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domingo, 23 de abril de 2023

El mal jefe

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo del Reino Unido es una especie de juego del disparate en el que van siendo eliminados, por diferentes causas, los miembros del gobierno. Es como un caso de Agatha Christie en el que van desapareciendo los personajes acusados de distintos delitos o, vamos a llamarlos así, malos hábitos.

Pensábamos que con la salida de Boris Johnson se iba a quedar todo un poco más tranquilo, pero en Reino Unido, al contrario que en España donde no dimite prácticamente nadie, son las dimisiones las que les complican la vida a los gobernantes. Ya sea porque se dan un fiestorro en el 10 de Downing Street cuando los demás están confinados o por circunstancias como ir sin el cinturón de seguridad o, como el nuevo caso, tener malos modos hacia los subordinados.

Quizá algunos recuerden una vieja serie británica de televisión llamada aquí "¡Sí, señor ministro!", de la que se sacaba la conclusión de que los políticos pasan y los funcionarios quedan. Ellos, se decía, son el "verdadero poder", pues son los que permanecen y son además necesarios porque los políticos, precisamente por su carácter provisional, no saben nada de nada. La serie hizo disfrutar a muchos, aunque no sé cómo sentaría entre la clase política esa revelación.



El nuevo caso británico, problemas para el primer ministro, nos lo cuentan en RTVE.es:

 

El primer ministro británico, Rishi Sunak, ha sufrido un inoportuno revés al perder a su número dos, Dominic Raab, a poco menos de unas elecciones municipales que, aunque parciales, medirán la popularidad de los conservadores por primera vez desde que el mandatario accedió al poder en octubre.
La dimisión del viceprimer ministro y titular de Justicia por acoso laboral sigue centrando la atención mediática este sábado, cuando el sindicato de altos funcionarios FDA ha pedido una investigación oficial más amplia sobre la conducta de los titulares de ministerios.

[...]

Dominic Raab dejó sus cargos el viernes tras publicarse un informe legal encargado en noviembre por el primer ministro que respalda varias acusaciones de acoso en su contra cuando era ministro del Brexit, Exteriores y Justicia, entre 2018 y 2022.

Aunque dimitió porque se había comprometido a aceptar las conclusiones del abogado Adam Tolley, Raab, de 49 años, mantiene que su conducta no equivalió a acoso, ha responsabilizado de las quejas a funcionarios con presunta motivación política y alerta de que penalizar un estilo de mando duro socavará la labor de gobierno.

Según un informe del sindicado FDA, uno de cada seis altos funcionarios públicos ha presenciado mala conducta de ministros en los últimos 12 meses en más 20 departamentos gubernamentales. A juicio del secretario general de la entidad, Dave Penman, esto demuestra que Raab "no es una sola manzana podrida y que existe un problema más amplio con el acoso ministerial de lo que el primer ministro quiere admitir".*


 


El autoritarismo político es cada vez más frecuente. El nerviosismo por vivir en campaña constante es un hecho palpable. Pero en este caso hay varias circunstancias de interés.

Las acusaciones y quejas contra el ministro Raab son variadas, desde distintos lugares donde ejerció sus cargos políticos. Pero creo que él mismo se descubre cuando dice que "penalizar un estilo de mando duro socavará la labor de gobierno". Me da la impresión que con esa declaración deja al descubierto un "estilo de mando" y su idea de que quien incumple es el funcionario débil o respondón, que serían los responsables de que no se alcanzara el éxito político.

Dominic Raab se descubre así como un político que cree en la mano de hierro como base del éxito. ¿No vio "Sí, señor ministro"? Probablemente estuviera entrenando artes marciales o viviendo alguna experiencia extrema en algún desierto del planeta, como parte de su formación política.

Cada vez se implanta con más virulencia el modelo "galera" en una sociedad de remeros. Los malos modos ya no son tales, sino formas de estimulación laboral. Cada vez hay más gente que cree que la explotación, el insulto, la mano de hierro son "estímulos", formas físicas de hacer entender cuál es tú trabajo. Generalmente son los mismos que creen que cuanto más inestable sea tu contratación laboral, mejor rendimiento obtendrán. El hecho de que te puedan echar a la calle, piensan, hace que tu trabajo sea más ajustado y competitivo. Es una forma de verlo, pero está por ver si es la mejor o, simplemente, la más justa.

Ahora el sindicato de funcionarios pide una investigación sobre las formas de estimulación laboral de Dominic Raab. Los funcionarios creen que existe un específico "acoso ministerial", que debe ser algo parecido al "acoso presidencial" padecido bajo Donald Trump por asesores y funcionarios, algo que denunciaron unos cuantos al salir de la Casa Blanca.



