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martes, 14 de julio de 2015

Tsipras era el plan B

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tiene razón José Ignacio Torreblanca en la conclusión de su artículo en El País: "Tsipras ha fracasado, pero su fracaso es tan rotundo y deja detrás tanta frustración que abre una nueva etapa de incertidumbre."* Es difícil ver un ascenso tan meteórico y una distancia tan grande entre la cabeza y los pies. Quizá Alexis Tsipras se esté preguntando ahora si los baños de multitudes que se dio no hace mucho serían posibles ahora, si la euforia (bonita palabra griega) tras el referéndum estaba justificada o si solo sirvió para que el batacazo griego haya sido amortiguado por los ecos de las celebraciones. Es el precio de vender el éxito.
Los comentaristas oscilan entre el determinismo histórico, el económico y el trágico. La tragedia radica precisamente en la falsa creencia en la libertad de elegir que hace a los humanos sentirse gallitos ante el poder de los dioses. Pero todo esto queda para aquellos que quieren convertir la pesadilla griega en una retórica facilona llena de grandes palabras y metáforas. Pero el caso griego no da para tanto y hay que moverse en parámetros mucho más profanos, como que las leyes económicas no admiten burla y los acreedores, si necesitas un tercer rescate y tienes los bancos cerrados y la gente haciendo cola en los cajeros, puedes sacar pecho, pero tienes que estirar la mano. Finalmente Tsipras, Grecia en sí, es víctima de su falta de fiabilidad. Todas las maniobras acumuladas por Tsipras y gobiernos anteriores, se vuelven contra ti cuando ya no quedan palabras con las que encubrir la triste y ruinosa realidad.


Los hay que se empeñan en ver conspiraciones contra Grecia y demás. No creo que nadie tenga interés en que se hunda quien tiene que devolverte el dinero. Creo que Europa ha sido más sincera con Tsipras que Tsipras con Europa. La exigencia a que se le somete es también una muestra de sinceridad. Esta vez va en serio. Es lamentable que ocurra pero en la política se puede jugar con casi todo menos con las cuentas. Y a Grecia no le salen las cuentas desde hace mucho, mucho tiempo. Tsipras no es el responsable de lo que ha ocurrido, que viene de lejos, quizá de haber creado falsas esperanzas y haber causado algún conflicto innecesario. Tsipras era el recurso cuando habían fallado los otros recursos; era el plan B.


Los antieuropeístas, como ya apuntábamos, afilan sus lápices y garras. En el fondo les da igual Grecia, como les da igual cualquier otra parte de Europa. Su argumento es que los demás son un elemento de deterioro de lo propio. El canto al "no griego" que salió en el referéndum, entonado por Marine Le Pen, no es por la libertad de nadie, sino por el deterioro de la imagen de Europa o, para ser más precisos, por la posibilidad de contar de muchas maneras desfavorables lo ocurrido en Grecia. La Historia, la Economía, etc. se vuelven disciplinas imaginativas al servicio de los intereses.
Señala Torreblanca en El País:

Al final Tsipras se ha quedado sólo, y con él, tristemente, Grecia y los griegos. Porque a pesar de los encomios desde el frente soberanista y la elevación de Tsipras a la categoría de héroe de la Reforma protestante anti-europea, lo que Marine Le Pen en Francia, Putin en Rusia, Farage en el Reino Unido o Víctor Orban en Hungría necesitan es un mártir, no un éxito, y un pueblo humillado al que señalar con el dedo ante sus huestes. De ahí que no vayan a mover un dedo por los griegos. Lamentablemente, como muestran los niveles de desconfianza y dureza introducidos en el acuerdo alcanzado entre Grecia y sus socios, nunca vistos en la eurozona, algunos miembros de la eurozona parecen estar bien dispuestos a colaborar con ese empeño en dar armas a los populismos soberanistas de izquierdas y de derechas.*


No sé si ese es el objetivo, pero bien puede ser el resultado. Veremos qué armas han quedado en manos del populismo ultranacionalista de los "intelectuales" de Amanecer Dorado. Pueden coger nueva fuerza ante la convocatoria de unas elecciones anticipadas, que serán vistas por Europa como otra maniobra a la griega. Si el próximo gobierno que sale de las urnas trae un parlamento que se desdice de lo que pueda decir el actual en su aceptación de las condiciones, lo que pueda ocurrir con Grecia quedará en manos de su propio destino, que desde luego no es benévolo ni lleva al paraíso.
Los que ya quemaban banderas del partido de Tsipras, lo hacen en nombre de sus palabras y promesas. Entendieron mal lo que significaba votar en aquel referéndum que el héroe caído les propuso antes de lanzarse a la batalla. Pero no era una batalla, era una negociación en la que no cabe la heroicidad porque Grecia ya había perdido todas sus batallas contra sí misma, contra su incapacidad de canalizar positivamente lo invertido en sacarla de un destino escrito de su puño y letra.
Lo que le queda ahora a Grecia es considerar si ha llegado al final o si debe elegir a otro héroe que le diga lo que quiere escuchar y no lo que debe hacer.




* "El fracaso de Tsipras" El País 13/07/2015 http://elpais.com/elpais/2015/07/13/opinion/1436798884_077926.html


sábado, 11 de julio de 2015

Grecia, de pregunta en pregunta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Llevo tiempo preguntándome sobre Grecia. Preguntas tontas, sí, como "¿qué celebran tan animadamente los griegos cuando van al desastre?", "¿por qué se ponen tan contentos cuando sale el no?", "¿por qué Tsipras presenta como una victoria lo mismo que antes era una derrota?", ¿por qué nos llamó "terroristas" Varufakis?", "¿por qué Grecia se considera la madre sin hijos de la democracia, pero luego desean seguir en Europa?", ¿por qué después de haber ganado el 'no' todo es 'sí'?", "¿por qué los diputados del gobierno votan 'no' y la oposición 'sí' a los acuerdos?"... y un sinfín de preguntas que requieren ponerse a pensar en Grecia casi en exclusiva.

