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sábado, 21 de febrero de 2026

El fallo con los aranceles

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El varapalo dado a las políticas arancelarias de Donald Trump por parte del Tribunal Supremo de los Estados Unidos copa las portadas de todo el mundo como una "buena noticia". No es así como se lo ha tomado el ego del presidente que ha estallado en su contra soltando todo tipo de barbaridades.

De todas las lindeces que Trump ha soltado, me quedo con una especialmente significativa: "Puedo hacer lo que quiera con la IEEPA (Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional), imponer un embargo total, pero no puedo cobrarle a nadie ni un dólar por ello"*, ha señalado para a continuación calificarlo como "ridículo".

Por supuesto, también ha dicho que los jueces están vendidos a los países extranjeros, que son antiamericanos, una vergüenza para el país. Algunos de ellos los ha nombrado él y el grupo de jueces es de mayoría conservadora, lo que muestra que la línea de Trump va claramente contra el Derecho y viola la idea de los límites de la presidencia.

Hemos comentado en diversas ocasiones su idea del "poder" y su capacidad de actuación para conseguir sus objetivos sean estos los que sean. Un poder limitado no es poder, en el sentido absoluto y personal que Trump le da. No acaba de entender que ser "presidente" no significa poder hacer cualquier cosa.

Este varapalo tiene una serie de peligros que parte de lo señalado y de la mente compensatoria de Trump. No acepta un límite y debe compensarlo para no ver dañada su imagen de poder. No se limitará a refunfuñar sobre los jueces; necesita hacer algo que a sus ojos y a los de sus seguidores le reafirme. El problema es que estas frustraciones se pueden traducir en acciones exteriores. Y lo más próximo es Irán.

Sería una ironía trágica que se abriera una guerra brutal en Irán y en aquellos centros de interés norteamericanos como resultado de una frustración arancelaria, para demostrar que es él quien manda.

La guerra con Irán no sería como lo ocurrido con Venezuela, donde encontró una muy dócil respuesta manteniendo las familias de la dictadura, temerosas de perder su influencia y cargos. Venezuela es una dictadura debilitada por su propia corrupción, algo que Trump ha aprovechado para realizar sus acciones y conseguir sus objetivos de controlar el petróleo y a quién se vende.

Si la respuesta al frenazo de las medidas de las medidas arancelarias es una acción en Irán para demostrar al mundo quién manda, puede que los efectos sean mucho más graves que los ocurridos en Venezuela. Es poco probable que los ayatolas no tengan ya establecido un plan de respuesta. Si Donald Trump considera que es un "enviado", que "Dios le protege para que se cumpla su voluntad", eso ya lo inventaron los ayatolas. Lo que se juegan precisamente en la validez del mensaje divino sobre el que actúan. Los ayatolas necesitan mártires, la prueba precisamente de la validez de su mensaje y su autoridad.

Tras la derrota judicial, Trump necesita de una victoria que lo equilibre todo. Cómo será lo que busque para esa compensación de su ego, está por determinar. Las mayores probabilidades están en esa acción exterior, ya que los estragos de ICE en el interior han supuesto una inesperada respuesta de rechazo en la calles y medios. Con los aranceles frenados, con el creciente rechazo a la política migratoria represiva, lo que queda es el exterior, de Groenlandia a Irán. La primera ha recibido una respuesta política clara por parte de los todavía aliados. Queda la segunda opción, Irán.

Cada vez se maneja más la palabra "rey" para referirse a Trump en los Estados Unidos. En el contexto norteamericano tiene una significación negativa y profunda, que conecta con la propia creación de unos Estados Unidos libre de trabas, con el "We the People". Lo que le ha dicho un Tribunal Supremo de amplia mayoría republicana, con miembros que le deben el nombramiento, es que no se puede gobernar así, de espaldas al Congreso. Trump lo hace.

Lo perverso del régimen iraní no quita la forma en que este caiga, especialmente en lo referido al riesgo de unas matanzas de enormes dimensiones. Estas acciones ya no podrán ser "limpias", de bajo coste, como lo ocurrido en Venezuela. ¿Cómo actuará el pueblo norteamericano si esto se produce, si se produce un nuevo Vietnam. el gran fantasma siempre presente?

Lo importante es saber el estado de la lucha interna en estas cuestiones, es decir, en quiénes comparten lo visionario de las políticas de Trump, quiénes le siguen ciegamente y aspiran a seguir su legado (suponiendo que abandone la Casa Blanca cuando le toque), y los que creen en el pueblo, en otro tipo de políticas, en otra forma de gobernar.

