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jueves, 11 de diciembre de 2025

Las campañas trumpistas del miedo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Donald Trump está convirtiendo a sus Estados Unidos en una fortaleza recelosa e inexpugnable, en un territorio al que es cada vez más difícil acceder debido a las paranoias que está generando.

Hasta en alguna película comercial lo dicen: no hay como un buen enemigo exterior para unir a la gente. El miedo es el más poderoso aliado de los dictadores.  Es el miedo el que justifica el comportamiento exterior e interior norteamericano. Con esta herramienta política repartida por los dictadores del planeta, pasados y presentes, se trabaja la aceptación de políticas agresivas y represivas. Sí, un buen enemigo, real o imaginario, une mucho y permite aceptar muchas cosas.

No tenemos información muy clara sobre el estado de la opinión estadounidense ante las campañas del miedo de Trump. Sabemos que le están fallando electoralmente ciertos lugares emblemáticos. Algunos eran ya espacios demócratas, pero lo interesante es saber cómo están aceptando todo esto los republicanos, la comprobación de si respaldan todo esto o comienzan a dudar.

En el caso más sonado, el de la alcaldía de Nueva York, se ha votado lo absolutamente otro, lo que habían calificado como "socialismo", "islamismo", etc. Pero Nueva York tiene su propio voto. Lo interesante es el resto.

El miedo fomenta el aislamiento y con ello facilita la manipulación, la creencia unilateral, percibir de una forma a los otros, que se presenta como un peligro inmediato, acuciante.

Como parte de esas campañas destinadas a hacer ver que su administración vigila y protege a los norteamericanos, el trumpismo, ha tomado medidas drásticas contra lo que quieren acceder al país. En RTVE.es leemos que 

Estados Unidos plantea obligar a los turistas a incluir sus cuentas de redes sociales en la solicitud del permiso para visitar el país. Según una propuesta de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), que todavía no está aprobada definitivamente por la Administración de Donald Trump, los agentes fronterizos podrán revisar la actividad en redes de los últimos cinco años de cada visitante.

La medida afectaría a aquellos ciudadanos de países exentos de tener que pedir un visado, como la mayoría de los Estados europeos, incluida España, y otros como Japón, Corea del Sur o Australia. Los visitantes procedentes de estos países deben rellenar una solicitud en el Sistema Electrónico para la Autorización de Viajes (ESTA, por sus siglas en inglés), que, de aprobarse esta propuesta, incluiría también la información de las redes sociales.

El documento también plantea incluir otra información de "alto valor" que hasta ahora no se pedía en el ESTA. Entre ellos, "siempre que sea posible", se requerirían también los números de teléfono utilizados en los últimos cinco años, tanto personales como de trabajo, o las direcciones de correo electrónico utilizadas en los últimos diez años, también personales y profesionales.

Además, sería obligatorio presentar los nombres de los miembros de la familia (padres, cónyuge, hermanos, hijos), sus fechas y lugares de nacimiento, su lugar de residencia, y sus números de teléfono. Se pedirían asimismo datos biométricos como huellas dactilares, una imagen del iris o muestras de ADN.*


Como puede apreciarse, el giro orwelliano es total, de Gran Hermano. La sensación que se transmite es la del peligro exterior absoluto. Lo que exige es un control cuya justificación solo puede ser arbitraria porque cualquier persona que presentara algún problema, vamos a decirlo así, no lo solicitaría. Esto supone el aumento de la vigilancia fronteriza y la justificación de nuevas detenciones y deportaciones.

Esta creación del miedo elude que ese miedo a ser atacados proviene de las propias acciones agresivas en el exterior. Si los Estados Unidos de Trump simplemente se encerraran, podría entenderse. Pero, además de encerrarse, la agresividad e intervencionismo norteamericanos han aumentado por todo el mundo con la justificación de anticiparse, como ocurre con la cuestión planteada con Venezuela, donde aparece como víctima, juez y verdugo. Estados Unidos nunca ataca; solo se defiende. De esta manera es posible que Trump aspire al Premio Nobel de la Paz sin sonrojo.

Brennan Center en español

¿Hasta qué punto son conscientes los norteamericanos de todo esto, tanto para su estado interno como para la percepción que el mundo tiene de ellos? El primer punto es una lotería de la credulidad. Para esto, Trump trata de controlar los medios independientes para silenciarlos o desprestigiarlos y aporta sus propias fuentes de desinformación, Los que quieren creerle, lo hacen. No hay dudas en ellos; el mundo es tal como Trump lo describe. Otra cuestión es la propagación a través la creación de una ultraderecha internacional de muchos de sus postulados, de la Argentina de Milei a Viktor Orbán en Hungría, pasando por Benjamín Netanyahu, su ferviente aliado. También ellos juegan con diversas políticas del miedo, cada uno a su manera y estrategias para mantener sus objetivos.

El cierre orwelliano de los Estados Unidos le va a afectar en lo político, pero también en lo económico. Afecta en la inseguridad de los que están o deseen estar incorporados al tejido empresarial. Trump se preguntaba estos días porqué los daneses, una migración deseable, no iban a los Estados Unidos donde serían bien recibidos, mientras que gente perteneciente a "países de mierda" intentaban colarse por todos los huecos. Más allá del racismo que siempre le ha caracterizado, la respuesta es sencilla: los daneses probablemente no deseen vivir en una cárcel. 

Ya en 2016, en los comienzos de la campaña presidencial que llevó a Trump a la Casa Blanca, podíamos leer en la BBC algo que nos muestra que no hay novedad:

Uno de los hechos más sorprendentes en la carrera de los aspirantes presidenciales de Estados Unidos, ha sido el desenfrenado éxito del multimillonario Donald Trump en los sondeos de opinión.
Esto, sin embargo, no es sorprendente si se toma en cuenta una tendencia de la política estadounidense que se remonta a una época muy lejana: el miedo.
Esta palabra simple de cinco letras funciona si el que la usa quiere ser elegido presidente.
Los profesionales de la política saben que aprovecharse de los sentimientos de la gente, explotando lo negativo, es la manera de tener éxito.
Hay otra palabra un poco más elegante que se usa para describir el miedo excesivo e irracional y la desconfianza: la paranoia.
Esta palabra también funciona en ciertas ocasiones. Al menos en la política estadounidense.
La actual temporada electoral presidencial es una de estas ocasiones.** 
 
 

El tiempo ha confirmado lo que se temía, que se conviertan miedo y paranoia en el binomio prefecto para conseguir y mantenerse en el poder. Lo malo es lo que supone no solo para USA sino para el mundo, especialmente si cunde el ejemplo y se imita.

