Mostrando entradas con la etiqueta Hamdin Sabahi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hamdin Sabahi. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de enero de 2016

El apagón o cuando a la libertad le saltan los plomos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando le preguntas a un egipcio si realmente ha mejorado algo en este tiempo, la contestación que varios me han dado suele ser la misma: hay menos apagones. Los apagones en Egipto forman parte de su historia. Nunca son por la deficiencia del sistema eléctrico, absolutamente obsoleto y descuidado—como confirman las muertes por electrocución en las inundaciones recientes de Alejandría—, sino que siempre obedecen a alguna presunta estrategia de alguien, ya sea que los que están en el poder te intimidan con la oscuridad para que no salgas a protestar o cuando los que están en el poder se quejan justificándolos como parte acciones de sabotaje.
Hubo una época en que mantener una conversación por Skype o un simple chat eran una tarea si no imposible sí interminable por la cantidad de interrupciones. "Se ha ido la luz", decían una y otra vez. Parece que  al régimen de Al-Sisi, en cambio, sí le interesa que hay luz, al menos en el sentido eléctrico del término.


Del apagón del que no parece haber ninguna duda sobre su intencionalidad es del que nos habla Ahram Weekly padecido el que fuera alternativa presidencial, el nasserista Hamdin Sabahi, durante una entrevista televisiva en el canal Dream-TV.

President Abdel-Fattah Al-Sisi is “leading the country down the wrong path,” according to former presidential candidate Hamdeen Sabahi. He made the comment during a three-hour interview aired live on a popular television talk show last week.
The broadcast provoked a storm of criticism, not only from Al-Sisi’s hardline supporters who think any disagreement with the president is tantamount to treason, but from figures opposed to Al-Sisi’s policies. The latter accused Sabahi of turning in yet another performance as part of his attempts to keep himself in the public eye and his stalling political career afloat.
At a time when state-owned and private television channels issue joint statements declaring that to back the regime in its “war against terrorism” is a national duty, and the space given to opposition figures — whom many dub enemies of the state, foreign agents or Muslim-Brotherhood sympathisers — has shrunk to the point of invisibility, it was inevitable that Dream TV’s decision to host Sabahi for a lengthy interview would raise eyebrows.
They were raised even further when, 15 minutes into the interview, just as Sabahi was launching into an attack on Al-Sisi’s policies, the studio went dark. For a few seconds viewers could still hear Sabahi speaking, but then even the audio was cut.
Twenty-three minutes later, Sabahi reappeared on screen and Wael Al-Ibrashi, host of Dream TV’s “Al-Ashera Masaan”, apologised to viewers, saying he was “astonished and puzzled by the sudden interruption of electricity to the studio.”


Es probable que el tiempo que tardó en producirse el apagón selectivo en el estudio alguien estuviera discutiendo cuál era forma más eficaz de pararle. Detenerle por incitar al odio, difundir mentiras o simplemente por protestar sin permiso de la autoridad, algunas de las causas de detención más frecuentes. El apagón les debió parecer lo más natural, algo que siempre podría quedar en el terreno de la duda para los más fervientes seguidores del presidente.
Es impensable que cualquier régimen que pretenda un mínimo de reconocimiento internacional, algo de respeto democrático pueda seguir haciendo este tipo de acciones en las que la posibilidad de hablar de una forma mínimamente crítica se corta de manera tan burda.
El control mediático de la vida política se incrementa en la medida en que crece el caos. La tendencia a evitar las críticas o simplemente a que la información fluya es casi obsesiva. La prohibición de que se retransmitan las sesiones del recién activado parlamento egipcio es otra cara más —importante— de este bloqueo informativo en donde los poseedores de medios se arriendan al poder en competición por ser más presidenciales que los demás. Ya no se trata de la política —inexistente— sino de evitar la erosión del presidente, manifestación del caudillismo innato egipcio, una de las principales causas de su desastre político. Creo que en ningún otro país de la zona se da este fenómeno con tanta intensidad como en Egipto, esa forma de adhesión a la persona que llega a la manía.


Eso hace desaparecer cualquier atisbo de política real, la que no pase por las manos del presidente o líder de turno. La figura presidencial, la del líder, reúne en el caso egipcio todos los atributos que se necesitan para saciar una voluntad casi de mitomanía, por no decir adoración de la persona. Como se señala en el artículo, en este contexto, la crítica es siempre traición. Eso sitúa a Egipto siempre en la dificultad de traspasar el umbral de la democracia porque no existe una voluntad de diálogo y crítica, las bases de la democracia, sino de seguimiento del líder carismático, que ha de estar revestido de todos los poderes, en este caso el militar, el político y el divino, ya que la historia del sueño profético que le marcó el camino a la presidencia no es una broma, sino algo que el egipcio medio acepta como real. Por ello la (quizá) ironía de uno de los diputados que montaron el escándalo en el parlamento el día de la toma de juramento al señalar que había tenido un sueño en el que Dios le había dicho que se retirara de la carrera presidencial.
Ya lo dijera en serio o de forma irónica, lo cierto es que en Egipto trae más cuenta sacarle provecho a una retirada a tiempo que a estar en una oposición que solo te trae problemas porque no es vista como parte del necesario juego político de la democracia sino como alta traición, como algo que te granjea el odio, la difamación, el ostracismo y hasta los ataques de muchos de los que antes estaban contigo pero que ya no te respetan porque no les has llevado a las antesalas del poder con tu fracaso. Sabahi no solo se enfrenta al poder, sino que tiene en contra a los que aspiran a lograr un liderazgo que él no logró consolidar. El que pierde no merece demasiado respeto cuando lo hace con las cifras de Sabahi en su momento; difícilmente puede haber un  líder consolidado en este marco o incluso en este planteamiento. Concibiendo así el poder, el que no gana pasa a ser siempre el traidor, al igual que el que le abandona, como les pasó a El-Baradei y a otros.
Cuando había empezado a dar explicaciones sobre las carencias y fallos del sistema, nos cuenta Ahram Weekly, llegó el apagón:

Just minutes before the unexplained interruption, Ibrashi had asked Sabahi why he believes Al-Sisi no longer represents the aspirations of the majority of Egyptians, and whether or not he believes the president continues to enjoy widespread popularity.
Sabahi, a candidate in both the 2012 and 2014 presidential elections, did not deny that Al-Sisi still commands popular support. He added, however, “This popularity is receding quickly.”
Sabahi then began a series of rhetorical questions addressed to the president.
“If the people truly support and love you why don’t you give them what they want, the demands of the 25 January Revolution — bread, freedom and social justice?” he asked.
“Why don’t you give them democracy, a civilian state and a dignified life in which they can provide for their children and access proper education and health care? Isn’t this what the people paid heavily for, with young men dying as martyrs and others losing their eyes?”
“And what have you given them in return? Widespread injustices. Young men imprisoned for long periods for protesting peacefully. Poor people becoming poorer.”
It was at this point that television screens tuned into the programme went blank. Sabahi could then be heard saying, “This is not acceptable.”
When the lights returned to the Dream TV studio, Sabahi did not tone down his criticism, though he insisted he was speaking out against current policies because he wanted President Al-Sisi to succeed, and was fully aware of the challenges facing Egypt in its war against terror and given the spread of regional instability.


