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jueves, 5 de febrero de 2026

Aumentan las tasas de psicosis entre niños y jóvenes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El titular no puede ser más claro, "Las tasas de psicosis aumentan en las generaciones más jóvenes, según un estudio canadiense", procede de Grecia y nos lo trae la sección "Una mirada europea", de RTVE.es, en la que se recogen noticias de interés aparecidas en la Unión.

El hecho de que en Grecia se hagan eco de un estudio realizado en Canadá es un intento de mostrarnos la preocupación por un problema que empieza a dejar de ser local. Son los riesgos de vivir en un mundo globalizado, hay ciertas cosas que empezamos a compartir, aunque no nos gusten. Que se haga el estudio en Canadá, por ello, no supone que sea un "problema canadiense", sino un problema que también se detecta en Canadá.

Nos dicen al inicio del texto griego:

A las generaciones más jóvenes se les diagnostican con más frecuencia y a una edad más temprana trastornos psicóticos, como la esquizofrenia, en comparación con las personas nacidas en décadas anteriores, según un amplio estudio poblacional publicado en la revista Canadian Medical Association Journal (CMAJ).

La investigación se suma a la preocupación de la comunidad científica por la salud mental de adolescentes y adultos jóvenes, con un claro aumento de nuevos diagnósticos en los últimos años.*



Como se nos indica, se dan coincidencias en los resultados entre los estudios realizados en Canadá y otros países, como los realizados en Australia, que no está precisamente al lado. Este problema es global en una sociedad global.

Como ocurre en otros estudios realizados sobre las generaciones más jóvenes, se produce un equívoco peligroso. Se trata de pensar que el problema es de los niños y jóvenes. Es una distorsión cultural que arrastramos en Occidente, es decir, la creencia normalizada de que jóvenes y adultos son "distintos" y no una "continuación" el uno del otro. Por expresarlo con un ejemplo, llegamos a pensar que es como el acné, algo que se pasa con la edad. Nada más erróneo. Ayer citábamos en otro contexto el verso de William Wordsworth "Child is Father of Man", del poema —escrito en 1802— "My Heart Leaps Up", una gran verdad que sigue siéndolo pasados más de dos siglos.

Hemos acumulado históricamente toda una serie de tópicos sobre la infancia y juventud, un periodo del que se sale. Sí, pero no es más que una división cultural humana: salimos, pero salimos los mismos que entramos. Y las enfermedades mentales. la inestabilidad emocional, la ansiedad, etc. pueden seguir toda la vida con nosotros con nefastas consecuencias para nosotros y para los demás.

Parte del problema es que la sociedad que hemos construido a nuestro alrededor acumula una serie de problemas que recaen sobre niños y jóvenes; parte de ellos nos seguirán toda la vida, pues son los que nos han (de)formado. Borramos los datos de los jóvenes por un falso sentido de protección. ¿Qué protegemos? Lo hacemos bajo el principio del cambio absoluto, de que será radicalmente otro. Sin embargo, sabemos que esto no es cierto, es solo un prejuicio, un tópico.

Los grados de maldad se han multiplicado en el periodo de infancia y adolescencia, en los que ya se manifiestan algo más que problemas. La maldad ambiental está presente y crea problemas que llevan a unos a agredir, a otros a suicidarse, etc. Basta con ver las noticias que nos llegan cada día. Nos hablan de que descienden las edades de agresión y de los agredidos, de los que sufren esta violencia en escuelas, familias, etc.

A veces utilizamos el argumento de que la maldad no crece, solo se hace más visible. Pero también la visibilidad tiene su función. Eso es lo que se está dilucidando ahora sobre lo ocurrido con las redes sociales y la propuesta de avanzar las edades de acceso, que tan airadas respuestas tiene por parte de la industria de la información.

En la medida en que se han convertido en nuestro "entorno social" tienen indudable incidencia en nuestra forma de percibir el mundo, a los otros y a nosotros mismos. Una parte importante del acoso se produce gracias a las redes. Muchas crisis personales provienen de esa exposición a los demás que destruye la idea de intimidad e impulsan a exponernos a miradas y crueldades.

El cierre del artículo que nos cuenta el estudio canadiense expresa: 

Los investigadores señalan que es probable que el aumento de casos se deba a una combinación de factores, entre ellos la mayor edad de los padres, estrés socioeconómico, experiencias negativas en la infancia, así como un mayor consumo de sustancias, como cannabis, estimulantes, alucinógenos y drogas sintéticas, sobre todo en las dos últimas décadas.

Los expertos subrayan la necesidad del diagnóstico precoz, la prevención y el refuerzo de los servicios de salud mental, especialmente para niños, adolescentes y adultos jóvenes.*


artículo original griego

Si este es nuestro mundo "normal" es lógico que se produzca ese "aumento de casos". Las expresiones técnicas no logran ocultar el fondo de problemas y la maldad social que se genera. Lo terrible es que gran parte de ella se produce para la consecución de beneficios económicos dentro de este llamado "capitalismo informativo". Los efectos negativos se dejan de lado y se concentran en el beneficio. Los insultos de Elon Musk a Pedro Sánchez por plantear elevar las edades de acceso a las redes solo responden a ese criterio.

Las redes han movido también mucha solidaridad, esto es indudable, pero esto no es una cuestión de equilibrios o porcentajes, sino de una realidad en la que los débiles son cada vez más víctimas y los poderosos cada vez más crueles.

Todas esas causas enunciadas en el estudio canadiense son parte de lo que estamos construyendo, de nuestra sociedad. Muchos sufren, algunos no lo resisten y otros quedan marcados de por vida. Las nuevas herramientas actúan en malas manos. Descienden las edades de las víctimas y también de los agresores; aumenta la exposición a este mal que apenas controlamos. Nos lo dicen desde la Educación, desde la Psicología, desde la Sociología, pero no es fácil contener esto. Hay demasiada resistencia.

Son muchos factores y muy distintos. Sobre unos es más fácil actuar que sobre otros. Pero si apenas se actúa o se ignoran, solo se irá empeorando.

 

* Una mirada europea "Las tasas de psicosis aumentan en las generaciones más jóvenes, según un estudio canadiense" RTVE.es / EPT news (Grecia) 2/02/2026


miércoles, 4 de febrero de 2026

El "sucio" Sánchez y el poderoso Musk

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada día nos desayunamos una nueva bronca de dimensiones y alcance variable. Pelearse con los de dentro va perdiendo su gracia por repetitivo y previsible, por lo que se hace necesario abrir nuevos e innovadores frentes de bronca.