¿Habrá en algún momento —no con Trump, desde luego— un cambio hacia aguas más tranquilas?

 

* "EE.UU. plantea revisar las redes sociales de turistas y acceder a los datos de familiares como requisito para entrar al país" RTVE.es 10/12/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251210/estados-unidos-revisar-redes-sociales-turistas/16853343.shtml

** Michael Goldfarb "Cómo el miedo y la paranoia han impulsado la carrera presidencial de Donald Trump" BBC 24/01/2016  https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160124_eeuu_elecciones_trump_paranoia_men



miércoles, 1 de marzo de 2023

La lengua de Putin

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Pierre Bourdieu nos explicó en "¿Qué significa hablar?", que la "lengua" era del "rey" de turno y que las Academias se fundaron para proteger la lengua del rey del deterioro que el pueblo inculto podía ejercer sobre las palabras. El pueblo es inculto y las élites son las que dominan la lengua. Incluso las lenguas, pueden tener su propio prestigio y ser elegidas como propias de las élites y rechazar la propia, que puede no considerarse vehículo de cultura y sí de barbarie. Así ocurrió con el uso del latín, por ejemplo, que los intelectuales consideraban de prestigio y tradición frente a las lenguas vernáculas. Es el desarrollo de cierto sentido nacional el que hace que las lenguas propias se consideren vehículo artístico, cultural. Por eso el romanticismo fue una explosión nacionalista empezando por crear esa lengua del pueblo que se lanzaron a recolectar e imitar. Una de las lenguas más tardías fue precisamente el ruso, cuyos nobles preferían expresarse en francés o alemán, antes que en el feo idioma del inculto pueblo. Se considera a Pushkin el padre del ruso, el autor moderno que sirve de referencia para hablar de un idioma ruso literario. Lo demás es arqueología, rastreo de esa lengua despreciada anteriormente y que fue necesario dignificar acogiéndola en sus propias instituciones, las mismas que la habían despreciado.

En el artículo titulado "¿Por qué los nobles rusos hablaban francés?"*, firmado por Oleg Yegórov, publicado en Russia Beyond, se nos explica en su inicio:

Guerra y paz de Lev Tolstói es uno de los libros más difíciles que tienen que leer los estudiantes rusos. No nos referimos aquí a su tamaño sino a las partes que están escritas en francés.

La mitad del diálogo con el comienza la novela, en un salón de la alta sociedad petersburguesa, está escrito en francés y no es una invención del autor sino un reflejo de los modales de principios del siglo XIX (el primer volumen de Guerra y paz trata sobre eventos que tienen lugar en 1805). Tal y como dice el narrador sobre uno de los personales: “Hablaba en ese refinado francés con el que nuestros abuelos no solo hablaban sino también pensaban”. Y es que en el siglo XVIII el francés “conquistó” Rusia y se convirtió en la lengua no oficial de la aristocracia. ¿Cómo ocurrió?* 

Rusia siempre ha ido con otro ritmo, con otra historia paralela a la occidental. Sin un "renacimiento", sin una etapa "racionalista", sin un pensamiento de libertad individual, Rusia es Rusia. No fue hasta la década de 1860 cuando se suprimió la servidumbre de la gleba, una institución esclavista y medieval. Podemos leer lo que supuso el cambio en la magnífica Padres e hijos, la novela de Iván Turgéniev: "...Decidí que en casa no tendría a más siervos liberados, antiguos miembros de la servidumbre; o que, por lo menos, no les confiaría cargos de responsabilidad. —Arkadi señaló a Piotr con la mirada—. Il est libre, en effet —observó Nikolái Petróvich a media voz—, pero es que él es ayuda de cámara. " (Padres e hijos, cap. VIII).

El hecho de que la nobleza hablara —y pensara, como señala Tolstói y vemos en el fragmento anterior de Turgéniev— nos dice mucho de lo que es Rusia y de lo que ha sido su propia evolución en paralelo a Europa y muchas veces más cercano al totalitarismo asiático, cuyos emperadores estaban bastante cerca de lo que representaban los zares, con el apoyo de la iglesia rusa, contraria a cualquier modernización porque suponía perder el control sobre la ignorancia, como todavía vemos hoy con la actitud de Kirill I, el patriarca de Moscú, valedor de Putin en las invasiones y en sus cruzadas morales y religiosas.

La romantización rusa supuso la dignificación del lenguaje y del pueblo. De esta forma, a la obediencia absoluta se le añadió la voluntad popular, la del pueblo, ahora adulado, mitificado e igualmente explotado por los que dijeron actuar en su nombre. No se libra uno fácilmente del culto a la autoridad.

Ahora se busca el romanticismo nacionalista de los eslavos, ya que se trata de distinguirse de Occidente. En esta línea, Rusia ha estado dividida entre eslavófilos visionarios y occidentalistas liberales. Pero no es fácil hacer consciente a la gente de su libertad y muchos prefieren las ventajas del populismo nacionalista que les libra de pensar y les ofrece dejarse llevar por esas corrientes místicas, mezcla de sangre y tierra.

La lengua rusa se reviste actualmente de nacionalismo. Pensemos que la prueba de verificación para invadir, al igual que hizo la Alemania nazi, es la lengua. Allí donde se habla la misma lengua es que existe el mismo pueblo. Rusia te enseña ruso y luego te anexiona para liberarte, como ha ocurrido en Ucrania. Los rusófonos son la vía de entrada, la excusa para la invasión. Se empieza hablando ruso y se acaba con el pasaporte en la boca.

RTVE.es nos da una noticia interesante por lo que representa en el contexto de lo señalado anteriormente: 

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha declarado la guerra a los extranjerismos con el fin de proteger la lengua rusa de la excesiva influencia de otros idiomas, especialmente el inglés. 

Putin ha promulgado este martes la correspondiente ley que le remitió la Duma y que fue aprobada en primera lectura en diciembre pasado. Con esta norma se prohibirá a los funcionarios del gobierno ruso la mayoría de las palabras extranjeras en el ejercicio de sus funciones.

"A la hora de utilizar el ruso como lengua estatal de la Federación Rusa no se permite el uso de palabras y expresiones que no se correspondan con las normas del idioma literario ruso moderno", señala la nueva ley. La excepción, añade, "son las palabras extranjeras que no tienen análogos en el idioma ruso y cuya lista está recogida por diccionarios normativos".

La ley, que sigue la senda de otras lenguas como el francés, pretende proteger el idioma del "uso excesivo" de palabras extranjeras. Ahora, el Gobierno ruso debe determinar el mecanismo de elaboración de gramáticas, diccionarios y otros manuales que incluyan las normas lingüísticas de obligada aplicación. El objetivo es promover el correcto uso del idioma en todos los niveles de la administración pública.

