Mostrando entradas con la etiqueta Consejo de Seguridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Consejo de Seguridad. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de septiembre de 2024

La guerra sin futuro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Aumenta el rechazo a las acciones y política de Israel, que parece imparable y sordo ante las peticiones de que pare. El sentido de lo que está haciendo bajo el mandato de Netanyahu y su gobierno escapa a toda lógica porque lo que está haciendo es aislándolo y sembrando una futura contestación. Lo hemos dicho ya y sigue en aumento: Netanyahu está construyendo el nuevo anti semitismo, uno no basado en la "raza" o la "religión", sino en los métodos brutales de contestación, en la ausencia de límites. Quizá haya que encontrarle un nombre nuevo para evitar confusiones y dar alas a los racistas de siempre, pero lo que es cierto es que el Israel de Netanyahu está creando un rechazo mundial que se ha escenificado en la Asamblea de Naciones Unidas.

En RTVE.es se nos da cuenta de las intervenciones, la más esperada la de los palestinos: 

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, ha pedido este jueves ante la Asamblea General de la ONU detener la guerra en Gaza, de la que, asegura, "el mundo entero es responsable" por vender armas a Israel.

"Detengan el genocidio. Dejen de vender armas a Israel. Esta locura no puede continuar", ha dicho Abás, cuando se cumple casi un año de la guerra en Gaza, que ha dejado ya más de 41.000 muertos, una gran parte de ellos civiles.

Israel "no merece ser miembro" de Naciones Unidas, ha señalado el presidente palestino, que en su discurso ha abogado por la plena adhesión de Palestina a la organización. "Israel, que se niega a aplicar las resoluciones de Naciones Unidas, no merece ser miembro de esta organización internacional", ha declarado, lamentando que Estados Unidos haya bloqueado la adhesión de los palestinos, de la que ahora disfrutan como Estado observador.* 


Hay una delicada línea que el Israel de Netanyahu ha ido cruzando, la que separa al "país víctima" del "país agresor". Israel se ha construido bajo la sombra de la victima de la segregación y del intento de destrucción del pueblo entero, a la sombra del holocausto. Ha tenido el apoyo de una gran mayoría de países que le han protegido y justificado en muchas acciones y momentos. La creación de un estado en mitad de un territorio no se hizo de la manera adecuada, más ocupados en su protección que en su integración. Las barreras religiosas, la idea de "pueblo" en el que se unifica "raza" y "religión", no ha sido de ayuda, sino, por contra, la fuente de enfrentamientos constantes, de incompatibilidad, y una nueva forma de segregación.

En vez de caminar hacia un estado moderno basado en la idea de ciudadanía, el estado de Israel se ha estado basando en la idea de "pueblo elegido", la fusión de raza y religión. Con ello, el mundo se divide en dos, "ellos" —los elegidos— y los "otros", el resto del mundo.

La idea de "superioridad" etno-religiosa está en la médula del estado de Israel porque lo está en la idea de "pueblo elegido". Las citas de "profetas" por parte de Netanyahu han sido ilustrativas: Dios lo quiere, No hay más que hablar.

Bajo este principio es difícil la convivencia. Las condenas a las acciones del Israel de Netanyahu y la corresponsabilidad a los que protegen, financian y respaldan se suceden por todo el mundo. La idea "protectora" de Estados Unidos y otros países se convierte en problemática cuando es el atacante destructivo que invoca sin pudor "acciones preventivas" para justificar las masacres de civiles, que destruye edificios enteros porque, nos dice, allí vive un dirigente de alguna organización, destruye escuelas y hospitales porque hay debajo milicianos, etc.


La pregunta que se hacen todos, de forma implícita o explícita, es quién puede detener la locura orgullosa y violenta del Israel de Benjamín Netanyahu. Abás ha sido claro: todo el que vende o dona armas a Israel se hace responsable de lo que se haga con ellas. Son esas armas y toda esa avanzada tecnología militar, enviada desde los Estados Unidos, como el escudo defensivo antimisiles, lo que mantiene a ese "pueblo elegido", no la acción divina. No son los únicos.

Israel está construyendo, cadáver a cadáver, ruina a ruina, su inestabilidad futura, una guerra constante, naturalizada como normalidad y no como excepción. La pretensión de Netanyahu de lograr la paz del exterminio es imposible y dará alas a los más violentos y vengativos. Siembra violencia y recogerá violencia.

