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lunes, 17 de junio de 2013

Vaguedades y emprendedores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada vez recelo más de las vaguedades. Será porque no hago más que escucharlas por todos lados.
Me dejó bastante perplejo lo que pude escuchar al presidente del gobierno el sábado sobre los emprendedores. Ayer lo comenté de pasada y no dejo de darle vueltas. Creo que decir que son "los emprendedores los que crearán el empleo", que en ellos "está el futuro", que "los gobiernos no crean empleo", que "tomarán medidas para que el crédito fluya a las medianas y pequeñas empresas", que "se ocuparán del desempleo juvenil", etc., no terminan de pasar de la fase de vaguedades. Y me parece un poco preocupante porque ya no sé si es que los políticos no son capaces de expresarse con más concreción o es que no tienen nada más que decir. No sé si son sus estrategas políticos los que les exigen que no den más detalles, su asesores de comunicación que no sean más pesados, o que no saben ir más allá.

La ministra Ana Pastor acaba de aparecer en la televisión hace unos minutos con motivo de la inauguración del AVE Madrid-Alicante, y su explicación ha oscilado entre la obviedad y la vaguedad. Nos ha explicado con tono contundente que el AVE "es bueno para los habitantes de Alicante, para los habitantes de Albacete, para los habitantes de Villena y para los habitantes de Madrid". ¡Faltaría más! Ha dicho también que el turismo es muy importante. Bien. Alguien ha añadido que supondrá la creación de 700 empleos. Bien. ¿De qué, donde, fijos o temporales, en qué sectores? ¿Tendremos que ir todos a Alicante tres veces al año para que salgan las cuentas? Ni una sola mención a otros sectores que pudieran verse beneficiados; el turismo lo justifica todo. Las intervenciones no me aclaran nada, sino que me dejan con más dudas.
Toda la prensa comenta, esta vez sin vaguedades, la complicación de la llegada de ese ilusionante AVE hoy a Alicante, dada la especial situación de la alcaldesa de la ciudad, en mitad de unos cuantos escándalos. Nadie quiere fotografiarse en la inauguración con personajes que en unos cuantos días pueden estar en los titulares de la prensa o en los juzgados. Dice Joan Rossell que él ya no pone la mano en el fuego por nadie. Y hace bien.


Las explicaciones que el presidente dio este fin de semana en su seminario sobre el crédito estaban trufadas por el latiguillo "me gustaría explicar esto, pero no tenemos tiempo". Sin esa explicación ampliada, lo que dijo sirvió para poco, la verdad. Solo saqué una conclusión: que los emprendedores son los que van a crear empleo. Y me echo a temblar.

Esa fe ciega —sin más explicación— en que van a ser los emprendedores los que van a sacar a España de este estado crítico, se queda en poco si pensamos que han sido otros emprendedores los que la han llevado al desastre económico. Tenemos los juzgados llenos de emprendedores. Santo patrón de los emprendedores era el señor Díaz Ferrán; emprendedor de la banca era el señor Blesa, que le daba créditos para sus emprendimientos, y realizaba los suyos, como la compra ruinosa de un banco en Miami; emprendedor es también el señor Duque de Palma que creó, lleno de ese espíritu, el Instituto Nóos, para que las Comunidades más colaboradoras crearan "eventos" que produjeran buena imagen y mejor emprendimiento local; emprendedores con todas las de la ley eran los de la trama Gürtel, capaces de emprender lo que fuera, incluidas bodas imperiales; no hablemos del brillante emprendimiento de las ITV catalanas a cargo de otros brillantes descendientes de ilustres políticos; Marbella era un pueblo lleno de emprendedores; los bancos estaban llenos de emprendedores vendiendo preferentes; la SGAE se dedicó también a emprender por su cuenta la adquisición de teatros y otros negocios; incluso nos llegan emprendedores desde China, como Gao Ping, Rusia y otros países dispuestos a traficar, invertir y blanquear. En fin, que "emprendedores" no nos faltan.


Sospecho que, como no definamos mejor lo que es un "emprendedor" —para distinguirlos de los "depredadores empresariales"— y especifiquemos cuáles son sus líneas preferentes deseables, lo del emprendimiento va a estar complicado otra vez. Hay que empezar a distinguir.
La solución de esta situación exige corregir antes las deficiencias que se han ido produciendo en esa forma de favorecer a cierto tipo de "emprendedores" y negocios aledaños. Lo que a mí me gustaría saber, por ejemplo, es qué va a pasar con esos otros muchos emprendedores, los que emprenden el camino del exilio porque la administración no es capaz de crear las condiciones favorables para que prosperen ciertas líneas de actividad mucho más estabilizadoras para todos en el presente y, sobre todo, en el futuro. Me gustaría saber a dónde va a ir el crédito, si es que sale alguna vez; si se va a potenciar polos industriales en vez de urbanizaciones o chiringuitos; si los bancos van a seguir con la ingeniería financiera antes que favoreciendo a la industria. Hay buenos empresarios y magníficos proyectos pendientes de que alguien apueste por ellos. Hay que elegir bien.


