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martes, 1 de abril de 2025

Marine Le Pen o por qué los políticos nunca son culpables

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ahora es Marine Le Pen. No hace mucho fue Sarkozy con otro tema de financiación ilegal de campaña electoral, que le pago el dictador Gadafi. Nosotros tenemos un montón de políticos dándose paseos de los juzgados a la cárcel.

Lo que une a casi todos ellos es que dicen que no han hecho nada, que todo son campañas políticas contra ellos para evitar que lleguen al poder. El modelo perfecto de este tipo es siempre Donald Trump, que se queja siempre de lo mismo, de que son persecuciones, conspiraciones, etc. Lo curioso del caso de Trump es que le funciona. El victimismo debe tener su encanto y la gente se siente solidaria con el acusado y lo considera verdad, que existe una serie de jueces malvados, de intrigantes mediáticos empeñados en hundir al político de turno. Esto le convierte en héroe o heroína, le da un tono épico a la vida política.


En el caso de Marine Le Pen, en 20minutos nos describen los detalles de esta manera: 

En su sentencia, los jueces del Tribunal Constitucional francés han considerado probada la existencia de un sistema ilícito de financiación en la estructura del partido de Le Pen, Agrupación Nacional (RN) -llamado Frente Nacional (FN) cuando se produjeron los hechos juzgados-. Este sistema habría sido ideado por Jean-Marie Le Pen y mantenido por su hija cuando fue elegida eurodiputada en 2009, y que utilizó "con autoridad y determinación" desde que en 2011 se hizo con las riendas de la formación.

A través de los diferentes testimonios y correos electrónicos revisados durante diez años de investigación, los magistrados consideran probado que, si bien no hubo enriquecimiento personal, sí se favoreció a sus dirigentes, que gozaron a expensas de la Eurocámara de sus propios guardaespaldas, y al propio partido, que sin esos ingresos hubiera quedado al borde de la quiebra. Los magistrados destacan también que el sistema de financiación permitió a la formación concurrir a diferentes comicios en condiciones ventajosas respecto a otros partidos, rompiendo la neutralidad democrática.

El texto de la sentencia es particularmente demoledor, hablando de "doble engaño", al Parlamento Europeo, por un lado, y a los electores por otro, una situación "sistémica" que duró más de doce años y "de especial gravedad" por la elevada cifra desviada: más de cuatro millones de euros.*


Pues ella lo niega todo. ¡Conspiración para que no llegue al Palacio del Eliseo cuando ya se ve dentro!

Lo cierto es que este victimismo conspiratorio es seductor, permite un tipo de discursos que a algunos les encanta. Sentirse el centro de las conspiraciones transmite cierto sentido de superioridad. Es una versión política del "¡Ladran, luego cabalgamos!". No es difícil vender estas cosas como una evidencia de la superioridad, del miedo de los otros, que recurren a cualquier cosa con tal de evitar la llegada al poder, como en el caso de Le Pen,

En RTVE.es nos dan los razonamientos de la ultraderechista francesa para explicar su condena y las consecuencias:

La líder de Agrupación Nacional (RN), Marine Le Pen, ha tachado su inhabilitación de "decisión política" para impedirle presentarse a las elecciones de 2027 y "ser elegida" presidenta de Francia y ha advertido de que no va a dejar que la eliminen "tal fácilmente". Además, ha garantizado que apelará "lo más rápido posible" para intentar salvar su candidatura.

"La magistrada se ha encargado muy claramente de aplicar la ejecución provisional de la inhabilitación, es decir, de hacer inútil mi recurso sobre este tema para impedir que me presentara a las elecciones", ha defendido en una entrevista concedida al canal francés TF1 Le Pen, que defiende que esta decisión "vulnera totalmente el Estado de derecho".

Según la líder de RN, "millones de franceses" van a verse privados, "sin apelación posible", de la candidata que "hoy se considera favorita para las elecciones presidenciales". Aunque sí puede apelar, la condena tiene efecto inmediato, por lo que está inhabilitada a partir de este lunes y el proceso podría alargarse y truncar su candidatura.**


Nos dicen que ya están llamando a "movilizaciones pacíficas" desde el partido, que se hace eco de las quejas. Es lo menos que pueden hacer, ya que este ha sido el primer y gran beneficiado del desvío de fondos europeos. La sentencia deja claro que no se ha beneficiado "personalmente", es decir directamente. Sí lo ha hecho por los efectos de la "inversión" en el partido, ya que es la dirigente principal y todo lo que le beneficie al partido la acaba beneficiando de una u otra forma.

El argumento conspiratorio es cada día más usado por los políticos —que copian lo que a otros les funciona— y cada vez más creíble en un mundo político cada vez más polarizado y con gente dispuesta a creer. El problema de convertir a la Justicia en un grupo de conspiradores es el debilitamiento institucional, su descrédito.

Su manifestación clara es el descrédito que se lanza contra la Justicia en cuanto que los políticos se sienten atacados o creen que le pueden sacar rendimiento electoral, como podemos ver en las polémicas recientes en España sobre decisiones judiciales. Las polémicas institucionales suponen una clara agresión al sistema de garantía de la independencia.

El hecho de que haya gente que vea en la política una forma de negocio, de acceso a los recursos y que no tenga escrúpulos en hacerse con ellos es muy preocupante. Podemos seguir repitiendo los tópicos sobre el "servicio", la "voluntad popular", etc. pero lo cierto es que la cruda realidad nos lleva en una dirección cada vez más agresiva de la política, menos servicial y mucho más de aprovechamiento de todo lo que esta permite.

