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jueves, 22 de septiembre de 2016

La virtud visible o la regla de la mirada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace algún tiempo recogimos aquí la noticia de que en ciertos locales egipcios de hostelería no se dejaba entrar a las mujeres con velo. Explicamos entonces a qué se debía esta engañosa discriminación practicada por los propios egipcios sobre sus mujeres. La cuestión vuelve a estar de nuevo sobre el tablero al producirse los casos franceses de prohibición del burkini o el incidente en un restaurante de zona turística en el que unas mujeres con pañuelo fueron llamadas "terroristas".
El caso egipcio está emparentado con el de la hostelería francesa porque las diferencias culturales se resumen, en este caso, en una sola cuestión: la económica turística, cada una con su matiz. Los "intereses" se enmascaran como "principios".
Daily News Egypt titula un nuevo artículo sobre la prohibición del burkini, esta vez en Egipto: "Egypt also bans burkini, but no one bats an eye"*. ¿Por qué se produce esto? ¿No protesta nadie? El caso permite entender mejor la cuestión que se debate realmente y permite comprender la profunda hipocresía que se esconde tras estas actitudes.


Tras describir el "caso francés" y señalar la contradicción de las prohibiciones a las mujeres en nombre de las "libertades", Toqa Ezzidin, la autora del reportaje, pasa a revisar el "caso egipcio" en sus diversas variantes de prohibición, baños y bares:

Though the decision to ban the burkini contradicts with France’s secular principles, at least the majority of the French public who do reject the burkini claim that their reasoning is due to religious clothing being against secularism. However, in Egypt, a Middle Eastern country, where the majority of citizens are Muslim and the majority of women are veiled, several luxurious resorts have implemented their own ban and prevent women from entering pools wearing burkinis.
Society has constantly controlled what Egyptian women should and shouldn’t wear to various degrees, often encroaching on women’s comfort and freedom. Women are torn between what society wants, what society makes women think they want, and what they really want.
A young woman, who preferred to remain anonymous, told Daily News Egypt that she decided to wear the veil when she was 18; however, her family is considered aristocratic and they heavily criticised her decision. At first, they even prevented her from taking the step but she still wore the veil after what she calls “unjustified tension” with her family.
Veiled women are not only restricted from taking a dip in the pool, but also from entering some restaurants and bars. A group of women told Daily News Egypt some stories and incidents that happened because they choose to be veiled and the discrimination they have faced in a free, democratic country that is supposed to have no problem with the veil or the burkini.*


La explicación de todo esto tiene que ir poco más allá de las cuestiones patriarcales, que efectivamente consideran a las mujeres como reflejo —positivo o negativo— de la familia, criterio que se establece jerárquicamente y que solo puede ser enfrentado mediante tenso conflicto, como se señala en el ejemplo de la mujer que decidió a los 18 vestir velo. Eso era rechazado por la familia porque establecía un "imagen" de la propia familia.
El problema no es tanto religioso sino de la imagen religiosa que se quiere proyectar en la competición social por la piedad reconocida. La apariencia lo es todo en una sociedad que no deja de vigilarse, de observarse. Tanto los que eligen aparentar una forma religiosa como los que quieren aparentar otra laica imponen sus modelos a la totalidad de la familia, pues así serán evaluados todos. El "todo" se representa en la "parte" y negativamente la parte desprestigia al todo. Es el fundamento de los llamados "crímenes de honor"; las matan porque deterioran la imagen de la familia. Hace apenas unos días se difundía allí la noticia del ahorcamiento de una mujer a manos de su padre y hermano porque esta había decido abandonar a su esposo y marchar con otro hombre. La familia prefirió matarla y deja su honor, el de todos, a salvo. Espero que lo disfruten ambos de por vida en la cárcel.


Comenté hace unos días con unas personas egipcias el caso que recogimos aquí también de la mujer que acude a un tribunal para conseguir que le quiten a su propio hermano la nacionalidad egipcia argumentando que está casado con una mujer israelí, con quien tiene un hijo. Los jueces lo han aceptado y han cursado la petición al ministro del Interior para que se tomen las medidas ¿Por qué toma una decisión así? La excusa es que al casarse con una israelí se produce una "amenaza a la seguridad nacional", algo absurdo. Lo más probable es que tener un hermano con esas condiciones estuviera perjudicando su vida o la de su propia familia. ¿Quién quiere emparentar con alguien así? Solo, piensa ella, realizando ese gesto extremo los demás se convencerán de que ya no es alguien de la familia. Es un acto simbólico de ruptura legal.
Los alcaldes franceses que no querían burkinis en sus playas turísticas ni velos en sus terrazas de los restaurantes ocultaban el aspecto económico del posible miedo que pudiera causar tras los incidentes de Niza este verano. ¿Por qué los de las playas y no los de otros lugares? Es un acto cobarde y discriminatorio que pretende disfrazarse de "principios", un ropaje de apariencia más digna. Pero no hay nada de dignidad en hacer que una mujer se quite obligada un velo en una playa solo para no molestar a los que la rodean o para calmar su estado de ansiedad.


Pero lo sorprendente es lo que ocurre en Egipto y que no es de ahora. Es un nuevo caso de hipocresía social y, como dice la autora, una muestra de que son las mujeres las que pagan siempre. Ellas no son ellas, sino el cartel publicitario de los grupos o familias.
La hipocresía tiene su fundamento igualmente en el turismo, pero con un agravante. La ola de conservadurismo que surge tras la caída de los Hermanos Musulmanes es sorprendente. Cuando la gente se manifiesta para los islamistas abandonen el poder del que están abusando imponiendo una constitución antiliberal, que se han negado a pactar con otras fuerzas sociales, con el aumento del sectarismo, la medidas legislativas lesivas para los derechos de las mujeres (reducción de la edad del matrimonio, créditos cómodos para los segundo matrimonios para favorecer la poligamia, etc.), aumento de la censura en artes y espectáculos, etc. daría la impresión de que la sociedad egipcia es muy liberal y con tendencia al laicismo. Sin embargo, lo que ha ocurrido ha sido lo contrario: ha continuado el proceso avance del ultraconservadurismo moral y religioso, como hemos podido comprobar aquí día tras día, hecho tras hecho, desde hace años.