También se publicará una lista de palabras que pueden utilizarse. Por el momento, no existen penas para quienes no respeten las medidas.**


 

Creo que con lo expresado anteriormente se entiende con más claridad el sentido "romantizador", es decir, populista y nacionalista, de la medida tomada por el gobierno ruso.

Pero la lengua es también una forma de control. El que manda es quien decide qué significan las palabras. Por ello, decidir qué se puede decir y qué no es una de las bases totalitarias más eficaces del control social.

Con esta medida, Putin convierte el aparato del estado, la maquinaria funcionarial, en agente activo en el modelado del pueblo ruso, al que se le fijan las fronteras mentales, que son las de la lengua. La lengua vuelve a ser de Rey, en este caso del Zar de todas las Rusias, Vladimir Putin. Excluyendo las palabras que vienen de fuera, Putin crea un modelo de aislamiento que define lo otro como maldad, como contaminación. Si el uso de la palabra "guerra" aplicado a la "operación especial" en Ucrania ya marcaba un control del lenguaje traducido en control de la realidad, las nuevas medidas convertirán la comunicación en un espacio de vigilancia y sanciones separando el buen hablar de unos frente a los que usen otros términos o con otros sentidos.

Rusia es cada vez más el espacio de Putin, cada vez más separado del mundo. El ruso es cada vez más un arma que se vuelve contra los propios rusos, que son quienes lo usarán con miedo a que se deslice entre sus palabras un término indebido, una palabra peligrosa. Por el momento, dicen, no habrá sanciones, quizá porque las estén calibrando, poniendo a punto. Quizás porque sea un arma de identificación de aquellos que manejan otras fuentes, más allá de las estrictamente rusas.

De los salones que describía Tolstói hablando en francés, a los despachos, calles, escuelas, medios en las que deslizar cualquier término que no se ajuste a lo prescrito sea un acto punible. 

* Oleg Yegórov "¿Por qué los nobles rusos hablaban francés?" Russia Beyond 6/06/2022 https://es.rbth.com/cultura/2017/06/19/por-que-los-nobles-rusos-hablaban-frances_785542

** "Rusia aprueba una ley que prohíbe el uso de extranjerismos a los funcionarios públicos" RTVE.es  28/02/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230228/putin-declara-guerra-extranjerismos-ley-busca-proteger-lengua-rusa/2428507.shtml

martes, 14 de septiembre de 2021

La batalla del color

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La imagen con la que abríamos el artículo de ayer sobre la educación de las mujeres en Afganistán —de una tenebrosa negrura— era un intento más de los talibanes de hacer propaganda a su manera. A diferencia de lo ocurrido anteriormente, los talibanes están realizando una campaña de propaganda hacia el exterior. Ya no les basta cubrir el panorama afgano con sus cantos de victoria, sino que tienen una necesidad de extender sus mensajes hacia el mundo exterior. La hipótesis de porqué esto ocurre creo que es sencilla de plantear: los talibanes saben que una cosa es hacerse con el control del país y otra muy distinta hacer que funciones. Para que esto ocurra tienen que revertir toda su propaganda anterior, claramente antioccidental, y mostrarse como el "verdadero pueblo afgano", como víctimas de una situación que les permita dos cosas: recibir ayudas y normalizar su situación internacionalmente, es decir, el reconocimiento del régimen. Ninguna de las dos cosas son fáciles para ellos porque la sensibilidad mundial hacia el régimen es muy alta.

Como suele ocurrir a los dogmáticos narcisistas, que es en el fondo lo que es el movimiento de los talibanes, no les va a resultar fácil que el mundo los perciba como víctimas (el reportaje "guiado" que ayer nos ofrecía Euronews trataba de mostrar la cárcel norteamericana en Afganistán como un nuevo Guantánamo), por un lado, y mostrarse como la verdadera cara del pueblo afgano, en segundo lugar, lo que supone algo que hasta el momento ha sucedido más bien poco, que estos se manifiesten como de acuerdo con lo que hacen.

Como hasta el momento lo que han hecho ha sido pasearse armados por las calles y apalear o disparar a los que se manifestaban en su contra, no les ha resultado fácil. Hay que señalar que los talibanes no son "un producto" fácil de promover, de sacar al exterior.



Las imágenes de las mujeres encerradas en su negrura contrastando con el blanco de las banderas talibanes no era, desde luego, la mejor de las propagandas, pero sí eran propaganda, aunque se haya vuelto en su contra.

A esas imágenes horrendas para aquel que no es talibán, nos cuenta la CNN, se oponen las que muchas mujeres afganas en el exilio, lejos de ellos, han decidido mostrar, explosiones de color o de simple normalidad diferente a esa normalidad que los extremistas religiosos quieren imponer y consideran la perfección de la mujer, su desaparición como persona, como ser diferenciado en beneficio de esa mancha de oscuridad y silencio a lo que queda reducida.

La clave del asunto nos la da una de las mujeres que han comenzado la batalla del color:

 

Shekiba Teimori, an Afghan singer and activist who fled Kabul last month, told CNN that the "hijab existed before Kabul's fall. We could see Hijabi women, but this was based on family decisions and not the government."

She said that before the Taliban came to Afghanistan, her ancestors were "wearing the same colorful Afghan dresses you see in my pictures."*

 


Esta guerra de imágenes es importante porque permite comprender los diferentes sentidos de la Historia que coexisten. Para los talibanes, el mundo está cerrado en una forma que ellos dan a la religión y que consideran inamovible, por encima de las personas y que debe ser acatada so pena de castigo y muerte. Los gobiernos son normativos y entran en todas las dimensiones de la vida social y personal. Eso implica un recorrido por todos los recovecos y la disolución de la autonomía personal. Las leyes lo regulan todo basándose en la interpretación estricta de la Sharia. Lo que no está escrito se interpreta desde sus principios y esa interpretación de lo que da poder a los talibanes, a los que controlan lo que se puede y no se puede hacer. Estos "eruditos" son los que tienen el verdadero poder.

Frente a esto, se encuentra la idea de la decisión propia o relativamente propia (la decisión familiar, que se señala, no es tampoco autonomía). Es la imposición por la fuerza, por encima de decisiones familiares y personales lo que lleva al rechazo y a vestir esos colores que representan otra visión de la vida.

