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miércoles, 8 de mayo de 2013

La broma y un momento menos afortunado que otros

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace pocos días, por gastar una "broma" de mal gusto en el programa "Gran Hermano" —ese "experimento sociológico", como se calificó en un principio— se expulsó a una concursante de la "casa". Mientras cocinaban, los concurdantes hablan de las huelgas por los recortes, de las manifestaciones a las que han asistido. Un de ellas,  dice: "Yo solo he ido a una, la de "que vuelva ETA". "Joder, Argi, eso no lo digas ni en broma", le comenta una compañera.  La cadena —no la productora— decidió que la concursante no debía seguir en el concurso:

"Lo siento, lo siento, lo siento...". La concursante pidió perdón una y mil veces con disculpas como "Es un comentario que no tenía que haber dicho", "La cagué", "Soy una bocazas", "Sólo puedo pedir perdón" y "No es para nada lo que pienso".*

Pero la cadena ya lo tenía decidido: "Mediaset no puede pasar por alto este tipo de bromas". [...] "Hay temáticas sobre las que no se pueden aceptar bromas en un medio de comunicación".*
La "temática" de la broma era sobre la "necesidad" de que volviera la banda terrorista ETA. Cuando a la concursante se le mostraron sus palabras, tras el choque inicial y entre lagrimas lo vio con claridad "Soy una bocazas", "¡La rectificación..., ya ves tú... A una persona a la que le hayan matado un familiar, ya sé que no hay rectificación que valga!". Entendió rápidamente el proceso: que se había equivocado, que lo sentía, que pedía perdón, pero que ese perdón servía de poco ante el daño causado.
Contrasta esa actitud con la del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que en rueda de prensa se permitió, entre dientes, alguna frivolidad irresponsable y dañina. No tomo sus palabras de ningún medio escrito, sin que las transcribo tal como las escucho, porque no es lo mismo leer que escuchar. Es en la escucha en donde se perciben las intenciones y los sentidos en la ironía o el sarcasmo. Contestando a la pregunta de un periodista señala:

"Esto lo dejamos para luego, si le parece... Primero hablamos de lo de hoy y luego hablamos de otras cosas, porque el aborto tiene poco que ver con ETA, ¿verdad? Bueno, tiene algo que ver, en fin, pero no demasiado.**


La intención está, sobre todo, en el "bueno" y en el "en fin", que es donde reposa la conexión de los dos términos entre los que se hace la comparación entre el terrorismo y el aborto. Es en "bueno" donde se establece el vínculo y es en el "en fin" en donde se carga el sobreentendido. "Bueno" significa pragmáticamente "sí hay conexión" y "en fin" viene a significar "no voy a explicar lo evidente". La intención está también reflejada en esa mirada baja con la que lo dice, escondiendo los ojos, en cómo va bajando el volumen de su voz respecto a sus palabras anteriores. Todo eso es la intención que se muestra y se esconde en un doble movimiento. No hay duda sobre la intención.
Pero, a diferencia de la concursante que comenzó a decir "lo siento, lo siento, lo siento",  el ministro del interior —político— entra a "explicar" no lo que dijo sino lo que "no quiso decir".

Es evidente que en ningún momento se ha pasado por mi cabeza ni por mi voluntad, vincular el terrorismo etarra con el aborto o con las mujeres que practican aborto, eso por supuesto, jamás se ha pasado por mi cabeza, eso...**

El espectáculo pasa a ser sesión doble: el despropósito inicial de la declaración —absolutamente inaceptable — y el cinismo hipócrita de la aclaración negadora. Diciendo que "no se le pasó por la cabeza", el ministro ni rectifica ni pide perdón a nadie. ¿Por qué tiene que pedir disculpas por algo que ni ha dicho ni ha querido decir? Sin embargo, ha dicho lo que ha dicho y lo que quiso decir.


