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domingo, 14 de diciembre de 2025

Las enfermedades mentales laborales

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Aumenta el contraste entre la propaganda que nos rodea y la realidad de la calle, de unos y otros. Hace tiempo que los políticos descubrieron que los hechos son individuales mientras que los discursos son colectivos. Lo festivo de los discursos contrasta con el dramatismo del día a día de millones de personas que sienten que están excluidas de ese paraíso del que nos hablan en los discursos.

El resultado es claro: el aumento de las enfermedades mentales. Las formas en que nos enfrentamos a ellas son muy diversas, tanto en lo personal como en lo institucional que debe dar respuestas a los problemas de las personas. ¿Cómo se afronta una realidad personal difícil, con precariedad, angustia, vivienda inalcanzable, explotación, mal ambiente laboral, etc. cuando te dicen que la economía va mejor que nunca, que se reduce el desempleo, que somos el motor de Europa en crecimiento, etc.? Si todo va bien, ¿por qué yo voy tan mal?

La respuesta es que no todo va tan bien como nos dicen, pero no todas las personas —tanto por causas propias como por el entorno— son capaces de librarse de la angustia o incluso de la culpa.

Uno de los resultados claros de esta tensión es la enfermedad mental. Es resultado de la imposibilidad de casar ambas. En 20minutos tenemos un interesante reportaje firmado por Galo Abrain, con el titular "La plaga de las bajas por salud mental que no para de crecer: "De camino al trabajo, me dio un ataque de ansiedad en el autobús""*.

Hay algo que está presente en el reportaje, una lucha en la que se debaten muchos textos periodísticos sobre esta cuestión: ¿quién es el perjudicado? Hay una clara tendencia a enfocar el problema  como un perjuicio a la empresa, como pérdida de horas y de dinero. Se busque o no, el principal responsable resultan ser los trabajadores, que son "débiles" y sin conciencia empresarial, que no soportan el duro mundo laboral. Esto aflora en muchas informaciones y procede de esa forma de mostrar la enfermedad de los trabajadores como "horas perdidas", etc.

El reportaje no escapa a esos principios, pero poco a poco se va abriendo a la realidad de la enfermedad mental como una cuestión laboral cuando los expertos consultados comienzan su análisis. 

Las causas de este aumento están muy enmarcadas en cuadros ansioso-depresivos, pero las razones habremos de buscarlas en un abanico muy amplio de desencadenantes. Para la directora de Serene Psicología, Marta Asenjo, vivimos en un contexto en donde se mezclan la hiperexposición, la autoexplotación, la inestabilidad económica y una incógnita tecnológica generalizada sobre el futuro laboral. "Eso conforma un cóctel", asegura Asenjo, "capaz de desencadenar ataques de estrés muy lesivos, que acaban convertidos en cuadros de ansiedad o depresión inhabilitantes". Según la experta, esto es una prueba del origen multifactorial de las bajas laborales asociadas a la salud mental, que pueden ver su erupción justificada en el punto álgido de una de esas frustraciones antes mencionadas, pero quedando la enfermedad retroalimentada por todo lo demás.*

Los cuatro puntos señalados apuntan hacia esas causas propias del entorno laboral, donde se ha impuesto un modelo duro y de tensión como normalidad.

Hace unos días me comentaban el estado tenso en el que se encontraban en una empresa ante el regreso de una jefa anterior. Había sido sustituida por un tiempo y con la persona que habían puesto al frente la realidad laboral había sido muy distinta. Todo había funcionado bien y el ambiente había mejorado mucho. La gente, me comentaban, iba a trabajar con ganas. Ahora la tensión, la angustia ha vuelto a crecer ante la perspectiva del regreso y lo que iba a suponer para todos.

Desde hace tiempo, el sistema empresarial ha asumido ese modelo, el de la exigencia de cualquier manera. Los jefes "blandos" son los que exigen menos y esto reduce los beneficios. Es mejor que te teman y si no resistes hay cola de gente esperando un puesto de trabajo.

Como en plena época del capitalismo salvaje, los miles o millones de parados son la amenaza presente para los que están empleados y se sienten descontentos. La amenaza de que haya gente esperando para ocupar tu empleo, en peores condiciones, por ejemplo explica mucho del crecimiento de la xenofobia y el racismo, que ve en la emigración una forma de presión. Ellos, se piensa, aceptarán cualquier cosa, menos dinero, más trabajo, peores condiciones. Esto, por supuesto, es la perpetuación de injusticias y la explotación por parte del sistema. Muchos países lo practican: mal empleo, abusos, mal pagados y la simple queja te pone en la frontera.

Mientras no se ponga el foco en la realidad humana, personal de las bajas por enfermedades mentales, será difícil solucionarlo. En el artículo se señala en esta dirección: "También las empresas deberían analizar por qué se producen tantas bajas. A veces el problema está en el propio clima laboral"*. Creo que todos, desgraciadamente, podemos aportar casos en esta dirección, la laboral. Son demasiadas malas costumbres las que se han aceptado tras las diversas crisis que llevamos afrontando por décadas.

El ejemplo que se nos propone es que los ricos (y los listos) aumentan su patrimonio. ¿Qué siente una persona explotada y mal pagada cuando lee sobre personas que se han hecho millonarias con casos como los frecuentes llamados "casos mascarillas"? ¿Qué sienten cuando leen sobre los que se han hecho millonarios con sobornos, con "mordidas", casos en los que se han llevado con una operación lo que ellos no ganarán en años, en décadas? Muchos se romperán psicológicamente, se sentirán como parte de ese grupo de explotados, obligados a sufrir mal ambiente laboral y a no llegar nunca a resolver su deseo de tranquilidad personal y laboral, que no son dos elementos separados, sino parte de una misma realidad que procesa todo lo que vive.

