Mostrando entradas con la etiqueta Etología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Etología. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de junio de 2014

Las estrategias del pollo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El actual número de la revista Investigación y ciencia (n 453 - junio 2014) trae un estupendo artículo titulado "Un ave ingeniosa". Entre textos dedicados a los problemas que se le plantean al "modelo estándar" en Física si no aparece pronto lo que tiene que aparecer y lo de la supersimetría sale adelante, otros dedicados a cuestiones moleculares o al calentamiento global, problemas para los que uno está ya mentalizado, me ha dejado a anonadado uno dedicado a los pollos, pues a ellos hace referencia el título del artículo. Pollos.
Las autoras del texto, Carolyn L. Smith y Sarah L. Zielinski (investigadora en cognición animal de la australiana Universidad de Macquarie y escritora científica, respectivamente), nos desarrollan un interesante panorama sobre el comportamiento de estas aves. Con la investigación animal suele ocurrir lo contrario que con la humana, es decir, que cuanto más profundizamos en el comportamiento de los animales descubrimos mayores grados de inteligencia. Partimos del principio de la estupidez animal y luego nos sorprende encontrarnos con muestras de lo contrario.
Como debe ser en un buen artículo de este tipo, las autoras comienzan haciendo un poco de historia sobre los descubrimientos paulatinos que nos han ido llevando a interesarnos por los pollos más allá de la gastronomía, guiados por descubrimientos interesantes sobre sus capacidades y comportamientos. Con un poco de observación, los investigadores pronto se dieron cuenta de que los pollos no eran unas aves estúpidas como habíamos pensado, sino que tenía comportamientos inteligentes. Diseñando formas de observación interesantes de sus relaciones en grupo, comenzaron a recoger sus reacciones y formas de comunicarse. Les crearon un entorno virtual controlado mediante el que podían hacerles ver en pantallas distintos elementos (compañeros, rivales, depredadores) y observaron sus reacciones en cada caso. Nos dicen:

La realidad virtual condujo a una revelación sorprendente: las vocalizaciones y los gestos del pollo transmiten información específica que sus semejantes entienden. Así pues un ave no necesita ver una rapaz con sus propios ojos para comportarse como si la estuviera viendo; le basta con oír la señal de alarma de un compañero. Según los etólogos, las llamadas de los pollos son "funcionalmente referenciales", esto es, se refieren a objetos y acontecimientos concretos, de modo muy similar a las palabras. Es como si el ave creara una imagen mental del objeto al oír la llamada que le incita a reaccionar, ya sea huir ante un depredador o acercarse a una fuente de alimento. (84-85)*


Hasta aquí las cosas se pueden explicar y comprender sin demasiados problemas. Los pollos, como otros animales, pueden traducir una situación u objeto a un tipo específico de señal. Esa señal provoca una respuesta también específica en los demás. No sabemos si el pollo se representa mentalmente una "imagen" de lo que la señal quiere transmitir, lo que sería un signo, o simplemente provoca una reacción asociada, conductista, como por ejemplo salir corriendo ante un peligro. Simplemente vemos cómo reaccionan unos ante el peligro (emitiendo una señal) y cómo reaccionan otros cuando la escuchan o ven (su reacción).
Pero las sorpresas llegaron con la observación detallada de los pollos:

El mundo virtual también reveló que los pollos adaptaban los mensajes a la audiencia del momento. De este modo, el gallo que descubre una amenaza sobre sus cabezas da la voz de alarma si sabe que hay una gallina cerca, pero guarda silencio si por allí merodea un macho rival. Las gallinas son igualmente selectivas, pues solo prorrumpen en gritos si tienen polluelos.
En conjunto, tales hallazgos indican que el ave no se limita a reflejar su estado de ánimo en las vocalizaciones, como cuando está asustada o hambrienta, sino que interpreta la trascendencia de los acontecimientos y, lejos de responder por simple reflejo, parece meditar sus acciones. Se diría que piensa antes de actuar, un rasgo más propio de los mamíferos de cerebro [más] desarrollado que las aves. (85)