Pedro Sánchez ya había abierto varios frentes internacionales, especialmente con Donald Trump y el tema de las inversiones económicas en el gasto militar y en la OTAN. El presidente norteamericano ya le había tirado de las orejas con estos temas, aunque no tenga muy claro por dónde cae España. Estos días, nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Albares, ha entrado en polémica con Trump, Rutte y alguno más por su petición de que se cree un Ejército europeo que se libre de la dependencia norteamericana.

Pero como todo esto parece insuficiente, Sánchez ha introducido otro tema "sensible": las redes sociales y los jóvenes. En RTVE.es podemos enterarnos de las reacciones y la entrada de nuevos contendientes:

El multimillonario Elon Musk ha acusado, a través de un post en su red social X, a Pedro Sánchez de ser "un tirano" y "un traidor". Musk respondía así a la propuesta del presidente del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años y su anuncio de que perseguirá a las plataformas digitales y a sus directivos que no retiren contenidos "de odio e ilegales".

En su post, el magnate Musk ha escrito, textualmente, "el sucio Sánchez es un tirano y traidor al pueblo de España".

El anuncio sobre la limitación de edad para acceder a plataformas digitales se ha producido durante la Cumbre Mundial de los Gobiernos en Dubái. Pedro Sánchez ha desvelado cinco medidas que se aprobarán en el Consejo de Ministros de la próxima semana al respecto.

Entre ellas, destaca la prohibición del acceso a las redes sociales para los menores de 16 años, siguiendo los pasos, según una fuente de Moncloa, de países como Francia y Australia. Además las plataformas estarán obligadas a implementar sistemas efectivos de verificación de edad.*



Parece que hemos tocado un punto clave de esto que no sé porqué llamamos "Sociedad de la Información" y que algunos ensayistas y sociólogos llaman ya "capitalismo informativo". Elon Musk es claramente uno de sus pilares y el asunto tiene mucho más trascendencia de lo que podemos entender a primera vista.

Evidentemente, ese anuncio de regulación por la edad y una posible prohibición, toca el bolsillo de Musk y de unos cuantos personajes de ese mundillo controlado desde los Estados Unidos y desde afines a quien les favorece, el trumpismo.

La conexión entre política y el espacio creado por las redes sociales es bastante evidente, aunque exista una tendencia a ignorarla precisamente para tratar de evitar este tipo de controles.

Lo interesante es que lo que aparece como un control (de edades, temático, etc.) es una forma de oposición a otra forma de "control" más profundo, que es el de nuestras vidas, sometidas desde la más tierna infancia al monitoreo cibernético. Somos nuestros datos, que son los que nos hacen "accesibles" al control exterior, puesto a la venta, realquilado a terceros.

Esto es ya una realidad. Ya no es solo una "distopía", sino un aquí y un ahora creciente en extensión y en profundidad. La concentración tecnológica en los Estados Unidos no es casualidad con su expansión política. La conversión en "global" significa que métodos y técnicas de monitoreo abarcan ya prácticamente todo el planeta. Hay una guerra en las fronteras digitales, unas "fronteras sin fronteras".

DW 8/12/2025

La protesta airada de Elon Musk no es casual, pues sabe perfectamente que todo empieza en la infancia. Es allí —¡hasta en "Stranger Things" lo saben!—, en la infancia, donde se crece sin defensa, donde lo natural es la debilidad y la adaptación a las formas de vida que se nos proponen.

"El niño es el padre del hombre" nos dijo un sabio poeta británico y lo convirtieron en canción los norteamericanos de BS&T. ¡Gran verdad! Las personas que caminan por las calles sin dejar de mirar los móviles, los bebés entretenidos con pantallas, etc. son los resultados de una película de acondicionamiento, de conversión macluhaniana del dispositivo en parte de nuestra mente.

Ahora Musk se enfada... ¡y mucho! Sabe que la prohibición en muchos países puede crear distanciamiento de algo que se ha convertido en la entrada a nuestros cerebros, el filtro manipulado y manipulable de una realidad que está cada vez más controlada.

Recomiendo que lean la novela de Dave Eggers y vean la película de 2017, El círculo. Puede que no sea una gran película, pero véanla como un aviso de lo que ya tenemos casi encima, a falta de pequeños retoques. Muchos críticos lo presentan como Ciencia-Ficción, pero no se engañen, no se trata de eso, sino de una distopía bastante más realista de lo que pensamos.

Les recomiendo también que lean un interesante artículo sobre la novela original de Dave Eggers (muy recomendable también) escrito por Cristina Monereo Atienza, catedrática de Derecho de la Universidad de Málaga,  "Inteligencia artificial en las sociedades digitales de la información: La novela distópica El círculo de Dave Eggers" GLOSSAE. European Journal of Legal History 19 (2022). Lo pueden encontrar aquí https://www.glossae.eu/glossaeojs/article/view/492/461

Esperemos que Musk se siga enfadando. Será una buena señal de que encuentra resistencia. Su petición de disolución de la Unión Europea es algo más que un enfado por la multa millonaria. Las normas de protección de la UE le molestan, como les molesta la idea de un ejercito europeo y otras cuestiones relativas. No entran en sus planes de futuro. 


* Noemí San Juan "Musk critica a Sánchez por el límite de edad en redes sociales: "Es un tirano"" RTVE.es 3/02/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260203/musk-critica-a-sanchez-por-limite-edad-redes-sociales-tirano/16922243.shtml




miércoles, 12 de noviembre de 2025

Esos lugares extraños llamados librerías

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer fue el Día de las Librerías. Hay "días" para casi todo, incluso para esos objetos molestos llamados "libros". ¿Recuerda alguien aquel chiste de "ya tengo uno", referido a los libros? Hoy ya no es un chiste, sino una triste realidad.

Unos dicen que su salida del panorama se debe al mundo digital que lo ha sustituido; otros, en cambio, dicen que las causas son pequeñas, tan pequeñas como los sueldos y que no dan para más. Puede que los chiringuitos, las terracitas, el bailoteo, es decir, todo eso que se lleva tiempo y dinero en la vida moderna también haya tenido algo que ver.