Hay repartido por el mundo político de todas partes muchos con vocación de "Trump"; les va eso del "You're fired!", característico del millonario de nacimiento, acostumbrado a mandar y ser obedecido sin rechistar.

El poder se sube a la cabeza antes que el alcohol y dura mucho más la resaca. Dominic Raab se quiere presentar a sí mismo como la "mano dura" que el Reino Unido necesita, que es lo mismo que dice Trump que necesita América para ser grande de nuevo. Las crisis son siempre por debilidad, de una forma u otra. ¡Mano dura!

Ahora se la han aplicado a él y ha salido con profecías catastrofistas. Es evidente que los desastres no se producen por funcionarios demasiado "sensibles", sino por políticos como este, ya ex ministro, que confunden gritar con ser eficientes.


Dicen que era la mano derecha del Primer Ministro, pero era más bien "el puño derecho" golpeando donde no debía. Algunos titulares hablan del "ministro boxeador" (El País), que parece es el rasgo que va a quedar.

La última "tradición" de los conservadores británicos ha sido cargarse a sus propios dirigentes, pero lo de Dominic Eaab ha sido diferente. Han sido las denuncias de los funcionarios, lo que abre una nueva tendencia. Hay diferencias entre ser un "mal ministro" y un "mal jefe". Las combinaciones posibles harían que la deseable fuese la de buen ministro y jefe, pero no siempre puede ser. La cuestión ahora es si este mal jefe arrastrará también al suyo, del que era mano derecha.


 

* "El Gobierno de Sunak se tambalea a dos semanas de las elecciones municipales" RTVE.es EFE 22/04/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230422/gobierno-sunak-se-tambalea-dos-semanas-elecciones-municipales/2440566.shtml



sábado, 8 de abril de 2023

Estrés o échale la culpa al virus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé muy bien cuánto tiempo nos van a durar los efectos de la pandemia y el confinamiento, pero me temo que nos va a durar más nuestra tendencia a echarle la culpa de nuestros estados futuros. La pandemia lleva camino de convertirse más en una excusa que en una explicación.

En 20minutos han realizado una encuesta telefónica con más de mil consultados con motivo del Día Internacional de la Salud y los resultado obtenidos nos muestran bastante peor en todo los aspectos, tanto de la salud física como de la mental, sobre los que se nos ha preguntado por parte del Instituto DYM, el encargado de realizar la consulta. En el artículo en el que se recogen los resultados se nos comienza diciendo: 

Si bien la pandemia hace tiempo que dejó de ser un asunto de primer orden, sus efectos se resisten todavía en el día a día de los españoles. Las secuelas mentales y físicas que generó la crisis sanitaria parecen mantenerse entre la ciudadanía, que manifiesta hoy una salud —mental y física— deteriorada respecto a hace cuatro años. Si en 2018 un 75% aseguraba que su salud era, en general, algo buena o incluso muy buena, en 2022 ese porcentaje se ha desplomado 16 puntos hasta el 59%. Lo mismo sucede con el estado de ánimo, que antes de la covid era bueno para una gran mayoría (el 86%), que ahora ha pasado a ser del 74%. *

 

Es cierto que en muchos campos sí se comprueba una diferencia entre el antes y el después, pero lo que está por ver es que sea el coronavirus el que marque las diferencias en este periodo en el que han ocurrido muchas otras cosas, cuanto menos inquietantes para la situación global y que tienen efecto sobre todos.

Los políticos son muy dados a echar la culpa a algún factor extra político, alejándose así de las responsabilidades. El propio tratamiento político de la enfermedad ha podido dejar mucho que desear y todavía tenemos a la Sanidad sublevada por su propio estado.

19/10/2021

En la encuesta se nos dice que "...por edades, las diferencias son poco significativas —son los mayores de 65 años los que manifiestan un mejor estado de ánimo—, pero sí que aparecen disparidades importantes según el género."* Los hombres, nos dicen, son más "optimistas" que las mujeres: solo el 21% de las mujeres dicen ser optimistas, frente al 35% masculino.

El problema de las encuestas es que no pueden preguntar sobre todo. Centrarse en determinados puntos para tener datos y extraer conclusiones válidas no es siempre sencillo, especialmente cuando los conceptos son más bien vagos.

En esta encuesta, se nos dice, resulta una imagen negativa de la percepción que tenemos nosotros mismos, lo que no quiere decir que sea "real" sino lo que "sentimos" o de "cómo nos sentimos". Se nos dice:

La investigación analiza varias áreas relacionadas con la salud, incluyendo la forma física, la gestión del peso, o la salud mental, y concluye alertando de niveles "alarmantemente altos" de estrés y de una "tendencia creciente" de la ansiedad en todo el mundo. 