La escalera descendente "gobierno", "familia" y "persona" es muy clarificadora de lo que es el poder en aquellos países (no solo musulmanes) de corte tradicional. La relación en esas tres instancias marca la situación de las libertades. Hay países en los que las decisiones gubernamentales, por decirlo así, apoyan a las personas, las libertades individuales, frente al peso del control familiar.  Las familias pueden, por contra, ser el centro de la cultura social y los gobiernos respaldar sus decisiones y control. Así ocurre en algunos otros países donde es la familia el poder central, quien decide por los miembros. Se producen así, por ejemplo, los llamados "crímenes de honor" en donde la libertad de la personas, sus acciones, son percibidas como agresiones a la propia familia. En estos casos se niega la libertad de la persona, que no podrá hacer determinadas cosas que la familia considera negativas. En algunos países, los gobiernos o legislaciones dan por buenos estos castigos o miran para otro lado, mientras que en otros son percibidos como delitos.



Es difícil dar los saltos de unos estados a otros, del estado "familiar" al "individual" o salir del "totalitario", que es lo que han hecho los talibanes. En Afganistán, existe el orden familiar y el orden gubernamental. Pueden coincidir ambos o no, incluso pueden los dos actuar contra la individualidad negando el derecho de la persona a la libertad de decisión.

Esto se vuelve más intenso y complicado si hablamos de las mujeres, donde la obediencia es la norma. Como hija, esposa o hermana, se supone que debe obedecer a las "autoridades familiares"; las familias, como unidades, deben obedecer al nuevo gobierno.

Una vez más, debemos resaltar que no hay un "estado", mucho menos un "estado de derecho". El concepto de "ciudadano", como persona cuyos derechos son respetados, no existe. Es un concepto del que se van alejando para reconstruir los lazos de dependencia.

Cuando Shekiba Teimori dice que el hijab siempre ha estado ahí, pero que era una cuestión de las familias y no de los gobiernos está reconociendo esa estructura y trata de ampararse en ella para aquellas familias que, por su forma de pensar, viven en una "modernidad" diferente al retroceso que suponen los talibanes.

Aquellas familias que dieron el paso de permitir libertades en su seno, se ven ahora presionadas —negadas— por una fuerza externa, que es lo que denominan "gobierno". Teimori sabe que presentarlo solo como una reivindicación de la mujer no va a ninguna parte con los talibanes, pero que sí puede plantearse como una cuestión "familiar" donde se puedan enfrentar un gobierno patriarcal a una familia con sus patriarcas opinando de forma distinta.



No sé si esto servirá de mucho. El hecho mismo que esto se diga desde el exilio ya significa algo. Pero el exilio se va a convertir en una fuerza esencial para frenar la propaganda patética de los talibanes en su intento de normalizarse exteriormente, algo que es muy difícil, por no decir imposible; por otro lado, el exilio tiene que ofrecer al mundo un recordatorio constante de la situación afgana, no dejarlo caer ni en la rutina ni el olvido.

La batalla del color es una buena iniciativa. Es visible y empaquetable a través de los nuevos medios. Basta ver la diferencia entre la alegría del color y la desaparición de la persona tras ese muro oscuro en que se la entierra en vida. Es importante que el exilio se organice y se vaya estructurando en grupos diferentes, que los que han salido por disparidad ideológica o cultural se organice frente a los que han salido por meros motivos pragmáticos. No todos los afganos que han salido lo han hecho por los mismos motivos. Tampoco los que se han quedado lo han hecho por lo mismo. La batalla interna será muy difícil y sobrevivir debe ser el principal motivo. Por eso es tan importante que sepan que no están olvidados, que se les recuerde que fuera hay mucha gente que apoya las causas justas de su deseo de ser libres sin que unos y otros les diseñan la vida.

La generación joven ha crecido en un mundo distinto en gran medida a lo que ahora les ofrecen, eso va desde las fachadas de las tiendas, lo que pueden ver, escuchar o leer, hasta cómo deben vestir o dónde pueden estar. Va a ser muy difícil para ellos sobrellevar esta nueva situación, en especial a las mujeres, cuya vida ha cambiado desde el primer minuto de su llegada. Hay que visibilizar su resistencia porque si no, todo esperanza acabará desapareciendo.

 


* Masoud Popalzai and Celine Alkhaldi "Afghan women are sharing photos of dresses to protest the Taliban's black hijab mandate " CNN 13/10/2021  https://edition.cnn.com/2021/09/13/asia/afghan-women-protest-hijab-mandate-intl/index.html

martes, 15 de septiembre de 2020

Más piadosa que ninguna

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


De nuevo salta otra noticia en Egipto que nos revela el clima de regresión de la convivencia por el avance de la intolerancia, que puede adquirir tintes muy sutiles, pero que revela el mismo tono discriminatorio. La ambigüedad del régimen sobre el papel de las cuestiones religiosas, que están indisolublemente unidas a las morales y políticas marcando su interpretación y valor, vuelve a mostrarse a través de las situaciones que provoca o alienta.

El camino elegido por Egipto es complicado. En vez de apostar por la libertad de creencia, es decir, dejar en el ámbito de las personas las decisiones, no quiere reducir el papel controlador de la religión pero pretende evitar que ese control quede en otras manos que las suyas. Quiere controlar el discurso religioso y a través del discurso religioso controlar los movimientos sociales que redirigen la "piedad" religiosa contra el propio estado. Es decir, se trata de una especie de competición por la pureza interpretativa islámica, en modo alguno una forma de libertad religiosa, sino al contrario, un control sobre las personas.

En relación a esto, leemos en Egypt Today —con el titular "Al Azhar's Islamic Research Academy launches ‘Understand Correctly’ campaign"*— la forma en que este pulso del gobierno con las instituciones religiosas se sigue manteniendo desde la llegada al poder del presidente al-Sisi, que se ve a sí mismo como ese punto de equilibrio frente el "extremismo". La petición de la "reforma del discurso religioso" es una constante de al-Sisi, lo que muestra que no se ha hecho mucho caso.

En muchas ocasiones hemos escrito aquí que esa estrategia que busca sustraer el discurso religioso a los islamistas es errónea porque deja fuera precisamente el discurso laico y democrático, que es el único que doctrinalmente puede crear una sociedad de convivencia. Tanto el gobierno como los islamistas tienen un enemigo común, aquel que reclama su libertad para decidir por sí mismo si sigue una religión o no y si se debe ver afectado por sus directrices cuando le son impuestas como "normalidad".

La campaña "Understand Correctly" no es más que otro intento de orientar las miradas hacia las instituciones oficiales frente a las que se desvían hacia los islamistas considerando que son estos los que cumplen mejor el mandato coránico divino.