Probablemente Grecia sea una muestra de la discordancia existente entre lo que se dice y lo que se puede hacer. No digo y lo que se hace porque eso implica tener capacidad, algo que es lo único que Grecia no tiene. Cualquier gobierno griego hubiera tenido que aceptar lo que se está aceptando porque sencillamente no tienen otra cosa qué hacer. Nadie les ha "robado" nada, más bien al contrario, como se han hartado de decirle los socios europeos: "¿qué ganamos nosotros con vuestro desastre?" Llevamos viviendo con el "problema" de la crisis griega desde hace ya cinco años y Grecia empeora pese a las ayudas que se le han concedido del bolsillo de los denostados europeos. Algunos se han tenido que endeudar para prestarles un dinero que no tenían, como han tenido que recordarles.

Poner las penurias del pueblo por delante es una de las mayores bellaquerías que puede hacer una clase política que ha recibido ayudas periódicamente y que no ha sabido recuperar su economía porque no ha querido tocar a los privilegiados, que son los más beneficiados por las crisis, por definición. "Termine con los privilegios en su país, con los privilegios de los armadores, termine con los privilegios de los militares, termine con los privilegios de la iglesia ortodoxa" (Guy Verhofstad), le han dicho a Tsipras en el Parlamento Europeo, tal como lo muestran las imágenes de Euronews en su resumen semanal sobre la crisis griega. Pero acabar con los privilegios en sectores favorecidos, como son los tres señalados con diferentes niveles de poder (económico, militar y religioso), no es fácil en un país que se ha caracterizado precisamente porque nadie se ha atrevido a tocarles. Una cosa son los problemas de la economía y otra los problemas del Estado para recaudar allí donde antes no se recaudaba nada y se podían hacer grandes negocios.


Comentábamos el otro día el problema que se planteaba con el gasto militar, muy superior, por ejemplo, al español, teniendo en cuenta las diferencias entre ambos países. La preocupación de Estados Unidos es porque Grecia, un miembro de la OTAN en una zona especialmente importante se pueda decantar —un nuevo chantaje— hacia las ayudas de Moscú o de China. El solo hecho de que se juegue con estas cosas no dicen nada bueno del talante de Tsipras y su forma de entender Europa o la política. El ministro alemán de Economía se lo ha tomado medio en broma y ha ofrecido intercambiar Puerto Rico por Grecia; que Estados Unidos pase Grecia al dólar y nosotros nos quedamos con isla, ahora en bancarrota, en la zona euro.
Creo que hay que diferenciar los problemas del estilo al tratarlos. Creo que los miembros de las instituciones europeas han aguantado casi de todo, que se les insulte, considere terroristas, golpistas y todo lo que la demagogia de Tsipras y del fugaz Varufakis ha puesto en sus bocas. Un cambio de ministro en medio de una negociación de este calibre es poco serio, aunque el ministro vaya en moto y sin corbata. Parece uno de esos cambios que hacen los entrenadores para perder tiempo cuando el resultado es incierto.


Hasta las filtraciones de las escuchas le han venido bien a Tsipras al revelar la preocupación real por la salida de Grecia, algo que nadie ha desmentido porque era evidente desde el principio. Los europeos no han deseado nunca la salida de Grecia, tan solo que Grecia no abusara de ello. Y creo que lo ha hecho en algunos momentos.
No creo que Tsipras ni Varufakis sean héroes de nada, porque la situación de Grecia solo puede tener héroes y villanos en clave interior, entre aquellos que gozan de privilegios a los sacrificios que otras han de hacer para mantenérselos. El héroe será el que meta en vereda a los defraudadores y privilegiados. Lo que Europa ha dicho es que no se puede seguir dando el dinero de todos porque Grecia no se atreve a acabar con sus poderosos privilegiados. Lo demás son cortinas de humo, maniobras de distracción que Europa no ha aceptado después de años de aceptarlas.

Los griegos han tratado de encontrar entre su clase política a aquellos que pudieran hacer creíbles su sacrificios a los ojos de los que les prestan el dinero para su supervivencia. Pero han sido cinco años en los que la inútil clase dirigente ha sido desplazada por corrientes como Syriza o el ascenso de los neonazis de Amanecer Dorado, con la cúpula en la cárcel, acusados de crímenes y organizando persecuciones de inmigrantes a los que también consideraban responsables de su ruina.
Hace falta una cierta pasta para pedir un tercer rescate después del número del referéndum y para presentar medidas después de haberle propuesto a los griegos el "no" (¿a qué realmente?). Varufakis no es tonto y ha salido antes de que el globo del referéndum se desinfle. Tsipras se enfrenta a la rebelión en sus filas, aunque cuente con el apoyo de la oposición, algo que no deja de ser triste después de la división a la que se ha sometido al país, azotado por la angustia. El corralito se mantiene, que es una buena forma de que la gente acepte lo que el gobierno le proponga finalmente.
Los griegos han empezado a salir a la calle con banderas europeas y eso es bueno. Para ellos y para Europa. Vuelve otra vez el debate sobre si los mecanismos económicos pueden ser suficientes para mantener cierta armonía en el conjunto de los países o si la libertad de cada uno no se acaba volviendo contra todos, que es el quid de la cuestión europea. Otros en cambio, apostaban por la salida de Europa o por una reconquista saliendo de Atenas y llegando a Londres y vuelta. Es lógico que estos últimos se sientan defraudados con Tsipras. Le habían creído.