En España, el estado de ánimo es, de hecho, el ámbito que más desciende respecto a hace cuatro años. Menos de la mitad de los encuestados (el 46%) considera que su estado de ánimo es "algo bueno", lo que supone una bajada de 18 puntos respecto a 2018 (64%). Un 28% sí que sostiene que tiene un estado de ánimo "muy bueno" (crece seis puntos), pero se dispara 10 puntos el porcentaje de españoles que confiesa que su estado mental es "algo malo" o "muy malo": así lo cree el 24%, frente al 14% que lo sostenía antes de la pandemia. 

Que estemos bajos de ánimo, por decirlo así, debería hacernos reflexionar más allá de lo meramente sanitario, porque es sobre todo una forma de sentirnos, algo que va más allá de la propia salud. El peso es algo que se mide perfectamente con tener una balanza, pero la "sensación" de "estar gordo" es otra cosa, una dimensión psicológica que puede reflejar muchos aspectos diferentes. Pero si una mayoría se siente "mal" o "peor" quiere decir algo, por mucho que nos quieran poner datos delante para levantarnos el ánimo. Entonces se le echa la culpa a la pandemia, que se pone como frontera temporal, como un antes y un después. Sin embargo, la pandemia es el fondo del escenario sobre el que se ha escrito la obra, por seguir con la metáfora teatral. No podemos negar su influencia, pero tampoco convertirla en un factor que excluya todos los demás factores en liza.

Como en toda precampaña (ya estamos siempre en precampaña y campaña, no hay huecos), la lucha sobre nosotros trata de llevarnos de un extremo a otro todo es perfecto o todo es un desastre. Ese bombardeo constante, además de la gresca continua, no es precisamente el mejor estímulo para desarrollar un buen estado de ánimo. No podemos aislarnos de nuestro entorno y este es cada vez más presionante debido al ecosistema informativo en el que vivimos. Usamos nuestro entorno para obtener información, que nos llega por oleadas de bits y, de igual forma, los usamos para aislarnos de ese entorno que nos altera. Es difícil ignorar esa tendencia al conflicto, lo que acaba provocando inquietud y angustia.

En el estudio se señala:

En cuanto al estrés, no puede hacerse la comparativa con 2018 porque entonces no registraron datos concretos sobre este ámbito, pero los datos señalan datos igualmente importantes. El 48% de los encuestados dice que su nivel de estrés es "muy malo" o "algo malo"

De nuevo, ellas son las que sufren más estrés: el 57% de las mujeres dice que sufre un nivel de estrés malo; frente al 41% de los hombres. El porcentaje se dispara, además, si se atiene a las respuestas de las personas de entre 18 y 35 años. Casi seis de cada diez jóvenes asume que su nivel de estrés es algo malo o muy malo. * 

Más allá de la fiabilidad mayor o menor de la encuesta en cuanto a su precisión, los datos por mucho que se relativicen no deberían ser ignorados. Padecemos una situación de estrés que es detectable en muchos ambientes, en nuestras relaciones o en nosotros mismos. ¿Es la causa la "pandemia"? Creo que no, aunque no se puede ignorar como un hecho de nuestras vidas. Sin embargo, ¿cuál es su duración?, que es lo que nos preguntamos inicialmente.

Son muchos los indicadores previos que coinciden con esos datos. Son los referidos al empeoramiento de lo que se ha dado en llamar "salud mental" y del que nos llegan cada vez más avisos en forma de encuestas, pero también en formas de latigazos de realidad que nos azotan cada día.

Telemadrid 6/10/2022

Vivimos en un entorno estresante, que nos provoca angustia por distintas vías. Pero todas ellas llevan a la Roma de nuestras cabezas. Los motivos por los que estos se perciban pueden ser perfectamente reales y no solo percepciones subjetivas. El estrés es real, tiene causas reales.

Hay sobreexplotación en los trabajos, inseguridad laboral, crecimiento de hipotecas, aumento de la inflación, de los costes de la energía; hay violencia en las calles, aumento de la violencia de género... y un largo camino de penalidades difícil de ignorar. Nuestro entorno se nos ha vuelto más agresivo y eso tiene efectos en la vida diaria, en nuestra respuesta.

No sé si seguir echándole la culpa a la pandemia es ya suficiente. La única salida a los problemas es enfrentarse a ellos; fingir que no están ahí o que obedecen a causa "subjetivas", a nuestra valoración de lo que nos rodea es pecar de optimistas. Desde hace tiempo, lo positivo es que haga buen tiempo para llenar terrazas y bares, cuando el problema es lo que han subido cafés y cervezas, aperitivos y que todo sale siempre del mismo sitio. Somos el país-terracita, pero eso ya no es suficiente, para dejar de ver lo que tenemos delante.

