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domingo, 14 de diciembre de 2025

Las enfermedades mentales laborales

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Aumenta el contraste entre la propaganda que nos rodea y la realidad de la calle, de unos y otros. Hace tiempo que los políticos descubrieron que los hechos son individuales mientras que los discursos son colectivos. Lo festivo de los discursos contrasta con el dramatismo del día a día de millones de personas que sienten que están excluidas de ese paraíso del que nos hablan en los discursos.

El resultado es claro: el aumento de las enfermedades mentales. Las formas en que nos enfrentamos a ellas son muy diversas, tanto en lo personal como en lo institucional que debe dar respuestas a los problemas de las personas. ¿Cómo se afronta una realidad personal difícil, con precariedad, angustia, vivienda inalcanzable, explotación, mal ambiente laboral, etc. cuando te dicen que la economía va mejor que nunca, que se reduce el desempleo, que somos el motor de Europa en crecimiento, etc.? Si todo va bien, ¿por qué yo voy tan mal?

La respuesta es que no todo va tan bien como nos dicen, pero no todas las personas —tanto por causas propias como por el entorno— son capaces de librarse de la angustia o incluso de la culpa.

Uno de los resultados claros de esta tensión es la enfermedad mental. Es resultado de la imposibilidad de casar ambas. En 20minutos tenemos un interesante reportaje firmado por Galo Abrain, con el titular "La plaga de las bajas por salud mental que no para de crecer: "De camino al trabajo, me dio un ataque de ansiedad en el autobús""*.

Hay algo que está presente en el reportaje, una lucha en la que se debaten muchos textos periodísticos sobre esta cuestión: ¿quién es el perjudicado? Hay una clara tendencia a enfocar el problema  como un perjuicio a la empresa, como pérdida de horas y de dinero. Se busque o no, el principal responsable resultan ser los trabajadores, que son "débiles" y sin conciencia empresarial, que no soportan el duro mundo laboral. Esto aflora en muchas informaciones y procede de esa forma de mostrar la enfermedad de los trabajadores como "horas perdidas", etc.

El reportaje no escapa a esos principios, pero poco a poco se va abriendo a la realidad de la enfermedad mental como una cuestión laboral cuando los expertos consultados comienzan su análisis. 

Las causas de este aumento están muy enmarcadas en cuadros ansioso-depresivos, pero las razones habremos de buscarlas en un abanico muy amplio de desencadenantes. Para la directora de Serene Psicología, Marta Asenjo, vivimos en un contexto en donde se mezclan la hiperexposición, la autoexplotación, la inestabilidad económica y una incógnita tecnológica generalizada sobre el futuro laboral. "Eso conforma un cóctel", asegura Asenjo, "capaz de desencadenar ataques de estrés muy lesivos, que acaban convertidos en cuadros de ansiedad o depresión inhabilitantes". Según la experta, esto es una prueba del origen multifactorial de las bajas laborales asociadas a la salud mental, que pueden ver su erupción justificada en el punto álgido de una de esas frustraciones antes mencionadas, pero quedando la enfermedad retroalimentada por todo lo demás.*

Los cuatro puntos señalados apuntan hacia esas causas propias del entorno laboral, donde se ha impuesto un modelo duro y de tensión como normalidad.

Hace unos días me comentaban el estado tenso en el que se encontraban en una empresa ante el regreso de una jefa anterior. Había sido sustituida por un tiempo y con la persona que habían puesto al frente la realidad laboral había sido muy distinta. Todo había funcionado bien y el ambiente había mejorado mucho. La gente, me comentaban, iba a trabajar con ganas. Ahora la tensión, la angustia ha vuelto a crecer ante la perspectiva del regreso y lo que iba a suponer para todos.

Desde hace tiempo, el sistema empresarial ha asumido ese modelo, el de la exigencia de cualquier manera. Los jefes "blandos" son los que exigen menos y esto reduce los beneficios. Es mejor que te teman y si no resistes hay cola de gente esperando un puesto de trabajo.

