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jueves, 11 de diciembre de 2025

Las campañas trumpistas del miedo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Donald Trump está convirtiendo a sus Estados Unidos en una fortaleza recelosa e inexpugnable, en un territorio al que es cada vez más difícil acceder debido a las paranoias que está generando.

Hasta en alguna película comercial lo dicen: no hay como un buen enemigo exterior para unir a la gente. El miedo es el más poderoso aliado de los dictadores.  Es el miedo el que justifica el comportamiento exterior e interior norteamericano. Con esta herramienta política repartida por los dictadores del planeta, pasados y presentes, se trabaja la aceptación de políticas agresivas y represivas. Sí, un buen enemigo, real o imaginario, une mucho y permite aceptar muchas cosas.

No tenemos información muy clara sobre el estado de la opinión estadounidense ante las campañas del miedo de Trump. Sabemos que le están fallando electoralmente ciertos lugares emblemáticos. Algunos eran ya espacios demócratas, pero lo interesante es saber cómo están aceptando todo esto los republicanos, la comprobación de si respaldan todo esto o comienzan a dudar.

En el caso más sonado, el de la alcaldía de Nueva York, se ha votado lo absolutamente otro, lo que habían calificado como "socialismo", "islamismo", etc. Pero Nueva York tiene su propio voto. Lo interesante es el resto.

El miedo fomenta el aislamiento y con ello facilita la manipulación, la creencia unilateral, percibir de una forma a los otros, que se presenta como un peligro inmediato, acuciante.

Como parte de esas campañas destinadas a hacer ver que su administración vigila y protege a los norteamericanos, el trumpismo, ha tomado medidas drásticas contra lo que quieren acceder al país. En RTVE.es leemos que 

Estados Unidos plantea obligar a los turistas a incluir sus cuentas de redes sociales en la solicitud del permiso para visitar el país. Según una propuesta de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), que todavía no está aprobada definitivamente por la Administración de Donald Trump, los agentes fronterizos podrán revisar la actividad en redes de los últimos cinco años de cada visitante.

La medida afectaría a aquellos ciudadanos de países exentos de tener que pedir un visado, como la mayoría de los Estados europeos, incluida España, y otros como Japón, Corea del Sur o Australia. Los visitantes procedentes de estos países deben rellenar una solicitud en el Sistema Electrónico para la Autorización de Viajes (ESTA, por sus siglas en inglés), que, de aprobarse esta propuesta, incluiría también la información de las redes sociales.

El documento también plantea incluir otra información de "alto valor" que hasta ahora no se pedía en el ESTA. Entre ellos, "siempre que sea posible", se requerirían también los números de teléfono utilizados en los últimos cinco años, tanto personales como de trabajo, o las direcciones de correo electrónico utilizadas en los últimos diez años, también personales y profesionales.

Además, sería obligatorio presentar los nombres de los miembros de la familia (padres, cónyuge, hermanos, hijos), sus fechas y lugares de nacimiento, su lugar de residencia, y sus números de teléfono. Se pedirían asimismo datos biométricos como huellas dactilares, una imagen del iris o muestras de ADN.*


Como puede apreciarse, el giro orwelliano es total, de Gran Hermano. La sensación que se transmite es la del peligro exterior absoluto. Lo que exige es un control cuya justificación solo puede ser arbitraria porque cualquier persona que presentara algún problema, vamos a decirlo así, no lo solicitaría. Esto supone el aumento de la vigilancia fronteriza y la justificación de nuevas detenciones y deportaciones.

Esta creación del miedo elude que ese miedo a ser atacados proviene de las propias acciones agresivas en el exterior. Si los Estados Unidos de Trump simplemente se encerraran, podría entenderse. Pero, además de encerrarse, la agresividad e intervencionismo norteamericanos han aumentado por todo el mundo con la justificación de anticiparse, como ocurre con la cuestión planteada con Venezuela, donde aparece como víctima, juez y verdugo. Estados Unidos nunca ataca; solo se defiende. De esta manera es posible que Trump aspire al Premio Nobel de la Paz sin sonrojo.

Brennan Center en español

¿Hasta qué punto son conscientes los norteamericanos de todo esto, tanto para su estado interno como para la percepción que el mundo tiene de ellos? El primer punto es una lotería de la credulidad. Para esto, Trump trata de controlar los medios independientes para silenciarlos o desprestigiarlos y aporta sus propias fuentes de desinformación, Los que quieren creerle, lo hacen. No hay dudas en ellos; el mundo es tal como Trump lo describe. Otra cuestión es la propagación a través la creación de una ultraderecha internacional de muchos de sus postulados, de la Argentina de Milei a Viktor Orbán en Hungría, pasando por Benjamín Netanyahu, su ferviente aliado. También ellos juegan con diversas políticas del miedo, cada uno a su manera y estrategias para mantener sus objetivos.

El cierre orwelliano de los Estados Unidos le va a afectar en lo político, pero también en lo económico. Afecta en la inseguridad de los que están o deseen estar incorporados al tejido empresarial. Trump se preguntaba estos días porqué los daneses, una migración deseable, no iban a los Estados Unidos donde serían bien recibidos, mientras que gente perteneciente a "países de mierda" intentaban colarse por todos los huecos. Más allá del racismo que siempre le ha caracterizado, la respuesta es sencilla: los daneses probablemente no deseen vivir en una cárcel. 

Ya en 2016, en los comienzos de la campaña presidencial que llevó a Trump a la Casa Blanca, podíamos leer en la BBC algo que nos muestra que no hay novedad:

Uno de los hechos más sorprendentes en la carrera de los aspirantes presidenciales de Estados Unidos, ha sido el desenfrenado éxito del multimillonario Donald Trump en los sondeos de opinión.
Esto, sin embargo, no es sorprendente si se toma en cuenta una tendencia de la política estadounidense que se remonta a una época muy lejana: el miedo.
Esta palabra simple de cinco letras funciona si el que la usa quiere ser elegido presidente.
Los profesionales de la política saben que aprovecharse de los sentimientos de la gente, explotando lo negativo, es la manera de tener éxito.
Hay otra palabra un poco más elegante que se usa para describir el miedo excesivo e irracional y la desconfianza: la paranoia.
Esta palabra también funciona en ciertas ocasiones. Al menos en la política estadounidense.
La actual temporada electoral presidencial es una de estas ocasiones.** 
 
 

El tiempo ha confirmado lo que se temía, que se conviertan miedo y paranoia en el binomio prefecto para conseguir y mantenerse en el poder. Lo malo es lo que supone no solo para USA sino para el mundo, especialmente si cunde el ejemplo y se imita.