¡Sorprendente! Y no es para menos, pues lo que nos cuentan convierte a los pollos y gallinas en estrategas maquiavélicos para conseguir poder dentro de su grupo. Los gallos más débiles (machos subordinados) se guardan la información para hacer que los depredadores les hagan el trabajo sucio eliminado al gallo dominante (macho alfa) y quedarse con las hembras. Las investigadoras, abandonado el distanciamiento científico, no pueden contenerse: "De hecho, cada vez existen más indicios de que los pollos pueden comportarse como unos perfectos canallas" (85)*


Una vez destapada la inteligencia de los pollos, las preguntas sobre su mente saltan en masa hacia cuestiones reservadas hasta el momento a esta especie perversa, casi en exclusiva, que es la humana:

Las llamadas referenciales demuestran que habíamos subestimado la inteligencia del pollo. Los estudios también han planteado una pregunta intrigante: si pueden transmitir información sobre acontecimientos que tienen lugar en su entorno, ¿podrían ocultar esas noticias o incluso difundir información falsa para obtener provecho de esa conducta engañosa? (85)

El salto del mundo del corral al de las finanzas ya está dado, como si de un "2001, odisea espacial" aviar se tratara. Las famosa metáfora visual del filme de Kubrick con el mono lanzando al aire la quijada que le ha servido de arma, se puede sustituir por un hueso de pollo o más correctamente por un cacareo enlazado con el chirriar de las naves espaciales, que no chirrían, pero da igual porque es una licencia poética.


La pregunta sobre la capacidad de guardarse información o usarla selectivamente para controlar el mundo en el que viven, sitúa a los pollos en el terreno de los actos de habla, algo impensable. Qué un animal pueda tener un lenguaje es admirable, un puntazo para la evolución; pero que ese animal se calle es un chupinazo evolutivo. Su silencio deja de ser mudez y pasa a ser pura estrategia, un "sin comentarios" a ver si se llevan por delante al gallo poderoso y se queda con el harén.
Descubrimos gracias al artículo, además que el mundo de los pollos, que llevamos siglos teniendo delante, ha sido muy mal interpretado o ignorado. Gracias a la tecnología, hemos podido saber algo más sobre el comportamiento de las bandadas de aves y su organización social, muy elaborada y conflictiva como hemos visto. Hoy, con nuevos métodos de observación y registro es posible tener una visión más amplia, sistémica, del conjunto. Nos dicen las autoras del artículo:

Con anterioridad no se había identificado esta conducta oculta porque las relaciones entre los miembros de la bandada son breves y con frecuencia reservadas; pollos y gallinas prefieren esconderse en herbazales altos y entre arbustos. Además una sola persona no puede observar todas las aves a la vez. Una de las autoras (Smith) encontró la solución para superar estas dificultades y la llamó "El Gran Hermano Pollo". (85)


Como era de imaginar, llenaron de cámaras todos los rincones del corral para no perder detalles de estos "concursantes" y de sus relaciones. Pero las cámaras no fueron suficientes: los gallos y gallinas disimulaban demasiado y emitían ruiditos o hacían gestos "solo para sus ojos", dentro de esas estrategias de ocultación y manejo de informaciones reservadas. Tuvieron que instalarles micros para poder percibir los matices que las cámaras y micrófonos generales no recogían. Los resultados son fascinantes.
Las investigadoras avanzan entre los logros que han detectado en los pollos y relatan los establecidos por otros trabajos sobre ellos: capacidad de empatía, "distinguir número y usas geometría" (87). Todo ello les lleva a una conclusión importante:

[...] nos lleva a reflexionar sobre el origen de la inteligencia. En lugar de tratarse de un rasgo poco frecuente y de difícil aparición en el reino animal, quizá resulte más común de lo que pensamos y surja siempre que concurren las condiciones sociales apropiadas. (87)


El texto se cierra, como no podía ser de otra manera, con un alegato en favor de la mejora de las condiciones industriales de los pollos, auténticamente canallescas para animales de su inteligencia (o menor, incluso).
Lo interesante, más allá de los hechos —que ya lo son—, es esa idea de las "condiciones sociales apropiadas" que se expresa en la cita anterior. La inteligencia es una habilidad que se desarrolla socialmente. Los humanos somos el ejemplo más claro de ello. Sus habilidades tienen que ver con la comunicación y las estrategias comunicativas, presuponen una intencionalidad que está tras los hechos semióticos: usan su lenguaje, incluido silencio y mentiras, para conseguir lo que quieren. Para ello desarrollan sus propias estrategias y evalúan sus efectos. Ya no viven en simples bandadas, sino en sociedades complejas en las que tienen que gestionar sus recursos, establecer sus objetivos y buscar la forma de cumplirlos.