Como en plena época del capitalismo salvaje, los miles o millones de parados son la amenaza presente para los que están empleados y se sienten descontentos. La amenaza de que haya gente esperando para ocupar tu empleo, en peores condiciones, por ejemplo explica mucho del crecimiento de la xenofobia y el racismo, que ve en la emigración una forma de presión. Ellos, se piensa, aceptarán cualquier cosa, menos dinero, más trabajo, peores condiciones. Esto, por supuesto, es la perpetuación de injusticias y la explotación por parte del sistema. Muchos países lo practican: mal empleo, abusos, mal pagados y la simple queja te pone en la frontera.

Mientras no se ponga el foco en la realidad humana, personal de las bajas por enfermedades mentales, será difícil solucionarlo. En el artículo se señala en esta dirección: "También las empresas deberían analizar por qué se producen tantas bajas. A veces el problema está en el propio clima laboral"*. Creo que todos, desgraciadamente, podemos aportar casos en esta dirección, la laboral. Son demasiadas malas costumbres las que se han aceptado tras las diversas crisis que llevamos afrontando por décadas.

El ejemplo que se nos propone es que los ricos (y los listos) aumentan su patrimonio. ¿Qué siente una persona explotada y mal pagada cuando lee sobre personas que se han hecho millonarias con casos como los frecuentes llamados "casos mascarillas"? ¿Qué sienten cuando leen sobre los que se han hecho millonarios con sobornos, con "mordidas", casos en los que se han llevado con una operación lo que ellos no ganarán en años, en décadas? Muchos se romperán psicológicamente, se sentirán como parte de ese grupo de explotados, obligados a sufrir mal ambiente laboral y a no llegar nunca a resolver su deseo de tranquilidad personal y laboral, que no son dos elementos separados, sino parte de una misma realidad que procesa todo lo que vive.

Considerar la enfermedad mental además como un "problema de la empresa" (el artículo abunda en testimonios) es un error de fondo que no ayuda a resolver el auténtico problema.

Hemos perdido mucha humanidad en estas décadas, muchas formas más humanas de vernos y de tratarnos. Algunos lo han considerado como una forma de "modernidad". Convertir un grupo humano en un frío escenario en el que solo importan el beneficio, las horas perdidas, etc. no nos ha ayudado mucho.

En el artículo leemos un testimonio en este sentido: 

Claudia, por su parte, y con la distancia que da el tiempo, tiene una lectura muy nítida: "La solución pasa por que la empresa ponga por delante a los empleados antes que los resultados. Da igual cómo trate esta jefa a su equipo, mientras facture, la respaldan. A mí me hicieron una encuesta cuando ya me iba. ¿Por qué no antes?". La herida no se ha cerrado del todo, pero ya no sangra igual.

Desde su consulta, Marta Asenjo observa patrones que se repiten: identidades hechas solo de trabajos que se desmoronan cuando ese pilar cae. "Muchísima gente construye su identidad en torno a lo que hace. Y cuando eso falla, la persona se queda sin referencias", explica. Por eso defiende que, a veces, parar no es rendirse, sino tomar impulso: "En algunos casos recomiendo una baja temporal para que la persona pueda reconectar con otras cosas. Aprender a disfrutar de algo más allá del trabajo".*


La religión del trabajo está hecha de falsos ídolos, aunque muy exigentes. Mientras sigan exigiendo más y más continuarán aumentando las bajas laborales y, en su otra dimensión, los dramas personales. La diferencia de las enfermedades mentales respecto a otras es que su solución pasa porque se modifiquen las condiciones. Volver a lo mismo tras un tiempo es condenar a las personas a ciclos de resistencia y malestar.


Se habla de mentalizar a las empresas sobre cómo comportarse internamente, de cómo evitar ciertos comportamientos que llevan a casos constantes. Para ello debe modificarse primero la consideración de la enfermedad mental, reconociendo tanto sus efectos como sus orígenes laborales. Pero hay que recuperar la dimensión humana para que sea considerada como tal tanto en el entorno laboral como en el asistencial, que debe mejorar mucho y sobre el que también se explayan los entrevistados en el artículo, hace falta algo más que una pastilla.

Más allá de las horas perdidas y su contabilidad, están las personas, la mayoría de las veces víctimas de un sistema del que se cantan sus logros, pero pocos se atreven a señalar sus miserias y los efectos.