Dice el ministro en su aclaración en que "hay momentos en los que se está más afortunado que en otros". Una salvedad: en ninguno de los dos momento ha estado afortunado, ni en lo dicho ni en su explicación. Quizá es lo más que se puede esperar de un político, no que se pidan disculpas sino que nos quiera convencer de que entendemos mal. Entendemos correctamente, ministro.
Lo que la concursante de Gran Hermano entendió rápidamente —que había sido irresponsable, que lo sentía y que había hecho daño innecesario y que sus disculpas no iban a remediar ya nada—, le cuesta a este ministro que tiene, como algún otro, problemas de incontinencia verbal y estreñimiento rectificador, doble enfermedad que tiene su raíz genética en la soberbia.
Además de tener ministros "eficaces", que les gusta hacer ruedas de prensa cuando detienen etarras, habría que tener ministros "sensatos", que sepan mantener la boca cerrada, sin soltar la primera estupidez que se les pasa por la cabeza. Hay gente a la que los micrófonos les sienta muy mal.
Así lo entendió la diputada popular Celia Villalobos:

La vicepresidenta primera del Congreso, Celia Villalobos, ha exigido este martes "una rectificación en toda regla" por parte del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por su comparación "impresentable" del aborto con ETA.
"Espero que (el ministro) se haya equivocado porque me parece un error gravísimo que no comparto en absoluto", ha manifestado a los periodistas Villalobos, para quien comparar "cualquier cosa con ETA es impresentable".***


Villalobos acabó abandonando el hemiciclo por la intervención en el debate de una compañera suya que señaló "la mayoría de los abortos que tienen lugar en España se registran entre las mujeres "con menos formación"."*** Demasiado para el mismo día. Y se fue. Ahora todo parece arreglarse con "formación", del paro al aborto. A lo mejor también, con "formación", se podía arreglar la "política", porque hay mucho necesitado. Pero no tengo mucha esperanza.

La política está suficientemente encrespada para que se eche leña innecesaria al fuego. La incapacidad de saber estar, de saber diferenciar entre el eslogan callejero —reino natural de la demagogia— y la responsabilidad institucional, por su alcance y compromiso, es un mal que nos ataca sin piedad. La "broma" de la concursante era repetir lo que había escuchado en la "manifestación", que "volviera ETA" —el regreso del grito "¡ETA, mátalos!"—; la "broma" del ministro es lo que se puede leer y escuchar en cualquier manifestación contra el aborto: "aborto=terrorismo". La demagogia callejera asciende hasta llegar a las más altas cotas de la vida pública, contagiadas de estas afirmaciones irresponsables de muchos de sus miembros. Pero los gobiernos deberían ser un poco más responsables. Es lo menos que se puede pedir.
Jugamos con demasiadas cosas, con cosas muy serias, que necesitan reflexión y cordura. No es admisible la broma en la casa de Gran Hermano, pero menos todavía en una rueda de prensa con un ministro del Interior. Sus explicaciones, patéticas. La concursante fue expulsada y ahora sus seguidores se manifestarán para que sea readmitida en la casa. Se han conmovido por sus lágrimas.
Los ministros no lloran, ni en sus momentos menos afortunados.

* "Telecinco expulsa a una concursante de 'Gran Hermano' por un comentario sobre ETA" El Mundo 02/05/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/02/television/1367493002.html
** "Fernández Díaz rectifica: "En ningún momento he querido vincular el aborto con el terrorismo""  RTVE 7/05/2013 http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/fernandez-diaz-rectifica-ningun-momento-he-querido-vincular-aborto-terrorismo/1806773/
*** "Villalobos se va tras decir una diputada del PP que abortan las de 'menos formación' El Mundo 07/05/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/07/espana/1367954610.html






domingo, 17 de marzo de 2013

Natural o espías y matrimonios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las recientes palabras del Ministro del Interior sobre el espionaje de la "intimidad" deberían engrosar la larga lista de ocurrencias de los políticos. Hace apenas unos días, el ministro Fernández Díaz declaraba:

“Lo que conocemos vulgarmente como espionaje no se puede hacer. No se puede violar la intimidad de nadie y eso debe quedar garantizado; que ninguna agencia que quiera hacer actividades de detectives pueda hacer ese tipo de trabajos. Eso debe quedar muy bien tipificado”*

Creo que se debería exigir que las personas al frente de los ministerios tuvieran un poco más de sentido de la realidad. Si el ministro del Interior lo fuera de Economía, probablemente haría declaraciones diciendo que no se debe tolerar la "doble contabilidad", que hay que ponerle remedio; si de Hacienda, que defraudar está muy mal; si lo fuera de Educación podría decir que el Estado debe garantizar que lo que se enseñe sea verdad, y cosas de este tenor.


