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lunes, 6 de mayo de 2024

Madrastras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La sola palabra nos lleva ya a viejas historias infantiles. En 20 minutos, Lolita Belenguer firma un interesante artículo titulado "Madrastras, las madres de las que nadie habla, alzan la voz: "Te enfrentas al estigma de ser 'la mala'"*. Se nos cuenta en él cómo las madrastras reales se tienen que enfrentar al estigma de las madrastras ficticias, las "malas de los cuentos". No, no es una tontería periodística, sino un ejemplo más de cómo las ficciones condicionan nuestra forma de ver el mundo o, si se prefiere, lo difícil que es librarse de estas etiquetas que componen nuestro mapa de relaciones.

En el artículo se nos cuentan las investigaciones sobre esta cuestión y también los sentimientos de personas, esas madrastras que son miradas con recelo, esas "falsas madres", las que carecen de lazos de sangre, otro mito —el de la sangre— del que tampoco es fácil librarse.

Leemos en el artículo, por voz de la investigadora doctoral Elvira Mondragón, de la Universidad de Valencia:

En cuanto a las madrastas, la investigadora, tras realizar múltiples entrevistas, maneja la hipótesis -que le falta contrastar- de que "tienen una mayor dificultad para encontrar su sitio en el hogar que los padrastros". Y lo argumenta: "Como tradicionalmente a las mujeres se les ha atribuido el papel de los cuidados en el hogar, las madrastras sienten la exigencia moral de amparar a los hijastros y se implican en el cuidado de los hijos de sus parejas. Sin embargo, socialmente, aún hay prejuicios en contra de las madrastras por la representación de los cuentos infantiles".*


¡Una dura competencia! Las viejas historias trasmiten unas visiones en las que las madrastras son incapaces de establecer esos lazos afectivos, surgidos únicamente de la "sangre". El mito se impone y las personas reales comienzan las nuevas vidas con desventaja. Parecen ser una "competencia desleal" con las madres biológicas. Ellas son las "malas" de la película o, si se prefiere, del cuento.

El caso de las madrastras nos ofrece un ejemplo de lo complicado que es moverse en una sociedad llena de referencias valorativas en la que hay que empezar demostrando que no se es algo ya prefijado. Y quizá nunca se llegue a terminar de demostrarlo, siempre con nuevos retos.

A lo largo del artículo, con voces diferentes, de las investigadoras a las propias afectadas, va surgiendo ese sentimiento de estar sometidas a juicio de forma constante. En unos tiempos en los que vemos todo tipo de barbaridades, de crímenes familiares a denuncias de todo tipo, no es fácil acudir a los estereotipos familiares como garantes de nada. Sin embargo, nada resiste más que un estereotipo, que un prejuicio. Es difícil este enfrentamiento con la cultura, donde se dan por buenas las ficciones. Creo que es interesante indagar en este tipo de conflictos culturales en los que se lucha con las visiones tradicionales.

Actualmente tenemos en cartel una obra, Madres, nos cuentan en RTVE.es. Allí leemos:

Sobre las tablas del Teatro Lara, cinco mujeres se quedan encerradas en un colegio, una embarazada, una ejecutiva con dos niños, una madre soltera, un ama de casa con familia numerosa y una periodista que no quiere ser madre, pero le toca matricular a los hijos de su pareja. Cinco formas de ver y vivir la maternidad.**

La última propuesta ¿es una madrastra? Hoy se nos cuenta en la prensa la historia de un niño de dos años vagando por las calles. Sus padres estaban en una discoteca. ¿Malos padres? Sin duda. Cada cierto tiempo, aparecen noticias de este tipo. Pero las noticias fabrican casos; los cuentos crean, en cambio, mitos.

En diversos focos intentan luchas contra el negativismo que la palabra "madrastra" transmite, incluido el DRAE. Pero el diccionario, recoge más que impone. La "realidad cultural" es difícil de modificar. Un cuento puede tener más poder que muchos tratados científicos o filosóficos.

Las madrastras no tienen porqué ser "malas", como las madres no tienen porqué ser "buenas". El mito de la sangre como garantía no es suficiente, pero como "mito" resiste. Como también resiste el de la malvada madrastra, con el que crecemos desde la infancia. 

 

* Lolita Belenguer "Madrastras, las madres de las que nadie habla, alzan la voz: "Te enfrentas al estigma de ser 'la mala'" 20minutos 5/5/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5239201/0/madrastras-madres-nadie-habla-alzan-voz-te-enfrentas-estigma-ser-mala/

** Cristina Pérez "'Madres' dinamita con humor la maternidad en el Teatro Lara" RTVE.es 5/05/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240505/madres-dinamita-humor-maternidad-teatro-lara/16078100.shtml



lunes, 11 de marzo de 2024

Diseño en femenino

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En estos días previos al 8-M ha tenido en los medios especial relevancia la cuestión del diseño desde la perspectiva del género, una cuestión que no siempre se ha tenido en cuenta. La idea es sencilla: el mundo sigue diseñado para los hombres y se obvia que son ya muchas las mujeres que se encuentran en el mundo laboral.

Por muy sencilla que pueda ser la idea, la realidad no lo es. Las complicaciones derivadas del diseño pueden ir de la incomodidad al riesgo, debido a la falta de adecuación. ¿Es una forma de resistencia pasiva frente a la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo? ¿Es simplemente un olvido?


De la misma manera, por ejemplo, que hay sillas para zurdos en las aulas, ¿hay diseño de otro tipo de herramientas, vestimenta, etc., aplicadas a la realidad de que pueden ser usadas por mujeres?


Acaba de terminar una exposición en la Casa de México en España precisamente sobre el papel de las mujeres diseñadoras en México durante los últimos veinte años reivindicando su trabajo y su percepción del género. Leemos en su página: 

La historia y la práctica del diseño fueron cimentadas desde una perspectiva masculina. Los grandes diseñadores hombres predominan en los libros y en los registros históricos; han ocupado las páginas de las revistas y quienes han inscrito más patentes. En la historia de la disciplina, si acaso se menciona a mujeres diseñadoras, casi siempre están supeditadas al trabajo del genio creador masculino o simplemente se les da crédito como sus parejas sentimentales.  

