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miércoles, 7 de noviembre de 2018

El tercer día o en el nombre del pueblo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es casi inevitable. La pobreza grandilocuente del discurso del presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, queda en evidencia tras tres días de declaraciones al frente del Foro Mundial de la Juventud, organizado para su mayor gloria y la del país. Si el primer día lo dedicó a pedir por enésima vez la "renovación del discurso religioso" mientras Egipto se hace más conservador y persigue a los ateos, homosexuales, periodistas e intelectuales críticos (recordemos las recientes denuncias desde la Deutsche Welle del escritor Alaa Al-Aswani); si el segundo lo ha dedicado a calificar como "abrir las puertas del infierno" la revolución del 25 de enero de 2011, considerando como el ideal de estabilidad los 30 años del régimen autoritario de Hosni Mubarak; el tercer día lo ha dedicado a aquello que le faltaba, las redes sociales y en especial los medios de comunicación, partiendo de la defensa del comportamiento de Arabia Saudí, universalmente criticada por el asesinato en el consulado de Estambul del periodista crítico Jamal Khashoggi. Era este último detalle la guinda del pastel, como señala el tópico, que le consagra y define, al igual que lo hace el futuro de Egipto. Ya saben lo que el futuro les depara con toda claridad.
Es difícil encontrar un discurso tan reaccionario en su conjunto, con metas tan erradas y, sobre todo, carente de cualquier brillo o chispa en algún sentido hacia el futuro, del que solo se promete el "orden", entendido como represión. El mensaje es claro: solo hay futuro en la vigilancia militar del país.
Reproducida su imagen decenas de miles de veces por la superficie del extenso país, lo hueco del discurso deja en evidencia la creación de una figura tecnocrática con toques del visionario que dijo ser llamado en sueños a cumplir la salvación del país. Más allá de la cartelería, el discurso de al-Sisi queda en evidencia en su pobreza repetitiva de las amenazas que se ciernen sobre el país si él levantara la mano.
El tercer día muestra, además, el empecinamiento tan característico del país, que en su cabeza se acompaña de la soberbia del que es incapaz de rectificar ante lo que tiene delante, ante una realidad que le deja solo. El caso del asesinato de Jamal Khashoggi lo demuestra con claridad.
El estatal Ahram Online, dedicado a la magnificación de los discursos en el Foro Mundial, señala con probable sonrojo:

Egyptian President Abdel-Fattah El-Sisi has said that the media has played a negative role in their coverage of the killing of Saudi journalist Jamal Khashoggi and said that the army will defend Gulf countries against threats.
The president added that Saudi Arabia's stability cannot be undermined, according to Egypt’s state news agency MENA.
"We are confident about the wise and rational administration of the kingdom under the leadership of Saudi King Salman Bin Abdel Aziz," El-Sisi said during a meeting with foreign media journalists in the resort city of Sharm El-Sheikh.
The president called on the public to wait for the results of the Saudi investigation into the killing, which has sparked an international outcry.
Khashoggi, a well-known Saudi journalist who was critical of some of the policies of the kingdom, disappeared after entering his country's consulate in Istanbul on 2 October.
The international community and major international media outlets have called on the Saudi government to account for the killing of Khashoogi in a transparent manner.
Saudi officials, who initially said that Khashoggi had left the consulate, later announced that he was killed inside the consulate.
The Saudi authorities have since arrested 18 Saudi nationals in connection with Khashoogi's murder and opened an investigation into the case.
Egypt has warned against the case being used to politically exploit Saudi Arabia and hailed the kingdom's "transparent investigation" into the case.*