¿Habrá en algún momento —no con Trump, desde luego— un cambio hacia aguas más tranquilas?

 

* "EE.UU. plantea revisar las redes sociales de turistas y acceder a los datos de familiares como requisito para entrar al país" RTVE.es 10/12/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251210/estados-unidos-revisar-redes-sociales-turistas/16853343.shtml

** Michael Goldfarb "Cómo el miedo y la paranoia han impulsado la carrera presidencial de Donald Trump" BBC 24/01/2016  https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160124_eeuu_elecciones_trump_paranoia_men



domingo, 28 de abril de 2024

La agenda y la vida

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada día aparecen múltiples problema a los que hay que ponerle nombre. Muchas veces tenían otros viejos antes; algunos son tan viejos como la humanidad misma y otros son adaptaciones a los tiempos actuales. Le llamamos con nombres que hacen las delicias de los medios, dando salto de los "técnicos" y "especialistas" al vulgo que se siente feliz con aprender este tipo de cuestiones. Saltan a la gente desde las declaraciones mediáticas de los llamados "expertos", aquellos que nos permiten creer que todo está controlado. Con un nombre nuevo, todo parece que está bajo control, que si tiene un término formará parte de algún curso de algo donde se explica con detalle.

Cuando ha llegado el nombre a los medios, se repite una y otra vez. Los casos encajan en la etiqueta generada.

En 20minutos, Belén de Marcos titula su artículo como "Una calendarización compulsiva y el pánico a la agenda en blanco transforman la sociedad: "Tengo ocupados los findes de cinco meses". Ya el título nos ofrece un problema o cambio y nos da dos términos en los que el tecnicismo está presente, "calendarización compulsiva" y el "pánico a la agenda en blanco". Ambos tratan de definir esa "transformación social". El lector del titular se sentirá identificado con términos y problema y accederá nervioso a descubrir el origen de este mal.

En el artículo leemos:

 

Desde la pandemia, la obsesión por la "hiperplanificación" o "pánico a la agenda en blanco" impiden la improvisación y han empujado a una sección de la sociedad a abusar del Google Calendar y a necesitar saber qué van a estar haciendo dentro de un mes e, incluso, de un año.

Así lo asegura Sara Esteve, psicóloga del gabinete SomosAyuda, a 20minutos. La especialista explica que la pandemia demostró que la vida es impredecible y esto, junto a la incertidumbre que impidió planear a corto y medio plazo, ha provocado que muchas personas necesiten calendarizar compulsivamente sus vidas para sentir que están aprovechándolas "al máximo". Lucía Barrionuevo, psicóloga clínica, añade a esto que el "pánico a los huecos en blanco en la agenda" es un problema más presente que nunca, ya que, el ansia de recuperar el tiempo perdido y la obsesión por sentir un "falso control de las situaciones", no ha hecho más que crecer desde 2019. De hecho, un estudio de Infocop de 2024 expone que la salud mental de la población aún no se ha recuperado desde la aparición de la covid y que los niveles de ansiedad y depresión siguen siendo mucho más altos que los previos.

Tanto Esteve como Barrionuevo coinciden en que el FOMO, acrónimo del inglés Fear Of Missing Out, o miedo a perderse algo en castellano, es un problema real y por el que están empezando a acudir pacientes a las consultas. El FOMO es la ansiedad que aparece cuando la persona tiene que renunciar a algo por otro compromiso y durante este está preocupada por las consecuencias negativas que esta "pérdida" le puede causar a nivel social. De esta manera, la psicología señala a las redes sociales como culpables principales de su aparición. "Ver a otros disfrutando de experiencias que no podemos tener, no solo por nivel económico sino por razones de tiempo o estilo de vida, genera ansiedad por comparación y esto mueve a planificar experiencias propias compulsivamente para sentirnos a la altura", explica Barrionuevo.*


Es interesante observar cómo, en tres escasos párrafos se nos definen tal cantidad de "problemas" y se entrelazan causas y efectos, cada una de ellas con su nombre descriptivo, empezando por la "hiperplanificación" hasta ese FOMO que queda mucho mejor como siglas inglesas que en español. De esta forma, esa formar en inglés actúa como un nuevo sello de garantía del problema.

La realidad es más sencilla y, sobre todo, vieja. Por mucho que creamos descubrir nueva situaciones es difícil que los humanos nos encontremos con unas emociones realmente nuevas después de unos cuantos milenios de padecer nuestras miserias.

Por empezar por el final, ese malestar cuando vemos en las redes sociales que otros tienen algo que nosotros no tenemos se llama simplemente "envidia", algo que no requiere nuevos diagnósticos ni responsabilizar a las redes de ello. Simplemente se nos alienta a tener, se nos muestra a otros disfrutándolo y nosotros, como no lo tenemos, podemos sentir envidia. No hay novedad, solo intensidad ya que estamos continuamente expuestos al igual que los demás. Se acrecienta así el sentimiento de vergüenza por no tener y de envidia por desear lo que otros tienen. Era lo esperable en una situación de exposición de todos a los demás. Los psicólogos sociales nos dicen también que esa necesidad de ser vistos fomenta otras inseguridades, como el llamado "síndrome del impostor", otro tecnicismo.

Nos dicen además que no hemos superado la inseguridad de la pandemia. Tampoco esto es nuevo. Lo que se nos ha hundido es la falsa seguridad en que todo está controlado, que cualquier cosa que pase tiene solución rápida. Lo malo es cuando la ciencia no es capaz de solucionarnos inmediatamente el problema. Unos millones de muertos, un encierro en casa durante días nos desmorona, nos hace darnos cuenta de que vivimos en una falsa burbuja. Lo mismo ocurre con el cambio climático, algo que muchos niegan o no aceptan porque piensan que tenemos soluciones para todo... y porque hay muchos intereses por medio.

