrir que nuestro estado natural es el de consumidores del ocio. Para que unos disfruten otros tienen que trabajar, para que unos ganen otros deben gastar. Es así de simple sobre el papel, pero en la realidad se nos está complicando.

Recogimos aquí el resoplido satisfecho de aquella primera señora que nos mostraron asentando sus posaderas en la silla de una terracita después de tanto tiempo y tantas ganas. Esta fórmula se ha convertido en una entradilla tópica para todo. Si se nos habla de los Sanfermines se nos explica que "después de tanto tiempo, había muchas ganas".

Durante el tiempo no se podían usar los interiores de cafeterías y restaurantes. Hubo que habilitar unas terrazas ampliadas para que los negocios del ocio pudieran sobrevivir. Pese al malestar mostrado por los vecinos, que veían cómo el ruido crecía bajo sus ventanas ("después de tanto tiempo, había muchas ganas", por supuesto, de hacer ruido), las terrazas se impusieron. Por el camino se habían quejado de que los "botellones" tenían ventaja, que la gente hacía en ellos lo que no les estaba permitido en los locales de ocio. Sabemos desde hace mucho tiempo que el gran local de ocio español es la calle y que durante décadas se han estado probando fórmulas para canalizarlo a interiores, que es donde está el negocio. Pero eso es otra cuestión.

En RTVE.es leemos el siguiente titular sobre esto: "Terrazas con cronómetro: algunos bares y restaurantes limitan el tiempo a sus clientes"*.  Podemos leer allí: 

En las mesas de algunos restaurantes se puede leer el cartel que fija un límite de hora para permanecer en ellas: 30 minutos para tomar algo o de una hora y media para comer.

En algunos casos es incluso menor y el tiempo para comidas se queda en una hora. El debate está servido y los principales afectados son los clientes: "¿Por qué tiene que haber límite?, no lo entiendo, me estresa saber que tengo un tiempo limitado", asegura un ciudadano desde una terraza en Barcelona.

Y como en todo, hay opiniones para todos los gustos: "Me parece bien, tienen que vivir de algo", afirma otro comensal de la ciudad condal.* 


En el artículo se nos dice que es "legal" si se avisa antes a los clientes, si se coloca algún cartel especificándolo. De no hacerse de esta forma, la cuestión sería ilegal. Me gustaría, en cualquier caso, ver qué ocurre en el era de los teléfonos móviles si unas personas deciden que no han "terminado" la comida (no entendida como un acto alimenticio, sino como un acto social) o que no les apetece levantarse de la mesa.

Poner tiempo al ocio es, como señala uno de los preguntados en Barcelona, cuanto menos "estresante". El acto social de estar en una terraza es precisamente no tener que mirar el reloj, por eso se llama "ocio". Pero aquí es "ocio" cuando te interesa y entonces te preocupas por la salud mental de los que no pueden disfrutar su ocio porque hay restricciones, etc. y deja de serlo cuando es una marcha militar en la que te marcan ritmo y el tiempo de tu estancia.

Mucho me temo que si esta práctica prospera, pueda ocurrir el mismo fenómeno que provocó el botellón, que no fue otro que el encarecimiento del ocio destinado a los jóvenes. Los empresarios no querían ver a cinco jóvenes sentados a una mesa compartiendo dos refrescos durante unas horas. Subieron los precios y desarrollaron diversas prácticas, algunas muy imaginativas para evitar que esto ocurriera. Los jóvenes decidieron que era mucho más divertido pasarse la tarde y noche en la calle "haciendo botellón". Todavía hoy veo en mi gran superficie habitual cómo los grupos de jóvenes entran viernes y sábados y salen con diversas botellas con las que se pasan las noches en los parques. Tengo mis dudas sobre si las limitaciones de la venta de alcohol están orientadas hacia la salud pública y no una forma de presión por parte del gremio que ha dejado de venderlo. Lo que han hecho precisamente ha sido extender esta práctica, que cubre ya una generación, y sobre todo señalar su fundamento: es social, barata y nadie les dice cuándo se termina. Los efectos paralelos también los conocemos, desgraciadamente.


