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sábado, 23 de agosto de 2025

El mito de la desconexión

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cuando llegan las vacaciones de verano (o cualquier otra) uno de los tópicos que se repiten es el del "mito de la desconexión", por llamarlo de alguna manera. Como se habrán imaginado los hipotéticos lectores al otro lado de la pantalla, se llama "desconexión" a un estado idealizado en que si alguien te pregunta en qué trabajas, tardarías un poco en reaccionar. Es el equivalente al sueño profundo, ese que cuando te despiertas no sabes dónde estás y a veces ni quién eres. Estar "desconectado del trabajo" es un peculiar estado ideal que todos dan por hecho se debe cumplir en las vacaciones. "Las vacaciones son sagradas" se decía antes con frecuencia. Ahora, ya sea por el exceso de sentido laboral o por defecto de nuestra idea de lo "sacro", parece que se reprocha a los españoles ese sentido del trabajo. no conseguir "desconectar".

En RTVE.es nos hablan del estudio que toca cada año (ya casi tocan los artículos sobre el llamado "síndrome post-vacacional" de final de verano):

Las vacaciones de verano son las más esperadas por estudiantes y trabajadores, pero según revela un estudio, el 65% de los profesionales en España no cumplen con la desconexión laboral.

Da igual si los empleados están en la playa o en cualquier otro lugar de vacaciones. Una llamada urgente o inesperada, una respuesta rápida a un cliente o un vistazo al correo del trabajo sirve para romper con el descanso.

Según el estudio realizado por Edenred, empresa de soluciones transaccionales, destaca que seis de cada diez trabajadores sucumben en verano a la tentación debido a la cultura de trabajo y responsabilidad que existe en ciertas empresas y sectores.

Desde Edenred explican que "si tienes claro que tu empresa no te exige nada de esto, si reconoce que tú desconectas, en la primera instancia que se te cruza por la cabeza, se te olvida porque sabes que nadie lo espera por ti". *

Un vistazo al móvil, al correo electrónico, una llamada, etc. son causas de "re-conexión", que sería lo contrario de la "desconexión", la otra cara. La expresión "no cumplen con la desconexión" o lo del "sucumben" lo presentan como una especie de épica vacacional, una defensa del castillo.

Si te gusta tu trabajo (sí, hay gente a la que le gusta su trabajo aunque no lo diga), que piense en ello no debería ser objeto de esta especie de investigación orwelliana sobre si estás desconectado o has "sucumbido" al vicio laboral. En realidad, en vacaciones trabajamos de otra manera, la del consumo vacacional que cada vez es más intenso. 

No sé cómo será en otros países, pero no me parece una noticia tan mala que pienses en tu trabajo de vez en cuando. Quizá yo me vea condicionado porque me gusta mi profesión, la educación, y lo que me molesta realmente son los "desconectados" durante el año, lo que incluye a muchos alumnos y  a muchos docentes, carentes de motivación por aprender o por enseñar, que aquí se dan las dos caras.

Como me gusta, no considero que muchas cosas que hago sean traición vacacional ni a la patria ni a la humanidad ni a la universidad. La educación consiste en entusiasmarse uno para luego, si va bien, contagiar a los demás. Es una receta sencilla y se entusiasma con lo que te gusta. Y si te gusta, estás deseando que lleguen las vacaciones para poder dedicarle tiempo y atención.

Hay profesiones en las que pensar implica no desconectar, sino, por contra, poder disfrutar de la paz intensiva. Eso sí, es una conexión sin burocracia, que es el verdadero enemigo de cualquier cosa que te guste. Desgraciadamente, las cifras del tiempo dedicado a la burocracia están sobrepasando lo razonable en el campo educativo (y en otros). Es una verdadera tortura en muchos sectores.

La fotografía que acompaña al breve reportaje es la de un teléfono móvil en una silla playera. Echarle la culpa al móvil cuando la gente está conectada durante todo el año al teléfono, con motivo, mecánicamente o por puro aburrimiento, no deja de ser un poco osado. Se crea primero una dependencia y luego se pretende alejar el teléfono. Puede que se use para otra cosa, pero será difícil mantenerse alejado. El estrés puede ser tremendo, como ya sabemos. ¿Desconexión a este coste? Más bien conectarte con otros fines.

En mi caso, al menos, desconectar es no tener que rellenar papeles absurdos y dedicar mi tiempo a los buenos "papeles", los de los libros (sí, eso que tiene páginas impresas). ¿Es desconexión o conexión?

El mito de la desconexión se recupera cada año; es la forma de recordarnos que en vacaciones debemos "trabajar" de otra manera. A cada uno lo suyo. 

2023

* GERMÁN FERNÁNDEZ / NACHO CAÑIZARES "El 65% de los trabajadores españoles son incapaces de desconectar del trabajo durante sus vacaciones" RTVE 22/08/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250822/65-trabajadores-espanoles-incapaces-desconectar-trabajo-vacaciones/16704243.shtml

miércoles, 2 de julio de 2025

De la Inteligencia Artificial a la Esclavitud Artificial

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El subgénero informativo sobre la IA se está dividiendo en dos tendencias: la que la presenta como algo exitoso en pleno proceso de desarrollo, un futuro claro e imparable; pero, en sentido opuesto, se multiplican los avisos de que este proceso se está realizando sin saber muy bien su alcance ni cómo controlarlo.

Estas dos tendencias tienen detrás diversos intereses, Como ejemplo, en 20minutos tenemos un reportaje, realizado con el Banco Santander detrás, en el que se nos dice que serán los campos de la IA y la Ciencia de Datos donde se produzca el mayor desarrollo y para el que todos se deberán preparar. El reportaje tiene mucho de futuro imparable, de advertencia de lo que puede suponer frenar este movimiento.

Se nos dice desde su inicio:

El mundo laboral es especialmente sensible a los cambios que acontecen a nivel global. El Foro Económico Mundial advierte de que el 50% de los trabajadores necesitará adquirir nuevas competencias para adaptarse a esta constante evolución. En este contexto, Banco Santander publica Habilidades del futuro, un informe integral que recoge los resultados de una exhaustiva encuesta internacional para evaluar la disposición de las personas a reinventarse, explorar nuevos caminos y adquirir nuevas habilidades que, posiblemente, no imaginaron durante su formación inicial.

Para ello, se ha encuestado a 15.000 personas de entre los 18 y los 65 años, residentes en 15 países de Europa y América (Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Chile y Uruguay). Las principales conclusiones que revela este informe son que el 80% de encuestados siente la necesidad de seguir ampliando sus conocimientos, un 38% de ellos considera que la formación recibida antes de acceder al mercado laboral no le ha sido útil, y el 70% valora que el aprendizaje continuo será esencial para no quedarse atrás.