La "hiperprogramación" no es más que la idea de querer tener controlado todo, un deseo de negación de lo imprevisible, del azar, que sin embargo ocurre. Escribir el futuro, aunque sea en el Google Calendar, es otra vieja táctica fantasiosa, algo derivado de la magia del escrito, un truco psicológico, lo que marca, por ejemplo, la diferencia entre un pacto oral (las palabras se las lleva el viento) y un pacto escrito (negro sobre blanco). El destino está escrito, lo imprevisible no. Podemos leer Santiago el fatalista y su amo, la novela dieciochesca de Denis Diderot, para darnos cuenta.

Nuestra falta de perspectiva, especialmente de sentido histórico, se debe en gran medida a esta forma de vivir un presente en el que todo es nuevo. La novedad surge de la nueva ignorancia, lo que nos hace depender de una forma ciega de un mundo que se proclama "seguro". Gran parte de esa "seguridad" no es más que vendernos unas condiciones imaginarias en la que todo está planificado. Por eso cuando falla lo programado nos sentimos indefensos, ¿qué hacer entonces?

En tiempos en los que vivimos, sujetos a inseguridades constantes, del trabajo a la guerra, la agenda es el último refugio, una especie del último refugio, un compromiso con el futuro que el propio futuro puede ignorar.

Los espacios en blanco en las agendas son vistos como vacíos existenciales, con miedo, porque la inmadurez contemporánea es necesaria para aceptar que el mundo está regido por lo exterior, que esos huecos son faltas, algo que nos inquieta y preocupa. Tener la agenda llena ya no se concibe como una pérdida de tiempo, sino como una "seguridad" vital, algo a lo que estamos sujetos.

Una agenda con huecos es un desafío al sistema que programa cada día actividades para el consumo, ya sea el turismo o las fiestas. Nunca he visto tanta gente acarreando maletas por calles y transportes. Van de un sitio a otro como nómadas existenciales a los que se les ha abierto un hueco en lo que nos llena la vida, el trabajo. Pero ese vaivén constante es una nueva forma de trabajo en el que somos la materia prima.


La nueva sociedad prima la imagen de la "eficiencia" y los huecos de la agenda son un signo contrario, un desperdicio. La programación nos da seguridad y transmite esa eficiencia en la gestión del tiempo vital. Si no se puede per el tiempo en el trabajo, tampoco se puede hacer en el marco del ocio. Los niños hiperprogramados con sus actividades extraescolares son una muestra de lo que significa "no perder el tiempo" actualmente: hay que estar ocupados.

La necesidad obsesiva de tener todo programado es una forma de manifestación del miedo a enfrentarse a uno mismo, al gran enemigo contemporáneo, la soledad propia. Hay una soledad social y otra que refleja la imposibilidad de estar a solas con uno mismo, de tener una riqueza interior alimentada durante la vida. Pero en lo que se nos instruye es en la vida laboral, con la que nos identificamos, perdiendo ese ser uno mismo al margen de cualquier otra circunstancia. El miedo a perderse algo no es más que la respuesta a quedarse fuera del programa, a quedarse en soledad, con una experiencia que no sabríamos contar.  

Es un mundo fáustico, un mundo condenado a no pararse nunca ante la posibilidad de vernos en el espejo interior y no reconocernos. Nuestro trabajo y nuestro ocio están programados ante el temor a lo desconocido, que a muchos aterra.

 

* Belén de Marcos "Una calendarización compulsiva y el pánico a la agenda en blanco transforman la sociedad: "Tengo ocupados los findes de cinco meses"" 20minutos 28/04/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5239355/0/calendarizacion-compulsiva-panico-agenda-blanco-transforman-sociedad/

sábado, 19 de marzo de 2022

Por si acaso o miedos en cadena

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No suele ser aconsejable jugar con el miedo, con los temores al futuro de las personas. Jugamos con el miedo a través de titulares excitantes y pretendemos que la gente los lea con un cierto aire británico, sosteniendo su taza de té sin que apenas se derrame una gota.

El diario El País titula "Los consumidores vacían las estanterías de leche y aceite por el miedo al desabastecimiento" es un titular al que hay que sumar los causados por otros miedos en cadena. Las escenas de los piquetes de transportistas, las imágenes de los estantes vacíos, las de ayer derramando leche porque no les cabe y los depósitos, las de los cerdos sin pienso que llevarse a los morros, las de vacas intentando encontrar una brizna de hierba a falta del pienso que no llega... Todo se junta en un efecto realimentador del miedo.


Hablo mucho con mi quiosquera del centro comercial. No damos unas instructiva charlas cada vez que voy a preguntar por si ha salido alguna de las publicaciones que colecciono. Su amplio quiosco es un observatorio privilegiado porque queda frente a las cajas del hipermercado. Por delante de ella pasan los carritos y bolsas, las cestas de la compra.

—¡Hemos vuelto a lo del papel higiénico del principio de la pandemia!—me dice.

—Veo dentro muchas parejas mayores haciendo la compra con carros—le digo. La empresa ha desarrollado un programa de descuentos especiales a las personas de más de 65 años. No es mucho, pero algo hace en las maltrechas economías.

—Sí, parece que fuera a acabarse el mundo.

Hablamos finalmente de la obsesión desatada por el aceite de girasol.

Miramos hacia las cajas y vemos salir sobre todo a gente mayor. Uno empuja el carro mientras el otro mira con detenimiento la cuenta que les han entregado.

Los mensajes que se reciben cada día van en sentido contradictorio. Muchos medidos de comunicación juegan con los miedos; otros tratan de calmarlos. Mientras el presidente de una gran cadena de supermercados sale a las tres de la tarde diciendo que no hay ningún problema de abastecimiento, los medios se empeñan en enfocar estantes vacíos de leche. A las nueva, los informativos se centran en las granjas a las que no llegan los piensos y por las que nadie pasa a recoger la leche. Esta vez la voz se les da a los agricultores, que se quejan de los bajos precios que les pagan y de los altos costes que asumen para mantener sus negocios. Todo les ha subido en espiral creciente y dicen estar vendiendo por debajo de los costes.