El apagón hizo que de las críticas al presidente por no dar a los egipcios lo que quieren se pasase a desearle el éxito en sus acciones, es decir, ya no se cuestionaba como antes la democracia ausente, sino que se deseaba una dictadura exitosa, que es algo ligeramente distinto.
Egipto sigue avanzando con pie firme hacia una dictadura cada vez más nítidas.  Las detenciones de los críticos, las leyes que se quieren aprobar sobre los símbolos, etc. difícilmente se pueden considerar como armas de una democracia contra el terrorismo sin las herramientas de un régimen mediocre y simplista ante la incapacidad de solucionar los problemas reales. Solo la habilidad adquirida durante décadas en la manipulación por los militares y las diferentes instancias religiosas y administrativas del estado, conocedoras profundas de la idiosincrasia nacional hace que se mantenga esta parodia de democracia.
El apagón a Sabahi es realmente un síntoma de la preocupación del régimen porque en algún momento se pueda volcar la situación y no se pueda encubrir más las carencias en todos los sectores. El hecho de que se acerque el quinto aniversario de la revolución del 25 de enero no puede ser un justificante de este tipo constante de prácticas de silenciamiento.
La celebración parece obsesionar a todos. El gobierno está tratando de crear su propia celebración. La estrategia es clara: los que estén allí serán patriotas; los que busquen otra celebración será metidos en el mismo saco de la disidencia terrorista. Los islamistas, por su parte, intentarán reivindicarse como los verdaderos defensores de la revolución y auténticos demócratas, lo que dejará a los verdaderos demócratas que apoyaron la revolución fuera por los dos lados. Si el van con las celebraciones del gobierno, asumen sus políticas regresivas y en contra del espíritu del 25 de enero; si van con los islamistas, que también trataron de enterrarla, serán considerados terroristas y enemigos de la propia revolución, desde la perspectiva del gobierno.


El gobierno egipcio se ha convertido en muy diestro en decir unas cosas y hacer otras. Puede decirse revolucionario mientras encarcela o dispara a los revolucionarios sin ningún pudor, de la misma forma que es retrógrado en lo religioso, aumentando el control de Al-Azhar y dando salida a las denuncias contra los reformistas, mientras pide reformas de la religión.
Al final, Sabahi acabó recomendando a los jóvenes que se quedaran en su casa:

Sabahi went on to advise young supporters of the 25 January Revolution not to protest in the streets to mark the fifth anniversary of the uprising. “I do not feel the public mood is ready to accept protests in the streets, out of fear of violence and clashes with the police,” he said.

Difícilmente se podrá lograr un clima favorable a las protestas si se siguen considerando a los que reclaman la democratización perdida como los enemigos del pueblo. La opción del silencio, que muchos han tomado, es también la negación de la democracia ante el temor que tienen de ser atacados por las menores críticas.
Muchos han criticado a Sabahi después de su intervención:

Supporters of Al-Sisi immediately took to social media to attack Sabahi, charging that he was making false claims in order to position himself as an opposition leader. Others rehashed allegations that first appeared when Sabahi ran against Al-Sisi in the 2014 presidential elections: he has no regular job or source of income; he happily accepted money from dictators such as Iraq’s Saddam Hussein and Libya’s Muammar Gaddafi, and that his only goal is to secure a leading position in the state.
Sabahi also came under attack from radical activists and leftists who felt betrayed when he chose to stand against Al-Sisi a year and a half ago, a move, they said, that lent credibility to an election that had already been stitched up. Once more, they charged, Sabahi was being used by the regime to give the impression that dissenting voices are allowed to air their views freely under Al-Sisi.
“I never had much confidence in Sabahi,” said Hisham Abdel-Ghaffar, a columnist with Tahrir. “What little I did have evaporated when he agreed to take part in the theatrics of the 2014 presidential elections, and continued to do so even when the voting was extended for a third day. He should stop trying to play the hero while all the time changing his positions to suit his own interests and ambitions.”


Todas las críticas contra Hamdeen Sabahi forman parte de esa corriente en la que como no ganes nadie te respeta o respalda. Desde todos los lugares se ha llevado ataques. No se lee en el artículo, en cambio, alguien que critique el apagón, auténtica vergüenza para cualquiera que tenga un mínimo sentido de lo que debe ser un régimen que se ofende cuando le hablan del respeto a las libertades y los derechos humanos.
Una vez visto el hecho, sorprende el tratamiento dado por Ahram Weekly al artículo en su presentación. La interrogación en el título es un ejercicio realmente sorprendente de ambigüedad política. "A voice of dissent?" deja a Hamdeen Sabahi en el limbo político de la duda. Quizá el título inicial no lo llevaba y alguien decidió que era demasiado afirmativo y era mejor dejar a la gente con la duda sobre si lo dicho antes y después del apagón se podía considerar "disidencia". Más extraña es la entradilla realizada: "Khaled Dawoud watched former presidential candidate Hamdeen Sabahi’s controversial, and interrupted, TV interview", que da la impresión de que el periodista no encontró el mando a distancia y no pudo cambiar de canal. Es otro monumento a la ambigüedad hasta en la colocación de las comas. Quizá Egipto ha llegado al punto en el que no se puede decir nada sin ponerle una interrogación o limitarse al hecho de expresar las cosas como en una novela de Alain Robbe-Grillet y la escuela de la mirada.



Una vez más, muchos egipcios siguen confundiendo el patriotismo con la intolerancia y el dogmatismo, que parece que está muy introducido entre las virtudes nacionales. La confusión entre ambos estados del espíritu tiene tremendas consecuencias y especialmente una capacidad infinita de ser manipulados por unos y otros, que basta que les adulen un poco el ego nacional para conseguir de ellos lo que deseen, que viene a ser siempre lo mismo: sumisión gozosa al poder.
La realidad es que el apagón no le ha pasado a Hamdeen Sabahi sino a todos. En cuanto que sube un poco el tono de lo dicho, al país se le saltan los plomos, como se decía antes.