Egipto quiere el dinero del turismo y no puede prohibir a sus visitantes que se bañen en bikini; quiere que gasten el dinero en sus restaurantes y terrazas y sabe que el alcohol se vende y se consume. Lo que no quiere que se vea a una mujer con velo bebiendo alcohol en un restaurante o bañándose en una piscina o un "resort" con un burkini. Prefiere que se haga pasar por una extranjera y que nadie pueda decir que se incumplen los preceptos.
Se crea así una doble moral que acaba estallando como conflicto cuando la gente la cuestiona. ¿Por qué —se preguntan las mujeres egipcias— no podemos entrar en una playa con un velo o un burkini? ¿Por qué no podemos entrar en un restaurante? La respuesta es sencilla: los egipcios son los más virtuosos del mundo. Y la mujer debe estar bajo vigilancia.


Si se le pregunta a alguien que expenda alcohol no dirá que es liberal y que todos tienen derecho a elegir qué comen o beben. Dirá que si los no musulmanes quieren condenarse es cosa suya y que él les ayudará a hacerlo, que la prohibición es para los que son verdaderamente seguidores de dios por los que debe velar. Una mujer con velo es musulmana; una mujer sin velo, aunque sea musulmana, no lo parece. Si se descubre que lo es ya se verá qué ocurre, pero si no se descubre puede ser extranjera o cristiana.
De esta peculiar forma, el virtuoso se muestra más virtuoso y el que no puede serlo queda confirmado como infiel en sus gustos y maneras.
La autora del artículo lo cierra así:

The most mysterious part of all this, Abdel Hameed said, is that these bans and restrictions are happening in a country where the majority of women are veiled. Women are often considered as something to put a “label” on; subsequently families start to impose particular dress codes on their female relatives.
Regarding the attempts to ban the burkini in France, Abdel Hameed said that it was both terrifying and humiliating. She concluded that wearing the veil as a way to express one’s religion does not affect secularism whatsoever.
Regarding the perception of women’s rights in Egypt, a 2013 BBC poll claimed that Egypt is the worst country for women’s rights. Also casting a dark shadow, The World Economic Forum’s 2016 Global Gender Gap report said that Egypt is among the top 10 countries in terms of gender inequality.*

El misterio, como decimos, es relativo. Las "etiquetas" son esenciales en una sociedad patriarcal porque no existen las personas como individualidades —mucho menos las mujeres— sin partes de una totalidad, la que se genera en torno al eje, que es el patriarca. Naguib Mahfuz lo describió maravillosamente bien en algunas de sus novelas.


Si el miedo a las pérdidas económicas hace que en Francia se disfracen las prohibiciones de principios, en Egipto, lo hacen de virtudes. El turismo de resorts y playas quiere bañadores, pero son turistas, extranjeros, infieles, qué se puede esperar de ellos. Por el contrario, los que son de allí deben someterse a las reglas de la mirada.

La pregunta que queda es ¿por qué no afecta a los hombres? La respuesta es más sencilla: los hombres pueden burlar las etiquetas si lo desean porque son quienes las diseñan. Si quieren disfrazarse de piadosos, con cuidadas barbas y actitudes santurronas, no buscarán escenarios que no sean acordes con su disfraz. Si desean beber (como muchos hacen) o drogarse lo harán en la oscuridad de los hogares (las estadísticas de drogas en Egipto son muy altas). Lo considerado negativo tiende a negarse de raíz, simplemente no existe (como la homosexualidad o el ateísmo), aunque todos sepan que sí y que puede estar muy presente en la sociedad. La sociedad se vuelve hipócrita negando lo que practica, como aquel "escándalo" del diputado salafista que mintió al operarse la nariz (¡hermoso ejemplar!) diciendo que había sufrido un intento de robo. Primero se crea la regla de que uno debe seguir por la vida con la nariz que Dios nos da y se exige a todos, para después pasar por el cirujano. Cuando queda al descubierto el asunto, se muestra la obscenidad de la hipocresía. Sufrió en sus carnes lo que había criticado en otros. Es lo que ocurre cuando estableces normas y prohibiciones regulando la vida de todos y convirtiéndola en objeto del escrutinio de todos. Algún día te toca.
Esta obsesión por parecer virtuoso llega a ser enfermiza porque ser intransigente se considera parte de esa misma virtud. Para todo es necesario encontrar una justificación virtuosa aunque se escondan detrás los intereses más bajos.
En febrero, Cairo Scene publicó un texto interesante firmado por Seif Bibars, titulado "The War on Drugs: how Egypt was the first country to lead the charge and the last to back down".  Se señalaba allí:

