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lunes, 1 de abril de 2024

El fracaso de Erdogan

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo ocurrido en las elecciones municipales turcas es relevante no solo para el país sino un indicador para otros países de la zona gobernados por grupos islamistas de mayor o menor radicalidad o integrismo. En estos momentos, se está analizando en muchos lugares lo que ha ocurrido en Turquía y cuáles son las medidas para evitar que pueda ocurrirles.

El islamismo no es un "partido", por más que acepte esta fórmula allí donde sea necesario. La idea islamista es la conversión social a unas normas y costumbres que se consideran por encima de la política. La política puede ser el camino, pero no es el final ni el juego real.

La fórmula de Erdogan es importante porque suponía una transformación de la sociedad desde el poder político, el obtenido en las urnas. Ahora las urnas le han dado la espalda y eso tiene consecuencias pues plantea una gran contradicción respecto al destino final, del que no se puede dudar.

De hecho, es importante resaltar que la pérdida de votos de Erdogan, además de por el avance de la oposición socialdemócrata, laica, se debe al crecimiento del fundamentalismo que le deja al margen como opción "islamizadora". Señalan en RTVE.es:

Parte del retroceso del AKP se debe a la subida de su hasta ahora aliado, el partido islamista fundamentalista Yeniden Refah (YRP), que avanza incluso al cuarto puesto en número de votos, aunque solo lidera en dos provincias, dominadas hasta ahora del AKP.* 

Dentro de las rivalidades islamistas en todos los niveles este hecho es relevante porque tiene un valor de "señal". Será utilizado para ver el abandono por poco eficaz de la forma de islamizar de Erdogan y los suyos, es decir, de la necesidad de radicalizarse para conseguir los objetivos fundamentalistas para la sociedad.

El golpe para Erdogan es fuerte porque su pérdida de influencia social se percibirá de manera crítica, como un camino erróneo, lo que dará más armas a sus rivales islámicos. Señalarán que el camino no funciona, que no es el adecuado, que se equivocó.

Desde el punto de vista exterior, también se percibirá como una señal de lo que funciona y lo que no. Entre los países con sistemas islamistas, la rivalidad por ofrecer el mejor camino, el de la islamización profunda, el de la dirección religiosa —como ocurre en Irán, por ejemplo— es constante. No se trata solo de gobernar, sino de gobernar hacia un fin, el de una sociedad islamizada que sirva de "luz", de "faro" a otras, es decir, "ser cabeza". Y esto no es fácil de conseguir, porque si se va por la vía democrática se pretende que la situación sea irreversible, un destino que no contempla vuelta atrás. El reto turco ahora es cómo "interpretar" lo ocurrido.

Desde fuera, muchos verán el fracaso de Erdogan y su partido por usar vías democráticas (Erdogan no siempre lo es) como un aviso: el camino no vale. Será necesario presionar más socialmente, vigilar con más atención los movimientos sociales, en especial, como ha ocurrido en Irán y Afganistán, los movimientos de las mujeres, a las que siempre hay que estar controlando para evitar el desastre.


Los países rivales para servir de modelo aprovecharán el fracaso en el propuesto por Erdogan en la moderna Turquía. Las "limpiezas" hechas por Erdogan en estos años, de los jueces a los militares pasando por las universidades, no parecen haber servido de mucho. Las excusas de intentos de golpes de estado para hacer estas limpiezas ya no funcionan o al menos no se sienten todavía en peligro comenzar de nuevo. 

Esto no significa que no tengamos otra excusa de este orden en el tiempo que falta para llegar a las siguientes generales que, de seguir así, corre el riesgo de perder. Será entonces cuando veamos hasta dónde llega el sentido de la democracia en el islamismo turco.

Tras señalar que cree en la democracia, nos dicen en RTVE.es que:

Erdogan ha subrayado que los comicios se habían llevado a cabo sin mayores incidentes y que los resultados expresan la voluntad del pueblo. "Esto no es un fin, sino un punto de inflexión", ha dicho recordando que quedan cuatro años para las próximas elecciones generales.

"Seguiremos adelante, seguiremos ganando: creo en vosotros", ha insistido el mandatario.*

Habrá que ver qué entiende por "inflexión" y quiénes son ese "vosotros" en los que cree. El peligro está ahora en los que ya han ido abandonando su partido y pasándose a los que no creen en "la voluntad del pueblo", sino en la inflexible "voluntad de Dios". Por no haberla seguido adecuadamente, dirán, han perdido el norte y el poder.

Turquía son las puertas de Europa. Lo que ocurre allí es trascendente para nosotros y para todo el mundo musulmán. Los medios hablan de "derrota histórica", de "hundimiento",  "debacle", etc. Veremos cómo se percibe esto allí y cómo nos afectan los cambios que llegarán, sean los que sean.

* "La oposición socialdemócrata a Erdogan se proclama vencedora en las elecciones municipales en Turquía" RTVE.es / EFE 31/03/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240331/partido-erdogan-pierde-terreno-municipales-turquia/16038831.shtml

domingo, 23 de enero de 2022

Dos refranes turcos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Dos refranes le han bastado la periodista turca Sedef Kabas para acabar en la cárcel. Solo dos refranes, dos piezas de sabiduría popular: "Una cabeza coronada se vuelve más sabia", señalando que no siempre es cierto, y "cuando una vaca entra en un palacio no se transforma en reina, sino el palacio en un establo". Dice la CNN, que es quien da cuenta de la noticia, que no necesitó mencionar en ningún momento a Recep Tayyip Erdogan, el eterno presidente turco. El hecho es que todo el mundo sumó dos más dos y lo que salía era la figura del presidente. Y así es como funcionan este tipo de crítica, una parte son las palabras, la otra se desarrolla en la mente del que las escucha.

La inmediata reacción a los refranes, dando la periodista Sedet Kabas con los huesos en la cárcel, forma parte del panorama nacional asumido por sus seguidores. Nadie habla mal de Erdogan. El liderazgo del presidente es una mezcla equilibrada entre autoritarismo e imagen cuidadosamente cultivada que nadie puede tocar. Es más, el autoritarismo es un rasgo positivo a la turca del líder, tal como ocurre en otros países islámicos. En estos, un rasgo del poder es precisamente la capacidad de acallar, hacer desaparecer, etc., según el grado de autoritarismo desplegado, a los oponentes. No se ve como algo necesariamente negativo y sí, en muchas ocasiones, como un síntoma de fuerza. No son los islamistas muy dados a alternancias y respetos de la pluralidad.

