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jueves, 12 de febrero de 2026

Del bolso de la ministra al trasero de la Kardashian

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé, pero todo es cada vez más raro o quizá el raro soy yo. Me entero ante la pantalla de mi televisor de que se han vendido miles de bolsos como el que lleva la primera ministra japonesa. Parece ser que ya no basta con votarla, sino que hay que comprarse un bolso como el suyo. Quiere también que la llamen "dama de hierro" porque resulta que es una admiradora ferviente de la británica Margaret Thatcher. Me imagino que si los japoneses no tienen problema con votarla e ir con su bolso a cuestas, tampoco van a tenerlo en llamarla como le gusta.

Según parece, ya no se trata tanto de argumentar y convencer. El nuevo mundo crea unos nuevos lazos entre el modelo general de "influencer" (sí, ser primera ministra hoy es ser influencer) y su versión política.

Poco después, la misma pantalla me muestra un programa sobre las habituales influencers y nos hablan de actrices que ya no actúan, sino que simplemente "lucen". Lucir es una profesión; tú luces y los demás te copian, corren a comprar lo que luces o a hacer lo que le propones.

Por ejemplo, el programa que vi daba consejos por parte de especialistas sobre cómo tener el culo de las Kardashian, un "objeto deseado" ampliamente. Se nos explica detalladamente el origen de las Kardashian y nos cuenta cómo cada una de las hermanas en una lucida propuesta, de tal manera que se reparten el mercado influido; entre todas cubren diversas expectativas de los influidos. Pero, nos explican, lo más codiciado es el trasero de Kim. Cómo conseguirlo nos lo explica con todo detalle un entrenador físico de famosas, un buen profesional de estas cosas.

Nos informan de esas actrices que no actúan pero se maquillan y pasean para lucirse por eso llamado alfombra roja. Las más listas (nos hablan de Jessica Alba como un modelo) lucen sus propios productos de maquillaje, por lo que no trabajan para otros sino que ganan sus buenos millones creando tendencias que, como el bolso de la dama de hierro japonesa, se venden como churros (aunque los churros ya no son tendencia, se sigue usando esta expresión coloquial).

Me ha costado recuperarme de toda esta información sobre cómo vivir del lucimiento, pero creo que se me han despejado muchas dudas sobre para qué sirven realmente las redes sociales. Ya no creo que haya conspiraciones; creo más bien que la estupidez se ha convertido finalmente en natural y nos permite liberarnos del oprobio de la inteligencia, de pensar que la gente desea ser más inteligente, más culta, más sabia.

No. Algún visionario ha sabido captar la realidad negada. El bolso ha sustituido a las ideas y el culo al cerebro. Debería decir que "es triste", pero los efectos televisivos, las cifras, las nuevas costumbres, la felicidad de la gente pasando frío para lucir un piercing en el ombligo o un tatuaje en japonés asomando en el límite de un trasero a lo Kardashian, etc. me hacen dudar de que estos tiempos sean los que hasta hace poco marcaban cierto sentido de la realidad.

El titular de The New York Times en Español afirma que "la primera ministra de Japón comunica a través de su bolso". Su bolso grande, nos dicen, aumenta su imagen de trabajadora, con lo que "refuerza su promesa electoral de trabajar, trabajar y trabajar". Quizá el bolso pese mucho y ya es un esfuerzo, pero si nos creemos que así se trabaja, pronto veremos a algunos de nuestros políticos portando una pala y un pico o vestidos con un mono azul o llevando con una caja de herramientas. No sé si comprarán todo esto porque el político lo muestre, pero los límites del lucimiento no han hecho más que empezar. Imaginemos por ejemplo un político que abandona una rueda de prensa por una llamada de una avería en las cañerías o cualquier otra urgencia metido ya en su trabajo. ¡Cómo no van a votarle!

¡Claro, Japón es otra cosa! El bolso ya tiene el nombre de la ministra, según nos dice el prestigioso diario norteamericano: "Oficialmente llamado Grace Delight Tote, pero a menudo conocido simplemente como el Sanae Tote..." (21/11/2025).

Hemos llegado a un mundo en el que todo comunica, del bolso de Sanae Takaichi al trasero de la Kardashian, pasando por el maquillaje lucido en las alfombras rojas. Todo es ya signo, todo comunica, todo influye. Las guerras son ya de comunicación, bolso contra bolso, trasero contra trasero. Lo que antes se criticaba como superficialidad de las apariencias ha destronado a todo lo demás y se vacían los escaparates de Japón y se agotas los maquillajes, vestidos, peinados, que son los que marcan tendencias y a los que quieres parecerte, luciendo de la misma guisa.