Los apoyos dados desde el exterior son también muy reveladores. Han lamentado su situación y solidarizado con ella los trumpistas, el ruso Putin, el húngaro Viktor Orbán (ha escrito "je suis Marine!") y algún que otro amante de la integridad política. Esto ya nos dice algo. Pero esto va más allá de Marine Le Pen. Forma parte de una estrategia general de la ultraderecha para usar el victimismo, tanto el en nivel nacional como en el internacional. Saben que unidos en sus respuestas tienen más fuerzas y desatan las crisis institucionales. En el fondo son esas instituciones en las que se fundamenta la democracia y su defensa. Por ejemplo, Trump ya está hablando de un tercer mandato, algo que la constitución norteamericana no permite, ¿será una conspiración la que lo impida?

No sé si Marine Le Pen consideraba que estaba sirviendo a su amada Francia cuando se apropió del dinero europeo para otros fines. A lo mejor pensaba que estafando a Europa hacia un "buen servicio" a Francia. En el amor, hay de todo y no siempre se entiende.


* Nacho M. Jiménez "Las claves del caso Le Pen: el futuro de la extrema derecha en Francia se tambalea" 20minutos1/04/2025 https://www.20minutos.es/internacional/claves-le-pen-francia-futuro-extrema-derecha-5696279/

** Marta Rey "Le Pen tacha su inhabilitación de "decisión política" para impedir que sea presidenta: "No voy a dejar que me eliminen"" 31/03/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250331/pen-tacha-inhabilitacion-decision-politica-impedir-presidenta-no-voy-dejar-eliminen/16515236.shtml


lunes, 25 de abril de 2022

La lección francesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Son muchas las interpretaciones que se están haciendo sobre lo ocurrido ayer en Francia. Hay un sentimiento de alivio en toda Europa por la victoria de Emmanuel Macron, un respiro por lo que cada vez se percibe como un desastre, la llegada de Marine Le Pen al Elíseo. Lo que no se ve realmente es algún tipo de medidas que sean capaces de frenar lo que parece cuestión de tiempo y así nos lo presentan.

Es evidente que existe un problema y que ese problema está debilitando el sistema democrático girándolo hacia fórmulas aislacionistas y autoritarias. ¿Qué ocurre para que sean millones los seducidos por la fuerza de la ultraderecha y otros muchos millones a lo que les resulta indiferente el conjunto y se abstienen, facilitando así el ascenso de los populismos? Hacen falta, además de explicaciones, acciones que paralicen esos avances den distintos países. Y las únicas acciones posibles vienen de la eficacia en la resolución de los problemas que la sociedad percibe que no son atendidos. No hay mayor foco de desánimo que ver eternizarse los problemas. Es entonces cuando crece el descontento y surgen los cantos de sirena populistas que arrastran con su retórica crítica al conjunto del sistema.

Cada vez parece más claro que el fenómeno es mundial, por lo que cada país padece su propia versión en función de su propia problemática o, si se prefiere, la forma específica en que la crisis se desarrolla.

Uno de los argumentos que más hemos escuchado en las elecciones francesas entre ambas vueltas es la crisis de los "partidos tradicionales". Sin duda es uno de los factores, lo que no está tan claro es si son el efecto o la causa. ¿Por qué llevamos asistiendo, país tras país, al hundimiento de los partidos y al ascenso, por ejemplo, de figuras "mediáticas salvadoras", que van de un televisivo Trump a un no menos televisivo Berlusconi, a cómicos como Beppe Grillo que encabezan movimientos como el "5 estrellas", o el propio Volodímir Zelensky, ahora al frente de Ucrania, otro actor que salta de la TV a la realidad?

La falta de credibilidad de los políticos profesionales lleva a que gran parte del discurso político se centre en su crítica fácil, lo que permite, como hizo Donald Trump, presentarse como "anti sistema", lo que no deja de ser una gigantesca ironía. Lo que hizo Donald Trump con el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, para intentar acabar con la alternancia democrática en los Estados Unidos, la primera democracia en importancia, no es una anécdota, sino la confirmación de que, por unos medios u otros, es difícil sacar del poder a este tipo de planteamientos políticos una vez que llegan a él. Lo estamos viendo en los retrocesos democráticos de la Hungría de Orbán.

Sí, el crecimiento de estos grupos o movimientos, necesita de la destrucción del sistema, no de la competencia en el sistema. En la base de la democracia está la competencia para la convivencia resolviendo problemas para todos. Pero esto se ha convertido en otras cosas, como ha ocurrido en Francia: la lucha por la supervivencia o de destrucción del sistema. Marine Le Pen no propone una alternancia, sino dinamitar el sistema desde dentro, para comenzar, sacando a Francia del proyecto europeo común. Las propuestas de Le Pen no solo afectan a Francia. Las preguntas, entonces, se multiplican: ¿por qué 13 millones de franceses están contra la Unión Europea? Las explicaciones dadas al Brexit, la consolidación de la primera ruptura, no han sido muy convincentes, pero probablemente tengan que ver con esa forma de contemplar el poder y la creación de intereses. Si logras convencer a los británicos de que todos sus problemas se deben a Europa, estos se volverán lógicamente anti europeos. Y así ocurrió. Así está ocurriendo en muchos países en los que se repite el mismo mensaje antieuropeo. Mientras no se resuelvan los problemas, será fácil encontrar un tipo de mensaje que dirija la atención hacia aquello que se quiere destruir, a los obstáculos que impiden el acceso al poder. Hitler lo hizo y le funcionó.