Hemos renunciado a valorar nuestras sociedades de forma humana y las hemos convertido en un duro mercado donde todos estamos al servicio del beneficio de unos pocos. El énfasis puesto en la empresa y no en el trabajador es una forma de confirmación del problema.

El titular del artículo citado habla de la "plaga de las bajas"; debería hablar de la plaga de las enfermedades mentales de origen laboral, lo que nos acercaría más a la realidad y a las causas del problema. Las empresas recogen lo que siembran. Debería estar claro quiénes son las víctimas.

 

  

* Galo Abrain "La plaga de las bajas por salud mental que no para de crecer: "De camino al trabajo, me dio un ataque de ansiedad en el autobús"" 20minutos 14/12/2025 https://www.20minutos.es/nacional/plaga-las-bajas-por-salud-mental-que-no-para-crecer-camino-trabajo-me-dio-un-ataque-ansiedad-autobus_6908212_0.html

lunes, 8 de abril de 2024

Despidos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se plantea en 20minutos una cuestión trascendental en la vida laboral y personal, la del despido, anunciándose un debate a tres bandas, la de los socios de gobierno, por un lado, y con la patronal. Por si no se tuviera claro, parece que el despido es España está muy por debajo de lo que el consenso europeo establece. Aquí resulta más sencillo que en otros lugares.

Las consecuencias que esta facilidad tiene son muchas. La facilidad de despido causa inestabilidad e inseguridad, que no son precisamente cuestiones baladís a la hora de llevar una vida medianamente tranquila.

Las posibilidades de ser despedidos hace vivir en un estado de angustia y con pocas ganas de planificar un futuro en el que lo esencial, el empleo, puede cambiar en cualquier momento. Se nos dice en el inicio del texto:

Los sindicatos hacen frente común en Europa para forzar al Gobierno a acometer una reforma del sistema de despido en la que los dos socios de la coalición tienen importantes discrepancias. La resolución favorable del Consejo de Europa a una demanda de UGT en la que el sindicato cuestionaba el despido improcedente en España ha abierto la caja de los truenos. Una caja que el Ejecutivo los sindicatos y los empresarios acordaron dejar cerrada en la última reforma laboral, cuando este fue uno de los temas que no se discutieron para tratar de atraer a la patronal al acuerdo.

Tanto UGT como CCOO han denunciado que el sistema de despido español incumple la Carta Social Europea, un tratado suscrito por España en 2021 cuyo cumplimiento vigila el Comité Europeo de Derechos Sociales, dependiente del Consejo de Europa. Ambos sindicatos lo hicieron en 2022, aunque con enfoques algo diferentes. *


Ya hemos señalado en otras ocasiones que las cifras económicas no reflejan el día a día de la situación española, su realidad a pie de calle. Se vive políticamente más de las grandes cifras que de los números que reflejan a la mayoría de los españoles, cuya situación depende de la del empleo, de su calidad y circunstancias, algo que dista mucho de ser satisfactorio. Un país que ha creado en las páginas de sus medios secciones fijas sobre las gasolineras más baratas, sobre las horas más baratas de consumo eléctrico o las ofertas de ventas, etc. no es precisamente un país bien repartido, sino más bien lo contrario. Nos encontramos así en un país de creciente desigualdad real, donde las cifras reflejan las ventajas de los que pueden permitírselas.

La situación endeble del empleo es una puerta abierta al abuso, ya que crea una situación de temor. Un despido barato es una fuente de problemas para la estabilidad de los trabajadores. Esto es especialmente frecuente si resulta que se focaliza especialmente una economía basada en la estacionalidad, como es la creciente hostelería, de la que tratamos a menudo por ocupar cada vez más un papel central y modelador en nuestra vida laboral y económica.

En el diario se señala al respecto: 

En el panorama internacional, España tiene una legislación que es relativamente poco estricta en comparación con la de sus socios europeos. En el índice que elabora la OCDE, España es el cuarto país de la UE con legislación menos estricta en materia de despido improcedente. Solo, Irlanda, Dinamarca, Luxemburgo, Estonia y Lituania tienen una regulación. Sin embargo, la indemnización que cobran los trabajadores españoles que se ven en esta situación (33 días por año trabajado con un tope de 24 meses) es de las más elevadas de la UE, aunque está por debajo de las tres grandes economías del bloque (Italia, Francia y Alemania).