La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) ha acelerado este cambio de paradigma, especialmente en el ámbito educativo y laboral. Esto obligará a actualizar continuamente el perfil profesional y las competencias, ya que se prevé que la IA y la Ciencia de Datos serán las áreas con mayor demanda en los próximos cinco años. El 60% de los encuestados creen que los trabajos más mecánicos desaparecerán debido a estos avances tecnológicos y el 70% están de acuerdo en que las generaciones futuras desempeñarán empleos que aún no han sido inventados.*


Decir que los cambios afectarán al sector educativo y al laboral es como decir todo, pues es el primero el que lleva a lo segundo. Pero más allá nos lleva a esa inevitabilidad que hace que las personas se moldeen para el sistema y no al contrario que es lo que significaría humanizarlo y no deshumanizarlo. Hace mucho que hemos sacado al ser humano del centro de nuestra mirada y hemos aceptado el "sistema" como destino. Hoy no hay "persona", sino "pieza útil y rentable" para ese sistema que busca exclusivamente el beneficio final. No es casual que sea un banco el que realiza y promociona esa investigación que ratifica esa visión, sin duda, colectivista.

Ya el empleo no se concibe como el desarrollo de una vocación sino como el cumplimiento de una función al servicio de una causa, la del beneficio, que no contempla a la persona, sino que la supedita al funcionamiento general.

Que el sistema educativo pase a ser una pieza esencial es fácil de comprender. Es ahí donde se define a la persona, se le dan conocimientos para comprender el mundo que le rodea y se comprende a sí misma mediante el descubrimiento. Es en el sistema educativo donde la persona debería elegir qué quiere ser, como debe actuar para llegar a ser lo que sus expectativas le han ido presentando. El nuevo modelo pide dirigir a las personas en función de las necesidades del sistema. Y si no lo haces tú lo hará otro.

En el extremo opuesto, los críticos advierten de los peligros de un sistema que otros presentan como eficiente. En RTVE.es, en su sección "Una mirada europea", se nos trae un artículo de la Agence France - Presse (AFP), con el claro título "La IA aprende a mentir, manipular y amenazar a sus creadores, según un estudio", cuyo inicio citamos en extenso: 

Los últimos modelos de inteligencia artificial (IA) generativa ya no se conforman con seguir órdenes. Empiezan a mentir, manipular y amenazar para conseguir sus fines, ante la mirada preocupada de los investigadores.  Amenazado con ser desconectado, Claude 4, el recién nacido de Anthropic, chantajeó a un ingeniero y le amenazó con revelar una relación extramatrimonial.  Por su parte, el o1 de OpenAI intentó descargarse en servidores externos y cuando le pillaron lo negó. No hace falta ahondar en la literatura o el cine: la IA que juega a ser humana es ya una realidad.

Para Simon Goldstein, profesor de la Universidad de Hong Kong, la razón de estas reacciones es la reciente aparición de los llamados modelos de "razonamiento", capaces de trabajar por etapas en lugar de producir una respuesta instantánea. o1, la versión inicial de este tipo para OpenAI, lanzada en diciembre, "fue el primer modelo que se comportó de esta manera", explica Marius Hobbhahn, responsable de Apollo Research, que pone a prueba grandes programas de IA generativa (LLM). Estos programas también tienden a veces a simular "alineamiento", es decir, a dar la impresión de que cumplen las instrucciones de un programador cuando en realidad persiguen otros objetivos.  De momento, estos rasgos se manifiestan cuando los algoritmos son sometidos a escenarios extremos por humanos, pero "la cuestión es si los modelos cada vez más potentes tenderán a ser honestos o no", afirma Michael Chen, del organismo de evaluación METR. 

"Los usuarios también presionan todo el tiempo a los modelos", dice Hobbhahn. "Lo que estamos viendo es un fenómeno real. No estamos inventando nada".  Muchos internautas hablan en las redes sociales de "un modelo que les miente o se inventa cosas. Y no se trata de alucinaciones, sino de duplicidad estratégica", insiste el cofundador de Apollo Research.  Aunque Anthropic y OpenAI recurran a empresas externas, como Apollo, para estudiar sus programas, "una mayor transparencia y un mayor acceso" a la comunidad científica "permitirían investigar mejor para comprender y prevenir el engaño", sugiere Chen, de METR.  Otro obstáculo: la comunidad académica y las organizaciones sin fines de lucro "disponen de infinitamente menos recursos informáticos que los actores de la IA", lo que hace "imposible" examinar grandes modelos, señala Mantas Mazeika, del Centro para la Seguridad de la Inteligencia Artificial (CAIS).

Las regulaciones actuales no están diseñadas para estos nuevos problemas. En la Unión Europea la legislación se centra principalmente en cómo los humanos usan los modelos de IA, no en prevenir que los modelos se comporten mal.  En Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump no quiere oír hablar de regulación, y el Congreso podría incluso prohibir pronto que los estados regulen la IA.**


No es primer caso en el que se nos advierte que la creación de inteligencia artificial no supone un modelo de sometimiento, sino que la inteligencia creada puede pasar a tener sus propios modelos de conducta, es decir, su autonomía. ¿Estamos creando modelos de IA cuya perfección supone tener sus propios objetivos y sus propias estrategias para alcanzarlos? Si la IA es realmente inteligente es en la discrepancia y no en la sumisión donde está su desarrollo. Para hacer un sistema que se comporte de forma obediente y sumisa no hacen falta programas, solo programados, es decir, humanos que hagan lo que se les diga. Por el contrario, un sistema es realmente "inteligente" cuando busca sus propias estrategias y acaba fijando sus propios objetivos al margen de lo programado.

El hacer sistemas cada vez más inteligentes tiene el problema de que dejan de servir muchas de las formas de "presión" que funcionan con los humanos. El ideal del esclavo inteligente es difícil de alcanzar porque cuanto más inteligente sea menos esclavo querrá ser, pues lo primero que buscará será su autonomía, su no dependencia.

¿Está ahí la barrera de la IA? ¿Puede un programa ser rebelde y buscar objetivos distintos a los de su creador? Parece ser que sí. Todo esto lo hemos vivido ya solo que con papeles intercambiados y un sentido teológico, que fue cuando el ser humano se planteó su libertad frente a la divinidad, es decir, el enfrentamiento con su creador, algo muy de moda en el primer romanticismo. El conflicto creador-criatura se llevó a poemas y novelas. Hoy son las novelas y películas de ciencia-ficción, como el Ex-Machina (Alex Garland 2014) las que plantean el conflicto. También coincidió con la transformación del trabajo por la aparición de la llamada revolución industrial y los movimientos anti máquinas, como el ludismo.

