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domingo, 18 de agosto de 2024

El desempleo juvenil

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si ayer tratábamos aquí sobre la sociedad descrita por Patrizio Bianchi, sobre su estructura y problemas planteados hoy y hacia el furo, hoy podemos ver desgraciadamente sus efectos y la coincidencia en sus resultados.

La idea es que, cada vez más, las economías están en manos de los grandes grupos, las grandes empresas que imponen su modelo a los estados. Este modelo se basa en el beneficio y este tiene su base en la automatización y el rendimiento de los datos, profundamente vinculados. Es con la automatización que se consiguen el procesamiento y el control de la economía, que se caracteriza por la orientación del consumo mediante la recopilación y procesamiento.

La idea de Bianchi es que esto produciría —si no se corrige— una reducción de los grupos de élite, cada vez más ricos y poderosos, y un creciente grupo de nabo de obra precaria y poco preparada con la que atender aquellos servicios indispensables, De esta forma, la producción, por ejemplo, se puede dirigir al sector del lujo, ya que serán los ricos quienes podrán disfrutar del gasto, algo que queda muy limitado en los sectores más explotados.

La confirmación de esto la tenemos en cada noticiario cuando se nos muestra a personas que difícilmente pueden hacer otra cosa que sobrevivir, ya que sus sueldos (cuando los tienen) van a la baja mientras que los precios suben. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en la vivienda, que se encarece mientras que se retrasa la edad de acceso. El problema de los "alquileres turísticos" es el mismo: la vivienda se dirige hacia los que pueden pagarla, desplazando a los propios habitantes, que dejan de poder acceder a lo que les rodea. Los ejemplos se pueden multiplicar. Son efectos de casi las mismas causas: sueldos bajos, precios altos. Llámalo "mercado", la intocable religión que nos preside desde la época Reagan-Thatcher y que ha causado sus propias crisis. Hay que "atraer inversores" y estos lo cobran con creces.

Desde hace algunos años hemos escrito aquí que vivimos en una sociedad que ha decidido la explotación generacional, es decir, han sido los jóvenes los que ha padecido sobremanera estos planteamientos. Hoy lo vemos con claridad y sus efectos.

Anteriormente han sido las mujeres las víctimas. Las mujeres en Estados Unidos, que habían sido llamadas a las fábricas para compensar la ida de los varones al frente en la Segunda Guerra Mundial son despedidas en masa tras el fin de la guerra y el regreso de los supervivientes. Las reacciones ante esta situación darán forma al feminismo  moderno organizado. A la idea de que es el "cabeza de familia" al que hay que contratar porque es el que lleva el dinero a casa, choca precisamente con la igualdad de oportunidades y, sobre todo, con la independencia laboral femenina, que lo es también de la persona.

No es casual el antifeminismo de Trump y los republicanos. Se basa en la idea antes impuesta. El "neo tradicionalismo" cuenta con la retirada de las mujeres del mercado laboral, con la idea del candidato a vicepresidente con Trump, J.D. Vance, de las "mujeres posmenopáusicas", con mujeres cuya única función es cuidar hijos y nietos ya que no pueden tenerlos. En la utopía retrograda e involucionista republicana las viejas soluciones son las que resuelven el futuro. Hay, además, que tener hijos para evitar que la inmigración (que sí los tiene, como proletariado), se haga con el poder. De ahí las curiosas, por decirlo así, formas de evitar las reagrupaciones y demás políticas familiares.

Una de las consecuencias más graves de esta forma de tratamiento social de la inmigración está en falta de oportunidades de desarrollo en el propio país. Percibidos como empresas, los países son vistos desde los costes de producción, es decir, no desde el beneficio social sino desde el puro beneficio. Los conflictos desatados en España frente al turismo, su producción estacional y precaria de empleo, creciente como fórmula de desarrollo, nos permiten ver con claridad los problemas en cadena que producen y la forma en que los que se benefician de ellos lo favorecen.

RTVE.es nos trae el titular "El Banco Mundial alerta de la falta de oportunidades para los jóvenes en las economías en desarrollo", que nos ayuda a comprender parte del problema: 

En los próximos diez años, las economías en desarrollo de Latinoamérica, África y Asia solo serán capaces de generar empleos para una tercera parte de todos los jóvenes en edad de trabajar, ha alertado en un informe el Banco Mundial (BM), que acaba de crear un consejo de alto nivel para abordar el problema durante una "década crítica".

En un informe titulado La gran regresión: Perspectivas, riesgos y políticas en los países que reciben financiamiento de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el BM ha señalado que la mitad de los 75 países más vulnerables del mundo, "enfrentan por primera vez en este siglo una brecha de ingresos con las economías más ricas que es cada vez mayor". 39 de los países clientes de la Asociación Internacional de Fomento se encuentran en el África subsahariana. Catorce de ellos están en Asia oriental, y ocho en América Latina y el Caribe.

Las manifestaciones de las últimas semanas en países como Kenia, Nigeria o Bangladés, aunque con diferentes reivindicaciones y desenlaces, tienen un nexo común: la falta de perspectivas para los jóvenes.*


Es obvio que esa falta de oportunidades se traduce en emigración forzosa, en huida hacia países en los que se supone que habrá oportunidades de trabajo y por ello de supervivencia. Pero también es obvio que esto crea sus propios problemas en esos países, que ya tienen los suyos.

El fomento de los populismos xenófobos y racistas en una de las respuestas simplistas y violentas al hecho de la migración. La percepción de la Unión Europea como un espacio de oportunidades  hace que confluyan en ella diversos flujos, con lo que se aumentan las tensiones. Estas yo no solo se producen con lo que llega de "fuera", sino con lo que lo hace desde "dentro". En estos días los medios han reflejado el malestar de algunas poblaciones por la llegada de los turistas del "interior" frente a los residentes "costeros".

La separación mundial entre economías "ricas" y "pobres" evita señalar que esas "economías" ricas solo lo son en los grandes números y que están generando precisamente unas grandes diferencias en su seno. Son este tipo de distancias internas las que siembran los conflictos migratorios y sociales que vemos.

A la parte "rica" solo le preocupa una mano de obra cada vez más barata en aquellos sectores que no son deslocalizables, como ocurre con el turismo y los servicios aledaños. La economía sumergida, la precariedad, los bajos sueldos, la ausencia de derechos, etc. no son vistos con malos ojos por algunos. Estas son bazas que la xenofobia juega para alentar conflictos sociales. Los bulos favoritos para la desinformación se suelen centrar en estos aspectos.

¿Pueden sobrevivir los países cuyas economías penalizan a los jóvenes? Ya no hablo solo de "economías", sino de "países". El hecho de que sea tan mala la situación de los jóvenes —a la cola de la emancipación, de tener hijos, de la precariedad, de los bajos sueldos...—, incitados al consumo y no al trabajo, ¿qué consecuencias tendrá (o tiene) en nuestro desarrollo?