Considerar la enfermedad mental además como un "problema de la empresa" (el artículo abunda en testimonios) es un error de fondo que no ayuda a resolver el auténtico problema.

Hemos perdido mucha humanidad en estas décadas, muchas formas más humanas de vernos y de tratarnos. Algunos lo han considerado como una forma de "modernidad". Convertir un grupo humano en un frío escenario en el que solo importan el beneficio, las horas perdidas, etc. no nos ha ayudado mucho.

En el artículo leemos un testimonio en este sentido: 

Claudia, por su parte, y con la distancia que da el tiempo, tiene una lectura muy nítida: "La solución pasa por que la empresa ponga por delante a los empleados antes que los resultados. Da igual cómo trate esta jefa a su equipo, mientras facture, la respaldan. A mí me hicieron una encuesta cuando ya me iba. ¿Por qué no antes?". La herida no se ha cerrado del todo, pero ya no sangra igual.

Desde su consulta, Marta Asenjo observa patrones que se repiten: identidades hechas solo de trabajos que se desmoronan cuando ese pilar cae. "Muchísima gente construye su identidad en torno a lo que hace. Y cuando eso falla, la persona se queda sin referencias", explica. Por eso defiende que, a veces, parar no es rendirse, sino tomar impulso: "En algunos casos recomiendo una baja temporal para que la persona pueda reconectar con otras cosas. Aprender a disfrutar de algo más allá del trabajo".*


La religión del trabajo está hecha de falsos ídolos, aunque muy exigentes. Mientras sigan exigiendo más y más continuarán aumentando las bajas laborales y, en su otra dimensión, los dramas personales. La diferencia de las enfermedades mentales respecto a otras es que su solución pasa porque se modifiquen las condiciones. Volver a lo mismo tras un tiempo es condenar a las personas a ciclos de resistencia y malestar.


Se habla de mentalizar a las empresas sobre cómo comportarse internamente, de cómo evitar ciertos comportamientos que llevan a casos constantes. Para ello debe modificarse primero la consideración de la enfermedad mental, reconociendo tanto sus efectos como sus orígenes laborales. Pero hay que recuperar la dimensión humana para que sea considerada como tal tanto en el entorno laboral como en el asistencial, que debe mejorar mucho y sobre el que también se explayan los entrevistados en el artículo, hace falta algo más que una pastilla.

Más allá de las horas perdidas y su contabilidad, están las personas, la mayoría de las veces víctimas de un sistema del que se cantan sus logros, pero pocos se atreven a señalar sus miserias y los efectos.

Hemos renunciado a valorar nuestras sociedades de forma humana y las hemos convertido en un duro mercado donde todos estamos al servicio del beneficio de unos pocos. El énfasis puesto en la empresa y no en el trabajador es una forma de confirmación del problema.

El titular del artículo citado habla de la "plaga de las bajas"; debería hablar de la plaga de las enfermedades mentales de origen laboral, lo que nos acercaría más a la realidad y a las causas del problema. Las empresas recogen lo que siembran. Debería estar claro quiénes son las víctimas.

 

  

* Galo Abrain "La plaga de las bajas por salud mental que no para de crecer: "De camino al trabajo, me dio un ataque de ansiedad en el autobús"" 20minutos 14/12/2025 https://www.20minutos.es/nacional/plaga-las-bajas-por-salud-mental-que-no-para-crecer-camino-trabajo-me-dio-un-ataque-ansiedad-autobus_6908212_0.html

sábado, 5 de abril de 2025

El problema de Lola o de la salud mental de todos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mientras los medios se llenan de casos de violencia, de ataques sexuales, casos de suicidio, etc. nos dan la noticia de la aprobación de denominado Plan de Salud Mental 2025-2027, lo que es sin duda una buena noticia cuyo beneficio se debería notar en la disminución o control de los casos como los anteriormente citados.

Corremos el riesgo de aceptar una definición de "salud mental" excesivamente clínica ignorando las desviaciones sociales hacia aspectos que no pueden clasificarse como parte de una "buena salud".

La "salud mental" no es fácil de tipificar más allá de las definidas como "enfermedades", que es una forma paralela a las enfermedades del cuerpo, ya sean genéticas o adquiridas.

Se nos dice en el texto, tras contarnos las vicisitudes políticas por las que ha pasado el Plan hasta su aprobación, que: 

Una de las novedades más destacadas del plan es su enfoque en la integración de la salud mental en el ámbito laboral. Se establecerán directrices para que las empresas adopten medidas de prevención y apoyo a trabajadores con problemas de salud mental, promoviendo entornos laborales saludables y evitando la discriminación.

Asimismo, el plan contempla la implementación de programas de educación emocional en colegios e institutos para sensibilizar a los más jóvenes sobre la importancia del bienestar psicológico y la detección temprana de trastornos mentales.

Sin embargo, el plan no incluye medidas específicas para la prevención del suicidio, ya que esta cuestión cuenta con un documento aparte, aprobado el pasado mes de febrero, con su propia financiación.* 

Son tres elementos de diferente orden ya que los dos primeros son el inicio —escuela y trabajo—, por decirlo así, mientras que el tercero —el suicidio— es el resultado.

Me llama la atención que en los artículos relacionados, que RTVE.es muestra en el señalado, haya uno cuyo titular es "El sueño también es cuestión de dinero: "Cuando pague los 7.000 euros que debo, entonces dormiré bien""** y que lleva la siguiente explicación en su entrada: "Así dormimos (o no) en España: un análisis con datos, testimonios y expertos sobre cómo las condiciones económicas y emocionales afectan al descanso, y cómo dormir poco o mal influye en la productividad.**

El texto es medianamente claro, pero el enfoque final, la preocupación por la productividad, nos aleja de las causas. El problema deja de ser nuestra salud y pasa a ser que producimos "menos" o "peor". La preocupación ya no somos nosotros como personas, sino como "productores", es decir, si somos "rentables".