Hace unos días tratábamos aquí un informe que intentaba encontrar explicaciones al abandono de las salas de cine. Nos decían que los jóvenes preferían los conciertos, mientras que los mayores no iban por "seguridad". Mucho me temo que libros y salas de cine o los home cinema se van todos por el mismo agujero, que ya no son de este mundo digital y de "nubes". Víctimas de teléfono, es más divertido pasar pantallas en el móvil que pasar páginas en los libros.

En RTVE.es* nos cuentan de una pareja que decidió casarse allí donde se habían conocido, en una librería. Nos dicen que un escritor ofició de maestro de ceremonias. El destino lector les juntó y se dieron cuenta de que eran almas gemelas, que les gustaba leer y que además de otras cosas, ¿por qué no compartir libros y lecturas, mirarse a los ojos y hablar de lo último que han disfrutado leyendo?

Nos lo cuentan los dueños de la librería que ha recibido el premio a la mejor Librería Cultural del año. Es un título ganado merecidamente. Significa hoy hacer del libro el centro de un espectáculo amplio. Los dueños, por ejemplo, esperan una gran demanda de escritoras místicas, por el éxito del "Lux", de la cantante Rosalía. Debo confesar que cuando leía inicialmente sobre el "efecto Rosalía", pensé en "Rosalía de Castro", pero no, ¡ingenuo de m! Era por la cantante.

Dicen que están en condiciones de luchar contra Amazon, pero no creo que separar los libros de la lectura y concentrarse en dónde se venden, sea la solución. El problema es más profundo y parte —hay que reconocerlo— del fracaso continuado de nuestro sistema educativo y su incapacidad para enfrentarse a este gigantesco sistema promocional en el que vivimos. Sí, promociona todo menos un sistema realmente preocupado por formar ciudadanos. Solo interesamos en nuestra dimensión de consumo y este se orienta hacia otras zonas. Por decirlo así, es Rosalía la que nos lleva a la mística (¡gracias!); es la moda y no el deseo de aprender, de formarse, de cultivarse como personas, de madurar. Eso no le interesa a nadie hoy, incluidos a los que se sienten eternamente jóvenes por ir en patinete y con coleta, como sus hijos.

Si "el vídeo mató a la estrella de la radio", como decía la vieja canción, hoy es el móvil el que ha matado a todas las estrellas.  Me dedico de forma masoquista a contar cuántas personas van con el teléfono en la mano en el metro, en el tren o por la calle. Cuento las que leen libros y me sobran dedos de la mano.

No es un problema de Amazon o de la librería de barrio y sus bodas ocasionales, no. Es el problema del triunfo de la trivialidad y del aburrimiento, de la incapacidad ya física de pasar páginas o llevar textos  que merezcan la pena, que nos enseñen algo, que contribuyan a nuestra mejora. Pero de una sociedad que lo primero que te vende es que eres genial, ¿qué puedes esperar?

La "influencer" que salió hablando contra los libros y los que leen y se creen superiores es un signo de que quedar como una ignorante puede traerte popularidad, que es de lo que se trata hoy. En un mundo donde todo se mueve a golpe de promoción y que desaparece sustituido por la siguiente novedad, es fácil ocultar la ignorancia. ¿Pero a quién le importa? Todo es comunicación nos dicen, especialmente si no tienes nada que decir.

He dedicado mucho tiempo de mi vida a recorrer librerías por calles que contaban con varias a pocos metros. Me he sentado a leer en parques y vagones. Siempre voy armado con uno o dos libros encima. Cuando me preguntan por qué llevo tanto libro, digo que es por si me secuestran. Es lo único que me parece viable ante esa pregunta.

Nos cuentan los libreros galardonados que desde la dana se venden libros sobre la dana, igual que lo de Rosalía y casos similares. Se ha perdido cualquier tradición, modelo cultural, etc. y solo queda el día a día como referencia para la producción; los editores buscan la moda triunfante, al igual que muchos lectores. Fácil llega y fácil se va.

Las librerías se han tenido que convertir en centros de creación de clubes de lecturas, puntos de encuentro con autores, críticos o simplemente aficionados solitarios que encuentran un día su pareja soñada entre los estantes repletos de libros. Antes procuraba regalar libros; hoy lo hago mucho menos porque algunos te miran mal. Lo dejo para buenos amigos. Después de muchos años enseñando literatura, es decir, intentando transmitir mi propio entusiasmo, contagiarlo, lo que más justifica ese trabajo y vida es que alguien te diga un día, pasados decenas de años "¡Me descubriste a Clarice Lispector!" o algo similar. Me emociona.

Vivo en un pueblo de altos vuelos, lo que supone que hoy que no haya librerías. Nos queda Lili, nuestra quiosquera importada y lectora impenitente, devoradora de libros, en el centro comercial. Interrumpe su lectura para atender a niños y adultos, cada vez más de estos últimos, que vienen buscando cromos. Allí rodeada de libros, calendarios, periódicos, muñequitos, mochilas en venta y otras cosas, confecciona las listas de devoluciones de los libros que no se venden.

¡Feliz día de las bibliotecas! Lea, por favor, aunque sea por incomodar a alguien.

* Cristina Pérez "Ramon Llull de Valencia, mejor librería cultural de 2025: "Estamos en condiciones de competir con Amazon"" RTVE.es 11/11/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251111/ramon-llull-valencia-mejor-libreria-cultural-2025-estamos-condiciones-competir-con-amazon/16808404.shtml

jueves, 30 de octubre de 2025

La IA y los problemas de la dependencia sentimental

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En el diario El Mundo se vuelve a materializar la preocupación creciente de expertos y ciudadanos de a pie que tienden a desconfiar de la Inteligencia Artificial para "resolver" problemas de orden psicológico y sentimental. En realidad, son dos las cuestiones: la qué nos lleva a preguntar a las IA de turno, por un lado; pero por el otro la pregunta que nos hacemos es la "calidad" de los consejos que nos ofrece por disparatados que puedan ser.

De hecho, el titular que nos lleva al texto de Jorge Benítez y Carmen Casado reza de  la siguiente manera: "ChatGPT te ayuda a ligar, se mete en tu cama y también acabará con tu matrimonio: "Esta IA le dijo a mi mujer que yo era una rata traicionera"*

Más allá de lo llamativo del titular, se nos dice para ir entrando en materia:

Ante la preocupación de los expertos, cada vez más gente pide a la IA que interprete los mensajes de su pareja, alivie su soledad y hasta que le facilite argumentos durante una discusión conyugal. "Sus respuestas son las que me daría una amiga que me quiere", dice una usuaria.*

Lo primero que surge ante este tipo de afirmaciones es una percepción de los problemas reales que tenemos en varias áreas, como son la salud mental, afectada por la sensación de soledad creciente y, en este caso, la inutilidad sentimental. Que la IA nos responda a nuestros problemas no es más que la muestra de nuestra incapacidad para resolverlos.