Dicen las autoras que los machos subordinados, si están a cubierto y su rival está al descubierto, cantan más y más alto para atraer a los depredadores. Ellos están seguros y tratan de eliminar al otro. Puede que lo gallos inventaran la política y que sea su forma de hacer primarias para hacerse con el control del grupo, que tiene ventajas de poder, pero te convierte en objetivo. Al igual que los partidos políticos, tienen enemigos dentro y fuera y tratan de encontrar el equilibrio entre las luchas internas, la rivalidad, y la supervivencia frente a las amenazas exteriores. En el interior, nos contaban al principio del texto, existe lo que llaman la "jerarquía del picotazo", de nombre suficientemente explícito como para requerir más explicación. Ante ese poder del macho alfa, los aspirantes a quedarse con la bandada desarrollan sus estrategias para burlarle (por ejemplo, si encuentran comida atraen a las gallinas con gestos visuales disimulados para que el gallo alfa no acuda) y conseguir comida y gallinas (las gallinas también tienen las suyas, claro).
Como en cualquier grupo social, hay estrategias para conseguir el poder (internas) y de supervivencia (externas). Señalan las autoras refiriéndose al mundo de los pollos silvestres, antes de que los metiéramos en jaulas destinadas al engorde:

Estas condiciones les obligaron a idear tácticas inteligentes para lidiar con sus congéneres y con los peligros del entorno, así como maneras de comunicarse en tales circunstancias. (87)


El artículo, recomendable para cualquier curioso del comportamiento, humano o animal, es un ejemplo de buenas prácticas comunicativas dentro del campo científico. Después el lector podrá aplicar sus enseñanzas generales a los campos o corrales que le parezcan más adecuados, dando el salto de la ciencia a la fábula, si así le apetece. 

* Carolyn L. Smith y Sarah L. Zielinski "Un ave ingeniosa" Investigación y ciencia nº 453 - junio 2014, pp. 84-87.






martes, 22 de enero de 2013

El miedo de los lobos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos trae el ABC, en su sección de Ciencia, el interesante resultado de las investigaciones sobre las diferencias entre perros y lobos, dos animales genéticamente muy próximos pero con un desarrollo muy diferente basado en la apertura de sus sentidos al mundo y en su relación lo que allí encuentran. Muchas veces, la perspectiva de la genética es más llamativa, pero lo que nos encontramos en el entorno es también determinante de los comportamientos.
El artículo nos recoge los estudios de la bióloga evolutiva Kathryn Lord, de la Universidad de Massachusetts Amherst, que han sido publicados por la revista Ethology y sintetizados por ABC. Desde su titular, el periódico nos llama la atención sobre un problema, el que se pueda domesticar a los perros y no a los lobos. Nos dicen en ABC:

Hasta ahora, se sabía muy poco sobre el desarrollo sensorial en los cachorros de lobo y muchos supuestos fueron extrapolados de lo que se conocía sobre los perros. Lord estudió las respuestas de siete cachorros de lobo y 43 de perro (border collies y pastores alemanes) ante olores, sonidos y estímulos visuales tanto conocidos como nuevos, y puso a prueba a los animales cada semana. Encontró que todos desarrollaban sus sentidos al mismo tiempo. Sin embargo, su estudio también reveló nueva información sobre cómo las dos subespecies de Canis lupus experimentaba su entorno durante una ventana de desarrollo de cuatro semanas llamada período crítico de socialización.*


Esa "ventana de desarrollo", esas cuatro semanas son el periodo en el que ambos animales "aprenden" y "aprehenden" el mundo; es el tiempo en el que establecen su universo principal, su mundo. A medida que sus sentidos se van abriendo a lo que les rodea, la información que envían será procesada por sus cerebros y usada para construir un mapa emocional. Cuando la ventana se cierra, cuando se acaba su "periodo crítico de socialización", lo que les llega nuevo es considerado, por defecto negativo, agresor, y la respuesta emocional es el miedo. Lo que se ha configurado en su mente, como un sistema clasificatorio, es percibido como "normalidad" y lo que les llegue de nuevas será entendido como "diferencia", como perturbación de ese universo valorado previamente.