Tampoco se despierta simpatía alguna por Hamás o Hizbulá, títeres provocadores de un Irán beligerante con el entorno y que trata de exportar el poder chií a la zona para afianzarse, mientras se debilita interiormente. Su alianza con Rusia, a la que suministra armas frente a Ucrania, les permite sacar tajada de una situación sangrienta. El momento de la incursión de Hamás ha servido para dividir los recursos bélicos norteamericanos en dos frentes, Oriente Medio y Ucrania. La maquinaria de guerra no para en ambos campos.

Ha quedado claro —y así se lo reprochan los propios israelís— que los rehenes no le importan nada a Netanyahu, que han sido la excusa perfecta para la acción devastadora que acumula más de 41.000 muertos, la gran mayoría víctimas civiles, niños muchos de ellos. Lo que Netanyahu pueda vender con estos actos son solo ilusiones de seguridad, no paz, y de un poder que le van a tener que cortar ante las protestas de los ciudadanos de la mayor parte de los países que les apoyaban. ¿Quién puede apoyar a Israel abiertamente ante sus acciones destructivas indiscriminadas?

Cuando ha quedado en evidencia la inutilidad manipulada del Consejo de Seguridad, la petición ahora de Abás de dejar fuera de Naciones Unidas a quien ignora sus manifestaciones de paz, a quien desprecia el sistema, convierte en inútil también a la institución. Es la constatación sangrienta de la inutilidad del orden internacional, una falaz figura que esconde los intereses frente a la vidas de decenas de miles de personas.

Nadie en su sano juicio puede apoyar esta forma de destrucción total de Netanyahu sobre miles de civiles. Ha aprovechado el paréntesis de la campaña electoral estadounidense, unos meses en los que los candidatos no se atreven a hacer movimientos radicales por temor a sus electorados. Pero esto no durará siempre. No hay guerra sin posguerra. La guerra no puede durar eternamente y el único fin que Netanyahu considera es la extinción del enemigo y la ocupación de territorio. 

No se puede crear futuro con eso. Netanyahu está condenando a Israel.  Este choque de elegidos y mártires no tiene futuro, solo muerte y sufrimiento.

 

* "Abás pide a la ONU detener la guerra en Gaza y afirma que "el mundo entero es responsable" por vender armas a Israel" RTVE.es / Agencias 26/09/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240926/abbas-pide-onu-detener-guerra-gaza/16264118.shtml

martes, 24 de septiembre de 2024

Poder, conflictos y desigualdad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dos noticias coinciden en los titulares de ayer, día 23. La primera es la que nos señala la inoperancia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del que se nos dice en RTVE.es que "... son los ganadores de la II Guerra Mundial los que tienen la última palabra en decisiones importantes, como pedir un alto el fuego en una guerra."* El poder de los estados ganadores ya no está en la vigilancia por la paz, sino que esta es el resultado de un tejido de intereses. La paz ya no es un objetivo superior, sino un estado conveniente.

Cuanto mayor es la presión existente, la paz se vuelve más frágil. La guerra en Ucrania y en Oriente Medio ya forma parte de las estrategias y, como vemos, no se hace caso del daño que está haciendo a civiles o de la destrucción sistemática de los espacios, algo que tardará años, décadas en recuperarse. La guerra ha vuelto a ser un arma de los estados y nadie parece poder ponerle freno. Falla la seguridad, fallan las potencias que, lejos de buscar la paz, ya tienen en la guerra una herramienta.

Los temores expresados por las diplomacias de determinados países hablan ya del elevado riesgo de una confrontación "abierta". Pero ¿cuántos muertos son necesarios, cuántos bombardeos, etc. para que se deje de jugar con las palabras?

La otra noticia que se nos ofrece es la que lleva por titular "El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95%, según Oxfam Intermón"** Son las "súper potencias" con nombre y apellidos.

Creo que las dos noticias nos hablan del mismo mundo, nos hablan del reparto del poder. Podemos discutir quién controla a quién en cada momento, pero de lo que no hay duda es de su connivencia.

Cuando se nos habla del papel de la "riqueza" y su distribución vemos que coincide con los espacios en intereses de los conflictos, que los lugares más inestables tienden a ser dobles víctimas de la violencia y esa otra forma que es la explotación. 