* "A voice of dissent?" Ahram Weekly 14/01/2016 http://weekly.ahram.org.eg/News/15229/17/A-voice-of-dissent-.aspx

martes, 16 de septiembre de 2014

El tercer acto o la atomización del parlamento egipcio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Conforme va avanzado la hoja de ruta marcada en Egipto, los estados de ánimo varían entre la entrega incondicional a lo que haga su presidente, Abdel Fatah al-Sisi, el rechazo de lo que se ven en el otro extremo y un número indeterminado de descontentos que entienden que se van cerrando oportunidades para que el país cambiara realmente. La primera fase fue la modificación de la Constitución, la segunda la elección del presidente y la tercera debe ser las elecciones generales para constituir un parlamento.
En la fase constitucional se enmendó de forma sustancial la constitución elaborada sin consenso alguno por los islamistas, que incumplieron sus promesas de gobernar para todos. El periodo con los Hermanos Musulmanes en el poder ha sido una de las épocas de menor inteligencia política, consiguiendo en apenas unos meses ponerse en contra a una gran mayoría social. Su afán totalitario quedó pronto de manifiesto con el control institucional y los conflictos con todas las instituciones. Su consecuencia fue una constitución de nulo consenso, no destinada a la convivencia sino a la imposición de modelos irreversibles en los que apoyarse para seguir avanzando en la islamización. Una oportunidad perdida y la vuelta de los Hermanos Musulmanes a las catacumbas y del terrorismo a la superficie.

Con la elección del presidente se dio un segundo paso. Ya aquí se inició un debate entre las fuerzas políticas que habían apoyado la caída de la Hermandad y del presidente Mohamed Morsi. La discrepancia era bastante natural: muchos preferían que primero se realizaran elecciones generales y, ya con un parlamento, proceder a la elección de un presidente. Sin embargo, la hoja de ruta paralela y subterránea (por más evidente que fuera) impuso las presidenciales antes de las generales.
Con esto se conseguían dos beneficios obvios: se centraba el protagonismo en una sola mano, fortaleciendo la natural tendencia al caudillaje, primero, y después la figura resultante tendría la capacidad de manejar un parlamento que quedaría muy debilitado respecto a la figura presidencial.
La elección de Abdel Fatah al-Sisi formaba parte del guión previsto de la elevación de una figura de poder frente al caos al que Egipto era llevado. Si era llevado por su propia tendencia al caos o si el caos era organizado o fomentado por cualquier fuerza, interna o externa, es cuestión que dejo al gusto del lector.
El movimiento social del 30 de junio tenía la intención de que los islamistas salieran del poder, tras solo un año, convocando elecciones generales no tenía nada de antidemocrático. Morsi ignoraba los avisos que desde todas las instancias sociales se le hacían e ignoraba igualmente las advertencias internacionales de que debía ampliar la base del consenso social para la constitución, por un lado, y debía de mejorar el respeto a la minoría cristiana y a los derechos de las mujeres. Eso es lo que le dijo Angela Merkel públicamente en su visita europea a Mohamed Morsi. El islamista respondió con esa frase que se escucha tanto a los gobernantes egipcios: que eran asunto interno y que los egipcios no tienen que dar cuentas a nadie ni aprender lecciones. Son casi las mismas palabras que escuchamos hoy a los que los eliminaron del poder cuando se les advierte de las consecuencias. Pero no lo entiende o no les importa. Y eso se paga.


La creación de una imagen mitificada de un presidente, llevada a ser calificada como "sisi-manía" entra dentro de una parte muy peculiar de la mentalidad egipcia en particular y árabe en general. Es propia del fracaso de las ideologías en una sociedad que acaba dejándose arrastrar por la atracción de las figuras carismáticas, como la de el-Sisi, una figura que representa una promesa viva de salida del caos, un anhelo que se suele cumplir por la vía de la fuerza, que pasa a ser un factor de adoración más.
Para que figuras de este tipo funcionen —mientras lo hacen—, es necesario que se retire el pensamiento y se manifieste las emociones primarias desnudas que establecen los mecanismos empáticos. La conexión es sobre todo emocional y esas son las pasiones que desata aquel que se promete y postula como quien acabará con el estado de ansiedad desatado por el caos circundante. Una figura de este tipo está destinada a satisfacer el deseo de liberación de la angustia producida por la incertidumbre. Da igual que lo logre o no, lo importante es que tiene ese efecto balsámico de que existe una mano fuerte que impedirá que el caos avance.


La tercera etapa de la hoja de ruta es la que afecta al aspecto ideológico, el parlamento al que se debe llegar tras unas elecciones, que entra en conflicto con la idea de unidad que representa la figura presidencial. La figura de un presidente fuerte permite polarizar los miedos en el otro extremo, en una entidad oscura y global que representa el mal que hay que combatir. El hombre fuerte está ahí, transmitiendo confianza absoluta con su fortaleza, liberando de miedos y dudas. La fe ciega en lo que hace, la defensa a ultranza de cualquiera de sus actos, que son siempre justificados lleva a la derrota del necesario pensamiento crítico para que un sistema no caiga en la barbarie organizada.

Este mecanismo psicológico de adoración al líder convierte a todo el que se le opone en parte de esa fuerza caótica contra la que hay que prevenirse. Cualquier discrepancia es convertida en desafío y justifica el aplastamiento. Hoy las cárceles egipcias no solo tienen islamistas, convertidos en terroristas mediante decreto, sino a socialistas y liberales que cometieron la osadía de protestar porque no se pueda protestar, un círculo vicioso. El candidato nasserista Sabahi fue acusado por el hecho de presentarse a las elecciones presidenciales de todo tipo de connivencias con extranjeros o islamistas. Nunca le agradecerán su papel de comparsa en una elección presidencial que dio a Abdel Fatah al-Sisi el 97% de los votos. Hacía falta un oponente para que las elecciones pudieran llamarse así y a Sabahi le tocó ese papel. En las elecciones que llevaron a Mohamed Morsi y los islamistas al poder, Sabahi había quedado en tercer lugar, tras Morsi y el candidato "militar", Ahmed Safiq. Sabahi dio la cara por él y, sobre todo, por Egipto al aceptar ese papel en la obra que se estaba representando.
El tercer acto son las elecciones parlamentarias. El parlamentarismo requiere de una mentalidad plural que evidentemente entra en contradicción con esa idea del hombre fuerte que nos libera de pensar, hace lo que queremos hacer (y viceversa) y dice lo que queremos escuchar (y viceversa). El parlamento representa la diversidad de las voces y del pensamiento. Aunque un sistema sea presidencialista, el parlamento tiene siempre ese papel polifónico. No se ve como un enemigo, sino como un complemento necesario para que el estado no se vuelva monolítico y el poder devenga en autoritarismo.
Sin embargo, es eso lo que se busca conscientemente por quienes lo planifican e inconscientemente por aquellos que viven la angustia del día a día y ven en la discusión una forma de debilidad. No creo equivocarme mucho si digo que para muchas personas las elecciones generales egipcias carecen de importancia y aliciente. Sus necesidades políticas se las satisface el apasionado amor hacia al-Sisi. No quieren que se divida el protagonismo.