El despertar progresivo de los sentidos tiene una importancia esencial. Cada sentido es una puerta informativa, un modo de exploración que contribuye a la configuración del mapa mental de la realidad circundante, del universo en el que desarrollará su vida:

Lord confirmó que tanto los cachorros de perro como los de lobo desarrollaban el sentido del olfato a la edad de dos semanas; el del oído, a las cuatro semanas y la visión a las seis semanas como promedio. Sin embargo, estas dos subespecies entraban en el período crítico de socialización a diferentes edades. Los perros comienzan ese período a las cuatro semanas, mientras que los lobos lo hacen a las dos semanas. Por lo tanto, cada subespecie experimenta el mundo durante ese mes tan importante de forma muy diferente y probablemente lleva a distintos patrones de desarrollo.
Según Lord, los cachorros de lobo son todavía ciegos y sordos cuando empiezan a caminar y explorar su entorno con dos semanas de edad. «Cuando los cachorros empiezan a escuchar, tienen miedo de los sonidos nuevos, y cuando comienzan a ver también temen los nuevos estímulos visuales. A medida que cada sentido es empleado, los cachorros experimentan una nueva ronda de perturbaciones sensoriales que a los cachorros de perro no les afecta».
Mientras tanto, los cachorros de perro solo comienzan a explorar y caminar después de que los tres sentidos, el olfato, el oído y la vista hayan empezado a funcionar.*


Hace unos días hablábamos aquí sobre el papel de la "curiosidad" en la Ciencia y decíamos que es la sistematización racional de una característica evolutiva que nos lleva a explorar el mundo. Decimos que los niños son "naturalmente" curiosos, que exploran su universo y aprenden de esas experiencias lo positivo y lo negativo. El miedo es un factor que aparece más tarde, como resultado de esas experiencias primeras y su contraste con el resto.
La idea central del estudio, respondiendo a la pregunta del titular, es que son las diferencias en la apertura de la "ventana" las que determinan la posible domesticación de unos y otros. El perro nace en un entorno menos "agresivo" y explora el mundo con una configuración sensorial más madura, con los sentidos en marcha, que el lobo, que en un entorno salvaje se lanza a explorar a la vez que sus sentidos se van despertando en medio de lo que Kathryn Lord llama las "perturbaciones sensoriales".


La agresividad del lobo se establece precisamente por el papel del "miedo" en la configuración de su universo. La agresividad es la respuesta a un entorno agresivo; es la otra cara del miedo. En un entorno doméstico menos agresivo, los perros pueden lanzarse a explorar con una configuración sensorial más madura. Esa diferencia de dos semanas en la apertura de la ventana, que es el período crítico de socialización, es determinante. Es la respuesta evolutiva a las diferencias que se van a encontrar unos y otros. El lobo responde agresivamente a un mundo hostil, desde el miedo y la desconfianza; el perro no se lanza agresivamente sobre aquellos en los que ha confiado, ha aprendido a no temer a los humanos y otros animales domésticos que constituyen su entorno inmediato. Los que tienen perros saben que hay que enseñarles muchas veces a desconfiar de los humanos.