We were one of the first countries to pursue a worldwide ban of the then legal trade of cannabis and its many derivatives, including hashish. In David Nuts' book Drugs Without the Hot Air a rather interesting passage reads, “In 1925 Egypt, backed by Turkey, proposed that cannabis be included in the Geneva International Convention on Narcotics Control. This was ostensibly on the grounds that 'chronic hashism' was causing widespread insanity, although since this wasn’t occurring in India (and still doesn’t in present-day Britain, for that matter), this was almost certainly an exaggeration of the problem. Egypt did, however, rely heavily on cotton exports, and may have been trying to protect its cotton industry from the competition posed by hemp cloth. The vote went in Egypt’s favour, despite opposition from India, and although the British delegate made a show of support for the colony by abstaining from the vote, Britain still signed the treaty.”
Based on the notion that hashish caused insanity, Egypt managed to get cannabis internationally outlawed alongside cocaine and heroin. In reality hashish does not cause insanity at all; in fact it's been used in Egypt since the days of the Pharaohs. The reality was that farmers were choosing cannabis over cotton as a more lucrative crop to grow. Egypt, whose exports at the time depended largely on cotton, found an ingenious way to ban the hemp plant, not only locally because that wouldn’t prevent the world from utilising hemp for its industrial properties for example making paper, cloth, and rope, but on an international level by proposing the worldwide ban at the League of Nations. Basically in 1925, prior to World War II and the rise of the United States onto the world stage, Britain was one of the biggest super powers in the world and due to their special political relationship with Egypt, were benefitting from Egypt's cotton production - they stood to lose a lot, economically speaking, if hemp production increased. Anything that Egypt did was primarily dictated by Britain; such a political decision at the time was influenced heavily by them.**


El mundo puede ser muy complejo, pero las formas de representarse suelen ser más simples. Pedir la prohibición del hachís era la excusa moral, algo que los ingleses —buenos ingleses— supieron movilizar bien en su provecho. Sin embargo los intereses reales, los económicos, iban por otro lado.
A diferencia de las drogas, que han quedado en el ámbito privado, lejos de la vista, las playas y restaurantes necesitan de público. Se quiere el dinero, pero no se quiere que parezca que los egipcios son iguales que los de fuera, dados por perdidos. Al mostrarse como "protectores de las mujeres", que es la justificación de la dominación, no pueden dejar que se muestren en los bares que vendan alcohol. Eso sería una señal de que no cumplen con sus obligaciones. No quieren, por decirlo así, la foto con el velo o con el burkini en esos espacios públicos. Por eso señalábamos en su momento que era un error considerar el burkini como un problema en las playas francesas, cuando es más bien lo contrario, como señaló la propia diseñadora que lo inventó: la forma de permitir a la mujer salir a la playa. Si el obstáculo era el bañador revelador de las formas, burlemos la regla de la mirada: no ven, pero me baño.


La mujer siempre está controlada porque lleva signos visibles. Para eso los lleva, para su control social. El hecho de que se incluyan cláusulas de prohibición en los contratos de algunos resorts egipcios, como nos cuentan las mujeres en el reportaje de Daily News Egypt, debería hacer comprender mejor el fondo de la cuestión. Muchas mujeres que querrían bañarse en una playa y disfrutar junto a sus hijos descubren con horror que la conjura de unos y otros, por motivos diferentes y algunos similares, trata de impedir que puedan hacerlo.
El titular del artículo — "Egypt also bans burkini, but no one bats an eye" — debería hacernos ver claro, pues se pregunta por qué se protesta por lo que ocurre en Francia y no por lo mismo cuando se hace en Egipto. La respuesta es tan clara y obvia que da cierto pudor decirla: Francia no es virtuosa y Egipto sí. Pero la hipocresía hace mucho aquí pues a los islamistas les interesa siempre mostrarse como víctimas fuera y como referentes morales dentro. Es decir, se quejarán de lo que ocurre en Francia pero lo practicarán en Egipto. La forma de sacarle provecho económico sin perjudicar la virtud o enfrentarse a ellos (más complicado) es la prohibición de la entrada a bares y restaurantes con velos o con burkini a piscinas y playas a los resorts turísticos. 
En 2013, en pleno periodo de control islamista desde el poder, el gran dibujante Andeel, dedicó un artículo a la idea de la censura que se estaba viviendo por los que hoy se quejan de haber sido apartados por demócratas del poder en Egipto. En el artículo se señalaba:

A lot of the world's fans of conservative ideology believe that human nature is a sinning nature. A lot of them also believe that without organized frameworks for people’s ethics the world would probably sink into the wells of lust. In laws and restrictions that control people’s behavior, lots of conservatives find a guarantee for safe ethical standards that will protect people from their own evilness and ugly deeds. 
Let’s ignore all the criticism hurled at this idea — that it enforces guardianship over people, and invests in people’s fear of punishment rather than any inherent desire to evolve — because some conservatives I know don’t find these negative aspects, they think they are actually advantages.***


Lo sorprendente del cambio egipcio es que no cambió nada: se quitó al presidente Mubarak, pero no se cambió el régimen; se derrocó a los islamistas, pero aumentan las condenas por moral, religión, la censura, etc. Las cárceles se han llenado de discrepantes liberales o socialistas, de laicos, cuando se supone que se derribó a un gobierno islamista para evitar que la religión se mezclara con la política. Las prohibiciones han aumentado. Los burkinis o el alcohol son solo una muestra, pero se han establecido penas para muchas otras prácticas que anteriormente no lo estaban dejándose a la gente sin vigilancia. La mirada se ha intensificado hasta volverse obsesiva. Quizá se haya vuelto una patología social difícil de erradicar de la sociedad, que se ha vuelto mucho más conservadora e intransigente.

2013

El corto período de gobierno islamista llenó los medios de quejas por la "ley seca" que aplicaron  a todos, con la prohibición del alcohol junto a otras. No hay que imitar su constante deseo virtuoso de prohibir. Las libertades suponen la elección por parte de las personas. Se tiene que notar la diferencia y es muy malo cuando dos principios opuestos dan el mismo resultado.