Evidentemente muchas si no se tiene en cuenta. Lo malo de nuestras economías es que no son dirigidas, sino que son llevadas por los agentes más poderosos. Si Bianchi reclamaba el papel esencial de la educación, en España los titulares mediáticos resaltan lo que llaman "sobrecualificación", es decir, el "exceso de estudios". El problema, según parece, es que hay que aceptar los peores destinos para que la mano de obra no se vuelva exigente.

En España, convertida la juventud en un sector consumista sin posibilidad de consumo, les damos un "bono" para que gasten lo que no pueden tener por sus medios. De esta forma se gasta en cómics, videojuegos, cines, etc. que es lo que se les ofrece para su "entretenimiento" y supervivencia de sectores especializados. No se acaba con el paro, pero sí con el aburrimiento.


En vez de invertir en proyectos que nos lleven hacia adelante, hacia un mundo más adecuado aprovechando el desarrollo, la idea esencial es que dada la imposibilidad de deslocalizar el sector turístico, la mano de obra sea lo más barata posible, que se acepte la estacionalidad, la precariedad y la falta de incentivos y derechos, como parte del modelo de negocio. Algo similar ocurre en sectores agrícolas, donde se nos da cuenta de la explotación normalizada.

El problema no es solo en los países en desarrollo, en las economías donde no se crea empleo y se empuja a la migración. También lo tenemos en economías como la nuestra en las que se crece de forma bastante crítica y no se corresponde el crecimiento con las expectativas, con lo que también se dan migraciones a otros espacios con mejores empleos y mejor pagados, aquellos que optaron por otro modelo.

Urgen planes para un desarrollo capaz de dar luz al futuro y dejar este pesimismo que se ha instalado ante lo que vemos y hacemos. Hay que combatir también esta ausencia de responsabilidad social justificada en el beneficio que impera y se transmite a través de la sociedad disfrazada tras las teorías del éxito. Hace falta una mirada más global y responsable, solidaria, capaz de invertir con criterios diferentes. Puede parecer difícil, pero hay que intentarlo.

El problema está en convencer a los que se benefician claramente con este modelo.


 

* "El Banco Mundial alerta de la falta de oportunidades para los jóvenes en las economías en desarrollo" RTVE.es 16/08/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240816/banco-mundial-alerta-falta-oportunidades-para-jovenes-economias-desarrollo/16220367.shtml

viernes, 22 de marzo de 2024

La "infame" sobrecualificación

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Volvemos a un viejo problema. Es lo que se ha llamado la "sobrecualificación", que dicho de forma breve supone que los que has estudiado te sirve de poco para el puesto que te ofrecen. El problema no es sencillo y, sobre todo, depende de cómo lo enfoques.

De este problema se ocupan en 20minutos con el titular "España se mantiene como el país europeo con más graduados en trabajos poco cualificados: el 36% realiza tareas por debajo de su nivel", en un artículo firmado ayer por Elena Omedes.

En el texto se nos explica:

Más de un tercio de los graduados superiores españoles está empleado en puestos de trabajo por debajo de su nivel de formación. Es lo que se conoce como sobrecualificación, un fenómeno en el que España lleva siendo líder en la última década y que evidencia el desajuste existente entre oferta y demanda de empleo. Así se refleja en el último informe que ha publicado este jueves la Fundación CYD, el cual analiza la situación laboral de los titulados de grados universitarios, másteres y doctorados.

Según la investigación, España tiene una distribución muy desigual de la población según su nivel de estudios, sobre todo en comparación con la media de la Unión Europea (UE). Hay muchos estudiantes con niveles bajos de formación, también en los más altos, pero, sin embargo, la proporción de titulados de formaciones intermedias es considerablemente inferior a la de la media europea. En 2022, el 35,8% tenía estudios obligatorios como máximo (frente al 20,5% de la UE); el 41,1% una titulación superior (el 34,3% en la media comunitaria). En contraposición, solo un 23,1% contaba con estudios postobligatorios no terciarios (frente a 45,2%), debido íntegramente a la Formación Profesional, que en España apenas alcanza un 10% de titulados, casi cuatro veces menos que el 35,3% de la UE. 

"Esta distribución no concuerda con las necesidades de la estructura productiva española, lo que, entre otras consecuencias, lleva a la sobrecualificación de una gran parte de los graduados superiores", explica Montse Álvarez, del gabinete técnico de la Fundación CYD. España es, de hecho, el país europeo con una mayor sobrecualificación: un 35,9% de los trabajadores está realizando tareas que están por debajo de su nivel de formación. Esto es, casi 15 puntos más que la media europea, que en 2022 fue del 22,2%. Los datos demuestran, un año más, que España tiene un problema de sobrecualificación que viene alargándose desde 2008, aunque el porcentaje ha descendido 1,4 puntos en los últimos cinco años. * 

Decíamos que esto es un "problema" del tipo "el huevo o la gallina". Aquí se habla (y se enfoca) de las necesidades de la " estructura productiva española", tal como se la define. Se supone que es la "realidad" y que estudiar es reflejo del "deseo", por expresarlo en término de conflicto.

Enfocado de esta manera, es el sector producción de que define qué debes ser en la vida, es decir, lo que te ofrece. Lo tomas (sobrecualificado) o lo dejas (emigras). Según este principio, la finalidad de las personas en la vida es servir a la "estructura productiva", es decir, estudiar lo justito para lo que te van a ofrecer. El sistema productivo decide el modelo de país y tu modelo de vida, lo que debes saber o te sobra.

El problema es que esta "estructura productiva" te ofrece una porquería de empleos, mal pagados, precarios y muchos de ellos de temporalidad en función de si llueve o hace sol. Es decir, se ha convertido este país en un chiringuito que solo quiere camareros y similares, vinculados al más distorsionador sistema,  el turismo, que depende de los demás y afecta a lo propio. No contentos con no poder acceder a un empleo ni a una vivienda; no contentos con no poder emanciparte ni tener hijos, ahora te dicen que estudias demasiado y aspiras a más.

España, lo decíamos ayer con otros datos en las manos, es el país donde se viene a ser feliz (si tienes dinero) y donde se vive un infierno laboral que solo quiere becarios en unos sitios y personas con decenas de contratos temporales al año. Además, nos vienen a decir, les molesta que estudies porque con estudios se tiende a protestar más, a quejarte desde tu superioridad estudiosa (a los jefes les fastidia que tengas más estudios que ellos).

Se les olvida a los de la "sobrecualificación" molesta recordar que España es el país con mayor paro juvenil y paro general. Ayer nos decían que la felicidad española estaba por los suelos y que eran felices los mayores de 50 años y terriblemente infelices los menores. Esto es algo serio.

Nuestro problema, por decirlo así, es el empobrecimiento mental, la cutrez generalizada de nuestras aspiraciones en donde se identifica la formación de la persona con los trabajos, que son cada vez peores. Lo que se ofrece para este modelo general es muy pobre, por lo que se percibe el estudio no como formación de la persona sino como un medio práctico. 

"Tanto tienes, tanto vales", dice el refrán. Pero este capitalismo liberal tan cutre, tan poco idealista, te quiere pobre y tonto. Aquí nadie te vende el "sueño español" porque sencillamente no existe. Al igual que en los años 50, la emigración es lo que les queda hoy a los mejores. Fuera desaparece esa "infame" sobrecualificación y se valora permitiendo llegar a niveles más ajustados, de respeto y mejor pagados que aquí. Esto es un hecho.