El País 5/07/2022

Hay que preocuparse por la cuestión del estrés en todos los ámbitos, de la escuela a los trabajos, del tráfico a los hogares. ¿Ha pensado que quizá usted esté contribuyendo al estrés de otros, que se lo está provocando? En la medida en que es una situación que se nos provoca, somo provocadores de estrés, muchas veces sin saberlo, otras porque no nos importa con ese conocido "no es mi problema", que tanto daño hace al conjunto. Hay que preocuparse, hay que bajar los estresores. 

Los problemas se trasladan con nosotros y parece que nos aconsejen adaptarnos a la situación y seguir adelante. No es la solución. Pero la actitud de negar lo que ocurre no resuelve nada; ya no podemos seguir echándole la culpa al coronavirus. Necesitamos sonreír nosotros y no que nos sonrían desde pantallas y carteles. 

1/02/2022

* Elena Omedes "Encuesta DYM. La salud de los españoles arrastra las secuelas de la pandemia: baja 12 puntos el porcentaje que afirma tener buen estado de ánimo" 20minutos 7/04/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5116166/0/la-salud-de-los-espanoles-arrastra-las-secuelas-de-la-pandemia-baja-12-puntos-el-porcentaje-que-afirma-tener-buen-estado-de-animo/

domingo, 17 de diciembre de 2017

Complicidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo publicado ayer por Maureen Dowd, titulado "Bringing Down Our Monsters",  y dedicado a uno de los temas que han sacudido este año —el primer año Trump—a los  se cierra con esta línea:  "No wonder, given the state of Washington and Hollywood, Dictionary.com chose “complicit” as its word of the year."* La expresión viene de la afirmación de Salma Hayek de que Harvey Weinstein se había convertido en su "monstruo" particular.
En efecto, no es posible que lo que está saliendo a la luz no haya salido antes de no ser por una mezcla de complicidad y miedo retroalimentándose una con la otra. Las avalanchas de denuncias han cubierto principalmente tres campos: Hollywood, los medios de comunicación y la política. Son tres terrenos especialmente sensibles al escándalo por ser espacios expuestos a la luz y necesitados de la aprobación directa del público, ya sea como audiencias (medios de comunicación y el cine) o como votantes (la política). Esta sensibilidad es la que hace que se hayan producido respuestas tan rápidas encadenándose los casos con respuestas inmediatas. El temor al efecto de arrastre ha hecho lo demás. Ni medios, ni productoras ni partidos se han querido arriesgar demasiado.


Muchos han cortado por lo sano. Quizá han pensado que era preferible darse el atracón de casos rápidamente antes que un goteo que les produzca un daño mayor. Un caso relativiza otro caso.
La complicidad es necesaria para mantener ese nivel de agresividad sexual, tal como ha sido descrito en los casos con nombres más relevante. Es la complicidad la que obliga al silencio de quienes se arriesgaban a quedar fuera de la profesión sin denunciaban a personajes poderosos, intocables. Cuando las primeras cabezas importantes comenzaron a caer en la Fox, se precipitó todo. ¡Era posible!
Escándalos como las acusaciones contra Bill Cosby por drogar y violar más de cincuenta mujeres o las sacadas a la luz tras su fallecimiento en el caso del presentador Jimmy Savile por abusos sexuales infantiles (incluso con acusaciones de necrofilia) durante más de cincuenta años, han estado en los medios en estos últimos tiempos creando un ambiente en la opinión pública, preparando el terreno para el choque con la realidad de personajes populares y muchos de ellos queridos.


¿Es el mundo de los medios, el cine y la política más proclive a los depredadores sexuales que otros? Probablemente no, aunque tengan un componente de volatilidad importante. Son medios en donde tu destino puede estar en unas pocas manos, en decisiones tomadas por personas que quedan armadas con un enorme poder.
El caso del mundo político tiene su propia especificidad, aunque también se hace cada vez más próximo al del espectáculo, como el propio Donald Trump —que también acumula sus denuncias por abusos— ha demostrado. El actual presidente no ha ocultado anteriormente que es el dinero el que da el poder y  que el poder  no es más que la capacidad de obtener lo que se desea (véase "Rosebud funciona" 2/02/2017).