Los personajes del programa se cerraban con alguien que se ha ganado ya el puesto hace muchos años: Paris Hilton. Se lo curra ahora como DJ en fiestas y se saca un pastón. Da un sabio consejo que nos trasladan directamente de su boca: lleva siempre contigo un vestido de repuesto por si llueve o te derraman la copa en la fiesta de turno.

Tomo nota.

domingo, 26 de enero de 2025

Un mundo pequeño

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ya solo nos queda el espacio, como ya han señalado Musk y Trump (¡inevitable hablar de ellos ya en la primera línea!). La Tierra es cada vez más una pelotita que da vueltas por el sistema solar. Pero, de puertas para adentro, cada vez estamos más apretados en nuestras especulativas ciudades y echamos de menos un campo como el de antes. Hemos industrializado casi todo y solo los muy ricos pueden sostener unos conceptos de tamaño y distancia como los de antes.

La proliferación de especies pequeñas para tenerlas en casa como animales de compañía cubre la soledad de la falta de hijos, esos seres que crecen y tienen gastos cada vez más elevados.

La Ciencia se pone al servicio de las necesidades, es decir, hace negocio, como hemos tenido ocasión de comentar en ocasiones, puesto que esto crece. Ya no solo se trata de establecer un intenso sentimiento hacia nuestras mascotas que haga que las "clonemos" para sentir que no las dejamos morir de muerte natural sino hasta que nosotros nos muramos. También se juega con los tamaños, con mascotas "bonsái", hechas para caber en cualquier lugar de nuestras pequeñas casas, que puedan ser llevadas en el bolso o en una cartera. Antes se buscaban animales pequeños; ahora se hacen a medida.

En 20minutos, en su sección "Animaleros" —señal del éxito de esto es la creación de secciones en los medios—, nos hablan de estas especies cada vez más reducidas en su tamaño:

En los últimos años, los animales de granja en versión miniatura han pasado de ser una curiosidad en redes sociales a convertirse en solicitadas mascotas de compañía para muchos hogares. Vacas de razas pequeñas, cabras pigmeas y ponis enanos aparecen cada vez más en vídeos virales, mostrando una estética entrañable y comportamientos sociables que enamoran a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, es un fenómeno que va más allá de la simple estética: representa un cambio significativo en cómo concebimos la convivencia con animales tradicionalmente asociados con la producción agrícola.

En Estados Unidos, epicentro de esta tendencia, razas vacunas como las mini Highland, las mini Hereford, las vacas Punganur de India, las cabras pigmeas africanas y los ponis de las Shetland se han convertido en símbolos de una vida rural idealizada, que venden una mezcla de estilo de vida campestre y sofisticación. En Europa, aunque con un auge más moderado, comienza a observarse un interés creciente por estos animales, impulsado por un cambio cultural hacia modos de vida más sostenibles. Sin embargo, en España, la situación se complica debido a una normativa específica que regula estrictamente la tenencia de animales de granja, independientemente de su tamaño.*

Ya no habrá de extrañarse cuando veamos salir a pasear con una vaca —¿de qué sirve una vaca si no la puedes sacar de casa?— o un cordero, pronto un elefantito con el que los niños se pararán a jugar y a darles cacahuetes pequeñitos, no se vayan a atragantar y la liemos.

Menos problemáticos que los hijos, menos pedigüeños, hemos creado un vínculo muy especial con estos nuevos animales de compañía. Antes una vaca era una vaca; hoy es otra cosa. Es algo que va del exotismo al objeto de lujo con el que dar envidia al vecino que sigue con su pekinés de toda la vida. Los malos de las nuevas películas de James Bond ya no tendrán un gato en sus brazos sino mini tigres de andar por casa, casi de peluche.

Se podrá tener una granja en la terraza, pastizales de quita y pon. Serán mini espacios verdes para mini vacas o mini ovejas. "—¡Julio Alejandro, no te dejes abierta la puerta de la terraza que se meten las vacas y lo ponen todo perdido!" "—¡Anastasia, si no sacas al parque el cordero, lo devuelvo!" "—¿Cómo quieres la leche, desnatada o de la vaca?"...

En el reportaje de 20minutos hablan de "cambio cultural", pero estas cosas ya se daban en la época convulsa de María Antonieta disfrazada de pastorcita, que como sabemos no acabó muy bien para los privilegiados.