Las diseñadoras en México han doblegado estructuras y normas sociales, buscando labrar una práctica incluyente. Esta muestra busca establecer alternativas a las narrativas dominantes y aportar lecturas distintas a las hasta ahora establecidas en la historia del diseño.  

La exposición también incluye obras de mujeres indígenas a las que comúnmente se les denomina artesanas, pero cuya práctica puede definirse como diseño y que por cuestiones culturales y sociales han sido relegadas fuera de la disciplina. *


  Como vemos, las reivindicaciones de la muestra son múltiples, tratando de sacar a la luz ese trabajo que se hace desde la mujer y pensando en ella.

Un mundo pensado en masculino es un mundo de pequeños detalles que pueden convertir el acceso al trabajo de las mujeres en un conflicto. Son un problema los diseños únicos, que suelen estar basados en la realidad masculina, pero también lo son los diseños que parten de una visión masculina de lo que es la mujer. Por exclusión, en un caso, y por creación de estereotipos femeninos, en el otro, los problemas están ahí.

Muchas veces los grandes principios igualitarios tropiezan en los "pequeños" detalles que son ignorados por unos y sufridos por otras.

Ese diseño va desde la ropa y el calzado a las situaciones de acción en los trabajos. Eso ha hecho que este año la reivindicación del diseño sea más llamativa que en años anteriores. La cuestión no es nueva, pero sí se ha abierto más hacia el público de los medios haciendo visible esta realidad discriminatoria.

Estas reivindicaciones son consecuencia del propio avance en la incorporación de la mujer a la realidad laboral. No se trata de una distinción sexista, sino todo lo contrario. Se trata de reconocer que va creciendo el porcentaje de mujeres en los diferentes ámbitos laborales y que eso implica una adecuación a diferentes parámetros.

Es un amplio campo que abre muchas posibilidades para conseguir una mayor eficacia, seguridad e identidad de las mujeres. El diseño pensado en femenino es el reconocimiento de esa realidad que debe ser creciente. Igualdad no es siempre lo mismo para todos; también lo es el reconocimiento de las diferencias.

 

* "Diseño en femenino. México contemporáneo 25/09/2023-18/02/2024"  Fundación Casa de México en España https://www.casademexico.es/exposicion/diseno-en-femenino-mexico-contemporaneo/

lunes, 15 de febrero de 2021

Las semillas egipcias de la sumisión o a vueltas con el pelo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Hace muchos años ya escribí en estas mismas páginas, en pleno periodo islamista en Egipto, el caso de una niña, Maggie Fazuz,  cristiana a la que habían asaltado en el metro de El Cairo para cortarle las trenzas. La niña mostraba en las fotografías las dos matas de pelo que los radicales, dispuestos a imponer la forma de vida de todos, le habían segado. Recuerdo su mirada de tristeza, el gesto de mostrar su pelo cortado, como si fuera ayer. Hoy hay que recordarla, pasados ocho años, pues la situación vuelve a ser complicada. Ya no se trata de que una mujer le corte el pelo a una niña en el metro, sino que la situación del control del pelo se está haciendo más intensa en las propias escuelas.

El caso de Egipto es bastante sorprendente si no se conoce el detalle, el fino entramado del día a día. ¿Por qué se dio un golpe de estado (el no-coup) contra un presidente islamista y un parlamento claramente dominado por la combinación de islamistas y salafistas, si después se hace lo mismo? ¿Qué es el régimen de al-Sisi, que se proclama anti islamista y moderno? ¿Por qué acaba haciendo lo mismo que hacían Morsi y los suyos desde el poder? ¿Qué extraña mezcla es esta?

El otro día hablaba con una doctoranda sobre la sucesión de los presidentes egipcios entre uno de corte laico sucedido de otro religioso: Al socialista Nasser (amenazado y denigrado por los islamistas) le sigue el "piadoso" Sadat (asesinado por los islamistas en pleno desfile militar), le sigue el laicista Hosni Mubarak, que sume el poder treinta años con mano de hierro) y es depuesto por una revolución juvenil que apuesta por la tolerancia religiosa, pero cuya continuación es el islamista Morsi, depuesto por un golpe en contra de los islamistas (a "petición del pueblo"). Abdel Fattah al Sisi, general y  jefe de los Servicios de Inteligencia Militar con Mubarak, después ministro de Defensa con Morsi, al que derroca, jurando que nunca será presidente ni habrá gobierno militar. Basta que el piadoso Sadat se le aparezca en sueños para que al-Sisi se convierta en candidato presidencial y arrase llevándose por delante la incipiente democracia egipcia en una segunda arremetida. Parecía que tocaba ahora un presidente laicista, sin embargo no es esto lo que ocurre y Egipto se encuentra sumido en una ola ultraconservadora manejada y consentida desde el poder que está afectando a la vida de las personas.



El presidente mismo se presenta como una especie de frustrado reformista del Islam mientras que en la calles ocurre lo contrario, el avance de los conservadores. Mientras toda la artillería se dirige hacia los Hermanos Musulmanes, la sociedad se dirige hacia a ellos a golpe de costumbre y retroceso como no se había visto en los treinta años de Mubarak en el poder. Al-Sisi hace parecer "progresista y liberal" al dictador Mubarak. Las manifestaciones de Trump sobre su "dictador favorito" han debido sonar a broma de mal gusto a todos aquellos encarcelados o a las familias de los desaparecidos.

En este contexto, la publicación Mada Masr nos trae nuevos casos de detalles pequeños pero significativos, como lo fueron aquellas trenzas cortadas en plena calle, signo de algo importante para los tradicionalistas: la apariencia y, sobre todo, la apariencia de las mujeres, el mayor objeto de control en todas las sociedades musulmanas. El control sobre la mujer es el rasero para medir su control. Recordemos la petición del líder de los Hermanos a Nasser, imponer el velo a las mujeres. Son históricas las palabras y las risas de Nasser ante la petición: "Si tú, que tienes una hija, no consigues que se ponga el velo, como voy yo a imponerlo yo a millones de mujeres..."