Hay mucha prisa por recuperar el dinero que se quedó guardado en forma de ahorro. Ese dinero está fuera del circuito y está saliendo a través de la fuerte inflación. Algunos han conectado el fin de la pandemia con el fin de la crisis, algo que no es cierto. El deseo de "recuperar" lo no gastado, junto a las jugadas de Putin, está llevando a una serie de prácticas que están disparando la inflación, reduciendo la calidad de la vida y de los productos.

Las prácticas comerciales a las que estamos asistiendo son realmente preocupantes. Vemos cómo se reducen las raciones y se doblan los precios con toda naturalidad, ya que la culpa la tiene Ucrania, claro. Vemos cómo se rebaja la calidad de los productos porque, claro, la energía está muy cara para tener las neveras todo el día encendidas y hace mucho calor. Como ha subido la gasolina, todo se ha encarecido en un intento de "no entrar en pérdidas·, es decir, la clásica espiral inflacionistas.

Cronometrar el ocio es una práctica más en este sentido. El otro día quedé con dos amigas para comer en una cafetería restaurante muy conocida de una céntrica zona comercial madrileña. La empresa tiene sus zonas horarias en función de las franjas para desayunos, comidas, meriendas y cenas, con públicos distintos en cada una de ellas. Cuando entramos a las dos de la tarde, con un calor horrible, el aire acondicionado era casi polar, algo que se notaba en contraste con el calor de la calle. Comimos tranquilamente, pero a las 4 de la tarde empezamos a sentir un fuerte calor. No te piden que te vayas, pero la forma de desalojar mediante la subida de las temperaturas era clara. La gente sale a la calle y deja sitio a la siguiente tanda, para los que se volverá a subir el aire acondicionado. Sencillo.

El segundo entrevistado en la noticia de RTVE.es dice que "le parece bien", que "tienen que vivir de algo", señala. Sí, pero tienen que tener mucho cuidado con no matar a la gallina de los huevos de oro. El ocio es ocio y si quieres vivir de él tienes que tener cuidado con lo que haces. Militarizar a los que están intentando tener un rato de descanso es, en el mejor de los casos, estresante. Cuidado, no vayan a tener que lamentarlo.

No sé si estamos preparados para un sector que decida reducir la calidad de los productos, reducir las raciones y hacer lo mismo con el tiempo. Eso, además, viene acompañado por una rebaja de los sueldos. ¿Cuántas veces hemos escuchado la queja del sector de que no encuentran personal? Si el mercado funciona en un sentido, debería funcionar en el otro, es decir, mejorar la oferta de empleo y así seguro que encuentran trabajadores para atender sus negocios de hostelería.

No cuentan que los precios de las vacaciones han subido un 30%; veíamos hace días que el alquiler de coches para el verano se ha multiplicado por cuatro. Algunos comercios retiran los productos baratos para limitar la elección del consumidor y desechan menos productos en mal estado amparándose en que no se desperdicie nada; lo malo es que compramos un producto peor pagando en ocasiones el doble.

Como se trata de un "libre mercado", las autoridades tienen poco que hacer (aunque deberían). Las asociaciones de consumidores deberían estar más activas denunciando allí donde los abusos sobre los consumidores hacen acto de presencia.

Hay muchas formas de mejorar los servicios para mejorar la situación de los negocios. Pero mucho me temo que algunos están escogiendo la excusa más fácil para ofrecer la mitad a doble de precio. Lo que se está provocando así es una espiral inflacionista. El resultado es que lo acaba pagando el consumidor, como hemos podido comprobar con los "pactos" entre empresas grandes para evitar competir entre ellas. El objetivo es siempre el consumidor y el "aliado" es la falsa "competencia" en mucho sectores.

No digo que no haya muchas personas que abusen. Pero también hay que señalar que si muchos no consumen más es porque no pueden. Echarlos a la calle es crear un precedente con consecuencias que no podemos anticipar, aunque sí especular sobre las posibilidades. El Gran Hermano Bar puede manifestar su lado más oscuro, tras la explotación de sus propios trabajadores.

Una cosa es poner un horario de comidas, algo frecuente, y otra cronometrarte un refresco o un bocadillo. La casuística puede ser infinita: ¿qué tiempo cuenta si empiezas a comer y luego llega un amigo y se suma? ¿Y si llega un tercero? ¿Deben separarse cuando se acabe cada tiempo individual? Y así podríamos seguir proponiendo supuestos. 