Pero ¿cómo mantener la calma con titulares como los del diario ABC, "Estas son las pastillas de yodo recomendadas ante un ataque nuclear"? Sus titulares de portada hoy son para el campo y su guerra contra Sánchez. Todo debe ser descrito en términos de "guerras", es lo que la actualidad manda y se recomienda por las teorías comunicativas para mantener la inquietud y captar la atención de los lectores. Con una guerra real en pantalla, todas las demás guerras metafóricas se viven con más intensidad. Ya estaba bastante caldeado el ambiente político, casi prebélico, para que pasara por el filtro de la guerra de fondo. Repasen cuántos titulares hablan de "guerra" o similares, aunque no venga a cuento. Del "Guerra en Reino Unido por el foie grass" (Antena 3) al "Golpe a los dulces industriales por la guerra de Ucrania" (El País), todo se contagia de la jerga belicista, golpista, un puro sobresalto. ¿Debemos hacer también acopio de chuches antes de que se agoten?


La noticia más leída de la web de Antena 3 a estas horas lleva por titular "La Policía recupera en una calle de Madrid el maletín radioactivo robado el martes en Humanes", más peligro nuclear para tiempos de guerra. La noticia comienza así:

Fin a tres días de angustia, temor e incertidumbre. Agentes de la Policía Nacional han recuperado este jueves en la calle de Francisco Ruiz del distrito madrileño de Usera el maletín radioactivo cuya sustracción en Humanes (Madrid) fue denunciada el martes por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

Se acaba el misterio sobre el paradero del famoso maletín, que de haber sido abierto o manipulado podría haber causado un desastre de proporciones incalculables.*

Tras contarnos el proceso de cómo fue cercado el perímetro y desalojado un edificio próximo por las autoridades, el final del artículo señala:

Se trata de un equipo de medición de densidad y humedad de suelos que contiene fuentes radiactivas de categoría cuatro que es improbable que sean peligrosas para las personas siempre que no se abra o se destruya el maletín.

Según comunicó el CSN el pasado martes, el robo del equipo se produjo tras la manipulación de la cerradura del portón lateral de la furgoneta en la que se transportaba.

Hace cinco años, en Barcelona, ocurrió un hecho similar. Un maletín con material radioactivo del mismo tipo que el encontrado hoy en Madrid, fue sustraído y apareció, días después y en buen estado, en Santa Coloma de Gramanet.*



¿En qué quedamos? ¿En el "desastre de proporciones incalculables" de la primera parte o en el "es improbable que sean peligrosas para las personas siempre que no se abra o se destruya el maletín" de la segunda? Da igual, se comienza con un sobresalto y se cierra con un suspiro de alivio.

Y así estamos cada día. Con una guerra real, con imágenes terribles, con situaciones trágicas, a las que añadimos todo este fondo de conflictos con origen en el transporte y las carencias que provoca, entre asociaciones "minoritarias" (esto se ha repetido desde el inicio) a las que miembros del gobierno califican de "ultraderecha", infiltradas por activistas y "que le hacen el juego a Putin", según otros, como se dice ya abiertamente.

Y así nos toca vivir cada día, entre maletines radioactivos perdidos, la falta de leche aceite y pronto de las pastillas para la radicación nuclear, por si acaso. Son estas tres palabras las que lo explican todo, "por si acaso". En ellas se unen acción y temor, los dos componentes de esta guerra psicológica, económica, política, mediática que vivimos cada día en nuestra condición de españoles. "Por si acaso" lo resume todo: me llevo más aceite, acabo con la leche, me tomo una pastilla antinuclear y construyo un bunker. Todo por si acaso.


"Por ello" (lo contrario del "por si acaso") suben nuestros temores y con ellos la inflación y la escasez, que son los "mejores amigos". ¿Hay forma de parar esto? Sí, claro, pero entonces reducen sus beneficios los muchos negocios que se basan en el "por si acaso". Para que la pérdida de un maletín de mediciones se convierta en la noticia más leída del momento en el medio que la ofrece se tiene que hablar de un "maletín nuclear" (¡Dios mío, si hasta James Bond intervino en algo así!) capaz de destruir ya no solo un edificio sino medio planeta y dejar secuelas durante generaciones.



El miedo vende y el miedo exagerado, amplificado vende mucho más. El problema es que estamos en un delicado equilibrio entre diferentes problemas y tragedias (hay que saber distinguirlos), en el que es fácil insuflar oxígeno con el fuelle del sensacionalismo. En Antena3, por ejemplo, no dejan de advertirnos de la crudeza de las imágenes que vamos a ver, lo cual les agradezco. No encuentro el sentido informativo de la mayoría de ellas, pero les agradezco que me adviertan para cambiar de canal.

El mundo se está complicando mucho como para jugar con él. Jugar con los riesgos reales o imaginarios es demasiado arriesgado. Hoy muchos medios juegan a ser el "aprendiz de brujo" y se nos puede escapar de las manos. 


Hace falta más que nunca una opinión ponderada, de personas capaces de entender lo que tienen delante de una cámara o de la pantalla de un ordenador. Hay que mirar el mundo, pero también ayudar a reflexionar sobre él. De no hacerse, a los problemas reales se les añaden los múltiples "por si acaso" nacidos de temores que acaban creando nuevos problemas reales. Son muchos los que aprovechan los tiempos revueltos para hacer sus negocios y el del miedo es uno de los más poderosos y fáciles de emprendimiento.

¿Qué se le pasa por la cabeza a una pareja de jubilados que entran a comprar en un supermercado? ¿Qué tiene ante sí aquel que ha estado expuesto a horas diarias de explosiones, muertos, conflictos, carencias, amenazas nucleares o químicas...? El mundo es complicado y violento, sí, pero no lo agrandemos introduciendo nuevos conflictos metafóricos. La amenaza imaginada puede hacer más daño que la real. ¿Cuándo una se convierte en otra? No lo sabemos, pero el miedo ha provocado muchas catástrofes como para no tenerle miedo al miedo. No se trata de ser indiferente a los problemas reales, sino de ser informados de ellos con la inteligencia suficiente como para que el resultado sea la comprensión y no el sobresalto. Si la noticia del posible desabastecimiento provoca un desabastecimiento real, hágalo de otra manera. "Sí, pero es el miedo el que vende, los desastres los que atraen lectores", me dirá algún editor.  

Nadie ha dicho que haya solución.