Mada Masr nos cuenta los conflictos que se están planteando en la sociedad egipcia a cuenta del velo de las mujeres o, si se prefiere, de su pelo, las dos caras de una misma moneda:

 

Most of the girls at Mai’s current school wear headscarves, and those who don’t are mostly Christian. The unveiled girls usually come to school with their hair in a bun. In that environment, Mai stands out with her short, curly hair which she wears loose most of the time. At first, Mai said, she didn’t understand why the students and teachers at her new school looked at her funny, or why the other girls seemed to avoid her. When she started to prove herself academically and engage more in class, things started to change. Mai says her Arabic language teacher was surprised at her high score on a test, and, the following day, she asked her why doesn’t wear a headscarf. “I don’t want to at the moment,” Mai answered, after which the teacher asked her if her father lived at home.

The teacher told her she and her father would both be held to account for her exposed hair on Judgement Day, Mai said. “If I loved my father, she said, I should start covering my hair for my own sake as well as to honor him and to please God. She added that the fact that my hair is curly should be even more reason to wear a headscarf, as it would hide that ugly hair that looks like a man’s and make me prettier.”

One day at morning assembly, Mai was called out by another teacher. “Put that mad hair of yours in a bun, Mai.” She could not talk back to the teacher, so she just laughed along with her classmates. But the incident made it clear to her just how damaging the situation was, so she decided to start wearing a headscarf to avoid more harassment. Her family intervened, saying she was too young to wear a hijab.*

 


La secuencia de hechos es muy interesante y reveladora. Es la profesora de "lengua árabe", no otra, la que lanza las preguntas a Mai. El vínculo de la enseñanza del árabe clásico es con la religión, es la lengua del Corán. A la profesora le sorprende la "discordancia" existente entre su buen conocimiento del árabe y su distanciamiento de la "buena musulmana" por su forma de llevar el pelo.

La siguiente pregunta, no podría ser otra: ¿su padre vive en casa? La explicación de la discordancia se traslada al ámbito familiar: la ausencia de padre la explicaría. El buen padre musulmán velaría porque su hija fuera "correctamente", con un pelo cubierto con un velo. Ella, dice la profesora, debe honrar a su padre (y a Dios) llevando el pelo cubierto. No hacerlo es comprometer a su padre mostrándolo como una persona nada piadosa. El "feo" pelo corto de Mai debe cubrirse para evitar la vergüenza sobre la familia, la sospecha de impiedad que crea.

Finalmente, las presiones sobre Mai la obligan a tapar con un velo su pelo, convertido en un ejemplo de rebeldía, en un mal ejemplo para todos. Va contra la familia, la escuela y Dios.


2012

En el texto del artículo, firmado por Nada Gamal, se nos dan otros muchos casos que se han ido produciendo en las escuelas egipcias, llegando hasta las más altas instancias educativas. Uno de los señalados es el de la joven Reem:

 

In the Sharqiya city of Belbis, a similar case led to a public confrontation between a student’s parents and school administrators, ultimately requiring the Education Ministry to intervene.

Lamia Lotfy says her daughter Reem, a middle school student at Sharqiya’s Belbis Public Language School, was threatened and bullied for refusing to wear a headscarf. Lotfy, a gender consultant and program coordinator at the New Woman Foundation, a rights group, told Mada Masr that the issue started a year earlier, when Reem was still in sixth grade at the same school. The girls received hints that, once they entered middle school, they would no longer be allowed to come to school without headscarves because they would be “all grown up,” and were warned that refusal to adhere would result in disciplinary action.

Lotfy didn’t want to act preemptively. But on Reem’s very first day of middle school, the 13-year-old was instructed by teachers to wear a headscarf as part of her uniform. Lotfy was adamant in her refusal to make her daughter abide by the new requirement, and when the pressure on Reem continued, she decided to escalate.

In a public Facebook post she wrote about the issue in December, Lotfy quoted statements made to her daughter by three different teachers:

“Wear it to school and take it off when you leave.”

“You simply won’t be allowed onto the school premises without a headscarf.”

“It’s not our problem that your mom won’t let you wear it. Work it out with her.”

Reem’s father lodged a complaint with the school administration. While he was assured that hijab was not a compulsory part of the official uniform, the school pushed back, this time targeting the mother. “Yes, we did tell the mother that a headcover was part of the uniform, but we never said hijab was. This is meant to protect the girls because this is a co-ed school,” Vice Principal Manal Aboul Naga posted on Facebook. “What kind of mother reports someone for trying to protect their daughter,” she added. In other posts by Aboul Naga, reviewed by Mada Masr, the vice principal claimed Lotfy was seeking fame through the controversy, and made other disparaging remarks about the parent.* 


Los mensajes tienen una función: alejar el problema de la escuela, lo que implica la presión de los otros padres sobre el centro si hay alumnas que llevan a la vista el pelo. Al conservadurismo de los centros se suma el de las otras familias. No otra explicación tiene el primero de los mensajes: lo llevas al centro y fuera te lo quitas. Se trata de alejar el problema.

Para los que conocen la forma de trabajar los islamistas esto no supone ninguna novedad. El verdadero poder está en la capacidad de presionar sobre la sociedad, es el objetivo final de los islamistas en cualquiera de sus versiones. Pensamos que es el "poder" político el que les interesa y así es, pero es sobre todo el control social, el de las personas en los barrios, escuelas o lugares de trabajo su ámbito natural. Controlando la sociedad por abajo, se controlará finalmente por arriba. La llegada al poder de Morsi es un ejemplo de la transformación social mediante el contacto directo. Su forma tradicional de control es el barrio, lo que está a la vista en escuelas, mercados o cualquier lugar visible. Cuando ves que los otros se comportan de una manera, la mayoría tiende a imitarlos. Las niñas con el pelo visible son un mal ejemplo y trasladan a otras familias la idea de que es posible hacerlo. Eso no se puede permitir.


2012

El caso del profesor francés, Samuel Paty, asesinado en acto terrorista por mostrar las caricaturas de Mahoma en la clase sobre Libertades fue puesto en el punto de mira por los otros padres de la clase. Fueron ellos quienes le señalaron. Y lo hicieron, entre otros motivos, porque si no lo hacían ellos mismos serían vistos como cómplices por otros padres y no sabes por dónde te puede llegar la sanción. Es una forma de hipocresía que muestra la "virtud" de la denuncia, pero también el miedo a quedar expuesto ante los otros, a señalados.