Hoy esto forma parte de una mejor comprensión del papel de la tontería en la naturaleza humana. Se atienden los caprichos de quien los puede pagar. Los que clonan los animales, sencillamente, son animados a pagar esas cantidades enormes o se sentirán culpables. Del sentimiento de culpa dependerá el precio. Los animales se harán más pequeños y, cuando se pase un poco la moda, se rebajarán los precios para que aquellos que no podían pagarse las mini mascotas clonadas y sentían envidia puedan hacerlo.

Casas pequeñas, ausencia del campo, que da alergia. Mascotas inusuales para marcar distancia con nuestras mini granjas, envidia de la comunidad. ¡Por fin la Ciencia, a pesar de lo que diga Trump, sirve para algo! Ponga una vaca de paseo en su vida. Vea las noticias del mundo con ella sobre el regazo. Las pantallas crecen, las mascotas disminuyen.

¡Qué pena que no se aplique la Ciencia a problemas más graves! Pero no todos sirven para hacer negocio.

* Vanessa M. Clavijo "La moda de las mini granjas y el auge de vacas enanas, de menos de un metro de altura, y cabras pigmeas como mascotas" 26/01/2025 https://www.20minutos.es/noticia/5674948/0/moda-las-mini-granjas-auge-vacas-enanas-como-mascotas/

viernes, 30 de agosto de 2024

El carrito del amor

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces me pellizco. Sí, tengo la sensación de que lo que leo, veo o escucho no puede ser real... y me pellizco. Pero cada vez es más complicado que las cosas se desvanezcan y lo raro sigue ahí, imperturbable, resistente, tozudo. Te pellizcas..., pero nada.

Entonces te empiezan a rondar pensamientos oscuros: que si el raro eres tú, que ya te has hecho viejo, que ir con una camiseta de Garfield, comprada en las rebajas, no ayuda nada... ¡Cosas así, que surgen de tener que lanzar la moneda para decidir quién es el loco, donde está la peligrosa normalidad que no entiendes! Del "¡qué raros!" pasas al "¡me siento raro!" casi sin darte cuenta.

¿A qué viene todo esto, a qué viene esta crisis existencial? Leo en el 20minutos, tras varios días de titulares que no acaba de entender, el siguiente "Otros supermercados se suben al carro del 'dating': reservan su propia hora para que sus clientes encuentren pareja". La primera señal de que ocurre algo me la da el uso del inglés, con lo de "dating". Ayer era "sugar daddies" y "sugar babies"; hoy es "dating", No hay posibilidad de error; estos blanqueos lingüísticos son indicios de moda, de tendencia, de "trending".

En el texto de 20minutos podemos leer: 

Lidl y Carrefour se suben a la tendencia de ligar en supermercados tras sus últimas publicaciones en redes. Después de que Mercadona se haya hecho viral a raíz de vídeos donde se anima a buscar pareja en su establecimiento, ambas cadenas también han querido unirse y han iniciado sendas campañas para incentivar a sus clientes a que hagan lo mismo.

Lo han oficializado a través de X, antigua red social conocida como Twitter. "¿Cómo ligar en Lidl? Ven de 18.00 horas a 19.00 horas y coge una sandía", y "Fueguito, fueguito. Hoy de 20 a 21 horas en nuestras tiendas", han señalado Lidl y Carrefour, respectivamente.

Estas simples guías sirve para aquellos solteros que quieran probar una experiencia diferente a la del Mercadona, solo que en Lidl, en vez de una piña invertida, lo que hay que meter en el carro es una sandía.* 

¡Es una mezcla de "primeras citas" y "Hoy cocino yo"!... o algo por el estilo. Del tradicional "lenguaje del abanico" pasamos al "lenguaje del carrito". En Carrefour existen carteles sobre "horas de silencio" para que vayan personas a los que abrume el ruido (entre otros, el de la megafonía), pero de esto no era consciente. 

¡Ay, Marcello y Sophia, Tom y Meg... lo que os habéis perdido en vuestros romances!

Hay varias teoría sobre a quién se le ocurrió, de participantes en  concursos a cantantes que hablaban de amor en los supermercados. Ninguna teoría apunta, en cambio, a los intentos de dar salida a productos perecederos, a una "promoción", a un "dos x uno" de las compras.

¡Menos mal que la piña que compré el otro día era enlatada! ¿"Fueguito, fueguito"? ¡Cómo voy a ir a comprar sin conocer el código, la hora de "dating"! ¿Y si me apetece algo que está en clave y me empiezan a seguir guiándome un ojo o cualquier otro signo (este más tradicional) de "interés"? 