* Jorge Martínez "La Policía recupera en una calle de Madrid el maletín radioactivo robado el martes en Humanes" Antena 3 17/03/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/policia-recupera-calle-madrid-maletin-radioactivo-robado-martes-humanes_2022031762330eaff5e39e0001fa4403.html


miércoles, 2 de febrero de 2022

Rusos, rusófonos y falsos rusos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En estos tensos momentos en los que se viven situaciones al borde de las fronteras ucranianas, rondadas por tropas enviadas desde Moscú, en que se nos bombardea con imágenes de todo tipo de maniobras y desplazamientos militares nos surge algo parecido a una noticia en la que se nos dice que unos empleados de una agencia de cobros a morosos, llamada Funeraria del Cobro, grabaron un vídeo con aplicación cutre de las más avanzadas técnicas psicológicas de intimidación a las que han tenido acceso.

Las técnicas de cobros a morosos no han sido justamente estudiadas por nuestros expertos en comunicación. De aquellos prometedores comienzos en los que un cobrador vestido de frac te seguía a todas partes hasta que, muerto de vergüenza por el bochorno que te hacía pasar, cedías y pagabas tus deudas, hemos llegado a estas técnicas sofisticadas.

Las películas norteamericanas han mostrado muchas veces estas prácticas de cobro, pero siempre con el mismo argumento, llegaba alguien y te partía la cara, las piernas, te cortaba un dedo o le prendía fuego al local. Lo llaman cine de acción, generalmente. La violencia no tiene nada de simbólica y sí mucho de advertencia. Pero aquí el negocio, que sepamos, funciona de otra manera, más aburrida y menos peliculera, afortunadamente.

En Antena3 podemos ver y escuchar este ejemplo de guerra psicológica actualizada y apreciar su ingenio por encima de su intención intimidatoria:

"Estamos aquí, en la casa de 'tramarre', en la casa del hijo de puto", se escucha en el vídeo en el que se reconoce a dos personas dentro de un vehículo. Son los empleados de una casa de cobros gallega que se hacen pasar por rusos para amenazar a un deudor. "El vídeo se grabó en un tono jocoso, supongo que para echarse unas risas, pero eso nunca se debió haber enviado", admite Cristina Correa, delegada comercial de la empresa Funeraria del Cobro.

La historia se remonta a meses atrás

La supuesta víctima acudió a la casa de cobro para solicitar sus servicios y reclamar una deuda a una tercera persona. Días después, y sin previo aviso, decide rescindir el contrato con la empresa y lo hace sin abonar el importe que les debe. "Nos tenía que pagar los gastos de la investigación que llevamos a cabo y se negó a hacerlo, es más, nos amenazó en varias ocasiones", explica Cristina.

La respuesta de estos dos empleados fue acercarse a la vivienda que figuraba en el contrato y grabar este vídeo, haciéndose pasar por rusos e profiriendo insultos hacia la supuesta víctima. Uno de ellos lo envió al deudor, o a su entorno- se desconoce- y éste le denunció ante la Guardia Civil.*

 


Si la embajada rusa en España ha tenido acceso a esta información, me imagino que no tardará en contratar a los perpetradores de esta pieza barata de intimidación para desarrollar —ya con presupuesto— todo tipo mensajes que pudieran lanzarse desde el otro lado de las frágiles fronteras ucranianas. Con estos métodos a pleno rendimiento intimidatorio, es probable que las autoridades ucranianas no solo renunciaran a la OTAN sino que también se darían de baja del festival de Eurovisión.

La técnica del falso ruso es el resultado de la creciente ola de temor a los rusos. Desde hace varias décadas, las películas norteamericanas han sembrado esa variante de la Guerra Fría. Hace mucho que los mafiosos de sus películas dejaron de ser italianos, creo que la trilogía de El Padrino marco —como se dice hoy— el "pico de la curva" y luego fue descendiendo con rapidez. ¿Quién podía superar a Brando en esto? El magnetismo del mafioso es tan grande que se le vinculan cosas que nunca dice, pero llenas de espíritu mafioso. La expresión "que parezca un accidente" es tan mafiosa que la gente cree que la dijo Corleone y muchos jurarán haberla escuchado en la película. La ficción supera a la realidad y, es más, la crea.


Pero esta cima artística mafiosa fue pronto sustituida por la llegada masiva de mafiosos rusos, seguidos de japoneses y chinos. Con ellos, los norteamericanos se explicaban ellos mismos el origen de su delincuencia y su violencia. También añadieron a los latinos, los "bad hombres" del ecuánime Donald Trump, que explotó los miedos a través de explicaciones simples y que a la gente le gusta usar.

Y explotar el miedo es lo que han hecho estos genios de la guerra psicológica de la empresa Funeraria del Cobro, en la que ya desde el nombre se ve que lo psicológico es lo suyo. La entrevista a su responsable mostraba ataúdes en sus dependencias, una decoración igualmente intimidante.

Aunque se ha despedido a los responsables señalando que grabaron el video como diversión y que lo enviaron por error, me temo que no cuela. Me baso en la sutil utilización de estas técnicas elaboradas desde, por lo menos, las neurociencias y la PNL, que para los que no lo sepan, es la llamada Programación Neurolingüística, muy de moda hace unos años.


Lo primero que resalta es la creación del "ruso" en sus dos vertientes, la amenazante (por lo que dice) y la verbal (por cómo lo dice). Nótese que las dos facetas deben estar sincronizadas para que la cosa funcione, al menos en teoría.

El modelo subyacente de ruso, por ello, es el que todo el mundo tiene en mente después de semanas de amenazas a Ucrania, a Europa y más allá. La frase "Estamos aquí, en la casa de 'tramarre', en la casa del hijo de puto", que inicia la noticia, resume los rasgos fundamentales: amenaza a la madre del moroso y habla un pésimo español. La primera parte es clara ya que la intimidación no es una exclusiva rusa. Es en la segunda parte, la expresiva —en fondo y forma— en donde se recurre al estereotipo ruso, insultón, mal hablado y con poco tiempo en España, dada la pobreza del idioma. Este aspecto es importante porque un ruso que llevara mucho tiempo en España habría perdido, probablemente, parte de su fiereza natal y estaría más preocupado por el cierre del ocio nocturno, como cualquier español. No, su falta de control verbal es un signo claro de su falta de humanidad, su carácter bárbaro y su falta de importancia a "que parezca un accidente". En ese "tramarre" se esconden todos los terrores, las peores pesadillas. Son ratificadas por ese depravado "hijo de puto", que termina de aclarar las dudas. Se empieza dando patadas al idioma y se acaban dándolas en los riñones. Esas "erres" que redoblan, ese tono salido del fondo de una gruta, llegado de las estepas, acaban uniendo el inquietante conjunto.