Cuando topan con una activista de los derechos de la mujer, como es el caso de Lamia Lofty, la cuestión se complica y, probablemente, esa sea la presión que actúa sobre el centro. Al no ceder, la escuela se ve entre la espada y la pared: los padres islamistas, la familia presionada y ahora el ministerio que señala que los velos no forman parte de la indumentaria de los colegios.

El pelo es una obsesión de los islamistas. Su concepto de la "virtud" es también el de la obediencia. Es la autoridad lo que se muestra, de ahí las preguntas en el primer caso sobre la presencia del padre. Este debe actuar conforme a la obediencia divina y hacer obedecer en la línea jerárquica, en cuyo tramo final se encuentran las mujeres, las esposas e hijas. Es para ellos el orden "natural".

El régimen de al-Sisi toca de "piedad" pese a que se manifieste como de reacción contra los islamistas en la muy tradicionalista sociedad egipcia en la que no se avanza, porque no interesa que así sea, la independencia —representada por los jóvenes de la Primavera egipcia en 2011— no interesa. Al-Sisi quiere la cuadratura del círculo, una juventud obediente para obtener un pueblo disciplinado que no pueda ser "desestabilizado". Sin embargo, los grandes ganadores sociales son los islamistas, que controlan lo importante, las costumbres. Ahí radica el principio de su propio fin. El piadoso al-Sisi está preparando su propia tumba, sembrando las semillas de la obediencia, con las que muchos quedarán rendidos al radicalismo, como de hecho está ocurriendo.



El artículo termina señalando que no hay problema de uniformidad con los chicos, que aunque hay un uniforme no se ha dado ningún caso de conflicto porque vayan vestidos como quieran. Es una demostración de que el objetivo es siempre el control de las mujeres, algo a lo que el sistema patriarcal no está dispuesto a renunciar y que va más allá de las cuestiones políticas. Es algo mucho más profundo, enterrado en la psique colectiva y que los tradicionalistas no quieren dejar escapar porque entonces el poder se disolvería en la nada. Cada vez es más claro que no hay revolución sin las mujeres y que en ellas radica el verdadero cambio. De ahí la importancia clara de estas batallas aparentemente menores y que no lo son.

En un sentido diferente, pero igualmente significativo, podríamos recordar el conflicto de las barbas policiales, prohibidas durante la época de Mubarak, pero reivindicada después por los islamistas y finalmente aceptada. Era un signo claro de identificación que permitía distinguir entre los agentes, lo que vino bien posteriormente con la llegada de los islamistas al poder. El "poli malo" y "poli bueno" tenía su versión con barba, cambiando la bondad y maldad según el carácter de sus actuaciones. Un policía con barba salafista, por ejemplo, ya era una referencia.



Los egipcios se debaten entre una doble presión constante, la política y la religiosa.  No son dos fuerzas separadas sino entremezcladas en principios y fines. Su efecto sobre la vida social es demoledor, si bien es cierto que este efecto de control es social en gran medida, un sistema de vigilancia mutua desarrollado en décadas al que se añade la vigilancia vertical de los poderes.

Los ejemplos de conflictos como el mostrado en los colegios con el cabello femenino muestra claramente esa voluntad autoritaria que circula de un punto a otro, esa exigencia de control continuado, semilla de la sumisión femenina, religiosa y civil, una forma de disciplina social que está creciendo con al-Sisi en el poder, que necesita de las instancias religiosas para el control, pero está a la vez en lucha con ellas en disputa jerárquica.

En un sistema así, el más pequeño gesto se transforma en signo de rebeldía, algo que el sistema no acepta. Lo que está sobre la mesa es la "pertenencia" del ciudadano, de la persona, al Estado o la Religión, algo que ambos dan por hecho.

Basta con hacer un breve recorrido por la red para comprobar cómo están aumentando las presiones desde web y blogs hablando de la necesidad de "incentivar la modestia". Es la forma de decir que hay que presionar sobre la infancia para evitar que, llegada la adolescencia, puedas encontrarte con jóvenes "rebeldes", entendiendo por tales los que tienen un criterio diferente a los que les han intentado inculcar. Por eso desciende la edad de la presión sobre las niñas a las que hay que "domar" y evitar que surjan en ellas pensamientos peligrosos, autónomos. Es imperativo, dicen, controlar el mal antes que se desarrolle. La obediencia inicial es la garantía del futuro. 

 

2018

* Nada Gamal  "‘Cut it, dye it, cover it’: How schools control girls’ hair " Mada Masr 1/02/2021  https://www.madamasr.com/en/2021/02/01/feature/society/cut-it-dye-it-cover-it-how-schools-control-girls-hair/


jueves, 12 de diciembre de 2019

Héroes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En mundo en el que las pantallas están llenas de superhéroes, no debe ser fácil ser un simple héroe. Sin embargo, son más necesarios que nunca. La cadena norteamericana CNN ha tenido esta año una elección difícil para seleccionar a su "héroe del año". No debe ser fácil decidir entre tanta gente que dedica su vida a los demás. Nuestro mundo es cada día más egoísta, según vemos en los grandes titulares. Luego, los pequeños nos muestran una realidad distinta, cómo esas tendencias generales son muchas veces mitigadas por esa entrega individual, por esa energía que desprenden los héroes del día a día.
La nota que sirve de entrada al reportaje de la CNN es sencilla: «2019 CNN Hero of the Year Freweini Mebrahtu has dedicated her life to keeping girls in school by designing a reusable menstrual pad and trying to end the cultural stigma around menstruation.» Es un enorme logro en el que se aúnan los problemas de la tecnología y los enormes obstáculos de los tabúes y los estigmas culturales. Para las personas que solo tienen que ir a un supermercado o una farmacia a comprar las compresas, el problema les puede parecer "menor", pero las cifras demuestran que no lo es. Uno de los grandes problemas de los problemas es que cuando dejan de serlo para unos pensamos que dejan de serlo para todos. Desgraciadamente no es así. Sigue siendo un enorme problema para millones y millones de mujeres en el mundo.