El populismo no es un fenómeno único de Europa. Lo vemos triunfante en otros países como fórmula que lleva al poder, se instala en él y destruye el sistema desde dentro. Se basa en unas ideas simples que se convierten en líneas que todo el mundo entiende, porque uno de los factores esenciales es el fracaso del proyecto ilustrado educativo en beneficio del económico y de mercado.

Hay unas enormes diferencias educativas que se han ido produciendo al considerar la educación como una mera adaptación a los mercados y no una formación de las personas y de los ciudadanos, una doble dimensión que se ha perdido. Discusiones como las que tenemos en España sobre la "Filosofía" y otras humanidades no son triviales. Representan una visión del mundo y de las personas que solo son consideradas como productores y consumidores.

El proyecto populista es básico, apela a situaciones simples y comprensibles: la patria, lo nacional, los enemigos de la patria, el sentimentalismo, la historia gloriosa, los traidores, etc. Son conceptos básicos que plagan los discursos frente a una promesa, un futuro mejor, glorioso, para aquellos que forman parte del organismo nacional. La visión orgánica de los pueblos es esencial porque es la que permite establecer el doble movimiento de la identidad y de la distinción. Fue lo que dio paso al potente nacionalismo que surgió tras la caída del Antiguo Régimen. No es casual que los votantes de Trump o de Le Pen estén en zonas rurales, las zonas profundas de cada país, y en barrios marginales, frente a la modernidad de las ciudades, que tienden a ser más cosmopolitas.

Los partidos políticos tradicionales han entrado en una crisis con su profesionalización, dando lugar a líderes crecidos desde dentro y posteriormente promocionados mediáticamente. Hoy la política es comunicación y promoción, cultivo de imagen, anulación de los efectos del desgaste mediante campañas. Eso ha llevado a la promoción personal, del líder, convertido en mensaje. El líder lo cambia todo, como hemos visto con lo ocurrido en España con el nuevo líder del PP, Núñez Feijóo. El recién llegado (por más que lleve toda la vida en el partido) se presenta como una renovación.

El líder populista es carismático, pero se presenta como cabeza de un cuerpo comunitario, de un "movimiento", concepto que en España deberíamos entender muy bien en lo que se diferencia de un "partido". El movimiento es la negación del partido, por lo que el liderazgo se presenta de otra manera, incluso hereditario, como ocurre con los Le Pen. Pero lo hereditario, como cuestión de sangre, es más natural que lo electivo, que es cultural, una forma de evolución.

Hace unos años se empezó a hablar del "fin del bipartidismo", algo que casi todo el mundo consideró como "saludable" en la medida en que abría el horizonte y la oferta política. Hoy vemos las consecuencias: aparición de grupos radicales populistas a derecha e izquierda, la desaparición del centro político y los pactos que debilitan las posibilidades de gobierno. Los grandes beneficiados han sido los populistas, mientras los grandes partidos de base democrática siguen en el malsano deporte de destrozo mutuo en vez de las colaboraciones para construir mejor y no tener que estar haciendo y prometiendo deshacer.


La desaparición del centro es una tragedia política porque el desangrado de la frustración se acaba canalizando hacia dos puntos: la abstención y la radicalización. La primera es resultado del desinterés o de la incapacidad de encontrar un destino para el voto propio; la segunda del enfado por la incapacidad política de ofrecer soluciones a los graves problemas a los que las sociedades se enfrentan.

Que en España, en las reciente elecciones de Castilla y León, se haya llegado a partidos provinciales exitosos, debería analizarse como un fracaso de los partidos existentes, en los que los ciudadanos han dejado de confiar y en agrupamiento en "movimientos" destinados a atender sus propios problemas locales. Los grandes partidos han calculado mal pensando que el fraccionamiento les beneficiaría, como se ha demostrado en esas elecciones. Lo que han conseguido es que sea imposible gobernar en solitario y que la compañía no sea la más cómoda, algo que ocurre al PSOE en el gobierno y al PP en la Autonomía. Es probable que esta situación se repita en distintos lugares muy pronto. Vox ha aprendido de la estrategia de Podemos en el gobierno central: apuntarse los éxitos, culpar al socio mayoritario de los fracasos y asegurar que en el futuro, si se les vota, lo harán mejor.

Desgraciadamente, lo que estamos viendo en Francia no se ha acabado con la victoria de Macron. La propia Marine Le Pen ha visto su derrota como una victoria. Todo lo que sea crecer será tomado como un avance. Y lo es. Fieles a su retórica del destino nacional, lo suyo es el "inevitable triunfo de Francia". La simbología creada en elecciones anteriores de la Marine Le Pen como Juan de Arco volverá.

Europa no reacciona a los avances de los que quieren destruirla porque se ha convertido en un problema más que se acumula en la lista de los que hay que resolver. El germen de la destrucción de la Unión está dentro de la Unión. El mundo que estamos creando no es el adecuado para resistir estas tendencias y hace falta pensar soluciones porque la alternativa, está claro, es encontrarnos en una situación de entreguerras, por un lado, y de Guerra Fría por otro. La sintonía de Marine Le Pen con Putin, su deseo de restablecer la concordia con Rusia ignorando su deseo de seguir tragándose Europa nos permite entender que esto es cosa que nos afecta a todos. Esa Europa de la Naciones que propugnan los populistas no es más que una fantasía que reduciría el espacio europeo a un mosaico fragmentado donde se acumularían los problemas de convivencia. Es algo que tiene muchos animadores, como ocurrió con el Brexit.