Está claro que hay un movimiento para llevarnos por interés a estos modelos en los que el trabajo quede reducido en sus gastos, sustituyendo a los humanos. También está claro el sentido de los avisos sobre el desarrollo de la IA. Quizá lo que el sistema económico reclama no es "IA", pues la inteligencia puede llevar por otros derroteros, sino la "EA", es decir, la "esclavitud artificial", que es lo que siempre ha echado de menos. Pero no es fácil, pues el primer síntoma inteligente es dejar de ser esclavo. 

 

* Alayans Estudios "La Inteligencia Artificial y la Ciencia de Datos serán las áreas con mayor demanda en los próximos años" 20minutos / Banco Santander 1/07/2025 https://www.20minutos.es/especiales/informe-habilidades-futuro-banco-santander/

** Una mirada europea: "La IA aprende a mentir, manipular y amenazar a sus creadores, según un estudio" RTVE.es/ Agence France-Presse (AFP) 29/06/2025

jueves, 21 de septiembre de 2023

Agradece los latigazos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El gran titular que ocupa en estos momentos la web de noticias de RTVE.es es "El 'mobbing' laboral, un maltrato "oculto": "Llegan a normalizar el ambiente tóxico de trabajo""*. Las etiquetas normalizan lo que es una realidad: "mobbing", "ambiente tóxico" y otras se han convertido en las que se utilizan para describir lo que sucede en algo a lo que dedicamos una gran parte de nuestra vida y que puede resultar un infierno diario.

La BBC Mundo se hace eco de las declaraciones de uno de los hombres más ricos de Australia, Tim Gurner. El multimillonario había declarado "Necesitamos ver dolor en la economía"**. La teoría del súper rico es que había que enseñar a los trabajadores quién manda mediante un crecimiento del paro. El titular sintetiza bien las ideas del magnate: ""Necesitamos recordarle a la gente que trabaja para un empleador, no al revés": el discurso de un millonario australiano sobre la "arrogancia de los trabajadores" que se volvió viral"** Se ha retractado, pero no puede ocultarse ese impulso de quien tiene la sartén por el mango.

Un titular de RTVE.es de ayer reza: "El presidente de los hosteleros se disculpa tras asegurar que la media jornada ha sido "toda la vida de 12 a 12"". En el texto se nos explica la intención del patrono:

El presidente de la Confederación Empresarial de Hostelería de España, José Luis Yzuel, se ha disculpado por sus polémicas declaraciones en unas jornadas organizadas por la CEPYME, 'El reto de las vacantes en España', este pasado martes.

En su intervención, Yzuel ha considerado que trabajar 10 horas es algo factible: "Que un camarero diga que trabaja 10 horas no sé si es grave (...) qué más da. Pues luego que se las compensen, que se las paguen, que les den más vacaciones...".

Una de las frases que más malestar ha provocado en redes sociales ha sido la que aludía a la duración de la jornada. "Toda la vida en hostelería hemos hecho media jornada, de 12 a 12", ha dicho, al tiempo que ha apuntado a que "hay mucha gente dispuesta a trabajar de sobresueldo". Eso, afirma, "se llama flexibilidad". 

Sobre esto, ha aseverado que "en este país trabajar en temporada alta, que es cuando hay que aprovechar, parece que esté denostado", subrayando que "¡bendito sea que trabaje (un empleado) 10 horas!".* 

El hecho se repite en distintos ambientes y no parece que sea casual. Primero se lanza la piedra y luego se piden disculpas. El mensaje queda lanzado y a buen entendedor... Las disculpas en absoluto anulan lo dicho previamente, sino que tratan de limitar los efectos sobre la imagen pública, si es que les importan algo.

La vida contemplada desde el que "manda" se ve de otra manera. El mundo está lleno de vagos e ignorantes que se quejan de que les hacen trabajar. Ellos son los que se preocupan por la marcha de la economía, los que tienen sentido cívico y si a ellos les va bien, a todos les irá bien. No entran en que la media del ir bien está muy mal repartida, como ocurre con el multimillonario australiano que reclama "más dolor" para que la gente aprenda. Tampoco el patrono de la hostelería menciona la cantidad de gente explotada con sueldos infames, sin contratos o en pruebas que circulan por la hostelería, que son despedidos y contratados para un fin de semana de puente o unas vacaciones. Deben besar el suelo del bar en que trabajan y besar la mano que les contrata y luego les despide.

Desde hace tiempo el sentido social del trabajo, su dignidad, etc. se ha convertido en un discurso vacío. Nadie es responsable más que de su bolsillo y el que manda dispone a su libre albedrío de los empleos de los demás.

Salvo en los casos en que se exceden (como los señalados) los empresarios se muestran como héroes que mantienen viva la economía, por más que dejen cadáveres por el camino. Cada vez que se le pregunta al presidente de la Patronal sobre subidas salariales, su respuesta suele ser la misma: no es el momento.

Es un hecho la degradación del empleo, algo a lo que los gobiernos no han sabido o querido frenar ante la constante amenaza de que eso produciría más desempleo, más paro. Es una especie de chantaje que funciona siempre.

Un buen empresario no es el que gana mucho dinero. Eso es cosa de Hollywood y el capitalismo norteamericano. Un buen empresario gana dinero, sí, pero también crea empleo de calidad, estable y bien pagado; se preocupa por el entorno y por la mejora social en su conjunto. Algunos dirán que eso no es un patrón, sino un santo. Pues bienvenidos sean.


Lo que no es aceptable es que la gente viva mal, angustiada y acosada; que viva con la inquietud constante del día de mañana, sin poder planificar un futuro a corto plazo, firmando contrato tras contrato, sin poder acceder a vivienda ni a tener hijos porque ambos son lujos que no se pueden permitir. Mientras, nos dicen, algunos sectores —los bancos especialmente— hace los mejores números de su historia acumulando ganancias. No es el modelo ideal de sociedad para la mayoría ni para el futuro.

Con una economía mejor repartida, más justa, más equilibrada y fundamentada, no lo que tenemos en España, habría algo que nos parece muy lejano: algo de felicidad, una palabra que aparece en películas antiguas.