Una de las cuestiones más controvertidas, junto con el orden que debía seguirse en las elecciones era la configuración del parlamento, algo que quedaba abierto en la constitución aprobada para que fuera desarrollado y aprobado más tarde. Probablemente esto fue un acto premeditado para no introducir la controversia en la primera fase y dejar que el nuevo sistema se fuera consolidando. Pero hoy, la hoja de ruta exige que se ponga sobre la mesa la composición del parlamento.
En Mada Masr podemos leer sobre el estado de esta cuestión dilatada:

The latest round of negotiations among liberal and left-leaning political forces has produced to date some four major coalitions, but their fate remains uncertain. Negotiations are ongoing, the law governing elections has not passed and the date of the elections has not yet been determined.
This draft law is still on the desk of President Abdel Fattah al-Sisi, after leaders of political parties lambasted it for its mixed-seat system — 80 percent of which is reserved for single candidates, with only 20 percent allocated for party lists. Traditionally, a larger weight on individual candidates is associated with a more personal process, in which candidates often rely on money and tribalism to earn votes, as opposed to parties competing over political ideas and projects.*


Podrá observarse que el sistema tiene su peculiaridad y su objetivo, fácilmente deducible. Un parlamento en el que el 80% está reservado —dentro de esa cantidad hay un porcentaje de designación directa del presidente— a personas en vez de a partidos condena a muerte los debates ideológico y, si se me apura, los debates simplemente.
Lo que se busca con la ley de composición del parlamento es, sencillamente, convertirlo en una sombra del poder, que queda en manos de la presidencia, una manos fuertes que en ningún momento verán peligrar su liderazgo. No tiene sentido ni hablar de "oposición" en un sentido parlamentario tradicional. El parlamento queda condenado a ser un caos ineficaz o, en el otro extremo, un mero coro presidencial, expertos en aplausos y alabanzas. Como bien señalan en Mada Masr, el sistema favorece al que pueda financiarse un escaño comprándolo directamente o al que pueda reunir —con el consentimiento del poder— los apoyos locales como para tenerlo. De nuevo, como ocurrió en las décadas de la historia del Egipto moderno, una mera fachada parlamentaria. Lo que los múltiples partidos que se organicen en coaliciones para intentar sacar algún tipo de representación dentro de ese ridículo 20% puedan sacar será parte de esa fachada hacia el exterior.

Egipto reproduce una y otra vez sus mismos errores. El sistema generará de nuevo (o la misma) corrupción desde el poder. La presidencia seguirá usando la fuerza y las promesas para mantener su prestigio y se volverán a crear (si se han cambiado) las redes clientelares que aseguren que nadie va a ser molestado en sus negocios.
Egipto necesita personas con ideas y no con servidumbres, que es lo que un sistema así generará. Un sistema así no atiende al beneficio general, sino que se accede a la política para asegurarse el conseguir lo que se quiere.
La hoja de ruta sigue su marcha, pero no creo que se esté caminando hacia una normalidad deseable, sino que una vez más se está llevando al conjunto, entre cantos y lamento, entre vítores y maldiciones, a otro callejón sin salida. Por el momento, no hay ningún problema real que se haya solucionado. Nada que no sea darse un paseo en bicicleta para animar a ahorrar energía o reactivar la "fiesta del maestro"; sin embargo los cortes de luz se siguen produciendo (con el agravante de ser denunciado por antipatriota si insistes mucho en ello) y las cifras de analfabetismo, como señalaba Ahram el otro día —y que aquí recogimos— ha aumentado en más de un 1% entre 2012 y 2013.
Mientras no exista una conciencia política crítica que surja de debates reales sobre los problemas y alternativas debatidas a las soluciones, la política egipcia seguirá dándose en los mismos parámetros que la llevaron al caos y la ineficacia y al estallido social. Los partidos políticos son necesarios para abrir un debate real sobre los caminos y soluciones. Pero eso no casa bien con las líneas trazadas cuya finalidad obvia es mantener un gobierno fuerte y de fuerza respaldando la figura presidencial.


Sin dejar crecer los partidos se elude el debate político sobre el país y su destino. Los candidatos individuales se presentarán simplemente como partidarios del presidente frente a otros que no lo hagan y allí se habrá acabado toda ideología. Esto sumirá al sistema en la apatía, aumentando las cifras de abstención y desinterés y haciendo que las fuerzas se canalicen hacia otros sectores de difícil control y serán caldo de cultivo de más violencia.
La atomización de los partidos, solo así se puede considerar que dispongan de un 20% de representación es la forma de hacer débil el pensamiento y ensalzar la figura carismática y de autoridad. Es hacer que se valore más un mal entendido sentido de la acción como alternativa a un mal valorado sentido del debate. Donde hoy hay aplausos y cánticos, mañana habrá desengaño y desesperación cuando los ídolos levantados se muestren de barro.

* "Fragmented politics" Mada Masr 15/09/2014 http://www.madamasr.com/content/fragmented-politics







viernes, 15 de agosto de 2014

Galería de traidores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario egipcio Ahram Online publica un artículo con el titular "Egyptian icon or traitor? ElBaradei’s legacy". En él se dedican, en el primer aniversario de la matanza de islamistas tras el derrocamiento de Mohamed Morsy —cerca de mil muertos—, a analizar la figura de Mohamed ElBaradei, Premio Nobel y vicepresidente del gobierno de unidad que se formó tras el derrocamiento y que abandonó su cargo tras la matanza, señalando que el estaba por las formas pacífica y que "la violencia traería más violencia".
El artículo recoge las distintas reacciones ante lo que fue su retirada de la política egipcia y supone una buena radiografía de las mentalidades sociales. En el texto se recogen algunas de las calumnias habituales que forman parte de la vida egipcia. En Egipto la discrepancia se paga con la negación en primer lugar de ser egipcio: pasas a ser un agente extranjero, vendido a cualquier potencia (preferiblemente Estados Unidos e Israel), un traidor indigno, un "enemigo del pueblo", en términos de Ibsen. En el artículo se señala:

His resignation letter spoke of his opposition to the forcible clearing of the sit-in, adding that there were other "acceptable peaceful alternatives to resolve our societal confrontation." His statement explained that he "could not be responsible before God for a single drop of blood" and warned that "violence begets violence."
While many politicians and activists criticised ElBaradei for his resignation, others resorted to outright insults and baseless accusations.
A smear campaign alleged that he was a traitor and coward while also accusing him of being a member of the Brotherhood and an agent for the United States. He also stood accused of a "breach of trust."*

Es doloroso para cualquier observador comprobar la incapacidad de asimilar la divergencia en un sistema que necesita estigmatizar permanentemente al otro, negándole el más mínimo derecho a la existencia. Es en esta visión absolutista en donde radican los males que hacen imposible la creación de unas condiciones que no se basen exclusivamente en la "seguridad", es decir, en la eliminación de los otros por la fuerza o su anulación por la calumnia.
El artículo de Ahram Online indaga sobre la figura de ElBaradei y pregunta a los miembros de los grupos de los que formó parte sobre su posible legado:

ElBaradei's track record in opposing authoritarianism is indeed consistent. The Nobel laureate has spoken out against the Mubarak regime's violations of human rights, withstood water cannons on the Friday of Rage in 2011, challenged the Supreme Council of the Armed Forces (SCAF) and formed the National Salvation Front to oppose the Brotherhood, among others.
Nonetheless, others say it is difficult to call ElBaradei's involvement in Egyptian politics a legacy.
"If he has left a legacy, it is a weak one," said Ahmed Bahaa, general coordinator of the ElBaradei-founded National Association for Change.
"To leave a legacy you have to hit the streets and connect with the general populace – I do not think Egyptians ever saw ElBaradei doing this," Bahaa added.*

La clave está en ese "connect", en ese vínculo que hace que un político y un pueblo se encuentren. Lo que la gente esperaba de ElBaradei era algo distinto de lo que él podía darles, la confirmación de sus deseos. ElBaradei no puede dejar legado porque su simple mención le convierte a uno en traidor. Esa mentalidad colectiva que necesita centrarse, fijarse en un solo objeto, el caudillo, está ya ocupada. ElBaradei no podía ser alternativa a un sistema exclusivista que canaliza todas las energías sociales en una sola figura. La posición principal en este sistema heliocéntrico está ya ocupada por el astro rey correspondiente.


Es triste lo ocurrido con ElBaradei y es triste que ocurra porque son síntomas. Mohamed ElBaradei ya fue acusado de traidor desde su regreso a Egipto; cualquiera que haya estado fuera ya es sospechoso. Y más si viene a disputar el poder a los de dentro. No sé si ElBaradei era el "enviado" que anhelaban, pero sí que no podía dar lo que esperaban, un salvador cuyas fotos besar enfervorecidos o cuya efigie reproducir en pasteles o ropa interior. Su mentalidad y sus formas son otras.
El hecho de que los mismos colaboradores y seguidores de ElBaradei duden sobre su legado nos muestra la diferente percepción de la política que tenían respecto a la de su propio líder.

Upon his return to Egypt from Vienna, where he spent 12 years as director general of the International Atomic Energy Agency, his rising popularity for criticising the Mubarak regime was met with a smear campaign.
ElBaradei was purported to be a foreigner who had spent too much time out of Egypt, drank alcohol and was an atheist.
Such accusations have continued until today, peaking after his resignation last year from the interim government.
Former interior minister Habib El-Adly – currently facing a retrial for killing protesters during the 2011 uprising – recently stated that ElBaradei incited violence during the revolt and was an emblem of a US-led conspiracy.*

Ahram Online sitúa estas acusaciones en el apartado calificado como "irracionales", pero da igual dónde se sitúen, lo importante es que son la moneda corriente social. Decir de alguien que "ha estado demasiado tiempo fuera de Egipto, bebe alcohol y es ateo" son "acusaciones" que reflejan a quien las hace y a quienes las escuchan. En más de una ocasión han salido de los medios de comunicación desde los cuales el servilismo busca siempre dar un paso más de los necesarios en su progresión babosa.
La última de las acusaciones reflejadas, la de ser parte de una conspiración de los Estados Unidos forma parte de la intoxicación general que en estos momentos vive Egipto por parte de la defensa de Mubarak y de miembros de su régimen, ahora sentados de nuevo en el banquillo. La defensa continúa en su estrategia de extender la idea de que la Revolución del 25 de enero fue una conspiración de los Estados Unidos para derribar al régimen. La idea es absurda y perversa y trata de canalizar el creciente antiamericanismo egipcio. La necesidad de tener siempre un enemigo exterior conspiratorio al que responsabilizar y contra el que dirigir las iras hace que estas fuerzas se canalicen hacia Estados Unidos. Los egipcios responsabilizan actualmente a los norteamericanos de todo. Cuando estaba la Hermandad Musulmana en el poder, los Estados Unidos eran los responsables. Eso se ha convertido en una verdad indiscutible. Ahora le toca a la Revolución, también fruto de una conspiración para derribar a Mubarak, que era —incomprensiblemente— su aliado principal.

Por eso, ElBaradei es acusado de apoyar a la Hermandad —que se había manifestado en su contra cuando llegó por pertnecer de la "elite" que se había formado fuera—, ser parte de una conspiración americana, no ser suficientemente egipcio, bebedor y ateo. ¿Irracional? Visto desde fuera, sí; desde dentro, perfectamente coherente para todo el que quiera escucharlo. Conozco casos en los que la estancia fuera de Egipto levanta los temores en los círculos familiares o profesionales de que fuera les cambien y regresen vendidos a otras ideas, que dejen de ser egipcios. La menor crítica a lo que ocurre tiene siempre la misma respuesta: te han manipulado, tú ya no eres egipcio.
El reciente informe de Human Rights Watchers sobre la matanza de islamistas en Rabaa, que causó la dimisión de ElBaradei  hace un año, ha sentado muy mal al gobierno, que la rechaza de plano, diciendo que no se les ha consultado ni tenido en cuenta su punto de vista, que no se recogen los asaltos a iglesias, atentados, etc. de los islamistas de la Hermandad y otros grupos. Nada de ello justifica aquellas muertes. Y eso fue lo que hizo dimitir a ElBaradei, no encontrar excusas suficientes como para tranquilizar su conciencia.