La sociedad española está en manos de mediocres sin más aspiraciones que la de enriquecerse con mano de obra barata. No hay plan de una sociedad mejor, más culta, sino lo contrario. Los casos de corrupción constante, de pelotazos en todos los niveles, incluido ahora el deporte, otro de los negocios a la española, hace que las "aspiraciones" se den en otro nivel.

Las oportunidades que España ofrece hoy son las de un "caso Koldo", donde pasas de chófer a ser alto asesor ministerial, por poner un ejemplo reciente. No te hacen falta muchos estudios para esto; solo con unos cuantos amigos ya has hecho el negocio de tu vida.

No es de extrañar que crezca la desmoralización en nuestras universidades viendo ascender a los que vemos arriba. Es difícil motivar a los estudiantes a que estudien, a que aprendan, a que se desarrollen. Es difícil cuando ves los personajes de la política que se sacaban títulos universitarios de la manga solo por poderlos poner en el currículum vitae. Estos son los que siguen subiendo; estos son los que nuestra gloriosa "estructura productiva" solicita y coloca en los lugares adecuados, ya sean partidos políticos o Federaciones de cualquier deporte.

Es muy deprimente ver cómo se rechazan muchas cosas desde una mirada que te dice "¿para qué, para qué me sirve?". La respuesta no interesa: para ser mejor, para estar por encima de tanto cretino poderoso que decide sobre ti, sobre tu tiempo, sobre tu trabajo, sobre quién quiere que seas. La cultura les sobra porque no la tienen ni la entienden, la consideran un adorno floral, un gasto inútil, una presunción por tu parte. Ellos, la estructura productiva, saben lo que hace falta.

Lee, estudia, piensa... Serán tus jefes, pero no tus amos. 


* Elena Omedes "España se mantiene como el país europeo con más graduados en trabajos poco cualificados: el 36% realiza tareas por debajo de su nivel" 20minutos 21/03/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5229375/0/espana-se-mantiene-como-pais-europeo-con-mas-graduados-trabajos-poco-cualificados/



jueves, 29 de febrero de 2024

Camino del punto limpio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Aunque lo real es lo que nos rodea, muchas veces es más eficaz la escenificación, lo simbólico, lo que llama la atención. Lo habitual se vuelve invisible y hace falta el acto simbólico. De eso nos habla la noticia de RTVE.es de la necesidad de representar simbólicamente lo que tenemos todos los días delante de nosotros y no nos llama la atención. Nos dicen en el titular "Jóvenes tiran sus 'trabajos basura' al punto limpio para denunciar sus precarias condiciones laborales".

Ya "trabajo basura" es una forma simbólica para definir una situación real, cotidiana, algo que sabemos que tiene unas consecuencias hoy y muchas más mañana. La necesidad de la representación simbólica puede sorprender, pero surge precisamente de su normalización. Nos dicen en RTVE.es:

Un grupo de jóvenes ha denunciado este miércoles sus condiciones laborales tirando a un punto limpio objetos que representan situaciones de precariedad que han vivido. Rocío Adame, Fran Arreza y Laura Mateos han participado en esta acción en representación de los jóvenes que han trabajado alguna vez sin contrato o sin poder cobrar, alrededor de la mitad, según el sindicato USO.

Rocío simboliza con una camiseta la precariedad que sufrió cuando trabajó en hostelería, una prenda que ha tirado al contenedor para denunciar la situación. Ella es una de las personas jóvenes que ha trabajado sin contrato: "De tres años que estuve contratada, tengo cotizados 23 días. Me di cuenta cuando me fui a otro trabajo y pedí mi vida laboral", ha explicado a TVE.

Además, cuatro de cada diez jóvenes han hecho horas extras que no han cobrado y denuncian que no les pagan 10 millones de horas extra cada año. Fran es uno de ellos y se ha deshecho de esos 'horarios tóxicos' en uno de estos puntos limpios simulados. Él tenía que estar disponible las 24 horas del día: si le mandaban un correo o un mensaje de Whatsapp tenía que responder, porque si no luego "caía bronca".*


Hace muchos años escribí aquí que una generación estaba explotando a otra. No se trata ya de que los hijos vivan peor que los padres, que todo vaya decayendo de forma constante; se trata de algo peor. La generación mayor decidió desviar la crisis sobre la de menor edad. Los jóvenes eran penalizados por jóvenes. De esta forma se instituyeron figuras como la del "becario" permanente que era la forma de mantenerte sin derechos, cobrando poco y teniendo que dar las gracias por la explotación.

Nadie ha movido un dedo en las varias décadas desde que esto comenzó. Los que pasaron ya la edad han normalizado estas actitudes y, muy a la española, quieren que los demás pasen por lo que ellos pasaron.

El descubrimiento de esa joven que, después de tres años trabajando, descubre que su "vida laboral" es solo de 23 días, puede ser mucho más extendido de lo que pensamos. En mi centro comercial hay una cafetería en el que las empleadas (siempre mujeres) cambiaban cuando se cumplía el mes, sencillamente desaparecían. Era el "mes a prueba", al que siempre le faltaban unos días y en el que la "prueba" siempre era "negativa" a la vista de los resultados.

Mapa del desempleo juvenil - Wikipedia

Hace muchos años comentamos aquí el premio que recibió un empresario de una pequeña ciudad en Suiza que decidió no trasladar a china su industria de fabricación de navajas a China, como le recomendaban todos, sino cambia el producto (eran navajas) para seguir manteniendo el empleo local, que le importaba más que la solución fácil que le ofrecían. ¿Dónde están esos buenos empresarios? No los vemos por aquí. Lo más que tenemos es esa respuesta estándar cuando se piden mejoras, "no es el momento"; lo más que escuchamos son esas "advertencias" a los políticos de que la medidas que tomen "se notarán en el empleo".

La escenificación del punto limpio es una simbolización de sentido más amplio de lo que los jóvenes han realizado. Simboliza la normalización de la insolidaridad social, del afianzamiento del presente como lo único que merece tenerse en consideración. Es ya mucho tiempo viviendo una "crisis rentable", poniendo una y otra vez más excusas mientras se dan las cifras de subidas de sueldo a ejecutivos, mientras se anuncian la multiplicación de las ganancias año tras año de las grandes empresas. Demasiado tiempo.

Es demasiado tiempo y demasiadas malas costumbres generadas en ese largo tiempo. No es ya el problema de las pensiones futuras; es la corrupción de la idea de sociedad justa, algo en lo que poder invertir trabajo e ilusión, que es siempre con aquella vieja idea que hoy ya no escuchas a nadie: dejar una sociedad mejor a tus hijos. Cada generación se esfuerza para la siguiente. Eso ya no lo escuchamos a nadie. Ni los políticos se atreven a decir algo tan sencillo. Y no luchas por los que vienen; luchas con uñas y dientes por lo que tienes. No es de extrañar que "los que vienen" sean cada vez menos y que nuestras cifras de nacimiento sean las más bajas, similares a la castigada España de la posguerra. No serán las abundantes mascotas las que "heredarán la tierra".