Según dan a entender. todo empezó en un supermercado y se ha ido extendiendo a otros. ¡Es la guerra! Si lo han hecho es porque ha funcionado, aunque no entiendo muy bien el mecanismo. ¿Te exigen comprar la piña o la sandía que has paseado seductoramente por las secciones? ¿Hay en cada sección un "producto-signo" que te identifica como "buscador de pareja" o ligón, que te permita hacer la compra como siempre? ¿Puedes devolver la piña o sandía si la cosa no funciona? Me asaltan más dudas, pero por hoy son suficientes.


La próxima vez que baje a hacer la compra en el supermercado, me fijaré en esas actitudes que me parecían raras anteriormente. Se aprende mucho observando en un supermercado, pero esto, tan organizadito, es nuevo.

Las costumbres cambian, pero el fondo no: "He visto ayer a tu marido en el supermercado", nos dirá la amable vecina de siempre con cierto retintín. "¿No has comprado mucha piña esta semana?", dirá nuestra pareja ante la falta de sitio en la nevera.

Ha empezado en los supermercados. Si funciona, se carga la compra online, a los repartidores a domicilio... ¡un auténtico estropicio! ¿Habrá que limitar la entrada, contar el número de piñas o sandías que te puedes llevar? ¿Cambiarán en esas horas de "dating" la estridente megafonía por valses o música romántica? ¿Subirán los precios de los productos gancho en esas horas? 

La Vanguardia

Ahora que lo pienso, el otro día apenas quedaban sandías. ¿O eran piñas?

Los lectores seguidores de estas páginas saben que los textos se pueden dividir en dos tipos, lo que creo que entiendo y trato de explicar y aquellos que no entiendo y trato de explicarme desde la perplejidad. El problema es que cada vez hay más de los segundos, señal inequívoca de que uno se hace mayor y vive en la ingenuidad de hacerse preguntas y confía en la existencia de respuestas. 

 

* "Otros supermercados se suben al carro del 'dating': reservan su propia hora para que sus clientes encuentren pareja" 20minutos 29/08/2024 https://www.20minutos.es/gonzoo/noticia/5628633/0/lidl-se-sube-ligoteo-reserva-hora-las-18h-cambiando-pina-por-sandia/

domingo, 7 de agosto de 2011

Un libro: Sociología de las tendencias, de Guillaume Erner

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Guillaume Erner es un sociólogo especializado en el consumo, profesor e investigador de diversos grupos que trabajan en este terreno. El análisis de la “tendencias” se ha convertido en uno de los campos preferentes de la Sociología en los últimos años. La explicación de por qué oscila entre el interés por los fenómenos y los intereses económicos que hay detrás. Comprender el funcionamiento de las tendencias se ha convertido en una forma de previsión de inversiones y, sobre todo, en la preparación del futuro. El sentido de “preparación” lo utilizamos aquí en el doble sentido de estar preparados y de preparar, es decir, dibujar los escenarios futuros. Uno de los problemas que se plantean en la obra es precisamente el de las profecías autocumplidas, el hecho de que señalar el camino del futuro lo esté, de hecho, creando.
El concepto de “tendencia” es lo que trata Erner de establecer a lo largo de su obra, que tiene una clara intención didáctica y crítica, en lo que supone la revisión de las distintas teorías que se han enfrentado en la sociología a esta idea durante los dos últimos siglos. Por las páginas del libro pasan resumidas claramente las teorías, en lo que afecta al concepto, de Tocqueville, Simmel, Barthes, Bourdieu, Baudrillard, Tarde, Merton, Veblen, Keynes, etc.  En última instancia hablar de “tendencias” es hablar de cómo se forman la corrientes que configuran nuestros actos individuales enmarcados en los contextos sociales. La “tendencia” es el elemento subyacente que configura el acto individual para convertirlo en parte del colectivo. En este sentido, no es algo privativo de los fenómenos de la “moda”, donde parecen muchas veces circunscritos, sino que afectan a la totalidad de las manifestaciones que tienen una dimensión social.

 
El repaso de las teorías y conceptos que Erner realiza trata de salvar el principio que se cuestiona en el concepto mismo de tendencia, el de la libertad de elección, porque si, en efecto, el acto individual resulta ser una mera tesela en el mosaico colectivo, se estaría dando cumplimiento a una ley superior. Si lo que hacemos responde, aun sin saberlo, a una tendencia general, no somos más que una manifestación de un principio ordenador, de un patrón. De esta preocupación general, de esta relación entre lo individual y lo colectivo, surge el análisis de dos conceptos vinculados directamente con la idea de tendencia: “influencia” y “mimetismo”. Ambos son esenciales para establecer las formaciones de las corrientes sociales. ¿Somos influidos desde fuera o imitamos lo que otros hacen por instinto? Quizá las dos cosas no estén tan separadas ni sean excluyentes.