Entre otros datos, el informe precisa que el 1% más rico posee el 43% de todos los activos financieros globales y que dos multinacionales son propietarias del 40% del mercado mundial de semillas. Las "tres grandes" gestoras de fondos estadounidenses (BlackRock, State Street y Vanguard) gestionan 20 billones de dólares en activos, cerca de una quinta parte de todos los activos de inversión en todo el mundo.

Esta "hiperconcentración de poder y riqueza" alimenta la desigualdad entre personas y entre territorios, asegura el informe, puesto que los países del sur global "solo cuentan con el 31% de la riqueza global", pero representan el 79% de la población.

Amenaza para los retos globales

Oxfam habla así de una "era de oligarquía global", en la que los esfuerzos globales frente a la crisis climática, los niveles persistentes de pobreza o la desigualdad "están siendo amenazados por la concentración de poder en manos de los ultrarricos y las megaempresas".

"Aunque el mantra es que la rivalidad entre grandes potencias es el mayor factor que socava el multilateralismo, la realidad es que la desigualdad extrema juega un papel clave. En los últimos años, los ultrarricos y las empresas con mayor poder han utilizado su enorme influencia para frenar los esfuerzos para resolver los principales problemas del planeta, como la lucha contra la evasión y la elusión fiscal, asegurar que las vacunas contra la COVID-19 sean accesibles para todas las personas, o cancelar las deudas insostenibles de los países del sur global", ha explicado Cortada.**

La noticia del informe de Oxfam va precedido de la fotografía de un sonriente Elon Musk, uno de esos mega millonarios que fue recibido en Israel, como tituló el diario El País, "como un jefe de estado", advirtiendo de la posibilidad de una tercera guerra mundial.

La creciente desigualdad en el mundo hará crecer el número de conflictos entre países y dentro de ellos. Las zonas —al margen de los conflictos bélicos ya creados— de mayor inestabilidad son también las de más desigualdad, como ocurre con el sur americano, un auténtico polvorín social. Ya África y Oriente Medio lo son, con todo tipo de conflictos y las grandes potencias favoreciendo las crisis. El apoyo "incondicional" norteamericano a Israel y las maniobras de Rusia por toda África financiando ejércitos mercenarios que recorren el continente son fuente de inestabilidad en todos los órdenes.

Los intereses políticos y económicos son una mala combinación cuando la paz ya no es un objetivo, sino un obstáculo. 

El Consejo de Seguridad ya no garantiza paz alguna. Su política, al resurgir la dialéctica de bloques, es ya la del veto y no la del acuerdo. Esto no es bueno. La creencia en que es una forma de control sobre el resto del mundo por parte de las potencias anula su función real. La idea de António Guterres llamando "desactualizado" al Consejo es demasiado "eufemística". Creo que es algo más.

Lo vemos en el comportamiento sin límite de Israel al saber que no va ser frenado por los vetos en el Consejo. El concepto mismo de "ataque preventivo" usado es una forma de sembrar destrucción sin posibilidad mediadora, sin freno alguno. Que sean los vetos por intereses cruzados los que definan la vida de decenas de miles de personas, muchas de ellas civiles inocentes, es una muy mala señal para el futuro. La desigualdad creciente no ayuda a un crecimiento en paz. La miseria es el mejor combustible para las guerras.

Son muchos los requisitos que se van cumpliendo para ver desastres mayores en el horizonte. La desigualdad creciente va redefiniendo el poder bruto que actúa ya sin máscara. Los efectos sobre muchas zonas es el crecimiento de los conflictos, que acaban siendo violentos ante la falta de un arbitraje aceptable por todos. Mal camino.

 

* Isabel Dólera (RNE) "El Consejo de Seguridad, a debate en la Cumbre de la ONU: "Está bloqueado, usan el derecho a veto según sus alianzas"" RTVE.es 23/09/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240923/utilidad-consejo-seguridad-onu-debate/16259676.shtml

 ** "El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95%, según Oxfam Intermón" RTVE.es / EP 23/09/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240923/poblacion-mundial-riqueza-oxfam-intermon/16258543.shtml

sábado, 26 de febrero de 2022

La bota rusa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se suele decir que la primera víctima en una guerra es la verdad. Esto se hace muy evidente en el caso de una manipulación extrema y doble —como comentamos ayer— por parte de Vladimir Putin. Cada movimiento en esta agresión bélica contra Ucrania es deformada bajo unas descaradas mentiras con las que no se sabe muy bien ante quién trata de justificarse o a quién trata de engañar. Pero Putin posee el control de los medios rusos consigue así mantener a parte del pueblo ruso bajo un discurso oficial sobre el que la menor duda supone la cárcel o peor. Ese ha sido el destino de los "disidentes" rusos.