Leemos en Egypt Today: 

Under slogan “Understand correctly,” Egyptian Al Azhar's Islamic Research Academy has launched a campaign to rectify the misinterpreted concepts that relate with the norms and old culture rituals, according to a statement from the academy on Sunday.

The new initiative comes in light of Al-Azhar’s role in disseminating the public awareness of righteous concepts of Islam teachings, the statement added.

In a high-level conference hosted by Al-Azhar, Egypt’s top Islamic institution, in January 2020, President Abdel Fattah el-Sisi calls on religious institutions to attach great importance to the renewal of religious discourse.

President Sisi, since taking office in 2014, has called for developing religious discourse, especially that of Islam, and addressing religious misconceptions used by some extremist groups to justify their terrorist acts and deceive the youth.

The calls for renewing religious discourse, endorsed by the Ministry of Endowments (Awaqf Ministry), are believed to be part of the state’s war against terrorism.

At the ceremony of Muslim’s Laylat al-Qadr at the headquarters of the Ministry of Endowments in June, Sisi said that people’s behaviors could affect the image of their religion negatively or positively in other nations’ points of views.

“Strong religion could be weakened by its believers’ behaviors,” said Sisi, adding that Muslims should represent Islam in a good way through their practices.*

 


El texto muestra ese conflicto que ocurre cuando el mensaje debe imponerse social y políticamente. Hemos descrito muchas veces estos años el conflicto del gobierno con las autoridades de Al-Azhar que se descuelgan muchas veces con mensajes anacrónicos que hacen tambalearse su idea de "moderación". Tampoco a ellos les interesa ser cuestionados como "autoridad" vendida al poder gubernamental, cosa que hacen los islamistas de diversa etiqueta cada vez que tienen ocasión. Es el interminable discurso por ser los favoritos de Dios, sus siervos más ejemplares, a los ojos de una enorme masa que se ve arrastrada a esa competición por la pureza del mensaje por parte de los bandos en liza. La propia estructura del islam lo favorece y ha sido la constante desde que a la muerte de Mahoma comenzaros las disputas entre los que reclamaban seguir su mensaje —el de Dios— con mayor fidelidad.

En este contexto de intentar ser "controladoramente moderados", es decir, imponer la moderación tanto al extremista religioso como al laico, surgen constantemente mensajes contradictorios y regresivos, como era de esperar.

La prensa egipcia se hace eco del estupor causado por una de las presentadoras de televisión más populares. Esta es la noticia en Egyptian Streets: 

Egypt’s Supreme Council for Media Regulation is reportedly investigating popular Egyptian TV presenter Radwa El Sherbiny amid accusations of hate speech against non-veiled women, according to Al Ahram Online.

The investigation, described as “urgent,” is being conducted by the agency’s complaints committee, which received reports that Sherbiny stated on her show that veiled women are “100,000 times better” than non-hijabis, according to Egypt Independent.

Sherbiny’s comments came in response to a question from a viewer about the pressures hijabi women face. “To every [woman] who is the only veiled one among her group of friends, or [in her] family, or street, or work, never take off the hijab. You are 100,000 times better than me and [other] non-hijabi women,” Sherbiny reportedly said, adding that there is a “devil” inside non-veiled women and that it is more powerful than their faith.

The TV presenter later apologized for her remarks, which came during an episode that aired last week. “I meant to say that hijabi women have done their [religious] duty better than me and [other] non-hijabi women,” she said, adding that she doesn’t believe non-hijabi women to be bad people and that she didn’t intend to offend them.

Sherbiny’s comments drew widespread criticism on social media, most notably from women’s rights advocate and lawyer Nehad Abo El Komsan who accused the TV presenter of instigating violence against non-veiled women in Egypt.

Sherbiny is one of the most successful women in Egyptian television thanks to her popular show, Heya wi Bas (Only Her), which airs on the CBC network, her expansive presence on social media, as well as her empowering messages to Egyptian woman. Over the past few months, the TV presenter garnered high praise from women’s rights groups for publicly calling for the arrest of the Fairmont rapists and using her platform to advocate for victims of sexual violence in Egypt.** 


La sociedad egipcia se mueve por ese deseo competitivo de pureza, competencia por mostrar quién es "mejor" musulmán o musulmana y de lo que no dudan —lo manifiesten o no— es de su superioridad en todos los órdenes respecto a los laicos, los creyentes en otra religión o  sobre las versiones de creyentes que difieran de su propia versión, que siempre será la perfecta, la que le facilita la entrada al paraíso. Es una sociedad alentada hacia la religión como un "deber natural". "Los egipcios son religiosos por naturaleza", dijo la máxima autoridad del ministerio de Dotaciones Religiosas, el contrapoder diseñado por al-Sisi para evitar la dependencia de la Universidad de Al-Azhar. La frase encierra un destino que implica que aquel que no sigue la religión no puede ser egipcio, son traidores a Dios y a Egipto, un regalo a la Humanidad, como se expresa en el preámbulo de su constitución.


Lo que ha dicho la presentadora Radwa El Sherbiny no es más que lo que piensan muchos egipcios, que quienes llevan el hijab son "superiores" a quienes no lo llevan. Es una sentencia que pesa sobre quien decide no llevarlo. Lo que esa sentencia implica es muy variado y va desde el rechazo familiar hasta el acoso sexual callejero, ya que la teoría les dice que una mujer que no lo lleva es menos creyente y no merece respeto. Es el "terrorismo sexual" que han practicado los islamistas y a cuyo carro aprovechan muchos egipcios a subirse para practicar el deporte generalizado del acoso.

Después, si el caso es denunciado, siempre saldrá otro presentador o presentadora (ya ha ocurrido) diciendo que ella era la que provocaba con la ausencia del hijab a los varones egipcios, muchos dispuestos a la mala interpretación interesada como regla.

Todo ello forma parte de la hipocresía general sobre la apariencia del "buen musulmán" y eso afecta al deseo social de ser admirados y alabados por ser mejores "creyentes" que sus vecinos, un vicio muy generalizado considerado como una virtud.


Desgraciadamente la acción de la piadosa presentadora tiene sus consecuencias. Las autoridades se encuentran en un callejón sin salida. Si callan, refuerzan la idea expresada de la superioridad de quienes llevan hijab; si sancionan a la presentadora, será utilizado por los "piadosos" para acusarles de "ateos" peligrosos, de enemigos del islam.

Al considerar la vestimenta —o la barba o la marca en la frente o cualquier otra cosa— como signo de la superioridad del religioso frente al que no lo es o lo demuestra cada día con sus acciones y presentaciones, se estimula la hipocresía, además de la violencia contra las personas.