¿Qué nos pasa en los países más avanzados para que estemos tan necesitados de una herramienta de comprensión que asimilamos a "esa amiga que me quiere"? Realmente, ¿dónde está esa amiga que echamos en falta? ¿Existe o ha existido? ¿Es solo una idealización para compensar lo que echamos de menos, lo que necesitamos urgentemente?

En realidad, estamos rodeados de "amigos imaginarios", algo que se suponía era propio de la infancia. Puede que por ese camino lleguemos a alguna parte: la infantilización. Resalta el contraste entre las amistades del "like" y las amistades "reales", esas que necesitamos para funcionar personal y socialmente.

La cuestión se agrava cuando se refieren no ya a la amistad, sino a algo más íntimo, como la vida matrimonial, donde se supone cierta "amistad", un cierto contacto que llevaría a la superación primero de la soledad y después de los conflictos propios de la convivencia. Pero parece que no es así. Nos dicen en el texto: 

Según una encuesta del portal Marriage.com, el 44% de los estadounidenses casados han utilizado una herramienta de inteligencia artificial (IA) para obtener asesoramiento sobre asuntos conyugales. Un uso que se dispara hasta el 65% entre los millennials. Ya no hay duda alguna de que la IA generativa se está infiltrando en las relaciones humanas. A medida que los bots como ChatGPT se involucran tanto en nuestra vida pública como privada, su influencia en los temas sentimentales no deja de aumentar.

«Detecto que hay muchos jóvenes que usan la IA para interpretar mensajes de sus parejas y para redactar respuestas en medio de conflictos», reconoce Claudia Nicolasa, psicóloga especializada en relaciones que cuenta con un canal de YouTube que supera el medio millón de suscriptores y es autora del libro Es manipulación y no lo sabes (Ed. Zenith). «Lo que en principio parece una herramienta práctica para ayudar a comunicarte mejor acaba derivando en una tercera voz a la que dotas de autoridad en tu relación, una especie de mediador artificial que, en realidad, refuerza la desconfianza y la dependencia».*

Es claro que se trata de manipulación; pero también lo está que la entrada se produce por un problema previo, ya sea la soledad o el mal entendimiento de la pareja. El recurso a la IA es un intento de romper una dinámica de soledad o de conflicto. La IA recoge los restos del desolado, del solitario o del incomprendido.

Deberíamos ir sumando los retos que esta vida moderna nos ha planteado. Carecemos de herramientas para construirnos adecuadamente, para evitar que los problemas se acumulen en nosotros, como parece ocurrir.

Hay problemas, sí; pero también hay una especie de incapacidad de salir de ellos, que es por lo que se recurre a ese nuevo "mejor amigo/a" que esperamos que nos indique cómo resolverlo. ¿Nos hemos vuelto dependientes en estos males generales?

Podríamos conectar lo que se nos dice de la IA como "mejor amiga" con la proliferación de los libros de autoayuda, que intentan cubrir también esas carencias. Podemos pensar que todo lo que nos rodea nos reafirma en nuestra inutilidad como parte de una conspiración de la propia IA o de los irresponsables negociantes que están detrás. Si esto es así, estamos perdidos porque las soluciones que se nos den nos harán más dependientes y nos convencerán de que la culpa es nuestra.

Todos los caminos nos llevan a la falsa resolución de problemas, unos problemas que hay que crear antes para que el sistema funcione adecuadamente. Estamos solos, rodeados de millones de conversaciones y grupos a la que se nos pide que nos sumemos. Una vez allí descubrimos que todo eso no nos lleva a sentirnos mejor y recurrimos a la IA para que nos dé soluciones, algo que nos vuelve a llevar a la casilla de salida, pero más indecisos y dependientes.

El artículo desvela muchos problemas sentimentales para los que recurrimos a los chatbots. Cada uso que hacemos de ellos es un paso más de retroceso por lo ya señalado: nos aleja de nuestra capacidad para resolver los problemas.

El mejor consejo es que solo nos podremos liberar de los problemas aceptando que no es fácil resolverlos, pero que el que lo haga una máquina, por muy inteligente que la considere el fabricante, solo nos hunde en la miseria y allana el camino para el siguiente problema.

BBC
 * Jorge Benítez y Carmen Casado "ChatGPT te ayuda a ligar, se mete en tu cama y también acabará con tu matrimonio: "Esta IA le dijo a mi mujer que yo era una rata traicionera" El Mundo 29/10/2025 https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/29/68fbaff5e9cf4ad9208b4578.html



miércoles, 22 de octubre de 2025

Pantallas y sus efectos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nos lo repiten continuamente, pero hacemos poco caso. Nos advierten de los efectos nocivos de las pantallas en los niños. La edad en que se les da una es cada vez más temprana y entra ya en momentos en que tienen efectos que comenzamos a atisbar, como es en el lenguaje y en la comunicación, dos sectores básicos e interrelacionados profundamente, El lenguaje nos permite decirnos internamente y modelar el mundo que nos rodea, hacerlo compresible y ordenado. No solo introducimos el lenguaje en nuestra mente modelándola, sino que este nos permite la acción socializadora a través de la comunicación con los otros donde no solo aprendemos a transmitir y recibir conocimientos, sino a desarrollar la afectividad, a comprender a los otros y a relacionarnos con ellos. Todo ello se ve afectado por el uso temprano de las pantallas. Frustramos lo que miles de años de evolución han desarrollado, el momento en que damos el salto de animal a especie humana. Los seres humanos nacemos profundamente inmaduros porque al nacimiento le sigue un largo periodo de formación exterior en la que nuestro cerebro necesita interactuar, recibid información que modele nuestra personalidad, nuestros conocimientos necesarios y nuestros afectos, la vida social y emocional.

Todo esto se ve alterados por el uso temprano de las pantallas, que centrar nuestra atención en el dispositivo y dejamos de interactuar con otras personas en unos momentos clave, esenciales para nuestra formación y marcarán nuestro yo en formación, individualmente y socialmente.

La pantalla es un problema que altera lo que la Naturaleza ha programado durante milenios, Responsabilizamos a las pantallas, pero eso es como condenar a una pistola por el crimen cometido por un asesino.