El hecho mismo de que se dé esto como perspectiva ya repercute sobre nosotros, pues pasamos a ser conscientes de que importamos poco, que se nos cuida como a alguien que debe producir bajo unos estándares definidos y no alcanzados. Una empresa entenderá que su plan de mejora de la salud se debe traducir en un aumento de la producción, sino ¿para qué? La felicidad o la satisfacción se deben traducir en más y mejor trabajo, el elemento final de medición de todo. No hay "persona feliz", sino "empleado productivo". Eso es todo.

Muchas veces se mueven en las empresas variables como, por ejemplo, el color de las paredes o el mobiliario, las ventanas, etc., pero como se señala en el titular, el empleado no llega a final de mes por el sueldo miserable que hace "feliz" al empleador, por el miedo al despido o cualquier otro factor de intranquilidad que acabe afectando a la salud mental.

Si pasamos al entorno escolar, me imagino que al ser inimputables los agresores se siente "felices" por sus acciones, sino no las harían. En cambio, los que las padecen tiene difícil superar su infelicidad y si se suicidan, como se han dado casos por el acoso constante, pasan a otro nivel, del que apenas se tocan las causas.

En el texto referido al sueño, se comienza con el caso que se ha mencionado en el titular:

Lola no duerme bien. En realidad, nunca lo ha hecho. Creció en un barrio humilde, en una familia sin recursos y con demasiadas preocupaciones económicas como para descansar tranquila. “No se duerme igual cuando no tienes un puto duro”, resume contundente la joven de 28 años. Arrastra desde la adolescencia, junto a la ansiedad, préstamos familiares y deudas que no han dejado de crecer. “Cuando pague los 7.000 euros que debo, entonces dormiré bien”, asegura.

Su caso no es una excepción. En España, la mayoría de la población duerme entre siete y nueve horas, pero esa horquilla esconde realidades muy distintas. Cada vez más personas se despiertan con cansancio y con la sensación de no haber tenido un sueño reparador. Dormir, como alimentarse bien o acceder a una vivienda digna, también depende del entorno, el trabajo, la salud mental o el nivel de ingresos.


La salud mental engloba demasiadas cosas y a veces se confunden causas y efectos. Todo lo que percibimos, vivimos y padecemos contribuye a la configuración de nuestro estado y a nuestra forma de responder al entorno. Pero obviamente hay aspectos más decisivos. No se trata pues de hacernos percibir los problemas de otra manera, con otro ánimo, sino de tratar de eliminarlos o, al menos, de mejorar la situación.

El problema de Lola no se soluciona intentando que vea sus problemas de "otra manera", sino de hacer que llegue a final de mes y no tenga que endeudarse, con lo que dormirá mejor seguramente. Sea como sea, lo cierto es que los problemas crecen y su percepción empeora.

Hay personas que recurren a la agresividad como auto terapia, lo pagan con los demás. Se sienten fuertes en un aspecto, imponiendo su brutalidad a terceros, como en el caso del maltrato reciente a un compañero escolar con discapacidad mental y en silla de ruedas que ha impactado al país por la crueldad mostrada. ¿Están "sanos" los agresores? ¿Son el fruto de una enfermedad mental social? ¿Está sana, más allá de la idea de eximente, la persona que mata a una niña de cinco años para hacer daño a su expareja? ¿No hay un tipo de patología que no consideramos detrás de muchos comportamientos? Muchos de ellos solo son considerados cuando llegan al ámbito legal, cuando han entrado en el delito. ¿Pero no son los delitos un reflejo de nuestra sociedad? Son acciones castigadas, pero que esconden los caminos hasta ellos.

No sé si el camino a solucionar los problemas es cuestión de atención médica o si esta es solo el final del camino, cuando ya poco se puede hacer. Somos uno de los países en los que se recetan más pastillas, lo cual es un mal signo, un signo de impotencia.

El sensacionalismo mediático no ayuda mucho en una sociedad angustiada. Es un estilo informativo que atrae a los que viven en miedo permanente aumentándolo. Debería señalarse esto y tratar de corregir sus efectos.

Nos alegramos de que se apruebe en nuevo Plan, pero creo necesario hacer cierta revisión sistémica de cómo se vinculan efectos y causas, de cómo se manifiestan en la realidad en aspectos que no consideramos como realmente patológicos.

Hay una cierta distorsión en la forma en que pensamos, que puede que no entre en nuestras categorías de enfermedad mental, pero que son sin duda males. No creo que sea cuestión solo de los médicos, sino de los agentes sociales que deberían ampliar su visión contemplando los problemas de forma más ajustada. No todo es efecto directo, sino de acumulación de secundarios.

* "Sanidad aprueba el nuevo Plan de Salud Mental: más atención comunitaria y menos internamientos forzosos" RTVE.es 04/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250404/sanidad-aprueba-nuevo-plan-salud-mental/16520872.shtml

** "El sueño también es cuestión de dinero: "Cuando pague los 7.000 euros que debo, entonces dormiré bien"" RTVE.es 30/03/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250330/radiografia-sueno-espana-dormir-cuestion-dinero/16511259.shtml

lunes, 2 de octubre de 2023

Depresiones

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me entero de que el primer domingo de octubre es el Día Europeo de la Depresión. Vivimos en un ruidoso y llamativo entorno que trata mostrar una artificial felicidad basada en el ocio, pero parece que esto no es suficiente.

En Antena 3 nos recuerdan el peso que esta enfermedad / estado tiene en el día a día del mundo:

 La Organización Mundial de la Salud se refiere a esta patología mental como la principal causa de discapacidad en todo el mundo. Se estima que una de cada cinco personas sufrirá depresión a lo largo de su vida. A nivel mundial, la depresión afecta ya a 300 millones de personas, lo que algunos ya consideran como una pandemia.