La respuesta de las autoridades turcas, es decir, las fuerzas afines a Erdogan han sido claras en sus manifestaciones según recoge la CNN en su artículo: 

Turkish Justice Minister Abdulhamit Gul reacted with a tweet Saturday that did not name Kabas: "I curse the ugly words that target our President, who was elected by the votes of our nation. These endless and unlawful expressions arising from envy and hatred will find the response they deserve in the conscience of the nation and in front of justice."

Turkey's Presidential Communication Director, Fahrettin Altun wrote in a tweet Saturday, "Politics, opposition, and journalism all have morals. Those who see this morality in this country too much are the poor people who have no self-respect. A so-called journalist is blatantly insulting our President on a television channel that has no goal other than spreading hatred!!"

Reacting to news of the journalist's arrest, Reporters Without Borders (RSF) -- a nonprofit media watchdog -- said: "No less than 200 journalists were prosecuted, and 70 journalists were sentenced on similar charges since Erdogan was elected President in August 2014." 


Fijémonos en el detalle del ministro de Justicia: como Erdogan ha sido elegido por el pueblo no puede ser criticado. Es una gran diferencia entre la forma de entender la democracia generalmente y la forma en que lo entiende el gobierno de Erdogan. Siempre se dice que Hitler llegó democráticamente al poder. Sí, pero luego hizo lo que hizo. Por eso hay que tener cuidado con estas percepciones de las democracias en las que solo son herramientas para llegar al poder. Como es Dios el que ha iluminado al pueblo para que te elija, cuando el pueblo dice que salgas es el diablo quien entra en escena.

De la misma forma, se maneja el término "moral", que consiste siempre en no criticar al jefe. Si aplaudes, la moral te rebosa; si criticas, no hay moral profesional o de cualquier otro tipo. Es el ejemplo de lo que se llama habitualmente la "ley del embudo". Lo cierto es que Erdogan ha hecho todo tipo de jugadas con ese poder que el pueblo y Dios le ha dado. En su humildad, acepta pasarse la vida de presidente hasta dejar una Turquía moral y obediente.

Sus planes los hemos comentado en muchas ocasiones, convertirse en el líder exitoso de la cuenca mediterránea hasta chocar con el otro "liderazgo fuerte", el de Al-Sisi en Egipto. Erdogan forma parte de la internacional islamista, la que quiere liderar, lo que le enfrenta al gobierno egipcio que sacó de la presidencia a los Hermanos Musulmanes.


Erdogan y al-Sisi son las dos figuras individuales sobre las que se construyen unos sistemas autoritarios que tratan de justificar sus acciones. Ambas han estado "protegidas" externamente por el paraguas defensivo occidental, especialmente, el norteamericano, hasta que ha habido sus choques por sus excesos. Cuando Erdogan se ha sentido muy "presionado" se ha ido a hacer una visita a Putin, que es la forma universal de demostrar el rechazo a las presiones norteamericanas.

La posición estratégica de Turquía y, sobre todo, sus pretensiones imperial-religiosas, son un factor importante, lo que hace que Erdogan se le pasen muchas cosas y se mire hacia otro lado. Sin embargo, la situación turca debería preocuparnos más porque lo que está haciendo es volver irreversible la situación, anulando la democracia y llevan más allá de la oposición a sus rivales.

A los turcos que no están de acuerdo con él ya apenas les quedan resquicios por los que asomarse. Con una inflación superior al 35% actualmente, es lógico que aumente el descontento en el país y con ello las críticas. Sin embargo, las críticas no son toleradas, como ha entendido la periodista. Hace unos años, con la excusa de un intento de ·golpe de estado", hizo una limpieza en todas las instituciones, de la judicatura a las aulas, del ejército a los medios. Encerró a todos los que pudo de los que consideró seguidores del clérigo Fethullah Gülen, que pasó de ser un apoyo a ser el enemigo número uno, pues podía quitarle seguidores en su propio terreno. El clérigo se encuentra alejado, en los Estados Unidos y de vez en cuando Erdogan lo reclama. No es Erdogan un personaje que se contente con un no.

La complicada situación de la región es un factor que ha favorecido a Erdogan y en el que él mismo ha intervenido para que no se simplifique. No todo es responsabilidad suya en la zona, pero si lo que ocurre en Turquía y allí las cosas están complicadas en todos los niveles. Eso se traduce en más exhibiciones de fuerza, depuraciones y anulación de cualquier intento de abrir la situación. El egocentrismo narcisista de Erdogan no tiene límite y no desperdicia ocasión para mostrarlo. Es una de las figuras centrales autoritarias que van imponiendo su "estilo" de gobierno y deterioran la democracia hasta hacerla irreconocible.

Los dos refranes, sin mencionar al presidente, le han costado la cárcel a Sedef Kabas. Vaya desde aquí nuestro apoyo a su labor informativa y, por qué no, crítica. Sin ellas, Turquía seguirá su camino hacia lo que ya casi es, el solar de Erdogan. 


* Hande Atay Alam y Isil Sariyuce "Turkish journalist detained after 'insulting' President Erdogan in a TV interview" CNN 23/01/2022 https://edition.cnn.com/2022/01/23/europe/turkish-journalist-jailed-intl/index.html

viernes, 2 de julio de 2021

Las protestas de las mujeres turcas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Las televisiones nos muestran imágenes de la violencia desatada contra las manifestantes contra la retirada de Turquía del tratado internacional contra la violencia machista, llamado precisamente Tratado de Ankara porque fue allí donde se produjo. La noticia de la retirada la comentamos aquí cuando fue anunciada hace unos meses. Hoy vemos los resultados de la retirada tanto en las calles como en los números, los de los asesinatos de mujeres producidos en este tiempo, 28 asesinatos solo en el mes de marzo, que fue el que se produjo la salida. La cifra habla por sí sola. El número anual de muertes de mujeres a manos de parejas, ex parejas y familiares, según se señala en el propio texto, oscila entre 300 y 400 mujeres asesinadas, una cifra lo suficientemente alta como para considerar inexplicable la retirada del tratado, algo que, sin embargo, tiene una serie de causas internas y externas en la estrategia de Erdogan y su partido.