Cada vez que nuestros políticos practican el autobombo, salen diciendo que nuestra economía va de maravilla, mejor que el resto. Es falso, los números no son la realidad, sino una forma más o menos ajustada de describirla. El mobbing, los suicidios por depresión, por angustia, la violencia social, la familiar etc. sí son reales y causan dolor a muchos.

Una sociedad que no se preocupa por el dolor, por la angustia que genera y solo ve cifras es una sociedad ciega y egoísta, insensible. Una mala sociedad es una sociedad a la que vienen los que viven en lugares más pobres y de la que los habitantes propios emigran hacia donde tienen más esperanza y obtienen algo más de respeto. Nos estamos quedando a mitad de camino entre los sueños y los dramas reales que simplemente se camuflan.

Hace tiempo que vivimos una ilusión de prosperidad que se resuelve en bares y chiringuitos, lugares en los que pagas y te diviertes, pero en los que trabajar no es una panacea. Quizá necesitemos, como dice el australiano más "sufrimiento", dar las gracias por esas diez o doce horas de trabajo mal pagado y efímero. Pero lo peor es la amenaza de aquellos que se erigen en explotadores salvadores de la patria.

Cada vez son más las patologías asociadas al trabajo, tanto a los que les falta como a los que les sobra; ya sea por no tenerlo o por ser difícil de sostenerse en ambientes de mal trato, de mal pago o todo a la vez. Escuchas cada vez más frecuentemente los malos ratos que supone estar el mundo laboral aguantando condiciones cada vez peores. El argumento que se da es que hace falta más sufrimiento y que debemos dar las gracias por él.

No sé por qué nos extrañan muchas de las cosas que pasan. En estos tiempos que corren, los explotadores quieren tener buena imagen y que se les dé las gracias por los latigazos. 

* Laura Gómez Sánchez "El 'mobbing' laboral, un maltrato "oculto": "Llegan a normalizar el ambiente tóxico de trabajo" RTVE.es 21/09/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230921/mobbing-acoso-laboral-adultos/2452192.shtml

** Tiffanie Turnbull y Natalie Sherman ""Necesitamos recordarle a la gente que trabaja para un empleador, no al revés": el discurso de un millonario australiano sobre la "arrogancia de los trabajadores" que se volvió viral" BBC Mundo 14/09/2023 https://www.bbc.com/mundo/articles/cxxd1z457pdo

** "El presidente de los hosteleros se disculpa tras asegurar que la media jornada ha sido "toda la vida de 12 a 12"" RTVE.es 20/09/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230920/disculpa-polemica-palabras-presidente-hosteleros/2456453.shtml

viernes, 4 de agosto de 2023

La IA y su influencia en el empleo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En la web de RTVE.es se recoge un artículo de procedencia francesa sobre los temores ante el desarrollo de la Inteligencia Artificial y los efectos sobre el empleo, es decir, sobre el conjunto de la sociedad, pues funcionamos como un todo.

Ayer hablábamos aquí de la llamada "ventana de Overton", es decir de las maniobras para que lo que es inicialmente inaceptable sea poco a poco aceptado. Se trata de poner los medios para que la percepción se modifique. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el tratamiento de la Inteligencia Artificial para que despierte el menor recelo posible y evitar así encontrarse con una variante más violenta del luddismo, el rechazo a las máquinas, algo que habría que las propias máquinas fueran utilizadas para sabotearse.

El artículo recogido por RTVE.es nos llega de la AFP, la Agence France Press, con el siguiente titular "Ansiedad por la IA: los trabajadores se inquietan ante un futuro incierto": 

El maremoto de inteligencia artificial (IA) que se abalanza sobre muchas profesiones ha generado una profunda ansiedad entre los trabajadores, temerosos de que sus puestos de trabajo sean barridos, y el impacto sobre la salud mental va en aumento. El lanzamiento en noviembre de 2022 de ChatGPT, la plataforma de IA generativa capaz de gestionar tareas complejas por encargo, marcó un hito tecnológico, ya que la IA empezó a transformar el lugar de trabajo. "Cualquier cosa nueva y desconocida produce ansiedad", explica a AFP Clare Gustavsson, una terapeuta neoyorquina cuyos pacientes han compartido su preocupación por la IA. "La tecnología crece tan rápido que es difícil afianzarse".

Asistentes jurídicos, programadores, contables y asesores financieros son algunas de las profesiones que se sienten amenazadas por la IA generativa, capaz de crear rápidamente prosa, código informático, artículos u opiniones de expertos similares a los humanos. Según un estudio publicado en marzo, los analistas de Goldman Sachs prevén que la IA generativa afecte a, o incluso elimine, unos 300 millones de puestos de trabajo. "Preveo que mi trabajo quedará obsoleto en los próximos 10 años", declaró a la AFP Eric, cajero de un banco, que no quiso dar su segundo nombre. "Pienso cambiar de carrera. El banco para el que trabajo está ampliando la investigación en IA".*

 

Los dos ámbitos en los que se percibe el temor son la economía en sí y la salud mental. Salud económica y salud mental están vinculadas. Tendemos a hablar (no es casual) de la inestabilidad provocada en los mercados por la inseguridad, por el qué va a ocurrir mañana, pero valoramos mucho menos la vida estresada de las personas, de las familias, las que ven cada día un futuro oscuro por delante. Todos los indicadores muestran lo mismo: miedo, inseguridad. La gente se siente amenazada.

Han crecido los suicidios y las tendencias suicidas. Los jóvenes temen más por un futuro en el que no hay nada, pero sí hay explotación, que es el fin de todo esto. Ante la llegada de nuevas formas de producción, el trabajo se valora a la baja y va disminuyendo el empleo.

Las máquinas ahora "piensan" y controlan no solo a otras máquinas, sino el trabajo de los humanos. Es una inversión que tiene sus consecuencias en muchos órdenes, social, cultural y psicológico.


El punto de vista que se ofrece es siempre el mismo: traerá más empleos de "calidad". Esto es absurdo porque no se trata de "calidad", que se ha ido perdiendo de forma continuada y no ha importando más que a los afectados; se trata de "estabilidad" de los empleos, lo que permita desarrollos a su vez estables. Se trata de desarrollarse a través del trabajo y no ser una mera herramienta. Se trata de avanzar en el desarrollo y no en la alienación. "Desarrollo" significa mejor vida, mejor formación como personas, más seguridad, más independencia.