En España, alrededor de 2,1 millones de habitantes tienen un comportamiento depresivo y más de 200.000 españoles padecen una sintomatología depresiva grave.* 

La depresión tiene dos lados: el interno, con las condiciones biológicas, pero está también la influencia del exterior, el medio en que nos encontramos, la forma en que nos relacionamos con el mundo.

Curiosamente en todo el texto de Antena 3 no se refleja esa coincidencia de factores que hacen que no sintamos deprimidos. Es como si se quisiera dar la sensación de que el mundo funciona y que los que se encuentran deprimidos lo son por causas internas. Creo que esto no es demasiado correcto no diferenciarlos y hay muchas causas exteriores que van creando ese estado depresivo.

Conozco muchas personas que se encuentran deprimidas, al igual que conozco personas que son víctimas de estados de ansiedad. Ansiedad y depresión son las dos caras de la moneda del mundo actual. No arreglamos nada, sino que se recetan pastillas. España está a la cabeza del consumo de ansiolíticos, según cifras recientes.

Son muchas las cosas que inciden en estos estados peligrosos. En la información se nos dice que las probabilidades de suicidio aumentan con los estados depresivos graves. Ha aumentado el número de suicidios de jóvenes en estos tiempos.

En su artículo en la revista del INJUVE sobre la depresión en los jóvenes, la doctora Almudena García Alonso, de la Facultad de Psicología de la UCM, señala:

La depresión se trata de un trastorno psíquico, habitualmente recurrente, que causa una alteración del estado de ánimo de tipo depresivo ( tristeza ) a menudo acompañado de ansiedad, en el que pueden darse, además, otros síntomas psíquicos de inhibición, sensación de vacío y desinterés general, disminución de la comunicación y del contacto social, alteraciones del apetito y el sueño (insomnio tardío) agitación o enlentecimiento psicomotor, sentimientos de culpa y de incapacidad, ideas de muerte e incluso intento de suicidio, etc. así como síntomas somáticos diversos.

Hollon y Beck (1979), definen la depresión como el síndrome en el que interactúan diversas modalidades: somática, afectiva, conductual y cognitiva. Considerando que las distorsiones cognitivas en el análisis y procesamiento de la información, son la causa principal del desorden a partir del cual se desatan los componentes restantes.

Para algunos autores, los síntomas de la depresión en el adolescente son: aburrimiento, fatiga, nerviosismo, falta de concentración, llamadas de atención, conducta sexual anárquica, hipocondría y agresividad (Weiner, H.; Glaser, D.; Malmquist, C.P.) Toolan,  M.(1.996) sin embargo, se centra más en trastornos del comportamiento: desobediencias, faltas injustificadas a clase, cólera, fugas injustificadas, auto destructividad, tendencias masoquistas y predisposición a los accidentes, conceptos (agresividad, problemas escolares e inestabilidad) que ya citaba Bakwin, H. en 1.956. De todos modos, existe un infra diagnóstico de la depresión en la adolescencia, debido a la interpretación de la variabilidad de los estados de ánimo como cambios hormonales propios de esta etapa.**


Este carácter de "infra diagnóstico" es importante porque las consecuencias son graves y acaban produciéndose hechos violentos, trágicos o ambos a la vez.

Nos estamos acostumbrando a ignorar muchos de estos síntomas que los psicólogos y maestros de los centros apenas detectan, al igual que las familias. Ya sea porque piensan que son "cosas de la edad", ya porque los ignoren, lo cierto es que están ahí cada vez más presentes.

Muchos de esos síntomas los hemos visto descritos en artículos cuando ya había muy poco que hacer, cuando el mal se había producido, contra uno mismo o contra otros. El "demasiado tarde" es demasiado frecuente.

Deberíamos cambiar nuestro concepto de lo que es una sociedad que funciona, establecer algún tipo de parámetros que permitieran ser conscientes del ambiente negativo que se crea en los ambientes infantiles y juveniles. Algo falla.


Los adultos tampoco salen demasiado bien librados. Estamos haciendo una sociedad del "no es mi problema", que es altamente peligrosa. Hay demasiadas barreras y una enorme despreocupación. Somos una sociedad generosa en muchas cosas, pero también se da el extremo contrario.

Espero que este Día Europeo de la Depresión sirva para intentar hacernos conscientes del problema. Muchas veces es nuestra forma de tratar a otros, positiva o negativa, la que marca su estado. Unas palabras de apoyo, el sentir que le importas a alguien, es más importante de lo que pensamos. Deberíamos insistir en ello e informar de estas sencillas fórmulas que pueden salvar a muchos. Y hacernos más felices, algo que confundimos con matar el tiempo.

En el texto de Antena 3 se habla de la depresión como "pandemia", algo que parece claro.

* "Día Europeo de la Depresión: cómo luchar contra esta pandemia" Antena 3 Noticias 1/10/2023 https://www.antena3.com/noticias/salud/dia-europeo-depresion-como-luchar-esta-pandemia_202310016518efc81fb4a600013e1c8b.html

** Almudena García Alonso "La depresión en adolescentes" en "La salud mental de las personas jóvenes en España", Revista de Estudios de Juventud, nº 84 - Julio 2009 p. 85 INJUVE, Madrid.

domingo, 27 de noviembre de 2022

Las trincheras educativas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hoy se celebra el Día del Maestro, la profesión de la que nos decían hace unos pocos días que había aumentado espectacularmente el número de depresiones, agresiones, etc. En RTVE.es se hacían eco del informe elaborado por los sindicatos en el que se ponía algo de realismo antes de las celebraciones internacionales de la profesión.

La situación española de la educación no es para muchas celebraciones. En RTVE.es se nos decía:

El informe del Defensor del Profesor del sindicato ANPE alerta de que los casos de ansiedad y depresión han aumentado entre los docentes en el curso 2021/2022, especialmente entre los de Secundaria y Bachillerato, donde también se ha detectado un aumento de las agresiones al profesorado. Este sindicato eleva al 78% los casos atendidos por ansiedad y el 12% por depresión.