Acabo de mandar el enlace de la CNN a una de mis alumnas doctorales, Yue. El curso pasado trajo el problema hasta nuestras Jornadas anuales "Mujeres de 3 Culturas", las que organizamos con nuestros doctorandos y algunos invitados. Su ponencia versó sobre los aspectos culturales que mantenían los estigmas de la menstruación en la India y que desembocaban precisamente en actividades "heroicas" para que las mujeres tuvieran acceso fácil a ellas. Es un problema "cultural" que se transforma en un problema de "salud", de salud de las mujeres, las grandes perjudicadas en este caso.

Tras su ponencia hablamos del interés del tema y cada vez que me encuentro con noticias sobre esta cuestión en diversas partes del mundo le envío el enlace. No son muchas, pero sí las suficientes como para darnos idea de la necesidad de heroicidades en distintas sociedades para enfrentarse a un problema general que abarca tanto la salud como la educación de las mujeres.
La presentación de la candidatura de Freweini Mebrahtu, la ganadora de 2019, en la CNN señala: «Menstruation is considered taboo in Ethiopia, and girls often miss school or drop out because of their periods. Freweini Mebrahtu designed a solution -- and it's benefited nearly 800,000 girls and women.» El problema se hace fácilmente comprensible y entendemos que les acompaña gran parte de su vida.


El problema va saliendo a la luz —ser Héroe del Año vale mucho— en diferentes países que estamos acostumbrados a ver desde perspectivas limitadas y de lo que no suele salir a la vista esta cuestión. Nos damos cuenta precisamente del problema de la atención exterior frente a la tendencia al silencio por el tabú que rodea a muchas de las cuestiones relacionadas con la situación de las mujeres.
La solidaridad entre países debería mostrarse también en el plano informativo, dando cuenta de los problemas suyos y no solo aquellos problemas que nosotros consideramos dignos de nuestra tención. El programa proyecto de la CNN trata de dar visibilidad a este tipo de acciones. Como señala Mebrahtu en las entrevistas, se lucha contra la "vergüenza" y el "silencio", los dos grandes monstruos sociales a los que hay vencer en estos casos. Son dos enormes muros difíciles de sortear porque están levantados durante siglos y siglos construyendo una frustrante y peligrosa "normalidad" que conlleva la indiferencia.
El estigma de la menstruación no es exclusivo de la India o Etiopía, los países mencionados. Existe en muchos otros con diverso grado de resistencia. Por eso, Mebrahtu reclama el premio para todas la niñas y mujeres, en cualquier parte. "Dignity for all", repite. No es su premio, es de todas.
La cuestión sale a la luz de nuevo, otro destello para hacernos conscientes de que el problema existe. Lo hace bajo un marco más amplio que es la propia consideración de la mujer en las sociedades tradicionales.
Hoy debemos alegrarnos por este reconocimiento. Pero debemos ser conscientes de que el problema sigue mañana y al otro. Son premios para no olvidar.



* "This is the 2019 CNN Hero of the Year" CNN 09/12/2019 https://edition.cnn.com/videos/us/2019/12/09/cnn-hero-of-the-year-announcement-cnnheroes-vpx.cnn/video/playlists/stories-worth-watching/

martes, 10 de septiembre de 2019

La polémica del estrechamiento de manos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Costumbres o mala educación? "No es nada personal", vienen a decir los varones iraníes. "No damos la mano a las mujeres, no las miramos y no las queremos cerca". Ese ha sido el mensaje de "distensión" de las autoridades en el conflicto del estrechamiento de manos que se ha planteado como protocolo en el Congreso de los diputados. Luego, inmediatamente, acusan a "Occidente" de tratar de "imponer sus costumbres". Un problema protocolario pero que plantea el problema al que lo tiene que aceptar en su propio territorio.
Algo importante que hay que tener en cuenta. Se trata de un saludo, que es una forma de manifestar precisamente una actitud. Uno puede hacerlo de muchas formas, pero no negarlo. El planteamiento iraní no es solo una costumbre, sino negar el saludo y el reconocimiento, por tanto, a las mujeres que les ponen delante por el hecho de serlo. Es discriminación.
El diario El País contaba así lo ocurrido la semana pasada en el Congreso:

Una visita protocolaria de una delegación extranjera de políticos, habituales en el Congreso y que suelen pasar inadvertidas, provocó el martes un incidente diplomático. La nación era Irán. El asunto derivó en una agria disputa nacional, ya casi en plena precampaña electoral en España, sobre cómo abordar la relación de ese país con las mujeres.
Vox capitalizó el frente de la derecha parlamentaria contra el pragmatismo de acudir a la cita tras alertar desde el servicio de protocolo del Congreso que la Embajada de Irán había avisado de que sus delegados no consentirían en el saludo informal ningún contacto físico, ni siquiera con la mano, con las políticas españolas. Ciudadanos se sumó inmediatamente al boicot y el PP lo respaldó este miércoles. La izquierda optó por acudir a la reunión y expresar en la misma sus quejas contra la falta de derechos e igualdad de la mujer en Irán. El embajador iraní en Madrid, Hasan Qashqavi, explicó molesto, al final del encuentro, que esa costumbre forma parte de su cultura y pidió "respeto".
La cita era este pasado martes, a las seis de la tarde, en una sala del Congreso con los componentes de la comisión de Exteriores. Acudía una delegación con un alto representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Mahmoud Barimanique, otros asesores y el embajador en Madrid. Apenas tres horas antes un mensaje a la prensa de Vox reventó la reunión y desató una carrera contra el reloj para situarse políticamente o evitar un incidente diplomático con un país con el que las relaciones son siempre delicadas.*



Los conflictos con los iraníes son constantes y prácticamente irresolubles como demuestra la práctica. Esto deja pocas posibilidades incluso en temas de cortesía o de amistad. La visita al parlamento es una cuestión amistosa hacia un país que está empezando a abusar del hecho que los demás traten de mantener las relaciones que Estados Unidos ha tirado por la borda. Está tomando esto como una cuestión de "debilidad" de lo que han llamado "Europa" con un tono despectivo sin tener en cuenta que es Europa precisamente la que está intentando mantenerles el tipo.
El problema planteado por el protocolo tiene varias alternativas a lo que es la falta de reconocimiento a las mujeres. Eso no es una "tradición"; es una mala costumbre, que es otra cosa. No sirve de ningún consuelo que en su propio país se nieguen a tocar o as mirar simplemente a las mujeres que no sean de su familia. La "costumbre" tiene consecuencias para las personas que el régimen de los ayatolás ignora amparándose en esa costumbre. Uno puede tener sus propios gustos, pero las costumbres que implican que los demás deben obedecerlas —ya sean en Teherán o en Riad o en cualquier otro lugar— están en cuestión.