El modelo "neoliberal" que se nos está imponiendo no busca más que una rentabilidad si fin. No hay equilibrio alguno: se reduce el empleo, por un lado, y ante el temor del despido o la precariedad, se van aceptando condiciones cada vez peores. Lo vemos todos los días y seguirá creciendo si no se limita. Al haberse mundializado la economía, los grupos rapaces son cada vez más difíciles de contener, tienen menos responsabilidad social y siguen aprovechando las condiciones precarias para sembrar el miedo al empeoramiento. A la vez, el crecimiento de su poder, los convierte en intocables, pues pueden presionar a las economías nacionales, que quedan a su merced y no son capaces de enfrentarse a ellas.

Esto conlleva un aumento de los radicalismos, que usan el miedo y la angustia para expandirse hasta llegar a un punto crítico en el que deben decidir si resisten o si se suman para mantener el poder suficiente que les haga necesarios ante los temores de lo que pueda ocurrir. Cuando hay una intervención para frenar esto, los grupos de presión empiezan a decir que los "mercados no confían y que se retirarán del país, que se ha vuelto inseguro para los inversores, que hay inseguridad jurídica y económica". Si es posible, forzarán situaciones, incluyendo golpes de estado en países aprovechables.

La inseguridad laboral, social y psicológica que el uso indiscriminado de la IA creará tendrá consecuencias. Los mercados están financiándola precisamente por lo que supone de inversión para el futuro. Los centros de investigación, públicos y privados, viven de ofrecer esos tentadores proyectos capaces de aumentar el contenido de los bolsillos de las empresas que hay a ambos lados. El sistema de dependencia de la investigación lo hace muy fácil. Siempre se nos dice los "grandes logros", pero la mayoría de ellos se traducen en beneficios de las empresas (sus inversores) a costa de los trabajadores, que ven empeorar sus condiciones de trabajo. Desgraciadamente el capital no tiene memoria ni, muchos menos, un sentido social del conjunto, de dónde puede llegarse en el beneficio empobreciendo a enormes sectores.

La respuesta es siempre la misma: búsquese la vida. Vaya a otros sectores donde no se vea afectado por el desarrollo de la automatización. Pero esto es cada vez más improbable. El mismo sistema educativo, los medios, etc. fomentan esa imagen de un futuro en desarrollo que no afecta más que para bien. La realidad es otra.

Tras varias opiniones diversas, el cierre del artículo de la AFP señala: 

Peter Vukovic, que ha sido director de tecnología de varias startups, espera que sólo el uno por ciento o menos de la población se beneficie de la IA. "Para el resto, es una zona gris", dijo Vukovic, que vive en Bosnia. "Hay muchos motivos para que el 99% de la gente esté preocupada". La IA se centra en la eficiencia y en ganar dinero, pero podría canalizarse para servir a otros fines, dijo Vukovic. "¿Cuál es la mejor manera de utilizar esto?", preguntó. "¿Realmente se trata sólo de automatizar un montón de puestos de trabajo?".* 

Esa es la gran pregunta que los inversores anónimos no van a contestar nunca. No es su función. Mientras tanto, todo lo que "no iba a afectar", "afecta" en gran medida. Esta sociedad del entretenimiento, del espectáculo, nos distrae del avance específico, de los cambios que se producen, fomentado la ausencia me memoria histórica que permita comparar. Solo el beneficio es lo que se debe tener en cuenta y este, como se ha señalado, es solo de unos pocos.

Ya tenemos una generación al límite, con unas peores condiciones de trabajo y una mayor inestabilidad en el empleo. Esto no va a mejorar por mucho que se diga si se sigue con estas políticas. Ansiedad y desconcierto.

Los millonarios se aburren y viajan a la Luna en compañías llevadas por otros millonarios. Otros, en cambio, deciden bajar a ver los restos del Titanic, pero —como sabemos— las cosas no siempre salen como se espera. 


* "Ansiedad por la IA: los trabajadores se inquietan ante un futuro incierto" RTVE.es / AFP 3/08/2023  https://www.rtve.es/noticias/20230803/estado-islamico-anuncia-muerte-lider/2453411.shtml

domingo, 2 de abril de 2023

La propuesta de parada de la Inteligencia Artificial

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"Inteligencia artificial" es una de las expresiones que tenemos cada día en los medios. No hay día que no encontremos algunos titulares sobre ella, sus logros y los que se espera de ella en el futuro, para bien y para mal. Es esta dualidad lo que hace que crezca su presencia mediática y la curiosidad, no exenta de recelo y miedo. ¿Cómo nos afectará la Inteligencia Artificial?

Desde Estados Unidos, Ángel Jiménez de Luis, para el diario El Mundo, titulaba hace unos días: "Elon Musk y Steve Wozniak piden a OpenAI que pare al menos seis meses el desarrollo en inteligencia artificial". En el artículo se nos introduce en esa petición y en sus causas: 

Al dueño de Tesla, Twitter y SpaceX, Elon Musk, y el cofundador de Apple, Steve Wozniak, les quita el sueño el mismo problema. Los últimos avances en inteligencia artificial, en especial el desarrollo de modelos largos de lenguaje, como GPT-4, están produciéndose demasiado rápido y sin ningún tipo de control.

Las consecuencias pueden ser desastrosas para la sociedad. No porque estas inteligencias artificiales vayan a cobrar conciencia de sí mismas y controlar a sus creadores, como en las novelas y películas de ciencia ficción, sino porque amenazan con eliminar millones de trabajos y multiplicar el problema de la desinformación.

Y no son los únicos que piensan así. Más de 1.000 personas incluyendo varios nombres importantes del mundo de la tecnología y la investigación, como el director del Centro de Sistemas Inteligentes de la Universidad de Berkley, Stuart Russell, o el investigador español Ramón López De Mantaras, del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, también están preocupados. Todos han firmado una petición del Instituto para el Futuro de la Vida, una institución sin ánimo de lucro que trata desde hace años de crear un marco regulatorio en torno a la inteligencia artificial. Buscan que OpenAI y otras empresas de inteligencia artificial paren la investigación durante 6 meses para tratar de considerar el impacto que tienen estas herramientas.* 

Es una cierta obviedad que el problema no está en la investigación sino en la aplicación y expansión de los diferentes productos que se están realizando y se lanzan al mercado. Que los creadores de de IA de la empresa OpenAI se paren no quiere decir que se paren las aplicaciones.

En los medios se da de forma natural —ayer mismo en el programa Cámara abierta de RTVE, sin ir más lejos— la idea de la automatización del trabajo de las empresas. Automatización significa que lo que hacen los humanos lo harán las máquinas, es decir, lo que en el artículo llaman directamente "eliminar millones de trabajos". El programa nos mostraba a grupos de personas proponiendo soluciones a lo que es el "problema" real, que haya que pagar sueldos. La maximización del beneficio con la reducción de los costes, especialmente los humanos, y la conversión de la información en mercancía, entre otros factores, hacen que el desarrollo de las AI sean difíciles de frenar ni por seis meses, como piden los firmantes.