Recordemos que la primera invasión rusa de Ucrania se produjo con soldados rusos sin insignias en sus uniformes. Eso los convertía, según Putin, en civiles patriotas que iban al otro lado de la frontera a ayudar a sus hermanos "rusos" en territorio ucraniano. Si se puede llegar a este grado de hipocresía, se puede llegar a cualquier otra cosa, como ha demostrado con hechos a los que sigue dando el sentido que más le place.

22/04/2014

En un mundo que se ha encogido por el transporte rápido y las comunicaciones, Putin lo ha encogido aún más por la sensación de agresión real frente a sus fantasías defensivas. Putin ha llevado la guerra al centro de Europa, no a un lateral. Las distancias no son las mismas que lo eran antes, no con unas posibilidades armamentísticas que permiten llegar al otro lado de Europa es cuestión de minutos u horas gracias a la naturaleza de los dispositivos de ataques y  las infraestructuras.

El éxito invasor de la Alemania de Hitler, con quien ya se ha comparado a Putin, se basó en dos elementos las bombas volantes y la llamada "Blitzkrieg", la guerra relámpago. Hoy tenemos drones, misiles de medio y largo alcance y los elementos más pesados se suben en los más ligeros, llevándolos por tierra, mar y aire. No contamos el tabú de la guerra nuclear —del que Europa se libró, no Japón, en su momento—, porque los estragos serían impensables.

La afirmación occidental de que no se mandarán tropas a Ucrania por no ser país de la OTAN condena a Ucrania a una resistencia heroica y una agonía con final previsible. Su dolor será observado con toda la preocupación y lágrimas que se quieran, pero el final solo es posible con un giro de guion para el que haría falta mucho ingenio. Putin parece tener todo controlado para que el final sea previsible, pero los espectadores siempre esperamos un final feliz hasta el último segundo.

Putin les ha ofrecido a los ucranianos una derrota ignominiosa al pedir a su ejército que derribe a su propio gobierno, al que considera compuesto por "nazis y drogadictos", según sus odiosas declaraciones. Mientras el presidente Zelenski se les escabulle por las calles de la Kiev asediada mandando mensajes de llamada a la defensa, a demostrar que Ucrania no se va rendir, que tendrá que ser aplastada.

A nosotros nos caben pocas opciones ya. Zelenski ha rechazado las ofertas de viajar fuera del país, "necesito munición, no viajes", les ha contestado. Enviar armas es solo dar tiempo y esperanza a los ucranianos en su lucha desigual frente a un ejército inmisericorde. Los rusos pueden hacer lo que quieran, pues ya se encargarán los servicios de propaganda de negarlo todo. No nos sorprende ver la recepción festiva a las tropas invasoras en las zonas prorrusas. Eso permite a Putin transmitir ese vergonzoso mensaje de liberador de los hermanos del otro lado de la frontera, las víctimas de un "genocidio" según su versión mentirosa y delirante del conflicto, la que sirvió para justificar todo esto.

Putin busca al presidente porque así podrá exhibirlo frente al pueblo ucraniano y presentarlo como un criminal del que ha venido a liberarles. La pantomima acabará mal, pues Zelenski es actor y sabe la importancia de la escenificación y los gestos.

Putin ha ido más allá de Ucrania. Ha amenazado a Suecia y a Finlandia sobre sus pretensiones de entrar en la OTAN. Esto es de enorme gravedad y muestra el verdadero rostro de este nuevo Stalin y Hitler en una sola pieza. La gravedad de esto no son solo las palabras de amenaza, sino mostrarnos el sentido que Europa tiene a los ojos de este peligro real que es Putin.

En Antena 3 podemos leer:

Rusia ha denunciado la intención de Occidente de incluir en la Alianza Atlántica a Finlandia y Suecia alertando de las graves consecuencias que tendría el ingreso de estos dos países en la OTAN. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, ha dicho que "es evidente que el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN, que es ante todo un bloque militar, tendría graves consecuencias político-militares, que requerirían una respuesta de nuestro país".