2013
Los estereotipos de los islamistas en las comedias egipcias —por eso fueron contra actores y directores en su periodo en el poder— los muestran siempre como poseedores de una doble moral que les lleva a prohibir lo mismo que se buscan en privado (como la nariz operada del salafista). La regla de la mirada implica la búsqueda de que te miren y vean lo que tú quieres que vean. La mujer lo padece porque es un ejemplo visible de lo que sus varones (padre, marido, hermanos, tíos) le permiten ser. La mujer debe mostrar públicamente, piensan, lo que es su modelador.
Espero que el otoño y el invierno traigan algo de reflexión y sentido común. en Francia y en Egipto. Tampoco tengo muchas esperanzas, si soy sincero.  




 * "Egypt also bans burkini, but no one bats an eye" Daily News Egypt 19/09/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/09/19/egypt-also-bans-burkini-no-one-bats-eye/
** "The War on Drugs: how Egypt was the first country to lead the charge and the last to back down" Cairo Scene 11/02/2016 http://www.cairoscene.com/In-Depth/The-War-On-Drugs-How-Egypt-Was-The-First-Country-To-Lead-The-Charge-And-The-Last-To-Back-Down

 *** "Censoring the ship out of it" Mada Masr 13/10/2013 http://www.madamasr.com/sections/culture/censoring-ship-out-it

miércoles, 31 de agosto de 2016

Valls y las tres Marianne

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No tengo muy claro si Manuel Valls ha propuesto a las mujeres francesas que vayan con un seno descubierto como ideal republicano. Lo malo de cuando los símbolos se toman literalmente es que pasan estas cosas. Es como pedir a los jueces que se pongan una venda mientras están en los tribunales porque las estatuas llevan una y acusar de parciales a los que no la lleven.
Valls no solo se está equivocando sino que está haciendo un ridículo espantoso. Lo del error jurídico ya se lo ha dicho el Consejo de Estado al anular las ordenanzas municipales que prohibían bañarse con la cabeza y el cuerpo cubierto, para desgracia de las personas alérgicas al sol que toda la vida se han bañado con camisones que evitaban que el sol les quemara la piel, o los frecuentes pañuelos que todos hemos visto en la playa para proteger el pelo de viento y sol. En fin, todas estas cosas cotidianas, de toda la vida, han sido convertidas por Valls en referencias integristas de la falta de libertad frente al seno desnudo de Marianne, la mujer que simboliza la República francesa y cuyo seno descubierto en algunas representaciones —en muchas no lo lleva descubierto— representa el alimento del pueblo.


La explicación de porqué unos días Marianne lleva el seno cubierto y otro al aire tiene su fundamentación histórica. Y la explicación la ha dado la profesora de Historia Contemporánea, especialista en el siglo XIX y sus revoluciones, Mathilde Larrere, de la Université de Paris-Est Marne-la-Vallée, autora de las recientes "Le XIXe siècle français" (Paris 2010)  y "Révolutions! Quand les peuples font l'histoire" (Paris, 2013). Lo ha hecho ayer mismo a través de un artículo publicado con celeridad en Storify.com —una plataforma dedicada a los temas de Historia— con el punzante título "Marianne a le sein nu parce que c'est une allégorie! réponse à un 1er ministre inculte"*. Especialmente hiriente tiene que haber sido el ser tildado de "inculto", pero no será el primer político al que se lo digan.


La "réponse" a Valls es muy escueta —el "artículo" reproduce los tuits del día anterior, del 29— y se basa en lo justo: los datos y las imágenes. En 23 "tuits", Larrere desmonta el argumento de Valls señalando lo que todos saben y recordando lo que el primer ministro ha olvidado o ignora. Lo obvio es en ocasiones lo que primero se olvida: estamos ante códigos artísticos, ante elementos simbólicos, no realistas. El arte tiene sus convenciones. Después establece las diferencias entre las dos Marianne, la del seno desnudo y la del oculto. Señala Larrere en sus tuits (numerados):

11) Il y a la marianne « sage », cheveux attachés, seins couverts, pas d’arme, sagement assise
12) Et la Marianne révolutionnaire, cheveux détachés, bonnet phrygien, poitrine découverte, combattante et armée
13) La première est la Marianne des républicains libéraux conservateurs, la seconde des radicaux révolutionnaires*


La profesora de Historia recuerda que la República pronto se volvió conservadora y que en 1849 se prohibió el uso de la Marianne revolucionaria, la del seno desnudo, dominando la "sabia", la cubierta. Las estatuas de las plazas, los cuadros, etc., han quedado como muestras ideológicas de los periodos y su orientación, así como la de sus autores en algunos casos.
Pero lo grave del caso no es que Valls haya ignorado las Marianne que cubren su seno, sino las consecuencias que saca sobre la situación de las mujeres, que es de lo que se trata con el burkini. Larrere señala que a aquellos señores que representaban la "república", la "libertad", etc. con forma de mujer les importaban bastante poco las mujeres, las reales, a las que no concedieron los derechos que tardarían en tener: «16) La Marianne sera bien rangée, ainsi veut la IIe République (qui voulait remettre les femmes à leur place (interdites de club, de vote)»*. Este aspecto es relevante porque muestra que una cosa son los símbolos y convenciones artísticas y otra la dura realidad.
Ya hace mucho tiempo que se descubrió —por parte del análisis feminista— que la "idealización" de la mujer era una trampa para ella pues la definía a su gusto (el masculino) y daba la impresión de que por hacer estatuas y colocarlas en las plazas, dedicarle encendidos cánticos poéticos, pintar cuadros y colgarlos en congresos y ayuntamientos, etc. se había dado algún paso para la mejora de los derechos de las mujeres. Sin embargo, como señala Larrere, esto no fue así. Las mujeres les importaban muy poco.