Según el Sindicato Independiente ANPE, este estado de tensión constante que afecta a la salud mental del docente se refleja en que hay más bajas laborales, pues crecen un 5%, y ya son un 15% de los docentes los que "se ven abocados" a ella, algo que atribuyen al "contexto educativo actual y a la crisis pandémica que hemos vivido".

"Han aumentado los docentes que padecen depresión y se ven abocados a la baja laboral, la salud mental de los docentes se está viendo afectada", ha señalado la coordinadora estatal del servicio del Defensor del Profesor, Teresa Hernández, en la presentación del informe, quien ha hecho una "llamada de atención" a los políticos para que "pongan a la educación donde se merece, que es en el centro de sus políticas".

El Defensor del Profesor también ha alertado de que las bajas laborales generan un coste para la Administración y una modificación de la propuesta pedagógica para los alumnos.*

No es, desde luego, mucho lo que hay que celebrar y sí mucho que lamentar, pero sobre todo mucho para reflexionar sobre la situación real de la enseñanza en España, algo que afecta a toda la línea de trabajo, de la escuela a la universidad. Algo ha cambiado a peor y no somos capaces de verlo y si lo vemos no somos capaces de enfrentarnos a ello.

Hace mucho tiempo que cada protesta en España se achaca a la política de fondo. Esto no es más que una forma de echar balones fuera, una manifestación clara de la clase política de reconocer sus fracasos, su falta de atención y la incapacidad de ver que hay elementos por encima de las políticas parciales de los partidos. Lo que está ocurriendo con la Sanidad es una muestra de lo mismo. Cuando se denuncian situaciones límite, todo resulta ser una maniobra de los opositores. La misma excusa se repite un día y otro.

Hace mucho que repetimos una obviedad: los dos pilares básicos de una sociedad moderna son la Educación y la Sanidad. La situación crítica por la que pasan ambas la tenemos reflejada en calles, gritos y pancartas que, sin embargo, son ignoradas por los partidos de uno y otro signo. Aquí no se equivoca nadie y, por ello, nada se corrige.

Que los profesores sufran angustia y ansiedad, depresión al ir a clase; que sean agredidos por alumnos y padres de alumnos, que sean foco de difamación a través de redes sociales, etc. parece formar ya parte de la normalidad educativa. Gajes del oficio, dirán algunos.

Del día 22 de noviembre, en que aparece el informe de denuncia, al día de hoy en que se celebra el Día del maestro, todo parece haberse transformado de una manera idílica. Los problemas han desaparecido y solo algún pequeño desajuste sin importancia se menciona. Los problemas han desaparecido como por arte de magia. Pero desaparecen de los titulares, no de la realidad.

Nuestra tendencia a tratar los sectores como si fueran parcelaciones reales de la sociedad, algo tangible, evita considerar que vivimos en todos ellos a la vez. Las personas que están hoy en colegio serán las que estén en fábricas, oficinas, servicios, etc. Los que se aprende, las actitudes que se manifiestan allí, del acoso al desprecio por el conocimiento ante las perspectivas del éxito económico, las diferencias sociales, etc. se va a llevar toda la vida en la mente... y se va a poner en práctica.

Las celebraciones del Día del Maestro son una forma más de obviar el problema educativo. Esos maestros a los que se entrevista dicen lo que piensan sobre lo que se les pregunta. Así se centran en cómo se pasa del cuaderno y la pizarra a la tablet, etc. Pero se ignoran los problemas que inciden en las personas del sector educativo. No me refiero solo a los maestros o profesores. Ellos y ellas padecen lo que es el deterioro del sistema social, que lejos de progresar hacia una mejor formación, cultura, etc. es embrutecido desde todos los niveles que le rodean. No sabemos, no queremos o no nos importa establecer los límites que sirvan para hacer una sociedad mejor para todos.

Las críticas que aparecen se refieren al aumento de la burocracia, un mal que va de la escuela a los doctorados y una rápida pasada por los problemas:

Según María Ángeles Pérez y José María Carreras, las familias son otro elemento del proceso de transformación. Carreras apunta que el interés de las familias por la enseñanza ha cambiado y cree que no siempre está bien, porque hay puntos en los que "llegan a sobrepasarse".

María Ángeles comparte su criterio, explica que actualmente algunos de los niños y niñas están sobre protegidos, con falta de estímulos, incapaces de gestionar sus emociones, considera que solamente existen los derechos, pero no las obligaciones. Afirma que algunos padres y madres no saben o eluden con facilidad la responsabilidad de educar a sus hijos y creen "erróneamente" que ese peso recae únicamente en los profesores.**



Esos dos breves párrafos en el artículo son aquellos en los que merece profundizar porque nos muestran una crítica al desarrollo social. Esa "sobreprotección" acaba traduciéndose en agresiones, descalificaciones y un bullying profesoral del que apenas se nos habla. Todo esto se traduce en aumento de la depresión, de la sensación de impotencia, de sentirse cercado, desautorizado por los mismos a los que deberías promover a mejorar su estado y conocimiento.

Deberíamos reflexionar sobre qué produce todo esto que no se para en la escuela. No son "cosas de niños", sino el fiel reflejo de una sociedad que ha dejado de valorar el conocimiento, los espacios de aprendizaje y a las personas que deben enseñarnos. Insisto, de la escuela a las universidades. Nuestra sociedad está en estado permanente de crispación y esa tensión se percibe en todos los niveles, en los que la violencia, el rechazo, la discusión, surgen a la más mínima.

La Educación no es una prioridad en esta sociedad y menos en nuestros dirigentes que entiende que se soluciona, como se denuncia, por una aumento del control de profesorado a través de esa burocracia creciente, y por el control de la movilidad y promoción controlada, lo que reprime muchas denuncias de situaciones muchas veces difíciles de sobrellevar. De ahí esa ansiedad y las depresiones.