La idea de Trump es la que está en esas mentalidades depredadoras: conseguir lo que se desea es un certificado de que se posee el poder, por lo que se necesita la comprobación constante, el ejercicio continuado. El depredador busca encontrar el miedo en los ojos de su presa; en eso está gran parte de su placer.
Lo que está ocurriendo es una revolución en un sentido: está trastocando los pseudo valores del poder. Ayer comentábamos aquí el caso contrario: la mujer egipcia, Somaya Tarek Ebeid, acosada en pleno centro comercial en Heliópolis. Su resistencia al hombre que la acosa hace que sea golpeada, una bofetada que queda registrada en las cámaras de seguridad. Somaya va a la Policía que la ignora; va a los medios que la acusan a ella y le roban el teléfono para tener acceso a sus fotografías personales; los jueces solo condenan al hombre por la bofetada, no por el acoso. Finalmente, el hombre la raja la cara por haberla denunciado. Ella intenta el suicidio con pastilla y lo retransmite en directo a través de Facebook. Somaya sigue siendo en víctima de cada una de las instituciones ante la que va a denunciar su ataque.
El efecto de las denuncias está sacudiendo los cimientos de la sociedad norteamericana precisamente en el momento de conservadurismo más retrógrado, con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Desde el primer día se abrió un frente de lucha para que quedara claro que la política antifeminista que Trump apuntaba y practicaba no le iba a ser fácil de sostener. La llegada de un organizador de concursos de Mises no era lo más positivo para los Estados Unidos.


La visión del poder es masculina, prepolítica, no ideológica, carnal. Caen republicanos y demócratas, liberales y conservadores. Lo único que pueden hacer los partidos es reaccionar ante lo que les viene encima. La agresión sexual no es defendible bajo ninguno concepto y cualquier atisbo de hacerlo es caer bajo al marco de la "complicidad", la temida palabra declarada estrella del año.
Uno de los efectos de la agresión es que aunque pudiera prescribir, pasado el tiempo, no lo hace como denuncia, afectando como escándalo. La denuncia de casos pasados está sacudiendo carreas políticas y profesionales cuya caída es desde la cima de la profesiones. No todos tienen la suerte de Jimmy Savile, de irse a la tumba antes de que salga todo a la luz. Es lo que le valió terribles críticas a la BBC por haber tapado el escándalo continuado de un pervertido con gracia.
Derribar los monstruos, como reclama Maureen Dowd en su artículo, es descubrir que los monstruos son también molinos, que ha llegado el tiempo de la tolerancia cero con los abusos en todos los ámbitos. Ha llegado también el momento de replantear las formas de entender el poder y su control en unas sociedades con una mayor incorporación de las mujeres a los puestos de trabajo de responsabilidad.
Junto la violencia doméstica, muchas mujeres se enfrentan a la jungla laboral en la que les espera otro tipo de violencia a cargo de las personas que pueden decidir su futuro. La violencia sexual en cualquiera de sus variantes parece desafiar las normas sociales y los principios de la convivencia. La educación en valores es un camino, pero eso no evita que la transgresión de esos valores se convierta en una forma de mostrar la impunidad del poderoso. Por eso la "complicidad" es un factor tan importante ya que asegura un círculo protector, un círculo que le vuelve invisible para sus desmanes. La denuncia constante es la única forma de enseñar al poderoso que puede perder todo, que la impunidad no existe.
Hay que acabar con esos monstruos. Pero también es necesario ir a la raíz, evitar que crezcan en sociedades precarias, donde el miedo a denunciar por perder lo que se tiene es un hecho. La solidaridad de las denuncias es fundamental para crear los factores disuasorios necesarios. Sin cómplices no les será tan fácil.




* Maureen Dowd "Bringing Down Our Monsters" The New York Times 16/12/2017 https://www.nytimes.com/2017/12/16/opinion/sunday/sexual-harassment-salma-hayek.html




viernes, 17 de abril de 2015

La visita del ministro o no humilla quien quiere

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si uno aprende algo leyendo a los grandes maestros de la novela es que la autenticidad no está en las grandes palabras, sino en los pequeños detalles. Son las pinceladas hechas muchas veces sobre la marcha, más expresivas que las del engolado retrato oficial, en donde no se ve a la persona sino su vanidad.
Puede que el ministro egipcio de Cultura llevara preparadas grandes palabras en su visita sorpresa al museo dedicado al pintor Mahmoud Said en Alejandría, pero se encontró con lo inesperado y es en esas reacciones cuando se descubre el fondo de las personas.
El Daily News Egypt lo contaba así:

“If you have any problem with government centralism, I have a problem with fat employees [like you],” Culture Minister told employee Azza Abd El-Moneim leaving her in disbelief.
It was a normal working day when Abd El-Moneim, who works as a curator at the Mamoud Sae’ed Museum, discovered that Minister of Culture Abd El-Wahed El-Nabawy was visiting the museum in a surprise field tour.
“He began asking me about several things at the museum, and I answered them all without any problem,” Abd El-Moneim said.
When the minister asked if the employees face any troubles at their work, Abd El-Moneim, who holds a Masters degree in sculpture, answered back that she is facing an issue regarding a salary increase as per the law.
Surprisingly, he responded that he has a problem with me being overweight, according to Abd El-Monaim.*


La sorprendente forma de responder del ministro de Cultura refleja el desprecio por la persona y la soberbia del político que cree que puede tratar a las personas como le apetezca. El insulto fue más allá de esa primera respuesta sobre la obesidad. Como es característico de este tipo de personalidades, buscó la complicidad de todos los que le rodeaban para cebarse en el insulto a la conservadora del museo. Este maltratador, pues no es otro tipo de personalidad, logró formar un coro de risas alrededor de su víctima:

“I told him that I’ve been working for seven years now, and no one ever told me it’s one of the criteria of the job,” she added. He looked at the manager of the museum, who is also over weight, asking her to “make Azza climb the stairs at least 20 times a day, then she might lose some of her extra weight”, amidst the loud laughter and giggles of the people around.
“I’m offended, broken and deeply hurt from his words,” she said tearfully. “This is the meaning of pure sexism. I was judged upon my appearance.”
After completing his tour, before entering his car, the minister looked at Abd El-Moneim with a smile and told her in a very loud voice: “Keep [walking] rounds in the garden as we agreed Azza,” according to Abd El-Moneim.
“I won’t lose any weight,” she answered back. “I love myself the way I look like.”*

Entrada del museo Mahmoud Said en Alejandría

El incidente tiene, efectivamente, todos los requisitos del acoso laboral, con la excepcionalidad de ser el jefe el ministro visitante. Pero, ¿se tomarían en serio la "orden" del jefe de hacer subir y bajar las escaleras veinte veces diarias a la funcionaria? De no ser por el escándalo, yo no estaría seguro de que se lo tomaran como una broma.
Las risas contra su compañera por las "gracias" del ministro prepotente pueden transformarse en miedo y siempre habrá alguno que piense que es mejor prevenir que curar. La cobardía no suele cambiar de un día para otro. Y las risas de respuesta rápida se irían transformando en una incomodidad con la compañera que podría complicarse cuando ella les pida explicaciones por su falta de apoyo y complicidad con el insultante ministro. Pero esto son especulaciones. Lo real es que ella no se amedrentó e hizo público en su página de Facebook lo que había ocurrido. Señalan en Egypt Independent:

On her Facebook page, Abdel Moneim, a curator at the museum, said Nabawy made fun of her weight when she approached him for a request related to her job grade and salary.
“I have a problem with fat employees,” Abdel Moneim quoted the minister as saying in response to her request. “Let her go up and down the stairs twenty times a day to lose weight,” he told the museum’s director who, according to the demoralized curator, joined him in quipping.**


Su denuncia no solo es contra el ministro sino contra el director y sus compañeros, que no fueron capaces de enfrentarse y la convirtieron en objeto de burla.
El caso tiene varias derivaciones. Por un lado está la cuestión laboral, pero también las asociaciones de mujeres han tomado cartas en el asunto:

“The insult and ridicule Azza was subjected to was clearly verbal harassment that should not escape accountability,” New Woman Foundation said in a statement which dubbed the incident “a flagrant example of the derogatory view of women in the workplace.” **

En un país donde el acoso sexual es un mal que afecta a más del noventa por ciento de las mujeres, que dicen haberlo sufrido en distintas variantes, la actitud del ministro es un muy mal ejemplo. El presidente Abdel Fatah El-Sisi consideró que hacer una visita a una víctima en un hospital era un gesto suficiente. Pero claramente no lo ha sido eso se ha podido percibir por los casos posteriores. Las visitas con fotos están muy bien, pero hay que elegir personas con más sensibilidad que el ministro para transformar ese aspecto del país. No tiene Egipto mucha suerte eligiendo ministros o no consideran que burlarse públicamente de una funcionaria por su peso sea un problema.
The Cairo Post añade algunos datos sobre lo ocurrido en la salida del ministro y las reacciones posteriores:

And at the end of the visit, the minister did not forget to call her name again and told her “take a round in the garden to lose weight as we agreed.” She added “I found myself telling him out loud, ‘No I am happy with myself and I will not lose weight; I hope you are happy as well.’”
She said she received a phone call from the minister where he clarified his remarks as was for “cheering up” the atmosphere after he came in a surprise visit.
Abdel Moneim’s Facebook post has attracted over 12,000 likes, as well as gained huge support by social media users who condemned the minister’s attitude, while some called for his resignation.***


Las autoridades egipcias están valorando el peso de las personas de forma constante. La muerte a tiros de la activista Shaimaa al Sabbagh se debió, según el forense jefe del Ministerio, a su "delgadez", que había marcado su destino, lo que supuso un gran escándalo político y su cese. Si hubiera estado más gruesa, habría salvado su vida, decían; culpa suya, pues. Ahora, desde otro ministerio, se preocupan por el exceso de peso de una funcionaria y la quieren tener subiendo y bajando escaleras. Por una cosa o por otra, el destino está manos de los que mandan.