La información de ABC termina con las palabras de Lord señalando:

«Los datos ayudan a explicar por qué, si quieres socializar a un perro con un humano o un caballo, necesita 90 minutos entre las edades de cuatro y ocho semanas. Después de eso, un perro no tendrá miedo de los humanos o de cualquier otra cosa que le haya presentado. Eso sí, construir una relación verdadera toma más tiempo. Pero con un cachorro de lobo, lograr eliminar el mismo nivel de miedo requiere 24 horas de contacto inicial antes de la edad de tres semanas, e incluso entonces no obtendrá el mismo apego».*

El miedo es un poderoso instrumento de aprendizaje y, por ello, de manipulación. Enseñamos a los niños a tener miedo de las cosas peligrosas antes de que ellos aprendan por experiencia propia a qué temer. El miedo nos hace alejarnos del peligro real o imaginario. Además de las "perturbaciones sensoriales" que supone la apertura al mundo, los humanos hemos desarrollado formas simbólicas de miedo a través de la imaginación. Podemos temer a cosas inexistentes solo con imaginarlas. "Me dan escalofríos solo de pensarlo", decimos. Nuestra capacidad verbal nos hace que vivamos no solo con experiencia directa del mundo sino también con "representaciones" de él.


Nosotros hemos creado cuentos sobre los lobos; los lobos no tienen esa capacidad. El lenguaje permite que el círculo de confianzas y temores se amplíe ya que recibimos información más allá de los sentidos. Los "prejuicios" son también un mapa mental de peligros que pueden ser inculcados en edades tempranas y de los que es difícil desprenderse. Lo que se aprende al principio de la vida se afianza mucho más que lo que vamos aprendiendo después. Lo que recibimos posteriormente se confronta con lo que tenemos asentado de principio.

Esa capacidad de "crear" miedos forma parte también del control social, pues es una de sus herramientas más eficaces. El miedo es, por definición, una respuesta emocional, no racional. Hablamos de "vencer nuestros miedos y temores" porque es una auténtica lucha la que tenemos que entablar para desprendernos de ellos, tal es su arraigo. Muchos han surgido en la infancia. Se nos configura un mundo, con sus marcas emocionales positivas y negativas, filias y fobias. En la relaciones sociales se recurre al miedo con mucha frecuencia. Somos seres "racionales", pero eso no significa que en nuestras decisiones podamos prescindir del miedo; tan solo lo camuflamos. Por eso hoy han podido surgir disciplinas que tratan de estudiar nuestro comportamiento por debajo de la fina capa de hielo de la racionalidad. Por ejemplo, la Neuroeconomía ha surgido para tratar de mejorar la comprensión de la toma de decisiones económicas de los sujetos más allá de la ilusoria racionalidad aséptica; la nueva disciplina trata de explicar la conducta económica también desde los "miedos", puesto que estos forman parte de nuestra cognición del mundo. Parece que el mundo económico es más de "lobos" que de "perros", algo que intuíamos. Lo mismo podría decirse de la política en sentido general; usa el miedo como un móvil eficaz.


Es importante no hacer a la gente esclava de sus miedos. Pero cuanto más agresivo sea el mundo que hagamos, más se fomentarán y dependerán nuestras respuestas de él. Eso le viene bien a muchos, pero es peligroso para todos.

* "¿ Por qué los lobos no se pueden domesticar y los perros sí?" ABC 18/1/2012 http://www.abc.es/ciencia/20130118/abci-lobos-pueden-domesticar-perros-201301181248.html



sábado, 12 de enero de 2013

Gina y el canal porno

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No deja uno de sorprenderse. Cuenta Pablo Herreros en su blog de Etología del diario El Mundo, "Yo, mono", bajo un gran titular que reza "Gina, la chimpancé adicta al porno", que realizando un viaje para ver los chimpancés que se encontraban en los zoos españoles, se encontró en el de Sevilla a una hembra a la que —para que no se aburriera y tuviera "vida interior" estimulante— le había dejado un televisor y un mando a distancia para que ella misma seleccionara el canal que más le apeteciera. Según Herreros, no solo se manejaba bien con el mando, sino que sintonizaba preferentemente el canal porno  en el dial. Era su favorito.
Se teoriza sobre esta circunstancia, aunque no lo suficiente, pues calificar de "adicta al porno" a una chimpancé no deja de ser un cierto desatino evolutivo. Lo extraño es que Gina se hubiera dejado seducir por los telediarios o se enganchara a alguna telenovela o reality. Eso sí que hubiera sido sorprendente, que dejara empantanado todo lo que hiciera para retomar su capítulo diario de "Isabel" o "Los Borgia", o votar en algún programa para echar a algún concursante. Más preocupante todavía que se enganchara a los debates electorales o a los discursos de fin de año.