Cuando hemos tratado aquí en múltiples ocasiones la figura de Erdogan hemos señalado su cambio de estrategia desde el momento en que se produce el rechazo de Europa a sus pretensiones de insertarse en la Unión. Desde Francia, especialmente, se le dijo con claridad que "Turquía no era Europa", que no lo había sido nunca y que no lo iba a ser por muchos motivos, especialmente por la propia actitud de Erdogan.




El presidente turco ha ido creando un personaje doble, el del islamista que recupera las raíces de un país, por un lado, y el de cabeza del islam, por otro, una competencia dura con algunos países que intentan hacer lo mismo, especialmente aquellos que se consideran "referencia" para los otros. Erdogan ha jugado a la recuperación de un nuevo "imperio otomano", que conquistó el Mediterráneo oriental y sobre el que quedan restos de las disputas en lugares como Chipre, por ejemplo.

En un país que se debate entre islamistas y laicos, las acciones estratégicas para consolidar la propia opción es obvio que pasa por la reislamización y por el cierre hacia cualquier elemento que debilite la imagen de autosuficiencia que el propio Erdogan quiere transmitir: "Turquía no necesita a nadie" y "Turquía es el faro". Estas dos referencias son claves para entender la figura de Erdogan y sus pasos.



La retirada del Tratado contra la violencia contra la mujeres forma parte de estas acciones, de este "no necesitamos lo que viene de fuera", entendiendo por "fuera" el mundo Occidental, con el que cada vez es más desafiante y al que otros imitan (tenemos el reciente caso de Marruecos y España).

Cualquier gesto de Recep Tayyip Erdogan es dirigido a sus seguidores como una forma de desafío a Occidente, como una demostración de su superioridad, algo que es valorado por sus seguidores de forma muy positiva, ya que entienden que el mundo musulmán ha sido arrastrado fuera de su propia esfera por el intento de emular las formas occidentales, tomadas como logros y síntomas de modernidad.

El islamismo político, al que Erdogan pertenece, intenta crear una "modernidad" bajo las normas morales y religiosas del islam, algo que se ve complicado porque las tendencias más conservadoras se acaban imponiendo exigiendo más retroceso hacia las formas tradicionales. El mismo proceso lo estamos viendo en Egipto, donde se intenta avanzar en un sentido y retroceder en otro, con una intensificación de los ataques igualmente contra los derechos de las mujeres y todo aquello que se considera parte de la corrupción de Occidente: el ateísmo, el feminismo y la homosexualidad, además del liberalismo democrático, ya que la vida social no se plantea nunca como una igualdad real de derechos porque esta es irreal, una ficción que va contra la propia ley de Dios, que es el referente final. Es en esa interpretación final de la "virtud" por la que compiten en el liderazgo el Egipto de Abdel Fattah al-Sisi o la Turquía de Erdogan, pasando por la Arabia Saudí del wahabismo. El liderazgo es poder, pero sobre todo modelo de virtudes. Los "malos gobernantes" son los que se alejan de Dios y pervierten a su pueblo, por lo que son castigados, como en el caso de Nasser, con derrotas en los campos de batalla frente a Israel, como le señalaron sus enemigos en su época. Hoy se mantiene el principio, por lo que es importante para el liderazgo someter, humillar a los enemigos de dentro y fuera. La victoria es señal divina, señal de que se hace lo correcto. Y lo correcto ya se sabe dónde está escrito.

El texto de RTVE.es nos señala:

 

El verano pasado, algunas voces cercanas al partido de Erdogan, el islamista AKP, que gobierna Turquía desde 2002, propusieron que el país se diera de baja en el Convenio.

En ese momento, las intensas protestas feministas, a las que se sumaron voces de organizaciones de mujeres del propio AKP, hicieron que el plan, aparentemente, se devolviera al cajón. 

Presión islamista previa para salirse del convenio

Sin embargo, un sector islamista y nacionalista ha continuado haciendo campaña para acusar al Convenio de destruir los valores de la familia y de promover la homosexualidad, pese a que el tratado no menciona la homosexualidad en ninguna parte.

No obstante, las propias organizaciones LGTB empezaron a reivindicar el Convenio como algo propio, asegurando incluso que había sido concebido para proteger "a mujeres y homosexuales".

Finalmente, en marzo, el Gobierno justificó su decisión de salir del Convenio alegando que éste "había sido secuestrado por un grupo que intenta normalizar la homosexualidad".*


 

A la vista de lo señalado anteriormente, creo que se puede entender perfectamente lo señalado en el artículo. La expresión "valores familiares", por ejemplo, es la que ha sido utilizada, como hemos visto hace unos días, para encarcelar, entre tres y diez años, a un número de mujeres que subieron vídeos a TikTok. Es el mismo proceso regresivo en la competencia por la virtud. No es casual que los islamistas que fueron puestos en fuga en 2013 con el "no-coup" de al-Sisi fuera Turquía, ni es casual que el presidente egipcio retomara la "ruta de la virtud", la misma que había enarbolado el expresidente Morsi. La virtud es la gran baza que el pueblo entiende, es la confianza en las leyes que tienen su origen en la Sharia, en las tradiciones de base religiosa.

La gran barrera islámica es precisamente no poder avanzar más allá de lo expresado en la línea que va del Corán a los hadices, porque quien lo hace acaba encarcelado o, peor, muerto. Los gobernantes saben que cualquier paso en este sentido supone la puesta en marcha desde la base de fuerzas que buscan frenar esto.

Es lo que vemos en las noticias. Una ley internacional que pretende proteger a las mujeres es convertida a una escala diferente, a la promoción de la homosexualidad; una ley que protege a las mujeres es interpretada como una ley contra los "sagrados valores de la familia". Mujeres, homosexuales y ateos son la triada maldita en el mundo islámico, algo que tienen en común con los más retrógrados movimientos de Estados Unidos, donde han encontrado simpatía algunos grupos de corte islamista y salafista.