En el diario El País, Jorge Marzo Arauzo firma hoy mismo un artículo titulado * "¿Está afectando el uso de pantallas al desarrollo del lenguaje en los niños?", al que le sigue la siguiente entradilla: "El uso diario de dispositivos electrónicos puede dificultar que los pequeños entre 12 y 36 meses aprendan a hablar correctamente por la falta de comunicación e interacción con las personas cara a cara".

En el inicio del texto se nos muestra la opinión de expertos en el desarrollo del lenguaje en los siguientes términos:

La llegada y, sobre todo, la implantación de las pantallas en los hogares con niños en el día a día ha supuesto un cambio en cuanto a cómo los pequeños interactúan con otras personas y, en consecuencia, cómo es su desarrollo del lenguaje. Al poder llegar a pasar varias horas delante de las pantallas, ya sean móviles o televisiones, el desarrollo del aprendizaje nativo se puede mermar y no evolucionar de manera óptima. “El hecho de tenerlas hace que el menor esté separado de sus cuidadores. Esto puede afectar a toda la parte de protoconversaciones —interacciones preverbales— que se tienen que desarrollar, como la atención conjunta o la reciprocidad entre el bebé y el cuidador”, expone Jenifer Andreu, psicóloga sanitaria.

Los cambios en los hábitos de vida de las personas derivados de la pandemia también pueden haber afectado a que el desarrollo del lenguaje en los niños haya disminuido. “De unos años para acá ha habido un incremento en casos de niños con inmadurez o alteración en los trastornos del sonido del habla. Creo que como tenemos menos tiempo para pasar con ellos, todo el estrés se traduce en alteraciones del lenguaje”, alerta Zayda Castro, directora clínica del centro de logopedia Senza, en Madrid.*


Esto, que se puede percibir inmediatamente por observación, es, sin embargo, una barrera del desarrollo, un muro contra una normalidad que va siendo más extraña porque esos hoy adultos fueron ya niños criados entre pantallas. Es la segunda generación con una pantalla en las manos.

Responsabilizar a las pantallas es un ejercicio de hipocresía porque son los adultos los que les dejan las pantallas para poder mantenerse en las suyas sin "distracciones". En mis recorrido de calle distingo a los adultos que no interactúan con sus hijos, aburridos en cochecitos guiados con una sola mano porque la otra está ocupada con su teléfono, de aquellos otros que interactúan con sus hijos, les hablan y expresan con sus caras las reacciones que los niños esperan recibir.

El panorama mayoritario es ver cómo esos adultos no diferencian entre pasear a sus hijos y pasear al perro. Aquello de lanzar la pelota al perro y jugar con él se ha visto tan reducido como en el caso de los niños. Tiran de la correa mientras el perro, aburrido, espera algún gesto de su aburrido amo pegado al teléfono.

Ayer vi a cuatro adolescentes que iba en dos parejas. Cada uno de ellos miraba su teléfono mientras caminaban. Eran un grupo, sí, pero un grupo de cuatro personas aisladas en sí mismas, que lo más que llegan a hacer es mostrarse alguna novedad en sus teléfonos para volver inmediatamente a ellos. No saben comunicarse entre ellos; se agrupan y poco más.

Son los hijos de esos adultos que ya plantean problemas de comunicación y dejaron móviles a sus hijos para que no les molestaran en su día a día telefónico, absortos en sus pantallas, Cuando se plantea, como ya han hecho diferentes países, evitar los teléfonos en los colegios se evita entrar en el conflicto de que son las familias las que les compran los móviles.

Me fijo cuando veo esas madres y padres con cara inexpresiva de quienes los niños esperan algún tipo de interacción, algo para alimentar su cerebro con una situación que les permita crecer, madurar, avanzar en la adquisición del lenguaje, aprender a manejarlo y con él mejorar su sociabilidad. Hace algunos días me asustó ver la cara de una madre ante su hijo en el autobús. Le daba un biberón. El niño la miraba esperando un gesto. No consiguió nada, Guardó el biberón cuando terminó y sacó su teléfono.

Todo esto tiene sus efectos. Se nos dice en el texto citado:

“Vemos muchos niños con alteraciones a nivel de atención. Cuando quieres trabajar el lenguaje con ellos, se les ve muy dispersos”, prosigue Castro. “Y también vemos alteraciones visuales, como inmadurez en el movimiento sacádico del ojo para iniciar la lectoescritura; físicas, porque estar sentados todo el día puede llevar a obesidad; y de sueño, porque si usan mucho la pantalla puede acarrear problemas de insomnio”, advierte.

Un estudio publicado en 2024 en Jama Pediatrics, titulado Tiempo frente a la pantalla y conversación entre padres e hijos cuando los niños tienen entre 12 y 36 meses, reveló que a mayor tiempo frente a pantallas en esos rangos de edad, menor es la cantidad de palabras que oyen y producen. Además, según el informe, también disminuye la frecuencia de las interacciones verbales con los padres, y esto puede afectar al desarrollo del lenguaje en los primeros años. En otro análisis publicado en la revista científica Clinical Epidemiology and Global Health en 2024, titulado ¿El tiempo que pasan los niños frente a una pantalla afecta a su desarrollo lingüístico?, estudiaron el efecto del tiempo frente a la pantalla en el desarrollo del lenguaje en niños menores de 12 años. La conclusión a la que llegaron fue que, en la mayoría de casos, el uso excesivo de pantallas se asocia con un impacto negativo en la adquisición del lenguaje, y esto se agrava cuando hay poca interacción con adultos.

Pese a que se nos advierte por todas partes, uno de los efectos de esta incomunicación es precisamente la exposición selectiva a aquello que interesa, mientras que se obvia todo aquello que nos incomode.

Hay un factor económico en lo que se ha dado en llamar "capitalismo digital" y en la "economía de la atención". Estas personas viven en un entorno burbuja cuya puerta de entrada es la pantalla. Son consumidores de información en una sociedad que la ha convertido en ganancia. Hay resistencias importantes para ser restringida. Se trata de fabricar adictos a los que se pueda llegar fácilmente a lo largo de la vida. El problema grave son la consecuencia: violencia por incapacidad comunicativa, irritabilidad constante, problemas para empatizar, etc. Pero eso a ellos les da igual. Se trata de estimular el consumo de información, que se convierte en beneficio económico, y nos lleva al consumo a secas.