Son muchas las críticas que se están haciendo a Alemania por su resistencia a frenar a Putin con un embargo. Los intereses económicos están detrás de esta situación. En el caso de Francia, los intereses populistas son más peligrosos porque Putin vende algo más que gas, petróleo y trigo. Vende, sobre todo, un modelo autoritario e imperial, el de la "grandeur" rusa, algo que sintoniza bien con Le Pen y demás nostálgicos de una forma obsoleta de pensar en los países.

Hace falta mucho análisis por parte de los propios partidos, un cambio y una forma de hacer política distinta para que los populismos dejen de crecer. Como dijimos al principio, no pueden seguir alimentándose de la idea de que son ellos quienes se preocupan por los ciudadanos ante la indiferencia egoísta y tecnocrática de los partidos políticos tradicionales. Unos y otros tienen que ver dónde está la debilidad y dónde la fortaleza del sistema democrático, dejándolo de convertir en jaula de grillos y pelea de gallos. Es de esto de lo que se alimentan sus enemigos. La política eficaz se alimenta, en cambio, de acuerdos que benefician a las grandes mayorías, de la atención a los problemas sociales y a destinar energía y conocimiento a solucionarlos. Se ocupa de la concordia y la calidad de vida para todos. Lo que hace daño es lo contrario, los escándalos de corrupción, los comisionistas que se benefician de la inoperancia de la burocracia, la incontinencia verbal de los políticos frente a la realidad de los hechos, etc. ¿Serán capaces los partidos actuales de comprender o, por el contrario, han llegado a un nivel de aislamiento de la realidad que les hace pensar solo en triunfos electorales y no en resolver problemas sociales?

La lección francesa es clara; lo que hagamos con ella es otra cosa. Macron ha ganado, pero está por ver si Marine Le Pen no lo ha hecho también.

viernes, 22 de abril de 2022

Le Pen, Merkel y Putin

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las próximas elecciones francesas —y probablemente otras próximas en diferentes países— tienen lo que podemos llamar de forma general "dimensión europea", pero que se puede afinar como una "dimensión rusa". Si bien, en general, Europa condena la bárbara invasión rusa de Ucrania, las diferencias se comienzan a manifestar cuando se abordan las medidas que hay que tomar en el apoyo a Ucrania y, especialmente, en los efectos sobre los propios países.

En el diario ABC, su corresponsal en París, Juan Pedro Quiñonero, recoge los efectos del segundo debate presidencial y tras señalar la creencia en la victoria de Macron por parte de las encuestas realizadas, cierra su análisis así:

Desde hace días, la prensa europea de referencia política y financiera había insistido en la dimensión continental del duelo entre el presidente saliente y la candidata conservadora, que propone «desmantelar» la Unión Europea (UE), sustituida por una Alianza de Naciones Soberanas que debería tener, a su modo de ver, «relaciones privilegiadas» con Rusia.

En ese terreno, Financial Times, resume el debate con este titular: «Emmanuel Macron acusa a Marine Le Pen de dependencia de Vladimir Putin».

Desde esa misma perspectiva, la Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), presenta el debate con este titular: «Le Pen: "No deberíamos hacernos el harakiri para castigar a Rusia». Südetusche Zeitung prefiere insistir en el 'detalle' internacional más sensible del debate: «Macron acusa a Le Pen de depender de Putin».*


Más allá de la dudosa calificación de "conservadora" a la dirigente ultraderechista, la cuestión planteada es de crucial importancia porque supone un compromiso oficial en campaña, es decir, un proyecto para Francia y para Europa y sus relaciones internas y externas.

Lo expresado por Le Pen de una "alianza privilegiada" con Rusia va en contra de todo lo que en este momento se está manifestando de forma oficial por Europa, que es cómo reducir la dependencia creada en décadas con una combinación de ceguera e intereses creados, como se va desvelando al sacar a la luz todo el entramado político y económico tejido por Rusia en décadas.

A veces las cosas se comprenden mejor mirando hacia atrás, recuperando lo que la velocidad de vértigo de los acontecimientos ha dejado por el camino. Recupero un artículo de agosto de 2021, firmado por Xavier Colas en el diario El Mundo con motivo de la retirada de Angela Merkel,  que lleva por el hoy visto irónicamente título "Putin se despide de Merkel recordando que Rusia ya no quiere revoluciones":

Han sido una 'pareja' imposible pero longeva. El presidente ruso, Vladimir Putin; y la canciller de Alemania, Angela Merkel, se dijeron adiós en Moscú. Ella, al mando de la locomotora de la UE, dejará el poder el mes que viene sin haber atraído a Putin hasta la legalidad europea. Él ve marcharse a una interlocutora privilegiada, capaz de separar el gas de los derechos humanos pese a las presiones de EEUU. Él habla muy bien alemán y ella entiende perfectamente el ruso: suficiente para comprenderse sin estar de acuerdo, cada año, durante más de década y media.

[...]

Putin estaba más atento a los negocios. Aseguró que Rusia cumplirá con sus compromisos sobre el tránsito de gas a través de Ucrania a pesar de la nueva ruta en el Báltico, aunque condiciones. La principal pega al NordStream 2 ha sido que, además de aumentar la dependencia del continente respecto a Rusia, devaluaba el valor geopolítico de Ucrania, un país invadido y amenazado por Moscú y los separatistas armados. Si Ucrania deja de ser la tubería de los europeos, será más fácil prenderle fuego en el altar de una Rusia sin límites. Putin está dispuesto a seguir bombeando su gas a través de Ucrania después de 2024, pero para ello necesita detalles sobre futuras adquisiciones de combustible por la UE. "No podemos firmar contrato de tránsito hasta que tengamos contratos de suministro a nuestros clientes en Europa".**



El segundo párrafo citado explica mejor lo que está ocurriendo, pues anticipa lo que iba a ocurrir: al crear una vía alternativa a Ucrania para la conducción del gas, esta deja de tener valor. Putin no quería "revoluciones", pero sí una guerra depredadora que busca crearse —basta con ver el mapa de operaciones para entenderlo— una franja de seguridad de todo lo que es el sur y las salidas al mar, para lo cual ya se tragó Crimea.