Esto es dramático porque implica que cualquier tipo de reformismo está destinado al retroceso llegado a un punto, por un lado; pero también algo de enorme gravedad: la condena a las dictaduras y a otras formas autoritarias, como se ve en Egipto y en la propia Turquía, según sean las condiciones.

La solución serían movimientos democráticos, pero eso, como se vio en la Primavera, resulta imposible porque ni está articulado (no se deja que se consoliden) ni tiene base popular porque este identifica "democracia" con perversión occidental. Primero habría que cambiar las mentalidades a través de la educación, algo que tendría enorme resistencia y se vería como una manifestación negativa, hasta diabólica, que acabaría con el gobernante, tal como hemos visto en el propio Irán, por ejemplo. Que el proceso de laicidad se identifique con dictadores y que su eliminación, como en Irán mismo, traiga una dictadura religiosa, la de los ayatolas, no deja de ser un destino dramático, que desde dentro, en cambio, se vive como "virtud".

La retirada del Tratado de Ankara tiene un sentido claramente ideológico: Turquía puede tener sus propios valore islámicos sin la contaminación de Occidente. La calificación de feminismo y homosexualidad como valores negativos y destructivos del "orden familiar", el querido por Dios, son muy claros.

El párrafo final del artículo explica:

La vida sexual de una mujer soltera o divorciada se puede llegar a interpretar en Turquía como una afrenta al honor de sus parientes. En lo que va de año, 189 mujeres han sido asesinadas, según datos de la plataforma "Pararemos los asesinatos de mujeres", lo que arroja una incidencia, en proporción a la población, entre dos y tres veces superior que la habitual en España.*


Hemos visto hace unos días aquí lo que ocurre con la falta de legislación sobre la violación en el ámbito doméstico en Egipto y las denuncias contra este presunto vacío. Si la violación no se concibe como una violencia dentro del matrimonio, porque se considera un derecho del marido al que la mujer no se puede resistir, da lugar a una nueva violencia que es la del abuso y la impunidad. El crimen de honor es precisamente una forma de restitución de ese "orden" que posibilita la muerte de una mujer porque su familia —fundamentados en esos "valores familiares"— lo ven como necesario y acorde con esas leyes que pueden estar no escritas pero que los jueces conocen cuando absuelven o someten a condenas leves.

Estos procesos los estamos viendo de continuo allí donde la "virtud" anima a los familiares a velar por el honor de la familia y si se mancha ese honor está "justificado" la muerte de la mujer. Todo eso está implícito en esas presiones sobre el gobierno por parte de los más conservadores que identifican como "valor" la violencia y la sumisión, la dependencia y la falta de entidad de la mujer por ella misma. Esos "valores familiares" invocados de un extremo a otro del mundo islámico no son más que el derecho patriarcal a decidir qué está bien o mal, la negación de que la mujer pueda tener un papel en la vida más allá de la obediencia.

Son, además, una forma de deshacerse de los movimientos incómodos de crítica a los gobiernos o al sistema en su conjunto. Les sirven, igualmente, para mostrarse "virtuosos" con la represión, como ocurre con el tratamiento de la homosexualidad o cualquier otro modelo identitario que no se considere adecuado al modelo "familiar" señalado.


  

* "Miles de mujeres se manifiestan en Turquía contra la retirada del Convenio de Estambul para combatir la violencia machista" RTVE.es / Agencias 01/07/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210701/protestas-turquia-retirada-erdogan-pacto-violencia-machista/2118320.shtml

sábado, 20 de marzo de 2021

Las mujeres y el retroceso "virtuoso" turco

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Estaba revisando las noticias del día y me llegó un mensaje de Ebbaba, un enlace a Al-Jazeera, a una noticia con el siguiente titular "Turkey pulls out of treaty protecting women from violence"*. La noticia es preocupante por lo que supone para las mujeres turcas, por la explicación dada oficialmente y por lo que tiene de "señal" para otros países en clara involución en cuanto a las cuestiones relacionadas con las mujeres.

Cada día que pasa estoy más convencido: las relaciones con las mujeres están en el núcleo social y determinan las posibilidades de desarrollo, las libertades y cualquier perspectiva de democratización allí donde no la hay. Es más, marcan el nivel de la calidad democrática, que tiene dos facetas, la exterior o formal, y otra en la que se está retrocediendo en todos los países por lo que vemos cada día: la interiorización democrática, es decir, el grado de intensidad, de convencimiento de los sentimientos de respeto e igualdad. Podemos mantener un maravilloso sistema democrático, con urnas limpias y cristalinas, pero si eso es solo una regla exterior y no una forma interiorizada, una forma de ver la vida, se seguirá deteriorando lo formal y aparecerán todo tipo de manifestaciones de la falta de democracia interna. Uno de esos indicadores claros es la violencia sobre las mujeres, sobre los inmigrantes, la infancia, es decir, aquellos sectores sobre los que se ejerce la violencia personal e institucional.

Lo estamos viendo cada día. Lo vemos en actitudes claramente antidemocráticas en países democráticos y lo vemos en países nada o poco democráticos en donde se actúa en nombre de una "tradición" idealizada, hasta santificada, considerada como "virtuosa" frente a cualquier cambio, que se percibe como atentado. Esto es lo que ocurre en Turquía, un país que pasó de un tipo de autoritarismo a otro, considerando este como virtud. El texto de Al-Jazeera, con información de agencias, nos dice:

 

Turkey has pulled out of the world’s first binding treaty to prevent and combat violence against women, a presidential decree said Friday, in the latest victory for conservatives in President Recep Tayyip Erdogan’s governing party.

The 2011 Istanbul Convention requires governments to adopt legislation prosecuting domestic violence and similar abuse, as well as marital rape and female genital mutilation.

No reason was provided for the withdrawal, but officials in Erdogan’s governing AK Party had said last year the government was considering pulling out amid a dispute about how to curb growing violence against women.

“The guarantee of women’s rights are the current regulations in our bylaws, primarily our Constitution. Our judicial system is dynamic and strong enough to implement new regulations as needed,” Family, Labour and Social Policies Minister Zehra Zumrut said on Twitter, without providing a reason for the move.