El ministro es uno de los relevos del gabinete que le presidente realizó hace poco más de un mes. Parece probable que su visita sea una primera toma de contacto con los organismos que dependen de su ministerio, como es el museo en Alejandría. El ministro es profesor de Historia en la Universidad de Al-Azhar y ha ejercido cargos en organismos relacionados con los archivos. Dio clases dos años en Qatar y regresó en 2010 para dirigir la Biblioteca Nacional hasta que fue destituido por la llegada de los islamistas y repuesto en el cargo cuando se les expulsó. Su perfil técnico y político es previo a la revolución. En la información que se distribuyó cuando su nombramiento, se recogía: «In a phone call to CBC satellite channel, al-Nabawy said the ministry will play a role in raising awareness, and supporting films that highlight patriotism and nationalism.» Es el "retrato" grandilocuente que hay después que contrastar con estos apuntes del natural como lo reflejado en el incidente del museo de Alejandría.  Desde luego empieza con muy mal pie.
Azza Abd El-Moneim hizo lo que tenía que hacer: no consentir los insultos y las humillaciones por parte de un ministro prepotente y pretendidamente chistoso. Ahora, frente a los retratos y fotos oficiales de cordialidad y eficacia, se tiene ese apunte del natural que revela lo que el poder de los cargos libera en algunos. Patriotismo, nacionalismo y abuso y maltrato laboral y humillación personal. Azza Abd El-Moneim ha visto con tristeza que se siguen riendo las gracias al poderoso en detrimento de la compañera de trabajo. El ministro es el responsable, pero los compañeros que le rieron la broma tienen la suya.



* "Minister of Culture does not approve of ‘fat employees’" Daily Egypt 15/04/2015 News http://www.dailynewsegypt.com/2015/04/15/minister-of-culture-does-not-approve-of-fat-employees/
** "Women rights organization slams minister’s humiliation of stout employee" Egypt Independent 15/04/2015 http://www.egyptindependent.com//news/women-rights-organization-slams-minister-s-humiliation-stout-employee
*** "Complaint against Minister for fat-shaming comment" The Cairo Post 15/04/2015 http://www.thecairopost.com/news/146353/news/complaint-against-minister-for-fat-shaming-comment




lunes, 31 de marzo de 2014

El jefe psicópata

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
BBC Mundo nos lanza una pregunta retórica desde un titular provocativo: "Cómo trabajar cuando su jefe es un psicópata". A través de la consulta a una serie de investigadores, psicólogos especializados en este campo, trata de explicar el comportamiento de los jefes tiránicos y dar algunos consejos a los que tienen la mala suerte de estar bajo la bota feudal de estos elementos.
Tenía la sospecha de que la elección de personas para ciertos puestos, llamados de "responsabilidad", se regía por criterios muy distintos a los que los libros sobre liderazgo suelen presentarnos. Puede que esa sea la imagen que a uno le gustaría tener, pero desde luego no es la que se ve en la mirada de terror de sus subordinados.
La proliferación de comportamientos psicopáticos en el trabajo tiene que ver, me imagino, con un complejo conjunto de factores, pero —por pura lógica— el más destacado debe ser la escasez del empleo y su precariedad, es decir, la inseguridad del trabajador. Saber que el otro no puede contestarte es una forma perversa de autoridad en la que muchos se recrean. Cuenta el déspota con el miedo de los que tienen poco margen de defensa y aguantarán lo que les echen. 