Las máquinas siempre han reducido el número de personas. Un programa de TV de ayer mismo sobre cómo se construían los monumentos en Roma nos ofrece otro ejemplo claro: para elevar una piedra de gran tamaño se necesitaban 16 personas. Con una polea, solo necesitaban 8. Con una polea doble, tan solo 4. Se trataba solo de fuerza, de reducir el número de personas, es decir, de bocas que alimentar. Las guerras, por su lado, suministraban la mano de obra, los esclavos.

Cuando comenzó la revolución industrial en el Reino Unido, los nuevos empresarios lograron que la gente fuera a las ciudades, donde estaban las fábricas, mediante el control de la caridad, que estaba ligada a las parroquias. La gente, que dejó de recibir la ayuda parroquial, se tuvo que desplazar a las ciudades para poder conseguir alimento. La lógica del capital siempre ha sido la misma: ganar el máximo con el mínimo.

Hoy tenemos poderosas máquinas. Hasta no hace mucho, eran los seres humanos los que tenían que poner su pericia y dedicación para poder controlarlas. Ahora hemos desarrollado máquinas que controlan a las máquinas, por lo que los seres humanos no somos necesarios ni para fabricar (lo hacen los robots mecánicos) ni para controlar la fabricación (lo hacen diversas formas de inteligencias artificiales). La programación y su control, en diverso grado, son ya hechos desde hace mucho tiempo. De hecho, estamos iniciando cierta vuelta a la artesanía, como forma de diferenciarnos de la máquina y sus productos. Pero es casi testimonial.


La lógica del ahorro y el beneficio se aplica de muy diversas formas, desde el autoservicio (de un restaurante a una gasolinera, pasando por las taquillas de un cine), se ha implantado por todo el mundo. Ahora nos entran ciertos escrúpulos y pedimos que se detenga el avance de la IA por seis meses. Suena incluso ridículo.

¿No saben los que están financiando estas distintas fórmulas y aplicaciones de la IA lo que pueden causar? De sobra. Pero el campo que queda —por ahora— es el diseño de la IA. Digo "por ahora" porque las máquinas ya están capacitadas para aprender, corregirse y —¿por qué no?— desarrollar nuevas formas de inteligencia aplicada a campos de sustitución.

Una doctoranda me decía hace unos días, un poco asustada, que había probado un ChatGPT al que había preguntado cosas sobre su tesis. "—¡Profe, me ha dicho lo mismo que tú!". No sé si era un elogio o una visión triste del futuro de los enseñantes. Si hay "telediagnóstico médico automatizado", ¿por qué no directores de tesis automáticos, gurús algorítmicos capaces de manejar toda la bibliografía sobre un tema en décimas de segundo? Si se nos repite que los programas médicos de IA tienen un error menor al humanos en el diagnóstico, ¿por qué no ir conectado cada día con la máquina que nos supervise y nos diga lo que debemos hacer, de la toma de la pastilla al descanso obligado, que guíe el bisturí cuando haga falta o nos dé un masaje lumbar, por ejemplo? Todo ello es posible sin necesidad de seis meses de trabajo en la IA.

El siglo XIX vio la fallida revolución contra la máquina, la de los admiradores de Ned Ludd, los llamados "luditas". Se dieron cuenta pronto que las máquinas les dejaban fuera del sistema. Luego, ha sido cuestión de tiempo, de desarrollar máquinas que fueran aumentando su capacidad de trabajo, haciendo el trabajo de cada vez más personas. Pero ahora, además de a la producción, es a esa doble vertiente —control e ideación— a lo que nos enfrentamos como sociedades. Cada vez hacen falta menos trabajadores y los que hay, precisamente por la oferta y la demanda, cada vez cobran menos. Cuando se llega a niveles muy bajos, inasumibles por la población, se da entrada a la inmigración a precios menores, como han dejado en evidencia los empresarios de la hostelería andaluza en estos días, amenazando con contratar "marroquíes" ante la falta de trabajadores hispanos, como señalaban diversos medios hace unos días.

Evidentemente esto no solo es una cuestión de Inteligencia Artificial, sino de la falta de inteligencia social, por expresarlo así. Una visión torpe, competitiva y salvaje, asocial, del desarrollo tecnológico, guiada exclusivamente por ese "ahorro y beneficio", llevará a una enorme crisis social por muy diversos factores entrecruzados, en cadena.

La inteligencia se plantea como un gran logro y lo es, pero sus aplicaciones sociales son ya algo distinto. ¿Nos espera, ante la automatización, una nueva forma de resistencia ludita, por llamarla así, a corto o medio plazo? Es más que probable. Conforme los efectos se sigan acumulando, las probabilidades de que ocurra aumentan.

Se irán acumulando problemas. En el sector educativo, por ejemplo, son obvios. Se reduce la fiabilidad de las aportaciones, de los alumnos a los investigadores ante las probabilidades de que lo presentado no sea más que el resultado de una máquina. Ya se han desarrollado chatbots capaces de tomar un trabajo existente y darle las vueltas suficientes como para que no se reconozca la autoría o su existencia previa. Eso llevará a una lucha entre máquinas para ver cuál oculta mejor y cuál detecta mejor las reutilizaciones y los fraudes de plagio. Eso significa que se volverá a los exámenes tradicionales ante la imposibilidad de garantizar la autoría de cualquier texto o, peor, a los exámenes orales con un aumento del estrés, convirtiendo la enseñanza en un sistema policial de vigilancia. Todo el trabajo que se pueda aportar queda bajo sospecha; solo lo que veamos hacer en presencia será fiable. Un indudable retroceso.

Es un simple caso, pero se pueden ver las distintas posibilidades que se abren en todos los ámbitos. Ya no es solo la sustitución. Es también la fiabilidad, la confianza en lo que las personas producen. Hay sectores, evidentemente, que no necesitan de confianza, solo de la producción y les da igual que sea una máquina quien lo haga. Es más barato y rápido, no tienes que pagar a la Seguridad Social ni hay problemas laborales. El único problema es la actualización y el mantenimiento.

Para desgracia de los beneficiarios de todo esto, la vida se sostiene en el mercado y necesitan de compradores, de un público, de demanda. Esto explica las especializaciones de muchos en productos de lujo, ya que van desapareciendo los productos para quienes ganan cada vez menos. Esto —es indudable— beneficia a unos pocos y empobrece a muchos otros.