El Daily News Egypt, el periodista político Jihad Abaza reflexiona sobre esta forma de exclusión absoluta del "traidor" o del "enemigo", de su falta de conexión con lo nacional, también a raíz del aniversario, pero trata de ir más allá del factor circunstancial y acercarse a su constancia. Abaza va haciendo un repaso de las múltiples matanzas que han tenido lugar desde enero de 2011:

In all cases, the state had a monopoly over how to define “Egyptian-ness”, it determined who would be the other, and who was seen as the enemy at each particular moment in time.  As it defines “Egyptian-ness,” the state also defines and determines who is to be hated and loved.
A little child once asked a friend of mine who was covering a protest whether he was “Egyptian or Ikhwan”, because by then, according to the standards set by the state, one could not be both.**


Creo que es importante la reflexión que hace sobre esa apropiación de lo "egipcio" que sataniza al otro condenando al sistema al conflicto social cíclico, al recurso a la violencia. Son muchos los muertos que lleva la sociedad egipcia desde que comenzó el levantamiento el 25 de enero de 2011. Y para todos hay justificación. Unos son "mártires" para unos. Otros son los "enemigos"; también "traidores", como ElBaradei, pero en un grado sumo y a los que hay que eliminar.

No creo que sea únicamente una sociedad manipulada, sino unos hábitos lapidadores bien asentados. También Sabahi fue acusado de agente extranjero vendido a la Hermandad por el simple hecho de presentarse a las elecciones frente a Abdel Fattah Al-Sisi. También Wael Ghonim, uno de los iconos de la revolución, fue acusado de traidor. Mientras eso no se corrija y se consiga aceptar las discrepancias y no reducir a traidor o terrorista, alcohólico o ateo, al que manifiesta otra opinión u otra visión del país, no podrán tener un sistema de convivencia estable. La pacificación por la fuerza dura lo que duran las fuerzas.
Mohamed ElBaradei dejó Egipto desengañado. No ha sido el único. Otros han elegido el silencio interior, sabedores de que ir más allá tiene su peligro. Ya hemos tratado varios casos aquí, como el del humorista Bassem Youssef. Quizá este silencio también sea confundido con "paz" y permita a algunos creer que viven ahora más tranquilos, que es lo que escuchas con más frecuencia. Pero muchos saben, en el fondo, que a la revolución la enterraron dos veces entre grandes vítores y aplausos.
En un artículo de otro de los acusados de "traidor", el cómico satírico Bassem Youssef, con el título "Egypt’s ready-made accusations against ‘foreign traitors’", escribió:

A newspaper once accused me of being a traitor, a spy and a CIA agent. The editor-in-chief provided solid evidence: “Bassem Youssef graduated in 1999. He attained an MA degree, a doctorate degree, the British College of Surgeons’ fellowship, and a license of occupation from the United States. All this happened in seven years. How did he do that if he was not supported by foreign powers?”
Have failure and lack of achievements become the only acceptable things in Egypt? We are living in an era of burning witches. If you doubt someone, dump her in a river. If she floats, she is a witch and must be burnt. If she drowns, we are wrong and we are sorry; may God help her. The creative, the intellectual and the writer is a traitor and a spy just because he thinks differently to you.***


Pocos parecen ser conscientes del drama histórico de perder a sus mejores gentes acusados por haber tenido que salir de su país a recibir fuera lo que no podían darles dentro. No parece importar que prescindir de los hombres de paz lleva a vivir en la violencia o que silenciar a los críticos inteligentes hace vivir en la mentira. Con enterrarles en vida, bajo la acusación de traidores, el país se entierra a sí mismo. La galería de traidores se va ampliando cada día.
En mayo, el diario Egytian Streets recogía una curiosa noticia con el titular "You can draw hearts and write ‘I love you’ on ballots in Egypt’s elections". En ella se señalaba que la Comisión electoral egipcia había decidido que expresar amor a los candidatos en las papeletas mediante frases cariñosas o dibujos de corazones, etc., no invalidaría los votos. No hay datos oficiales de cuantos lo hicieron.


* "Egyptian icon or traitor? ElBaradei’s legacy" Ahram Online 14/08/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/108387/Egypt/0/Egyptian-icon-or-traitor-ElBaradei%E2%80%99s-legacy.aspx
** "The ‘revolution’ continues: Massacres, violence and counting deaths" Daily News Egypt 14/08/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/08/14/revolution-continues-massacres-violence-counting-deaths/
*** Bassem Youssef "Egypt’s ready-made accusations against ‘foreign traitors’" Al-Arabiya 21/02/2014 http://english.alarabiya.net/en/views/news/middle-east/2014/02/21/Egypt-s-ready-made-accusations-against-foreign-traitors-.html
**** "You can draw hearts and write ‘I love you’ on ballots in Egypt’s elections" Egyptian Streets 26/05/2014 http://egyptianstreets.com/2014/05/26/you-can-draw-hearts-and-write-i-love-you-on-ballots-in-egypts-elections/





miércoles, 28 de mayo de 2014

Las elecciones interminables o la ampliación egipcia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prolongación de la doble jornada electoral en Egipto a un tercer día no es un buen mensaje. La función de unos comicios es detectar en primer lugar cuántos votan, después cómo se reparten los votos. Cuando se publican los resultados, unos ganan y otros pierden, pero previamente sabemos cuántos han querido estar dentro y cuántos fuera del sistema. Las especialísimas circunstancias históricas en las que se celebran las elecciones añaden un elemento más para la discusión o, como mínimo, la interpretación. Si siempre es complicado analizar la abstención en unas elecciones, aquí lo es más. O quizá menos, según se mire.
Y es ese problema hermenéutico sobre el que se centra todo. En realidad, si las cifras de intención de voto que se han ido dando eran correctas, el 95% para Al-Sisi y el 5 restantes para Sabahi, no se trataba de unas elecciones sino de una especie de plebiscito en el que el candidato oficial utiliza al otro como excusa democrática. La ausencia de candidato más allá del voluntarioso nasserista, reducido al mínimo en su campaña, apoyado por un puñado de fieles, acusado incluso por el hecho de presentarse de estar al servicio de los Hermanos Musulmanes, serviría para sostener una elección que todos daban por hecha. El único rival real era la abstención y esta ha ganado implícitamente  al tener que ampliar un día más las votaciones para conseguir que la gente vaya a las urnas.
Los responsables de campaña de los dos candidatos han protestado oficialmente ante la ampliación decidida por la Junta Electoral. Ahram Online explica:

Egypt's electoral committee has rejected legal complaints lodged by the election's two contenders against its decision to extend the country's presidential vote to a third day.
The Presidential Elections Commission (PEC) announced on Tuesday night that polling would be extended until Wednesday. The two-day vote was originally scheduled to conclude on Tuesday but was lengthened in response to calls by "large swaths of the people" that were not able to cast their ballots during scheduled hours, a statement by the PEC said.