La exhibición de la "piedad", mostrarse ante los demás permanentemente, forma parte de ese peligroso juego que se alienta desde la redes sociales con este tipo de mensajes. Pero esta vez Radwa El Sherbiny  también ha colgado una etiqueta en la espalda de muchas mujeres condicionando la forma en que deben ser valoradas por los demás. Es una etiqueta peligrosa y estúpida. Como decimos, es el reflejo de la contradicción del camino elegido por el gobierno egipcio. Este camino implica que las mujeres —siempre la mujeres— son objeto de evaluación moral por su apariencia y, en la visión de algunos, merecedoras de castigo o desprecio por su falta de religiosidad. Todo esto alimenta, además de la hipocresía social, la violencia contra las mujeres y la presión sobre ellas en muchos ámbitos.


Al-Sisi ve cada vez más difícil frenar el conservadurismo moral que él mismo alienta; es una estrategia en la que siempre lleva las de perder porque ese tradicionalismo de estado que quiere sustraer al los grupos religioso más conservadores acaba sembrando las semillas de lo que pretende evitar. Eso es lo que muestran los hechos.

La campaña egipcia sobre "comprender correctamente" no deja de ser otro ejercicio autoritario de imposición de una forma de entender. Porque sea más o menos "moderada" no deja de ser un ejercicio de control del conjunto, dejando fuera a los que no lo comparten tanto por ser más radicales como por no ser religiosos. Los laicos o ateos son siempre el peor enemigo porque es quien ha hecho el ejercicio del pensamiento autónomo y ese no obedece a los mandatos de quienes usan la religión para controlar las vidas de los demás etiquetándolos como "buenos" o "malos". La idea de "moderación" es solo una excusa para seguir diciendo a la gente cómo debe vivir y sentir, pensar y actuar.

 

 * "Al Azhar's Islamic Research Academy launches ‘Understand Correctly’ campaign" Egypt Today 13/09https://www.egypttoday.com/Article/1/91912/Al-Azhar-s-Islamic-Research-Academy-launches-%E2%80%98Understand-Correctly%E2%80%99-campaign/2020

** "Egyptian TV Presenter Radwa El Sherbiny Under Investigation for ‘Hate Speech’ Against Non-Hijabis" Egyptian Streets 14/09/2020 https://egyptianstreets.com/2020/09/14/egyptian-tv-presenter-radwa-el-sherbiny-under-investigation-for-hate-speech-against-non-hijabis/

jueves, 22 de noviembre de 2018

El algoritmo despedidor o detrás de la cortina

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La entrevista con la doctora en Matemáticas por la Universidad de Harvard y autora del libro "Armas de destrucción matemática", Cathy O'Neil, pone en evidencia varios aspectos, entre ellos que los informadores todavía tienen que distinguir entre el dedo y la luna. La eficacia de los mensajes queda atenuada si no se determinan con claridad por parte de los mediadores cuál es su sentido. Entre el absurdo “Las matemáticas agravan muchos de los problemas del mundo” que se luce en la página principal del diario digital y el que nos encontramos en el interior, “Los privilegiados son analizados por personas; las masas, por máquinas” es enorme, pues el primero ha salido de la chistera mágica de la incomprensión, mientras que el segundo directamente de las palabras de la entrevistada, que sabe de lo que habla. Pese a ello, a las palabras de O'Neil se les crea un contexto interpretativo al ir seguida de un segundo intento de responsabilizar a los procesos y no a las personas: "La doctora en Matemáticas por la Universidad de Harvard lucha para concienciar sobre cómo el 'big data' "aumenta" la desigualdad". En realidad, lo que hace O'Neil es responsabilizar a aquellos que crean unas condiciones selectivas en un sentido u otro. Por usar un símil, sería como encerrar en las cárceles a las pistolas y no a quienes las disparan.


El problema se repite cuando se trata de procesos nuevos o al menos "nuevos" para quien tiene que contarlos a los demás. Es ese conocimiento el que permite dirigir las preguntas adecuadas a las personas que pueden responderlas y de seguir el hilo de la argumentación que lleve a otras nuevas; es el que permite aclarar a los lectores, haciendo que queden bien informados, los aspectos más complejos de lo desarrollado.
No son en sí las matemáticas las responsables, como señala O'Neil, sino los "algoritmos", pero entendidos como una concreción que refleja un punto de vista humano, un interés, que es el cuestionable y el que busca ampararse en el disfraz de la precisión matemática. La Matemática se convierte así en un "ficción" que aparenta ser una "verdad indiscutible", algo incuestionable, cuando resulta ser "humana, demasiado humana". Hemos pasado de convertir los discursos dogmáticos en "verdades" que mandan a la gente a la hoguera o al paredón a usar los discursos matemáticos como formas de mandar al paro. Si los primeros se amparaban en la autoridad divina o imperial, los actuales tratan de fundamentarse en la "autoridad" de las Matemáticas, pero siempre está el ser humano escondido detrás de la cortina, como el Mago de Oz. Por eso Cathy O'Neil distingue entre las Matemáticas y los algoritmos, que son los "usos" para determinados "fines" de la matemáticas.


A lo largo de la entrevista se resalta, sobre todo, el uso de los algoritmos como excusa para tapar lo que son decisiones humanas ya sean consciente o el reflejo de prejuicios inconscientes que se acaban trasladando a los procedimientos que los algoritmos realizan. Un algoritmo es una secuencia ordenada de decisiones que se van tomando conforme a unas entradas determinadas de datos. Qué se tome en cuenta lo decide alguien. Si decido que se tenga en cuenta el color de la piel, será "racista". La cuestión es que el "color de la piel", a su vez se puede reflejar a través de muchos datos que indirectamente nos lleven al mismo resultado selectivo, por lo que el algoritmo parecerá "objetivo". Hemos hablado de estas cuestiones cuando comentamos el caso del algoritmo de selección de personal desarrollado para Amazon, que resultó "sexista" porque los datos de los que había "aprendido" partían ya de una realidad sexista que era lo que se trataba de evitar. Amazon dio de baja su algoritmo. Pensaban que automatizando el proceso de selección de personal este quedaría libre de prejuicios y lo ocurrido fue precisamente lo contrario, lo reflejaba.