Europa es sobre todo una idea para todos. Pero siguen existiendo como realidades los países y sus gobiernos que hacen poco o mucho. Cuando los países van bien, Europa va bien. Pero si los países van mal, Europa no puede ir bien. Si hay acuerdos en las ayudas y se confía en los países, se pueden superar los problemas, pero si no hay buena voluntad es difícil que no se produzcan casos a la griega.
Si se soluciona medianamente, la crisis griega puede haber fortalecido a Europa en más de un aspecto. Pero hay que aprender sobre todo a no jugar frívolamente con la idea de Europa porque hay algunos países que pueden estar tentados a jugar estas bazas en el futuro. Y no necesariamente por cuestiones económicas. Europa es un proyecto histórico por encima de circunstancias coyunturales o de los conflictos internos. Sin embargo, cuanto más se cargue contra Europa, más tentados estarán algunos de meterla en su agenda de agravios en cada elección para dirigir contra ella las miradas y ocultar lo errores propios.


El caso griego nos permite comprender que Europa no es un caso cerrado, sino que necesita de apoyo, defensa, imaginación y eficacia para poder desarrollarse de forma satisfactoria para todos, un ideal que no es fácil de cumplir. Lo que hay que saber es si finalmente la idea de Europa puede sobreponerse a los nacionalismos, a los separatismos y a las insolidaridades que solo ven en ella un mercado.

Las complicadas preguntas sobre Grecia se contestan también respondiendo a las sencillas preguntas sobre la Europa que queremos. Necesitamos un tiempo de calma después de las crisis para recobrar ánimo e ilusión o al menos tranquilidad.


domingo, 5 de julio de 2015

El voto griego y la erosión de la idea de Europa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es difícil construir una Europa conjunta y resistente si se utiliza como chivo expiatorio de los males locales. No me refiero exclusivamente al caso griego que lleva hoy a sus ciudadanos a decidir si siguen o no vinculados con una Europa contra la que se dirigen los ataques de sus líderes actuales desde antes de haber llegado al gobierno. La llegada de Tsipras al poder fue con la promesa de "domar" a Europa como, por otro lado, lo había hecho François Hollande relevando al europeísta Sarkozy, pareja junto de Merkel en la cabeza de la Unión. Hoy Hollande trata de recuperar alguna décimas de popularidad intentando jugar al balance entre una Europa que cree que los dirigentes griegos les toman el pelo y que Tsipras se lo tome a él directamente.
Cuando los líderes hacen las campañas contra Europa, después se encuentran en la desagradable tesitura de tener que recoger velas en la mayoría de los casos. Es más fácil hacer demagogia en casa que política en Bruselas. La idea de que solo los países son democráticos mientras que el conjunto menos uno mismo es un fascismo imperialista tiene que acabarse, pero ¡es tan rentable!


La reducción maniquea, con repartos de maldad y bondad, no lleva a ninguna parte. O peor: lleva al fraccionamiento de una Europa que a muchos no interesa que exista, dentro y fuera de la Unión.
Independiente del fraccionamiento que ha producido ya en la sociedad griega —que tendrá consecuencias durante mucho tiempo—, se está erosionando una Europa que muchos quieren ver reducida a una especie de casero malhumorado que se desentiende del estado de los pisos y solo quiere cobrar lo que le deben. Pero esta historia no es nueva y llega después de muchos incumplimientos y desafíos.
Las recomendaciones educadas a Alexis Tsipras de que no mintiera sobre lo debatido a su regreso de Bruselas era algo más que una recomendación; era llamarle miembro desleal. Refleja el rechazo al estilo de Tsipras y sus ministros que han ido con unas actitudes y gestos alentados por sus propias promesas de doblegar Europa. Que lo primero que hiciera Tsipras al llegar al gobierno fuese ir a ver a Putin —aquí lo comentamos— era un gesto de mala voluntad hacia Europa y sobre todo un insulto a la Ucrania invadida y desmembrada por el cinismo ruso. Después ha continuado en la misma línea. Entre gestos de desprecio y de osadía desafiante.


Tsipras no ha intentado resolver nada. Ha seguido jugando con Europa hasta que se ha roto la cuerda de los vencimientos. Solo hay una cuestión: a nadie le interesa la bancarrota de Grecia. Al menos en Europa. Sí hay muchos intereses, en cambio, en colapsar Europa. No hay que descubrir complots. Lo han dicho ellos mismos: euroescépticos, ultranacionalistas y demás fauna que ha proliferado en los últimos años. Para ellos, el caso de Grecia es una herramienta futura en sus luchas locales por romper la Unión.

La salida de Grecia del euro, si se produce finalmente, tendrá consecuencias previstas y otras quizá más extrañas. En estos días se ha enfocado el problema desde otra dimensión, la de la OTAN. Ha salido el dato de que Grecia tiene un presupuesto militar del 2%, casi el doble de lo que tiene España. La intervención del secretario de la Alianza Atlántica y la preocupación mostrada por el presidente Obama respecto a la situación en Grecia no es casual. Tampoco que se vuelva a resaltar la buena sintonía de Tsipras con Putin. Quizá haya que recordar las ofertas de Putin de aliviar la deuda de Grecia que se recibieron al principio de su mandato. Una Grecia fuera del Euro y de la Unión, con lazos demasiado unidos con Rusia —la excusa es que son ortodoxos, decía hace poco un medio— solo interesa a la propia Rusia, que debilitaría una zona de control del Mediterráneo y Oriente Medio, además de sembrar la discordia.