Un experto consultado en RTVE.es señala que no le han dicho que "no puede", sino que "no puede sin contar con el Congreso". Es un matiz importante, pero no sé si vuelve a Trump a la realidad de la dependencia de terceros. En cualquier caso, no se reduce a una cuestión meramente interna sino que está sujeta a muchas variables y no a la simpleza trumpista desde el poder absoluto.

Hoy la noticia es la desautorización de las políticas arancelarias de Trump y los posibles efectos económicos de esto. Pero no hay que descuidar lo que pueda pasar por una mente no acostumbrada a que le lleven la contraria. Nada nos gustaría más que estar equivocados porque los riesgos son muy altos y, si ocurre, algo de este tenor con consecuencias imprevisibles.

* "Las 10 frases de Trump tras anular el Supremo sus aranceles: "Puedo destruir un país, pero no les puedo cobrar 10 dólares"" 20minutos 21/02/2026 https://www.20minutos.es/internacional/frases-trump-anular-supremo-aranceles-destruir-pais-cobrar-dolares_6937174_0.html

viernes, 30 de junio de 2023

Iguales ante la ley, desiguales ante la vida

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Donald Trump dejó muchos "regalitos" tras su presidencia. Era la forma de asegurarse un campo abonado para su retorno. La colocación de varios magistrados conservadores en el Tribunal Supremo ha sido uno de ellos. De esta forma sigue celebrando victorias y con él la parte más rancia y retrógrada de los Estados Unidos, a la que recuerda que se lo deben a él. De esta forma, Trump sigue acumulando puntos ante su auditorio, cada día más reaccionario.

La última "victoria" de Trump nos la mostraba ayer la prensa de todo el mundo con una decisión del Tribunal Supremo. En titular de RTVE.es: "El Supremo de EE.UU. acaba con la discriminación positiva por raza para entrar en las universidades".

Termino en estos días de leer el interesante libro del norteamericano Richard Sennett, publicado en USA en los años 70, y que aparece ahora entre nosotros en 2022. Su título es "Los usos del desorden" (Alianza, Libro de bolsillo - CS 124). La idea de Sennett se desarrolla a partir de la idea de la construcción de barrios obsesionado con ser iguales dentro de ellos, de no mezclarse, y considerar que la diversidad es motivo de caos y perversión de los principios de esa comunidad que se encierra.

La idea de Sennett es que la diversidad está en la vida y que es una experiencia humana necesaria para la maduración personal y social. La obsesión por la separación que aísla y reduce artificialmente las diferencias es una forma de mitificación del grupo que acaba viendo un enemigo en los otros y no una oportunidad de crecimiento y maduración.


La idea de discriminación positiva está en el centro de muchas de las polémicas que vivimos hoy. Detrás de ellas está una consideración falsa de la igualdad de oportunidades. No hay igualdad porque no nacemos ya con las mismas oportunidades. Dicho de una forma clara: Donald Trump, pese a lo que cuenta, no hubiera llegado a donde ha llegado de no haber nacido en una familia millonaria y haber comenzado con un buen capital respaldándole, unas experiencias y unos contactos propios de la familia.

La apuesta por la discriminación positiva es asegurar en diferentes instituciones que la variedad de la vida, que sitúa con diferencias, no se sigue manteniendo como barrera insalvable. Es asegurar, por un lado, que las minorías tienen acceso a los recursos y que no se perpetuarán las barreras surgidas de injusticas y abusos como la esclavitud, la segregación racial. Basándose en que no se puede discriminar, el Tribunal Supremo, lo que ha hecho es asegurarse que las diferencias en la vida se conviertan en barreras insalvables para muchos.

Leemos en la BBC Mundo:

Dentro de los jueces liberales en disentir estuvo la jueza Sonia Sotomayor, quien dijo que la decisión representa el “retroceso de décadas de precedente [legal] y progreso monumental”.

Agregó que cree que la sentencia significa que la raza ya no sirve para alcanzar “beneficios fundamentales” y “solidifica una regla superficial de daltonismo racial como principio constitucional en una sociedad segregada endémicamente”.

Otra jueza en disenso, Ketanji Brown, escribió: “Con una inconsciencia de ‘déjenlos que se coman su pastel’, hoy, la mayoría haló la cuerda y anunció daltonismo racial para todos por decreto legal”.*


Asegurándose que no va a tener minorías con experiencias vitales y familiares distintas, lo que se hace en las universidades es cerrarlas creando esa comunidad que Sennett denunciaba en los barrios que se habían creado para asegurarse que nadie les iba a molestar en su disfrute de los espacios selectos. Y la universidad es un espacio "selecto" en los Estados Unidos, un lugar con una enorme selección de fruto económico, un sacrificio que solo algunos pueden hacer, algo que el propio país ha dejado de manifiesto a lo largo de décadas.