Cuando uno se sienta en una terraza, está comprando algo más que una comida o bebida; compra espacio y tiempo, además del servicio y las vistas. Compra tranquilidad, relajación. Espero que sepan lo que están haciendo porque puede ser muy negativo.

Si el ocio es el gran negocio, debería tratarse de otra manera porque se corre el riesgo de que sea lo primero de que se prescinda cuando las cuentas ya no nos salgan y la cuenta del banco suene a eco. Ya estamos en una tasa de ahorro negativa. Aumentará el negocio de las tarteras si siguen así.

Mucha gente se ha ido hacia las autocaravanas como alternativa al alza de los precios turísticos, con la consiguiente elevación de los precios en el sector de los vehículos. Otras han optado por reducir su vacaciones al mínimo o a quedarse en casa. Cuando te crean problemas (añadidos a los que ya tienes), la gente responde defendiéndose. Lo especial del ocio es que era la alternativa al resto; ahora forma parte igualmente del problema.

Las teorías nos decían que la forma de atraer a los consumidores era tratarlos mejor, ofrecerles más cosas y más barato. Habrá que revisar las teorías.

Se han tomado o dejado de tomar muchas medidas sanitarias pensando en no perjudicar a la hostelería, el gran motor nacional. Ahora las circunstancias son otras y se ha pasado de unos lamentos a otros.  Lo que sabe bien es esa coletilla de justificar las subidas de los precios en los "posibles despidos". El rechazo a trabajar en el sector es claro. Los bajos salarios han sido la norma, junto con la falta de límite laboral temporal; para el trabajo no hay límite, pero sí para el consumo.

Si miramos el tratamiento informativo que se le ha dado a esto es muy amplio. Esto indica que es algo a lo que la gente es muy sensible, pues primero se les empuja a las terrazas y el consumo, para luego subirles los precios y reducirle el tiempo. La noticia está por todas parte y algunos medios hablan de "la moda de las terrazas con cronómetro". No nos engañemos, no va a ser una moda algo que va contra el consumidor, por más que se disfrace.

Poner límites temporales en las terrazas, cafeterías y restaurantes, cambia radicalmente el sentido social del acto en sí. Se convierte en un ataque directo a su valor principal. Más caro, menos cantidad, menos tiempo. La excusa de que todos lo hacen llevará a las reacciones de defensa de los consumidores y, probablemente, al establecimiento de sectores diferenciados con aquellos a los que nos les importa y con los que buscarán otras fórmulas en la que estar disfrutando de su propio ocio sin que les digan cuándo se deben levantar.

 

* "Terrazas con cronómetro: algunos bares y restaurantes limitan el tiempo a sus clientes" RTVE.es 15/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220715/limite-tiempo-para-consumir-terrazas-restaurantes/2388860.shtml

martes, 12 de julio de 2022

Más allá del verano o cambiar de modelo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El descubrimiento de que hay muchos campos de batalla más allá de donde caen las bombas está siendo duro y va a serlo más. Las ondas expansivas de la guerra llegan a todo el planeta mostrando sus puntos débiles, que son los más afectados. La idea de sembrar la guerra por todo el mundo es maquiavélica y debe ser comprendida por todos aquellos que creen estar a salvo en la terracita. El refugio fiestero se viene abajo rápido cuando compruebas que coste de tu cervecita se ha disparado o que al irte de vacaciones el coste de los coches de alquiler (como nos contaban ayer en TV) se ha multiplicado por cuatro y que los hoteles han subido sus precios más de un treinta por ciento.

La huelga estratégica de un puñado de camioneros nos hizo ver lo controlable de nuestra economía simplemente retrasando las entregas y la falta de medios alternativos. Vimos vacas amenazadas de muerte por quedarse sin pienso, vacas con las ubres llenas porque no podía almacenarse más leche en las granjas y todo tipo de crisis, con vacas o sin ellas. A las fábricas de coches no les llegaban los chips porque no sé qué pasaba en la ruta de China; los comisionistas se hacía de oro con el "p'a la saca" ante nuestra incapacidad de fabricar mascarillas que se vendían a precio de oro, aunque muchas de ellas no reunían los estándares para frenar a los virus... En fin, un desastre en donde nuestro sector del ocio nocturno no quería ver gente con mascarillas porque se bebe menos, por lo que parece.