La construcción argumentativa del texto muestra un equilibrio entre lo que tiene que repetir de las palabras del presidente, aceptar como imposición, y la simple constatación de las evidencias que existen hasta el momento, reconocidas por el propio gobierno de Arabia Saudí.
Egipto se queda sumisamente solo, obcecadamente solo en el caso Khashoggi, por detrás incluso de los propios saudís, que no han podido sino tragar que los medios internacionales les han dejado en evidencia, obligándolos a reconocer lo que no tenían más remedio que reconocer. Pero eso no es suficiente para un presidente Egipcio, por encima de la realidad y más allá de la verdad, a la que probablemente seguirá accediendo en sueños. Pero el gobierno egipcio todavía no ha reconocido que el avión ruso lleno de turistas fue destruido en atentado terrorista o que sigue sin aclarar el crimen de estado cometido contra el joven italiano Giulio Regeni, con el que se sigue burlando de la comunidad internacional y del dolor de su familia.
Desde que se produjo el caso de Jamal Khashoggi señalamos el paralelismo con el caso de Giulio Regeni, secuestrado, torturado y asesinado, según todos los indicios y sin el reconocimiento oficial, por los servicios de seguridad egipcios. Pasado el tiempo, lo que Egipto no ha sido capaz de hacer, lo ha hecho Arabia Saudí tras la presión de dos semanas. Los saudís, al menos, han reconocido lo hecho; el gobierno egipcio se sigue riendo de todos.
Las palabras de al-Sisi sobre el papel de la prensa, criticando a los medios, quedará en su historial de declaraciones junto a que los derechos humanos son un lujo occidental. Queda a la luz, tras las sonrisas promocionales de la sisimanía, la frialdad del Jefe de la Inteligencia egipcia en ese periodo "estable" e "ideal" que fue la época de Hosni Mubarak.
El texto de Ahram Online no puede ocultar su vergüenza solidaria con el papel de los medios internacionales negándose a aceptar el levantamiento de hombros de los saudís ante el crimen cometido en su consulado. Al-Sisi lo justifica. Y lo hace cuando habla de las amenazas a la estabilidad del Reino. En este caso, la "amenaza" era el propio Khashoggi, al que se hizo desaparecer. También alguien pensó que Regeni, un joven doctorando italiano que realizaba su tesis sobre el papel de los sindicatos tras la revolución denostada de 2011, era una "amenaza" seria para el estado y se le hizo desaparecer. El cuerpo apareció finalmente en una cuneta, el desierto, tras la presión del gobierno italiano. Se trató de desviar la atención enturbiando su imagen, pero finalmente todos los argumentos y explicaciones dados oficialmente caían en el absurdo, en la contradicción. Lo siguen haciendo. Pero eso no le importa mucho a la soberbia del gobierno egipcio, a su descaro. La Policía mató a cinco delincuentes y dijo que tenían el pasaporte de Regeni. Fue el insulto final a la inteligencia por parte de un gobierno lleno de soberbia, que pide —como ahora hace en el caso Khashoggi— que nadie se precipite.
Egypt Independent reproduce las palabras del presidente:

The president affirmed Egypt’s support for Saudi Arabia, concerning the killing of journalist Jamal Khashoggi in his country’s consulate in Istanbul, Turkey.
He pointed out that the incident is being investigated by competent authorities in both Turkey and Saudi Arabia, calling on people not to make unfounded predictions.
“In Egypt, for example, when a subject is said to be under investigation and justice is going to be achieved, why are these words not trusted? Why there is no perception…that it will extend to justice? There is a belief that we can politicize the judiciary in cases that are of interest to the developed countries, and take the paths of the judiciary to areas according to what we want, and the truth is just the opposite,” he remarked.**


Sale el frío pragmático a la luz. ¿Han dado los medios "importancia" al caso del asesinato de Jamal Khashoggi porque les interesa desestabilizar a Arabia Saudí, a los países del Golfo, a Egipto mismo? Eso es lo que transmite en el pomposo Foro Mundial de la Juventud. Esa es la idea.
Los países sensatos, serenos, justos, confían en sus gobernantes y deben estar seguros que lo que digan es la "verdad". ¿Por qué iban a mentirles tan justos, sabios y prudentes gobernantes?
La hipocresía, el cinismo de sus palabras no tienen límite. ¿Es el caso de Jamal Khashoggi "interest to the developed countries"? Hay que tener un sentido muy retorcido del poder y de lo público para considerarlo así. Pero este el concepto de al-Sisi, un militar pragmático, imbuido de verdades reveladas y un sentido del deber que considera "patriótico" deshacerse de los enemigos, como Regeni o de la asesinada en plena calle Shaimaa al-Sabbagh, la llamada "mártir de las flores" por llevar una corona de homenaje a los caídos.


Considera antipatriótico, peligroso, recelar de los gobiernos y jueces, pese a las prácticas de olvido o encubrimiento, de silencios ante la desaparición forzosa de las personas. De esto, el gobierno egipcio sabe mucho en estos años. Y sabe lo molesto que es tener que dar explicaciones a lo que los medios preguntan. Los medios, piensa, deben estar al servicio de las verdades que los gobiernos les transmiten para que pueblo piense correctamente, confíe en ellos y no sienta la tentación de abrir de nuevo "las puertas del infierno", por usar su propia expresión para referirse a lo ocurrido el 25 de enero de 2011, un levantamiento cuyo origen fue la brutalidad e impunidad policial, asesinando a un joven, Khaled Ali, que lo denunció. Pero esto, en la versión de al-Sisi, fue una maniobra extranjera, de los "países desarrollados", para desestabilizar a Egipto.
No puedo dejar de citar un párrafo que debe ser leído con reposo. Son palabras del presidente que nos ofrece Egypt Independent y nos muestra su sentido del Estado y de la Historia:

“There can be no eternal rule, and it ends with the age of man, and the people change if they want change, because the state is functioning by its people, who make progress,” Sisi said, responding to one participant’s question.**

Todo por el pueblo, los crímenes por el pueblo, la represión por el pueblo. El estado debe deshacerse de todo aquello que obstaculice su avance porque se hace en el nombre del pueblo. Es un sentido trágico de la política y de la vida de los pueblos. Y es una enorme responsabilidad que la Historia pone en manos de los elegidos, de los llamados a vivir trágicamente su destino a toque de corneta. Curiosos caminos los del patriotismo.


El tercer día del presidente al-Sisi ha sido duro. Ha tenido que decirles a los periodistas internacionales que son sicarios de gobiernos menos patrióticos que el suyo, que son manipulados por sus gobiernos para hacer ver que el secuestro, tortura y desmembramiento de un colega suyo, Jamal Khashoggi, no tiene importancia porque es la forma en que se manifiesta el llamado del deber.
La tozudez proverbial egipcia no sirve ya para explicar su gobierno. Es difícil entender para cualquier observador que los saudís sean capaces de rectificar, aunque sea a medias, mientras que ellos siguen con versiones que los propios saudís ya han desestimado. Pero, en realidad, puede que al-Sisi no esté hablando de Arabia Saudí, sino de Egipto, de su Egipto, del que no rectifica sino que se ratifica eternamente.
Cita finalmente Ahram Online las palabras presidenciales: “We stand by our brothers in the Gulf wholeheartedly, and if Gulf security is directly threatened, Egypt will mobilise its forces to protect its brothers.”* Conmovedor.



* "Egypt's Sisi criticises media coverage of Khashoggi killing; says army will defend Gulf countries" Ahram Online 6/11/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/315842/Egypt/Politics-/Egypts-Sisi-criticises-media-coverage-of-Khashoggi.aspx
** "Sisi: social media poses threat to Arab world, but banning it will not work" Egypt Independent 6/11/2018 https://www.egyptindependent.com/sisi-social-media-poses-threat-to-arab-world-but-banning-it-will-not-work/

martes, 6 de noviembre de 2018

Las puertas del infierno

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El efecto propagandístico buscado con las intervenciones del presidente, Abdel Fattah al-Sisi, en este caso en el Foro Mundial de la Juventud, que se celebra de Sharm El-Sheikh (rebautizada pomposamente por estos acontecimientos como "ciudad de la paz") muestra lo limitado y reiterativo de sus mensajes. 
Si ayer comentábamos la frustración por tener que repetir una y otra vez, desde 2015, que se debe cambiar el discurso religioso sin ir más allá en el planteamiento, el siguiente día nos ofrece otra muestra de lo mismo.
Al-Sisi no es un ideólogo, sino un militar tradicionalista cuya imagen del país se basa en un sentido del orden que forja un modelo de país-cuartel; que tiende a una visión unitaria del país, viendo en las diferencias un problema y no una realidad que gestionar. Es alguien, por otro lado, cuyas propuestas se deben imponer sobre la realidad de las cosas, sobre las circunstancias, como forma de doblegarlas; querer es poder, viene a decir, algo que no siempre es evidente y exige un sentido realista de lo que se puede. Finalmente, es alguien que se convierte a sí mismo en el modelo en el que la gente se debe proyectar, como ocurrió con el caso del discurso del "frigorífico vacío" durante diez años.


El diario Egypt Independent —con el titular "Change by force opens gates of hell: Sisi at World Youth Forum"— recoge las nuevas declaraciones en el Foro señalando su interpretación del devenir egipcio, de los acontecimientos:

The unplanned actions taken in Egypt during previous years opened the gates of hell on the country, he said.
Mobilizing youth and public opinion to make change in societies using force may get out of control, creating a huge power vacuum, Sisi asserted.
According to Sisi, the void that could arise as a result would allow domestic and foreign powers to intervene in the internal affairs of the state and collapse its institutions.
The financial, moral and political costs of countries in conflict are much greater than expected, he added.
The effort exerted by the Egyptian state during the previous five years to restore stability and peace is unprecedented, Sisi said, adding that at some point “all we hoped was to return to the pre-January 25 situation”.*