Las soluciones son complicadas porque implican precisamente las relaciones entre dos países que entienden la cortesía de forma distinta. El hecho de que sean los demás quienes deben cambiarlas en su propia casa no es más que una muestra del desprecio y el sentido de la superioridad que el iraní considera que tiene sobre los demás. Son la muestra de esa superioridad frente a los impuros que nos las practican. No es una costumbre, en el sentido humano; es un mandato que ellos, seguidores fieles de las leyes divinas, practican frente a la ignorancia y zafiedad del resto del planeta. Esto se disfraza de muchas maneras, pero es la evidencia del trato la que lo demuestra. No es privativo suyo, ya que no se trata de una "costumbre de Irán", ya que se practica también en algún otro país que rechaza tener cerca a las mujeres que no son de la familia.
Recuerdo el argumento de un juez egipcio contra la entrada de las mujeres en la magistratura: "¿cómo iban a reunirse a deliberar varios hombres con una mujer en la misma sala?" Lo podemos llamar "costumbre" o también "discriminación". En algunos países esas viejas y añejas costumbres claramente discriminatorias se pueden debatir. En Irán no, porque tienen otras "costumbres" contra quien discrepa de las costumbres. Algunas de esas costumbres acaban muy mal para algunos. Una vez un profesor iraní me dijo que no nos equivocáramos, que Irán era un país con una gran base laica. No sé quién se equivocaba, por supuesto, pero el hecho es que decir que eres laico en ese contexto tiene unos riesgos que muy pocos asumen.


Las que lo asumen principalmente son las mujeres desafiando la imposición del velo. Lo hacen con fotos y vídeos en los que los lanzan a aire o simplemente se lo quitan. Hay algo de alegría liberadora en ese acto de arrojarlo.
En España, lo nuestro es discutir. El País informa de cómo los partidos españoles, dentro de sus pugnas, no quisieron que nadie se llevara la foto de la oposición a algo difícil de aceptar, por lo que todos manifestaron su rechazo. Así fue el encuentro:

Los delegados iraníes acudieron a la hora programada, el encuentro se llevó a cabo, los portavoces de todos los partidos españoles expresaron dentro de la sala sus reparos por el trato a la mujer en Irán y por la falta de igualdad. Tras dos horas de discursos, la cita parecía haber acabado cuando el embajador de Irán en Madrid, Hasan Qashqavi, pidió la palabra. Y subrayó que entendía que a los políticos españoles no les gustase ni comprendiesen las normas culturales por las que se rigen en su país (la sharía o código de conducta del Corán no permite ese contacto físico con las mujeres entre desconocidos) y acabó: "No les pido que lo compartan, pero sí que lo respeten".*

El problema es que eso no es cierto. Siempre hay un cierto tono de hipocresía en las manifestaciones oficiales de las autoridades iraníes. Lo del "respeto" suele ser algo que ellos mismos no practican. Están mal acostumbrados a que se plieguen a sus exigencias. Lo que llama "normas culturales" (bien elegido el término) son el resultado de la imposición de una revolución que cambió toda la situación de Oriente Medio, intensificando el radicalismo islámico en países que eran mucho más de convivencia. Fue la revolución retrógrada de Irán la que activó la mayor parte de los integrismos que habían tenido menor impacto hasta el momento y generó otros nuevos entre el islam suní.
Hoy mismo tenemos en la prensa el anuncio por parte de Arabia Saudí del comienzo de un programa nuclear que puede tener derivaciones militares, como han señalado ellos mismos. Es la respuesta al enriquecimiento de uranio con el que Irán chantajea a la comunidad internacional tras la llegada de Donald Trump. El calentamiento a tres bandas —Irán, Arabia Saudí e Israel— es un motivo de preocupación para todos.


Las respuestas protocolarias ante la negativa a dar la mano (nadie da la mano si no quiere) pueden ser variadas. Unas ya se han elegido, lanzarles discursos reivindicativos sobre los derechos de las mujeres, negarse a asistir. Pero hay otras, como que nadie les dé la mano creando así la costumbre de la "grosería selectiva", una anticostumbre española, o enviar solo mujeres a hablar con ellos y allá se las apañen, hasta que solo vayan las mujeres. Las posibilidades son muchas.
Hay una falsedad hipócrita en las palabras dichas por el embajador: Irán no pide "respeto"; Irán exige que los demás se plieguen. Las palabras dichas sobre que en España se besan, recogidas por la prensa, son absurdas porque eso refleja un nivel de confianza que se corta en el momento en el que la mujer extiende la mano. Una cosa son los tipos de saludo, que pueden variar, y otra negarlo por principio.
Es raro que nadie haya recordado con motivo de este pequeño conflicto de costumbres lo ocurrido con la visita del presidente Rohani a Italia en 2016. El titular de ABC fue entonces fue "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní":

Las estatuas con desnudos, como las Venus de la época romana, que se encontraban en el recorrido que realizó ayer el presidente de Irán, Hasán Rohaní, en los Museos Capitolinos de Roma fueron cubiertas por respeto al mandatario, según informan hoy los medios de comunicación italianos.
Las imágenes de bloques de contrachapado blanco que cubren las estatuas del Museo que ayer visitó el presidente iraní aparecen hoy en los diarios locales y han suscitado alguna polémica entre los políticos.
Según el diario "Il Messaggero", la delegación iraní pidió que se cubriesen las Venus desnudas y otras estatuas por respeto a su cultura, así como también pidieron un cambio en la «escenografía» de la sala de los Museos Capitolinos donde aparecieron ante la prensa Rohani y el primer ministro, Matteo Renzi, tras su reunión. Según este periódico de Roma, no les gustaba que apareciese la enorme escultura ecuestre en bronce de Marco Aurelio, la gran joya de los museos.**