En esta línea, sus declaraciones sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, cuyos argumentos no deben ser "confesionales", sino "racionales", como la "supervivencia de la especie", le han dejado solo en el gobierno, que se ha desmarcado de su peculiar interpretación de la razón. Lo cierto es que para él es un gran avance plantearlo en esos términos, porque le parecen más modernos que hacerlo sobre los "confesionales". Y eso es lo irritante.

Quizá crea el señor ministro —y lo cree— que existe un matrimonio "natural", confundiendo las cosas un poco, pues nada hay en la naturaleza que sea así, con lanzamiento de arroz o sin él. Nada hay más "artificial", cultural, que el matrimonio, una "institución" regulada en cada sociedad con diferentes normas. Por escapar de los argumentos "confesionales" y usar solo los "racionales", el Ministro del Interior ha menospreciado a las parejas que adoptan, a las que no tienen hijos porque no pueden tenerlos, incluso a los célibes, a los que también ha declarado fuera de la "naturaleza", etc.. Eso sin contar a los ciudadanos que se han emparejado por su cuenta, sin institución por medio. En su visión "racional", los seres humanos vinieron al mundo con una "alianza" debajo del brazo, con un permiso provisional para mantener relaciones sexuales hasta que se encarrilara lo de la civilización y se regulara el matrimonio, años oscuros de la evolución de los que es mejor no acordarse. Afortunadamente, ya pasaron. Y todo está muy claro.

En un mundo sencillo, lo que está bien está bien y todo lo demás está mal. Y él sabe lo que está bien. Eso no solo le pasa al ministro, claro. Es un defecto frecuente. Hay que regular, pues, espías y matrimonios, para evitar que unos y otros se salgan de los cauces honestos y naturales, que son claros, sencillos, racionales. ¿Por qué la gente se empeña en hacer lo que no debe?
Sinceramente, prefiero alguien que diga "estoy en contra de esto por motivos confesionales", son los míos, es lo que creo, etc., a que se intenten camuflar bajo la capa de la "racionalidad" o de la "naturalidad" tratando de dejar a todo el mundo como idiotas. El problema del señor Ministro es que debe discutir en foros donde todos piensan lo mismo y se aceptan sus ideas con "naturalidad" y asentimiento general. La consecuencia suele ser la pérdida de sentido de la realidad, además de la imposibilidad de establecer diálogos reales e inteligentes, no en el sentido que el Ministro le da, por supuesto.


Tiene el Presidente del Gobierno —y algunos de sus ministros, a quienes se lo ha pegado— la costumbre de utilizar, cuando les preguntan algo, la expresión "No le quepa la menor duda", frase que me parece contraria a la "razón" en cualquiera de sus variantes, de Descartes a Spinoza. Creo que lo saludable es que nos quepan todas las dudas que podamos albergar, porque es la vía más eficaz al diálogo. Con aquel al que no le caben ya dudas no merece la pena debatir; tiene su "realidad" ya cocida y con una banderita decorativa en lo alto, como edificio que ha llegado a la altura final y de ahí no pasa. El que tiene dudas —nada de avergonzarse por ello— pregunta, se informa, se abre, en suma. Ayatolas ya hay bastantes.
La violación de la intimidad no es algo que solo competa a los espías. Puede hacerse desde muchas instancias, incluido un Ministerio.

* "El ministro reformará la ley para controlar las agencias de detectives" El País 12/03/2013http://politica.elpais.com/politica/2013/03/12/actualidad/1363113928_203432.html