Los turistas  —sí o sí— tenían que salir de sus países como fuera. Y es duro tener que recibir ochenta millones de extranjeros para ir un poco bien. El drama español es que para que vayamos bien ellos tienen que ir mejor y decirse a sí mismos que en ningún sitio se está mejor que en España y venir a tumbarse a algún rincón, eso sí, gastando, porque ¡ya está bien de mochileros! No dejaron sin oligarcas rusos y eso no puede ser.

La economía española necesita de terceros felices y con fondos. Pero las perspectivas otoñales no son las que debieran. La idea de que todo está muy caro (porque lo está) no beneficia al turismo, que va recortando días hasta que ya no le merece la pena venir.

En estos días, para mi sorpresa, veo a gente luciendo ya el moreno por mi pueblo. Se han ido unos días y ya han vuelto, por lo que las salidas de julio y agosto me temo que serán menos y con menor gasto. Lo del mes de vacaciones ha pasado a mejor vida; creo que la quincena también ha encogido. Lo justo para coger un poquito de color y vale.

Nos dicen que vienen más turistas que durante la pandemia, que vinieron pocos, pero que son menos que antes y gastan más (porque les cobramos más). Esto tendrá un límite. Vendrán cada vez menos si la situación europea continúa así de mal, porque ya no se trata de la guerra en sí, sino de un cambio del modelo mundial de relaciones. Hemos pasado de movernos por el mundo a recelar de lo que podemos encontrarnos en él. Las zonas conflictivas de Europa han aumentado. ¿Nos publicitaremos como el "edén"?


La gente antes se quedaba unos segundos mirando el tique del supermercado. Ahora le dedican más tiempo y se desplazan más lejos en busca de ofertas. El material que encuentras no está muchas veces en el estado adecuado ya sea porque no se retira apenas nada o porque se ha bajado la temperatura de las cámaras de almacenamiento. 

La subida bestial de la inflación que padecemos es una especie de euforia alcista que hace que muchos suban porque no tienen más remedio, pero que otros lo hagan impulsados por el ejemplo.

A los que salen de las ciudades con precios altos les esperan subidas brutales, mayores, en sus lugares de vacaciones. Allí los esperan para poder cubrir las pérdidas de temporadas anteriores sin turismo o con menos del habitual.

Las huelgas estratégicas acaban de arreglarlo. Si los transportistas jugaron fuerte, el personal de las compañías aéreas lo están haciendo con sus huelgas convirtiendo en infiernos los aeropuertos sometidos, además, a las olas de calor que nos azotan. No hace falta mucha imaginación para entrar en la cabeza de quienes están tirados en un aeropuerto, a más de 40 grados, mientras se consumen los días de tus caras vacaciones.


¿La culpa la tiene Putin? Pues de una parte importante, sí. El resto es nuestra propia economía que, si le falta su materia principal, el turista extranjero, necesita comer productos nacionales, es decir, nosotros. Ya hay indicadores de que no se produce ahorro, es decir, que se gasta lo que se ingresa y pronto se empezará a sacar las reservas, si no se está haciendo ya aquellos que las tienen, que son cada vez menos por la precariedad y los bajos sueldos.

Los precios que se nos dan son escandalosos y van a conseguir, además de que suba más la inflación, que se produzca una recensión del consumo, con lo cual nos espera un otoño fino. Decimos "otoño" por no extenderlo más, pero la recuperación de esto nos va a dejar importantes secuelas. Como aquí no se remodela nada, no se buscan nuevas fórmulas para salir de estas fórmulas, nos veremos condenados a salir —como ya ocurrió antes— con ciertas taras que no logramos quitarnos por la ineficacia política, que debería planificar los desarrollos de los sectores alternativos para no tropezar siempre en la misma piedra.


Desgraciadamente, nuestra política maniquea y efectista, cortoplacista y electoral, no entra en los males de raíz, por lo que seguimos arrastrando nuestras miserias camino de un futuro oscuro, pero terriblemente claro por su simpleza. Hay que desarrollar e invertir en proyectos que reduzcan nuestras dependencias porque puede que se haya terminado el periodo de oro del turismo, que ese mundo en paz y prosperidad que nos llevaba a recorrer el mundo se hay terminado entre pandemias e inestabilidades políticas, lo que va de Ecuador a Sri Lanka, pasando por el norte de África. Entre populismos xenófobos, pandemias, guerras e inestabilidades, se nos reduce el turismo. Nosotros podemos estar en "paz", pero el turista viene de fuera, de un mundo con tantos o más problemas que nosotros.