También ha señalado que Moscú conoce todos "los esfuerzos dirigidos de la OTAN y algunos países miembros del bloque, ante todo Estados Unidos, dirigidos a incluir en la Alianza a Finlandia y también a Suecia". Además, ha celebrado "la política del Gobierno de Finlandia de no alineación militar como un importante factor para garantizar la seguridad en el norte de Europa y en todo el continente europeo", pero constató la "interacción práctica" entre Helsinki, Estocolmo y la OTAN, que ha crecido en la última etapa.

Entre sus declaraciones ha querido advertir de que "han celebrado maniobras de la OTAN, estos países han ofrecido sus territorios a ejercicios del bloque en las cercanías de las fronteras rusas, en los que las fuerzas estadounidenses imitaban ataques con armas nucleares contra un llamado adversario equivalente".*

Lo que ha conseguido Putin con sus ataques es hacer más insegura Europa, que se refuercen más las fronteras con Rusia y que se sientan todos amenazados por ella. Esto necesariamente reorganiza muchas cosas en el continente y en prácticamente todo el mundo, pues tiene consecuencia en lo que se conoce como Eurasia y que está conectado con África a través de conflictos como el de Oriente Medio, en el que la presencia rusa ha ido creciendo por su apoyo a la Siria de otro cruel dictador, Bachar Al-Assad.

Político, México 25/02/2022

El hecho de que India, China y Emiratos Árabes se hayan abstenido en la condena a la intervención militar Rusa en Ucrania requiere un análisis diferenciado para cada uno de los casos. El caso más evidente es el de China, por los lazos creados y por la política anti China desarrollada desde los Estados Unidos por su despegue económico, por un lado, y por las políticas nacionalistas y militaristas del "sueño chino", desarrolladas por el presidente Xi Jinping. Pero China tiene necesidad de los clientes occidentales para seguir su desarrollo. El consumo interno tiene sus límites de crecimiento y a China no le interesaría meterse en lo que le puede ocurrir a Rusia con el aislamiento. Más confusas pueden ser las abstenciones de India, a la que se le había ofrecido entrar a formar parte de la alianza anglosajona (USA, Reino Unido, Canadá y Australia) en su cerco vigilante frente a China. Esa estrategia es causante de una intensificación de los puntos de fricción en el mundo. Esto lo llevamos señalando aquí desde hace tiempo y ahora estalla en Ucrania. Hay ciertas políticas que hay que cambiar para evitar que se conviertan, como ahora, en las excusas para ataques e invasiones.

Rusia, un país inmenso, necesita ampliar su propia inmensidad añadiendo lo que se llaman países satélites, estados controlados que le sirven de parapeto ante posibles "amenazas". Tras la caída del telón de acero, Rusia se siente ahora "desnuda" sin esos países cuya función es servir de foso como en los castillos. Pero esto que le funcionó en un momento, que hizo caer bajo las botas de las dictaduras comunistas que necesitaba que la rodearan acaba generando un sentimiento anti ruso por años de agravios y ocupación. Los que vivieron bajo su férreo control con gobiernos títeres, como el actual de Bielorrusia o como el que la propia Ucrania tuvo antes del levantamiento, no quieren volver a hacerlo. Están demasiado cerca los hechos y demasiado frescos los recuerdos.

Rusia ha mantenido guerras por toda su inmensa periferia. Ha colocado sus fosos defensivos allí donde ha podido. El problema es que muchos se acaban sublevando y buscan el amparo de aquellos que puedan protegerlos. Es una pescadilla que se muerde la cola.

Las "soluciones" de Putin no son soluciones, solo un uso de la fuerza que causa destrucción, represión dentro y fuera de Rusia, una crisis mundial y la paralización de muchas vías de acuerdo que se habían tomado en estos años imaginando un futuro en paz. La más señalada y que no se menciona en "Una franja y una Ruta", la nueva "ruta de la seda" que indudablemente se verá afectada por lo que ya no es un mundo en paz.

Rusia busca aliados y va a encontrar algunos que tendrán que decidir en qué lado se encuentran porque, más allá del Consejo de Seguridad, esto irá a la Asamblea General.