He tenido ocasión de ver las imágenes de Valls y cómo se ha dejado arrebatar por el verbo encendido y la pasión cuando ha hecho este discurso proponiendo... ¿el topless playero? como alternativa al burkini. Lo peligroso es apasionarse con cosas que necesitan de mesura, estrategia y, como le ha dicho la historiadora, de conocimiento.
Meterse en una guerra de símbolos es meterse en la boca del lobo porque la comprensión literal (y parcial) de los símbolos de la república siempre chocarán con un escollo: la Republica no puede defender la Libertad y decirle simultáneamente a la gente cómo debe vestir o pensar. Es lo que le ha dicho su Consejo de Estado.
Es lo mismo que le han dicho a otro "político" poco ilustrado, Donald Trump, los constitucionalistas (o la gente de la calle): que se lea la constitución y que verá como esta defiende la laicidad para poder defender las creencias de cada uno. Es lo que diferencia a las repúblicas "hermanas" de los Estados Unidos y Francia de las repúblicas soviéticas, islámicas o en vías de serlo: defienden el derecho de las personas y la libertad de sus creencias.


Valls ha propuesto que una ciudadana francesa musulmana que quiera bañarse tenga que usar el "modelo republicano de bañador", cuando lo republicano es no tener modelo, dejar que cada cual lleve el suyo. Al montar un espectáculo político, sus enemigos —sabedores de que perderá— le llevarán a que sus discursos sean cada día más absurdos y, como le han dicho en lo ONU, "estúpidos".
Además del Consejo de Estado, se lo ha dicho la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, según recoge El Confidencial:

La polémica del uso del burkini en las zonas de baño francesas suma y sigue. La ONU pidió este martes a los municipios franceses que mantienen su veto al burkini que revoquen de inmediato esta medida, de acuerdo a la sentencia del Consejo de Estado -la máxima instancia administrativa del país- que la anuló en Villeneuve Loubet, en la Costa Azul. "Instamos a todas las autoridades locales que han adoptado prohibiciones similares a que las dejen sin efecto de inmediato en lugar de aprovechar el limitado alcance geográfico del dictamen", declaró el portavoz de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, Rupert Colville.**


Colville ha hablado directamente de "estupidez" para que no haya dudas sobre lo que opinan de la medida francesa. Lo malo es que esta medida pasa, como en el caso de Trump en los Estados Unidos, a formar su propia corriente de radicalización incontrolada. El asunto deja de tener la lógica playera y del burkini. ¿Es que la seguridad solo afecta a las playas? Absurdo.

El último tuit de Mathilde Larrere es concluyente sobre la cuestión central: «23) Car aucun de ces messieurs n’a envisagé à l’époque de donner aux femmes une capacité civile, une liberté, ou le droit de vote»*. A ninguno les preocupaban sus derechos. Lo de Valls es todavía peor: les quita un derecho y cuestiona su ciudadanía. Valls se está volviendo un fundamentalista republicano.
Lo dijimos ya: lo que hay dentro del burkini es una mujer, una persona, una titular de derechos, una ciudadana. La única forma de ganar la batalla al fundamentalismo religioso es defender los valores de la libertad y evitar que nos conviertan en legisladores contra lo más importante que tenemos y que niegan: las libertades y derechos individuales, la capacidad de decidir. Todo lo demás es el "efecto Trump": suponer que porque una mujer no habla es porque no la dejan hablar. Habrá muchas mujeres musulmanas que se pierden en las playas con sus bañadores sin querer llamar la atención. Y Valls está complicándoles la vida porque ahora la presión sobre ellas será mayor.
En L'Obs - Le Plus, vemos desarrollado por Mathilde Larrere lo que se hizo circular en tuits. El inicio es claro sobre la valoración negativa del uso que Valls ha querido hacer de Marianne:

Les tentatives d’instrumentalisation par le politique de l’histoire, et plus particulièrement de l’histoire de la République, sont loin d’être rares dans notre pays. Manuel Valls vient une fois encore de l’illustrer en faisant de Marianne et de son sein nu un symbole de la liberté des femmes, par opposition à celles qui portent le voile :
"Marianne a le sein nu parce qu'elle nourrit le peuple ! Elle n'est pas voilée, parce qu'elle est libre ! C'est ça la République ! C'est ça Marianne !"
Le Premier ministre commet pourtant ici un vrai contresens. Car Marianne n’est en aucun cas une représentation de la femme, sinon l’allégorie d’un régime – la République. Elle apparaît par ailleurs à une époque où les femmes sont loin d’être libres, car réduites à un statut de mineurs (elles n’ont pas le droit de vote par exemple). Enfin, cette image d’une Marianne à la poitrine dénudée est loin d’avoir fait consensus dans notre pays…***


Tampoco parece que un Valls metido a alegorista lo vaya a conseguir con sus interpretación sesgada y literal de la imagen de Marianne, la representación de un "régimen político" . Al convertirla en un modelo de mujer no solo deja de ser universal, como los valores que quiere representar en la ciudadanía, sino que se convierte en un elemento de imposición y discriminación.
Hace un par de años, dentro de esos temas cíclico del verano, se le preguntaba en televisión a una familia norteafricana si regresaban de vacaciones a casa. Contestaron con una sonrisa diciendo que no, que ellos —que venían de Francia— se quedaban en España para pasar las vacaciones, que se iban a la playa. Como muchas otras personas, no se quedan donde les conocen ni vuelven más que unos días a donde provienen. Lo que les apetecía era tumbarse en una multitudinaria y anónima playa española, perderse entre bikinis, bañadores y topless. Eso les resultaba complicado hacerlo en Francia por temor a ser reconocidos por algún vecino y, mucho más evidentemente, a ser atacados en su país. Necesitaban un espacio en el que nadie les conociera, nadie supiera ni les preguntara si eran musulmanes, cristianos, zoroastrianos o amigos de Manuel Valls. Querían tranquilidad, algo que ahora es un poco más difícil.