El por qué no funcionó es algo que deberán explicar los especialistas —los que queden libres después de la campaña electoral en Castilla y León— y que no resta un ápice de mérito a lo conseguido, al camino abierto hacia el futuro intimidador.

Todo esto, hay que decirlo, supone una apertura, una internacionalización importante de nuestras prácticas en este campo. Tratar de suscitar en la mente del moroso todos esos fantasmas rusos, con las amenazas de invasión y la mención a "tramarre", representan una combinación de elementos muy meritoria.

1997

Sí, hay miedo a los "rusos", aunque sean de pega. Se empieza en Ucrania y acabas en Benidorm o en Marbella, por cierto, discreta residencia habitual de muchos mafiosos rusos, que comenzaron a comprar chalets, sin vistas a la calle, hace décadas. 

Como nosotros siempre vamos a lo nuestro, hace unos días entrevistaban a  empresarios turísticos de la Costa del Sol sobre la llegada de ese turismo de lujo ruso. Pero el turismo ruso de lujo no dice "tramarre", "hijo de puto" ni va a cobrar impagos, al menos en España; esos trabajos los deja para los sicarios. Toma el sol en sus jardines, en esos chalets preciosos logrados con el fruto de su trabajo o lo que sea. El turismo de lujo tiene eso, la tranquilidad que te da que nadie te pregunta cómo pagas tu casa. Y luego llega la Policía.

 

2017

* "Un empleado de una casa de cobros gallega extorsiona a un cliente haciéndose pasar por ruso" Antena3 28/01/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/empleado-casa-cobros-gallega-extorsiona-cliente-haciendose-pasar-ruso_2022012861f3ffc82a32030001c16a9a.html


viernes, 5 de noviembre de 2021

¡Que se acaban, oiga, que se acaban!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hace unos días hablábamos aquí de "ecoansiedad", término desarrollado en la web de RTVE. Unos días antes hablábamos también de un "apocalipsis carencial" interpretando que los mensajes de que nos iba a faltar de todo —desde el microchip del coche, que no llega, a los juguetes navideños pasando por todo tipo de carencias. El repaso de la prensa nos muestra que sigue siendo un problema comunicativo o si se prefiere una muy rentable de informar.

Frente a los hechos, el futuro tiene muchas ventajas. En Antena3, en estos instantes, la cima de "Las más vistas" es "Lo que debes comprar para el gran apagón en Europa". En la página principal de la misma web existe una sección de encuestas en la que la segunda nos pregunta: "¿Cree que estamos preparados para un apagón?" En la web de RTVE, por contra, en su sección de "VerificaRTVE", se nos advierte "Apagón en España: cuidado con estas informaciones alarmistas".


Hace unos días, una reportera desplazada a una tienda nos mostraba aparatos que la gente compraba ante la proximidad del apagón. Nos enseñaba lo que creo que era una especie de hornillo solar para que no nos falte de nada sobre el prometido apagón que tanta atención atrae.

Hasta no hace mucho las expresiones "¡se ha ido la luz!", "¡se han fundido los 'plomos'! o "¡ha saltado el automático!" formaban parte de nuestra vida cotidiana. Bastaba alguna tormenta o que la gente encendiera más cosas de las debidas para que nos quedáramos sin luz. Una tormenta fastidiosa podía dejar sin luz a un barrio o a una ciudad. Hasta no hace mucho tiempo, la televisión decía que el apagón producido en Madrid se había iniciado en mi pueblo, que como pueblo nuevo era manifiestamente mejorable en esto. Más de una vez perdías tu trabajo del ordenador por una maldita subida de tensión o te levantabas con la luz en fuga.


Pero ahora, esto que comenzó llegan de la Austria militar, como otra advertencia sobre los riesgos de sufrir apagones europeos, varias veces al año añadían. Eso significa que los austriacos pasan de los apagones o viven en perpetua tensión por si se quedan sin luz.

Cuando veo todo esto sobre lo que nos puede fallar y faltar en caso de apagón europeo y sobrevenido, me acuerdo de aquellos mercadillos (hace tiempo que no voy) en los que los vendedores repetían "¡que se agotan, oiga, que se agotan!" pese a tener sus artículos amontonados. No sé si funcionaba o no, pero me imagino que algún efecto tendrá si se repetía tanto.

Al igual que hacemos hoy, no hay mayor estímulo para las ventas que la idea de que algo se agota. El miedo a que algo nos falte nos hace comprar y guardar, como se suele decir, "para cuando no haya". La mentalidad carencial es un estado variable según las personas. La gran mayoría hace de la prevención su estrategia. Son lo que compran dos botes de lo que sea para no quedarse sin nada cuando se termine el primero, que reponen siempre para tener uno de reserva. Ves a gente llevarse cantidades variables en los supermercados. Los que se lleven uno, dos, tres o más botes de algo frente a los solitarios compradores que no temen quedarse sin ellos porque consideran que siempre habrá en los estantes. Es pura psicología, puro comportamiento traducido en compras.


Y los que venden lo saben. Sabe, por ejemplo, que amontonar demasiados botes de algo no es bueno. Que si dejamos unos pocos habrá gente que piense que se agotan rápidamente y se lleve "por si acaso".

Ahora, cuando voy a pagar en la caja, la cajera me pregunta "¿ha encontrado todo lo que buscaba?". Me explica que es para que la próxima vez que vaya lo encuentre. Cuando le digo lo que no encontré me responde que es cuestión de stocks. Sé de sobra que en este hipermercado, hay cosas que aparecen una vez y no vuelven a traer por los motivos que sean. Pero ellos insisten en que la próxima vez encontraré lo que esta vez no encontré.

En Antena3 nos hablan de lo que se agota para las Navidades y se nos dice que los ayuntamientos y comercios han adelantado en algunas poblaciones la decoración navideña para estimular las compras, que el año pasado fue un poquito flojo. Señalan: 

La gente se está adelantando, también para asegurarse de que, para las fiestas, no faltará de nada en sus casas. La crisis en la cadena de suministro global está dejando algunas tiendas más vacías de lo normal.