Las advertencias-amenazas a Finlandia y Suecia, a Austria, a todos los que ayuden a Ucrania son inadmisibles en un contexto internacional en donde se respete a los países. Putin ha vuelto a los peores escenarios europeos, al del imperialismo decimonónico, al de nazismo y el estalinismo como forma de tragarse países enteros para, basándose en la fuerza, anexionárselos sin piedad.

Hubo un tiempo en el que Rusia se sentía precisamente como un mediador entre Oriente y Occidente, que esa era su misión en la Historia. Aquellos tiempos de misticismo histórico pasaron y Europa ve en Rusia un peligro constante, una amenaza de un país con una dictadura feroz con un dirigente cuya mirada es la de un sociópata criminal. A Putin, le han sacrificado disidentes frente a las ventanas del Kremlin, muertos a tiros, como fue el caso de Boris Nemtsov en 2015. Sus sicarios los han envenenado por diversas ciudades del mundo con polonio o los han hecho desaparecer. Ese es el Putin de siempre, el jefe de la KGB, que supo eliminar sin piedad cualquier obstáculo para llegar al poder, en el que se piensa eternizar. Es Putin, el las largas mesas y los inmensos salones palaciegos, el de los soldaditos de opereta recibiéndole con trompetas y redobles mientras él hace el paseíllo, el pescador y cazador de osos, el perseguidor de gais, el nuevo "padrecito".

Europa tendrá que hacer algo, empezando por reconfigurar sus planteamientos del escenario que ocupamos, la necesidad de plantear su defensa con un ejército europeo y, sobre todo, empezar a reorientar sus dependencias energéticas, comerciales e industriales, empezar a basarnos en lo que tenemos y no en aquello que nos hace más débiles, nos guste más o menos.

Parece que se ha acabado la etapa de la globalización, del comercio mundial, etc. y ha empezado la época de las fronteras armadas, de la vigilancia y de la proximidad. El cerco a Rusia es también a todo lo que la atraviese. La bota rusa tratará de aplastar cualquier disidencia o de evitar alineamientos que no le favorezcan en la construcción de ese orden que tiene en mente y para el que necesita aliados. Hay que evitar que los encuentre.

El reinado de Putin es criminal. Lo ha sido desde el principio, matando y haciendo desaparecer a cualquiera que se opusiera. Ha mandado asesinar, ha invadido, se ha enriquecido hasta límites impensables, ha creado una oligarquía mafiosa y corrupta que eliminó otra anterior en lucha feroz... Pese a esto y mucho más, se ha seguido manteniendo contacto porque no se podía o quería ignorar. Era cuestión de tiempo que esa criminal fuerza acumulada mordiera más allá de la frontera. El aislamiento es necesario; una dictadura como la rusa no puede decir al mundo cómo comportarse, organizarse o decidir. Eso significan complicaciones y sacrificios, pero lo que permite vislumbrar el futuro si no lo hacemos es mucho peor. 

¡Nuestra solidaridad con Ucrania y el pueblo ucraniano!



* Ángela Clemente "Rusia advierte de las consecuencias que tendría el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN" Antena3 25/02/2022 https://www.antena3.com/noticias/mundo/rusia-advierte-consecuencias-que-tendria-ingreso-finlandia-suecia-otan_20220225621929e0f5e39e0001e37e1d.html


viernes, 18 de marzo de 2011

Las respuestas a Gadafi


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay reticencias en el mundo árabe ante una posible intervención occidental en Libia que convierta la situación en un nuevo Irak. Es lógico que las haya. Sin embargo, con todos los riesgos obvios, la situación es muy distinta y creo que los móviles también. Gadafi se mostrará siempre como una víctima de las conspiraciones, ya de Occidente, ya de Al Qaeda, ya de los demás países árabes que quieren dividir Libia o quedarse con sus recursos. Es su juego y su discurso.
Creo que la comunidad internacional ha aprendido muchas cosas en las últimas décadas sobre las derivas que pueden tomar las situaciones de conflicto, pero creo que, en este caso, al menos las motivaciones para la acción están claras. No tanto los motivos para la pasividad. En qué derive el conflicto, podremos verlo pronto. Lo único que no admite especulaciones son las amenazas lanzadas por los Gadafi contra la población y los precedentes de su paso cruento por las otras ciudades.