El "adicto al porno" acaba prefiriendo el porno (representación) a la realidad y deja de convertirse en una alternativa para ser un fin. La pornografía puede ser hija de la represión, del aburrimiento sexual o del puro entretenimiento y, en su vertiente económica, del gran negocio de la trastienda que todas las sociedades han mantenido desde los orígenes para compensar el "exceso" de sexualidad. La regulación y control del deseo ha sido el mecanismo más eficaz que todas las sociedades han encontrado en la historia de la humanidad. También un gran negocio que vive tanto de la represión como de la falta de ella. 
En el blog etológico se nos dice:

Obtener placer a través del sexo es un mecanismo favorecido por selección natural, mediante el cual se asegura que los individuos deseen los encuentros sexuales. Cuando el fin es reproductivo, este es un método muy eficaz para la mejora del ADN.
Pero en algunas especies de animales, este deseo ha sido tan fuerte que se ha independizado de su función original y ahora buscamos sexo con otras intenciones que no tienen por qué perseguir la descendencia. Al igual que otros comportamientos de los que depende nuestra supervivencia, como por ejemplo la comida o las relaciones sociales, el sexo también nos genera profunda satisfacción.


Me temo que se incurre en el error de pensar que los animales se aparean con el deseo consciente de tener descendencia. No entiendo bien lo de las "intenciones". Que el placer es una forma de gratificación para fomentar los encuentros sexuales es completamente cierto; lo que no lo es, en cambio, es que haya un pensamiento procreador consciente. Por eso precisamente cuando los seres vivos descubren alguna forma alternativa de procurarse placer mediante la estimulación, lo hacen sin problemas. La forma en que lo hagan es secundario —excepto en la especie humana—, con lo que se demuestra que es un mecanismo "ciego", no consciente. 
Evidentemente solo una especie que haya descubierto —y supongo que a los humanos nos costó bastante— que el apareamiento lleva a la propagación de la especie podría establecer formas de separación consciente de la finalidad de la actividad sexual. Por supuesto que existe "sexo" (placer) sin reproducción en la naturaleza, pero solo una especie que ha teorizado contra su propio instinto, como es la nuestra, es capaz de hacerlo como "alternativa" a la reproducción. Lo demás seres son conscientes del placer, que es la sensación física (psíquica realmente) gratificante, el efecto, pero desconocen las causas o motivos, el sentido y objeto de la gratificación. Son los individuos los que buscan la gratificación, mientras que la "naturaleza" (perdón por la personalización metafórica) es la que "busca" (más personalización) la reproducción, es decir, la extensión genética de la especie. Los debates sobre si el el "gen", el "individuo" o la "especie" quien se "reproduce", lo dejamos para los especialistas.


Somos nosotros los que distinguimos entre una sexualidad no reproductiva y otra que sí lo busca, pero mucho me temo que esa distinción necesite unos cuantos millones de años de evolución detrás. Que algunas especies cultivan la afectividad y las relaciones sociales, es indudable; que la sexualidad forma parte de esas relaciones sociales y de poder, también. Pero eso no significa que sean conscientes de por qué lo hacen.
Por mucho que se haya titulado el blog etológico "Yo, mono", nos cuesta ponernos en la mente de Gina. Más bien ocurre lo contrario, proyectamos la nuestra en la de ella. ¡Pobre Gina!

* "Gina, la chimpancé adicta al porno" Blog "Yo, mono", El Mundo 12/01/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/11/ciencia/1357929689.html