De poco sirven los expertos o los apuntes en los medios. De poco vale que avancemos en la comprensión de las "neuronas espejo" y de su papel esencial en el aprendizaje mediante la interacción con otros, de su papel en la adquisición del lenguaje, etc.

El artículo se cierra con este párrafo:

Andreu añade que los padres deberían reducir el uso de móviles enfrente de sus hijos: “¿Cómo le puedes decir al niño que no lo haga, si lo hacen sus modelos? Además, se podría tener en casa una zona y unas horas libres de pantallas y que sean el momento de interacción, comunicación y donde más se desarrolla el lenguaje”.*

 Es mucho pedir a estos padres que no contaban con que sus hijos requerirían atención o creían que podrían controlar su uso de las pantallas propias. Hace falta mucho más que estos esporádicos intentos de vencer ese hábito que nos crean las pantallas. Todo está diseñado para convertirnos en adictos a las pantallas. Es una lucha feroz por mantenernos quietos ante ellas. Se desarrollan técnicas comunicativas para hacer adictivos los mensajes; para ello se recogen o financian las investigaciones en neurociencias y otros campos.

Estamos entendiendo mal el problema. Seguimos pensando en términos de separación de niños y adultos, cuando hay que hacerlo en términos sistémicos, de interacciones. Los niños serán adultos y los adultos han sido niños. Los problemas de desarrollo y formación en la infancia no desaparecen cuando se llega a adultos. Seremos adultos defectuosos, con problemas de comunicación y empatía. Podemos esconder esta realidad fraccionando el problema, pero es el mismo.

Los resultados los vemos en esa incomunicación de efectos graves para el desarrollo. Los niños de hoy son los adultos de mañana. Tendremos una calidad humana acorde con lo que les ofrecemos desde la infancia. Una formación defectuosa del yo, una formación defectuosa del nosotros con efectos incontrolables: del acoso al maltrato, del fanatismo al egoísmo, son consecuencias de una socialización defectuosa.

 

 

* "¿Está afectando el uso de pantallas al desarrollo del lenguaje en los niños? El País 22/10/2025 https://elpais.com/mamas-papas/familia/2025-10-22/esta-afectando-el-uso-de-pantallas-al-desarrollo-del-lenguaje-en-los-ninos.html

martes, 21 de octubre de 2025

Leer con pasión hoy

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se queja Juan Manuel de Prada en su columna de ABC de que "Hoy la literatura no interesa a nadie" (es el titular) y apunta a continuación: "Hoy el Premio Planeta, para resultar rentable, tiene que concederse a un famoso televisivo".

No dice de Prada algo nuevo, algo que no haya sido dicho muchas veces con esas mismas o parecidas palabra. Vienen a cuento cada vez que se concede el premio Planeta a alguien que por el simple hecho de aparecer en un programa televisivo tiene ya asegurado unas cuantas decenas de miles de lectores.

No le falta razón al afirmar en su titular que la literatura no le interesa hoy a nadie. La pregunta que surge entonces es: ¿qué tiene que ver el premio Planeta con la Literatura, por qué se utiliza como medida? Y no es ironía, sino la triste realidad de que los máximos enemigos de las artes suelen ser los que rigen sus destinos.

Realmente, ¿interesa a alguien la Literatura?

He sido profesor de Literatura durante los primeros 20 años de mi carrera académica. Como he sido entusiasta lector desde poco más de los diez años, para mí la Literatura era algo que había llegado a mi vida para quedarse. Traté de compartir mi conocimiento, pero sobre todo mi entusiasmo, algo que ha sido sustituido por el interés económico. Por eso digo que vincular la Literatura con el Premio Planeta no es hacerle justicia al arte literario, porque siempre ha estado el premio en entredicho como algo interesado más en vender que en emocionar realmente desde la Literatura.

La creencia en que lo literario caduca en pocos años, que se considera viejo, solo tiene sentido cuando se trata de dejar hueco al siguiente premio.

Casi todas las artes tienen su momento de descubrimiento, un libro, una película, una pintura... con la que nos encontramos y hacen abrirse nuestro deseo de más y más. Ese encuentro tiene algo de revelador, nos hace pararnos y decirnos ¿qué es esto, qué me ha pasado? El resto de nuestra vida es un viaje para poder revivir esa sensación de claridad luminosa, de superar el aquí y el ahora para volver a él con nuevas energías y sensaciones.

Desgraciadamente, hoy muchos de los que fabrican, editan y venden libros, incluso los que los escriben pueden no haber experimentado ese momento. Escribir, editar puede ser una pasión, pero es una pasión extraña, algo que no siempre prende. Queda entonces la economía.

Hace décadas que la educación enseña sin pasión, sin entusiasmo. Las aulas son vistas como trincheras en las que se libran épicas y aburridas batallas entre jóvenes que consideran que todo está ya en su teléfono y personas que han acabado pensando que perdieron la guerra.

La Literatura es uno de esos campos desaprovechados en los que se lucha por imponer unas obras vengan a cuento o no. Hay obras para todos los gustos, pero se imponen las que oficialmente se establecen. No hay emoción. La temporalidad reducida del curso se opone a una vida de lecturas. La enseñanza de la Literatura lleva muchas veces a lo contrario de lo que se debería buscar, lleva hacia la desmotivación. No hay nada que buscar; todo está ya dicho en los programas. Lo mismo ocurre con otras artes. El arte es consumo y el entusiasmo se reduce a consumir producto tras producto.

En un programa de TV hace unos días se explicaba con toda naturalidad que la ventaja de los cómics es no tener que leer, lo que le debía suponer para quien lo dijo un enorme desgaste. Todavía está reciente el escándalo de la influencer que decía que los libros estaban sobrevalorados y que la gente se cree superior a los demás si lee.

Todas estas cosas forman parte de esos discursos que han ido dejando fuera la Literatura sencillamente porque se ha perdido la batalla de la lectura en beneficio de esos móviles con los que vemos en las sillitas a niños menores de dos años. Se les enseña a pasar el dedo para estar entretenidos y que no distraigan a los padres de la misma tarea, pasar el dedo por la pantalla. Desde Nerón nunca tuvo tanta importancia el dedo pulgar.

¿Leer? ¿Qué es eso? Algo muy antiguo. En la sociedad en la que se privilegia la captación de la atención, leer es desperdiciar el tiempo, que se te pasen ideas raras por a cabeza, etc. Todo esto si no tienes el último Premio Planeta que has comprado porque te suena la cara de ese que sale en la tele, ese tan simpático.

