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viernes, 23 de junio de 2023

Turismo de peligrosas fantasías

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Decía T.S. Eliot en uno de sus poemas más conocidos que el mundo desaparecería en un bostezo. El bostezo es el cambio climático de la mente, el tsunami del aburrimiento, el "más" del "no va más". Pero hay una enorme diferencia entre el que se aburre sentado con la mandíbula apoyada en un bastón sentado en un banco en la curva del pueblo en donde se suelen dar un golpe los que van rápido y tener la cuenta en el banco forrada de millones y preguntarte por la mañana ante el espejo mientras te das un masaje facial "¿qué hago hoy?"

La pregunta es universal: ¿qué hago? Pero la respuesta depende de la cuenta bancaria. Las repuestas van desde salir a darse una vuelta al parque o dársela al mundo. Antes la gente destacaba por su trabajo, ahora pretenden hacerlo por el gasto en el ocio. La imaginación, en esto, no tiene más límites que los de la cuenta del banco, la de lo que te puedes permitir.

El titular de Antena3 nos cuenta el asombro del presidente de la Fundación Titanic "Jesús Ferreiro, tras el terrible final del Titan: "Es increíble que estemos hablando del Titanic 111 años después"*. ¿Increíble? No, normal, porque parte de lo que se busca en poder contarlo, algo que no va a ser, por desgracia, el caso. Ellos, los turistas, no podrán contarlo. Han pasado de posibles contadores de la aventura, a ser parte del discurso que lo cuenta. Ahora son contados como parte de una historia trágica y absurda. Ya son parte de la cadena que forma esta historia.

Comentaban esta mañana en una cadena televisiva —no tengo más referencia que esta— que se anunciaban anteriormente peticiones de mano en las barandillas del hundido Titanic por parte de una empresa dedicada a este tipo de operaciones. Supongo que por un precio considerable podías permitirte el lujo subacuático de emular a Leonardo DiCaprio y a Kate Winslet. Es cierto que con mascarilla y botellas, con traje de buzo o sin salir del submarino no es lo mismo, pero ¿y lo bien que lo vas a pasar contándolo después, con el placer de enseñar las fotos y dejar a tus amigos con el sentimiento de ser seres vulgares, de ir por la vida en Metro y no en limusina como tú? Eso es impagable.


No hace mucho, otros millonarios se dieron un garbeo hasta la Luna. Si se pudiera saludar desde el espacio, sacar la cabeza y agitar la mano y que todos lo vieran, que escucharan un "¡eh, los de abajo!", que obligara a levantar la cabeza y mirar hacia nuestro satélite, acabaríamos con dolor de cuello de tanto responder a esas llamadas. Estaríamos todo el día chocando con postes, farolas y semáforos, cayendo por las escaleras y limpiando los zapatos de tanto pisar... ¡en fin, de todo!

Somos animales imitadores a los que no le gusta que se lo digan. La salvedad es que ya no imitamos la realidad sino nuestras fantasías. Queremos parecernos a nuestros héroes de película. ¿Recuerdan lo que contamos aquí del gánster detenido en Italia que tenía en su casa el póster de El padrino, la película de F. Ford Coppola? ¿Cuántos gánsteres reales habrán gastado bromas a sus amigos imitando la voz castada de Brando, habrán tenido un gato sobre su regazo o habrán dicho "que parezca un accidente" (aunque nos digan que nunca se dice en la película)?

Sí, la gente "habla del Titanic", pero no del que está hundido, sino del que se parece al que salía en la película. Sin la idea de James Cameron, sin DiCaprio y sin Winslet, estas cosas no pasarían.

Ferreiro reconoce que existen varias similitudes entre el hundimiento del transatlántico británico y lo que ha ocurrido ahora. "Es lo mismo que le pasó al Titanic, que se partió en dos. La proa estaba llena de agua y cayó de manera vertical. Al estar llena de agua no sufrió la diferencia de presión de dentro hacia fuera, sin embargo la parte de popa, que estaba vacía de agua, cayó dando vueltas pero sufriendo la presión, explotando todo", explica.