Es de lo que se queja Cathy O'Neil, no de las matemáticas. Hay un momento en el que la mesurada O'Neil pierde algo de su paciencia ante una pregunta:

P. ¿Cree que falta más formación en matemáticas para ser conscientes de esa manipulación?
R. Eso es ridículo. La gente tiene que entender que es un problema de control político. Hay que ignorar la parte matemática y exigir derechos. No necesitas formación matemática para comprender qué es injusto. Un algoritmo es el resultado de un proceso de toma de decisiones. Si te despiden porque así lo ha determinado un algoritmo, tienes que exigir una explicación. Eso es lo que tiene que cambiar.*


No puede estar más claro. Pero parece que no es fácil que la gente entienda que las matemáticas son un lenguaje, una herramienta y que la culpa no es de la gramática cuando alguien te insulta, por ejemplo. Es precisamente la creencia en que son las Matemáticas las que deciden, lo que sirve como ocultación. No se trata del algoritmo —que haya que entender de matemáticas— sino de lo que se busca con ellos, de la injusticia que se esconde detrás. Y eso, como señala, lo entiende todo el mundo. Si te despiden injustamente, da igual que lo haga un empleado o una máquina.

Cuando cuestionas muchas decisiones que consideras equivocadas, la contestación que recibes es que es "el protocolo". Este, como el algoritmo, crea una barrera defensiva a la crítica y esconde que tanto uno como otro son el resultado de decisiones humanas y que, por lo tanto, no son inmunes al error o a la injusticia. 
"Algoritmo", "protocolo" son formas de eludir responsabilidades y justificar la aplicación y los resultados. No hace falta saber Matemáticas para entender, por su resultado, que es injusto. Y si lo es, alguien debe dar explicaciones no matemáticas sino del orden que sea, éticas, legales, etc. El algoritmo de Amazon antes citado funcionaba perfectamente desde las Matemáticas, pero era profundamente injusto en sus resultados.
La crítica de Cathy O'Neil es perfectamente razonable y anima a no dejarse amilanar ante la palabra "algoritmo", "matemáticas", "eficiencia" o demás términos que sirven para camuflar las decisiones automatizadas diluyendo la responsabilidad en la abstracción o en el tecnicismo accesible solo al experto.
Cathy O'Neil pone el acento en un punto importante, la incapacidad del algoritmo que juzga de incluir todos los aspectos, limitándose a lo que puede ser "procesado". Nos lleva de nuevo al problema de la "datificación", es decir, de aquello que puede ser convertido en "dato" y tratado por el algoritmo. Esto divide el mundo en dos grandes apartados, la "tratable" y el resto, que al no poderse convertir en dato es ignorada. Los autores tratan de encontrar los datos suficientes como para poder obtener los resultados que esperan, lo que no significa que la decisión sea la más justa, sino que es aquella que se puede obtener por el procedimiento diseñado.
En una de las preguntas se deja clara esta situación:

P. El uso de algoritmos para la contratación se está extendiendo. ¿Cuáles son los perjuicios?
R. La automatización de los procesos de selección está creciendo entre el 10% y el 15% al año. En Estados Unidos, ya se utilizan con el 60% de los trabajadores potenciales. El 72% de los currículums no son analizados por personas. Los algoritmos suelen castigar a los pobres, mientras los ricos reciben un trato más personal. Por ejemplo, un bufete de abogados de renombre o un exclusivo instituto privado se basarán más en recomendaciones y entrevistas personales durante los procesos de selección que una cadena de comida rápida. Los privilegiados son analizados por personas, mientras que las masas, por máquinas.
Si quieres trabajar en un call center o de cajero, tienes que pasar un test de personalidad. Para un puesto en Goldman Sachs tienes una entrevista. Tu humanidad se tiene en cuenta para un buen trabajo. Para un empleo de sueldo bajo, eres simplemente analizado y categorizado. Una máquina te pone etiquetas.*


Y en esas "etiquetas" es donde se concentran los prejuicios que se pueden acabar recreando en la selección.
Esta limitación de la decisión humana en favor de las decisiones automatizadas, las plasmadas en los algoritmos para su aplicación, invaden cada vez más aspectos de la vida pues tiene dos aspectos relevantes: son "baratas" y parecen "objetivas". Esta combinación es irresistible en un mundo con personas cada vez menos responsables. Esto tiene como efecto la sobrevaloración de la decisión y como consecuencia la ampliación de la brecha salarial, ya que la decisión arriesgada se deja en muy pocas manos. Las decisiones automatizadas, en cambio, son baratas ya que los datos lo son cada vez más.
La reciente sentencia de un juzgado español ante una demanda contra una universidad porque un profesor había sido evaluado mediante los "datos" de las publicaciones y no mediante la lectura de las obras que había producido es un caso similar. Por un lado, se realiza una evaluación de su producción sin tener que leerla, basándose en "indicadores" indirectos. Los tribunales dijeron que si se evalúa el trabajo de una persona no valen estos indicadores que evitan tener que tomar la decisión sobre lo que es más difícil de argumentar, la mayor o menor calidad de su trabajo. Se evalúan en su lugar los indicadores medibles, pero no la calidad, que es sustituida por ello. Esto que es ya frecuente en las universidades está deformando la propia constitución del profesorado en la medida en que es ya el resultado de los procesos de selección, mientras que se eliminan a aquellos que no aparecen en esos indicadores. Como los que están dentro del sistema son el resultado del proceso de selección del propio sistema, el problema se agudiza pues el procedimiento se vuelve incuestionable, ya que es el que ha llevado a la cima a aquellos que lo manejan, que pasan a ser los primeros interesados en que se mantengan.


O'Neil cuenta el siguiente caso:

P. En su libro menciona un caso de una profesora en Estados Unidos a la que echaron por decisión de un algoritmo. ¿Cree que se puede medir la calidad humana con un sistema informático?
R. El distrito escolar de Washington empezó a usar el sistema de puntuación Mathematica para identificar a los profesores menos productivos. Se despidió a 205 docentes después de que ese modelo les considerara malos profesores. Ahora mismo no podemos saber si un trabajador es eficiente con datos. El dilema si es o no un buen profesor no se puede resolver con tecnología, es un problema humano. Muchos de esos profesores no pudieron reclamar porque el secretismo sobre cómo funciona el algoritmo les quita ese derecho.  Al esconder los detalles del funcionamiento, resulta más difícil cuestionar la puntuación o protestar.*

Esto es una realidad ya que las únicas reclamaciones que se pueden aceptar son las de los errores de puntuación, es decir, los producidos al elaborar los datos, pero no se cuestiona el sistema mismo, el algoritmo que funciona. De hecho, la creación de sistemas de "acreditación" aseguran que solo podrán acceder a las plazas aquellos que han cumplido y, por tanto, aceptado el sistema. La única salida es quedarse fuera o que te echen, como les pasó a esos 205 profesores que no sabemos si eran "malos" o simplemente seguían otros criterios —puede que hasta mejores— para realizar su trabajo. Sencillamente no hay dónde poner lo que ella hace, que es el primer factor de discriminación o reducción de un algoritmo, que siempre es por definición, finito y concreto, a diferencia de la decisión humana, que puede estar abierta a lo nuevo o lo diferente y valorarlo. La máquina no sabe qué hacer con lo "nuevo", que para ella es inexistente pues no está definido en su proceso; no existe para ella.