Conservatives had claimed the charter damages family unity, encourages divorce and that its references to equality were being used by the LGBTQ community to gain broader acceptance in society.

The opposition CHP party criticised the move.*

 


Con el abandono del Tratado contra la Violencia sobre las Mujeres, de 2011, Turquía da un paso más en su retroceso virtuoso. Lo hace amparándose en dos aspectos que es necesario reseñar, la "suficiencia" de las medidas legales, por un lado, pero también para frenar lo que considera el resultado de la seguridad y libertad de las mujeres: el aumento de divorcios, la destrucción de la unidad de las familias y el avance de la causa LGBTQ. La suma de estos tres factores, para los conservadores turcos, supone la destrucción de un orden virtuoso —querido por Dios— y la destrucción de la autoridad del varón, que ha sido encargado de que ese orden se mantenga para evitar el caos y, peor, la "ofensa" a Dios.

La aplicación de argumentos de orden religioso para detener el avance de las mujeres hacia su autonomía es cada vez más frecuente. En el texto citado (con fuentes en AFP y Reuters), se señala: "Turkey is not the first country to move towards ditching the accord. Poland’s highest court scrutinised the pact after a cabinet member said Warsaw should quit the treaty, which the nationalist government considers too liberal."* "Liberal", aquí, significa muchas cosas, todas ellas negativas, de subversión de ese orden creado por Dios desde el origen y que el hombre siente la tentación de ignorar, de nuevo, presionado, tentado por la mujer. La imagen mítica se repite en la historia como una vieja canción que regresa: la mujer es el peligro. La violencia contra ella se justifica una y otra vez.

Celebración del Día Internacional de la Mujer, 2019, en Turquía

Lo veíamos escandalosamente ayer en las palabras exculpatorias del policía que describía como "con un mal día" el asesinato de ocho personas, seis de las cuales eran mujeres. Ellas eran la "tentación", la obsesión sexual que le había arrastrado a la perdición. Esta imagen de la "tentadora", de la "Jezabel", se repite una y otra vez y tiene siempre el mismo origen patriarcal. El orden es masculino; el caos, la perdición, es femenino.

Este proceso que vemos en Turquía lo hemos visto igualmente en Egipto, donde el régimen salido del golpe de estado de Al-Sisi, también ha supuesto un freno a las mujeres, tal como hemos analizado aquí en cuestiones como la imposición del velo a cada vez edad menor en las niñas, a los conflictos en los colegios. Son indicadores del retroceso en muchos países.

"Feminismo" es considerado como "delito", como una actividad que se equipara con una variante del terrorismo, ya que trata de destruir la base de la sociedad, que es el control de las mujeres por parte de los hombres, la más extendida de las dominaciones, la de más alcance universal.

No es de extrañar que nos en Al-Jazeera, en una información sobre las negociaciones para el futuro de Afganistán, información sobre el destino de las mujeres en ese país:

 

[...] Taliban political spokesman Mohammad Naeem, speaking to media in Moscow on Friday, said it was up to Afghans to decide their system of governance and it should be an Islamic system.

“What is stated in the declaration is against all principles and is not acceptable,” he said.

Shaheen also said the Taliban was firm on their demand for an Islamic government. He did not elaborate on what an Islamic government would look like, or whether it would mean a return to their repressive rules that denied girls education, barred women from working, and imposed harsh punishments.

Shaheen did not say whether the Taliban would accept elections, but he emphasised the government of President Ashraf Ghani would not fit their definition of an Islamic government.

In previous statements, the Taliban has said its vision of an Islamic government would allow girls to attend school, and women to work or be in public life. But in every conversation, they emphasised the need to follow Islamic injunctions without specifying what that would mean.

The Taliban has said it would not accept a woman as president, and while women could be judges they could not take the job of chief justice.

But even without the Taliban in government in Afghanistan, the Georgetown Institute for Women, Peace and Security Afghanistan said Afghanistan was one of the worst places in the world to be a woman in 2020.

Only one woman attended Thursday’s talks in Moscow, and in the two decades since the Taliban were ousted, successive governments in Kabul have been unable to ratify a law outlawing violence against women.**

 


La visión "islámica", la única aceptable por los talibanes, incluye que la mujer no pueda estudiar, que la mujer no pueda trabajar y la posibilidad de los castigos físicos como parte de ley. Realmente no les importa mucho más el resto. Con convertir a cada mujer en objeto de vigilancia, prohibición y castigo y al hombre en vigilante, carcelero y verdugo, es suficiente. El resto llega solo.

En Afganistán se producirá un enorme drama con la mujer como centro porque su destino importa a muy pocos afganos, como ellas llevan mucho tiempo denunciando. Las libertades de las mujeres no han surgido de una transformación social, sino de un orden exterior que no podía aceptar ese comportamiento. Está por ver si alguien de entre esos políticos se atreve a hablar en nombre de los derechos de las mujeres, en enfrentarse a la violencia brutal que se acumula en ese país por décadas. Puede que lo que veamos no nos guste, que se produzca un éxodo de los que puedan hacerlo y una masacre "ejemplar" como prefacio a la conversión del país en una "cárcel de mujeres".

Lo que ocurre en Turquía es grave, pues significa el triunfo de una visión que sacraliza el orden patriarcal considerándolo "justo" e "inevitable". Erdogan inició esa senda autoritaria que facilita la aspiración conservadora tradicionalista de frenar a las mujeres, algo para lo que disponen de suficientes "escrituras" justificativas para proclamarse "virtuosos".



El retroceso de las mujeres es una forma de "populismo", ya que este se construye como ataque a una modernidad global. Bajo la etiqueta de "tradición" se engloba lo retrógrado, en donde se cuelan los peores sentimientos sociales en contra de cualquier forma de igualdad social y, por supuesto, de género. El populismo, en sus diversas versiones, maneja la idea de un "orden natural" frente a un "desorden racional", que es el que provoca el hombre cuando contraviene el mensaje divino o natural. Ya sea porque "Dios lo quiere" o porque "la Naturaleza lo crea", la inferioridad de la mujer o su fijación en roles específicos que la limitan es el argumento que se esgrime.