Hace unos días tuve ocasión de volver a ver "Gigante" (1956), la película de George Stevens con Elizabeth Taylor, Rock Hudson y James Dean. La película, basada en una novela de Edna Ferber trata del desarrollo de una Texas robada a México y del terrible racismo existente sobre los "wet back", los espaldas mojadas, tal como se refieran a ellos en la película. Las discriminaciones y los tratos vejatorios van desde la atención médica que se les niega, compartir peluquería o la entrada en un restaurante. Todo en nombre de la "libertad". Recomiendo verla a todos aquellos que no la hayan visto y comprender porqué sigue estando de actualidad su mensaje.

En la obra de Richard Sennett se ponen ejemplos de casos, ya en los 50 y 60, de esos nuevos barrios construidos sin negros y de las reacciones discriminatorias cuando alguna familia llegaba a ellos. Volvemos a ello.

El nuevo racismo está tras esta sentencia del Tribunal Supremo y así lo han entendido todos. Escribe Sennett en la obra mencionada, escrita hace 50 años: 

En efecto, la forma más segura de simpatizar con los revolucionarios del siglo XIX es leer algunos de los tratados escritos por clérigos para los pobres, en los cuales catorce horas al día de duro trabajo se describen como «una bendición que disciplina la lujuria y las pasiones de la carne». El equivalente moderno de esa estupidez es el que afirma que los negros se harán más fuertes si necesitan luchar, como si las necesidades más elementales de la vida, que se le conceden a la mayoría sin ningún esfuerzo por su parte, fueran tan valiosas que la minoría debería pasar unas pruebas endiabladas para merecerlas. (167-168)** 

Esa hipocresía elitista regresa hoy con la cuestión del acceso a las universidades. No hay mucha distancia entre lo que describe Sennett del siglo XIX, lo que se ha visto en el XX y lo que vuelve en el siglo XXI. Una parte de los Estados Unidos sigue siendo discriminadora, no desea que se reduzcan las diferencias y desea que se mantengan aislando sus cotos privados. Las universidades de prestigio entran en este espacio de privilegios donde la "acción positiva" tenía como función reducir los efectos de tantas y tantas "acciones negativas" padecidas durante siglos. La presidencia de Trump fue un ejemplo por su propia boca, contra los "bad hombres", considerando como violadores y narcotraficantes a todos los que llegaban por la frontera sur.

Creo que ya no se puede evitar confirmar lo que está ocurriendo y que hemos mencionado en varias ocasiones como fondo. Hay en marcha una clara operación de retroceso que trata de establecer los fundamentos de una sociedad ampliamente racista; es un movimiento que no se limita a los Estados Unidos, sino que está saliendo desde allí a través de las alianzas de la ultraderecha por todo el mundo, de Brasil a Europa, imitando las bases doctrinales establecidas por los grupos que se aliaron para llevar a Trump a la Casa Blanca y acabar con los avances de progreso social de décadas.

El camino emprendido lo vemos con claridad a través de los conflictos creados en escuelas (prohibiciones de libros liberales, prohibiciones de mencionar temas específicos), ataques al feminismo, como el que vemos contra la violencia de género que se niega, etc., y de nuevo el racismo. Es claramente una ofensiva ultraconservadora que busca darle la vuelta al progreso.

Los que quieran entenderlo, lo entenderán. Me refiero a España, al igual que a otros países de la Unión Europea en los que estas ideologías están desarrollando nuevas raíces. No solo es una cuestión "política", sino un cambio cultural radical, de ahí el papel de las escuelas y, desde allí, ir desplegándose. El Tribunal Supremo norteamericano se ha convertido en un aparato triturador del progreso y del cambio. Son piezas colocadas para desmontar el sistema y reconstruirlo a golpe de conservadurismo.

La falacia de la sentencia es tan burda y descarada que da pena. Pero el deterioro de la vida política y judicial debería servirnos de ejemplo de en qué podemos convertirnos trasladando la polarización y el partidismo extremo a las instituciones que deben ser independientes. Estamos quemando nuestros propios recursos de supervivencia. 

Tratar de defender una "igualdad" que solo va a favorecer la discriminación acumulada es llevar el cinismo a lo que señalaba Sennett de los libros que los predicadores que defendían los abusos laborales para evitar las tentaciones.

Si Trump logra llegar de nuevo a la Casa Blanca, todo esto se intensificará. Sus discípulos han aprendido el valor de lo que está pasando y cómo llegar a esos millones de personas que siguen considerando las barreras raciales como una necesidad para preservar su estatus.