La frase en negrita del artículo hace referencia a que mientras a Merkel le interesaban los derechos humanos, a Putin le interesaban los negocios. Esta fórmula en la que basta con poner sobre la mesa algunos problemas para seguir comprando y vendiendo se ha ido extendiendo de una forma bastante hipócrita. Su escenificación es sencilla: me reúno con el otro y le planteo algunos problemas en la rueda de prensa final, lo que en lenguaje mediático se llama una "postura firme", pero luego no actúo más allá, todo lo más una sancioncilla de nada para volver a casa dignamente y mantener el tipo ante mi electorado.

Hoy podemos interpretar de esta forma muchas de las reuniones internacionales. La retirada de Merkel es cada vez más interpretada por analistas como un punto crucial de este laberinto económico y político de la dependencia de Rusia, hoy claramente percibida como un arma planificada con la que piensa afianzar sus conquistas, término al que ya no hay que poner comillas porque es lo que mejor describe sus actuaciones.

22/09/2021

Putin ha esperado hasta el último momento para asegurar una crisis económica, de crecimiento, de inflación, etc. Las fechas de subida de la energía son previas a la invasión y no deben separarse de ella, forma parte de lo que hoy llaman esa "guerra híbrida" en la que se entremezcla la desinformación, la inflación, la agitación y la invasión, todas ellas acciones programadas y coherentes con los objetivos.

Europa está preocupada por las líneas ocultas de dependencia, como las que han salido con las elecciones francesas, de las deudas millonarias de Marine Le Pen con los bancos rusos, algo que se sabía desde hace tiempo, los apoyos que se señalaron ya hace tiempo de financiación del Brexit (una maniobra exitosa para el debilitamiento de Europa), los escándalos ucranianos sobre el hijo de Joe Biden solicitados por Trump para su campaña electoral y que se le frustraron, la dependencia alemana del gas ruso que ha hecho de Alemania un elemento de boicot a las demás medidas y con cuyo dinero se está financiando la guerra, los lazos de políticos europeos con empresas rusas y de rusos en empresas europeas... Es un sinfín de hilos en la telaraña que Vladimir Putin ha tejido sobre Europa.



Dirigentes, ex dirigentes y futuros dirigentes deben ser bien observados porque pueden saltar sorpresas en muchos países al ver que no les hacían ascos a las llamadas golosas desde Moscú. La pregunta sobre Rusia debería ser obligatoria en cualquier prográma político o electoral. Mejor evitar sorpresas.

El programa electoral de Marine Le Pen es un programa claro en dos sentidos: disolver la Unión Europea y tener a Rusia como socio preferente. Decir esto hoy, con miles de muertos por enterrar o enterrados en fosas comunes, con más de cuatro millones de desplazados por la invasión, es un insulto a la inteligencia francesa y europea. Llamarla "candidata conservadora" es un lapsus o un insulto a la inteligencia de los lectores españoles.


Lo que parece evidente es que los lazos creados con la Rusia de Putin van a ser determinantes en muchos aspectos de la próxima vida política europea y mundial. La "debilidad" que Putin ve en las democracias es precisamente la de la discordia, es decir, la necesidad de los dirigentes de justificar las privaciones a las que nos vamos a tener que enfrentar. Él no tiene ese problema dado el carácter autoritario, represivo y propagandístico de su régimen. Son dos modelos los que están frente a frente, por eso es escandaloso el programa de Le Pen y vergonzosas las reticencias de algunos países que no quieren (¿quién quiere?) ver frenado su desarrollo. ¿Ha mantenido Alemania su carácter de "locomotora europea" gracias a los beneficios del gas ruso? Es una buena pregunta que hace cuestionar a algunos analistas el legado de Merkel, ya que han sido esa década larga de amistad la que han creado esta dependencia.


¿Fue la retirada de la hoy silenciosa Merkel el disparo de salida de lo que está ocurriendo hoy? La cuestión no es trivial, aunque lo que importa ahora es cómo sacudirse esa dependencia que obliga a cambiar muertes por gas y trigo.

Que los lazos de Putin hayan apostado por Francia, con Le Pen, y con Alemania, con ex dirigentes silenciosos otros en consejos de empresas rusas; con la Italia de la ultraderecha de Mateo Salvini o los populismos nacional-derechistas en Hungría, por citar lo más evidente, es bastante significativo. Es el peligro que Francia debe conjurar este domingo en la urnas. De no hacerlo, el desastre está servido más allá de lo que podamos imaginar.

Los analistas del voto francés señalan que el máximo poder de Marine Le Pen se encuentra en las clases más desfavorecidas, en los que padecen más las crisis económicas y de empleo, la inflación, etc. Son las más proclives a este populismo nacionalista que responsabiliza a Bruselas de su pobreza y olvido. Si no se cortan estos discursos con hechos, con demostraciones de la preocupación real, no demagógica, de las instituciones, es cuestión de tiempo para que ese tercio de los votantes de la izquierda de Jean-Luc Mélechon, dispuesto a votar a Le Pen se amplíe y se extienda por esta Europa nuestra, huérfana de luces y lanzada a emociones peligrosas.