De nuevo hay que exportar, pero con estos precios no será fácil colocar los productos en los mercados. Necesitamos mentes claras y vocación de conjunto, de país, dejar de considerarlo un escenario bélico para la política sobre el que demagogia y rastrear las buenas ideas, invertir donde es necesario crear formas nuevas. El modelo puede que deje de funcionar y hay que seguir adelante porque podemos hacerlo, pero hay que evitar las nieblas que nos rodean. Hay que crear foros reales de debate para encontrar soluciones reales. Hace falta una política de industrialización, de investigación y desarrollo, recuperar el terreno perdido, asegurar y fortalecer el empleo, volver a tener ilusión más allá del chiringuito.

Necesitamos anticiparnos al futuro, que es la única forma de salir adelante. Lo demás, como se suele decir, es pan para hoy y hambre para mañana.

12/05/2021




jueves, 24 de marzo de 2022

Ni Putin lo hubiera hecho mejor

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La situación actual española nos deja unas cuantas imágenes curiosas, algunas sorprendentes. Lo que rodea a nuestra bulliciosa imagen es la guerra de Ucrania, la sangrienta invasión rusa de un país vecino al que se está arrasando y del que cuando se retiren solo quedarán ruinas y el orgullo de los ucranianos para levantarlo. Eso, claro está, si Rusia se retira o hace lo que ha hecho durante siglos: invadir, arrasar y repoblar. Esos prorrusos asentados en Ucrania y en los países vecinos son los restos que Rusia trae cuando hace desaparecer las poblaciones, a las que mandaba antes al corazón de Siberia.

Pero lo que estamos viendo aquí, en esta situación extremadamente trágica, es algo muy diferente. No hemos tenido que esperar a la guerra porque ya la teníamos "preinstalada", lista para activar. Tengo dudas si lo que vemos es a causa de la maldad o de la estupidez; pero de lo que no tengo dudas es de lo insólito del panorama que contemplamos.

La inoperancia gubernamental ante la subida de los costes de la energía es obvia. Las promesas fallidas hacen que la gente recele de las siguientes. La energía no ha bajado, como se prometió, simplemente. Es difícil hacer que algo baje cuando algunos, los que sean se enriquecen o se benefician de forma política con ello. Lo que no entendíamos entonces —¿por qué es incontrolable?— lo entendemos un poco mejor ahora. La diferencia es que este lío está arrastrando al desastre a lo que queda sano en España gracias al control de un sector estratégico, como es el transporte, donde han quedado arrinconados patronal y sindicatos, a manos de una pequeña plataforma de transportistas empeñados en conseguir... ¿qué? No siempre se consigue lo que se quiere y muchas veces lo que se consigue no era lo esperado.

¿Cómo es posible que esté media España paralizada, desabastecida de muchas cosas, con fábricas parando la producción, granjas tirando leche, las cosechas pudriéndose porque no hay quien vaya a recogerlas, etc. en mitad de una guerra en la que se están utilizando este tipo de presiones energéticas como contraataque?

¿Qué inoperancia es la de este gobierno, incapaz de atender un problema con el que llevamos meses —¡meses!— y que introduce otros nuevos, como el del Sahara y el colateral con Argelia, de quien más dependemos para el suministro de gas? ¿Cómo es posible?

Podemos elegir maldad o estupidez, pero no nos queda mucho más donde elegir en el despropósito de unos y otros, mientras Europa trata de no verse arrastrada por las presiones energéticas de Putin. En vez de pensar cómo solucionar problemas, nos dedicamos unos a dar paseos por Europa y otros a dar paseos tocando el claxon por las calles y carreteras españolas. Son cientos de millones en pérdidas, creación de pánicos en la gente que ya no sabe qué comprar por temor a quedarse desabastecida.

Ha habido muchos paros del transporte en otras ocasiones en las últimas décadas. Ninguno más destructivo e inoportuno que este, ninguno más estúpido ante una situación dramática que no debe servir de excusa para la inoperancia gubernamental, especialmente después de lo ocurrido con el Sahara y las consecuencias imprevisibles.