La simultaneidad de los levantamientos árabes ha beneficiado a Gadafi. Las inestabilidades producidas por sus propios procesos de cambio han impedido una respuesta de mayor calado por parte de muchos países que sí han manifestado su simpatía y solidaridad con los resistentes libios en sus calles. No debe ser fácil observar como las mismas aspiraciones de cambio y libertad que has conseguido para tu pueblo, se convierten en sangrías a unos cuantos kilómetros.
Libia, flanqueada por dos países en transición de la dictadura a la democracia, Túnez y Egipto, no podía recibir una respuesta mucho más contundente de sus vecinos. Mezclar el delicado proceso de negociación para la construcción de una democracia con un problema internacional del calibre del libio hubiera sido un suicidio político y sembrar la división en pueblos que requieren ahora profunda unidad para salir adelante. Han participado desde la perspectiva posible: el apoyo solidario demostrado en sus fronteras, especialmente en las de Túnez. El propio caos egipcio ha imposibilitado dar respuestas más efectivas, pero la contundencia de su intervención al frente de la Liga Árabe también debe ser tenida en cuenta.
Cuando los países árabes se hayan institucionalizado, les será más fácil emplear entre ellos otro tipo de tácticas y presiones para solucionar los graves problemas que les aquejan. La democracia es un estado dinámico que no acaba nada, solo se empieza. En un contexto democrático, cada vez será más difícil que se produzcan regímenes como los de Muamar el Gadafi. Lo mejor es siempre evitar las circunstancias que los producen, tanto las que derivan de su propia historia con las que les hemos escrito los demás.
La experiencia de las revoluciones poscoloniales fallidas desde los años cincuenta, la deriva autoritaria y corrupta de estos regímenes, tiene que servir de algo a unos pueblos que reclaman ya su voz propia y sacudirse los complejos con los que otros han jugado para convencerles de su inutilidad política. Hoy quieren tener la responsabilidad de construir su futuro y en eso debemos apoyarlos honestamente todos. Los jóvenes que encabezan los cambios quieren vida política para poder participar en ella y decidir.
Ahora mismo tenemos sobre el mapa países que han cambiado y se dirigen hacia sus propios destinos; países que están iniciando procesos de reformas para evitar pasar por las situaciones traumáticas que otros han pasado; y, por último, regímenes que, como Libia, se resisten ferozmente a perder el control dictatorial sobre sus pueblos. Cada país de la zona que triunfe en sus aspiraciones democráticas y se ponga en marcha será una presión más sobre aquellos que siguen anclados en otras formas de poder. Las fórmulas a su alcance no son nuevas: repúblicas democráticas o monarquías constitucionales, sistemas que funcionan plena y efectivamente en otros lugares y que ellos habrán de adaptar a su propia forma de entender la política y el gobierno. El esgrimir las bazas del panarabismo o de la identidad religiosa cuando lo único que se busca es mantenerse en el poder debería dejar de funcionar para pasar a una política en la que el mundo árabe se entendiera como un futuro compartiendo formas de convivencia y diálogo entre ellos y con el resto de la comunidad internacional. Los que se han beneficiado, dentro y fuera, de la política del frentismo cultural deberían dejar el campo abierto a las nuevas formas posibles de diálogo.




La resolución del Consejo de Seguridad: ¿y tú qué has entendido?


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una multitud de ateos, drogados, borrachos y egipcios y tunecinos en paro se manifiesta jubilosa en las plazas de Bengasi. Acaban de asistir a la histórica votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre su futuro. Con las fuerzas del coronel Muamar El Gadafi y familia en la puerta, estos individuos han tenido la osadía de desafiar al puño dorado que estruja aviones y lanzarse a las calles a celebrarlo. Las banderas de la nueva Libia ondean junto a otras de Francia, de Egipto, de diferentes países. Ellos son hoy un poco de todos los países y nosotros somos todos ciudadanos de Bengasi, de Tobruk. Porque lo que el Consejo ha aprobado es precisamente la universalidad del que sufre frente al aislamiento del que hace sufrir.


La presentación de la propuesta por el Ministro francés de Asuntos Exteriores ha sido una pieza oratoria en la que se ha incluido el deseo de libertad de los pueblos que se han levantado frente a los tiranos que el destino había puesto sobre sus cabezas. Lo que las Naciones Unidas han autorizado es el derecho a ser protegidos de los que desean la libertad y se ven cruelmente frenados por aquellos que deberían cuidarlos. La opresión ha dejado de ser un asunto interno.
La resolución del Consejo de seguridad ha contado con 10 votos a favor, ninguno en contra y cinco abstenciones. Las abstenciones son significativas: Rusia, China, Brasil, India y Alemania. Cada país tendrá sus motivos, pero algunos tendrán que explicarlos mejor porque están muy próximos y deberíamos tener una política exterior más unida. Que Alemania se muestre en esa compañía no parece muy razonable.