En algunos supermercados se ha agotado alguna marca de turrón y en muchas jugueterías los encargos se están disparando. “Se están adelantando en las compras”, asegura Rosario, encargada de una tienda de juguetes en Sevilla. Hay miedo a que algunos regalos no lleguen a tiempo o a que algún lote se agote y no se reponga. De hecho, asegura Rosario, los juguetes están llegando con mucho retraso. “Estamos recibiendo paquetes ahora que deberían haber llegado hace dos meses”, reconoce.

Pero, aparte de los retrasos, también preocupan los precios. Este año, muchos artículos serán más caros porque los costes del transporte se han disparado. “Hace un año, traer un contenedor de Asia a España costaba entre 2.000 y 3.000 euros. Ahora mismo está entre 15.000 y 20.000”, asegura José Antonio Pastor, presidente de Asociación de Fabricantes de Juguetes. Eso, sumado al encarecimiento de las materias primas, repercutirá inevitablemente en el consumidor final.*

 


¿Es el miedo al apagón apocalíptico compatible con el estallido navideño de luz? ¿Compra la gente compulsivamente y con esto se agota todo y, además, se elevan los precios por la demanda excesiva? Es decir, ¿nos estamos disparando en el pie o nos están disparando ellos?

Si el año pasado no se vendió tanto por temor a la pandemia, que promovió un enorme ahorro en los hogares, este año está saliendo ese dinero al exterior por la inflación que causamos con nuestra demanda concentrada y compulsiva. El miedo a apagones, a carencias de productos o de cualquier servicio está disparando las compras y, como dice la noticia, ya se han agotado algunos turrones y juguetes. A eso hay que juntar eso que "no encuentro" cuando voy al supermercado, que me recuerdan cuando voy a pagar. La próxima vez que vaya, me acordaré y me llevaré dos. Eso esperan.

En el tiempo que he escrito esto, una noticia ha superado a la anterior en "Las más vistas": «Fernando Valladares, en "¿Lo hablamos?": "El gran apagón es inevitable y debemos estar preparados"». ¡Vaya por Dios!


Como sigan insistiendo, guardaremos turrones y juguetes para varias navidades seguidas. Todo por si acaso. Si nos siguen metiendo miedo sobre una Europa oscura (una especie de nueva glaciación que deberemos afrontar sin televisión), si nos siguen diciendo que los supermercados serán una especie de páramos por los que pulularán jabalíes y otras especies en busca de restos con los que alimentarse, y que tras esos estantes tribus de humanos escondidos tenderán trampas a esos jabalíes para regresar con la caza al fuego del hogar antes de que anochezca, etc. conseguirán que se cumplan las profecías apocalípticas precisamente porque seremos nosotros los que hagamos que falten los productos, que se encarezcan más de lo debido.

En unos medios nos asustan, en otros nos calman. ¿Poli bueno, poli malo? Pasamos del que nos deja helados al que nos tranquiliza para compensar este ejercicio imaginativo de saber cuándo, cómo, etc. del apagón que traerá las tinieblas. Nadie nos explica si serán cinco minutos, cinco años o cinco siglos. Da igual el miedoso se pone siempre en lo peor. Nos dicen en los informativos que se está vendiendo más leña que nunca. ¡Pobres árboles! Todo es una cadena y cada acto se descompone en miles de acciones anteriores, es el "efecto confeti", más que el "mariposa". Todo afecta a todo, por una vía o por otra, y el apagón afecta a todo.


En los Estados Unidos hace muchos años que muchos amontonan víveres y armas por si pasa algo así. Es un algo que va de una traición del gobierno federal a una invasión rusa o la llegada de extraterrestres hostiles. Ocultos en sótanos o en zulos enterrados en los bosques, los norteamericanos  temen un futuro apocalíptico y beligerante a lo Mad Max. Esta moda parece que se nos está pegando en diferentes términos pero con un mismo fondo temeroso. Nosotros acumulamos turrones y espirituosos ante la fatídica falta de almendra o de cristal o de azúcar o de tapones, que ya no hacemos con corcho extremeño, sino que llegan en un barco que se ha quedado atascado en el Canal de Suez en medio de una mala maniobra a cargo de una capitana inexperta, como la machista prensa egipcia trato de justificar echándole la culpa a una mujer, que —ya sabemos— son causa de desgracias y hundimiento de los imperios. Esto vale para Eva, para Helena de Troya y para alguna joven hermosa que causó el hundimiento de una dinastía china obnubilando al emperador de turno.

El miedo, los temores a que nos falte de todo son la peor pesadilla en un mundo consumista como el nuestro. Ese miedo es usado como principal motivación en casi todo, de la política (¿qué hacen todos los partidos sino sembrar el miedo al "otro"?) al papel higiénico pasando por el turrón y los juguetes. ¡Que se acaban, oiga, que se acaban! Muchos de estos miedos son manipulaciones para liquidar lo que hay en almacenes, justificar subidas y dejarnos aterrados ante las noticias del día. Y hay que tener mucho cuidado con el miedo que creamos porque nunca se sabe cómo acabará.

Curiosamente nadie se ha preguntado cómo afectará el "gran apagón" al "ocio nocturno", una pregunta interesante, teniendo en cuenta que es lo que más nos preocupa desde hace dos años. A lo mejor algunos se pasan varias noches de ocio en previsión de que el apagón obligue a cerrar. "¡Que se apaga, oiga, que se apaga!" gritarán algunos en las puertas de sus locales nocturnos invitándonos a entrar antes que la oscuridad se lo trague todo.

 


* Jara Laliena  "Ya es Navidad…casi dos meses antes: luces encendidas, balcones adornados y turrón agotado" Antena3 Noticias 4/11/2021  https://www.antena3.com/noticias/economia/navidadcasi-dos-meses-antes-luces-encendidas-balcones-adornados-turron-agotado_2021110461842f3710944100018bcc1b.html

jueves, 28 de octubre de 2021

El apocalipsis carencial

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Desde hace unos meses son frecuentes en los medios las noticias sobre formas de apocalipsis parciales o totales, locales o en cadena. Estas noticias nos muestran algo que nos falta o nos va a faltar. Creo que el comienzo fueron aquellos acopios de papel higiénico que marcaron el inicio de la pandemia. No sé si la conciencia de su falta fue un fenómeno freudiano individual o fruto de una manifestación colectiva del inconsciente junguiano, pero lo cierto es que aquella imagen cargando todo lo que podía de papel generó su propio "estado de alarma papelera".