El diario El País publica esta misma mañana un esclarecedor artículo recogiendo diversos estudios académicos sobre la corrupción, su implantación y efecto, localización, repercusiones electorales, etc. Los casos recogidos desde 2005 hasta la actualidad son 800 con más de 2.000 detenidos. Los que no son políticos son emprendedores. El artículo termina recogiendo la siguiente idea de los estudios:

Los geógrafos de La Laguna extraen otra interesante conclusión: un 88% de los escándalos han estado relacionados con el suelo. O con el terreno. De tal forma que el antiguo caciquismo (que los autores sitúan en la primera restauración borbónica) ha sido sustituido por uno nuevo (el de la segunda restauración borbónica), en el que entran a formar parte constructores: “Cuando estos se convierten en grandes propietarios, empiezan a tener el mismo comportamiento que los anteriores caciques”. La diferencia está en que los caciques del siglo XXI prefieren guardar el dinero en Suiza y otros paraísos fiscales.*


El dato de que el 88% de los casos de corrupción tienen que ver con el negocio principal, con los principales emprendedores de este país, las constructoras, inmobiliarias, etc., es estremecedor aunque lo temiéramos. Pero es también esclarecedor: la mayor parte de las actividades, aunque sea por ser poco rentables, han quedado fuera de los focos de corrupción. Todo ese dinero que ha ido a donde no debía, debería fluir ahora hacia sectores que han quedado ahogados por la "enfermedad holandesa" combinada del turismo y el suelo, de la codicia de políticos y depredadores empresariales. El dinero del crédito que se está reclamando fuera para el empleo tiene que ir a otros sectores más estables, capaces de exportar. No puede ir al mismo sitio.
La ministra Pastor decía que el turismo era muy importante para España. Ya lo sabemos. Hagamos que otros sectores también lo sean y dejémonos de vaguedades.


* "La corrupción sumó 800 casos y casi 2.000 detenidos en una década" El País 17/06/2013 http://politica.elpais.com/politica/2013/06/16/actualidad/1371400129_702560.html






sábado, 7 de julio de 2012

La prevaricación informativa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una vez más, se afrontan los relevos en Televisión Española con un debate complicado porque siguen la inercia envenenada de los relevos anteriores. El diario El Mundo nos informa de los resultados del “referéndum” realizado en la casa para explicar numéricamente qué les parece el nuevo director propuesto para los informativos:

El censo para esta consulta, realizada durante las jornadas del jueves y el viernes, abarca un total de 1.607 personas. En ella ha predominado la abstención, que ha ascendido a 1.135 periodistas (un 70%). Sólo se han registrado 472 votos (29% del censo).
De estos 472 votos, sólo 38 personas (el 8%) se han mostrado favorables a la designación, mientras que 335 (el 70%) se han posicionado en contra y 99 (20%) han votado en blanco.*

No sé si son resultados sorprendentes o no. Depende de lo que cada uno esperara y se han hecho interpretaciones muy diversas, casi extremas, radicales y perversas de los mismos datos. Televisión Española y Radio Nacional tienen muy buenos profesionales; eso lo saben y lo dice todo el mundo, empezando por los espectadores y oyentes. Ser buenos profesionales no significa ser del gusto de todos. Es casi imposible que los periodistas tengan aceptación política unánime. Pero tampoco los periodistas deportivos, los críticos de cine, los gastronómicos o cualquier otro que complete una frase y la publique. Los problemas vienen por otro lado.

Titulares de El Mundo
El sentido de la propiedad de los políticos sobre Televisión Española y los canales autonómicos es absoluto y mientras esto sea así —y es difícil que deje de serlo—, se seguirán produciendo conflictos y recelos.  La profesión periodística tiene además una larga memoria de agravios y cuentas ajustadas en los caminos que dificulta el trabajo de los profesionales. No creo que exista profesión más dividida que la periodística. Y lo es contra sus propios intereses, porque si estuviera más unida podrían defenderse mejor y hacer causa común de la independencia —que no es lo mismo que la neutralidad ante lo que ocurre— con la que afrontar el día a día.

Titulares de El País
El gran pecado del periodismo es la prevaricación informativa. Prevaricación es escribir sectariamente, al dictado, injustamente, incumpliendo el compromiso con los lectores, algo consustancial al Periodismo. El prevaricador informativo siempre tiene escrito el titular y las conclusiones. El sectarismo es lo opuesto a la información, en sus fines y en sus medios. El periodista decide cada día y lo hace ante el tribunal de su conciencia primero y de sus lectores, oyentes o espectadores después. La hipocresía de algunos es pensar que eso es solo algo a lo que están obligados los periodistas de las cadenas públicas, y que desde sus atalayas privadas pueden jugar a ser como la prensa deportiva, que anima sin tapujos a su equipo con tal de vender. El contrario siempre mete los goles en fuera de juego y sus entradas merecedoras de tarjeta roja. El periodista puede y debe tener ideas, pero no debe tener “equipo”.
La connivencia entre periodistas y políticos es un mal casi irremediable que no gusta a la mayor parte de la profesión, que lo que suele buscar y preferir es que se respete su voluntad de equivocarse honestamente y no tener que escribir al dictado de nadie. Pero hay otros que disfrutan de ello y entienden el periodismo como parte de una causa general que es el poder. Esto es un gran error del que muchos se benefician y, por tanto, difícil de erradicar. Erradicar significa “arrancar de raíz”, algo casi imposible en este campo que tiende más a recortar todo lo que pueda el bonsái de la independencia periodística.