Hay que atender a los signos que nos muestran el avance de estas ideas, que están mucho más presentes de lo que queremos aceptar. Cuando se nos dice que es cada vez más frecuente que los jóvenes acepten ciertos comportamientos violentos como "naturales", por ejemplo, tenemos indicios de que algo no está funcionando en la educación en casas y escuelas, en los medios, en la vida misma.

En la presentación del estudio "La violencia de género en los jóvenes", realizado por el INJUVE y publicado a finales de 2019, se concluye:

 

Los datos anteriores permiten afirmar que la VG es un problema sorprendentemente común y que tiene una profunda repercusión colectiva, ya que implica numerosas y costosas actuaciones por parte de los Estados, muchos de los cuales ni siquiera cuentan con los medios para prevenirla, intentar erradicarla y proteger a las víctimas. La magnitud del fenómeno cuestiona día a día los derechos fundamentales de las mujeres que lo padecen, y no sólo el derecho a la vida, sino también a su integridad física y mental, a su dignidad y libertad. Sorprendentemente, a pesar de su prevalencia y de su creciente presencia pública, la VCM es un delito que aún no está reconocido en todas las legislaciones. Por lo cual, la VG pone pues en evidencia las carencias legislativas e instrumentales para que la ley, cuando existe, se cumpla de forma efectiva. A pesar del enorme problema que supone la VCM en todo el mundo, la sociedad sigue sin percibir este drama en toda su magnitud y no hace los suficientes esfuerzos para fomentar una cultura crítica. Incluso en los países donde sí está tipificada como delito y es objeto de sanción y de rechazo social, aún carece de la suficiente visibilidad y de perfil público en el mundo jurídico, político y en los medios de comunicación. Esta falta de visibilidad y de perfil público de la VG facilita en muchos casos la impunidad de estos delincuentes, ya que el maltrato queda oculto en la intimidad del hogar.

Por otro lado, existen otros elementos que coadyuvan a la invisibilidad como las tradiciones que relegan a la mujer a un segundo plano, el lenguaje utilizado por los medios de comunicación, los contenidos sexistas en la publicidad, las letras de las algunas canciones, incluso las expresiones de los propios representantes públicos, la recurrente utilización del cuerpo femenino como reclamo para las ventas o las trabas sociales, legales e institucionales para la plena equiparación de hombres y mujeres permiten, por lo menos colaboran, a que la VG pase con frecuencia desapercibida para la sociedad. Como resultado, la VCM se llega a considerar “normal”, se admite con indiferencia e incluso alcanza niveles de aprobación, a pesar del aparente rechazo que suscita. Ni siquiera los jóvenes y adolescentes perciben en muchos casos la violencia que subyace a numerosas actitudes y comportamientos.***

 


Creo que no hay ninguna exageración en lo expuesto. Se está perdiendo el impulso de fondo ante las diferentes presiones, según los escenarios. No podemos aceptar que haya que frenar la violencia contra las mujeres en nuestros países, mientras que nos mantengamos indiferentes ante la violencia en otros países encogiéndonos de hombres en nombre de "tradiciones" y "diversidad", dos de las mayores trampas ideológica.

El problema es que avanza por todo el mundo, incluidos los países más avanzados económicamente. La pandemia ha servido para demostrar la debilidad del trabajo femenino en casi todas las partes del mundo.

Informe INJUVE

Los poderes retrógrados pueden llegar a un enorme grado de sutileza represiva. Me acaba de llegar un correo del CPJ, el Comité para la Protección de Periodistas, una asociación internacional para la defensa de los informadores, con el titular "Morocco’s new tactic to punish journalists: charge them with sex crimes". Marruecos es otro país con una precaria situación en la cuestión de las mujeres. La noticia explica:

 

But as Moroccan journalists predicted in interviews with CPJ at the time, the country continued to imprison journalists, often accusing them of anti-state activity. Now, sex crimes charges have become another tool for authorities to punish journalists – one that has the effect of dampening public support for the accused.

“In general, when journalists were facing anti-state charges, they were considered heroes, gaining so much popularity. Today, when a journalist is accused of shameful crimes like rape, it is guaranteed that public opinion will perceive them as unethical,” Le Desk reporter Imad Stitou, who has been questioned as an accomplice to Radi, told CPJ via phone.

Samia Errazzouki, a Moroccan former journalist based in the U.S., said this dynamic extends to the international realm. “Charging journalists with sexual assault is a tool to prevent international and national solidarity with these journalists, who are now perceived as rapists,” she said a phone call with CPJ. ****



El caso es algo más que manipulación. Revela una política represiva que intenta, como se señala, hacer creer que defiende a las mujeres cuando lo que hace es encarcelar a los críticos al régimen. Nos muestra una reveladora manipulación de la violencia contra las mujeres: los casos reales quedan en silencio, ignorados, apenas sin estadísticas oficiales, mientras que se airean casos ficticios para evitar que en el exterior se les pueda prestar apoyo. Es enorme hipocresía. El partido en el poder en Marruecos es de corte islamista, como el de Recep Tayyip Erdogan y forma parte de esa internacional pragmática que intenta aparentar "modernidad" mientras que hace retroceder a la sociedad e ignora los problemas de las mujeres.

La noticia de Turquía es un enorme retroceso que acompaña a su retroceso general. Pero no debemos bajar la guardia, pues países como Polonia (como se señalaba en la noticia de Al-Jazeera) también consideran que hay un orden divino que las mujeres mancilla, que son la puerta de entrada a las variaciones sexuales. La Rusia de Putin es claramente homófoba, básicamente en el orden "divino" que considera que igualmente los aspectos tradicionales y religiosos como una fuerza de control social, para lo que encuentra el apoyo de la Iglesia Ortodoxa.



La Modernidad se está convirtiendo progresivamente en una "medievalización" social y política, especialmente en aquellos lugares en donde apenas ha habido ocasión de traspasar su umbral. En ellos, el control de las mujeres se convierte en esencial por la necesidad de eliminar cualquier rasgo igualitario, que se percibe como perversión contranatura. 