La cuestión está en que la percepción de "lo europeo" se va debilitando gracias a la erosión de la crisis económica general, los errores de cálculo y los ataques de los eurofobos y la dejadez de los "eurotibios". Lo que ocurra hoy con el referéndum en Grecia es importante para la historia de Europa y para su futuro. No tanto por el hecho en sí, sino por las consecuencias en la percepción de la Unión por parte de los miembros.
Las afirmaciones que se escuchan en boca de muchos políticos que juegan a la eurofobia son preocupantes. Las hay que afirman que se trata de un "golpe de estado", que se trata de "acabar con la democracia" en Grecia, que se trata "humillar" a los griegos, etc. Todo esto es de una irresponsabilidad absoluta y no hace más que ahondar en esta forma de política que todos acaban practicando, la emocional, que no nos llevará nunca por buen camino.


Tsipras se hizo con el poder a fuerza de esa emocionalidad y de acusar a los gobiernos anteriores de estar vendidos a Europa. Los convirtió en títeres de una Alemania a la que se representaba como si Hitler estuviera en el poder, reduciendo el mundo a una caricatura maniquea en donde él y su equipo eran una nueva versión triunfadora de "300". Con ganar sus elecciones ya estaba todo solucionado. Se ha visto que no es así. La demagogia hace ganar elecciones, pero no resolver problemas. Tsipras no ha resuelto ninguno. De hecho, ha creado algunos más. Y ha querido trasladarlos a Europa para satisfacción de muchos. Entre otros de su socio de gobierno ultranacionalista.
Es evidente que Europa en su conjunto se ha equivocado de muchas maneras. Pero también es evidente que los males de Grecia no vienen de Europa sino de su propia incapacidad de resolver los suyos. Creo que los deseos de los europeos en su conjunto están con que el pueblo griego —como cualquier otro— sufra lo menos posible una situación difícil como la que llevan tiempo pasando. Pero la solidaridad tiene muchos caminos y algunos límites.
Si en Grecia sale gana el "no", las posibilidades son varias que no dependerán solo del pueblo griego, sino de lo que diga el resto de Europa. Si sale el "sí", a Tsipras solo le queda dimitir y convocar nuevas elecciones. Hasta ahora solo el ministro de Economía ha mencionado la posibilidad. El referéndum no resuelve nada, solo supone elegir el tipo de problemas que Grecia intentará resolver.






miércoles, 1 de julio de 2015

El filósofo del barril

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Interesante espectáculo el de la nueva confusión de las lenguas en versión europea al que asistimos desde dentro de la Babel comunitaria. Castigados por nuestra soberbia, los europeos hemos sido condenados a no entendernos entre nosotros, aunque pongamos caras de interesantes.
Grecia, la madre intelectual de una Europa a la que dio nombre, se encuentra aquejada de la misma confusión entre sus ciudadanos y sus dirigentes, que —la verdad sea dicha— dirigen unos más que otros.
El espectáculo de los pobres griegos esperando a que desalojen la plaza Sintagma los del No para manifestarse los del Sí, me parece una metáfora de lo que está pasando Europa, un "sí, pero no" y un "no, pero sí", un "ni contigo ni sin ti", según los casos.
Nadie sabe ya si lo de Grecia, después de tanto tiempo, tiene algo que ver con la "soberanía nacional" que orgullosamente rechaza pagar las deudas pero pone la mano para recibir los préstamos. Puede que haya que redefinir el concepto de "soberanía", pero habrá que hacerlo también con otros.


Para intentar sembrar la claridad (después hay que regarla cada día), el diario El País ha decidido llamar a las cosas por su nombre, pero en griego, cosa que aclara bastante las cosas a los griegos que lean El País y dejara sorprendidos a los demás. Esto ocurre porque Alexis Tsipras se ha pasado de frenada en sus continuas idas y venidas de Bruselas y ha tirado por la calle de en medio. Los del Eurogrupo se han plantado y ha decidido tomarle la palabra hartos de que su retórica sea una en Bruselas y otra en Atenas. Ya se lo estaban advirtiendo: ¡no cuentes milongas cuando regreses! Pero él, ni caso. Hasta que se ha roto la cuerda de tanto tirar.
El País lo plantea así en su editorial:

Al mismo tiempo, el Gobierno de izquierda radical y derecha ultranacionalista intenta engañar sobre la naturaleza del referéndum que ha convocado. Lo presenta como un mero recurso democrático —que lo es: aunque no siempre sea la herramienta más perfecta de las democracias, también lo usan las dictaduras—, de carácter inocuo, para que el pueblo griego “decida si acepta o no” las propuestas de los socios europeos. Así lo conceptúa Tsipras en una carta a los primeros ministros de la eurozona, pidiendo de nuevo una prórroga de un mes al rescate que acaba esta noche.
Pero esa apariencia de equidistancia oculta que el propio Tsipras convoca a votar contra las propuestas europeas porque suponen, dice, “humillar” a los griegos. Y ahora tiene la increíble audacia de insistir a los socios/acreedores en que le den una moratoria para votar luego contra ellos.
Por eso, ante la torticera retorsión de un mecanismo democrático, el planteamiento del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, a primera vista simplificador, acierta de lleno. “Un voto no significa que Grecia dice no a Europa”, resumió. Por eso pidió el sí —, en griego demótico— a los ciudadanos de la República Helénica.*


Y así ha titulado precisamente El País su editorial, "Né", es decir, "sí" para animar a los griegos a llevar la contraria a Tsipras. Si la jugada le sale mal a Tsipras, puede encontrarse con su dignidad en la calle o en su casa, a elegir. No sabemos, en realidad, de qué están hartos. Probablemente de estar hartos, como decía el poema canción de Serrat: "Harto ya de estar harto, ya me cansé / de preguntar al mundo porqué y porqué." Los griegos llevan tiendo pidiendo explicaciones de ese porqué no salen de agujero en el que su clase política les ha metido. Uno elige entre lo que le ofrecen o deja de elegir, hace la maleta y se va harto de estar harto.
Es mucho tiempo ya con Grecia de fondo, como límite y amenaza. Es mucho para los propios griegos. El País pone el dedo en la llaga: la cuestión ya no es económica; es política. Si Tsipras hace y dice en cada lugar una cosa distinta, aprovechen para decidir qué es lo que quieren.