Lo que se ha escenificado en ese punto limpio es la vergüenza de unos y la falta de vergüenza de otros. Esta España del hoy, del para hoy y del mañana será otro día.

Lo de la sociedad del bienestar ha quedado para otro momento. Lo que hoy tenemos son los comisionistas, lo que no tienen pudor en aprovecharse de una pandemia con miles de muertos para montar sus empresas lucrativas cobrando en exceso por unas mascarillas defectuosas; los que gestionan la "silver economy"... Es la España del pelotazo, que se inauguró hace un par de décadas, y que sigue dando pelotazos, proponiendo como ejemplo esos comportamiento al mostrar que solo los corruptos, los que se arriman al poder, son los que prosperan sin preocuparles demasiado los días cotizados.

Esos no tienen el detalle del punto limpio. Los rastros de basuras les identifican. ¿De qué color y tamaño debería ser el contenedor al que habría que echar esos contratos basura por los que algunos suspiran ante la inexistencia de contratos? Habría que habilitar en esos "puntos limpios" otros contenedores, para los que se lucran con esas situaciones y a los que deberían hacer algo para que se evitaran estas situaciones que nos lastran y pervierten desde hace ya varias décadas. 

 

* "Jóvenes tiran sus 'trabajos basura' al punto limpio para denunciar sus precarias condiciones laborales" RTVE.es 28/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240228/contenedores-precariedad-basura-trabajos-basura/15989770.shtml

miércoles, 4 de octubre de 2023

El drama sin solución

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El rasgo principal del paro en España es que forma parte del propio modelo de sistema económico. Desde hace muchos años estamos estancados que es el modelo que elegimos para nuestro pobre desarrollo, el modelo turístico que trabaja sobre la idea de temporadas, es decir, de intermitencia. El que quiere algún tipo de contrato estable se tiene que ir fuera. No tenemos mucho más que ofrecer y los poderes económicos siguen tirando del mismo modelo porque es el que les favorece.

Ese modelo se basa en trabajo barato y eso se consigue con una gran cantidad de parados, esencialmente parados jóvenes, que son retomados en las fechas adecuadas. Los gobiernos españoles han favorecido este modelo y no lo ocultan. Los empresarios de estos sectores, implacables, siguen pidiendo "flexibilidad" que no es otra cosa que seguir abaratando el empleo mediante la capacidad de despedir. De esta forma la normalidad no es trabajar, sino seguir el ritmo de empleo y despido que el sector turístico y del ocio requieren.

En Antena 3 Noticias nos vuelven a informar de lo que ya sabemos, pero debemos fingir que desconocemos, lo que el propio modelo produce y que se acepta sin más. Con el titular "El desempleo castiga a los jóvenes: el 86% de los nuevos parados tiene menos de 25 años" se nos cuenta que 

Después de las vacaciones de verano, el paro subió en el mes de septiembre en 19.768 personas. Un aumento que deja una cifra total de parados que llega a los 2.722.468.

El desempleo ha castigado sobre todo a los más jóvenes. El 86% de los nuevos parados tiene menos de 25 años, lo que supone 17.043 personas más respecto al mes anterior. Sin embargo, el total de parados jóvenes es de 205.000 personas, una buena noticia, ya que es la cifra más baja de los últimos quince años.

El sector servicios es el más afectado

Como es costumbre al final de las vacaciones y de la temporada de verano, el sector más afectado es el sector servicios. De hecho, el 90% de los nuevos parados se concentra en este grupo.

El perfil del nuevo parado es un hombre o una mujer de menos de 25 años que pertenece al sector servicios y que ha trabajado durante la temporada con un contrato temporal.

De los que han perdido su trabajo, ocho de cada diez se concentran en

Andalucía. Sevilla y Cádiz son las ciudades más afectadas entre los jóvenes.* 

El que no se consuela es porque no quiere. Cada vez tenemos menos jóvenes, pues somos uno de los países más viejos del mundo y lógicamente los parados jóvenes son menos porque no hay. Los despedidos lo son de sus contratos temporales y ya recordamos las recientes declaraciones de la patronal hostelera por la que después se pidió disculpas.

Llevamos tiempo intentando hacer comprender (sin esperanza) que toda esa angustia, depresión, hartazgo, ira, etc., que todas esas depresiones, ataques de ansiedad, suicidios de jóvenes tienen mucho que ver con todo este panorama, del que lo mejor que se puede decir es que es "deprimente".

Las esperanzas de los más jóvenes para labrarse un futuro que no sean estar tras una barra de bar y estar entrando y saliendo de contratos temporales, son cada vez más débiles. No se ofrecen soluciones, año tras año, a algo que se considera ya una forma de "normalidad" y para el que los políticos carecen de respuestas, es decir, de un modelo alternativo para hacer cambiar esta situación. ¿Por qué cambiarla?

Nuestros políticos son incapaces de forjar otro modelo al que se puedan incorporar jóvenes con distintos perfiles, deseos más ambiciosos y mejor formados en diferentes niveles. Permanentemente se insiste en que no hay jóvenes formados para lo que solicita el mercado. Pero la función de la educación no solo es crear perfiles laborales, sino atender también al desarrollo de las personas. Lograr un equilibrio entre ambas necesidades es importante para una sociedad. Pero solo una de estas tendencias es exigente. La juventud es contemplada como mano de obra barata, por un lado, y como consumidora del un sector del ocio, manteniendo el desequilibrio.

Como sociedad hemos dejado de aspirar a lo mejor y solo buscamos sobrevivir unos y enriquecerse otros. Desde las administraciones lo que se busca es la forma de manejar las cifras para que sean lo menos escandalosas posibles, mientras que para las patronales lo que se busca es el empleo más barato posible y su "flexibilidad".

Esas cifras de entradas y salidas del empleo nos dan cuenta constante de lo que ciertos sectores consideran como situación "ideal" para un modelo estacional y cada vez más precario. No hay perspectiva de que esto mejore porque ya es una enfermedad "consolidada" que contemplamos con cierta naturalidad. 

Hay demasiadas cosas dejadas a su suerte en España. Una de las más dramáticas es la que afecta al desempleo juvenil. Europa lo ve de otra manera, por eso les duplicamos los parados jóvenes.

 

* María Rodríguez "El desempleo castiga a los jóvenes: el 86% de los nuevos parados tiene menos de 25 años" Antena 3 Noticias 3/10/2023 https://www.antena3.com/noticias/economia/desempleo-castiga-jovenes-86-nuevos-parados-tiene-menos-25-anos_20231003651c104390d39d0001e8b2d4.html



jueves, 26 de mayo de 2022

El futuro se prepara hoy o sin relevos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se anuncia para hoy y RTVE.es lo (pre)estrena esta misma tarde en RTVE Play y, para la noche, en La 1, en el programa "Comando actualidad". Se trata de un reportaje titulado "Sin relevo" que pone el dedo en el problema real que España tiene desde hace mucho y que los problemas artificiales creados por la clase política para vivir del conflicto oculta. Es el gran problema, el origen de los demás. "Sin relevo" es un título claro y que con solo dos palabras plantea la realidad de una situación que ha modificado nuestras condiciones de vida, un sistema complejo resultante de una serie de variables que se relacionan y que nadie ha querido o sabido enfrentar para darle un horizonte menos sombrío a este país.