Creo que la pandemia ha afectado a nuestra salud, pero también a nuestra forma de ver el mundo. No ha creado un cierto sentido de aislamiento, una distancia y sobre todo el miedo a las carencias, a quedarnos sin algo o sin mucho, que es lo que lleva es estado de ansiedad que empieza a pasar factura.


Indudablemente, algo pasa en el mundo. Pero también pasa algo en los medios y en nosotros. Las noticias pesimistas y especialmente aquellas que afectan a las carencias tiene la fascinación del miedo, crean esa ansiedad que nos hace buscar qué nos puede faltar para tratar de anticiparnos.

Habrán escuchado sobre la carencia de juguetes para navidades, habrán leído sobre la falta de componentes para fabricar microchips porque faltan "tierras raras" llegadas de países donde pasan cosas como en Afganistán, que se ha llenado de talibanes; sin esos microchips no hay coches. Habrán escuchado que faltan camioneros y que no nos llega el whisky o la Ginebra porque desde el Brexit se han quedado sin transportes por tierra; como los contenedores no salen tampoco desde los puertos, estos se bloquean y provocan carencias de muchas otras cosas que no nos llegan tampoco. Ahora nos quedamos asustados con el aviso de que podemos quedarnos sin el 20% del gas que llega desde Argelia. No hablemos de la luz, donde no nos falta electricidad pero sí dinero para poder pagarla, lo que lleva a otra serie de carencias porque la industria no puede afrontar este gasto excesivo, lo que lleva a más carencias al dejarse de fabricar... ¿Se siente agobiado? Pues no es para menos este panorama apocalíptico en el que cada día se nos habla de algo que no vamos a tener. En unos casos se entiende, pero en otros las causas iniciales se nos pierden en aspectos muy generales o muy lejanos.


Todo ello nos presiona y angustia. ¿De qué hago acopio? Las cosas se me agolpan en la mete y mi casa acabará convertida en una especie de refugio nuclear dispuesto para afrontar una nueva glaciación a la vez que un nuevo cambio climático.

La información constante sobre el deterioro climático está haciendo surgir una generación más responsable, pero también más angustiada. ¿Podemos ser responsables sin recurrir a este miedo constante que se lleva nuestras energías mentales, que nos desgasta y reconcome? ¿Podremos superar tantos miedos a que nos falte no algo, sino todo?



No sabemos muy bien si los miedos se suman o se multiplican. Es una extraña aritmética, pero creo que es más lo segundo que lo primero. Hay algo de fascinación en el miedo, que como la serpiente nos hipnotiza. Algo así están haciendo los medios. Saben que las carencias nos afectan a todos de una u otra manera. Yo, aunque no tenga coche, me siento engullido por las noticias de fábricas paradas, esperando que les lleguen los microchips necesarios desde no se sabe dónde.

Desde hace un  par de años, desde que comenzó este sentido carencial, escuchamos voces inteligentes que dicen ¿por qué no lo fabricamos nosotros? Pero parece que es demasiado trabajo, que no es rentable y, sobre todo, porque algunas carencias son muy rentables pues elevan los precios por el aumento de la demanda. No sé si aquella señora de la foto hizo subir el precio del papel higiénico, pero seguro que algo hizo en este sentido. Le dirán que, como apenas hay de algo, tienen que traerlo de más lejos, que cuesta más producirlo y que el precio de la electricidad se ha disparado. Todo es cierto, desde luego, lo que lo hace mucho más sospechoso.

Nosotros ya estamos, en apenas unos meses, con una inflación del 5% si no ha ido a más. Lo escaso es más caro que lo fácilmente asequible. Nuestros noticiarios y periódicos están llenos de esas quejas sectoriales de que les falta algo, lo que obliga a vaciar los estantes. Veo personas salir cargadas de juguetes de mi hipermercado. ¿Psicosis colectiva? Pues algo así se irá generando, día a día, si las noticias nos hablan de este tipo de carencias. Ayer nos hablaban de la carencia del vidrio y de cómo va a afectar a la demanda en las fiestas navideñas. La uva no se recolectaba ante la carencia de temporeros por la pandemia; si se recolecta no se puede envasar por la falta de vidrio y si se logra envasar no hay camioneros para trasportarla. ¿Solución? Dejar vacíos los estantes ahora. Multiplique estos efectos y verá un apocalipsis  de estantes vacíos, de bolsillos vacíos por tanto acaparar.




La pregunta sale sola: ¿qué ha cambiado en el mundo en este poquito tiempo para que nos falte de todo, real o imaginariamente? ¿Qué colapsa fábricas, puertos carreteras? ¿Es el mundo tan diferente? ¿Por qué vemos el vaso medio vacío? Esta confluencia de factores económicos, políticos y psicosociales no hace percibir el mundo de forma distinta, más angustiada, sometida al miedo de cada día.

Otra pregunta que nos llega a la mente, la realmente importante: ¿este desastre es natural o bélico? ¿Es todo esto una suma de factores que llevan aleatoriamente al desastre, trazando conexiones ocultas o, por el contrario, forma parte de un maquiavélico plano de la guerra económica mundial que se inicio hace cuatro o cinco años atrás? La respuesta no es sencilla. Hay muchos efectos colaterales y en cadena para poder resolver hasta qué punto la "mano invisible" de Smith tiene hilos que la sostienen y dirigen.

Los medios acumulan las noticias; al menos no falta información. Sentimos que vamos bien informados en dirección a un apocalipsis en el que el vacío nos engulle. ¿Hasta qué punto es real? No sabemos cuánto le duró el miedo a la persona que se llevó todos aquellos rollos de papel. Probablemente todavía le quede algunos. No está mal ser precavido, pero no se puede acumular todo lo que necesitamos cuando nos dicen que todo irá desapareciendo o se quedará al otro lado de alguna frontera, de algún canal o bajo tierra.