Guillaume Erner, el autor
La preocupación por las tendencias en el ámbito social —la misma que alienta el nacimiento de la sociología— es característica de la Modernidad. En lo político, en lo artístico y en lo económico se producen fenómenos colectivos abiertos por el consumo o la participación. La preocupación de los psicólogos sociales —como Gustavo Lebon en el XIX— por el comportamiento de las “masas” es revelador del temor y del deseo de dirección que existe frente a las nuevas colectividades que han surgido por la creación de las modernas urbes, fruto de la industrialización, y del nuevo fenómeno de la formación de la “opinión pública” gracias a los incipientes medios de comunicación, inicialmente la prensa y posteriormente el cine, la radio y la televisión, verdaderos creadores de tendencias a través de la exposición a millones de personas.
El fenómeno es de una gran complejidad y sigue abierto en sus teorización y estudio tras la aparición de espacios interactivos como las “redes sociales” en las que se configuran hoy las tendencias de todo tipo. Las campañas para la promoción comercial o política buscan su presencia en las redes y tratan de anticipar la forma de captar primero el interés y después la adhesión hasta constituir una tendencia, una forma inducida de respuesta conjunta.
De los múltiples casos que Guillaume Erner presenta para ejemplificar las teorías —desde la elección de los nombres propios en las generaciones al diseño de los coches—, nos parece actual mostrar la revisión que hace de las teorías de John Maynard Keynes y el modelo de decisión bursátil denominado del “concurso de belleza”. Keynes había realizado un modelo de decisión sobre el siguiente supuesto: se les da a diversas personas una serie de fotografías de las candidatas a un concurso de belleza y no se les pide que voten a las que les parecen más atractivas a ellos, sino a aquellas que piensan que les parecerán más atractivas a los otros. Con este simple ejercicio mental, Keynes dejaba al descubierto el modo de funcionamiento de los mecanismos de elección económica: no se trata de lo que uno prefiera, sino de lo que los demás prefieran. Pienso en términos de tendencia y no de gusto privado. Se establece así un mecanismo que actúa en tres grados o niveles: mi gusto (1º), el que atribuyo a los demás (2º), e incluso el que pienso que los demás van a pensar que los demás piensan (3º). En términos de elección de un atajo de carretera sería: por dónde voy mejor (1º), si todos piensan lo mismo, se colapsará (2º); y si todos piensan que se colapsará, no irán e iré yo solo (3º). Escribe Erner, resumiendo la conclusión de Keynes:

Esta parábola keynesiana contradice el sentido común según el cual, en bolsa, hay que invertir en las empresas con mejores resultados. En absoluto, replica el economista: frente al curso de la bolsa, tanto el sabio como el ignorante se hallan en igualdad de condiciones; no saben nada o casi nada. La buena solución no se encuentra en ellos sino en la representación que se hacen de las opiniones de los demás. “Sabiendo que nuestro propio juicio individual carece de valor, nos esforzamos en remitirnos al juicio del resto del mundo […] Así pues, intentamos acomodarnos al comportamiento de la mayoría o de la media. El que vence en este pequeño juego es, evidentemente, el que adivina lo que la gente va a hacer.” El concurso de belleza nos muestra que es preferible estar equivocado con las convenciones a intentar vanamente tener razón contra ellas. (102-103)

No se trata, pues, de tener razón, sino de saber qué va a hacer el conjunto, cuál es la tendencia. La cuestión está en cómo organizarlas o preverlas, según el caso y el campo en el que se trate. Muchos han descubierto que es más fácil influir sobre el futuro que adivinarlo. Y trabajan sobre ello. Quizá recuerden esa magnífica película que es Origen (Christopher Nolan 2010). No se trata de convencer a alguien de una idea: se trata de que alguien esté convencido de que la idea que metemos en su cabeza se le ha ocurrido a él. La parábola de Origen sirve muy bien para representar las formas actuales de manipulación y su sutileza.

 
La obra de Erner es muy sugerente y amena. Se echa de menos una mayor profundización en los conceptos, pero eso hubiera dado lugar a una obra distinta.  La elección de esta es ser un compendio crítico, una revisión de la viabilidad de las teorías seleccionadas, el trazado de un territorio que será de gran utilidad al que quiera ir a profundizar en las ideas expuestas en busca de mayores detalles.

* Guillaume Erner (2010): Sociología de las tendencias. Gustavo Gili, Barcelona. 127 pp. ISBN: 978-84-252-2364-8