Para el experto no deja de ser "increíble" que tras más de 100 años del desastre marítimo la historia vuelva a repetirse. "Ahora estamos hablando del Titanic 111 años después. No sé razonar la admiración y la expectación sobre el Titanic".*

 

Se equivoca Ferreiro, de la Fundación Titanic. No es el hundimiento del Titanic lo que se ha repetido 100 años después. Lo que se ha repetido es la película, como prueba su propia declaración. El gánster que tenía el póster de El padrino no repetía la vida criminal de sus antecesores, sino que repetía las secuencias de la película. Así lo vivía. Esas parejas a las que se les ofrecía casarse o pedirse la mano en las profundidades sueñan con hacer poses en el mismo lugar donde se supone que las hacían DiCaprio y Winslet. Titanic ya no significa "gran desastre", sino "gran amor para siempre", aunque ese "siempre" sea un recuerdo solitario de una de las partes, la que sobrevivió. "Titanic" no es la historia de un hundimiento, un hecho histórico, sino una historia de amor que podemos revivir mediante una operación retórica, metafórica, o mediante una vivencia espacial. Debería haber un "Titanic" para ricos, que es el que te juegas la vida y te cuesta un riñón, y un "Titanic" para pobres, un plató en cada ciudad en el que hacerse la foto del amor eterno.


Hay un turismo exclusivo que nos baja hasta el Titanic y nos sube hasta la Luna. Debería haber uno imaginario, un muestrario de ensoñaciones que te permitiera un especia de "rosa púrpura del Cairo", hacer tu álbum de imitaciones, del Titanic a El Padrino, lugares donde sonara la música de Un hombre y un mujer, el filme de Lelouch, o el tema de Love Story. Lugares de todo tipo que dejaran satisfechas nuestras deudas con la ilusión del cine, la novela o cualquier otro alimento imaginativo.

Los que bajaron en un chapucero submarino satisfacían algún tipo de curiosidad. Lo sentimos por ellos y sus familias. La conversión de lugares casi inaccesibles en citas turísticas añade el peligro al placer... o los funde. Esta vez el riesgo ha sido demasiado. Quizá no se pueda prohibir bajar al fondo del mar; quizá tampoco ir a darse un garbeo lunar. Ya han ocurrido otros accidentes por esto y algún día ocurrirá otro desastre. Pero hay un filón en estos negocios de la ilusión, la nostalgia o la exclusividad.

Nuestra aburrida vida necesita de emociones y de imitaciones. Nunca una sociedad ha tenido tantas fuentes de información, nunca ha tenido tantas referencias visuales con las que satisfacer su propia mitomanía. Vivir es hoy una especie de estadio intermedio entre realidades y fantasías.

* "Jesús Ferreiro, tras el terrible final del Titan: "Es increíble que estemos hablando del Titanic 111 años después" Antena 3 23/06/2023  https://www.antena3.com/noticias/mundo/james-cameron-tragedia-titan-llama-atencion-similitud-propio-desastre-titanic_20230623649543959d4a830001624b61.html

jueves, 18 de agosto de 2022

La falta de prevención

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La primera noticia que me ofrece un canal televisivo muy temprano nos cuenta que nuestros nacimientos se siguen reduciendo. Inmediatamente, unos expertos nos dicen que esta situación se produce por la dificultad del acceso a un empleo estable, lo bajo de los sueldos, la incorporación de la mujer al mercado laboral, etc. Anuncian, además, las consecuencias que esto tendrá para el futuro de las pensiones a años vista. Lo avisan con tiempo.