El Confidencial termina su artículo con un ejemplo de las consecuencias de la psicosis provocada por la prohibición, una mala respuesta a lo ocurrido en los municipios turísticos:

Uno de los últimos sucesos de este tipo tuvo lugar este fin de semana en la región de París, cuando un hombre pidió a dos mujeres musulmanas que abandonaran su restaurante tras llamarlas "terroristas". Ello atrajo la atención de otros musulmanes que acudieron al establecimiento a increparle su actitud. "Cualquier medida pública debe dirigirse a aquellos que incitan a la violencia y no contra mujeres que simplemente quieren caminar por la playa o bañarse con una ropa con la que se sienten cómodas", señaló la Oficina de Derechos Humanos. Se estima que una treintena de municipios mantienen por el momento su veto al burkini, pese a la decisión del Consejo de Estado, que ha sentado jurisprudencia.*

Era muy fácil prever que esto ocurriría. Es una forma clara de discriminación y es especialmente clara en el móvil económico del asunto. El dueño del restaurante de la región de París (no hay burkini) no quiere ser identificado como un lugar con musulmanes por temor a perder clientela y las expulsa del lugar acusándolas de ser "terroristas". Han hecho bien en recordarle que no ha expulsado a "terroristas" sino a "mujeres", sin más, personas.

Son estos acontecimientos los que los islamistas y muchos simpatizantes antioccidentales usan para sus primeras páginas, sus redes sociales o la charla en el café a todo el que les quiere escuchar: Occidente nos odia porque somos musulmanes, la frase de Erdogan para abajo. Y Valls les ayuda a hacerlo. Ellos, por supuesto, están encantados. Ya es hora de que los que viven lejos, en tierra de infieles, sean discriminados convenientemente: del agravio sale el rencor; de la injusticia, el odio y la violencia. Luego se preguntarán en qué falla la República.
Manuel Valls parece dispuesto a no abandonar su discurso y su tono encendido y a que el seno desnudo de su Marianne particular sea el modelo de todas las francesas. Lo malo es que los discursos, además de absurdos, se radicalizan y ya no sabes si escuchas a Marine Le Pen o a Valls, a Sarkozy o al que le toque. Pronto todos estarán rivalizando en el miedo y en su forma de evitarlo. Lo único que harán será convocarlo.
A las dos Marianne que Mathilde Larrere nos muestra, la liberal y la revolucionaria, habrá que añadir una tercera, la de Manuel Valls, que no es alegórica, que es realista y literal. Será la Marianne de Valls, la que niega los pechos alimenticios y las libertades a unos frente a otros.
Ya algunos están diseñando el islam de/en Francia como si fuera el mapa de las carreteras nacionales o la reforma de un museo parisino. Es la demostración palpable de que se encuentran ante un problema que les desborda y que creen que por mostrar estas actitudes intransigentes van a tranquilizar a alguien.
Nada relacionado con esta situación se puede resolver por decreto u ordenanza municipal. Es estúpido solo pensarlo. Hablen, lean, dialoguen, reflexionen... antes de tomar medidas contraproducentes y que abran más brechas de las que hay, que hagan nacer más malentendidos de los existentes. Abran puertas de cambio, no encierren. Se trata de aislar a los terroristas, no de aislar a los musulmanes.




* "Marianne a le sein nu parce que c'est une allégorie! réponse à un 1er ministre inculte" Storify 30/08/2016 https://storify.com/LarrereMathilde/marianne-a-le-sein-nu-parce-que-c-est-une-allegori

** "La ONU pide la eliminación de las restricciones al uso del burkini en Francia" El Confidencial 30/08/2016 http://www.elconfidencial.com/mundo/2016-08-30/la-onu-urge-levantar-las-restricciones-al-uso-del-burkini-en-todas-las-playas-francesas_1252764/
*** ""Sein nu de Marianne" : Manuel Valls a tout faux. C'est une allégorie de la République" Le Plus - L'OBS 30/08/2016 http://leplus.nouvelobs.com/contribution/1554954-sein-nu-de-marianne-manuel-valls-a-tout-faux-c-est-une-allegorie-de-la-republique.html

miércoles, 17 de agosto de 2016

Burkinis, hijabs y otras vestimentas o lo importante es participar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando llega el verano las noticias típicas son las prevenciones frente a las quemaduras, las gafas de sol para proteger los ojos, los consejos sobre la observación de las horas de digestión, etc. Hay todo un repertorio de tópicos. Pero este verano tenemos uno relativamente nuevo: la cuestión del llamado burkini.
Los atentados en distintos países ha elevado el nivel de suspicacia y de discusión de esta cuestión. El burkini —que ha sido prohibido en las playas de Cannes y multado su uso— es solo parte de una discusión más amplia sobre la cuestión de la vestimenta islámica femenina. En este punto se concretan una serie de aspectos que muchas veces se simplifican en exceso y que sitúan a la mujer en el centro de la cuestión.