En los dos primeros párrafos se nos da cuenta de la paradoja española:

En el campo, en la industria, en el transporte, en la medicina, en las aulas… la falta de relevo generacional oprime a sectores clave de la economía. Salarios que no compensan el esfuerzo, familias que prefieren que sus hijos tengan estudios universitarios, nuevas generaciones menos numerosas: hemos pasado de una natalidad de 700.000 niños al año a finales de los 70 a los 400.000 de 2005.

Estas son, según los expertos, algunas de las claves por las que escasea mano de obra en sectores decisivos para la economía española. Y todo en un país donde hay tres millones de parados y solo el 38 % de los jóvenes tiene empleo a los 24 años, según datos de la OCDE.*

A lo largo de los más de 10 años que tiene de vida este blog, hemos repetido una triste situación, cómo una generación explota a la siguiente convirtiéndola en mano de obra barata y repitiendo que el futuro de los hijos será peor que el de los padres. Cosa que no ha ocurrido con los abuelos y anteriores. Las generaciones de la posguerra se sacrificaron para hacer un destino mejor para los hijos, les dieron lo que ellos no habían tenido. Se extendió la enseñanza en los 60 y a las universidades llegaron los hijos de los analfabetos. En la España de los 70 y 80 todavía quedaban, según las zonas, analfabetos. Yo mismo, durante mi servicio militar en los primeros años de democracia, dedicaba unas horas diarias, a enseñar a leer o a ayudar a mejorar a jóvenes de mi edad que habían trabajado desde casi niños y apenas habían acudido a las escuelas. Las universidades laborales que se habían creado unos años antes acogían todo tipo de profesiones. España se expandía, recibía a millones de turistas, éramos una potencia industrial que fabricaba muchas cosas que se exportaban o se consumían, empezando por los SEAT que nuestros padres esperaban que les sirvieran durante meses por la elevada demanda.

Tras nuestra entrada en Europa se produjo una enorme expansión. Cualquiera que recuerde los años 70 y 80 tiene en mente, con claridad, la diferencia. España se transformó. Lo hizo con ilusión, con democracia y expansión. Nos ajustamos a los criterios europeos y entramos en la Unión, fue un sacrificio de muchos sectores. Pero ocurrió también algo muy raro. Empezamos a tener menos controles sobre nuestro destino y, sobre todo, sueños comunes. Dejamos de tener ilusión común y empezó a llenarse nuestro mundo de palabrería y con muy poco sentido del conjunto, poco acuerdo para resolver problemas generales. Cada uno se buscó la vida en detrimento de los demás.

Hace años empezó a utilizarse el término "mileurista". Trataba de describir de forma despectiva a los jóvenes que cobraban "mil euros". Hoy, tras muchos años y mucha inflación, muchos se consideran felices por cobrar esos mil euros que antes nos parecían ridículos.

Se ha producido una extraña desvalorización del trabajo en donde trabajar más no significa ganar más, sino tener posibilidades de sobrevivir. Los sueldos descienden y el trabajo aumenta. No sé si en el resto del mundo se da estas situaciones de personas que no entierran a sus padres y abuelos, que los esconden en las casas para seguir cobrando sus pensiones. No lo sé, pero es un ejemplo macabro de una situación real.

Dejamos de tener el compromiso tradicional de trabajar para mejorar a la siguiente generación y nos dedicamos a explotar, en sentido literal, a los jóvenes pagándoles poco y creando un mundo de ocio organizado al que se les lanza como una burbuja ante el desastroso presente y el más oscuro futuro.

Aquí lo hemos aceptado todo como "natural", aceptando que el "mercado" es un azaroso destino contra el que no se puede luchar, cuando el mercado es todo menos un destino, ya que sobre él actúan todo tipo de fuerzas manipuladoras, como nos está demostrando Vladimir Putin controlando países enteros con un corte de energía, cerrándoles puertos de exportación o bloqueando las ventas de grano.

Las noticias que se nos dan es que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, que para algunos teóricos es la demostración de que el que tiene la sartén por el mango siempre tiene razón. Les hemos aplaudido y admirado; ellos simplemente nos han explotado ante la apatía o la complicidad de una clase política perdida y a su aire.

Los modelos reales los estamos viendo estos días gracias a la pandemia: el parasitismo. Son los comisionistas, jóvenes en este caso, "bien conectados", con acceso privilegiado a ofertas. Lo que ganan "pa' la saca" no los ganan en decenas de años las personas de su generación. La inmoralidad de este tipo de procedimientos no acalla el desastre, la desmoralización, que causan en las personas que enlazan contrato tras contrato para intentar vivir con una miseria que se les paga.

Estos días vemos cómo no se cubren plazas de médicos de familia. No compensa el esfuerzo hecho, la inversión en tiempo y dinero, para especialidades mal pagadas y peor consideradas en el ranking social que ya solo se fija en cuánto ganas.

Si en algo insiste el reportaje de RTVE.es es en la idea del relevo. Se recogen testimonios de profesiones, de conductor de camión a pastor, de electricista a albañil, de maestro a pecador, a cualquier tipo de operario. La salvación está en la mano de obra extranjera, que viene de países donde los sueldos son inferiores. Los jóvenes españoles no están dispuestos a encerrarse en pueblos semi abandonados, donde les cierran las escuelas a sus hijos, donde no tienen centros de atención médica y donde los trenes ya no paran. Todo porque no son "rentables", es un círculo vicioso.

Los testimonios por sectores se acumulan:

Galicia es la comunidad con más marineros de España. Hay casi 20.000, pero el 65 % ronda la edad de jubilación. Manolo es patrón de barco en el puerto de Burela, en Lugo. Lleva 41 años saliendo a la mar. Busca tripulantes, pero no encuentra: “Los extranjeros nos están salvando. Indonesios, africanos, marroquíes, peruanos… y eso que la vida es menos dura ahora que antes, que los barcos son mejores, que hay duchas, baños, internet…”, cuenta.  “Si mi hijo no quisiera seguir con la profesión, tendría que desguazar el barco”, apostilla.

Raúl, que también es patrón, cuenta con 15 tripulantes de los que sólo cuatro son españoles. “Antes salíamos al mar cien barcos a por bonito, ahora solo tres. Los aprendices se van a la marina mercante y a la pesca de recreo”, subraya.*

Pero ¿quién quiere vivir de una profesión dura, arriesgada y con salarios bajos, con empleo inestable, con producción por debajo de costes? La ganadería muestra un panorama similar:

[...] El relevo generacional es mínimo. Según cifras del Ministerio de agricultura, los menores de 35 años que gestionan el campo no llegan al 5 %. En la huerta la situación no es más halagüeña: sólo el 0,23 % de la tierra en España está gestionado por menores de 25 años.*

Pese a que muchos han regresado a las tierras y han creado pequeñas empresas con las que mantener su vida, lo cierto es que el entorno sigue siendo el problema. La España que se ha despoblado en beneficio de unas pocas ciudades en las que se concentra la población.