Cuantos más problemas particulares acumulemos, más débiles seremos, más fácil será hacernos daño y esto hará a los enemigos a los que Europa se enfrenta más fuertes.

Lo que ocurre ahora es el resultado de una falta de sentido del gobierno desde hace mucho tiempo. No se puede escuchar a un ministro decir hace unos días que van a "estudiar la problemática del sector", refiriéndose al transporte. No se puede crear un caos destructivo desde un grupo minoritario al que se le van sumando desde otros sectores creando la tormenta perfecta, el caos imprevisible y seguir dando largas con las fechas europeas.


Los problemas de la energía son el campo creado por Putin para evitar ser presionado y tener un arma eficaz contra la Europa consumidora de todo tipo de energías suministradas para crear dependencia energética. El problema lleva mucho tiempo sobre la mesa y demasiado en la papelera pudriéndose. Da igual que sea por culpa de Putin, de Europa o de quien sea. Lo importante es que lo que se tenía que hacer no se ha hecho, mientras que se dedicaban a polémicas absurdas y electoralistas cada uno de los ministerios. Los grandes problemas eran demasiado grandes para su atención.


Pero lo que ocurre con los transportistas es de una enorme irresponsabilidad en estos momentos, por muy mal que se esté pasando. Puede que ya nadie se fie de las largas continuas dadas por el gobierno, que haya que llegar a extremos, pero esto es una enorme destrucción que se va a volver contra los propios transportistas al estar saboteando a los propias empresas que son sus clientes.

No es comprensible que se haya llegado a este extremo de violencia, con piquetes, pedradas y hasta algún disparo, consiguiendo bloquear a los que quieren trabajar y poniendo en duda al resto de las fuerzas sociales que negocian. Esto se parece más a un secuestro que a una negociación. Es la consecuencia de la palabrería, de las promesas incumplidas y, especialmente, de no querer tomar decisiones que dañen la propia imagen en esa competición absurda entre "socios" de gobierno. Lo del Sáhara ha sido el broche definitivo de un intento de marcar goles ante los votantes frente a las continuas puñaladas por la espalda.


Los daños que están causando a terceros exceden lo razonable y agudizan la crisis extendiendo la inflación. Lo que se está perdiendo es irrecuperable. Es una muestra de debilidad absoluta lo que estamos ofreciendo al exterior, una muestra de inoperancia.

Algunos piden que se les financie como a Alemania, pero ¿somos Alemania? Otros como a Francia y podemos repetir la pregunta. ¿Nos comportamos con ellos?

Volvamos al principio: maldad o estupidez. Elija. No se trata de dar la razón a nadie o de quitársela. Se trata de fines y medios, de límites. Se trata de entender, por un lado, que gobernar es resolver problemas, evitar que se pudran y no poner excusas, ni buscar salir en la foto a toda costa esquivando los conflictos. Gobernar es resolver problemas y no hacer turismo político. De la misma forma, no se puede hacer daño a los demás hasta los niveles a los que se está llegando, nunca vistos anteriormente.

Mientras en Ucrania se quedan sin alimentos, aislados, aquí tiramos la leche y dejamos de recoger cosechas o no tenemos con qué alimentar a cerdos y demás ganado. No es demagogia; son los hechos.

¿Esta es la demostración de cómo nos vamos a enfrentar a las consecuencias de las sanciones contra Rusia para llevarle a ceder y así al final de la guerra?

Ni Putin lo hubiera hecho mejor.




sábado, 19 de marzo de 2022

Por si acaso o miedos en cadena

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No suele ser aconsejable jugar con el miedo, con los temores al futuro de las personas. Jugamos con el miedo a través de titulares excitantes y pretendemos que la gente los lea con un cierto aire británico, sosteniendo su taza de té sin que apenas se derrame una gota.

El diario El País titula "Los consumidores vacían las estanterías de leche y aceite por el miedo al desabastecimiento" es un titular al que hay que sumar los causados por otros miedos en cadena. Las escenas de los piquetes de transportistas, las imágenes de los estantes vacíos, las de ayer derramando leche porque no les cabe y los depósitos, las de los cerdos sin pienso que llevarse a los morros, las de vacas intentando encontrar una brizna de hierba a falta del pienso que no llega... Todo se junta en un efecto realimentador del miedo.