Hace unos días hablábamos aquí de la ejemplaridad que se daba al hecho de que una mujer norteamericana, de religión musulmana, hubiera sido medallista con su equipo nacional de sable luciendo un hijab, un velo. La imagen de las cuatro mujeres con sus medallas mostraba un repertorio colorista: rubia, morena, pelo azul y... velo. Ibtihaj Muhammad no tenía ningún problema en lucir el velo y ser una orgullosa norteamericana junto a sus compañeras, una más.
Los juegos olímpicos están sirviendo también para que estas cuestiones se "normalicen" de alguna manera al mostrar que el velo no significa más que lo que quienes lo llevan quieren que signifique. No significa ser radical más que en quien se lo pone con esa intención.
Muchos países islámicos han visto movimientos pendulares en la cuestión del velo. Las élites nunca lo vieron demasiado bien porque no era signo de modernidad durante unas décadas. Las mujeres se vestían a la occidental, como bien nos muestra el cine. La cuestión cambió con la llamada "reislamización", cuyo pistoletazo de salida tiene varios focos, entre ellos la revolución iraní y los viajes a los países del Golfo de muchos musulmanes a trabajar con la explosión del petróleo.
Los extremistas comienzan a sembrar su semilla y lo hacen en dos sentidos: el movimiento religioso y el movimiento antioccidental. Los dos forman parte de una misma estrategia: en unos casos se trata de mostrarse piadosamente islámica frente a la "liberación femenina" producida en los 60-70; en el otro, se trataba de reafirmar la identidad nacional frente a las modas del vestir occidentales. A cada uno le entraban por su lado débil, religión o nacionalismo. El efecto visual era el mismo: las mujeres se transformaron y empezaron a vestir el velo. Pronto se hizo socialmente significativo el no llevarlo, igualmente que antes lo era hacerlo. También los hombres asumieron barbas y algunos vestidos con los que les parecía que transmitían una imagen más piadosa y tradicional.


Es esencial comprender este último apunte porque todo sistema que se basa en signos externos acaba siendo objeto de los dictados sociales, ya sea como modas o como juicio público. Me contaban con su peculiar sentido del humor unas amigas egipcias cómo algunos hombres rivalizaban en tener más oscura la marca de la frente —la llamaban con sorna la "uva pasa"— que sale por tener la frente pegada al suelo durante el rezo. Las oscuridad mayor o menor era usada para significar más tiempo rezando, el ser más piadosos. Las barbas, por su parte, tienen toda una clasificación por sus formas. Nada pone en el Corán sobre ello, solo que Mahoma la llevaba. Lo demás corre a cargo de los que quieren mostrarse más piadosos a los ojos de los demás. Y eso incluye a sus esposas, hijas, hermanas... Es aquí donde entra el elemento patriarcal en la que el hombre marca las reglas para mantener a "sus" mujeres bajo control y con el aspecto adecuado a la imagen que quiere proyectar.


En estos días en que han sido liberadas poblaciones sirias que llevaban dos años bajo el yugo del Estado Islámico, lo primero que han hecho los hombres ha sido afeitarse públicamente; después bailar, algo que también les tenían prohibido, como la música misma. Las mujeres han quemado públicamente los ropajes que les obligaban a llevar: niqabs, burkas y demás formas de ocultación y encierro portátil.


En algún viaje a Egipto, lo primero que me preguntaban es si veía más barbas y menos velos. La verdad es que no me dedicaba a contarlos entonces. Ahora sí lo hago, no tanto las barbas como los velos. Nunca le he preguntado a ninguna amiga porqué lo ha hecho. Es más, he procurado no comentarlo y hacer como si no hubiera ocurrido nada. Para mí era la misma persona. Si quería comentarlo, muy bien; pero nada más.Conozvo parejas de maravillosas amigas, una con velo y la otra sin él.
Muchas mujeres han decidido, ante el aumento e instrumentalización de la religión por parte de los grupos fundamentalistas, dejar el velo. Algunas lo vestían por presiones sociales o familiares; otras por inercia y otras porque así lo deseaban. No son menos religiosas por hacerlo; ese era el argumento patriarcal para que se vistieran como los hombres han dictado.
Lo malo no es el velo. Lo malo es cuando convencen a quien lo lleva que es mejor que las que no lo llevan. Es una forma de chantaje moral que los islamistas han utilizado, hacer creer que quien no lo llevaba era una "mujer fácil", inmoral.
Forma parte también de su estrategia antioccidental. Las feministas occidentales, argumentan, pervierten a las mujeres musulmanas y les hacen destruir sus familias; son mujeres promiscuas que han perdido los valores, etc. etc. Se les ha dicho, por ejemplo, que el velo les previene del acoso porque muestran así que son mujeres honestas frente a las que no lo llevan. Eso no funciona demasiado porque la mayoría, cono velo o sin él, sufren acoso masivo. Pero lo intentan. El propio feminismo árabe comenzó con el acto público de desvelar el rostro.


En estos tiempos la cuestión se debe enfrentar de otra manera. Intentar regular algo sin utilizar el sentido común es contraproducente. No es el velo o el burkini lo que convierte a la gente en radical y, por tanto, quitarlo no convierte en moderado automáticamente a nadie.

El argumento francés contra el burkini es el uso de símbolos religiosos en lugares público. Convertir en "religioso" el burkini es un auténtico disparate, por más que los jueces lo hayan avalado.
Hay otra cosa más: el término "burkini". La ingeniosa palabra lo liga con el burka, que es una forma extrema de ocultación, que en absoluto tiene nada que ver. 
Quien creó la palabra —un buen invento mediático— contaba con la asociación negativa que el burka suscita incluidas la gran mayoría de las mujeres musulmanas. "Burkini" une las dos distancias mayores: la del bikini y la del burka. La función del burka es evitar la forma y la identidad femeninas, reduciéndola a una mancha negra o azul. La función del burkini no es aislar sino permitir participar en el baño o en las competiciones deportivas; es un paso hacia adelante, salir del encierro, por decirlo así.


Pero ¿y qué ocurre con las barbas? También son un símbolo religioso. ¿Se deben prohibir en las playas y espacios públicos? Hoy las barbas están de moda en medio mundo y los hay que se la dejan de cualquier tipo —salafista o vikingo— sin importarles mucho el origen o significado. A nadie se le ocurriría exigir la entrada afeitado a la playa.
Entiendo el sentido de la prohibición de los burkinis es evitar posibles conflictos en una playa en la que pueda ser considerado una especie de provocación por parte de algunas personas. Esto es absurdo, pero el mundo está lleno de gente absurda.
Pero con esa medida se produce una discriminación bastante injusta. La mujer que decide ir a una playa y ponerse su burkini está intentando, además de darse un baño, hacerse visible en un espacio público reivindicando la normalidad con su aparición. El burkini no es signo de radicalismo porque supone el deseo de participar en la vida común a través del baño.