jueves, 9 de agosto de 2012

El papagayo y la nuez

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nuestra vara de medir somos siempre nosotros mismos y se la aplicamos a todos. Así de vanidosos y limitados somos. De ahí que nos sorprenda a veces que algo de lo que llamamos "inteligencia" —o sea, lo que nosotros tenemos— se encuentre repartido en especies diversas, de las que nos separamos mucho antes que de nuestros primos más próximos.
La Universidad de Viena y el Instituto Konrad Lorenz han publicado —según nos cuenta hoy La Vanguardia*— los resultados de sus experimentos con papagayos, sacando la consecuencia de que estos animales se comportan conforme a criterios lógicos frente a otros animales que, si bien pueden llegar a hacerlo es tras entrenamiento. Los papagayos poseen inteligencia innata, no necesitamos enseñarles a razonar.
El experimento que se describe es el siguiente**: se cogen dos vasos opacos y una nuez; se le muestran ambos al papagayo agitándolos para que comprenda por el sonido la diferencia entre un vaso con nuez y otro sin él; finalmente, se mueve el vaso vacío que, lógicamente, no produce sonido alguno. El papagayo, nos dicen, elige directamente el vaso con la nuez desinteresándose del otro. No es entrenamiento, sino razonamiento.


Esto que nos puede parecer tan sencillo —si la nuez no está en A esta en B— es un avance evolutivo extraordinario respecto a las inmensa mayoría de las especies, que son incapaces de establecer esta forma de deducción lógica. Nos dicen en La Vanguardia:

Este tipo de razonamientos sólo se conocen en monos y niños a partir de los tres años de edad.
A diferencia de los papagayos, los monos alcanzan esta habilidad sólo después de un intenso entrenamiento, mientras que los perros pastores alemanes son incapaces de razonar de esta forma.*

Parece que la expresión "repetir como un papagayo", que utilizamos habitualmente aplicada a las personas que no razonan deberá modificarse ya que estas aves demuestran inteligencia en un sentido humano, aplican la lógica. Y es que nos pasamos la vida levantando calumnias contra el reino animal olvidándonos que formamos parte de él con todas sus consecuencias. Ya lo advertía el premio Nobel Konrad Lorenz, uno de los padres de la etología, en aquel libro que disfruté tanto de niño, "El anillo del rey Salomón":

Es curiosa la credulidad con que son recibidas las expresiones proverbiales, tanto las acertadas como los refranes que expresan algo notoriamente falso o equívoco: La zorra no es más astuta que otras fieras y es mucho más estúpida que el lobo o el perro. La paloma no es tan pacífica como se pregona. Y, respecto a los peces, la sabiduría popular sólo divulga mentiras. No son de «sangre tan fría» como se dice, ni  viven tan felices y  despreocupados como haría suponer la expresión «como pez en el agua».

Konrad Lorenz

Lo cierto es que los papagayos repiten cosas que no les sirven para nada y que nosotros nos empeñamos en enseñarles. Puede que ellos no sepan lo que dicen, pero los responsables de la tontería somos sin duda nosotros que se las enseñamos perdiendo nuestro tiempo y el suyo. El que enseña a un loro a hablar no desea sino mostrar a otros su capacidad de entrenar al animal. Las palabras vacías del loro, sin que sea su culpa, no son más que una muestra de nuestra vanidad.


Para los que esto del juego de la nuez y los vasos les suene a "loro trilero", contaremos que en febrero de este año falleció Alex, el loro africano de la misma especie (Psittacus erithacus) que era capaz de realizar operaciones de cálculo***. Alex realizaba sumas dando resultados de las sencillas operaciones que se le ofrecían. Esto permitió diseñar experimentos para comprobar sus notables habilidades matemáticas. Los nuevos experimentos realizados ahora con los mismos loros africanos dan pruebas de la inteligencia de la especie.
Resulta ahora que los papagayos grises tienen capacidades lógicas que nosotros, empeñados en enseñarles tonterías, hemos ignorado.
El tiempo pone a cada uno en su lugar, que diría Charles Darwin.

* "Los papagayos grises piensan de forma lógica como los monos y los niños" La Vanguardia 8/08/2012 http://www.lavanguardia.com/vida/20120808/54334982373/papagayos-grises-piensan-forma-logica.html
** "Grey parrots shown to have the reasoning skills of toddlers" i09 8/08/2012 http://io9.com/5932840/grey-parrots-shown-to-have-the-reasoning-skills-of-toddlers
*** "Mathematical abilities of Alex the African Grey Parrot" Science World 29/02/2012 http://scienceworld-frontiers.blogspot.com.es/2012/02/mathematical-abilities-of-alex-african.html