 

 "La decisión de la Corte Suprema de EE.UU. que elimina la “discriminación positiva” por raza en las admisiones universitarias" BBC News Mundo 29/06/2023 https://www.bbc.com/mundo/articles/c84wnlw77nko

** Richard Sennett (1970, 2022) Los usos del desorden. Alianza Editorial, Madrid.

viernes, 12 de noviembre de 2021

La nariz democrática

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Las votaciones para renovar el Tribunal Constitucional han hecho saltar las metáforas olfativas y la nariz como centro sensible de la política. El pistoletazo poético oloroso de salida lo dio Odón Elorza, diciendo que a algún candidato habría que votarle "tapándose la nariz"; finalmente le faltaron manos y ahora espera ser sometido a investigación por aquello de saltarse la "disciplina de voto", que debería estar incluido entre las perversiones políticas.

Según afirma la prensa, se produjeron los previstos imprevistos, es decir, que se sabía que había gente que no estaba de acuerdo con la selección, pero no cuánta. En RTVE.es nos explican: 

Antes del pleno del TC, la Cámara Baja había respaldado a los cuatro candidatos, aunque con la oposición de algunos diputados díscolos de la izquierda, que han rechazado la propuesta de Enrique Arnaldo, cuyo nombre ha aparecido en sumarios como Palma Arena o el caso Lezo.

Según el pacto alcanzado entre el Gobierno y el PP, más el apoyo de un diputado de Foro, debería haber garantizado que la aprobación en el Congreso hubiese salido adelante con 243 votos, pero sin embargo ninguno de los juristas ha alcanzado esa cifra.

El candidato propuesto por el PP, Enrique Arnaldo, ha sido quien menos votos ha reunido 232, seguido de la otra candidata de los populares, la magistrada Concepción Espejel (237), y de los dos planteados por el PSOE, Montalbán y Sáez Valcárcel, que han reunido 240 votos.

En el caso de Arnaldo los díscolos se cifran en once, uno de ellos el exministro José Luis Ábalos, que ha votado nulo por error en una votación que secreta y telemática.*


 

Lo sorprendente de esta práctica selectiva que han pactado ambos grupos políticos es que no sirve para tener un mejor tribunal, sino simplemente para completarlo, algo muy diferente, el nivel más bajo de exigencia. No es una victoria democrática o política en modo alguno, sino otra forma —una más— de erosionar las instituciones y generar desconfianza. ¿Es posible que no haya mejores candidatos en España que alguno de los propuestos, que no se encuentren o que no sean seleccionados por ninguno de los grupos que controlan la suma de votos?

Todo esto obedece a un gran problema de fondo: los políticos creen que las instituciones son suyas y solo son su lugar de trabajos. A lo largo de los años han desarrollado un sentido propietario de las instituciones, algo que se reparte, se ocupa e incluso se usa en un sentido muy específico. Se trata de elegir piezas para una determinada posesión y lograrlo como sea. Gana quien controla más instituciones, por decirlo así.

La dependencia de los votos para todo es un sentido utilitarista de la democracia, una forma muy pedestre de verla, simplista, pues deja todo el poder en manos de los partidos y muy poco en la sociedad.

Los partidos viven de la confrontación; los pueblos de la armonía social, del acuerdo, de la convivencia. Sin embargo, la forma de entender la política que vemos trata de trasladar los conflictos de forma permanente hacia la sociedad y las instituciones. Los que no son capaces de ver la diferencia entre un tribunal constitucional y un tribunal constitucional politizado, repartido, no tienen un sentido sano de la política.


Muchos han escrito estos días sobre la nariz y los malos olores. La consecuencia es que el recelo se ha extendido al Tribunal Constitucional, una pieza esencial de la democracia que los partidos actualmente no quieren dejar sin controlar, anteponiendo el número a los nombres. El problema real es que ningún partido quiere allí personas que no puedan controlar. Lo hemos visto en otros puestos del Estado que deberían haber surgido de la independencia y no del partidismo obediente. Esa independencia —un concepto muy mal visto por los partidos— es diferente al número, aspecto que controla las decisiones. Nadie quiere independientes; esa es la realidad. Nadie quiere afrontar la incertidumbre que supondría para ellos tener que esperar para saber las decisiones que toman. Se prefiere a los sumisos agradecidos; de ellos será el reino de la política.

El voto de Elorza y algunos más no es solo contra un candidato y el partido que lo propone. Es también un voto contra el acuerdo de su propio partido que avala a un candidato al que muchos no consideran adecuado. Habrá algunos que lo celebren por lo bajo en los diferentes partidos, pero es una derrota del planteamiento en sí. Perjudica a todos, partidos, instituciones y al pueblo, que pierde confianza.