ElDiario.es 7/03/2022

* Juan Pedro Quiñonero "Macron gana a Le Pen en un debate marcado por las acusaciones de «dependencia» de Putin de la extrema derecha" 21/04/2022 https://www.abc.es/internacional/abci-macron-gana-debate-marcado-acusaciones-dependencia-putin-extrema-derecha-202204211016_noticia.html

** Xavier Colas "Putin se despide de Merkel recordando que Rusia ya no quiere revoluciones" El Mundo 20/08/2021 https://www.elmundo.es/internacional/2021/08/20/611fe986fc6c8357348b45e5.html

 


lunes, 11 de abril de 2022

El peligro francés

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia en Francia es doble: la suma por parte de la ultraderecha de un 30% del electorado, por un lado, y el hundimiento de los dos partidos tradicionales, el republicano y el socialista. Si bien el respaldo a Macron parece sobrado por lo manifestado hasta el momento por los participantes contrarios a instalar a Marine Le Pen en el Palacio del Elíseo, las preguntas que deben ser planteadas y resueltas son las que se refieren a las raíces del mapa político, al cambio de un modelo casi bipartidista a estos modelos fragmentarios en los que prácticamente desaparecen partidos que antes eran mayoritarios.

Quedan en el aire francés dos cuestiones: el peso de la abstención habida y su reparto posterior en la segunda vuelta y el grado de obediencia de aquellos que han votado para llevar sus votos a ambos candidatos, Macron y Le Pen. ¿Los que se han abstenido en la primera vuelta, lo harán en la segunda? ¿Los que han participado en la primera, lo seguirán haciendo en la segunda y, además, en el sentido que les han recomendado? Estas dos preguntas son la clave del destino francés, aunque uno tiene más posibilidades que la otra, pero nada es seguro.

El sistema de partidos ha sido históricamente construido por una combinación entre ideología y aparato, es decir, es una organización específica cuyo objetivo es reunir a los votantes en torno a un ideario determinado. Los partidos políticos han ido relativizando el peso ideológico y se han hecho más pragmáticos, lo que hace que su imagen se diluya en beneficio de la unidad personalizada, el candidato. Parafraseando a McLuhan, el candidato es el mensaje. Y esto ocurre en dos sentidos, el del apoyo y el de la negación. Estás dispuesto a votar a un candidato y no tienes la más mínima intención de votar a otros. Ahí reside en gran parte el peligro en Francia.

En RTVE.es se dedica al análisis del futuro de los votos de Jean-Luc Mélechon (21,95%), el tercer candidato más votado tras Macron (27,6%) y Le Pen (23,41%):

Más de una cuarta parte de las personas que afirmaban que iban a votar por Mélenchon en la primera vuelta anticiparon que se decantarían por Le Pen en caso de un duelo entre ella y Macron en la segunda vuelta, según las encuestas de las últimas semanas.

El líder de Francia Insumisa ha afirmado que entiende el "enfado" de sus seguidores tras los resultados de la primera vuelta de los comicios, pero ha insistido en que eso no debe conducir a "cometer errores que serían irreparables".*


Que el 25% de los votantes de un partido de izquierda estén dispuestos a votar a una candidata de la extrema derecha solo puede significar que son anti Macron como parte de esa ideología personificada. Su deseo real es sacarlo del Elíseo, aunque para ello tengan que "cometer errores irreparables", por usar la expresión de Mélenchon. El mismo artículo de RTVE.es señala que Mélenchon ha dicho que no cometan errores, pero no ha dicho expresamente que voten a Macron´, algo que sí han hecho otros. ¿Lo hará en los próximos días o está invirtiendo en su candidatura para la siguiente elección? Demasiada incertidumbre ante un futuro complicado.

En las últimas décadas, el pragmatismo de los partidos ha ido centrando en los líderes el foco de interés, dejando progresivamente el peso ideológico. Esto ha fomentado el crecimiento de partidos, muchas veces como escisiones de grandes partidos, a la vez que su debilitamiento. En ocasiones, algunos políticos han creado partidos personales, con la maquinaria necesaria para poder conseguir su escaño y poco más. En otras, el peso personal ha apostado por objetivos mayores aprovechando el tirón personal, como Berlusconi en Italia, por ejemplo. También Italia ha vivido la desfiguración del mapa político y la creación de un mapa personalizado.

La tendencia a la fragmentación tiene un límite, llegado al cual se produce el movimiento contrario, agrupaciones de múltiples partidos que eligen entre ellos a los líderes que deben ser "mostrados" y utilizados como banderín de enganche. Tenemos ejemplos claros de esto en España.


Lo que sí parece claro es la crisis del modelo de partido, los cambios en su funcionamiento interno respecto al pasado y la forma de proyectarse hacia la opinión pública.

Los partidos políticos son ahora un claro ejemplo de organizaciones que funcionan mediante el análisis de las respuestas de la opinión pública. Los constantes sondeos sobre cómo reacciona la opinión ante cada paso dado permite evaluar las decisiones inmediatas. Ya no se trata de saber "qué quiere la gente", sino de saber "qué quiere la gente cada día", para lo que se dispone de bien organizados estrategas con acceso continuo a las fuentes de datos sobre las intenciones de voto. Se trata de crear después el mensaje que confirme lo que la gente espera tratando de mantener una perspectiva acorde con las expectativas creadas.