La táctica de los gobiernos y oposiciones jugando la baza europea se tiene que acabar. Se está o no se está; pero la doble retórica, no. No es una cuestión de dignidad, sino de lealtad. Llevan tiempo diciéndole a Tsipras que unifique el lenguaje y las versiones, que hable de la misma manera en Grecia que en Bruselas, que no pacte una cosa y después regrese victorioso contando otra.
Puede que Tsipras hay cavado su tumba política además de la económica. Ocurra lo que ocurra, el referéndum es la manifestación de su incompetencia más allá del micrófono prometiendo soluciones que no están en su mano. La idea de excluir al FMI de las negociaciones futuras no deja de ser un sarcasmo maniqueo.
Europa puede salir o quedarse de forma igualmente digna y soberana. Lo que no pueden hacer sus dirigentes es pensar que, hagan lo que hagan, pueden recibir sin compromiso y rasgarse después las vestiduras. Lo malo es que la demagogia política es una fachada; el realismo hace comprender los problemas y la retórica los disfraza para mantener el tipo ante un electorado al que se le vende que con el simple deseo se cambian las cosas. Esto es infantilismo político.


La desgracia es que esa Ley del Deseo no funciona más allá de los sueños y los griegos llevan ya mucho tiempo con insomnio. Tsipras cree que con llevar a los griegos a las urnas va a conseguir un respaldo que le fortalecerá en las negociaciones. Se olvida que los que se sientan enfrente también tienen sus responsabilidades ante sus electores. A Tsipras solo le falta proponer un referéndum en los países acreedores para ver si deben cobrar o no.
Se pregunta Joaquín Estefanía en otro lugar de El País "si el euro es compatible con el modelo social europeo"*, pero creo que la pregunta es "si  el modelo social europeo es posible sin dinero y pagado por terceros". La política es el arte equilibrado de tener sueños y poder financiarlos. Pero si tienes sueños y te los tienen que financiar otros... Entonces, la política es otra cosa.


Dicen que el austero filósofo griego Diógenes señaló "Todo pertenece a los dioses; los sabios somos amigos de los dioses; los bienes de los dioses amigos son comunes. Por eso los sabios lo poseen todo". Quizá por eso a Grecia le iba bien con el politeísmo. Pero hay una gran diferencia entre ser sabio y ser listo. Cuando los políticos no pueden ser sabios, intentan ser listos, pero los resultados no son los mismos. Grecia —todos— necesita políticos sabios y no listos. Ser listo es correr mucho para que no te pillen; ser sabio es no tener que correr.
Alejandro Magno dijo aquello que "de no ser Alejandro, me gustaría ser Diógenes". No creo que nadie quiera ser Tsipras en ninguna de sus versiones. Tsipras no solo quiere que Alejandro se aparte y no le quite el sol, sino que le financien el remodelado del barril.


* "“Né”" El País 30/06/2015 http://elpais.com/elpais/2015/06/29/opinion/1435604059_468320.html

** "La camisa de fuerza dorada" El País 1/07/2015 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/30/actualidad/1435685812_590007.html



jueves, 9 de abril de 2015

Tsipras juega con fuego

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tsipras está jugando con fuego. Lo advertimos hace tiempo: Rusia iba a aprovechar los resquicios por los que debilitar a Europa como ha ido buscando los puntos útiles para debilitar a los Estados Unidos en Oriente Medio y Latinoamérica. A diferencia de lo que ocurre con Obama, Vladimir Putin no tiene interés en que le amen, incluso le viene bien que le utilicen, porque él busca otro tipo de rendimiento. Mientras Obama busca dejar algún tipo de legado por el que se le recuerde sin maldiciones —del "Obamacare" y Siria,  a Cuba y ahora Irán—, Putin no tiene ese problema.


Alexis Tsipras es una de las muchas cuñas que Putin ha impulsado por los distintos países de la Unión. Son variadas, pero eficaces. Van desde los euroescépticos británicos a los ultraderechistas franceses, de los chipriotas a los turcos. Cualquier cosa que divida a Europa es buena para Rusia es la regla general, que después tiene su desarrollo práctico dentro de las fronteras de cada país. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos. A diferencia de Venezuela o Irán, Rusia busca la foto. Pero no es la foto de la vanidad, sino el arma gráfica. Putin es descarado y estas cosas le divierten realmente. Piensa que quien realmente sabe de política es él; los demás son aficionados que no entienden los resortes del poder.