"We do not abide by the desires of the candidates. We are following the popular wishes," the PEC's secretary Abdel-Aziz Salman told private satellite TV channel CBC. Salman said that "two representative of a popular delegation" came to the committee's headquarters to request more opportunities to vote.
The teams of both presidential contenders, former army chief Abdel-Fattah El-Sisi and leftist politician Hamdeen Sabahi, have expressed their opposition to the decision.*


Las Juntas Electorales no "siguen los deseos del pueblo", sino las normas que se dictan para todos, entre las que se incluyen obviamente las fechas para votar. Luego se va a votar o no. Normalmente las ampliaciones de las jornadas electoral se producen porque se forman largas colas ante los colegios que hacen necesario mantenerlos abiertos, ya sea por la afluencia masiva o porque se han producido incidencias extraordinarias en la apertura o durante la jornada que han impedido votar. En Egipto ya son dos días los que se dedican a las elecciones. El tercero no se produce porque haya una gran afluencia de votantes, sino justo por lo contrario. Es otro mal síntoma.
Esta ampliación no dará más legitimad a lo que salga de las urnas sino más bien lo contrario, permitirá descalificar los resultados, sean cuales sean, dentro y fuera del país, ponerlos bajo sospecha. Por unos pocos votos (esperemos que no aparezcan millones de votantes) se habrá perdido mucho crédito. Para la oposición, los que no participan, será una muestra de los efectos de haber dejado fuera a una parte de electorado; para los descontentos será una forma más de mostrar su rechazo a las formas en que avanza el proceso político.


Distingo entre "oposición" y "descontentos" porque creo que es necesario diferenciar entre los que están dentro del sistema —los que apoyaron la caída de Morsi— y los que están fuera, que son los que cayeron con él. Los opositores están contra todo lo que salga de esas urnas a las que niegan legitimidad porque para ellos "su" presidente se encuentra encarcelado. Los descontentos son los que han ido perdiendo confianza desde el 30 de junio, la multitudinaria manifestación de Tamarod pidiendo a Morsi su abandono y nuevas elecciones. Para los descontentos, lo que ahora se les da no es lo que entonces pedían. Han manifestado su desacuerdo y algunos lo han pagado. 
Están también los "opositores descontentos camuflados", como los salafistas del Partido Nour, en el que los dirigentes piden votar, para seguir dentro del sistema, mientras que sus bases llaman al boicot, alineándose con los islamistas fuera del sistema. Nunca se deja de aprender con ellos.
La falta de una voluntad política real de llevar a Egipto hacia una democracia que se parezca a las que los son ha hecho que parte de los que se defendieron de los intentos de islamizar el país por el gobierno de los Hermanos Musulmanes, una grande y variada masa social, no esté de acuerdo con el camino recorrido desde entonces. Evidentemente los expulsados del poder y sus seguidores eran abstencionistas natos y no se podía esperar de ellos que fueran a las urnas a respaldar a ninguno de los dos candidatos en liza.
La mayoría de los que respaldan la candidatura de Al-Sisi y creadores de la "sisimanía" quedan ahora reflejados en las urnas. Y el resultado, hasta el momento, no ha convencido a las propias autoridades. En vez de analizar con realismo lo que supone —un descontento—, se prefiere intentar esconderlo para mantener una ficción de un respaldo masivo, algo que, a la vista de los resultados, será muy difícil de mantener.


Se han cerrado centros comerciales, casi se decretada fiesta, se ha hecho gratuito el servicio de metro, etc., con la intención de movilizar a la gente hacia las urnas. Parece que no ha servido, por lo que se buscan explicaciones externas a la propia política, como por ejemplo, el calor. Yo he estado en El Cairo con 45 grados y no creo que ese sea el problema para ir a votar.

Entre los descontentos, especialmente importante es el de los jóvenes. La fuerza principal que hizo la revolución de 2011 en defensa de su futuro, harta del inmovilismo del régimen anquilosado, ha ido abandonando el proyecto, en el que ven una repetición de su pasado. Tienen la sensación de que no se dirigen al futuro sino al mundo que querían dejar atrás. Los encarcelamientos de prominentes participantes en las revueltas, de jóvenes que se enfrentaron al régimen de Mubarak, no han sido la mejor forma de convencer a nadie de que Egipto se encaminaba hacia un futuro democrático real, sino a un escenario en el que la disidencia o la protesta se paga.
En el diario independiente Mada Masr, una ciudad que califica en su titular como "pro-Sisi", que padeció los brutales atentados islamistas recientemente, se analiza el descontento o desinterés en el proceso electoral de los jóvenes. La revista recala en una librería que se ha convertido en centro de actividades:

The owner, Ashraf Wagdy, a 50-year-old psychologist, has made his bookstore a cultural center of sorts, a space friendly to political activists and artists alike. He was an avid protester in 2011 and 2012, and supports Sabbahi.
Wagdy says he’s noticed a marked shift in the youth who frequent his bookstore. Instead of politics, many are investing their time and energy in music and art.
Wagdy claims that he was one of the youngest people at the polling station when he went to cast his vote for Sabbahi earlier in the day. The youth don’t really have an impetus to vote, he says.
While no official figures are out, the polling stations seem to be dominated by elderly and female voters so far.
In Wagdy’s view, one reason the youth sat this one out is their disillusionment with the dire economic situation.
“The youth today are caught between the Islamists and the military,” he says, and react by rejecting both.**


El dato llega de más puntos de información. Euronews sondea desde El Cairo a jóvenes sentados en una terraza. Todo está decidido, esto es un "espectáculo", dice uno de los preguntados. No ha ido a votar ni creo, por su actitud, que piense hacerlo, aunque se amplíe la jornada electoral. Tras entrevistar a otros jóvenes de Mansura—unos dan su nombre, otros prefieren el anonimato—, el artículo de Mada Masr se cierra con palabras del librero: “The youth don’t see that there is a political solution,” Wagdy says. “They see that the political door is closed for them. But what else is there? We don’t know.”**

Lo peor que le puede pasar a Egipto es dar de nuevo la espalda a su juventud, su mayor valor y el único futuro posible, real. La historia del joven inventor, un muchacho de diecisiete años, que comentamos hace unas semanas, que ha ganado con su invención —unas gafas inteligentes para ser usadas por persona tetrapléjicas y controlar un ordenador con la mirada— el derecho a ir a concursar a la fase mundial en los Estados Unidos, se convierte en una fábula oscura. El joven es detenido en mitad de una revuelta y acusado de haber participado en la quema de un coche de policía, algo que él niega rotundamente. Pronto se forma el escándalo: el joven es un "genio" informático que ha ganado su derecho a acudir a la fase final del concurso internacional de Intel a Los Angeles. El joven pierde su vuelo a Estados Unidos pero, ante la presión, se le permite salir en el siguiente. ¿Quién se atreve a evitar que un egipcio pueda ganar un premio mundial? Cuando el joven llega a Estados Unidos y participa, con su pasaporte controlado desde su llegada, notifica que pide asilo ante el temor de ser encarcelado a su vuelta. "Yes I am afraid to return back [to] Egypt, who is not afraid nowadays?"***, ha señalado Abdallah Assem en su página de Facebook, como recoge la prensa egipcia. 
Ahora se dividen entre los que lo consideran un traidor que abandona su país llevándose su talento, un criminal huido o los que le dan la razón porque es la única forma de que su genio sirva para algo. No son historias nuevas. Mucho del verdadero potencial de Egipto se aburre y se va; por eso es esencial que los jóvenes se sientan implicados en un proceso en el que ahora no encuentran demasiado sitio, como nos contaban en Mansura.