Y es que nos equivocamos cuando pensamos que todos los periodistas quieren ser independientes. Es nuestra deformación racionalista, como la que nos induce a pensar que la gente normalmente constituida ama el bien. Pero la independencia siempre es un camino peligroso, desagradecido, y cuya luz al final de túnel suele provocar dolores de cabeza. Por el contrario, al igual que ocurre en otros sectores, el medrar, el servilismo, los silencios cómplices, se suelen cotizar al alza y provocan pingües beneficios a aquellos que los practican. Si, además de servil, eres déspota con los subordinados, a los que obligas a seguirte la corriente ideológica, tienes casi asegurado un puesto y un (buen) sueldo para el resto de tu vida. El puesto puede ser itinerante, pero siempre lo tendrás si realizas tus tareas propagandísticas con eficacia allí donde vayas. Siempre hace falta gente así para que funcione la cadena de mando.

Tiene razón la periodista Ana Pastor —una buena profesional, que también aguanta lo suyo—, al señalar en el mismo diario “que la televisión pública debe gustar a los ciudadanos y no a los políticos”**. Lo malo es llegar a saber si también a los ciudadanos les gusta la independencia o si son tan sectarios como los políticos a los que eligen, y gustan de la sangre y el degüello mediático. A los políticos, sectarios por naturaleza, les gustan los países a su imagen porque así cada uno tiene su propio cubo en el que pescar. No basta con gustar al público; hay que hacer que le guste y valore la independencia informativa. Los premios repetidos a los informativos de RTVE, por parte de profesionales y público, así lo acreditan.
Cuando le preguntan sobre si recibe llamadas de los políticos, Ana Pastor contesta:

—Recados políticos llegan. La cuestión es si se aceptan o no. Yo creo que lo que ha distinguido esta etapa es que, si llegan (los recados) nuestro trabajo es el mismo. Nuestros aciertos y nuestros errores son nuestros, no son de los políticos. Ésa es una de las grandes ventajas que tenemos ahora los que trabajamos aquí en TVE.**

Y es que al político lo primero que le enseñan, hasta en esos campamentos de verano para los alevines, es a cómo entrarle a la prensa, cómo camelarla, cómo detectar quién es de los tuyos y quiénes de ellos. Los periodistas están en las agendas políticas con crucecitas y asteriscos, marcando por dónde respira cada uno, a quién se puede llamar para contarle o que te cuente en cada caso. Es un mal que algunos les viene muy bien.

Lo más sorprendente es el aumento del sectarismo en las empresas periodísticas privadas a la par que crece su exigencia de un equilibrio en las públicas. El argumento de que se financian con los impuestos de todos puede ser importante, pero eso no justifica el sectarismo propio. Si las empresas informativas no tratan de mantener su independencia es porque no les suele interesar; sacan más provecho apostando por caballos ganadores.
El ejemplo de Murdoch en el Reino Unido es elocuente. Lo que los medios venden a los políticos es miedo, el temor a ser atacados desde distintos flancos y encontrarse sin defensores en la arena pública, en el ruedo. De ahí su terror a dejar las empresas públicas de comunicación en manos de personas que no sean controlables, que necesiten más de una llamada al orden. El miedo a no ser defendidos se complementa, como es lógico, con el miedo a ser atacados. Son las dos mitades de ese vaso mediático medio lleno de críticas, medio vacío de apoyos.
La obsesión política con la imagen, las encuestas, etc., se convierte en histeria, pactos y aumento del deseo de control. Las críticas son “ataque frontales” y las alabanzas “normalidad”; una entrevista a un político de la oposición es ya “una conspiración” y dos un “atentado”. Esos recuentos de minutos dedicados a cada político o partido causan sonrojo por la extraña concepción salomónica de la realidad informativa que transmiten.


Una conciencia cínica, a la que algunos gustan de llamar “realista”, de la política y de la información se ha adueñado de una parte importante —más en peso que en tamaño— de ambos sectores. Es la idea maquiavélica de que lo importante es el poder y las formas de conservarlo. La información es una herramienta necesaria para mantenerlo. La versión maquiavélica no es democrática por más que se realice en una sociedad que vota. Y no lo es porque parte de una concepción negativa de poder y sociedad. La versión positiva de la democracia, por el contario, ve en la información un instrumento para la mejora del conocimiento de los problemas sociales, de la apertura de debates para encontrar las mejores soluciones, etc. ¿Idealismo? Sí, pero hace falta.

* "El 70% de informativos de TVE se abstiene en la consulta sobre Somoano" El Mundo 6/07/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/06/comunicacion/1341602232.html
** "Ana Pastor: 'La televisión pública debe gustar a los ciudadanos y no a los políticos'" 7/07/2012 El Mundo http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/06/television/1341601736.html