Hay una fotografía de estos juegos olímpicos que nos muestra a dos mujeres saltando a cada lado de la red. Por un lado una egipcia con su hijab y el cuerpo cubierto y al otro una alemana con su indumentaria habitual del vóley playa, un sucinto bikini. Lo importante no es cómo viste cada una, sino que las dos están en las mismas olimpiadas, en la misma arena saltando y compartiendo una misma actividad y que al final se saludaran afectuosamente. Eso es lo importante. 


La foto de las dos jugadoras, obviamente, ha sido censurada en sitios como Irán. La jugadora alemana se ha convertido en un borroso conjunto de píxeles para los ojos iraníes. Prohibir que se puedan bañar o puedan participar en las carreras y demás competiciones es no solucionar nada y sí crear muchos problemas. En primer lugar a las mujeres; en segundo, será aprovechado por los radicales para continuar gritando ¡islamofobia!, que se persigue a los piadosos, que Occidente odia a los musulmanes. Ya lo hacen; hasta Erdogan lo hace y le sirve para hacer retroceder a la sociedad turca, que se vuelve más nacionalista religiosa.
Una frase de una jugadora egipcia de vóley resume bastante bien la cuestión: "el hijab me ha permitido hacer lo que más me gusta, jugar al vóley". Sin él, los obstáculos hubieran sido muchos.
Creo que las mujeres están haciendo mucho por la normalización de la imagen musulmana. La medallista norteamericana hizo lo mismo que los padres del condecorado militar musulmán estadounidense muerto, que fueron ofendidos por Donald Trump. Lo que hizo la deportista fue salir y decir se puede ser musulmán y norteamericano, defender en una competición deportiva o en el campo de batalla a su país, un país no musulmán, como cualquier otra persona. La medallista egipcia de halterofilia ha sido feliz sin preocuparse de lo que llevaba en la cabeza, con normalidad absoluta. En otros deportes se ha podido ver que la diferencia cultural no implica directamente una guerra.


Ayer tratábamos precisamente en el que la guerra se lleva en las actitudes, sin necesidad de vestimentas diferenciadas con el judoka egipcio que se negó a dar la mano al su rival israelí. El judoka egipcio llevaba el radicalismo dentro sin necesidad de vestimenta especial.
La ocultación de los musulmanes dentro de la sociedad es un fenómeno que debe ser revisado y estudiarse los efectos beneficiosos para todos que tiene su visibilidad en muchos casos ejemplares. Es la mejor manera de acabar con los estereotipos, que son terriblemente perjudiciales para todos. Quizá compartir unos metros de playa junto a una mujer con burkini sea mejor que pensar que quienes los llevan son potenciales terroristas. Puede que la mujer que esté tomando el sol junto a usted está mañana también lo sea, que haya decidido que tomar el sol en bañador no la hace menos piadosa o peor persona.
El burkini está generando también una industria de la moda. Algunos verán un intento de que no se sobrepasen los límites, de controlar el fenómeno. Lo verán como una moda islámica dictada a las mujeres. Sea como sea, lo que resulta de sentido común es que no es el hábito el que hace al monje, que no implica radicalización. Si, en cambio, el compartir espacios me parece positivo.


No debemos contagiarnos de la locura de los signos exteriores. Mucho menos de cualquier sectarismo o estigmatización de las personas por ellos. El radicalismo no lo causa la vestimenta y, en el caso de las mujeres, puede ser más fruto de una presión, por lo que la sanción es doble: una porque se lo ponga y dos porque no se lo quita.
Las mujeres que han quemado públicamente burkas y niqabs en el pueblo liberado en Siria no se han pasado al bikini; se han quedado con sus ropas de siempre, curadas de espanto ante lo que han tenido que vivir durante mucho tiempo, demasiado, bajo el dogmatismo. La alegría por la derrota y huida de sus crueles invasores les ha permitido saber lo que es el radicalismo. Las vestimentas se les han hecho odiosas, no las han transformado en radicales. No convirtamos nosotros en radicalismo el burkini.


Un hecho: permitir competir con este tipo de indumentarias ha conseguido que más mujeres hayan podido participar en la Olimpiadas. Eso da una gran visibilidad a las mujeres en un mundo discriminatorio. Las mujeres ganan medallas y ganan protagonismo en sus propias sociedades. Eso es positivo, un paso para ir modificando la discriminación que hacía que solo deportistas varones participaran en la mayoría de las competiciones internacionales. Cambian la imagen de las mujeres dentro de sus sociedades y nos ayudan a combatir los estereotipos culturales.


Creo que condenar a muchas mujeres  musulmanas a no pisar playas, piscinas o espacios de competición deportiva con la excusa de la vestimenta es contraproducente. No impide el radicalismo político y religioso y sí puede alentarlo. Se sanciona a la mujer y se evita indirectamente que pueda participar en competiciones internacionales, con la frustración consiguiente. No hay que confundir efectos y causas.
Ya sea en la playa o compitiendo en Río o cualquier otro lugar, creo no debemos ser cómplices indirectos de la discriminación inicial haciendo que sea la mujer quien la pague. Las multas de Cannes no arreglan nada y confunden lo que hay dentro de la cabeza con lo que hay sobre el cuerpo.
La mejor propaganda, el mejor argumento es siempre la libertad y la convivencia.