Los últimos datos disponibles de despidos en general reflejan que en España se despidió a 528.413 trabajadores en 2022, con una indemnización que en promedio se situó en 8.251 euros. Sin embargo, esa cifra engloba situaciones muy dispares. Para los menores de 24 años, la indemnización no llega a 800 euros de media. En cambio, para mayores de 55 alcanza los 19.366 euros.*

Es esa disparidad la que hace precisamente que nuestra economía sea muy dura con las nuevas incorporaciones al mercado laboral. Son los jóvenes los que padecen esta dureza en la baja calidad de su empleo basado en una demanda cada vez más precaria.

Ayer confirmamos el cierre de un restaurante de una conocida franquicia en la que comíamos los fines de semana. Todos gente joven. El restaurante se llenaba, tanto su amplia terraza como su interior. Su funcionamiento era en dos tandas de personal. Con unos hacían la jornada del medio día; una segunda tanda de personal se ocupaba de las cenas. En los últimos meses empezabas a encontrarte gente distinta, cambios en el personal. Las caras más conocidas desaparecían; otras nuevas les sustituían, pero estas duraban también muy poco, encontrándote cada semana con personas desconocidas atendiéndote. Eran los primero avisos de lo que se consumó hace una semana y se confirmo ayer, su cierre.

Me imagino que muchos no habrán entendido porqué han cerrado cuando tenían sus mesas llenas. Quien haya tomado esa decisión no le ha importado el número de empleados que han ido a la calle. No le habrá salido caro, la mayoría de ellos llevaban poco tiempo; los más veteranos eran también jóvenes. Lo siento por ellos. Se comía bien y tenían buen servicio. Así lo confirman los comentarios repartidos por la red.

Dicen en el artículo que es fácil despedir, pero que las indemnizaciones son elevadas. Esto vuelve a dividir el país con la línea de los "50 años". Los que tienen más han vivido en una época diferente, han acumulado tiempo, derechos e indemnizaciones. Aprendida esta lección, la solución del problema es sencilla: contrata barato y por poco tiempo. Ese es nuestro panorama con las consecuencias fácilmente visible. En la encuesta sobre la "felicidad" los datos españoles tenían esa línea fronteriza: los mayores de 50 eran mucho más felices que los menores, que vivían en un estado de infelicidad constante y profunda.

Si se da un despido barato, las consecuencias son estas. Antes se decía que una empresa, un negocio, era una responsabilidad social, que el papel de los empresarios era crear empleo. Hoy no  hay más responsabilidad que ganar dinero. Lo haces abaratando el empleo, reduciendo plantillas para que menos hagan más cobrando menos. Eso crea un mundo complicado, pues las implicaciones son muchas. Estabilidad en el empleo es estabilidad social. Lo contrario también vale.

Habrá que ver qué se ha abierto con la condena al sistema español, cómo afecta a esas relaciones entre socios de gobierno y las relaciones entre sindicatos y patronal.

 

* Jorge Millán "¿Sale barato despedir en España? Los sindicatos presionan en Europa para que el Gobierno endurezca las condiciones" 20minutos 7/04/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5233555/0/sale-barato-despedir-espana-los-sindicatos-presionan-para-endurecer-las-condiciones-los-ceses/

jueves, 4 de abril de 2024

La temporalidad no es un éxito

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En 20minutos se echan las campanas al vuelo con un nuevo récord de esta "mágica" economía española, esta economía de una sociedad en la que aumenta la "infelicidad", pero los gobiernos cantan sus milagros, donde aumentan las personas en riesgo de exclusión pero aumenta el consumo. Esta economía mágica es, por supuesto, la que se deriva de la hostelería, de la que dependa ya el 15% de PIB.

El titular del diario señala "Una hostelería de récord: aporta casi la mitad de los casi 200.000 nuevos puestos de trabajo creados en marzo", en un texto firmado por Jorge Millán. 