La participación de miembros del antiguo régimen de Mubarak en las elecciones al frente de las campañas en lugares como Alejandría no ayuda mucho. El diez de mayo, el diario Ahram Online daba la noticia de la renuncia del jefe de campaña de Al-Sisi en Alejandría:

The coordinator of presidential candidate Abdel-Fattah El-Sisi's campaign in Alexandria, Mostafa Kadry, resigned Saturday in protest at what he described as the dominance of remnants of the Mubarak regime in the campaign.
Kadry told Al-Ahram Arabic news website that his decision came due to the presence of 17 figures allegedly remnants of the toppled regime of Hosni Mubarak in the campaign backing the ex-minister of defence.
"When I complained about their presence to members of the Cairo-based official central campaign in a meeting Friday, I was surprised to find that they saw no harm in their presence in the campaign," said Kadry, who added that his decision came out of faith that "the presence of Mubarak's loyalists in the official campaign contradicts with what El-Sisi announced as a refusal of the return of the former regime."****

Lo que pensó él me imagino que lo habrán pensado muchos otros ante la misma visión. Muchos tienen la sensación de que estos años han sido no de avance hacia una democratización real sino una forma pendular con puntos en Morsi y Al-Sisi.
Es una muy mala noticia la abstención hasta el momento superior al 63%. Es mucho peor a que Abdel Fatah Al-Sisi solo hubiera conseguido el 50% de los votos con las urnas llenas. Significa que aunque consiga ese 95% augurado, no tendrá lo que buscaba no una elección sino un baño electoral de multitudes. Esta actitud revela un problema de fondo de la forma de hacer política al egipcia, esa necesidad de caudillaje mesiánico con que se revisten todos los que llegan al poder. Lo tratamos aquí hace mucho tiempo precisamente bajo la idea de "llamada", de compromiso con la historia. No basta con el hecho de ganar unas elecciones porque la gente quiera que tú les gobiernes, que es la normalidad vulgar de la democracia. Es algo diferente, que necesita del halo, de haber tenido sueños en la infancia en los que te indicaban tu destino, como el propio Al-Sisi manifestó haber tenido. No se trata de que te voten, sino de que te reconozcan como el "enviado" y te aclamen. Esta mentalidad que se ha aplicado a más de un dirigente egipcio forma parte de su idiosincrasia y es uno de sus principales obstáculos para alcanzar la normalidad, pues desemboca en fidelidades que convierten a los líderes en incuestionables y en traidores a los que los cuestionan.
Los países no se arreglan besando las fotos de los candidatos, sino creando las condiciones de concordia y crecimiento necesarios para garantizar la estabilidad que posibilite la tranquilidad del día a día. Ninguna de las dos cosas se ha conseguido. El aumento de la represión se ha llevado por delante con la Ley anti protestas en la mano a los que protestaban contra ella. Con lo que al final no queda más que todo convertido en violencia con la excepción de aquellos que se manifiestan a favor. En ese momento todo parece unánime, arrollador, pero cuando se va a las urnas, la caída a la realidad de las cuentas se hace inapelable.


La abstención ya fue mayor de lo deseado cuando se votó la constitución —no sé si hacía calor o no— aunque no tanto como ahora. No fue menor a la islamista, pero defraudó las expectativas de obtener unas cifras que justificaran muchas cosas que no se tenían que haber producido, precisamente para realizar un proceso de estabilizar la sociedad egipcia.
Ahora se paga con la abstención los errores estratégicos cometidos. Por mucha retórica que se emplee, el futuro democrático de Egipto, como el de cualquier país moderno y civilizado, no pasa por el mesianismo sin por la perfectibilidad, el convencimiento de que podemos hacer las cosas mejor que el que nos lo prometió la última vez. El mismo error del islamista Mursi y sus acólitos de querer hacerse con el país tras ganar unas elecciones y llevarlo a puntos de no retorno islamistas, negando el pan y la sal a los demás, su derecho a existir, se estará cometiendo si se sigue construyendo el futuro de forma personalista. Y parece un mal del que Egipto no parece querer librarse.
Más grave será el caso cuando se planteen unas elecciones legislativas para las que el poder no tiene alternativa porque no existe un partido. Se creará entonces, de nuevo, una corte con aquellos que han adulado lo suficiente al líder como para merecer su confianza. En estos momentos, no hay un partido tras el futuro presidente, solo aparato electoral. De ahí la preocupación de algunos, como el director de campaña de Alejandría, al verse rodeado por miembros del partido de Hosni Mubarak.


Como siempre, deseo que lo que se hace en Egipto sirva para el bien de Egipto, para su progreso y satisfacción. Sin embargo, saltan las dudas sobre si este es el camino más adecuado. Creo que eso es lo que quieren decir al no acudir a las urnas una parte muy importante de la población. En Egipto es difícil encontrar un día que haga frío para realizar la elecciones.

* "Egypt's PEC rejects candidate's complaints against vote extension" Ahram Online 27/05/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/102362/Egypt/Politics-/Egypts-PEC-rejects-candidates-complaints-against-v.aspx
** "In pro-Sisi Mansoura, embittered youth avoid the polls" Mada Masr 27/05/2014 http://www.madamasr.com/content/pro-sisi-mansoura-embittered-youth-avoid-polls
*** "Young inventor says he won't come back to Egypt" Ahram Online 20/05/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/101810/Egypt/Politics-/Young-inventor-says-he-wont-come-back-to-Egypt.aspx
**** "El-Sisi's campaign in Alexandria run by Mubarak loyalists: Resigning coordinator" Ahram Online 10/05/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/100913/Egypt/0/ElSisis-campaign-in-Alexandria-run-by-Mubarak-loya.aspx