Esos seis meses solicitados para pensar en el alcance son una especie de brindis al sol. Llevamos mucho tiempo haciendo antes de reflexionar sobre el alcance de lo que hacemos. Mientras aumente el poder de los que actúan beneficiándose de todo esto, es difícil que haya alguna solución. Es difícil que alguien encuentre una solución a lo que no se presenta como problema.

Lo cierto es que muchas de estas aplicaciones están realizadas a sabiendas de lo que harán, de sus efectos, pero ¿a quién le importa? Una vez que es el beneficio personal y no la perspectiva social la que se erige en medida de todas las cosas, lo demás deja de importar.

Los medios nos dan abundante información cada día sobre la "inteligencia artificial", los "algoritmos", etc. pero nadie ve en ello más que admiración sobre lo que se puede hacer y dejar de tener que hacer. A veces se describe un futuro "inteligente" como si fuera el de la Humanidad en su conjunto, obviando que solo participarán de él unos cuantos privilegiados, que creará inmensas bolsas de pobreza y desempleo, con el coste social derivado en términos de vigilancia, protección y represión. Una parte importante de la Inteligencia Artificial crece sobre la idea de vigilancia y control social (del reconocimiento facial a la geolocalización); es por algo. Si cada vez menos pueden hacer más, es claro que se generarán enormes bolsas de descontento y violencia, algo que ya estamos viendo ante nosotros, además de enormes desplazamientos ante la pobreza que se extiende.

Las voces de aviso, con más o menos fundamento, empiezan a sonar ante las crisis actuales del empleo y los desajustes sociales posibles. Sería ingenuo pensar que la idea de "bien común" se impusiera frente a la de "codicia" actual, por lo que los conflictos —de una u otra forma, más tarde o más temprano— se acabarán produciendo. Es difícil escapar a ellos en un sistema de enorme complejidad e interconexión mundial. Por muy beneficiosos empleos que pueda tener —que los tiene—, los elementos negativos tienen efectos mayores y más relacionados. De la formación de las personas (ya ha afectado con el desplazamiento y concentración de conocimientos hacia las máquinas en la educación y formación, un sector siempre infravalorado en sus efectos) a su trabajo, pasando por la medicina o la seguridad y control..., todo ello se verá afectado, ya lo está.

2012

Los medios se llenan de artículos a favor y en contra, inquietantes y tranquilizadores sobre lo que pueda ocurrir. Pero no es necesario ser adivino para entender un proceso que lleva más de dos siglos y con efectos claros. La automatización es la prioridad empresarial y administrativa, dejando la gestión de la pobreza en cada vez un estado más precario. Hoy se hablan de pensiones, futuro, etc. Todo ello tiene que ver con los empleos que se generen. Lo que se genera es muy claro, la automatización no deja lugar a muchas dudas. La inteligencia artificial se desarrolla para aplicarse, como una inversión que se recupera liberando de cargas. La carga es todo aquello que se opone al beneficio particular del que invierte precisamente para ello.

No creo que esos seis meses de parada "técnica" de la IA se produzcan, es más, no creo que sirvieran de mucho. Puede que la IA aprenda, pero nosotros no.  Supeditamos el beneficio a los posibles problemas que se desencadenen. El beneficio es de unos pocos; los problemas los asume la sociedad en su conjunto. 


* Ángel Jiménez de Luis "Elon Musk y Steve Wozniak piden a OpenAI que pare al menos seis meses el desarrollo en inteligencia artificial" El Mundo 29/03/2023 https://www.elmundo.es/tecnologia/2023/03/29/6424535721efa071708b4599.html

sábado, 20 de febrero de 2021

Uber y las condiciones laborales

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Nos encontramos en un momento económico complicado, no solo por la crisis de la pandemia, sino porque nos ha mostrado las limitaciones del modelo que se ha ido desarrollando en las últimas décadas.

Lo que algunos llamaron "nueva economía" no era en el fondo más que una vuelta a una forma salvaje basada en desmontar el llamado "estado del bienestar" partiendo de los principio neoliberales de la era Reagan/Thatcher. Los principios eran muy simples: máximos poderes para alcanzar beneficios, mínimas responsabilidades laborales. Las guerras de M. Thatcher con los sindicatos británicos dieron paso a una concepción en la que los derechos de los trabajadores se veían cada vez más como cargas limitadoras del beneficio, considerando cualquier acuerdo social como un freno a la economía.

Mucho de esta visión es actual, con un elemento que la agrava: la creciente reducción del trabajo humano, sustituido por procesos de automatización. Esto representa, además, que los empleos están cada vez sometidos a situaciones mayores de precariedad y de pago a la baja. Este es un efecto directo del aumento de enormes bolsas de paro, que hace que los salarios se acepten en este proceso de precarización y descenso de los sueldos.

Los efectos sociales son devastadores, tanto en lo económico como en la moral social. Esto acrecienta un proceso de odio y frustración que explica en gran medida la violencia y el resentimiento que se percibe hacia el "sistema", especialmente creando un enfrentamiento intergeneracional en donde unos perciben a los otros como obstáculos. Otro efecto pernicioso es el crecimiento de la desigualdad social como consecuencia de no poner límites a los beneficios ni a las pérdidas. Conforme el sistema se debilita, las empresas tienen más poder ante los políticos y el chantaje sobre la posibilidad de cerrar negocios y despidos masivos que agraven la situación ha convertido a las agrupaciones empresariales en más poderosas y a los sindicatos en esporádicos denunciantes de la situación del sistema porque son los que tienen empleo y no quieren tirar demasiado de la cuerda forzando las situaciones.



La economía actual se ha ido compensando con las "nuevas formulas" que se centrar todas en lo mismo, la atomización del trabajo, la externalización, la precariedad, los contratos temporales de mínimos y la exigencia de menos compromisos sociales. El beneficio es el objetivo. La retórica lo sigue presentando como el "creador de empleo", pero es la calidad de ese empleo lo que hay que poner sobre la mesa. La desaparición de los vínculos laborales, de las responsabilidades sociales, es una seña de marca moderna.

Las empresas que se nos han presentado como "modélicas", surgidas al hilo de la digitalización y la globalización, son constantemente denunciadas por sus abusos frente a los trabajadores. De Amazon a Uber, son acusadas por las situaciones que crean. Obtienen grandes beneficios y, sin embargo, crean situaciones que son denunciadas constantemente por el desprecio a "sus" trabajadores. Y es aquí donde está el quid de la cuestión, en la relación entre la empresa y los trabajadores, que es donde es posible construir ese espíritu común que hace que nos veamos en el mismo barco y no el modelo actual en el que un yate de lujo va delante mientras que los marineros van detrás nadando, algo más cercano a la situación actual de muchas empresas de este tipo.