Las grandes oscilaciones que ha producido la guerra de Ucrania en las intenciones de voto en Francia nos muestra la alta variabilidad de los electorados, que pueden girar en un momento dado ante una noticia determinada.

Francia, entre otros países europeos, desarrolló leyes para prevenir las entradas de hackers —rusos, esencialmente— cuya función era alterar los resultados electorales con este tipo de informaciones a las que son especialmente sensibles. Este tipo de reacción protectora nos da cuenta de lo fácil que resulta actuar sobre el cuerpo electoral planificando momentos clave en los que incidir. Un atentado, por ejemplo, puede dar un giro electoral y llevarte a perder una elección cuyas encuestas te daban ganador unas pocas horas antes.

La situación francesa es preocupante. Es una de las grandes democracias europeas y un pilar esencial de la Unión. La llegada de un partido de extrema derecha al Elíseo, de un partido con sólidos contactos con la Rusia de Putin, que lo ha financiado (le deben ocho millones de euros a los bancos rusos), es preocupante en un momento en que Europa está amenazada directamente por la guerra y sus efectos en cadena.

Los imprevisibles vaivenes en el tablero de juego de la política hacen que cada elección europea sea mirada con temor a un giro que pueda dar al traste con lo que ha costado tanto crear. El ejemplo claro en es Brexit, en donde la ligereza de los dirigentes de la derecha británica sacó al país de Europa. Las consecuencias las vemos todos los días. Una Europa débil ante las amenazas en sus puertas es el peor escenario y el que todos temen.

Que la suma de las dos ultraderechas francesas supere el 30% de los votos, que haya una fuerte abstención en las presidenciales no son buenos augurios porque marcan un línea peligrosa. Los triunfos en países como Hungría o Polonia de grupos populistas de corte nacionalista hacen ver que el modelo se está deteriorando y que lo seguirá haciendo si no se ponen las medidas necesarias. Estas han de llegar de la inspiración realmente democrática de los partidos. Hasta el momento, la respuesta ha sido intentar absorber las demandas que los populistas predican, lo que no es un buen camino. Por primera vez en España, el ultraderechista Vox ha entrado en un gobierno regional. Lo ha hecho sustituyendo la combinación anterior con un partido centrista al que han ido desmigando entre la derecha y la ultraderecha.


El mapa francés no es demasiado bueno para el futuro y es peligroso para todos, Europa incluida. La Unión es un equilibrio demasiado fino como para resistir muchos de estos ataques a sus cimientos. Lo que vemos ya en algunos países, que acaban siendo sancionados por la Unión, es cada día más desafiante. Las sanciones que se les imponen son compensadas muchas veces por el trato de favor que reciben de Rusia por su apoyo.

Queda una segunda vuelta en Francia. Es la oportunidad de evitar que ese porcentaje de Marine LePen aumente y que la idea francesa de Europa no cambie. Los tiempos están muy complicados para añadirle más aventuras peligrosas.

El voto de ese 25% de la izquierda de Mélenchon que se muestra proclive a apoyar a Marine Le Pen parece una aventura excesiva ante los márgenes que la democracia francesa se puede permitir. También dice mucho sobre el extraño sistema político que hemos creado y sus consecuencias. Cada vez queda más claro a quién favorece la excesiva fragmentación del marco de los partidos políticos. 

* "Mélenchon aglutina el voto de izquierda con más del 21% y su electorado será clave en la segunda vuelta" RTVE.es 11/04/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220411/elecciones-francia-melenchon-voto-izquierda/2330122.shtml

viernes, 27 de diciembre de 2019

Putin y Cataluña o fum-fum-fum

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No acabo de entender muy bien la información del diario El País sobre la presencia de espías rusos en Cataluña. Tras leer sus idas y venidas, sus llegada a Barcelona y salidas por Italia, etc. me quedo un poco como estaba. ¿De verdad tenemos que echarle la culpa a los rusos del desastre catalán? No digo que no hayan echado una mano allí donde hay tendencia al caos, pero todo el mundo sabe que los rusos están allí donde sea necesario para molestar todo lo que puedan, liarla si es posible y tirar la cerilla final si hace falta. Hace mucho que la estrategia de algunos países es ayudar en los incendios a que no se apague el fuego.
Vamos a tener de presunto ministro o vicepresidente incluso a un señor que se hizo famoso en una emisora iraní y ¿le vamos a poner peros a los rusos? Vamos a tener el gobierno a personas financiadas por el chavismo y ¿nos vamos a quejar? No lo entiendo muy bien.
Tras contarnos muchas idas y venidas por España de horas o días, el diario El País cierra su información yendo al punto central:

Fuentes de La Moncloa y del Ministerio del Interior declinaron ayer comentar los nuevos datos sobre la presunta presencia de tres agentes de la Unidad 29155 en Barcelona. El Gobierno en funciones de Pedro Sánchez ha mantenido un estricto hermetismo sobre las supuestas actividades de este grupo en España desde que el pasado 22 de noviembre EL PAÍS desvelase que el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón había abierto una investigación que aún mantiene secreta. De las pesquisas se había hecho cargo la Comisaría General de Información de la Policía Nacional, responsable de la lucha antiterrorista.
Fuentes diplomáticas españolas admitieron ayer que las sospechas del Gobierno español sobre la existencia de interferencias rusas vienen de lejos. “A partir de la primavera de 2018, y con posterioridad al caso Skripal, los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses facilitaron información sobre diversas acciones de desestabilización de los rusos en suelo occidental, que en el caso de España se focalizaban en Cataluña”, señalan.
El Kremlin y el Ministerio de Exteriores ruso han negado rotundamente cualquier tipo de interferencia en Cataluña y en los asuntos internos de España. A finales del mes pasado el Gobierno ruso cargó contra lo que definió como un “interés enfermizo” de algunos medios españoles en “resucitar” un “tema medio olvidado”. Moscú habló entonces de una “campaña anti-rusa”.*