En este mundo de luchas por la atención y el bolsillo, solo se busca lo rentable, no lo culturalmente positivo para la persona. Y los primeros que buscan lo fácil son las propias editoriales, al menos las grandes. Toda mi admiración a esas editoriales pequeñas, independientes, que se la juegan con cada libro que editan y que creen en ellos. A lo más que aspiran es a que las mencionen de pasada en algún suplemento literario, colonias de las grandes editoriales.

La lectura no se produce de forma casual o calculada. En eso ha fallado estrepitosamente nuestro sistema educativo, por un lado, y el comercial por otro. Es un cambio de paradigma y se busca el entretenimiento, las más de las veces adictivo.

Han desaparecido los programas sobre libros. En las casas ya no hay libros. Es allí donde se coge el amor por la lectura. He dicho "amor" y no es metáfora o cursilería. Es la realidad de ese encuentro que te hace desear más.

Me viene a la memoria repentinamente lo que nos contó en clase un querido profesor de Literatura. Nos dijo que cuando terminó de leer El poder y la gloria, la novela de Graham Greene, lo cerró y llevándoselo a los labios lo besó. Creo que fue un acto espontáneo, algo que hizo pocas veces en su vida, pero que fue el motor que le impulsó a seguir buscando. Hoy leer es, desgraciadamente, otra cosa.

Las personas deberían salir del sistema educativo con varias pasiones, no solo con conocimientos. Esas pasiones deben acompañarnos toda la vida, le dan sentido al día a día y sirven de equilibrio con aquello que nos castiga y embrutece. Pero hoy el sistema educativo no es más que la antesala al sistema laboral; no importa lo que lleves dentro, sino la productividad. No importamos en cualquier otra dimensión. Es una sociedad de información, de datos, sin profundidad de las personas, desbordada por la falta de recursos personales internos, lanzada del trabajo al ocio embrutecedor, buscando no pensar.

Pero se está dando una cierta reacción. Son famosos que nos descubren que son enamorados de la lectura y crean sus clubes de lectores, como ha hecho la cantante Dua Lipa. No deja de ser una ironía que sean personas ajenas al mundo de los libros, como la cantante, las que tengan que realizar lo que otros no se atreven a hacer.

Dicen que ya hay influencers de los libros. No hay problema mientras sea esa emoción lo que le guíe y no las simples ventas, ser otro brazo del consumo. Con la crítica empeñada en vender, hacen falta personas entusiastas. El problema se nos vuelve macluhaniano, "el medio es el mensaje". Importa más la promoción que lo promocionado. No se trata de la novedad, sino precisamente de lo contrario, de lo que perdura, de lo que demuestra su valor en la resistencia al tiempo, de lo que resiste porque nos sigue hablando.

Preste, comparta libros, hable de ellos con sus amigos. Poco a poco se irá creando una red. Comparta lo que descubra. Leer no es un acto mecánico, es la puesta en marcha de nuestra imaginación estimulada por las palabras que leemos. Bese el libro que le ha emocionado, como hizo aquel viejo profesor. Puede que sea el libro menos rentable del universo, pero no se trata de eso.



sábado, 18 de octubre de 2025

Cultura y consumo cultural no son lo mismo

 Joaquín  Mª Aguirre (UCM)

Hay algo que no me casa en la interpretación que se hace desde la SGAE de la situación de las artes en su informe anual. No me gusta tampoco la forma en que se interpreta el problema cuando se habla de "vencedores y vencidos" en cuanto al consumo cultural en el artículo de RTVE.es firmado por Esteban Ramón que lleva por título "La cultura tras la pandemia: del boom de los conciertos a la caída de las salas de cine"*. 

Crecimiento de la música popular, lenta recuperación de las artes escénicas, y preocupación por las salas de cine. El Anuario SGAE 2025 de las artes escénicas, musicales y audiovisuales, presentado este viernes, revela los datos de 2024 y completa ya un largo estudio longitudinal de 25 ediciones en las que se pueden sacar conclusiones de las tendencias de consumo cultural de este siglo en España, el impacto de la crisis de 2008, y sobre todo, un panorama de vencedores y vencidos tras la pandemia.

“El impacto de la pandemia de covid ha provocado un miedo capas sociales de mayor edad y también un mayor atrevimiento en la juventud”, resume el presidente de la Fundación Sgae, Juan José Solana. “El miedo se ve en la escasa asistencia a espectáculos como teatro, sobre todo, y el cine. Y el atrevimiento provoca más afluencia a espectáculos musicales y de entretenimiento en general. Es algo como parecido a lo que ocurrió tras la II Guerra Mundial: olvidarse a base de mucho entretenimiento”.* 

La idea de "vencedores y vencidos" tiene una serie de implicaciones bélicas que nos alejan de la realidad del problema, que se entiende en términos de "competencia" o "conflicto", una perspectiva perversa de interpretar la cuestión de las "artes", que deberían formularse como "negocios" escénicos, musicales y audiovisuales, que es el que se percibe como fondo. Es decir, se prescinde de un enfoque cultural en beneficio de una concepción competitiva en la que hay un total que gastar y unas formas de repartirlo. No hay ciudadanos más o menos cultos, simplemente formas de gastar en unos campos u otros. No es cuestión del gusto, sino del gasto.

De esta forma se hace girar todo sobre un factor lo suficientemente coherente, el efecto de la pandemia: las personas mayores no van al teatro o al cine por "miedo", mientras que los "atrevidos jóvenes" no tienen miedo por apretujarse en los macro conciertos, Simple, demasiado simple.

Si los adultos tuvieran "miedo" habría aumentado la producción y difusión de DVD, BD y 4K para ver el cine en sus casas, algo que no ha ocurrido. Más bien lo contrario, la posibilidad de comprar este tipo de discos con películas ha desaparecido porque los grandes comercios han eliminado sus secciones de cine. Simplemente, las han retirados. Uno de los grandes centros comerciales madrileños, como pude comprobar ayer mismo, ha hecho desaparecer definitivamente los estantes dedicados al cine. Estos años dejó dos estantes testimoniales. Ayer no quedaba nada de una sección en las que podías echar horas rebuscando entre los miles de películas. Ahora tienes que buscar en su página web en la que el material cinematográfico que ofrecen proviene en su mayoría de otras empresas. Simplemente: han hecho desaparecer el cine de sus estantes.