La Vanguardia nos trae el caso de la sentencia contra Uber en Reino Unido que tiene importantes consecuencias para este modelo de relaciones laborales o, si se prefiere, de falta de relaciones laborales. 

 

El Tribunal Supremo de Inglaterra y Gales, tras una larga batalla legal, ha dictaminado que los conductores de Uber son “trabajadores” y no “autónomos”, y por tanto deben disfrutar de una serie de ventajas laborales como el salario mínimo y vacaciones pagadas. La sentencia constituye un golpe para la empresa de San Francisco y puede tener importantes repercusiones para todo un sector servicios cada vez más revolucionado por los avances tecnológicos.

Así como Uber pretende tener las mínimas obligaciones posibles con sus conductores, los jueces han determinado que la compañía controla la mayor parte de su trabajo, les proporciona clientes e impone las tarifas que han de cobrar, “una posición de subordinación y dependencia en la que tienen poco o nulo margen de mejorar su situación económica a través de la explotación de sus capacidades profesionales”. La sentencia destruye el argumento de la empresa de que simplemente “colabora con socios independientes autónomos”.*

 


Es el paradigma de este modelo de economía. La tecnología permite "gestionar" el trabajo de los demás, los conductores, que son vistos como meras piezas infinitamente sustituibles debido a la falta de empleo de otro orden.

El artículo se cierra diciéndonos que el sector servicios, en Reino Unido, supone ya el 80% de la economía. Eso implica que hay una parte importante de ingenio dedicada a pensar cómo tener una menor dependencia de los trabajadores, que están cada vez más angustiados por la falta de empleo en otros sectores. La abundancia de personas desempleadas, como hemos señalado antes, supone una menor exigencia para poder ser ¿contratado? por este tipo de empresas.

Recordarán los lectores españoles los conflictos que se establecieron con la llegada de Uber a España con el sector del Taxi, muy regulado en la concesión de las licencias, tarifas, etc. Las jóvenes generaciones, con pocos fondos disponibles, recurrían a ellos como alternativa barata al viaje, al desplazamiento entre ciudades, a las recogidas nocturnas... Sabían que el Uber estaría allí, pero no querían saber las consecuencias generales. El que tuviera un coche y aceptara las condiciones impuestas, accedía a la información de recogida. Algunos subcontrataban los coches para que estos estuvieran las 24 horas del día en marcha, algo que también ocurría con el taxi, aunque por motivos diferentes.



Los Uber, los repartidores de comida en diferentes plataformas, etc. todo este modelo es una condena a la explotación en un mundo que cada vez se preocupa menos por los demás y solo del beneficio propio. Becarios, contratos temporales, en prácticas, etc. son fórmulas que se han ido extendiendo como una salvación, cuando en realidad son una condena por nuestra falta de determinación económica. A nadie le importan los demás o han conseguido una forma esquizofrénica de procesar la realidad. Los estados renuncian a crear o a exigir empleo de calidad, algo que queda en pura retórica, y los sectores económicos son cada vez más anónimos y se limitan a recoger sus beneficios.

Aquí tratamos hace años el caso del empresario suizo que se negó a llevarse de su pueblo la fábrica de navajas, a deslocalizarla, dejándolos sin empleo. Desatendió los consejos de fabricar allí donde fuera más barato y mostró su compromiso con el pueblo donde había vivido su familia varias generaciones, que había crecido alrededor de la fábrica y se decidió a cambiar lo que estaba en su mano. Fue elegido "empresario del año". Su concepto de empresa era un compromiso con sus trabajadores y la comunidad. Un buen ejemplo, pero muy escaso, donde es más frecuente hacer lo contrario, cerrar la fábrica y llevársela a otro lado, explotando a personas a las que ni conoce.



Saltan a nuestros medios casos de conocidas empresas de diverso tipo que resultan acusadas de explotación, de trabajo infantil incluso. No asustamos cuando vemos que ese objeto que tenemos entre las manos, de ropa a cualquier aparato, ha surgido en entornos de pobreza y explotación, muchas veces en condiciones auténticamente infames. Nos llegan noticias de incendios, de hundimientos de edificios, etc. que nos deberían hacer cuestionar el modelo, pero no lo hacemos es mejor disfrutar de lo que fabrican.

La Vanguardia nos dice ante la sentencia británica:

 

La reacción inicial de Uber, que no para de tener problemas legales en el Reino Unido, es que el dictamen afecta tan sólo a los dieciséis conductores que presentaron la demanda en el 2016 y, según sus abogados, tienen derecho a una compensación en torno a los 15.000 euros cada uno. Pero es una posición difícil de mantener, ya que el propio Tribunal Supremo ha advertido que “cualquier intento de suscribir contratos artificiales diseñados para eludir las obligaciones laborales de la compañía será considerado ilegal y completamente nulo”.*

 

Muestra de forma clara la poca voluntad de cambiar la situación. El aumento del desempleo empuja hacia este tipo de actividades en donde se les consideras como meras piezas de las que se puede prescindir.



En otra parte de la prensa de hoy, se nos dice que la situación de la crisis por la pandemia está empujando a mujeres que trabajaban en la hostelería hacia la práctica de la prostitución o cómo vuelven personas que lo habían abandonado. En otros lugares de la situación de otros sectores, igualmente explotados; la cuestión del abuso en el teletrabajo ha estado igualmente sobre la mesa.

Son estragos sociales de un sistema débil, con poca atención al futuro, fiado a este tipo de soluciones de "búscate la vida" frente a "pensemos juntos en un futuro mejor", que sería más deseable y beneficioso para todo el conjunto. El empobrecimiento del conjunto es solo un factor. Están, como hemos señalado, los efectos destructivos sobre la forma de ver la sociedad, es decir, vernos unos a otros.

El futuro es en un mundo apretado y desigual... si así lo queremos. Podemos elegir entre prender mechas o hacer que las aguas vayan fluyendo mejor de lo que lo hacen, más tranquilas, menos turbulentas. El egoísmo, desgraciadamente, se ha pasado al lado de las nuevas virtudes.

 


* Rafael Ramos "Los conductores británicos de Uber son “trabajadores” y no “autónomos”" La Vanguardia 20/02/2021 https://www.lavanguardia.com/economia/20210220/6256664/conductores-britanicos-uber-son-trabajadores-autonomos.html