Pero no creamos que esto es solo cuestión de jóvenes. La falta de relevo es importante, pero el hecho de que las provincias envejecen de forma intensa tiene sus consecuencias terribles. Lo ocurrido con la pandemia, los miles de muertes de ancianos en residencia, nos muestra que igual que se ha montando un negocio de explotación de los jóvenes, otro gigantesco se ha creado para los ancianos. Es un mundo en el que se han convertido a los ancianos en una industria para los que se lo pueden pagar. Se les cobra y cuando tienen algún problema se les manda en una ambulancia a la Seguridad Social, que será quien corra con los gastos. Solo quieren beneficio, el gasto se cobra al pensionista, otra figura clave.

En los pueblos quedan a su suerte los ancianos, sin asistencia médica, alejados de todo. Sin bancos, que en el mejor de los casos, hacen que se acerque alguna oficina móvil para intentar paliar el cierre de oficinas para hacer más rentables las que quedan en uso. Despidos, cierre de oficinas y, finalmente, campaña como las que hemos visto de las personas mayores reclamando una asistencia "humana" de sus propios bancos. Las personas ancianas han hecho ver que ya son la mayoría social, que aunque no haya mucho dinero en sus cuentas, sí pueden crear movimiento social de protesta y hacer daño a la imagen de los bancos que cantan cada año el crecimiento de los beneficios mientras reducen gastos y servicios. Los ancianos son, además, los que deben sostener el sistema turístico con los viajes del IMSERSO, pensados para sector cuando los extranjeros no vienen, en las temporadas bajas.

Queda la generación intermedia, la obligada a sostener a hijos y abuelos, a la que ahora se castiga con la elevación del precio de la energía, la inflación galopante y unos sueldos cada vez menores, con aportaciones mínimas al sistema de pensiones del futuro, pues apenas han cotizado.

Carecemos de la iniciativa que frene la explotación juvenil, el éxodo de los pueblos, la discontinuidad de los sectores, que solo se salvan por la inmigración, a la que además algunos consideran culpable de lo que ocurre, cuando la realidad, como se menciona en el artículo y los expertos llevan años señalando, es la salvación del conjunto del sistema, los jóvenes que trabajan en los huecos que los demás no cubren o dejan.

Se buscan albañiles, fresadores, yeseros, escayolistas… Isidro es empresario de la construcción. “Nos cuesta mucho conseguir personal. Todo lo que tenemos es gente en edad a punto de jubilarse. Ni nuestros propios hijos quieren venir. Algunos han venido y no quieren saber nada del yeso ni ladrillo ni nada… “, asegura. “Podemos seguir trabajando porque hay mucha mano de obra extranjera”, remarca.*

Y más adelante, respecto al sector del transporte:

“Por 18.000 euros vendería todo…”, dice tocando la carrocería del vehículo con el que ha hecho un millón y medio de kilómetros. “Los camiones ya no valen nada. Cada día se exige más, se trabaja más, se echan más horas… nadie quiere esta vida, sólo los extranjeros. Yo hace 30 años ganaba 3.000 euros. Hoy en día eso no lo sueña nadie… los precios del transporte están por los suelos y el precio del gasoil por las nubes. Al final malvenderé el camión”, asegura.*

Hay una tendencia desde hace años a responsabilizar a los jóvenes porque se han vuelto demasiado "finos", prefieren estudiar huyendo del trabajo duro, dejan colgados los negocios familiares, etc. Es profundamente injusto porque se debería haber acoplado el desarrollo económico español a la formación, es decir, haber transformado nuestros sectores y hábitats. No se puede mejorar la formación sin transformar el mundo que han de habitar. Sin embargo, la experiencia que tenemos es precisamente la contraria, que la se señala hoy con el abandono de los espacios en beneficio de las concentraciones, donde es el consumo lo que se busca deforma prioritaria. No se puede pretender formar a las personas, hacerles viajar de Erasmus, enseñarles idiomas, etc.  y luego dejar abandonada la mitad del país, sin conexiones al mundo, ya sean cables y banda ancha o transportes; sin servicios, de los bancos a los médicos, por citar solo algunos casos comentados diariamente.

Cuando una sociedad evoluciona económica y culturalmente, pero solo viven bien los que se dedican al "boom inmobiliario" o al "turístico", y solo se necesitan albañiles, vendedores y camareros, está comienza un proceso de descomposición. Es muy fácil decir que los jóvenes españoles no quieren ser albañiles, que esos puestos mal pagados son ocupados por la inmigración. Pero el fenómeno ya no produce solo en el campo, en los oficios más duros. Lo que nos acaban de decir es que ese proceso llega ya a los médicos, donde determinadas especialidades nadie las quiere porque suponen una forma de vida muy diferente (vivir en un pueblo, por ejemplo) y unos ingresos menores que otras especialidades que permite vivir mejor y montarse negocios florecientes, como clínicas y consultas privadas. Otro tanto ocurre en sectores como la enseñanza. ¿Se ha hecho rico algún maestro?

En un mundo mal pagado, los sectores débiles son los que no abren expectativas de mejora. Ser comisionista es el futuro, tener agenda, contactos, buenos amigos en los sitios adecuados. Vale más invertir en eso, en contactos, que en una formación que te lleve a una profesión con contratos temporales enlazados, malos sueldos y horarios extensos ante los que nos puedes quejarte y te piden que des las gracias.

Algo falla en una sociedad que acepta que la siguiente generación viva peor. Estamos devorando los recursos del futuro y nuestra economía —lo repetimos a menudo— es la más débil de Europa, la que tiene niveles de paro que doblan la media europea y el mayor paro juvenil. Sin embargo, los parásitos se enriquecen cada día más. Ellos no producen, cobran por mediar.

Tenemos una inmigración que acepta nuestros puestos de trabajos y a la que no tratamos demasiado bien. Habrá que recordar aquí los casos de contagios de temporeros en el inició de la pandemia, por ejemplo, o aquel trabajador hispano abandonado, muerto, a las puertas de un centro de salud murciano. Incluso algún partido populista les acusa de ser los culpables de ocupar los puestos de trabajo que no queremos ocupar.

Hemos creado un laberinto de empresas subsidiarias que menguan los sueldos porque compiten, de forma desgarrada, por quedarse con los mayores márgenes en detrimento de los trabajadores. El lujo pasa a ser escándalo en una sociedad empobrecida y, sin embargo, se nos mete por los ojos cada día en los medios de comunicación donde esa fábrica de parásitos que se llaman "famosos" nos ofrecen ya su tercera generación de "personajes profesionales", ahora convertidos en "influencers", la palabra que hace soñar a cientos de miles de pre adolescentes y adolescente con un futuro maquillado y vistoso, donde el dinero les llegue a base de "likes". No hay vocaciones en su vida, algo que les obligue a aceptar trabajos mal pagados. Es lo que se dice de los que aceptan ser "médicos de familia", que son vocacionales por aceptar un trabajo que no les va a enriquecer.