Hablo mucho con mi quiosquera del centro comercial. No damos unas instructiva charlas cada vez que voy a preguntar por si ha salido alguna de las publicaciones que colecciono. Su amplio quiosco es un observatorio privilegiado porque queda frente a las cajas del hipermercado. Por delante de ella pasan los carritos y bolsas, las cestas de la compra.

—¡Hemos vuelto a lo del papel higiénico del principio de la pandemia!—me dice.

—Veo dentro muchas parejas mayores haciendo la compra con carros—le digo. La empresa ha desarrollado un programa de descuentos especiales a las personas de más de 65 años. No es mucho, pero algo hace en las maltrechas economías.

—Sí, parece que fuera a acabarse el mundo.

Hablamos finalmente de la obsesión desatada por el aceite de girasol.

Miramos hacia las cajas y vemos salir sobre todo a gente mayor. Uno empuja el carro mientras el otro mira con detenimiento la cuenta que les han entregado.

Los mensajes que se reciben cada día van en sentido contradictorio. Muchos medidos de comunicación juegan con los miedos; otros tratan de calmarlos. Mientras el presidente de una gran cadena de supermercados sale a las tres de la tarde diciendo que no hay ningún problema de abastecimiento, los medios se empeñan en enfocar estantes vacíos de leche. A las nueva, los informativos se centran en las granjas a las que no llegan los piensos y por las que nadie pasa a recoger la leche. Esta vez la voz se les da a los agricultores, que se quejan de los bajos precios que les pagan y de los altos costes que asumen para mantener sus negocios. Todo les ha subido en espiral creciente y dicen estar vendiendo por debajo de los costes.

Pero ¿cómo mantener la calma con titulares como los del diario ABC, "Estas son las pastillas de yodo recomendadas ante un ataque nuclear"? Sus titulares de portada hoy son para el campo y su guerra contra Sánchez. Todo debe ser descrito en términos de "guerras", es lo que la actualidad manda y se recomienda por las teorías comunicativas para mantener la inquietud y captar la atención de los lectores. Con una guerra real en pantalla, todas las demás guerras metafóricas se viven con más intensidad. Ya estaba bastante caldeado el ambiente político, casi prebélico, para que pasara por el filtro de la guerra de fondo. Repasen cuántos titulares hablan de "guerra" o similares, aunque no venga a cuento. Del "Guerra en Reino Unido por el foie grass" (Antena 3) al "Golpe a los dulces industriales por la guerra de Ucrania" (El País), todo se contagia de la jerga belicista, golpista, un puro sobresalto. ¿Debemos hacer también acopio de chuches antes de que se agoten?


La noticia más leída de la web de Antena 3 a estas horas lleva por titular "La Policía recupera en una calle de Madrid el maletín radioactivo robado el martes en Humanes", más peligro nuclear para tiempos de guerra. La noticia comienza así:

Fin a tres días de angustia, temor e incertidumbre. Agentes de la Policía Nacional han recuperado este jueves en la calle de Francisco Ruiz del distrito madrileño de Usera el maletín radioactivo cuya sustracción en Humanes (Madrid) fue denunciada el martes por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

Se acaba el misterio sobre el paradero del famoso maletín, que de haber sido abierto o manipulado podría haber causado un desastre de proporciones incalculables.*

Tras contarnos el proceso de cómo fue cercado el perímetro y desalojado un edificio próximo por las autoridades, el final del artículo señala:

Se trata de un equipo de medición de densidad y humedad de suelos que contiene fuentes radiactivas de categoría cuatro que es improbable que sean peligrosas para las personas siempre que no se abra o se destruya el maletín.

Según comunicó el CSN el pasado martes, el robo del equipo se produjo tras la manipulación de la cerradura del portón lateral de la furgoneta en la que se transportaba.

Hace cinco años, en Barcelona, ocurrió un hecho similar. Un maletín con material radioactivo del mismo tipo que el encontrado hoy en Madrid, fue sustraído y apareció, días después y en buen estado, en Santa Coloma de Gramanet.*



¿En qué quedamos? ¿En el "desastre de proporciones incalculables" de la primera parte o en el "es improbable que sean peligrosas para las personas siempre que no se abra o se destruya el maletín" de la segunda? Da igual, se comienza con un sobresalto y se cierra con un suspiro de alivio.