En esta época de grandes, espectaculares e incontrolables incendios, otros expertos nos indican que solo se invierte una muy pequeña parte en prevención en comparación con lo que hay que invertir después en la extinción. Si se invirtiera más en prevención, tendríamos que gastar menos en las extinciones y, sobre todo, los efectos serían menos devastadores de lo que lo están siendo.

Gracias a Dios han llegado las lluvias que allí donde han caído, además de ayudarnos a apagar el fuego, han causado tremendas inundaciones. Los vecinos, una vez más, nos dicen que siempre "ocurre lo mismo" cada vez que llueve fuerte, que es lo después los expertos volverán a explicarnos con falta de inversión en la prevención.

Cada vez que se produce un accidente en ferias y festejos, se nos dice que contaban con todos los permisos y que las instalaciones habían sido revisadas por los técnicos municipales que deben hacer. ¿Recuerdan los múltiples casos de castillos hinchables que no deberían salir volando, pero que lo hacen pese a todas las licencias?

Podríamos seguir y seguir poniendo casos sobre las cosas que no deberían pasar y pasan; casos repetidos de forma constante pese a las advertencias y avisos de lo que ocurrirá.

Los expertos en España explican por qué ocurren los casos y nos convencen. Eso sí, los expertos parece que no convencen a nadie para la prevención, para que se apliquen medidas.

¿Es posible que arda media España, que no haya un sistema de prevención que evite los estragos? ¿Es posible que los ríos se desborden siempre por el mismo sitio, que sean las mismas alcantarillas las que revienten, los mismos túneles los que se conviertan en piscinas, los mismos sótanos y calles? ¿Es posible que todo sea irremediable, que estemos condenados a ver una y otra vez los mismos casos, situaciones, lugares, etc.  creando los mismos problemas una y otra vez?

¿Cuántos accidentes se deben producir en una curva mal peraltada o con poca visibilidad para que se corrija? ¿Cuántas veces tiene que reventar una alcantarilla, inundarse la misma calle, desbordarse misma alcantarilla, arrastrar el viento atracciones mal fijadas o mal inspeccionadas?

La modernidad de un país no viene dada por esos parámetros festivos que le damos y a poder hacer lo que nos apetece. Un país es moderno realmente cuando asume la responsabilidad de lo que ocurre y deja de hablar de fatalidad. Esa es una mentalidad anticuada, negativa y grotesca. Reducir lo inevitable es el síntoma de la modernidad seria de un país, de sus inversiones preventivas y no este desastre anticuado. ¿Quizá seguimos financiando los daños, para los que siempre hay fondos, seguros, ayudas, etc., pero no hay quien financie la prevención, en la que toca invertir según nuestro concepto de peligros y seguridad? ¿Quizá preferimos invertir en reparar, pero no en corregir?


Una y otra vez se nos avisa de problemas, peligros e insuficiencias. Lo vemos desde los niveles nulos de prevención de incendios a los problemas con el insuficiente y estresado personal sanitario durante una pandemia. ¿Es una cuestión de actitud?

No prevenimos los problemas; nos limitamos a poner parches que lo aparente. Un problema que se repite una y otra vez es ya un vicio, una dejadez por parte de quienes tienen la responsabilidad de evitar que se produzcan, unas veces los ciudadanos y una inmensa mayoría los políticos y las administraciones que imponen sus objetivos y tempos. Sí, en todas partes ocurren desastres, pero no es excusa. No se ven las políticas de prevención. Si vemos en cambio los rifirrafes continuos por naderías frente. Hay que exigir una política clara y firme de prevención en todos los terrenos. Hace unos días hablábamos del aumento de las muertes por accidentes laborales. Es una actitud frente al desastre que ya se extiende por todos los ámbitos. Hay que cambiar.

No sé cuántos desastres inevitables podremos seguir aguantando ante tanta ineptitud de las personas que elegimos para solucionar problemas. Al final salen elegidos los que mejores excusas dan, los que mejor responsabilizan a otros por lo que ellos no hacen.


31/08/2020