El peor ejemplo lo hemos tenido en el tribunal supremo norteamericano bajo Trump. La selección de uno de los jueces, rechazado y denunciado por su partidismo excesivo, creó una enorme controversia. Finalmente llegó con el apoyo del número. Lo que hizo fue crear recelo ante lo que llegue a ese tribunal, donde el juez elegido deberá obediencia a quienes le votaron para el cargo. El tribunal supremo es un sistema en el que solo la muerte deja plazas libres. La suerte de que ese fallecimiento de produzca en  un momento de dominio de unos o de otros es lo que acaba decidiendo las resoluciones. Triste porque no hay reflexión, sino obediencia.

¿Puede la política asfixiar la política? El desencanto que se percibe en los votantes de muchos países parece confirmarlo. La democracia no es solo cuestión numérica sino la posibilidad de que puedan ser introducidas nuevas ideas que renueven lo que muchas veces tiende a la esclerosis del sistema.

Estamos viendo, como en Nicaragua recientemente, farsas políticas que se llaman "democracias". La degradación trumpista de la democracia ha convertido en un escenario de falsedades y mentiras la vida política (y más allá) norteamericana. Trump tiene muchos imitadores; es el resultado de una forma utilitarista de ver la política que no se detiene ante nada parea lograr el poder, es decir, el control social y la impunidad ante muchas cosas de las que les salvarán tribunales controlados.

Es triste ver que en España hay tan pobre sentido de la democracia, tanta incapacidad de llegar a acuerdos positivos para la ciudadanía. Es más triste ver que cuando algo se acuerda no es en beneficio del conjunto sino para asegurarse el control y evitar sorpresas por parte de los partidos.

Creo en el "voto de conciencia", más que en la "disciplina de voto". El primero no representa el caos ni el segundo el orden. El voto de conciencia  nos asegura que siempre se denunciarán situaciones que el número quiera tapar o manejar. Nuestra democracia no madura, creo que es una triste conclusión. Se conforma con el número de votos y no con el bien social hacia el que todos se deberían dirigir, a la convivencia pacífica y no a la crispación constante. Pero las nuevas formas de entender la política no ayudan mucho, ni en lo personal ni en lo ideal. Demasiados guerreros, pocos pacifistas; muchos calculadores, poca generosidad.

Hay que recuperar la independencia como una garantía, especialmente en aquellas instituciones que tienen que decidir y asegurarla como un valor creciente. Sin embargo, lo que se pondera más es la sumisión, la obediencia, la disciplina como valores políticos.

Es un mal camino en tiempos en los que la democracia está sometida a muchas presiones y malos ejemplos, a manipulaciones internas y externas que la debilitan. Quizá, más que taparse la nariz habría que hacer otras operaciones higiénicas para eliminar los malos olores.

Un acuerdo que se basa en "tú aceptas los míos y yo acepto los tuyos sin discusión" muestra algo más que inmadurez. Es una muestra del límite de la intransigencia y, especialmente, de la incapacidad para abrirse a la sociedad civil en busca de los candidatos mejores para el país, no para ellos.


 * "El Constitucional también avala a sus nuevos magistrados con un voto en contra" RTVE.es / Agencias 11/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211111/tribunal-constitucional-avala-nuevos-magistrados/2222401.shtml

sábado, 12 de diciembre de 2020

Trump, más allá de las instituciones

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La jugada que Trump tenía preparada para el final no le ha funcionado. Se trataba, primero, de crear un ambiente de aceptación general del "fraude electoral" que le "había robado" su éxito sin precedente, desde su punto de vista. En segundo lugar, ha tratado de hacer llegar toda la batería de demandas inconsistentes hasta lo más alto, pensando que en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos se le iba a dar la razón como pago a sus nombramientos de jueces ultraconservadores.

En la mente de Trump todo esto es de una claridad absoluta. Quizá, más que "claridad", haya que usar el término "simpleza". Ayer hablábamos precisamente de este sentido del pago y el cobro, del dar y devolver. Para Trump, los jueces del Tribunal Supremos son empleados suyos, gente que le debe lo que son al "jefe" que, en un acto de magnanimidad, les nombro a un cargo de por vida. Solo una persona sin sentido de las instituciones podría pensar así y, especialmente, podría creer que los demás pensaran como él. Pero esta vez le ha fallado el razonamiento. Trump no conoce a las personas, les presupone una mente interesada como la suya para conseguir sus objetivos por encima de cualquier otro aspecto. Afortunadamente, nadie quiere pasar a la Historia como un juez que devolvió el "favor" a Trump.