El problema se agrava cuando estos procesos se van extendiendo a muchos campos de la vida y el trabajo. Nos cercan con este tipo de limitaciones oscuras que, como señala O'Neil, se convierten en incuestionables porque no las entienden ni los mismos que las manejan, por lo que se tiende a sacralizar sus procesos considerándolos inevitables o infalibles. Nada más lejos de la realidad.
El poseer más datos sobre el comportamiento general está modificando, además, las propias condiciones del trabajo, haciendo retroceder los derechos de las personas. Un derecho solo vale en la medida en que es reconocido por los demás. Si pierdes derechos tu vida cambia y se transforma por los nuevos límites o posibilidades. Esto es esencialmente cierto en una sociedades que llevamos casi tres siglos haciendo girar sobre la producción y el trabajo.
La entrevista se cierra con esta cuestión laboral:

P. ¿En qué otros aspectos están perjudicando los algoritmos los derechos laborales?
R. Hay un fenómeno que se conoce como clopenning (en español, cerrar y abrir al mismo tiempo). Son horarios irregulares que, cada vez, afectan a más empleados con salarios bajos. Esos calendarios son el resultado de la economía de los datos, son algoritmos diseñados para generar eficiencia, que tratan a los trabajadores como meros engranajes. Según datos del Gobierno de Estados Unidos, a dos tercios de los trabajadores del sector servicios y a más del 50% de los dependientes se les informa de su horario laboral con una semana o menos de antelación.
Esta es una de las situaciones extremas que provoca el uso de algoritmos en el ámbito laboral. Hay una ley que estipula que si trabajas al menos 35 horas a la semana, se te deben dar beneficios. Pues hay un algoritmo que se asegura de que ningún empleado haga más de 34 horas. Como no hay ninguna ley que determine que debes trabajar el mismo horario todos los días, el algoritmo no se preocupa de tu vida, y te asigna las horas de trabajo en función de las necesidades de la empresa. Si se prevé un día de lluvia, aumentan las ventas, y cambian los turnos. Hasta el último minuto no deciden. Esas personas no conocen su horario con antelación, no pueden organizar su tiempo libre, estudiar o cuidar de sus hijos. Su calidad de vida se deteriora, y los ordenadores son ciegos a eso. La regulación gubernamental es la única solución.

De nuevo, la culpa no es de las matemáticas o de los algoritmos. Hay que tener cuidado con las operaciones retóricas porque nos alejan del problema y del responsable último. Por eso, la solución no es matemática a este problema, sino la regulación gubernamental, es decir, el hacer explícito el derecho de las personas a tener una vida y no tener esta dependencia absoluta de quienes les emplean. Los ordenadores son ciegos a esto porque no son humanos, pero los humanos responsables se escudan tras los dictámenes del ordenador.


Los que no deben estar ciegos (esto es más un deseo) son los gobiernos, responsables de la vida y calidad de vida de sus ciudadanos. En este sentido, por ejemplo, se ha establecido  recientemente que el hecho de que tengas un teléfono móvil o un correo electrónico accesible desde tu casa no implica que trabajes los fines de semana o que tengas la obligación de estar "disponible" en cualquier momento. La culpa no es del teléfono o del correo electrónico sino de las normas de la propia empresa, que trata de rentabilizar al máximo el sueldo de las personas deshaciendo la idea de "jornada laboral" (que se prolonga) o del "lugar de trabajo" (que se deslocaliza).
Aquí, como bien se señala, entra la calidad del empleo. Solo las personas con empleos más precarios y peor remunerados las que se ven sometidas a peores condiciones de trabajo ante el miedo a perder el empleo. Alguien sacará los resultados de su falta de eficiencia laboral desde algún algoritmo y dirá que es prescindible, sustituyéndolo por alguien más disponible.
La crisis económica ha tenido muchos efectos. Como en toda situación de miedo, hace que se rebaje la defensa de los derechos. También los gobiernos quedan en manos de las empresas cuyas acciones son encaminadas a la reducción de costes y al aumento de la rentabilidad. Los cargos superiores se blindan en sus condiciones económicas y laborales mientras que se desmantelan los derechos laborales de los más débiles, que pasan a ser prescindibles en cualquier momento.
En esto no tienen nada que ver la Matemáticas, solo que han dotado de una herramienta poderosa para poder ejecutar estas y otras prácticas, que no dejan de ser antisociales o injustas. El problema radica en la intención al usar estos automatismos.  Y es ahí donde se producen los "desafíos" a la democracia, a nuestra propia calidad de vida, etc.


El uso que hacemos de las cosas define nuestra intención. Hoy por hoy, existe un poder tecnológico que puede ser usado para mejorar nuestras vidas o para devaluarlas. El problema, una vez más, es la tensión entre los intereses que reducen los derechos de la gente o su aspiración de vivir mejor. La tecnología de datos afecta directamente al control social, permite la ingeniería, el diseño de las reglas para dirigir en un sentido u otro. Todavía las administraciones no han tomado conciencia de lo que esto supone para la vida de las personas, para sus derechos y para el orden social, que pasa a ser conflictivo y tóxico. Si no se ponen límites, el retroceso social se seguirá produciendo. El problema es que esta mentalidad no es ya una cuestión de la empresas frente a los gobiernos, sino que los gobiernos y administraciones han hecho suya aceptando estos criterios surgidos de la datificación y del procesado de la información resultante para la toma de decisiones. Es una herramienta, sí, pero puede ser profundamente injusta y discriminadora, como se ha visto. Corremos el riesgo de un nuevo dogmatismo que nos ate y que justifique cualquier acción amparándose en los datos y en los algoritmos que los procesan.
Ya ocurre en muchos ámbitos y sigue aumentando. Antes tu jefe te despedía a gritos; después le enseñaron a hacerlo entre sonrisas y te decía que "no era personal". Ahora te muestra un informe lleno de números y te dicen, "lo siento, es el algoritmo. Dice que sobras". 




* Entrevista Cathy O'Neil “Los privilegiados son analizados por personas; las masas, por máquinas” El país 21/11/2018 https://elpais.com/elpais/2018/11/12/ciencia/1542018368_035000.html