El mundo es cada vez más reaccionario porque existen medios para extender las ideas en estos tiempos de crisis. La confianza o el desinterés han producido un desarme ideológico de lo que fueron los movimientos de liberación entre las décadas de los 50 y los 80. El neoconservadurismo que le siguió tenía detrás un populismo que ahora se manifiesta en la mezcla de nacionalismo, machismo y autoritarismo, la reacción que hemos visto en los Estados Unidos de Donald Trump y que forma parte, con sus variedades nacionales, religiosas y políticas, de un movimiento más amplio en donde se posibilitan alianzas y apoyos por todo el mundo.



El pragmatismo que acepta y permite cualquier circunstancia con tal de conseguir sus objetivos es en gran parte responsable del avance. Cualquier medida, por retrógrada que sea, se acepta si se consiguen objetivos de otro orden; si las dictaduras pueden conseguir sonrisas y silencios solo por comprar buques a los demás países o invertir en ellos, la idea de orden internacional justo desaparece, con lo que se produce ese deterioro interno del que hemos hablado.

Siempre es peligroso ignorar los signos, dentro y fuera, especialmente si se acumulan cada día. Desde que Erdogan percibió que en Europa no se aceptaban sus prácticas políticas ni sus manejos, el camino se redirigió a buscar un liderazgo dentro del mundo musulmán. Para eso, le es fundamental representar la "virtud" a lo ojos de los demás países. Otros dirigentes compiten con él —como Al-Sisi en Egipto— en ejemplaridad virtuosa. Turquía, Marruecos, Afganistán, Polonia en Europa... 

No dejemos de vigilar a España, pues signos hay de perspectivas "virtuosas" en los ataques a la igualdad de género cuando se define despectivamente como una "ideología". La igualdad debería ser un objetivo de todos..., pero no lo es.

 


 * "Turkey pulls out of treaty protecting women from violence" Al-Jazeera 20/02/2021 https://www.aljazeera.com/amp/news/2021/3/20/turkey-pulls-out-of-treaty-protecting-women-from-violence

** "Taliban expect US withdrawal in May; vow to restore Islamic rule" Al-Jazeera 19/03/2021 https://www.aljazeera.com/news/2021/3/19/afghan-president-replaces-security-ministers-in-surprise-move

*** "La violencia de género en los jóvenes" INJUVE 11/2019 http://www.injuve.es/sites/default/files/adjuntos/2019/11/resumen_la_violencia_genero_jovenes.pdf

**** "Morocco’s new tactic to punish journalists: charge them with sex crimes" CPJ.

 M ElHaies/CPJ Middle East and North Africa Correspondent on March 18, 2021


martes, 27 de octubre de 2020

La perplejidad francesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La defensa de Macron de las libertades de la República Francesa ha tenido una respuesta poco saludable desde muchos rincones del mundo islámico, que no ha condenado —de forma también poco saludable para su propia imagen exterior— de forma lo suficientemente contundente el atentado criminal contra el profesor Samuel Paty, decapitado de forma bárbara en plena calle por un joven terrorista camino del paraíso, bien alentado por su familia, círculos de indignados por su labor dentro y fuera del colegio, la venta de información de alumnos, la condena de Al-Azhar, de algunas autoridades y alguna que otra fatua. Tras todos estos alientos indignados, el asesino es la punta del iceberg, el punto en el que confluyen todas esas fuerzas, y parte de un siniestro e hipócrita juego por parte de los gobiernos de algunos países cuyo doble lenguaje hemos comentado aquí en muchas ocasiones.

El corresponsal en París de La Vanguardia, Eusebio Val, manifiesta el asombro francés ante esta extraña forma de condolencia manifestada en la calle de algunos países y por sus dirigentes: 

En Francia hay una mezcla de inquietud, perplejidad e indignación por una situación que se percibe como el mundo al revés. Ven una corrupción de los argumentos, una manipulación obscena de la realidad, con el riesgo de alentar el terrorismo. Hace pocos días el país sufría un atentado brutal, de fuerte simbolismo –la decapitación de un maestro al salir de su escuela, cerca de París–, una declaración de guerra a lo que Francia encarna, a la libertad de pensamiento, a la herencia de la Ilustración. Un yihadista checheno lo asesinó por haber mostrado caricaturas de Mahoma en una clase dedicada a la libertad de expresión.

En vez de encontrar solidaridad, Francia es castigada con groseras descalificaciones a su jefe de Estado y llamamientos a no comprar sus productos. En las redes sociales se denigra con montajes fotográficos ofensivos a Macron y a su esposa Brigitte. Son métodos de países en guerra y de regímenes totalitarios.

Ya se sospechaba la larga mano de Erdogan en el boicot comercial, pero ayer se despejó cualquier duda. El propio líder turco, en un discurso, se sumaba a la acción punitiva. Además de Turquía, las represalias contra París se dan en Qatar, Kuwait, Jordania y Libia. Ha habido manifestaciones en Gaza, Trípoli y Tel Aviv. En el caso de Qatar, la contradicción es evidente. El rico emirato gasístico es un gran comprador de armamento francés, incluido el cazabombardero Rafale, pero ahora se retiran de sus estanterías los quesos y cosméticos galos.* 

La hipocresía se percibe claramente en ese párrafo final relativo a las compras de armamentos por gobiernos que no les hacen ascos a todo aquello que les interesa mientras que alientan por debajo la irritación popular, que esa agitada por todo tipo de predicadores, grupos islamistas y demás. Hemos señalado aquí en múltiples ocasiones el juego del doble lenguaje de las sonrisas gubernamentales mientras que se alienta en la base un sentimiento anti occidental, en este caso anti francés. Es la forma que tienen esas élites enriquecidas y corruptas de mantenerse en el poder, negocios oscuros y agitación popular. De esta forma se enriquecen en los negocios y se aseguran el armamento que les mantiene en el poder mientras que se muestran ante sus pueblos como defensores de la fe frente a la corrupción occidental, cuna del ateísmo, el feminismo y visiones perversas y antinaturales del poder.

La perplejidad francesa es que acaban siendo ellos los condenados por el triple hecho de haber publicado las caricaturas, haberlas exhibido en una clase de libertad de expresión y finalmente por haber condenado el extremismo islamista. Los dos primeros hechos son condenables como blasfemias, algo por lo que en muchos de estos países puedes tener pena de muerte si no se anticipa algún piadoso ciudadano; y el tercero es condenado de forma contradictoria como "islamofobia", con lo que se da la vuelta a la tortilla y aquí no ha pasado nada.