La hostelería fue el gran protagonista del fuerte crecimiento del empleo registrado el pasado marzo. Los datos publicados el martes por la Seguridad Social lo certifican: si en España se crearon 193.500 nuevos puestos de trabajo el mes pasado, 84.000 de ellos —casi la mitad— procedían de este sector, que supone algo más de un 10% del PIB del país. Sin embargo, nunca antes se había visto un aumento del empleo tan fuerte en hostelería en un mes de marzo como este año. El récord anterior se estableció en 2023, cuando se incorporaron 73.926 a trabajar al sector. Este año el incremento ha sido un 13,5% superior al del ejercicio previo.*


 

El peso cada vez mayor de la hostelería está creando (ha creado ya) un modelo distorsionado de lo que es el empleo, de para qué trabaja uno y de la distancia entre los dos conceptos. Según lo dicho, los españoles somos seres que vivimos para sostener la hostelería. Según el otro punto de vista, los españoles trata de sobrevivir con lo que el sector les ofrece en diversos momentos del año regido por el propio sentido temporal de las actividades propias.

Cuando un sector adquiere tanta fuerza, tanto peso en la economía, deja de servir al conjunto y es capaz de imponer sus reglas al sistema amenazando con efectos negativos si se le contradice. El ejemplo más claro de esta distorsión es la creación de esos contratos del llamado "fijo discontinuo" con los que ya se da por hecho que "entras y sales" de la actividad en función de eso llamado "estacionalidad".

El "drama" que se nos cuenta en el artículo es que las expectativas de los empresarios del sector les llevaron en marzo a contratar de forma de récord pero que la maldita lluvia les ha arruinado las expectativas. Muchos contratos, pocos ingresos. Es el lamento previo a la masacre. Ahora los contratos llevarán a los despidos de las vacas más flacas hasta el verano, los puentes y festivos en los que deberá acompañarnos el buen tiempo y el optimismo de los europeos que decidan venir a ser felices mediante pago. En resumidas cuentas, los "récords" de contratación en el sector hostelero son como globos a los que se pincha para volver a hincharlos cuando toque y el tiempo lo permita.

En el artículo se señala este funcionamiento "normalizado":

En marzo es habitual que las contrataciones despunten en hostelería. La llegada del buen tiempo fomenta las contrataciones de personal en un sector con una fortísima estacionalidad que concentra su actividad entre los meses de marzo y agosto. Después, en los en otoño e invierno, el empleo se reduce drásticamente.*



La clave está en ese "fortísima estacionalidad". Ese ser y no ser, estar y no estar contratado al que la población debe someterse porque quien contrata manda y los políticos lo saben. Esto supone que sus puestos dependen en gran medida de no enfrentarse a las patronales dominantes.

¿Pero puede sobrevivir un país a este ritmo, puede tener futuro? Entonces los problemas se invierten. Hace unos días se nos habla del "problema" de la sobrecualificación, es decir, tener que contratar licenciados, doctores, ingenieros, etc. para puestos de camareros, que es lo que más ofrece, como se reconoce al señalar al sector como la máxima fuente de contratación. Más vale trabajar de camarero que no trabajar dirán algunos con razón. Pero el problema está en la incapacidad de tirar de otros sectores, de producir algo más que pinchos y platos, de esperar a ver si viene el buen tiempo.

Los demás sectores tienen su propio funcionamiento, del becario a los despidos cada cierto tiempo y nuevos contratos, que acaban acumulándose en periodos muy cortos de tiempo. Por mucho que el presidente del gobierno vaya a hacerse fotos a la importante fábrica en Valencia para producir coches eléctricos, son las excepciones que sirven para tapar el escándalo laboral que supone esa falta de alternativas.


España tiene otro récord desde hace años, el del autoempleo, disfrazado de micro empresas, ya que las pequeñas y medianas apenas pueden formarse. Es más barato comprar fuera. La alternativa es crearse el negocio propio y poco más.

La acción de los políticos debería centrarse en la mejora del país, en crear nuevas oportunidades de desarrollo empresarial. Sin embargo, no hay ya alcalde que no quiera "atraer turistas" a su pueblo, convertir sus casas vacías en urbanizaciones y sus sembrados en campos de golf. Les parece la vía más segura hacia una modernidad de chiringuito.