Y así estamos cada día. Con una guerra real, con imágenes terribles, con situaciones trágicas, a las que añadimos todo este fondo de conflictos con origen en el transporte y las carencias que provoca, entre asociaciones "minoritarias" (esto se ha repetido desde el inicio) a las que miembros del gobierno califican de "ultraderecha", infiltradas por activistas y "que le hacen el juego a Putin", según otros, como se dice ya abiertamente.

Y así nos toca vivir cada día, entre maletines radioactivos perdidos, la falta de leche aceite y pronto de las pastillas para la radicación nuclear, por si acaso. Son estas tres palabras las que lo explican todo, "por si acaso". En ellas se unen acción y temor, los dos componentes de esta guerra psicológica, económica, política, mediática que vivimos cada día en nuestra condición de españoles. "Por si acaso" lo resume todo: me llevo más aceite, acabo con la leche, me tomo una pastilla antinuclear y construyo un bunker. Todo por si acaso.


"Por ello" (lo contrario del "por si acaso") suben nuestros temores y con ellos la inflación y la escasez, que son los "mejores amigos". ¿Hay forma de parar esto? Sí, claro, pero entonces reducen sus beneficios los muchos negocios que se basan en el "por si acaso". Para que la pérdida de un maletín de mediciones se convierta en la noticia más leída del momento en el medio que la ofrece se tiene que hablar de un "maletín nuclear" (¡Dios mío, si hasta James Bond intervino en algo así!) capaz de destruir ya no solo un edificio sino medio planeta y dejar secuelas durante generaciones.



El miedo vende y el miedo exagerado, amplificado vende mucho más. El problema es que estamos en un delicado equilibrio entre diferentes problemas y tragedias (hay que saber distinguirlos), en el que es fácil insuflar oxígeno con el fuelle del sensacionalismo. En Antena3, por ejemplo, no dejan de advertirnos de la crudeza de las imágenes que vamos a ver, lo cual les agradezco. No encuentro el sentido informativo de la mayoría de ellas, pero les agradezco que me adviertan para cambiar de canal.

El mundo se está complicando mucho como para jugar con él. Jugar con los riesgos reales o imaginarios es demasiado arriesgado. Hoy muchos medios juegan a ser el "aprendiz de brujo" y se nos puede escapar de las manos. 


Hace falta más que nunca una opinión ponderada, de personas capaces de entender lo que tienen delante de una cámara o de la pantalla de un ordenador. Hay que mirar el mundo, pero también ayudar a reflexionar sobre él. De no hacerse, a los problemas reales se les añaden los múltiples "por si acaso" nacidos de temores que acaban creando nuevos problemas reales. Son muchos los que aprovechan los tiempos revueltos para hacer sus negocios y el del miedo es uno de los más poderosos y fáciles de emprendimiento.

¿Qué se le pasa por la cabeza a una pareja de jubilados que entran a comprar en un supermercado? ¿Qué tiene ante sí aquel que ha estado expuesto a horas diarias de explosiones, muertos, conflictos, carencias, amenazas nucleares o químicas...? El mundo es complicado y violento, sí, pero no lo agrandemos introduciendo nuevos conflictos metafóricos. La amenaza imaginada puede hacer más daño que la real. ¿Cuándo una se convierte en otra? No lo sabemos, pero el miedo ha provocado muchas catástrofes como para no tenerle miedo al miedo. No se trata de ser indiferente a los problemas reales, sino de ser informados de ellos con la inteligencia suficiente como para que el resultado sea la comprensión y no el sobresalto. Si la noticia del posible desabastecimiento provoca un desabastecimiento real, hágalo de otra manera. "Sí, pero es el miedo el que vende, los desastres los que atraen lectores", me dirá algún editor.  

Nadie ha dicho que haya solución.


* Jorge Martínez "La Policía recupera en una calle de Madrid el maletín radioactivo robado el martes en Humanes" Antena 3 17/03/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/policia-recupera-calle-madrid-maletin-radioactivo-robado-martes-humanes_2022031762330eaff5e39e0001fa4403.html