La otra respuesta es la indiferencia, algo que ya se produce en muchos niveles. Si no quieren, ellos sabrán. Eso ha supuesto algo que se percibe inmediatamente: la pérdida cultural y educativa impulsada por el bombardeo constante de la incultura, que busca en la zafiedad ambiental su mejor aliado, en un círculo vicioso de ignorancia y mal gusto constante.

Esto no es solo cuestión de maestros y profesores. Diariamente nos informan del empeoramiento de los jóvenes. Nos informan del deterioro de la salud mental, de las tendencias suicidas, de depresiones, de agresividad, desmotivación, etc. Hoy la gran batalla no se da en el Parlamento; se da en la aulas. Es una lucha por tratar de mejorar el nivel cultural de este país, pero también de sobrevivir a uno y otro lado de los bancos. Pensamos que la gente se forma en las escuelas, pero antes hay que creer todos en ellas, padres, alumnos y profesores, pensarlas como lugar de mejora social y personal... Y eso, tan necesario, falta.

La pérdida de conocimientos, las actitudes negativas, etc. son hoy temas recurrentes en cualquier conversación entre profesionales de la educación en casi cualquier nivel. La reducción de contenidos y niveles va del propio lenguaje hasta los conocimientos que aportan las Humanidades, de la Historia a la Literatura, pasando por el Arte. Son las cosas que forman a la persona, que le dan capacidad de pensamiento, crítica y comunicación con otros. Justo lo contrario de lo que vemos cada día y de lo que nos dan cuenta los informes.

¡Feliz día del Maestro a todos! Y a seguir luchando. 

* " El 78% de los docentes atendidos por el Defensor del Profesor sufre ansiedad y un 15% está en baja por depresión" RTVE.es 22/11/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221122/informe-defensor-profesor/2409748.shtml

** "Tablets, educación emocional o bilingüismo: así ha cambiado la profesión de maestro" 27/11/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221127/dia-del-maestro-cambio-profesion/2409995.shtml 


viernes, 3 de abril de 2020

La complejidad de nuestras respuestas al COVID-19

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La crisis del COVID-19 se puede percibir desde muchos puntos de vista, en ocasiones en conflicto. No tenemos la misma percepción entre países y dentro de estos también existen numerosas diferencias en función de factores culturales y sociales. La primera gran división la hemos visto y la seguimos viendo entre Asia y Occidente. La estamos percibiendo ahora entre América Latina y África, cuyas percepciones son también diferentes a las iniciales asiáticas y euro norteamericanas, que por cierto también son distinta.
Vemos que, aunque al coronavirus no le importan nuestras diferencias, a nosotros sí. Por eso no es posible tomar medidas, explicar, comunicar, prevenir, etc. sin tener en cuenta nuestra cosmovisión (la vieja Weltanschauung de la que nos hemos olvidado) o nuestra percepción del mundo, nuestra interpretación de los que ocurre.
La prensa nos permite apreciar estas diferencias pues nos ofrece un momento privilegiado para hacerlo: una pandemia, algo que nos ocurre a todos, pero que muestras las diferencias.
Aquí ya hemos ido dando cuenta de algunas. Vimos a aquel islamista egipcio que desde Nueva York veía el contagio como un arma que Dios daba para llevarse por delante a los enemigos y herejes, pidiendo a los que estaban infectados que fueran a abrazar, a besar, a estrechas las manos de policías, jueces, funcionarios, a cualquier partidario de al-Sisi en Egipto. "¡No mueras solo!" era su grito, el coronavirus es un arma que Dios te da para que seas un mártir.


El diario El País de ayer, Juan Carlos Sanz titulaba desde Jerusalén "Israel declara zona cerrada una ciudad ultra ortodoxa por temor al contagio del coronavirus". En su artículo explicaba los conflictos que le suponen al gobierno combatir los contagios con gente que se dedica al estudio de las escrituras y no quiere tener contacto con los medios. A "porrazos" han tenido que confinarlos, se nos dice. Las comunidades ultra ortodoxas no entienden de pandemias ni de nada que las desvíe de sus líneas de actuación:

Los temerosos de Dios viven en sus guetos urbanos, encapsulados en otra era. “Muchos de ellos solo siguen los medios de comunicación de su comunidad ultrarreligiosa y no disponen de Internet ni de teléfonos inteligentes”, precisa el analista del diario Haaretz Amos Harel. “Tampoco suelen informar a las autoridades sanitarias cuando empiezan a sufrir los primeros síntomas de la enfermedad”.
El rampante crecimiento demográfico de los ultraordodoxos –con proyecciones que apuntan a que representarán un 25% de la población israelí en 2050–, les ha llevado ya a residir en viviendas donde se hacinan parejas con siete o más hijos junto con alguno de sus progenitores. A pesar de que las concurridas yeshivas (escuelas rabínicas) fueron clausuradas hace dos semanas junto con el resto de los centros educativos, los jaredíes han seguido manteniendo hasta hace poco la práctica de acudir a rezar tres veces al día a una sinagoga junto con decenas o centenares de asistentes, multiplicando las ocasiones de contagio.
Observadores políticos como Daniel Kupervaser constatan que algunos de los rabinos más ultrarreligiosos están minimizado los riesgos de la pandemia con “anuncios arcaicos alejados de las recomendaciones de las autoridades”. En uno de ellos se cantan las virtudes del matza, el pan ácimo que los judíos consumen durante la Pascua, procedente del Chabad (organizaciones jaredíes), para protegerse del coronavirus. “Come matza del Chabad, que es un alimento medicinal, y te salvas del coronavirus”, reza un de reclamo de venta del pan ácimo pascual.*