En su editorial de ayer, titulado "Tsipras y Alemania", el diario El País concluye su reflexión negativa sobre lo que el jefe del gobierno griego está haciendo al plantear las reparaciones económicas por la II Guerra Mundial:

La neutralidad histórica de la exigencia queda cuestionada también por el hecho de circunscribirla a Alemania, cuando las tropas ocupantes procedían también de Italia y Bulgaria, países a los que nada reclaman.
Su densidad jurídica se espiga en que desde 1945 hasta ahora no ha mediado reclamación formal, tampoco con ocasión del acceso de Grecia a las Comunidades Europeas en 1982. Si entonces no se interpuso, ¿por qué ahora? Berlín alega que el asunto quedó zanjado tras la reunificación alemana, mediante la adhesión de Grecia al tratado firmado por las dos Alemanias con las potencias ocupantes.
Es evidente que estamos ante una cuestión política. El Ejecutivo de Alexis Tsipras ha elegido la confrontación, y específicamente con Alemania, como táctica presuntamente negociadora. Es una estrategia a la que cabe augurar escaso recorrido. Grecia desconoce que la Alemania actual no guarda similitud alguna con la de los años cuarenta del siglo pasado. Ignora que los fundamentos de la UE radican en la reconciliación, precisamente contra la resurrección de antiguos enfrentamientos. Y escupe a la mano que le da de comer.*


Esa imaginaria deuda ha ido creciendo en función de las exigencias de la Unión. Cuanto más debe Grecia, más le deben a ellos en un absurdo juego, infantil, pero peligroso, que lo único que demuestra es la impotencia del país para resolver su propia crisis y, algo peor, que el "relevo" a la "casta griega" no tiene ningún recurso para resolverlo más allá de la demagogia. Lo que Tsipras busca es camuflar su incapacidad generando un odio a Alemania y, tras ella, a la Unión. No es el único que lo hace. Es una forma de hacer política en Europa contra Europa.

Nada podría agradar más a Vladimir Putin y nada le saldría más barato. Conseguir la ruptura de la estrategia de la Unión Europea para debilitarla sería un gran logro. Pero es sobre todo una gran traición a Europa y en especial a los que han padecido la agresividad imperialista y colonial de Rusia: Ucrania. Los amigos de Putin, sus admiradores y beneficiarios, siempre acaban pidiendo que se rebajen las sanciones contra Rusia. Es justificar la invasión de Ucrania y el derecho de Rusia a imponer a los países próximos sus relaciones. Incluso los socios rusos, como Bielorrusia, se han negado a apoyar la invasión de Ucrania. Tsipras ha llamado "fascistas" a los ucranianos que querían acercarse a Europa. Tsipras apoyó la farsa de referéndum en Crimea y en las zonas del este de Ucrania invadidas por Rusia con sus soldados camuflados. Tsipras ha ido a Moscú a visitar a un viejo amigo.



El Tsipras que se las da de progresista estrecha la mano del anexionista Putin para intentar conseguir sus objetivos miserables: desplazar la atención de las promesas que no tiene forma de cumplir en su propio país.
Lo que Grecia está haciendo es salirse ella misma de Europa. Ella sola, sin que nadie se lo ordene. Hoy escuchábamos a Tsipras reclamar una política exterior soberana no supeditada a la de la Unión. Pero lo que hace no es "política soberana" sino política contra Europa, una política retrógrada y en apoyo de un país que en estos momentos pisotea los derechos humanos, reprime a la oposición, desde las cárceles a los oscuros crímenes que hacen desaparecer a los que no están de acuerdo con la política del Kremlin.


Tsipras es un demagogo. Pero además es un irresponsable político. Como bien señala el editorial de El País, "escupe la mano que le da de comer", dos metáforas que son realidades. Puede que quien le esté asesorando le haya asegurado que esta jugada maestra contra la Unión Europea solo pondrá nerviosos a sus socios, que se echarán para atrás al ver sus bravuconadas. Pero lo que está haciendo es mucho más: está poniendo a las opiniones públicas de algunos países en contra de sus gobiernos, presionando para que se deje caer a Grecia en su propio fango y se pueda ver si va de farol en su órdago a Europa.


Tsipras es el más débil y el que quiere jugar más fuerte. Putin gana en los dos casos: si Grecia rompe la unidad europea y si Grecia es expulsada de la zona euro. Y el aspecto ejemplar, tal como está poniéndose de moda por toda Europa llevará a muchos (como se quiso hacer con la minúscula Islandia) a proponerlo como una vía. Los enemigos de Europa son de distinto pelaje. Y muchos que se creen dioses no son más que títeres cuyos hilos maneja un viejo maestro que se afila los dientes.
Alex Tsipras no solo está boicoteando la política exterior de Europa. Está traicionando a Grecia. Grecia no es más "soberana" con Alexis Tsipras: busca un nuevo amo que le pase la mano por la espalda. Pero Rusia es mejor cobrador que la Unión Europea y pedirá su libra de carne cuando lo crea necesario.




* "http://elpais.com/elpais/2015/04/07/opinion/1428431592_788727.html" El País 8/04/2015 http://elpais.com/elpais/2015/04/07/opinion/1428431592_788727.html






domingo, 1 de marzo de 2015

El muro de la realidad y la fantasía política

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Regresaba del cine, de ver una estupenda película de ciencia-ficción, Ex Machina, y lo que me encontré en los titulares de la prensa no pasaba de mediocre fantasía. La diferencia entre la Ciencia-Ficción y la Fantasía es que la primera se basa en principios tomados de la Ciencia, posibilidades especulativas que desarrollan una teoría y la llevan a su extremo, mientras que la segunda se dirige hacia el fondo de los mitos, que entroncan con los miedos primarios y los deseos nocturnos. Resaltaba El País en su edición digital "Tsipras acusa al Gobierno de Rajoy de querer derribarlo" y El Mundo insistía en los suyos, "El Gobierno griego acusa a España de intentar 'derribarle' para evitar un 'riesgo político interno'": hasta el ABC anunciaba "Tsipras acusa a España de intentar «derribar su gobierno»", añadiendo un comentario " Samarás, sobre las críticas de Tsipras: «Debería darle vergüenza»". ¿No había terminado mi película? En un mundo de pantallas es difícil saberlo y algunos viven su realidad virtual como si fuera realidad a secas, van por el mundo con las gafas 3D puestas sin saber si son el centro de su propio videojuego.