Mientras los libios de Bengasi celebran jubilosos la resolución en su favor, la cadena Al Jazeera nos ofrece la rueda de prensa montada en Trípoli para dar la respuesta oficial del régimen de Gadafi. Un sonriente y bromista Secretario de Asuntos Exteriores, Khalid Kaim, se hace con los micrófonos. Realiza sus comentarios en inglés y corrige a veces a su traductor al árabe cuando este se equivoca. Su cabeza está en dos o tres sitios. Su rueda de prensa no tiene desperdicio y es un ejemplo de la diplomacia de Gadafi. Lo primero es dar las gracias a los países que se han abstenido en la votación. Va repitiendo sus nombres y comenta divertido: “¡Alemania, vaya sorpresa!” Pleno de espíritu positivo, Kaim hace una interpretación de la resolución digna de Saif, el hijo filósofo: se felicita por la resolución ya que, al igual que ellos, se preocupa por la seguridad de los civiles y la integridad de Libia. Sobre esta base, Kaim va desgranando lo que para el régimen implica la resolución: no dividir Libia, no invadirla y no armar a los rebeldes. El ejército libio avanza para proteger a los libios y no para otra cosa. La otra cosa, evidentemente, no tiene que ver con la amenaza de los Gadafi de perseguir casa por casa, habitación por habitación, a los que no entreguen sus armas inmediatamente en cuanto entren en la ciudad.
Esta interpretación de la resolución tiene poco que ver con lo que ha entendido el resto del mundo y ya les están advirtiendo que el objetivo de la resolución es proteger a los civiles por cualquier medio necesario. El cinismo hermenéutico es tal que convierte a las huestes de Gadafi en ejércitos libertadores del mismo pueblo al que masacran. Francia ya ha señalado que puede intervenir en horas si es necesario e Italia ya ha ofrecido sus bases para establecer la zona de exclusión aérea y la base de las operaciones. Hillary Clinton ha apuntado que el objetivo de salvaguardar a la población puede hacer necesario ir más allá de la exclusión aérea y eliminar objetivos terrestres. Gadafi, por su parte, ya ha advertido a toda la cuenca mediterránea que pasarán a convertirse en objetivos, militares o civiles, de su ira si se siente atacado en su territorio.
Mientras el pueblo de Bengasi sigue sus celebraciones, la conferencia de Kaim continúa. Un gran estruendo y gritos sobresaltan a los periodistas en la sala. “No se preocupen —señala el ministro portavoz—, solo son libios manifestando su alegría por cómo va esto”. La sala es invadida por unas decenas de jóvenes envueltos en banderas verdes portando retratos de su amado líder, retratos que besan ante los ojos sorprendidos de los periodistas.



En la pantalla dividida tenemos los dos extremos del conflicto, los rebeldes de Bengasi y los eufóricos gadafistas celebrando en Trípoli lo mismo, la resolución del Consejo de Seguridad. No puede haber mayor discrepancia en el análisis de una resolución, no puede haber mayor distancia respecto al mismo texto. Los periodistas abandonan la sala que queda invadida por los jóvenes incapaces de parar su demostración de devoción al líder y su capacidad de convencer a los líderes del mundo para su causa.
Las manifestaciones se siguen en las calles de Trípoli. Todos aman al Coronel, todos besan sus retratos a falta de sus carnes aceitadas. En Bengasi, en Tobruk, vemos el júbilo por saberse cerca, si no de la victoria, si del corazón de muchas personas en todo el mundo, de personas a las que les importa su destino y su sufrimiento, que respetan su deseo de libertad.
Las próximas horas serán decisivas. El ejército de Gadafi puede tratar de avanzar hacia Bengasi en un intento desesperado de tomar la ciudad antes de que se pueda realizar un despliegue militar en la zona y establecer la zona de exclusión. Las penas de los libios no han terminado, pero esta noche nadie puede quitarles el júbilo y la celebración. Amanecerá y el horizonte será otro.