La visión del mundo marca las respuestas. En estos casos extremos, se percibe que las ideas son más resistentes que los cuerpos. El problema es que una vez enfermado el cuerpo y muerto el teórico, las ideas quedan en evidencia. Pero eso no suele ser problema para los que encuentran explicación rápida a todo, la voluntad de Dios.
Otras visiones se centran en lo económico. El COVID-19 nos está sirviendo para percibir cuáles son las visiones del mundo de algunos, cuáles sus prioridades. Eso tiene de ventajoso, que muchos han de mostrar sus cartas de valores. El conflicto entre salud y economía ha servido para ver que algunos dirigentes mundiales consideran que la gente debe salir de sus casas y se resisten a los confinamientos.
En Egipto, el multimillonario Naguib Zawiris, el que compró Euronews. Egyptian Streets nos relata lo dicho por el empresario en una entrevista televisiva, en donde se mostró decidido partidario de que la gente no se quedara en sus casas y que no se paralizara la economía. Pero sus propuestas fueron más allá:

The billionaire’s most controversial comments came later on in the segment when he suggested workers be quarantined in factories. “There is another proposal that factory workers spend the night and live there and not go home to their families—they would be living and working there,” he said, explaining that reducing movement would be an added benefit.
When asked about the impact of Egypt’s partial lockdown on him, Sawiris said: “I don’t let my children meet their friends and I don’t meet anyone either,” adding that he maintained a social distance of four meters while working, and that the majority of his employees are working from home. He then stated that half his assets were invested in gold and that he predicted a rise in gold prices due to anticipated shortages, comparing it to “catastrophe insurance.”** 



La visión de Sawiris —como le afearon en las redes sociales egipcias— además de economicista es profundamente clasista. Los obreros deben estar en las fábricas confinados, trabajando para que nade se pare, mientras que él evita los contactos, al igual que su familia. Mientras los trabajadores están separados sus familias, el multimillonario Sawiris disfruta de la suya en aislamiento sin complejos.
En esta lista de partidarios de producir aunque se mueran los clientes (siempre quedarán algunos para mantener el mercado) hay muchos. Algunos se han tenido que alimentar con sus propios desengaños, como Boris Johnson, el apóstol del contagio nacional, ahora confinado en Downing St. (suponemos). Johnson partía de una visión del mundo demasiado darwinista en su versión social. Lo que dijo entonces era (y es) de una enorme frivolidad y muestra la visión de un país con una enorme distancia social, con unas élites distanciadas de los comunes, con una visión en la que hay una barrera que les separa y por ello les inmuniza a esas enfermedades barriobajeras, del populacho. Como se ha visto, del Príncipe Carlos para abajo, la enfermedad no ha hecho distingos. El estirado príncipe no se ha librado de ello, ni el elitista Johnson, ni el obrero que apura su pinta de cerveza en el pub, por usar un tópico. El COVID-19 no entiende de cunas ni de cuentas bancarias, ni de obreros ni directivos. Entiende de condiciones favorables y de obstáculos. Su vida es sencilla; son nuestra complejidad y diversidad de respuestas las que le crean las condiciones.


Uno de los ejemplos más dramáticos que estamos viendo en estas últimas horas es lo ocurrido en Guayaquil, en Ecuador. La primera noticia saltó cuando le fue imposible aterrizar en su aeropuerto a un par de aviones, uno de Iberia, que iban a recoger a españoles y europeos que habían quedado allí sin poder regresar. La alcaldesa de Guayaquil decidió que se atravesaran coches y furgonetas para que no llegaran europeos a "su" ciudad, nadie que pudiera contaminarles. Los que estaban allí se tuvieron que ir a la capital para intentar regresar. La siguiente noticia que nos llegó de Guayaquil —una ciudad con más de dos millones de habitantes— fue el contagio de la protectora alcaldesa, que a lo que parece llegó tarde. Hoy Guayaquil está en todos los medios mundiales porque los cadáveres sin recoger están esparcidos por los barrios, sobre las aceras esperando que alguien vaya a recogerlos. Es un panorama desolador. Las gentes reclaman que alguien vaya a retirar esos cadáveres que quedan como "apestados".


Los cierres de ciudades o pueblos se han ido produciendo en muchos lugares del mundo, de España (Igualada) o Italia, siguiendo el modelo chino de Wuhan y ciudades próximas, consideradas el epicentro.
Pero estamos asistiendo a un tipo de aislamiento inverso, el proteccionista. Se trata de aislarse para no tener que acoger a nadie que suponga un riesgo. Si los países lo hace, ¿por qué no los pueblos?, parecen pensar.
El diario El País titula hoy "Pueblos blindados contra el virus y los forasteros" haciendo referencia a muchos municipios españoles que han decido que los otros son un peligro, por lo que han cerrado entradas y han puestos sus policías municipales o lo que haya hecho falta para asegurarse que no les llega nada de fuera. No le sirven de nada los ejemplos de los que se encerraron pensando que estaban a salvo para descubrir que ya estaba en casa. El diario nos informa de algunos casos. Lo ocurrido en dos de ellos nos sirve de ejemplo:

Una barrera de tierra pretende aislar del resto del mundo a Setenil de las Bodegas, un pueblecito gaditano de postal, de 2.700 habitantes, destino habitual de turistas de un día. Es la medida extrema que ha tomado el alcalde, el andalucista independiente Rafael Vargas, para controlar las entradas a su municipio, limitadas ahora a vías principales, en las que también funcionan controles de la Policía Local y arcos desinfectantes para vehículos. El consistorio justificó el pasado lunes la medida como una forma de facilitar el trabajo de los cuerpos de seguridad y pidió la colaboración vecinal para dar aviso “de movimientos de tráfico extraños”.
Setenil no está solo en Cádiz, una provincia acostumbrada a recibir mucho turismo, tanto de personas que tienen segundas residencias como de visitantes de sus famosos pueblos blancos. Zahara de la Sierra, gobernada por los socialistas, lleva días presumiendo de haberse convertido en una suerte de aldea gala, libre, por ahora, del coronavirus. Su consistorio ha cerrado con vallas y cadenas buena parte de los accesos, que se han quedado reducidos a uno, según un decreto municipal. Patrullas de la Policía Local y un arco desinfectan y paran a todos los coches, que no pueden acceder sin permiso expreso.***