Curiosamente, esta desaparición física se junta con la aparición de nuevos formatos de mayor calidad de imagen y sonido, como los actuales 4K, un formato que da ya salida al cine nuevo y a una recuperación de clásicos o sencillamente películas populares por sus temas, actores o directores. Los criterios de precio se ajustan a esas demandas, películas caras con caras conocidas; descuentos en otros materiales que se quiere liquidar. Pura oferta y demanda.

El aspecto económico de esta situación cultural lleva a la competencia entre sectores por captar atención y dinero. Podemos poner la pandemia como excusa, pero la realidad no encaja bien. Si es la "seguridad" lo que prima, debería crecer la oferta para dispositivos caseros, algo que no ocurre, que vemos desaparecer de los estantes, a menos que se argumente que los adultos también tienen miedo a entrar en unos grandes almacenes o tiendas a comprar.

A lo que asistimos realmente es a una feroz lucha por lo que hay en los bolsillos en medio de una gran crisis económica y cultural. Es económica porque se resuelve finalmente en compras, ya sean de entradas o de discos; es cultural porque nos dirige hacia determinadas zonas y las aleja de otras. Esta misma mañana se emitía un programa para dar cuentas de la situación digital de los comics y se daba como explicación que los dibujos digitalizados evitan esa molesta situación de tener que "leer". La reciente polémica con una "influencer" que decía que eso de los libros era poco más o menos que una cuestión de ego, de sentirse superior y que estaba sobrevalorado leer nos da pistas de por dónde van los tiros.

No hablamos de cultura. Nuestra sociedad es cada vez más inculta, lo que ya no es visto como un problema si el problema, por ejemplo, es tener que leer, ver "viejas" películas o escuchar viejas canciones.

Hemos construido una sociedad del consumo instantáneo y que se vuelca en el momento. ¿Hay algo más efímero que un concierto, algo que pondere la pertenencia grupal (no se va solo al concierto), el sentido colectivo? Volcarse en el momento quiere decir que no existe sentido de la pertenencia más que al grupo o tribu, que no se amplía el sentido más allá del presente. La palabra "pasado", junto con "ideas", "legado", etc. configuran el marco de lo perdido. Una vez pregunté en esos mismos almacenes por un libro y al decirles la fecha, cuatro o cinco años atrás, me dijeron que no lo tenían porque era "muy antiguo". La etiqueta de "antiguo", que antes podía entenderse como un valor añadido, ahora tiene un sentido despectivo, de obsolescencia. Por supuesto, me han dicho, lo que no se pide se destruye, se hace desaparecer porque ocupa "espacio", lo peor que puede ocurrir.

Hemos perdido nuestro sentido de lo que debe ser una persona culta. Solo contemplamos la dimensión del consumo y este lo dirigimos de forma sutil a través de esa herramienta que son las redes sociales y los influencers, que son solo un invento para salvar el olvido de los medios tradicionales.

Los ministerios y consejerías de Cultura solo actúan para repartir subvenciones y promociones. No hay una idea estable de lo que significa ser culto, sobre cuál ha de ser su repertorio. El papel que debería cumplir el sistema educativo se incumple en beneficio de una idea de dirección hacia el empleo y la eficacia en un sentido estrictamente laboral. No formamos personas, sino futuros empleados, aunque el destino final se atender la barra de un bar o servir a los turistas en sus mesas.

El mundo de la cultura tenía un sentido responsable hace unas décadas. Hoy se identifica con el consumo y se diseñan y fabrican sus piezas. Pasamos de una a la siguiente. No hay conciencia de la cultura como un fondo en el que crece la persona.

Esto se refleja en muchas cosas que vemos, del acoso a los suicidios, de las violaciones a las estafas a los más débiles, del maltrato al desprecio a los mayores, considerados como cargas. La cultura, por supuesto, no es la panacea, pero si un contrapeso a toda esta barbarie, en sentido físico y moral, a la que asistimos cada día, lo que incluye la "barbarie política", incluido la falsificación de títulos universitarios y la incitación directa o indirecta a la violencia y la ausencia de diálogo.

Si la cultura nos da racionalidad, sentido crítico, la barbarie del consumo instantáneo nos trae justo lo contrario. Ya sea por la política o por la incitación al consumo, somos más manipulables, lo que nos lleva a las urnas, a viajar a un país remoto o a una compra impulsiva. En los periodos intermedios, nuestros ojos se desplazan por las pantallas de nuestros teléfonos en busca de algo que mirar, algo diseñado para mantener nuestra atención y nuestra vida con "sentido" hasta el episodio siguiente.

Necesitamos reflexionar sobre nuestros modelos de persona, de sociedad y de cultura. Es urgente porque esta es ya la segunda generación, la de los que han crecido en casas en las que no hay libros, no se ven películas ("soy más de series"), no se va a las salas, etc. Solo se vive en un tiempo puntual, no lineal; un tiempo sin historia, sin legado, sin más valor que el de la novedad.

La idea misma de "industrias culturales" intentaba definir el cambio y la actitud. Nosotros vemos los resultados. Lo podemos comprobar en las preguntas que se nos dirigen cada día en las aulas, resultado del desconocimiento más absoluto de lo que ha ocurrido antes en cualquier dimensión. La cultura es interconexión; unas cosas nos sirven para comprender otras. Sin ello, sencillamente, no entendemos nada. La cuestión es entonces ¿hay algo que comprender más allá del consumo?

Mucho me temo que las personas colocadas en las instituciones culturales públicas y privadas están más pendientes del beneficio económico que del beneficio cultural. Y esto supone que lo que no sea rentable desaparece, incluido el cine, las salas, etc. Tienen que crearse instituciones que ponderen y defiendan otro concepto de la cultura. Es una necesidad urgente.

El Covid simplemente aceleró un problema que ya estaba sobre la mesa. Podemos contentarnos con echarle la culpa, pero la realidad es más compleja y hay mucho de nuestra responsabilidad, de la política a la educación pasando por los propios responsables de las "industrias" a los que les importa poco la cultura en sí. Los mayores "tienen miedo", los jóvenes son osados apenas explica nada y asegura que por ahora no hay solución a algo que no se considera problema.  


* Esteban Ramón "La cultura tras la pandemia: del boom de los conciertos a la caída de las salas de cine" RTVE.es 17/10/2015 https://www.rtve.es/noticias/20251017/cultura-tras-pandemia-del-boom-conciertos-a-caida-salas-cine/16775529.shtml