Dependemos no solo de si llueve o no, como se ha visto estos días. Sino de si vienen desde fuera o no, lo que implica que cuando haya una crisis europea, lo primero que se resentirá en es turismo, por lo que habrá que ir rebajando las expectativas. Lo ocurrido con la pandemia es muy ilustrativo: España debía rebajar sus medidas de protección para no "perjudicar al turismo". En palabras de un joven francés que venía en uno de esos trenes de alta velocidad que los dejaban en Madrid para el fin de semana: "Podemos hacer lo que no nos dejan en nuestro país".

Si empezamos a ver estas cifras como un "auténtico éxito" es que hemos aceptado demasiado fácilmente este destino temporalizado, que quiere reducir el nivel de estudios por la llamada "sobrecualificación" (¿para qué hacen falta tanto universitario?) y que reduce las empresas a mínimos, estamos en un camino que cada día será más irreversible.

Perdemos tejido industrial, investigador real, por mucho que las noticias no lleguen con cuentagotas sobre esos otros éxitos. No se ve en la clase política ningún deseo de cambiar ese destino hostelero de la población, les guste o no. Creer que no hay otro es una forma de renuncia que perfila un futuro cada vez más "soleado". El cambio climático nos seguirá jugando malas pasadas, pero seguimos dando por seguro que el sol no nos fallará.


Dentro de unos días, las cifras récord serán las de los despidos de los contratos. De récord a récord. Ya nos parece normal y seguimos en la senda. La hostelería existe, el problema es si distorsiona todo el marcado laboral y la oferta se reduce. Hay que crear alternativas que vayan hacia empleos estables, que es lo que la gente quiere con su trabajo, estabilidad. La angustia que produce la temporalidad es la causa de mucho estrés, del crecimiento del suicidio, de la violencia social, del aumento de la delincuencia, como nos dan los datos que cada día se nos ofrecen.

Si no está usted bastante deprimido al ver la cantidad de sinvergüenzas, corruptos, desalmados que salen a la luz últimamente, por ver lo fácil que es enriquecerse para algunos si tiene los contactos adecuados y dar pelotazos de millones de euros con solo una llamada telefónica, el ver el sufrimiento, la angustia acumulada por millones de personas por esta temporalidad impuesta por el modelo le debería resultar irritante. Aceptarlo como destino de un país, como modelo de desarrollo, etc. se sigue haciendo muy difícil, pese a las sonrisas políticas.


 

* Jorge Millán "Una hostelería de récord: aporta casi la mitad de los casi 200.000 nuevos puestos de trabajo creados en marzo" 20minutos 03/04/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5232629/0/hosteleria-se-anota-mejor-marzo-historia-empleo-aporta-casi-mitad-los-nuevos-puestos-trabajo-mes/

domingo, 23 de octubre de 2022

La forma adecuada

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ocurrió hace seis años y se ha seguido desde entonces la lucha para el reconocimiento de que se actuó mal o, más precisos, que no se actuó. Es uno de esos casos a los que lleva las reducciones de personal y el exceso de trabajo, en este caso con la Guardia Civil por medio. Es un caso más de este tipo de consecuencias de hacer un estado barato, de mínimos, en los que las personas se deben enfrentar a las acumulaciones.

En elDiario.es nos cuentan el caso de la muerte de Lucía Patrascu, con el titular "Fútbol la víspera y cambios de turno: por qué la Guardia Civil ignoró durante horas a Lucía Patrascu antes de ser asesinada":

Los agentes cambiaban de turno. El guardia civil al que le tocaba entrar llegaba tarde a su puesto de trabajo. Y fuentes cercanas a los hechos aseguran que el día anterior había fútbol y, por tanto, más carga y agotamiento de trabajo. Pero ahí, en el puesto principal de la Guardia Civil de Pollença, se encontraba Lucía Patrascu. Acudió pidiendo auxilio: su marido la estaba persiguiendo. Ella tenía miedo de que le pasara algo. Lo fue a denunciar. Nadie, ninguno de los cinco guardias civiles implicados, le quiso tomar declaración. Toda la atención se quedó en una sala de espera, sin pasar a dependencia. Horas después, su marido, Ioan Ciotau, la asesinó. Según la fiscal Carmen Fernández, él no soportaba que su mujer le fuera a dejar.  *

 

Se nos explica que el día antes había habido fútbol en la localidad, que los que había esperaban los relevos y que otros llegaron tarde. Todo ello "explica" que nadie la atendiera, que los agentes pasaran uno detrás de otro con la esperanza de que el siguiente se ocupara del problema y la tomara declaración. Pero eso no ocurrió. Tras cinco horas en las dependencias de la Guardia Civil, Lucía Patrascu regresó a su a encontrarse con su asesino. 