El análisis de los males egipcios y su interpretación no deja de ser una simplificación que se concreta en algo más simple todavía: solo una mano fuerte puede evitar que Egipto camine hacia su destrucción. Esta se produce por la conjunción de dos factores: internos (la tendencia al caos, que produce el vacío de poder) y externos (las eternas conspiraciones para destruir Egipto). Estos dos factores hacen que la estabilidad se identifique como fuerza de represión para evitar la deriva natural hacia el caos, haciendo que el Estado colapse; por otro lado, esa estabilidad proviene de la fortaleza del Estado, si es capaz de resistir esas derivas.
La idea de "conflicto" es la de un país liberado a sus propias fuerzas, cuyos costes "económicos, morales y políticos", nos dice, son "mucho mayores de lo esperado". Es un canto, desde el miedo al futuro, al control social, a la planificación estatal, como formas de combatir la dispersión natural. Los megaproyectos egipcios —la ampliación del Canal o la nueva capital— son formas de encaminar las energías del país, canalizarlas hacia lo constructivo y no hacia lo destructivo.
La visión de al-Sisi es militar, pero también islámica. El miedo al desorden, al caos, se combate con la obediencia, con la sumisión a un poder central que encarna el bien y los valores sociales. Sin este imperio de la legalidad, se produce la destrucción por la combinación del caos interno y de la conspiración externa.


Al-Sisi recuerda a los egipcios el esfuerzo y coste de los cinco años anteriores (los suyos) y el deseo de regresar a la "estabilidad" anterior al 25 de enero, es decir, al estado previo a la revolución, que se identifica como una especie de "edad de oro", una época a cuya perfección hay que regresar.
En los últimos tiempos, Abdel Fattah al-Sisi insiste en la idea del régimen de Mubarak como un ideal de estabilidad y orden. Es un mensaje doble. Por un lado, al-Sisi reivindica su propia historia como militar del régimen de Mubarak; por otro lado, sataniza la revolución, algo que se ha ido acrecentando con el tiempo.
La explicación de esta doble situación nos dice que, en efecto, cayó Mubarak, pero no su régimen, al que no se ve como causante de las desgracias de Egipto, sino como un periodo idílico, de paz y estabilidad. El régimen de Mubarak sin Mubarak, con el añadido reforzado del papel estabilizador de la religión. El argumento se repite históricamente: allí donde se perdió el sentido religioso, se produce el caos. La alianza que se forma es la de un discurso religioso moderado, pero firme ante la irreligión. La moderación se mide en términos relativos al extremismo, en donde este concepto vale tanto para el Estado Islámico como para los Hermanos Musulmanes, el rival directo por el control de la sociedad.
Las palabras dichas por al-Sisi confirman el diseño del gobierno egipcio y sus perspectivas de futuro. Cualquier planteamiento que se aleje de él, significa ruptura con un modelo sacralizado, institucionalizado como "nacional", y del que se excluye toda discrepancia o crítica considerándose estas como desestabilizadoras, provocadoras del vacío de poder y que, finalmente, arrastran al caos.


El refuerzo del papel del Ejército y de su definición como brazo del pueblo hacer ver que este se va a perpetuar en el poder, ya que cualquier otra perspectiva se percibe como destructiva. Recordemos la detención de militares bajo la acusación (absurda en cualquier otro contexto) de "querer separar al Ejército y al Pueblo".
La definición clara de la revolución del 25 de enero como un elemento desestabilizador y la apertura de las "puertas del infierno", según se recoge en su propio discurso conlleva la concepción de cualquier posibilidad que no sea las fijadas por el régimen como "demoníaca", por continuar con el símil. Esto constituye la sacralización del sistema, cerrándolo. También una advertencia a cualquiera que trate de cambiar el curso de lo programado. La fabricación de un modelo pseudo democrático, con una falsa "oposición", la creación de otro "partido nacional" y la eliminación de los críticos, además de los opositores, hace perder toda esperanza por mucho tiempo. Como ocurrió con Mubarak, es el propio régimen el que tiene que colapsar por sus errores, arrastrando a la sociedad. Es una condena al conflicto permanente, sin resolución, a vivir bajo la amenaza constante, algo que justifica el uso del poder y la violencia represivos.
Si a esto se le suma la consideración negativa de los derechos humanos, como una especie de herramienta para interferir en los "asuntos internos" del país y desestabilizarlo, Egipto está abocado de nuevo a otro largo periodo de "represión gozosa" como el de Hosni Mubarak, ahora convertido en paladín de la estabilidad
Hay pocas perspectivas de que alguien abra las puertas del infierno. El problema es de qué lado de la puerta estás.



* "Change by force opens gates of hell: Sisi at World Youth Forum" Egypt Independent 5/11/2018 https://www.egyptindependent.com/change-by-force-opens-gates-of-hell-sisi-at-world-youth-forum/