El hecho de tener que tapar las estatuas por las que todos pueden pasar por delante menos los dirigentes iraníes es ya un indicativo del grado de exigencia. La estupidez italiana de entonces se sigue pagando ahora. Cuando un país tiene que cubrir sus monumentos para evitar que el visitante se ofenda, las visitas carecen de sentido. Quizá debería celebrarse las sesiones con ellos mediante video conferencia o en un islote sin historia en las que sus costumbres (las que imponen los ayatolás) no se vieran impedidas o perturbadas. Tampoco se sirvió vino "por no ofender", algo absurdo que muestra la intolerancia. No se trata de no beber, sino de que no se beba en su presencia. Una forma más de hipocresía desde países que beben en las casas, lejos de las miradas de los censores. No se trató tampoco de respeto, sino de imponer a otros sus condiciones desde esa superioridad divina que les caracteriza.


Nuestra Facultad, que ha tenido decana durante ocho años, pudo comprobar los mismos desprecios del saludo a quienes se invitaba amablemente para mostrar su cine, la única herramienta de propaganda del régimen que le funciona en el exterior, pese a las limitaciones a la creación. La utilizan bien.
Quizá haya que replantearse las relaciones formales mediante nuevos protocolos. El argumento, tan querido por los poscolonialistas, de que Occidente quiere cambiarles elude la diferencia entre las costumbres y las imposiciones, especialmente en las cuestiones de género. Las sociedades evolucionan a menos que se las encierre, que el caso de muchos países en los que se esconden tras la idea de "cultura" para mantener sus dispositivos de control social y ausencia de libertades. El mundo se ha hecho global y es muy difícil evitar los cambios. Hacia dónde vayan esos cambios es difícil de predecir. Unas veces van en un sentido y otras en clara involución eliminando de sus sociedades a aquellos que van en contra de la "costumbre", vieja o nueva.


Al final, no cuentan las personas, sino la fuerza que es posible emplear para mantenerlos en los carriles adecuados de la costumbre. Hay muchos iraníes que no están de acuerdo con esas costumbres; lo que ocurre es que tienen que callarse o irse. Los largos brazos del poder les llegan aunque están fuera de su país, pues las embajadas —no son los únicos— vigilan.
Si no quieren o pueden dar la mano, nadie les puede obligar. Pero tampoco debemos entonces nosotros a dárselas a ellos, aunque nos cueste. La cuestión de que haya mujeres cerca o si hay que mirarlas de frente o de lado, es un problema suyo. Vendas, parches o gafas oscuras están a su alcance. En Italia no debieron cubrir las estatuas, sino tapar los ojos del que se sentía ofendido.
El titular de El País hace referencia a una supuesta "batalla del saludo" ganada por la derecha parlamentaria. No creo que esa sea la cuestión relevante. Es casi ofensiva para las mujeres que se juegan en Irán y en otros lugares la vida o la cárcel por cuestiones de este tipo. No es cuestión de complejos o de intereses extraños. Es una cuestión más profunda y que nos afecta a todos por encima de banderías. Algunos pueden quedar en evidencia, pero eso es cuestión suya.




* "La derecha gana la batalla del saludo a la delegación iraní en el Congreso" El País 5/09/2019 https://elpais.com/politica/2019/09/04/actualidad/1567618282_623283.html
** "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní" ABC 27/01/2016 https://www.abc.es/internacional/abci-italia-tapa-estatuas-desnudos-visita-presidente-irani-201601261457_noticia.html

domingo, 2 de junio de 2019

Género y salud

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es tal la vertebración cultural sobre las cuestiones de género que no hay ámbito social que se libre de su incidencia. El género estructura las sociedades estableciendo las relaciones, valores y jerarquías. Se esconde en el lenguaje y se vuelve invisible, aunque presente, en muchos espacios que parecen no estar "marcados".
El ámbito de la Ciencia no se escapa de esta cuestión que aflora en diversos momentos de las investigaciones. La incorporación de la mujer a la investigación hace que estas brechas o marcas se vayan reduciendo, pero siguen quedando muchas piezas sueltas.
Hace algún tiempo hablamos aquí del manifiesto por la presencia equitativa de las mujeres en los escenarios de las Ciencias Sociales. No se trataba, se decía, de simple número, sino de la perspectiva diferente que se puede aportar a la visión social desde las mujeres.
Ahora nos llega un artículo firmado por JoAnna Klein en The New York Times, encuadrado en las Ciencias de la Salud, en donde se nos deja al descubierto otro elemento condicionante. El título del artículo es "Fighting the Gender Stereotypes That Warp Biomedical Research" e incluye diversos ejemplos que se nos hace fácilmente comprensibles en la cuestión de la experimentación e incluso de las dosificaciones de los fármacos.
Escribe Klein en el comienzo de su artículo:

Say you are prescribed medication for depression, anxiety or even just to sleep. Would you want to take it if you knew that the drug had only been tested on men and male animals?
Rebecca Shansky, a neuroscientist at Northeastern University in Boston, thinks you might not. When she tells nonscientific audiences that researchers “for the most part don’t study female animals, people are blown away,” she said.
She added: “It seems like such an obvious thing to a normal person. But when you come up in the academic and science world, it’s like, ‘Oh no, females are so complicated, so we just don’t study them.’”
In 2016, the National Institutes of Health and its Canadian counterpart mandated that all preclinical research they fund must include female subjects. Now, Dr. Shansky and other scientists wonder if that requirement will do enough to improve how research is conducted.*



¿Sorprendente? No tanto. Hace unos días debatíamos en nuestro seminario sobre la tendencia investigadora a apartar en muchas ocasiones lo "complicado" y quedarse con lo más "sencillo" de explicar o analizar. La mayor complejidad hormonal en las reacciones de las hembras en los experimentos con animales en el laboratorio hace que se prefieran "machos", extrapolando los resultados al conjunto, es decir, a machos y hembras. En realidad, lo que se hace es ignorar los efectos en los elementos más complejos, es decir, las mujeres, cuyas variaciones podrían ser de mayor oscilación.
Explica JoAnna Klein:

If scientists don’t stop looking through a male lens, outdated gender stereotypes will continue to foster dangerous assumptions about the brain and behavior, resulting in clinical studies and eventual treatments that don’t work equally for all people on the gender spectrum.
[...]
The reasons women and female animals are often omitted from research are the same: ovarian hormones. In the Victorian era, the idea that women were inferior to men was replaced by the notion that women were hysterical, disorganized, emotional — the hormone-driven counterpoints to rational, stable men.
From the team at NYT Parenting: Get the latest news and guidance for parents. We'll celebrate the little parenting moments that mean a lot — and share stories that matter to families.
By studying males only, mostly male scientists believed they could more easily identify the most basic ways the brain worked without the “messiness” of fluctuating female hormones. This stereotype is so pervasive that some biomedical researchers still don’t question why they aren’t looking at female rats or mice.

A diferencia de otros campos en los que se construye un sujeto masculino que se "neutral", en las Ciencias de la Salud esta pretensión es peligrosa y palpablemente irreal. Lo que emerge de las pruebas no es un "ser humano", que abarque las características femeninas y masculinas, sino un "sujeto artificial" cuyas características son claramente masculinas, pero que se asocia también a los sujetos femeninos.


La incorporación progresiva de mujeres al campo de la Biología en sus diversas variantes investigadoras, ha servido para ayudar a hacer visibles estas formas de "olvido". En el mundo de la salud, está claro que afecta a los fármacos —como se señala en el artículo— y a las dosis, en las que son importantes las diferencias de peso.
El problema no es nuevo y la percepción del problema tampoco. En 2007, se publico en la Revista Española de la Salud Pública un estudio a cargo de Noa Laguna Goya (Agencia española del Medicamento) y Fernando de Andrés Rodríguez-Trelles (UCM), con el título "Participación de las mujeres en los ensayos clínicos según los informes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. 2007". El trabajo tiene que ver con lo recogido en The New York Times por JoAnna Klein: las mujeres participan mucho menos en los ensayos clínicos, lo que implica que los datos obtenidos y la información que de ellos se desprendan responden básicamente a un modelo masculino.
En su introducción se planteaba el caso:

A pesar de que en las últimas dos décadas se ha empezado a introducir información sobre la participación de hombres y mujeres en los ensayos clínicos (EC) que afectan a la población general, esta consideración no parece estar aún suficientemente extendida en el ámbito de la comunidad científica y en muchos casos no es representativa del colectivo mujer1. En este tema se encuentran enfrentadas distintas opiniones, no existiendo una valoración unánime ni en cuanto en la necesidad de evitarlo ni en sus consecuencias.** 

Esto nos lleva a más de tres décadas sin que se haya hecho mucho por exigir que los estudios se amplíen para tener muestras más representativas de lo que es la población, respetando la división entre hombres y mujeres.
Pese a la denuncia constante, el hecho parece ignorarse. Se junta aquí la cuestión del género con la de los costes, ya que la simplicidad masculina resulta más barata que la complejidad hormonal femenina, que requiere de pruebas más ajustadas a la diversidad.
Este es el resumen realizado por los autores que deja al descubierto la falta de interés por desvelar cuáles han sido las proporciones masculino/femenino en los experimentos clínicos realizados en los experimentos:

RESUMEN
Fundamento: la información sobre la participación de hombres y mujeres en los ensayos clínicos que afectan a la población general no parece estar aún suficientemente extendida en el ámbito de la comunidad científica. El objetivo del estudio ha sido la valoración aproximativa de la situación en España acerca del tratamiento de los datos de los ensayos clínicos en el momento de publicación de la Ley de Igualdad.
Métodos: Se revisaron los apartados de diseño, población de estudio, datos demográficos y características básales de los sujetos participantes, resultados y conclusiones del ensayo en los resúmenes de los informes finales de los ensayos clínicos recibidos durante el primer cuatrimestre de 2007 en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).
Resultados: De los 25 documentos analizados 5 desagregan datos por edad y sexo, 13 no aportan ningún dato desagregado por sexo ni ninguna conclusión, 3 tampoco expresan los resultados desagregados por sexo pero sí describen por esta variable los acontecimientos adversos graves, y en 4 no se encuentran ni resultados ni conclusiones.
Conclusiones: Sólo el 20% de los resúmenes revisados proporciona datos desagregados por sexo. Esto podría deberse a que no se haya hecho o que no se le haya dado la suficiente importancia como para incluirlo en el resumen, lo que tampoco es satisfactorio. Un estudio más amplio es difícil dada la calidad actual de los resúmenes de los informes finales de ensayos, que es el único documento obligatorio remitir a la AEMPS una vez concluido el ensayo.
Palabras clave: Ensayo clínico. Mujeres. Sesgo de Género.**

La necesidad de contar con esa información sobre las diferencias (o la igualdad) es clara. La naturaleza de ambos artículos es muy distinta —el periodístico y el académico—, pero ambos inciden en el mismo problema. De hecho, Klein recoge la opinión de los científicos sobre esta falta de claridad en los datos o la exclusión de las mujeres de los ensayos clínicos, lo que puede tener una incidencia en la salud.
Es un caso más de ocultación o de enterramiento de lo femenino. Los motivos, además, muestran que es algo más que la cuestión del género en sí. Costes mayores y complejidad actúan en este caso como motivos añadidos. Creo que es algo más que los estereotipos, que es plenamente consciente. Por eso es importante resaltar el factor económico en las investigaciones.


* JoAnna Klein "Fighting the Gender Stereotypes That Warp Biomedical Research" The New York Times 30/05/2019 https://www.nytimes.com/2019/05/30/health/gender-stereotypes-research.html
** LAGUNA GOYA, Noa  y  ANDRES RODRIGUEZ-TRELLES, Fernando de. Participación de las mujeres en los ensayos clínicos según los informes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios: 2007. Rev. Esp. Salud Publica [online]. 2008, vol.82, n.3 [citado  2019-06-02], pp.343-350. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-57272008000300010