Después de haberse paseado por Europa sin corbata, Alexis Tsipras y su ministro decidieron que ya estaba bien de euroturismo y regresar, como Ulises, a casa. Euronews, tras los acuerdos alcanzados, titulaba el día 21: "Le queda lo peor, convencer a la opinión pública griega que han obtenido algo de Europa". Y tenía razón. Cuando volvió a casa diciendo "Hemos ganado una batalla, pero no la guerra", según otro titular de Euronews, lo que no esperaba es que sus ilusionados ciudadanos y recién recuperada dignidad, le iban a estar esperando ya con los cócteles molotov, acusándolo de traidor. La sana costumbre de dar cien días antes de lanzarse al cuello se ha perdido, como tantas otras buenas costumbres. La respuesta de Tsipras es la introducción, como en las tragedias griegas de un deus ex machina, un agente exterior que le explique los sucesos que no le cuadran. Y le ha tocado a Mariano Rajoy.


Hasta el momento, la política europea de buena vecindad ha hecho que los frenazos y rapapolvos que se han dado mancomunadamente a los socios, siempre estuvieran envuelto en palabras amigables y sonrisas. No se trataba casi nunca de hacer daño, porque al fin y al cabo todos somos Europa. Pero el señor Tsipras tenía el papelón de regresar a casa a contarle a los griegos su videojuego y una cosa son las campañas electorales, en las que se promete de todo, y otra salir a Europa, donde la gente también ha ganado sus elecciones respectivas y no se dejan impresionar por superhéroes sin corbata.
Decía ayer The New York Times, que ve las cosas desde la distancia:

Mr. Tsipras, 40, is maintaining solidarity among his party’s 149 members of Parliament, yet he is facing pockets of rebellion among disillusioned supporters. Yiannis Milios, an economic policy strategist for Syriza, co-wrote a critique of the bailout deal, posted Thursday on his Facebook page, in which he blamed the prime minister for surrendering too much. On Thursday night, a crowd of far-left, anti-establishment protesters held a demonstration against the deal that turned violent, with some cars burned and stores vandalized.
“They are full of ideological obsessions that derive from the fact that they have historically been a left-protest party,” said Mr. Lygeros, describing the different blocs of Syriza supporters. “Now reality has hit them like a truck. They will be forced to grow up, rapidly. The question is whether they can do it in time.”*


Y creo que tiene razón el señor Lygeros en su observación. La realidad se ha encontrado con Tsipras como un camión contra un muro. La pared no se ha movido, pero él, héroe de su videojuego, ha quedado estampado. Es lo que suele ocurrir cuando planteas mal un problema y calculas mal tus fuerzas. La realidad no se mueve y sus gafas 3D han saltado hechas añicos.
Tsipras es responsable —y no es el único— de vender recetas globales cuando su poder es simplemente local. Y además el "local" se encuentra en penosas condiciones. Lo que queda por determinar es de dónde sacas Tsipras esas ideas tan peregrinas, aunque no es difícil de imaginar. La manía de algunos por estos lares de equiparar a España con Grecia tienes estos patinazos de realidad que hacen estrellarse contra el muro. Lo volvemos a repetir: la situación de Grecia no tiene nada que ver con la española, afortunadamente. Y da vergüenza que haya que decirlo porque es síntoma de que se prefiere vivir en un mundo de fantasías, de dragones y mazmorras.


Parte del trabajo político consiste en entender la realidad para poder controlarla. El realismo es una cualidad necesaria en un político. No se deben confundir los ideales con las fantasías. El problema es cuando generas, como Tsipras, una expectativas fantasiosas sobre la realidad y arrastras a todos seductoramente hacia un vívido mundo irreal en el que te interesa que los demás crean. Lo que acabas generando es una alucinación, no una ilusión colectiva. Los griegos han creído que con elegir a Tsipras su mundo fantasioso se iba a hacer realidad. La alucinación ha durado poco y el despertar ha sido violento.
The New York Time introduce una variable interesante sobre lo que se dice a los griegos:

“If we cannot change economic policy through elections, then elections are irrelevant,” said Georgos Katrougalos, the administrative reform minister in the newly elected Greek government. “Elections are irrelevant and it is useless to vote.”*


El señor Katrougalos, recién llegado al gobierno, se equivoca. Las elecciones son irrelevantes cuando, gobierno tras gobierno, Grecia no ha conseguido plantar cara a sus auténticos problemas, que derivan precisamente de la inoperancia política griega. Las elecciones en Grecia han dado como resultado el triunfo de la demagogia populista, xenófoba y nacionalista, que son los partidos que han acaparado sus votos. Los populistas, los xenófobos-racistas y los nacionalistas tienen una cosa en común: le suelen echar la culpa a otros, ya sea porque el pueblo es bueno o porque los extranjeros son malos. Han decidido que la culpa de todo la tiene Europa y no los errores acumulados y en los que los políticos no se atreven a entrar. Mientras sea más rentable para conseguir los votos actuar así, Europa tendrá problemas porque se hará difícil la convivencia.