La experiencia con el donante republicano, un empresario nombrado embajador ante la Unión Europea, que decidió no manchar el nombre de su familia con las bajezas que se le pedían, las demás personas que se han ido bajando del carro de Trump anteponiendo deber, honor y verdad, a las vergüenzas que esperaban de ellos, etc. no han servido para que Trump modifique su visión básica del mundo: el poder es todo y con el poder se puede todo. Aquella expresión de hace una décadas de "de qué te sirve ser millonario si no puedes cambiar de esposa" era más que un comentario a Ciudadano Kane, el magistral filme de O. Welles que se le propuso. Era realmente una forma de ver el mundo, donde el dinero trae el poder y el poder todo lo que se pueda desear.



Pero los jueces le han dicho no. The New York Times titula "Democrats, and Even Some Republicans, Cheer as Justices Spurn Trump"*. Lo que se está jugando es algo más que el resultado de una elección, como ocurrió anteriormente cuando unos pocos votos en Florida decidieron la presidencia. Aquí hay mucho más. Lo que ha estado y está en juego es la democracia, un concepto que Trump desconoce y los republicanos han olvidado en su ciega carrera hacia cuatro años (¿por qué no el resto de la Historia?) más en el poder. Este énfasis, por un lado, y la ceguera fanática por otro obligan a preguntarse por lo que realmente se estarán jugando algunos sin que los demás lo sepamos. Ayer hablábamos del cobro, de los negocios en la sombra que han tenido bajo sospecha a Trump, su familia y allegados a lo largo de estos cuatro años. La última, una posible red de pago de indultos presidenciales a buen precio. Por otro lado, se ha encargado de acelerar penas de muerte que esperaban años en los corredores. ¿También se pagaban o solo eran para satisfacer las ganas de sangre de los radicales republicanos, siempre generosos con horcas e incendios a lo largo de la Historia de los Estados Unidos?

En La Vanguardia leemos sobre el rechazo del Tribunal Supremos a las demandas de los estados trumpistas y sobre las consecuencias con las que amenazan: 


El caso de Texas contra Pensilvania ha adquirido un alto voltaje político en los últimos días. Otros 17 estados conservadores se han sumado a la demanda. Los estados demócratas demandados respondieron airados al inaudito intento de sus vecinos de cambiar el resultado de sus elecciones presidenciales. Si el Tribunal Supremo diera la razón a Texas, sería "el final de la democracia en los Estados Unidos de América y no es una hipérbola. Es un hecho", advirtió la fiscal general de Michigan, Dana Nessel, antes de que se conociera el veredicto. 

AMENAZAS SECESIONISTAS

Además, un total de 126 congresistas republicanos, deseosos de mostrar su lealtad al presidente, apoyaron la demanda a pesar de la frivolidad de la causa legal alegando que las elecciones habían estado "plagadas de un número sin precedentes de serias acusaciones de fraude e irregularidades". El Departamento de Justicia intervino hace unos días para disgusto del presidente con el fin de aclarar que no hay ningún indicio de que se haya producido un fraude electoral a gran escala como el que denuncian Trump y sus aliados.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, acusa a este centenar de congresistas republicanos de "deshonor" hacia la institución a la que representan. "En lugar de respetar su juramento de apoyar y defender la Constitución, eligieron subvertir la Constitución y minar la confianza pública en nuestras sagradas instituciones democráticas", dijo anoche en un comunicado.

Esta noche, tras conocerse la sentencia, el Partido Republicano de Texas, ha respondido con amenazas secesionistas: "Quizás los estados que obedecemos la ley deberían unirse y formar una unión de estados que obedecen la Constitución". Abogados republicanos de otros estados , autodenominados como representantes de "Nueva California" y "Nueva Nevada" remitieron sus propias notas de apoyo a la moción de Texas para alterar los resultados electorales.**

 


La fractura que Trump ha producido en la sociedad norteamericana es algo más que la diferencia entre republicanos y demócratas, que sería una simplificación excesiva del problema. La mayoría de los jueces del Tribunal Supremo son conservadores, republicanos y tradicionalistas, palabras que con diferentes matices pueden describirlos. Pero han sabido distinguir lo que es tener una opinión y crear una fisura en el sistema norteamericano haciendo que la Justicia sea garante del mayor escándalo ocurrido en un país democrático. No creo que haya existido un caso como el que ahora se está produciendo en los Estados Unidos. Trump ha levantado la manta que cubre las inmundicias del sistema y ha agrupado las huestes arrastrándolas hacia la exposición pública. El espectáculo no puede ser más desolador. Los jueces del Supremo han sido conscientes de lo que suponía dar la razón a los estados trumpistas. 