La BBC los llama "tiranos corporativos". El "estilo de dirección", por llamarlo de alguna manera, que caracteriza a estos esforzados directivos —nos dicen que se dan especialmente en el sector financiero y bancario— forma parte de un conjunto de rasgos psíquicos que no se aprende solo en los libros y cursillos. Es un repertorio de habilidades y rasgos psíquicos específicos. Son una mezcla enfermiza de Maquiavelo y Narciso:

La investigación está empezando a identificar rasgos que ya no se consideran simplemente desagradables y perjudiciales, sino que tienen carácter psicopático, según sugieren los expertos.
La lista clínica de rasgos psicopáticos comunes -que incluyen la falta de remordimiento, la amabilidad que puede aparecer y desaparecer sin previo aviso, el egocentrismo, la mentira, la capacidad de manipulación, la impulsividad y la pobreza emocional- predominan entre las personas que se sienten atraídas por puestos de poder.*


Hace mucho tiempo que empecé a anotar mentalmente los rasgos de sus jefes que me contaban amigos y conocidos. Me llamaba la atención cierto patrón en el comportamiento. En muchos de ellos se daban los rasgos psicopáticos que señalan los investigadores. En empresas grandes, se manifiesta con cierta frecuencia. La duda que me surgió entonces es si se trataba de una casualidad, de una extraña coincidencia, o de la tendencia a escoger un tipo de jefe con pocos escrúpulos morales, cero en ética, manipulador, y que veía a sus subordinados como personas que podrían crearle problemas con "los de arriba" si no cumplía con sus objetivos. Sus subordinados, por decirlo así, son el obstáculo en su promoción dentro de las empresas. Desde esa mentalidad, la vigilancia, el acoso, las fobias, etc. llegan pronto.


Hoy no tengo ninguna duda de que ese perfil psicopático es elegido para ponerlos al frente de grupos con el convencimiento de que van tener mano dura en el cumplimiento de los objetivos y normas que se les señalen. Son personas que se sienten atraídas por el poder, como se apunta en el reportaje. Buscan las posiciones que conllevan poder real y lo ejercen con creces. La BBC recoge que puede haber un 1% de la población con esos rasgos psicopáticos que llevan al abuso.


En estos tiempos relativistas, lo bueno o lo malo —parece— depende de donde estén colocados. El reportaje de la BBC señala, siguiendo la opinión de los expertos, el papel que esta gente tiene cuando se le coloca en el sitio adecuado:

Existe, sin embargo, algún aspecto de la crueldad en la oficina que puede tener algunos beneficios.
Aunque estos líderes causan miseria y destrucción, "aquellos que pueden frenar sus tendencias a ignorar las reglas de la sociedad cuentan con una gran ventaja -señala [Oliver] James-. Si uno no se preocupa por los demás, como sí hace la mayoría de las personas, es más libre y puede pensar de manera innovadora".

Los denominados "psicópatas altamente funcionales", que no suelen representar una amenaza física para sus compañeros, pueden ser muy eficaces en algunos entornos corporativos, ya que no sienten ningún remordimiento por despedir al personal ni por atribuirse los méritos que corresponden a otros, al mismo tiempo que son capaces de achacar sus propios fracasos a errores inventados y ajenos.
"La codicia es conveniente en una economía globalizada, donde se necesitan personas en las altas esferas que sean despiadadamente crueles", dice James, sobre todo cuando se trata de tomar decisiones de negocios cruciales como los recortes de personal.
Pero esa misma crueldad, si no se controla, conlleva un alto riesgo: podría causar "que la empresa sufra una debacle".*

La teoría parece sencilla: el 99% de las personas necesita de un 1% de psicópatas sin ningún tipo de escrúpulos o empatía que las azucen. Como se nos dice, "pueden ser muy eficaces en ciertos entornos corporativos". Necesitamos personas sin remordimientos para que puedan despedir a otros. Me imagino que en la Alemania nazi se plantearon cuestiones así con la Gestapo. 
Oliver James, en su obra Office Politics: How to Thrive in a World of Lying, Backstabbing and Dirty Tricks, ha calculado la cifra para Reino Unido: "[...] there are 600,000 psychopaths in Britain. Only 15,000 of them are in prison, which means you could well be sitting next to one. Perhaps you are one."** Esperemos que no sea así.
La ideología tecnocrática necesita de desalmados, es decir, de personas sin alma. Da igual que usted crea o no en el alma; es una cuestión semántica, no teológica. Un desalmado es un desalmado y usted lo nota enseguida. Lo peor de todo ello es la legión de aspirantes a desalmados que buscan suceder a aquellos que los maltratan yestafan. Unos son vocacionales y otros víctimas del "síndrome de Estocolmo", pero todos deseos de cambiar de bando.  
Dice Oliver James: "Los psicópatas saquean corporaciones enteras. Juegan con nuestro dinero y luego acuden al Estado para que los rescaten". Sí, pero mientras sean beneficiosos para alguien —o nadie les frene— estarán ahí. 


* "Cómo trabajar cuando su jefe es un psicópata" BBC Mundo 30/03/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/03/140327_economia_empresa_jefe_psicopata_vp.shtml
** "The psychopathology of office politics" Spiked 28/03/2013 http://www.spiked-online.com/newsite/article/13490#.UzkPO_l_sdg