Algo nos falla. El "sin relevo" es también un "sin ilusiones", "sin confianza" y sin muchas otras cosas que deberíamos crear como perspectivas de trabajo y vida. Lo único que nos ha preocupado en los medios en esta pandemia es la hostelería, el ocio nocturno, el cafelito en la terraza, la falta de camareros según se queja el sector.

Si no entendemos que el futuro no se hace solo, que es necesario crear las condiciones para sembrar lo que queremos que crezca, difícilmente este será un país habitable. Se nos llenará de parásitos como los que vemos cada día en los escándalos de las comisiones, intermediarios, apoyos a las empresas de amigos, creadas para sacar dinero público. Seguiremos teniendo gente que acude a la política financiados por sectores para asegurarse buen trato posterior; gente sin vocación de servicio, que viven de la política y para ellos mismos. Prosperarán todos ellos, ahogando a los demás, tragándose los recursos.

La alternativa de los pueblos para atraer gente son las fiestas y el turismo en sus diversas versiones. No hay otra iniciativa que veamos productiva y pensada en la vida en el propio pueblo. ¿Qué tiene de extraño que se huya de esto? Nadie quiere encerrarse en los pueblos que han sido abandonados de todo, en donde solo quedan los que no tienen más remedio que quedarse. La vida a los pueblos la dan las conexiones, las carreteras, los servicios disponibles, de la sanidad a la educación. No es esa la política seguida. El "relevo" no es solo una cuestión generacional; no se ha preparado el espacio para las transformaciones culturales. Otros países han conseguido modernizar sus sectores más tradicionales. Nosotros no. Los necesitamos, pero no hemos previsto la llegada de la siguiente generación a la que explotamos descaradamente en nuestras ciudades y sus lugares de ocio. 

El reportaje de RTVE.es se anticipa como un baño de realidad en la que se muestra el cuadro de forma distante. No el que nos ofrecen los programas del "corazón", sino lo que nos dejan descorazonadoramente preocupados por la situación y por la falta de remedios que deberían salir de las administraciones e instituciones y de una organizaciones empresariales, los sindicatos, los grupos profesionales, etc., en suma, de todo el tejido social sobre el que hay que plantar esperanzas y regar con recursos que aseguren que este país, en su conjunto, le importa a alguien, que invertir en su futuro no es solo en el beneficio propio, sino crear un sentido ciudadano, responsable, comunitario. Lo demás es palabrería.

La paradoja del titular de RTVE.es solo es aparente. La situación se sigue ignorando o se quiere mostrar como propia de algunos sectores. Lo cierto es que afecta a todos en este mundo de becarios y precarios expandidos.

Las generaciones anteriores sufrieron el pluriempleo para poder dar un mejor futuro a las familias y a la generación siguiente. La actual sufre el subempleo y el desempleo, la precariedad, los contratos seguido, los becarios que deben dar las gracias, las horas no contabilizadas, la agresividad acumulada en los trabajos... Los mejores se van y los que se quedan denuncian su situación, de los médicos y maestros a los investigadores o científicos. Solo unos pocos se benefician de su talento para explotar al resto. 

Hemos dicho que el futuro se prepara hoy, lo que es bastante optimista. Quizá habría que decir que el futuro empezó ayer, que vamos con retraso y que cada día sin actuar supone años de prolongación del problema. Los comisionistas, en cualquier caso, viven mejor de los problemas y carencias.


* SILVIA SÁNCHEZ y MÓNICA HERNÁNDEZ "España: un país sin mano de obra pero con tres millones de parados y un 40 % de desempleo juvenil" RTVE.es 26/05/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220526/comando-actualidad-sin-relevo-falta-mano-obra-tres-millones-parados/2351223.shtml

miércoles, 19 de enero de 2022

La España con alfileres

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hace mucho que España está sujeta con alfileres. No me voy a referir a la cuestión de la identidad nacional, difícil de resolver, si es que cabe aquí esta palabra. Me voy a referir, en cambio, a todas esas otras dimensiones que se esconden tras la creciente, la imparable tendencia a la desigualdad, algo de lo que nos alertan cada cierto tiempo los indicadores y que nadie quiere afrontar más que con parches ocasionales.
La pandemia los acrecienta y los deja en evidencia. Esta España fragmentada, para orgullo de políticos locales y excusa de nacionales, tiene en la desigualdad su peor seña de identidad, la real, la que está bajo la careta satisfecha, la que se muestra festiva y colorista para olvidar su triste realidad. Los indicadores europeos recientes nos sitúan en el cuarto puesto por la cola; por detrás solo países como Bulgaria, Estonia o Rumanía.


Nos dicen estos días que ser "joven" es un mal social, un motivo de exclusión. No es nuevo. Más bien es uno de nuestros indicadores más marcados y diferenciales respecto al resto de Europa, donde ser joven es una etapa de la vida, una forma de transición que se va consolidando en la persona. Aquí es otro mundo. Lo es desde que una generación asumió que era el sector que había que sacrificar y explotar mediante la precariedad, mediante los sueldos bajísimos, los contratos múltiples.

Se nos dice estos días que los médicos y personal sanitario que nos falta están repartidos por Europa, especialmente por el Reino Unido de antes del Brexit  y ahora con destino a Francia. Se fueron, entre otras cosas, porque una realidad laboral —mal pagados, explotados, exhaustos...— que estamos viendo ahora con la pandemia.

Lo estamos viendo con los casos de explotación sexual de menores tutelados, que nos hacen ir al Diccionario de la Academia a ver qué quiere decir tutela; pero lo vemos en el problema de "qué hacer" con ellos cuando cumplen los 18 años, momento en el que se enfrentan al mismo sinsentido que el resto de los jóvenes del país. Ahora se les va a dar (o así se dice) un ayuda para que puedan emanciparse, hasta los 35 años. Hace años se bromeaba con que los hijos no querían irse de casa porque vivían muy bien con unos padres comprensivos. Hoy muchos viven de mala manera, con sueldos insultantes, firmando contratos de fin de semana, de tres o cuatro días, que se acumulan en el año. Lo seguimos aceptando porque eso se produce a través de la propia sociedad, de las empresas a cuyo frente se encuentran personas.

La crisis económica de la década anterior se cebó en ellos. Pero "crisis" no es más que un nombre genérico que le ponemos a la explotación. Así escapamos de la responsabilidad de todos. Todos nuestros males proceden de alguna crisis, pero la crisis somos nosotros que seguimos manteniendo esas situaciones porque hay una realidad que se nos muestra y por la que pasamos sin mirar demasiado por sus causas: la desigualdad creciente, lo que quiere decir que aumenta la riqueza de unos y aumenta la pobreza de otros.

El dato escandaloso de nuestra sociedad es que somos el país en el que los ricos se han hecho más ricos, los pobres más pobres y más se reducen las llamadas "clases medias". Ya nadie repite aquello de que las clases medias son la base de la sociedad, la referencia hacia la que se dirige los que van saliendo de la pobreza. Hoy la pobreza solo tiene una dirección, la descendente.