En la CNN leemos en el artículo de Joan Biskupic —que lleva por titular "Supreme Court's message to Trump: Stop"— las maniobras para el control del poder judicial y en qué han acabado:


During the past four years, President Donald Trump has challenged the integrity of the Supreme Court and tried to drag the justices into the legal muck with him.

His arguments have pushed the boundaries of the law and his assertions have tested the impartiality of individual justices. But Trump's meritless attack on the November election and his loss to Joe Biden in a brazen lawsuit initiated by the Texas attorney general brought the court into a wholly new realm.

The high court slapped down the case promoted by Trump on Friday, three days before the Electoral College will meet to cast votes for Biden as the winner of the November election, with no noted dissents.

As such, the court's justices, six of whom were appointed by Republican presidents, three by Trump, have separated themselves from the pattern of hard-core partisans who were asking the court to use baseless claims of widespread voter fraud to disenfranchise millions of voters.

Texas Attorney General Ken Paxton and Trump had persuaded a group of 18 other Republican state attorneys general and 126 Republican members of Congress to sign on to arguments that would have reversed the will of voters in Pennsylvania, Georgia, Michigan and Wisconsin.

If the justices had not rejected the request from Texas and other Republican-led states, they would have defied their own precedent and compromised any notion of neutrality.

For the Supreme Court itself, there has always been a question of how it emerges from Trump's legally fraught four years. Many of his policy initiatives -- and some of his personal financial dealings -- were subject to lawsuits.

And the President routinely suggested that once a case reached the conservative-dominated bench, he would prevail. His Twitter posts and other rhetoric have constantly undermined the notion of neutral judges. He implied Democratic appointees would automatically rule against him and Republican appointees would side with him.

On Friday afternoon, a few hours before the justices' order in Texas v. Pennsylvania, Trump tweeted, "If the Supreme Court shows Great Wisdom and Courage, the American People will win perhaps the most important case in history and our Electoral Process will be respected again!"***

 


Esta última "presión" sobre el Tribunal Supremo es una jugada que le ha salido mal. Tratar de echar la presión popular sobre ellos indicando que podrán ser "respetados de nuevo" si fallan a su favor es parte de las estrategias habituales de Trump. En sus planteamientos, todo lo que tiene en contra es por corrupción, decadencia o pérdida de rumbo. Él es el faro que le guiará hacia el puerto del futuro. Es él quien hará Grande a América de Nuevo, quién hará que el Tribunal Supremo sea grande otra vez.

Lo que consigue con eso es agrupar todas frustraciones convirtiéndolas en necesitadas de recuperación heroica, en la fuerza del pueblo, que está a su lado como un visionario. Trump es el mayor manipulador de masas desde Adolf Hitler. Servirle a él es hacerlo a la Patria y a la Historia, a Dios incluso, como ya dijo en su triada "el Pueblo, Dios y Yo".

Uno a uno, Trump ha ido subvirtiendo los cimientos de la democracia, de la libertad de prensa a la independencia judicial. Ha vuelto a los ciudadanos contra los gobernantes (su "¡liberad los Estados!" no debe ser olvidado), contra los medios (los enemigos del pueblo), contra todos los que llevaban la contraria a sus deseos y caprichos. Trump es un dictador vocacional convertido en presidente ocasional de un país democrático. Él no lo es; lo es el país, afortunadamente. Pero ha conseguido sacar a sus iguales a la calle, a los que se arman y van a la puerta de la residencia de los gobernadores, a los que rodean las salas donde se cuentan los votos o los que ya amenazan con hacerlo con los miembros el colegio lectoral, lo que finalmente decidirán con su voto al nuevo presidente y donde Joe Biden tiene una amplia mayoría que las argucias trumpistas no han conseguido reducir.



Dos preguntas surgen en cualquiera que tenga un sentido democrático de la vida y las instituciones: ¿por qué es Trump imparable? y ¿cómo ha llegado hasta ahí? Las dos preguntas están interrelacionadas y es esencial contestarlas para evitar lo que pudiera ser una epidemia de muerte de las instituciones democráticas, sometidas a bombardeo desde diferentes grupos políticos y sociales, desde diferentes lugares geográficos animados por una misma simpatía: la de las personalidades autoritarias frente al poder de las instituciones.

Hay algo en nuestra cultura que está volviendo, como ocurrió hace una centuria —en los años 20 del siglo pasado— al culto a la personalidad fuerte, que fue la base de los fascismos que arrastraron al mundo a las guerras. Son las crisis económicas, las enormes desigualdades e injusticias acumuladas, las que son aprovechadas por los que lanzan el cebo. Surgen así este tipo de personalidades que tratan de hacerse con el poder y no lo sueltan cuando lo consiguen, que están en contra de cualquier tipo de estabilidad en la alternancia y no renuncian a todos los manejos con tal de erosionar el poder institucional, el equilibrio y la confianza, en beneficio del culto de la figura mesiánica.