Pero ahora el señor Tsipras, cuyas jugadas llegado al gobierno han sido coquetear con la Rusia de Putin, exigir el pago de la deuda nazi a Grecia y echar una mano a Pablo Iglesias, se encuentra no entre la espada y la pared, sino, como dicen en The New York Times, estampado contra ella. Y la solución, no deseando enfadar más a Alemania, ni desamigarse con Italia y Francia, es arremeter contra España y Portugal, conspiradoras contra su gobierno.
Por si tuviéramos que aguantar pocas tonterías locales, poca demagogia, el señor Alexis Tsipras se nos cuela en la campaña española acusando a Mariano Rajoy (supongo que habrá sido él personalmente o a lo mejor fue Soraya) de intentar derribar al gobierno griego. La película fantástica de Tsipras es la siguiente, según el diario El Mundo:

En la primera reunión del Comité Central de Syriza tras el triunfo electoral del pasado 25 de enero, Tsipras aseguró que aún antes de empezar las negociaciones las "fuerzas conservadoras en Europa, en cooperación con el Gobierno de Samarás, nos habían tendido una trampa", con el fin de que la izquierda fracasara nada más asumir el gobierno.
Con ello aludió a que el conservador Andonis Samarás había firmado una prórroga de tan solo dos meses del rescate para lograr que un Gobierno de Syriza fracasara.
Según Tsipras, el objetivo era causar una crisis financiera y el colapso inmediato del Gobierno.
Lo que no habían previsto estas fuerzas, añadió, era que Syriza acabaría logrando casi la mayoría absoluta en las elecciones, que se iba a formar un Gobierno en tiempo récord y que iba a obtener semejante respaldo ciudadano en las negociaciones.
El líder de Syriza sostuvo que el temor manifestado por Francia, China y Estados Unidos ante la inestabilidad política que podría haber generado una caída del nuevo Gobierno sirvió de ayuda para sacar adelante unas negociaciones.
Según el primer ministro, en las negociaciones España y Portugal, "por razones políticas obvias, trataron de llevar a Grecia al abismo, asumiendo el riesgo de una evolución incontrolada, con el fin de evitar un riesgo político interno".**


Y esto es demasiada película, incluso para un Comité Central. Las tonterías de Tsipras hacen dudar de que realmente alguien con una imaginación como la suya sea la persona más adecuada para sacar a Grecia del desastre en el que se encuentra. A los anteriores gobiernos griegos, incapaces de afrontar sus problemas, se suma ahora el de Tsipras que esparce su demagogia más allá de las fronteras, hasta los confines ibéricos de Europa. La hipótesis de Tsipras se basa en que si él triunfa en Grecia (sí, he querido decir "él"), Mariano Rajoy caería del gobierno; si fracasa, en cambio, Mariano Rajoy tendría más oportunidades de sobrevivir al hermano gemelo de Tsipras, Pablo Iglesias. Esta especie de entrelazamiento cuántico entre Iglesias y Tsipras es un extraño fenómeno de la naturaleza. Si los griegos se quejan de que lo que ocurre en Grecia se cuece fuera, nosotros, los españolitos, deberíamos quejarnos de que nuestro destino está ligado al de un señor como Tsipras. Yo, al menos, me niego. Por mí, como si se tira de la Acrópolis. Si a los aburridos discursos de por aquí hay que incluir ahora al señor Tsipras, apañados estamos.


A diferencia de la fantasía de dragones y mazmorras, los que parten de la Historia o de la Ciencia para sus interpretaciones de la realidad tienen más posibilidades de hacer diagnósticos realistas. El columnista de The Financial Times, Gideon Rachman titulaba su artículo del día 29 de enero, hace hoy un mes, "Syriza and woodoo economics", en el que tras explicar que los economistas de Syriza son una versión izquierdista de los economistas de Reagan con sus creencias sobre la inversión y vaticinar su fracaso por la debilidad griega, cerraba su artículo así:

Unfortunately, much of the European left seems to have temporarily lost the ability to reason – amidst the excitement of seeing the radical left take power in Athens. (Read this article, by Owen Jones, for example) Alexis Tsipras, the new Greek prime minister, is being written about as if he is a cross between Salvador Allende and Rosa Luxemburg. If and when the Syriza experiment fails, the left will be ready with a new “stab-in-the-back” theory. It will be the fault of the Germans, or the bankers, or (inevitably) the CIA. Nothing to do with the “rat-a-tat efficiency” with which Syriza has set off down the path of financial ruin.***


Según parece nos ha tocado a nosotros, los españoles, ser los autores de la puñalada, actuar como sacerdotes voodoo y clavar alfileres en el muñecote de Tsipras. Somos su deus ex machina mal que nos pese. Tsipras no tiene intención de sacarse los ojos como Edipo; prefiere sacárselos a los demás, tengan culpa o no.
A la división norte-sur, católica-protestante, soleada-fría, etc. habrá que añadir otra relevante: la fantasiosa-realista. Europa se debe fundamentar en la solidaridad, pero también en la inteligencia. Solo la inteligencia y el sentido común pueden hacer que vivir juntos sea una meta y una posibilidad. Pero señores como Tsipras y unos cuantos más, empeñados en hacernos saltar por los aires a todos, nos lo ponen difícil.
Mientras, en una sórdida y oscura cueva, rodeado de frascos, pócimas y agujas alguien se ríe.


* "Lawmakers (Just Not Greece’s) Approve a Bailout Extension" The New York Times 27/02/2015 http://www.nytimes.com/2015/02/28/world/lawmakers-just-not-greeces-approve-a-bailout-extension.html?ref=world&_r=0
** "El Gobierno griego acusa a España de intentar 'derribarle' para evitar un 'riesgo político interno'" El Mundo 28/02/2015 http://www.elmundo.es/internacional/2015/02/28/54f1b8cc22601d9e778b457b.html
*** Gideon Rachman "Syriza and voodoo economics" Financial Times - Blog The World  http://blogs.ft.com/the-world/2015/01/syriza-and-voodoo-economics/