Y se señala más adelante respecto a la aceptación de la responsabilidad y al pago de indemnizaciones a los hijos de la víctima y del asesino: 

En éste [el preceptivo informe del Consejo de Estado] se deja bien claro que “la víctima no fue atendida en la forma debida ni se le permitió dar cuenta de su relato en los términos y en el lugar adecuado”. Y sigue: “Después de hacerla esperar casi cinco horas y tener contacto con cinco agentes, lo cierto es que Lucía Patrascu abandonó las dependencias policiales sin haber sido atendida en debida forma y sin formular denuncia, y sin que, por consiguiente, se adoptasen las medidas adecuadas para su debido auxilio y protección”. Desde Interior son conscientes de la contundencia del informe y, aunque no siempre es obligatorio seguir lo que dictamina, en este caso no había más opción. * 

La historia no es reversible más que como relato; podemos unir las piezas, pero no podemos regresar al punto de partida y comenzar de nuevo con lo que ya sabemos, que Lucía fue asesinada. Tampoco lo sabían los cinco agentes que la vieron pero no llegaron a escucharla. Seguro que los cinco se arrepintieron de ello, pero eso ya sirve de muy poco y deberán vivir con esa muerte en su memoria.

Las condiciones de trabajo generales se están pareciendo mucho a las de esos cinco guardias civiles. Las reducciones de plantillas, la demolición de los horarios con la extensión de trabajo muchas veces sin compensación alguna, etc. tienen una incidencia en la eficacia del sistema.

Lo que se escucha muy a menudo es ese sentimiento de estrés que el trabajo produce. No se trata de la fatiga o el cansancio habituales tras una jornada. Se trata de otra cosa, de una sensación negativa que producida por el estrés, la sensación de "estar quemados", algo más profundo y dañino, algo que no se recupera con unas horas de descanso.

Esa sensación, que escuchas cada vez más por boca de personas muy diferentes, produce un sentimiento de rechazo interno al trabajo, a lo que haces cada día, porque sientes que genera sentimientos muy negativos que se acaban pagando dentro del trabajo (donde la convivencia se vuelve difícil) o fuera, en los entornos familiares o de amigos, que acaban pagando las iras que se han reprimido en el entorno laboral.

Hace falta enfocar el trabajo de otra manera. Mejorar sus condiciones y hacer ver que esa política de mínimos, de aguantarlo todo, tiene sus efectos muy perjudiciales sobre el conjunto.

Va a supermercados y ves la mitad de las cajas vacías mientras se forman largas colas. Es una forma de abaratar, pero que tiene efectos sobre las personas y los servicios que prestan. Ves otras situaciones similares con efectos parecidos; lo escuchas de mucha gente en trabajos diferentes.

Lo ocurrido con los guardias civiles y la muerte de Lucía Patrascu es un ejemplo trágico de los efectos de deterioro en las condiciones de trabajo que impiden que las personas sean atendidas de "la forma adecuada", una expresión que pudiera parecer confusa pero que refleja algo que no se debería perder. La forma adecuada es el resultado de las políticas laborales adecuadas.

Es fácil responsabilizar a los guardias civiles que la ignoraron en su denuncia. Son, sin duda, responsables. Pero hay que ver más lejos, ser conscientes que se están creando graves problemas por unas condiciones laborales que hacen que no se trabaje de la mejor forma. Tampoco podemos hablar de "mala suerte" porque llegó en un cambio de turno y no se informaron adecuadamente o interpretaron mal la situación. Sencillamente, todo falló; nadie hizo bien lo que tenía que hacer. Todos lo interpretaron mal. Nadie actuó de la forma adecuada. 

* Martí Gelabert "Fútbol la víspera y cambios de turno: por qué la Guardia Civil ignoró durante horas a Lucía Patrascu antes de ser asesinada" elDiario.es 21/10/2022 https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/futbol-vispera-cambios-turno-guardia-civil-ignoro-durante-horas-lucia-patrascu-asesinada_1_9639819.html