Es siempre el mismo juego. El problema es que en un mundo global ya no basta con tener aislado a tu pueblo para tenerlo controlado y sumiso. Hoy, el crecimiento de los grupos radicales se basa en la agitación antioccidental que los gobiernos ven con preocupación pues saben que es la única vía de enganche hacia la sublevación. El fracaso de la Primavera Árabe, como hoy se proclama, sirvió a muchos gobiernos a entender con qué facilidad se puede levantar la gente. El problema de un movimiento no religioso, como fue la Primavera, es que carece de organización como para ir más allá de la sacrificada algarada. Pero tras estas protestas sí hay organización, la única posible en unos países en los que se ha hecho el vacío entre un poder autoritario y unos grupos sociales autoritarios lanzados en dos direcciones: contra Occidente y contra sus poderosos dirigentes. El liderazgo islámico se basa en el cumplimiento de las leyes islámicas, como muy bien repite la funcionarial institución de Al-Azhar y demás instituciones que convencen a la aceptación de la obediencia mientras el poder favorezca los mandatos coránicos.

Pero hay más luchas en Oriente Medio, aunque todas pasen por el mismo punto. Me refiero a la figura de Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, cuya guerra, una vez asentado el poder en Turquía mediante el desmantelamiento, persecución y encarcelamiento de cualquier oposición. Sabedor de la creciente debilidad de Occidente en los países de la zona por el vacío dejado por los Estados Unidos, aunque Trump no se haya enterado, Erdogan busca afianzarse como un líder global de la zona, amparándose en la debilidad de unos y la organización fuerte de otros. Me refiero al crecimiento en la sombra de los Hermanos Musulmanes, muchos de cuyos dirigentes se encuentran en Turquía, desde donde mantienen sus lazos ramificados por la zona.

El artículo en La Vanguardia se cierra con una mención expresa: 

El diario conservador Le Figaro publicó un editorial muy duro contra Erdogan, a quien llamó “hermano musulmán” –como la cofradía islamista– y comparó su “política del insulto” con la de Hitler. Según el rotativo, el presidente turco pretende “movilizar a los islamistas de todo pelaje contra Francia” porque ha sido el país que más ha criticado las injerencias turcas en Siria, Libia, Nagorno-Karabaj y el Mediterráneo oriental. Le Figaro advertía que el insulto es algo a tomar muy en serio porque, “para los islamistas, suele ser una invitación a matar”.* 

El boicot a los productos franceses y los insultos a Macron por parte de Erdogan forman parte de esa "estrategia del prestigio" islámico que Erdogan ha estado practicando con sus enfrentamientos con Europa, especialmente con Alemania —Merkel le paró los pies— y ahora con Francia. Pero todo obedece al mismo principio. Una vez que Europa frustró las esperanzas de Turquía de entrar en la Unión, Erdogan se quitó la careta de líder autoritario y faltón, que es concepto de liderazgo que funciona con las bases.

La desaparición del Estado Islámico deja abierto el espacio terrorista a grupos en la sombra (que agitan) y exaltados que ejecutan, pero el objetivo es el mismo, mantener abierta una guerra contra aquellos que consideran una influencia irrefrenable por efecto de la globalización de las comunicaciones, que abre las sociedades y obliga a la contra información.

Los casos como el de las "caricaturas" son utilizados para mantener viva la política agresiva y restrictiva. Así Occidente no se identifica con libertades y democracia, sino con la blasfemia, la islamofobia, la destrucción de las familias, etc., que es la campaña que se mantiene constante. Hoy, en Oriente Medio, es normal pensar, gracias a los artículos de prensa, las redes sociales o las declaraciones de sus dirigentes, que la Primavera Árabe fue un movimiento "occidental" para destruir el islam, que sus activistas estaban al servicio de la CIA; se repite una y otra vez que el "Estado Islámico" no es "islámico" sino una maniobra occidental para desprestigiar al islam; que el hecho que se grite "¡Alá es grande!" antes de decapitar a alguien es una mera casualidad, que en modo alguno tiene un sentido religioso. Y se podrían seguir añadiendo casos.

Mientras no solo no se frenen sino que se alienten condenas desde las instituciones (condena de Al-Azhar) y mientras esas condenas sean consideradas como sentencias de muerte por parte de los que lo quieren ver así, no habrá forma de ignorar lo que ocurre.

El boicot de Erdogan y Turquía a los productos franceses es otra forma indirecta de atacar y, a su manera, de mostrarse como el nuevo Nasser, el líder que pondrá al mundo islámico en el lugar que le corresponde como destino indudable. No hay más que una forma de entender el hecho y todo se interpreta en clave anti occidental. Y los muchos que opinan de otra manera se cuidan mucho de mostrarlo, pues supone una condena de muerte igualmente, una causación de ser un traidor occidentalista, de estar contra Dios, la familia, el islam en su conjunto. Y siempre habrá alguno que se preste a ser la mano ejecutora cuidadosamente inducido con las ventajas de llegar bien recomendado al paraíso, como ha ocurrido con el yihadista (otro término que, aunque ellos mismos se apliquen no gusta, que se utilice). Se trata, una y otra vez, de eliminar cualquier huella, mientras que por otro se busca la "islamofobia" a todo trance para mantener unido al grupo y prestigiar a los que denuncian la perversidad de occidente.

Esta actitud es, como hemos advertido, además de un fraude, un semillero de radicalismo que crece hasta que la cuerda se tensa tanto que ya no es necesario excusa para cometer el atentado, que es visto socialmente aceptable por sectores que se van radicalizando. Lo que enseña el atentado criminal de París es esa extensión de la trama: los que condenan y rechazan y los que finalmente actúan como brazos ejecutores de la sentencia implícita de muerte.

Y todo esto irá a más conforme las luchas sociales, políticas y religiosas internas se acrecienten. 

* Eusebio Val "Macron planta cara al boicot islámico a los productos franceses" La Vanguardia 27/10/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20201027/4936764364/macron-planta-cara-al-boicot-islamico-a-los-productos-franceses.html