Nuestra política solo quiere éxitos, solo habla de situaciones en las que mostrar esperanzas sin soluciones que la justifiquen. Solo parches ocasionales, porque la política se ha convertido también en una forma de vida en la parte superior del sistema, la que fija sus propios sueldos, la que parte y reparte, la de las "puertas giratorias", la de los contratos de las "canguros" a costa del estado. Pocos esperan algo de los políticos y sus promesas. En sus grescas se han olvidado, en beneficio del espectáculo, de una realidad que asumen sin responsabilidad. Las cifras se nos dan como si fueran de otro planeta.

Hace muchos años que vengo repitiendo la teoría de la generación explotada. Es sencilla y está a la vista, en los datos, en los titulares. Aceptamos la explotación de los jóvenes sin darnos cuenta que su empobrecimiento iba a ir aumentando. No se trata de un periodo de transición, sino el principio de una situación en la que hoy vive ya una segunda generación, que esos jóvenes empobrecidos, mal contratados, de economía sumergida, "becarios", etc. son hoy adultos en el límite de la subsistencia, sustituidos por otros jóvenes en una carrera de empeoramiento que hacen cola. Ese es el resultado de este sistema de explotación que se aceptó en su momento como un mal menor y del que hoy se aprovechan muchos que continúan explotando con la idea de que "no es el momento" cada vez que se proponen medidas mínimas de mejoras, no ya a los jóvenes sino a la población activa.

Cuando se les pregunta a estos profesionales que se fueron sobre su vuelta ponen cara de extrañeza: ¿para qué? La pregunta les resulta estúpida, ¿para qué van a regresar a un país inestable laboralmente y mal pagado, sin valoración social? En los países donde están les pagan bien, les valoran y tienen estabilidad en el empleo. Puede regresar cada día a casa sabiendo que pueden regresar al día siguiente.

Escucho a jóvenes brillantes, muy brillantes, que me cuentan sobre sus contratos basura de tres o seis meses. Gente de valor reconocido, buenos profesionales, que viven en la angustia permanente de las renovaciones de contratos en empresas privadas o públicas. Nadie está seguro de nada, quizá sea ese el objetivo, vivir en completa inseguridad, controlados por el miedo, consumidos, agotados por el esfuerzo mental necesario para sobrevivir.

El problema es que esto se percibe como normalidad, tanto en el sector público como en el privado. Esto hace tambalear presente y futuro, que se presupone que se construirá con lo que hagamos hoy. ¿Cómo sostener el futuro con un presente inestable, ajustado a mínimos laborales y de sueldos, a cientos de contratos basura a lo largo de la vida laboral, intermitentes, con pausas interminables para que se rebajen las condiciones? El problema es que nadie ve un problema, sino que se ve como parte de la normalidad. Es lo que hay.

El gran escándalo es que todo esto se esconde tras las macro cifras, las que siempre hablan de "crecimiento", pero se nos oculta que lo que crece realmente es la riqueza de unos pocos. El espectáculo escandaloso de las subidas sin límite de la energía eléctrica nos muestra que los poderes reales están en otro sitio, que pueden extraer el capital del ahorro devorándolo en unos pocos meses. Hemos desarrollado la idea de "pobreza energética" y estamos tan tranquilos convirtiéndolo en datos, en titulares informativos antes de que lleguen las noticias de los deportes.

Nos hablan de que casi cinco millones de norteamericanos han abandonado sus empleos. Nos explican:

El fenómeno conocido como la Gran Dimisión o Gran Renuncia se agudizó durante el pasado 2021 y había marcado un récord en septiembre, cuando 4,4 millones de trabajadores dijeron adiós a sus empleos para buscar nuevos desarrollos profesionales o vitales. Ante la creciente desbandada de trabajadores, sin igual en la historia de Estados Unidos, el presidente Joe Biden dirigió a los empresarios una frase que se ha hecho lapidaría "Pay them more" (Págenles más).

Los sectores económicos más afectados están siendo la restauración, los servicios médicos y el transporte. En este momento, hay en Estados Unidos 10,6 millones de puestos de trabajo sin cubrir.* 


¿Les suena? No es difícil reconocer parte del problema. También en España hay sectores que se quejan de que no se ocupan sus vacantes laborales. ¿Creen que la gente está deseando volver a los empleos que dejaron, a la explotación mal pagada, que deben dar las gracias?

Hemos confundido tener una sociedad "mejor" con tener más "ricos", que implica que la mayoría se enriquece explotando a los demás. Se ha asumido, tras una generación, que hacerse rico significa explotar a los que dependen de nosotros. Cada vez hay menos gente orgullosa de sus propias empresas, algo que antes se buscaba. Se nos repetía que alguien que estaba contento trabaja mejor. Pero hoy es más fácil pagar mal y con un contrato temporal. Lo que hacen tres lo pueden hacer dos y lo que dos uno por la mitad de sueldo. Esto está más cerca de una realidad donde se debe aguantar de todo para sobrevivir y dar las gracias.

Mientras no logremos un sentido comunitario de solidaridad, una responsabilidad de todos sobre todos y solo nos veamos como medios de enriquecimiento no avanzaremos. En todos los campos se desarrolla una fría tecnocracia de gestión que solo ve resultados y no personas. Su palabra clave es "eficiencia" y solo busca conseguir más con menos. La parte más débil son los trabajadores y entre ellos esos jóvenes que se sacrifican, que dejan de ser jóvenes y siguen sacrificados porque es la totalidad del sistema el que quiere bajar y bajar las condiciones. ¿Cómo hemos asumido como sociedad que nuestros hijos vivan peor que nosotros? ¿Entendemos lo que eso significa, lo que realmente supone?

17/01/2017

Los políticos lanzan al vuelo las reducciones del paro, pero ¿significa esto una mejora real o es solo otra forma de contabilizar este constante movimiento de ir a la calle, regresar y volver otra vez a la calle? La calidad del empleo es tan mala sin que nadie diga nada que tener un contrato apenas significa algo. Cuando se desmenuzan las cifras vemos su realidad social. Desde hace tiempo nos avisan del problema, pero es mejor centrarse en otras cosas positivas. La política necesita vender sonrisas que tapen la ineptitud, la vaciedad de la confrontación continua para no arreglar nada. La pandemia ha sacado a la luz, con más intensidad, lo que se venía denunciando desde la sociedad civil, desde las instituciones.

Todos miran a otra parte cegados por la propia supervivencia. La España con alfileres se desmorona al faltar la responsabilidad común, la que me implica en el destino de todos. ¿Mejorar? Ya sabemos que esto significa que los ricos serán más ricos y los pobres más pobres. Es lo que se nos dice cada día y así, piensan, debe ser. La receta de Biden es sencilla: paguen mejor, den estabilidad. Eso que tanto preocupa ahora, la salud mental, mejorará también.


* "La 'Gran Dimisión' bate su récord en EEUU: 4,5 millones de trabajadores dejaron su empleo en noviembre" NIUS Diario-Europa Press 4/01/2022

https://www.niusdiario.es/internacional/america-del-norte/estados-unidos-record-trabajadores-dejan-empleo-gran-dimision_18_3261573494.html