La nueva estructura cultural, el universo mediático y global, permite la expansión de los mensajes y, de nuevo, la creación de enemigos y peligros con los que movilizar a gente que cambia el miedo por agresividad. Trump eligió miedos y enemigos, primero fueron los hispanos, después Chino y el "virus chino", pero lo han sido en igual forma Europa, Rusia, los árabes... todos aquellos en los que fijar el miedo y general el odio prometiendo su destrucción, el triunfo total, el "America First!" como Hitler prometió una "Alemania sobre todos" arrastrando a un pueblo humillado por sus vencedores en la I Guerra Mundial. Miedo y odio son poderosos aglutinadores.



La amenaza que se ha lanzado desde ese "Sur Trumpista" no debe ser ignorada. La idea de la secesión se ha mantenido en una Norteamérica durante 150 años. Solo a causa de las muertes racistas se han logrado retirar, mediante mandato judicial, las banderas secesionistas que llevaba décadas desafiando al orden y a la Historia. Ahora Trump amenaza con una "Nueva Texas" o una "Nueva Nevada". ¿Es posible? Todo es posible si no se previene, si no se toman las medidas que lo impidan. Es la gran lección aprendida (¡eso espero!) con Trump: todo lo que no se evita se acaba produciendo. Nada ayuda más a lo imposible que la tibieza confiada. Lo improbable acaba siendo inevitable.

El éxito de Trump es grande entre un electorado que ha tenido que batir todos los récords de participación. Trump no se hundió electoralmente. Tiene 70 millones de votos. Aunque haya perdido unos cuantos con sus últimas acciones, siguen siendo muchos. Su gran éxito en estos años ha sido creer que no podía hacer más, que no podía llegar más lejos de donde había llegado en ese momento. Pero Trump no tenía esos límites mentales: todo lo que no se le impedía hacer, lo hacía. Su éxito ha sido ser subestimado, reírse de él. Pero ya sabemos quién ríe mejor.



Tampoco debemos cometer el error, fuera de los Estados Unidos, de percibirlo como un excéntrico comportamiento norteamericano. El mismo fenómeno y por ello, el mismo peligro, amenaza a Europa. Lo acabamos de ver con Hungría y Polonia, denunciados por no seguir los estándares democráticos, del estado de Derecho, que nos deben regir. Pero la amenaza populista autoritaria está en Italia, Grecia, Alemania y, por supuesto, en España. Hemos visto sus efectos y los seguiremos viendo mientras se siga minando la confianza en las instituciones, por un lado, y se asalten, por otro, para supeditarlas a los poderes personales de los mesías de turno. La sumisión de Macron hace unos días ante al-Sisi, el mejor amigo de Trump en África es un aviso de lo que significa dejar los principios a un lado y empezar a calcular la realidad en otro tipo de unidades.  Ahora se pone sobre la mesa la amenaza secesionista, que es abrir otro fuerte conflicto. No lo desestimemos. Aquí lo padecemos y sus consecuencias se ven en el horizonte en términos de divisiones sociales y pérdida de energía democrática.

El autoritarismo avanza con pie firme y las democracias se venden por treinta monedas en cuanto que hay comercio u otro tipo de intereses por medio. Nunca han sido más necesarios los principios, el distinguir con nitidez qué es correcto y  qué no lo es. Existe demasiado pragmatismo en nuestros nuevos políticos, que lo supeditan todo a ganar sin importar las formas, mentiras o manejos a los que deban recurrir.

Si los demócratas tienen que hacer algo es dejar de pensar que tienen razón. La tienen, sí, pero eso no sirve de mucho ante este tipo de personalidades a las que no les importa tenerla, sino conseguir lo que quieren. No importan la verdad, la razón o la historia. Solo importa el poder. Con el poder se tiene la verdad, la razón y se escribe la historia.



  * Shane Goldmacher "Democrats, and Even Some Republicans, Cheer as Justices Spurn Trump" The New York Times 11/12/2020 https://www.nytimes.com/2020/12/11/us/politics/trump-supreme-court-texas.html

 ** Beatriz Navarro "El Tribunal Supremo rechaza la demanda de Texas para anular la victoria de Biden" La Vanguardia 12/12/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20201212/6115188/tribunal-supremo-rechaza-demanda-texas-anular-victoria-biden.html

*** Joan Biskupic "Supreme Court's message to Trump: Stop" CNN 12/12/2020 https://edition.cnn.com/2020/12/11/politics/trump-turmoil-supreme-court/index.html