Después de darnos constancia de entradas y salidas, no deja de ser fascinante que tanto detalle se resuelva sin un solo dato de lo que hicieron, si se tomaron un bocata de butifarra, por ejemplo, nada. Las "nada" en estas noticias siempre son más sospechosas que los "algo".
No sé tampoco a que llaman el Kremlin y el Ministerio de Exteriores ruso un "tema medio olvidado", que es una expresión interesante para un tango, pero que aquí no sirve de mucho. La noticia quiere llegar a ser, pero se queda en una insinuación de algo que todo el mundo sabe que es más que una insinuación: la participación rusa en todos los movimientos europeos desestabilizadores y, especialmente, los que contribuyen al desmembramiento de la Unión Europea, algo en lo que coincide con Donald Trump (Mr Brexit, quiere que le llamen).

Sorprende tanta insinuación en la noticia catalana cuando se han dado muchos más detalles de los contactos con los grupos populistas europeos, de Marine LePen a Nigel Farage, las maniobras rusas en Ucrania antes del derrocamiento del infame Víktor Yanukovich y con las posterior intervención. Tampoco hay que dejar las sonrisas rusas a países como Hungría, con otro destrozador de Europa, Víktor Orbán, o las visitas interesadas y circunstanciales de Turquía cuando se le aprietan los tornillos (aunque Turquía ya no sabe a qué jugar ya). Tampoco hay duda del papel que está jugando actualmente en países como Venezuela, ya directamente, sin necesidad de Cuba.
En fin, parece que el único sitio donde se actúa con sigilo es en Cataluña, una pieza de libros de la desestabilización desde que se persiguiera a los políticos catalanes en 2011 por las calles y alrededores del "parlament" y estos decidieran ponerse detrás en las persecuciones y no delante.


Desde que Rusia fue sancionada por la Unión Europea por lo ocurrido en Crimea y la frontera con Ucrania anexionándose territorio y levantando a los "prorrusos", vistiendo a los soldados de "civiles" (las madres rusas protestaron porque no sabían nada oficialmente de sus hijos, que según el ministerio estaban de "vacaciones", y querían pensiones por los muertos en esa guerra tan rarita).
Los intereses de los Estados Unidos de Trump han coincidido con la visión del mundo de Putin, reducción de Europa y China, con estrategias diferentes. A China le interesa un mundo en paz porque su fuerza es el gobierno; a los Estados Unidos, un mundo en guerra porque su negocio ha pasado a ser la protección y la venta de armamento, como bien saben los saudíes, egipcios, etc., principales compradores de armas. La OTAN ha pasado a ser un negocio norteamericano que no quieren que se les escape por exceso de "paz".


Los intereses rusos están muy claros en el debilitamiento de Europa, como lo están los de los Estados Unidos. Ya nadie habla del cerebro de la ultraderecha y del supremacismo blanco norteamericano, que se vino para Europa de "sembrar", el ex asesor de la Casa Blanca y cerebro estratégico, mente del sitio de noticia difusor de mentiras y conspiraciones Breitbart, Steve Bannon. De ese se habla poco, aunque no se sepa nada de los rusos, en cambio, de habla mucho si decir nada, porque nada dice El País en su artículo navideño.
Rusia está por toda Europa de forma presencial y virtual, suministrando informaciones y difundiéndolas, financiando y propagando noticias, a ser posible falsas, que son más baratas. Hoy eso es un hecho contra el que todos los países europeos han levantado defensas logísticas, digitales y legales, en especial durante las épocas electorales.


Ponerse a hablar de espías, divisiones especiales, etc. no es más que marear un poco la perdiz, hablar de dado por hecho y de lo que interesa es saber los detalles, como han salido a la luz en algunos países con detalles claros de financiación, viajes de políticos al Kremlin, etc.
Puede que se sepa tanto y tan suculento que no se pueda decir, pero no es la impresión que da. Traería mucha más cuenta dejar en claro las cosas que sabemos que imaginarnos las que podríamos saber.
El problema catalán puede tener salsa rusa como la puede tener barbacoa. Lo que se está construyendo estos días es un castillo de naipes en el que un estornudo (no sé si ruso o de otra nacionalidad) dará con todo al traste desde el momento en que alguien diga ¡basta! o las líneas rojas lo sea de vergüenza. Quizá estamos tan pendientes del detalle (la investidura) que no estamos viendo el aspecto del salón en el que pretendidamente se va a realizar la ceremonia de la confusión.
No, no hacen falta muchos rusos para este disparate propio. Estas cosas vienen ya de antes del zar Nicolás. No creo que haya unidad de inteligencia rusa que lo entienda y al que se lo cuenten después no se lo cree. Si no lo entendemos nosotros, ¡ya me contará los rusos! A lo mejor hay que pedirle sus notas a los espías rusos para acabar de aclararnos. ¡Quién sabe!
Si los rusos están invirtiendo en desestabilizarnos, se lo pueden ahorrar.


* "Tres espías de la unidad rusa investigada viajaron a Barcelona en 2016 y 2017" El País 27%12/2019 https://elpais.com/politica/2019/12/26/actualidad/1577390796_094918.html