Bonitos y amables pueblos que se desvivían por su trato afable a los visitantes han pasado a convertirse en hoscos lugares, gente a la defensiva. Da igual que les digan a algunos que no pueden tomar esas decisiones, pero si se les presiona, seguro que acaba declarando la independencia o algo por el estilo. Han cerrado incluso la llegada de los que tienen allí segundas residencias, porque los "fetén fetén" son los autóctonos, los que no salen de allí, a salvo de cualquier mal exterior.
Algo peor puede ocurrir en los Estados Unidos, donde cada casa puede convertirse en El Álamo. Las noticias de sobre los records en ventas de armas, consideradas como artículo de primera necesidad se completaban con la entrevista en una cadena televisiva en donde la dueña de una armería decía que el miedo de muchos era que se acabaran los alimentos y empezaran los robos y asaltos. Los de gatillo fácil y sentido de la propiedad pueden empezar a ponerse nerviosos ante una situación que llega al país a velocidad meteórica y que ha disparado el desempleo en menos de una semana a niveles impensables. Por muchos que Trump se queje de que no se le avisó con tiempo desde China, lo cierto es que ha sido su tardanza en creérselo lo que ha condicionado las medidas. 


La estructura de Estados y gobierno federal no es la más fácil de manejar sin un cierto sentido de cohesión, pero la mentalidad de muchos norteamericanos ve en el gobierno federal (muchos en cualquier tipo de gobierno) una amenaza sin necesidad de coronavirus. La instrucción de que se permanezca en casa es ya vista como una insolencia, como un ataque a la libertad del ciudadano, por lo que no va a ser fácil convencer a la gente. Las cifras de muertos y contagiados deberían servir de aviso, pero para los que todo esto no son más  fake news y maniobras de los izquierdistas demócratas contra Trump, o para aquellos que desean sacrificarse en nombre de la economía y del futuro, como dijo una autoridad tejana, puede no ser suficiente.


El que ha mostrado una vez más su vena autoritaria es Rodrigo Duterte, el presidente de Filipinas, que ha pedido a las fuerzas de seguridad que disparen a matar a todo el que viole la cuarentena y se resista.
Un artículo en la egipcia Mada Masr nos deja clara la influencia de las mentalidades, de la forma de ver el mundo y las reacciones. La palabra más empleada en el artículo de Hossam al-Khouly, titulado "Coronavirus? It’s in God’s hands", es "nihilismo". El autor nos deja un amargo sabor al señalar que ese sentido fatalista del que sea lo que Dios quiera no es otra cosa que la respuesta general al abandono histórico, al dejarlos a su suerte durante siglos, abandonados, ignorados. De ahí la pregunta y la respuesta. Todo está en manos de Dios. Como lo ha estado siempre: lo que llegue no viene de tu voluntad, siempre frustrada, sino desde algo exterior que así lo quiere.


Antes de describirnos la aldea de la que no se debería poder salir por estar aislada, como ocurre en otras en diez provincias egipcias, al-Khouly escribe un bello y desesperanzado párrafo:

Leave your logic at the door and step with me into another world, one with its own logic and context — a world we will try to think about together without the Orientalist theorizing that flattens understanding with the confidence of university credentials while ignoring the school of life.****



Es la realidad próxima, la más distante, es allí donde las diferencias económicas, de educación, de salud... establecen barreras físicas y mentales precisamente porque no comparten las mismas lógicas.
Hay diferencias entre cultura, pero también entre barrios, entre pueblos. Se reacciona de forma distinta porque se percibe el mundo de forma distinta. Lo hemos visto claramente con las edades desde el principio. Lo que más ha costado en que los jóvenes entendieran el coronavirus desde una perspectiva más allá de su teórica invulnerabilidad. Han tenido que morir jóvenes para que muchos entendieran que no eran unas vacaciones.
La cultura, el modelo económico, la riqueza, la desigualdad, la educación, las diferencias locales, regionales internacionales, religiosas, filosóficas... todo introduce matices o contrastes vívidos en nuestra forma de percibir y entender el mundo. La respuesta es global, pero terriblemente variada en función de nuestras creencias y vivencias. Pero da igual cómo pienses porque al COVID-19 no le importa nada. Solo le interesan las facilidades que tú y tus creencias en la invulnerabilidad o en la eternidad agradecida les das. 



* Juan Carlos Sanz "Israel declara zona cerrada una ciudad ultraortodoxa por temor al contagio del coronavirus" El País 2/04/2020 https://elpais.com/internacional/2020-04-02/israel-declara-zona-cerrada-una-ciudad-ultraortodoxa-por-temor-al-contagio-del-coronavirus.html
** "Egyptian Billionaire Naguib Sawiris Draws Criticism Over Calls to Reopen the Economy Despite COVID-19 Pandemic" Egytian Streets 1/04/2020 https://egyptianstreets.com/2020/04/01/egyptian-billionaire-naguib-sawiris-draws-criticism-over-calls-to-reopen-the-economy-despite-covid-19-pandemic/
*** "Pueblos blindados contra el virus y los forasteros" El País 02/04/2020 https://elpais.com/espana/2020-04-02/pueblos-blindados-contra-el-virus-y-los-forasteros.html
**** Hossam al-Khouly "Coronavirus? It’s in God’s hands" Mada Masr 2/04/2020 https://madamasr.com/en/2020/04/02/feature/society/coronavirus-its-in-gods-hands/